El Método en el 18 Brumario de Marx y en Dos Tácticas de la Socialdemocracia de Lenin

AnalisisCoyunturaproSalud gentes de bien (a los otros que les den…) No abandonamos la estela del Estado ni de las cuestiones relacionadas con éste (violencia, estado ampliado…etc.) aunque en esta entrada se confronta desde otra perspectiva. Análisis de coyuntura o metodología son cuestiones que ya se han tratado en el blog, sobre todo en relación con la obra de Marx El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte (véase Metodología en El Dieciocho Brumario de Luis BonaparteEl análisis político de coyuntura. En torno a El dieciocho brumario de Luis Bonaparte).

Pues bien, siguiendo ese mismo camino, la propuesta de hoy redunda en El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte y añade la obra de Lenin Dos tácticas de la socialdemocracia. Publicado como apéndice 2 en la obra La Metodología Configuracionista para la Investigación Social de Enrique de la Garza Toledo. Esperamos que os interese…

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EL MÉTODO EN EL 18 BRUMARIO DE MARX (LA CONFIGURACIÓN COMO ARTICULACIÓN DE HECHOS HISTÓRICOS) Y EN DOS TÁCTICAS DE LA SOCIALDEMOCRACIA DE LENIN (LA CONFIGURACIÓN COMO ARTICULACIÓN ENTRE CONCEPTOS TEÓRICOS DE DIVERSAS VIRTUALIDADES)

Enrique de la Garza Toledo

A. El 18 Brumario

En el 18 Brumario Marx aborda un problema muy diferente al de El Capital. Esta obra nos sirve, primero para ver como principios epistemo-metodológicos marxistas adquieren forma diferente dependiendo del objeto de estudio (de un objeto estructural en El Capital a otro propio de una coyuntura política). Sin embargo, estos principios más abstractos están presentes en ambos, sin constituir una metodología en el sentido positivista. Segundo, en el 18 Brumario los sujetos que intervienen son más concretos que las clase sociales en El Capital, además de las clases aparecen otros grupos sociales como el ejército el clero o bien fracciones de clase de la burguesía industrial, financiera.

El objetivo del texto es explicar el golpe de Estado del 2 de diciembre de 1851 por Luis Napoleón Bonaparte. La forma como se reconstruye la configuración de configuraciones o Totalidad concreta es, primero, ubicando la coyuntura que desemboca en dicho golpe de Estado en la articulación de dos procesos Históricos: la ola descendente de la Revolución burguesa a partir de la derrota de la Revolución Francesa, y la imbricación de dos revoluciones, la burguesa inconclusa y la naciente ola proletaria, que se prolongará con la Comuna de París, la revolución Rusa de 1905 y culminará con la Revolución de Octubre de 1917. Lo anterior no significa que por efecto de estas oleadas en articulación se produce lo concreto como un golpe de Estado, este será síntesis de más determinantes, como veremos.

La reconstrucción de la configuración implica en otro nivel la articulación de otros dos procesos Históricos más concretos, el proceso político, definido sobre todo por los conflictos entre clases, fracciones de clase y otras categorías sociales y los cambios en sus relaciones de fuerza y alianzas, y el ciclo económico de auge y crisis. Sin embargo, el análisis de Marx está lejano de cualquier economicismo –el ciclo económico influye, como veremos, pero no es la explicación principal del proceso que llevó al golpe de Estado.

Es decir, el proceso de reconstrucción de la Configuración en el 18 Brumario no sigue una línea principalmente económica sino política en el nivel del Estado. El proceso de lo abstracto a lo concreto, propio de un objeto como el del Capital, en este caso es de un hecho Histórico que funge como punto de partida a la coyuntura, que es la Revolución iniciada el 2 de febrero de 1848. Es punto de partida porque en esta Revolución se manifestaron las contradicciones que estarán presentes en todo el período –hasta el 2 de diciembre de 1851-, así como las fuerzas políticas que intervinieron, en especial la entrada del proletariado en la escena de la Historia. La periodización juega un papel primordial en esa reconstrucción, pero el criterio principal para la definición del fin de un período y el inicio de otro es el cambio en la correlación de fuerzas políticas que implica un cambio de direccionalidad de todo el proceso y la cancelación de otras potencialidades.

El análisis de las relaciones de fuerzas implica un nivel estructural que remite finalmente al concepto de clase social, en particular el de la burguesía y pequeña burguesía y el proletariado, sin olvidar a los campesinos. Sin embargo, los conceptos de Clases son complementados con los de otras categorías que sin ser clases representaron fuerzas políticas diferenciadas como el ejército, la iglesia, la burocracia del Estado. Habría que anotar que las clases que intervienen, así como otras fuerzas políticas no son deducidas de un marco teórico –por ejemplo, las del modo de producción capitalista- sino construidas en el análisis concreto de la coyuntura. Además, los atributos de una clase, por ejemplo, el campesinado, no son solo los de un campesinado en abstracto sino los del francés a mediados del siglo XIX. Es decir, lo abstracto de las clases en el capitalismo está presente, pero estos conceptos tienen que volverse más concretos, síntesis de más determinaciones en la sociedad francesa de mediados del siglo XIX.

Marx hace aparecer lo económico de dos maneras principales: como lo económico coyuntural, representado por un periodo de auge comercial e industrial hasta abril de 1851 y otra de crisis hasta octubre de 1851. Pero estos movimientos cíclicos de la economía no permiten explicar por ellos solos el golpe de Estado; para alcanzar la explicación Marx hace intervenir al Estado y su autonomía relativa, a la relación entre clases y representaciones políticas, al ejército, a lo ideológico que no siempre corresponde al desarrollo material, etc.1 La inserción de las clases sociales dentro de determinadas relaciones económicas las potencia a ser aliadas o enemigas. Sin que esto baste, tampoco, para explicar el comportamiento coyuntural de dichas clases.

Como plantea Engels en el Prólogo, las luchas históricas son expresión de la lucha de clases y están condicionadas por el grado de desarrollo de la situación económica. No obstante, el elemento fundamental de la explicación son las clases sociales y las categorías en lucha. La acción de estas clases no se sustenta en el aire (a pesar de intervenir múltiples factores políticos e ideológicos) sino que Marx (1956) explica cuáles son las condiciones materiales, no sólo económicas, de existencia de las clases y categorías sociales que permiten entender sus comportamientos más allá de lo coyuntural.

Lo que separaba a los legitimistas de los orleanistas, no eran sólo pugnas ideológicas, sino la contradicción entre la renta de la tierra y el capital; asimismo, los intereses generales de orleanistas y legitimistas los hacía monárquicos, temerosos del socavamiento que significaba la república en cuanto a su base social, al tener que enfrentarse sin la mediación de la corona con los dominados.

“Los campesinos parcelarios forman una masa inmensa cuyos individuos viven en idéntica situación, pero sin que entre ellos existan muchas relaciones. Su modo de producción los aísla unos de otros, en vez de establecer relaciones mutuas entre ellos… En la medida en que millones de familias viven bajo condiciones económicas de existencia que las distinguen por su modo de vivir, sus intereses y su cultura de otras clases y las oponen a éstas de un modo hostil, aquéllas forman una clase. Por cuanto existe entre los campesinos parcelarios una articulación puramente local y la identidad de sus intereses no engendra entre ellos ninguna comunidad, ninguna unidad nacional, ninguna organización política, no forman una clase”.

A la burocracia Marx la considera una de las bases de la autonomía relativa del Estado con su numeroso personal sometido al Ejecutivo. El Estado vigila y regula a la sociedad civil y ha generado una gran centralización; además su entrelazamiento con el interés material y político de la burguesía lo impele a aumentar la represión que conlleva al aumento de sus recursos y poder.

El proletariado. Éste se dejó guiar por la pequeña burguesía ante el interés momentáneo (además, la derrota de junio lo imposibilitaría a tomar la iniciativa por muchos años).

La pequeña burguesía. Los pequeños burgueses vieron en peligro sus intereses después de las jornadas de junio y puestas en tela de juicio las garantías democráticas que habían de asegurarle la posibilidad de hacer valer aquellos intereses. Pero el demócrata, como representante de la pequeña burguesía, es decir, de una clase en transición en la que confluyen los intereses de dos clases, cree estar por encima de los antagonismos de clase en general. Ella cree que las condiciones especiales de su emancipación, son las condiciones generales fuera de las cuales no puede ser salvada la sociedad moderna y evitarse la lucha de clases.

De las diversas coyunturas analizadas por Marx en El dieciocho Brumario se infiere que, si bien la contradicción de las clases a nivel estructural se encuentra permanentemente presente (por ejemplo, capital-trabajo, capital-renta de la tierra) y de alguna manera se manifiesta en las luchas y alianzas entre dichas clases, no basta para explicar aquellas, sino que diversos factores superestructurales que intervienen pueden volverse sobredeterminantes. Además, estos factores superestructurales no son tan sólo un reflejo mecánico de la situación material, como es el caso de la ideología campesina ligada al recuerdo napoleónico, la cual ya no correspondía a las condiciones materiales de la nueva parcela, pero sí a las de la vieja.

La definición de las alianzas de clases en las diversas fases de periodo se convierte en El dieciocho Brumario en el elemento fundamental para entender los cambios en las correlaciones de fuerzas. De esta manera Marx describe cómo en febrero de 1848, el proletariado dirige la rebelión en contra de la monarquía aliado a la pequeña burguesía; pero a partir del 4 de mayo de 1848, el proletariado se tiene que enfrentar a todas las otras clases de la sociedad francesa. Después del 28 de mayo de 1849, el proletariado y la pequeña burguesía vuelven a ser aliados. Cuando la pequeña burguesía es derrotada la contradicción principal se establece entre el partido del orden y el Ejecutivo, pero cuando la socialdemocracia gana terreno en las elecciones de marzo de 1850 se reconcilian el partido del orden y el presidente. Para mayo de 1850, se enfrentan Bonaparte, el lumpen y el ejército con la Asamblea. El 11 de abril de 1851, al revisarse la constitución para permitir la reelección de Bonaparte se enfrentan el presidente y los republicanos puros, en tanto que el partido del orden se mantiene en el centro de la disputa.

La línea de reconstrucción principal decíamos que es la Histórica, enmarcada en períodos, definidos por los cambios en correlaciones de fuerzas. Sin embargo, en sentido vertical, la exposición de acontecimientos Históricos articulados en una descripción articulada de Hechos se apuntala con la relación con conceptos teóricos en la medida en que estos son necesarios, pero que no siguen, como en el Capital, una línea teórica equiparable a la Histórica. Así, muy diversos conceptos son puestos en juego no a partir de un marco teórico como los de dominación, legitimidad, campesino, burocracia, Estado, capital industrial, financiero, iglesia, ejército, pequeña burguesía. Insistimos en que no hay un marco teórico, a diferencia de supuestos metateóricos como el que los hombres hacen la Historia pero en condiciones que no escogieron. Metodológicamente no se sigue el Hipotético deductivo, no solo porque la realidad puede cambiar sus legalidades, sino porque el arribo a lo concreto implica la introducción de aspectos cada vez más específicos al objeto, imposibles de contemplar en cualquier marco teórico general. La reconstrucción Histórica culmina con otro hecho, el golpe del 2 de diciembre de 1851, a la vez con la construcción de un nuevo concepto, el de Bonapartismo.

Entrando en detalle, como puede verse del esquema I, el 24 de febrero del 1848 la revolución depuso como rey de Francia a Luis Felipe de la casa de Orleans, que había llegado al poder al caer el último de los Borbones, Luis XVIII en 1832. Esta revolución triunfante contrapuso a dos fuerzas políticas principales, por un lado, la aristocracia financiera y, por el otro, el resto de las clases sociales, con la pasividad del ejército y la Guardia Nacional. En esta Revolución, por primera vez en la Historia el proletariado apareció como fuerza principal, lo cual dará un nuevo contenido a la Revolución con respecto de las de 1789 y de 1832. El periodo de Febrero termina el 24 de mayo de 1840 con la conformación de la Asamblea Constituyente, con ésta se inicia un nuevo período, el de la fundación de la República, en el que el proletariado (partido de la anarquía) se enfrenta ahora a todas las otras fuerzas políticas de la sociedad dirigidas por el partido del orden, este período y el asilamiento proletario muestran la inmadurez proletaria para dirigir a la sociedad y al mismo tiempo sus potencialidades futuras. El 25 de junio de 1848 el proletariado de París se insurrecciona y es derrotado, al decir de Marx este suceso muestra que se entremezclan dos revoluciones, la burguesa y la naciente proletaria. La derrota conduce al proletariado “al fondo de la escena de la Historia” durante el resto del período. En estas condiciones se promulgó la nueva Constitución, plagada de contradicciones, cada artículo contenía su antítesis, acentuaba la importancia de lo militar, pero marginaba a una parte de la burguesía. Prueba, dice Marx, que las ideas no siempre coinciden con la situación material y las coincidencias entre las clases pueden ser por circunstancias diversas y particulares. Lo anterior enmarca un nuevo subperíodo caracterizado por la humillación de la Asamblea y su desprestigio, la contradicción principal es ahora entre el partido del orden y el flamante Presidente de la República, Luis Napoleón Bonaparte. En su nombramiento, dice Marx, contó mucho el campesinado y en este el recuerdo (la memoria Histórica) de que fue Napoleón Primero, tío de Luis Napoleón, el creador del campesino parcelario francés a partir del reparto de los latifundios feudales. En esta lucha entre el Presidente y el partido del orden se dan paradojas tales como monárquicos defensores de la república y un partido conservador del orden atizando las contradicciones entre la masa del pueblo y las representaciones políticas. El 28 de mayo de 1849 se disuelve la Asamblea Constituyente y se reúne la Asamblea Nacional. El proceso nuevamente da un giro y ahora la contradicción principal es entre la burguesía dirigida por el partido del orden y la socialdemocracia de la pequeña burguesía, apoyada por el proletariado. El partido del orden gana las elecciones, controla el gobierno, al ejército, en consonancia con el fortalecimiento en Europa, luego de la derrota continental de la revolución de 1848, de la reacción. El 13 de junio es derrotada la pequeña burguesía, que se traduce en el fortalecimiento de Bonaparte, la Asamblea se eclipsa y muestra, para Marx, la Autonomía relativa del Estado con respecto de las clases económicamente dominantes. En Francia en esos años juega en esta autonomía la numerosa burocracia del Estado sometida a la voluntad de Bonaparte, que este Estado se erigiera en vigilante y regulador de la sociedad civil y las contradicciones entre intereses burgueses con los de dicho Estado. El resultado, decíamos, es el fortalecimiento de Bonaparte, reflejado en la destitución del ministro proveniente del partido del orden, expresión de la fragmentación de dicho partido en orleanistas (apoyaban el retorno de la casa de Orleans) y legitimistas (a los Borbones). En la elección de 1850 avanza ahora la socialdemocracia pero queda abolido el sufragio universal y se produce una reconciliación entre Napoleón y el partido del orden frente a la amenaza de los primeros. Se trata de un año de prosperidad, hay auge económico, el proletariado se dejó guiar por la socialdemocracia y no ofreció mayor resistencia a la disminución de sus derechos políticos. El 31 de mayo de ese año se emite una nueva ley electoral que enfrenta a Napoleón con la Asamblea. Se da un golpe de Estado parlamentario de la burguesía que mina su poder moral frente al pueblo. Este golpe es apoyado por el ejército y el lumpenproletariado, pero la burguesía, temerosa del proletariado deja hacer a Bonaparte. Lo anterior se traduce en una crisis ministerial a raíz de la cual el partido del orden pierde la mayoría en la Asamblea. En la asamblea se da el cretinismo parlamentario, enfrascarse en grandes polémicas los diputados por cuestiones nimias. Se produce, dice Marx, un divorcio entre clases y representaciones políticas y la burguesía pierde el mando del ejército, todo esto en condiciones de prosperidad económica. El 11 de abril se da en el parlamento la revisión de la reelección del Presidente que lo divide entre Bonapartistas, partido del orden y republicanos puros, coincide con una crisis comercial, aumenta la desocupación, paran las fábricas, la burguesía clama por un gobierno fuerte frente al temor al proletariado. El 9 de octubre se restablece el sufragio universal y hay elecciones municipales. En la votación en el congreso las fuerzas estaban prácticamente empatadas, nadie tenía la mayoría. Es decir, las fuerzas políticas estaban en equilibrio, con debilidad tanto de la burguesía como del proletariado, con un control de Bonaparte sobre la numerosa burocracia y un Estado que mostraba cada vez más su autonomía relativa con respecto de las clases económicamente más poderosas. En esas condiciones el 2 de diciembre de 1854 Napoleón da un golpe de Estado y se erige en nuevo emperador como Napoleón III, lo apoyaron, además de la burocracia, el campesinado conservador, el lumpenproletariado corrompido por el gobierno e indirectamente la burguesía. Nuevamente, desde el punto de vista cultural e ideológico influyó el recuerdo napoleónico de las glorias de Francia. Este golpe perfeccionó el presidencialismo, desacralizó al Estado, estableció la anarquía en nombre del orden. Es decir, inauguró un régimen político de nuevo cuño, el Bonapartismo resultado del equilibrio entre las clases fundamentales que permitieron que una figura como Napoleón se erigiera, aparentemente, por encimas de dichas clases.

Entre la configuración con énfasis teórica pero también Histórica del Capital y la eminentemente Histórica con implicaciones teóricas del 18 Brumario hay de cualquier forma principios epistemo-metodológicos en común:

1). En ambas se trata de una reconstrucción de configuraciones y la prueba de hipótesis del hipotético deductivo

2). En las dos se articulan lo Histórico y lo teórico, aunque con mayor énfasis de lo Histórico en el 18 Brumario. En este, además, se articulan proceso de diversas temporalidades, lo político, loeconómico y lo cultural.

3). El proceso de reconstrucción se da en ambos no de un solo golpe sino por etapas, en el Capital estas están enmarcadas por conceptos, de los más abstractos a los más concretos; en el 18 Brumario, por hechos Históricos que implican cambios en relaciones de fuerzas políticas.

4). En los dos tienen un papel importante la contradicción, en el Capital al interior de los propios conceptos, en el 18 Brumario entre clases sociales y fuerzas políticas.

5). En estos dos casos la reconstrucción teórica e Histórica, en el Capital, de la mercancía a las Clases Sociales en el tercer volumen; en el 18 Brumario de la coyuntura histórica con reflexiones teóricas de febrero de 1848 al 2 de diciembre de 1851. Esta es la reconstrucción de la Totalidad como configuración de configuraciones con contenidos diferenciados dependiendo del objeto.

6). En ambas reconstrucciones de la Totalidad juegan los datos, sean empíricos o Históricos, pero subordinados a la propia reconstrucción. De tal forma que al no seguir el camino de las Hipótesis no hay propiamente el dato que verifica sino múltiples “verificaciones parciales” o apoyos empíricos de lo que es más importante que es la reconstrucción, sea de Teoría o de una coyuntura política.

B. Aspectos metodológicos en Dos tácticas de la Socialdemocracia en la Revolución Democrática

Este trabajo de Lenin que ahora nos ocupa presenta algunas particularidades que es necesario señalar:

a) Se trata de un análisis de coyuntura (para la situación revolucionaria de Rusia en 1905), aunque los elementos estructurales están siempre presentes y, por tanto, aspectos de la táctica desarrollados en este trabajo rebasan su marco coyuntural.

b) Más que referirse Lenin al estudio de un concreto real con cierto grado de desarrollo, se trata de un problema de potencialidades de transformación del mismo, en la que el papel activo del elemento subjetivo juega un papel muy importante en cuanto a las posibilidades de su realización.

En este análisis no se trata de llegar a la reconstrucción teórica de un concreto real que exprese la lógica específica de dicho concreto, sino que esa reconstrucción teórica corresponde a la táctica concreta que el partido proletario debería de seguir en Rusia de 1905 para poder contribuir con su acción a la reconstrucción del concreto real.

En este trabajo Lenin parte de los resultados de sus investigaciones anteriores acerca de la realidad rusa, de conclusiones como la del predominio de las relaciones capitalistas de producción en el imperio zarista (análisis desarrollado por Lenin en su polémica con los populistas, principalmente en ¿Quiénes son los amigos del pueblo y cómo luchan contra los socialdemócratas?, La crítica del populismo en el libro del señor Struve y El desarrollo del capitalismo en Rusia).

Así como en El capital la reconstrucción implica conceptos teóricos y arribar a categorías cada vez más concretas, y en El dieciocho Brumario a hechos históricos que marcan virajes en el rumbo de la revolución, en Dos tácticas… Lenin maneja diversos núcleos potenciadores articulados, en los que avanza de uno a otro para culminar con la definición de un espacio de acción para la voluntad política organizada.

Algunos de dichos núcleos son los siguientes:

Las contradicciones en la base económica

La marcha del desarrollo social” en Rusia, analizada por Lenin desde sus obras de juventud, muestra el predominio de las relaciones capitalistas de producción en el imperio zarista. Sin embargo, la contradicción capital-trabajo no ha alcanzado todavía un grado de extensión que ponga a la orden del día la aplicación del programa máximo leninista. Dice Lenin que “las transformaciones socioeconómicas que se han convertido en una necesidad para Rusia lejos de implicar el socavamiento del capitalismo desbrozarán el terreno para el desarrollo vasto y rápido de éste“.

En otras palabras, la limitada extensión de la contradicción capital-trabajo no puede cumplir, en las condiciones de Rusia de 1905, el papel del núcleo explicativo originario, pero contribuye a fijar los límites de la acción transformadora de los trabajadores al visualizar a partir de ella, el carácter de la contradicción principal en el futuro posterior a la revolución democrática. El partido no puede, por un lado, plantearse tareas que no pueda cumplir, ni por el otro hipotecar en aras de la táctica inmediata el futuro de la revolución socialista.

Las contradicciones entre la base y la superestructura

De las explicaciones de Lenin puede inferirse que el desarrollo de la base económica en Rusia se veía frenado por una superestructura atrasada, con importantes restos feudales. Que la contradicción entre base y superestructura había llegado a niveles tales de tensión que las transformaciones que se avecinaban eran altamente probables, aunque el curso final de esta dependería de las fuerzas políticas.

A esta contradicción (núcleo explicativo originario) le corresponden dos soluciones abstractas posibles (“toda la infinita gama de soluciones intermedias se puede reducir a éstas dos“): continuación de la autocracia con una transacción entre la burguesía y el zarismo; o bien, la victoria sobre el zarismo.

A esta conclusión arriba Lenin del análisis de las fuerzas sociales en pugna, no simplemente de las contradicciones entre base y superestructura: 1) lógicamente, aunque la burguesía se encuentra interesada en la revolución, la cual desbrozará el camino del capitalismo de trabas feudales, sin embargo, su temor al proletariado la vuelve inconsecuente con las tareas de la revolución democrática. La burguesía requiere de “cierta dosis” de zarismo para continuar imponiendo su dominación. Por lo anterior, la burguesía buscará la transacción con el zarismo; 2) históricamente, en ocasiones semejantes a la rusa, la burguesía ha traicionado la revolución democrática, por ejemplo en Alemania en 1848. En este último punto cabe hacer una anotación importante, el papel de la génesis histórica en la reconstrucción del concreto en el pensamiento en este trabajo de Lenin lo ocupa, en cierta medida, la comparación histórica.

Por otra parte, aunque Lenin subordina los alcances de la revolución democrática a los marcos burgueses de la misma, concede una gran importancia al elemento subjetivo en cuanto al desenlace específico de los acontecimientos. En la dialéctica de la necesidad de la revolución burguesa hay para Lenin las dos posibles soluciones que se anotan más arriba: “El desenlace de los acontecimientos dependerá del papel que juegue el proletariado en cuanto a dirigir o no el proceso.” En esta dialéctica de la necesidad y la posibilidad el partido proletario juega un papel: “…la cuestión es si sabremos enseñar algo a la revolución, si sabremos imprimirle un sello proletario… El conseguirlo depende, por una parte, del acierto con que valoremos la situación política, de que sean justas nuestras consignas tácticas, y por otro lado que dichas consignas estén respaldadas por las fuerzas combativas reales de las masas obreras”. En este sentido Lenin recalca la necesidad de las consignas concretas que mueven a la acción y critica lo abstracto de las consignas mencheviques que conducen a la contemplación pasiva: “Esto divide a la socialdemocracia ahora en una ala racionalizadora y otra combativa.”

Al escoger el partido proletario la vía de la victoria sobre el zarismo, no significa que dicha vía sea la más probable, sino que siendo ella posible “puesto que las tendencias para la victoria existen“, es la más directa hacia la revolución socialista, la menos dolorosa y donde el proletariado más aprende. Por esto, el camino de la victoria sobre el zarismo debe ser el centro de la educación y la organización del proletariado.

La insurrección

La solución proletaria de la contradicción principal requiere del derrocamiento del zarismo por medio de la insurrección, porque: 1) lógicamente, todas las cuestiones importantes del poder político se resuelven por la fuerza puesto que las clases dominantes no se dejan arrebatar el poder pacíficamente; 2) históricamente no se puede esperar que el zarismo sea neutral y es de esperarse una fuerte oposición por parte de éste.

Las fuerzas motrices y las alianzas

Las fuerzas sociales que pueden participar en el derrocamiento del zarismo son: 1) el proletariado, porque lógicamente éste se verá beneficiado en sus capacidades organizativas por la libertad política que se establezca y porque el proletariado, desde el punto de vista de los principios debe busca la libertad; además, porque la revolución democrática puede ser el primer escalón de la revolución socialista; 2) los campesinos, interesados sinceramente en que se elimine la gran propiedad territorial y los que, por otra parte, se verán beneficiados por la democracia por ser la mayoría de la población; 3) la burguesía, a la que le conviene la revolución democrática, aunque de una manera inconsecuente. Sin embargo, es de esperarse que en su mayoría se pase al zarismo, por lo que las fuerzas motrices quedan reducidas al “pueblo“: obreros y campesinos.

La fuerza contraria estará constituida por la burocracia, la corte, la policía, los funcionarios, el ejército y la aristocracia.

Las posibles alianzas presentan las siguientes contradicciones pues pretender que no se presenten tales contradicciones sería propio del pensamiento metafísico: 1) la revolución democrática no obstante ser una revolución burguesa servirá al proletariado; 2) la marcha del proletariado aliado de la burguesía no significa eliminar las contradicciones entre la burguesía y proletariado: la futura revolución socialista impone la independencia desde ahora del partido proletario con respecto de la burguesía; 3) contradicción entre las fuerzas sociales interesadas en la revolución y el zarismo; 4) contradicciones entre la burguesa republicana y los obreros y campesinos; 5) contradicciones entre los obreros y los campesinos.

La dirección de la revolución: la hegemonía proletaria

No obstante ser una revolución burguesa, la dirección de la misma no corresponde necesariamente a la burguesía. Por la inconsecuencia de esta burguesía, sólo bajo dirección proletaria la revolución burguesa será llevada hasta sus últimas consecuencias: “Los diversos elementos de las revoluciones se superponen muchas veces,la revolución socialista tendrá que resolver también tareas democráticas”.

El gobierno provisional revolucionario

Constituye la solución proletaria a la contradicción principal en la coyuntura: Lenin arriba lógicamente a la necesidad del gobierno provisional como paso siguiente al triunfo de la insurrección, puesto que se requiere de un poder que preserve las conquistas de la revolución, aplastando los intentos contrarrevolucionarios, y que favorezca los intereses de los obreros y campesinos. En este gobierno provisional se presentan también aspectos contradictorios: por una parte, servirá a la burguesía al eliminar las trabas feudales, pero a la vez servirá al proletariado al implantar la libertad política, que facilitará la propaganda y organización del mismo; eliminará las trabas feudales, repartirá la tierra y elevará el nivel de vida; será una “dictadura democrática“.

El proletariado deberá participar en ese gobierno porque 1) lógicamente sólo con su participación, se podrán preservar las conquistas de la revolución; 2) históricamente, desde la derrota de la Comuna de París la socialdemocracia se ha acostumbrado a la defensa y no al ataque. Al cambiar las condiciones es posible la acción desde arriba del gobierno. Históricamente la socialdemocracia internacional se ha planteado ser el partido de la oposición extrema, pero al variar las condiciones esa táctica general deja de ser válida y resulta legítimo el plantearse actuar desde arriba. Seguir siendo el partido de la oposición extrema es una fórmula general correcta, pero buena para las condiciones de la democracia burguesa y la lucha defensiva: en periodos revolucionarios los contrarios se convierten en su antítesis.

La táctica de luchar por un gobierno provisional revolucionario sintetiza todas las otras determinaciones y hace las veces del concreto pensado (“esta consigna del gobierno provisional revolucionario define las alianzas, el carácter de la dictadura democrática y el método de construir”).

La nueva contradicción principal: transformación de la revolución democrática en socialista.

La constitución del gobierno provisional revolucionario dejará aflorar a plenitud la contradicción burguesía-proletariado, la cual sólo será solucionada con la revolución socialista. El escaso desarrollo del objeto revolución socialista impide que se puedan precisar las condiciones de dicha revolución.2

Por tratarse en Dos tácticas de la reconstrucción de un objeto virtual, sería imposible pensar en la génesis histórica estricta del mismo. De tal forma que el papel de lo histórico se ve disminuido y reducido a dos dimensiones principales: 1) lo histórico como analogía histórica de procesos que se dieron en condiciones semejantes y 2) lo histórico como las potencialidades históricas del objeto insuficientemente maduro, pero que en su pasado contiene aspectos que abren espacios a las soluciones objetivas.

Por otro lado, como en los estudios anteriores, en Dos tácticas se da la reconstrucción en un avance marcado por estadios en dicha reconstrucción. Aquí los estadios están delimitados por categorías teóricas y lo que hemos llamado núcleos potenciadores como, por ejemplo, las contradicciones base superestructura, etcétera. De cualquier forma, la táctica llega a definirse cuando se arriba a la consigna de gobierno provisional revolucionario, la cual sintetiza toda la construcción.

Creemos haber demostrado que en objetos de estudios diversos, como fueron los de El capital (“las leyes de movimiento del modo de producción capitalista“), El dieciocho Brumario (“el proceso que culmina en el golpe de Estado del 2 de diciembre“) y Dos tácticas de la socialdemocracia (“la táctica partidaria en la revolución de 1905”), lo estructural (lo lógico o teórico) y lo Histórico ocupan un lugar importante e imprescindible en el método marxista.

Sin embargo, a pesar de haberse arribado en los tres estudios a la construcción de una categoría (clase social, bonapartismo y gobierno provisional revolucionario, respectivamente) el peso de lo estructural y de lo histórico es diverso dependiendo del objeto de estudio.

En el primero y tercer caso, el peso de lo teórico fue mucho mayor que en el segundo. En el primero, por tratarse de un estudio al nivel de abstracción del modo de producción capitalista que, aunque incluye a la superestructura, pone el énfasis en los elementos más constantes de dicho modo de producción; en el tercero, por tratarse de un estudio de potencialidades históricas donde el objeto estaba por construirse en la realidad. En el segundo caso era de esperarse ese énfasis mayor en lo histórico dadas las características de un estudio de corto tiempo con acento especial en la superestructura.

La diferencia en peso de lo estructural en las reconstrucciones sigue dos líneas principales:

1) El paso de lo abstracto a lo concreto, que en el método de la economía política implica estadios reconstructivos estructurales, en los otros casos se ve modificado radicalmente. En el segundo, los estadios son hechos históricos y, en el tercero, no se puede hablar de estadios categoriales como en El capital, sino de núcleos potenciadores generales.

2) En cuanto al peso de lo histórico o de lo estructural en el establecimiento de dichos estadios. En el caso de El capital es evidente la preferencia por la génesis estructural. En El dieciocho Brumario ese peso disminuye notablemente. Aunque que las categorías teóricas siguen cumpliendo el papel general ordenador, ya no es con base en ellas como se establece el hilo conductor para ir arribando de un periodo a otro en la reconstrucción. En el tercer caso, como habíamos anotado, lo histórico, por las particularidades del objeto, se ve disminuido al máximo, al grado de no poder hablar propiamente de la génesis histórica de categorías virtuales, sino sólo de su probable existencia objetiva potencial a partir de procesos anteriores. De cualquier forma resulta notable el hecho de que por caminos diversos siempre se arriba a una categoría, síntesis de múltiples determinaciones, con cuya reconstrucción se alcanza la explicación o la predicción. Lo anterior nos lleva a plantear la conjetura de que el elemento metodológico central y constante en el marxismo es la noción de Totalidad. Así mismo a que explicar en el marxismo (o las potencialidades) es reconstruir (o construir) la totalidad como síntesis de múltiples determinaciones, y que, en dicha reconstrucción “dependiendo del objeto”, lo estructural o lo histórico tendrán pesos diversos; pero de cualquier forma, explicar es descubrir la lógica específica del objeto específico y no la subsunción del caso particular en alguna ley general.

Pensamos que las ideas anteriores nos obligan también a negar la posibilidad de un método marxista en general con posibilidades de formalizarse a la manera del método hipotético-deductivo; así como a considerar erróneo el tratar de extraer de El capital un método general ya listo para aplicarse en cualquier situación. Posiblemente más que un método, en el sentido que el positivismo lo entiende, debería de hablarse de criterios epistemo-metodológico-ontológicos de grados diversos de generalidad; entre los más generales probablemente se encontrarían el de la totalidad y el de la estadización (entendido como el establecimiento de estadios en la reconstrucción que marcan avances en la concretización), ya como periodos históricos, ya como etapas reconstructivas teóricas.

NOTAS

1 En abril de 1851 se desata la crisis comercial general, el campo languidecía, la desocupación aumentaba, paraban las fábricas, la burguesía clamaba por un gobierno fuerte en esas condiciones. Esto aunado a las contradicciones acumuladas del periodo anterior (tales como las contraindicaciones entre clases y representaciones políticas), provocaron el multifraccionamiento del partido del orden. La burguesía clamaba porque cesaran las pugnas con el presidente, pero el partido del orden seguía enfrascado en dicha pugna.

2 V. I. Lenin, Dos tácticas… “Resulta superfluo especular acerca de las tareas cuando se llegue al socialismo puesto que de esto no se pueden decir sino generalidades.”

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