¿Para qué leer hoy a Marx? Una nota sobre las nuevas perspectivas

¿Por qué leer hoy a Marx? La pregunta tiene su enjundia y su intencionalidad (vamos que tiene su mala leche), y ante eso respondemos que leemos a Marx fundamentalmente porque nos da la gana. ¿O acaso alguien se pregunta por las razones de leer a Aristóteles, Homero o Cervantes hoy día?

¿Para qué leer hoy a Marx? es la pregunta que nos hace, que se hace el autor del trabajo marx ha vuelto procde hoy, José Félix Félix Cataño; y nosotros respondemos para transformar la realidad, para combatir la explotación de unos seres humanos por otros, para dotarnos del instrumental de análisis necesario que nos permita acabar con el capitalismo. Eso nosotros. Para la opinión del autor, ya sabes…

Salud y revolución. Olivé

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¿Para qué leer hoy a Marx? Una nota sobre las nuevas perspectivas

José Félix Félix Cataño

 

Introducción

La enseñanza de la teoría económica marxista es ahora escasa, pocos establecimientos académicos le dan un espacio en su currículo. Con esta nota de reflexión presento algunas razones de este desinterés, ofreciendo las principales justificaciones ideológicas y teóricas para insistir en lo valioso de su estudio y su divulgación.

Marx hace parte de la historia del análisis económico porque abordó las grandes cuestiones de esta ciencia: una teoría de la socialización mercantil por medio de un sistema de precios, una teoría de la distribución de la riqueza, generada en el sistema capitalista y, finalmente, una teoría del crecimiento y la dinámica económica. En esta tarea Marx se distingue por haber propuesto una teoría alternativa del capitalismo con una percepción aguda de su funcionamiento: se trata de un marco monetario para la acción de los individuos, la incertidumbre, la sanción del mercado, una asimetría social entre clases sociales, los ciclos y crisis, el crecimiento económico y el problema del agotamiento del sistema económico.

Las discusiones de Marx se ubican al interior de la teoría económica. Este autor plantea una crítica metodológica a la ciencia económica ricardiana y clásica, mostrando que su visión conduce a la naturalización de los individuos modernos y de sus relaciones comerciales al aceptar que el individuo sería el punto de partida de la historia y no su producto. Este individualismo metodológico, que es también el punto de partida de la teoría neoclásica moderna, conduce a negar el papel de la historia en la explicación de la sociedad capitalista y de sus individuos egoístas y, en su lugar, instala una mitología sobre la formación de la sociedad a partir de individuos dados por la naturaleza. Es la denuncia de la Robinsonadas del siglo XVIII donde el individuo de este siglo se les aparece a los pensadores sociales, entre ellos Smith y Ricardo, “como un ideal cuya existencia habría pertenecido al pasado. No como un resultado de la historia sino como punto de partida de la historia. […]” (Marx, 1971, I, 4).

El gran corolario de la posición anterior es la denuncia de que la escuela clásica asumió el enfoque real, es decir, aquel que pretende explicar las relaciones económicas entre sujetos descentralizados sin introducir el dinero (lo realmente social) en la teoría. En consecuencia, el mito del trueque como posible sistema de organización de los intercambios entre individuos privados es promovido por los economistas clásicos como la primera idea que debe estudiar la teoría económica y, a partir de allí, explicar el valor de las mercancías, el dinero, el capitalismo y la acumulación del capital. Al querer combatir las sociedades que aparecen con un funcionamiento centralizado (el mercantilismo atacado por Adam Smith), y queriendo plantear que la sociedad mercantil es una mejor alternativa, los clásicos promueven la idea de que la explicación de la economía de mercado se puede hacer sin comprometer la intervención de entidades o normas colectivas. Es decir, diríamos hoy, que es posible imaginarse un sistema puro de mercados sin instituciones y, por ende, separar el estudio de las situaciones de equilibrio del funcionamiento (transacciones efectivas y comportamiento descentralizado), tal como lo encontramos en el esquema clásico de la gravitación de precios de mercado en torno a los precios naturales. La consecuencia principal de esta forma de hacer una teoría es tener al final una mala teoría del dinero en cuanto se construye separada del valor. En este sentido, Marx afirma:

“(Ricardo) no comprende […], en absoluto, la concatenación entre la determinación del valor de cambio de las mercancías por el tiempo de trabajo y la necesidad de las mercancías de avanzar a la creación del dinero. De ahí su falsa teoría monetaria. Para él solo se trata de la magnitud del valor” (Marx, 1945, II, 144).

Las dificultades para leer y enseñar a Marx

A pesar del interés que contiene lo anterior, la perspectiva marxista se enfrentará a obstáculos para su difusión y para su aceptación. Pensamos que hay dos dificultades fundamentales: dificultades políticas y dificultades analíticas.

Podemos distinguir al menos cuatro dificultades políticas. En primer lugar tenemos la intención de Marx de querer construir una teoría para justificar una lucha contra la sociedad comercial y capitalista, argumentando que se trata de una sociedad que aliena a los individuos y explota a una parte de ellos. Por ser una sociedad contradictoria y alienante, debe ser transitoria en el proyecto de conseguir una sociedad equitativa sin mercado ni capital. De esta forma, la ciencia de Marx se construye y se pone al servicio explícito de una ideología y un proyecto anticapitalista y anti-individualista que pone la superación de esta sociedad como su meta política. Esta politización originaria de la ciencia marxista conduce a que ella sea instrumento de un proyecto político revolucionario donde se produjeron, en diversas coyunturas de la historia moderna, revoluciones sociales que dieron una esperanza libertaria pero que evolucionaron hacia una nueva tiranía política sobre los ciudadanos y a patentes fracasos económico-sociales. En segundo lugar, estos regímenes marxistas colapsaron y hoy sólo existen islotes de sociedades socialistas que apenas persisten por la represión de las fuerzas armadas y el estricto control del Estado sobre la comunidad (Cuba y Corea del Norte).

En tercer lugar, el marxismo científico ha sido víctima del proyecto político. La lucha socialista promovió un dogmatismo ideológico y teórico que impidió que las fisuras analíticas pudieran discutirse sin comprometer la fidelidad política. Los políticos asumieron la teoría como suficientemente desarrollada y coherente como para impedir una discusión académica. Es así como el marxismo político promovió, y lo hace todavía, un dogmatismo científico que desconoce la existencia de otras ciencias económicas o que desprende al marxismo de la teoría económica. En cuarto lugar, hoy parecen evidentes dos circunstancias históricas. Por un lado, el proyecto político marxista está hoy en retroceso y la mayoría de la humanidad prefiere una sociedad democrática a una equidad forzada y militarizada. Por otro lado, no existe una alternativa viable y progresista al capitalismo, y por lo tanto, lo que se discute es cómo controlar los excesos del capitalismo globalizado y no su sustitución. Por todas estas consideraciones políticas surge la pregunta de sentido común en alumnos y profesores: ¿para qué leer a Marx si no queremos su proyecto político?

En cuanto a las dificultades analíticas podemos enmarcarlas en dos grandes obstáculos. En primer lugar, las teorías rivales del marxismo y de inspiración liberal han tenido un mayor desarrollo en el planteamiento lógico, matemático y en el ajuste de sus tesis. El ricardianismo ocupa la escena de una teoría donde las condiciones de producción aparecen dominantes frente al mercado y ha sido más importante en la crítica al marginalismo que en el propio marxismo; en este sentido, basta recordar la controversia sobre la teoría marginalista del capital (Revue d’économie politique, 1977, Vol. 87, No. 2). La teoría neoclásica es, a pesar de sus fracasos analíticos (ausencia de estabilidad, arbitrariedad en la explicación de la formación de precios por la oferta y demanda, ausencia de una buena teoría del dinero, entre otros) la plataforma de análisis más aceptada. Es capaz de proponer políticas económicas y una economía normativa para la teoría y para la realidad. Por el contrario, la teoría económica marxista no genera una aplicación para la política económica, dado que sólo plantea una teoría que explique el sistema capitalista, pero no propone nada para mejorarlo.

En segundo lugar, la obra económica de Marx ofrece una exposición incompleta y a veces con ideas incoherentes (Marx sólo supervisó la edición del tomo I de El Capital, mientras que el resto de la obra son borradores) que ha permitido diferentes vías de interpretación y desarrollo, razón por la cual existen varios marxismos en lugar de uno solo. En este contexto, creemos que existe una lectura ortodoxa de Marx que convierten sus ideas en repeticiones o prolongaciones de la teoría clásica; en retrospectiva, esta lectura ha entrado en plena decadencia, no sólo por las dificultades encontradas en su interior, sino también por los desarrollos de los economistas neorricardianos. A continuación enumerare los conceptos que me parece han fracasado en el marxismo ortodoxo:

– La cantidad de trabajo incorporado como base de la determinación de los precios de equilibrio. En efecto, el fracaso de la “transformación de los valores en precios de producción” permite deslegitimar la teoría del valor-trabajo como una base para explicar los precios en un sistema económico comercial y capitalista. La idea de trabajo general contenido en la producción de mercancías se ve hoy sometida a la siguiente disyuntiva: es una hipótesis o sólo tiene sentido como trabajo asalariado, tal y como lo conciben los neorricardianos.

– La falta de una conexión teórica lógica entre los conceptos de dinero y valor. Si la magnitud del valor se construye sin dinero, no se ha encontrado una vía coherente para integrar el dinero a la mercancía (Benetti, 1991). Igualmente, la idea del dinero como mercancía privada es una incoherencia en la teoría de la mercancía.

– La plusvalía sin funcionamiento del mercado, tal y como Marx la propuso en El Capital, convierte el excedente monetario en un caso particular del excedente en bienes de la teoría clásica del valor.

– El salario de subsistencia y el empobrecimiento absoluto de la población no capitalista no tiene una realidad histórica. Estas ideas sólo sirven para poner de presente la disparidad analítica entre los precios de las mercancías normales y el salario.

– El agotamiento del sistema capitalista explicado a partir del aumento de la composición orgánica del capital, además de no tener vigencia histórica sufre de las insuficiencias de la teoría del valor-trabajo.

Estas son fundamentalmente las dificultades políticas y analíticas manifestadas por aquellos economistas que promueven una visión sobre la economía marxista, conducente a la pérdida de su interés y de su singularidad. Por ejemplo, Brewer sostiene “What Marx had to offer was a version of the standard theory of the day, derived from Ricardo. (…). By making it to easy to read his value theory as a simple labor theory of price, Marx invited economists to dismiss his work as obviously false” (Brewer, 1995, p. 121). Y más adelante agrega “Late nineteenth-century readers would also have noted that Marx´s system (…) had little or nothing to say about heterogeneous labor (…). The weakness of Marx’s value theory is the most important single reason for the adverse judgment generations of economics have passed on his work” (Brewer, 1995, p. 122). En el mismo sentido, Steedman (1985) es más radical: “Concluiremos que debe abandonarse el razonamiento de Marx basado en magnitudes de valor por parte de quienes se esfuerzan por desarrollar la explicación materialista de la economía capitalista” (p. 25).

De esta forma, la teoría económica marxista queda como una mera curiosidad histórica sin importancia para la investigación económica contemporánea. Entonces, ¿cómo justificar hoy una nueva e interesante lectura de la economía marxista?1

1. Una nueva lectura de Marx

El punto de partida consiste en entender que la teoría económica de Marx es independiente de su proyecto político. Luego, sobre esta base se proponen dos pilares analíticos centrales. En primer lugar, una nueva lectura de Marx se justifica en razón del fracaso de las teoría no marxista; y en segundo lugar, la existencia de un enfoque monetario frente al enfoque real dominante que permite validar muchas ideas de Marx.

El problema central de las teorías no marxistas

Es sabido que la mayoría de las teorías alternativas al marxismo se fundamentan en un análisis real (un mundo económico compuesto de individuos y bienes únicamente). Hoy más que antes conocemos los problemas de este enfoque. Entre muchos de estos problemas podemos anotar los siguientes:

– La dicotomía entre una teoría de precios y una teoría del dinero no ha sido resuelta. No hay prueba de que la economía monetaria sea un caso particular de una economía comercial sin dinero (ver Benetti, 1991; Helwig, 1993)

– Las teorías clásicas (el modelo de Sraffa) y neoclásicas (el modelo ArrowDebreu) de los precios relativos, se limitan a determinar un equilibrio en ausencia de sus dos grandes componentes analíticos: la descentralización de las transacciones y el ajuste del mercado. Por tanto, la teoría del equilibrio no se construye como una teoría del equilibrio mercantil descentralizado ni en los neoclásicos ni en los neorricardianos.

Estos últimos logran una teoría de precios mejor que la de Ricardo respecto al equilibrio, pero sin incorporar el funcionamiento de las transacciones. Tampoco existe una teoría aceptada del ajuste mercantil como un mecanismo de gravitación de precios, y una alternativa a este enfoque apenas está en investigación. (Bidard y Klimovsky, 2006).

– El fracaso de la teoría neoclásica de la distribución del producto por medio de las productividades marginales, dio lugar a la incorporación de hipótesis institucionales de los derechos de propiedad sobre el beneficio de las empresas.

– El keynesianismo no plantea una alternativa a la teoría ortodoxa de los precios y se limita a proponer una teoría de la determinación del nivel de utilización de la riqueza (una macroeconomía), a través del principio de la demanda efectiva.2

– El marxismo ortodoxo no ha sido capaz de independizar a Marx de los economistas clásicos y de Sraffa en lo que se refiere al estudio del valor, los precios y la acumulación de capital. El marxismo aparece entonces como un caso particular del modelo de Sraffa (Dumenil y Levy, 1993).

Un enfoque monetario frente al enfoque real

Los debates y desafíos analíticos promovidos por los sraffianos para los simpatizantes de Marx en la década de los años setenta, generaron nuevas investigaciones sobre Marx, principalmente en Francia. Estas investigaciones abrieron las puertas para discutir la utilidad explicativa de algunas ideas alternativas encontradas en Marx, especialmente la idea según la cual una economía monetaria es sinónimo de mercado, de descentralización y es la base explicativa de una economía de empresarios, capitalistas y asalariados. Veamos tres ideas que justifican una nueva lectura de Marx. En primer lugar, Marx ofrece ideas sobre la naturaleza descentralizada de la sociedad mercantil, completamente diferentes a aquellas ofrecidas por la microeconomía neoclásica. Por ejemplo, el intercambio no es una relación entre iguales ni tiene que realizarse únicamente en equilibrio; y el mercado aparece como el escenario de la sanción social de las decisiones privadas descentralizadas. En segundo lugar, la plusvalía marxista se forma en primera instancia en términos monetarios y no en términos de sobreproducto, como ocurre con el excedente en la teoría clásica ricardiana; del mismo modo, en cuanto la plusvalía es producción mercantil, ella sufre la sanción de las decisiones capitalistas. En tercer lugar, el capitalismo es un sistema que se fundamenta en una asimetría entre empresarios y asalariados, pero el circuito monetario D – D’ solo puede ser lanzado por los empresarios capitalistas y no por los obreros.

El aprovechamiento de estas ideas ha sido desarrollado por Carlo Benetti y Jean Cartelier (1980). En esta obra, algunas ideas de Marx pueden ser reincorporadas en un enfoque alternativo donde se explica la naturaleza y el funcionamiento del capitalismo a partir de un marco institucional en el cual las decisiones privadas son sometidas a la conexión mercantil. Carlo Benetti y Jean Cartelier adoptan particularmente las siguientes ideas claves de Marx.3

– La formación del trabajo social a partir de trabajos privados gracias al mercado y a las transacciones efectivas.

– La primacía del dinero frente a las mercancías (el presupuesto de la unidad de cuenta o de un equivalente general, dado por una acción social y no por la acción privada que generan las mercancías).

– Las acciones privadas tienen como condición un conjunto de reglas colectivas, en este caso se trata de las reglas monetarias impuestas al equivalente general.

– La presentación social de las mercancías en el dinero, el cual constituye el lenguaje común de las mercancías.

– El “salto mortal” de la mercancía es la sanción del mercado y constituye la esencia de la relación mercantil que conduce a la formación de la riqueza de los agentes.

– La diferenciación de clases sociales según la posición frente al control de las decisiones productivas y a la naturaleza subordinada de la fuerza de trabajo.

– Las instituciones como contexto de las acciones privadas. Estas instituciones son, por ejemplo, el uso de la unidad de cuenta, la jornada de trabajo y el salario de acuerdo con reglas sociales.

– El capital como el valor financiero de la propiedad de los beneficios futuros de los proyectos productivos.

Después de tres décadas de exploración, esta investigación ofrece hoy los siguientes resultados:4

– Un enfoque general alternativo al ricardianismo y al neowalrasianismo, el cual ha sido llamado “heterodoxia monetaria” (Cartelier, 1991; Benetti y Cartelier, 1998 y Cataño, 2009)

– Se defiende la idea de un sistema económico explicado a partir de instituciones, de un sistema de pagos, de decisiones individuales y de efectos de interdependencia que pueden y deben ser regulados como sistema de organización social. En el caso concreto, interpretar la existencia del equivalente general de Marx como la regla institucional mínima del mundo comercial.

– El intercambio mercantil no es la relación entre dos valores sino el lugar de la misma formación del valor y de la riqueza de los individuos comerciantes.

– Los bienes no poseen poder de compra.

– El desequilibrio es la circunstancia normal del funcionamiento del sistema económico.

– Los desequilibrios de los agentes son más importantes que los desequilibrios de los mercados.

– La incorporación de una regla de formación de precios puede reemplazar al subastador sin abandonar la hipótesis de competencia perfecta.

– El dinero no se confunde con los activos financieros y el capital es el principal de ellos.

– El capitalismo es un sistema jerarquizado donde por su naturaleza se combinan diversas relaciones monetarias sin ser todas relaciones de mercado.

– La sanción de las decisiones de gasto de los agentes es normal en el sistema, de ahí las tensiones permanentes que pueden conducir a la crisis del sistema (Aglietta y Cartelier, 2002).

Es posible que algunos economistas encuentren que estas formulaciones pueden tener otras soluciones diferentes a las que el enfoque monetario ofrece; pero creemos que uno de los grandes resultados de este esfuerzo consiste en evitar tomar partido en el interior de la visión política de Marx y, de esta forma, aprovechar aún los planteamientos teóricos de este autor en los debates económicos contemporáneos. La nueva lectura de Marx contribuye también al rechazo de la predominancia actual de criterios antiteóricos que buscan favorecer el pragmatismo a través del cual la idea de una teoría general ha perdido audiencia. Aquí son víctimas todos los proyectos que buscan proponer teorías generales del capitalismo, incluyendo la teoría neoclásica. En ausencia de teorías generales, el pragmatismo sólo plantea unas mejoras del capitalismo sobre tópicos parciales y una ausencia de visión analítica sobre el sistema en su conjunto. Las nuevas perspectivas del marxismo pretenden volver la mirada hacia el interés puramente científico a fin de formular primero mejores teorías antes que mejores políticas.

*Publicado originalmente en Lecturas de Economía, núm. 72, enero-junio, 2010, pp. 213-225,  Universidad de Antioquia, Colombia.

NOTAS

1. Otras preguntas relevantes pueden ser encontradas en Cataño (1999).

2. Según Tobón (2006), una reinterpretación del capítulo 21 de la Teoría general de Keynes muestra que en macroeconomía los precios monetarios también son relativos y esto permite determinar el nivel de utilización de la riqueza.

3. Cataño (2009) hace una presentación sintética de la contribución de Benetti y Cartelier. Muchos de los desarrollos de estas ideas han sido publicados en revistas colombianas, especialmente me refiero a Benetti y Cartelier (1996), Benetti y Cartelier (1998), Bolaños y Tobón (2001), Julien (2003) y Tricou (2008).

Bibliografía

Aglietta, Michel y Cartelier, Jean (2002). “Orden monetario de las economías de mercado”, Cuadernos de Economía, Vol. 36, pp. 43-75.

Benetti, Carlo (1991). Moneda y teoría del valor, México, Fondo de Cultura Económica.

Benetti, Carlo y Cartelier, Jean (1980). Marchands, salariat et capitalistes, París, Maspero.

Benetti, Carlo y Cartelier, Jean (1998). “Money, Form and Determination of Value”, en R. Bellofiore (ed.), Marxian Economics: A reappraisal, Vol. 1, Macmillan, Londres. Traducido como “Dinero, forma y determinación del valor”, Cuadernos de Economía, Vol. 28, pp. 53-70.

Benetti, Carlo y Cartelier, Jean (1996). “Money and Price Theory”, Lecturas de Economía, No. 44, pp. 37-54.

Bidard, Christian y Klimovsky, Edith (2006). Capital, salaire et crises: une approche classique, Paris, Dunod.

Bolaños, Eduardo y Tobón, Alexander (2001). “Un mecanismo de precios para la teoría del valor”, Lecturas de Economía, No. 55, pp. 31-68.

Brewer, Anthony (1995). “A Minor Post-Ricardian? Marx as an Economist”, History of Political Economy; Vol. 27, No. 1, pp. 111-145.

Cartelier, Jean (1991). “Marx’s Theory of Value, Exchange and Surplus Value: A Suggested Reformulation”, Cambridge Journal of Economics, Vol. 15, pp. 257-269.

Cataño, José Félix (2009). Lecciones de economía marxista: Mercados, precios y dinero desde un enfoque heterodoxo, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá.

Cataño, José Félix (1999). “Marx y la teoría económica actual”, Ensayos de Economía, Vol. 10, No. 16, p. 89-120.

Dumenil, Gerard y Levy, Dominique (1993). The Economics of the Profit Rate-Competition, Crisis and Historical Tendencies in Capitalism, Aldershot, Edward Elgar.

Helwig, Martin (1993). “The Challenge of Monetary Theory”, European Economic Review 37, North Holland, pp. 215-242.

Julien, Ludovic (2003). “Moneda, intercambios efectivos y desempleo keynesiano”, Lecturas de Economía, No. 59, pp. 149-176.

Marx, Karl (1971). Elementos fundamentales para la crítica a la economía política, México, Siglo XXI Editores.

Marx, Karl (1945). Teorías de la historia de la plusvalía, Fondo de Cultura Económica, México, 1980.

Steedman, Ian (1985). Marx, Sraffa y el problema de la transformación, Fondo de Cultura Económica, México.

Tobón, Alexander (2006). “L’allocation des ressources et leur niveau d’emploi dans le chapitre 21 de la Théorie générale”, Revue d’économie politique, Vol. 117, No. 3, pp. 419-428.

Tricou, Fabrice (2008). “Versión real y versión monetaria de una economía de mercado artesanal”, Lecturas de Economía, No. 68, pp. 175-193.

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