El concepto de excedente en la teoría marxista: debates, rupturas y perspectivas

Si en nuestra anterior entrada tratábamos las razones por las cuales vale la pena leer a Marx en la actualidad, en el post de hoy vamos a reflexionar sobre otro concepto marxista que ha hecho correr ríos de tinta: el excedente. Es cierto que cuando Marx analiza el capital, no habla propiamente de un excedente, sino de un plusvalor; es decir, relacionó claramente la noción de excedente con su análisis de la acumulación del capital, según la teoría del valor trabajo.

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Y como no, la cuestión ha sido motivo de debates, de rupturas y de perspectivas que es lo que vamos a repasar hoy gracias al escrito de los economistas y docentes Juan Eduardo Santarcángelo y Carla Borroni. Buena lectura amigos…

Salud y república. A, Olivé

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EL CONCEPTO DE EXCEDENTE EN LA TEORÍA MARXISTA: DEBATES, RUPTURAS Y PERSPECTIVAS

Juan Eduardo Santarcángelo – Carla Borroni

Analizar y comprender la dinámica y las transformaciones del sistema capitalista en el largo plazo son algunos de los principales desafíos que enfrenta la economía política. Si bien los elementos tomados en cuenta a la hora de analizar el funcionamiento del sistema difieren de acuerdo con el marco teórico elegido, el concepto de excedente, excedente económico o producto social excedente, históricamente han ocupado un lugar central dentro del análisis económico. En términos generales, la búsqueda del excedente es el objetivo último de la acumulación capitalista y la discusión en torno a su generación e incremento parte del estudio del propio proceso productivo, ya que es éste el ámbito en el cual se crea.

Los pioneros en el estudio de la creación y distribución del excedente fueron los fisiócratas que, agrupados en torno a la figura de François Quesnay –su mayor exponente–, lo consideraron una variable esencial a la hora de revelar el funcionamiento de la economía. Para esta escuela, el crecimiento de la riqueza estaba dado por los factores que aumentaban el excedente 3, el cual era definido como la diferencia entre la cantidad de bienes totales producidos y el consumo de los trabajadores agrícolas. Varios de los elementos analizados por la fisiocracia fueron repensados y reelaborados por los economistas clásicos (Smith, 1994; Ricardo, 1944), y fundamentalmente por su crítico Karl Marx que basándose en su teoría del valor trabajo se abocó al análisis de la reproducción del sistema capitalista y a la disputa esencial entre capitalistas y trabajadores que, en última instancia, determina el modo en que el nuevo producto social excedente es distribuido 4.

Las ideas de Marx tuvieron un profundo impacto en las ciencias sociales y transformaron el modo de entender y pensar al capitalismo. A mediados de la década de 1950, utilizando los fundamentos teóricos de la escuela marxista, el economista Paul Baran redefinió el concepto de excedente a partir de dos objetivos centrales:

  • Utilizar dicho concepto para examinar los problemas del desarrollo en los países del tercer mundo.
  • Aplicar el marco teórico marxista en el marco del capitalismo monopólico.

La influencia de Baran (1953, 1959/1975), así como de sus trabajos junto a Sweezy (Baran y Sweezy, 1968/1972), ha sido de tal magnitud que desde la publicación de sus primeros escritos, las investigaciones de índole marxista sobre la generación del excedente y los problemas del desarrollo, utilizan exclusivamente su perspectiva analítica y desarrollos teóricos. Sin embargo, a pesar de la clara identificación de Baran con el marxismo, la definición de excedente económico utilizada por el economista americano nacido en Rusia presenta importantes diferencias con el concepto de excedente desarrollado por Marx, dando lugar a una dinámica de funcionamiento del capitalismo radicalmente diferente al planteado por el autor de El Capital.

Precisamente, es esta ruptura la que motiva el presente trabajo que presenta dos hipótesis centrales. La primera de ellas sostiene que la literatura marxista abocada a analizar los problemas del desarrollo económico, al utilizar el concepto de excedente derivado por Baran, no sólo ha heredado los problemas y limitaciones de las definiciones originales, sino que dichas investigaciones representan una divergencia en relación a las ideas planteadas por Marx 5. En segundo lugar, si bien hasta la década de 1990, no hubo intentos sistemáticos por compatibilizar y traducir las cuentas nacionales a categorías marxistas, los desarrollos realizados por Shaikh y Tonak (1994), Maniatis (2005) y Simon (2005), entre otros, abren la posibilidad de establecer una definición de excedente en los términos de Marx, siendo ésta perfectamente aplicable en el actual estadio del capitalismo 6.

Tomando en consideración estos objetivos, el trabajo se estructura en cuatro secciones. En la primera, se presenta el concepto de excedente de Marx enfatizando en las causas de su generación, las particularidades que posee en el sistema capitalista y el modo en que se distribuye entre las diferentes clases sociales. Posteriormente, se analizan el desarrollo del concepto de excedente económico de Baran, las críticas recibidas y los principales estudios que, continuando con la línea planteada por Baran, se abocaron a medir empíricamente el excedente. Enseguida, se comparan los aportes conceptuales de Marx y de Baran con el fin de estudiar sus similitudes y distinciones. Finalmente, se plantean las conclusiones.

EL CONCEPTO DE EXCEDENTE EN MARX

Marx se aproxima a la economía a partir de sus investigaciones y estudios en filosofía e historia. Consideraba, por un lado, que cada etapa del desarrollo económico producía sus propias leyes de movimiento (laws of motion); y por otro, que las contradicciones de cada modo de producción allanan el camino para el surgimiento del sub-siguiente modo de producción (Foley, 1989). Desde este enfoque, la producción dentro del capitalismo es conducida por la clase capitalista con el objeto de obtener ganancias e incrementarlas en el tiempo. El sistema busca expandirse y para ello requiere acumular. El análisis de Marx sobre la expansión del sistema, da lugar al surgimiento de los conceptos de reproducción simple y reproducción a escala ampliada del capital (Marx, 1995). La primera consiste en la reposición periódica del capital usado, manteniendo así su nivel inicial, en este caso la producción no reporta excedente o en caso de reportarlo, no sería reutilizado productivamente (Neffa, 1998). Una economía que se reproduce sólo consigue permanecer constante en el tiempo y su nivel de crecimiento es nulo.

El objetivo del capitalista, sin embargo, no es la reproducción simple sino lograr la reproducción a escala ampliada, en la cual, además de la reposición periódica del capital usado, se consigue aportar un saldo excedente a la producción, cuyo fin es el de incrementar la propia capacidad productiva (Marx, 1995). Esta acumulación real siempre implica una transformación de los procesos productivos, es decir, el capital no se conforma simplemente con recrear en una escala más amplia lo que ya ha logrado, más bien presiona para que se adopten nuevos métodos de producción y para que se exploten las posibilidades a mayor escala (Foley, 1989).

La ampliación de la escala de producción es mediada por la competencia constante entre capitales y en el largo plazo conlleva un doble proceso (Marx, 1995):

  • Expansión a través del crecimiento de capitales individuales (concentración del capital).
  • Aumento, a través de la aglomeración de capitales individuales (centralización del capital).

En este marco e íntimamente ligado al proceso de acumulación del capital surge el concepto de excedente. Para Marx, el excedente puede ser definido como la parte del producto social que, habiendo sido generada de manera directa por la clase trabajadora, excede lo que ésta necesita para reproducirse y es apropiada por la clase capitalista. Para su definición, Marx divide el tiempo de trabajo en “tiempo de trabajo retribuido” (o trabajo necesario) y “tiempo de trabajo no retribuido” (o trabajo excedente), siendo la plusvalía el tiempo de trabajo no retribuido que el asalariado deja en manos del capitalista.

Es importante aclarar cierta confusión que existe con respecto a los conceptos de producto social excedente (o excedente), plusvalía y explotación capitalista. Toda sociedad capaz de desarrollarse debe ser capaz de generar un producto social excedente. Cuando un conjunto de personas se apropia del excedente creado por otro grupo mediante algún mecanismo específico, esas sociedades se denominan sociedades de clases (Shaikh, 1990). En este sentido y como se mencionó anteriormente, Marx sostenía que la sociedad capitalista es una sociedad de clases y el mecanismo específico mediante el cual los propietarios de los medios de producción se apropian del excedente es el sistema de trabajo asalariado (Foley, 1989). En palabras de Marx, la situación en la que una persona otorga algo por lo cual no recibe ningún equivalente puede llamarse explotación, y esto es exactamente lo que sucede con los trabajadores dentro del capitalismo, ya que parte de su trabajo no es retribuido (Marx, 1995, 255).

Por otra parte, la plusvalía es la forma que adopta el producto excedente en una sociedad capitalista y su fuente se halla en la explotación del trabajador; Es decir que la misma puede definirse como el resultado del tiempo de trabajo no retribuido (o trabajo excedente), en el sentido de que solamente se requeriría el tiempo de trabajo necesario para permitir la reproducción de las personas y de las unidades productivas en la misma escala (Foley, 1989). Por último, la cuota de plusvalía mide la magnitud con que se expande el capital variable en el proceso productivo 7.

Para Marx la plusvalía social, es decir, el excedente social dentro del capitalismo, depende de dos factores: el tiempo de trabajo social total y la división de ese tiempo en trabajo retribuido y no retribuido (o excedente) (Foley, 1989). En este sentido, el capitalista tiene dos caminos para lograr aumentar la plusvalía si se produce un incremento:

  1. Del trabajo social mientras se mantiene constante la parte de trabajo retribuida, lo que Marx (1995) denominó plusvalía absoluta.
  2. En el tiempo de trabajo no retribuido, mientras se mantiene constante la parte de trabajo social, es decir, se modifican relativamente las partes retribuidas. En este caso, se obtiene lo que Marx (1995) denominó como plusvalía relativa.

Una vez aclarada la naturaleza de estos conceptos, Marx procede a estudiar las particularidades de las plusvalías absoluta y relativa, y los diferentes modos de incrementarlas. Descubre que, básicamente, existen cuatro modos diferentes de lograrlo: acrecentando la jornada de trabajo, aumentando la intensidad del trabajo, reduciendo el nivel de los salarios y/o introduciendo adelantos tecnológicos en la producción. Una vez analizados en profundidad estos diferentes métodos, Marx descubre que tres de ellos poseen un límite natural, más allá del cual no pueden ser alterados: la jornada de trabajo tiene un máximo de 24 horas, la intensidad del trabajo tiene un límite físico y el salario no puede ser reducido más allá de un nivel mínimo que asegure la subsistencia y reproducción del trabajador. La existencia de estos límites provoca que en el largo plazo y a medida que el sistema capitalista se desarrolla, la innovación tecnológica sea el instrumento más utilizado por el capitalista en su afán de incrementar continuamente la plusvalía.

Por último, como puede deducirse de las ideas recién presentadas, el marco teórico marxista asigna un lugar central a la magnitud o cantidad de tiempo de trabajo retribuido o necesario, ya que una reducción del mismo representa un aumento del excedente para el capitalista. Desde la perspectiva marxista, el valor de la fuerza de trabajo es igual al valor de los medios de subsistencia necesarios para la conservación del trabajador (con determinados atributos productivos) y su descendencia 8. Este valor tiene para Marx un mínimo compuesto por necesidades imprescindibles (alimentación, vestimenta, vivienda, entre otros), las cuales se encuentran determinadas por un contexto histórico y cultural específico de cada país. En palabras del autor alemán, el valor de la fuerza de trabajo depende

[] en gran parte del nivel cultural de un país, y esencialmente, entre otras cosas, también de las condiciones bajo las cuales se ha formado la clase de los trabajadores libres, y por lo tanto de sus hábitos y aspiraciones vitales. Por oposición a las demás mercancías, pues, la determinación del valor de la fuerza de trabajo encierra un elemento histórico y moral. Aun así, en un país determinado y en un período determinado, está dado el monto medio de los medios de subsistencia necesarios (Marx, 1995, 208).

De este modo, Marx sitúa en el corazón de su marco teórico al concepto de excedente o plusvalía, eje rector tras la cual se subordinan las acciones y decisiones que los miembros de las clases sociales toman.

EL CONCEPTO DE EXCEDENTE ECONÓMICO: BARAN Y SUS DISCÍPULOS

Las contribuciones de Marx tuvieron una enorme repercusión en el mundo de las ciencias sociales. Sus ideas originaron numerosos debates y estudios en dos direcciones diferentes: por un lado, los que trataron de derribar los fundamentos sobre las que se erigían; y por el otro, lo que buscaron profundizar y actualizar los alcances de sus postulados acerca del sendero evolutivo del capitalismo. Como parte de este segundo grupo de autores, a mediados de la década de 1950 surge la figura de Paul Baran, un economista ruso que había emigrado a Estados Unidos durante el ascenso del nazismo.

Las preocupaciones centrales de Baran consistían en estudiar los problemas de los países en desarrollo en el capitalismo de la posguerra. El autor ruso sostenía que si se indagaba en el modo en que el excedente es creado en un país y la forma en que las clases que se apropian del mismo lo utilizan, las causas del subdesarrollo en el mundo podían ser reveladas. Producto de este trabajo, en 1957 publica el libro La economía política del crecimiento, el cual presenta dos argumentos centrales, a los fines de este trabajo.

  1. Baran desarrolla el concepto de excedente económico que reemplaza al concepto de excedente de Marx y que, como se verá a continuación, se caracterizó por la existencia de ambigüedades y diversas definiciones.
  2. Baran sostiene que el subdesarrollo económico es producto de un proceso histórico, en el cual el capital monopolista cumplía un rol central 9. De esta manera, la propia lógica del sistema capitalista en su etapa monopólica evidenciaba que el único camino para lograr el desarrollo era por medio de la revolución socialista, dado que las élites locales carecían de las habilidades necesarias para conducir el proceso de desarrollo (Baran, 1959).

Si bien el trabajo de Baran tuvo una repercusión aceptable en materia de discusión analítica, su impacto en materia de desarrollo económico fue escaso. Esto se debe, posiblemente, a dos motivos fundamentales: el tipo de solución que su análisis promulgaba para enfrentar los problemas del subdesarrollo –la revolución socialista–; la propia definición del concepto de excedente económico, ya que el autor ruso propuso a lo largo de su vida, seis definiciones alternativas del mismo. Las cuatro primeras, de excedente económico real o actual, del potencial, del planificado y del máximo posible, fueron desarrolladas en su libro La economía política del crecimiento de Baran (1959). Este último aspecto fue probablemente el de mayor importancia para la adaptación de sus ideas en la literatura sobre el desarrollo.

El excedente económico real (o actual) fue definido como

[… ] la diferencia entre la producción real generada por la sociedad y su consumo efectivo corriente. Es por lo tanto idéntico al ahorro corriente o acumulación y toma cuerpo en los activos de diversas clases que se agregan a la riqueza de la sociedad durante el periodo correspondiente (Baran, 1959, 39).

Baran señalaba que el excedente económico real se originaba en todas las formaciones socioeconómicas, siendo su magnitud muy fácil de estimar. El autor ruso realizó una aclaración fundamental, en una nota a pie, en la cual expresaba que este concepto:

[…] comprende una parte menor del producto total que la abarcada por la noción de plusvalía de Marx. Esta última consiste en la diferencia total entre el producto neto total y el ingreso real de los trabajo. El excedente económico real tal como se lo define arriba es simplemente la parte de la plusvalía que está siendo acumulada; en otras palabras, no incluye el consumo de la clase capitalista ni los gastos gubernamentales en administración, establecimientos militares, etc. (Baran, 1959, 39).

La segunda definición que Baran proporciona en su trabajo corresponde al excedente económico potencial, que es definido como “la diferencia entre la producción que podría obtenerse en un ambiente técnico y natural dado con la ayuda de los recursos productivos utilizables y lo que podría considerarse como consumo esencial” (Baran, 1959, 40). También en este caso aclara la relación que existe entre este concepto y el de plusvalía ya que éste

[…] excluye de la plusvalía elementos tales como lo que hemos llamado más arriba el consumo esencia de los capitalistas, los gastos en la administración gubernamental que pueden ser considerados como esenciales, etc.; por otra parte, comprende lo que no abarca el concepto de plusvalía, es decir, la producción perdida a causa del desempleo o el mal uso de los recursos productivos (Baran, 1959, 40).

Es interesante destacar que el excedente potencial aparece bajo cuatro aspectos distintos:

  1. El consumo excesivo.
  2. El producto que pierde la sociedad por la existencia de trabajadores improductivos.
  3. El producto que se desperdicia a causa de la organización dispendiosa e irracional del aparato productivo existente (como es la estructura monopólica).
  4. El producto no materializado a causa de la existencia del desempleo, el cual se debe fundamentalmente a la anarquía de la producción capitalista y a la insuficiencia de la demanda efectiva.

El tercer concepto de excedente es el denominado excedente económico planificado, de aplicabilidad en el marco de una economía con planificación central, y que resulta ser

[…] la diferencia entre el producto “óptimo” que puede obtener la sociedad en un ambiente natural y técnico históricamente dado y en condiciones de una utilización planeada “óptima” de todos los recursos productivos disponibles, y el volumen “óptimo” de consumo que se elige (Baran, 1959, 60).

En otras palabras, el excedente económico planificado corresponde a la magnitud de ahorro o inversión óptima planificada que la economía puede tener, y su desarrollo se relaciona íntimamente con las problemáticas de las economías con capacidad de planificación central, es decir, con las economías socialistas.

Por último, la cuarta definición del concepto de excedente corresponde a “la diferencia entre la producción en condiciones de ocupación plena y algún nivel mínimo de subsistencia fisiológica del consumo masivo” (Baran, 1959, 79). En este caso, el excedente económico se denomina: máximo excedente posible. Baran señaló que mientras que en el capitalismo monopolista el excedente económico es mucho mayor en términos absolutos que en el capitalismo competitivo, el mismo es notoriamente inferior en términos del mayor excedente posible, dado que los receptores en la etapa de capitalismo monopólico no son pequeños capitalistas sino corporaciones gigantescas.

El trabajo de Baran, que en ese momento se encontraba como docente en la universidad de Stanford, tuvo inmediata repercusión. Una de las críticas más agudas realizadas ni bien publicado el libro fue la de Nicholas Kaldor en marzo de 1958. El famoso economista de la Universidad de Cambridge (UK), escribió una revisión de La economía política del crecimiento en la revista académica American Economic Review sosteniendo que el libro tenía dos hipótesis centrales. Por un lado, en los países avanzados donde reina el capital monopólico, los problemas de sobreproducción, estancamiento y crisis, entre otros, están destinados a incrementarse en el tiempo; y por otra parte, la existencia de países avanzados es la que dificulta el desarrollo económico de los países atrasados (Kaldor, 1958).

Si bien para Kaldor ambas hipótesis son discutibles y controvertidas, el autor de la escuela de Cambridge fue muy crítico en relación a la primera de ellas, al sostener que la definición del concepto de excedente económico contenía numerosas inconsistencias y ambigüedades. Como respuesta a estas críticas, en el prefacio a la edición de 1962 Baran le contesta a Kaldor respondiendo que el economista de Cambridge comete el error de confundir el concepto de excedente económico con el de las ganancias estadísticamente observables (Lippit, 1985). Y en su afán por clarificar el concepto de excedente económico, Baran desarrolla una quinta definición en el prefacio de esta edición. Esta vez, el excedente económico es definido como la suma de ganancias, rentas, intereses, y el creciente porcentaje de producto dedicado a mantener a los trabajadores improductivos que se desempeñan en actividades vinculadas a la publicidad, administración, relaciones públicas, derecho, entre otras (Baran, 1975).

La última definición del concepto fue presentada cuatro años después de la quinta, en 1966, en el libro El capital monopolista, trabajo que realizó conjuntamente con Paul Sweezy. Esta obra tenía como principal objetivo estudiar la generación y absorción de los excedentes bajo condiciones de capitalismo monopólico. En esta oportunidad, se define al excedente económico como “la diferencia entre lo que una sociedad produce y el costo de su producción” (Baran y Sweezy, 1968, 13) y la magnitud del excedente “es un índice de productividad y de riqueza, de la libertad que tiene una sociedad para alcanzar las metas que se ha fijado a sí misma” (Baran y Sweezy, 1968, 13).

Los desarrollos teóricos de Baran y específicamente, las definiciones de excedente económico planteadas por el autor ruso han sido ampliamente analizadas en la literatura académica (Barclay y Stengel, 1975; Danielson, 1990; Lippit, 1985; Stanfield, 1973). Como resultado de estos estudios, numerosas críticas han sido formuladas, concentrándose fundamentalmente en cinco de las seis definiciones de excedente económico propuestas, quedando una, la de excedente económico potencial, como la mejor definición del mismo. A continuación, y muy brevemente, se examinarán los principales argumentos esgrimidos como críticas más importantes a cada una de estas cinco definiciones.

En relación con el concepto de excedente económico real o actual la principal crítica esgrimida en su contra sostiene que este concepto es igual al concepto de ahorro y dado que la literatura académica ha optado por seguir analizando a la economía a través de este último, el excedente económico real o actual debe ser abandonado.

Referente al concepto de excedente planificado, se sostiene que tiene relevancia sólo para economías socialistas, ya que resulta ser el ahorro óptimo planificado (o inversión óptima planificada) bajo el sistema socialista (Lippit, 1985). Dado que la gran mayoría de los países en desarrollo no cuentan con una economía centralizada, la aplicabilidad del concepto es extremadamente limitada y una teoría general no puede inferirse de él.

Con respecto a la noción de excedente económico máximo posible, resulta difícil poder apreciar la particularidad del concepto ya que no es claro por qué debería diferir del potencial. En cierta medida, el máximo excedente económico alcanzable es el potencial con lo cual la misma noción estaría nombrándose de dos modos diferentes, lo que constituye un error.

La definición que Baran desarrolla como producto de su intercambio con Kaldor en el prefacio de una reedición, supone abordar el concepto de excedente económico desde el análisis de los ingresos en vez de analizarlo desde el producto. Es interesante remarcar que la presentación y elaboración del concepto de excedente económico desde la perspectiva del ingreso supone para Baran un salto cualitativo en los términos de su propio análisis; sin embargo, al desarrollar esta nueva definición, el autor ruso incluye dentro del concepto el ingreso de subsistencia de grupos improductivos lo que claramente representa una contradicción de sus previos desarrollos.

El concepto de excedente económico elaborado por Baran junto a Sweezy arrastra, por un lado, el problema de incluir dentro del mismo los requerimientos de subsistencia de trabajadores improductivos; y por el otro, trata a todos los gastos del gobierno como parte del excedente, cuando sin duda parte de que los gastos del Estado es necesaria para calcular el costo de producción (Lippit, 1985; Stanfield, 1973).

Como resultado del análisis crítico de la literatura especializada, la definición de excedente económico potencial logró cierto consenso en materia de contribución económica y es el concepto que ha sido más utilizado en trabajos que intentaron aplicar la teoría de Baran y obtener resultados empíricos. Sin embargo, esta definición –que consistía en la diferencia entre la producción potencial de la economía y lo que podría considerarse como su consumo esencial–, ha sido objeto de críticas en relación con dos aspectos: la definición de consumo esencial y su relación con la subsistencia; y la división del trabajo entre trabajadores productivos e improductivos.

Con respecto al consumo esencial, Baran señala que

Allí donde los niveles de vida son por lo general bajos y los bienes obtenibles por la gente poco diversificados, el consumo esencial puede determinarse en términos de calorías, de otros alimentos, de cantidades de ropa, de combustible etc. […] Aún donde el nivel de consumo es relativamente elevado e involucra una gran variedad de bienes de consumo y de servicios, puede hacerse un juicio acerca de la cantidad y composición del ingreso real necesario para lograr lo que socialmente se considera una “vida decente” (Baran, 1959, 47).

Danielson (1990) plantea dos problemas centrales con respecto a esta definición. En primer lugar, no resulta clara ni la identificación de quién determina lo que se considera como una vida decente, ni cómo realizar la medición del consumo esencial en el largo plazo. El procedimiento empírico que plantea Baran para su cálculo –a partir una canasta de subsistencia universal para todos los individuos valuada a precios reales– presenta importantes problemas de medición. El segundo problema, más complicado y cuantitativamente menos fácil de determinar, es la identificación de los trabajadores improductivos. Para Baran dentro de la sociedad capitalista, lo que es trabajo productivo y lo que es improductivo no puede ser determinado en referencia con la práctica diaria del capitalismo (Baran, 1959). En este marco, el trabajo improductivo está constituido por

[…] todo el trabajo que da por resultado la producción de bienes y servicios cuya demanda puede atribuirse a condiciones y relaciones específicas del sistema capitalista y la que no existiría en una sociedad ordenada racionalmente (Baran, 1959, 50).

Dentro de esta clasificación se encuentran los trabajadores de bienes de consumo suntuario y de armamento, los funcionarios del gobierno, militares, clérigos, abogados, comerciantes, especuladores, entre otros10. En síntesis, según Baran es productivo el trabajo que se presenta en cualquier proceso de producción mientras que es improductivo el específico del capitalismo, ya que es consecuencia de la irracionalidad del sistema.

A pesar de las críticas formuladas al trabajo de Baran (1959) y fundamentalmente al de Baran y Sweezy (1968), la inmensa mayoría de los trabajos de orientación marxista que analizaron los problemas del desarrollo económico tomaron el concepto de excedente económico de Baran como una suerte de pilar fundacional sobre el que erigieron, previa solución de inconvenientes en la formulación original o la incorporación al concepto de elementos faltantes, sus desarrollos teóricos. En este sentido, se destacan los trabajos de Stanfield (1974), Furtado (1978), Danielson (1990), Khan y Lippit (1993), Sbatella (2001) y Somel (2003) que serán brevemente revisados en lo que resta de la presente sección.

Una de las primeras líneas de análisis sobre el excedente económico fue realizada por Ron Stanfield en al año 1974, que intentó mejorar las definiciones propuestas por Baran (1959) y por Baran y Sweezy (1968). De este modo el autor propuso como definición del excedente económico: “la diferencia entre lo que la sociedad produce y el costo necesario en el que debe incurrir para producirlo, es decir su consumo esencial” (Stanfield, 1974, 69). Si bien reconoce que este concepto en algunos aspectos resulta ser muy similar a la definición de excedente económico potencial de Baran, sostiene que su correcta interpretación corresponde al análisis desde el lado del producto y no desde los ingresos. Por último, en línea con los argumentos de Baran, el autor encuentra que para el período 1929-1970, el excedente económico de Estados Unidos se incrementa casi seis veces su valor original, exhibiendo de esta manera una tendencia creciente para el período analizado.

El segundo aporte importante en esta línea de investigación es el realizado por Celso Furtado (1978), en el Prefacio a Una Nueva Economía Política. En este trabajo el autor, siguiendo la concepción de Baran, señala que el excedente económico de una sociedad es el nivel del producto que sobrepasa lo que ésta necesita para reproducirse, esto es, el costo de reproducción social. Este concepto corresponde al nivel de subsistencia mínimo de la sociedad y se determina multiplicando al nivel de ingreso del trabajador manual no calificado por el total de la población. Furtado afirma que: “Concebido de esta forma amplia, el excedente debe de haber existido en prácticamente todas las sociedades de las que tenemos registro histórico” (Furtado, 1978, 158).

Precisamente, en un análisis de largo plazo que presenta en Teoría y política del desarrollo económico, Furtado (1968) señala que el aumento del excedente es resultado fundamentalmente de una tendencia inversa entre el alza de costo de reproducción y el aumento de la productividad. Siempre que el crecimiento de esta última sea mayor que el del incremento del primero, se logrará acrecentar el excedente.

En tercer lugar, se encuentra el trabajo realizado por Danielson (1990) en el cual, a partir de un análisis crítico de los conceptos de Baran, propone tres definiciones alternativas del concepto de excedente, todas ellas derivadas de las cuentas nacionales. La diferencia entre las acepciones radica en la inclusión de la estructura económica existente en el excedente, en el cálculo previo y posterior al pago de impuestos, y en el uso asociado a los objetivos que el investigador posea. Una vez hecha esta aclaración, sus definiciones alternativas dependen del nivel salarial de subsistencia, del salario real de mercado, de la masa de ganancias y de la magnitud del empleo productivo e improductivo.

El cuarto aporte que merece ser destacado es el realizado por Khan y Lippit (1993). En su trabajo los autores intentan incorporar al concepto de excedente económico el medio ambiente, con el fin de que alcance su máxima potencialidad. Luego de revisar muy brevemente la evolución histórica del concepto desde Ricardo, proponen una nueva definición que denominan excedente ajustado ambientalmente (environmentaly adjusted surplus), visto como la diferencia entre el ingreso nacional ajustado por las externalidades ambientales y el consumo esencial de toda la población (Khan y Lippit, 1993). En este contexto y producto de la inclusión de los daños ambientales, el excedente evoluciona, de forma contraria a lo que Baran y Sweezy sostenían, presentando una tendencia secular descendente en las condiciones actuales del capitalismo.

En quinto lugar, es importante mencionar uno de los escasos intentos de medición del excedente económico desarrollados en el ámbito argentino. Sbatella (2001) presenta un análisis de la generación, apropiación y destino del excedente económico en Argentina con la particularidad de restringir el cálculo del excedente económico sólo para el quintil superior de ingresos (del per cápita familiar) ya que supone que éste es el único estrato que tiene capacidad de ahorro, y por lo tanto, podría llevar a cabo la inversión. De este modo, adicionando la inversión y el consumo superfluo el autor obtiene el excedente económico. Para el período 1980-2000, encuentra que el excedente económico de Argentina exhibe una tendencia, lo cual es compatible con los descubrimientos empíricos de la mayoría de los casos analizados.

Por último, un importante estudio sobre el excedente económico fue realizado por Somel (2003), quien intenta estimar el excedente económico para el caso de Turquía, con el fin de analizar las restricciones que el sistema mundial impone al desarrollo económico de los países periféricos. En este marco, el autor define al excedente económico como “el ingreso real que excede el consumo esencial necesario para la reproducción de la fuerza trabajadora en la sociedad” (Somel, 2003, 919). Sus estimaciones permitieron establece que entre 1980 y 1996 el excedente económico se triplicó en Turquía, en concordancia con la idea de Baran de que el excedente se incrementa en el tiempo.

A partir de los casos analizados previamente y de los intentos de medición empírica, se desprenden dos conclusiones principales. En primer lugar, como ya fue mencionado, la totalidad de los trabajos empíricos sobre el tema aplican el marco teórico desarrollado por Baran y Baran y Sweezy, y comparten que el principal desafío es trasladar la definición conceptual a la medición empírica, siendo en esta parte donde se centran sus principales aportes e innovaciones. En segundo lugar, si bien en todos los casos analizados se realizan ajustes a la definición de excedente económico, en la mayor parte de trabajo se logra identificar la tendencia creciente del excedente que en sus escritos preveían Baran y Sweezy; la única excepción a esta situación viene dada por el trabajo de Khan y Lippit (1993), en el cual se identifica una evolución creciente del excedente económico, pero al ajustar la magnitud del mismo por los daños al medio ambiente, la tendencia se revierte.

EXCEDENTE VS. EXCEDENTE ECONÓMICO

Como se desprende de las secciones precedentes, la elaboración del concepto de excedente económico de Baran presenta importantes diferencias en relación con el concepto de excedente de Marx. Las mismas pueden agruparse en relación a cinco aspectos principales:

1. La aplicabilidad histórica del concepto es diferente. Mientras que el concepto de excedente es inherente a un sistema de producción determinado, en el concepto de excedente económico, la especificidad histórica está ausente. Para Marx, el excedente resulta del modo de producción capitalista, por lo que al analizarlo, la atención se dirige inmediatamente hacia el proceso de trabajo en el cual se genera y a las relaciones sociales de producción entre capital y trabajo de las que se deriva (Barclay y Stengel, 1975). Por otra parte, el concepto de Baran es a-histórico, dado que su formulación conceptual se desprende directamente de un análisis agregado de la economía, sin importar bajo que sistema de producción se enmarca. De esta forma, el excedente económico resulta ser una categoría de análisis que puede encontrarse en todas las sociedades: tanto en un régimen socialista como en las sociedades precapitalistas; y de hecho en los primeros estudios esbozados por Baran sobre el concepto, el autor aplica el término a distintos modos de producción tan diversos como el Imperio Romano, la Europa feudal, y el capitalismo (Baran, 1953). Si bien este elemento puede ser considerado como una virtud dado que el concepto parece gozar de cierta “universalidad”, su génesis a-histórica le impide tomar en cuenta ciertas particularidades propias del modo de producción actual.

2. Los conceptos de excedente y excedente económico son desarrollados en etapas diferentes del capitalismo y por ende la interpretación de la dinámica y lógica del modo de producción al que se enfrentan difieren. Para Baran y Sweezy, el capitalismo monopólico es un sistema formado por corporaciones gigantes y si bien existen firmas pequeñas, éstas deben ser tratadas como parte del medio en el cual operan las grandes corporaciones y no como verdaderos actores que pueden influir en el mercado (Baran y Sweezy, 1968). Por su parte, Marx sostenía que el sistema capitalista era un sistema motorizado por el deseo de obtener ganancias, en el cual la regla general del mercado era la competencia entre capitales, que en el largo plazo y liderada por la continua innovación tecnológica iba generando un aumento en el nivel de concentración y centralización del capital.

Por tanto, la diferencia fundamental entre ambas fases del capitalismo es que bajo el capitalismo competitivo la empresa individual capta los precios, en tanto que en el capitalismo monopolista, la gran empresa los forma. De acuerdo con Baran y Sweezy (1968), en este último la competencia vía (reducción de) precios, fundamental en el análisis de Marx, deja de ser relevante y las empresas concentran su lucha en el modo de repartir las ganancias sin reducirlas en la disputa. Como resultado de esta dinámica, en el mundo de Baran las empresas están más preocupadas por la apropiación del excedente, ya que la generación del mismo está garantizada. En Marx, la generación como la apropiación del excedente son problemas centrales que los capitalistas enfrentan diariamente.

3. Existe una importante diferencia en relación con la evolución del excedente en el largo plazo, para Baran y Sweezy, el capitalismo monopolista se caracteriza por una caída constante en los costos de producción, lo que conlleva la obtención de márgenes de utilidad en continua expansión, lo cual implica ganancias adicionales, más elevadas no sólo en términos absolutos, sino en términos del producto nacional (Baran y Sweezy, 1968). Este proceso puede resumirse en lo que los autores denominan la ley del capitalismo monopolista: el excedente económico tiende a aumentar, absoluta y relativamente, a medida que el sistema se desarrolla, representando la ley central del movimiento bajo el capitalismo monopolista.

Por su parte, Marx sostenía que la tasa de ganancia presentaba un comportamiento decreciente, como resultado de las tendencias y contra tendencias que interactuaban y guiaban la acumulación capitalista en el largo plazo. Marx consideraba que cada capitalista individual enfrentaba dos tipos de disputa: por un lado, contra el trabajo en el proceso de producción y relacionada con la obtención del excedente; y por el otro, contra el resto de los capitalistas en el mercado, por la realización del excedente bajo la forma de ganancia.

Como resultado de este doble conflicto emerge: la mecanización como forma dominante en la lucha contra el trabajo; mientras que en la disputa entre capitales, la principal arma resulta ser la continua reducción de los costos unitarios de producción. Sin embargo, los métodos más avanzados de producción, que logran costos unitarios de producción más bajos, reducen la tasa de ganancia, y en un contexto en el cual la competencia lleva a que todos los capitales continuamente adopten las formas de producción más novedosas, la tendencia del sistema capitalista, en el largo plazo, es que la tasa de ganancia decrezca.

4. La capacidad de utilización que posee el excedente es diferente para ambas teorías. Para Marx la importancia del excedente radica en que es el objetivo fundamental de la producción de mercancías y de la acumulación dentro del sistema capitalista; y si bien es generado de manera directa por la clase trabajadora, es apropiado por la clase capitalista, la cual dispone del mismo y lo utiliza de acuerdo con sus necesidades. Este grupo es el único que define cómo se utiliza el excedente y la manera en que esta situación se resuelve determina la magnitud futura de la fuerza de trabajo empleada y el uso de los recursos productivos, como el volumen y tipo de consumo. Para Marx el único modo de modificar el manejo que la clase capitalista hace del excedente es mediante la disputa del mismo y esta contienda es siempre fruto de la lucha de clases.

Por su parte, el concepto de excedente económico potencial desarrollado por Baran (1959), resalta la contradicción existente entre lo que una sociedad es y lo que podría llegar a ser. Por ende, partiendo de un contexto de capitalismo monopólico, el análisis tiene como objeto identificar el uso que se hace del excedente económico, y en cierto sentido enfatiza en los aspectos o instituciones que deberían transformarse para que la sociedad pueda obtener los niveles de excedente más cercanos a los máximos posibles.

Las sociedades pueden modificar el modo en el que el excedente económico es utilizado asumiendo que su uso particular, en un momento determinado, puede ser producto de un error de estrategia. La institución más importante a estos fines es el Estado, y en este sentido Baran y Sweezy (1968) consideran que la etapa de capital monopolista viene de la mano de un importante crecimiento del Estado que apoya los intereses de los grandes capitales. En su modelo, el Estado intenta contrarrestar las tendencias estacionarias brindando oportunidades de inversión, garantizando márgenes de ganancias, produciendo importantes cantidades de bienes y servicios, y brindando empleo a una importante porción de la fuerza de trabajo (Barclay y Stengel, 1975).

5. Ambos autores difieren en la concepción que tienen de trabajo productivo e improductivo y en la categorización del consumo esencial. Con respecto al primero de ellos, la distinción entre los tipos de trabajos es un tema que ha sido ampliamente estudiado por la escuela clásica y, dentro de la misma, especialmente por su crítico Marx 11.

Para dicho autor, pretender diferenciar al trabajo productivo del improductivo y relacionar directamente al primero con la producción de excedente no implica negar que ambos son necesarios para la acumulación capitalista, es decir, para garantizar el correcto funcionamiento del sistema de producción capitalista. Sin embargo, diferenciar al trabajo productivo del improductivo resulta esencial a los fines de comprender el proceso de acumulación y, por tanto, la generación de plusvalía: “sólo el intercambio por trabajo productivo constituye una de las condiciones de la reconversión de la plusvalía en capital” (Marx, 1971, 89). Marx destaca que el trabajo productivo es sólo aquél que crea plusvalía y define al trabajador productivo como el que produce plusvalía directamente, siendo el producto social excedente fruto de ésta, así como, el fin inmediato y el producto por excelencia de la producción capitalista 12. La distinción más clara hecha por Marx se encuentra en el capítulo VI del Tomo II de Teorías de la Plusvalía, en el cual subraya que el trabajo en actividades circunscritas al ámbito de la circulación “pura” no crea valor y, por tanto, tampoco plusvalor, siendo entonces considerado improductivo. Si bien la circulación es una fase necesaria del proceso productivo, implica un desembolso de dinero por parte del capitalista, en lo que se denomina gastos de circulación (Marx, 1959).

Por su parte, Baran sostiene que

[…] el trabajo improductivo está constituido por todo el trabajo que da por resultado la producción de bienes y servicios cuya demanda puede atribuirse a condiciones y relaciones específicas del sistema capitalista y la que no existiría en una sociedad ordenada racionalmente (Baran, 1959, 50).

Como ya se había mencionado, dentro de la esta clasificación se hallan los trabajadores de bienes de consumo suntuario y de armamento, los funcionarios del gobierno, militares, clérigos, abogados, comerciantes, especuladores, entre otros. De esta forma, Baran elige un punto de partida por fuera del orden social establecido y lo que hace para definir trabajo improductivo es comparar el capitalismo, no con otros modos históricos de producción, sino con una “sociedad ordenada racionalmente” (Barclay y Stengel, 1975). Difícilmente en los escritos de Marx el capitalismo pueda ser caracterizado como algo cercano a una “sociedad ordenada racionalmente”.

Por último, respecto al consumo esencial los economistas clásicos sostenían que el mismo correspondía al volumen de consumo que era posible adquirir con el salario natural (Danielson, 1990). En este mismo sentido, para Marx el consumo esencial (si bien no utiliza este término) de los trabajadores era, como mínimo, el equivalente a los bienes necesarios para cubrir las necesidades básicas de subsistencia. A su vez, a este mínimo fisiológico se le suman otros componentes, también necesarios para su reproducción, que varían de acuerdo con las condiciones naturales de hábitat y según los distintos contextos históricos. Como consecuencia, esta corriente hace referencia al consumo esencial tan sólo para los asalariados, sin tener en cuenta la reproducción del resto de los integrantes de la sociedad.

Por su parte, Baran señala que:

Allí donde los niveles de vida son por lo general bajos y los bienes obtenibles por la gente poco diversificados, el consumo esencial puede determinarse en términos de calorías, de otros alimentos, de cantidades de ropa, de combustible etc. […] Aún donde el nivel de consumo es relativamente elevado e involucra una gran variedad de bienes de consumo y de servicios, puede hacerse un juicio acerca de la cantidad y composición del ingreso real necesario para lograr lo que socialmente se considera una “vida decente” (Baran, 1959, 47).

Esto implica que para Baran, el consumo esencial le corresponde a la sociedad en su conjunto, sin importar el lugar que ocupan en el proceso productivo.

REFLEXIONES FINALES

La búsqueda del excedente es el objetivo de la acumulación capitalista. Marx analiza la sociedad capitalista como una sociedad de clases (capitalistas y trabajadores), que se enfrentan con intereses opuestos, su estudio del excedente parte del análisis de producción del sistema capitalista y se vincula directamente con la reproducción del mismo. Diferenciando entre la reproducción simple y ampliada del capital descubre que es en esta última en la cual, además de lograrse la reposición periódica del capital usado, se consigue aportar un saldo excedente a la producción. Este último, puede ser definido como la parte del producto social que, habiendo sido generada de manera directa por la clase trabajadora, excede lo que ésta necesita para reproducirse y es apropiada por la clase capitalista. Para el autor alemán, la forma que adopta el producto excedente en una sociedad capitalista puede definirse como plusvalía y su fuente se halla en la explotación del trabajador.

Setenta años después de la muerte de Marx y con el objeto de actualizar el marco teórico marxista para examinar los problemas del subdesarrollo en el contexto del capitalismo monopólico, el economista Paul Baran elaboró el concepto de excedente económico. Si bien a lo largo de su obra desarrolló seis definiciones diferentes de dicho concepto, su trabajo inmediatamente acaparó la atención del marxismo; y su influencia teórica fue tal, que todas las investigaciones que adscriben a este enfoque analizan los problemas del desarrollo a partir del concepto de excedente económico propuesto por él.

Sin embargo la definición de excedente económico desarrollada por Baran presenta importantes diferencias en relación con el concepto de excedente desarrollado por Marx. Para Marx, el excedente en manos de los capitalistas es utilizado de acuerdo con las necesidades específicas e históricas que la acumulación de capital presenta y no puede pensarse como una fuente de recursos plausible de ser utilizada con otros fines. Asimismo, producto de la competencia entre capitales, en el largo plazo, la tasa de ganancia tiene un comportamiento decreciente, que es resultado de las tendencias y contra tendencias que interactúan y guían la acumulación capitalista.

Por su parte, el concepto de excedente económico potencial desarrollado por Baran, resalta la contradicción existente entre lo que una sociedad es y lo que podría llegar a ser. Su análisis tiene como objeto identificar el uso que puede hacerse del mismo, enfatizando en los aspectos o instituciones que deberían transformarse para que la sociedad pueda obtener los niveles de excedente más cercanos a los máximos posibles, asumiendo que es posible modificar el modo en el que el excedente se utiliza. Desde esta perspectiva, y como producto de la dinámica de acumulación del capital monopolista que permite obtener márgenes de utilidad en continua expansión, el excedente económico tiende a crecer en el largo plazo. Asimismo, Marx y Baran difieren en la concepción que tienen de trabajo productivo e improductivo y en la categorización del consumo esencial.

Como consecuencia de estas diferencias, los estudios que utilizan el concepto de excedente económico de Baran y que intentan medir empíricamente la magnitud del excedente, no sólo han heredado los problemas y limitaciones de las definiciones originales propuestas por el autor ruso, sino que además, dichas investigaciones representan una divergencia en relación con las ideas planteadas por Marx.

Las disonancias señaladas implican la existencia de distintas perspectivas entre Marx y Baran que se reflejan en explicaciones disímiles a la hora de dar cuenta de las principales características y del funcionamiento general del sistema capitalista.

Si bien el estudio empírico de las categorías marxistas no resulta sencillo y buena parte de la literatura basada en Baran propone diversas alternativas de medición del excedente; los nuevos desarrollos de compatibilidad para traducir las cuentas nacionales a categorías marxistas (en los términos de Marx) se han desarrollado enormemente en los últimos años (Shaikh y Tonak, 1994; Maniatis, 2005; Simon, 2005, entre otros). Esto ha permitido abrir la posibilidad concreta de derivar una definición de excedente en los propios términos de Marx.

El estudio del excedente es central para entender el funcionamiento de las sociedades modernas. Continuar con las ideas y perspectiva desarrollada por Marx requiere de la aplicación de sus conceptos y del desarrollo de nuevos términos que expliquen y den cuenta de los cambios actuales que va experimentando el sistema capitalista. Sin embargo, se debe ser cuidadoso al transformar conceptos para reemplazarlos por otros diferentes, porque el riesgo es perder una categoría válida de análisis. Y si el elemento abandonado se trata de un concepto que se encuentra en el corazón de la perspectiva teórica bajo análisis, las posibilidades de modificar severamente el propio marco analítico se vuelven más factibles. En este sentido, si bien el concepto de excedente económico potencial de Baran puede brindar información valiosa a la hora de pensar el sistema, el concepto de excedente desarrollado por Marx permite dar cuenta perfectamente de las particularidades específicas del actual modo de producción capitalista. Sólo es cuestión de aplicarlo.

NOTAS

1. Doctor en economía

2. Economista

3. Denominado en sus obras también como producto neto.

4. Es importante destacar que el conflicto entre capitalistas y trabajadores por la apropiación del excedente convive con la presencia de otros conflictos de intereses entre los diferentes sectores o facciones del capital y que, naturalmente, inciden en la distribución final del excedente.

5. Si bien la literatura en torno al desarrollo y la medición del concepto de excedente ha conseguido un importante desarrollo, de la mano de las discusiones de los neoricardianos –particularmente desde el trabajo de Piero Sraffa (1960)–, el propósito del presente trabajo es exclusivamente analizar las diferentes concepciones y debates dentro del marco teórico marxista. Para un mayor detalle sobre la literatura sraffiana y neoricardiana en relación con los debates y conceptos de excedente de estas escuelas ver entre otros: Kurz (2003) y Cozzi y Marchionatti (2001).

6. Los autores de este trabajo están trabajando en la elaboración de un indicador para lograr medir el excedente.

7. La cuota de plusvalía (e) se define como e = p/v, el cociente entre la plusvalía (p) y el capital variable (v).

8. En palabras de Marx:
La suma de los medios de subsistencia tiene que alcanzar para mantener al individuo laborioso en cuanto tal, en su condición normal de vida. Las necesidades naturales mismas, alimentación, vestido, calefacción, vivienda, etc. se le suman las peculiaridades climáticas, etc. [. . .] Los costos de aprendizaje también tienen que incluirse. [. . .] La suma de los medios de subsistencia incluye los de los sustitutos de, esto es, de los hijos de los obreros, de tal modo que pueda perpetuarse en el mercado esa raza de peculiares poseedores de mercancías (Marx, 1995, 207).

9. Parte de sus visiones sobre el capital monopolista serán analizados en las páginas siguientes.

10. En palabras de Baran:
Es esencial recordar que el trabajo improductivo no está ligado con el proceso de producción esencial y está mantenido por una parte del excedente económico de la sociedad. Sin embargo, esta característica la comparten con otro grupo de trabajadores que no caen dentro de nuestra definición de trabajadores improductivos como los profesores, los médicos, los artista, etc. (Baran, 1959, 50).

11. Aquí se retomará la discusión acerca del trabajo productivo e improductivo, en líneas generales, haciendo referencia directamente a lo escrito por Marx (1971) en Resultados del proceso inmediato de producción (inédito), ya que muchas de las derivaciones tomadas por otros autores y sus respectivas interpretaciones pueden prestarse para confusiones. A su vez, no se darán ni fórmulas para la medición del trabajo productivo ni ejemplos empíricos, dejando esta tarea para otra instancia de análisis.

12. En sus palabras:
Como el fin inmediato y [el] producto por excelencia de la producción capitalista es la plusvalía, tenemos que solamente es productivo aquel trabajo –y sólo es un trabajador productivo aquel ejercitador de capacidad de trabajo– que directamente produzca plusvalía; por ende sólo aquel trabajo que sea consumido directamente en el proceso de producción, con vistas a la valorización del capital. […] Es productivo el trabajador que ejecuta un trabajo productivo, y es productivo el trabajo que genera directamente plusvalía, esto es, que valoriza al capital (Marx, 1971, 77).

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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2 respuestas a El concepto de excedente en la teoría marxista: debates, rupturas y perspectivas

  1. Adalberto dijo:

    Una visión del socialismo de alguien que, ignorante, se creyó comunista y hoy, felizmente, algo más instruido o informado y, por tanto, más libre, es liberal en lo económico, aceptando y apoyando los controles necesarios, fuertes, lógicos y racionales.- Quienes están en contra del liberalismo económico, socialistas, comunistas y otros, se proclaman anticapitalistas.

    En el caso de los anarquistas que, por definición, no quieren Estado, además de anticapitalistas se declaran asamblearios, un sistema, el comunismo libertario, con miles o decenas de miles de asambleas permanentes que por sus tendencias a la atomización acaban siendo, necesariamente, tumultuarias, estériles y estiércol para la demagogia.

    Ante tantas opiniones de cuatro listos, cien listillos, generalmente ambiciosos y malintencionados, más movidos por la búsqueda de fortuna, el odio y la envidia que por el afán de justicia (aunque, a primera vista, esto es más aplicable a los comunistas que a los anarquistas, que aparentan ser más románticos) y las opiniones de millones de ingenuos e ignorantes de la naturaleza humana que, normalmente, abomina del rebaño, e ignorantes de los asuntos socioeconómicos y de la Historia, generalmente bienintencionados, las decisiones de miles de asambleas son ignoradas por la Asamblea de todas la asambleas y asambleitas, donde finalmente decide el Líder Supremo y su camarilla; eso sucedía y sucede, normalmente, en las estériles asambleas de facultad en las que la frustración y las penosas pérdidas de tiempo era lo más visible pero no lo más grave; lo más grave era que aquello perturbaba gravemente los estudios y que sólo servían para que algunos, que no pasaban de vulgares charlatanes (sin el arte de Cantinflas o los troveros murcianos), hiciesen sus pinitos de caudillismo, de demagogos {de demos = pueblo y agogo = conductor, guía}, de dictadorzuelos, con resultados nefastos: recuérdese el 15 M); es decir, el anarquismo o comunismo libertario se queda en la pérdida de millones de horas, en nada, para, al final, devenir en un partido y luego en un Estado totalitario muy parecido al Estado socialista, en cualquiera de sus facetas: la fascista proveniente del Partido Socialista Italiano, la nacionalsocialista (nazi) proveniente del Partido Obrero Alemán y éste del Partido Socialista Obrero Alemán, o la comunista proveniente de los partidos socialistas revolucionarios, todos ellos de la 2ª Internacional Socialista, promovida por Engels (sólo para recordar, estos últimos datos están tomados de Internet, es muy práctico).
    Entonces, los que no quieren una sociedad capitalista liberal, quieren una sociedad socialista o, peor aún, feudal o, mucho peor, esclavista; obviando estas dos últimas por criminales y de economías anacrónicas e ineficientes, y la anarquista por utópica y estéril, vamos a centrarnos en una sociedad socialista y su Estado correspondiente, no menos criminal, como se ha visto durante gran parte del siglo XX.
    En esencia el Estado socialista no hace otra cosa que imponer un capitalismo de Estado, después de que millones de empresarios, y propietarios en general, son expropiados y sustituidos por un solo empresario o propietario, el Líder Supremo, que nunca se equivoca y lo sabe todo, desde el precio de las cosas y cuánto hay que producir, hasta los gustos y la moral que deben tener las masas y los individuos para alcanzar la justicia social (vaya justicia social, por ejemplo, matando cada año millones de embriones y fetos, inocentes e indefensos, ¡¡QUÉ HORROR!!), la armonía y la felicidad suprema, que se consiguen trabajando, allá donde el Partido decida, sin rechistar, para hacer feliz al Líder Supremo y a la camarilla que lo rodea y lo preserva de los ataques externos, vivo o en formol, si fuese necesario.

    Escribiendo y hablando del socialismo, a favor y en contra, en todo el Mundo, durante la segunda mitad del siglo XIX, todo el siglo XX y lo que va del XXI, se han consumido decenas de miles de millones de toneladas de papel y tinta, decenas de millones de kilómetros de película, centenares de millones de horas de radio y televisión y miles de millones de terabytes; pues bien, todos esos gastos han sido inútiles, un desperdicio de magnitudes cósmicas, porque el hecho de que un partido o, lo que es lo mismo, un Líder Supremo y su camarilla adquieran la titularidad (la propiedad) de millones de expropiados, aunque se camufle como “toda la propiedad para el pueblo”, permite que el socialismo se pueda definir con sólo dos palabras: ROBO MASIVO, ROBO TOTAL o bien ROBO ABSOLUTO, lo que prefieran.

    Con esta simple y breve definición explicada a las masas, el 90% de los que cobraron por esas toneladas, kilómetros, horas malgastadas y terabytes, muchos de clases medias, y algunos ricachones que antes invirtieron en el socialismo para quedarse con toda la economía, y, lamentablemente, siguen cobrando, hoy serían unos pelaos, unos muertos de hambre por falta de audiencia, por indiferencia o por el rechazo de las masas; y los que pagaron esas toneladas, kilómetros, horas, y terabytes, generalmente de la clase media, también proletarios y campesinos, hoy tendrían muchísimo más dinero para comprar en empresas capitalistas, y por tanto, con las estanterías llenas.

    Pero sobre todo, y mucho más importante, con esa definición de socialismo, en DOS palabras, se hubiesen salvado los cien millones de personas asesinadas por el comunismo y quién sabe cuántos cientos de millones de víctimas directas (familiares) e indirectas, por sus efectos colaterales, no hubiesen padecido lo que les amargó para el resto de sus vidas. También se hubiesen salvado 2 mil o 3 mil millones de fetos y embriones, aproximadamente la mitad de los seres, no nacidos, masacrados en los últimos 60 años, tanto en los países socialistas como, por desgracia, en el capitalismo imperfecto y muchas veces criminal que padecemos. Parafraseando a Garzón que dijo algo así como que “un delincuente no puede ser de izquierda”, podríamos decir lo contrario para convertir esa gansada en una gran verdad, es decir, “el capitalismo sin ética, ni valores, sin limpieza en los negocios, sin respeto por la vida de los más inocentes e indefensos (los concebidos y no nacidos) y sin respeto por el medio ambiente, no es capitalismo liberal, es otra cosa”; esa “otra cosa”, la maldad humana, que ha existido en grado superlativo en todos los sistemas anteriores, en el esclavismo, en el feudalismo y, por desgracia, en el socialismo, sólo puede ser barrida en el capitalismo que padecemos por los partidos capitalistas liberales de la escuela austriaca de Menger, von Bohm-Bawerk, Mises y Hayek, herederos de la escuela de Salamanca de Juan de Mariana del s.XV y de los fisiócratas del s.XVIII (para esto último, para refescar la memoria y aprender algo nuevo hemos consultado en Internet, es muy socorrido); sin embargo en el socialismo, cuando se roba la propiedad a millones no se puede decir “eso no es socialismo”, pues ese robo a millones es un rasgo propio del socialismo, del que alardean, que justifican porque, según ellos, una cabeza privilegiada (la del Líder Supremo y su camarilla del Comité Central y del Politburó) es infinitamente superior, sabe más, es omnipotente y gestiona mejor esos millones de propiedades que los millones de antiguos propietarios, que son idiotas por no haberse dado cuenta antes de que el Lider Supremo lo que, en realidad, está haciendo es quitarles un peso y una responsabilidad de encima.

    Una vez que la propiedad de millones de personas ha pasado “a manos de todo el pueblo”, es decir, a manos del Partido, como sucedió en Rusia, Cuba, Corea del Norte, etc., las injusticias en lo referente a la redistribución de la riqueza no acaban, al contrario, se agravan; vamos a verlo.

    Para analizar esto y ser lo más asépticos posible, admitamos lo obvio, que en todos los sistemas socioeconómicos habidos en el pasado y en el presente, en una u otra región del Mundo, esclavismo, feudalismo, capitalismo o socialismo, una parte de la riqueza producida por los empresarios y los trabajadores se queda en la empresa o, personalizando, se la queda el esclavista, el señor feudal, el capitalista o el Estado socialista, es decir, el Líder Supremo y su camarilla; no ha habido en la Historia algún tipo de empresa que no se quede con una parte del beneficio; es algo inevitable en cualquier sistema socioeconómico, para perpetuarlo, para invertir (ampliar la empresa) y para el beneficio (comer, vestir, vivienda, procrear, otras necesidades, vicios y lujos) del esclavista, del señor feudal, del capitalista o del Líder Supremo y su camarilla. Sabido esto, queda claro que Marx en El Capital nada nuevo descubrió con su teoría de la plusvalía, simplemente expresó con elegancia y sutileza, acercándose un poco más a la verdad, aquello que consciente, inconsciente o intuitivamente todo el mundo supo desde siempre, lo dicho arriba: que ninguna empresa en cualquier sistema socioeconómico habido y por haber, esclavismo, feudalismo, capitalismo, requete-socialismo, requete-comunismo o requete-anarcosindicalismo, puede pagar al trabajador el 100% de lo que produce; es más, ningún trabajador aceptaría cobrar el 100% de lo que produce sabiendo que al día siguiente se quedaría sin trabajo; todo ello estará bien para el trabajador si no tiene otra cosa mejor y estará bien para el capitalista si éste logra vender la producción al precio esperado para que haya un superavit; pero muchos analfabetos ricos y pobres, muchos avispados ricos y pobres, mucha gente culta rica y pobre, vieron en esta teoría, sin comprenderla totalmente, una oportunidad para satisfacer, los más (las masas), quiero creer, su afán de justicia, los menos (los políticos revolucionarios) su afán de negocio, incluso muchos otros, ricos y pobres, tuvieron la ilusión de satisfacer ambas cosas a la vez, justicia para los desheredados y negocios para ellos; también hubo y hay malintencionados, ricos y pobres, analfabetos y cultos, listos y tontos, locos por satisfacer sus bajos instintos, aprovechando y justificando sus actos por esa teoría, cada uno en función de sus posibilidades y maldades.

    Para seguir el análisis y simplificar vamos a admitir también que en todos los sistemas los respectivos beneficiarios tienen las mismas necesidades y, sobre todo, la misma ambición y, por tanto, todos quieren conseguir el mismo beneficio, pues para un análisis imparcial no debemos suponer superioridad moral, aunque la hubiese, de unos u otros; admitido esto, la explotación de los trabajadores o, si queremos decirlo más suavemente, la aportación voluntaria o involuntaria de los trabajadores, será inversamente proporcional a la productividad o a la producción, da igual; para extraerles una determinada cantidad, a menos producción más explotación y como es sabido, y comprobado en todo el siglo XX y lo que va del XXI, en cualquier país donde se implantó el socialismo la producción fue y es muchas veces menor que en los países donde predominó el capitalismo liberal; es decir, si en un país capitalista la producción es, por ejemplo, 100 veces superior a la producción de un país socialista de parecidas características, la explotación en este último, para apropiarse de la misma cantidad, deberá ser cien veces superior, con el agravante de que en el capitalismo liberal lo extraído se reparte entre, por ejemplo, 1 millón de empresarios y en el socialismo se reparte entre 1 empresario, el Líder Supremo y su camarilla del Comité Central y del Politburó, cuatro gatos y sus familias; es por eso por lo que, por ejemplo, en Cuba o Corea del Norte, ahora en Venezuela, se ve a la población depauperada, con lo puesto y poco más; en el capitalismo las migajas que puedan caer de las mesas de los ricos las aprovechan los pobres, pero en el socialismo, con mucha menos producción, o no hay migajas o éstas serán para la camarilla; ¿y a los pobres?, ni agua o, con suerte, un trabajo que nadie querría, muy mal pagado y sin posibilidad de reclamar; además, en el capitalismo, como decía Solzhenitsyn, cuando tienes un problema en tu empresa, con tu patrón o con tu capataz, tienes la posibilidad de irte a otra, pero en el socialismo, con un solo patrón, el Líder Supremo, no tienes otra empresa a donde ir o, con suerte, quizás, calladito, aceptas un trabajo infernal peor pagado o, sin suerte, si no te callas, vas a un campo de trabajos forzados por 20 años, ¡¡a 40º bajo cero, o sobre cero!!, del que, habitualmente, nadie sale vivo.

    Dicho de otra forma, para recapitular: Robar 1X donde se producen 20X (socialismo) es más brutal, cínico, asqueroso y criminal que robar 1X donde se producen cien veces más, 2000X (capitalismo).

    Los defensores conscientes del socialismo saben eso perfectamente pero con una buena dosis de cinismo y presumiendo de superioridad moral, lo defienden ferozmente, hasta el punto de que si es necesario matar a individuos o a masas, llegando al genocidio, lo hacen, matan. ¿Por qué?, porque les resulta más cómodo y, ellos creen, más seguro, obtener sus beneficios con la certeza de que a su única empresa en propiedad (el Estado) ninguna otra le va a hacer la competencia; ¿y eso cómo lo consiguen?, lo consiguen, temporalmente (en Rusia, de 1917 a 1989, hasta que arruinan al país, todo estalla y el sistema se derrumba, como en la Unión Soviética y la mayoría de sus afines), con la ayuda de un aparato burocrático represor, un ejército de trabajadores inmenso (en algunos países toda la población), rutinario, aburrido, cansino, sin estímulos, a no ser que te apuntes como chivato, impersonal, libre de responsabilidades, que ejerce el terror que ordenan sus amos, aunque eso suponga estar rodeados de millones sin motivación, en la miseria; los partidarios conscientes e inconscientes del socialismo prefieren eso que obtener sus beneficios compitiendo en un mercado libre a base de trabajo duro diario, de ingenio y superación para captar clientes y mantenerlos satisfaciendo sus necesidades y caprichos.

    En cuanto a esto último, la aversión a arriesgar el dinero propio en una empresa libre, sin cobertura estatal, el desprecio por los que lo hacen, y el aprecio por manejar el dinero público, ajeno, para gobernar, para comprar voluntades pero también para el enriquecimiento personal, voy a contar algo que me pasó con un comunista (un jefecillo provincial de tercera categoría, nada de obrero, sin callos en las manos, un infiltrado en el Estado capitalista con un gran sueldo, por enseñar y adoctrinar contra el capitalismo) que demuestra hasta que punto las mentes de los que portan esa ideología en su primitivos cerebros son estúpidas y están altamente perturbadas por su odio a quienes (de los que él cobra), fuera del pesebre del Estado, con su trabajo y esfuerzo individual, procuran un beneficio justo, limpio y moderado, proveyendo un producto o prestando un servicio, libremente, a petición de sus clientes; fue en una época en la que yo, joven, buscando un Mundo mejor tenía muchos contactos con comunistas y un día le comenté que quería montar un negocio; este individuo (que no era de Izquierda Unida, aclaro) que, hasta entonces, había sido de trato agradable y a veces bromista, desde ese momento y en los siguientes días ya lo noté más serio, seco y distante de lo habitual; al cabo de varias semanas, volviendo al tema, me pregunta si seguía con la idea del negocio y qué negocio tenía pensado; a lo que le contesté, de acuerdo a como yo entendía que debía ser el comunismo y mientras no se implantase, casi pidiendo perdón, que me gustaría montar algo que no fuese de primera necesidad, como lo es la alimentación, la ropa, el calzado, la vivienda, la enseñanza, pues no quería especular con, o beneficiarme de, las necesidades primarias de las gentes, sino un negocio de algo superfluo, como regalos, informática, ocio, etc.; bueno, pues después de tanta moderación y tanto cuidado, exquisito, que yo tenía (y hoy tengo, pero mejorado y mejor equilibrado por el liberalismo) por no especular o, mejor, por no hacer negocio con las necesidades de las gentes, yo estaba convencido que iba a recibir su aprobación (casi su bendición) y se iba a acabar su distanciamiento pero, ¡¡qué va!!, me llevé un chasco de campeonato, pues el jefecillo comunista, me dice: “oye, pero (como diciendo “ten cuidado”) con un negocio de regalos también se puede ganar mucho dinero y además corres el peligro de aburguesarte”; o sea que al tío, aburguesado y burocratizado al amparo del Estado capitalista, lo que le preocupaba es que ganase dinero, y no valoraba en absoluto que yo fuese exquisito y tuviese un gran cuidado en no especular con las necesidades primarias; al tío, en realidad, lo que le preocupaba es que alguien que no estuviese en el partido, o estando en el partido que aún no fuese de confianza o no le cayese simpático, tuviese un negocio y ganase dinero, pero no le preocupaba que algunos compañeros suyos del partido, tuviesen negocios privados, incluso a nombre de terceros, de necesidades primarias, con muy buenos beneficios y, además, como la guinda del pastel, la mamandurria de la subvenciones del Estado capitalista que con frecuencia trincaban, concedidas por otros como ellos, camaradas o colegas, enquistados en el Estado capitalista; esto último se puede resumir diciendo que a los comunistas y socialistas les preocupa más que haya ricos no comunistas a que haya pobres, porque éstos estarán más necesitados de las subvenciones y, por tanto, agradecidos, como cualquier animal explotado por su amo al ser alimentado. Caradura absoluta en la linea que, en realidad, persiguen los comunistas, y los socialistas a más largo plazo: quedarse con TODOS los negocios y propiedades de TODA la economía mediante la expropiación por el Estado, una vez secuestrado y convertido en SU Estado, en SU Empresa y, por tanto, tener a toda la población dependiendo de su “generosidad” y de su “exquisito humanismo”; lo del negocio le molestó, a nivel personal, porque él quería, con su mentalidad de desprecio por los negocios de los demás, que yo entrase en el partido, con lo que sería su esclavo moral, sin opinión y chico para todo, desde pegar carteles, hacer pintadas, hacer fotocopias o haciendo bulto llevando una bandera con la cabeza del criminal Che en cualquier manifestación (aquél día, en principio, no me negué a cogerla, por ser amable y no patoso, y porque todavía no me había documentado sobre los crímenes del Che, pero luego pasé mucha vergüenza hasta que, en un recodo del camino, la dejé); pero resultó que yo tenía otros planes, como no ser dependiente del Estado y, diría más, de rebote, librar al Estado (a los contribuyentes) de la carga que le supone mantener a una persona (y a su familia), muchas veces improductiva, algo que debería estar bien visto siempre, entre otros motivos por pagar impuestos, como algo muy positivo; y le molestó a nivel ideológico por su cosmovisión totalitaria y liberticida de la sociedad, que para ellos debe ser como una colmena, hormiguero o termitero en el que la posición de los individuos, si no están iluminados por la “ciencia” marxista-leninista, ya está fijada de antemano, atada y bien atada, sin opción a jugar otro papel o tener algún protagonismo por sus méritos; lógicamente ellos, los iluminados, en cualquier nivel, se reservan los puestos monárquicos y, a ser posible, hereditarios (los Kim en Corea del Norte, los Castro en Cuba, los Assad en Siria, parece que los Ortega en Nicaragua); a propósito de esto, no he conocido un solo comunista, ni siquiera de los niveles más bajos, que cuando se proclamara la dictadura del proletariado, se imagine a si mismo como una persona del común, sin un cargo, con los mismos ingresos que en el capitalismo; todos, por muy militantes de base que sean, están convencidos que van a tener su área de poder o taifa, mayor o menor, donde van a ser soberanos, con una economía más saneada que la que tienen en el capitalismo; el CONVENCIMIENTO de una mejor economía propia junto con el CONOCIMIENTO de que la producción en el socialismo es, sería o será mucho menor, demuestra la MALA LECHE que tienen aquellos que persisten en la implantación del socialismo, pues eso implicaría, como vimos antes, una mayor explotación de lo trabajadores para conseguir el mismo beneficio que en el capitalismo; está clarísimo que si ellos tuviesen la seguridad de que iban a estar peor económicamente se apartarían del activismo, de la militancia y del partido; exactamente igual ocurre con aquellos que, en muchos casos sin saber ni lo que son, se han acercado a los socialistas o a los socialdemócratas en busca de fortuna o, al menos, para mejorar su situación económica, no se imaginan que vayan a estar igual o peor económicamente cuando su partido gane unas elecciones locales, regionales o nacionales; pero lo que sí saben los cercanos a la socialdemocracia es que, cuando estuviese cercana la revolución, si no se pasasen al comunismo a tiempo, estarían mucho peor con “la dictadura del proletariado” que en el capitalismo, donde saben que tienen una gran libertad para procurarse, por lo público y/o por lo privado, por lo legal, por lo ilegal y/o por lo alegal, unos buenos ingresos.

    La mayor parte de lo descrito hasta aquí sobre el socialismo se refiere a los partidos socialistas revolucionarios y sus herederos ideológicos, los partidos comunistas, adheridos a la 3ª Internacional; más adelante veremos cómo muchos partidos provenientes de la 2ª Internacional (socialistas, socialdemócratas) actúan en muchos casos como los de la 3ª, pues no pueden resistirse a la atracción fatal que sienten por ellos, ni siempre lo disimulan; pero para entender mejor los postulados, estrategias y procedencias de los partidos de la izquierda actual conviene hacer un breve resumen de su historia, que nos permita saber de dónde viene cada uno, como si dijésemos “de tal palo tal astilla”.

    Dejando a un lado las raíces, Platón, Sto. Tomás, Campanella, Tomás Moro, Owen, Saint Simón, Fourier y muchos otros, podríamos decir que el tronco fue la AIT (Asociación Internacional de Trabajadores, Londres, 1864), formada inicialmente por sindicalistas ingleses, anarquistas y socialistas franceses y republicanos italianos, con los que colaboraron Marx, Engels y Bakunin (aparecido Bakunin, no puedo dejar de recordar los tiempos en los que a algunos jóvenes, perdidos, buscando un Mundo mejor, nos deslumbraba, para empezar, la sonoridad del apellido del príncipe Piotr (Pedro) Kropotkin, un ser extraordinario en su inmensa y sincera lucha por la justicia social, un romántico al que indignaba el egoísmo y la avaricia que condena a la miseria a millones y que al mismo tiempo, discutiendo con Lenin y oponiéndose a él, rechazaba la opresión de los individuos por los aparatos burocráticos; pasado este apunte sentimental seguimos por donde lo dejamos, renglones arriba, por Bakunin); esa asociación pasó a llamarse, resumidamente, 1ª Internacional; pronto se escindió en dos ramas: por un lado Marx y los partidarios del llamado socialismo “científico” y, por otro lado, Bakunin y los partidarios del anarquismo colectivista; esta escisión dio lugar a la disolución de la 1ª Internacional en 1876 y a la fundación de la 2ª Internacional en 1889, promovida por Engels y formada por partidos socialistas y laboristas (ingleses), procedentes de la Sociedad Fabiana, que proponía llegar al socialismo pacíficamente, mediante reformas graduales conseguidas democráticamente en los parlamentos bugueses, y por otros partidos socialistas que proponían llegar al socialismo, a muy corto plazo, mediante la revolución violenta*; esto último lo consiguieron por primera vez en la Historia, en octubre (calendario juliano) de 1917, Vladimir Ilich Ulianov (Lenin) y sus bolcheviques (minoritarios) derrocando al socialista revolucionario vs liberal Kerensky y a sus mencheviques (mayoritarios) que, a su vez habían derrocado, en febrero (calendario juliano) o ¿marzo? del mismo año, al zar Nicolás II. (Sólo para recordar y precisar, la mayor parte de este párrafo ha sido escrito tras consultar en Internet, es muy práctico).

    *Volviendo en el tiempo, las diferencias entre los socialistas fabianos (hoy diríamos socialdemócratas) y los socialistas revolucionarios fueron acentuándose desde la creación de la 2ª Internacional y al llegar la guerra del 14 la ruptura fue inevitable, pues los primeros apoyaron a sus gobiernos para entrar en la guerra y los segundos se opusieron a la guerra, acusando a los primeros de chovinistas y de traicionar el internacionalismo proletario; por ello propusieron (teniendo en mente, muy claro, que ellos serían los que gobernarían, los principales beneficiarios, los que partirían y repartirían y, por tanto, los que se llevarían la mejor parte) que los obreros, los soldados, los campesinos y los intelectuales derrocasen a sus gobiernos burgueses en guerra e instaurasen la “dictadura del proletariado”; es obvio que, de no haber sido por los regímenes terroríficos y ruinosos que implantaron y por la farsa, comprobada más tarde, de que no eran los de abajo los que gobernaban y que la mayoría de los pocos de abajo que llegaron al poder pronto se corrompieron o ya eran corruptos y la mayoría de los que no se corrompieron fueron eliminados (tras confesiones forzadas en los juicios de Moscú, en 1936/38), la posición de los comunistas fue entonces moral y estratégicamente superior hasta el punto de que triunfaron en Rusia por el apoyo de millones de personas bienintencionadas pero desconocedoras de la catadura moral de los dirigentes que habían apoyado y del terror que éstos luego impondrían a sangre, fuego y hambre (Ucrania, 1932/1933, holodomor = matar de hambre).

    Tras dos conferencias, en 1915 y en 1916, los socialistas revolucionarios sentaron las bases para la ruptura, que se consumó en 1919 con la formación de la 3ª Internacional, promovida por Lenin y constituida por los partidos socialistas revolucionarios, que se opusieron a la Primera Guerra Mundial; la mayoría de estos partidos pasaron a llamarse “comunistas” y por eso a la 3ª Internacional se le llamó Internacional Comunista. (Sólo para recordar y precisar, desde el final del párrafo anterior hasta aquí se ha escrito tras consultar en Internet, es muy útil). De estos partidos y sus herederos ideológicos, como Podemos y sus camaleones, Izquierda Unida, ya fenecida, Bildu (ETA), las CUT (que tienen también una parte anarquista), el Partido Socialista Unificado de Venezuela (bolivarianos), el antiguo PCUS, el Partido del Trabajo de Albania, el de Cuba, Corea del Norte, etc., son los modos, estrategias y logros nefastos, ruinosos, terribles y liberticidas que describimos desde el principio hasta aquí.

    Por fin, vamos a hablar de los partidos que permanecieron en, o son herederos de, la 2ª Internacional que, habitualmente, se autodenominan “socialistas” o bien “socialdemócratas”; estos últimos, generalmente del norte y centro de Europa, de Canadá, Australia, Nueva Zelanda, …siguen estrictamente la línea marcada por la Sociedad Fabiana para alcanzar el socialismo, mediante cambios y microcambios graduales, como antes vimos, aunque eso les suponga una espera de 200, 300, 500 años, no se sabe; en realidad a las personas de estos partidos no les importa esperar, renuncian a alcanzar el socialismo durante sus vidas porque se sienten muy bien en el capitalismo imperfecto que padecemos, compartiendo negocios y corrupción con la derecha antiliberal, plagada de socialistas camuflados y, por tanto, anticapitalista; estos partidos, como el SPD alemán y sus sindicatos afines parece, al contrario que en España, que NO son financiados forzadamente, por los contribuyentes (por el Estado) y si admitimos que se autofinancian con sus cuotas, pueden ser considerados, y la sociedad, generosa, tonta, gili, así lo asume, relativamente democráticos y civilizados.

    Por el contrario, los partidos socialistas, generalmente del sur de Europa, a veces los laboristas británicos, muchos de Iberoamérica, y no digamos los del mundo árabe, donde se acercan más a los socialistas nazis (en países invadidos por los musulmanes árabes 13 siglos atrás, como Egipto, Iraq y Siria muchos criminales nazis, después de la II Guerra Mundial, obtuvieron refugio y protección de los regímenes socialistas implantados por los partidos socialistas baazistas, filonazis, de Nasser, Hussein y Assad respectivamente, e hicieron de Mein Kampf el libro más vendido en esos países hasta hoy día), son como las cabras, en muchas ocasiones tiran al monte y por eso su corrupción es 1000 veces mayor que la de los socialdemócratas; cuando consiguen gobernar, ya sea a nivel local, regional o nacional, la corrupción es descarada y prepotente; para entender cómo se llega a esa situación veamos algunas pinceladas de lo que siempre fue, y hoy sigue siendo, la doble alma del Partido Socialista en España: por un lado la de algunos dirigentes socialistas decentes, pocos, como Julián Besteiro, Fernando de los Rios, Indalecio Prieto con sus pros y contras, Enrique Múgica Herzog (socialdemócratas), más cercanos a la 2ª Internacional y por otro lado la de otros dirigentes (filocomunistas) que trabajaron intensamente para implantar una república soviética durante la II República en España, como Negrín y Largo Caballero, más cercanos a la 3ª Internacional, lacayos de Stalin.

    Tras 40 años de vacaciones y cuando Franco enfermó el Partido Socialista empezó a resurgir, con un gran porcentaje de personas procedentes del régimen, principalmente falangistas o hijos de falangistas y muchos millones de marcos procedentes del SPD alemán, reconocido como socialdemócrata, y de empresas afines (Flick) a ese partido; según cuenta un abogado, socialdemócrata tibio, entonces niño, con ese dinero militantes (entonces muy pocos), activistas (que hicieron cursos acelerados de propaganda socialista, de ínfima calidad y nula erudición), simpatizantes (desde obreros buscando librarse del trabajo hasta profesionales, la mayoría cobrando y viviendo del pesebre público: es decir, habían jurado los Principios del Movimiento, y algunos, muy pocos, ejerciendo por libre) y sus enormes familias organizaban los sábados, principalmente en Andalucía y más concretamente en Sevilla y alrededores, enormes comilonas y juergas en merenderos y restaurantes, que fueron subiendo de categoría a medida que llegaba más y más dinero de Alemania e incluso de la CIA de EE.UU.; según cuenta este abogado, entonces un niño, como antes precisamos, a él nunca le gustó ese ambiente, pues con apenas 12 años, pasaba mucha vergüenza y se ruborizaba, cuando le preguntaban a su madre “¿y este niño qué va ser?” y la madre contestaba, henchida de orgullo y con total seguridad: “¿este?, que va ser, pues JUEZ”; situaciones para él embarazosas que, cuenta, sufría y observaba alucinado, aunque hoy reconoce que se benefició, no en balde hizo la carrera y entró en la administración con más facilidad de lo habitual. ¿De qué se hablaba en esas comilonas/juergas, trufadas de flamenco/Camarón/Lole y Manué, balompié/Sevilla/Betis, toros/Curro Romero y alguna pincelada cofradiera (para satisfacer a los falangistas capillitas)?; los padres, cuenta, no sólo estaban muy orgullosos de sus hijos, algo que normalmente es lógico y bueno, sino que además estaban totalmente convencidos de que todos ellos harían brillantes carreras y se ajustarían a los planes que el Partido, en realidad, tenía, y hoy tiene: por supuesto, no esperar 200, 300 o 500 años como los socialdemócratas de Europa central y del norte, que hacían, y hacen, sus negocios, pequeños y discretos, al amparo de las administraciones que gobernaban y gobiernan democráticamente, es decir, con los votos errados o no, con conocimiento de causa o no, de los ciudadanos, sino que sus planes eran, y son, dice, colocarnos, infiltrarnos masivamente en todas las administraciones, principalmente en los ayuntamientos, en la justicia, en la policía y también en las universidades, donde regalaban, y hoy regalan, las licenciaturas como churros y fabricaban, y hoy fabrican, “historiadores” perfectamente preparados para manipular la Historia, “sociólogos” y “lingüistas” perfectamente preparados para manipular el género y el lenguaje, sin olvidar la fabricación de “maestros” perfectamente preparados para adoctrinar y manipular a los niños.

    De esa forma, con esa estrategia para asaltar y apoderarse del Estado (asaltar los cielos, dijo Pablo Iglesias), muy exitosa hasta el momento, ellos, los socialistas, que coquetean con la izquierda más extrema y con los fragmentadores de territorios, mercados, pueblos y familias, sean feudales de taifas mahometanas, nacionalistas pequeñoburgueses provincianos o anarquistas perroflautas, están totalmente convencidos de que así ya no tendrán que esperar 200, 300 o 500 años, con pequeños y mediocres negocios como los de los socialdemócratas, para instaurar el socialismo, es decir para ser propietarios “legales” de todas las riquezas, incluidos medios de producción y propiedades ajenas, sino que tienen al alcance de la mano, y en muy pocos años, quedarse con la totalidad de la economía. Y en esos pocos años hacen y harán buenos negocios al amparo de las administraciones copadas por ellos, distorsionando gravemente el mercado, desplazando a los que trabajan duro y a pecho descubierto o, ni siquiera eso, robando directamente el dinero público, a mansalva, proveniente de Bruselas para NO prestar un servicio (cursos de formación para parados), o regalar emisoras de radio y tv a sus afines, sin importarles que esos robos y amaños milmillonarios sean gravísimos delitos contra los contribuyentes (que ellos llaman “el pueblo”; “to pal pueblo” como decía Guerra, quien se cargó la incipiente división de poderes del principio de la transición) porque, muy pronto, colocarán jueces, nombrados por ellos, que echarán por tierra el trabajo de otros, que archivarán los casos que les sean contrarios, que dejarán pasar el tiempo para que prescriban los delitos, que “se descuidarán” para que escape algún narco o, incluso, buscarán uno en Argentina para sacar adelante, a favor de Prisa, “propietaria” del PSOE o viceversa, casos tan sonados como el de Sogecable, o buscarán jueces, policías y fiscales para impedir que se conozca la verdad sobre los 192 asesinatos y 1500 heridos el 11M de 2004 (en el caso de Sogecable, Estrasburgo restituyó el honor del juez Gómez de Liaño cuya carrera y honor habían sido destruidos diez años antes; y en el caso 11M nuevamente Estrasburgo ha dado la razón a los que han sido perseguidos por haber ejercido el derecho y la obligación moral de negar la versión oficial, trufada de pruebas falsas, la más burda que se haya dado en Europa Occidental desde el final de la II Guerra Mundial y que ha tenido como gravísimas consecuencias la condena a 42000 años de cárcel (otras veces se ha dicho 37000) a un inocente y que los culpables de obstaculizar las investigaciones, no hacerlas, de poner pruebas falsas o destruir las pruebas, hasta el punto de reducir 90 toneladas de trenes a dos tornillos lavados con acetona, anden sueltos y en muchos casos ascendidos y condecorados); es decir, actuaciones premeditadas, situaciones buscadas y provocadas por comunistas, socialistas, nacionalistas, perroflautas, anarquistas y pánfilos de la derecha antiliberal y hechos perfectos para la prostitución y la destrucción total de la democracia formal o burguesa, para la destrucción del capitalismo, EL MENOS MALO DE LOS SISTEMAS y para la aparición de los “salvadores” marxistas-leninistas o de los degolladores medievales, nazi-feudales de la yihad mundial, que también, creen ellos, en principio les valen para sus propósitos de destruir lo que en el capitalismo haya de liberal, es decir, de justo, equilibrado y beneficioso para trabajadores y empresarios que, recordemos, tienen el interés común de hacer progresar sus empresas.

    Para finalizar, al no llegar al 1 por 100 mil las personas que en España conocen a fondo el marxismo-ĺeninismo, ni llegar al 1 por 10 mil las personas que conocen una historia “recreativa”, “bonita” del marxismo-leninismo (nombres, fechas, batallitas, el acorazado Aurora, la toma del Palacio de Invierno, el poema de Vladímir Mayakocsky “Lenin”, la resistencia heroica al capitalismo salvaje, etc.), muy apropiada para inocentes, desconocedores del marxismo-leninismo, de su historia y de sus consecuencias allá donde se implantó, ¿cómo es posible que Podemos e Izquierda Hundida, perdón, Unida, que son marxistas-leninistas, hayan sacado 6 millones de votos?, y ¿cómo es posible que otros 6 millones, y a veces 10 u 11 millones, voten al socialismo, que roba a manos llenas y aspira, como el comunismo, distorsionando el mercado, a derribar el capitalismo para quedarse con todo?. La respuesta, viendo estos puntos que a continuación enumeramos, cruzando personas buenas y malas con marxismo-leninismo conocido y desconocido por esas personas, es muy fácil: una gran mayoría de personas, vamos a suponer que bienintencionadas, en medio de una crisis económica y de valores, corrupción de los políticos, desconocimiento voluntario o involuntario de la Historia y del marxismo-leninismo y sus consecuencias de miseria y muerte, ignorando las más elementales leyes económicas, etc. todo ello adobado por un buen agitprop (agitación y propaganda) realizado por un 2 o 3 % de la cúpula de Podemos, que sí sabe marxismo-leninismo a fondo, y por un 9 o 10% de la cúpula que sólo sabe marxismo-leninismo recreativo, en total un 12 o 13 % de la cúpula que usa muy bien la demagogia, a veces refinada y muchas veces burda, y financiado con dinero de una dictadura comunista y otra teocrática, son factores, todos ellos, muy favorables para conseguir esos millones de votos; veamos todas las combinaciones posibles:

    1.- La GENTE BUENA que conocen el marxismo-leninismo a fondo, su historia y las consecuencias de ruina y muerte que han padecido los países donde se implantó (que son muy pocas), NUNCA VOTARÍAN A PODEMOS.

    2.- La GENTE BUENA que no saben marxismo-leninismo a fondo, ni su historia ni sus nefastas consecuencias (que son la inmensa mayoría), pero saben marxismo-leninismo recreativo (que son muy pocas), es muy probable que se dejen seducir por las batallitas y la demagogia y VOTEN A PODEMOS.

    3.- La GENTE BUENA que no saben marxismo-leninismo a fondo, ni su historia ni sus nefastas consecuencias, ni saben marxismo-leninismo recreativo (que son una mayoría aplastante) es muy probable que, precisamente, por esa ignorancia, pobres inocentes, VOTEN A PODEMOS.

    4.- La GENTE MALA que saben marxismo leninismo a fondo (que son muy pocas), seguro que, por su mala leche, VOTAN A PODEMOS.

    5.- La GENTE MALA que sólo saben marxismo-leninismo recreativo (que son pocas), lo más probable es que VOTEN A PODEMOS.

    6.- La GENTE MALA que no conocen el marxismo-leninismo a fondo, ni el recreativo (que son la inmensa mayoría), si se dejan seducir por aquello de “¿a dónde va Vicente?, a donde va la gente”, es decir, si carecen de personalidad por ser unos borregos, es muy probable que VOTEN A PODEMOS.

    Sintetizando estas seis combinaciones se puede llegar a la conclusión de que Podemos obtiene esos 6 millones de votos porque sólo una persona de cada cien mil sabe marxismo-leninismo a fondo y, por tanto, 99.999, la mayoría, bienintencionadas, queremos creer, están expuestas, indefensas, a la manipulación de los demagogos; demagogos que en realidad sólo buscan la dudosa fortuna de quedarse con toda la economía y riquezas, aún a costa de llevar a la mayoría de la población a la sobreexplotación y a la miseria.

    Hubiese sido precioso que socialistas, comunistas y anarquistas hubiesen conseguido la felicidad para la Humanidad pero, lamentablemente, con sus odios, sus ambiciones y sus confiscaciones (robos) ES IMPOSIBLE.

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