Marx y las metamorfosis del capital del siglo XXI

La economía capitalista anda grogui. Como un boxeador al que hubieran noqueado y tras levantarse se tambaleara. Aún no hemos superado una crisis y se otea otra. La tercera economía del mundo, Japón, ha entrado en recesión (la cuarta en seis años); los datosmetamorfosis marx proc2 económicos de Alemania en el tercer trimestre han sido peor de lo esperado; el precio del petróleo, hierro y otras materias primas se han desplomado en torno a un 25%; los países emergentes como Brasil y Turquía también han pegado un gran frenazo…¡Un chollo este sistema económico!

A pesar de todo, miss economía de mercado (antaño capitalismo) ha demostrado a lo largo de su existencia una gran capacidad de adaptación a la situación, un enorme poder de metamorfosearse. Y de eso va la entrada de hoy. Difundimos el trabajo de Camilo Valqui Cachi, Dr. en Ciencias Filosóficas por la Universidad de las Villas (Cuba) y coordinador de la Cátedra Internacional “Carlos Marx” -entre otros muchos méritos-…

Salud y revolución. A, Olivé

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MARX Y LAS METAMORFOSIS DEL CAPITAL DEL SIGLO XXI

LA UTOPÍA REACCIONARIA EL CAPITALISMO SOBRE BASES HUMANAS

Camilo Valqui Cachi

La brutal problemática que genera el sistema capitalista del siglo XXI se vive como una verdadera tragedia sin fin, porque perpetra la cotidiana destrucción de la humanidad, la naturaleza y la cultura. Devastación abierta y encubierta, vulgar y sofisticada, de corto y largo plazo. Las estadísticas, inclusive oficiales, dan cuenta de las múltiples y dantescas depredaciones, muchas de ellas irreversibles.

La actual crisis estructural del capitalismo mundial, mucho más profunda que la crisis de 1929, ha exacerbado los niveles de estos desastres sistémicos expresados en pobreza, desempleo, exclusión social, violencia, narcotráfico, corrupción, terrorismo de Estado, guerras coloniales, crímenes de lesa humanidad, enajenación material, moral, mediática, dominación imperialista, envilecimiento de las ciencias y las tecnologías, parasitismo financiero, mercantilización del conocimiento, de la educación, de la vida, de la verdad y de los valores, militarización, carrera armamentista y destrucción del medio ambiente.

¿Cómo explicar este orden de cosas donde la inmensa mayoría de seres humanos son excluidos de la abundancia de bienes materiales y subjetivos que ellos mismos producen cada día en el sistema capitalista? ¿Por qué este sistema los transforma en blancos de las más diversas formas de exterminio? ¿Dónde estriba la razón de ser de este drama antihumano? ¿Es un yerro circunstancial de la racionalidad humana? ¿Acaso fallan los gobiernos y sus políticas implementadas? ¿Es un problema político, un conflicto de orden cultural o de carácter jurídico, ético y axiológico? ¿Las causas y el origen de estas catástrofes se sitúan en la cabeza de los seres humanos?, ¿es un problema de conciencia? ¿Son males inherentes al sistema? ¿Es posible refundar el capitalismo poniendo en el centro los intereses y necesidades de toda la humanidad? En síntesis, ¿se puede humanizar al sistema capitalista?

Este conjunto de preguntas tendrá respuestas diversas y contrapuestas en correspondencia con la gravedad y la compleja naturaleza de la problemática planteada. Por lo mismo, preguntas y respuestas patentizan a la vez una postura filosófico-teórica crítica o una postura filosófico-teórica sistémica, y una posición política revolucionaria o una posición política conservadora.

Por eso, las lecturas simplificadas y fenoménicas de la brutal problemática que genera el capitalismo, que hacen sus ideólogos y académicos, llevan indistintamente hacia las trampas epistémicas del objetivismo metafísico (materialismo vulgar) o del subjetivismo especulativo (idealismo vacuo) incorporadas a las posturas filosófico-teóricas sistémicas y a las posiciones políticas conservadoras.

Con estas herramientas epistémicas siempre se cae en enfoques unilaterales y reduccionistas, donde los sujetos histórico-concretos son diluidos y sus condiciones de vida material, su propia historia y relaciones sociales, su verdadera esencia, 1 son volatilizadas.

Los parámetros epistémicos del capitalismo mistifican la realidad y los problemas en lugar de desentrañarlos. Orientan la elaboración de alternativas ficticias, maquillando y conservando el statu quo dominante en lugar de superarlo radicalmente, poniendo de este modo a la humanidad al borde del exterminio total.

A esta perspectiva paralógica responden los modelos, reformas y cambios que formulan e implementan los ideólogos y los gobiernos de los capitales locales y trasnacionales, siempre en función de sus intereses y contrarios a los intereses de los explotados y pueblos del mundo.

Por este camino el capitalismo planetario ha generado en las sociedades que domina conciencias enajenadas y sistémicas, incapaces de descubrir la complejidad y esencia del capital, así como las causas reales de los desastres que sufre la humanidad.

En oposición, la crítica marxista examina las devastaciones naturales, sociales y humanas del siglo XXI, como resultado de la complejidad y dialéctica del capitalismo, cuya esencia antihumana es irreversible.

Si bien la crítica marxista las explica como la síntesis de múltiples determinaciones, no obstante a la vez expone que esta totalidad concreta está determinada y permeada en última instancia por las condiciones económicas o primum agens (agente primordial) 2 de los seres humanos del siglo XXI.

Las condiciones materiales y económicas, sin hacer abstracción de los demás factores determinantes, constituyen en todas las épocas y en toda la historia las premisas fundantes de toda existencia humana.

Como sostiene Marx, no es la conciencia de la humanidad la que determina su ser, sino el ser social es el que determina su conciencia. 3

Esta postura materialista y dialéctica es el reverso del idealismo filosófico, según el cual el demiurgo de la realidad concreta es la idea, así como del enfoque materialista metafísico –economicista– que deduce la complejidad del sistema del factor económico, haciendo abstracción de las otras determinaciones, como las formas de conciencia social, el movimiento político, jurídico, filosófico, moral, religioso, artístico, científico-tecnológico y cultural, cuyo papel es medular en la producción y reproducción de la complejidad capitalista.

Por lo tanto, el hecho de que las condiciones económicas materiales sean los cimientos de cualquier sociedad o comunidad, no excluye la decisiva incidencia de los dominios ideales sobre aquéllas, 4 como sostienen los materialistas vulgares cuyas concepciones han pretendido y pretenden adjudicarles a Marx los adversarios del marxismo crítico y algunos académicos posmodernos.

Entonces la presente crítica marxista, a raíz de las profundas y globales transformaciones de la sociedad capitalista contemporánea, y particularmente de los cambios drásticos y la crisis estructural del capitalismo mundial, centra su análisis en dos cuestiones medulares: el carácter de los cambios capitalistas y la perspectiva de la refundación capitalista para superar su crisis.

La primera tarea tiene que ver con el análisis de la esencia y la forma del capitalismo del siglo XXI, 5 y la segunda con la crítica de la utopía reaccionaria de humanizar al capitalismo.

El capital es una relación social fundada en la explotación y dominación 6 de hombres y mujeres en todo el planeta, a quienes ha transformado en mercancías, las más miserables, desdichadas y más fácilmente desechables. Cuanta mayor vida incorporan los trabajadores a una mercancía, mayor es el poder y la ganancia percibida por el capital muerto.

El capitalismo es el poder de mando sobre el trabajo, 7 la potencia económica, 8 totalitaria, que lo domina todo en la sociedad mundial, porque justamente toda descansa en el interés privado capitalista; es el poder que funda a los demás poderes, sintetizados y consumados en la dominación que supone siempre a los dominados. 9

La cosificación de las relaciones sociales consumada por el capital ha conducido a la descarnada deshumanización sistémica, donde personas y pueblos son las mercancías más miserables y fácilmente superfluas.

El capitalismo imperialista ha impuesto a todos los trabajadores la venta de su propia humanidad para poder sobrevivir, porque sólo los reconoce como bestias de trabajo reducidas a las necesidades físicas más elementales, 10 principalmente en sus patios traseros.

Marx había descubierto ya en su tiempo que el dinero ha sido perfeccionado como la forma objetivada de la relación humana básica dentro de la sociedad burguesa:

La relación social sobre la cual descansan todas las relaciones legales y políticas capitalistas, y de la cual estas últimas son meras expresiones –[…]– es la relación de cambio. El imperativo social es que ni la producción ni el consumo pueden producirse sin la intervención del valor de cambio. 11

Hoy se vive aún en la época del imperialismo trasnacional, carac-terizada por la profunda enajenación mercantil de la naturaleza, de la vida, de los seres humanos, de sus actividades y de los productos de ellas derivados, lógicas que brotan de la esencia misma del capital central y periférico. 12

Este violento proceso de cosificación humana, llevado hasta sus últimas consecuencias por el capital trasnacional, define su naturaleza depredadora al afianzar la producción de plusvalía como el fin último y único de la humanidad, 13 y la violenta enajenación total de los trabajadores como razón de ser del sistema.

Brutal realidad sintetizada en la barbarie imperialista, que contrasta con el ideal burgués color de rosa y que se corresponde con el fundamentalismo occidental, el cual asumen los teóricos y académicos sistémicos al pretender eternizar y naturalizar el capitalismo.

En esta línea crítica los profundos cambios del capitalismo durante los siglos XX y XXI –vinculados con las revoluciones científico-técnicas, las crisis cíclicas del capital, las pugnas geopolíticas entre las fracciones imperialistas y las exigencias de los nuevos patrones de acumulación de capital–, identificados con la eufemística globalización de los teóricos sistémicos, han afectado drásticamente las relaciones de producción capitalista y también a las fuerzas de trabajo asalariado; sin embargo, pese a la complejidad de estas metamorfosis globales, éstas no han podido negar la lógica de explotación y dominio, esencia del capitalismo, sino por el contrario, han mantenido y han afirmado su esencia y complejidad.

El capitalismo fue, es y será por esencia antihumano: desrealiza al hombre y la mujer, privándolos de la realidad hasta la muerte por hambre. 14

La pérdida de los bienes por ellos producidos en la antagónica relación capital-trabajo se corresponde con una violenta pérdida de sus vidas, esencias y realidades, al afirmarse todas éstas como propiedad privada y poder del capital. En primer lugar, enajena la vida genérica y la vida individual, y, en segundo lugar, hace de la segunda, en su abstracción, el fin de la primera, considerada también en su forma abstracta y enajenada. 15

El capitalismo es un sistema de contradicciones antagónicas condensadas en la contradicción: producción social de los proletarios y la apropiación privada capitalista de lo producido (trabajo-capital), contradicciones por esencia insuperables en los propios marcos del capitalismo.

Las antagónicas contradicciones sistémicas del capital no sólo lo hacen inviable en términos humanos, sino también incompatible con toda existencia viva al constituir una fragua permanente de violencia devastadora.

Estas contradicciones son inmanentes al sistema capitalista y constituyen, por un lado, la base real de las luchas de clases, de las violencias sistémicas y antisistémicas, y, por otro lado, son las armas que posibilitan su fin.

Marx, al tratar esta compleja contradicción, señaló:

El monopolio ejercido por el capital se convierte en traba del modo de producción que ha florecido con él y bajo él. La concentración de los medios de producción y la socialización del trabajo alcanzan un punto en que son incompatibles con su corteza capitalista. Se la hace saltar. Suena la hora postrera de la propiedad privada capitalista. Los expropiadores son expropiados. 16 

Por lo mismo, el actual imperialismo es la consumación de los límites históricos del capitalismo, y con ello su mantenimiento acrecienta el riesgo de exterminio humano al desplegar una crisis global asociada a un creciente proceso de decadencia y descomposición social que tiende hacia un lento pero intrincado y violento fin del sistema. 

También, de acuerdo con esta perspectiva marxista, las crisis capitalistas son las constantes del movimiento del capital en general y del capital imperialista en particular, como las patentizadas crisis crónicas del capitalismo durante los siglos XIX, XX y el presente siglo. 

Las crisis del capitalismo esencialmente tienden a reproducciones futuras a través de una sucesión de ciclos cada vez más violentos que degradan dialécticamente al propio sistema global capitalista. 

Las crisis, a la vez que ponen en evidencia el agudo antagonismo de las contradicciones capitalistas, recrean y afirman los irracionales fundamentos del capitalismo; y prueban al mismo tiempo que el verdadero límite de éste es el propio proceso de acumulación de capital, y que su complejidad permea a un conjunto social más amplio que incluye los ámbitos políticos, institucionales, científico-tecnológicos, educativos, ambientales, culturales y existenciales. 

La crisis estructural capitalista mina los cimientos del sistema, prueba su agotamiento, su carácter parasitario, esencia depredadora, sus insolubles contradicciones intrínsecas, la bancarrota de sus modelos de explotación y dominación –como el neoliberalismo y el social liberalismo–, y así pone de manifiesto la intrincada e inevitable tendencia de esta formación societaria hacia una decadencia destructora, cuya duración está en relación inversamente proporcional con la conciencia crítica y la revolución socialista de los trabajadores y pueblos del mundo. 

Por esto, el fin del capitalismo estriba en que el verdadero límite de la producción capitalista lo es el propio capital. 17 Si bien las crisis capitalistas tienden a superar este límite, sólo lo hacen para exacerbar este límite en escala ampliada y preparar las condiciones materiales de la disolución del sistema: únicamente posible a través de la revolución socialista. 

Como se puede advertir, tanto las metamorfosis como las propias crisis que el capital ha registrado en toda su existencia han transfigurado sus formas pero mantenido incólume su verdadera esencia. En la época actual, el capital imperialista ofrece también fluidas metamorfosis pero su esencia permanece. 

Los monopolios trasnacionales intensifican sus formas en los procesos de acumulación planetaria, en el curso de las crisis y en las propias alternativas capitalistas para superarlas, así como en las pugnas interimperialistas. 

No obstante, como se dijo antes, estas metamorfosis complejas afirman y despliegan la esencia del imperialismo capitalista, porque en todas ellas subyace la contradicción fundamental y universal del sistema: capital-trabajo, fundamento de la razón de ser y de la dialéctica imperialista. 

Todas las metamorfosis son incapaces de superar su naturaleza antihumana y sus contradicciones inherentes, como suponen los adversarios del marxismo crítico y los taumaturgos del sistema, quienes no contentos con borrar de sus cabezas al proletariado y a la revolución del siglo XXI, pretenden obcecadamente eliminar las armas reales que le darán muerte al capital: la contradicción central capital-trabajo, que define el fin histórico del capitalismo. 

Incluso cuando las metamorfosis capitalistas trasnacionales impactan profundamente las contradicciones de la totalidad capitalista, su contradicción fundamental capital-trabajo sigue siendo la lógica universal a la que se someten las demás. 

En todo caso, las mutaciones imperialistas la exacerban y afirman en todo el planeta. 

Al respecto, Rafael Martínez, Felipe Gil, Roberto Regalado y Rubén Zardoya señalan:

La más importante de estas mutaciones concierne, de manera directa, a la contradicción que constituye el fundamento universal del modo capitalista de producción: la contradicción entre el capital y el trabajo.Nos referimos a la emergencia de una nueva forma de socialización auténticamente transnacional, la socialización capitalista marginadora (o marginalizante), caracterizada por la inclusión y, a un tiempo, la exclusión de amplios sectores de la población económicamente activa: inclusión –y subordinación– a la lógica transnacional de la contradicción entre el capital y el trabajo; exclusión –subordinada– del proceso de producción en calidad de asalariados. 18 

Los trastrocamientos del capitalismo monopolista trasnacional han redefinido también el papel y la organización de los servicios y de los patrones de consumo y distribución, 19 además de que permean la conformación social y espacial del capital, aceleradas por la concurrencia de la Tercera Revolución Industrial. Ésta es el nuevo paradigma técnico-económico, integrado por un conjunto de descubrimientos científico-técnicos que denotan un sustancial desarrollo de las fuerzas productivas, debido a transformaciones tanto en los objetos y medios, como en la propia fuerza de trabajo, y que pueden agruparse en cuatro vertientes: a) surgimiento y desarrollo de la microelectrónica, b) avances en el campo de la biotecnología, c) creación de los nuevos materiales, y d) aparición de nuevos patrones de consumo de recursos energéticos. 

La base productiva de este capitalismo monopolista trasnacional descansa en la primacía de la microelectrónica, la cual no sólo revolucionó el procesamiento y transmisión de información y las comunicaciones, sino también las formas de producción, haciendo posible que la actividad productiva pueda desarrollarse de modo flexible. Sus avances de igual manera han generado el despliegue de la robótica y viabilizado la imperialización de fin de siglo.

Este despliegue tecnológico comprende también a la robótica, la biotecnología, los nuevos materiales producidos en laboratorio, el trabajo en equipos y las redes de comunicación. A su vez, éstas últimas abarcan la digitalización, las autopistas de la información, los multimedia, el Internet, el ciberespacio, las fibras ópticas, los satélites y las redes, y desempeñan un papel estratégico en el control político, ideológico y cultural imperialista; más sabiendo que la comunicación es su principal instrumento de recolonización y enajenación mundial. 

Asimismo, el monto de las ganancias dependerá más que nunca del dominio y la comercialización de tecnologías productivas básicas avanzadas, como los semiconductores, los materiales compuestos, la robótica, la instrumentación altamente perfeccionada, los microordenadores, los superordenadores, las ciencias cognitivas y la tecnología biológica.

Todas las innovaciones tecnológicas están ligadas al aparato productivo y constituyen un factor primordial en la maximización de las ganancias y en el incremento de la productividad del trabajo; modifican, asimismo, los patrones de acumulación, las relaciones sociales, las formas de existencia y aun el destino del género humano; 20 pero también tuvieron que ver con el derrumbe del socialismo soviético y ahora con las pugnas interimperialistas. 

Por ende, la forma capitalista trasnacional de división social del trabajo y la especialización continúan promoviendo la creación de hombres virtuosos en la ejecución de funciones productivas parciales o de otras funciones sociales, y, a un tiempo, crea seres mutilados, incapaces y enajenados de la cultura material y espiritual humana de esta época. 

En estas profundas reestructuraciones sistémicas los asalariados son sometidos por el capital imperialista a complejos trastornos de enajenación, mutilación y cretinización, proceso en el cual la ciencia y la tecnología devienen de igual manera en formas de movimiento del capital sofisticado que profundizan la explotación, el dominio y el exterminio del género humano y de la naturaleza.

En esta era se consuma plenamente lo que descubriera Carlos Marx en el siglo XIX: el orden burgués separa del trabajo a la ciencia como potencia productiva autónoma, y lo compele a servir al capital. 21 

Tal es el despotismo tecnológico que impone el capitalismo monopolista trasnacional, que se propone industrializar la reproducción de la fuerza de trabajo y abrir nuevas áreas de mercantilización del genoma humano. 

El capitalismo trasnacional está creando así un mundo sombrío en el que la bioingeniería ha envilecido hasta el extremo el trabajo, en razón de que los esclavos clonados se convertirán en mercancías primarias de un leviatán corporativo dueño de mentes y cuerpos en todo el mundo. 

La ciencia y la tecnología como formas del movimiento del capital intensifican la explotación laboral, pero, al mismo tiempo, por el hecho de ser puestas al servicio de la valorización del capital mediante el circuito ciencia-producción-poder político, evidencian su papel destructivo, despótico y enajenante; aunque en esencia tanto la ciencia como la tecnología no son perversas ni destructivas, como postulan las visiones aclasistas, ahistóricas y aldeanas en torno a la naturaleza de la ciencia y la tecnología. 

Su perversidad, carácter destructivo y antihumano derivan del sistema capitalista a partir del momento en que son incorporadas a sus lógicas y estructuras de explotación y esclavización. 

Acertadamente, Rafael Cervantes, Felipe Gil, Roberto Regalado y Rubén Zardoya, al criticar el fetichismo científico y tecnológico que incuba el pensamiento económico burgués, destacan: 

A medida que la ciencia se convierte en un factor directo de la producción y revoluciona la productividad del trabajo, agudiza las contradicciones internas del capital social y amenaza la medida en que las fuerzas productivas son capaces de desarrollarse en forma capitalista.

De aliada aparente del capital en su marcha forzada hacia la valorización, la ciencia se convierte en un factor agravante del conflicto existente entre las fuerzas productivas del capital y sus correspondientes relaciones de producción. Se revela así [que] el carácter “salvador” de la ciencia y la tecnología con respecto al modo de producción capitalista es sólo aparente, y se expresa sólo en un grupo limitado de capitales concentrados. Cuando el capitalismo se enfoca en su totalidad, se hace patente la fuerza destructiva de la ciencia y la tecnología con respecto a él. 22 

El capitalismo monopolista trasnacional hoy tiende a profundi-zar estos despotismos civilizados generando más enajenación, mutilización, degradación laboral, casualización y periferización del empleo y cretinización de los asalariados, 23 fenómenos que acompañan a los procesos de extorsión de plusvalía potenciados por la revolución científica y tecnológica, al servicio de la acumulación trasnacional del capital imperialista.

Néstor Kohan, al respecto, recuerda que “Marx encuentra dentro de la fábrica autoritarismo, rigidez y autocracia y, aún más, capricho personal y despotismo”, 24 fenómenos que hoy se reproducen en profundidad mundial acorde con las complejas metamorfosis y crisis del capital trasnacional; aunque tal dictadura no aparezca inmediatamente en la superficie observable, sus despóticas sofisticaciones las padecen cotidianamente los proletarios del siglo XXI en todos los rincones del planeta, tanto en los centros como en las periferias.

En conclusión, las complejas reestructuraciones del capital imperialista sólo ponen en relieve la vigencia de sus contradicciones esenciales, y por lo mismo la plenitud universal de su naturaleza irracional, antihumana y bárbara, así como su innegable decadencia. 25 Por eso, si bien todas las metamorfosis capitalistas entrañan una transfiguración integral del modo de producción capitalista y de las fuerzas productivas que posee, nada autoriza identificar a estos cambios con la superación del capitalismo. Y menos con la ilusoria humanización del sistema capitalista que, con frecuencia, sueñan ingenua y cínicamente los pequeño-burgueses, los reformistas e ideólogos de la tercera vía y la pequeña burguesía refinada, y últimamente los nuevos keynesianos y políticos de la oligarquía imperialista, con motivo de los estragos sistémicos de la crisis global capitalista planetaria, que proponen la reaccionaria utopía de refundar al capitalismo.

Notas

1. Carlos Marx. “Tesis sobre Feuerbach”. En Carlos Marx y Federico Engels, Obras escogidas. 3 tomos. Moscú, Progreso, 1974, p. 9.

2. Carta de Engels a Conrad Schmidt, 5 de agosto de 1890; y Carta de Marx a Kugelmann, 11 de julio de 1868. En Carlos Marx y Federico Engels, Correspondencia. La Habana, Política, 1988, pp. 512-515. 

3. Carlos Marx y Federico Engels. “La ideología alemana”. En Carlos Marx y Federico Engels, Obras escogidas. Tomo i. Moscú, Progreso, 1974, p. 26; además véase Carlos Marx. “Prólogo de la contribución a la crítica de la economía política”. En Carlos Marx y Federico Engels, Obras escogidas. Tomo i. Moscú, Progreso, 1974, pp. 517 y 518.

4. Carta de Engels a J. Bloch, 21 de septiembre de 1890. En Carlos Marx y Federico Engels, Correspondencia. La Habana, Política, 1988, pp. 516-518.

5. Camilo Valqui Cachi. “El imperialismo del siglo xxi: Naturaleza, crisis, barbarie, decadencia y alternativa”. En Camilo Valqui Cachi y Ramón Espinosa Contreras (coordinadores), El capitalismo del siglo XXI: Violencias y alternati-vas. México/Cajamarca, Perú, Universidad Autónoma de Guerrero/Martínez Compañón y Universidad Privada Antonio Guillermo Urrelo, 2009.

6. José G. Gandarilla Salgado. América Latina en la conformación de la economía-mundo capitalista. México, unam, 2006, p. 34.

7. Carlos Marx. “Manuscritos económico-filosóficos de 1844”. En Carlos Marx y Federico Engels. Obras fundamentales. Marx, escritos de juventud. Tomo 1. México, fce, 1982, p. 571.

8. Karl Marx. Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse 1857-1858). México, Siglo XXI Editores, 2007, p. 28.

9. José Azurmendi. “Sin dominado no hay poder, ése es el problema de todo poder”. Entrevista por Alberto Barandiaran. Berria/Rebelión, 1 de marzo de 2008.

10. Carlos Marx. “Manuscritos económico-filosóficos de 1844”, p. 566.

11. Karl Marx. Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse 1857-1858), p. xxix.

12. p. 565.

13. Véase Karl Marx. El capital. Tomo 1. Volumen 3. México, Siglo XXI Editores, 1981, p. 943.

14. Véase Carlos Marx. “Manuscritos económico-filosóficos de 1844”, p. 596. 

15. pp. 596, 598, 599 y 600.

16. Karl Marx. El capital. Tomo 1. Volumen 3, p. 953.

17. Carlos Marx. El capital. Tomo iii. Volumen 6. México, Siglo XXI Editores, 1980, p. 321.

18. Rafael Cervantes Martínez et al. “La metamorfosis del capitalismo monopolista”, Cuba Socialista, 3ra. Época, núm. 8, p. 47.

19. Alejandro Dabat. “El derrumbe del socialismo de Estado y las pers-pectivas del socialismo marxista”. En Arturo Anguiano (coord.), El socialismo en el umbral del siglo xxi. México, uam-Azcapotzalco/uam-Xochimilco, 1991,

20. Gilda Waldman. Melancolía y utopía. México, uam-Xochimilco, 1989, 16.

21. Carlos Marx. El capital. Tomo I. Volumen 2. México, Siglo XXI Editores, 1979, p. 440.

22. Rafael Cervantes Martínez et al. Trasnacionalización y desnacionaliza-ción. Ensayos sobre el capitalismo contemporáneo. La Habana, Editorial Félix Valera, 2000, p. 43.

23. Dave Broad. “Globalización versus trabajo”. En Vega C. Renán, Marx y el siglo xxi. Hacia un marxismo ecológico y crítico del progreso. Santafé de Bogotá, Antropos, 1998, p. 186.

24. Néstor Kohan. Marx en su (tercer) mundo. Hacia un socialismo no colonizado. Buenos Aires, Biblos, 1998, pp. 215-217. Véase también Ra-fael Cervantes Martínez et al. La metamorfosis del capitalismo monopolista, Ed. Félix Varela, 2000, pp. 49-50.

25. Morris Berman. Edad oscura. La fase final del imperio. México, Sexto-piso, 2007, p. 14. 

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