El análisis de la economía política clásica en las «Teorías sobre la plusvalía» (II)

Amigas y amigos llegamos al final de otro Primero de Mayo. Por lo que hemos podido observar, leer y constatar, éste no ha sido igual que otros años. La crisis va haciendo mella, los derechos se evaporan como azucarillos y el anuncio del ínclito representante del capital español -esto es, presidente del gobierno s.a.- de que los recortes y las contrarreformas van a continuar sine die, parece que hacen tomar consciencia a mucha gente que vivía en el limbo consumista. Pero aún somos pocos, con la que está cayendo y lo que nos queda, el pulso social debería ser mayor. Pero por algo hay que empezar.

Mientras continuamos organizándonos y resistiendo, no perdemos la opurtinidad de instruirnos, aprender para ser capaces de de analizar, dar respuestas, construir la alternativa. Para ello vamos a continuar con la segunda entrega del trabajo de Pérez Royo. ¡Buena reflexión!

 

El análisis de la economía política clásica en las «Teorías sobre la plusvalía» (II)

Javier Pérez Royo

 

LA ECONOMÍA POLÍTICA CLASICA INGLESA: A. SMITH Y D. RICARDO: LA TEORÍA DEL BENEFICIO

 

Hasta el momento el análisis de Marx se ha mantenido dentro de lo que se podría considerar como los límites naturales de la investigación que él se había propuesto realizar inicialmente. Pero apenas se interna en el terreno de la Economía clásica inglesa, en la obra de A. Smith, estos límites quedan ampliamente rebasados y el proceso de exposición de las teorías sobre la plusvalía se transforma en un proceso de investigación que va mucho más allá del plan inicial.

 

Esto era lógico, ya que con A. Smith la Economía Política llega a alcanzar un elevado grado de madurez, adquiere un carácter sistemático y de ensayo de explicación global y unitaria de todos los fenómenos económicos y, en consecuencia, el análisis de su teoría de la plusvalía no puede limitarse, como había ocurrido con Steuart y con los fisiócratas, a considerar en qué consiste su aportación en este punto en concreto, sino que dicho análisis está necesariamente unido al estudio de la teoría smithiana del valor como elemento previo a y condicionante de la plusvalía y a la teoría smithiana de la distribución de la plusvalía entre los diferentes capitalistas en cuanto elemento posterior a y condicionado por la forma específica en que A. Smith resuelve el problema del intercambio entre el capital y el trabajo generador de la plusvalía.

 

Pues en efecto, lo primero que diferencia la obra de Smith de la de los fisiócratas es que mientras éstos no se preocupan del valor, de la determinación del valor de la mercancía, sino únicamente del produit net, de la plusvalía, A. Smith se plantea expresamente, como dos cuestiones diferentes que han de ser analizadas sucesivamente, la determinación del valor y la determinación de la plusvalía. No es la simple constatación del excedente y la forma originaria que asume lo que le preocupa a A. Smith, sino cómo se constituye el valor de la producción social, cuál es la naturaleza, la sustancia de ese valor, para ver después la forma en que se apropian dicho valor las diferentes clases que componen la comunidad.

 

La teoría smithiana de la plusvalía no es comprensible sino a partir del análisis de su teoría del valor y no puede ser expuesta de una manera global sin hacer referencia a su explicación del proceso de distribución de dicha plusvalía posterior a su creación. Y de ahí que Marx tenga necesariamente que ampliar su campo de análisis, retrocediendo al fundamento del sistema de Smith y avanzando simultáneamente en el desarrollo de dicho sistema tras la explicación de la génesis de la plusvalía.

 

Y esto es así porque entre todos estos elementos existe una clara conexión. Es la forma ambigua en que A. Smith resuelve el problema del valor la que va a condicionar: 1.° su análisis insuficiente del intercambio entre el capital y el trabajo; 2.° la disolución de todo el producto social en renta y la consiguiente incapacidad de explicar la reproducción del capital social, y 3.° la incomprensión del proceso de transformación de los valores en precios de producción, que son los puntos básicos de la obra de Smith, de los que Marx se ocupa en las Teorías…

A) Ambigüedad del análisis económico de A. Smith

Marx repite hasta la saciedad que en La riqueza de las naciones se entrecruzan constantemente dos tipos de análisis contradictorios el uno respecto del otro, que hay que distinguir entre un A. Smith esotérico y un A. Smith exotérico, entre un A. Smith que intenta reducir todas las formas de manifestación de la riqueza burguesa a su unidad interna, a la determinación del valor de la mercancía por el tiempo de trabajo y que las presenta como formas de distribución o de apropiación de este valor así constituido, y un A. Smith que parte de dichas formas externas para conseguir, mediante su simple yuxtaposición o adición, determinar el valor o, mejor dicho, el precio de las mercancías (28).

Este doble tipo de análisis es perfectamente documentable en su obra. Así, por ejemplo, en el capítulo VI, que lleva por título «Sobre los elementos constitutivos del precio de las mercancías», A. Smith parte, ante todo, de la determinación del mismo por el trabajo en ellas incorporado, independientemente de su distribución posterior. «El valor real de todas las partes diferentes que componen el precio se mide, según podemos observar, por la cantidad de trabajo que cada una de esas porciones tiene a su disposición o adquiere. El trabajo no sólo mide el valor de aquella parte del precio que se resuelve en trabajo (debería decir salario), sino también el de aquella otra que se traduce en renta o beneficio» (29). Pues es el valor que el trabajador añade a la materia que manipula el que se resuelve en dos partes, una de las cuales paga el salario de los trabajadores, y la otra el beneficio del empresario, sin que esta última pueda ser considerada como un salario por un tipo particular de trabajo, como es el de dirección o inspección (30).

Sin embargo, inmediatamente después de esta explicación del valor de la mercancía por el tiempo de trabajo a ella incorporado exclusivamente, Smith lo explica de forma completamente diferente. «Salarios, beneficio y renta —dice— son las tres fuentes originarias de toda clase de renta y de todo valor de cambio. Cualquier otra clase de renta deriva, en última instancia, de una de estas tres» (31). Pues «en un país civilizado son muy pocas las mercancías cuyo valor de cambio se debe únicamente al trabajo, porque en la mayoría de ellas entran en bastante proporción la renta y el beneficio » (32).

 

B) Intercambio entre el capital y el trabajo

 

La equiparación salario-trabajo presente en el análisis exotérico de A. Smith es de una importancia extraordinaria a la hora de abordar el intercambio entre el capital y el trabajo. En concreto tiene como consecuencia la necesidad de introducir otros elementos, además del trabajo, en la determinación del valor de la mercancía, ya que sin ellos sería imposible explicar la existencia del beneficio del capital y de la renta de la tierra. Si el trabajo sólo es igual al salario, es evidente que el beneficio y la renta tienen que ser algo diferente. De ahí que el valor de la mercancía no pueda consistir simplemente en trabajo, sino que tenga que consistir en salario + beneficio + renta.

 

De esta manera, desde el mismo momento en que existe el capital, ya no es posible la determinación del valor de la mercancía por el tiempo de trabajo, sino que esta determinación ha de quedar relegada a la época precapitalista. «En el estado primitivo y rudo de la sociedad que precede a la acumulación de capital y a la propiedad de la tierra la única circunstancia que puede servir de norma para el cambio recíproco de los diferentes objetos parece ser la proporción entre las diferentes clases de trabajo que se necesita para adquirirlos… Mas tan pronto como el capital se acumula en poder de personas determinadas, algunas de ellas procuran regularmente emplearlo en dar trabajo a gentes laboriosas, suministrándoles materias y alimentos, para sacar un provecho de la venta de su producto o del valor que el trabajo incorpora a las materias» (34). Y «en estas condiciones, el producto íntegro del trabajo no siempre pertenece al trabajador; ha de compartirlo, en la mayor parte de los casos, con el propietario del capital que le da empleo. La cantidad de trabajo que se gasta comúnmente en adquirir o producir una mercancía no es la única circunstancia que regula la cantidad susceptible de adquirirse con ella. Evidentemente hay una cantidad adicional que corresponde a los beneficios del capital» (35), pues «el beneficio del capital forma parte del precio de las mercancías y es por completo diferente de los salarios del trabajo» (36).

 

El valor y la plusvalía resultan, pues, incompatibles, ya que el valor sólo puede existir en una sociedad precapitalista y la plusvalía es el concepto que define la diferencia específica del capital. Explicar el intercambio entre el capital y el trabajo a partir de la ley del valor deviene imposible.

 

Ahora bien, esta incapacidad de explicar sin contradicciones el valor y la plusvalía, si bien no perturba sus investigaciones sobre la naturaleza y la sustancia de la plusvalía, ya que siempre cuando desarrolla estas cuestiones determina el valor de cambio de la mercancía de forma correcta (por el tiempo de trabajo en ella contenido) y concibe expresamente la plusvalía como trabajo no pagado, como el trabajo que los trabajadores realizan por encima de lo que es necesario para pagar su salario (37), sí afecta, sin embargo, de manera decisiva a otros puntos del sistema de A. Smith. Y además de forma contradictoria. Pues el mismo análisis exotérico que conduce a A. Smith a determinar el valor mediante la suma de los tres elementos: salario, beneficio y renta, le va a llevar, por un lado, a prescindir por completo del capital constante en la determinación del contenido de la producción social y de su reproducción y, por otro, a tomar exclusivamente en consideraciónel capital constante al analizar la apropiación de la plusvalía por los diferentes capitales.

 

C) Disolución del producto social en renta y reproducción del capital social

 

A este primer punto, a la disolución del producto social en renta, en salario y plusvalía (beneficio + renta de la tierra), y a la consiguiente incapacidad para explicar la reproducción del capital social al dejar fuera al capital constante fijo, le dedica Marx una gran atención en las Teorías…, analizando de manera pormenorizada las consecuencias absurdas a las que conduce la teoría de Smith, que se traducen en empezar cada año la producción social de cero, ya que todo producto sin excepción asume la forma de renta y es consumido (38), y ensayando los primeros cálculos sobre cómo se efectúa la reproducción del capital social, cálculos todavía muy toscos, pero en los que se apunta ya la solución al problema de la reproducción del capital constante fijo, que se concretará años más tarde en los famosos esquemas de reproducción del volumen II de El Capital (39).

 

D) Transformación de los valores en precios de producción y constitución de la tasa media de beneficio

 

En el error inverso, en la valorización exclusiva del capital constante, es en el que va a incurrir A. Smith al analizar la apropiación de la plusvalía por los diferentes capitales individuales.

 

«El valor que los trabajadores añaden a las materias primas —dice Smith— se resuelve, por tanto, en dos partes, de las cuales una paga el salario y la otra el beneficio del empresario sobre el importe total de las materias primas y salarios adelantados por él… Este (el empresario) —continúa Smith— no tendría ningún interés en dar ocupación a estos trabajadores, si no esperara obtener de la venta de su producto algo más de lo necesario para reponer sus fondos, y no tendría ningún interés en invertir un capital mayor en lugar de uno menor, si sus beneficios no estuvieran en una determinada relación con la magnitud del capital invertido» (40).

 

En estos dos textos A. Smith sostiene opiniones contradictorias sobre la plusvalía. En el primero, A. Smith reduce, de forma correcta, la plusvalía al plustrabajo del trabajador, a parte del valor añadido por el trabajador a las materias por él utilizadas; pero inmediatamente, en el segundo texto, A. Smith concibe la plusvalía como beneficio, es decir, no en relación a la parte del capital de la que procede, sino como excedente sobre el valor global del capital invertido. A. Smith concibe, pues, la plusvalía como beneficio, confunde la plusvalía con el beneficio. «A. Smith —comenta Marx— no se da cuenta de que, confundiendo de esta manera la plusvalía con el beneficio y el beneficio con la plusvalía, invierte precisamente la ley sobre el origen de la plusvalía. Si la plusvalía no es más que la partie de la valeur (o de la cantidad de trabajo) que l’ouvrier ajoute au delá de la partie quil ajoute á la matiére afin de payer le salaire, ¿por qué debería aumentar esta segunda parte de forma inmediata por el hecho de que el valor del capital invertido fuera en un caso superior al otro?» (41).

 

Pero la falta de claridad de A. Smith sobre este punto se pone de manifiesto todavía en mayor medida cuando intenta explicar estas afirmaciones con el siguiente ejemplo: dos capitalistas invierten en dos esferas de la producción diferentes capitales de diferente magnitud. El primero, el capital A, se compone de 700 £ invertidas en maquinaria, materia prima, etc., y de 300 £ en salario; el segundo, el capital B, de 7.000 £ en capital constante y de 300 £ en salario. El valor de la producción es de 1.000 £ para el primero y de 7.300 £ para el segundo. El beneficio es de 100 £ para A y de 730£ para B(42).

 

Con igual inversión en salario, con el mismo grado de explotación de la fuerza de trabajo, el beneficio de un capital resulta ser siete veces superior al otro. «Este beneficio siete veces superior de un capital en una manufactura comparado con el otro —comenta Marx— contradice, por tanto, prima facie la ley de la plusvalía… que (según Smith) consiste exclusivamente en el plustrabajo no pagado del trabajador. A. Smith afirma esto de manera totalmente ingenua, incongruente, sin tener la más lejana idea de la contradicción existente» (43).

 

A. Smith identifica, pues, el valor con el precio de producción, la plusvalía con el beneficio y da por supuesta la tasa media de beneficio de forma «ingenua», como algo evidente. Para él aquí no existe ningún problema. Es una cuestión que apenas si la toca de pasada sin darle mayor importancia.

 

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