Kant: La teoría moral

KANT: Hemos optado por enviaros la explicación del pensamiento moral kantiano que figura en la edición del manual de historia de la filosofía de 1985 del Instituto Nacional de Bachillerato a Distancia. Es una explicación poco precisa y muy insuficiente. Pero no hemos encontrado nada mejor para acompañar, principalmente, la difícil Propuesta de ejercicios de crítica acerca del imperativo moral kantiano y su relación con el pensamiento marxista. Repetimos: utiliza los medios del Taller para preguntar lo que haga falta.

La teoría moral kantiana

Recordando lo que decíamos en la primera sesión de trabajo, en 1788 Kant publica una obra, (Crítica de la Razón Práctica), en la que trata de la razón en su aspecto práctico, es decir, como fundamento de la acción humana; según sus propias palabras, el propósito de esta obra “debe sólo establecer que hay razón pura práctica ycrítica con esa intención toda su facultad práctica”(C. R Pr., p. 1). El camino y la tarea que va a seguir en ella es similar al llevado a cabo en la Crítica de la Razón Pura.

La diferencia entre ambas obras podemos verla expuesta en el siguiente texto:

«El uso teórico de la razón se ocupaba de objetos de la mera facultad de conocer, y una crítica de la razón, en lo que toca a ese uso, se refería propiamente sólo a la facultad pura del conocimiento, porque esta facultad despertaba sospechas, que luego también se confirmaron, de que se perdía fácilmente, más allá de sus límites, en inaccesibles objetos o hasta en conceptos contradictorios entre sí. Con el uso práctico de la razón ocurre ya algo distinto. En éste, ocúpase la razón con fundamentos de determinación de la voluntad que es una facultad, o de producir objetos que correspondan a las representaciones, o por lo menos de determinarse a misma a la realización de esos objetos (sea o no suficiente para ello la facultad física), es decir, de determinar su causalidad» (C. R. Pr., pp. 27).

 

De lo que en definitiva se trata ahora es de analizar como se puede determinar la voluntad a obrar. Esto entraña para Kant la cuestión de si esta determinación ha de ser a partir de principios exteriores o interiores a la misma voluntad, o lo que es lo mismo, si hay algún principio a priori de la razón práctica pura que determine a la voluntad a obrar.

En resumen, se busca un principio autónomo de la acción humana, de la acción morai. De aquí que Kant trate de indagar cuáles son los principios que dan lugar a una determinación universal de la voluntad, es decir, qué principios llevan a obrar a la voluntad según lo universal y no en virtud de aspectos parciales, subjetivos o fines concretos.

El análisis empírico del comportamiento humano le lleva a ver que la voluntad se rige por principios a los que se ajusta su comportamiento. Según el estos principios pueden ser subjetivos (máximas) u objetivos (leyes practicas). Podemos anticipar que lo que busca Kant son esos principios objetivos que han de ser válidos para toda voluntad racional.

Esta búsqueda de lo universal le lleva a rechazar las éticas llamadas materiales, es decir, aquellas que justifican la acción moral en función de una idea previa de lo que es el bien. Este rechazo lo expresa en dos teoremas que transcribimos a continuación:

Teorema I

«Todos los principios prácticos que suponen un objeto

(materia) de la facultad de desear como fundamento de

determinación de la voluntad, son todos ellos empíricos

y no pueden proporcionar ley práctica alguna» (C. R.

Pr., p. 36).

 

Teorema II

«Todos los principios prácticos materiales son, como tales, sin excepción, de una y la misma clase, y pertenecen al principio universal del amor a si mismo o felicidad propia» (C. R. Pr., p. 37).

En estos dos teoremas mantiene Kant que los principios de las éticas materiales están basados en la experiencia, son empíricos, a posteriori, y por lo tanto no tienen el carácter de universalidad (Teorema 1). Estos principios subordinan la acción moral a la consecución de un fin (lo que iría en contra de la autonomía de la voluntad) máximas subjetivas, que dirigen externamente la conducta individual (Teorema II).

En otros dos teoremas expone lo que considera el correcto punto de arranque, es decir, la universalidad de la determinación de la voluntad:

Teorema III

«Si un ser racional debe pensar sus máximas como

leyes prácticas universales, puede sólo pensarlas como principios tales que contengan el fundamento de determinación de la voluntad, no según la materia, sino sólo según la forma», (C. R. Pr., p. 45).

 

Teorema IV

«La autonomía de la voluntad es el único principio de

todas las leyes morales y de los deberes conformes a

ellas; toda heteronomía del albedrío, en cambio, no

sólo no funda obligación alguna, sino que más bien es

contraria al principio de la misma y de la moralidad de

la voluntad» (C. R. Pr., p.. 54).

 

La base de la moral, acorde con estos dos teoremas, tiene que ser a priori pues la «forma», es algo vacío de contenido y, por lo tanto, independiente de lo empírico, y en esto consiste el carácter de universalidad que Kant exige.

En el Teorema IV se establece que una obligación para ser moral sólo puede depender de la «autonomía>>, de la voluntad que de esta forma es absolutamente independiente de todo elemento empírico o determinación exterior.

Por lo tanto, sólo si encontramos aquello que sea capaz de determinar a la voluntad a obrar a partir de sí misma y en virtud de sus propios principios habremos dado con la raíz de un auténtico principio moral. Solamente así se habrá encontrado la base de una moral universal, que afecta a todos los hombres por igual, no en virtud de fines, sino por la estructura misma de la facultad que lleva al hombre a la acción que es la voluntad. Esta moral ha de ser una moral formal, desprovista de contenidos: sólo atiende a la forma de los principios.

a) La determinación de la voluntad

Según lo que acabamos de ver, para que podamos considerar una acción como moral, la voluntad ha de ser autónoma, es decir, sometida a su propia ley, y no heterónoma, es decir, determinada por objetos o fines exteriores, por ejemplo, si una acción fuera buena no por si misma sino por el placer o la utilidad que reporta.

Según Kant:

«La voluntad es pensada, como independiente de condiciones empíricas, por consiguiente, como voluntad pura, como determinada por la mera forma de la ley, y ese motivo de determinación es considerado como la suprema condición de todas las máximas» (C. R. Pr., p. 51).

 

Esta determinación se realiza a partir de la razón en su uso práctico, pues:

«La razón, en una ley práctica, determina la voluntad

inmediatamente y no por medio de un sentimiento de

placer y dolor que venga a interponerse, ni siquiera por

medio de un placer en esa misma ley, y sólo el poder

se practica como razón pura, le hace posible ser legisladora»

(C. R. Pr., p. 42).

Vemos aquí que la razón pura, aparte de su uso teórico en el proceso del conocimiento, tiene otra función «práctica»de carácter legislativo, que afecta a la capacidad apetitiva del hombre.

Este doble juego de la razón en su uso teórico y su uso práctico podemos verlo resumido en el siguiente texto de Kant:

«Pero, además de la relación en que se halla el entendimiento con los objetos (en el conocimiento teórico), tiene también una relación con la facultad de desear, que por eso se llama la voluntad, y la voluntad pura en cuanto el entendimiento puro (que en tal caso se llama razón) es práctico por la mera representación de una ley. La realidad objetiva de una voluntad pura, o lo que es lo mismo, de una razón pura práctica, está dada a priori en la ley moral por algo así como un hecho; pues así se puede denominar una determinación de la voluntad, que es inevitable, aunque no descansa en principios empíricos» (C. R. Pr., pp. 83-84).

Por lo tanto la determinación de la voluntad deriva de la razón en cuanto que posee un carácter legislativo que se concreta en una ley moral que debe dirigir la actuación de la voluntad.

Así:

«Laley entonces determina inmediatamente la voluntad, la acción conforme a la ley es buena en misma, una voluntad, cuya máxima es siempre conforme a esa ley, es absolutamente en todos los respectos buena y condición suprema de todo bien» (C. R. Pr., pp. 93-44).

Encontramos con esto el núcleo de la moral kantiana que supone una inversión del esquema de la moral tradicional, pues «no es el concepto del bien como objeto el que determina y hace posible la ley moral; sino al revés, la ley moral es la que determina y hace posible el concepto del bien, en cuanto éste merece absolutamente tal nombren» (C. R. Pr., p. 96).

Al igual que en el conocimiento era el objeto el que giraba en tomo al sujeto, renunciando al conocimiento de la cosa-en-sí, del objeto tal cual es, aquí se renuncia a una moral objetiva exterior, basada en el concepto de bien o de lo bueno como algo ya definido, para proponer una moral que tiene su centro y origen en la determinación de la voluntad por medio de la ley cuyo fundamento está en la razón. Por ello alo esencial de todo valor moral de las acciones esta en que la ley moral determine inmediatamente la voluntad (C. R. Pr., p. 107).

Sin embargo, no es suficiente saber que hay una determinación de la voluntad por la ley, que determina a su vez lo que es bueno y malo, sino que hay que es a juicio de Kant, cómo se realiza el cumplimiento de esa determinación para que podamos hablar de actos verdaderamente morales.

Según Kant, la voluntad, para que realice actos realmente morales, debe obrar conforme al «deber». Esto quiere decir que no basta con que un acto esté de acuerdo con el deber o que nuestro deseo coincida con lo que manda la ley, sino que nuestra actuación ha de regirse por el estricto respeto por la ley, por «reverencia a la ley». Esto es lo que hace que la voluntad sea voluntad buena, es decir, algo bueno en sí mismo. Solo así se supera el cumplimiento de un mandato como mera legalidad para adentrarse en el terreno de la moralidad:

«El concepto del deber exige, pues, a la acción objetivamente, la concordancia con la ley, pero a la máxima de la acción, subjetivamente, el respeto hacia la ley, como el único modo de determinación de la voluntad por la ley. Y en esto descansa la diferencia entre la conciencia de haber obrado conforme al deber y por deber,  es decir, por respeto hacia la ley, siendo lo primero (la legalidad) posible, aun cuando sólo las inclinaciones hubiesen sido los fundamentos de determinación de la voluntad; lo segundo, empero (la moralidad), el valor moral tiene que ser puesto exclusivamente en que la acción ocurra por el deber, es decir, sólo por la ley» (C. R. Pr., pp. 119-120).

 

El respeto a la ley, el amor a la ley, el sentido del deber por el deber, es el tema nuclear de la moral kantiana:

«Y así el respeto hacia la ley no es motor para la moralidad, sino que es la moralidad misma, considerada subjetivamente como motor, porque la razón pura práctica, al echar por tierra todas las pretensiones del amor a sí mismo en oposición a ella, proporciona

autoridad (Ansehen) a la ley que sola tiene ahora influjo». (C. R. Pr., p. 73).

b) Imperativo Categórico

La presencia de la ley y del deber en la voluntad se manifiestan a través de la experiencia de la «obligación» que se plasma en los «imperativos» o mandatos que expresan lo que debe ser, el deber-ser. Estos imperativos son «constrictivos», es decir, impositivos, para la voluntad de forma que hay que obrar ateniéndose a ellos.

Así los define en la «Fundamentación de la Metafísica de las Costumbres»: La representación de un principio objetivo, en tanto que es constrictivo para la voluntad, Ilámase mandato (de la razón), y la fórmula del mandato Ilámase imperativo (p. 60).

Kant distingue dos tipos de mandatos imperativos:

a) Hipotéticos: Son aquellos que presentan lo que se debe hacer para alcanzar una determinada meta. Por ejemplo: si quieres aprobar el curso debes estudiar.

b)Categóricos: Son aquellos mandatos que se refieren a la actuación en si misma, sin referencia a ningún fin. Ordenan la conformidad con la ley en general. Asílaafirmación «sé sincero».

De estos dos tipos sólo los Categóricos tendrán valor moral, en el sentido kantiano del termino, ya que:

«El imperativo categórico es el único que se expresa en Ley práctica, y los demás imperativos pueden Ilamarse principios, pero no leyes de la voluntad… ». (F. M. C., p. 70).

 

Y, por lo tanto, tiene la universalidad que requiere la moralidad, mientras que los principios varían según el fin al que hagan referencia. Además el imperativo categórico:

«A parte de la ley no contiene más que la necesidad de

la máxima de conformarse con esa ley, y la ley, empero, no contiene ninguna condición a que esté limitada, no queda, pues, nada más que la universalidad de una ley en general, a la que ha de conformarse la máxirna de laacción, y esa conformidad es lo único que el imperativo representa como propiamente necesario». (F. M. C., p. 72).

Por ello al no tener ningún contenido, es solo la forma de la ley y es único aun cuando, atendiendo a diversos aspectos, pueda darse bajo varias formulaciones.

Esta diversidad de formulaciones se debe a las varias perspectivas que son posibles dentro del sistema moral kantiano a partir de los principios mismos que lo sustentan. Aunque siguiendo a Platón, dentro de la  «Fundamentación de la Metafísica de las Costumbres» se puedan recoger cinco distintas formulaciones, Kant hablará de tres distintas formulas del imperativo categórico atendiendo

1) A si este imperativo afecta a los deberes para consigo mismo.

2) A los deberes para con los demás.

3) A la universalidad del imperativo mismo.

Aquírecogemos las cuatro primeras formulaciones y, posteriormente, en el apartado referente a la historia, recogeremos la quinta.

1.«Obra sólo según una máxima tal que puedas guerer

al mismo tiempo que se torne ley universal»(F.M. C.; p. 72).

2. «Obra como si la máxima de tu acción debiera tornarse, por tu voluntad, ley universal de la naturaleza»

 (F. M. C., p. 73).

 

La primera formulación recoge el enunciado del imperativo categórico en su mayor generalidad, a partir del cual nacen «todos los imperativos del deber» generalizados en la segunda formulación como una ley de la naturaleza, es decir, del comportamiento general de todos los seres.

Junto a éstas hay otras dos formulaciones cuyo sentido nace de la consideración general de la naturaleza humana en cuanto ser racional:

 

3. «Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto

en tu persona como en la persona de cualquier otro,

siempre como un fin ,al mismo tiempo y nunca solamente como medio»

(F. M. C., p, 84).

 

4. «Obra según máximas que puedan al mismo tiempo

tenerse por objeto a sí mismas, como leyes naturales

universales»

 (F. M. C., p.96).

 

El tercer enunciado se apoya en el supuesto de que todos los seres racionales son fines en sí mismos y no medios; y el cuarto en que el ser racional tiene una función como legislador universal, y por ello la máxima de la voluntad, si es imperativo categórico, ha de ser una ley natural universal, es decir, tiene que afectar, sin contradicciones, a todos los seres racionales.

La determinación de la voluntad, que viene de la razón práctica y se concreta en los imperativos, no hace perder la autonomía a la voluntad ya que toda la determinación que se produce es a partir de sí misma, pues «la voluntad es, en todas las acciones, una ley de si misma» (F. M. C., p. 112) y por lo tanto no se encuentra cometida a nada exterior, heterónomo, que la dirija. La ley es ley de sí misma y por lo tanto el imperativo categórico es una proposición sintética a priori:

 

«Porque sobre mi voluntad afectada por apetitos sensibles sobreviene además la idea de esa misma voluntad, pero perteneciente al mundo inteligible, pura, por sí misma práctica, que contiene la condición suprema de la primera, según la razón; poco más o menos como a las intuiciones del mundo sensible se añaden conceptos del entendimiento, los cuales por sí mismos no significan más que la forma de la ley en general, y así hacen posibles proposiciones sintéticas a priori, sobre las cuales descansa todo conocimiento de una naturaleza» (F. M. C., p. 123).

 

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2 respuestas a Kant: La teoría moral

  1. Ana Orfa PARIS MONTEALEGRE dijo:

    Me gusto, muy claro, breve y conciso.

  2. lina dijo:

    me gusto

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