Marx, dos aspectos fundamentales en su desarrollo: dialéctica y tránsito del idealismo al materialismo

Saludos a todas y todos. Parece que el encontronazo entre España y Cataluña se ha producido hoy en el Parlament. No será el último. El resumen: una vergüenza de unos y otros. Pero conviene recordar que el filibusterismo parlamentario empleado hoy por los independentistas fue la alevosía y nocturnidad de populares y socialistas para reformar la Constitución en el sentido de garantizar el pago de la deuda antes que la sanidad o educación.

No vamos a tratar la cuestión nacional. Hoy no. Algo más sencillo, algo que a pesar de ser conocido no está de más volver a tratar. Marx, dialéctica, idealismo, materialismo, Hegel…¿os suena?, pues de eso va la entrada de Héctor Salazar Zapatero

Marx, dos aspectos fundamentales en su desarrollo: dialéctica y tránsito del idealismo al materialismo

Héctor Salazar Zapatero

 

En el número 19 de Investigaciones Sociales di inicio a la exposición de tres concepciones que, por el debate actual de los científicos sociales a nivel nacional e internacional, considero necesario se conozcan: el positivismo, el marxismo (ahora, ambos fuertemente criticados) y la fenomenología, concepción que sorprendentemente ha sido asumida por una gran cantidad de teóricos de las ciencias sociales, muchos de los cuales inclusive han migrado hacia ella de posiciones marxistas o cercanas a ellas.

El marxismo es el nombre mediante el cual se conoce a la concepción materialista de la historia, haciendo honor a uno de sus más destacados representantes, Karl Marx, quien en colaboración de Friedrich Engels, ambos íntimos amigos, elaboraron sus aspectos medulares. Marx y Engels fueron de nacionalidad alemana, se diferenciaban con apenas dos años de edad (Marx nació en 1818 y Engels en 1820). En aquel entonces, Alemania mostraba en lo social una burguesía que no había alcanzado la unidad de la francesa ni la madurez de la inglesa; sin embargo, era claro que esta región progresaba en una dirección capitalista. No obstante esta situación de atraso, el impacto de la Revolución Francesa sobre la intelectualidad alemana fue significativo; ésta se mostró muy sensible ante dicho acontecimiento y se encargó de difundir la ideología y las ilusiones de la Revolución Francesa en Alemania. Más aun, ante la imposibilidad de realizar una verdadera revolución social, sus intelectuales llevaron a cabo una revolución en el pensamiento, colocando en un lugar preponderante a su filosofía. Revolución que alcanzó en Hegel su más alta expresión, produciendo, además de Hegel, parte de la galería de los filósofos universales: Kant (1724/1804), Lessing (1729/1781), Herder (1744/1803), Fichte (1762/1814), Schelling (1775/1854), Feuerbach (1804/1872), a los cuales se sumaron más tarde los nombres de Marx (1818/1883) y Engels (1820/1895).

No obstante tener distintas extracciones de clase, los jóvenes K. Marx y F. Engels resultaron siendo grandes amigos y colaboradores científicos. Así, Karl Marx descendía de una familia judía, de clase media; cuyo padre era abogado de prestigio, liberal ilustrado, convertido al protestantismo en los años veinte del siglo XIX. Su situación familiar fue importante pues ésta le aseguró una educación ilustrada y humanista.

A su vez, Friedrich Engels pertenecía a una familia de prósperos industriales, de tendencias reaccionarias y con un espíritu estrecho, pietista, calvinista y puritano. Vecino de una ciudad dominada por una burguesía, hostil a toda tendencia liberal, Engels recibía una educación coherente a la de su padre, pero su espíritu más abierto la rechazaba, orientándose por sendas que lo llevaron a identificarse con la clase obrera. Asimismo, debemos destacar: Tréveris, ciudad natal de Marx, era el centro de un movimiento liberal y democrático. En consecuencia podemos mencionar una importante enseñanza extraída de la vida de ambos: durante el desarrollo de una nueva visión del mundo confluyen una serie de aspectos de orden económico, social, científico y político nacional e internacional e inclusive religioso, al cual se añaden las particularidades y dotes personales de su(s) creador(es). En este caso, la coyuntura en la cual ambos se desarrollaron intelectualmente estuvo influida por dos acontecimientos internacionales de gran relevancia: la Revolución Francesa y la Restauración.

La Revolución Francesa y la lucha ideológica

Recordemos que la Revolución Francesa había tenido lugar bajo tres principios: Igualdad, Libertad y Fraternidad. Sin embargo, durante e inmediatamente después de llevada a cabo la Revolución Francesa, los dirigentes de los sectores oprimidos y explotados de la sociedad francesa constataban que pese al sacrificio de la población en general, no todos los estamentos se beneficiaban por igual. Mientras unos conseguían conquistar todos sus objetivos, así la burguesía pasaba a ser la clase hegemónica, los otros sectores no notaban cambio alguno en su situación. Así, uno de los más importantes líderes de la Revolución, Maximiliam Robespierre, tribuno de la plebe, abogado de los humildes, defensor del pueblo campesino y trabajador, miembro del ala izquierda del club de los jacobinos, figura maldita para monárquicos y burgueses, idolatrado por los sans culottes, magnífico orador, parlamentario agresivo, hombre de escasa salud, llamado con razón el Incorruptible, decía: Las revoluciones que se han sucedido desde hace tres años, sólo han favorecido a una clase de ciudadanos, casi nada aún para la más necesitada, para los ciudadanos proletarios cuya única propiedad es su trabajo. De otra parte, entre 1800 y 1850 adquirieron notoriedad los socialistas utópicos como Babeuf, Saint-Simon, Owen, Fourier y Cabet. De ellos, el primero, Babeuf (1760-1769), inicia a partir del Manifiesto de los Iguales su conspiración1 (1796), la defensa de los sectores populares. En él señala que los principios por los cuales habían luchado durante la Revolución Francesa no se habían realizado, por lo que entonces concluye que «La Revolución francesa no es más que el postillón de otra revolución mucho más grande, mucho más solemne y que será la última». Al final hacía una invocación al pueblo de Francia a abrir sus ojos y su corazón «a la plenitud de la felicidad. Reconoce y proclama con nosotros la República de los Iguales». Era pues evidente que un amplio sector de la población, compuesto por trabajadores y campesinos, viendo frustradas sus aspiraciones, decide seguir en el esfuerzo de cambiar la sociedad hasta hacer realidad sus objetivos. Será pues a favor de estos sectores que Marx tomará abiertamente posición. Si bien en su 11 Tesis sobre Feuerbach, él sostiene: «Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de distintos modos; de lo que se trata es de transformarlo.»2 También era consciente que cualquier esfuerzo de transformación de la sociedad implicaba conocerla primero, para lo cual era indispensable dar origen a una doctrina científica de la sociedad. Y a ese empeño dedicó toda su vida, acompañado de su entrañable amigo Friedrich Engels.

Y, ¿cómo puede ser caracterizada esa enorme creación científica denominada concepción materialistas de la historia? No puede ser llamada sociología, pues si bien es cierto existen una serie de trabajos realizados por Engels que tienen ese carácter; por ejemplo, La situación de la clase trabajadora en Inglaterra3, La cuestión de la vivienda4. En Marx encontramos: El dieciocho Brumario de Napoleón de Bonaparte5, El cuestionario a los trabajadores franceses6. Pero también existen contribuciones decisivas que han sido objeto de debate y han ayudado a comprender la historia temprana de la humanidad. Así, de Engels, tenemos: El origen de la familia, del Estado y de la propiedad privada7, o de Karl Marx, Las formas que precedieron al modo de producción capitalista8. No menos importante fueron sus aportes filosóficos, como Dialéctica de la naturaleza9 de Friedrich Engels o de Karl Marx: La sagrada familia o la crítica de la crítica crítica10, además de la Ideología alemana11 de Marx y Engels. Y la grandiosa síntesis histórica que es el Manifiesto comunista12. Pero donde encontramos el genio de Karl Marx en toda su dimensión fueron sus obras: Los manuscritos económico-filosóficos13, los famosos Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (borrador) 1857-185814, Historia de la plusvalía15, y finalmente su obra más importante de Marx, pero en la cual tuvo también destacada actuación Friedrich Engels, sobre todo en el segundo y tercer volumen: El capital16. En esos tres tomos aborda problemas fundamentales de la economía política, que también podría ser reclamada por sociólogos, pues ésta representa la radiografía de la formación económico-social capitalista, como sociedad, si bien mencionamos únicamente las más importantes debemos indicar que todas sus obras constituyen una unidad. El conjunto de sus trabajos abarca unos cuarenta y siete volúmenes de aproximadamente seiscientas páginas en promedio cada una de ellas. Consecuentemente, debo dejar en claro, que no es posible dar a conocer esta concepción en su integridad, dentro de los marcos que nos da un artículo como el presente. Por esa razón trataré solamente dos temas importantes: como la elaboración de la dialéctica como método científico general para abordar los problemas de la naturaleza, de la sociedad y del pensamiento, así como el tránsito del idealismo al materialismo, en su debate con los principales actores, como Hegel y Ludwig Feuerbach. Espero pues culminar lo ofrecido en sucesivas entregas para entender lo esencial del marxismo o preparar un texto más amplio. Sobre todo ahora que el marxismo es objeto de los más duros ataques, sin que los estudiosos tengan plena conciencia de qué se trata. Pero también del creciente interés que se tiene al respecto a nivel internacional, ahora que todos los países del mundo se encuentran envueltos por una enorme crisis, semejante o mayor a la del crac de Nueva York en el año treinta.

Las estaciones más importantes del desarrollo intelectual de Marx y Engels

Una vez concluido sus estudios de bachillerato, en agosto de 1835, Marx se matricula en la Universidad de Bonn para estudiar Derecho siguiendo los consejos de su padre, quien le aseguraba que ésta le abriría las puertas para servir al Estado. Pero en realidad Marx sentía mayor atracción por la literatura, las ciencias naturales, la historia y la filosofía. Al año siguiente, Marx se traslada a la Universidad de Berlín para continuar sus estudios. En Berlín se dedicó los primeros meses con intensidad a la «ciencia y al arte»17.

Durante esos años Marx desarrolla un espíritu de autocrítica radical. Permanentemente ponía a prueba sus concepciones e ideas contrastándolas con los hechos y conocimientos científicos. Si éstas no aprobaban este examen, entonces procedía a corregirlos o incluso a cambiarlos radicalmente en sus fundamentos. La primera muestra de aquello es el ajuste de cuentas que realiza durante el verano de 1837, con su concepción idealista-subjetiva. Por la vía filosófica especulativa del Derecho Romano realizó esfuerzos para fundamentar un sistema de categorías, que resultaron vanos para traerse abajo los principios fundamentales sobre las que se asentaban las relaciones jurídicas imperantes. Entonces, él desecha y destruye trescientas páginas escritas, de ese trabajo tenemos noticia a partir del intercambio epistolar con su padre, quien, a su vez, se sentía muy preocupado de esa actitud apasionada de lucha sin medida de su hijo.18

Convencido de que el mundo solamente se abre a la ciencia cuando sus principios filosóficos son correctos, se aproxima a la filosofía de Hegel, «la última gran filosofía especulativa. En ella finalizan y se articulan todos los movimientos del pensamiento del pasado. La filosofía de Hegel contiene todos lo momentos del desarrollo del pensamiento… pero superados y unificados». También en Dialéctica de la naturaleza, Engels subraya la importancia de la dialéctica como método: «la dialéctica es, precisamente, la forma más cumplida y cabal de pensamiento para las modernas ciencias naturales, ya que es la única que nos brinda la analogía y, por tanto, el método para explicar los procesos de desarrollo de la naturaleza, para comprender, en sus rasgos generales, sus nexos y el tránsito de uno a otro campo de investigación.»19

Hegel había ejercido la docencia desde el año 1818 hasta su muerte en Berlín, precisamente cuando esta ciudad estaba a punto de convertirse en un centro espiritual de Alemania. Entre 1929 y 1930 ejerce el rectorado en esa casa de estudios. En esta ciudad atrajo una gran cantidad de seguidores, originándose así la escuela hegeliana. El 14 de noviembre de 1831 moría atacado por el cólera. Para entonces el «hegelianismo» ya contaba con una gran adhesión en casi todas las universidades de Alemania.

Para estudiar la filosofía hegeliana Marx se reúne con los jóvenes de la izquierda hegeliana en el Club de los Doctores. A esta filosofía la siente desde el primer momento extraña, y la llama «melodía grotesca de los acantilados», y aprende la dialéctica hegeliana. Así Marx piensa haber encontrado en Hegel aquel pensamiento que le permitirá interpretar correctamente el mundo en su legalidad así como en todas sus manifestaciones contradictorias, permitiendo entonces proceder a su transformación. En ella cree erróneamente solucionado la oposición de lo real y del debe ser, el cual no había sido superado ni por Kant ni por Fichte. Ciertamente Hegel había logrado fusionar el pensamiento y la realidad mediante una dialéctica idealista, de tal forma que parecía explicar la unidad interna como la discrepancia evidente del espíritu pensante que desea con su mundo real. Con Hegel había alcanzado la doctrina de la dialéctica el nivel más elevado de la filosofía clásica alemana. Él descubre las leyes fundamentales que se encontraban de manera difusa o estaban ausentes en otros autores como Fichte y en Schelling. Una de las fuentes importantes de su doctrina de la dialéctica fue la historia de la filosofía. Prestó gran atención al pensamiento de Heráclito y de los eleatas, de Platón y de los neoplatónicos, de Benedic Spinoza y de Dennis Diderot. Pero también tomó bastante de la historia de la filosofía alemana moderna, desde Gottfried Wilhelm Leibnitz, particularmente de las obras de Johann Gottfried Herder, Johann Wolfgang von Goethe hasta Johann Gottlieb Fichte. Las ideas filosóficas de Hegel poseían ya una extraordinaria diversidad y un carácter enciclopédico.

Su sistema filosófico, ya listo en sus rasgos generales desde antes de 1810, marcó toda una época. Inclusive en la actualidad éste influye vigorosamente en la cultura espiritual y el pensamiento filosófico y social. En relación al desarrollo del pensamiento de Marx, debemos subrayar la recomendación hecha por Lenin, quien después de un intenso estudio de la dialéctica de Hegel desde un punto de vista materialista, «Aforismo: ¡No se puede comprender completamente el Capital de Marx y particularmente el I Capítulo sin haber estudiado y comprendido toda la Lógica de Hegel!»,20 más tarde destacará: «El materialismo histórico como una de las aplicaciones y desarrollos de las ideas espirituales, de las semillas, los cuales se encontraban en Hegel en la forma embrionaria.»21

Pero este proceso de asimilación tuvo lugar en medio de un gran debate entre los hegelianos de derecha, centro22 e izquierda. En el sistema hegeliano se encontraban tendencias contradictorias, excluyentes entre sí; por lo cual se daban diversas interpretaciones de la doctrina hegeliana. Así los jóvenes hegelianos de izquierda extrajeron durante los años treinta y cuarenta del siglo XIX conclusiones reformistas, anticlericales, ateas, democráticas, hasta revolucionarias burguesas y buscaron influir con sus prácticas filosóficas en la práctica social. Sus pensamientos se orientaban por el principio de la «crítica a todo lo existente». Pero, esta actitud crítica tuvo la virtud de poner de relieve su lado reaccionario, en tanto que identificaba las ideas de Hegel con el poder espiritual dominante en Prusia del período de la restauración, dando lugar a los viejos hegelianos de derecha, constituidos por un círculo de conservadores y reaccionarios prusianos.

De otra parte, dado el atraso económico, social y político ya señalado de Alemania, Hegel asumió una posición contraria a la revolución «desde abajo» mediante la movilización y lucha de los sectores populares, actitud que por lo demás fue característico en la mayoría de los ideólogos de la Alemania de entonces.

A la dictadura jacobina la caracteriza como reinado del terror. Él era más bien partidario de una revolución «desde arriba», por iniciativa de los círculos dominantes. Con esas ideas se encontraban ligadas la incorporación de las libertades burguesas, la eliminación de las trabas feudales del desarrollo de la sociedad y del individuo. Esa actitud lo llevó a Hegel a realizar una inadecuada alabanza a las relaciones existentes en Prusia, certificándoles un grado de desarrollo de libertades burguesas que no habían sido alcanzadas. Hegel era partidario de una monarquía constitucional. Rechazaba, por tanto, los esfuerzos políticos contrarios a la aristocracia y al reinado.

En 1831, a los pocos años del fallecimiento de Hegel, el pensamiento hegeliano se encontraba desacreditado tanto en los medios liberales como en los reaccionarios. El era identificado con el poder espiritual dominante en Prusia del período de la restauración. En esos momentos precisamente, Heinrich Heine llama la atención sobre la importancia de la filosofía de Hegel. Atónitos, franceses y alemanes, leían su obra Sobre la historia de la religión y la Filosofía de Alemania (1834-35). El anuncia: la revolución filosófica alemana había concluido con Hegel, cerrándose finalmente su círculo23. Además, profetizaba que a partir de la filosofía alemana se produciría una transformación de mayor profundidad que la de la Revolución Francesa de 1789. Según Heine, la filosofía alemana se encontraba entre una de las cuestiones más importantes de la humanidad, y que recién sus nietos más lejanos podrían decidir si es que deberían ser censurados o alabados por el hecho de que recién elaborara su filosofía y de acuerdo a ella su revolución.24 Afirmaba que el pensamiento precedía al hecho como el relámpago al trueno. Con un profundo conocimiento del carácter germano añadía, si bien el estruendo alemán no es muy ágil, precisamente por ser alemán, y no obstante la lentitud con que avanzaba la avalancha, ésta arrasaría con todo; y no cabía la menor duda que llegaría y una vez escuchado un estrépito, como nunca antes en la historia universal había retumbado, entonces se sabría que el trueno alemán había alcanzado su objetivo.25

Hegel y la dialéctica

Marx pensó haber encontrado en Hegel un pensamiento filosófico, que interpreta correctamente el mundo en su legalidad a partir de sus manifestaciones contradictorias, posibilitando así su transformación más conveniente.

Pero sigamos analizando su concepción dialéctica, a fin de percatarnos de su germen racional. Hegel presupone la existencia de un ser universal razonable, la «idea absoluta», que se desarrolla de acuerdo a leyes inherentes a la lógica dialéctica, tanto en sus creaciones, en la naturaleza, como en la historia de la humanidad, en la realidad como en la conciencia. En la «totalidad», en la integridad de las creaciones espirituales de los hombres, acuñada históricamente en los diferentes ámbitos de la sociedad y en las diferentes formas de la vida espiritual, se desarrolla el espíritu universal: en su desarrollo se aproxima progresivamente al mundo y con ello a la conciencia de sí misma. Las épocas históricas de la humanidad las concebía el idealista Hegel como etapas históricas del espíritu, que iban desde el esclavismo hasta la sociedad burguesa, la serie de las esferas culturales desde el arte hasta la filosofía, los períodos del conocimiento desde la concepción sensorial hasta la lógica dialéctica. Estas se realizarían en gran medida tanto en lo particular como en lo singular, en una tríada rigurosa de oposición, negación y negación de la negación, «superadora», que a la vez que transforma conserva. Él sostenía que todo lo que se presenta en la vida genera necesariamente su contrario mediante su acción; el mismo superaría lo existente en su unilateralidad independiente, subordinándola, de esa manera se pasa a la siguiente etapa. Sobre la base de la contradicción dialéctica la razón universal produce constantemente lo nuevo a partir de sí y desecha las formas decadentes del espíritu y de las relaciones que se rigen de acuerdo a ellas mediante transformaciones cada vez más nuevas, superiores y más ricas. No existe nada que en su origen no tenga sentido, razón o fundamento, pero, al mismo tiempo, todo deviene y tiene que ser reemplazado por una forma superior. De esta manera se realiza en Hegel el progreso de la razón a la libertad, y el hombre ejecuta esa ley mediante su actividad espiritual, la cual es ciertamente una expresión de la razón universal en una determinada fase, aun cuando el hombre mismo persiga un objetivo limitado.

Con seguridad uno de los mayores aportes de Hegel a la filosofía y a la ciencia fue el progreso de la dialéctica, conduciéndola a su más alto nivel, como teoría del desarrollo. Por esa razón merece que le otorguemos especial atención. El creador del idealismo dialéctico y el más destacado representante de la filosofía clásica alemana fue calificado «por los gruñones, petulantes y mediocres epígonos» de «perro muerto». En su defensa Marx no vio mejor forma que declararse «discípulo de aquel gran pensador».26

Pero esa actitud de Marx frente a Hegel no fue impedimento para dejar claramente establecido la diferencia cualitativa entre los dos métodos: «Mi método dialéctico no sólo es fundamentalmente distinto del método de Hegel, sino que es, en todo y por todo, la antítesis de él. Para Hegel, el proceso del pensamiento, al que él convierte incluso, bajo el nombre de idea, en sujeto con vida propia, es el demiurgo de lo real, y esto la simple forma externa en que toma el cuerpo. Para mí, lo ideal, no es, por el contrario, más que lo material traducido y traspuesto a la cabeza del hombre.» 27 Más adelante continúa: «El hecho de que la dialéctica sufra en manos de Hegel una mistificación, no obsta para que este filósofo fuese el primero que supo exponer de un modo amplio y consciente sus formas generales de movimiento. Lo que ocurre es que la dialéctica aparece en él invertida, puesta de cabeza. No hay más que darle la vuelta, mejor dicho ponerla de pie, y en seguida se descubre bajo la corteza mística la semilla racional.»28

Veamos ahora este proceso para entender lo que es la dialéctica materialista. Hegel presentó por primera vez todo el mundo histórico espiritual sometido a un proceso contradictorio, es decir, en sucesivas negaciones que en su fluir dan lugar a «otros tantos momentos de una unidad orgánica», en la cual todos y cada uno de los contrarios son igualmente necesarios, por cuanto hacen posible su existencia y devenir en permanente movimiento, transformación, cambio y desarrollo, poniendo a prueba la relación interna en ese movimiento y desarrollo. En su definición de desarrollo, afirma que ésta parte de «simples determinaciones y que las siguientes se volverán cada vez más ricas y concretas», produciéndose así saltos cualitativos, que rompen bruscamente con la gradualidad de movimiento puramente acumulativo. Pues el desarrollo contiene su inicio y cuyo desarrollo la ha enriquecido con una nueva determinación. Lo universal constituye el fundamento; por ello, el desenvolvimiento posterior no debe de ser visto como un fluir de uno al otro…, eleva a cada nivel otras determinaciones, toda la masa de su contenido precedente y no solo pierde mediante su desarrollo (Fortgehen) dialéctico, tampoco deja algo atrás, sino que lleva consigo todo lo adquirido y se enriquece y se condensa en sí».29

Hegel estaba convencido de que el desarrollo se daba en el espíritu. «El espíritu, escribía, ciertamente no permanece nunca quieto, sino que se halla en movimiento incesantemente progresivo.»30 Señalaba que en períodos de gestación se producían profundos cambios y que en la transición a una nueva época, él había roto con el mundo anterior de su ser allí y de su representación y se dispone a hundir eso en el pasado, entregándose a la tarea de la transformación. De esta manera el desarrollo del espíritu se produciría en dos etapas, una primera cuantitativa, en la que sólo se pueden percibir síntomas aislados del estremecimiento del mundo; «la frivolidad y el tedio se apoderan de lo existente y el vago presentimiento de lo desconocido son los signos premonitorios de que algo otro se avecina. Estos paulatinos desprendimientos, que no alteran la fisonomía del todo, se ven bruscamente interrumpidos por la aurora que de pronto ilumina como un rayo la imagen del nuevo mundo». La segunda es, por tanto, cualitativa, revolucionaria. De esta manera, el tránsito de cambios cuantitativos a cualitativos y de éstos a otros se desenvolvería en el desarrollo de formas inferiores a superiores. «El comienzo del nuevo espíritu es el producto de una larga transformación de múltiples y variadas formas de cultura, la recompensa de un camino muy sinuoso y de esfuerzos y desvelos no menos arduos y diversos…».

La dialéctica en las ciencias humanas

Su dialéctica hundió sus raíces en el desarrollo de la ciencia, siendo de mayor influencia los resultados de las ciencias humanas. En el siglo XVIII fueron colocados los fundamentos de la moderna arqueología y de la historia del arte, aparecieron trabajos generalizadores sobre la historia política y sobre la historia de la filosofía, y esto fue precisamente importante para Hegel.

Durante esa época no se cultivaba el anacronismo del régimen alemán, en especial el prusiano, por el contrario, La filosofía alemana del Derecho y del Estado (Die deutsche Rechts-und Staatsphilosophie) de Hegel, es decir, aquella obra que, al decir de Marx, constituía «la única historia alemana que se encuentra al pari con la actualidad moderna oficial»31, de qué manera permanece reflejada de esa forma idealista, mistificada, el proceso de desarrollo de la moderna sociedad burguesa, y los deseos de progreso de la burguesía también está dispuesto en su totalidad para la fundamentación de un sistema conservador y entrelazado con él. Por ello, le falta la fuerza impulsora revolucionaria. La dialéctica de Hegel concilia todas las contradicciones en lo absoluto divino, de lo cual, finalmente todo es un vislumbre: también las etapas superadas del ser y del conocimiento conservaban por lo tanto su rango, aun cuando subordinados, así por ejemplo la religión frente a la filosofía. La idea absoluta, la que en principio ya todo lo contiene en sí y que solamente lo libera sucesivamente, tiene que limitar el desarrollo dialéctico: en la filosofía hegeliana se ha presentado completamente la razón universal, la revelación y concluido el autoconocimiento de la idea absoluta; más de ello no es concebible ningún progreso. La otra cara política de aquello es un ideal de Estado y de sociedad, en la cual las exigencias liberales de la burguesía ascendente se fusionan a las tradiciones del Estado estamental monárquico. Debido a esa dualidad de la filosofía hegeliana, la escuela de Hegel se divide en dos al poco tiempo de acaecido su fallecimiento, en el año 1831, uno constituido por los viejos hegelianos conservadores y el otro formado por los jóvenes hegelianos radicales (o de izquierda).

Cuando Marx se adhiere a los jóvenes hegelianos, constituían la corriente más radical de la inteligencia burguesa en Alemania de aquella época y es debido a que tal como viera en la dialéctica de Hegel el método que supera la contradicción que interpenetra a toda la vida social de las ideas burguesas de la libertad humana con la realidad feudal‑absolutista y se abre paso como lo razonable y con ello lo necesario. Al igual que ella, Marx desecha la idea absoluta de Hegel y sus consecuencias, el deslucimiento de la dialéctica, el cese de todo desarrollo en aquello, que en la doctrina de Hegel sobre la sociedad, se presenta como el objetivo más elevado de la humanidad. También él comparte la idea de separar de la dialéctica hegeliana su sistema conservador y utilizarlo como arma en contra de las circunstancias dominantes, sobre todo en contra de las trabas paralizadoras de la libertad espiritual, de la religión, en aquella época el apoyo ideológico más importante de la monarquía absoluta, legitimada «von Gottes Gnaden’’ (por la gracia divina) y de los privilegios feudales hereditarios.

Como ya lo dijéramos anteriormente, en el método de Hegel, Marx encuentra un fondo racional que él había mistificado, es indudable que esta última se encuentra en la aplicación realizada al intento de explicar a partir del desarrollo del espíritu y no en lo material, la idea como lo primero y sustancial. Efectivamente, con su concepción idealista Hegel ponía la realidad de cabeza. En cambio para Marx la realidad existe aunque no podamos captarla, existe antes que nosotros y no depende de lo que pensemos, es realmente material y punto. De esa manera, lo ponía de pies aquello que estaba de cabeza.

Del idealismo al materialismo

Pero pronto Marx y Engels descubren que ésta daba una imagen deformada de la realidad, mistificada en cuanto el punto de partida de Hegel, era: «que el espíritu, el pensamiento, la idea es lo primario y el mundo real un simple reflejo de la idea». De especial importancia para este cambio fueron las lecturas de los materialistas e historiadores franceses llevado a cabo por Marx en el verano de 1843, así como la crítica al hegelianismo y a la religión realizado por Ludwig Feuerbach, autor de La esencia del cristianismo.32 Al respecto Engels afirma que Marx y él se adhirieron a las ideas materialistas. «Nosotros [es decir, los hegelianos de izquierda, entre ellos Marx] nos hicimos en el acto feuerbachianos.»33 Y rompieron con el hegelianismo. Ambos reconocían que los escritos de Feuerbach contenían «una verdadera revolución teórica»34 y que eran los únicos realizados desde la Fenomenología y la Lógica de Hegel. Y señalaban que esa «gran hazaña de Feuerbach» consistía:

1. en haber probado que la filosofía no es otra cosa que la religión plasmada en pensamiento y desarrollada de un modo discursivo; de que también ella, por tanto, debe ser condenada, con otra forma y modalidad de la enajenación del ser humano;

2. en haber fundado el verdadero materialismo y la ciencia real¸ por cuanto Feuerbach erige, asimismo, en principio fundamental de la teoría de la relación social «entre el hombre y el hombre»;

3. en haber contrapuesto a la negación de la negación, que afirma ser lo absolutamente positivo, lo positivo que descansa sobre sí mismo y tiene en sí mismo su fundamento.35

A diferencia de la concepción hegeliana del hombre, que no consideraba al hombre como un ser concreto, práctico-activo, sino como un ser espiritual, comprendido bajo la categoría de autoconciencia, de tal forma que la historia de la humanidad comprendida, expuesta por Hegel como un acto de autocreación de los hombres, para él significaba únicamente la historia de la enajenación de la autoconciencia y la superación de esa alienación o enajenación en el pensamiento y mediante él. En ese sentido, Hegel entendía la actividad humana como un hacer particularmente espiritual y colocaba las diferentes formas del hombre, las diferentes relaciones humanas, como Estado, familia, sociedad burguesa, riqueza, etc., como mera enajenación de la autoconciencia.

Por oposición a ello, Feuerbach disolvía el espíritu absoluto de la metafísica hegeliana en el hombre real, sensorial, objetivado, que se encuentra en la naturaleza y él mismo forma de la naturaleza. Él explica el pensamiento, el espíritu absoluto, que se presentó en Hegel como sujeto autónomo, como una característica, un producto del hombre sensorial, natural y colocó al hombre en el punto central de la filosofía.

El conocimiento de que el hombre y la naturaleza representan una realidad objetiva, y el pensamiento y la conciencia no existen independientemente ni fuera del hombre, por el contrario, son atributos del hombre real, sensorial, constituye el fundamento y el principio que transforma de la filosofía materialista de Feuerbach. Él explica con una claridad meridiana que la conciencia del hombre está determinado por su ser, el cual actúa sobre él, lo forma y constituye la fuente de sus sensaciones y de su concepción.

Ciertamente Feuerbach no comprende ese ser como un ser socialmente determinado del hombre y ni su actividad como actividad productiva. Por lo tanto, cuando Feuerbach le asigna la tarea a la filosofía, como ser formado por su medio ambiente, y lo observa en relación con su entorno natural, no lo ha entendido por medio ambiente del hombre en ningún caso como modificado esencialmente mediante la actividad productiva humana y no tiene ante la vista un medio natural y social del hombre que se encuentra en transformación permanente, sino la naturaleza en su gestación y la sociedad como especie abstracta.

De ahí que el hombre, en la concepción feuerbachiana, sea en lo fundamental un ser que se comporta pasivamente y que únicamente percibe, contempla, sufre, en la relación con la naturaleza. Feuerbach no observa a ese ser en su contraposición activa con la naturaleza, en su actividad productiva, mediante la cual el hombre se apropia de la naturaleza no sólo simplemente, como es el caso en los animales, sino en la medida en que lo hace objeto de su actividad productiva, mediante la cual lo adecua a sus necesidades y en cuyo curso él la transformará permanentemente a ella y así mismo.

A pesar de esa limitación de la filosofía feuerbachiana, la cual se expresó sobre todo en la concepción de Feuerbach sobre la sociedad y su historia, su filosofía materialista actuó revolucionando sobre el pensamiento filosófico en la Alemania de entonces. Mediante la transformación materialista de la filosofía especulativa, tal como lo señala Feuerbach, se volvería fácil descubrir «la pura y develada verdad»36. Y en los hechos, el principio aplicado por Feuerbach en sus trabajos como impulsor hacia delante y transformador, aun cuando el cambio únicamente podía ser un primer paso al hallazgo de la verdad, el paso del idealismo objetivo al materialismo.

La ruptura de Marx con la filosofía feuerbachiana

No obstante el entusiasmo que se nota en los trabajos de Marx correspondientes a los años 1842 hasta 1844, una de las observaciones de Marx se centraba en la unilateralidad de Feuerbach que tenía su expresión en la exageración del momento natural y en dejar de lado el momento social. Aquí tenemos entonces una diferencia fundamental entre la concepción marxista y la feuerbachiana, es decir, aquel punto básico en el que ambos pensadores no coinciden. La otra cuestión esencial, en la cual se diferencian Marx y Feuerbach, está relacionado con el método. Mientras que Feuerbach, en su esfuerzo por superar la filosofía especulativa, desechó el sistema filosófico de Hegel y el método dialéctico, Marx reconocía lo valioso de la dialéctica como método de conocimiento, orientando su atención a liberar a la dialéctica «de su apariencia mística que tenía en Hegel».37

Naturalmente, esas diferencias no aparecieron ya maduras desde sus inicios, ellas mismas estuvieron sometidas a un desenvolvimiento. Así en el Manuscrito sobre la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel, escrito por Marx algunos meses más tarde, encontramos con mayor énfasis las diferencias fundamentales entre Marx y Feuerbach. Marx expone aquí la actividad productiva de los hombres y las relaciones que contraen en la producción de su existencia material, como la base de la vida social, y observa al hombre como un ser socialmente determinado y socialmente activo, cuyos intereses y acciones están esencialmente determinados por su situación social, por su posición dentro de la «sociedad burguesa». De esa manera, Marx trasciende bastante más allá el modo de observación de Feuerbach y coloca la base para su concepción materialista de la historia. De otro lado, ese Manuscrito permite una mirada a la manera cómo Marx, en contraposición crítica con Hegel, devela lo racional del método hegeliano de la envoltura mística que la envuelve, la transforma creadoramente y de esa manera crea la base para la elaboración de su propio método dialéctico-materialista.

Notas

1. Babeuf, «Manifiesto de los Iguales». En: Amaro del Rosal: Los Congresos Obreros Internacionales en el siglo XIX. Ed. Grijalbo. Barcelona, Buenos Aires, México. 1975. p.18.

2 Karl Marx: «Tesis sobre Feuerbach», en: Karl Marx y Friedrich Engels: La ideología alemana. Tercera Edición Española. Ediciones pueblos Unidos, Montevideo 1971, p. 668.

3 Friedrich Engels: La situación de la clase trabajadora en Inglaterra, Lima s/f.

4 F. Engels: La cuestión de la vivienda. Edición Lautaro, 1975.

5 Karl Marx: El dieciocho Brumario de Napoleón de Bonaparte. Karl Marx y Friedrich Engels: Obras escogidas. Editorial Progreso. Moscú s/f.

6 Karl Marx: «El cuestionario a los trabajadores franceses». En Rodolfo Quintero: Prueba de la encuesta obrera entre trabajadores de Caracas. Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales. Caracas 1968, pp. 19-27.

7 Friedrich Engels; El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. Karl Marx y Friedrich Engels: Obras escogidas. Editorial Progreso. Moscú s/f.

8 Karl Marx: «Las formas que preceden al modo de producción capitalista. (Acerca del Proceso que precede a la formación de la relación de capital o a la acumulación primaria)». En: Karl Marx: Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (borrador) 1857-1858) Tomo 1, Siglo XXI editores. Buenos Aires 1972.

9 Friedrich Engels: Dialéctica de la naturaleza. Ed. Grijalbo, México 1960.

10 Karl Marx y Friedrich Engels: La sagrada familia. Ed. Grijalbo. México 1967.

11 Karl Marx y Friedrich Engels: La ideología alemana. Tercera Edición Española. Ediciones pueblos Unidos, Montevideo 1971.

12 Karl Marx: «El manifiesto comunista». En: Aníbal Ponce, D. Riazanov, A. Cabriola y F. Engels: Biografía del manifiesto comunista. Ed. Quimantu Santiago de Chile 1972.

13 Karl Marx: Manuscritos: economía y filosofía. Alianza Editorial. Madrid 1974.

14 Karl Marx: Elementos fundamentales de la economía política (borrador) 1857-1858. Ed. Siglo XXI Editores. Siglo XXI. Buenos Aires, 1972, (3 Tomos).

15 Karl Marx: Historia de la teoría de la plusvalía. Ediciones Brumario, Buenos Aires, Tres tomos, Buenos Aires, 1972.

16 Karl Marx: El Capital. Crítica de la economía política. F.C.E. México 1982 Tres Tomos.

17 K. Marx, Brief an seinen Vater von 10.11.1837. En MEW.

18 Ver las correspondencias entre Heinrich Marx a Karl Marx., en: MEW, ob, cit. 9, p. 3 y sigt, o 35 y sigt.

19 Friedrich Engels: Dialéctica de la naturaleza, Editorial Grijalbo México 1961, p. 23-24.

20 V. I. Lenin: obras. Band 33 Berlín 1962, p. 219.

21 V. I. Lenin: obras. Band 33 Berlín 1964, pp. 170, 180.

22 Representado por Karl Rosenkranz.

23 Heinrich, Heine, Zur Geschichte der Religión und Philosophie in Deutschland. Verlag Philipp Reclam jun. Leipzig. 4a ed. 1970. p. 182.

24 Ibíd., p. 184.

25 Ibíd., p. 186.

26 Karl Marx: El Capital. Crítica de la economía política. F.C.E. México, 1982.

27 Karl Marx: «Posfacio a la segunda edición de El Capital». Primer tomo. Fondo de Cultura Económica. México, 1982, p. XXIII.

28 Ibíd. p. XXIV.

29 G. W. F. Hegel, Wissenschaft der Logik. Zweiter Teil. Leipzig 1951, p. 502.

30 G. W. F. Hegel, Fenomenología del espíritu, p. 12.

31 Marx, Karl. Obras, t. 1. Dietz Verlag, Berlín 1964, p. 383.

32 Ludwig Feuerbach: La esencia del cristianismo. Ediciones Sígueme. Salamanca 1975.

33 Véase Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana (C. Marx y F. Engels, Obras completas, t. XXI).

34 Karl Marx-Friedrich Engels: La sagrada familia. Editorial Grijalbo, México 1967, p. 48.

35 Karl Marx-Friedrich Engels: La sagrada familia. Editorial Grijalbo, México 1967, p. 451.

36 Ludwig Feuerbach: Zur Kritik der Hegelschen Philosophie, Aufbau-Verlag, Berlin 1955, p. 70.

37 Karl Marx Brief an Ferdinand Lassalle, del 3dx1.5. 1858, en: MEW, Tomo 29, Dietz Verlag, Berlin 1963, pág. 561.

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El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. Karl Marx y Friedrich Obras escogidas. Editorial Progreso. Moscú.

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«Posfacio a la segunda edición a El Capital». Primer tomo. Fondo de Cultura Económica. México, p. XXIII.

Correspondencia

Ver las correspondencias entre Heinrich Marx a Karl Marx, en: MEW, Dietz Verlag.

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