Especificidad histórica: valor y precio

Saludos a todas y todos. Después de habernos dedicado a una variedad de temas que abarcan desde los gustos de Marx a la burocracia, regresamos de nuevo al núcleo duro de la teoría marxista que es ni más ni menos que…la economía. En el siguiente fragmento que compartimos, se pasa revista a las clásicas categorías económicas de Marx en el Capital.

El texto seleccionado es un fragmento de la obra de Moishe Postone Tiempo, trabajo y dominación social. Una reinterpretación de la teoría crítica de Marx, Barcelona, Marcial Pons, 2006. Si os apetece…

Salud. Olivé

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ESPECIFICIDAD HISTÓRICA: VALOR Y PRECIO*

Moishe Postone

Como hemos visto, Marx analiza la mercancía como una forma social generalizada en el núcleo de la sociedad capitalista. No resultaría legítimo, entonces, según su propia autocomprensión, asumir que la ley del valor, y por tanto la generalización de la forma mercancía, resultan pertinentes para una situación precapitalista. Aún así, Ronald Meek, por ejemplo, parte de la premisa de que la formulación inicial de Marx de la teoría del valor presupone un modelo de sociedad precapitalista en el que “aunque se asume que la producción de mercancías y la libre competencia reinaban más o menos de modo supremo, los trabajadores aún poseían el producto completo de su trabajo27. A diferencia de Oscar Lange, cuya posición ya hemos comentado en el Capítulo 2, Meek no relega simplemente la validez de la ley del valor a esa sociedad. Tampoco mantiene, como lo hace Rudolf Schlesinger, que este punto de partida sea la fuente de un error fundamental en la medida en que Marx busca desarrollar leyes válidas para el capitalismo sobre la base de aquellas aplicables a un modo más simple e históricamente anterior de sociedad28. En lugar de ello, Meek considera que la sociedad precapitalista que Marx, supuestamente, postula, no tendría la intención de ser una representación precisa de la realidad histórica nada más que en un sentido amplio. Este modelo —que Meek considera esencialmente similar a la sociedad “temprana y ruda” de Adam Smith habitada por cazadores de castores y ciervos— es, más bien, “claramente parte de un mecanismo analítico bastante complejo29. Al analizar la manera en la que el capitalismo afecta a esta sociedad, “Marx creía colocarnos ante la buena pista para revelar la esencia real del modo de producción capitalista30. En el Volumen 1 de El Capital, según Meek, Marx parte del modelo precapitalista que ha presupuesto31, un sistema de “producción simple de mercancías32. En el Volumen 3 en cambio “trata la mercancía y las relaciones de valor que han sido ‘capitalísticamente modificadas’ en el sentido más amplio. Su punto de partida ‘histórico’ es aquí un sistema capitalista bastante bien desarrollado33.

Sin embargo, el análisis del valor de Marx es mucho más históricamente específico que la interpretación que Meek admite. Marx intenta abordar el núcleo del capitalismo con las categorías de mercancía y valor. En el marco de la crítica de la economía política de Marx, la noción misma de un estadio precapitalista de circulación simple de mercancías es espuria, tal como ha señalado Hans Georg Backhaus, esta idea proviene no de Marx sino de Engels34. Marx rechaza explícita y enfáticamente la idea de que la ley del valor fuera válida para, o derivada de, una sociedad precapitalista de propietarios de mercancías. Aunque Meek identifique la ley del valor que utiliza Adam Smith con la que utiliza Marx, este último critica a Smith, precisamente, por relegar la validez de la ley del valor a una sociedad precapitalista.

Por cierto que Adam Smith determina el valor de la mercancía por el tiempo de trabajo contenido en ella, pero luego vuelve a relegar el carácter real de esta determinación del valor a los tiempos pre-adámicos. En otras palabras, lo que le parece como verdadero desde el punto de vista de la mercancía simple, se le torna confuso en cuanto ocupan el lugar de ésta las formas superiores y más complejas del capital, el trabajo asalariado, la renta del suelo, etc. Esto lo expresa diciendo que el valor de las mercancías se medía por el tiempo de trabajo contenido en ellas en el paraíso perdido de la burguesía, en el cual los hombres aún no se hallaban enfrentados entre sí como capitalistas, asalariados, terratenientes, arrendatarios, usureros, etcétera, sino como simples productores e intercambiadores de mercancías35.

Según Marx, sin embargo, nunca ha existido una sociedad compuesta por productores independientes de mercancías:

La producción originaria se funda en entidades comunitarias primitivas, en cuyo ámbito el intercambio privado sólo se presenta como excepción por entero superficial y cumpliendo un papel totalmente secundario. Pero con la disolución histórica de esas entidades comunitarias hacen su aparición, de inmediato, relaciones de dominación y servidumbre, relaciones de violencia, que están en contradicción flagrante con la apacible circulación de mercancías y las relaciones correspondientes a la misma36.

Marx ni postula esta sociedad como un constructo hipotético desde el que derivar la ley del valor, ni busca analizar el capitalismo investigando cómo éste “afectaría” a un modelo social en el que se supone que la ley del valor operaría de modo puro. Más bien, como indica claramente la crítica que Marx desarrolla de Robert Torrens y Adam Smith, considera que la ley del valor es válida sólo para el capitalismo:

Torrens (…) retorna a Adam Smith (…) según el cual, si es cierto que “en el temprano período” en que los hombres se enfrentaban mutuamente como poseedores de mercancías que intercambiaban, el valor de la mercancía se determinaba por el tiempo de trabajo contenido en ella, esto dejó de suceder tan pronto como se instauraron el capital y la renta de la tierra. Esto significa (…) que la ley que rige para las mercancías en cuanto tales mercancías, deja de regir para ellas a partir del momento en que hay que considerarlas ya como capital o productos del capital (…) Por otra parte, es ahora cuando el producto cobra en todos sus aspectos la forma de mercancía (…) sólo llega a convertirse en mercancía bajo todos y cada uno de sus aspectos con el desarrollo y sobre la base de la producción capitalista. Es decir, que la ley de la mercancía debe regir en una producción que no engendra mercancías (o que sólo en parte las engendra) y no debe regir a base de una producción cuya base es la existencia del producto en cuanto mercancía37.

Según Marx, la forma mercancía y, por tanto, la ley del valor, se encuentran desarrolladas por completo tan sólo en el capitalismo y constituyen definiciones fundamentales de esta formación social. Cuando se consideran válidas para otras sociedades el resultado es que “habría que relegar la verdad de la ley de apropiación de la sociedad burguesa a una época en que esta sociedad misma aún no existía38.

Para Marx, entonces, la teoría del valor aborda la “verdad de la ley de apropiación” de la formación social capitalista y no es aplicable a otras sociedades. Está claro, por tanto, que las categorías iniciales de El Capital tienen una intencionalidad históricamente específica: abordar las formas sociales subyacentes al capitalismo. Una discusión completa de la especificidad histórica de estas categorías básicas debería, por supuesto, tomar en consideración por qué no parecen ser válidas “las formas superiores y más complejas del capital, el trabajo asalariado, la renta del suelo, etc.39. Comentaré a grandes rasgos el intento de Marx de abordar este problema analizando la relación de su investigación del valor en el Volumen 1 de El Capital con su análisis del precio y, por tanto, de estas “formas superiores y complejas” en el Volumen 3. A pesar de no poder analizar esta cuestión en su totalidad dentro de esta obra, sí resulta pertinente una discusión preliminar de los temas implicados.

El debate de la relación entre el Volumen 3 y el Volumen 1 fue iniciado por Eugen von Böhm-Bawerk en 189640. Böhm-Bawerk señala que, al analizar en el Volumen 1 el capitalismo en términos basados en el valor, Marx dio por sentado que la “composición orgánica del capital” (la proporción entre trabajo vivo, expresado como “capital variable”, y trabajo objetivado, expresado como “capital constante”) se iguala en las diversas ramas de la producción. Este, sin embargo, no es el caso —como reconoció posteriormente el mismo Marx. Esto le obligó, en el Volumen 3, a admitir una divergencia de los precios y los valores que, según Böhm-Bawerk, contradice directamente la teoría original del valor trabajo e indica su inadecuación. Desde la crítica de Böhm-Bawerk se han producido considerables discusiones en torno al “problema de la transformación” (del valor en precios) en El Capital41 que, en mi opinión, muchas de las cuales han tenido lugar, en gran medida, debido a la asunción de que Marx pretendía escribir una economía política crítica.

Con respecto al argumento de Böhm-Bawerk, deberían dejarse claros dos puntos de partida. Primero, contrariamente a la asunción de Böhm-Bawerk, Marx no completó inicialmente el Volumen 1 de El Capital y, sólo posteriormente, al escribir el Volumen 3, percibió que los precios divergían de los valores, socavando así su punto de partida. Marx escribió los manuscritos para el Volumen 3 entre 1863 y 1867, es decir, antes de que se publicara el Volumen 142.

En segundo lugar, como se ha señalado en el Capítulo 2, lejos de mostrarse sorprendido o avergonzado por la divergencia entre precios y valores, en fecha tan temprana como 1859, Marx escribió en Contribución a la crítica de la economía política que, en un estado más avanzado de su análisis, se enfrentaría con las objeciones a su teoría del valor trabajo basadas en la divergencia entre los precios de las mercancías en el mercado y sus valores de intercambio43. De hecho, Marx no reconoció únicamente esta divergencia, sino que insistió en su centralidad para una comprensión del capitalismo y sus mistificaciones. Como le escribió a Engels: “Por lo que concierne a las modestas objeciones del señor Dühring en cuanto a la determinación del valor, le sorprenderá descubrir, en el segundo tomo, cómo la determinación del valor tiene poca importancia ‘de manera inmediata’ en la sociedad burguesa44.

Una dificultad relacionada con buena parte de la discusión del problema de la transformación señalada es que generalmente se asume que Marx intentó operacionalizar la ley del valor con el fin de explicar el funcionamiento del mercado. Sin embargo, parece claro que la intención de Marx era diferente45. Su tratamiento de la relación entre valor y precio no es, como lo explicaría Dobb, el de las “aproximaciones sucesivas” a la realidad del capitalismo46, sino parte de una estrategia argumentativa muy compleja para hacer plausible su análisis de la mercancía y el capital en tanto que constitutivos del núcleo fundamental de la sociedad capitalista, a la par que explicativos del hecho de que la categoría de valor no parece ser empíricamente válida para el capitalismo (que es la razón por la que Adam Smith relegó su validez a la sociedad precapitalista). En El Capital, Marx trata de resolver este problema mostrando que aquellos fenómenos (como precios, beneficios y rentas) que contradicen la validez de lo que había postulado como definiciones fundamentales de la formación social (valor y capital) son realmente determinaciones de estas definiciones —mostrar, en otras palabras, que las dos primeras expresan y ocultan la última. En este sentido, Marx presenta la relación entre lo que las categorías de valor y precio aprehenden como una relación entre la esencia y su modo de aparición. Una particularidad de la sociedad capitalista, que dificulta en gran medida su análisis, es que esta sociedad posee una esencia, objetivada como valor, que su propio modo de aparición vela.

El economista vulgar no sospecha siquiera que las relaciones reales del cambio cotidiano las magnitudes de los valores no pueden ser inmediatamente idénticos (…) El economista vulgar cree realizar un gran descubrimiento cuando, encontrándose ante la revelación [del nexo] de la conexión interna de las cosas, se obstina en sostener que esas cosas, tal como se presentan, ofrecen un aspecto completamente distinto. De hecho, saca vanidad de su aferrarse a las apariencias que considera como la verdad última.47

Según el análisis de Marx, el nivel de la realidad social expresada por los precios representa un modo de aparición del valor que vela la esencia subyacente. La categoría de valor no es ni una primera aproximación general a la realidad capitalista, ni una categoría válida para las sociedades precapitalistas, sino la expresión del “[del nexo] de la conexión interna” (inneren Zusammenhang) de la formación social capitalista.

Por tanto, el desplazamiento de la presentación de Marx del Volumen 1 al Volumen 3 de El Capital no debería entenderse como un movimiento de aproximación a la “realidad” del capitalismo, sino como un movimiento de aproximación a sus múltiples modalidades de apariencia superficial. Marx no prologa el Volumen 3 con una afirmación de que vaya a examinar un sistema capitalista completamente desarrollado, ni afirma que vaya a introducir a un nuevo conjunto de aproximaciones para abarcar más adecuadamente la realidad capitalista. Lo que afirma es que “las configuraciones del capital, tal y como las desarrollaremos en este libro, se aproximan por lo tanto paulatinamente a la forma con la cual se manifiestan en la superficie de la sociedad, en la acción recíproca de los diversos capitales entre sí, en la competencia, y en la conciencia habitual de los propios agentes de la producción48. Mientras que el análisis del valor de Marx en el Volumen 1 es el análisis de la esencia del capitalismo, su análisis de los precios en el Volumen 3 lo es de cómo aparece dicha esencia en la “superficie de la sociedad”.

Así pues, la divergencia entre precios y valores debería entenderse como intrínseca, en lugar de como una contradicción lógica interna, al análisis de Marx: su intención no es formular una teoría de los precios sino mostrar cómo el valor induce un nivel de apariencia que lo disfraza. En el Volumen 3 de El Capital, Marx hace derivar categorías empíricas, como precio de coste y beneficio, de las categorías de valor y plusvalor, y muestra cómo la primera aparece para contradecir a la última. Así, en el Volumen 1, por ejemplo, sostiene que el plusvalor lo crea únicamente el trabajo. En el Volumen 3, sin embargo, muestra cómo la especificidad del valor como forma de la riqueza, y la especificidad del trabajo que la constituye, están veladas. Marx comienza señalando que el beneficio acumulado por una unidad de capital individual, no es, de hecho, idéntico al plusvalor generado por el trabajo que ordena. Intenta explicar esto afirmando que el plusvalor es una categoría del todo social que se distribuye entre capitales individuales de acuerdo a sus proporciones relativas del capital social total. Sin embargo, esto significa que, en el nivel de la experiencia inmediata, el beneficio de una unidad de capital individual está, de hecho, en función no sólo del trabajo (“capital variable”), sino del capital total adelantado49. Por tanto, en un nivel empírico inmediato, los únicos rasgos del valor como forma de riqueza y de mediación social constituida únicamente por el trabajo quedan ocultos. 

La afirmación de Marx tiene muchas dimensiones. Ya he mencionado la primera, a saber, que las categorías que desarrolla en el Volumen 1 de El Capitalcomo mercancía, valor, capital y plusvalor” son categorías de la estructura profunda de la sociedad capitalista. Sobre la base de estas categorías, busca aclarar la naturaleza fundamental de esta sociedad y sus “leyes de movimiento”, es decir, el proceso de constante transformación de la producción y todos los aspectos de la vida social en el capitalismo. Marx afirma que este nivel de realidad social no puede clarificarse por medio de categorías económicas “de superficie” como el precio y el beneficio. También despliega sus categorías de la estructura profunda del capitalismo de manera tal que indica el modo en que los fenómenos que contradicen estas categorías estructurales son, de hecho, las formas de su aparición. De este modo, Marx intenta validar su análisis de la estructura profunda y, al mismo tiempo, mostrar cómo las “leyes del movimiento” de la formación social quedan ocultas en el nivel de la realidad empírica inmediata.

La relación entre lo aprehendido por el nivel analítico del valor y el del precio puede más o menos entenderse como constitutiva de una teoría (nunca completa)50 de la constitución mutua de las estructuras sociales profundas, la acción y el pensamiento cotidiano. Este proceso está mediado por las formas de aparición de estas estructuras profundas, que constituyen el contexto de dicha acción y pensamiento: el pensamiento y la acción cotidianas asientan en las formas manifiestas de las estructuras profundas y, a su vez, reconstituyen estas estructuras profundas. Esta teoría intenta explicar el modo en que las “leyes de movimiento” del capitalismo son constituidas por individuos y predominan, incluso aunque su existencia pase desapercibida para estos individuos51.

Al desarrollar esto, Marx busca también indicar que las teorías de la economía política, igual que la “conciencia ordinaria” cotidiana, se mantienen ligadas al nivel de la apariencia, que los objetos de investigación de la economía política son los modos de aparición mistificados del valor y el capital. En otras palabras, es en el Volumen 3, donde Marx completa su crítica de Smith y de Ricardo, su crítica de la economía política en sentido estricto. Por ejemplo, Ricardo comienza su economía política como sigue:

La producción de la tierra “de todo lo que se deriva de su superficie por la aplicación combinada de trabajo, maquinaria y capital” se divide entre las tres clases de la comunidad: a saber, el propietario de la tierra, el dueño del stock de capital necesario para su cultivo y los trabajadores con cuya laboriosidad ha sido cultivada (…) [E]n diferentes estadios de la sociedad la proporción de la totalidad de la producción del mundo asignada a cada una de estas clases bajo los nombres de renta, beneficio, salarios, será (…) diferente (…). [D]eterminar las leyes que regulan esa distribución es el principal problema de la Economía Política52.

El punto de partida de Ricardo, con su énfasis unilateral en la distribución y su identificación implícita de riqueza y valor, da por supuesta la naturaleza transhistórica de la riqueza y el trabajo. En el Volumen 3 de El Capital, Marx trata de explicar esta premisa mostrando cómo las formas estructurantes, social e históricamente específicas, de las relaciones sociales en el capitalismo aparecen en su superficie como formas naturalizadas y transhistóricas. Así, como hemos señalado, Marx afirma que el papel social e históricamente único del trabajo en el capitalismo permanece oculto en virtud del hecho de que el beneficio obtenido por cada unidad individual de capital no depende únicamente del trabajo, sino que está en función del capital total adelantado (los diversos “factores de producción”, en otras palabras). Según Marx, el hecho de que el valor sea creado únicamente por el trabajo resulta, en última instancia, velado por la forma salario: los salarios parecen ser una compensación por el valor del trabajo más que por el valor de la fuerza de trabajo. Esto, a su vez, oculta la categoría de plusvalor como diferencia entre la cantidad de valor creada por el trabajo y el valor de la fuerza de trabajo. Consecuentemente, el beneficio no parece ser generado en último término por el trabajo. Marx continúa entonces mostrando cómo el capital, en la forma de interés, parece resultar autogenerado e independiente del trabajo. Finalmente, muestra de qué manera la renta, un tipo de ingreso en el que el plusvalor se redistribuye entre los terratenientes, parece estar intrínsecamente relacionada con la tierra. En otras palabras, las categorías empíricas en las que se basan las teorías de la economía política —beneficios, salarios, interés, renta y demás— son formas de aparición del valor y del trabajo productor de mercancías que desmienten la especificidad histórica y social de lo que representan. Hacia el final del Volumen 3, después de un largo y complicado análisis que comienza en el Volumen 1 con un examen de la “esencia” reificada del capitalismo y se desplaza hacia niveles de aparición cada vez más mistificados, Marx resume este análisis por medio del examen de lo que denomina la “fórmula de la trinidad”:

En el capital-ganancia o, mejor aún, capital-interés, suelo-renta, trabajo-salario, en esta trinidad económica como conexión de los componentes del valor y de la riqueza en general con sus fuentes, está consumada la mistificación del modo capitalista de producción, la cosificación de las relaciones sociales, la amalgama directa de las relaciones materiales de producción con su determinación histórico-social…53

Así pues, la crítica de Marx termina volviendo al punto de partida de Ricardo. Consecuentemente a su enfoque inmanente, la técnica de Marx de criticar teorías como la de Ricardo deja de adoptar la forma de una refutación, imbuyendo más bien esas teorías en la suya propia, haciéndolas plausibles en términos de sus propias categorías analíticas. Dicho de otro modo, asienta en sus propias categorías las premisas fundamentales de Smith y Ricardo respecto del trabajo, la sociedad y la naturaleza de un modo que explica el carácter transhistórico de estas premisas. Y, más aún, muestra que los argumentos más específicos de estas teorías están basados en “datos” que son manifestaciones engañosas de una estructura más profunda e históricamente específica. Desplazándose desde la “esencia” a la “superficie“ de la sociedad capitalista, Marx intenta mostrar el modo en que su propio análisis categorial puede dar cuenta tanto del problema como de la formulación que Ricardo hace de él, indicando así la inadecuación del último como intento de abordar la esencia de la totalidad social. Al mostrar como formas de aparición aquello que sirve de base a la teoría de Ricardo, Marx busca proporcionar la crítica adecuada a la economía política de Ricardo.

Según Marx, por tanto, la tendencia de algunos economistas políticos, como Smith y Torrens, a extender la validez de la ley del valor a modelos de sociedad precapitalista no es simplemente un resultado de un pensamiento erróneo. Está, más bien, fundado en una peculiaridad de la formación social capitalista: su esencia parece no ser válida para las “formas superiores y más complejas de capital, trabajo asalariado y renta”. La incapacidad para penetrar teóricamente el nivel de las apariencias y determinar su relación con la esencia social históricamente específica de la formación capitalista puede conducir a una aplicación transhistórica del valor a otras sociedades, por un lado, y a un análisis del capitalismo tan sólo en términos de su “apariencia ilusoria”, por otro.

Una consecuencia del giro de Marx hacia un enfoque reflexivo e históricamente específico, por tanto, es que la crítica de las teorías que establecen transhistóricamente lo que está históricamente determinado se vuelve central para sus investigaciones. Una vez que ha afirmado haber descubierto el núcleo históricamente específico del sistema capitalista, Marx tiene que explicar porqué esta determinación histórica no es evidente. Como veremos, el argumento de que las estructuras sociales específicas del capitalismo aparecen de modo “fetichizado”, es decir, pareciendo resultar “objetivas” y transhistóricas, resulta central para esta dimensión epistemológica de su crítica. En la medida en que Marx muestra que las estructuras históricamente específicas que analiza se presentan ellas mismas de modo transhistórico, manifiesto, y que estas formas manifiestas sirven como objeto de varias teorías—especialmente las de Hegel y Ricardo— es capaz de dar cuenta de estas teorías y de criticarlas en términos sociales e históricos, como modalidades de pensamiento que expresan, pero que no aprehenden por completo, las formas sociales determinadas en el núcleo de su contexto (la sociedad capitalista). El carácter históricamente específico de la crítica social inmanente de Marx implica que lo que es “falso” es la modalidad temporalmente válida de pensamiento que, carente de autorreflexión, no consigue percibir su propio terreno históricamente específico, y por tanto se considera a sí misma como “la verdad”, es decir, como transhistóricamente válida.

El despliegue del argumento de Marx en los tres volúmenes de El Capital debería entenderse, en un primer nivel, como una presentación de lo que él describe como el único método completamente adecuado para una teoría crítica materialista: “Es, en realidad, mucho más fácil hallar por el análisis el núcleo terrenal de las brumosas apariencias de la religión que, a la inversa, partiendo de las condiciones reales de vida imperantes en cada época, desarrollar las formas divinizadas correspondientes a esas condiciones. Este último es el único método materialista, y por consiguiente científico54. Un aspecto importante del método de presentación de Marx es que desarrolla desde el valor y el capital —es decir, desde las categorías de “las relaciones dadas, reales, de la vida”—, las formas superficiales de aparición (coste, precio, beneficio, salarios, interés, renta, etc.) que los economistas políticos y los actores sociales han “deificado”. Trata así de volver plausibles sus categorías estructurales profundas al tiempo que explica sus formas superficiales.

Al hacer derivar lógicamente el propio fenómeno que parece contradecir las categorías con las que analiza la esencia del capitalismo del despliegue de estas mismas categorías, y al demostrar que otras teorías (y la conciencia de la mayor parte de los actores sociales directamente involucrados) están vinculadas a las formas mistificadas de apariencia de esa esencia, Marx ofrecen despliegue extraordinario del rigor y la potencia de su análisis crítico.

NOTAS

* En Moishe Postone, Tiempo, trabajo y dominación social. Una reinterpretación de la teoría crítica de Marx, Barcelona, Marcial Pons, 2006, (procede de su edición de 1993, en Cambridge University Press)

25 Ibíd., pág. 174 n 34 [98-99 n 32].

26 Ibíd., pág. 125 [43].

27 Ronald Meek, Studies in the Labour Theory of Value, 2.ª ed., Nueva York y Londres, 1956, pág. 303.

28 Para este argumento véase Rudolf Schlesinger, Marx: His Time and Ours, London, 1950, págs 96-97. Georg Lichtheim sugiere una hipótesis similar: “Se puede argumentar que, en lo que respecta a una teoría del valor trabajo-coste derivada de las condiciones sociales primitivas de un modelo económico perteneciente a un estadio más alto, los clásicos son culpables de haber confundido niveles diferentes de abstracción” ( Marxism, 2.ª ed.,Nueva York y Washington, 1963, págs. 174-175. En esta sección, Lichtheim no distingue entre “los clásicos” y Marx. Su propia presentación unifica diferentes interpretaciones opuestas de la relación entre los volúmenes 1 y 3 de El Capital sin sintetizarlas o superar sus diferencias. En este pasaje supone que la ley del valor en el volumen 1 está basada en un modelo precapitalista, aunque varias páginas después sigue el rastro de Maurice Dobb y describe el nivel de análisis como una “cualificación sensible de una primera aproximación teórica” (pág. 15).

29 Meek, R., Studies in the Labour Theory…, pág. 303.

30 Ibíd.

31 Ibíd., pág. 305.

32 Ibíd., pág. XV

33 Ibíd., pág. 308.

34 Hans Georg Backhaus, “Materialien zur Rekonstruktion der Marxschen Werttheorie”, Gesellschaft: Beiträgezur Marxschen Theorie, Frankfurt, núm. 1, 1974, pág. 53

35 Marx, K., A contribution to the Critique of Political Economy, trad. S. W. Ryazanskaya, Moscú, 1970 [Siglo XXI], pág. 59 [44].

36 Marx, K., “Fragment des Urtextes von Zur Kritik der politischen Ökonomie”, en Marx, Grundrisse der Kritikder politischen Ökonomie, Berlin, 1953, pág. 904 [3: 165-66]

37 Marx, K., Theories of Surplus Value, 3.ª parte, trad. Jack Cohen y S. W Ryazanskaya, Moscú, 1971 [SigloXXI], pág. 74 [62] (la cursiva es mía).27

38 Marx, K., “Fragment des Urtextes”, pág. 904 [3: 165].

39 Marx, K., A Contribution to the Critique [Siglo XXI]., pág. 59 [44].

40 Eugen von Böhm-Bawerk, “Karl Marx and the Close of His System”, en Paul M. Sweezy (ed.), “Karl Marxand the Close of His system”, por Eugen Böhm-Bawerk, y “Böhm-Bawerk’s Criticism of Marx” por Rudolf Hilferding,New York, 1949. El artículo apareció originalmente como Zum Abschluss des Marxchen Systems, enOtto von Boenigk (ed.), Staatswissenschaftliche Arbeiten, Berlin, 1986.

41 Véase el resumen de Sweezy de esta discusión en The Theory of Capitalist Development, Nueva York, 1969,págs. 109-133.

42 Véase la introducción de Engels al Volumen 3 de Capital, pág. 93 [5]; véase también Ibíd., pág. 278 nota 27[224].

43 Marx, K., A Contribution to the Critique, pág. 62 [153].

44 Marx a Engels, 8 de enero de 1868, en Marx-Engels Werke (en adelante MEW), vol. 32, Berlin, 1956-1968[Marx/Engels, 1974], pág. 12 [153].

45 Joseph Schumpeter reconoce que criticar a Marx sobre la base de la desviación de los precios con respecto aros valores supone confundir a Marx con Ricardo: véase History of Economic Analysis, New York, 1954, págs.596-597.

46 Dobb, M., Political Economy and Capitalism, London, 1940, pág. 69.

47 Marx a Kugelmann, 11 de julio de 1868, en MEW, vol. 32 [Marx/Engels, 1974], pág. 553 [181] (la segunda cursiva es mía).

48 Marx, K., Capital, vol. 3, pág. 117 [30] (la cursiva es mía).

49 Ibíd., págs. 157-159 [76-77].

50 Engels editó para su publicación los manuscritos que luego fueron los volúmenes 2 y 3 de El Capital.

51 En este sentido, la teoría marxiana es similar al tipo de teoría de la práctica esbozada por Pierre Bourdieu (Autlán of a Theory of Practice, trad. Richard Nice, Cambridge, 1977), que se enfrenta con “la relación dialéctica entre las estructuras objetivas y las estructuras cognitivas y motivadoras que producen y que tienden a reproducirlas” (pág. 83), e intenta “dar cuenta de una práctica gobernada objetivamente por reglas desconocidas para los agentes [de un modo que] no enmascara la cuestión de los mecanismos que producen esta conformidad en ausencia de la intención de conformar” (pág. 29). El intento de mediar la relación por medio de una teoría socio-histórica del conocimiento y un análisis de las formas de aparición de las “estructuras objetivas” está en consonancia, si bien no es idéntico, con la aproximación de Bourdieu.

52 Ricardo, D., Principles of Political Economy and Taxation, P. Sraffa y M. Dobb (eds.), Cambridge, Inglaterra,1951, pág. 5.

53 Marx, K., Capital, vol. 3, págs. 968-969 [1056].

«Especificidad histórica: valor y precio», en el capítulo 4, “Trabajo abstracto”, de la obra de Moishe Postone, páginas 145-154.

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