Los primeros pasos: leyendo el primer cuaderno

Sabemos que el capital no ha dudado ni dudará en atacar por tierra, mar y aire en defensaGramsci-I-quaderni-del-carcere-ed-echi-in-Guttuso-Gallerie-dItalia-23052016-01 de sus privilegios e intereses; caiga quien caiga. Entre el mucho armamento pesado del que dispone, los mass media es uno de los más precisos: desinforman, manipulan y oscurecen la actualidad. Es lo que está pasando con la cobertura informativa de las protestas francesas contra la ley del trabajo: cero información.

Nosotros, sin embargo, pretendemos aclarar e iluminar la lectura del genio italiano Gramsci. Su obra fragmentaria, desarrollada en condiciones precarias no resulta sencilla. Por eso, aportamos hoy un artículo sobre el primer cuaderno. A cargo de Manuel S. Almeida Rodríguez, forma parte del libro Dirigentes y dirigidos: para leer los Cuadernos de la cárcel de Antonio Gramsci. Creo que vale la pena…

 Salud. Toni Olivé

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LOS PRIMEROS PASOS: LEYENDO EL PRIMER CUADERNO

Manuel S. Almeida Rodríguez

Empecemos por los comentarios de autocrítica que hace Gramsci a principios del cuaderno 8, escrito en 1931. Refiriéndose a sus escritos en la cárcel dedicados al estudio de los intelectuales italianos, Gramsci escribe:

1º. Carácter provisional ‘de memoria’ de tales notas y apuntes; 2º. De ellos podrán resultar algunos ensayos independientes, no un trabajo orgánico de conjunto; 3º. No puede haber todavía una distinción entre la parte principal y las secundarias de la exposición, entre lo que sería el ‘texto’ y lo que deberían ser las ‘notas’; 4º. Se trata a menudo de afirmaciones no controladas, que podrían llamarse de ‘primera aproximación’: cualquiera de ellas en la investigaciones ulteriores podría ser abandonada e incluso la afirmación opuesta podría demostrarse como la exacta; 5º. No debe dar una mala impresión la vastedad e incerteza de los límites del tema, por las cosas que acabo de decir: no tienen para nada la intención de compilar una miscelánea confusa sobre los intelectuales, una compilación enciclopédica que quiera colmar todas las ‘lagunas’ posibles e imaginables (1975: 935).

El comentario es importante en su totalidad en tanto es uno de los muchos comentarios hechos por Gramsci que muestran pleno reconocimiento de la crudeza y la falta de rigor apropiado de sus escritos carcelarios. Además de carecer en prisión de los recursos necesarios para la preparación adecuada para sus ambiciones intelectuales, a Gramsci ni tan siquiera se le permitía tener todos sus cuadernos a la vez, y sólo tenía acceso a un número limitado de libros.

Queremos, además, enfatizar otros dos asuntos de la cita anterior. El primero que merece mención es el comentario de Gramsci sobre la vastedad de sus notas escritas y compiladas. Su interés no es el de escribir y compilar información con pretensiones de agotar la materia. Es debido al carácter crudo de su trabajo carcelario, que el lector debe ir más allá de la multiplicidad y fragmentariedad de éste, y tratar de captar el hilo principal que le subyace. En este sentido, la escritura carcelaria de Gramsci es completamente dialógica ya que es una obra que sólo puede ser completada o armada por el lector, aunque usando ciertas medidas objetivas de interpretación. Por lo tanto, hasta en su escritura hay un impulso hacia la construcción de una experiencia colectiva. Es por ello que Giorgio Baratta (2003: 101-104) ha planteado que el dialogismo en Gramsci es incluso de naturaleza socrática. La preocupación constante por un modo efectivo de comunicación, especialmente dirigido a la construcción de un proyecto ético-político colectivo, está presente en todos los cuadernos y se explicita de forma particular cuando Gramsci trata los temas del lenguaje, la traducción, la comunicación entre los ‘viejos’ y los ‘jóvenes’, el asunto del liderazgo y la hegemonía, la cuestión nacional-popular, etcétera.

El segundo punto que queremos enfatizar de la cita anterior es la observación por parte de Gramsci de que los escritos carcelarios estaban en una etapa en la cual no se podía aún hacer la distinción entre el momento inicial de elaboración del trabajo y el momento de la exposición. En este sentido, y recordando los señalamientos hechos por Marx en su primer volumen de El Capital sobre la distinción entre el ‘método de investigación’ y ‘método de exposición’, podríamos decir que los Cuadernos están en una etapa ni tan siquiera cercana a la que estaban los Grundrisse. Por lo tanto, como argumenta Baratta (2003: 103), nos encontramos frente a una investigación dentro de la investigación, sin ninguna mediación o control intermedio.

No obstante, podemos argumentar que hay al menos dos momentos de revisión o de trabajo editorial. El primero de ellos es la repetición y traslado de textos de primera redacción a una segunda (de textos A a textos C, en la edición crítica de Valentino Gerratana). El segundo ‘que a menudo es simultáneo al primero’ es la reorganización de material ya redactado y su reagrupación en ‘cuadernos especiales’ (como les llama Gramsci) a partir de un criterio temático. Estos ‘cuadernos especiales’ intentan compilar notas sobre un mismo tema, que Gramsci presume podría formar la base potencial de varias monografías independientes aunque relacionadas, si dispusiera de los recursos apropiados. Es en gran medida el paso de notas mezcladas en cuadernos previos a su reorganización en cuadernos temáticos lo que hace que los Cuadernos no sean un zibaldone, una simple colección tosca de notas dispares, sino algo que muestra con bastante transparencia la preocupación subyacente del autor durante su encarcelamiento. Esta preocupación es analizar las formas dominantes de las relaciones de poder contemporáneas y a la vez establecer posibles premisas para una articulación radical entre dirigentes y dirigidos con miras a volverse movimiento colectivo de cambio. Dicho de forma más corta, su preocupación principal radica en la hegemonía y la contra hegemonía.

Sin embargo, el lector debe captar la preocupación principal a la vez que aprecia las diferentes discusiones particulares que se dan en la obra. Las discusiones particulares ‘ya sean de crítica literaria, de cuestiones lingüísticas, de economía, de filosofía, de política, etcétera’ cobran autonomía como temas, pero sólo relativamente. No podemos mas que citar al propio Gramsci cuando sugiere en el primer cuaderno un bosquejo general de trabajo crítico, a la vez que plantea la que hemos señalado como la forma apropiada de acercarse a los Cuadernos:

El mismo rayo luminoso pasa a través de diversos prismas y da diversas refracciones de luz: si uno quiere la misma refracción se necesita toda una serie de rectificaciones de los prismas individuales. La ‘repetición’ paciente y sistemática es el principio metódico fundamental. Pero una repetición no mecánica, material: la adaptación de todo principio a las diversas peculiaridades, presentando y re-presentando en todos sus aspectos positivos y en sus negaciones tradicionales, siempre organizando todo aspecto parcial en la totalidad. Encontrar la identidad real bajo la aparente diferenciación y contradicción, y encontrar la diversidad sustancial bajo la aparente identidad, ahí está la cualidad más esencial del crítico de las ideas y del historiador del desarrollo social (1975: 33-34).

Hay una clara diferencia cualitativa en el paso de los cuadernos iniciales a los cuadernos especiales que se puede captar tan sólo comparando unos con otros. Esto es particularmente claro cuando nos acercamos al primer cuaderno, cuya aproximación nos interesa en el presente capítulo.

El primer cuaderno, de 100 páginas, fue llenado de cabo a rabo, por las dos caras de cada página, haciéndolo un rico distintos temas, la mayoría de ellos desarrollados en cuadernos subsiguientes. La primera página del cuaderno –fechada el 8 de febrero de 1929 por el mismo Gramsci– tiene un bosquejo de trabajo. Los primeros apuntes que siguen a esa primera página, como comenta Gerratana en el aparato crítico de su edición de 1975, no fueron escritos hasta junio o julio de ese año, según la fecha de las fuentes sobre las cuales Gramsci comenta. Esto significa que entre esa primera página con el bosquejo de trabajo y el inicio de la redacción del resto de las notas hubo una pausa de alrededor de cuatro meses. Gramsci explica esa prolongada pausa, luego de tanto ambicionar el permiso para escribir en la cárcel, en una carta fechada el 9 de febrero de 1929, a su cuñada Tatiana:

¿Sabes? Escribo ya en la celda. Por ahora sólo hago traducciones, para reacostumbrar la mano: mientras tanto pongo mis pensamientos en orden (1996: 236).

En esos cuatro meses, Gramsci traduce mucho, especialmente del alemán. Como le comenta Gramsci (1996: 244) a su esposa Giulia en una carta durante ese tiempo, en ese punto lee menos pero trabaja más. Es natural que sintiera inseguridad para empezar a escribir extensamente sobre cualquier tema, especialmente luego de haber pensado en proyectos tan ambiciosos como los enumerados en la primera página del primer cuaderno. Encima de eso, se le había prohibido el uso de material para escribir en su celda durante los dos años y medio precedente. Su escritura, antes del permiso, se había limitado mayormente a cartas a sus familiares.

***

El primer cuaderno presenta ya al lector los temas más importantes que luego serán elaborados en los demás cuadernos. La complejidad del primer cuaderno, como de los otros cuadernos iniciales, recae en que contiene muchas notas sobre un número grande de temas variados, incluyendo notas sobre historia italiana, la iglesia, literatura, el Americanismo como fenómeno social, tipos de revistas, método, política, etcétera. Intercaladas entre las diferentes notas hay anotaciones bibliográficas y hasta comentarios para servir como recordatorios personales. Como veremos en lo que sigue, muchas de las palabras claves y temas importantes por los cuales Gramsci es bien conocido, se adelantan ya en el primer cuaderno, especialmente en sus notas sobre historia italiana. Aquí queremos tratar algunas de estas notas por el valor que luego cobrarán en los cuadernos subsiguientes.

Maquiavelo hace en el primer cuaderno una primera y rápida aparición como uno de los interlocutores intelectuales principales de la obra. Aunque con valor propio en términos de la interpretación histórica provista, las reflexiones gramscianas sobre Maquiavelo luego le servirán para aproximarse a la conjetura política específica de su momento y llegará a referirse al partido comunista como el “moderno Príncipe”. Es ésta una constante en la sensibilidad teórico-política de Gramsci: la necesidad de confrontar el pasado para hacerlo trabajar en el presente, es decir, el pasado es importante en cuanto ayuda a configurar el presente, y esto a la vez, servirá como base para la acción futura.

La primera nota sobre Maquiavelo (luego incluida en el cuaderno 13) trata sobre cuál debe ser la interpretación apropiada del trabajo del florentino. Gramsci (1975: 9) expresa la necesidad de situar a Maquiavelo en su contexto histórico, que incluye las luchas internas de la república de Florencia, las luchas entre los estados italianos y las luchas por parte de éstos en búsqueda de un equilibrio europeo. En su contexto, según Gramsci (1975: 9), Maquiavelo representa dentro de la península italiana una figura progresista que refleja “la filosofía política del tiempo que tiende hacia la monarquía absoluta nacional, la forma que puede permitir un desarrollo y organización burgueses”. Para Maquiavelo, el príncipe emplearía la necesaria fuerza unitaria con el apoyo de la masa de campesinos, comerciantes y la burguesía creciente en contra de la “anarquía feudal”. Esa figura del príncipe como agente dirigente y unificador luego será tomada por Gramsci en sus reflexiones sobre el partido político y la necesidad de construir un movimiento nacional-popular, aunque esta vez sobre la base de la alianza entre la clase obrera del norte y la masa de campesinos del sur.

Esta nota breve y temprana sobre Maquiavelo expresa la preocupación principal de Gramsci en sus Cuadernos: la centralidad de la relación entre dirigentes y dirigidos. El príncipe, según la interpretación de Gramsci, es insignificante por sí solo. Su importancia radica en su habilidad para servir como agente unificador, aglutinador, de fuerzas progresistas. Es por este rol que Gramsci luego toma la imagen del príncipe para describir al partido político moderno.1

Otro importante grupo de notas que inicia un tema constante de los Cuadernos es el dedicado a “Los nietecitos del padre Bresciani” (1975: 18-20, 30, 80-81, 92). Gramsci usa esa etiqueta para referirse a lo que entiende como una corriente literaria italiana compuesta por un grupo de escritores cuya literatura considera vacía, superficial, propagandística, revisionista y reaccionaria. Algunos de los autores agrupados bajo esta etiqueta son Ugo Ojetti, Alfredo Panzini (cuya Vita di Cavour es objeto de particular crítica en cuadernos subsiguientes), Salvator Gotta, Margheritta Sarfatti, Mario Sobrero (cuya novela Pietro e Paolo, de 1924, contiene un personaje que es una caricatura del militante Gramsci), Francesco Perri (a quien Gramsci critica por escribir en un estilo realista pero que carece de una perspectiva histórica apropiada), Leonida Repaci, Umberto Fracchia, entre otros.

Según Gramsci, es sintomático de la literatura producida por los nietecitos del padre Bresciani la falta de historicidad, el gusto por los lugares comunes del folclore, el énfasis en la propiedad del vocabulario y el uso consciente y a propósito de vocabulario rebuscado. Además, Gramsci (1975: 30) ve en ellos una tendencia a asumir una perspectiva paternalista y condescendiente hacia la gente común, perspectiva que presupone su inferioridad. Debe recordarse que para Gramsci (1975: 89-90, 2311-2314), el folclore es una “concepción del mundo y de la vida” implícita en los grupos subalternos que se caracteriza por su desorganización y heterogeneidad debido a la posición de subordinación y explotación sufrida por estos grupos. Esta actitud paternalista explica la denuncia de Gramsci a la caracterización aparentemente positiva, pintoresca, folclórica del pueblo por parte de los nietecitos, pues entiende que tal acción legitima y ayuda a mantener la sensibilidad popular común a nivel de lo folclórico. Al contrario, la perspectiva de Gramsci reconoce la necesidad de acercarse a la cultura folclórica, vista como una concepción de mundo popular caótica y desorganizada, no para apreciarla como algo bueno o neutral en sí, sino para depurarla, desmitificarla, organizarla y elevarla hacia una concepción del mundo conciente y coherente. Es en parte por esta línea de pensamiento gramsciano por lo cual siempre ha sido injusta la interpretación que ha querido hacer de Gramsci, y su noción de nacional-popular, propulsores de un tipo de populismo.

Es transparente, en su preocupación y su crítica al tipo de literatura producida por los nietecitos, que para Gramsci una reforma moral e intelectual debe incluir una batalla en todos los frentes, incluyendo el literario. Joseph Buttigieg (1992: 44-45) comenta que los nietecitos del padre Bresciani eran, “reaccionarios, así sea cuando se postulaban como protectores de la alta cultura o como exponentes de un populismo nacionalista y nostálgico”. Además, como continúa diciendo Buttigieg:

Muchas de las figuras asociadas con ambos el brescianismo y lorianismo contribuyeron a la atmósfera intelectual, o mejor, cultural, que preparó el terreno para el fascismo y ayudó a sostenerlo (1992: 45).

La etiqueta en sí hace referencia al padre jesuita, Antonio Bresciani (1792-1892), novelista histórico reaccionario. Más que por su obra, Bresciani es recordado por la brutal crítica que hiciera Francesco De Sanctis en 1855 a su novela, L’Ebreo di Verona, y que Gramsci conocía muy bien. De Sanctis (1965: 50-79) critica la perspectiva revisionista de la historia que tiene Bresciani que muestra los brotes revolucionarios de 1848 como producto de fanáticos, extremistas y sociedades secretas. También, De Sanctis denuncia la apropiación que hace Bresciani del lenguaje de los revolucionarios para la causa de la reacción y del catolicismo. Para Bresciani, la verdadera libertad sólo estaba presente dentro del catolicismo, mientras que la libertad que proclamaban los revolucionarios era mero libertinaje.

En cuanto a criterios formales, De Sanctis (1965: 76, 78) critica lo que entiende como mera retórica vacía y superficial, llena de lenguaje florido pero carente de sustancia. Como parte de esa superficialidad, critica el pobre desarrollo de los personajes. En términos de la narrativa, De Sanctis (1965: 73, 75) critica lo que ve como una colección de hechos y descripciones detalladas carentes de un motor subyacente.

Deberíamos también añadir la crítica que hace a Bresciani por su idiotización del elemento plebeyo en la obra.

En sus comentarios introductorios a la sección sobre estos textos gramscianos en el volumen que editó de escritos culturales, David Forgacs (en Gramsci 1985: 298) comenta que para Gramsci, “el punto era hacer un paralelo entre la reacción de Bresciani al 1848 y la de la prensa burguesa a la revolución bolchevique”. Esta reacción también permeó el ambiente cultural que explícita o implícitamente luego promovió el fascismo.

Parecido a lo que hace Gramsci con las figuras literarias agrupadas ligeramente bajo la etiqueta genérica de brescianismo, hace también con varias figuras intelectuales, pero esta vez asociadas a las ciencias sociales, bajo la etiqueta genérica de “lorianismo”. Esto ya se presenta también por primera vez en el cuaderno 1. El nombre “lorianismo” –por el economista italiano Achille Loria– es usado por Gramsci para referirse a aquellos intelectuales dentro de las ciencias sociales “cuyo crudo positivismo, oportunismo, pensamiento perverso y trabajo descuidado (y cómico, si no fuera por su influencia masiva) ejemplificada en el trabajo y la carrera del profesor de economía Achille Loria” (Buttigieg 1992: 43). Aún más, Loria fue visto por sus contemporáneos como un representante importante del pensamiento socialista y, a su vez, como representante de una alternativa fuerte frente a Marx. Además, como en el caso de Bresciani, Loria es recordado más por los brutales ataques dirigidos a su trabajo por Engels, en su prefacio al tercer volumen de El Capital de Marx, que por su obra en sí.

En el contexto italiano, Benedetto Croce dejó una crítica memorable de Loria. Aunque la extensión de Loria a “lorianismo” como útil y genial etiqueta con la cual dirigirse a un grupo de intelectuales fue creación de Gramsci, muchas de las características básicas atribuidas a Loria y al lorianismo son tomadas de la crítica hecha por Croce (1907: 35-71), que Gramsci también conocía muy bien. En su ensayo temprano, de aparición original en 1896, Le teorie storiche del Prof. Loria, Croce –aún no habiendo renegado del marxismo por completo– defiende la obra de Marx y el materialismo histórico como canon de interpretación histórica frente a lo que entiende como una interpretación deshonesta y vulgar por parte de Loria. Entre otras cosas, Croce (1907: 56-58) critica la interpretación de Loria según la cual para Marx la causa final subyacente al desarrollo económico es el desarrollo gradual del “instrumento técnico”. Croce muestra que Loria, a la vez que usa partes del famoso prefacio de Marx para sostener su argumento, arbitrariamente sustituye las palabras “instrumento técnico” por las originales en el texto de Marx de “fuerzas materiales de producción”, cambiando por completo el sentido del texto y el argumento marxiano. Como sostiene Croce (1907: 58), cuando Marx habla de las condiciones materiales subyacentes al desarrollo económico, no las reduce “a la sola ‘metamorfosis del instrumento técnico’ ”. Además, para el Croce de esta etapa, Marx no estaba en la búsqueda de causas finales de las cosas.

Otra crítica de Croce (1907: 63-64), y que se sigue de la que acabamos de exponer, va contra la falta de entendimiento por parte de Loria de cómo es que en la concepción de Marx se da la coincidencia de los elementos subjetivos y objetivos para que se produzca una crisis revolucionaria y de cambio. Como el enfoque de Loria se centra en el “instrumento técnico”, en la tecnología sola, le resulta extraño o ajeno que un cambio tecnológico pueda producir una explosión revolucionaria. Citamos la respuesta de Croce al asombro e incredulidad de Loria:

Loria no ha comprendido que Marx no hace de la historia algo automático. El organismo capitalista produce la proletarización y anarquía social y mundial: esas son condiciones factuales; y tales condiciones hacen posible la acción proletaria hacia una nueva ascensión social. ‘La humanidad no se propone aquellos problemas que no puede resolver’. Aquí está la obvia concesión entre el hecho económico y la acción revolucionaria, que le parece a Loria un concepto místico (1907: 64).

Además de estas dos críticas principales, Croce arremete una y otra vez contra Loria por su injustificada arrogancia intelectual. Croce (1907: 38) incluso llega a acusarlo de ser un mero plagiador –aunque de forma distorsionante– de Marx. Denuncia como falsas sus pretensiones de originalidad, y su pretensión de comprender y trascender la obra de Marx cuando lo que realmente termina haciendo es elaborando una cruda versión de economicismo.

En la primera nota que Gramsci dedica a Loria hace referencia explícita al ensayo de Croce. Acepta estas críticas a Loria, cuestionando sus pretensiones de originalidad a la vez que expande el asunto. Para Gramsci, Loria representaba una corriente de opinión pública de cierta reputación con la cual había que vérselas porque pretendía superar al marxismo. Citamos a Gramsci:

Loria no es caso teratológico individual: es el ejemplo más completo y terminado de una serie de representantes de una cierta capa intelectual de cierto período; de los intelectuales positivistas en general que se ocupan de la cuestión obrera y que más o menos creen profundizar, o corregir o sobrepasar al marxismo. Enrico Ferri –Arturo Labriola– Turati mismo podrían proveer un sembradío de observaciones y anécdotas.

Y termina la nota apuntando al problema real subyacente a los casos individuales de intelectuales como Loria:

Por lo tanto, en términos generales, el lorianismo es una característica de un cierto tipo de producción literaria y científica en nuestro país […] conectada a la pobre organización de la cultura y, por lo tanto, a la ausencia de control y crítica (1975: 22).

La importancia de Loria y el “lorianismo” para Gramsci, entonces, radica en su función más amplia a nivel social y cultural. Además, deben recordarse las reflexiones de Gramsci sobre el marxismo como una filosofía de la praxis, en contra de las interpretaciones positivistas o economicistas. Ya antes de ser encarcelado, Gramsci había criticado esas posturas y luego en sus Cuadernos esa crítica seguirá, no sólo en sus ataques al lorianismo, sino también al “Manual popular” de Bujarin. Para Gramsci, de nuevo, el problema no es solamente lo que representa el lorianismo como corriente intelectual, sino lo que dice de una sociedad que produce tal corriente y le da prestigio. Esta aproximación a intelectuales y corrientes intelectuales es sintomática de la perspectiva gramsciana, y se ve ejemplificada cuando desarrolla el tema de la ausencia de una literatura nacional-popular en Italia, como la que sí había en Francia.

Otros temas ya adelantados en el primer cuaderno incluyen aquellos por los cuales Gramsci es más conocido como: la noción de intelectuales, la cuestión de la hegemonía, la formas de lucha política, la concepción del estado. Todos estos temas reflejan lo que hemos venido señalando como su preocupación central en los Cuadernos: las relaciones entre dirigentes y dirigidos.

Por un lado, Valentino Gerratana (1997: 122) tiene toda la razón cuando plantea que, en las elaboraciones más ricas de Gramsci, es decir, en la noción de hegemonía en los Cuadernos, éste vio la necesidad de construir una teoría comprensiva de la hegemonía que intentara entender “tanto la hegemonía proletaria como la hegemonía burguesa, como, en general, toda relación de hegemonía”. Por otro lado, sin embargo, antes de llegar a este punto de abstracción analítica y de generalización, Gramsci expresó sus primeras observaciones sobre la hegemonía y sus elementos constitutivos en varias notas en el primer cuaderno a través de un acercamiento al Risorgimento, el proceso de unificación nacional italiana. Por ejemplo, en la nota 43, Gramsci inicia un análisis diferencial de la composición de los intelectuales en el norte comparados a los del sur de la península. En esta nota, Gramsci está retomando la discusión que había llevado a cabo en su ensayo del 1926 sobre la cuestión meridional. En aquel trabajo, Gramsci ya había adelantado su preocupación de analizar a los intelectuales en su capacidad para ligar un bloque social determinado, es decir, de conectar los grupos dominantes con los grupos dominados. Por un lado, en el sur, discute Gramsci (1975: 35), el tipo de intelectual reinante es “el tipo del ‘abogado’, que pone en contacto a la masa campesina con la de los terratenientes y con el aparato de estado”. Por otro, en el norte, el tipo principal es “el ‘técnico’ de oficina que sirve como conexión entre la masa de obreros y la clase capitalista; la conexión entre la masa de obreros y el Estado fue conseguida por los organizadores de sindicatos y por los partidos políticos, es decir, por un grupo intelectual completamente nuevo”.

Algunas breves observaciones sobre estas exploraciones iniciales de la noción de intelectual. Lo primero que puede anotarse es que, como es bien conocido, para Gramsci la noción de intelectual no se refiere a la noción del sentido común que ve al intelectual como una persona meramente bien educada e ilustrada. Segundo, que se sigue de lo primero, que el elemento definitorio del tipo de intelectual que analiza es su habilidad para contribuir al mantenimiento (o, al contrario, a la subversión) de una articulación particular entre dirigentes y dirigidos. El énfasis se da en su capacidad de articular, de relacionar, y no en un valor o capacidad intrínseca alguna. Por lo tanto, debido al desarrollo y composición desigual entre el sur y el norte de Italia, el rol de intelectual es aplicado a diferentes grupos o individuos. El intelectual es el que sabe, es el que organiza, conecta, liga. Como plantea Gramsci en el primer cuaderno:

Por intelectuales tenemos que entender no [sólo] aquellos grupos comúnmente designados con esa denominación, sino en general toda esa masa social que ejerce funciones organizativas en un sentido laxo, tanto en el campo de la producción, como en el cultural, como en el político-administrativo (1975: 103).

El tema será retomado luego, especialmente en el cuaderno 12, y Gramsci distinguirá ya propiamente entre dos categorías, los intelectuales orgánicos y los tradicionales. Cada clase social, argumentará Gramsci, se crea su propio grupo de intelectuales orgánicos.

Junto al tema de los intelectuales como organizadores sociales, Gramsci le da importancia a la noción de transformismo, que no inventa sino que recoge del vocabulario de la política italiana, especialmente de la política italiana de 1870 y 1880. En su uso original, la noción de transformismo se refería a la práctica de formación de mayorías parlamentarias basadas en alianzas entre sectores diferentes, a cambio de favores o patronazgos de diversa índole. En el análisis de Gramsci (1975: 42), toda clase social no sólo crea sus propios intelectuales orgánicos sino que, si desea ejercer completa dirección, debe ser capaz de cooptar (transformar) a los intelectuales de las clases sociales antagónicas. Esta cooptación de las capas intelectuales de sectores opositores está en el corazón de lo que Gramsci quiere decir con la noción de transformismo.

Por su parte, la noción de hegemonía ya va adquiriendo su particular color gramsciano en el primer cuaderno también, dentro de las reflexiones sobre el Risorgimento en la nota 44. En esta nota, Gramsci (1975: 40-41) argumenta que la razón por la cual los moderados fueron más fuertes que el Partido de Acción fue que su base social era más homogénea y, por lo tanto, más sólida. Las fuerzas moderadas, continúa, lograron dirigir el Partido de Acción incluso después del 1870 a través de la práctica de transformismo. En medio de esta reflexión, Gramsci comenta:

El criterio histórico-político sobre el cual la investigación debe estar basada es este: que una clase es dominante de dos formas, es decir, es ‘dirigente’ y ‘dominante’. Es dirigente de las clases aliadas, es dominante de las clases adversarias. Por esto, antes de subir al poder una clase puede ser ‘dirigente’ (y debe serlo): cuando está en el poder se vuelve dominante pero también continúa siendo ‘dirigente’.

Y continúa:

Puede y debe existir una ‘hegemonía política’ incluso antes de haber llegado al Gobierno y uno no debe sólo descansar en el poder y en las fuerzas materiales que provee para ejercer dirección o hegemonía política (1975: 41).

Aunque la noción y temática de la hegemonía será elaborada y enriquecida en los cuadernos especiales (especialmente el 10, 11, 12 y 13), y se volverá una categoría analítica con la cual calibrar el estado moderno, ya aquí vemos en estas reflexiones iniciales algunos de sus elementos constitutivos claves. Se presenta como forma de ejercer el poder opuesta al uso transparente de la fuerza. Se presenta como una práctica de poder que descansa en la conquista y mantenimiento del consentimiento activo o pasivo de las clases subalternas o, al menos, de sus componentes más activos. Además, la hegemonía aquí ya se plantea como una práctica tanto de un grupo en el poder como de un grupo que quiera adquirir poder, es decir de la práctica política de la hegemonía y de la contra-hegemonía. Y, como con el leitmotiv de los Cuadernos en general, en el núcleo de la hegemonía está plenamente la problemática de las relaciones entre dirigentes y dirigidos.

Cabe mencionar también que en el primer cuaderno ya se atisban algunas de las otras nociones claves de Gramsci, las de guerra de movimiento y guerra de posiciones. Estas primeras apariciones, como las de guerra de movimiento y guerra de posiciones, y las que ya hemos comentado anteriormente, están atadas a referencias históricas específicas. La distinción entre formas de lucha política (guerra de movimiento/guerra de posiciones), por ejemplo, es desarrollada cuando Gramsci (1975: 122) analiza las luchas en India por la independencia de los ingleses en la nota 134. En cuadernos posteriores, muchas de estas reflexiones se desarrolladan y cobrarán más autonomía, convirtiendo estos temas y nociones en útiles herramientas analíticas y conceptuales.

***

Este breve recorrido por algunos de los temas ya iniciados por Gramsci en su primer cuaderno carcelario va dirigido a mostrar cómo, en sus primeras apariciones, los múltiples y diversos temas trabajados a lo largo de su vida en la cárcel fueron todos partes del primer impulso de reflexión intelectual. Fueron todos, aun con sus diferencias, partes del proceso de lluvia de ideas inicial. Nos enfocamos en el primer cuaderno porque muestra una clara diferencia con el tipo de trabajo, mejor organizado, contenido en cuadernos posteriores, especialmente los llamados cuadernos especiales o temáticos. Muchas de las notas del primer cuaderno serán luego repetidas, reorganizadas, modificadas o sencillamente canceladas en futuros cuadernos, dando objetivamente más importancia hermenéutica al trabajo en los cuadernos especiales, pues estos parecen mostrar un trabajo de revisión por parte del mismo Gramsci. ¿Por qué, entonces, acercarse al primer cuaderno? Porque muestra, ya en la misma materialidad de su escritura, que los temas aun superficialmente diferentes de la obra madura gramsciana están íntimamente relacionados unos con otros, como el rayo que da diferentes refracciones de luz al pasar por prismas diversos.

La concepción marxista de Gramsci reclama la perspectiva de la totalidad, pero sin perder el respeto necesario por lo particular y lo distinto. Por tanto, de haber una reforma moral e intelectual, la filosofía de la praxis debería competir en todos los frentes. En este sentido, la crítica al lorianismo, al brescianismo, a la filosofía de Croce, al americanismo, etcétera, no son asuntos distantes de aquellos que conciernen explícitamente a la estrategia política. Todas estas reflexiones forman parte de un impulso abarcador de trabajar en contra de la hegemonía dominante en todos los frentes de batalla, contribuyendo así a una amplia contra-hegemonía.

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