Repensando el «Bolívar» de Karl Marx

marx-bolivar-edo-twt PRORecordábamos no hace mucho la colaboración de Karl Marx en el New York Daily Tribune, de Nueva York a los efectos de ganarse un dinerillo. Pero esa no fue su única incursión en el periodismo estadounidense. Otra vez, de la mano de Charles Dana, también colaboró con la Nueva Enciclopedia Americana, con el encargo de escribir una serie de artículos sobre personajes de interés en el mundo. Entre estos personajes estaba Simón Bolívar. Bien sea porque a Marx le molestaban más de lo normal los forúnculos, bien porque se apoyó en una bibliografía sesgada, lo cierto es que el artículo en cuestión le daba candela a Bolívar a base de bien.

Sobre esta cuestión va el artículo de Néstor Kohan donde se profundiza este episodio. Os recomendamos también un interesante artículo de Alberto Pinzón Sánchez en el que mantiene que este artículo no es obra de Marx. Veamos…

Salud. Olivé

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REPENSANDO EL «BOLÍVAR» DE KARL MARX

Néstor Kohan

 

¿Adónde irá Bolívar?¡Al brazo de los hombres

para que defiendan de la nueva codicia,

y del terco espíritu viejo, la tierra

donde será más dichosa y bella la humanidad!

José Martí. Discurso del 28 de octubre de 1893

 

Un bicentenario para repensar sin miedo

Cuando en 1989 se cumplió el bicentenario de la Revolución francesa la cultura política europea rememoró antiguos debates postergados. Las urgencias políticas del momento no dejaron margen a la serenidad. ¡Había que liquidar con premura y caiga quien caiga toda huella de pensamiento crítico! La bochornosa caída del muro de Berlín prometía arrasar con cualquier proyecto de emancipación radical que pretendiera ir más allá del límite histórico alcanzado por la Revolución francesa de 1789 (revolución que, dicho sea de paso, no era concebida de manera integral como habían sugerido las investigaciones de Albert Soboul y otros clásicos de la historiografía marxista sino que incluso era reducida a la caricatura del denominado “terror jacobino1).

Dos décadas después de aquella celebración europea que pretendía enterrar definitivamente a Karl Marx bajo el polvo y los escombros de esa pared caída en Berlín, las piruetas del calendario remiten ahora a otra fecha histórica, centrada en esta oportunidad en América Latina. En este nuevo bicentenario del año 2010 nos encontramos cara a cara con el inicio en 1810 de la independencia continental frente al colonialismo europeo 2. Nuevamente afloran numerosos debates políticos e interrogantes teóricos postergados donde la discusión sobre el pasado nos sugiere repensar el horizonte presente y futuro.

Pero nuestro tiempo es notablemente distinto al clima asfixiante de 1989… Dos décadas después de la caída del muro de Berlín, el sistema capitalista atraviesa una nueva crisis aguda, sólo comparable con la de 1929. Nos encontramos bien lejos de la euforia etílica que emborrachó la futurología neoliberal de Francis Fukuyama así como también de la orgía triunfalista de Bush padre y su cómplice germano Helmut Kohl. En todo el orbe crecen hoy las resistencias y la indisciplina, se generalizan las tensiones sociales y las contradicciones antagónicas del capital emergen exacerbadas a flor de piel.

En ese nuevo marco mundial Estados Unidos (y su sistema vigilante de policía mundial disfrazado de “multiculturalismo”) se enfrenta a nuevos disidentes radicales. Retornan a escena la prédica antiimperialista, el viejo sueño de hermandad latinoamericana, los ideales libertarios y proyectos emancipadores todavía incumplidos de Simón Bolívar, José Carlos Mariátegui y Ernesto “Che” Guevara. Una tradición de pensamiento crítico que este nuevo bicentenario nos invita a repensar, recuperar y actualizar.

Bolívar y el problema (inconcluso) de la nación latinoamericana

Durante los últimos años desde los centros académicos que marcan y condicionan la agenda del debate teórico se decretó el fallecimiento repentino y se labró el acta de defunción “definitiva” del estado-nación. Con la emergencia de la globalización, se nos dijo, dejó de tener sentido la lucha por la liberación nacional en los países dependientes, periféricos, coloniales o semi-coloniales ya que supuestamente habría desaparecido el imperialismo y ningún estado-nación ocuparía ese rol tan característico de la dominación del capital que marcó a fuego todo el siglo XX 3.

Dejando a un lado la refutación de ese lugar común tan difundido por los monopolios de (in)comunicación, de endeble fundamentación teórica, débil sostenimiento empírico y sospechosa posición política 4, creemos que hoy se torna necesario e imperioso abordar y retomar esta problemática desde un ángulo bien distinto.

A diferencia de la tradicional “cuestión nacional” tal como fue abordada por los clásicos del marxismo europeo —naciones oprimidas y aisladas que luchaban por romper esa dominación y desplegar su soberanía al interior de su propio estado nación—, la cuestión nacional latinoamericana poseía y posee otra dimensión, riqueza, extensión y complejidad. En el caso europeo, muchas veces las naciones ya estaban constituidas desde inicios de la modernidad y lo que quedaba aún pendiente era sacarse de encima la indignante bota imperial de las naciones opresoras. Polonia fue, quizás, uno de los casos emblemáticos junto con Irlanda en el siglo XIX. La misma Irlanda y fundamentalmente Euskal Herria (el país vasco) constituyen todavía en la actualidad un fenómeno análogo de opresión nacional.

Sin embargo, cuando abordamos esta misma discusión en América Latina el problema se condensa y se complejiza todavía más. Porque en nuestro continente, la pugna por constituir una gran nación integradora frente a la dominación (externa e interna) estuvo presente de manera inacabada e inconclusa desde sus mismos inicios.

Ya en 1810, y desde entonces en adelante, el proyecto político independentista aspiraba en sus promotores más radicales constituir una gran nación latinoamericana (sus clases dominantes y las élites locales, débiles, mezquinas y miopes socias menores de la dominación externa, fueron también responsables del fracaso de ese ambicioso proyecto de soberanía integral). En este sentido la nación no estaba en Nuestra América constituida esperando a que se la libere. Había que constituirla al mismo tiempo que emanciparla.

La nación latinoamericana, «un solo país, la Patria Grande», como la denominaba el libertador Simón Bolívar [1783-1830], es todavía hoy, dos siglos después, un proyecto inconcluso, pendiente y a futuro.

Retomar ese proyecto nos permitiría descentrar los falsos dilemas que dicotomizan el debate con los falsos términos de globalización desterritorializada versus nacionalismo estrecho y provinciano. Cosmopolitismo falsamente universal (que en realidad generaliza como “universal” valores y culturas típicas y exclusivas del american way of life) versus fundamentalismos parroquiales (cuanto más débiles, más intolerantes).

El proyecto político que impulsó Simón Bolívar en las luchas de independencia era mucho más complejo, rico y radical que esa idea fofa, amorfa, vagamente humanitarista y absolutamente genérica, muy a gusto del pensamiento “políticamente correcto” de nuestros días, al estilo de las ONGs europeas o norteamericanas o incluso de la UNESCO. Bolívar pensaba sus proyectos incluyendo como eje la educación popular (qué él resumía como “Moral y luces” siguiendo a su maestro Simón Rodríguez [1769-1853]) pero siempre a partir de la confrontación. La única libertad auténtica se conquista luchando. La batalla de las ideas sola y aislada es buena, pero sin confrontación jamás podrá vencer. La hegemonía constituye la combinación de la persuasión del consenso pero al mismo tiempo de la confrontación a través del ejercicio de la fuerza material. La zorra y el león.

El libertador había proyectado e imaginado su utopía radical de «Patria Grande» del siguiente modo:

“Es una idea prodigiosa pretender formar de todo el mundo nuevo una sola nación con un solo vínculo que ligue sus partes entre sí y con el todo. Ya que tiene un origen, una lengua, unas costumbres y una religión, debería por consiguiente tener un solo gobierno que confederase los diferentes estados que hayan de formarse […]” 5.

En el mismo sentido sostenía:

“Yo deseo más que otro alguno ver formar en América la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riquezas que por su libertad y su gloria” 6.

Aunque se negaba a construir castillos utópicos en el aire debido a las guerras de liberación (que desarrollaba junto con José de San Martín [1778-1850] en el sur y otros revolucionarios continentales que compartieron y pelearon por ese mismo proyecto durante aquella época) y a las disputas internas que desangraban el continente, Bolívar aspiraba a un sistema republicano —el más avanzado en aquel entonces— para esa Patria Grande. Educado por el maestro Simón Rodríguez, ponía a la igualdad en lo más alto de su pensamiento: “He conservado intacta la ley de las leyes —la igualdad— sin ella perecen todas las garantías, todos los derechos. A ella debemos hacer los sacrificios. A sus pies he puesto, cubierta de humillación, a la infame esclavitud7.

De allí que afirme: “Por estas razones pienso que los americanos, ansiosos de paz, ciencias, artes, comercio y agricultura, preferirían las repúblicas a los reinos, y me parece que esos deseos se conformarán con las miras de Europa8.

Esa república era concebida por Bolívar como una instancia intermedia de equilibrio entre “la libertad indefinida, ilimitada y la democracia absoluta” —para él el ideal, pero que no concibe como posible pues sería necesario contar con “ángeles, no hombres”— y el despotismo tiránico. Resumiendo ese sentido republicano, donde no se cansa de elogiar las elecciones periódicas (para que el pueblo no se acostumbre a obedecer y el gobierno no se acostumbre sólo a mandar, según sus propias palabras), Bolívar resume su proyecto afirmando que no combate “por el poder, ni por la fortuna, ni aun por la gloria, sino tan solo por la libertad9.

La salida estratégica era, a contramano de tanto “nacionalismo” estrecho, provinciano y parroquial, la unidad continental contra la dominación: “Seguramente la unión es la que nos falta para completar la obra de nuestra regeneración […] lo que puede ponernos en aptitud de expulsar a los españoles, y de fundar un gobierno libre. Es la unión, ciertamente, mas esta unión no nos vendrá por prodigios divinos, sino de efectos sensibles y esfuerzos bien dirigidos 10.

Idea que reafirma una y otra vez sosteniendo: “Unidad, unidad, unidad, debe ser nuestra divisa11.

Clase y nación

En nuestra América, liberarnos entonces de la dominación colonial, neocolonial e imperialista presupone al mismo tiempo construir la Patria Grande. No habrá liberación nacional sin emancipación social y jamás lograremos reorganizar la nueva sociedad sobre bases no capitalistas ni mercantiles si al mismo tiempo no logramos constituir ese proyecto inacabado de Patria Grande, rompiendo con toda sumisión y dependencia. No hay ni puede haber dos “etapas” separadas (como le gustaba repetir al señor Stalin) ni dos revoluciones diferentes: el proceso de la revolución latinoamericana es y deberá ser al mismo tiempo socialista de liberación nacional, es decir, de liberación continental. La dominación de clase y la cuestión nacional no conforman procesos escindidos en tiempo y espacio sino hilos de un mismo tejido social que se conformó de esa forma —subordinada al sistema capitalista mundial a través de sus socios locales, las burguesías lúmpenes y dependientes— desde nuestros inicios históricos.

Por eso Mariátegui —el primer marxista de Nuestra América— pudo escribir un siglo después de Bolívar que “La misma palabra Revolución, en esta América de las pequeñas revoluciones, se presta bastante al equívoco. Tenemos que reivindicarla rigurosa e intransigentemente. Tenemos que restituirle su sentido estricto y cabal. La revolución latinoamericana, será nada más y nada menos que una etapa, una fase de la revolución mundial. Será simple y puramente, la revolución socialista. A esta palabra, agregad, según los casos, todos los adjetivos que queráis: «antiimperialista», «agrarista», «nacionalista-revolucionaria». El socialismo los supone, los antecede, los abarca a todos12.

Ese es precisamente el programa bolivariano y mariateguista que retoma y actualiza Ernesto “Che” Guevara en el último de sus mensajes al mundo, oportunidad en la que partiendo de su experiencia concreta al frente de la Revolución cubana sintetiza su interpretación sociológica e historiográfica de la historia de Nuestra América, de donde deduce un proyecto estratégico y político a futuro: “Por otra parte las burguesías autóctonas han perdido toda su capacidad de oposición al imperialismo —si alguna vez la tuvieron— y sólo forman su furgón de cola. No hay más cambios que hacer; o revolución socialista o caricatura de revolución13.

Hoy, en el siglo XXI, ya está completamente fuera de discusión que ese proyecto mariateguiano y guevarista de revolución socialista continental o, en otras palabras, ese proyecto de Patria Grande antiimperialista y socialista al mismo tiempo, está inspirado directamente en el ideario independentista bolivariano.

El «Bolívar» de Marx

Sin embargo no podemos ni debemos desconocer las agudas tensiones que marcaron la relación entre el universo cultural inspirado en los sueños libertarios de Simón Bolívar y la lectura política que se deriva de la concepción materialista de la historia y la filosofía de la praxis cuyo padre fundador ha sido Karl Marx.

Varios problemas pasaron a la herencia del movimiento revolucionario latinoamericano y mundial debidos al tan poco feliz artículo escrito por Marx a fines de 1857 y comienzos de 1858, mientras redactaba la primera versión de El Capital, hoy conocida como los Grundrisse (cuya redacción sólo interrumpe momentáneamente por necesidades económicas). En aquel trabajo periodístico-biográfico Marx se esfuerza por denostar a Bolívar hasta el límite que le permite su prosa, envolviéndolo en una suerte de bonapartismo reaccionario 14.

En la gestación del artículo incidieron diversas variables. Para sobrevivir exiliado en Londres, Marx comienza a trabajar como periodista, colaborando a la distancia en el New York Daily Tribune —por entonces uno de los periódicos más leídos de EEUU— por invitación de Charles Anderson Dana [1819-1897]. En su correspondencia Marx reconoce que ese trabajo es realizado por necesidad: “El continuo estercolero periodístico me aburre. Me ocupa mucho tiempo, dispersa mis esfuerzos y, en último análisis, no es nada […] Las obras puramente científicas son algo completamente diferente”. No obstante, esos artículos le permiten ampliar la mirada y desprenderse de muchos tics eurocéntricos que habían teñido su prosa en años anteriores 15. Algunos escritos y artículos del período los incorpora, incluso, a El Capital. Engels lo ayuda (redactando textos que Marx firma para cobrarlos). En total, el Tribune publica 487 artículos de Marx: 350 escritos por él, 125 por Engels y 12 en colaboración. Marx mantiene ese vínculo periodístico desde 1851 hasta 1862.

En abril de 1857 Charles Dana invita a Marx a colaborar también sobre temas militares en la Nueva Enciclopedia Americana (comprende 16 volúmenes y más de 300 colaboradores). En total, la Enciclopedia publica 67 artículos de Marx y Engels, 51 de ellos escritos por Engels (con investigación de Marx en el Museo Británico). La colaboración de ambos no pasa de la letra “C”. Entre otros, Marx escribe el capítulo “Bolivar y Ponte” sobre el libertador americano (aproximadamente entre septiembre de 1857 y enero de 1858 16).

Como ya señalamos, Marx realiza una evaluación sumamente negativa de Bolívar. No comprende su papel de primer orden en la emancipación continental del colonialismo español ni su proyecto de construir una gran nación latinoamericana («la Patria Grande» en el lenguaje de Bolívar).

Resulta más que probable que las fuentes historiográficas -férreamente opositoras al líder independentista- que Marx encuentra en el Museo Británico y en consecuencia utiliza tiñan su sesgado análisis. Para investigar, Marx recurría siempre a las bibliotecas públicas y en ellas sólo encontró esa bibliografía disponible.

Su pequeño ensayo biográfico se basa principalmente en los trabajos del general francés H.L.V. Ducoudray Holstein (que llevan por título Memorias de Simón Bolívar, presidente Libertador de la República de Colombia, y de sus principales generales; historia secreta de la revolución y de los hechos que la precedieron, de 1807 al tiempo presente. Boston, 1829); en las Memorias del general Miller al servicio de la República del Perú de los hermanos británicos William y John Miller (Londres, 1828 y 1829, dos volúmenes) y en los trabajos del coronel británico Gustavo Hippisley (tituladas Una narración de la expedición a las riberas del Orinoco y e Apure, en Suramérica; la cual salió en Inglaterra en noviembre de 1817, y se integró a las fuerzas patrióticas en Venezuela y Caracas. Londres, 1829). Todos ellos son soldados europeos que, por diversos motivos, mantuvieron conflictos personales con Bolívar 17.

Analizando críticamente esas mismas fuentes pertenecientes a “tres autores conocidos y considerados como los mayores desertores de la Legión Británica” y tratando además de sistematizar ese injustificado ataque de Marx en toda la línea, Vicente Pérez Silva enumera las acusaciones contra El Libertador que bosqueja la pluma de Marx: a) oportunismo, b) cobardía, c) traición, d) realismo, e) fanfarronería, f) deserción, g) imprevisión, h) irresponsabilidad, i), venganza, j) tendencia o gusto por la dictadura, k) incapacidad, l) indolencia y finalmente m) ambición 18. De todas ellas no se deriva sino una opinión prejuiciosa, que realmente asombra pues ese estilo de escritura y de investigación se encuentra ausente en el 99% de la obra de Marx, paradigma universal si los hay de lo que debe ser un investigador científico y crítico.

Para justificar la superficialidad o lo erróneo de esos juicios históricos de Marx se ha subrayado que su autor escribió esas líneas sobre Bolívar con extrema rapidez y únicamente con el fin de ganarse el pan, robándole tiempo a lo que más le interesaba en ese momento que era comenzar a redactar nada menos que El Capital, lo cual no deja de ser cierto. Sin embargo, el objetivo alimenticio-salarial no resulta suficiente para legitimar esa incomprensión prejuiciosa pues el mismo Marx le confiesa a Engels que el editor Dana le ha reprochado el “estilo partisano” empleado en el mencionado artículo 19. Es decir que Marx no escribe así respondiendo a una demanda de su empleador —como suele suceder en el periodismo comercial— sino por decisión propia, incluso contrariando la opinión de su editor, quien se queja y le reprocha dicho ataque 20.

Esforzándose por indagar una razón más profunda de este desencuentro de Marx con Bolívar, Ana María Rivadeo sostiene: “La historia de América Latina se caracteriza, en efecto, en ese momento, por la ausencia de una voluntad nacional y popular de las élites criollas que habían encabezado la independencia. Esta debilidad de las élites, aunada a la ausencia de masas populares con un proyecto autónomo, configuran una situación histórica que no favorece la apertura, en el pensamiento de Marx, de un horizonte de búsqueda teórica análogo al que ya había considerado para otros procesos, o a los que consideraría en el futuro— Irlanda, Rusia21.

De todos modos, justo es subrayar y destacar que en su discutible escrito sobre Simón Bolívar, aun lleno de dudosas e ilegítimas impugnaciones contra el libertador americano, Karl Marx no deja de reconocer que “La intención real de Bolívar era unificar a toda América del Sur en una república federal22.

¿Polemizar con el populismo abandonando a Bolívar?

Lo paradójico del asunto reside en que no sólo Marx —por las limitaciones señaladas— equivocó el camino cuando debía encontrarse con Bolívar. Varias décadas después uno de los principales fundadores del marxismo latinoamericano, Aníbal Norberto Ponce, vuelve a incurrir en idéntico error.

Erudito, original y creador —él fue probablemente la principal fuente en la que incursionó el Che Guevara a la hora de reflexionar y escribir sobre “el hombre nuevo” como núcleo del socialismo y la sociedad del futuro—, Ponce apela al discutible artículo de Marx para polemizar con el populismo latino-americano. Con ese objetivo publica en el primer número de su revista Dialéctica aquel trabajo sobre Simón Bolívar 23, reproducido con la intención de contrarrestar los artículos “Por la emancipación de América latina” del peruano Víctor Raúl Haya de la Torre y “Bolivarismo y Monroísmo” del mexicano José Vasconcelos. Ponce no sólo lo publica sino que además lo celebra, al describirlo “tan jugoso a pesar de su aspecto seco y áspero”. En lugar de disputarle al populismo fundado por el APRA de Haya de la Torre la tradición antiimperialista —como hicieron Mariátegui en Perú y también Mella, primero en Cuba y luego en México—, Ponce cree convertirse en un auténtico “marxista” despojándose de toda ligazón con la herencia bolivariana. Notable error que si en tiempos de Marx era, después de todo, comprensible por la falta de información y el carácter sesgado de la escasa bibliografía accesible en el Museo Británico sumada a las otras circunstancias mencionadas en las que escribió su ensayo, en Ponce no deja de constituir un tropezón teórico que nada le debe ni le aporta al pensamiento socialista, comunista y revolucionario de Nuestra América 24. Sobre ese tipo de errores se apoyarán diversos adversarios y polemistas del marxismo, provenientes tanto de la Academia oficial como del nacionalismo burgués 25.

Aun siendo un discípulo directo del libro Humanismo burgués y humanismo proletario de Aníbal Ponce —de quien adopta su reiterada insistencia en el humanismo marxista y en la construcción del “hombre nuevo”—, Ernesto Che Guevara marca distancia en torno a la crítica injusta de Marx hacia Bolívar que había celebrado su maestro argentino. Por eso, al intentar reflexionar sobre la ideología que inspiró a la Revolución Cubana el Che escribe:

A Marx, como pensador, como investigador de las doctrinas sociales y del sistema capitalista que le tocó vivir, puede, evidentemente, objetársele ciertas incorrecciones. Nosotros, los latinoamericanos, podemos, por ejemplo, no estar de acuerdo con su interpretación de Bolívar o con el análisis que hicieran Engels y él de los mexicanos, dando por sentadas incluso ciertas teorías de las razas o las nacionalidades inadmisibles hoy. Pero los grandes hombres descubridores de verdades luminosas, viven a pesar de sus pequeñas faltas, y estas sirven solamente para demostrarnos que son humanos, es decir, seres que pueden incurrir en errores, aún con la clara conciencia de la altura alcanzada por estos gigantes de pensamiento. Es por ello que reconocemos las verdades esenciales del marxismo como incorporadas al acervo cultural y científico de los pueblos y los tomamos con la naturalidad que nos da algo que ya no necesita discusión26.

Guevara rescataba entonces la necesidad de crear al “hombre nuevo” que había enseñado Ponce, pero como pensaba que era más necesario y vigente que nunca el proyecto de crear la Patria Grande latinoamericana, no celebraba ni compartía el artículo de Marx sobre Bolívar que aquel había publicado para discutir con el populismo.

Quizás por mantener este punto de vista, al final de su vida, en las selvas de Bolivia, el Che llevaba en su mochila guerrillera —junto con su cuaderno de notas militares (ya publicado en 1967 como Diario de Bolivia, hoy famoso) y su cuaderno de notas y extractos filosóficos (todavía inédito en el año 2010)— un cuaderno de poesías. En ese cuaderno verde, donde Guevara reproducía las poesías que más amaba y que tanto lo habían marcado en su experiencia vital, elaborando algo así como su antología personal, encontramos escrita de su puño y letra… “Un canto para Bolívar” de Pablo Neruda 27. Si en los campamentos guerrilleros de Bolivia les daba para leer y estudiar a sus combatientes las historias de la guerra de liberación de José de San Martín, Juana Azurduy y otros revolucionarios de 1810 28, también llevaba en su mochila el recuerdo incandescente de Simón Bolívar. Guevara además de san-martiniano y martiano, no cabe duda, era un bolivariano convencido. Sabía bien que en Nuestra América la mejor manera de ser un marxista revolucionario consecuente, incluso a pesar de la apreciación errónea del maestro Marx, es ser bolivariano.

El marxismo bolivariano del siglo XXI

Varias décadas después del asesinato del Che Guevara a manos de la CIA y el ejército boliviano (porque el Che, conviene recordarlo frente a tanto hipócrita que hoy lo homenajea como si fuera Gandhi o la Madre Teresa de Calcuta, no se murió en su cama de muerte natural ni de un resfrío…) el mensaje insumiso retorna.

El posmodernismo ya tuvo sus dos minutos de fama y sus treinta segundos de gloria. Que en paz descanse, rodeado de tumbas académicas, becas millonarias y las pompas fúnebres de grandes monopolios de (in)comunicación. Sus ventrílocuos locales continúan moviendo las manos y la boca, siguen buscando oídos jóvenes para inculcar resignación y “realismo”, pero ahora casi nadie los escucha.

En Nuestra América vuelven a sonar los tambores de la rebelión. Cada vez se escuchan más cerca. Día a día son menos los que creen que el futuro está debajo de la bandera prepotente de los Estados Unidos de Norteamérica.

Bolívar vuelve a inspirar nuevas rebeldías, las antiguas y otras nuevas que resignifican sus antiguas proclamas de liberación continental incorporando nuevas demandas, derechos y exigencias populares.

Su inspiración contemporánea, a la altura del siglo XXI, asume las formas más variadas y los estilos más diversos, atravesando desde los movimientos sociales hasta los sacerdotes tercermundistas, desde los gobiernos bolivarianos hasta la lucha insurgente y guerrillera, desde el presidente Hugo Chávez 29 hasta el Movimiento Continental Bolivariano (MCB) 30 y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP) 31. No es casual. Todos se inspiran en Simón Bolívar

¿Este resurgir de la prédica bolivariana constituye una expresión de “folclore latino” y una exótica cortina de humo tropical o expresa la crisis profunda de una manera posmoderna de entender la historia donde únicamente se destacaban las discontinuidades, los cortes absolutos y “el caprichoso, contingente y aleatorio suceder de capas geológicas” (como le gustaba decir a Michel Foucault)? ¿El hecho político y teórico de nuevas luchas sociales actuales que marcan una continuidad explícita y directa con las luchas históricas del pasado no merecería una reflexión de largo aliento y un nuevo programa de investigación dejando atrás los equívocos posestructuralistas de los años ’80 y ‘90?

En el horizonte del siglo XXI vuelve a aparecer el antiguo pero nuevo proyecto integrador de todas las formas de lucha convergiendo en el sueño rebelde de la Patria Grande, una sola gran nación latinoamericana, una revolución socialista a escala continental y mundial. Un proyecto radical cuya nueva racionalidad histórica aspira a sembrar la diversidad multicolor de voces, luchas y rebeldías dentro de un suelo común de hegemonía socialista, antiimperialista y anticapitalista. No es cierto que “desapareció el sujeto”. ¡No! El sujeto vuelve y retorna multiplicado con mucha más fuerza (y menos ingenuidad) que antes.

Dejando atrás el cinismo del doble discurso, el macartismo, la razón de Estado, la demonización y el delgado límite de las protestas “permitidas” (siempre restringidas a tímidas reformas de guetto, fagocitables dentro de las instituciones del sistema); el ejemplo insumiso de Bolívar nos invita a recuperar la vocación de poder —trágicamente «olvidada» o denostada por los nuevos reformismos—, la ética inflexible y la rebeldía indomesticable de los viejos comuneros, los bolcheviques, los combatientes libertarios y comunistas, los partisanos, los maquis, los guerrilleros insurgentes y todos los luchadores y luchadoras del tercer mundo.

Si en este bicentenario Karl Marx anduviera por nuestros barrios, ¿no caminaría al lado nuestro repitiendo con José MartíPatria es humanidad” y llevando en el hombro, también él, su bandera de Bolívar?

NOTAS

1 Los mitos anticomunistas del pensamiento de derecha —nunca asumidos como tales— de aquel momento que dibujaban esa caricatura en el bicentenario de la Revolución Francesa se nutrían de diversas fuentes, desde los panfletos más “eruditos” de la historiografía revisionista del profesor francés François Furet hasta recursos más populares como el film comercial Danton, del director polaco Andrezj Wajda (basado a su vez en la obra de teatro “El caso Danton”, de Stanislawa Przzewska, bastante más proclive hacia Robespierre que la película, según reconoció posteriormente el mismo Wajda).

2 En realidad las resistencias contra la dominación colonial, la explotación salvaje y otros mecanismos fundamentales de la acumulación originaria del sistema capitalista a escala mundial comenzaron desde la misma llegada de los “civilizados” de la espada, la cruz, la hoguera, la violación y la tortura de los pueblos sometidos. Dos de los principales hitos de esa extensa secuencia de luchas han sido la insurrección continental liderada por Tupac Amaru y Tupac Katari y la independencia de Haití, esta última concretada seis años antes que el proceso desatado en 1810.

3 En ese sentido dos afamados ensayistas nos explican y aleccionan: “Muchos ubican a la autoridad última que gobierna el proceso de globalización y del nuevo orden mundial en los Estados Unidos. Los que sostienen esto ven a los Estados Unidos como el líder mundial y única superpotencia, y sus detractores lo denuncian como un opresor imperialista. Ambos puntos de vista se basan en la suposición de que los Estados Unidos se hayan vestido con el manto de poder mundial que las naciones europeas dejaron caer. Si el siglo diecinueve fue un siglo británico, entonces el siglo veinte ha sido un siglo americano; o, realmente, si la modernidad fue europea, entonces la posmodernidad es americana. La crítica más condenatoria que pueden efectuar es que los Estados Unidos están repitiendo las prácticas de los viejos imperialismos europeos, mientras que los proponentes celebran a los Estados Unidos como un líder mundial más eficiente y benevolente, haciendo bien lo que los europeos hicieron mal. Nuestra hipótesis básica, sin embargo, de que una nueva forma imperial de soberanía está emergiendo, contradice ambos puntos de vista. Los Estados Unidos no constituyen –e, incluso, ningún Estado–nación puede hoy constituir–
el centro de un proyecto imperialista” Véase Antonio Negri y Michael Hardt (2000): Imperio. Buenos Aires, Paidos, 2002. p. 15.

4 Hemos intentado refutar en detalle semejante punto de vista en nuestros libros Toni Negri y los desafíos de «Imperio». Madrid, Campo de Ideas, 2002 (reeditado en Italia con el título Toni Negri e gli equivoci di «Imperio». Bolsena, Massari Editore, 2005) y también en el libro Nuestro Marx (en http://www.rebelion.orghttp://www.lahaine.org). Resulta curioso que a estos ensayistas y a muchos otros apresurados enterradores del estado-nación —solamente cuando se trata de los estado-naciones de países dependientes— no les llame la atención que en toda película norteamericana aparezca hasta el hartazgo la banderita de las barras y las estrellas. ¿Lo interpretarán como un símbolo de “multiculturalismo”…?

5 Véase Simón Bolívar: “Carta de Jamaica” [Kingston, 6 de septiembre de 1815]. En Tres documentos de Nuestra América. La Habana, Casa de las Américas, 1979. p. 28.

6 Véase Simón Bolívar: “Carta de Jamaica”. Obra citada. p. 23.

7 Véase Simón Bolívar: “Discurso en la presentación de la Constitución de Bolivia”. Recopilado en Toby Valderrama y Alejandro Mena: Rumbo al socialismo. Caracas, Fundación Fondo Editorial Fabricio Ojeda, 2006. pp. 14-15.

8 Véase Simón Bolívar: “Carta de Jamaica”. Obra citada. p.25.

9 Véase Simón Bolívar: “Discurso al inaugurar el Congreso de La Angostura” [1819]. Recopilado y comentado en la obra de Felipe Larrazábal: Simón Bolívar. Vida y escritos del Libertador [Biblioteca Ayacucho, 1918]. Tres tomos. Caracas, Ediciones de la Presidencia de la República, 2008. Particularmente Tomo II, pp. 133-142. 

10 Véase Simón Bolívar: “Carta de Jamaica”. Obra citada. p.29-30.

11 Véase Simón Bolívar: “Discurso al inaugurar el Congreso de La Angostura”. Obra Citada. tomo II, p.139. 

12 Véase José Carlos Mariátegui “Aniversario y balance” [Editorial de la revista Amauta, Nº 17, año II, Lima, septiembre de 1928]. En el apéndice a nuestro libro Introducción al pensamiento marxista. Buenos Aires, La Rosa Blindada, 2003. p. 181.

13 Véase Ernesto Che Guevara: “Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental” [16/4/1967]. En el apéndice a nuestro libro Introducción al pensamiento marxista. Obra citada. p.241 y en Obras. Casa de las Américas, 1970. En términos generales, la idea de León Trotsky para el futuro de Nuestra América no era muy distinta de esta lectura bolivariana del Che Guevara, donde la clave de la liberación reposaría en la unidad continental y en la revolución socialista, aunque Trotsky lo planteara en un estilo literario y con términos no siempre habituales en la cultura política de América latina. “Por los Estados Unidos Soviéticos de Sud y Centro América”. Véase León Trotsky. Escritos latinoamericanos. Buenos Aires, CEIP, 1999. “El futuro de América Latina” [1940]. pp. 156-157.

14 Véase Karl Marx: “Bolívar y Ponte”. Originalmente publicado en el Tomo II de The New American Cyclopedia y reproducido en Karl Marx y Friedrich Engels: Materiales para la historia de América Latina [preparación y notas del traductor Pedro Scaron]. México, Siglo XXI, 1975. 

15 Sobre el eurocentrismo en la escritura juvenil de Marx y su posterior superación y cambio de paradigma en la madurez véase nuestro Marx en su (Tercer) Mundo. Buenos Aires, Biblos, 1998 (reedición cubana posterior La Habana, Juan Marinello, 2003). Particularmente el último capítulo.

16 El margen de imprecisión de cuatro meses para ubicar la redacción del ensayo deriva de las discordancias entre los biógrafos que han tenido acceso a los originales.

17 Véase la extensísima nota Nº25 de Pedro Scarón donde analiza en detalle cada una de las fuentes utilizadas por Marx, en Karl Marx y Friedrich Engels: Materiales para la historia de América Latina [preparación y notas del traductor Pedro Scaron]. Obra citada. Nota 25, pp.105-108, particularmente 106. 

18 Véase Vicente Pérez Silva “Bolívar visto por Carlos Marx”. En Simón, Quijote de América. Antología de ensayos sobre Simón Bolívar. Presentación y compilación a cargo de Juvenal Herrera Torres. Caracas, Instituto Municipal de Publicaciones de la Alcaldía Municipio Libertador, 2005. pp. 246-247.

19 Véase Carta de Marx a Engels del 14 de febrero de 1858, en Karl Marx y Friedrich Engels: Materiales para la historia de América Latina [preparación y notas del traductor Pedro Scaron]. Obra citada. p.94.

20 Tratando de explicar ese prejuicio de Marx hacia el Libertador americano José Aricó intenta derivar de la problemática de origen hegeliano de Marx su crítica a Bolívar. Al cuestionar a su maestro en la dialéctica, Marx habría seguido girando en torno a la pareja categorial “Estado-sociedad civil”, invirtiéndola y otorgando primacía a esta última por sobre aquel otro. De allí que le costara tanto trabajo comprender el modo como en las revoluciones de independencia americana es el Estado el que funda la sociedad civil y no al revés. Véase José Aricó: Marx y América Latina. Buenos Aires, Catálogos, 1988. Para llegar a esa conclusión Aricó sistematiza y compendia las investigaciones previas de Georges Haupt, Claudie Weil, Renato Levrero, Hal Draper y Roman Rosdolsky. En cambio, “se olvida” de mencionar como fuente a Ernest Mandel (de quien adoptó como prestada la idea según la cual Marx comenzó a ocuparse de la periferia del mercado mundial estudiando el comercio exterior de Gran Bretaña. Véase Ernest Mandel: La formación del pensamiento económico de Karl Marx de 1843 hasta la redacción de «El Capital». Madrid, Siglo XXI, 1974. p. 135). Aricó también “se olvida” de mencionar a otra de sus fuentes y uno de sus principales antecesores, Jorge Abelardo Ramos. Más de una década antes que “Pancho Aricó,” Ramos ya había aventurado el origen hegeliano del prejuicio de Marx hacia Bolívar y América latina…, justamente la tesis central del libro de Aricó. Afirmaba Ramos: “Estos infortunados juicios de Marx sobre Bolívar estaban sin duda influidos por la tradición antiespañola prevaleciente en Inglaterra, donde vivía Marx, y por el común desprecio europeo hacia el Nuevo Mundo, cuyos orígenes se remontaban a los filósofos de la Ilustración y a las observaciones olímpicas de Hegel en su Filosofía de la historia universal”. Agregaba también: “Como en los tiempos de Hegel, los pensadores de Europa, Marx entre ellos, consideraban a la América latina como un hecho geográfico que no se había transmutado todavía en actividad histórica”. Véase J. A. Ramos: “Bolivarismo y marxismo” (1968. En su libro) en Marxismo de Indias. Barcelona, Planeta, 1973.s, Barcelona, Planeta, 1973, pp. 207 y 216.

21 Véase Ana María Rivadeo: El marxismo y la cuestión nacional [tesis de doctorado en la Universidad Nacional Autónoma de México dirigida por Adolfo Sánchez Vázquez]. México, UNAM, 1994. p. 72. El planteo de Rivadeo no deja de ser útil, sugerente, riguroso y puntilloso en la reconstrucción de las fuentes de Marx, sin embargo por momentos su trabajo académico —desarrollado en plena euforia de lo que académicamente se dio en denominar “la crisis del marxismo”— permanece demasiado pegado al relato de Aricó, Portantiero y otros ensayistas del mismo grupo intelectual (ya por entonces ex marxistas o conversos a la socialdemocracia) que a su vez eran deudores del historiador Halperín Donghi y otros profesores de no pocas simpatías liberales. De allí que por momentos la autora termine subestimando esa supuesta “falta de voluntad nacional” en las masas populares latinoamericanas… ¿cómo explicar entonces la persistencia de las luchas de emancipación a nivel continental durante dos siglos a pesar de tantas represiones, genocidios, golpes de estado, intervenciones norteamericanas y dictaduras militares? 

22 Véase Karl Marx: “Bolívar y Ponte”. Obra citada. pp.90-91.

23 Véase Karl Marx: “Simón Bolívar”. Publicado en la revista dirigida por Ponce Dialéctica N°1, Buenos Aires, marzo de 1936. pp.1-14. [traducción del original inglés de Emilio Molina Montes]). Recopilado también en las Obras completas de Ponce. Buenos Aires, Cartago, 1974. 4 tomos.

24 Muy poco tiempo después —menos de dos años— de haberlo publicado, durante su exilio mexicano, Ponce revisa las posiciones presupuestas en su primera celebración del trabajo de Marx sobre Bolívar. En tierras mexicanas publica cinco artículos sobre la cuestión nacional latinoamericana y el problema indígena. En esos últimos trabajos truncos —Ponce fallece casi inmediatamente— denomina a nuestro continente “la América indígena” a contramano de su juvenil adhesión a la herencia liberal de Domingo Faustino Sarmiento de innegables connotaciones positivistas, darwinianas y racistas. Tomando en cuenta ese notable cambio de mirada sobre la cuestión nacional y el latinoamericanismo entusiasmado que se produce en su exilio mexicano es más que probable que Ponce hubiera vuelto a repensar y, ahora sí, a recuperar como propia la herencia de Bolívar. Véase nuestro De Ingenieros al Che. Ensayos sobre el marxismo argentino y latinoamericano. Buenos Aires, Biblos, 2000 (reeditado en versión ampliada en Cuba. La Habana, Centro Juan Marinello, 2008). Particularmente el capítulo dedicado a Ponce “Humanismo y revolución”.

25 Estamos pensando, para el primer caso, en el profesor mexicano, director del Instituto de Estética de la Universidad de Guadalajara, Arturo Chavolla y su triste libro (en realidad tesis de doctorado defendida en París): La imagen de América en el marxismo. Buenos Aires, Prometeo, 2005. El libro de Chavolla resulta un típico producto académico de nuestra época, donde el rechazo visceral del marxismo se encubre con una terminología aparentemente neutral. A Marx y al marxismo Chavolla les reprocha su “eurocentrismo” —del que supuestamente nunca se habrían desembarazado—. Curiosamente, en su libro toda la bibliografía se cita en francés, aún cuando el idioma de Marx es el alemán y el del autor
el castellano. Incluso, para “quedar bien” con el jurado francés, se citan en ese idioma títulos de libros que sólo han sido editados en Argentina o México, como los de Pasado y Presente. ¿Una muestra más de eurocentrismo? Para el segundo caso, tenemos en mente al ensayista argentino José Pablo Feinmann, de gran presencia mediática en nuestros días a través de la TV, quien en su libro Filosofía y Nación (escrito en plena euforia del populismo nacionalista entre 1970 y 1975, publicado en 1982 y reeditado sin modificar una sola palabra en 1996 con un prólogo posmoderno) afirma con notable liviandad que Marx
es… “un pensador del imperio británico”, un ingenuo apologista de la dominación colonial sobre los pueblos sometidos. Hemos intentado una crítica de ambos autores en nuestro libro Con sangre en las venas (Apuntes polémicos sobre la revolución, los sueños, las pasiones y el marxismo desde América Latina). Bogotá, Ocean Sur, 2007. pp.9-15.

26 Véase Ernesto Che Guevara: “Notas para el estudio de la ideología de la Revolución cubana”. Publicado originariamente el 8 de Octubre de 1960 en La Habana, en la revista Verde Olivo. El artículo fue reproducido posteriormente en infinidad de editoriales y sitios. Por ejemplo en Ernesto Che Guevara: Obras. La Habana, Casa de las Américas, 1970. Dos tomos. Sin embargo, en algunas ediciones posteriores este párrafo donde el Che Guevara pone distancia crítica frente al injustificado ataque de Marx sobre Bolívar fue inexplicable y sorprendentemente —¿por un error?— suprimido… 

27 Véase Ernesto Che Guevara: El cuaderno verde del Che [poesías de Pablo Neruda, León Felipe, Nicolás Guillén y Cesar Vallejo]. Prólogo de Paco Ignacio Taibo II. México, Seix Barral-Planeta, 2007. La poesía a Simón Bolívar se encuentra reproducida en pp.82-84.

28 Según nos testimonia Harry Villegas Tamayo, alias Pombo. Véase nuestra entrevista al hoy general cubano, compañero del Che en Sierra Maestra, Congo y Bolivia, en nuestro Che Guevara: El sujeto y el poder. Buenos Aires, Nuestra América-La Rosa Blindada, 2005.

29 Véase Antonio Aponte [seudónimo colectivo]: 100 granos de maíz (varios tomos con los títulos Fusiles, libros y rosas y La hora de los hornos). Caracas, Fundación Fondo editorial Fabricio Ojeda, 2006, 2007 y 2008; Amílcar Figueroa Salazar: La revolución bolivariana. Nuevos desafíos de una creación heroica. Caracas, El Tapial, 2007; Amílcar Figueroa Salazar: ¿Reforma o revolución en América Latina. El proceso venezolano. México, Ocean Sur, 2009; Menry Fernández Pereyra [director de la Escuela de Guerra del Ejército Venezolano]: Bases históricas, políticas y filosóficas de la Guerra Popular de Resistencia. Caracas, Parlamento Latinoamericano, 2009; J.T.Núñez Tenorio: Bolívar y la guerra revolucionaria (Reencarnar el espíritu de Bolívar). Caracas, Ediciones de la presidencia de la República, 2007; Movimiento revolucionario marzo-28: Bolívar y Marx: Dos pensamientos… un mismo sueño. Caracas, Escuela Nacional de formación, 2008.

30 Véase Manifiesto Bolivariano por Nuestra América. En Correo Bolivariano. Caracas, Coordinadora Continental Bolivariana, 2006. pp. 21-24.

31 Véase FARC-EP: “Plataforma Bolivariana por la Nueva Colombia”. En AA.VV.: Manuel Marulanda Velez. El héroe insurgente de la Colombia de Bolívar. S/datos. 2008; Jesús Santrich: “Bolivarismo y marxismo: Un compromiso con lo imposible” en http://www.lahaine.org; Jesús Santrich: “Bolívar, la Comuna, Marx y otros ejemplos”. En Correo Bolivariano. Caracas, Coordinadora Continental Bolivariana, 2006. pp. 87-88; Iván Márquez y Jesús Santrich [ambos comandantes de las FARC-EP]: El asesinato del Libertador y la lectura bolivariana de la historia. Un enfoque desde la guerrilla bolivariana de las FARC. Caracas, s/ datos, 2006. Dado el carácter clandestino e insurgente de estos autores, sus textos, de difícil acceso, no son estudiados en la universidad. Sin embargo, valdría la pena hacerlo… ¿O habrá que esperar otras cuatro décadas, como sucedió con el pensamiento y los escritos de Ernesto Che Guevara, para poder comenzar a leer y estudiar su pensamiento en cátedras, talleres y seminarios?

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