La Guerra Civil según K. Marx y F. Engels: planteos y proyecciones

marxlincoln proResulta curioso que los trabajos periodísticos de Marx y Engels sean considerados obra menor o secundarios, cuando el periodismo fue probablemente su única actividad remunerada. De todos los periódicos con los que colaboraron, hoy nos vamos a centrar en la prensa estadounidense. 

Marx y Engels escribieron en el New York Daily Tribune durante doce años y un total de 465 entregas; con una temática de lo más variada, desde la serie de Engels Revolución y contrarrevolución en Alemania y La España revolucionaria, también escribieron sobre la colonización de la India, la economía de Inglaterra…etc. En el trabajo de Malena Lopez Palmero que difundimos hoy se centra en la guerra civil estadounidense y las opiniones de Marx y Engels sobre la esclavitud. Una lectura interesantísima…

Salud. Olivé

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LA GUERRA CIVIL SEGÚN K. MARX Y F. ENGELS: PLANTEOS Y PROYECCIONES

Malena Lopez Palmero

Esta comunicación se propone analizar los análisis y reflexiones de Karl Marx y Federico Engels en torno a la Guerra Civil estadounidense. El corpus analizado comprende tres secciones. En primer lugar, los artículos publicados por Marx en la prensa norteamericana –el Daily Tribune de Nueva York- en 1861 y en la prensa de Austria a través de su participación en el Presse de Viena, entre 1861 y 1862. Aunque no figura la rúbrica de Engels en estos artículos, su influencia queda constatada por la incorporación casi literal que hizo Marx de sus análisis militares. En segundo lugar se cuenta la correspondencia entre Marx y Engels entre 1861 y 1866 en torno al conflicto en Estados Unidos, donde se exponen sus coincidencias y discrepancias, estas últimas fundamentalmente relacionadas con la estrategia militar de la Unión. El tercer y último apartado lo ocupan dos declaraciones de la Asociación Internacional de Trabajadores, redactadas por el puño de Marx, una en ocasión de la reelección de Abraham Lincoln (publicada en la prensa de Londres –Bee Hive– el 7 de enero de 1865) y la otra por la asunción de Andrew Johnson tras el asesinato de Lincoln (Bee Hive, 20 de mayo de 1865).

En términos muy sintéticos, existen dos interpretaciones dominantes sobre la Guerra Civil que caracterizan el debate historiográfico hasta nuestros días. Por un lado, la corriente que enfatiza la dimensión política de la contienda, a modo de reproducción de los propios enunciados confederados, y que hallan en la cuestión de la autodeterminación soberana (basada en los propios principios constitucionales) el meollo del asunto, echando mano también a la cuestión de las tarifas. A esta interpretación adscriben, naturalmente, los simpatizantes del Sur de ayer y hoy, pero también una corriente surgida en los años ’50, la denominada Escuela del Consenso, de carácter revisionista, más preocupada en neutralizar los efectos políticos del progresismo académico que por ofrecer una mirada crítica, o siquiera novedosa.

La aludida corriente, controvertida y marginal en el amplio contexto académico e intelectual norteamericano, fue inaugurada por la Escuela Progresista. Uno de sus exponentes, Charles Beard, publicó en 1927 The Rise of the American Civilization, la cual ofrecía una lectura básicamente materialista, enfocada a los aspectos económicos y sociales que llevaron a una inevitable guerra entre el Norte y el Sur, en cuanto estas regiones expresaban intereses y dinámicas sociales opuestas. Este análisis, de dimensión dialéctica, fue ampliado por los historiadores de la Vieja Izquierda desde 1930 hasta que una Nueva Izquierda, a partir de fines de la década del 60, recuperó sus tópicos en su oposición a la escuela del Consenso, especialmente la cuestión de la esclavitud.1

Fue precisamente esta segunda gran corriente –donde a riesgo de un exceso de simplificación agrupamos a los progresistas, la vieja izquierda, y los “radicals” de la nueva izquierda- la que fundó sus premisas en los trabajos de Marx y Engels que analizaremos a continuación. También resulta curioso que una nueva versión de la Escuela del Consenso denominada “Neoprogresista”, de la década de 1980, utilizara la noción de “segunda Revolución norteamericana”, esbozada por Marx, aplicada al contexto de la Guerra Civil.

De ahí la importancia historiográfica de esta fuente, tantas veces evocada pero escasamente analizada (de hecho, no se ha vuelto a editar esta obra, que yo sepa, desde hace 30 años). Dado que los textos abordan una serie demasiado extensa de problemas como para tratar aquí, se han seleccionado los más importantes:

– La cuestión de la esclavitud como eje central del conflicto civil.

– Las proyecciones políticas de la esclavitud a ambos lados del Atlántico.

– Las proyecciones de la esclavitud respecto a la dinámica de transformación, en perspectiva revolucionaria, según Marx y Engels.

La cuestión de la esclavitud como eje central de la Guerra Civil estadounidense

Desde sus primeros artículos para la prensa estadounidense, a partir de septiembre de 1861, Marx fue categórico respecto de la causa principal de la Guerra Civil. Para él la defensa de la esclavitud fue la causa principal de la Secesión. El Sur, en sus palabras, inició la guerra “proclamando en voz alta `la institución peculiar´ como el único y principal fin de la rebelión. Confesó luchar por la libertad de esclavizar a otro pueblo”. 2

Marx aportó argumentos sobre los condicionamientos materiales que pesaban sobre una oligarquía de “300.000 propietarios de esclavos” y que eran incompatibles con un modelo de nación libre cuya libertad alcanzara también a los afrodescendientes. Los argumentos giraban en torno al carácter extensivo de la economía de plantación. Ésta no puede reproducirse si no es a partir de la expansión territorial, es decir, a partir de la incorporación de territorios donde se decrete legal la explotación de mano de obra esclava y cuya representación en la cámara de senadores del Congreso de la Nación es afín a los intereses de clase de los plantadores esclavistas de esos estados. Además, esta expansión era favorable porque permitía descomprimir las tensiones de clase entre los plantadores y el vasto sector de blancos pobres, permitiendo su asentamiento en los nuevos territorios del oeste (a expensas del indígena, algo que Marx omite por completo).

Así, Marx señalaba que “la oligarquía de trescientos mil propietarios de esclavos ni siquiera podía conservar su influjo en su propio territorio, salvo echando constantemente a sus plebeyos blancos el anzuelo de próximas conquistas dentro y fuera de las fronteras de los Estados Unidos”.3 Entonces, el modo de producción esclavista requería de la expansión territorial por dos motivos: la representación política y la válvula de escape de la conflictividad social en el sur.

Un avance de los esclavistas había sido visible desde la ley Kansas-Nebraska, de 1854, que revocaba el pacto de Missouri de 1820, compromiso por el cual se limitaba la esclavitud al paralelo 36º 30’, equilibrando la representación entre estados libres y esclavistas en el senado. La ley Kansas-Nebraska (artificio del senador demócrata por Illinois Stephen Douglas), establecía que sin perjuicio de la localización geográfica de los estados, la adhesión o rechazo del trabajo esclavo debía ser resultado de la expresión popular (siempre fraguada, claro está, por la imposición autoritaria de los propietarios de esclavos). Así, para Marx, la ley “colocó a la esclavitud y la libertad sobre un mismo pie de igualdad”.4 Los esclavistas también pergeñaron ocupaciones en América Central para la obtención de esclavos (hubo un intento en Granada, sofocado por la resistencia local) y dieron rienda suelta al tráfico negrero desde África, aunque ilegal desde 1808). Otros avances jurídicos del poder esclavista –como la ley de los esclavos fugitivos de 1850 o un sistema judicial favorable a la clase propietaria5-, junto con sus intervenciones directas –como la que dio origen a la guerra civil en Kansas para revocar la decisión de la legislatura sobre la adopción del sistema libre- dieron lugar a una fractura dentro de la coalición demócrata. Con el partido demócrata dividido entre un candidato del Norte –Douglas– y uno del Sur –Breckindridge-,6 el joven partido Republicano, con Abraham Lincoln como candidato, ganó en las elecciones de 1860.

La primera y más provocadora medida de gobierno de Lincoln fue la de limitar la esclavitud a los estados existentes, no permitiendo su ejercicio en los nuevos territorios por incorporar. Aunque tempranamente Marx denunció esto como una medida tibia, admitió que, de mínima, anunciaba el agotamiento del sistema esclavista. Es decir, si los estados esclavistas dependen de la expansión territorial, su limitación redundaría en una pérdida de la rentabilidad, lo cual conduciría, pari passu, a su desaparición. Un signo visible de ello es que los viejos estados esclavistas –Virginia, Maryland- mantenían esa “peculiar institución” no tanto por la producción en suelos ya agotados sino por la rentabilidad de la crianza para vender a los estados del extremo sur. Al obturarse la demanda de esclavos por vía legal, se derrumbaba la raison d´être de los viejos estados esclavistas, lo que equivalía a una extinción de esa fuerza de trabajo.7 En el clima de la época, el temor del derrumbe de toda una civilización esclavistas debió ser notable, al punto que Marx citó el testimonio de uno de los voceros de la Confederación, quien pronosticó que “en quince años más, sin un gran aumento del territorio esclavista, deberá permitirse que los esclavos huyan de los blancos o los blancos deberán huir de los esclavos”.8

La cuestión de la esclavitud constituyó entonces la causa principal de la guerra civil. Ello se expresó, además, en la peculiar situación de los denominados estados fronterizos, regidos por legislaturas esclavistas pero cuya población mayoritariamente libre adhirió a la Unión (Missouri, Kentucky, Maryland, Delaware, y más tarde el nuevo territorio escindido de la Confederación, Virginia Occidental). El apoyo de estos “estados fronterizos” a la Unión se daba, para Marx, en la composición de sus habitantes, mayormente blancos libres (especialmente en las regiones montañosas), mientras que el epicentro de la Confederación, Carolina del Sur, tenía más esclavos que hombres libres.9 El control de los estados fronterizos fue entonces el motor de la lucha de los Confederados, para perpetuar allí la esclavitud.10

La centralidad que adquiere la cuestión de la esclavitud en Marx se cataliza en el siguiente párrafo, a la sazón fuente en la que ha abrevado toda la historiografía posterior:

La actual contienda entre el Sur y el Norte… no es otra cosa que una lucha entre dos sistemas sociales, entre el sistema de la esclavitud y el sistema del trabajo libre. La guerra ha estallado porque los dos sistemas ya no pueden coexistir pacíficamente en el continente americano. Sólo puede terminar mediante la victoria de uno y otro sistema.11

Es interesante destacar que la esclavitud no fue concebida por Marx estrictamente como clase, y en este sentido pieza fundamental del mecanismo más amplio del capitalismo internacionalizado. Marx también consideró las proyecciones políticas de la esclavitud, tanto en los Estados Unidos como fuera de él. En cuanto a la dimensión estrictamente nacional del problema, Marx anunció que: 

Todo el movimiento [bélico de la Guerra Civil] estaba fundado, y lo está, según uno lo observa, en la cuestión esclavista: no en el sentido de si los esclavos, dentro de los existentes Estados esclavistas, deben o no ser emancipados, sino en si los veinte millones de hombres libres del Norte deben subordinarse más tiempo a una oligarquía de trescientos mil propietarios de esclavos…12

Proyecciones políticas de la esclavitud a ambos lados del Atlántico

Los artículos que Marx escribió para los periódicos de Nueva York y de Viena mantenían también la frecuencia de una aguda crítica al gobierno británico y a su prensa adicta. Así, denunció las maniobras tendientes apoyar a los confederados, no solo en el plano discursivo sino también en forma directa.13 Las razones fundamentales de estas simpatías eran las tarifas proteccionistas, que perjudicaban las exportaciones de manufacturas, pero más el comercio del algodón, que a partir de la contienda, se había clausurado (tras los embargos de los embarques por parte de la Unión), causando así una crisis profunda de la industria textil inglesa.

La ecuación resultante fue un lógico aumento de los precios del algodón y la merma de la producción textil. Ligado a ello, la disminución de la jornada laboral cuando no el desempleo en centros fabriles como Manchester y Liverpool,14 a la especulación de los precios del algodón y una inconveniente reorientación de comercial hacia China (como mercado para sus exportaciones) e India (como productora de algodón).15 El comercio con el sur esclavista era, entonces, una pieza fundamental para la reproducción del modo del pionero producción industrial inglés. La asociación entre las clases oprimidas a ambos lados del Atlántico era evidente, en la visión de Marx, tal como se deduce de esta frase:

En tanto los manufactureros ingleses de algodón dependieron del algodón cultivado por los esclavos, podía afirmarse confiadamente que descansaban en una esclavitud doble, la esclavitud indirecta de los blancos de Inglaterra la esclavitud directa de los negros al otro lado del Atlántico.16

Las pretensiones intervencionistas de Inglaterra por salvar una esclavitud ajena para permitir la reproducción de la propia, se vieron estorbadas por otra necesidad económica no menos urgente: la de mantener el comercio de trigo con los puertos de la Unión. Tan exuberante era el monto de las importaciones de trigo estadounidense que Marx pronosticaba que “Inglaterra sufrirá más por la imposibilidad de comprar cereal norteamericano, que lo que sufrirá la Unión por la imposibilidad de venderlo”.17 En definitiva, el arribo de trigo era fundamental para la reproducción de la mano de obra industrial.

Si la burguesía inglesa se expresaba a favor de los confederados esclavistas, los obreros ingleses lo hicieron a favor de los abolicionistas de la Unión. Marx publica en Viena que los mítines obreros que tuvieron lugar desde principios de 1862 proclamaron tanto su oposición a una posible intervención de Inglaterra en Estados Unidos como su causa a favor de la abolición.18 Mientras que la prensa británica arengaba a un clima de opinión favorable a los planes del Primer Ministro Henry Palmerston, en cuanto a la tentativa de intervenir en Estados Unidos para destrabar los embargos de algodón, la clase obrera inglesa se convocó para pronunciar su adhesión a la causa abolicionista de la Unión.19

Tal como lo ha afirmado el schollar estadounidense Kevin Anderson en un trabajo reciente, estos mítines obreros organizados en Londres en apoyo a la Unión fueron “cruciales para la formación de las redes de las que emergería la Primera Internacional20 Tanto es así que la primera declaración pública de la flamante organización obrera fue la carta abierta a Lincoln en ocasión de su reelección presidencial. Fechada en enero de 1965 –tres meses antes del fin de la guerra- la Asociacion Internacional de Trabajadores, en la pluma de Marx, reivindicaba su tradición abolicionista: “en todos lados toleraron [los trabajadores] pacientemente los gravámenes impuestos sobre ellos por la crisis del algodón y se impusieron con entusiasmo a la intervención proesclavista –oposición de las más fuertes- y, de muchas partes de Europa, contribuyeron con su dosis de sangre para la buena causa”. 21

La declaración prosigue con una crítica a la actitud permisiva de los trabajadores de la Unión, “la única fuerza política del norte”, que permitió que

la esclavitud manchara su propia república; a pesar de que, ante el negro, comprado y vendido sin su consentimiento, se jactaron, como la mayor prerrogativa de los trabajadores de cutis blanco, de venderse y elegir su propio amo, y fueron incapaces de conseguir la libertad del trabajo, o apoyar a sus hermanos europeos en su lucha por la emancipación.22

Marx pronosticó que de ganar la Confederación, los trabajadores del norte “descenderían al nivel de la clase ilota”,23 pero esos peligros no fueron conducidos en vistas a la creación de un movimiento obrero comprometido con la Unión o al menos con la abolición. Si bien la falta de solidaridad de clases de los propios obreros norteños resulta ser una crítica ligera, lo cierto es que Marx no contempló la posibilidad de una acción decisiva en la lucha por la emancipación. Más preocupado por los efectos internacionales del conflicto, subrayó el efecto que la guerra antiesclavista estadounidense tendría para la clase obrera internacional. En este sentido, creía que si la Revolución de la Independencia había iniciado una “nueva era de elevación para la clase media, así también la guerra antiesclavista estadounidense lo hará para la clase trabajadora”.24

En cuanto a la relación de fuerzas estadounidense, Marx se inclinaba más bien por una alianza entre los blancos pobres del sur y los esclavos. De agotarse la válvula de escape que ofrecía la adquisición de territorios esclavistas hacia el oeste, entonces podría producirse una alianza entre los pobres blancos y los esclavos negros del sur. En su artículo “La Guerra Civil en los Estados Unidos” (publicado en Die Presse, el 6 de noviembre de 1861), este “significativo publicista germano” –como llamaba a Marx el editor vienés- detalló la falta de popularidad que había tenido en casi todo el sur la Constitución esclavista de Montgomery. Así, pues, la oligarquía esclavista había sojuzgado “por completo al sector de la población blanca que aun había mantenido alguna independencia bajo la protección y la Constitución democrática de la Unión”.25

Engels avanzó en la cuestión del conflicto de clases en el sur, y pensó en la posibilidad de que el extenuado ejército confederado se disgregara en guerrillas, lo cual devendría en un conflicto de clases entre los blancos pobres y los plantadores. En ese caso, especulaba Engels, “los `blancos pobres´ del sur intentarán entregarse al pillaje, pero los plantadores, por doquier, recibirán a los yanquis con los brazos abiertos”. Es decir, de inflamarse el conflicto social en el sur, “entre plantadores y comerciantes, por un lado, y la `hojarasca blanca´ por el otro”, dice Engels, “la secesión quedará finiquitada”.26 Sin dudas este argumento convenció a Marx, que por su parte incluyó casi en su totalidad el análisis de Engels en un artículo para Die Presse del 30 de mayo de 1862, y remató que la disensión entre plantadores y la “hojarasca blanca” llevada al extremo resolvería de un solo modo: “finis Secessia”.27

A modo de conclusión

Llegado este punto, no quedan dudas de que la visión de Marx y Engels sobre Estados Unidos era la de una verdadera Guerra Civil, transida por conflictos de clases entre plantadores y el grueso de los “Republicanos” (y aquí no habría distinción alguna, entre capitalistas y obreros del norte), y con sus aliados de clase en Europa. La lucha por la esclavitud, interpretada como en relación de suma cero, fue el eje central de la disputa: su reproducción como modo de producción implicaba, necesariamente su extensión territorial, ergo, su avance sobre los estados libres y democráticos. La Unión debió luchar por mantener los ideales de la Revolución de la Independencia. Es por ello que el conflicto era inevitable y adoptó el tenor de una “segunda revolución estadounidense”.

Marx y Engels siempre estuvieron atentos a los acontecimientos de esta “segunda revolución” porque creían que un avance del sistema democrático burgués sobre la tiranía de la oligarquía esclavista detendría al menos el proceso de “esclavización” de los obreros del norte. Si éstos no participaron activamente en la lucha por la abolición, como se lamentaban los teóricos de la clase obrera, ello se debió, también, a lógicas que por la actualidad que revisten, merecen su atención. Engels entendía que el tibio efecto que despertó la proclama de emancipación de Abraham Lincoln, además del giro conservador de la política del norte promediando la guerra, se debía al “temor por una inundación de negros”.28

Si la Guerra Civil no tuvo los efectos esperados de transformación social en los Estados Unidos, proceso que quedó obturado por completo con Reconstrucción, sí fue decisiva en la fundación del internacionalismo obrero. La lucha por la libertad de los esclavos fue, por cierto, la consigna que alimentó la mecha de la conciencia de clase en Inglaterra, pero también fue la antesala necesaria para la creación de un movimiento obrero en los Estados Unidos, que Marx detectó y sintetizó de esta manera en El Capital:

En los Estados Unidos de Norteamérica todo movimiento obrero independiente estuvo sumido en la parálisis mientras la esclavitud desfiguró una parte de la república. El trabajo cuya piel es blanca no puede emanciparse allí donde se estigmatiza el trabajo de piel negra. Pero de la muerte de la esclavitud surgió de inmediato una vida nueva, remozada. El primer fruto de la guerra civil fue la agitación por las ocho horas, que calzándose las botas de siete leguas de la locomotora avanzó a zancadas desde el Océano Atlántico hasta el Pacífico, desde la Nueva Inglaterra hasta California.29

NOTAS

1 Herbert Aptheker. Las revueltas de los negros norteamericanos; Madrid, Siglo XXI, 1978.

2 Carlos Marx. “La cuestión norteamericana en Inglaterra” (New York Daily Tribune, 18-09-1861), en Carlos Marx y Federico Engels. La Guerra Civil en los Estados Unidos; Buenos Aires, Lautaro, 1946, página 28.

3 Ibíd., p. 35.

4 Carlos Marx. “La Guerra Civil Norteamericana” (Die Presse, 20/10/1861), en Carlos Marx y Federico Engels. La Guerra Civil…, op. cit., página 88.

5 El caso emblemático, también mencionado por Marx, es el de Dred Scott, de 1857.

6 Douglas objetó el modo autoritario con el que los sureños pretendían hacer aprobar una constitución esclavista en Kansas dado que conformaban una legislatura paralela a la de los abolicionistas elegidos genuinamente por la población de ese territorio. Cuando el presidente James Buchanan solicitó al Congreso admitir a Kansas como estado esclavista, Douglas rompió con los demócratas, ya que consideraba inadmisible la incorporación de un estado esclavista por métodos inconstitucionales.

7 Carlos Marx. “La Guerra Civil Norteamericana”, op. cit., páginas 93-94. Este análisis estrictamente económico fue objetado por el heterodoxo Eugene Genovese, al plantear los condicionamientos culturales que hacían imprescindible el mantenimiento de la esclavitud en el sur a modo de pilar para el sostenimiento de su civilización. Eugene Genovese. La economía política de la esclavitud; Barcelona, Península, 1970.

8 Carlos Marx. “La Guerra Civil Norteamericana”, op. cit., página 93.

9 Carlos Marx. “La Guerra Civil en los Estados Unidos” (Die Presse, 7/11/1861), en Carlos Marx y Federico Engels. La Guerra Civil…, op. cit., páginas 99-102.

10 Estos estados fronterizos fueron escenarios privilegiados de la guerra, en particular Missouri, invadido por los confederados de Texas, Arkansas y Tennessee. Ibíd., página 101. Marx señaló críticamente, además, la ambigüedad con la que Lincoln permitió la esclavitud en los territorios fronterizos aliados a la Unión, “obligado a encubrir el principio de la guerra y perdonar el punto más vulnerable del enemigo, la raíz del mal: la esclavitud misma” [subrayado en el original]. Ibíd., página 106.

11 Ibíd., página 106.

12 Carlos Marx. “La Guerra Civil Norteamericana”, op. cit., página 96. Según el pronóstico de Marx, en la Guerra Civil estadounidense lo que estaba en juego era la supervivencia misma del sistema democrático y la libertad del trabajo, puesto que si los confederados lograban imponer su ley esclavista en los estados fronterizos y en los territorios del oeste por incorporar, arrastraría de esa manera a otros estados de la Unión. En caso de que la Confederación ganase sus pretendidos territorios, “el Norte habría perdido por completo el golfo de Méjico, el océano Pacífico, desde la bahía de Pensacola a la de Delaware, ya hasta se habría separado del océano Pacífico”. Habiendo perdido los accesos para el embarque de sus producciones, “los grandes Estados agrícolas de la cuenca situada entre las montañas Rocosas y los Alleghanys, en los valles del Misisipi, el Missouri y el Ohio se verían obligados por los intereses económicos a separarse del Norte e incorporarse a la Confederación del Sur. Estos estados norteños, a su vez, arrastrarían tras ellos, a la misma vorágine de la secesión, a todos los Estados norteños situados más al este, quizá con excepción de los de Nueva Inglaterra”. Ibíd., página 105.

13 La ansiedad de Inglaterra por intervenir en el conflicto estadounidense a favor de los confederados se manifestó en la manipulación del Affaire Trent (noviembre de 1861), en el que un vapor de correo Inglés, el Trent, que llevaba a bordo comisionados confederados, fue abordado por el Capitán Wilkes, de la Unión, con el propósito de apresar a sus enemigos. Los ingleses consideraron este hecho como un ultraje al derecho de neutralidad en altamar, lo cual inflamó las tentativas intervencionistas contra la Unión. El hecho fue resuelto un mes después, al asumir la Unión que Wilkes había actuado por cuenta propia y luego de liberar a los prisioneros confederados. La intervención conjunta con Francia y España a México, también fue vista por Marx como un intento de los británicos por atacar a la Unión desde allí.

14 Carlos Marx. “El comercio británico del algodón” (New York Daily Tribune, 14/10/1861), en Carlos Marx y Federico Engels. La Guerra Civil…, op. cit., página 40. En el artículo “Notas económicas” (Die Presse, 12/11/1861), Marx detalló el déficit comercial de Inglaterra respecto de Estados Unidos. La ansiedad por el precio de algodón es expresada de este modo: “Dentistas, cirujanos, abogados, cocineras, viudas, obreros, empleados y lores, actores teatrales y clérigos, soldados y sastres, jornaleros y personas que alquilan departamentos, maridos y esposas: todos especulaban con el algodón”. Ibíd., página 114.

15 Carlos Marx. “El comercio británico del algodón”, op. cit., páginas 42-43.

16 Ibíd., página 44.

17 Carlos Marx. “La farsa de las noticias francesas. Consecuencias económicas de la guerra” (Die Presse, 4/1/1862), en Carlos Marx y Federico Engels. La Guerra Civil…, op. cit., página 161.

18 Carlos Marx. “Un mitin en favor de los Estados Unidos” (Die Presse, 5/1/1862). Este primer mitin se organizó por la oposición de la clase obrera “al grito bélico de Londres”. Ibíd., página 163.

19 La moción que fue adoptada unánimemente y que conformó una resolución destinada a enviarse al gobierno de la Unión, establecía que “este mitin considera especial deber de los obreros, puesto que no están representado en el Senado de la Nación, declarar su simpatía hacia los Estados Unidos, en su lucha titánica por el mantenimiento de la Unión; denunciar la vergonzosa deshonestidad y defensa de la esclavitud de parte de The Times y diarios aristocráticos similares; manifestarse, en forma enfática, a favor de la más estricta política de no intervención en los asuntos de los Estados Unidos… y manifestar la más calida simpatía con las luchas de los abolicionistas para la solución final de la cuestión de los esclavos”. Carlos Marx. “Un mitin de obreros en Londres” (Die Presse, 2/2/1862), op. cit., página 179.

20 Kevin Anderson. Sobre la dialéctica de la raza y de la clase. Los escritos de Marx sobre la Guerra Civil, 150 años después” (21/10/2011), página 13. En línea. URL: http://www.kevin-anderson.com/sobre-la-dialectica-de-la-raza-y-de-la-clase-los-escritos-de-marx-sobre-la-guerra-civil-150-anos-despues/ Consultado el 16/11/2015.

21 “Mensaje la Asociación Internacional de Trabajadores a Abraham Lincoln” (Bee Hive, Londres, 7/1/1865), en Carlos Marx y Federico Engels. La Guerra Civil…, op. cit., página 326.

22 Ibíd., página 327.

23 Carlos Marx. “La Guerra Civil en los Estados Unidos” (Die Presse, 7/11/1861), op. cit., página 105.

24 “Mensaje la Asociación Internacional de Trabajadores a Abraham Lincoln”, op. cit., página 327. Esta expresión fue retomada en las primeras páginas del primer tomo de El Capital.

25 Ibíd., página 104.

26 Federico Engels. “De Engels a Marx” (23/05/1862), en Carlos Marx y Federico Engels. La Guerra Civil…, op. cit., páginas 288-289.

27 Carlos Marx. “La situación en el teatro de la guerra norteamericana” (Die Presse, 30/5/1862), en Carlos Marx y Federico Engels. La Guerra Civil…, op. cit., página 232. Subrayado en el original.

28 Federico Engels. “De Engels a Marx” (15/11/1862), en Carlos Marx y Federico Engels. La Guerra Civil…, op. cit., página 303.

29 Carlos Marx. El Capital. Tomo I, Libro Primero: El proceso de producción del capital; Buenos Aires, Siglo XXI, 2002, página 323. Marx se refiere a la lucha organizada por el Congreso General del Trabajo en 1866.

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