Gramsci y la Modernidad. Notas sobre el Cuaderno 16

gramsci y modernidad proQueridas amigas y amigos, mientras permanecemos a la espera de que decidan quien nos va a gobernar los próximos cuatro años (¿quién sabe?) y tras las reflexiones y opiniones de José Luis Muñoz sobre la corrupción reinante, toca volver a la reflexión teórica.

Para hoy hemos trabajado un pequeño texto sobre un gran autor. A través de la experta gramsciana Dora Kanoussi, hacemos una parada para conocer acerca de la reflexión de Gramsci sobre eso que llaman Modernidad y su contradicción, la filosofía de la praxis; y que se recoge en el Cuaderno de la cárcel número 16. Breve e interesante…

Salud y república. Olivé

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GRAMSCI Y LA MODERNIDAD. NOTAS SOBRE EL CUADERNO 16

Dora Kanoussi

 

El Cuaderno 16 contiene reflexiones que parecen justificar nuestra tesis sobre la estructura conceptual de los Cuadernos, la etapa madura de su pensamiento.

Un punto central, una gran cuestión, se concentra en el parágrafo 9 cuyo título es “Algunos problemas para el estudio del desarrollo de la filosofía de la praxis”. En esta nota Gramsci plantea de modo más completo que en textos anteriores su programa científico establecido con el tiempo en la cárcel. La idea básica a partir de la cual desarrolla dicho programa consiste en la constatación de que la filosofía de la praxis ha sufrido una doble revisión. Esta última se materializó en la absorción e incorporación de elementos de dicha filosofía a corrientes idealistas como las de Croce, Gentile, Sorel, Bergson y otros. Pero también sucedió que el marxismo tradicional u ortodoxo fue identificado por sus teóricos con el materialismo a secas, como por ejemplo Bujarin. El primer proceso corresponde a intelectuales “puros” y el último a aquellos que estuvieron ligados a las masas.

Los intelectuales puros asimilaron elementos del marxismo para fortalecer sus propias concepciones; en cambio los “ortodoxos”, quienes tienen que pelear contra las ideologías difundidas entre las masas, pensaron derrotar a aquellas apostando a un materialismo simple. Por cierto que el caso del primer marxista italiano, Antonio Labriola, es diverso de los anteriores puesto que fue el primero en afirmar que la filosofía de la praxis es independiente y original, es decir, tiene la posibilidad de desarrollarse autónomamente. Todo ello constituye el punto de partida de la reflexión de los Cuadernos de la cárcel.

Las razones de esta situación pueden ser vistas solo por una averiguación al interior de la historia de la cultura moderna después de Marx. No es sin embargo fácil identificar los elementos que la filosofía de la praxis cede a otras concepciones. El caso de Benedetto Croce es para ello ejemplar: la reducción de la filosofía de la praxis a “canon empírico de investigación histórica” es la manera como este filósofo neohegeliano asimila y “traduce” al marxismo dentro de su propio contexto teórico.

Lo más difícil en este sentido es detectar las absorciones no directamente visibles de elementos de marxismo, de parte de diversas corrientes como el pragmatismo o autores aislados como Bergson, Sorel, etcétera.

La misma cuestión presenta también otro interesante aspecto: ¿por qué el marxismo se habrá combinado con, o basado en, el materialismo llamado vulgar, pero también (aunque en medida mucho menor) con el kantismo? La respuesta es muy compleja y quizá solamente podría ser dilucidada siguiendo algunas ideas de Rosa Luxemburgo del año 1903. Según ella el marxismo se habría desarrollado solo hasta el punto que correspondía a las necesidades de las actividades prácticas. La complejidad de la cuestión aumenta si se piensa que además, creando un arsenal de armas que todavía no pueden servir pero que con el tiempo sí serán adecuadas, Marx y Engels habrían ido mucho más allá de las necesidades de su tiempo y hasta el tiempo posterior a ellos.

En todo caso el núcleo del problema está en la falta de contacto entre alta y baja cultura, entre intelectuales y masas o, lo que es lo mismo, entre teoría y práctica. Siguiendo a Rosa Luxemburgo, Gramsci se pregunta si esto no es algo históricamente “necesario”, si no sucede así cada vez que está por surgir un nuevo grupo social y con ello una nueva concepción del mundo. Ejemplos clásicos de este proceso serían los movimientos que precedieron al nacimiento de la Modernidad: el Renacimiento y la Reforma Protestante.

El paralelismo entre el movimiento de la Reforma de Lutero y el del Renacimiento (clasificados por su contenido y por su relación con las masas como popular el primero y aristocrático el segundo), pese a que aparecen como distintos y separados uno del otro, en realidad son históricamente complementarios puesto que ambos se encuentran o confluyen en la Ilustración y sus resultados “prácticos”, en la Revolución francesa por una parte y por la otra en la filosofía de Hegel. En ello consistiría el inicio del proceso de la Modernidad en su conjunto. Para Gramsci la suerte del marxismo se asemeja en mucho a la de la Reforma del siglo XVI: su esterilidad espiritual debida a la deserción o ausencia de intelectuales, en el lapso de dos siglos, resultó en la filosofía clásica alemana y la misma filosofía de la praxis.

Es por esta razón que Gramsci piensa que la práctica política (“Reforma”) de los bolcheviques tendrá su “Renacimiento”, su propia filosofía, fuera de la URSS, quizás en algún lugar donde este “Renacimiento” de la filosofía se unirá o más bien complementará a tal “práctica política”, a la “Reforma” de 1917.

En una nota escrita entre noviembre y diciembre de 1930 (Q 5, & 123) con el título Renacimiento, Gramsci expresa esta misma idea diciendo que Maquiaveloes una reacción al Renacimiento”, es decir, él es manifestación de la necesidad nacional de “ir al pueblo” como lo hicieron las monarquías de Francia y España. Síntoma de ello fue la popularidad de Valentino en la Romagna cuando peleaba contra los pequeños príncipes.

La extraordinaria importancia de Maquiavelo está precisamente aquí: en el hecho de que él se haya dado cuenta de la necesidad de un nexo entre “Reforma” y “Renacimiento”. En su pensamiento coinciden por ello genética y estructuralmente la formación del Estado moderno y la relación entre momento de Reforma y Renacimiento. Esta es su fundamental intuición y aquí está su contribución a la Modernidad, hasta Marx y la filosofía de la praxis (M. Ciliberto). Por ello Maquiavelo constituye la metáfora por excelencia del nacimiento de la Modernidad así como una relación fuerte con la filosofía de la praxis. Gramsci ve a Maquiavelo como el primer teórico y primer crítico de la Modernidad, auténtico precursor de Marx, quien a su vez sería legítimo heredero.

Sin embargo, el contenido ideológico del Renacimiento no se desarrollará dentro de Italia sino en Alemania y Francia; este contenido será encarnado por el Estado moderno por una parte y por la filosofía moderna por la otra. Este es el carácter esencial de la Modernidad: el Estado-nación y la filosofía clásica alemana. En otras palabras, los lenguajes por cuya recíproca traducción esta Modernidad se expresa. Ambos serán “importados” a Italia, por causa del cosmopolitismo de los intelectuales italianos. Esta es la manera gramsciana de concebir la “circulación” del pensamiento italiano, el cual una vez “exportado” por estos intelectuales cosmopolitas del Renacimiento a Europa, reforma enriquecido a su lugar de origen. Esto significa que el Renacimiento como movimiento intelectual no pudo ser “nacionalizado” por no haber ido al pueblo como fue el caso de la Reforma protestante. De todos modos, tanto el Renacimiento como la Reforma constituyen una fecunda crisis del pensamiento filosófico y científico. En Italia precisamente, solo Maquiavelo entendió que “el Renacimiento no puede ser tal sin la fundación del Estado nacional, por ello él como hombre, es el teórico de lo que sucede fuera de Italia”.

La falta de complementación entre los movimientos renacentistas y de la Reforma, el hecho de que el primero no “fue al pueblo” o no fue complementado por la segunda, hace que la tarea de unificar ambos recaiga en el marxismo: la filosofía de la praxis hereda la tarea histórica de hacer que la Modernidad, por este proceso de fusión entre Reforma y Renacimiento, se complete, haciendo que nazca otra civilización. En relación a estas reflexiones, a una atenta lectura no podrá escapar la obvia deuda de Gramsci con las hegelianas Historia de la Filosofía y la Filosofía de la Historia. Como se sabe las ideas iniciadas en este Cuaderno 16 serán desarrolladas con más amplitud y complejidad en el Cuaderno 11. (Para ello me permito remitir a Gramsci, 2000.)

El marxismo como filosofía de la praxis inspirada en Antonio Labriola será revisado, renovado y revivido a través de la doble crítica a la cual somete Gramsci a la doble revisión sufrida por aquel a través del neoidealismo y el materialismo dialéctico e histórico de los teóricos soviéticos. De ahí la elevación del marxismo a otro nivel, a lo que será la contribución gramsciana al pensamiento crítico de la Modernidad.

Gramsci sitúa así el nacimiento de la filosofía de la praxis al interior de una crisis de civilización que no es más que crisis o desequilibrio del espíritu (los intelectuales) y su relación con, o intervención en, la realidad. Este será el problema central que marcará las fases por las cuales pasa la historia de la constitución de la modernidad: en un primer momento está la crisis de la unidad medieval la cual, una vez cumplidos la Reforma protestante y el Renacimiento culminará en la Revolución francesa y la filosofía clásica; es decir, en la separación entre espíritu crítico y práctica inherentes a la Modernidad. De este modo la filosofía de la praxis como tal, es el resultado y expresión de las contradicciones de esta misma Modernidad, con la peculiar característica de que se encuentra en la misma situación de crisis que la Modernidad: la ausencia de unidad entre “Reforma” y “Renacimiento”, es decir, entre espíritu crítico y acción, entre intelectuales y masas, entre teoría y praxis, ausencia de unidad que marca el nacimiento de la Modernidad. Relevante es el hecho de que este proceso histórico de la Modernidad y sus fases coinciden con la idea, definición y significado que tiene para Gramsci la llamada “revolución pasiva”, su concepto por excelencia: la contradicción más grande de la Modernidad y al mismo tiempo su posible resolución, la filosofía de la praxis está marcada por la separación entre “Renacimiento” y “Reforma”, masas e intelectuales, es decir, revolución pasiva que no es más que ausencia de hegemonía.

Dicho de otro modo: la Modernidad que culmina con la Revolución Francesa y la filosofía clásica alemana, significa también el nacimiento de una nueva filosofía que solo como tal, es decir como filosofía y praxis, filosofía y revolución según la vieja tradición de Fichte, Hegel, Heine y Marx, o como nivel superior de “Reforma” y “Renacimiento”, de voluntad colectiva y reforma intelectual y moral podría superar a la Modernidad. Este es precisamente el contenido de la utopía de Gramsci, lo mismo que de Marx, consistente en la posibilidad de una unificación entre filosofía y revolución. A ello está ligado algo muy importante para la comprensión de los Cuadernos de la cárcel: su famoso pensar für ewig (por siempre) no es más que el estar consciente, saber que, una vez más, la tendencia hacia la unión entre “Reforma” y “Renacimiento” en la historia moderna ha sido pospuesta pero no cancelada. Esta es la razón por la que Gramsci dedicará sus pensamientos escritos en la cárcel, desde la primera línea, a una cuestión universal, al für ewig goethiano: examinar la historia de la Modernidad y su íntima y última contradicción, la filosofía de la praxis, subvirtiéndola desde la raíz, poniéndola una vez más “de cabeza”.

Bibliografía

Gramsci, Antonio 2000 Introducción a los Cuadernos de la Cárcel

(Madrid: BUAP/IGS/Plaza y Valdés).

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