Para un materialismo ecológico

polución copiaPues así, como quien no quiere la cosa, se nos va este 2015. No vamos a hacer balances ni propuesta de enmienda. Eso cada cual con su conciencia y sus actos. Lo que si vamos a continuar es dándole a esto del marxismo.

Para culminar o, más bien, completar todo lo que hemos estado viendo sobre el materialismo vamos a proponer la lectura de un filólogo que acabó siendo filósofo. Alfred Schmidt estudió filosofía, con especial interés en Schopenhauer, Marx, el marxismo occidental, Goethe, la Teoría Crítica de la Escuela de Frankfurt, cuyos autores Horkheimer y Adorno se convirtieron en sus maestros. El texto que viene a continuación es el prólogo a su tesis doctoral El concepto de naturaleza en Marx, traducido a 18 idiomas. Allá vamos...

Salud. Olivé

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PARA UN MATERIALISMO ECOLÓGICO

Alfred Schmidt

Marx dice que las revoluciones son las locomotoras de la historia mundial.
Pero tal vez se trata de algo completamente diferente.
Tal vez las revoluciones son el manotazo hacia el freno de emergencia
que da el género humano que viaja en ese tren.2

Walter Benjamin, Tesis sobre la historia y otros fragmentos.

 

I

Cuando el autor estaba trabajando en la redacción final de su tesis de doctorado se desconocían conceptos que actualmente predominan en los debates científicos y de política actual, como por ejemplo: “conciencia ecológica”, “límites del crecimiento”, “civilización alternativa”, “técnica blanda” o “crisis ecológica”. En ese entonces, por cierto, estaba ya desacreditado un progresismo ingenuo. La Dialéctica de la ilustración3 de Horkheimer y Adorno había instruido (entre otros puntos) sobre las implicaciones nocivas del desarrollo técnico para la naturaleza. Además, alguien como el autor, dedicado más en detalle a Marx y Engels, pudo encontrar, también en sus escritos, dudas respecto de las bendiciones del sistema industrial. Mientras tanto, la problemática ecológica ha llegado a tales dimensiones que sobrepasa toda discusión meramente académica. La pregunta sobre el progreso se ha convertido desde hace tiempo en la cuestión de la supervivencia de la humanidad. La “destrucción de los medios de subsistencia naturales de la sociedad”, acentuado ya en el Postscriptum 1971,4 de la segunda edición de la obra, que marca la característica de la época actual, después del fracaso del experimento soviético, ya no puede atribuirse exclusivamente al modo de producción capitalista. El industrialismo ha demostrado ser inadecuado tanto en su versión de socialismo de Estado, como en la de economía de mercado.

Los límites materiales y sociales del crecimiento han estremecido el optimismo de teóricos  burgueses, no menos que el de los marxistas. Actualmente se formulan las mismas recriminaciones contra Marx y sus partidarios, igual que contra los defensores del crecimiento económico ilimitado  con base capitalista. Son acusados de pasar por alto el hecho de que la explotación de la tierra tiene  límites naturales, una limitada capacidad recuperativa de la ecósfera y una escasez acentuada de  los recursos; y por ello se les considera cómplices de los daños del medio ambiente que se pueden  observar en todo el mundo5. Esta crítica es justificada en la medida en que el marxismo clásico concede al crecimiento de las fuerzas productivas –como factor civilizatorio en la historia– un papel cuasi metafísico. Con mucha frecuencia se tiene la impresión de que sus fundadores suponen sencillamente un potencial ilimitado de ulterior progreso y se entregan de tal manera a aquella dinámica desastrosa  de dominación de la naturaleza, que –justificada metodológicamente por Bacon y Descartes–  siempre ha sido también una dinámica de dominación de los seres humanos6. Por otro lado, en Marx y Engels se encuentran, ciertamente de forma escasa y en remotos lugares, algunas aproximaciones para una crítica “ecológica” del aspecto destructivo del desarrollo industrial moderno. El hecho de que las intervenciones humanas pueden dañar sensiblemente al equilibrio natural [Naturhaushalt], constituyó para ellos un problema antes que para el biólogo de Jena, Ernst Haeckel, cuya Morfologia general de los organismos7 introdujo el término “ecología” en la discusión científica. Ciertamente,  aquellas aproximaciones críticas de Marx y Engels, que escasamente fueron tomadas en  cuenta, no podían debilitar el cliché asentado de un marxismo que ciegamente cree en el progreso. No obstante, se puede demonstrar que Marx y Engels no tuvieron para nada una conexión inquebrantable  con la idea del progreso. Así formula Engels, en una carta a Marx, que el historiador Maurer  rinde homenaje al “prejuicio iluminista, de que a partir de la noche medieval debe seguramente  haber tenido lugar un continuo progreso hacia cosas mejores (lo que le impide ver, no sólo el carácter  contradictorio del progreso real, sino también los retrocesos particulares)8.

Marx coincide en este asunto con Engels y al mismo tiempo va más allá de él, en cuanto que considera el asunto bajo el aspecto más amplio de la aún pendiente revolución social. Sólo después  de que ésta “se apropie” de las conquistas materiales e intelectuales de la época burguesa “sometiéndolos  al control común de los pueblos más avanzados, sólo entonces –así el pronóstico de Marx–  el progreso humano habría dejado de parecerse a ese horrible ídolo pagano que sólo quería beber el  néctar en el cráneo del sacrificado9.

II

Recordemos primero los ejemplos destacados del optimismo de Marx y Engels respecto al  desencadenamiento de las fuerzas productivas que acompaña al acenso de la burguesía. En el Manifiesto del Partido Comunista dicen: “En el siglo corto que lleva de existencia como clase dominante, la burguesía ha creado energías productivas mucho más grandiosas y colosales que todas las pasadas  generaciones juntas. Basta pensar en el sojuzgamiento de las fuerzas naturales por la mano del  hombre, en la maquinaria, en la aplicación de la química a la industria y la agricultura, en la navegación de vapor, en los ferrocarriles, en el telégrafo eléctrico, en la roturación de continentes enteros,  en los ríos abiertos a la navegación, en los nuevos pueblos que brotaron de la tierra como por encanto. ¿Cuál de los pasados siglos pudo sospechar que en el seno del trabajo social dormitasen tantas y tales fuerzas productivas?10

Marx y Engels festejan la tendencia cosmopolita que va unida al surgimiento de un mercado  mundial capitalista: “Hoy, en vez de aquel mercado local y nacional que se bastaba a sí mismo y donde no entraba nada de fuera, la red del comercio es universal, y en ella entran, unidas por vínculos de  interdependencia, todas las naciones. Y lo que acontece con la producción material, acontece también  con la del espíritu. […] La estrechez y el exclusivismo nacionales van haciéndose cada vez más  imposibles, y las literaturas locales y nacionales confluyen todas en una literatura universal11.

A esta dinámica histórica triunfal corresponde, como lo explica detenidamente Marx en el “borrador” [Grundrisse] de su obra principal, “la apropiación universal tanto de la naturaleza como de la  relación social misma por los miembros de la sociedad. Hence the great civilising influence of capital;  su producción de un nivel de la sociedad, frente al cual todos los anteriores aparecen como desarrollos meramente locales de la humanidad y como una idolatría de la naturaleza. […] la naturaleza  se convierte puramente en objeto para el hombre, en cosa puramente útil; […] cesa de reconocérsele como poder para sí, incluso el reconocimiento teórico de sus leyes autónomas aparece sólo como  artimaña para someterla a las necesidades humanas […]”12. Fuera del “sistema de la utilidad general”,  de cuyo “soporte” también participa la ciencia, nada es válido como “superior-en-sí, como justificado- para-sí-mismo13.

Las manifestaciones de Marx parecen en cierto modo extrañas: ora sensato-realistas, ora  apologéticas. Él, como Hegel, está persuadido de que la historia no transcurre linealmente, sino de  forma dialéctica. La humanidad no puede ponerse a salvo de la contradicción de que el bienestar de  la totalidad del género [gattungsmäßiges Ganzes] se impone a costa de los individuos. Mientras los  “productores asociados14 no configuren conscientemente su historia, es imposible un progreso directamente  beneficioso para cada particular. Cuando Marx aprueba (casi) incondicionalmente la dinámica  desencadenada a través de la emancipación burguesa, lo hace porque ésta –de eso está seguro– proporciona no solamente la base material del tránsito al socialismo, sino que garantiza también  que éste supere notablemente la productividad laboral del mundo capitalista15. Por lo pronto, los  seres humanos deben ciertamente pasar por durísimas privaciones. Empero, la sociedad moderna  se encuentra, comparada con la antigüedad y la edad media, “en el movimiento absoluto del devenir16. Pero la “elaboración”, asociada a éste, de las “disposiciones creadoras” del ser humano tiene  lugar bajo presagios negativos: la “objetivación universal, como enajenación total, y la destrucción  de todos los objetivos unilaterales […], como sacrificio del objetivo propio frente a un objetivo completamente externo17. Por eso aparece, nostálgicamente transfigurado, “el infantil mundo antiguo […]  como superior” representa una “configuración cerrada, forma y limitación dada18, es decir, una inmediatez  de relaciones humanas que desaparece al surgir el mercado mundial. Este se presenta  ante el individuo cada vez más categóricamente como un contexto fáctico [sachlicher Zusammenhang] que se impone independientemente de su conocimiento y voluntad19. Sin embargo, acentúa Marx, la sociedad moderna es preferible a aquellas comunidades que se basaron en “vínculos naturales  de consanguinidad, o en las relaciones de señorío y servidumbre20. Cuanto más forzados se  encuentran ahora los seres humanos a incorporarse a un contexto objetivo, mundial, tanto más sigue  siendo este último innegablemente su propio producto: “pertenece a una determinada fase del  desarrollo de la individualidad. La ajenidad y autonomía con que ese nexo existe frente a los individuos  demuestra solamente que éstos aún están en vías de crear las condiciones de su vida social en  lugar de haberla iniciado a partir de dichas condiciones21.

Marx admite que tan sólo la sociedad socialista estará en condiciones de suprimir aquella  “ajenidad” y “autonomía” de las relaciones [existentes] frente a sus productores. La historia hasta  ahora, sobre todo la del capitalismo, conoce solamente la conexión aparentemente natural [naturwüchsiger  Zusammenhang] “entre los individuos ubicados en condiciones de producción […] estrechas22. Por el contrario, en el futuro, individuos desarrollados universalmente someterán sus relaciones  sociales a su “propio control colectivo23. “El grado y la universalidad del desarrollo de las facultades,  en las que se hace posible esta individualidad” suponen, sin embargo, la producción “basada sobre el valor de cambio, que crea, por primera vez, al mismo tiempo que la universalidad de la  enajenación del individuo frente a sí mismo y a los demás, la universalidad y la multilateralidad de sus relaciones y de sus habilidades24. Pertenece a la convicción fundamental de la filosofía de la historia  de Marx, el que la humanidad debe pasar a través del modo de producción capitalista. Sólo éste crea los “elementos materiales para el desarrollo de la rica individualidad, […] cuyo trabajo […] tampoco se  presenta ya como trabajo, sino como desarrollo pleno de la actividad misma, en la cual ha desaparecido  la necesidad natural en su forma directa, porque una necesidad producida históricamente ha  sustituido a la naturaleza25. Pero por lo pronto estamos lejos de esto. Los seres humanos, experimentando  su vida como pobre y vacía, añoran los “estadios de desarrollo precedentes”, en los que el  individuo se presenta con “mayor plenitud” porque “no ha elaborado aún la plenitud de sus relaciones  y no las ha puesto frente a él como potencias […] sociales autónomas. Es tan ridículo sentir nostalgias  de aquella plenitud primitiva como creer que es preciso detenerse en este […]. La visión burguesa  jamás se ha elevado por encima de la oposición a dicha visión romántica, y es por ello que ésta la  acompañará como una oposición legítima hasta su muerte piadosa26.

Marx rara vez ha destacado su concepción de un modo tan claro, tanto contra la glorificación  romántica de estadios precapitalistas, como contra la tendencia positivista de justificar lo existente.  Mientras la “visión romántica” constituye siquiera una “oposición legítima” frente a las relaciones cosificadas  de un capitalismo desarrollado, los argumentos positivistas respingan contra el carácter inconcluso  de la dialéctica histórica, el cual se expresa en que la tarea del capital, de desarrollar enormemente las fuerzas productivas sociales, está cumplida en cuanto el desarrollo ulterior “halla un límite en el capital mismo27.

III

Examinemos ahora algunas alusiones de Marx y Engels que en la presente disertación no se  acentúan de la manera que, desde el punto de vista actual, les corresponde según su relevancia objetiva.  No ponen únicamente de manifiesto los principios de una conciencia ecológica aguzada, sino  que documentan cómo la obra de Marx y Engels, vista en su totalidad, de ninguna manera está al  servicio de una dominación desconsiderada de la naturaleza. Todo lo contrario. Marx critica desde  un principio la influencia negativa de la economía capitalista sobre el concepto de naturaleza modernamente  divulgado. “El dinero es el valor general de todas las cosas constituido en sí mismo. O sea que le ha arrancado a todo el mundo, sea humano o natural, el valor que le caracterizaba. […] Bajo el  dominio de la propiedad privada y el dinero, la actitud frente a la naturaleza es su desprecio real, su  violación de hecho28.

Afirmaciones posteriores de los autores se refieren a consecuencias desastrosas de la producción  industrial y agraria capitalista, así como a los límites naturales de la explotabilidad de la naturaleza,  que debería tener en cuenta inclusive una sociedad socialista. “La productividad del trabajo”, escribe Marx en el tomo III de El Capital, “también se halla ligada a condiciones naturales que a menudo  se tornan menos rendidoras en la misma proporción en que la productividad –en tanto depende de condiciones sociales– aumenta. De ahí que se produzca un movimiento opuesto en esas diferentes  esferas, progreso en un caso y retroceso en otro. Piénsese, por ejemplo, en la sola influencia  de las estaciones, de la cual depende la parte inmensamente mayor de todas las materias primas, el  agotamiento de bosques, yacimientos carboníferos, minas de hierro, etcétera29. En el capítulo “Maquinaria  y gran industria” del primer tomo de su obra principal, Marx pone de relieve las consecuencias  nocivas, subjetiva y objetivamente de la agricultura industrializada. Muestra que la producción  capitalista, con “la preponderancia incesantemente creciente de la población urbana […] perturba el metabolismo entre el hombre y la tierra, esto es, el retorno al suelo de aquellos elementos constitutivos  del mismo que han sido consumidos por el hombre bajo la forma de alimentos y vestimenta, retorno  que es condición natural eterna de la fertilidad permanente del suelo. Con ello destruye, al mismo  tiempo, la salud física de los obreros urbanos y la vida intelectual de los trabajadores rurales.  Pero a la vez, mediante la destrucción de las circunstancias de ese metabolismo, circunstancias surgidas  de manera puramente natural, la producción capitalista obliga a reconstruirlo sistemáticamente como la ley reguladora de la producción social y bajo una forma adecuada al desarrollo pleno del hombre30. Marx expresa aquí razonamientos muy actuales. Claramente está ante su vista el problema  del “reciclaje”, con ello la necesidad histórica de restablecer de una manera consciente el ciclo natural, perturbado por la intromisión del hombre, y que hasta ahora ha tenido lugar más bien de manera accidental y a costo de los seres humanos31. Al final de este capítulo, Marx resume sus resultados  de la manera siguiente: “Al igual que en la industria urbana, la fuerza productiva acrecentada y la  mayor movilización del trabajo en la agricultura moderna, se obtienen devastando y extenuando la  fuerza de trabajo misma. Y todo progreso de la agricultura capitalista no es sólo un progreso en el  arte de esquilmar al obrero, sino a la vez en el arte de esquilmar al suelo; todo avance en el acrecentamiento  de la fertilidad de éste durante un lapso dado, un avance en el agotamiento de las fuentes  duraderas de esa fertilidad. […] La producción capitalista, por consiguiente, no desarrolla la técnica y  la combinación del proceso social de producción sino socavando, al mismo tiempo, los dos manantiales  de toda riqueza: la tierra y el trabajador32. Este “proceso de destrucción”, añade Marx, se lleva  a cabo más rápidamente cuanto más depende un país de la gran industria, como “punto de partida y  fundamento de su desarrollo33; como ocurre por ejemplo en los Estados Unidos. De manera semejante  se expresa Marx al respecto en las Teorías sobre la plusvalía: “Es propio de la naturaleza de la  producción capitalista el que la industria se desarrolle más rápidamente que la agricultura. Esto no responde a la naturaleza de la tierra [precisamente], sino al hecho de que ésta requiere otras relaciones  sociales para ser realmente explotada con arreglo a su naturaleza. La producción capitalista  sólo se lanza a la tierra después de haber agotado su fuerza y de haber asolado sus posibilidades naturales34.

Como critico de la economía política, Marx observa también la literatura científica en ámbitos  limítrofes. En cuanto al aspecto negativo de la condición natural socialmente determinada, él debe al  investigador versátil Carl Nikolaus Fraas valiosos estímulos, principalmente por su estudio Klima und Pflanzenwelt in der Zeit, ein Beitrag zur Geschichte beider [Clima y flora en el tiempo, una contribución  a la historia de ambos] (Landshut, 1847), cuya lectura recomienda a Engels en una carta, fechada  en primavera de 1868. Fraas, se dice ahí, demuestra “que el clima y la flora cambian en la época  histórica. Este autor es darwinista antes de Darwin y hace que las mismas especies nazcan en el  tiempo histórico. Pero es, al mismo tiempo, agrónomo. Afirma que, con el cultivo (o, en su caso, con  el desarrollo de éste) se pierde la ‘humedad’ que tanto gusta a los campesinos (de ahí también que  las plantas emigren del Sur al Norte), hasta que por último surge la formación de estepas. El primer  resultado del cultivo es útil y a la postre devastador por la deforestación, etc. […] En resumen, el cultivo,  si está avanzando de una manera [aparentemente] ‘natural’, [naturwüchsig] y noconscientemente  dominado (naturalmente que como burgués no llega a ello), deja tras sí los desiertos: Persia, Mesopotamia,  etc., Grecia. Por tanto, también a su vez, ¡una tendencia socialista inconsciente!35.

Está relacionado con ello la “destrucción de los bosques36 de la que habla Marx, estimulado  probablemente por Fraas, en el tomo II de El Capital: “El prolongado tiempo de producción (que incluye  una extensión relativamente pequeña de tiempo de trabajo), y en consecuencia, la gran extensión  de sus períodos de rotación, hacen que la forestación no resulte propicia como ramo de explotación  privado y por ende capitalista; un ramo capitalista de explotación es esencialmente una empresa  privada, aun cuando aparezca el capitalista asociado en lugar del capitalista individual. El desarrollo  de la civilización y de la industria en general se ha mostrado tan activo desde tiempos inmemoriales  en la destrucción de los bosques, que, frente a ello, todo lo que ha hecho en sentido inverso  para la conservación y producción de los mismos es en rigor una magnitud evanescente37.

También las comprensiones ecológicas de Engels presuponen la lectura del libro de Fraas; conciernen en primer lugar a los problemas que se generan con la progresiva industrialización de las  zonas rurales. Al respecto, se lee en el Anti-Dühring: “La existencia de agua relativamente pura es la  primera exigencia de la máquina de vapor y el requisito fundamental de casi todas las ramas de explotación  de la gran industria. Pero la ciudad fabril convierte casi toda el agua en una apestosa charca  de estercolero. Así pues, por mucho que la concentración urbana sea una condición fundamental de la producción capitalista, todo capitalista industrial aislado aspira siempre a escapar de las grandes  ciudades engendradas por ella y a huir a la explotación rural. Este proceso puede estudiarse en  detalle en los distritos de la industria textil de Lancashire y Yorkshire; la industria capitalista hace brotar constantemente allí nuevas y grandes ciudades, al desplazarse constantemente de la ciudad al campo38. Como Marx, en el tomo I de El Capital, Engels ve en ello un “ciclo defectuoso”, que, según  su convicción, solamente podría eliminarse a través de la “supresión” del “carácter capitalista39 de la  industria. Únicamente una sociedad organizada con economía planificada estaría en condiciones de distribuir geográficamente los lugares industriales, de manera que se conserven los “elementos de  producción40 como la tierra, el agua y el aire. La actual contaminación únicamente podría eliminarse a través de la “fusión de la ciudad y el campo41.

En la Dialéctica de la naturaleza Engels revela la relación interna entre el modo de producción  burgués (y su expresión en las ciencias sociales, la economía clásica), por un lado y aquella praxis (e ideología) imperial, por otro lado, para la cual la naturaleza siempre se ve reducida a ser un mero  sustrato para la intervención explotadora. “Lo mismo frente a la naturaleza que frente a la sociedad”, subraya Engels, “sólo interesa de modo predominante, en el régimen de producción actual, el efecto  inmediato y más tangible; y, encima, todavía produce extrañeza el que las repercusiones más lejanas de los actos dirigidos a conseguir ese efecto inmediato sean muy otras y, en la mayor parte de los casos, completamente opuestas42. No faltarán –a largo plazo– contratiempos en donde se trate únicamente de “sacarle un rendimiento directo e inmediato al trabajo43. Los triunfos de la dominación  de la naturaleza se evidencian como victorias pírricas. A ello se refiere Engels insistentemente: “No debemos […] lisonjearnos demasiado de nuestras victorias humanas sobre la naturaleza. Esta se venga de nosotros por cada una de la derrotas que le inferimos. Es cierto que todas ellas se traducen principalmente en los resultados previstos y calculados, pero acarrean, además, otros imprevistos,  con los que no contábamos y que, no pocas veces, contrarrestan los primeros. Quienes desmontaron  los bosques de Mesopotamia, Grecia, el Asia Menor y otras regiones para obtener tierras roturables  no soñaban con que, al hacerlo, echaban las bases para el estado de desolación en que actualmente  se hallan dichos países, ya que, al talar los bosques, acababan con los centros de condensación  y almacenamiento de la humedad. Los italianos de los Alpes que destrozaron en la vertiente meridional los bosques de pinos tan bien cuidados en la vertiente septentrional no sospechaban que, con ello, mataban de raíz la industria lechera de sus valles, y aún menos podían sospechar que, al  proceder así privaban a sus arroyos de montaña de agua durante la mayor parte del año, para que en la época de lluvias se precipitasen sobre la llanura convertidos en turbulentos ríos44.

Engels no abriga ninguna ilusión respecto al tiempo y esfuerzo que costará quitar la carga hereditaria civilizadora de la historia hasta nuestros días45. Pero supone que la comprensión científica en un futuro logrará no sólo reconocer a tiempo, sino también dominar, las “repercusiones próximas y remotas de nuestras injerencias en […] [la] marcha normal [de la naturaleza]46. Opina que, ciertamente,  sólo “una larga y a veces dura experiencia […] nos va enseñando […] a ver claro acerca de las  consecuencias sociales indirectas y lejanas de nuestra actividad productiva47. El sólo conocimiento  –de ello está Engels seguro– no será suficiente para “dominar […] y regular” los efectos secundarios no deseados de la dominación de la naturaleza48. Para ello hace falta “transformar totalmente el régimen de producción vigente hasta ahora y, con él, todo nuestro orden social presente49.

Como queda claro con las posiciones citadas, Marx y Engels tienen la misma conciencia respecto  a la gravedad del problema ecológico y de las medidas prácticas para su solución. Como materialistas  parten del hecho de que el Ser social, en el que viven los humanos, está incrustado en el Ser universal de la naturaleza; cuya existencia les está encomendada conservar, so pena de su propio  hundimiento. “Desde el punto de vista de una formación económico-social superior”, advierte Marx,

la propiedad privada del planeta en manos de individuos aislados parecerá tan absurda como la propiedad  privada de un hombre en manos de otro hombre. Ni siquiera toda una sociedad, una nación o,  es más, todas las sociedades contemporáneas reunidas, son propietarias de la tierra. Sólo son sus poseedoras, sus usufructuarias, y deben legarla mejorada, como boni patres familias, a las generaciones  venideras50.

IV

Teniendo en cuenta el estado de la problemática, radicalmente modificada desde la redacción del libro, al autor le parece conveniente reflexionar nuevamente alrededor del enfoque filosófico,  que sirvió de base a su exposición del concepto de naturaleza en Marx en ese entonces. La tesis de doctorado estaba comprometida con el espíritu de la antigua Escuela de Frankfurt, en la medida en que tendía a hacer valer íntegramente (en contraposición a los objetivismos inmediatos de la  ideología stalinista) la herencia idealista-alemana en Marx. El autor intentaba por ello evidenciar el  materialismo “práctico-crítico” de las Tesis sobre Feuerbach y de La Ideología alemana51, también en  la obras económicas –consultadas expresamente. De allí la tendencia del escrito a discutir la relación  humana con la naturaleza y con el mundo, casi sin excepción, desde la perspectiva del esquema  sujeto-objeto de una teoría del conocimiento y del trabajo52. De ahí resulta una asimetría –que se  hace patente sobre todo hoy en día. Aunque la otra parte de la comprensión marxiana de la realidad,  que es igualmente justificada, se tematiza53, sin embargo su peso objetivo no se acentúa debidamente. No obstante que sigue siendo verdad que el “mundo sensible […] no es algo directamente dado desde toda una eternidad y constantemente igual a sí mismo, sino el producto de la industria y del estado social, en el sentido de que es un producto histórico54, queda al mismo tiempo bien fundado,  viceversa, el concebir el “desarrollo de la formación económico-social” como un “proceso de historia  natural55.

El hecho de que, en el sentido del Capítulo II, toda “mediación social de la naturaleza” presupone “la mediación natural en la sociedad” es tal vez apenas hoy expresable con plena conciencia de las implicaciones. A “cada paso”, dice Engels en la Dialéctica de la naturaleza, “todo nos recuerda […] que el hombre no domina, ni mucho menos, la naturaleza a la manera como un conquistador domina  un pueblo extranjero, es decir, como alguien que es ajeno a la naturaleza, sino que formamos  parte de ella con nuestra carne, nuestra sangre y nuestro cerebro, que nos hallamos dentro de ella y  que todo nuestro dominio sobre la naturaleza […] consiste en la posibilidad de llegar a conocer sus leyes y de saber aplicarlas acertadamente56. Por eso hay que cuidarnos de la ilusión de que la humanidad  se elevaría en el socialismo de manera soberana sobre la naturaleza. Su dominio, por grande que sea, observa Max Adler, no elimina “la dependencia de los fenómenos sociales respecto de la  naturaleza57, simplemente varía la forma de imponerse. Ciertamente se “mueve” la “influencia de la  naturaleza” en el transcurso de la historia. “Pero esta modificación no significa un acabarse, ni siquiera  una disminución de la dependencia del hombre con respecto a los factores naturales. Al contrario,  precisamente Marx ha señalado que con el desarrollo progresivo del dominio de las fuerzas de  la naturaleza crece, en cierto modo, la amplitud del contacto del hombre con la naturaleza, y él mismo,  en su dominio sobre la naturaleza, termina dependiendo más de ella58.

Sin embargo, el ser humano logró imprimir su marca en la tierra. Marx se sabe a la altura del  progreso de la historia mundial cuando observa, en la Crítica del programa de Gotha, que el trabajo sólo llega a ser “fuente de riqueza” en cuanto “el hombre se sitúa de antemano como propietario frente a la naturaleza, primera fuente de todos los medios y objetos de trabajo, y la trata como posesión suya59. Conforme a ello, en el tomo III de El Capital, figura la tierra “como campo originario de ocupación  del trabajo, como reino de las fuerzas naturales, como arsenal preexistente de todos los objetos  de trabajo60. La naturaleza aparece en Marx siempre en el horizonte de formas históricamente cambiantes  de su apropiación social61. Sobre su propia modalidad solamente se hace constar que, como  “sustrato material” de valores de uso, su “existencia (no) se debe […] al concurso humano62. Este estado  de cosas –interpretado en el presente libro de una manera materialista– no puede, sin embargo, cambiar nada del antropocentrismo inherente a la concepción marxiana de la naturaleza, en la que  se refleja el papel del sujeto moderno, transformador del mundo63.

En la medida en que el autor destacó la función “constitutiva del mundo” de la praxis histórica,  esperaba corresponder con ello a la autocomprensión de Marx. Esto último, por cierto, se ha mostrado  mientras tanto como poco consistente. Esto aplica sobre todo para la referencia de la realidad  “práctica” en el pensamiento de Marx, la cual se expone en los Manuscritos económico-filosóficos de  manera diferente que en la Crítica del programa de Gotha, en donde se congela como un apriori histórico  de la apropiación ilimitada de la naturaleza.

Al igual que en el Postscriptum de 1971, también aquí hay que recordar, por lo menos, a  Feuerbach, a quien Marx y Engels pasaron por alto demasiado apresuradamente64. Lo que ellos objetaban  como deficiencia de su “materialismo contemplativo65: el que no toca el Ser de las cosas, se vuelve a descubrir hoy por hoy como una posibilidad de un acceso sin barreras a la naturaleza.  Feuerbach confronta en La Esencia del cristianismo la conciencia moderna con la ingenuidad grandiosa de los griegos, cuya relación con el mundo es simultáneamente teórica y estética; “pues la percepción teórica es, originariamente, la estética, y la estética es la primera filosofía66. Para los antiguos,  “el concepto del mundo […] es el concepto del cosmos, de la gloria, de la divinidad misma67.  Ser humano y mundo se encuentran en armonía. Dice Feuerbach: “Para quien la naturaleza es un  ser bello, le parece el objeto de sí mismo, y para él tiene la causa de su existencia en sí misma”; el  asienta como “causa de la naturaleza, una fuerza [que] […] actúa en su percepción sensitiva68. El ser  humano de este nivel da libre vuelo solamente a su fantasía. Feuerbach acentúa: “Al satisfacerse,  deja aquí, a la vez, la naturaleza en paz, […] monta sus cosmogonías poéticas, sólo de elementos naturales69. Por el contrario, en cuanto, como en la modernidad, el ser humano contempla el mundo  desde el “punto de vista práctico”, hasta elevarlo a un punto de vista teórico, “allí, éste vive en discordia  con la naturaleza, convertiéndola en la más humilde sierva de sus intereses egoísticos, de su  egoísmo práctico70.

Claro está que el recurso de Feuerbach a la concepción del mundo pretécnica-mítica de los  griegos no es un mero destello de nostalgias románticas. Feuerbach evoca la posibilidad, obstaculizada  ya en su tiempo múltiples veces, de experimentar a la naturaleza, no sólo como objeto de la  ciencia o materia prima, sino “estéticamente” en el sentido sensorial-receptivo y artístico. La praxis  que apropia debería de otorgar expresión y habla a las cosas. Pero para eso hace falta contar con un  principio filosófico, que esté por encima de la separación de ser humano y naturaleza, fijada en el esquema  sujeto-objeto del proceso de trabajo y del proceso de conocimiento. Habría que partir de la totalidad  natural [Naturganze] (y el origen natural del ser humano [Naturentsprungenheit des Menschen]).  Justamente en ello estriba según Marxel pensamiento de juventud sincero71 de Schelling.  En el Primer esbozo de un sistema de filosofía natural, de 1799, se reconoce a la naturaleza “realidad  absoluta”: “autonomía” y “autarquía”. La naturaleza, dice Schelling, es “un Todo organizado de sí  mismo y organizándose a sí mismo72.

Heurísticamente es utilizable también la tesis de Engels de la naturaleza como “conjunto integral73, como sistema ricamente subdividido en sí, de interacciones recíprocas universales. Dentro de este sistema que se presenta en autoconstitución [Selbstgegebenheit] originaria, el intercambio de ser humano y naturaleza mediado por la producción material, constituye solamente una de las innumerables  interacciones. Así, el hasta hoy vigente modo de pensar orientado a la praxis e historia  humanas no se anula pero sí se relativiza. El materialismo histórico-dialéctico se amplia al “materialismo  ecológico74; éste capta que la dialéctica de fuerzas productivas y relaciones de producción  está envuelta y sustentada por una dialéctica elemental de tierra y ser humano, las ahistóricas condiciones  previas de toda historia. Con ello se comprueba la idea de que el mundo constituye una unidad  material. Mucho se ganaría si la humanidad, renunciando a un crecimiento ilimitado, pudiera  prepararse para vivir venideramente en mejor armonía con el sistema de la naturaleza75.

NOTAS

1 Prólogo a El concepto de naturaleza en Marx (1993). Original: SCHMIDT, A (1993). “Vorwort zur Neuauflage 1993. Für einen ökologischen Materialismus.” In: A. Schmidt (1993). Der Begriff der Natur in der Lehre von Marx. 4ª ed., revisada y ampliada, con un nuevo prólogo de Alfred Schmidt. Hamburg: Europäische Verlagsanstalt 211 pp. pp. I-XVII. Versión en español del libro: SCHMIDT,A(1976). El concepto de naturaleza en Marx. Trad. de Julia M.T. Ferrari de Prieto y Eduardo Prieto. México, DF/Madrid, Siglo XXI ed. en coedición con Siglo XXI de España, Col. Biblioteca del pensamiento socialista. 244 pp. [4ª ed.: 1983. Reimpresión: Siglo XXI de España, Madrid, 2011; reimpresión: Siglo XXI, México, 2012. El libro es, en su primera versión, la tesis doctoral de A. Schmidt]. Las Notas con asteriscos y las observaciones entre corchetes son del traductor Stefan Gandler. Gracias a Marco Aurelio García Barrios por su ayuda para la elaboración de esta versión en español y la búsqueda de las traducciones de las citas de Marx. Igualmente gracias a Lissette Silva Lazcano por su ayuda en la revisión final de la traducción.

2 BENJAMÍN, W (2000). Tesis sobre la historia y otros fragmentos. Trad. Cast. de Bolívar Echeverría. México, DF, Itaca/UACM, p. 70.

3 HORKHEIMER, M & ADORNO, Th (1994). Dialéctica de la ilustración. Fragmentos filosóficos. Introd. y trad. de Juan José Sánchez. Madrid, Ed. Trotta.

4 El “Postscriptum 1971” no está incluido en las ediciones en español del libro de Alfred Schmidt.

5 Véase sobre ello: FESTSCHER, I (1985). Überlebensbedingungen der Menschheit. Ist der Fortschritt noch zu retten? München (2ª ed.), p. 110. Versión española: FESTSCHER, I (1988). Condiciones de supervivencia de la humanidad. Barcelona, Ed. Alfa (1ª ed.), 242 pp. Col. Estudios alemanes.

6 Véase: SCHMIDT, A (1975). Feuerbach o la sensualidad emancipada. Versión española de Julio Carabaña. Madrid, Taurus. 238 p., pp. 31 ss.

7 HAECKEL, E (1887). Morfologia general de los organismos. Trad. Salvador Sampere y Miquel. Barcelona, B. Barrera.

8 ENGELS, F (1973). “Carta a Karl Marx, 15 de diciembre de 1882”. In: MARX, K & ENGELS, F (1973). Obras escogidas, tomo VIII. Buenos Aires, Ed. Ciencias del hombre, p. 329 (cursivas de Engels).

9 MARX, K (1976). “Futuros resultados de la dominación británica en la India”, In: New York Daily Tribune, nº 3840 del 8 de agosto de 1853. Reproducido en: MARX, K & ENGELS, F (1976). Obras Escogidas. tomo I, Moscú, Ed. Progreso, p. 512.

10 MARX, K & ENGELS, F (1994). “Manifiesto del Partido Comunista”, In: MARX, K (1994). La cuestión judía y otros escritos. Selección e introducción de José Manuel Bermudo. Barcelona/ México, DF, Ed. Planeta, p. 252.

11 Ibíd.

12 MARX, K (1971). Elementos fundamentales para la crítica de la economía política. (Grundrisse) 1857-1858. Trad. Pedro Scaron, ed. a cargo de José Aricó, Miguel Murmis y Pedro Scaron, 3 tomos, México, Siglo XXI, tomo I, p. 362.

13 Ibídem.

14 MARX, K (1986). El Capital. Trad. Cast., de León Mames, ed. a cargo de Pedro Scaron, Tomo III, vol. 8, (4ª ed.), México, Siglo XXI Ed., p. 1044.

15 Véase: FESTSCHER, I (1985). Op. cit., pp. 120-121.

16 MARX, K (1971). Op. cit., p. 448.

17 Ibíd., pp. 447-448.

18 Ibíd., p. 448.

19 Ibíd., p. 89.

20 Ibídem.

21 Ibídem.

22 Ibídem.

23 Ibídem.

24 Ibíd., p. 90.

25 Ibíd., p. 267, véase también p. 479. Cf. en lo que concierne a la necesidad histórica del “paso” de la humanidad por el modo de producción capitalista, también a FESTSCHER, I (1985). Op. cit., p. 115 ss.

26 MARX, K (1971). Op. cit., p. 90.

27 Ibíd., p. 267.

28 MARX, K (1994). “La cuestión judía”. Trad. Cast., de José María Ripalda, In: MARX, K (1994). La cuestión judía y otros escritos. Selección e introducción de José Manuel Bermudo. Barcelona, Ed. Planeta, p. 58.

29 MARX, K (1987). El Capital. Trad. Cast., de León Mames, ed. a cargo de Pedro Scaron, Tomo III, vol. 6, México, DF, (9ª ed.), Siglo XXI Ed., pp. 333-334.

30 MARX, K (1975). El Capital. Trad. Cast., de Pedro Scaron, Tomo I, vol. 2, México, D.F., Ed. Siglo XXI, pp. 611-612 (cursivas del autor).

31 Marx se refiere en este contexto (véase: ibíd., p. 612) a Justus von Liebig, cuyo libro Die Chemie in ihrer Anwendung auf Agrikultur und Physiologie [La química en su aplicación a agricultura y fisiología] (7ª ed, 1862) pondera por haber analizado “desde el punto de vista de las ciencias naturales el aspecto negativo de la agricultura moderna”. Véase para ello también: FESTSCHER, I (1985). Op. cit., p. 137.

32 MARX, K (1975). El Capital. Tomo I, vol. 2, Op. cit., pp. 612 – 613 (cursivas de Marx). Véase para ello también las Teorías sobre la plusvalía, donde se dice lapidariamente: “En la producción de la riqueza, sólo se da anticipación del futuro –anticipación real– en lo que se refiere al obrero y a la tierra. En ambos [casos] es posible anticipar realmente el futuro y asolarlo intensificando prematuramente el esfuerzo hasta el agotamiento, rompiendo el equilibrio entre lo que se da y lo que se recibe. Ambas cosas ocurren en la producción capitalista” (MARX, K (1989). “Teorías sobre la plusvalía III”. Tomo IV de El Capital, trad. de Wenceslao Roces: Tomo 14 de MARX, K & ENGELS, F (1989). Obras Fundamentales, México, DF, Fondo de Cultura Económica, p. 274 [Los corchetes dentro de la cita son de Wenceslao Roces]).

33 MARX, K (1975). El Capital. Tomo I, vol 2, p. 612.

34 MARX, K (1989). “Teorías sobre la plusvalía III”, Op. cit., p. 267. [Los corchetes son de Wenceslao Roces. Corregimos la errata que cambió “producción capitalista” en “población capitalista”.]

35 MARX, K (1986). “Carta a Engels del 25 de marzo de 1868”, In: ENGELS, F (1986). Obras filosóficas. Trad. Cast., de Wenceslao Roces (tomo 18 de MARX, K & ENGELS, F (1986). Obras fundamentales). México, DF, Fondo de Cultura Económica, pp. 681-682. [La palabra alemana “Steppenbildung”, que significa “formación de estepas” está traducida erróneamente por Wenceslao Roces como “cultivo estepario”. La penúltima frase de la cita está incompleta, en su traducción, por ello la tradujimos de nuevo.]

36 MARX, K (1985). El Capital. Tomo II, vol. 4, Trad. Cast., de Pedro Scaron, ed. a cargo de Pedro Scaron, México, DF, (10ª ed.), Siglo XXI Ed., p. 296. –Marx comenta aquí: Friedrich Kirchhof, Handbuch der landwirtschaftlichen Betriebslehre, Dessau, 1852, p. 58.

37 MARX, K (1985). El Capital, tomo II, vol. 4, Op. cit., p. 296.

38 ENGELS, F (1986). “La subversión de la ciencia por el señor Eugen Dühring (“Anti-Dühring”), Op. cit., p. 259.

39 Ibídem. [Cambiamos aquí la traducción de Wenceslao Roces, quien formuló “círculo vicioso” para traducir “fehlerhafter Kreislauf”; con esta traducción se pierde la idea de un ciclo natural o biológico que hay sin duda en la palabra alemana “Kreislauf”.]

40 Ibídem. [W. Roces traduce “Elemente der Produktion” solamente como “elementos”.]

41 Ibíd., p. 260.

42 ENGELS, F (1986). “Dialéctica de la naturaleza”, Op. cit., p. 422.

43 Ibíd., p. 421.

44 Ibíd., p. 420, véase para ello también p. 422.

45 Ibíd., véase para ello también: ENGELS, F (1986).”La subversión de la ciencia por el señor Eugen Dühring (“Anti-Dühring”)”, Op. cit., p. 260.

46 ENGELS, F (1986). “Dialéctica de la naturaleza”, Op. cit., p. 420.

47 Ibíd., p. 421. Con respecto a la posibilidad, examinada por Engels, de controlar completamente en un futuro también la dominación de la naturaleza, marxistas posteriores, como Max Adler, se han expresado con razón escepticamente. Adler previene de “caer en la glorificación habitual e inconsiderada del progreso técnico, como lo ama el mundo burgués para su elogio y justificación”. Queda por contemplar “que no solamente sigue siempre existiendo la posibilidad de una penetración de la naturaleza no dominada en el sistema de los efectos regulados e intencionados de la naturaleza, sino que ahí donde tiene éxito [la penetración] provoca, precisamente por la dominación de la naturaleza más grande, pero momentáneamente quebrada, unas consecuencias considerablemente más grandes, y aún a veces catastróficas.” (ADLER, M (1964). Natur und Gesellschaft. Soziologie des Marxismus 2, Wien, 1964, p. 81 y 83).

48 ENGELS, F (1986). “Dialéctica de la naturaleza”, Op. cit., p. p. 421.

49 Ibídem.

50 MARX, K (1986). El Capital, tomo III, vol. 8, Op. cit., p. 987.

51 MARX, K (1994). Tesis sobre Feuerbach. Trad. Cast., de Wenceslao Roces, In: MARX, K (1994). La cuestión judía y otros escritos. Selección e introducción de José Manuel Bermudo. Barcelona, Ed. Planeta, pp. 225-232; y MARX, K & ENGELS, F (1987). La ideología alemana. Crítica de la novísima filosofía alemana en las personas de sus representantes Feuerbach, B. Bauer y Stirner y del socialismo alemán en sus diferentes profetas. Trad. Cast., de Wenceslao Roces, México, DF, Ed. Grijalbo, Col. Ciencias Económicas y Sociales, pp. 46 ss.

52 Véase para ello sobre todo el capítulo III, párrafo C): Constitución del mundo y praxis histórica. –En su artículo Praxis (1973) el autor desarrolló más de cerca el modo “praxeológico [praxeologisch]” de comprender las cosas (In: SCHMIDT, A (1981). Kritische Theorie. Humanismus. Aufklärung, Stuttgart).

53 Más explícitamente aún en el párrafo B) del capítulo II, en donde discute el autor el “intercambio orgánico entre hombre y naturaleza” y con ello habla también de su conexión con las interacciones complejas del todo natural [Naturganzes].

54 MARX, K & ENGELS, F (1987). Op. cit., p. 47.

55 MARX, K ( 1975). El capital, tomo I, vol. I, Op.. cit., p. 8.

56 ENGESL, F (1986). “Dialéctica de la naturaleza”, Op. cit., p. 420.

57 ADLER, M (1964). Op. cit., p. 84.

58 Ibíd., pp. 83-84.

59 MARX, K ( s/f). “Glosas marginales al programa del partido obrero alemán”, In: MARX, K & ENGELS, F (s/f). Obras escogidas. 2 tomos, Moscú, Ed. Progreso pp. 10-29, aquí: p. 10. (Cursivas del autor).

60 MARX, K (1986). El Capital, tomo III, vol. 8, Op. cit., pp. 1050-1051.

61 Martin Heidegger ha interpretado el materialismo marxiano en su “Carta sobre el humanismo” como expresión de una experiencia de la historia mundial y la ha defendido en contra de “refutaciones baratas”. “La esencia del materialismo” acentúa Heidegger, “no consiste en la afirmación que todo sea meramente materia, más bien en una determinación metafísica según la cual todo lo existente aparece como material del trabajo. La esencia moderna-metafísica del trabajo está prefigurado en la Fenomenología del Espíritu de Hegel como proceso autorregulado de la producción absoluta, esto es objetivación de lo real por el hombre, experimentado como sujetividad. La esencia del materialismo se esconde en la esencia de la técnica.” (HEIDEGGER,M(1954). Platons Lehre von der Wahrheit. Mit einem Brief über den Humanismus”, Bern, (2ª ed.), pp. 87-88. Versión española: Martin Heidegger, Carta sobre el humanismo. Madrid, 1970: Taurus (3ª ed.).

62 MARX, K ( 1975). El Capital, tomo I, vol 1, Op. cit., p. 53; véase también p. 209.

63 Cf. SCHMIDT, A (1982). “Humanismus als Naturbeherrschung”, In: ZIMMERMANN, J ed (1982). Das Naturbild des Menschen, München, pp. 301 ss.

64 SCHMIDT, A ( 1975). Op. cit., pp. 42 ss.

65 MARX, K ( 1994). Op. cit., p. 231.

66 FEUERBACH, LA (1971). La esencia del cristianismo. Crítica filosófica de la religión. México, DF, J. Pablos, 287 p., 114.

67 Ibídem. [en la traducción al español falta “del cosmos”].

68 Ibídem., [cursivas según el texto original de Feuerbach en alemán].

69 Ibid., p. 115 [cursivas según el texto original de Feuerbach en alemán].

70 Ibídem., [cursivas según el texto original de Feuerbach en alemán].

71 Carta de Marx a Feuerbach del 3 de octubre de 1843, In: MARX, K & ENGELS, F (1963). Werke, tomo 27, Berlín, p. 420.

72 SCHELLING, F (1927). Werke, ed. de Manfred Schröter, zweiter Hauptband [segundo tomo principal], München, p. 17.

73 ENGESL, F (1986). “Dialéctica de la naturaleza,” Op. cit., p. 287. [W. Roces traduce “Gesamtzusammenhang” como “concatenación total”.]

74 Este concepto fue introducido por el libro de AMERY, C(1976). Natur als Politik. Die ökologische Chance des Menschen [La Naturaleza como política. La oportunidad ecológica del ser humano], Reinbeck bei Hamburg, a la discusión científica y política (cf. p. 17 ss.). –El materialismo marxista, declara Amery, es inconsecuente, en que se ha orientado en las “directrices de la economía [Leitvorstellungen der Ökonomie]”, las cuales hay que subordinar “teórica y prácticamente” a las “directrices de la ecología [Leitvorstellungen der Ökologie]” (p. 184). –De ello se infiere que Amery recomienda, con respecto a las esperanzas utópicas del marxismo tradicional, importantes reducciones. Amery formula la “perspectiva del materialismo consecuente” de la siguiente manera: “Reconciliación con la tierra: esto es la necesidad a partir de la cual se origina y actúa el materialismo consecuente. Ni fin de la enajenación, ni abundancia de los bienes para el hombre puede ser su meta, sino primero y sobre todo un orden futuro cual se desprende del respecto ante toda materia, también la no-humana. Por cierto, siempre es válida la frase Marxiana que la naturaleza le está mediada al hombre y también la influencia del hombre sobre la naturaleza (el conocido ‘metabolismo’) se realiza de manera social. Pero ello todavía no expresa nada sobre las tareas que se propone la sociedad como intermediadora” (p. 166).

75 Literatura adicional referida al final del texto de Schmit:

Adler, Max: Natur und Gesellschaft. Soziologie des Marxismus, vol. 2, Wien; Ed. Europa, 1964.

Amery, Carl: Natur als Politik. Die ökologische Chance des Menschen, Reinbeck bei Hamburg, Rowohlt, 1976.

Fetscher, Iring: Überlebensbedingungen der Menschheit. Ist der Fortschritt noch zu retten? 2a ed. München, 1985. [Existe un corto artículo de Fetscher sobre este temática en español: “Condiciones para la supervivencia de la humanidad.

Sobre la dialéctica del progreso.” Cuadernos americanos, Universidad Nacional Autónoma de México, México, DF, vol. 225, núm. 4, julio-agosto 1979, pp. 71-81].

Fraas, Carl: Klima und Pflanzenwelt in der Zeit, ein Beitrag zur Geschichte beider, Landshut, 1847.

Harich, Wolfgang: ¿Comunismo sin crecimiento? Babeuf y el club de Roma. Trad. Gustau Muñoz y Antoni Domènech. Barcelona, 1978: Materiales.

Holz, Hans Heinz: “Grundsätzliches zu Naturverhältnis und Ökologischer Krise. “ In: »… einen großen Hebel der Geschichte. «Zum 100. Todestag von Karl Marx: Aktualität und Wirkung seines Werks. Institut für Marxistische Studien und Forschungen, Frankfurt am Main, 1983.

Holz, Hans Heinz: “Historischer Materialismus und Ökologische Krise.” In: Dialektik, núm. 9, Ökologie – Naturaneignung und Naturtheorie, Köln, 1984.

Leiss, William: The Domination of Nature, Boston, 1972: Beacon Press.

Liebknecht, Karl: Studien über die Bewegungsgesetze der gesellschaftlichen Entwicklung. Ed. por Ossip K. Flechtheim, Hamburg, 1974 (original: München, 1922).

Marcuse, Herbert: Un ensayo sobre la liberación. México, DF, 1969: J. Mortiz.

Marcuse, Herbert: Contrarrevolución y revuelta. México, DF, 1973: J. Mortiz.

“Materialismus und Subjektivität. Aspekte ihrs Verhältnisses in der gegenwärtigen Diskussion. Ein Gespräch zwischen Alfred Schmidt und Bernard Görling.” Bernard Görling, Alfred Lorenzer, Alfred Schmidt: Der Stachel Freud. Beiträge und Dokumente zur Kulturismus-Kritik, Frankfurt am Main, 1980.

Parsons, Howard: Marx and Engels on Ecology. Westport, Conn., 1977.

Schmidt, Alfred: Feuerbach o la sensualidad emancipada. Trad. Julio Carabana, Madrid, 1975: Taurus.

Schmidt, Alfred: “Humanismus als Naturbeherrschung.” In: Jörg Zimmermann (ed.), Das Naturbild des Menschen; München, 1982.

Schmidt, Alfred: “Praxis.” In: Alfred Schmidt, Kritische Theorie, Humanismus, Aufklärung, Stuttgart, 1981.

Woltmann, Ludwig, Der historische Materialismus, Düsseldorf, 1900.

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3 respuestas a Para un materialismo ecológico

  1. Pingback: Para un materialismo ecológico | alienameesta

  2. alienameesta dijo:

    Lo comparto, gran texto. Muchas gracias

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