El materialismo de Marx

marx pro nov-15 proQue a Don Carlos le iba la marcha, no hay duda. Dado a polémicas, debates, alguna que otra mofa y crítica a diestro y siniestro, no dejó títere con cabeza. Y también un obsesivo currante que generó cantidades ingentes de escritos, anotaciones complementarias, anotaciones de lecturas, cuadernos…En uno de esos cuadernos (el Cuaderno de notas de Marx correspondiente a los años 1844-1847), se encontraron unas notas con el título Sobre Feuerbach, que Marx no tenía previsto publicar y que Engels, en 1888 las editó y publicó a su gusto y entendimiento. Posteriormente, el Instituto de Marxismo-Leninismo decidió añadir el título de Tesis sobre Feuerbach.

Y esa es la entrada de hoy, el estudio que realizó Bolívar Echeverría de la citada obra marxiana y que ya es todo un clásico. Adelante…

Salud. A. Olivé

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EL MATERIALISMO DE MARX

Bolívar Echeverría

DATOS

Además del manuscrito que ocupó a Marx durante los primeros mese de su estadía en Bruselas, el de su primera “Crítica de la economía política“, elaborado en 1844, en París; además de los cuadernos con los apuntes de lectura que acompañaban a sus estudios de economía, teoría social e historia; además del manuscrito de La ideología alemana, redactado junto con Engels en 1845 y 1846, se conserva también, entre otros documentos de esta época de su vida, la agenda o memorándum que le sirvió entre 1844 y 1847. En esta libreta, que contiene casi exclusivamente títulos de libros y recados domésticos, se encuentran también algunas anotaciones sumarias o esquemáticas de Marx que tienen una relación directa con sus manuscritos propiamente teóricos.

La principal de estas anotaciones teóricas es la que se compone de las famosas once tesis “ad Feuerbach“.

Se supone generalmente que las Tesis fueron anotadas por Marx en marzo de 1845; otras consideraciones permitirían pensar, sin embargo, que fueron escritas a principios de 1846. Lo que sí puede afirmarse con seguridad es que su redacción tuvo que ver directamente con la intervención de Marx y Engels, durante 1845 y 1846, en la discusión propiamente alemana de los problemas del socialismo; es decir, que sus aseveraciones forman parte del tratamiento crítico al que fueron sometidas por Marx y Engels en esos años tanto las versiones de la doctrina socialista que prevalecían en Alemania como las construcciones filosóficas en que ellas pretendían encontrar su justificación teórica.

Es en enero de 1846 cuando Marx y Engels deciden ampliar y transformar sustancialmente el escrito que preparaban contra Bauer y Stirner. La redacción de esta nueva obra, La ideología alemana, que debe incluir un capítulo inicial sobre Feuerbach, es, después de la redacción de La sagrada familia, la oportunidad más próxima que tiene Marx de abordar una consideración global del materialismo y de la filosofía de Feuerbach. (Cf. Marx-Engels-Lenin Institut., K. Marx, Chronik seines Lebens, Moscú, 1934, pág. 30.)

CONSIDERACIÓN GENERAL

Una comparación analítica del texto de las Tesis con los textos de los dos escritos principales de Marx en estos años —los “Manuscritos de París” y La ideología alemana — revela fácilmente que todas las aseveraciones singulares discernibles en el primero pueden también ser reconocidas sea en uno de los otros dos o en ambos. Basta eliminar del texto de las Tesis el plano aparentemente accidental en que tiene lugar su unidad, el plano de su formulación ocasional como sucesión de once enunciados aforísticos (donde sí es innegable la presencia de expresiones nuevas y exclusivas), para que el residuo, la lista de aseveraciones aisladas que se encuentran en él, resulte carente de todo aporte original o indispensable en el nivel propiamente conceptual, y para que, en consecuencia, todo el texto pierda lo propio o distintivo y se vuelva reductible a los dos textos mayores.

Pero el mensaje comunicado en el texto de las Tesis: reconocerlo como una totalidad significativa perteneciente a un proceso discursivo que aprovecha precisamente la peculiaridad de su expresión, al adjudicarle su sentido definitivo, para que se revelen las posibilidades que tiene su mensaje de ser original o irreductible, es decir, no redundante sino complementario con respecto al mensaje aportado por los “Manuscritos de París” y La ideología alemana.

El examen de las tesis que intentaremos hacer en las páginas siguientes se guía por una idea general acerca de cómo se da y en qué consiste este carácter original e irreductible del mensaje transmitido en su texto.

Pensamos que la manera en que el texto reúne a las once tesis o enunciados aforísticos en el plano de la formulación ocasional —la figura de un programa o manifiesto que postula un conjunto de principios sobre un tema determinado— posee una función significativa propia en la medida en la que delimita una dirección e indica una tendencia a las aseveraciones organizadas según ella. Que esta función consiste en convertir a las once tesis, motivadas por la presencia teórico-política de Feuerbach, en una serie de pasos de argumentación cuya sucesión elabora una región problemática más general, cumpliendo un requerimiento indispensable del proceso discursivo en que se efectúa la revolución teórica comunista.

Afirmamos además que la región problemática circunscrita de modo especial o predominante mediante esta secuencia argumental, por el conjunto de las Tesis constituye un sector decisivo, central o fundamental del campo problemático general abierto en el proceso de fundación de la teoría marxista, un sector que en otros textos sólo es tratado de manera general, tangencial o supeditada. Que esta zona decisiva de la problemática teórica marxista es precisamente aquella en que aparecen las cuestiones tendientes a la definición del carácter y el tipo esenciales del discurso teórico comunista, y que contiene por tanto el problema de la especificidad de la teoría marxista.

Creemos, en efecto, que la cuestión central en torno a la cual se organiza la problemática interna del texto de las Tesis —y que hace de su mensaje un aporte original, es decir, esencialmente complementario dentro del sistema teórico marxista— puede ser explicada en estos términos: ¿cómo es posible un discurso teórico propiamente comunista? Es decir: ¿cómo afecta la peculiaridad del mensaje comunista a la configuración fundamental del discurso teórico? ¿De qué afirmación básica sobre la objetividad y sobre el tipo de actividad teórica adecuada a ella parte el discurso teórico comunista?

Así, pues, la idea general que orienta nuestro examen de las Tesis —y que trata de ratificarse y pormenorizarse en ellos— considera a su escritura o redacción como un paso necesario dentro de esta intervención propiamente teórica de Marx en el proceso de constitución del movimiento comunista a la que hemos calificado de revolución teórica. Necesario por cuanto precisamente a través de él esa intervención adviene a su autorreconocimiento y, por tanto, a su autoafirmación como revolución teórica, es decir, como reconfiguración fundamental del campo de posibilidades de composición del discurso teórico.

La redacción de las Tesis se nos presenta, entonces, como un intento constitutivo de la intervención teórica de Marx en el cual ésta define sobre la marcha el carácter y el alcance de su propia realización; como un acto de reconocimiento provisional del trayecto recorrido y del que queda por recorrer en el proceso de la revolución teórica; como un acto de afirmación, por una parte, de la diferencia entre el discurso teórico comunista y el discurso teórico tradicional, y, por otra, de la problemática fundamental que promueve esta especificidad del nuevo discurso y adquiere con él la posibilidad de su formulación adecuada.

EL ORDEN DE LAS TESIS

Un reconocimiento inicial del texto de las Tesis en su conjunto revela que su unidad en el plano de la formulación inmediata resulta de la presencia de un cierto orden de argumentación esbozado en la secuencia de los once enunciados aforísticos que lo componen; que su constitución como totalidad de significación se debe a que cada una de sus aseveraciones se halla contribuyendo al cumplimiento aproximado de una intención argumental determinada.2

Este orden y esta intención lógicos, constatables en el texto de las Tesis, poseen o siguen un sentido deductivo: la Tesis I cumple la función de premisa, mientras las otras diez ilustran, explican o particularizan lo postulado por ella. Si en la Tesis I encontramos una definición del carácter específico del nuevo materialismo, en las demás reconocemos las conclusiones o resultados de la aplicación de esa definición al tratamiento de varias cuestiones especiales, tales como la explicación de los límites teóricos e históricos de la filosofía tradicional, la delimitación de la necesidad, el objeto y la función de la nueva teoría comunista, la ubicación de la base real de la enajenación, la caracterización del proceso de transformación social, etcétera.

Pero debemos observar también que la manera como se muestran este orden y esta intención refleja el carácter provisional e inconcluso del texto de las Tesis, el hecho de que se trata de un escrito no acabado, resultado de una redacción interrumpida. No aparecen, en efecto, ni como un orden lógico construido y equilibrado en toda su coherencia ni como una intención argumental depurada y desarrollada en todas sus implicaciones esenciales. La exposición de las Tesis presenta ciertas características —interrupciones, saltos, repeticiones, etcétera— que, si bien no afectan a la composición de su sentido general, sí lo vuelven menos evidente.

Resulta entonces conveniente comenzar el examen de las Tesis con una primera intervención destinada a fortalecer la consistencia de la distribución propia del texto y a permitir así que el orden y la intención argumentales de su exposición resalten con mayor nitidez. En nuestra opinión, esta intervención debe consistir en el trazo de una división en la serie de las Tesis que acentúe la pertenencia de cada una de ellas —reubicándolas incluso, en ciertos casos— a uno de los pasos de la argumentación reconocida en el texto.

La división que nosotros proponemos distingue cuatro temas predominantes en el contenido del texto y delimita en referencia a ellos cuatro grupos en la serie de las once Tesis; destaca además al primero de éstos en calidad de premisa de los demás. Nuestro examen distribuye, pues, el texto de las Tesis en los siguientes grupos:

el grupo A, cuyo tema predominante es la determinación del carácter dialéctico materialista (o práctico) como carácter específico del discurso teórico comunista, que está compuesto centralmente por casi toda la Tesis I y por la Tesis V, y que incluye también a las Tesis II y VIII, en las que, a manera de corolario, se determina a la actividad teórica como momento constitutivo de la praxis social material;

el grupo B, cuyo tema predominante es la determinación de la historia de las configuraciones de la sociedad como problemática específica del discurso dialéctico materialista, que está compuesto por las Tesis IV, VI y VII;

el grupo C, cuyo tema predominante es la determinación de la necesidad histórica del discurso dialéctico materialista, que está compuesto por las Tesis IX y X y por la última parte de la Tesis I, y

el grupo D, cuyo tema predominante es la determinación del concepto dialéctico materialista de transformación social, que está compuesto por las Tesis III y XI.

LAS TESIS DEL GRUPO A

Los pasajes del texto de las Tesis que hemos reunido en este grupo son los siguientes: 3

En primer lugar, la parte inicial de la Tesis I:

“La principal insuficiencia de todo el materialismo tradicional [bishering] [incluido el de Feuerbach] es que [, en él] el objeto I [Gegenstand], la realidad, la materialidad [Sinnlichkeit] sólo es captada bajo la forma del objeto II [Objekt] o de la intuición sensible [Anschauung]; y no como actividad humana material [sinnlich], (como) praxis; no subjetivamente. De ahí que, en oposición al materialismo, el aspecto activo [haya sido] desarrollado de manera abstracta por el idealismo —el cual, naturalmente, no conoce la actividad real, material [sinnlich] en cuanto tal.”

A continuación, la Tesis V y la parte intermedia de la Tesis I:

“Feuerbach, insatisfecho con el pensamiento abstracto, quiere [volver a] la intuición sensible [Anschauung]; pero no capta la materialidad [Sinnlichkeit] como actividad práctica, material-humana.”

“Feuerbach quiere [referirse a] objetos materiales [sinnliche Objekte], realmente diferentes de los objetos pensados [Gedankenobjekte]: pero no capta la propia actividad humana como actividad objetiva [gegenständlich].”

En segundo lugar, la Tesis VIII y la Tesis II:

“Toda vida social es esencialmente práctica. Todos los misterios que inducen [veranlassen] a la teoría al misticismo encuentra su solución racional en la praxis humana y en la comprensión [Begreifen] de esta praxis.”

“La cuestión de si al pensamiento humano le corresponde [zukomme] una verdad objetiva [gegenständiche] no es una cuestión de la teoría sino una cuestión práctica. En la praxis debe el hombre demostrar la verdad, esto es, la realidad y el poder [Macht], la terrenalidad [Diesseitigkeit] de su pensamiento. La disputa sobre la realidad o irrealidad [Nichtwirklichkeit] del pensamiento —que está aislado de la praxis— es una cuestión puramente escolástica.”

Pero conviene observar que la función determinante o de premisa que pretendemos reconocer en este grupo no se extiende por igual a todos lo pasajes que lo integran. Se concentra en el pasaje inicial del texto, es decir, en el primero de los tres que hemos transcrito en primer lugar. Los otros dos incluidos a continuación y las Tesis VIII y II, transcritas en segundo lugar, sólo participan de manera secundaria o derivada de esa función de premisa; aquéllos aportan una ilustración de lo afirmado en el pasaje inicial, mientras éstas lo confirman sobre una cuestión particular, a manera de corolario.

En consecuencia, nuestro examen debe también concentrar su atención en el pasaje inicial y determinante del texto de las Tesis.

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¿Cuál es y cómo se halla realizado el propósito teórico del pasaje inicial de las Tesis?

Ésta es la pregunta que debe responder una primera aproximación a su texto.

Su preocupación más evidente está dirigida a las virtudes y los defectos del “materialismo” (tradicional) y del “idealismo“. Esta preocupación —que de por sí no parece distinguirse de una curiosidad filosófica puramente profesional— define su sentido cuando la relacionamos con la última frase de la misma Tesis I y la consideramos dentro de las vicisitudes del proceso global de trabajo teórico que ocupa a Marx en esos años.

De acuerdo a esa frase, lo que es necesario comprender es “la significación de la actividad revolucionaria“; y si interesa un juicio sobre el “materialismo” (tradicional) y el “idealismo” es precisamente en la medida en que éstos son los dos modos básicos en que se suele de hecho satisfacer esa necesidad. Ahora bien, como hemos indicado anteriormente, la necesidad de esta comprensión es experimentada por el nuevo movimiento comunista, en el que interviene teóricamente Marx, como una necesidad que pone en crisis al campo vigente de posibilidades de comprensión de todo objeto del tipo de la “actividad revolucionaria, crítico-práctica“. Las aporías en que van a encerrarse las elaboraciones doctrinales socialistas de la década de 1840 demuestran la imposibilidad de que el discurso teórico revolucionario alcance autosuficiencia, coherencia y efectividad bajo la sujeción ideológica a la estructura del discurso capitalista y a su dinámica de autoafirmación y autoreproducción. La necesidad de pensar el proceso revolucionario resulta ser, simultáneamente, necesidad de revolucionar el proceso de pensar.

Podemos decir, entonces, que lo que busca centralmente el pasaje inicial de las Tesis es el carácter que conviene al discurso teórico comunista como discurso revolucionario: revolucionario por tratar adecuadamente de la revolución y por ser, él mismo, momento constitutivo (teórico) de la revolución. Es esta búsqueda la que se abre paso mediante el juicio crítico sobre el “materialismo” (tradicional) y el “idealismo” en tanto que caracteres contrapuestos pero complementarios del discurso teórico que es necesario revolucionar.

Efectivamente, la delimitación del carácter específico del discurso teórico comunista sigue un procedimiento negativo o crítico: marca con precisión —en referencia a la “actividad revolucionaria” como objeto por pensar— los defectos esenciales de que adolece el discurso teórico tradicional e indica, en calidad de tarea por cumplir, la posibilidad de un nuevo discurso teórico que no esté afectado por ellos.

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Pero ¿qué es propiamente lo que entra en la mira de la crítica de Marx cuando se refiere al “materialismo” (tradicional) y al “idealismo“? No es, sin duda, el contenido de los filosofemas definitorios de dos doctrinas presentes en el panorama de la historia del pensamiento: no se trata de elegir entre dos posiciones u opiniones filosóficas ni de sintetizarlas o superarlas en otra concepción del mundo. Marx habla claramente del “materialismo” (tradicional) y el “idealismo” como horizontes o ámbitos de la aprehensión cognoscitiva, como campos de posibilidad del comportamiento teórico en los que un objeto puede ser “captado” (gefaszt) o no. Su crítica apunta no tanto hacia el saber producido explícitamente en el discurso científico-filosófico moderno, sino precisamente hacia el horizonte de posibilidades cognoscitivas planteado como condición de ese discurso, hacia su carácter o hacia la configuración específica de su estructura fundamental. Es esta estructura básica del discruso teórico —generalmente implícita o latente pero siempre determinante en todas las formulaciones científicofilosóficas desarrolladas de hecho— la que es tenida en cuenta por Marx en su juicio crítico sobre el “materialismo” (tradicional) y el “idealismo“; éstos son tratados como las dos modalidades particulares complementarias de la configuración moderna o capitalista de la estructura fundamental del discurso teórico.

¿Y en qué consiste esta estructura básica del discurso teórico, su horizonte o campo de posibilidades cognoscitivas? El pasaje que examinamos parece definirla a partir de lo que podríamos llamar el núcleo de todo mensaje teórico latente, es decir, más precisamente, a partir de una significación central que, por su máxima simplicidad y radicalidad, se inscribe en el nivel del código lingüístico y lo penetra decisivamente, esbozando así una subcodificación totalizadora, capaz de sobredeterminar todo mensaje explícito posible. En efecto, lo que el texto de Marx reconoce como determinante y característico del campo de posibilidades cognoscitivas o de “captación” teórica es la definición última, más simple y más radical, contenida en él de lo que es la objetividad (el “objeto I“), “la realidad, la materialidad” del objeto (“objeto II“). Lo más elemental y fundamental, lo determinante “en” el ámbito de una teoría es la manera en que allí se da cuenta de la experiencia irreductible de la presencia de sentido en lo real, de la presencia de lo real como dotado de sentido y no como un caos inefable o como un en-sí abolutamente indefinido; o, lo que es lo mismo, la manera en que allí se da cuenta de la propia capacidad de aseverar algo —así sea la simple existencia— del objeto, de la propia capacidad de producir significaciones.

Es la versión que la época moderna o burguesa ofrece de esta “definición” fundamental la que es tratada críticamente por Marx cuando delimita las virtudes y los defectos del “materialismo” (tradicional) y el “idealismo“. Dicho en otras palabras, lo que propiamente es afectado por la crítica del pasaje inicial de las Tesis son las dos modalidades que presenta la significación central de la estructura del discurso teórico cuando éste se especifica históricamente como discurso teórico capitalista.

Y el texto de este pasaje llega a una conclusión precisa como resultado de su labor crítica: mientras la modalidad materialista-empirista del discurso teórico moderno se basa en una problematización insuficiente o poco radical de la objetividad del objeto, la modalidad idealista-racionalista se comporta de manera inconsecuente con el principio de problematización adecuada del que ella parte en su “captación” teórica de la objetividad.

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La modalidad materialista-empirista de la estructura del discurso teórico moderno o capitalista se levanta en torno a una noción básica de objetividad (“objeto I“), en la que ésta queda reducida o asimilada a la constitución propia del objeto de la intuición o contemplación (“objeto II“), es decir, a la constitución de un objeto que se impone, en plena exterioridad, como pura presencia casual a un sujeto preexistente que lo constata. En esta delimitación básica, la objetividad es aprehendida teóricamente como una sustancia inherente al objeto, independiente de todo tipo de relación sujeto-objeto; la presencia de sentido en lo real es tratada como un estado expresivo espontáneo o inerte de las cosas, como una significatividad constituida naturalmente, previa a toda actividad de comunicación y significación.

La crítica de Marx pone en evidencia el defecto o la limitación principal de esta problematización de la objetividad en el discurso materialista-empirista. Éste trata de fijarla como substrato metafísico, como cosa exterior siempre ya dada frente al sujeto, pero lo específico de la objetividad desborda el alcance de este intento teórico. Para problematizar adecuadamente lo que distingue a la objetividad en cuanto tal es necesario considerarla “subjetivamente“, esto es, como proceso en curso, y como proceso que afecta esencialmente y por igual tanto al objeto como al sujeto que aparecen en él; considerarla “como actividad“, como praxis que funda toda relación cognoscitiva sujeto-objeto y que constituye, por tanto, el sentido de lo real y la posibilidad de comunicar y significar.

Esta evidente insuficiencia del discurso materialista empirista no impide, sin embargo, que Marx se reconozca a sí mismo como un continuador revolucionario de su desarrollo. En la metafísica “objetivista” de este discurso Marx distingue la exageración de un elemento teórico que el discurso comunista debe rescatar: la insistencia en el carácter irreductible de la esencia del objeto a la actividad unilateral del sujeto.

A su vez, la modalidad idealista-racionalista de la estructura del discurso teórico moderno, según la crítica que de ella esboza este pasaje de las Tesis, se revela inconsecuente: dueña de un principio válido al que ella, sin embargo deforma y mistifica.

La noción básica propia de este discurso implica una problematización de la objetividad que sí alcanza a plantearla en su especificidad; la considera “subjetivamente“, como proceso fundante, como actividad de constitución. Para el “idealismo” moderno, la objetividad es siempre un acto de conversión fundamental de un en-sí, de un algo unitario simple e indiferenciado en una unidad o totalidad compleja y diferenciada de sujeto y objeto; totalidad dentro de la cual únicamente se constituye un sentido, esto es, una conexión correlativa entre una realidad significativa y una conciencia significadora.

Pero es precisamente esta problematización adecuada de la objetividad, planteada por la modalidad idealista del discurso teórico moderno, la que, contradictoriamente, sólo se encuentra en ella de manera deformada y mistificada: empobrecida de un elemento central o de una componente esencial de ella misma. El “idealismo” descuida y deja de lado el carácter prioritario de la relación sujeto-objeto con respecto a cada uno de sus dos términos, y erige al primero de ellos, al sujeto, en calidad de fuente y fundamento de ella; abandona, así, al mismo tiempo que la presupone, la noción de objetividad como proceso de constitución tanto del sujeto como del objeto, e introduce en su lugar una noción diferente, en la cual el proceso de constitución aparece como un acto unilateral de construcción del objeto por parte del sujeto.

La inconsecuencia del discurso idealista-racionalista consiste, pues, en que se desdice del principio en que se sustenta al presentarlo de manera menguada y unilateral; en que reduce la noción de objetividad a la de un proceso emanado del acto en que el sujeto “pone” al objeto.

El pasaje inicial de las Tesis califica de “abstracta” a esta manera inconsecuente en que el discurso teórico idealista-racionalista “desarrolla el aspecto activo” o “subjetivo” de la objetividad. Y explica: este desarrollo es abstracto —es decir, deja de lado la totalidad del proceso de constitución u sólo tiene en cuenta, exagerándola, la actividad pura del sujeto— porque la estructura teórica básica en que tiene lugar se ha formado también en referencia (abstracta) a un solo nivel de la praxis social: al nivel de la actividad espiritual o teórico-especulativa. La “definición” idealista-racionalista de objetividad se da dentro de una problemática fundamental que “no conoce la actividad real, material, en cuanto tal” (en la que sujeto y objeto prácticos se constituyen recíprocamente), o que “conoce” únicamente la actividad en la que la razón o la fantasía parecen expresarse soberanamente en un medio pasivo a su entera disposición.

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La crítica del discurso teórico moderno o capitalista cumple su función cuando confronta entre sí a las dos modalidades estructurales de este discurso con el fin de delinear por contraste, a partir de los resultados de esa confrontación y desde la perspectiva de las necesidades teóricas de la revolución comunista, la posibilidad de un nuevo discurso, del discurso teórico propiamente comunista.

En efecto, esta posibilidad es reconocible a partir de la constatación de que la estructura del discurso teórico moderno tiene necesariamente que elegir entre dos versiones igualmente contradictorias de una “captación” teórica inadecuada de la objetividad: o bien, en la versión de su modalidad materialista-empirista, olvida el “aspecto activo” de la objetividad, preocupada hasta la exageración metafísica por rescatar la irreductibilidad de ésta a las determinaciones del sujeto; o bien, en la versión de su modalidad idealista-racionalista, elimina esta irreductibilidad en favor de una acentuación mistificada y abstracta de ese “aspecto activo“.

La posibilidad de un discurso teórico a salvo de este dilema que afecta estructuralmente al discurso teórico capitalista es reconocida por la teoría comunista, que se autodefine y se desarrolla, en este escrito de Marx, como una tarea por cumplir. Esto lo advertimos cuando, para completar la realización del principal propósito del pasaje inicial de las Tesis, volvemos explícitas las determinaciones centrales que esa posibilidad indica como específicas para el carácter del discurso teórico comunista y definimos a éste como un discurso teórico cuya estructura básica debe ser dialéctica y materialista.

En efecto, el nuevo discurso teórico debe, en primer lugar, vencer la limitación o insuficiencia de la problematización materialista-empirista de la objetividad y asumir al mismo tiempo la radicalidad, traicionada por el idealismo-racionalismo, de su problematización “subjetiva” o (según la terminología definitiva y más adecuada de Marx) dialéctica: debe sustentarse en una aprehensión teórica de la objetividad como proceso o praxis fundante de toda relación sujeto-objeto y, por tanto, de toda presencia de sentido en lo real.

Debe, en segundo lugar, “poner de pie” y recobrar la totalidad de la problematización dialéctica de la objetividad, mistificada y parcializada en su desarrollo idealista-racionalista, planteándola —mediante una adopción crítica de la insistencia materialista-empirista— como una problematización dialético-práctica o dialéctico-materialista: debe sustentarse en una aprehensión teórica de ese proceso fundante como un proceso básicamente material, como un proceso de “metabolismo” práctico entre el hombre y la naturaleza.4

El complejo proceso histórico-teórico que lleva a Marx a delimitar la estructura básica o el carácter específico que conviene al discurso teórico comunista culmina, en la segunda mitad de la década de 1840, con la crítica de los intentos socialistas alemanes destinados a construir una base teórica para su doctrina y su lucha mediante la adopción y politización de la filosofía materialista de Feuerbach. Es precisamente el examen crítico del discurso feuerbachiano, como matriz propuesta para el discurso revolucionario, el que —realizado a la luz de las necesidades teóricas del movimiento proletario en su proceso de constitución en movimiento comunista— conduce a Marx a las conclusiones anotadas en el pasaje inicial de este Grupo A de las Tesis.

Decisiva en una perpectiva histórico-teórica, esta presencia de la filosofía de Feuerbach en la elaboración de la teoría marxista sólo puede reproducirse en calidad de ejemplo o ilustración en la perspectiva de la construcción lógica de las Tesis. El discurso materialista de Feuerbach aparece, en los dos pasajes que hemos transcrito a continuación del primero como ejemplo de lo que no debe ser el discurso materialista del movimiento comunista; como ilustración de un intento bien intencionado pero fallido de trazar los lineamientos fundamentales de la teoría revolucionaria del proletariado.

Un intento doblemente fallido, pues oscila entre la insuficiencia del materialismo-empirismo y la inconsecuencia del idealismo-racionalismo. Las pretensiones del discurso de Feuerbach se desvanecen por una doble razón: porque —según el primero de estos pasajes— cuando quiere ser materialista descuida el “aspecto activo” de la objetividad (“la materialidad como actividad“), no llega a ser “subjetivo“, dialéctico, y porque —de acuerdo al otro pasaje— cuando quiere considerar ese “aspecto activo” (“la propia actividad humana“) deja de ser materialista.

Circunscrito a la consideración de aquella actividad particular que sirve de paradigma al discurso idealista-racionalista en su aprehensión del “aspecto activo” o “subjetivo” de la objetividad, la actividad específicamente teórica, el discurso dialéctico-materialista debe arribar a un corolario, anotado por Marx en sus Tesis VIII y II: el campo y el material significativos, cuya elaboración específicamente conceptual da base a la necesidad de la actividad teórica en cuanto tal, deben ser concebidos como condición de ésta y no como su producto o resultado. La praxis social, que funda toda relación sujeto-objeto, es ella misma proceso de constitución de sentido en lo real, de relación específicamente semiótica; las significaciones que se componen en este nivel fundamental delimitan y estructuran el campo de posibilidades de significar de la actividad teórica específica.

La “verdad” del discurso teórico —y por tanto también su “falsedad” su evasión “al misticismo“— sólo puede ser explicada si ese discurso es concebido como momento componente del proceso práctico-histórico en su totalidad (y no como acto independiente de figuración adecuada o inadecuada, “realista” o “irrealista” de una cosa). Es este proceso el que, según la tendencia inmamente de su desarrollo general, organiza en cada una de sus épocas el campo de posibilidades de la producción de significaciones, es decir: jerarquiza los niveles y las regiones de problematicidad en lo real y ubica la perspectiva desde la cual esta problematicidad puede ser abordada eficazmente. Por esta razón, lo que constituye la “verdad” del discurso teórico es precisamente su compenetración con este proceso —como elaboración conceptual de las significaciones que en él se producen y que, trabajadas, deben revertirse sobre él para su autotransformación—: en otras palabras, su “verdad” es su “poder“, su contribución o participación específica en la realización concreta de la tendencia fundamental de este proceso práctico-histórico.

LAS TESIS DEL GRUPO B

La Tesis IV:

“Feuerbach parte del factum de la autoenajenación religiosa, de la duplicación del mundo en uno religioso y otro mundano. Su trabajo consiste en disolver [auflösen] el mundo religioso en su base [Grundlage] mundana. Pero el [hecho de] que la base mundana se desprende [abhebt] de sí misma y se fija (como) un reino independiente en las nubes sólo es explicable a partir del autodesmembramiento [Selbstzerrissenheit] y [del] autocontradecirse de esta base mundana. Es ésta entonces, en sí misma, la que debe ser tanto comprendida [verstanden] en su contradicción como revolucionada prácticamente. Es decir, por ejemplo, una vez que la familia terrenal [irdische] ha sido descubierta como el misterio de la Sagrada Familia, debe ahora ser aniquilada [vernichtet] teórica y prácticamente.”

La Tesis VI:

“Feuerbach disuelve la esencia religiosa [das religiose Wesen] en la esencia humana [das menschliche Wesen]. Pero la esencia humana no es un abstractum inherente [inwohned] al individuo singular. En su realidad, es el conjunto de las relaciones sociales [das ensemble der gesellschaftlichen Verhältnisse].

“Feuerbach, que no entra en la crítica de esta esencia real [dieses wirklichen Wesen], está obligado, por tanto:

“1) a hacer abstracción del acontecer [Verlauf] histórico y a fijar como independiente [für sich] al ánimo [Gemüt] religioso, y a presuponer un individuo humano abstracto [aislado].

“2) por lo tanto, la esencia [das Wesen] sólo puede ser captada como «genero» [Gattung], como universalidad interior, inexpresiva [stumme], que conecta [verbindende] naturalmente a los muchos individuos.”

La Tesis VII:

“Feuerbach no ve, por tanto, que el propio «ánimo religioso», es un producto social, y que el individuo abstracto que él analiza pertenece a una forma determinada de sociedad [einer bestimmten Gesellschftsform].”

El tema predominante en el conjunto de estas tres Tesis se halla supeditado directamente al que es tratado en calidad de premisa por el grupo A. Mientras en éste tiene lugar la definición del carácter específico del discurso teórico comunista en tanto que momento del proceso práctico, en el grupo B se lleva a cabo la determinación de lo que debe ser la problemática específica del mismo en tanto que discurso sobre ese proceso práctico.

Basta considerar al discurso teórico dialéctico-materialista como un discurso que por necesidad está situado históricamente dentro del proceso práctico para que se vuelva evidente que su propio carácter dialéctico-materialista implica ya una jerarquización del campo problemático que se abre ante él. Si lo real, concebido como proceso práctico, se encuentra en una era en que su acontecer lo determina esencialmente como proceso de transformación fundamental de la socialidad, resulta necesario que su problematicidad se concentre precisamente en el lado de su estructura que entra en crisis en una época tal: en lo que es propiamente su composición histórico-social. El discurso dialéctico materialista se define, así, concretamente en referencia a la problemática específica de la historia de las formas sociales dentro de las cuales se realiza el proceso productivo, la praxis o actividad práctica constituyente; se configura como materialismo histórico, como teoría materialista y dialéctica de la sociedad y de su historia.

Los lineamientos centrales de esta concretización de la definición del discurso teórico comunista son los que encontramos trazados en el grupo B de las Tesis. El procedimiento mediante el cual se llega a este esbozo consiste en una crítica del concepto con el que el discurso materialista de Feuerbach intenta pensar la situación revolucionaria de su tiempo: el concepto de “autoenajenación religiosa de la esencia humana“. Se demuestra primero la insuficiencia de la problematización feuerbachiana para aprehender teóricamente el lugar (el mundo de la “esencia humana“) en que se da esa situación revolucionaria, ese fenómeno de “enajenación“; y después se convierte a esta demostración en una indicación de lo que debe ser la problematización suficiente para tal efecto: la problematización histórico-materialista.

¿Cómo explicar el hecho de la enajenación religiosa: “la duplicación del mundo en uno religioso y otro mundano” y la sujeción de éste bajo el primero? Esta es la cuestión que se plantea el discurso de Feuerbach y que intenta resolver, en dirección materialista, mediante la determinación de la vigencia de la entidad divina a partir de una necesidad constituida en la existencia profana; mediante una argumentación que “disuelve el mundo religioso en su base mundana“. El hecho de la enajenación se comprenderá así como el resultado de un acto de enajenación: un acto en el que la “base mundana” o mundo del sujeto, de la esencia humana, cede o transfiere la función “subjetiva“, activa o determinante, que le pertenece esencialmente, al “mundo religioso“, mundo creado o mundo-objeto.

En este intento feuerbachiano de problematizar el fenómeno de la enajenación, las Tesis encuentran una debilidad constitutiva: la ausencia de los elementos conceptuales necesarios para dar cuenta, en general, de ese proceso de enajenación, cesión o transferencia de la función de sujeto, y, en particular, de esa forma religiosa que él puede adoptar. En efecto, en una concepción como la de Feuerbach —para la cual el “mundo mundano” es el medio de la realización, autoafirmación u objetivación de la “esencia humana“, y ésta es un conjunto unitario y fijo de necesidades, potencialidad o ánimos común a todos los individuos de la especie o “género” humano— el origen de ese “mundo enajenado” que “se desprende” del mundo real queda como un hecho casual o innecesario, es decir, inexpicable. Igualmente, el concepto feuerbachiano de la composición de esa “esencia humana“, que exalta al “ánimo religioso” como su elemento predominante, no tiene otra necesidad teórica que la de ser la descripción fáctica o casual del tipo de individuos humanos (el “individuo abstracto” de la religión moderna) que es observable en una sociedad peculiar, la sociedad que transita de la forma feudal a la forma burguesa.

Para concebir a la enajenación como determinación de la situación revolucionaria, indica este grupo de las Tesis, se requiere una problematización que, en lugar de “diluir” el “mundo enajenado” en su “base mundana“, muestre la necesidad de que el primero “se desprenda” de ésta y cumpla con respecto a ella una función determinante. Una problematización que únicamente puede darse a partir de la estructura del discurso dialéctico-materialista por cuanto sólo ella permite concebir a esa “base mundana“, no como una sustancia ya constituida y permanente, sino como el proceso en el que se constituye la totalidad de un sujeto social y un objeto práctico, y en el que, por tanto, esas “autocontradicciones“, “duplicaciones” o “enajenaciones” y “revolucionarios” se producen como momentos necesarios.

Esta indicación queda precisada (en la Tesis VI) cuando Marx enfrenta a la definición que da Feuerbach del sujeto de la enajenación, de la “esencia humana“, la suya propia: la “esencia humana real“, anota, “es el conjunto de las relaciones sociales“.5 Son éstas, entonces, las que en el fenómeno de enajenación neutralizan su contradicción con las necesidades del proceso práctico, instituyéndose en un mundo autónomo que actúa determinantemente sobre él, y las que, al obstaculizar así su desarrollo, lo conducen a una situación revolucionaria.

Precisada en estos términos, la indicación del grupo B de las Tesis es al mismo tiempo una delimitación del campo problemático específico donde el carácter dialéctico-materialista del discurso comunista se realiza concretamente: el campo problemático de la historia de las “formas determinadas de sociedad“. La posibilidad histórica real del materialismo dialéctico está en el trabajo teórico del materialismo histórico.

LAS TESIS DEL GRUPO C

En este grupo hemos reunido, en primer lugar y de manera central, a la Tesis X y, en segundo lugar y en papel complementario, a la Tesis IX y a la parte final de la Tesis I.

Transcribimos:

La Tesis X:

“La posición [Standpunkt] del viejo materialismo es la sociedad civil [o burguesa] [die bürgerliche Gesellschaft], la posición del nuevo es la sociedad humana o la humanidad social.”

La Tesis IX:

“Lo máximo a lo que llega el materialismo de la intuición sensible [der anschauende Materialismus], es decir, el materialismo que no concibe [begrift] a la materialidad [Sinnlichkeit] como actividad práctica, es a la observación [Anschauung] de los individuos singulares y de la sociedad civil [der bürgerlichen Gesellschaft].”

La parte final de la Tesis I:

“De ahí [—de la insufiencia de su materialismo—] que [Feuerbach], en La esencia del cristianismo, sólo considere al comportamiento teórico como el auténticamente humano mientras la praxis sólo es captada y fijada en su forma suciamente judía de manifestación [in ihrer schmutzing jüdischen Erscheinungsform]. De ahí que no comprende [begreift] la significación [Bedeutung] de la actividad «revolucionaria», «crítico-práctica».”

El tema predominante que unifica a estos pasajes del texto de las Tesis no es ya una derivación inmediata del primero y principal, elaborado en el grupo A. Resulta, más bien, de la realización o el ejercicio efectivo del discurso dialéctico-materialista, como teoría histórica materialista, en el tratamiento de una cuestión particular de importancia excepcional: la cuestión de la actualidad o de la necesidad histórico-social de su propia existencia. ¿Cuál es, y en qué circunstancias históricas se configura como determinante la problematicidad peculiar cuyo tratamiento exige la acción de un discurso teórico de carácter dialéctico-materialista? Ésta es la doble pregunta central que creemos reconocer como motivo de las anotaciones reunidas en este grupo C.

El procedimiento que lleva a su respuesta —es decir, tanto a la identificación de tal problematicidad como a su ubicación histórica— consiste, también en este caso, en una contraposición crítica de la fuente de determinación que da origen al discurso materialista-dialéctico con aquella de la que proviene el discurso materialista tradicional. A su vez, esta fuente de determinación es considerada, en ambos casos, tanto en su sentido sincrónico —esto es, como nivel de la problematicidad social— como en su sentido diacrónico —esto es, como proyecto histórico efectivo—.

La identificación de la fuente social de determinación del materialismo dialéctico se realiza mediante la siguiente contraposición: mientras el discurso materialista tradicional trabaja sobre la base de la problematicidad que se constituye en el nivel propiamente “civil” del comportamiento social, el discurso dialéctico-materialista trabaja sobre la base de la problematicidad que se constituye en el nivel propiamente “humano” del comportamiento social (o en el nivel propiamente “social” del comportamiento humano).

El nivel “civil” de la socialidad es, de acuerdo a la tradición hegeliana de su definición,6 aquel nivel del comportamiento y de la estructura sociales compuesto por el conjunto de las relaciones que mantienen entre sí los hombres en calidad de personas libres o aisladas, propietarias privadas de mercancías, o de distribución de la riqueza abstracta. Por el contrario, el nivel propiamente “humano” de la socialidad es, de acuerdo al contexto de la obra de Marx en estos años,7 aquel nivel básico del comportamiento y la estructura sociales compuesto por el conjunto de las relaciones que mantienen entre sí los hombres en tanto que agentes de la producción de la riqueza social cualitativa, es decir, en tanto que elementos singularmente diferenciados dentro del sujeto colectivo o comunitario de la praxis o actividad práctica fundamental. Pero esta identificación del nivel de la socialidad cuya problematicidad requiere o exige una elaboración dialéctico-materialista no es suficiente para indicar la necesidad real del discurso teórico dialéctico-materialista. Para serlo debe avanzar hasta volverse un reconocimiento de la oportunidad, adecuación o actualidad histórica de ese requerimiento o exigencia. Por ello, las Tesis del grupo C consideran a la fuente de determinación de la necesidad de los dos “materialismos” también en su sentido diacrónico: son dos movimientos o proyectos históricos reales, representativos de esos dos niveles o modos diferentes de la sociedad los que constituyen verdaderamente a los dos tipos de problematicidad abordados, respectivamente, por el “viejo” discurso materialista y por el “nuevo“.

La problemática del materialismo empirista o tradicional se levanta en realidad a partir de un movimiento histórico: del movimiento histórico “burgués” [bürgerlich], del comportamiento social en su función de nivel predominante o principal de toda la estructura social.8 Por el contrario, la problemática propia del materialismo dialéctico se constituye a partir del movimiento histórico tendiente a la instauración del nivel práctico-comunitario del comportamiento social como nivel predominante o estructurante de la socialidad en su conjunto; se constituye, por lo tanto, a partir de un movimiento histórico tendencialmente comunista, radicalmente revolucionario con relación a la organización vigente de la sociedad en términos burgueses.

Podemos decir, en resumen, que en el grupo C de las Tesis, el discurso teórico materialista dialéctico es presentado como un discurso que tiene una necesidad histórica en la medida en que es discurso teórico comunista: un discurso teórico que elabora una problemática nueva —la problemática del proceso histórico de la praxis social—, abierta para él por el movimiento histórico de la revolución comunista.

Complementarias del tratamiento directo dado al tema de este grupo C por la Tesis X son las observaciones, anotadas en la Tesis IX y en la parte final de la Tesis I, sobre el intento hecho por Feuerbach de aprender teóricamente la actividad social.

Dentro de la problemática de un materialismo como el de Feuerbach —materialismo empirista, que gira en torno al comportamiento social “civil” o “burgués“—, todo intento por concebir conceptualmente la praxis o la actividad cualitativamente productiva tiende necesariamente a reducir esta actividad fundamental al modelo de la actividad propia de los burgueses, de los individuos civiles aislados o interconectados sólo por el movimiento del dinero: al modelo de la actividad “suciamente judía“.9

Por ello, cuando Feuerbach impugna el orden social imperante tiene obligadamente que desconocer la posibilidad de la actividad como actividad revolucionaria, como actividad materialmente o “prácticamente crítica“. Tiende, más bien, con igual necesidad, a exaltar la actividad teórica como la única que escapa a la sordidez burguesa que él quisiera combatir. Tiende a ver la transformación del mundo burgués más como un proceso pedagógico que como un proceso revolucionario.

LA TESIS DEL GRUPO D

La Tesis III:

“La doctrina materialista acerca de la transformación de las circunstancias [Umstände] y de la educación olvida que las circunstancias deben ser transformadas por los hombres y que el propio educador debe ser educado. Tiene por tanto que dividir [sondieren] a la sociedad en dos partes, una de las cuales está por encima de ella [über ihr erhaben ist].

“La coincidencia [Zusammenfallen] del cambio de las circunstancias y de la actividad humana o [la] autotransformación sólo puede ser captada y comprendida racionalmente [gefaszt und rationell verstanden werden] como praxis revolucionaria.”

La Tesis XI:

Los filósofos sólo han interpretado [interpretiert] el mundo de distintas maneras; de lo que se trata es de transformarlo.”

El tema predominante en estas dos Tesis10 resulta de una exploración más detenida del tema tratado en el grupo B. La determinación de la problemática específica que concretiza al discurso dialéctico materialista como teoría histórico-materialista —la problemática de la historia de las “formas de sociedad” en que tiene lugar el proceso práctico— circunscribe necesariamente al concepto de “transformación” social, de modificación histórica del sujeto práctico, en calidad de concepto clave dentro de esa problemática. Y las Tesis del grupo D insisten precisamente en él; parecen responder a esta pregunta: ¿cuál debe ser el concepto propiamente dialéctico e histórico-materialista de “transformación social“?.

El concepto materialista humanista de transformación social se construye dentro de una problemática —derivada de la experiencia básica de la relación sujeto-objeto como una relación innecesaria o de exterioridad— que parte de la aprehensión teórica de la vida social como un proceso de adecuación o de conflicto entre dos entidades heterogéneas, preexistentes a su enfrentamiento: el “hombre” y las “circunstancias” (materiales o económico-políticas y espirituales o cultural-educativas). Sometido a este dualismo, el núcleo de la teoría social del materialismo tradicional oscila entre dos explicaciones antinómicas, ambas unilaterales e insuficientes —la una fatalista, la otra voluntarista— de la relación de determinación entre el sujeto social y el medio social: o bien define al sujeto social como resultado del medio (material y espiritual), y entonces “olvida” la actividad humana (olvida que las circunstancias son transformables por él); o bien define al medio social como pura construcción o creación (material y espiritual) del sujeto, y entonces “olvida” la vigencia autónoma de las instituciones (olvida que las circunstancias “educan” al hombre). Para este núcleo teórico del materialismo social tradicional, pensar la unidad de ambas determinaciones es tarea imposible.

De ahí que cuando la concepción materialista humanista —a diferencia de la concepción materialista mecanicista— de la transformación social intenta salvar eclécticamente este dilema adoptando la posición voluntarista pero sin rechazar la fatalista lo único que hace es compendiar sus dos deficiencias. La transformación social aparece entonces como la actividad ejercida por un sector del sujeto social por una elite reformadora y educadora —para la cual el mundo institucional sería materia dúctil, absolutamente determinable, mero resultado o creación— sobre el resto del sujeto social —para el cual el mundo institucional será imposición férrea, absolutamente determinante—.

Una verdadera superación del dilema inherente a la problematización materialista tradicional de la vida social sólo puede darse dentro de una problemática estructurada en torno a una aprehensión (dialéctica) de la realidad social como proceso totalizador, constitutivo por igual del sujeto y del objeto sociales, de los agentes y de las instituciones sociales; en una problematización que reconozca una relación necesaria o de interioridad entre ellos. Esta problematización, como hemos visto, es precisamente la que lleva a cabo el discurso teórico histórico-materialista.

Cuando el materialismo histórico desarrolla su concepto de transformación social, no está obligado a elegir ni entre fatalismo y voluntarismo ni entre humanismo elitista y mecanicismo espontaneísta; rebasa el planteamiento teórico que desemboca en estas encrucijadas y parte de la aprehensión básica del proceso histórico como proceso de “autotransformación” de la sociedad, de interpenetración de la dinámica “objetiva” o de las instituciones sociales, por un lado, y la dinámica “subjetiva” o de los agentes sociales, por otro. En su concepto, la transformación social decisiva es el momento del proceso o la praxis social en que sus dos dinámicas interrelacionadas (el “cambio de las circunstancias” y la “actividad humana“) “coinciden” en el plano de lo concreto: es un proceso o “praxis revolucionaria“.

Esta definición permite precisar el corolario que destacabamos en el grupo A de las Tesis, sobre la actividad teórica como elemento constitutivo del proceso práctico. El pasaje final del texto, la Tesis XI, aporta esta precisión.

Si es la praxis social la que funda la relación semiótica básica y la que entrega así a la actividad teórica el campo y el material significativos sobre los cuales ésta realiza su labor específicamente conceptual; y si la praxis social es un proceso histórico que deside sus configuraciones concretas (y por tanto las estructuraciones efectivas del campo semiótico) en los movimientos revolucionarios o de transformación social, resulta necesario concluir que también las posibilidades concretas que tiene la actividad teórica de alcanzar la “verdad“, la calidad propia de su producción, dependen esencialmente de esas “transformaciones del mundo“. La “verdad” de la producción teórica sólo puede consistir en su “poder” revolucionario específico, es decir, en la realización concreta, en su plano conceptual de esa reestructuración y transformación radical del campo semiótico que es esbozada por el proceso revolucionario y que debe desarrollarse como componente esencial del mismo. Al asumir y efectuar la necesidad de revolución inscrita espontáneamente en el campo de trabajo teórico, la actividad teórica deviene, al mismo tiempo que revolucionaria (dotada de “poder“), “verdadera“: supera las limitaciones ideológicas en lugar de someterse a ellas.

Así, de lo que se trata para la teoría, si pretende ser “verdadera“, es de ser revolucionaria: de intervenir en el sentido del proceso que decide las posibilidades de su trabajo específico. No hacerlo sería comportarse como “los filósofos“: los que ratifican con su actividad una problemática que invierte este orden real de determinación, y parten, por tanto, de la presuposición de que la configuración histórica del sistema semiótico en la que teorizan o bien es inmutable o bien se transforma en virtud de una dinámica autosuficiente del propio sistema. Sería, en consecuencia, operar repetitivamente pero bajo la ilusión de una creatividad teórica independiente: pretender que se es el origen de un nuevo saber al tiempo que lo único que se hace en realidad es componer mensajes redundantes dentro de un campo discursivo solidificado y pasivamente enigmático, superado ya por el proceso histórico práctico. Sería, en fin, enfrentarse al mundo ofreciéndole productos teóricos pretendidamente nuevos, que deberían iluminarlo y guiarlo, y no entregarle más que imágenes remozadas de lo que él fue en el pasado: hermenéuticas, “interpretaciones” de lo que él ya no es.

NOTAS

1 Publicado originalmente en Historia y sociedad, núm. 6, México, 1975.

2. Ernest Bloch ha sido el primero en reconocer la ganancia teórica que implica el tratar a todas las Tesis como un texto unitario y proponer un reordenamiento de las mismas capaz de mejorar la eficacia de su exposición. Reproducimos a continuación un pasaje (pp. 293-94) de la parte de su libro Das Prinzip Hoffnung (Francfort/Main 1959) en el que introduce al lector en su comentario de las Tesis: “Pero numeración no es sistematicidad, es un recurso para suplirla, del cual Marx es quien menos necesidad tiene. Por ello, el ordenamiento debe ser filosófico y no aritmético: la sucesión de las Tesis sólo puede ser la de sus temas y contenidos. No existe, de lo que se puede ver, ningún comentario sobre las «once Tesis»: sin embargo, solamente con él —como algo que tiene lugar a partir de un compromiso común— se manifiesta la interdependencia dinámica de su brevedad y su profundidad. Aparece entonces, en primer lugar, el grupo de teoría del conocimiento, referido a intuición y actividad (Tesis V, I, III); en segundo lugar, el grupo hsitórico-antropológico, referido a la autoenajenación, sus causas reales y el verdadero materialismo (Tesis IV, VI, VII, IX, X); en tercer lugar, el grupo sintetizador o grupo «teórico-práctico», referido a la prueba y a la demostración (Tesis II, VIII). Resulta, en último lugar, la tesis más importante, a manera de consigna ante la cual los espíritus toman partido definitivamente y, una vez que se sirven de ella, dejan de ser espíritus puros (Tesis XI) ” Prescindimos, por razones de espacio, de la necesaria discusión que debería comparar este reordenamiento de las Tesis con el nuestro.

3. Transcribimos de acuerdo al texto original, publicado por primera vez por D. Riazanov en Marx-Engels Archiv, t. I, Francfort/M, 1928, pp. 222-30.

4. En el examen de este pasaje inicial de las Tesis hemos recogido algunas ideas del ensayo “La cosificación y la conciencia del proletariado” en G. Lukács, Geschichte und Klassenbewusztsein, Der Malik Verlag, Berlín, 1923, pp. 94-228.

5. No nos parecen convincentes las razones aducidas por A. Schaff (“Au sujet de la traduction des Thèses de Marx sur Feuerbach”, en L’homme et la société, núm. 22, pp. 30-31), para traducir “das menschliche Wesen“, al comienzo de la Tesis VI, por “un être humain“. El injustificado cambio de la determinación del artículo exagera la “terrenalización” del concepto de “esencia” —en el paso de “la Esencia (metafísica, intemporal) del Hombre” a “la esencia (histórica) “humana”— al identificarlo con “estructura singular de la persona” y no, como sería lo indicado por el contexto, con “estructura general del sujeto histórico”.

6. “B Sociedad civil, unión de los miembros como individuos independientes en una universalidad que es por ello formal, en virtud de sus necesidades y gracias a la carta jurídica como medio para la seguridad de las personas y de la propiedad y a través de un orden exterior, para sus intereses particulares y comunes” Hegel, Grundlinien der Philosophie des Rechts, Werke, t. VII, 157, pág. 306, Sunhrkamp, Francfort/Main, 1970. Allí mismo 182— 188, pp. 339-46.

7 “La creación práctica de un mundo objetivo, la elaboración de la naturaleza no orgánica es la efectuación del hombre como un ser genérico consciente, es decir, como un ser que se comporta en referencia al género como a su propia esencia o que se comporta como un ser genérico. […] . “Precisamente en la elaboración del mundo objetivo el hombre se efectúa realmente como ser genérico. Esta producción es su vida social en el trabajo. A través de ella aparece la naturaleza como su obra y su realidad. ” Marx, Manuscritos económico-filosóficos, MEGA, Berlín, 1932, I, 3, pp. 88-89. “La producción de la vida, tanto de la propia en el trabajo como de la ajena en la procreación, se manifiesta inmediatamente como un doble relación —de una parte, como una relación natural, y de otra como una relación social— […]” “Esta concepción de la historia [la del nuevo materialismo] se basa, pues, en la comprensión del proceso real de la producción, partiendo para ello de la producción material de la vida inmediata, y en la concepción de la forma de ccnvivencia correspondiente a este modo de producción y engendrada por él, es decir, de la sociedad civil en sus diferentes fases, como el terreno de toda la historia” Marx, La ideología alemana, MEGA, Berlín, 1932, I, 5, pp. 19 y 27. Cf. Neuveröffentlichung des Kapitels I, en Deutsche Zeitschrift fur Philosophie, núm. 10, Berlín, 1966, pp. 1212 y 1221.

8 Los dos usos —estructural e histórico— del término “bürgerliche Gesellschaft” “sociedad civil”, “sociedad burguesa” son distinguidos con claridad por Marx en La ideología alemana, pp. 25-26: “La sociedad civil abarca todo el intercambio material de los individuos en una fase determinada de desarrollo de las fuerzas productivas” “La sociedad civil en cuanto tal sólo se desarrolla con la burguesía” Cf. también el apéndice de la carta de Engels a Marx del 23 de septiembre de 1852, en MEW, t. 28, pág. 139.

9 Sobra decir que por actividad “suciamente judía” Marx no entiende la actividad propia de una comunidad religiosa o de un grupo étnico determinado, sino la actividad propia de aquella función tesaurisadora o acumuladora de capital-dinero que las sociedades europeas adjudicaron a determinados miembros de la comunidad judía durante la época mercantilista de la acumulación originaria del capital. Cf. Marx, La cuestión judía, MEGA, Francfort, 1927, pp. 605-06.

10 En el examen de las Tesis de este grupo hemos tenido en cuenta, sobre todo, el estudio que de ellas hace Adolfo Sánchez Vázquez en las pp. 130-135 de su libro Filosofía de la praxis, Grijalbo, México, 1967.

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