La ontología política de Antonio Gramsci

gramsci-firmaVamos a trata de reincorporarnos a la cotidianeidad, porque la normalidad nos abandonó tiempo atrás. 

Queremos proponerles una lectura que nos ha parecido fundamental, en la que  Julián Molina y Vedia Grossei explica todo el mundo conceptual del genio italiano Gramsci y que viene a enriquecer nuestra modesta selección que hemos ido compilando y puedes consultar aquí. Publicado originalmente en Paraninfo Universitario, procedamos pues…

Salud. A. Olivé

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LA ONTOLOGÍA POLÍTICA DE ANTONIO GRAMSCI

Julián Molina y Vedia Grossei

Introducción

El bloque histórico es una formación que involucra una relación entre dos  movimientos dicotómicos: estructura- superestructura o sociedad civil y sociedad política, donde un sector de la sociedad dirige hegemónicamente (por consenso) y siempre, en alguna medida, domina (por coerción), al conjunto de la sociedad, y donde cada actor político adquiere significado en el contexto de sus relaciones con el todo. La expresión estrictamente política de esta noción esta en el concepto histórico-político de hegemonía. Gramsci suele atribuir el origen de esta noción a Lenin en su teoría y práctica política de la  Revolución Soviética.

La hegemonía como dirección cultural es la filosofía de la praxis que desde el marxismo se desarrolla con Lenin, combatiendo a un conjunto de concepciones mecánico fatalistas del economicismo que surgieron en la lucha contra el zarismo y subsistieron inmediatamente después de su destrucción sobre la base de interpretaciones de corte positivista de la filosofía de Marx. Lenin no usa el termino hegemonía ni es consciente del carácter cultural de la hegemonía, sino que se refiere en general a la dirección política en la eliminación del estado zarista y la construcción del socialismo. Cuando Gramsci habla de hegemonía en Lenin se refiere particularmente a la dictadura del proletariado. 1

En el contexto de su militancia junto a los comunistas turineses y a la luz de la problemática leninista, Gramsci se plantea el problema del papel del proletariado como clase dirigente en un estado obrero y la necesidad de un sistema de alianzas de clase con el consenso de amplias masas campesinas.oque histórico y crisis de hegemonía

El desafío de Gramsci giraba sobre la experiencia de la lucha de emancipación en una sociedad más desarrollada que la rusa, tal como era el caso de Italia, el resto de Europa occidental y Estados Unidos. Gramsci descubre en Lenin la concepción de un sistema completo de dirección por parte del proletariado del conjunto de las masas trabajadoras de la ciudad y el campo para la construcción del socialismo. Sin embargo, en una sociedad con mayor complejidad política, económica y cultural, como era la italiana, saltaba a la vista la necesidad de distinguir entre hegemonía y dictadura del proletariado. En países con un mayor desarrollo económico y cultural la dirección política no se podía reducir a una simple dictadura del proletariado, sino que debía contemplar una lucha ideológica en cada instancia de la complejidad política. El mismo Lenin lo intenta en la necesidad de ir mas allá de la base de clase del concepto de hegemonía marxista que gira únicamente sobre la idea de “dictadura del proletariado”. Al abordar el problema del estado, Gramsci recurre al análisis del estado fascista y el “modelo americano”, especialmente el fordista, modelos de poder político propios de sociedades desarrolladas.

Gramsci no descarta el momento político-militar en el balance de la estimación de las relaciones de fuerza, pero no se limita a él cuando estudia las democracias burguesas. Hace hincapié, en cambio, en la dirección ideológica y cultural, pero va mas allá que Lenin al destacar la base de clase de esa dirección, puesto que si la hegemonía es ético-política no puede dejar de ser igualmente económica, lo que implica que el estado no es únicamente la sociedad política sino la mezcla entre sociedad política y sociedad civil con lo cual queda claro que Gramsci nunca omite la base de clase del estado.

Tanto Lenin como Gramsci coinciden en la organización intelectual de la hegemonía. Al retomar el concepto leninista que se refería a la unidad de un bloque obrero-campesino en la construcción del socialismo dirigida por el Partido Comunista, la postura gramsciana insiste particularmente en el papel educativo del partido, donde la política siempre va a tener una función pedagógica en todos los niveles. Puesto que la sociedad civil era muy débil en Rusia, Lenin tiende a privilegiar el carácter político de la hegemonía desde la “sociedad política” y como coerción violenta por parte del aparato de estado. Para Gramsci, en cambio, el campo de la lucha contra la clase dirigente se sitúa en la sociedad civil. El grupo que controla la sociedad civil es el grupo hegemónico que luego conquista la hegemonía política como consenso ideológico, extendiéndola al estado en su conjunto, es decir, a la totalidad de la comunidad política. No hay que olvidar, sin embargo,  que si bien el concepto de hegemonía en Gramsci da primacía a un desarrollo progresivo ideológico y cultural en la sociedad civil, la hegemonía como un todo político implica igualmente, e incluso como una primera etapa, el elemento coercitivo que acompaña la exigencia de un consenso siempre en desarrollo.

Como parte de la mecánica del bloque histórico, Gramsci percibe la presencia de una especie de monopolio intelectual (intelectual en sentido ampliado, que incluye una gama de saberes que va desde lo técnico, lo religioso, hasta lo filosófico o lo militar) donde la capa de intelectuales que representa un sector social tiene un poder de persuasión sobre el resto incluso a través de vínculos de tipo psicológico, como la vanidad del reconocimiento, el sentido de casta o los privilegios corporativos a que pueden ser acreedores quienes forman parte de su élite. Aquello que Gramsci llama “atracción” de un sector de los intelectuales hacia el conjunto, genera a la larga un “bloque ideológico” o bloque intelectual que liga las capas intelectuales con la clase dirigente.

La primacía económica, en este contexto, es necesaria pero no suficiente para la formación de un bloque ideológico; se requiere, además, una política hacia los intelectuales. Esta hegemonía sobre los intelectuales se afirma a través de: 1) una concepción general de la vida, una filosofía, que ofrece a los adherentes una dignidad intelectual, un principio de distinción y un elemento de lucha contra viejas ideologías que dominan por la coerción; 2) un programa escolar, una orientación educativa y pedagógica nueva, que interesa y genera una actividad autónoma, en su dominio técnico, a la fracción más homogénea y numerosa de los intelectuales, entre ellos los educadores, desde el maestro de escuela hasta los profesores universitarios, entre otros.

Gramsci incluye en su descripción de la hegemonía política la idea de una cierta presión de la sociedad civil sobre la sociedad política. La hegemonía económica e ideológica se prolonga normalmente a la “dictadura” política, aunque distingue una dictadura como la del fascismo, que depende exclusivamente de la fuerza, de aquella que constituye un elemento equilibrado de la organización política, en lo que considera como una coerción legítima acompañada de consenso. En tal sentido propone una distinción metodológica entre grupo dirigente y grupo dominante, aunque la diferencia entre uno y otro no es nunca pura y se presentan diversos grados intermedios o puntos de transición entre uno y otro. En la dictadura fascista, la construcción de un bloque ideológico es lo que Gramsci llama “transformismo” de una clase dominante que puede crear esa hegemonía ideológica recurriendo a la decapitación de la dirección ideológica y política de grupos opositores en movimientos de masa subversivos, para posteriormente generar todo un sistema de legitimación ideológica de lo que, en el fondo, nunca deja de ser, en última instancia, mera dominación.

Una dictadura utiliza a los intelectuales para ejercer un dominio en contra de los intereses de grupos auxiliares y subalternos; es una “coerción inteligente” que siempre está expuesta a una “coalición hostil”. Se pueden observar entonces dos formas de hegemonía en el análisis de Gramsci: una es la “transformista” y la otra es la hegemónica autentica: donde la primera sigue siendo dominación a pesar de sus intentos de legitimación forzada y la otra tiende a la dirección impulsando un consenso genuino. En ambos casos, el bloque histórico constituye un período histórico hegemonizado por una clase fundamental, una “clase nacional” que debe ser considerada desde el punto de vista internacional como es el caso de la burguesía francesa tras su revolución de 1789. Gramsci aplica el concepto de hegemonía y bloque histórico al período de la unificación italiana, aunque tal concepto se puede extender histórica y geográficamente ya que se refiere, en general, a un rol unificador y hegemónico como el de Piamonte o al espíritu jacobino de la revolución francesa ligado a la hegemonía de Francia sobre Europa. En el caso de Francia, la hegemonía ideológica y cultural de la burguesía funciona como un ejemplo para otras burguesías nacionales.

El papel de los intelectuales en el bloque histórico consiste en el hecho de que la adhesión orgánica viene de un sentimiento o pasión que deviene, no mecánicamente, sino de manera viva, en comprensión y por tanto, saber. Asimismo, el conocimiento técnico, organizativo, económico, es la base de la elaboración de lo que será la ideología de la clase dominante a través de instituciones como la Iglesia, los partidos, las escuelas, los sindicatos, entre otros, cada una con sus propios medios de difusión junto a la gestión estrictamente del aparato político y las fuerzas armadas. Todas estas instancias constituyen formas de “saber” (incluso como saber bélico o jurídico) y como tales, constituyen a los intelectuales como momento de la legitimación del poder hegemónico de un bloque histórico dado.

El bloque histórico está signado por una ideología, o conjunto de ideologías, que tienden a legitimar y ser los medios instrumentales para mantener un sistema político cohesionado. Cierto carácter crítico de los intelectuales frente a las clases dominantes no constituye, por sí solo, un antagonismo, sino que es inherente a una relación donde el intelectual conserva alguna autonomía frente a la administración burocrática o el gobierno. Un ejemplo de ello es el clero francés en la revolución, ligado al campo frente a la burguesía, que debe desplazar al clero en una gran reforma intelectual y moral del pueblo francés, incluso mayor que la luterana, puesto que alcanzaba a las masas y contaba con una base laica que le permitía sustituir a la religión por un vínculo nacional y patriótico.

La distinción entre intelectuales orgánicos e intelectuales tradicionales es también parte de la problemática del bloque histórico que describe Gramsci. Una crisis orgánica en el bloque histórico, que lleva al surgimiento de un nuevo bloque (antihegemónico), es un momento favorable para nuevas fuerzas políticas donde los intelectuales, orgánicos con respecto al sistema hegemónico, que debido a la crisis no representan más a las clases subalternas, encuentran un punto de cohesión como bloque crítico. La crisis espontánea se presenta cuando las clases subalternas no están organizadas. Esa crisis debe involucrar a la clase dominante (o en la medida que se vuelva dominante) para ser orgánica, con lo cual la clase que había sido dirigente deja de cumplir su función económica y cultural. Incluso, en Ordine Nuovo (p. 23) Gramsci muestra cómo estas crisis van acompañadas de levantamientos sin dirección, con actos casi marginales de vandalismo por parte de las clases subalternas desocupadas o semidesocupadas (bohème). La crisis suele ser también terreno fértil para el surgimiento de “hombres providenciales o carismáticos2. Este antagonismo descrito por Gramsci en las crisis orgánicas es análogo al que maneja Laclau, así como el papel de transformación social que le atribuye al ejercito industrial de reserva o sectores marginales que no tienen referencia concreta dentro de la estructura económica capitalista como tal, y que constituyen la exterioridad del sistema hegemónico.

Guerra de posiciones y guerra de movimiento

Gramsci analiza la oposición entre estas dos estrategias políticas utilizando una metáfora militar para mostrar claramente el sentido que le atribuye a la superestructura política de lo social en el estado ampliado, y esto lo hace pensando tanto en la problemática soviética de la construcción del socialismo como en los requerimientos de la lucha por el socialismo en los países industrializados de Europa occidental o Estados Unidos.

En los Cuadernos de la cárcel, la sociedad civil se presenta como el resultado de la dirección intelectual y moral de un sector del sistema político que está atravesado por la complejidad de la realidad cultural e ideológica en todos los niveles, tanto especializados como populares. Esta idea, que ya estaba presente en Hegel y a través de él, con la consiguiente reformulación, en Marx, es retomada y profundizada por Gramsci, quien la aborda desde un enfoque sumamente innovador y fértil para el análisis y la práctica política. La noción hegeliana de sociedad civil es asumida por Marx como un conjunto de relaciones económicas. Gramsci le da vida al concepto hegeliano al hacer hincapié en lo que interpreta como un complejo de la superestructura ideológica, elemento que no está tampoco ausente en Marx, por ejemplo cuando en Contribución a la crítica de la economía política destaca el papel de la sociedad civil y las relaciones económicas como superestructuras o cuando en La ideología alemana, (Moscú, Progreso, p. 38), expresa que “La sociedad civil es el verdadero hogar y escenario de toda la historia… (…) La sociedad civil abarca todo el intercambio material de los individuos en una determinada fase de las fuerzas productivas.Marx retoma aquí el concepto hegeliano de “sistema de necesidades” y toda la dialéctica de la formación de clases sociales en la sociedad capitalista moderna.

Para Gramsci, la sociedad civil pertenece al momento de la superestructura, pues tal como lo expresa en Los intelectuales y la organización de la cultura 

se pueden fijar dos grandes planes superestructurales; el primero se puede llamar sociedad civil, está formado por el conjunto de organismos vulgarmente llamados privados y que corresponden a la función de hegemonía que el grupo dominante ejerce en la sociedad. 3

En Filosofa del derecho, Hegel también se refiere a las asociaciones políticas y sindicales como corporaciones que conforman el contenido ético del estado. La interpretación de Gramsci, sin embargo, es distinta, tanto de la de Hegel como de la de Marx, porque desarrolla exponencialmente el conjunto del ámbito ideológico y cultural que tiene como trasfondo toda organización política especialmente como superestructura ideológica. La superestructura, sin embargo, no está desligada del factor económico de clase que es la crítica de Zizek con respecto a Laclau. Porque para que se forme un bloque histórico, este debe estar dirigido eficientemente por una clase, y esto sólo es posible si dispone, entre otras cosas, de los medios materiales y técnicos que hagan posible la construcción de una hegemonía. Sin embargo, el factor de clase como hecho económico esta, según Gramsci, atravesado por otros momentos que incluyen la articulación de una ideología de la clase dirigente, que es dirigente porque abarca todas las ramas de la ideología, desde el arte y las ciencias, pasando por la economía, el derecho y toda la cultura en general, hasta mitológicos fundacionales del inconsciente colectivo que remite a cierta influencia de Georges Sorel o, incluso, de Sigmund Freud. La hegemonía incluye la formación de una nueva concepción del mundo difundida entre todas las capas sociales a las que se articula de este  elementos  modo a la clase dirigente y por tal medio los demás grupos pueden de alguna manera desarrollarse a pesar de las contradicciones inherentes e inextinguibles que subyacen en tal relación.

La formación de una hegemonía ideológica incluye diferentes grados cualitativos como filosofía, religión, sentido común y folklore, entre otros. Como dirección ideológica de la sociedad se articula en tres niveles esenciales: la ideología propiamente dicha y la “estructura ideológica”, es decir, las organizaciones que crean y difunden la ideología y el “material” ideológico.

Gramsci define la ideología como “una concepción del mundo que se manifiesta explícitamente en el arte, en el derecho, en la actividad económica, en todas las manifestaciones de la vida intelectual y colectiva.4 Sólo las ideologías orgánicas, es decir, ligadas a la clase fundamental, son esenciales. Las ciencias, con su propio desarrollo histórico, forman parte igualmente de la superestructura. En el nivel mas erudito se encontraría la filosofía; en el mas coloquial el folklore y, en él, está incluido, entre otras cosas, el sentido común y la religión. La filosofía es el fundamento de todo sistema ideológico, donde el filósofo profesional es el que justifica teóricamente todas las demás instancias, por lo que los grandes intelectuales son la piedra angular de la hegemonía, uniendo al bloque político en torno a una base racional donde, incluso, la historia de la filosofía, por su parte, es “arreglada” según los intereses y necesidades de la clase dirigente. El sentido común está entre la filosofía y el folklore. El folklore es una concepción del mundo, una moral popular formada por el conjunto de máximas que guían la conducta practica y las costumbres.

Los “aparatos ideológicos del estado”, en sentido ampliado, están destinados a sostener y desarrollar un frente teórico e ideológico que incluye la organización escolar, tanto estatal como privada. Del mismo modo, tal aparato está constituido por los jueces, oficiales del ejército y organizaciones culturales que incluyen organizaciones de la sociedad civil como la iglesia, la escuela, la prensa, las editoriales, las bibliotecas, los círculos, los clubes, los teatro, los cines, la radio, la televisión y otros, con un impacto cultural y hasta emocional directo. Incluso la arquitectura y los nombres de calles pueden ser considerados como parte del “material ideológico”. El estado como administración y el gobierno jurídico funcionan como elementos del aparato coercitivo, como modo de disciplina y coacción legal. De este modo, la sociedad política se manifiesta concretamente como aparato de estado más que como dirección cultural en general, porque a través de su discurso y practicas se refuerzan unas corrientes políticas y se niegan otras dentro del conflicto inherente a lo político. La función coercitiva del aparato estatal es administrada por un personal intelectual claramente definido: una burocracia que se transforma en una casta. En todo estado el consenso y la coerción son utilizados alternativamente; ni uno ni otro por sí solo son suficientes, sino que la colaboración entre ambas sociedades (la civil y la política) es permanente, lo que se hace claro en la producción del consenso a través de la formación de la opinión pública. El parlamento, por su parte, es a la vez un órgano de las dos sociedades como expresión indirecta de la opinión pública y por su papel en la elaboración de leyes, respectivamente.

Según las propuestas teóricas liberales a las que Jean L. Cohen y Andrew Arato (2000) parecen adherir, la sociedad civil estaría dirigida por las organizaciones privadas y el aparato coercitivo por el estado, habiendo una clara división entre una y otra instancia. En los hechos, sin embargo, ocurre del modo en que lo describe Gramsci. En la ideología y la cultura, especialmente a través de la iglesia, hay una estatización de la sociedad civil que se acentúa con la decadencia de órganos clásicos de expresión de la sociedad civil en el aparato político, para beneficio del control por parte del estado, por ejemplo, la decadencia de los partidos, el monopolio de los medios de difusión o de comunicación por parte del estado y la estatización de los sindicatos, al igual que la estatización de la educación de acuerdo con la necesidad de unificar las ideologías. Su carácter, sin embargo, es ambivalente, porque sin importar si es del estado o privada, la clase dominante ejerce su hegemonía desde la superestructura cultural de cada bloque histórico determinado. Mientras que la primacía del estado administrativo es transitoria, lo que permanece es el bloque histórico. El bloque histórico, por su parte, se vuelve regresivo cuando la única alternativa a la que puede recurrir es la coerción del estado cuando ya no tiene consenso suficiente para gobernar.

En Notas sobre Maquiavelo, sobre política y sobre el estado moderno Gramsci muestra que: “1) Ninguna sociedad se propone tareas para cuya solución no existan ya las condiciones necesarias y suficientes o no estén, al menos, en vías de aparición y desarrollo; 2) ninguna sociedad desaparece y puede ser sustituida si antes no desarrolló todas las formas de vida que están implícitas en sus relaciones”. 5 La configuración del bloque histórico no depende de la acción de personas aisladas, sino que sólo en la medida en que representen a grandes agrupamientos con condiciones orgánicas y reflejo de la estructura que puede formar un bloque histórico con tal acción. Gramsci reconoce cuatro movimientos superestructurales de carácter orgánico: 1) coyunturales, 2) errores políticos que serán corregidos, 3) valoración del grado de homogeneidad, 4) autoconciencia, organización alcanzada por los diferentes grupos sociales.

El debate que suele manifestarse es en el sentido de si lo hegemónico del bloque histórico pasa por lo económico, como clases, y cuál es su relación con lo antagónico, en general, en la formación del pueblo. O bien, lo hegemónico sólo pasa por lo ideológico o es que lo que hace falta aclarar es el modo en que se vincula lo ideológico con lo económico que es parte de la distinción metodológica entre lo político y lo social. La polémica acerca del campo político y su relación con la estructura económica en el marxismo está presente en autores como Zizek y Enrique Dussel, quien en su libro Hacia una filosofía política crítica menciona que:

Lo político se juega dentro de un horizonte donde se cumple la “lógica de lo contingente”, campo estratégico político como “lucha por la hegemonía” concreta, histórica. Para poder despejar la posibilidad de la estrategia eran necesarias categorías más amplias que las tradicionales, para poder describir el hecho de la hegemonía política en toda su riqueza. Por ello Ernesto Laclau se enfrenta a los dogmatismos esencialistas de izquierda, fundacionalismos fixistas o al economicismo marxismo estándar que afirmaba “leyes” económico-históricas como si fueran naturales. Laclau se lanza contra el dogmatismo de izquierda que afirma la necesidad de un determinismo que se funda en dichas leyes universales, y que niega así la importancia de lo político. 6

Tal como explica el mismo Dussel en el texto citado, la reducción economicista del análisis político es resultado de una interpretación errónea de Marx. La versión gramsciana del concepto de hegemonía lleva a distinguir tres tipos de grupos sociales en el interior del bloque histórico: por una parte, la clase fundamental que dirige el sistema hegemónico; por otra, los grupos auxiliares que sirven como base social de la hegemonía y de semillero para su personal; por último, excluidas del sistema hegemónico, las clases subalternas. Las capas subalternas, por definición no se han unificado y no pueden unificarse mientras no puedan convertirse en estado: su historia, por tanto, está entrelazada con la de la sociedad civil, es una función disgregada y discontinua de la historia de la sociedad civil y, a través de ella, de la historia de los estados o grupos de Estados en su intento por imponer reivindicaciones propias.

La clave para entender la concepción filosófico-política de Gramsci está en su concepto de “estado ampliado” de la que no se puede abstraer la noción hegeliana de eticidad, muy presente en las obras de sus contemporáneos Benedetto Croce y Giovanni Gentile 7, tal como comenta Christine Buci-Glucksmann (1988, p. 484). Allí donde muchos filósofos políticos hacen una distinción tajante entre sociedad civil y sociedad política, Gramsci, a través de su concepto de estado ampliado, incluye en la definición de lo político las prácticas sociales concretas, tanto institucionales, de grupo, de clase (si fuera el caso), como el saber científico, la actividad artística, entre otros. Todas las instancias del campo político, en tanto superestructura, están atravesadas por el campo político en la determinación de una hegemonía ideológica que abarca todos los niveles culturales. El concepto de ideología y el modo en que este permite articular lo cultural y lo político se pueden rastrear en Marx, en textos como las Tesis sobre Feuerbach y la Introducción a la crítica de la economía política. Gramsci, en su reinterpretación del marxismo recupera un enfoque hegeliano de Marx y elabora su pensamiento en el contexto de la revolución soviética y aborda los problemas concretos que plantea allí la construcción de la nueva sociedad y el despliegue de las contradicciones a que da lugar.

Estructura y superestructura en el estado ampliado

La ampliación del concepto de estado que plantea Gramsci es bifuncional ya que permite comprender la articulación metodológica entre sociedad política y sociedad civil. Su análisis pasa por las reflexiones sobre Maquiavelo y por la crítica de dos representaciones ideológicas: liberalismo y fascismo “de izquierda”, corporativismo total como respuesta a la crisis de los 30s, racionalización económica, industrialización a ultranza, gestión corporativista del aparato productivo, forma italiana de americanización, que es luego derrotada. La concepción liberal clásica considera al estado como mero garante del orden, a través de un aparato parlamentario identificado con el gobierno o administración pública. Gramsci, en cambio, pone en cuestión toda la definición jurídico coercitiva del estado: estado policía, estado gendarme, estado guardián nocturno, estado carabinero, donde el estado se limitaría a la tutela del orden público y el respeto a las leyes. Esta ideología liberal oculta el poder del estado como poder de clase (todo, en un nivel económico corporativista). Es en este sentido que, en el Cuaderno 26, 6 la describe sintéticamente así: “estado como guardián de la limpieza en el juego y de las reglas de este”. A semejante mito liberal Gramsci opone una concepción ampliada del estado. Lo hace frente a la falsa identificación de estado y gobierno, ya que el gobierno sería sólo la forma corporativa económica del estado. Tal identificación confunde sociedad civil y sociedad política, hegemonía y aparato de estado: coerción y funcionamiento, mediante la ideología y se conjuga con el aparato de hegemonía privada y la sociedad civil. El aparato de hegemonía tiene una doble dimensión: económica y político-cultural. Entonces el estado también es el aparato privado de hegemonía (sociedad civil) junto con el aparato gubernamental: sociedades capitalistas, aparatos ideológico-culturales de la hegemonía, el aspecto educador del estado. Esto se extiende en el socialismo hasta la extinción del estado en Lenin y el estado de transición, por lo que en el Q 13, 18, dice

El hecho de la hegemonía presupone indudablemente que se tengan en cuenta intereses y tendencias de los grupos sobre los cuales se ejerce la hegemonía, que se forme un cierto equilibrio de compromiso, es decir, que el grupo dirigente haga sacrificios de orden económico- corporativo, pero es evidente que estos sacrificios y estos compromisos no pueden referirse a lo esencial, pues si la hegemonía es ético-política, no puede dejar de ser también económica, no puede no tener su fundamento en la función decisiva que el grupo dirigente ejerce en el núcleo decisivo de la actividad económica. 8

En este pasaje se puede comprobar que para Gramsci la sociedad civil se funda en su papel económico. Es por esto que el tema central de los cuadernos no es el bloque histórico sino la relación de fuerzas como condición inicial para la formación del bloque histórico (véanse las semejanzas en Laclau), porque no hay totalidad política predeterminada sino a partir de la relación de fuerzas. Más bien hay que distinguir entre bloque histórico y totalidad política, donde esta ultima depende de las condiciones de la crisis política. En lo que difiere con Huges Portelli, porque el estado es, entonces, “un bloque histórico en el poder”.

El papel de los aparatos ideológicos en la relación de fuerzas

El concepto de relación de fuerzas es de origen leninista y está referido tanto a lo económico y político como a lo político-militar. Según Gramsciel conjunto de las relaciones sociales es en todo momento contradictorio y está en continuo desarrollo.9 La idea de relación de fuerzas y ruptura del equilibrio de fuerzas como crisis orgánica o crisis de hegemonía, crisis de estado en su conjunto, muestra esta concepción de Gramsci: situaciones de clase y posiciones de clase en una coyuntura determinada. Una crisis económica sólo puede convertirse en crisis histórica y orgánica si comprende al estado y los aparatos de hegemonía, es decir, al estado en su conjunto.

El concepto de relación de fuerzas se refiere a la relación entre infraestructura y superestructura. Las superestructuras crean los instrumentos para dar vida a lo que son. En la estructura hay hechos inmediatos y otros más profundos. La relación de fuerzas es favorable o desfavorable; se distinguen tres grados fundamentales: 1) relación de fuerzas ligada a la estructura, objetiva natural, si hay condiciones necesarias y suficientes para la transformación, nivel de producción, factibilidad de ideologías;, 2) relación de fuerzas políticas, homogeneidad y autoconciencia alcanzada por grupos sociales, tiene sus momentos, el económico (el comerciante solidario con otro, el fabricante, entre otros, dentro del grupo profesional), el segundo momento es la solidaridad entre todos los miembros del grupo social, conciencia política, pero en el campo puramente económico todavía, participación en lo político pero dentro del marco establecido; 3) grado es una unión ideológica total y ruptura con el sistema: ideologías germinadas anteriormente, entran en contacto y oposición hasta que una de ellas o un grupo de ellas tiende a prevalecer, imponerse y difundirse en toda el área determinando la unidad económica y política, intelectual y moral, en plano no corporativo sino universal de hegemonía de un agrupamiento social fundamental sobre los agrupamientos subordinados; esa unidad se crea un estado gobierno, pero apoya intereses de subordinados donde la relación de fuerzas político-militares es lo decisivo.

Tres momentos en la relación de fuerzas: económico ligado a la infraestructura, político como grado de autoconciencia y homogeneidad y político militar que, es estratégico. Evita los extremos idealista ideológico de constitución de clase y economicista materialista mecánica que sobreestima la acción del campo superestructural. Podría calificarse de idealista una definición de clases en su independencia por la ideología, tipo Georges Sorel o Georges Lukács. Gramsci no la desvincula del desarrollo de las fuerzas materiales de producción (aquí cabría señalar una diferencia en Laclau, que soslaya de lado todo el aspecto económico). Sobre ello se dan reagrupamientos políticos estratégicos, cada uno representa una función y tiene una posición en la producción. El desarrollo de las relaciones de producción se puede medir objetivamente;, ellas no dependen de voluntades subjetivas. No son las ideologías las que crean la realidad social, sino la realidad social, en su estructura productiva, la que crea las ideologías, de acuerdo con la clásica sentencia de Marx en el sentido de que no es la conciencia la que crea la existencia sino esta la que crea la conciencia social.

Estructura y superestructura forman un bloque histórico, un conjunto complejo y conflictivo, contradictorio de las superestructuras que es reflejo del conjunto de relaciones sociales de producción.

Según Buci-Glucksman la posición materialista de Gramsci es clara y no se puede ver en él un mero idealismo. Cabe hacer la relación entre situación objetiva (posición, función en la producción) y conciencia, organización de clase, tensión vital y metodológica de los intelectuales, del tradicional al moderno, feudal y capitalista. Cada grupo crea una o más capas de intelectuales que le dan homogeneidad y conciencia de su propia función, como es el caso de los que Gramsci llama “intelectuales orgánicos del proletariado”.

El modelo norteamericano de hegemonía, erigido sobre el fordismo, que está en los orígenes de toda una cultura que surge en la fábrica. Un aparato privado de hegemonía en el nivel económico e ideológico muestra los aspectos progresistas del taylorismo porque les da a los obreros un protagonismo y genera formas de democracia dentro de la fábrica donde el consejo de fabrica establece un nexo entre dirigencias técnicas y clases todavía subalternas. La famosa “racionalización” del trabajo acrecienta la opresión del obrero, pero lo prepara para tomar el control conjunto de la producción social. La formación de un bloque hegemónico incluso llega al punto en que “Los nuevos métodos de trabajo son indisolubles de un determinado modo de vivir, de pensar y de sentir la vida” (Véase Q4, nota 52) y es por ello que la verdadera revolución es la que se hace en la cultura y abarca todas las relaciones humanas. Son formas de civilización distintas, ya sea la capitalista o la comunista. Gramsci considera la cultura, aun la popular, como crítica de la civilización, y hace de la cultura un instrumento y una forma necesaria de la emancipación política de una clase, la clase trabajadora y del socialismo una visión global del mundo.

La disciplina de los instintos tiene como fin acabar con el romanticismo y la inestabilidad de las costumbres, promover la monogamia, la familia, evitar el alcoholismo, oponiéndose a una moral libertaria. La diferencia entre la moralidad y los hábitos de los obreros y de otras capas de la sociedad es una hipocresía totalitaria, un puritanismo impuesto donde la “caza” de la mujer exige demasiado tiempo libre. Se perfila así una ideología monogámica puritana y como compensación aparecen las ideologías libertarias como terapias de readaptación psicológica, entre ellas el psicoanálisis, que crean un nuevo conformismo y adaptar al paciente a las exigencias cada vez más coercitivas de la sociedad y el estado.

Buci-Glucksmann menciona la incursión de Gramsci en la teoría psicoanalítica freudiana durante su análisis del fordismo, en cuanto a la rebeldía, la adaptación al sistema, la relación de lo psicológico con los problemas políticos, pero no al trasfondo discursivo del psicoanálisis y su aplicación a la formación del discurso en lo político y una ontología política del objeto ausente (Laclau) o al desarrollo lacaniano de lo simbólico, el mito. Aunque es importante notar que la constitución de un aparato hegemónico también pasa por factores psicológicos y culturales además de las contradicciones materiales y el nexo como tal concebido por la filosofía entre el estado gobierno y la sociedad civil.

En la concepción de Gramsci de estado ampliado o estado pleno la crisis orgánica es ante todo crisis de representación política. Es por esto que Gramsci dice en Q4, 69…las clases se apartan de sus partidos tradicionales… abre las puertas a hombres providenciales o carismáticos. (…) Si el poder se mantiene sólo a costa de la coerción o del líder carismático, hay un equilibrio estático donde ninguna clase se impone, ni la conservadora ni la progresista, la conservadora también tiene necesidad del amo. Si bien surge sobre el fondo de una crisis económica consecutiva a la guerra imperialista, la primera guerra mundial, la crisis orgánica se presenta, ante todo, bajo la forma de una crisis de representación política, las clases y capas sociales se separan de sus partidos tradicionales y de sus representantes parlamentarios, y estos no son reconocidos como expresión de clase y fracción de clase, situación delicada porque el terreno queda libre para expresiones de fuerza o potencias oscuras representadas por líderes providenciales o carismáticos, lo que preludia una redistribución de las relaciones entre clases y partidos y la formación de nuevos partidos como el fascista, nuevo partido de la burguesía. La crisis orgánica no se limita a una crisis parlamentaria sino que llega a todo el organismo estatal reforzando la posición relativa de poder de la burocracia, civil y militar, de las altas finanzas, de la iglesia y de todas las organizaciones hasta cierto punto independientes respecto de las fluctuaciones de la opinión pública, al conjunto de las superestructuras, de las relaciones estado-sociedad.” Al cambio de la relación entre estado y sociedad civil lo llama Gramscidesplazamiento de la base del estado”. Sólo se da si coincide la crisis con un amplio movimiento en la base. Entonces (como en el fenómeno fascista italiano), las clases subalternas se salen de la legalidad establecida sin ser capaces de ligar sus luchas a la mayoría de los explotados, sin saber construir una alianza a largo plazo, sin poder organizarse proponiendo una alternativa política: crisis del aparato de hegemonía de la clase dominante, movimiento caótico y desordenado, sin dirección, sin voluntad colectiva precisa, posición de clase oscilante, contrarrevolucionaria son factores que sirven de base de masas a un nuevas políticas de las clases dirigentes, dirigidas o manipular a las capas y clases subalternas, como es el caso de las clases medias, pequeña y mediana burguesía desclasada, desilusionada, generando una aceleración histórica de lo político, un nuevo período de constitución y unificación de la clase dominante, dado que el problema consistía en reconstruir el aparato de hegemonía. Todo ello es resultado de una relación de fuerzas inestables que puede cambiar en cualquier momento; incluso el recurso a la violencia y la combinación de fuerzas legales e ilegales, distintas en cada caso.

La ampliación del estado, por su parte, que surge de la crisis de hegemonía, parte de las bases históricas constitutivas de ese estado, del bloque en el poder que lo sostiene, con intervención en la vida del estado por parte de capas no estatales. Todo depende de la relación de fuerzas en juego, puesto que no hay  leyes necesarias y fatales. La ampliación del aparato de estado abarca sectores como el ejército, la policía, la burocracia e incluso las instituciones privadas de hegemonía. Frente al concepto marxista clásico de “crisis revolucionaria”, Gramsci propone el concepto de “crisis orgánica”, concebida como crisis de hegemonía que atañe a la dirección de clase sobre el conjunto de la sociedad y que está especificada en el campo de las superestructuras y afecta a toda la sociedad, es decir, a la totalidad del proceso político. Es una crisis de la relación dictadura/hegemonía. Se unen crisis de estructura con crisis de coyuntura; detrás del poder aparente se constituye otro poder apoyado por fuerzas ilegales, cómplices del primero.

El factor burocrático y militar se amplía a capas sociales donde esos elementos son reclutados. Un movimiento político puede ser militar aun si el ejército no parece intervenir directamente (sabiéndose que no es neutral). No sólo son policías quienes pertenecen al cuerpo oficialmente. El análisis del aparato de estado no puede ser meramente técnico, de la consideración de las clases y fuerzas políticas que lo sostienen. Sea por interés o por posición momentánea, el fascismo crea una organización de masa de la pequeña burguesía sobre un modelo de tipo milicia. Esta burocracia intelectual militarizada es una articulación entre estado y sociedad civil, y descansa al principio en capas medias y pequeña burguesía excluida de la producción, desclasada y parasitaria.

Si la policía, el ejército y la burocracia pueden funcionar en dado caso como bisagra entre sociedad y estado, esto demuestra que el estado funciona según modos de organización ampliados. Con la falta de desarrollo industrial característico de Italia a comienzos del siglo veinte, sólo esa pequeña burguesía estaba territorialmente unificada a través de la masonería, única entidad unificada con ideología y organización real de la clase burguesa, ejemplo de cómo una organización privada puede jugar un papel ideológico y político clave en la unificación política de clase. Como otras organizaciones que dan cohesión al estado, la masonería suelda un bloque en  el poder: “En un momento determinado todas las fuerzas de la democracia se aliaron, y la masonería se convirtió en el eje de esa alianza.” 10 La hegemonía de la clase dominante pasa por la combinación entre fuerza y consenso, cuyo termómetro es la opinión pública. Pero los modos de organización del consenso son complejos y doblemente articulados: según la instancia teórico práctica y según la instancia jurídico-económica. La hegemonía se apoya en los partidos pero también pasa por distintos canales de la sociedad civil. Todo movimiento influye en la lengua, por lo tanto en el movimiento filosófico y cultural en su conjunto; los partidos, a su vez, tienen diversas ramificaciones.

El análisis de una relación de fuerzas políticas en una coyuntura concreta exige siempre considerar las relaciones entre clases fundamentales y fuerzas auxiliares, que son apoyos de esas clases y capas sociales sobre las cuales la clase dominante ejerce su hegemonía. Tal análisis fue originalmente desarrollado en Maquiavelo, donde muestra la dialéctica entre “guerra de movimiento” o guerra de asedio o de posición, como comparación con conceptos militares de guerra de maniobra y guerra de posición, este último con todos los ardite (ardides) propios de la táctica militar: como el ataque  sorpresivo, focalizado en objetivos.

El rechazo de la concepción instrumental de  la relación clase/estado o fracción de clase/estado va acompañado por un análisis dialéctico de las contradicciones potenciales de un bloque social dominante en el poder. Socialmente el fascismo tiene su base en la pequeña burguesía urbana y en una nueva burguesía agraria. Tal como explica Buci-  Glucksmann

La proposición es válida también para la estrategia alternativa de la clase obrera: la ruptura metodológica con todo instrumentalismo se acompaña de una ruptura  política con los métodos de dirección política que  encierran a la clase obrera en una posición corporativista de clase (el obrerismo). Con ello rompe un concepto economicista como el liberal y otros derivados del marxismo que caen en un positivismo sociológico casi metafisico. 11

Esa destrucción revolucionaria del capitalismo no depende sólo de la crisis económica sino de todo el conjunto de condiciones de organización político hegemónica desde abajo. Para destruir hay que construir primero esa nueva hegemonía proletaria, moviéndose hacia la síntesis entre el factor económico y los y los factores ideológico-políticos. Cuando la hegemonía fragua el poder cae como el fruto maduro. Todo ello ocurre mediante la gestación de los aparatos de hegemonía‘, la masa oprimida debe practicar una hábil política de alianzas y al mismo tiempo desagregar las bases históricas de masa del estado.

La ampliación del estado es una tesis antieconomicista, ya que pone en cuestión el economicismo liberal y maximalista, constituyendo un rechazo de la concepción instrumental del estado como si estuviera manejado por una clase sujeto: agrega análisis de aparato de hegemonía de clase al análisis del estado, la base histórica del estado que lo liga con el bloque histórico y con el bloque en el poder. El análisis de Gramsci excede con mucho cualquier concepción estructural-funcionalista al no bloquear estrategias alternativas

Extraña simultaneidad que nos conduce a pensar que la reelaboración del concepto de estado es “una cuestión teórica” porque es una cuestión política y estratégica: la del estado en los países capitalistas desarrollados, en los cuales el desarrollo “capitalista” de las fuerzas productivas está acompañado por un desarrollo complejo de las superestructuras que hace más difícil la  revolución. 12

Todo esto surge en el contexto de un debate con posiciones del marxismo retomado a partir de la  revolución rusa de 1917, tras la muerte de Lenin en 1924, con gente como Bujarin, Trotsky o Stalin. Al abordar el tema del estado como problema estratégico surge la idea de “guerra de posiciones” y hegemonía. El análisis sirve tanto para el fascismo como para el socialismo y otras formas de organización política capitalista, incluso en el tema de la extinción del estado. La génesis del concepto gramsciano de hegemonía se halla en el análisis de los consejos obreros (soviets) y sindicatos, ya en los cuadernos de 1930 y en su actividad como dirigente del PC italiano

Esa dirección no era “abstracta”, no consistía en repetir mecánicamente fórmulas científicas o teóricas; no confundía la política, la acción real, con la adquisición teórica; se aplicaba a hombres reales, que se habían formado en condiciones determinadas con sentimientos, modos de ver, fragmentos de concepción del mundo determinados, etc., que resultaban de combinaciones “espontáneas” de un cierto medio de producción material con la aglomeración ”casual” de elementos sociales dispares. Este elemento de “espontaneidad” no fue dejado de lado y menos todavía despreciado.‘ fue educado. 13

La idea principal que maneja Buci-Glucksmann en su libro es que la hegemonía es, en última instancia, resultado de la concepción filosófica subyacente (filosófica no en sentido académico o erudito sino en sentido también ampliado) a la relación en sí entre lo político y lo social, por ejemplo, mayor coerción o mayor consenso relativos, la forma de la coerción y del consenso, elementos que están presentes a través del tejido social en cada recoveco. Esta concepción pasa por lo cultural, lo religioso, lo filosófico. Lo cultural, lo intelectual, — como señalamos— incluye el saber militar, policial, modos de control, técnicas y relaciones de producción (fordismo). Por eso, en última instancia, la filosofía fundamental debe buscarse en la concepción política. Las formas de organización política son expresión de la filosofía implícita de una época. Ello incluye todo  lo referente a cultura popular, a las concepciones del mundo, que también juegan en las contradicciones o relaciones de fuerza que forman la hegemonía, tanto de una clase en el poder como de la clase de los oprimidos en dado caso. Cada experiencia implica una educación o pedagogía, cada forma de reproducción social genera saberes específicos y funcionales en el intelectual que le es orgánico a cada forma de organización política o micropolítica. El papel de lo económico, en Gramsci, no deja de ser crucial para la formación de clases subalternas. Pero las clases o subclases, sectores, capas, etc., si bien surgen como resultado de su papel en las relaciones de producción, poseen elementos culturales que se desarrollan de modo independiente. La contradicción en lo económico, sin embargo, es un punto crucial en cualquier proceso político. La constitución total de una clase implica también el control de lo económico. Pero la lucha política no se limita a lo económico ni mecánicamente determinado por los factores económicos.

La cultura popular y el lenguaje, elementos del bloque antihegemónico

En su crítica al formalismo bujariniano Gramsci se plantea el papel de la teoría y su relación con la práctica. No es que la teoría se aplique a una práctica o que mecánicamente la teoría surja de la práctica, sino que uno y otro nivel plantean cuestiones, problemas y soluciones, al restante. En este contexto emerge la importancia del partido de vanguardia. En él converge la actividad espontánea de las masas revolucionarias con la voluntad organizativa y centralizadora de la dirección. De allí la distinción entre centralismo democrático y centralismo burocrático. 14 El centralismo democrático, como idea, sugiere una especie de retroalimentación entre las masas y el partido, aunque subyace el imperativo de una homogeneidad  ideológica en el bloque de los oprimidos, o en general  de cualquier bloque que se constituya como tal en la unificación. Se establece una posición no dogmática ni sectaria de parte de los intelectuales que son orgánicos. El problema epistemológico no se limita a la distinción engelsiana entre idealismo y materialismo sino que la realización de un aparato hegemónico es un hecho constitutivo ontológico que establece los límites del lenguaje filosófico mismo en el nivel de las superestructuras culturales, lingüísticas y filosóficas. La política es una filosofía expresada en los hechos mismos así como la filosofía se lee en la realidad política, y ella, a su vez, en el pueblo y su sistema de alianzas, bloques y modos concretos, aun materiales de relacionarse culturalmente y productivamente para la vida. Todo ello forma parte de un nivel material, y el bloque histórico es la estrategia que garantiza la reproducción y el desarrollo subjetivo hegeliano de la vida concreta material y espiritual.

En la concepción gramsciana, la política es, ante todo, una práctica que tiende a modificar una relación de fuerzas existente, mediante la aplicación de la iniciativa política en el punto débil del adversario, es decir, en su «centro de gravedad». Debe fundarse exclusivamente en ese conocimiento de la realidad efectiva, tan  genialmente vislumbrado por Maquiavelo. 15

El cambio continuo en la relación de fuerzas exige una actividad creadora. La ciencia política no se puede limitar a fórmulas sino que debe poder captar las coyunturas históricas en sus tendencias contradictorias. La lucha en Italia consistía en ganar a las capas obreras, campesinas y pequeñoburguesas para salir del fascismo, por ejemplo, conduce a la consigna transitoria y democrática era la de una asamblea constituyente para la construcción de una alianza de clases que posibilitara al proletariado realizar la hegemonía. Es en el contexto de la ampliación del estado donde se juega la guerra de posición. Esto no implica una politización de la vida social sino que lo político se juega de un modo  implícito indirecto frente a lo social y ello no se reduce al campo de las relaciones de producción sino a todas las instancias de la vida.

Pero la estructura material está determinada por la ideología de la clase dominante que establece relaciones entre clases y organiza cierto tipo de consenso en aparatos de hegemonía: formas jurídicas, artísticas, religiosas y filosóficas. Estas formas son ideológicas dentro de las cuales se toma conciencia de los conflictos propios de esos ámbitos, respecto de lo cual se remite Gramsci al Marx de Miseria de la filosofía.

Debe romperse, a su juicio, con la idea corporativista o sindicalista que centra en esa función el origen del poder obrero‘, tal es la confusión por la cual algunos consideran un peligro mezclar lo político con lo social o politizar la vida social como una forma de totalitarismo. Aquí es importante distinguir entre unidad orgánica y unidad mecánica. Por ejemplo, la unidad del movimiento obrero internacional es de tipo orgánico y para Gramsci el partido debe organizar a las masas y combatir el corporativismo y el reformismo, pero sólo porque es concebido como una transición no cae en una nueva especie de corporativismo donde el partido termina homogeneizando todo.

Guerra de posición o revolución permanente: la guerra de posición exige condiciones históricas y políticas precisas, como por ejemplo, la existencia de grandes organizaciones populares de tipo moderno. El contraste está con la Comuna de París donde no existían estas grandes organizaciones populares cayendo en el jacobinismo, como revolución permanente sin instituciones fijas pero cayendo en un corporativismo, aparato de estado reducido y autonomía de la sociedad civil, monopolios. Liga guerra de posición con estructura de Estados modernos donde estarían dadas las condiciones. De otro modo, el economicismo de  Trosky lleva a ataque frontal que conduce al fracaso. 16

El bloque histórico de los oprimidos debe pasar por una alianza a nivel nacional porque en él están incluidos factores de todo tipo, también culturales y de costumbres. Todo este juego de unificación y antagonismo en la dinámica de la hegemonía y en el estado burgués es lo que Laclau describe como guiado por el significante flotante. Buci-Glucksmannn 17 afirma que “…todo bloque histórico presupone una clase dirigente que ejerce su hegemonía, es decir su actividad de dirección política y cultural sobre las clases aliadas.” Esto es cierto en el caso de la burguesía aunque sea una hegemonía fallida. La existencia de un bloque histórico implica una adhesión orgánica entre intelectuales y pueblo, entre dirigentes y dirigidos. Es por esto que el bloque histórico va más allá que la mera alianza de clases porque implica la integración plena en un estado, es decir, no sólo la alianza sino el trabajo conjunto y arraigado en su misma esencia, lo que Laclau luego mostrará que es de hecho constitutivo de los grupos sociales estructurados en tomo a demandas. El bloque histórico no puede ser sólo una alianza estratégica. Es la compenetración orgánica de distintos sectores políticos que a su vez los reconstituye en el contexto de su nueva configuración. No son sectores que ya existían y luego se unen para formar un bloque, sino que el hecho de que formen un bloque es lo que les da sentido en función de la estructura compleja y dinámica del bloque que forman.

Aquí se discute un poco la primacía o no de lo económico o político, respectivamente, a los diversos casos del mismo modo que las relaciones entre la clase, la hegemonía y los intelectuales como generadores de consenso, pero también como diseñadores del modelo de producción que establece las relaciones entre las clases, así como la relación entre lo político burocrático y lo social productivo, y el concepto económico de clase, todo manejado como la relación entre estructura y superestructura. El bloque histórico es resultado del juego de contradicciones en las superestructuras como reflejo del conjunto de las relaciones sociales de producción.

Los hombres toman conciencia del conflicto en lo infraestructural, esto es en la ideología, la autoconciencia de clase, la organización de las clases según la ideología.

Condición de la formación de bloque histórico es la adhesión orgánica entre intelectuales y pueblo, entre gobernantes y gobernados, entre dirigentes y dirigidos‘, la formación de una hegemonía excluye una relación burocrático formal, es una crítica del sentido común: no se puede saber sin comprender y sin sentir “Si el intelectual no comprende y no siente, sus relaciones con el pueblo masa son o se reducen a un aspecto puramente burocrático, formal…”. Según Gramsci, (Q8, 182) “el estado es un modo de constitución y organización de clase, que puede ser democrático o burocrático, corporativista o pleno, la unificación en un bloque histórico de estratos sociales diversos, en tomo a una clase dirigente, debe pasar por el estado.

Para que se forme un bloque histórico es necesario que el estado haya superado una fase puramente corporativista, que existe un proceso normal no violento, el bloque histórico requiere de un estado pleno, la primera fase debe preparar a la segunda. Por este paso de una reivindicación económica (coerción y gobierno como guardián nocturno) se accede a una fase plena mediante un estado intermedio llamado precisamente de transición. Existe una relación pedagógico-política en toda la sociedad y de cada individuo con respecto a los otros, entre capas intelectuales y no intelectuales, entre gobernados y gobernantes; toda relación de hegemonía es una relación pedagógica.

El concepto de revolución pasiva se relaciona con varios puntos: revolución pasiva y guerra de posición, confrontado con el concepto de “guerra de movimiento”, cuando el primero se convierte en el segundo. A primera vista puede atribuirse la guerra de posición a la clase dominante y la de movimiento a la subalterna o dominada, los dos procesos son inseparables y asimétricos. Revolución pasiva: mediante la intervención legislativa del estado y a través de la organización corporativa se introducen modificaciones en la estructura económica. Estas modificaciones están destinadas a acentuar el elemento de planificación de la producción, sólo regulando pero sin intervenir en la ganancia, la cual puede ser la única salida en la competencia frente a otras economías más fuertes.

Puritanismo, ética familiar y ética sexual se postulan para la consolidación ideológica de la función productiva además de la destrucción de los sindicatos convertidos en fordismo, y la lucha contra el parasitismo donde, incluso, “La fundación de una clase dirigente (es decir, de un estado) equivale a la creación de una Weltanschauung” (Q 7, 33). En Lenin, se propone una revolución cultural y luego la reforma intelectual y moral, Gramsci encuentra una relación teórico práctica entre filosofía y pedagogía escolar y extraescolar “toda relación de hegemonía es necesariamente una relación pedagógica” MS pp.21-22. En las notas 47 y 48 del cuaderno I Gramsci muestra que Hegel quien se convierte inicialmente en el teórico de una ampliación del estado, ha comprendido el mecanismo de la hegemonía en la sociedad civil: “…el estado posee y exige el consenso, pero también ‘educa’ este consenso, con las asociaciones políticas y sindicales, que son sin embargo organismos privados que se dejan a la iniciativa de las clases dirigentes.18 La interpretación gramsciana de Hegel pasa, por lo tanto, por una relación relativamente nueva entre el hegelianismo y el marxismo que condiciona a una determinada crítica de Hegel. En El materialismo histórico y la filosofía de Benedeto Croce p. 13 Gramsci dice:

…Es necesario subrayar cómo el desarrollo político del concepto de hegemonía representa un gran proceso filosófico además de político-práctico, porque necesariamente entraña y supone una ética conforme a una concepción de lo real que ha superado el sentido  común.

Esto remite a una gnoseología de la política como filosofía de la praxis

La filosofía tiene un papel central en la construcción de una nueva relación entre la política y la cultura: el soporte de una transformación cultural que socave los contrafuertes, las trincheras, las reservas organizativas de la clase dominante y del estado. (…) La teoría del aparato de hegemonía filosófico, del aparato de hegemonía filosófico-cultural (donde filosofía significa también la concepción del mundo propia de los “no filósofos”, de las masas), el análisis de sus contradicciones, coincide con la exigencia gramsciana de una fundamentación materialista de la política, con la búsqueda apasionada de una equivalencia transformacional entre la teoría del estado y la teoría de la filosofía, que es característica de la fase histórica de transición al socialismo. 19

Se plantea, entonces, una revolución pasiva en el proceso de hegemonía, que no es una dominación dictatorial sino que crea el consenso desde abajo. La unión de voluntades dispersas podría verse como la expresión de un Gramsci que retoma los mitos de Sorel. Pero más arraigado está el concepto de religión ampliado desde Croce. Para Croce, la religión, es una concepción de la realidad acompañada de una moral, conforme a esa concepción presentada en forma mitológica. Gramsci le atribuye al partido político esa función de unificación ideológica de las voluntades colectivas parciales, que tienden a convertirse en universales y totales. Buci-Glucksmann sostiene que la concepción gramsciana es distinta a la de Sorel y Croce, porque se acerca más al maquiavelismo cuando sugiere una dialéctica de la ideología, una organización como partido, pero también como voluntad nacional Se trata, explican, de diferentes discursos. Sorel y Croce no hablan de la materialidad de las ideologías y de su inscripción en los aparatos de hegemonía. Gramsci retoma la propuesta marxista de la validez y solidez de las creencias populares, nuevo sentido común, nueva cultura, que es una nueva filosofía, y distingue  filosofía de los filósofos y filosofía espontánea de las masas, a su vez más o menos educadas. La filosofía de una época no es la de los filósofos, consiste, también, en las concepciones de los grupos dirigentes (intelectuales), la concepción del mundo de las grandes masas populares, los diferentes nexos entre estos complejos culturales, y la filosofía en el sentido más restringido del término.

Comentarios finales

En MS pp. 173, 174, la metáfora determina siempre todo contenido filosófico, estudia las metáforas de Marx, por ejemplo la metáfora espacial: base/superestructura, que muestran un concepto o relación recién descubiertos. Gramsci realiza toda una crítica de la función del lenguaje en la política y fustiga el papel fosilizante que le asignan al lenguaje algunas corrientes formalistas o matematicistas. Habla de una opacidad del significante que excluye toda reducción del lenguaje humano a una lengua ideal. Ello repercute en el análisis del hecho literario. Con la falta de unión lingüística en Italia, se despliega aquí la problemática de la estética y su materialidad, en el contenido de instituciones o con la retórica idealista, filosófica o literaria. También se refiere al tema del folklore y a la novela en las culturas populares, que reproducen formas estéticas que sirven como material ideológico y significante particularmente rico y contradictorio, y como un nuevo concepto de cultura en las clases subalternas, que importa sus modelos de la cultura científica, se supera con la literatura popular, el contenido de las comedias, su lenguaje o en la crítica cultural y literaria. Otro hecho del lenguaje es la filosofía como metalenguaje. Toda forma es una forma histórica con un lenguaje determinado, diálogo, meditación, discurso que no escapa a la metáfora. En la traducción existe, por ejemplo, una equivalencia entre la economía política inglesa, la política francesa y la filosofía clásica alemana.

Notas

1. Se debe tomar en cuenta que el acceso de Gramsci a los textos de Lenin estaba limitado debido a que se encontraba encarcelado por el gobierno fascista que, de este modo, pretendía acallar sus ideas críticas y golpear al Partido Comunista y al movimiento obrero de Italia.

2. Notas sobre Maquiavelo, p. 76

3. Gramsci, Antonio Los intelectuales y la organización de la cultura, Buenos Aires. Ed. Nueva Visión, 1972, p. 16

4. Gramsci, Antonio El materialismo histórico y la filosofía de Benedeto Croce, Buenos Aires. Ed. Nueva Visión, 1971, p. 12

5. Gramsci, Antonio Notas sobre Maquiavelo, la política y sobre el estado moderno, Buenos Aires, Lautaro, 1962, p. 67

6. Dussel, Enrique Hacia una filosofía política crítica, Bilbao, Desclée, 2001, pp. 188, 191

7. Dos personajes, Croce (1866-1952) y Gentile (1875-1944), de trayectorias políticas contrapuestas. El primero antifascista, presidente del Partido Liberal en 1947, y el segundo fascista, ministro de la instrucción pública del régimen con Benito Mussolini, ejecutado por los partisanos.

8. Gramsci, Antonio, Q 13, 18

9. Passato e presente, Roma, Reuniti, 1971, p. 261

10. Gramsci, Antonio, Il ResorgimentoTorino, Einaudi, 1949, p. 151

11. Buci-Glucksmannn, op. cit., p.139

12. Ibidem., p. 146

13. Gramsci, Antonio Cuaderno 3, fragmento 48

14. En la realidad bajo la denominación de “centralismo democrático” se pretendió ocultar la existencia del “centralismo burocrático”.

15. Buci-Glucksmannn, op. cit., p. 296

16. Gramsci, Antonio, Q. 8, 52

17. Buci-Glucksmannn, op. cit., p. 342

18. Notas sobre Maquiavelo, p. 162

19. Buci-Glucksmannn, op. cit., p. 483

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