La recepción de Engels en América Latina

Vamos con nuestra propuesta de lectura para un largo fin de semana, que incluye la FiestaBuesten-Marx-Engels pro Nacional de España. Francia conmemora en su fiesta nacional la toma de la Bastilla; Italia conmemora un referendum -el celebrado para escoger entre monarquía o república-, Alemania, la unión de dos estados. España, “el descubrimiento” (¡que pretensión!) de América. De hecho la fiesta se ha llamado de muchas maneras a lo largo de la historia: Fiesta de la Hispanidad, Día de Colón, Día del Descubrimiento, Día de la Raza (¡toma ya!), Día de la Virgen del Pilar…Nada que festejar, ni el encuentro de dos mundos (que más bien fue encontronazo), ni la integración de los reinos de España en una misma monarquía. Dicho queda.

Y la propuesta de lectura va de Engels y de como fue recibido en América Latina. Gracias a Jaime Massardo vamos a saberlo…

Salud. Olivé

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LA RECEPCION DE ENGELS EN AMERICA LATINA *

Jaime MASSARDO **

 

Lo que nos proponemos mostrar aquí es la influencia orgánica de la actividad de Engels en la cultura política a través la cual se constituye el movimiento obrero en América Latina. Dicho de otra manera, nos interesaremos en aquellos aspectos de la recepción del marxismo en el continente latinoamericano que, guardando al mismo tiempo la imbricación íntima de la actividad de Marx y Engels, encuentran su origen en este último.1 Del punto de vista del método de exposición, haremos el camino inverso al del periplo político que constituye el tema de nuestra reflexión, es decir, comenzaremos por mostrar las huellas de la actividad de Engels en la formación del movimiento obrero en América Latina, para intentar, enseguida, el «viaje de retorno» hasta encontrar las condiciones de su producción. Siguiendo este protocolo vamos a intentar reconstruir algunas filiaciones a través de las cuales esas iniciativas engelsianas se deslizaron hacia América Latina y que, de una manera paradojal, —y en esto consiste la hipótesis interpretativa que quisiéramos proponer a través de esta reflexión— dieron lugar a dos lecturas radicalmente diferentes del marxismo en el continente latinoamericano.

LA RECEPCION DEL «SOCIALISMO CIENTIFICO»

Uno de los hitos más esclarecedores del punto de vista de las posibilidades de reconstruir el proceso de recepción del marxismo en América Latina se encuentra en el programa del Partido Obrero Socialista, fundado en Iquique, en el norte de Chile, en junio de 1912. 2 La lectura de este documento muestra que estamos frente a una reproducción del programa del Partido Socialista Español, redactado por Pablo Iglesias en abril de 1880. 3 Su influencia será, no obstante, decisiva en la fundación del Partido Comunista de Chile, en enero de 1922 4 y, de una manera más general, en la cultura política de las organizaciones obreras chilenas, al menos hasta la fundación del Frente Popular, en 1936. 5 Empujado por la lengua castellana, favorecido por la emigración, el desarrollo de la industria minera y por los inicios de una actividad industrial, el programa de los socialistas españoles llega a Chile llevando en sus equipajes una Weltanschauung fuertemente marcada por las formas de aparición del marxismo en España y, particularmente, en Madrid, formas que encuentran su determinación en las relaciones que habían establecido los socialistas madrileños, primero, con el Parti Ouvrier Français y con las tradiciones que la historia de las ideas llamará el guesdisme 6 y, a través éste, con el Socialistische Arbeiterpartei Deutschlands, en el que se incubaba ya una percepción de la política que anunciaba el advenimiento de la Internacional Socialista. Tal como vamos a mostrar en seguida, en la génesis de esta determinación van a jugar un papel central los trabajos de Friedrich Engels.

Una mirada sobre el grupo madrileño que después del congreso de La Haya reconocía el Consejo General de la Asociación Internacional de Trabajadores con sede en Londres —grupo que va a jugar un papel central en la filiación que nos ocupa— revela su extrema debilidad política. 7 Expulsado de la Federación Regional Española controlada por la Alianza Internacional de la Democracia Socialista, inspirada por Miguel Bakunin, el grupo alcanzaba apenas la cincuentena de miltantes durante los años 70, en los momentos en que va a reorganizarse para formar la Nueva Federación Madrileña. 8 Entre sus miembros se encontraban Pablo Iglesias, Francisco Mora, José Mesa… Poco después del golpe de Estado de 1874, este último va a instalarse en París. Desde allí, refuerza los vínculos con Engels que representaba a España en el Consejo General 9 y comienza a trabajar politicamente con Jules Guesde, con el que participa a la fundación del periódico L’Egalité, 10 el que será pronto enviado a Madrid, donde Pablo Iglesias y sus amigos, buscando romper su aislamiento político, fundarán, en 1886, El Socialista. 11 La precariedad de la implantación de los socialistas madrileños irá a repercutir en el carácter de este periódico, que intentará suplir la ausencia de una elaboración teórica y política traduciendo una importante cantidad de artículos provenientes de L’Egalité y de Le Socialiste, semanario del Parti Ouvrier Français, 12 en particular, aquellos escritos por Jules Guesde, por Gabriel Deville y por Paul Lafargue, que hablaba castellano y que había trabajado en España después de la caída de la Commune de Paris. A través de esta elección, El Socialista se comprometía con una cierta lectura del marxismo. 13 Para esta lectura, que se organizaba a partir de problemas tales como la «ley de bronce de los salarios» de Lassalle 14 y la Zusammenbruchstheorie, 15 el socialismo era, ante todo, un proyecto de sociedad vinculado al desarrollo de las fuerzas pruductivas, un proyecto que podía entonces representarse «cientificamente» en un esquema que, sacando directamente conclusiones políticas de su inserción económica, terminaba por reducir los actores a las clases fundamentales del modo de producción capitalista. El programa redactado por Pablo Iglesias y retomado por el Partido Obrero Socialista, ilustra de una forma precisa esta lectura :

«Considerando, que la sociedad es injusta porque divide a sus miembros en dos clases desiguales y antagónicas. Una, la burguesía, que poseyendo los instrumentos de trabajo, es la clase dominante ; otra, el proletariado, que no poseyendo más que su fuerza vital, es la clase dominada ;

Que la sujección económica del proletariado es la causa primera de la exclavitud en todas sus formas : la miseria social, el envilecimiento intelectual y la dependencia política ; Que los privilegios de la burguesía están garantizados por el poder político, del cual se vale para dominar al proletariado. Por otra parte :

Considerando que la necesidad, la razón y la justicia exigen que la desigualdad y el antagonismo entre una clase y otra desaparezcan, reformando o destruyendo el estado social que las produce ; Que esto no puede conseguirse sino de un modo : transformando la propiedad individual y corporativa de los instrumentos de trabajo en propiedad común de la sociedad entera ;

Que la poderosa palanca con que el proletariado ha de destruir los obstáculos que a la transformación de la propiedad se opongan, ha de ser el poder político, del cual se vale la burguesía para impedir la reivindicación de nuestros derechos. Por todas estas razones, el Partido Socialista Obrero declara que tiene por aspiración :

1° La posesión del poder político por la clase trabajadora.

2° La transformación de la propiedad individual y corporativa de los instrumentos de trabajo en propiedad común de la sociedad entera (Entendemos por instrumentos de trabajo la tierra, las minas, los transportes, las fábricas, máquinas, capital-moneda, etc.)

3° La organización de la sociedad sobre la base de la federación económica, el usufructo de los instrumentos de trabajo por las colectividades obreras, garantizando a todos sus miembros el producto total de su trabajo y la enseñanza integral a los individuos de ambos sexos en todos los grados de la ciencia, de la industria y de las artes.

En suma : el ideal del Partido Socialista Obrero es la completa emancipación de la clase trabajadora : es decir, la abolición de todas las clases sociales y su conversión en una sola clase de trabajadores libres e iguales, honrados e inteligentes.» 16

Este esquema, bastante claro si nos ubicamos en el plano de abstracción de Das Kapital, se revela insuficiente cuando se trata de actuar políticamente frente a la complejidad de la articulación y, a veces, de la yuxtaposición de las formas productivas existentes en España —y aún más en América Latina. 17 Problemas tan importantes como la cuestión campesina, en una época en que la mayor parte de los trabajadores españoles permanecían en el campo, 18 sin hacer referencia a la especificidad de las formas culturales que constituyen, por otra parte, lo esencial de la política, se sitúan así fuera de la lectura con la que los socialistas madrileños se representaban su historia, ergo la revolución19

Paralelamente, los diversos grupos socialistas alemanes iban a reunificarse en mayo de 1875, durante el Congreso de Gotha, para formar el Socialistische Arbeiterpartei Deutschlands, congreso que fue percibido de una manera positiva por un movimiento obrero internacional todavía golpeado por la derrota de la Comune de París. 20 En 1878, el Estado alemán dicta las leyes antisocialistas. La dirección política del Socialistische Arbeiterparti Deutschlands emigra y logra compatibilizar el trabajo abierto de la fracción parlamentaria en Alemania con un trabajo semiclandestino organizado en el exterior. En Zurich, Eduard Bernstein edita a partir de 1880 el periódico Le Socialdemokrat, que será distribuido clandestinamente en Alemania, al mismo tiempo que Die Neue Zeit, fundada por Karl Kautsky a comienzos de 1883, va a irradiar la influencia del Socialistische Arbeiterpartei Deutschlands en el movimiento obrero internacional. 21 En 1889, en París, va a nacer la Internacional Socialista. En 1890, los socialistas se transforman en la primera mayoría en Alemania y precipitan la caída de Bismark. En 1891, las leyes antisocialistas son derogadas. Coronado por el éxito, el Socialistische Arbeiterpartei Deutschlands será, hasta 1914, el grupo más fuerte y de mayor prestigio dentro del movimiento obrero internacional, 22 o, por decirlo con Georges Haupt, su «partido-guía». 23 Será en ese rol y en el contexto de las necesidades políticas que éste comporta, que podemos intentar explicar los esfuerzos de los socialistas alemanes para formalizar una teoría política que —después de la publicación en 1859 de On the Origin of Species de Charles Darwin, 24 y como síntoma subrepticio de la ausencia de un estatuto preciso de las disciplinas vinculadas a la historia— había ido a buscar su inspiración en el dominio de las ciencias naturales. Así, estimulado por el descubrimiento de la teoría celular, por el de la transformación de la energía y, en particular, por el de la teoría de la evolución, 25 Engels va a consagrarles todo un programa de investigaciones cuyo resultado más visible se encuentra en la Dialéctica de la naturaleza. 26 En estrecha relación con estos estudios, el mismo Engels publica entre enero de 1877 y julio de 1878, en la revista Vorwärts de Leipzig, un conjunto de artículos que serán reunidos en un solo volumen y editado, también en Leipzig, bajo el título de Herrn Eugen Dühring’s Umwälzung der Wissenschaft. Philosophie, Politische Oekönomie, Sozialismus, más conocido como el Anti-Dühring. 27 Tres capítulos de ese libro serán publicados, también por Engels, en 1883, en Die Entwicklung des Sozialismus von der Utopie zur Wissenschaflicher. Estos mismos tres capítulos van a aparecer en París, en 1880, en La revue socialiste 28 y, el mismo año, Paul Lafargue los editará en un folleto titulado Socialisme utopique et socialisme scientifique. 29 Tal como lo recuerda Georges Labica, Engels no pone ninguna objeción a este título. 30 «No conozco ninguna otra publicación socialista, comprendido El Manifiesto de 1848 y El Capital de Marx que haya sido traducido un número tan importante de veces» va incluso a decir éste en el prólogo a la edición inglesa de Socialismo utópico… 31 Entre todas esas traducciones de Die Entwicklung… y en una fecha tan precoz como 1896, se encuentra en Madrid la que realiza Antonio Atienza para la editorial de Ricardo Fé. 32 Pedro Ribas ha dado cuenta de las ediciones madrileñas que han sido publicadas en El Socialista en 1889 y en 1890, 33 por Cao y Val, en 1901, 34 y por Ricardo Fé, en 1904, 35 así como aquella realizada por Sampere, en Valencia, también en 1904 36 y otras dos que aparecieron en Barcelona, en 1908, editadas por Presa 37 y por Escuela Moderna… 38 Con toda evidencia estamos aquí, entonces, frente a un texto que ha contribuido fuertemente a la formación de una lectura del marxismo en España y, en un sentido mas general, al proceso de formación de la cultura política de los socialistas españoles en el cruce de siglos. Nosotros creemos, entonces, que este texto se vuelve el principal —aunque no el solo— portador de un quid pro quo que se ubica en el centro del problema que nos ocupa. El texto vehicula, en efecto, una noción de ciencia que posee connotaciones diferentes en castellano y en alemán, lengua en la cual Die Entwicklung…, fue originalmente redactado. Examinemos la cosa más de cerca. Georges Labica escribe : «Las acepciones de ciencia son bastante diferentes en francés y en alemán. La Wisenschaft es mas vasta que science (heredera del epistêmê griego); ésta no connota solamente un sistema de conocimiento… sino que recubre igualmente el sentido del saber, del conocimiento general, del método o de la enseñanza» 39 Si la acepción de Wissenschaft es bastante diferente de la de science, con mayor razón lo es de la de ciencia, en castellano. Matiz de traducción que es necesario situar en el clima cultural español marcado por la presencia de un positivismo que encuentra allí —probablemente más que en otra parte— una fuerte resistencia religiosa. Luchando por imponerse en un campo de batalla maniqueo, el positivismo había contribuido a reemplazar, por decirlo así, la certeza de la fe por la certeza de la ciencia. Una ciencia que no era concebida como el estado posible del conocimiento humano en un momento determinado de la historia sino como un elemento permanente, por lo tanto, exterior a ella; en rigor, como un conocimiento que no se construía a partir de la praxis humana, sino que la precedía. El positivismo había así introducido en España una noción de «ciencia» que preparaba el camino al «socialismo científico». En ese contexto, las categorías de análisis histórico se transformaron en fórmulas que podían ser aplicadas con la misma certeza que el teorema de Pitágoras; «Engels ha estudiado todas las ciencias —nos dice la introducción a la primera edición castellana de Socialismo utópico y socialismo científico— y particularmente la ciencia social, la filología y la ciencia militar… La obra que sigue a esta presentación forma lo que podríamos llamar una introducción al socialismo científico» 40 «La física, la química y todas las ciencias han atravesado las mismas etapas que el socialismo, —afirma El Socialista del 4 de junio de 1886— después de una lenta elaboración, han salido del dominio de la fantasía para entrar en el de la deducción positiva» 41 «Dos expresiones de la vida de nuestra época, a la vez grandes y hermosas… son, el descubrimiento científico y el movimiento proletario» escribe el socialista Jaime Vera en El Liberal el 1° de mayo de 1912. 42 en un texto que, no por casualidad será más tarde compilado con el título de Ciencia y proletariado. 43 …Identificando ciencia y política, o, mas bien, disolviendo la especificidad de la política en una noción abstracta de ciencia asociada a una lectura teleológica de la política, el «socialismo científico» despierta así la ilusión de que la historia se parece a una camino ya hecho y que basta recorrer… Es así que la traducción de Die Entwicklung…, de Engels, se transforma en un elemento que, teniendo como telón de fondo la Internacional Socialista y su «partido-guia», se ubica en la base de una representación fetichista de la ciencia en el espíritu del movimiento obrero francés, luego, en el español y finalmente, empujado por la lengua castellana, en el del movimiento obrero latinoamericano. El programa del Partido Obrero Socialista —pero también toda una pléyade de momentos deteminantes, entre los cuales la circulación en Buenos Aires y Montevideo del texto de Enrico Ferri, Socialismo e scienza positiva, o el silencio de la Internacional Socialista frente a la dimensión social de la Revolución Mexicana, momentos cuyo análisis supera el marco de estas líneas— muestran el papel del «socialismo científico» en la gestación de la lectura del marxismo que acabamos de esbozar, papel que va a impregnar todo el proceso de formación de la cultura política de la clase obrera en América Latina y cuyos efectos pueden encontrarse todavía presentes a comienzos de los años 70 de nuestro siglo.

LA RECEPCION DE LA FILOSOFÍA DE LA PRAXIS

La lectura de algunos textos producidos por el movimiento obrero latinoamericano en su fase de formación sugieren, sin embargo, la existencia de otra lectura del marxismo. Así, en el contexto de la crítica que José Carlos Mariátegui dirige a Henri de Man, a Emile Vandervelde y a Max Eastman en el conjunto de escritos publicados en Lima, en 1928, y reunidos bajo el título de Defensa del marximo, podemos leer :

«Las proposiciones que Max Eastman copia de las Tesis sobre Feuerbach en su libro La science de la révolution, no le bastan a éste para percibir el sentido absolutamente nuevo y revolucionario de la utilización de la dialéctica en Marx… Tal como Enrico Ferri, que dió al término «socialismo científico» una acepción literal, Eastman ha creído verdaderamente en la posibilidad de una ciencia de la revolución» 44

La alusión a las Tesis sobre Feuerbach, —la primera, a nuestro conocimiento, en un texto latinoamericano— escrito que representa un momento constitutivo de la noción de praxis al interior de la obra de Marx, 45 sugiere la presencia en el aparato conceptual de Mariátegui de referencias teóricas y políticas cuyo origen debe ser buscado en la singularidad de su itinerario intelectual. 46 «He hecho en Europa mi mejor aprendizaje» nos dice Mariátegui en la presentación de Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana. 47 En la medida en que se recorren sus escritos se ve, sin embargo, que Europa se asimila cada vez más a Italia. Una Italia donde Mariátegui va a «desposar una mujer y algunas ideas» 48 y que va a explorar en el clima intelectual intelectual y político fuertemente antipositivista de la posguerra… 49 Una Italia en la que Mariátegui, teniendo como telón de fondo la vertiginosa dinámica de los Consigli de fabbrica y del Ordine Nuovo —y pronto la del ascenso del fascismo— irá a aproximarse a la obra de Marx, a partir de una clave radicalmente historicista, en el centro de la cual encontramos la noción de praxis. 50

Impregnado de este historicismo radical y reflexionando en una perspectiva en la cual se puede entrever la identidad crociana entre historia y filosofía, Mariátegui va a recuperar el problema de la construcción de conjunto de teoría y método, afirmando, más allá de las necesidades instrumentales de la lucha política, que la crítica marxista «estudia concretamente la sociedad capitalista» 51 y que, por lo tanto Marx «no tenía razones para construir otra cosa que un método de interpretación histórica de ésta» 52 Trabajando siempre a partir de la identidad entre historia y filosofía, dejando de lado, en consecuencia, todo a priori y cuestionando al mismo tiempo las certitudes del «socialismo científico», Mariátegui explora la complejidad de la formación social peruana, desplegando, por decirlo así, voluptuosamente, su lógica interna. 53 Rechazando la noción de «semi-colonia», con la cual la Internacional Socialista —pero también la Internacional Comunista— analiza América Latina, piensa que la experiencia colectiva desarrollada en Tawantinsuyu representa el punto de apoyo de un proyecto socialista. Para él, las costumbres comunitarias del socialismo de los incas, constituyen «ese factor incontestable que le da un carácter peculiar a nuestro problema agrario: la sobrevivencia de la comunidad y de elementos de socialismo práctico en la agricultura y en la vida indígena» 54 « El ayllu, la célula del Estado de los incas, tiene todavía la vitalidad necesaria para transformarse en la célula del Estado socialista moderno» 55

Si para Gramsci, «la filosofía de la praxis no es sino el historicismo absoluto», 56 Mariátegui —y la lectura de los Siete ensayos lo muestra de una forma precisa— no hace sino llevar esta concepción hasta sus últimas consecuencias. La percepción que Marx tenía de su propia obra corre rauda en ayuda de Mariátegui. Así, podemos recordar aquí que, en 1877, en respuesta a un artículo del crítico literario ruso N. K. Michailowsky, aparecido en la revista Otiéchestviennie Zapisky, a propósito del primer tomo de Das Kapital, Marx escribe, a la redacción de esa misma revista, una carta particularmente reveladora del carácter consustancial que asume, en su trabajo, ese historicismo absoluto del que nos habla Gramsci. De esta carta, —que según Engels había circulado en Rusia bajo forma de copias manuscritas— que iba a aparecer en la revista Véstnik Narodnoi Voli antes de ser retomado en París por Le mouvement socialiste, y que, por otra parte, Mariátegui no conoció nunca, quisiéramos citar aquí algunas líneas.

«En el capítulo sobre la acumulación originaria —nos dice Marx— no he pretendido otra cosa que trazar la vía a través de la cual, en Europa Ocidental el orden económico capitalista ha salido de las entrañas del orden económico feudal…. Eso es todo. Pero es demasiado para mi crítico. Este necesita absolutamente metamorfosear mi esbozo de la génesis del capitalismo en Europa Occidental en una teoría histórico-filosófica de la marcha general, fatalmente impuesta a todos los pueblos, cualquiera que sean las condiciones históricas en las cuales éstos se ubican… Yo le pido excusas, pero esto es hacerme, a la vez, demasiado honor y demasiada vergüenza » 57

Historia abierta, es decir, praxis y no una «teoría histórico-filosófica de una marcha general, fatalmente impuesta»… 58 La teoría no es ni puede transformarse en «ciencia» porque no es ni puede transformarse en un resultado. 59 Mariátegui, sin saberlo, iba a desarrollar uno de los temas que habían ocupado a Marx durante los últimos años de su vida. La simetría con la que Marx y Mariátegui se aproximan, respectivamente, a la comuna rural rusa y a la comunidad inca, muestran, ante todo, la prioridad ontológica que ambos conceden a la historia. 60 A través de ésta, tanto como a través de la percepción del papel central que juega la noción de praxis en una historia así concebida, penetramos el núcleo íntimo de una lectura del marxismo radicalmente diferente de la que nos proponía el «socialismo científico». La referencia a las Tesis…, en Defensa del marxismo vienen a establecer de una manera precisa el momento de recepción de la filosofía de la praxis, recepción a través de la cual Mariátegui va a proponer una nueva lectura de la revolución en América Latina…

Ex nihilo nihil. Si con la aparición de los Siete ensayos…, asistimos a un momento constitutivo de la filosofía de la praxis en América Latina, debemos recordar —y en esto consiste el aspecto paradojal que anunciamos al comienzo de estas líneas— que el mismo Engels que había sostenido el paralelo entre Darwin y Marx y que no había encontrado objeciones a la difusión en Francia de Die Entwicklung…, bajo el título de Socialisme utopique et socialisme scientifique, es quien envía a Antonio Labriola un ejemplar de su Ludwig Feuerbach und der Ausgang der klassischen deutschen Philosophie, que incluía como anexo las Tesis sobre Feuerbach, 61 las que según el propio Engels contenían «el germen genial de la nueva concepción del mundo». 62 Con ese gesto, Engels desbrozaba el camino a una lectura del marxismo organizada a partir de la filosofía de la praxis. La recepción de Ludwig Feuerbach…, puede determinarse con presición examinando la correspondencia de Labriola con Engels. 63 Será Labriola el que va a definir la filosofía de la praxis como el meollo (il midollo) del materialismo histórico 64 y será también, como lo escribe Biagio de Giovanni, el que «rechaza toda tentativa de reducir el marxismo a una «ciencia» subordinada a una filosofía general con otro origen». 65 Es cierto que, — como lo recuerda Robert Paris66 Mariátegui no hará referencia a Labriola sino de una forma episódica. Sin embargo, Mariátegui cita Materialismo storico ed economia marxistica del que Croce había publicado la cuarta edición en 1921 67 y donde éste recomendaba la lectura de La filosofia di Marx de Giovanni Gentile, es decir, una obra enteramente consagrada a las Tesis sobre Feuerbach. 68 La referencia a las Tesis…, en Defensa del marxismo, pone en evidencia la conexión orgánica del debate italiano con la recepción de la filosofía de la praxis en América Latina, conexión de la cual Mariátegui se transforma en portador… Así, las filiaciones que hemos mostrado a lo largo de estas líneas hablan de la recepción de Engels en América Latina como un proceso que marca de una manera orgánica la cultura política de un movimiento obrero todavía en formación, dando lugar a dos lecturas de las que se pueden extraer consecuencias teóricas y políticas. De un lado, enmarañada en un quid pro quo entre la traducción castellana de la noción de Wissenschaft y del peso de las ciencias naturales, —por lo tanto de tradiciones evolucionistas y positivistas inscrustadas en el análisis histórico— la actividad de Engels va a empujar la interpretación del marxismo como ciencia, interpretación estrechamente ligada a la ideología del progreso y a una concepción teleológica de la historia. De otro, a través de la introducción en Italia de las Tesis sobre Feuerbach y a los azares del itinerario mariateguiano, Engels va a favorecer la formación en América Latina de un marxismo atento a la naturaleza irreductible de una historia concebida a partir de las potencialidades y los límites del hombre, de una historia organizada, entonces, sobre la praxis humana. Estas líneas participan en consecuencia, de una manera más general, en el conjunto de interrogaciones a propósito de la tensión interna del marxismo de Engels —o del marxismo tout court— en el cual residen los gérmenes de las lecturas que hemos propuesto aquí. Esta discusión escapa, obviamente, a los límites de este trabajo.

NOTAS

* Ponencia presentada en el Seminario Internacional Engels hoy :Aportes y perspectivas a cien años de su muerte, realizado en el Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, los dias 28 y 29 de noviembre de 1995

**Doctor en Historia. Profesor de la Universidad de Lille III.

1 No entraremos aquí en la polémica a propósito de la identidad/diferenciación de la actividad de Marx y de Engels. Esta polémica es ulterior a la llegada a América Latina de los primeros trabajos marxistas (a la sola excepción, quizás, de la circulación en Buenos Aires, durante los años 20, del libro de Rodolfo Mondolfo Il materialismo storico, Formiggini, 1912 ) por lo tanto, no puede haber influenciado la recepción de los trabajos de Engels de los cuales nos ocupamos en esta ocasión.

2 El texto aparece algunos años antes en la prensa obrera —Cf. El Pueblo Obrero, Iquique, 5 de octubre de 1907 ; El Socialista, Santiago de Chile, 7 de agosto de 1909— y será ulteriormente retomado en su integralidad por el Primer Congreso del Partido Socialista Obrero, realizado en Santiago de Chile en mayo de 1915. Cf. ORTIZ, Fernando, El movimiento obrero en Chile (1891-1919), Madrid. Michay, 1985.

3 Cf. MORATO, Juan José, Pablo Iglesias, educador de muchedumbres, Barcelona. Ariel, 1968. Una reproducción del programa se encuentra en las páginas 50-51. El programa aparece también, en el primer número de El Socialista, Cf. El Socialista, Madrid, 12 de enero de 1886 .

4 Cf. RAMIREZ, Hernan, Origen y formación del Partido Comunista de Chile Moscú. Progreso, 1984 5 Cf. STEVENSON, John, The chilean Popular Front, Westport. Greenwood Press, 1970

6 Cf. LINDENBERG, Daniel, Le marxisme introuvable, Paris. Calmann-Lévy, 1975.

7 Cf. RIBAS, Pedro, Aproximación a la historia del marxismo español (1869-1939), Madrid. Endymión, 1990

8 Cf. CASTILLO, Santiago, « Del Manifiesto al Capital » Comunicación al coloquio Rezeption der Werke von Marx under Engels in Spanien, Traversis, 15 y 16 de junio de 1992.

9 Cf. ENGELS, Friedrich ; LAFARGUE, Paul et Laura, Correspondance, Tres volúmenes. Paris. Editions sociales, 1956, 1959

10 Cf. GUEREÑA, Jean-Louis, «Contribución a la biografía de José Mesa: de La Emancipación a L’Egalité» Estudios de Historia Social N° 8/9 Madrid, 1979. pp 129-137

11 Cf. RIBAS, Pedro, La introducción del marxismo en España, Madrid. Ediciones de la Torre, 1981

12 Cf. CASTILLO, Santiago, « La influencia de la prensa obrera francesa en El Socialista (1886-1890). Datos para su estudio » Revista del Trabajo N°56 Madrid, 1976. pp 85-136.

13 Cf. DOMMANGET, Maurice, L’introduction du marxisme en France, Paris. Editions Rencontre, 1969

14 Inspirándose en las teorías de la población de Malthus, —inspiración en sí ya suficientemente reveladora— Lassalle formula la «ley de bronce de los salarios» según la cual, la sobrepoblación permanente no permitiría nunca a los trabajadores obtener un salario superior al mínimo fisiológico, de lo que se desprendería la inutilidad de las luchas reivindicativas y de la acción sindical. Cf. Correspondance Marx-Lassalle, Paris. P.U.F., 1977

15 Cf. MARRAMAO, Giacomo, « Teoría del derrumbe y capitalismo organizado en las discusiones del extremismo histórico » Derrumbe del capitalismo o sujeto revolucionario? Cuadernos Pasado y Presente N°78, México, D.F., 1978. pp 7-49

16 Cf. supra. Citas 2 y 3.

17 Cf. MASSARDO, Jaime, «El concepto de formación económico-social en el pensamiento de Karl Marx» Crítica N°21. Universidad Autónoma de Puebla, 1984. pp 83-87

18 Pedro Ribas escribe que, en el momento de la fundación del Partido Socialista Español, «de los 25 reunidos, 16 eran tipógrafos, 2 diamantistas, 1 marmolista, 1 zapatero, 3 médicos, 1 estudiante y 1 doctor en ciencias… No había, pues, ningún campesino representando a los trabajadores que constituían la inmensa mayoría del proletariado español de entonces» Cf. RIBAS, Pedro, Aproximación…, op cit. p 74.

19 Cf. VILAR, Pierre, «Le socialisme espagnol dès origines à 1917» Histoire générale du socialisme (1875-1918), Dirección de Jacques Droz. Volumen II. Paris. P.U.F., pp 279-320.

20 Cf. MEHERING, Franz, Storia della socialdemocrazia tedesca, Roma. Reuniti, 1961

21 Cf. STEINBERG, Hans-Josef, «El partido y la formación de la ortodoxia marxista» Historia del marxismo, Volumen IV. Barcelona. Bruguera, 1980. pp 103-126.

22 Cf. MATTHIAS, Erich, «Kautsky y el kautskismo. La función ideológica de la socialdemocracia alemana hasta la Primera Guerra Mundial» Estudio introductorio a, KAUTSKY, Karl, La revolución social. El camino al poder, Cuadernos Pasado y Presente nº 68 México, D.F., 1978. pp 103-126

23 Cf. HAUPT, Georges, L’internazionale socialista dalla Comuna a Lenin, Torino. Einaudi, 1978.

24 Cf. GERRATANA, Valentino, «Marxismo y darwinismo» Investigaciones sobre la historia del marxismo, Volumen I. Barcelona. Grijalbo, 1975 pp 97-131.

25 Cf. ENGELS, Friedrich, «Discurso ante la tumba de Karl Marx» Marx Engels.Obras escogidas,  Progreso. Moscú, 1976. Tomo III p 171.

26 Cf. ENGELS, Friedrich, Dialectique de la nature, Paris. Editions sociales, 1952 ; en castellano, Intruducción a la «Dialéctica de la naturaleza» Marx Engels…, op cit. Tomo III pp 39-56.

27 Cf. ENGELS, Friedrich, Anti-Dühring, Cuarta edición. Buenos Aires. Claridad, 1972.

28 Cf. La revue socialiste N°3, 4 y 5, del 20 de marzo, 20 de abril y 5 de mayo. Paris, 1980.

29 Cf. ENGELS, Friedrich, Socialisme utopique et socialisme scientifique, Paris, 1880.

30 Cf. LABICA, Georges, «Sur la critique marxiste de l’utopie» Le discours utopique. Colloque de Cerisy, Paris. U.G.E., 1978 pp 52-64

31 Cf. ENGELS, Friedrich, Socialism Utopian and Scientific, London, 1892 ; en castellano, Cf. Marx Engels…, op cit. p 100.

32 Cf. ENGELS, Friedrich, Socialismo utópico y socialismo científico, Tradución de Antonio Atienza. Madrid. Edt. tipográficos de Ricardo Fé, 1886.

33 Cf. ENGELS, Friedrich, Socialismo utópico y socialismo científico, Traducción de Antonio Atienza. El Socialista N° 198 Madrid, 20 de diciembre 1889; N°199, 27 de diciembre de 1889; N°200, 3 de enero de 1890; N°205, 7 de febrero de 1890 ; N°206, 14 de febrero de 1890 ; N°238, 26 de septiembre de 1890 ; N°240, 10 de octubre de 1890 ; N°246, 21 de noviembre de 1890; N°247, 28 de noviembre de 1890 y N°249, 12 de diciembre de 1890. Las investigaciones de Pedro Ribas establecen 18 ediciones de Socialismo utópico…, entre las cuales hemos retomado aquí solamente aquellas que corresponden al período que nos ocupa. Cf. RIBAS, Pedro, L’Introducción…, op cit.

34 Cf. ENGELS, Friedrich, Socialismo utópico y socialismo científico, Traducción de Antonio Atienza. Madrid. Imprenta de Cao y Val, 1901.

35 Cf. ENGELS, Friedrich, Socialismo utópico y socialismo científico, Traducción de Antonio Atienza. Madrid. Ricardo Fé, 1904.

36 Cf. ENGELS, Friedrich, Socialismo utópico y socialismo científico, Traducción de Eusebio Heras. Valancia. Sampere,, 1904.

37 Cf. ENGELS, Friedrich, Socialismo utópico y socialismo científico, Traducción de Rosendo Diéguez. Barcelona. Centro Editoral Presa, 1908.

38 Cf. ENGELS, Friedrich, Socialismo utópico y socialismo científico, Traducción de Anselmo Lorenzo. Barcelona. La Escuela Moderna, 1908.

39 Dictionnaire critique du marxisme, Dirigido por Georges Labica y Gerard Bensussan. Segunda edición. Paris. P.U.F., 1985. p 1030.

40 «Federico Engels» Estudio introductorio anónimo a Socialismo utópico…, Madrid. Ricardo Fé, 1886. (Subrayado en el original) 41 El Socialista, Madrid, 4 de junio 1886.

42 VERA, Jaime, «Productividad potencial e inversión de fuerzas» El Liberal, Madrid, 1° de mayo de 1912

43 Cf. Ciencia y proletariado. Escritos seleccionados de Jaime Vera, Madrid. Edicusa, 1973

44 MARIÁTEGUI, José Carlos, «Defensa del marxismo» Obras, Tomo I. La Habana. Casa de las Américas, 1982. pp 202-203. Mariátegui leyó, probablemente, la edición francesa de La science de la révolution, Paris. Gallimard, 1927.

45 Cf. LABICA, Georges, Karl Marx. Les thèses sur Feuerbach, Paris. P.U.F., 1987.

46 Cf. PARIS, Robert, La formación ideológica de José Carlos Mariáategui, Cuadernos Pasado y Presente N°60. México, D.F., 1978.

47 MARIÁTEGUI, José Carlos, Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, México. Era, 1993. p 14

48 MARIÁTEGUI, José Carlos, Carta a Samuel Glusberg, 10 de enero de 1927, José Carlos Mariátegui. Correspondencia, Lima. Amauta, 1984. p 331

49 Cf. ARICÓ, José, Mariátegui y los orígenes del marxismo latinoamericano, Cuadernos Pasado y presente N°60. México, 1978.

50 Cf. MASSARDO, Jaime, «La originalidad del pensamiento de José Carlos Mariátegui» Anuario mariateguiano, Año V N°5. Lima. Amauta, 1993 pp 160-166.

51 MARIÁTEGUI, José Carlos, Obras, op cit. Tomo I. p 139

52 idem.

53 Cf. MELIS, Antonio, «J.C. Mariátegui, primo marxista d’America» Critica marxista N°2 Roma, marzo/abril 1967; pp 132-157.

54 MARIÁTEGUI, José Carlos, Siete ensayos…, op cit; p 48.

55 MARIÁTEGUI, José Carlos, « Principios de política agraria nacional » Obras, op cit. Tomo II. p 312.

56 GRAMSCI, Antonio, Cuaderni del carcere Torino. Einaudi, 1977. p 1437.

57 MARX, Karl, «Sur le développement économique de la Russie» Le mouvement socialiste, Año IV N°93, 24 de mayo de 1902 ; en castellano: «Carta a la redacción de Otiéchestviennie Zapiski » Marx. Engels. Escritos sobre Rusia II. El porvenir de la comuna rural rusa, Cuadernos Pasado y Presente N°90 México, D.F., 1980. pp 62-65. No es ocioso recordar aquí que Mariátegui percibe el interés del estudio de la comuna rusa. « La feudalidad dejó subsistentes las comunas rurales en Rusia, país con el cual es siempre interesante el paralelo porque a su proceso histórico se aproxima el de los países agrícolas y semifeudales mucho más que al de los países capitalistas de Occidente » Cf. MARIÁTEGUI, José Carlos, Siete ensayos…, op cit. p 60.

58 Sobre el historicismo en Marx, Cf. LÖWY, Michael, Dialectique et révolution, Paris. Anthropos, 1973.

59 Cf. FERNÁNDEZ, Osvaldo, Mariátegui o la experiencia del otro, Lima. Amauta, 1994.

60 Cf. MASSARDO, Jaime, « Mariátegui e Iglesias » Actas del coloquio Mariátegui au seuil du XXIème siècle. A propos d’un centenaire, realizado en La Sorbonne los dias 2, 3 y 4 de noviembre de 1994. Paris. Maison des Sciences de l’Homme. (en presse).

61 Cf. ENGELS, Friedrich, Ludwig Feuerbach und der Ausgang der klassischen deutschen Philosophie, Stuttgart. J.H. Dietz, 1888.

62 ibid.

63 Cf. LABRIOLA, Antonio, Lettere a Engels, Roma. Rinascita, 1949. Sobre las vicisitudes de la correspondencia de Engels a Labriola, Cf. SANTUCCI, Antonio, « La correspondencia con Engels » Labriola d’un siècle à l’autre, Paris. Méridiens Klincksieck, pp 93-105.

64 Cf. LABRIOLA, Antonio, «Discorrendo di socialismo e di filosofia» Scritti filosofici e politici, Tomo II. Torino. Einaudi, 1976. p 702.

65 GIOVANNI, Biagio de, «Pour Labriola» Labriola…, op cit. p 160.

66 Cf. PARIS, Robert, La formación…, op cit.

67 Cf. CROCE, Benedetto, Materialismo storico ed economia marxistica, (Décima edición). Bari. Laterza, 1961. Algunos parágrafos de este texto serán citados por Mariátegui. Cf. MARIÁTEGUI, José Carlos, « Defensa del marxismo » Obras, op cit. Tomo I pp 149-150.

68 Cf. GENTILLE, Giovanni, La filosofia di Marx, Pisa. Spoerri, 1899.

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