La historia sin telos

Cada día, poco a poco, Europa S.A. va mostrando su verdadera cara. Poco ha durado el efecto del niño sirio ahogado en las playas turcas, como poco duró la indignación por el marx2_sep pronaufragio de una patera y que supuso la muerte de 400 inmigrantes. Una cara que es la de la insolidaridad. Una cara que es la de la bestia, la del fascismo.

Y eso es lo que hay que combatir. Desde la trinchera, con la palabra, con la fuerza de la razón. Y ahí andamos. Vamos con un nuevo capítulo sobre Marx y la historia, gracias al trabajo de Johannes Rohbeck que se resume en lo siguiente: “La concepción de la historia de Marx ha sido siempre objeto de intensas discusiones, lo cual está estrechamente relacionado con la recepción del materialismo histórico, elevado a la categoría de dogma. En este trabajo se intenta, por el contrario, reconstruir de forma sistemática las reflexiones de Marx sobre la historia.

Por un lado, continua escribiendo la filosofía de la historia de la Ilustración hasta Hegel conforme a los preceptos de la historia universal, radicalizando incluso la perspectiva histórica, en tanto que considera a la naturaleza y al hombre sucesos históricos. Por otro, Marx critica la fe en el progreso de la Ilustración cuestionando el paralelismo defendido entre progreso técnico y económico y progreso político y moral. Del mismo modo, Marx también critica la filosofía idealista de Hegel y libera la filosofía de la historia de supuestos metafísicos.

Salud. Olivé

________________________________________________________________

LA HISTORIA SIN TELOS

Johannes Rohbeck

 

La concepción de la historia de Marx ha sido siempre objeto de intensas discusiones, lo cual está estrechamente relacionado con la recepción del materialismo histórico, elevado a la categoría de dogma. En este trabajo se intenta, por el contrario, reconstruir de forma sistemática las reflexiones de Marx sobre la historia,1 teniendo en cuenta que los textos que nos han llegado son escritos fragmentados y a menudo formulados desde cierta distancia polémica en distintas fases de su vida. A diferencia de la Contribución a la crítica de la economía política, no disponemos de un tratado unitario en el caso de la historia.

Reinterpretación crítica de la ideología

Karl Marx adopta respecto a la filosofía de la historia de su época una postura ambivalente. Por un lado, continua escribiendo la filosofía de la historia de la Ilustración hasta Hegel conforme a los preceptos de la historia universal, radicalizando incluso la perspectiva histórica, en tanto que considera a la naturaleza y al hombre sucesos históricos: “Solo conocemos una ciencia: la ciencia de la historia” (3, 18). Por otro, Marx critica la fe en el progreso de la Ilustración cuestionando el paralelismo defendido entre progreso técnico y económico y progreso político y moral. Del mismo modo, Marx también critica la filosofía idealista de Hegel y libera la filosofía de la historia de supuestos metafísicos.

Cuando Marx anuncia que va a poner la filosofía de Hegelpatas arriba” (II 8, 55; 23, 27), el verdadero objetivo que hay detrás es contraponer las representaciones idealizadas de éste a las condiciones de vida reales de los individuos. En La ideología alemana Marx defiende la observación “empírica” de la historia al tiempo que critica la filosofía “especulativa” de Hegel, es decir, aquella que no se basa en la experiencia (3, 27).2 Marx pone en práctica este modelo de crítica de la ideología —que hemos conocido en relación con la teoría de la alienación— tomando como base varios conceptos.

En primer lugar, Marx critica los conceptos de “autoconciencia” y “autocreación del género” (3, 37 s.) enfrentándolos a las “condiciones materiales de vida” y a los “individuos reales”, respectivamente (3, 20). En ellos radica, según Marx, el “fundamento real” de la concepción hegeliana de la historia. Marx sustituye las totalidades, los absolutos falsos, por las acciones individuales de actores independientes.

Con ello critica la idea de que en la historia exista algún tipo de “fin último” y de que los individuos sean únicamente los “medios” para alcanzar tal fin. Marx considera una tergiversación de carácter especulativo afirmar que “la historia posterior es la finalidad de la que la precede, como si dijésemos, por ejemplo, que el descubrimiento de América tuvo como finalidad ayudar a que se expandiera la Revolución Francesa” (3, 45). Con Marx la historia pierde su estatus de sujeto, de ente superior que también actúa: “La historia no hace nada“ (2, 98), son las personas las que actúan y, con sus acciones, “hacen historia“ (3, 28). Con ello Marx culmina la crítica a la teleología —según la cual la historia viene determinada por un fin (telos)— y a la idea del “espíritu universal“, que intenta de nuevo llevar a territorios objetivos y reales. Marx objeta que la “transformación de la historia en historia universal no constituye, ni mucho menos, un simple hecho abstracto de la ‘autoconciencia’, del espíritu universal o de cualquier otro espectro metafísico, sino un hecho perfectamente material y empíricamente comprobable” (3, 46).3 Y para él ese hecho es el “mercado mundial” en expansión y la “división del trabajo” internacional. Enlazando el concepto de historia universal con el de intercambio económico, Marx está describiendo un proceso histórico que hoy conocemos como globalización.

Historia universal y globalización

El mercado mundial no se limita, según Marx, al mero intercambio de mercancías producidas por los distintos países con sus propias materias primas y recursos, sino a una división del trabajo internacional —o transnacional, podríamos decir hoy—:

“Cuando más vayan extendiéndose, en el curso de esta evolución, los círculos concretos que influyen los unos en los otros, cuanto más vaya viéndose el primitivo aislamiento de las diferentes nacionalidades destruido por el desarrollo del modo de producción, del intercambio y de la división del trabajo que ello hace surgir por vía natural entre las diversas naciones, tanto más va la historia convirtiéndose en historia universal, y así vemos que cuando, por ejemplo, se inventa hoy una máquina en Inglaterra, son echados a la calle innumerables obreros en la India y en China y se conmociona toda la forma de existencia de estos países, lo que quiere decir que aquella invención constituye un hecho histórico-universal” (3, 45 y s.).

El mercado mundial provoca que la satisfacción de las necesidades de cada individuo de cada país dependa del mundo entero, lo cual destruye el aislamiento primitivo de los países (3, 60). De esta forma no sólo se satisfacen las necesidades existentes, sino que sea crean otras nuevas, reforzando con ello la “dependencia mutua de las naciones” y acabando con el ideal clásico de la autarquía. Este tipo de expansión se desarrolla de forma silenciosa, tal y como acertadamente constata Marx tomando como ejemplo China: “Los bajos precios de sus mercancías constituyen la artillería pesada”. El intercambio global no se limita a los bienes materiales, sino que se amplía a una “producción intelectual” universal, una “literatura universal” (4, 466).

Estos descubrimientos convierten a Marx en uno de los primeros teóricos de la globalización, un concepto que desemboca en el de “historia universal”, según aparece referido en diversas ocasiones (3, 46). Pero la historia universal no es para Marx un concepto vacío que nace de las mentes de historiadores y filósofos, sino un proceso real que nace de la expansión de la producción, el intercambio y la comunicación. Marx reflexiona sobre las condiciones históricas que deben darse para que la historia universal pueda convertirse en objeto de la historiografía, y plantea la primera no como un hecho atemporal, sino como un resultado histórico producido por el hombre. Cuando Marx anuncia en la introducción de los Elementos fundamentales para la crítica de la economía política que quiere estudiar la “relación entre la historiografía ideal, tal como ella se ha desarrollado hasta ahora, con la historiografía real” (II 1.1, 43; 13, 640), está abogando por una narración “real” de la historia universal y por una historiografía de ésta basada en la socialización real del individuo. La historia tiene lugar a partir de la evolución vertical a lo largo del tiempo y de las generaciones y también a través de la interconexión horizontal de todos los hombres, que forman una sociedad universal. Para Marx, la historia universal “real” es en este contexto un resultado histórico producido por los hombres.

Trabajo e historia

Marx quiere dotar a la historia de una “base terrenal”. En La ideología alemana intenta demostrar que “la sociedad civil es el verdadero hogar y escenario de toda la historia” (3, 28, 36), partiendo para ello de las premisas fundamentales que se describen a continuación.

– La primera premisa es la propia existencia física de los hombres y las condiciones naturales que les rodean: “Toda historiografía tiene necesariamente que partir de estos fundamentos naturales y de la modificación que experimentan en el curso de la historia por la acción de los hombres” (3, 21).

– La segunda premisa es el modo específico en el que los individuos reaccionan ante las condiciones naturales existentes. A diferencia de los animales, los hombres empiezan a sobrevivir a través de su trabajo: “Al producir sus medios de vida, el hombre produce indirectamente su propia vida material” (ibíd.). El tipo de producción, es decir, lo que los hombres producen y cómo lo producen, determina su modo de vida. Dicho en pocas palabras: “Lo que los individuos son depende, por tanto, de las condiciones materiales de su producción” (ibíd.)

– La tercera premisa hace referencia al hecho de que los individuos no realizan este trabajo de forma aislada, sino que lo desempeñan desde un principio dentro de un contexto social: “determinados individuos, como productores, actúan de un determinado modo y contraen entre sí estas relaciones sociales y políticas determinadas” (3, 25). Lo que Marx está sintetizando aquí es un desarrollo histórico en el que se forman la “división del trabajo”, el “intercambio entre los individuos” y “diferentes formas de propiedad” (3, 21 ss.). Los hombres no solo se presentan, por tanto, como un conjunto de seres vivos, sino también en relación con sus instituciones sociales.

De la interacción entre necesidad y trabajo surge, según Marx, una dinámica básica de la historia. Al principio existen necesidades básicas como comer, beber, tener un techo, vestirse, etc.: “El primer hecho histórico es, por consiguiente, la producción de los medios indispensables para la satisfacción de estas necesidades” (3, 28). Una vez satisfechas estas necesidades, la relación se invierte en tanto que “la satisfacción de esta primera necesidad, la acción de satisfacerla y la adquisición del instrumento necesario para ello conduce a nuevas necesidades, y esta creación de necesidades nuevas constituye el primer [de hecho el segundo, J.R.] hecho histórico” (ibíd.). Es significativo que Marx no considere las necesidades como fuerza propulsora del desarrollo histórico, sino el trabajo humano, con sus posibilidades de acción ampliadas. El concepto de trabajo ha sido tan fundamental para Marx como para la filosofía de la historia.

Ya en los Manuscritos económicos y filosóficos Marx formula la tesis de que “toda la llamada historia universal no es otra cosa que la producción del hombre por el trabajo humano” (I 2, 398; 40, 546). Cuando en La ideología alemana se habla de que los hombres “hacen historia”, este “hacer” debe enmarcarse sin ningún género de dudas en el trabajo humano. Trabajo e historia establecen de este modo una relación constitutiva. Y este proceso no es en modo alguno arbitrario: “Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado” (I 11; 96 s.; 8, 115). Produciendo alimentos los hombres producen al mismo tiempo las condiciones sociales bajo las que actúan y producen la historia.

Dinámica de las formaciones sociales

Sobre esta base teórica, Marx reconstruye el escalonamiento de determinadas formaciones sociales, entendido como la totalidad de la estructura de una sociedad que se halla en un nivel de desarrollo determinado. La base fundamental es la forma de producción correspondiente, que resulta de nuevo de la relación entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción y de la cual se desprende la dinámica de una sociedad.

En La ideología alemana Marx toma como base las distintas formas de propiedad: desde la propiedad de la tribu inicial hasta la propiedad privada burguesa capitalista, pasando por la antigua propiedad comunal y estatal y la propiedad feudal (3, 22 ss.).

En el prólogo de la Contribución a la crítica de la economía política (1859) Marx establece la siguiente división: “A grandes rasgos, podemos designar como otras tantas épocas de progreso en la formación económica de la sociedad el modo de producción asiático, el antiguo, el feudal y el moderno burgués. Las relaciones burguesas de producción son la última forma antagónica del proceso social de producción […], pero las fuerzas productivas que se desarrollan en la sociedad burguesa brindan, al mismo tiempo, las condiciones materiales para la solución de este antagonismo” (II 2, 101; 13, 9).

En el Manifiesto comunista esta afirmación se acentúa de forma retórica: “La burguesía […] ha forjado […] las armas que deben darle muerte” (4, 468). “Así, el desarrollo de la gran industria socava bajo los pies de la burguesía las bases sobre las que ésta produce y se apropia lo producido. La burguesía produce, ante todo, sus propios sepultureros” (4, 475). Pero al igual que en una oración fúnebre, Marx no deja escapar la oportunidad de alabar los logros alcanzados en vida de los difuntos: el “papel revolucionario” de la burguesía consiste en haber creado la industria moderna y el mercado mundial (4, 464 ss.).

En el materialismo histórico ha acabado estableciéndose la secuencia lineal de formas de producción asiática, antigua, feudal y burguesa, seguidas del socialismo y del comunismo. Si a esta línea ascendente de formaciones sociales se le atribuye una “necesidad histórica” o alguna forma de “legitimidad”, la filosofía de la historia cae de nuevo en postulados cercanos a la teleología, de la que tanto Marx se había distanciado ya. No vamos a describir o abordar aquí esta problemática, ni tampoco a realizar una crítica en profundidad.

La “lógica” de las transiciones

En lugar de eso, vamos a intentar explicar la “lógica” por la que se rige Marx para explicar la transición de una formación social a otra. En el prólogo mencionado de 1859 Marx hace una excelente síntesis de la dinámica de las formaciones históricas:

“En la producción social de su vida los hombres establecen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una fase determinada de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. […] Al llegar a una fase determinada de desarrollo las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta entonces. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas, y se abre así una época de revolución social” (II 2, 100 s.; 13, 8 s.; véase 4, 467).

Las categorías más importantes son aquí “corresponden” y “contradicción”. Éstas ilustran cómo la relación entre las fuerzas productivas —los aspectos técnicos— y las relaciones de producción —los aspectos sociales— se va transformando a lo largo de la historia. El grado en el que estas dos caras de una misma moneda se impulsen o se frenen mutuamente determinará si una sociedad es estable o, por el contrario, tan inestable que inicia el cambio hacia una sociedad nueva. 4

En El capital Marx argumenta la esperanza de que el capitalismo esté tocando a su fin sobre la base concreta de sus “crisis” económicas, en las que se pone de manifiesto la “contradicción” general de la forma de producción capitalista (II 15, 245 s.; 25, 259). Tal como explicábamos más arriba: el propio capitalismo crea las condiciones necesarias para su hundimiento. La fase de “revolución social” que surgirá en ese momento tiene que estar apoyada por la lucha política, tal y como se explica en el Manifiesto comunista: “La historia de todas las sociedades humanas habidas hasta hoy ha sido la historia de la lucha de clases” (4, 462). Marx ya está haciendo referencia aquí a las condiciones económicas que deben darse para hacer posibles las transformaciones sociales.

Si prescindimos momentáneamente de toda esta retórica revolucionaria, podemos interpretar la tesis histórico-filosófica central sobre la relación entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción de forma menos contundente. Así, se afirma simplemente que las fuerzas productivas, es decir, los nuevos medios técnicos, crean posibilidades ampliadas de uso y, con ello, las condiciones para que se produzca un uso social de la técnica distinto. De este modo se explican las categorías mencionadas de “correspondencia”, “condicionamiento” y “contradicción”. Los medios técnicos constituyen posibilidades reales por las que una sociedad se puede orientar. En el contexto de una mejora de este tipo Marx habla también de determinados progresos 5, aunque sin otorgar en ningún momento al término “progreso” un valor absoluto o teleológico.

Para delimitar este espacio entre determinación y apertura de nuevos horizontes hemos optado por el término “adecuación” como categoría histórico-filosófica. 6 Ésta hace referencia a la relación cambiante entre las condiciones fácticas y los presupuestos normativos, en este caso entre medios técnicos y objetivos éticamente justificados. Con “adecuación” me refiero también a un estado social en el que el grado de desarrollo científico, técnico y económico alcanzado posibilita un determinado modo de vida a un nivel determinado de las culturas. Esto alberga la esperanza de que en el futuro se abran nuevas posibilidades. En contextos políticos se desprenden determinadas reivindicaciones que exhortan a convertir en realidad las posibilidades técnicas y económicas.

¿Historización del capitalismo?

Podemos afirmar, en definitiva, que la representación histórica es aquí una perspectiva de futuro, puesto que el sistema capitalista se estudia desde la perspectiva histórica de su desaparición.Dado que el capitalismo es el sistema actual, cuyo fin Marx desea y fomenta, es preciso realizar en este caso un análisis en profundidad. Cuando Marx habla de la “necesidad transitoria del modo capitalista de producción” (II 10, 530; 23, 618) está contemplando el capitalismo como una sociedad de transición.

El análisis económico se realiza por tanto desde criterios también historiológicos y proporciona una muestra representativa del proceso histórico. La Contribución a la crítica de la economía política se enmarca dentro de la filosofía de la historia, por lo que dentro de este marco teórico es perfectamente plausible hacer desaparecer momentáneamente la historia.

El capital se entiende como una obra de investigación de un determinado sistema social. Incluso en aquellos pasajes del texto en los que parece que se describa un desarrollo histórico según el tipo ideal, éstos no contienen una narración histórica, sino un análisis sistemático. Y aunque la génesis de la mercancía al dinero y del dinero al capital se explica en gran medida siguiendo una línea temporal, Marx consigue situar en primer plano el análisis y la síntesis de los elementos que constituyen el modo de producción capitalista. El método genético no debe confundirse con la historiografía.

Destaca únicamente el capítulo 24 del libro primero sobre la “llamada acumulación originaria” del capital. Aquí Marx describe la prehistoria del capitalismo, la forma en la que se ha llegado a la acumulación de capital necesaria para que éste se convierta después en capital productivo. Algunas de estas formas incluyen el comercio colonial, el expolio, el robo, etc. Se exponen asimismo los requisitos históricos que han tenido que cumplirse para que haya podido surgir el sistema social capitalista. El libro tercero de El capital desemboca en el análisis de las crisis económicas que deben provocar el derrumbamiento del capitalismo.

Marx enlaza esta esperanza con un momento de ruptura todavía más radical que afecta a la totalidad de la historia. Así, en el prólogo mencionado describe el período hasta el fin del capitalismo como la “prehistoria de la sociedad humana” (II 2, 101; 13, 9), refiriéndose con ello al carácter “natural” de las relaciones capitalistas (II 10, 74; 23, 89). Tras esta metáfora se esconde la constatación mencionada de que la economía posee una dinámica propia regida también por las leyes naturales e independiente de la voluntad de los implicados. Marx considera que este estado social específico de la ”historia natural” de la humanidad se superará en el momento en el que los hombres sean capaces de planificar racionalmente sus relaciones sociales.

Afirma que tras esta ruptura total en la historia concluirá la última forma antagónica del proceso social de producción. Pero, ¿qué vendrá después de esta “prehistoria” si no existe ninguna forma más de antagonismo? ¿La historia “en sí”? ¿O la “posthistoria”, una vez desaparecidas las grandes luchas? En su obra La miseria de la filosofía (1847) Marx afirma que tras la época del capitalismo “las evoluciones sociales dejarán de ser revoluciones políticas” (4, 182). Da la impresión, no exenta de problemática, de que Marx está sosteniendo algo así como “el fin de la historia”, lo cual podría llevar a considerarlo “precursor” de la llamada posthistoire.

Aunque no queremos atribuir a estas manifestaciones esporádicas un valor que quizás no tienen, sí expresan un problema de mayor calado: Marx presupone un sistema independiente cuyo despliegue inmanente él reconstruye. Y sólo cuando este sistema se desmorone por completo, podrá surgir algo nuevo.

En el siglo XXI nos enfrentamos a una situación distinta. La profecía de Marx no se ha cumplido, al contrario: tras la desintegración de los estados socialistas, el capitalismo ha sido capaz de extenderse por todo el mundo. La ironía, sin embargo, reside en el hecho de que en los países en los que el marxismo ha muerto, el capital se impone de la forma que había descrito Marx. Existe, no obstante, una diferencia que Marx había tenido poco en cuenta: a lo largo de su historia el capitalismo ha evolucionado y cambiado. En el marco de la globalización se ha vuelto más radical, hasta el punto de que podemos hablar de una radicalización de la modernidad. 7

Al mismo tiempo, la forma de manifestarse se ha diversificado, puesto que al extenderse por el mundo incorpora cada vez más elementos no occidentales. Así, hoy en día se habla ya de capitalismo europeo, americano o asiático. La afirmación de que el capitalismo seguiría existiendo para “siempre” en su forma actual no se ha cumplido. Cuando Marx resalta que este sistema social se ha ido fraguando a lo largo de la historia, nos está indicando hoy que no solamente es posible, sino también necesario, historizar el capitalismo.

Naturalmente, no se trata en ningún momento de conducir la historia siguiendo un “plan” determinado. El catastrófico siglo XX nos ha enseñado las consecuencias que tiene creer que la historia se puede cambiar por la fuerza. Parece por tanto más inteligente renunciar a aquellos cambios globales sospechosos de estar impulsados por una visión histórico-filosófica del mundo.

Las experiencias más recientes, sin embargo, nos muestran que el otro extremo, es decir, la desregularización total, conduce a nuevas catástrofes. La necesidad que ello ha provocado de restaurar la política —un proceso que se ha iniciado en parte ya— vuelve a poner de actualidad la reivindicación de Marx de superar la “historia natural” de la humanidad para dirigirnos hacia una historia universal concebida por el hombre de forma racional. Este concepto enfático de la historia entraña recuperar el sentido común político, pensando y actuando a nivel global. Para materializarlo no es necesario disponer de una instancia central superior, sino de múltiples instituciones políticas que persigan objetivos globales.

Marx hoy

El reproche que se le hace a Marx de seguir la tradición histórico-filosófica de la teleología carece por tanto de fundamento; al contrario: a lo largo de su obra, Marx rompe con los preceptos de esta corriente colocando en el lugar del sujeto de género a los individuos, los cuales actúan bajo determinadas circunstancias históricas. Desde el punto de vista metodológico, Marx supera la visión de la historia desde un punto final imaginario. El eje fundamental de su teoría de la historia es el análisis del capitalismo como una formación histórica determinada, no como un sistema atemporal ni como objetivo final de la historia. Esta perspectiva conserva toda su actualidad, aunque debe modificarse. La dificultad de Marx radica en que éste considera el capitalismo un sistema cerrado que sólo cambia cualitativamente cuando colapsa, descartando de este modo una transformación histórica del sistema en sí. Estemos de acuerdo o no con Marx, no puede descartarse que el capitalismo sufra nuevas transformaciones en el futuro. Tras la caída del telón de acero e impulsado por la globalización imparable del mundo, el sistema ha evolucionado para convertirse en el capitalismo económicamente desenfrenado de hoy, que esperemos que en el futuro se enmarque dentro de unos límites políticamente controlables.

En relación con estos campos de conflicto, Marx, como filósofo que es, bebe de distintas disciplinas científicas, defendiendo de este modo el principio de la interdisciplinariedad. Esta apuesta tiene también consecuencias metodológicas. Aplicando el método dialéctico a nuevos objetos, entran en escena también procedimientos analíticos, que todavía tienen que explicarse en la teoría marxista, independientemente de la propia lógica. Con ello, el método dialéctico cambia por sí solo. Marx nos enseña que la analítica y la dialéctica no tienen por qué excluirse una a otra. Tras superar las viejas guerras de trincheras, Marx representa el desafío actual de dejar atrás las batallas metodológicas para trabajar combinando diferentes procedimientos.

Por todo ello, ¿qué nos queda hoy de Marx?

Empezando por lo negativo, podemos decir que las previsiones de Marx de que el capitalismo iba a colapsar y el socialismo a triunfar no se han cumplido. Esto es un hecho histórico conocido que desmonta por completo la utopía marxista. Y no vale aquí querer rescatar el principio de lo utópico en Marx afirmando que, aunque las previsiones no se hayan cumplido, la esperanza permanece. No obstante, aunque las utopías sociales sean ilusorias, desempeñan un papel importante.

En cuanto a aspectos positivos, podemos decir que la vigencia de Marx no radica en la utopía, sino en el análisis crítico del capitalismo existente. La crítica a la economía política abarca el análisis del funcionamiento del sistema capitalista, el estudio de las consecuencias económicas de este sistema y las influencias culturales sobre las personas.

Esta crítica conserva hoy toda su vigencia.Aunque la esperanza de una sociedad socialista no se haya cumplido, ello no significa que la crítica a la sociedad capitalista haya quedado obsoleta. El fracaso de un sistema no legitima automáticamente el otro. El capitalismo no se justifica por el simple hecho de sobrevivir.

*Publicado originalmente en ISEGORÍA. Revista de Filosofía Moral y Política
N.º 50, enero-junio, 2014.

NOTAS

1. Véase Johannes Rohbeck: Geschichtsphilosophie zur Einführung, Hamburgo 2004, 62 y ss.; Johannes Rohbeck: Marx, Leipzig 2006, 83 ss.

2. Andreas Arndt: Karl Marx. Versuch über den Zusammenhang seiner Theorie, Bochum 1985, 51; nueva edición Berlín 2012, 49.

3. Heinz Dieter Kittsteiner: Mit Marx für Heidegger – mit Heidegger für Marx, Múnich 2004, 41.

4. Marco Iorio: Karl Marx – Geschichte, Gesellschaft, Politik, Berlín 2003, 143 ss.

5. Véase Denis Mäder: Fortschritt bei Marx, Berlín 2010, 9 y s., 302 y s.

6. Rohbeck, Geschichtsphilosophie zur Einführung, ibíd. 164.

7 Johannes Rohbeck: Technik – Kultur – Geschichte. Eine Rehabilitierung der Geschichtsphilosophie, Fráncfort Meno 2000, 212 ss.

BIBLIOGRAFÍA

Andreas Arndt: Karl Marx. Versuch über den Zusammenhang seiner Theorie, Bochum
1985, 51; nueva edición Berlín 2012, 49.
Marco Iorio: Karl Marx – Geschichte, Gesellschaft, Politik, Berlín 2003, 143 ss.
Heinz Dieter Kittsteiner: Mit Marx für Heidegger – mit Heidegger für Marx, Múnich
2004, 41.
Denis Mäder: Fortschritt bei Marx, Berlín 2010, 9 y s., 302 y s.
Johannes Rohbeck: Technik – Kultur – Geschichte. Eine Rehabilitierung der Geschichtsphilosophie,
Fráncfort Meno 2000, 212 ss.
Johannes Rohbeck: Geschichtsphilosophie zur Einführung, Hamburgo 2004, 62 y ss.
Johannes Rohbeck: Marx, Leipzig 2006, 83 ss.

Esta entrada fue publicada en Temas marxistas y etiquetada , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a La historia sin telos

  1. Pingback: La historia sin telos | licconsuegra

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s