Itinerarios de la hegemonía gramsciana en la obra de Nicos Poulantzas

Lo sabemos. Es septiembre. Se acabaron las vacaciones. ¡Basta de lamentos! Empieza a poulantzas protomar conciencia, organízate, lucha y dale una buena patada en las pelotas al capitalismo. Pero hazlo por ti misma/o, no esperes que nadie lo haga por ti. 

Una buena forma es formarse y como se que sois aplicados y buenos estudiantes, vamos a avanzar un paso más en el estudio de la hegemonía. No, no es Gramsci (que también), más bien es el intento de interpretar a Gramsci desde el marxismo estructuralista. Y el autor del asunto, Nicos Poulantzas. Gracias al trabajo de Javier Waiman conoceremos el itinerario que el concepto de hegemonía recorre a través de los distintos momentos en la obra de Poulantzas. Cuando quieran…

Salud, Olivé.

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ITINERARIOS DE LA HEGEMONÍA GRAMSCIANA EN LA OBRA DE NICOS POULANTZAS

Javier Waiman

 

Introducción

El concepto de hegemonía es uno de los conceptos marxistas que más usos y transformaciones ha tenido desde su elaboración. En cada autor que lo retoma hay una nueva elaboración conceptual, un corrimiento, del aun misterioso uso original que revestía en la obra gramsciana, hacia nuevos usos del término. Junto a ellos vendrán ampliaciones o restricciones sobre el alcance del concepto de hegemonía, cambios en la formulación de su naturaleza, postulados divergentes sobre el espacio principal de su ejerció o sobre el sujeto que la ejerce.  Podríamos afirmar que desde su formulación en Los Cuadernos de la Cárcel el concepto de hegemonía va trazando distintos itinerarios en cada una de sus reapropiaciones a lo largo de gran parte de la teoría marxista (y post-marxista) del siglo XX. En este trabajo nos proponemos revisar particularmente uno de esos itinerarios conceptuales. Aquel  que se plasma en la reapropiación de la obra gramsciana realizada por Nicos Poulantzas en su conceptualización sobre el Estado capitalista.

No pretendemos una confrontación y comparación entre una conceptualización pura y originaria en la obra de Gramsci que sufriría deformaciones en sus usos posteriores. Creemos que no puede establecerse un concepto único y coherente de hegemonía en su obra. Por el contrario, existen numerosos usos de la hegemonía en la obra del propio Gramsci. Ya se las consideren antinomias (Anderson: 1981), contradicciones, o momentos en el desarrollo de un concepto, lo cierto es que podemos encontrar múltiples acepciones y usos distintos del concepto de hegemonía a lo largo de los Cuadernos de la Cárcel. En trabajos anteriores hemos intentado dar cuenta de algunas de estas formas distintas de la hegemonía en la obra gramsciana (Rocca y Waiman: 2012, Waiman: 2012), enfocándonos en sus sentidos diversos. Por esta razón, en el siguiente trabajo no emprenderemos una confrontación entre la fuente originaria del concepto y sus reapropiaciones en las obra de Poulantzas. Buscamos, por el contrario, enfocarnos en los límites y potencialidades de estos nuevos usos de la hegemonía, como posibilidades derivadas del propio Gramsci. En suma, se tratará de dar cuenta de la forma en que Poulantzas concibe la hegemonía, de cómo el concepto gramsciano se transforma para ocupar un lugar, y dar forma, a nuevos corpus teóricos.

No obstante, sí parece pertinente situar estas nuevas formas de pensar la hegemonía, en sus diferencias con el concepto gramsciano, tanto en su particular paradigma epistemológico y teórico, como en su campo particular de aplicación. El pensamiento de Gramsci forma parte del movimiento crítico que se produce en el marxismo luego de la revolución rusa, movimiento que busca dar cuenta del fracaso de la revolución en occidente a partir  de una articulación más compleja entre “base y superestructura”, y de un desarrollo histórico no evolutivo y lineal (Anderson: 2005, Jay: 1986, Waiman: 2013). Estas características marcan su pensamiento y se anudan en su concepto de hegemonía dotándolo de un particular carácter historicista, dando cuenta de una forma particular de la lucha de clases en un momento histórico, así como de un alcance general en las relaciones entre base y superestructura, extendiendo su uso al conjunto de las llamadas superestructuras (política, estado, ideología, cultura, etc.).

Esto nos lleva a plantearnos las posibles tensiones de su traslado a un marco estructuralista althusseriano, que combate abiertamente el historicismo, así como de su restricción casi exclusiva al marco de la teoría del Estado. Ambos movimientos presentes en la obra de Poulantzas, implican transformaciones importantes al concepto de hegemonía, reduciendo su campo de aplicación y cambiando profundamente las bases teóricas sobre las que se asienta.

En el trabajo que sigue buscamos interrogarnos sobre estas transformaciones. Intentaremos seguir al concepto de hegemonía a medida que entra y recorre la obra de Poulantzas para aprehender sus trasformaciones tanto en sus potencialidades como en límites. 

La primera aparición del concepto de hegemonía en Poulantzas, del existencialismo al estructuralismo

La obra de Nicos Poulantzas puede leerse como una continua discusión e incorporación de las principales corrientes de pensamiento marxista y crítico en las décadas del 60 y 70. Teórico del derecho y del Estado, su pensamiento refleja las discusiones más importantes del Marxismo en Francia. Nacido en Grecia, estudiante de derecho pero siempre interesado en la filosofía, Poulantzas se traslada a Paris en los años 60 y realizara su labor teórica bajo la impronta de la filosofía francesa. Influenciado, en un principio, por el existencialismo de Sartre, adoptara luego fervorosamente el estructuralismo althusseriano, y finalmente incorporará discusiones con las corrientes posestructuralistas, principalmente con Foucault.  Podríamos afirmar que hacer un recorrido de su obra nos presenta un itinerario a través de los debates teóricos que surcaron dos décadas de marxismo en Francia y que sentaron las bases del abandono del marxismo de muchos autores. 

El concepto de hegemonía ocupa un lugar destacado en esta trayectoria. Su aparición se sitúa en el paso desde un primer Poulantzas existencialista centrado en el derecho, a un segundo momento influenciado por el estructuralismo y centrado en desarrollar una teoría regional del estado en la sociedad capitalista. Como bien destaca Jessop (1985), la incorporación del concepto de hegemonía es anterior a la adopción de las teorías de Althusser. El abandono de sus posiciones sartreanas no se realiza directamente a partir de la crítica estructuralista al humanismo, sino que es suscitada, más precisamente, por la lectura de la teoría política marxista italiana. Es en la síntesis de estas influencias con la corriente althusseriana donde puede leerse con mayor potencia la recepción del concepto de hegemonía en su posterior matriz estructuralista.

El propio Poulantzas plantea un mayor desarrollo en la teoría marxista italiana frente a la francesa en sus primeros artículos. Interesado por el derecho, encuentra en los italianos como Cerroni y Rossi el desarrollo de perspectivas que van más allá de las versiones soviéticas oficiales que el busca combatir. A su vez, Poulantzas incorpora de Della Volpe la perspectiva de un marxismo científico, no humanista, preocupación que luego convergerá con las posiciones althusserianas. Lo cierto es que la teoría francesa de la época carecía de desarrollos importantes en el campo de la política y del derecho por fuera de las versiones oficiales del PC sobre el capitalismo monopolista de estado. Justamente con esta concepción es con la que Poulantzas buscara debatir, negando el vínculo directo del estado como instrumento de los monopolios. Poulantzas emprenderá esa crítica bajo la matriz estructuralista habiendo pasado primero por la teoría italiana como fuente de crítica sobre lo político; es aquí donde se introduce el concepto gramsciano de hegemonía en su obra.

Esto se refleja claramente en su artículo “Introducción al estudio de la hegemonía en el Estado”, publicado en 1965. En este trabajo Poulantzas realiza su primera síntesis tanto de la teoría de la hegemonía como de una teoría del estado en general. Es decir, que su paso por los italianos en su crítica a la teoría del derecho soviética, lleva por el camino de la hegemonía como clave para entender al estado capitalista. A su vez, ya pueden verse en este artículo las influencias de la escuela althusseriana, como si Poulantzas estuviera coqueteando con ellas, incorporándolas progresivamente a partir de pensar la problemática de la hegemonía y el estado. El propio Poulantzas se refiere a este artículo como su texto de ruptura con el historicismo y el humanismo presentes en su anterior aproximación sartreana al marxismo (Poulantzas: 1982a).

El concepto de hegemonía es retomado aquí en su forma gramsciana clásica como refiriendo al problema de las relaciones entre base y superestructura; pero allí donde ha sido utilizado mayormente en la teoría marxista preferentemente en el dominio de la ideología, Poulantzas enfatizara su uso en el dominio político y estatal. Se trata, entonces, de diferenciarse de un uso del concepto gramsciano que lo reduce a la esfera de lo ideológico y duplica el problema específico de los efectos de la ideología en los de la hegemonía. Por el contrario, retomando a Della Volpe, Poulantzas buscara construir un concepto científico abstracto-determinado, dando cuenta de la “lógica específica de un objeto especifico”. ¿Cuáles son los dominios de esa lógica? En principio dos: el de la estrategia del proletariado y el de “las estructuras del Estado capitalista y de la constitución de las clases dominantes” (Poulantzas: 1982b, p. 36). El autor nos dirá aquí que no se ocupara de la primera (posteriormente veremos como  en su obra desechara su mismo uso limitándolo al segundo campo), y que buscara constituir científicamente el concepto de hegemonía a partir de la relación “estado capitalista-clases dominantes” (Ibíd., p. 37).

Las claves del concepto de hegemonía Poulantzas las encuentra, en este artículo, en la separación postulada por Marx entre Estado y sociedad civil en la sociedad capitalista, y en el rol particular que ocupa el Estado en dicha separación. Citamos en extenso a Poulantzas:

A diferencia de los tipos de estado esclavista y feudal, el estado político no se presenta como la simple ratificación por la fuerza de los intereses económicos sociales, en el sentido estricto del término, de las clases o fracciones de clase dominantes. En sus relaciones con las estructuras objetivas del estado, estos intereses no están traspuestos bajo su forma inmediata de intereses privados, sino que deben revestir una forma mediatizada verdaderamente política y presentarse como encarnando el interés general de toda la sociedad. El propio estado se presenta no ya como el lugar de constitución de la dominación “publica” de un “privado” privilegiado, sino como la expresión de lo universal y, a través de la constitución política de las clases dominantes, como garantía del interés general. En la medida en que aparecen las estructuras políticas universalizantes del estado, este se disocia de la sociedad civil que sigue siendo el lugar de las contradicciones entre intereses privados.” (Ibíd., p. 44)

El Estado aparece estableciendo un orden frente a la anarquía de la sociedad civil. Poulantzas nos dice que la propia estructura atomística de la sociedad civil, así como su separación del estado son producto de las propias relaciones de producción capitalistas: son las estructuras mismas del modo de producción capitalista las que constituyen esta separación entre sociedad civil y estado, a partir de la autonomización de los productores independientes y su competencia. Es por esta razón que tal orden postulado frente a la sociedad civil tiene una doble función objetiva: “la de preservar y mantener el fraccionamiento de la sociedad civil y la de organizarla en vistas a su funcionamiento dentro de un modo de producción capitalista-cambista” (Ibíd., p. 48)

La forma en que el Estado puede aparecer como cohesión frente al orden anárquico de los intereses privados de la sociedad civil es postulándose como el interés general de toda la sociedad. En esto los valores abstractos de igualdad y libertad formal cumplen un rol constitutivo de ese propio estado. En tanto abstracciones producto de la propia estructura de la sociedad civil permiten postular un espacio abstracto de interés común de todos los individuos de esa sociedad en el Estado:

El Estado moderno tiene la particularidad de presentarse como la esfera de lo universal y de lo general, la de liberar a los individuos personas políticas de las jerarquías naturales que traban su integración en una comunidad. La disociación atomística de la sociedad civil constituye precisamente su condición de posibilidad: se separa de la sociedad civil ya que, fundado sobre esta molecularización, solo puede acceder a la esfera de lo universal por una abstracción y formalidad que permite captar políticamente a los hombres-gobernados en tanto que individuos-personas políticas, separados de sus determinaciones económico-sociales concretas.” (Ibíd., p.48)

Es en esta particular forma universalizante del estado capitalista moderno donde Poulantzas buscara constituir científicamente el concepto de hegemonía. Dadas las condiciones particulares de un modo de producción capitalista, el Estado, como un nivel propiamente político especifico de estructuras y practicas autonomizadas de la sociedad civil (separadas de lo económico podríamos decir), actúa presentando como un interés general, universal y abstracto aquello de lo cual es el mismo un producto: las relaciones sociales capitalistas, el intercambio entre productores libres e independientes. De esta forma, a diferencia de modos de producción anteriores donde los intereses de las clases dominantes se plasmaban directamente en la represión estatal; la dominación se presenta mediatizada por el Estado moderno. Un estado político que al mismo tiempo que es el estado de una sociedad divida en clases, se presenta como el interés general formal y abstracto de dicha sociedad.

Tenemos entonces una cuasi equivalencia entre la función misma de todo estado en la sociedad capitalista, y la propuesta de Gramsci de la hegemonía como la concepción y la presentación de los intereses de una clase como fuerza motriz de una expansión universal, de un desarrollo de todas las energías nacionales (Gramsci: 2003). Lo que Poulantzas parece estar diciéndonos es que la hegemonía es el producto mismo de las estructuras y las practicas  específicamente políticas en una sociedad capitalista. En una sociedad atomizada de productores independientes, la dominación de clase se realiza hegemónicamente. Este artículo parece presentar una cuasi equivalencia entre política, hegemonía y Estado en el planteo de Poulantzas sobre el estado y las prácticas políticas de las clases dominantes en la sociedad capitalista.

El concepto de hegemonía tiene pues como campo de aplicación a la vez  el dominio de las estructuras políticas institucionalizadas y el dominio de las prácticas políticas de las clases dominantes […] El concepto de hegemonía designa aquí la fase del proceso de estructuración objetivo del estado moderno donde  las consecuencias concretas de esta instancia de universalidad – consenso, funciones ideológicas, papel de organización, papel de dirección intelectual y mora, etc. – alcanzan un grado determinante en las relaciones particulares de dominación cristalizadas por ese Estado. […] La clase o fracción dominante que se mantiene o que tiende a conquistar el poder político deberá organizarse por una estructuración tal de sus intereses económico-sociales específicos que puedan representar un interés general real de las clases o fracciones dominantes, presentado y concebido como el interés general de la nación. En ese caso el concepto de hegemonía (hegemonía-práctica política) designa el momento en que la estructuración política de las clases dominantes (función ideológica, organizacional, papel de dirección, etc.) reviste una importancia determinante en las relaciones de clase.” (Ibíd., p. 51)

Esta relación hegemónica propia de la dominación de clase en las sociedades capitalistas implica a su vez dos características fundamentales. La primera concierne a la relación entre este Estado hegemónico y las clases dominantes. Lo que Poulantzas destaca aquí es la necesidad de cierta distancia entre los intereses económicos sociales de la clase dominante y la función universalizante del Estado. Fundamentalmente Poulantzas plantea que el Estado no puede simplemente ratificar los intereses de la clase dominante sin más. Si bien su función política de ordenador de la sociedad moleculariazda coincide con los intereses del capital (como garantía de ese mismo orden capitalista); el Estado no garantiza directamente esos intereses económicos sino los intereses políticos de la clase dominante. A nivel de los intereses propiamente políticos se encuentra la necesidad de presentar la propia expansión como expansión del conjunto, como interés general, por lo cual se requiere la garantía de ciertos intereses de las clases dominadas. Esta garantía, conceptualizada ya por Gramsci (2003), implica que el Estado, como garante de los intereses políticos de las clases dominantes, debe por momentos actuar en contra de los intereses económico-corporativos de las mismas. Siempre que no entren en contradicción fundamental con los intereses de la fracción dominante ciertos intereses de las clases dominadas serán garantizados por el Estado, aun contra la voluntad directa de las clases dominantes, como parte de la función hegemónica universalizante que cumple el mismo Estado. En tanto requiere la constitución de una hegemonía sobre las clases dominadas, el Estado debe garantizar la articulación del consenso de estas.

En segundo lugar, Poulantzas realiza un aporte original al uso del concepto de hegemonía, que no podemos encontrar en la obra de Gramsci, en su extensión al análisis de la relación del Estado y las clases dominantes. Se trata de la función de hegemonía que una clase o fracción de las clases dominantes ejerce sobre el resto de las clases dominantes en una formación social. Ya sea por presentar clases dominantes de modos de producción previos que persisten o por presentar distintas fracciones de la clase capitalista, existe siempre más de una clase dominante políticamente. Poulantzas buscara destacar la hegemonía de una de estas fracciones sobre el resto. En la función hegemónica de presentar su interés como el interés general del conjunto de la sociedad, la fracción hegemónica  estructura, por medio del Estado, su hegemonía sobre el conjunto de las fracciones dominantes. Sobre ellas no ejerce una simple dominación sin más, sino que su dominación hegemónica implica, al igual que con las clases dominadas, una serie de concesiones a sus intereses económico-corporativos. Poulantzas nos plantea la constitución a partir del Estado, de un bloque en el poder del conjunto de las clases dominantes. Dentro de este bloque una clase o fracción hegemónica logra polarizar políticamente al resto de las clases dominantes organizando sus interese específicos en un interés general; constituyendo un proceso de constitución unitaria de un bloque en el poder que afirma a su vez su hegemonía sobre el conjunto de la sociedad. 

El desarrollo del concepto de hegemonía dentro de la teoría estructuralista del Estado

Tenemos ya en este primer articulado concerniente a la hegemonía las coordenadas fundamentales que el concepto tomara de manera desarrollada en Poder Político y clases sociales en el estado capitalista, el principal libro de Poulantzas. Publicado en 1968, pero escrito y desarrollo antes de los hechos del mayo francés, este libro constituye el desarrollo sistemático y en profundidad de una teoría regional de lo político, y del Estado, en la sociedad capitalista. Constituye también el punto más alto de la adopción por parte de Poulantzas del estructuralismo althusseriano. Veremos aquí el mayor desarrollo bajo la matriz estructuralista, de la teoría poulantizana sobre el Estado capitalista.

Esta adopción casi plena de la teoría estructuralista althusseriana tendrá consecuencias en la forma en que Poulantzas concibe la hegemonía. Partiendo y manteniendo en parte los puntos desarrollados en su artículo anterior, su inscripción en la matriz estructuralista implicara un mayor desarrollo de algunos de los aspectos presentes, así como el abandono de algunas de las afirmaciones anteriores. Nombremos esquemáticamente los principales cambios para luego desarrollarlos: abandono de la noción de sociedad civil como origen de la lógica hegemónica, desarrollo de una relación estrecha entre la noción de hegemonía y la de autonomía relativa del Estado, énfasis en la determinación estructural de la hegemonía como dominación capitalista y abandono por lo tanto de su uso para la estrategia proletaria, desarrollo de la articulación hegemonía-Estado para pensar las distintas fases del capitalismo, énfasis en la relación hegemonía-Estado en clases dominantes como elemento constitutivo de estas.

Poder Político y clases sociales en el estado capitalista comienza con una larga introducción en la cual Poulantzas explica los principales lineamientos teóricos del marxismo estructuralista althusseriano que guían su análisis del Estado capitalista durante todo el libro. Si bien es cierto, como destaca Jessop (1985) que existen ciertas diferencias entre el planteo de Poulantzas y el de Althusser, lo cierto es que estas diferencias no hacen a lo fundamental del enfoque estructuralista. Principalmente el anclaje teórico se hace sobre los modos de producción, como objetos formales abstractos, concebidos como combinaciones específicas de estructuras regionales y practicas específicas, relativamente autónomas que establecen relaciones sobredeterminadas entre sí, pero con una determinación en última instancia por la estructura económica. Se trata de relaciones en las cuales la estructura determinante del todo, la economía, requiere la constitución misma de otras estructuras regionales (lo político, lo ideológico) asignándoles una función y distribuyéndoles un lugar en la estructura. Pero este rol determinante de la matriz de un modo de producción, no implica que cada una de estas estructuras no tenga a su vez su dinámica y su desarrollo propios, relativamente autónomos (Poulantzas: 1974, Introducción).

El objetivo de Poulantzas es desarrollar una teoría regional de la instancia de lo político en el modo de producción capitalista, tanto en sus estructuras como en sus prácticas. Para esto nos plantea que Marx nos legó en El Capital tanto una teoría general del modo de producción capitalista, de su matriz, como una teoría regional de su instancia dominante, lo económico. Por el contrario, los conceptos necesarios para desarrollar una teoría regional de lo político o bien se encuentran “en hueco” en El Capital (como efectos de lo político sobre lo económico), o bien se encuentran desarrollados en “estado práctico” por los clásicos del marxismo. Marx, Engels, Lenin y Gramsci, tratados aquí como los cuatro clásicos con jerarquía equivalente con respecto al análisis político, habrían dejado una serie de nociones teóricas en sus análisis concretos de coyunturas políticas, que pueden ser retomados, y transformados para constituirse en conceptos que den cuenta de lo político en las formaciones sociales capitalistas en general (Ibíd.). El concepto de hegemonía será uno de estas nociones que Poulantzas retomara e intentara transformar dentro de la matriz estructuralista para dar cuenta de lo político en el capitalismo.

Pero antes de examinar esta transformación en el concepto mismo de hegemonía, precisamos nombrar brevemente algunas de las coordenadas de lo político, entendido de forma estructuralista, por las cuales el concepto gramsciano recorrerá su transformación. Lo económico en el modo de producción capitalista se caracteriza por una homología entre la relación de apropiación real (posesión) y la relación de propiedad, producto de la separación del productor directo y de los medios de producción. De esta particular articulación Poulantzas plantea la relación entre lo económico y lo político caracterizada por una autonomía relativa específica de estas dos instancias. Es decir, que si bien en todo modo de producción cada una de estas instancias tiene una lógica particular diferenciada, en el capitalismo se da una separación específica entre ambas que las dota de una autonomía relativa. La homología de ambas relaciones económicas permite la separación de ambas instancias, ya que el trabajo y sus productos se convierten en un elemento mismo del capital, no requiriendo ninguna coerción directa sobre el trabajo para lograr la apropiación de sus productos en la esfera de lo económico.

Lo que Poulantzas tratara de mostrar son las características particulares que adquiere lo político, tanto como prácticas políticas de las clases que surgen de esta matriz económica y como superestructuras jurídico-políticas (el Estado), en el capitalismo. En principio se parte de la distinción estructuralista estricta entre estructuras, prácticas y relaciones sociales. Son las articulaciones entre las distancias instancias-estructuras, las que dan lugar a prácticas especificas a cada instancia, prácticas y estructuras que tienen como efecto a las relaciones sociales. Los sujetos como efectos de esas estructuras sobre los agentes-soportes, actúan las estructuras en las prácticas específicas de cada instancia. La práctica política, en todo modo de producción, tiene como objeto “el punto nodal en que se condensan las contradicciones de los diversos niveles de una formación en las relaciones complejas regidas por la sobredeterminación” (Ibíd., p.39); y esto en tanto la estructura política (el Estado) constituye el factor de cohesión de los niveles de una formación social. Si los clásicos del marxismo afirman que la lucha de clases es el motor de la historia, no lo afirman para Poulantzas, en tanto la acción política de los sujetos transforma las estructuras; sino en tanto la práctica política tiene como objeto la conquista de la superestructura jurídico-político como lugar en el que condesan todas las contradicciones estructurales.

¿Cuáles son las características de esta estructura de cohesión de toda formación social y de sus prácticas en la sociedad capitalista? Este es un Estado que, a diferencia de los Estados de otros modos de producción, no produce la cohesión social fijando a los individuos en cuanto agentes de la producción y garantizando la dominación política directamente a uno de esos agentes; sino que es un Estado de clase (en tanto garantiza la cohesión de una sociedad divida en clases) en el cual el dominio político de clase está ausente de sus instituciones. Es un Estado cuyo fundamento radica en “el pueblo” como conjunto de todos los individuos-ciudadanos y no como agentes de la producción divididos en clases. De aquí la centralidad de la figura del ciudadano, constituido por la libertad e igualdad abstracta, que se manifiestan en el sufragio universal como expresión de la voluntad general de ese pueblo en la constitución del Estado.

“[…] el Estado capitalista oculta sistemáticamente, en el nivel de sus instituciones políticas, su carácter político de clase: se trata, en el sentido más auténtico, de un Estado popular-nacional-de clase. Este Estado se presente como la encarnación de la voluntad popular del pueblo nación. El pueblo-nación esta institucionalmente fijado como conjunto de ciudadanos, de individuos, cuya unidad representa el Estado capitalista, y tiene precisamente como sustrato real el efecto de aislamiento que manifiestan las relaciones sociales económicas del M.P.C” (Ibíd., p. 163)

Esto implica que la estructura misma del Estado capitalista, dada por su lugar en la matriz del modo de producción, tiene una doble función. En primer lugar, instaura a los agentes de la producción distribuidos en clase como sujetos políticos, libres e iguales, generando como efecto el aislamiento de las relaciones sociales económicas del ámbito del estado. Es decir, que el Estado tiene como función la producción misma del individuo-sujeto-ciudadano, efecto que implica que en su determinación como tal debe abstraerse de su condición producto de las relaciones sociales económicas, es decir de su relación de clase. Pero a su vez, y en segundo lugar, el estado capitalista tiene como función representar la unidad del conjunto de las relaciones económicas aisladas constituyéndolas en un cuerpo político unificado que es el pueblo nación: “el Estado representa la unidad de un aislamiento que es en gran parte […] su propio efecto” (Ibíd., p.164)

Esta doble función marca las coordenadas de la práctica política en el Estado capitalista, y como veremos, de la hegemonía como concepto propio del campo de la lucha política de clases en una formación capitalista. En dicho Estado, la práctica política de las clases dominantes tiene como objeto conservar al mismo y a sus funciones y, a través de él, conservar las relaciones sociales existentes. Pero el propio efecto de aislamiento de la separación de lo económico y lo político implica que no puede realizar esto con un Estado que sea un instrumento de sus propios intereses económicos. Por el contrario, el Estado solo representa sus intereses políticos en la conservación del orden en tanto se constituye como relativamente autónomo de la clase dominante. Esto lo permite tanto el efecto de aislamiento de las relaciones económicas, estas no forman parte del Estado como tal, pero también, y especialmente la capacidad que le da a la clase dominante de “constituir sus intereses propiamente políticos como representantes del interés general del pueblo-nación. Esto se hace necesario por razón de las estructuras particulares del Estado capitalista, en su relación con la lucha económica de clases, y posible precisamente por razón del aislamiento de la lucha económica de las clases dominantes” (Ibíd., p.169).

Es importante destacar que existe en este punto una crítica que Poulantzas retoma de Althusser al concepto de sociedad civil. Si este había servido antes de anclaje para pensar la hegemonía, será ahora criticado como humanista y no científico. No se trata de un espacio, sociedad civil, donde se constituyen intereses diversos (como sistema de necesidades en términos hegelianos) que luego se concilian en el estado. Por el contrario, las propias estructuras del modo de producción capitalista producen una separación de lo económico y lo político estructuralmente. Tenemos estructuras separadas que surgen y se desarrollan por la matriz particular del modo de producción capitalista. Por esta razón no hay intereses económicos preestablecidos que entran en conflicto en la sociedad civil. Los intereses y los conflictos son meros efectos de las estructuras, que producen las practicas sobre los agentes soportes del modo de producción. La sociedad civil no puede ser un anclaje científico para el concepto de hegemonía porque supone un espacio conflictivo anterior a la matriz estructural.

Solo en este punto, delineadas claramente las coordenadas de lo político y del estado en el modo de producción capitalista, es que Poulantzas puede introducir de forma desarrollada su concepto de hegemonía. Esto implicara una serie de cambios, aunque a veces sutiles, con su formulación en el artículo del 65. Implicará, especialmente, una delimitación más rígida y especifica del concepto y su uso, adaptado ahora a la matriz estructuralista. Citemos extensamente la definición de hegemonía a la que arriba Poulantzas:

El concepto de hegemonía, se aplicara únicamente a las prácticas políticas de las clases dominantes – y no al Estado – de una formación capitalista y reviste dos sentidos: 1) indica la constitución de los intereses políticos de las clases en su relación con el Estado capitalista, como representantes del interés general del cuerpo político que es el pueblo nación y que tiene como sustrato el efecto de aislamiento de lo económico. […] 2) el concepto de hegemonía reviste asimismo otro sentido, que en realidad no indica Gramsci. Se verá, en efecto, que el Estado capitalista y las características especiales de la lucha de clases en una formación capitalista hacen posible el funcionamiento de un “bloque en el poder”, compuesto de varias clases o fracciones políticamente dominantes. Entre esas clases y fracciones dominantes, una de ellas detenta un papel predominante particular, que puede ser caracterizado como papel hegemónico. En este segundo sentido, el concepto de hegemonía comprende el dominio particular de una de las clases dominantes respecto de las otras clases o fracciones dominantes de una formación social capitalista.

El concepto de hegemonía permite precisamente descifrar la relación entre esas dos características del tipo de dominio político de clase que presentan las formaciones capitalistas. La clase hegemónica es la que concentra en sí, en el nivel político, la doble función de representar el interés general del pueblo-nación y de detentar un dominio específico entre las clases y fracciones domínate: y esto, en su relación particular con el Estado capitalista.” (Ibíd., p. 173-175)

Como podemos observar hay una delimitación estricta del uso del concepto de hegemonía: el mismo da cuenta únicamente de las prácticas políticas de las clases dominantes en el capitalismo. Esto implica una primera delimitación temporal al uso del concepto. Este no puede dar cuenta de sociedades pre-capitalistas o pos-capitalistas. La lógica de la hegemonía es una lógica política posible por las estructuras de lo político en el capitalismo. En segundo lugar y de gran importancia, la hegemonía es una práctica de las clases dominantes en el capitalismo y bajo ningún modo puede dar cuenta de prácticas de las clases dominadas, particularmente del proletariado. De esta forma Poulantzas se diferencia fuertemente de toda una tradición gramsciana que planteaba como estrategia revolucionaria del proletariado la construcción de su hegemonía en el mismo capitalismo; constituyendo una hegemonía que contrarrestara y compitiera en el mismo momento con la hegemonía burguesa, aun antes de la toma del poder del estado. Por el contrario, Poulantzas nos plantea que Gramsci: “procede a una ampliación inaceptable del concepto de hegemonía con respecto a la estrategia de la clase obrera” (Ibíd., p. 260)

Lo que Poulantzas está criticando en un mismo movimiento son: las posiciones políticas reformistas que retoman los planteos gramscianos de la hegemonía, abandonando la tesis de la toma del poder por la de una construcción gradual de la hegemonía proletaria en las instituciones de la sociedad civil; y las concepciones culturalistas o ideológicas de la hegemonía que conciben la misma a partir de la imposición de una concepción ideológica propia del mundo[1]. Por el contrario, Poulantzas refuerza la idea presente en Gramsci de la hegemonía como forma de dominación burguesa en las sociedades occidentales. De esta forma, la hegemonía solo puede dar cuenta de una práctica de clases dominantes en tanto implica la relación, particular, de subordinación del resto de las clases de una sociedad capitalista. Práctica política especial del capitalismo posibilitada, y realizada, por las estructuras particulares del estado capitalista, con su autonomía relativa en su separación de lo económico. La toma del Estado en términos leninistas se sigue entonces, continua siendo parte necesaria de la estrategia para la destrucción de esta hegemonía, ya que las estructuras estatales son el punto nodal y central de anudamiento de la lógica hegemónica.

Llegamos entonces al centro del problema en el desarrollo del concepto de hegemonía en la obra de Poulantzas: la compleja relación entre estructuras y prácticas entrampada en el paradigma del estructuralismo althusseriano. Poulantzas enfatiza que el concepto de hegemonía refiere a las prácticas de las clases dominantes en el capitalismo y no a las estructuras mismas del Estado. Como si pareciera querer aclarar una posible confusión en su uso de la hegemonía en su artículo del 65, Poulantzas diferencia claramente a la hegemonía como una práctica y no como una estructura política, no como el estado mismo.

No obstante, creemos que esta distinción es formal y no salva la identificación entre estado capitalista y hegemonía presente en la obra de Poulantzas. En primer lugar, dentro del marco estructuralista utilizado, toda práctica se sigue de una determinada estructura. No hay autonomía de la práctica o del sujeto practicante, ya que estos son solos soportes de la estructura, ellos y sus prácticas son producto de la misma. En el caso de la hegemonía, si bien se la nombra como una práctica, no puede pensarse más que como un efecto de las estructuras particulares de lo político en el modo de producción capitalista. Caracterizado por la particular separación de lo económico y lo político, por la separación entre dominación económica y política, el estado capitalista con su efecto de aislamiento solo puede funcionar, normalmente, bajo dirección hegemónica. Dirección que implica la libertad e igualdad formales de sus ciudadanos, como efectos a su vez de las relaciones capitalistas y como partes de ellas al constituir a los agentes de producción en sujetos jurídicos con capacidad de vender su fuerza de trabajo. En este esquema es el Estado, con sus estructuras políticas, el que garantiza la dominación política de la clase dominante; dominación hegemónica, ya que implica el sacrificio de ciertos intereses de la clase dominante en pos de lograr el consenso de las clases dominadas y de las otras clases del bloque en el poder. El Estado sigue presentando una equivalencia con la hegemonía, ya que esta es el efecto “normal” de las superestructuras políticas en el modo de producción capitalista.

Pero aún más, si bien Poulantzas afirma a la hegemonía como una práctica de las clases dominantes, estrictamente no son ellas las que la producen. Esta solo es posible por la autonomía relativa del Estado respecto a la clase burguesa; clase incapaz, nos dice Poulantzas, de ejercer la hegemonía por sus propias organizaciones políticas.

“la clase burguesa, por su constitución y su lugar en la lucha de clases, parece, salvo casos excepcionales, incapaz de erigirse por sus propios partidos políticos, en el nivel hegemónico de organización […] En suma, todo sucede como si las coordenadas específicas de la lucha de las clases dominantes contribuyesen aquí conjuntamente a una incapacidad de organización política de esas clases […] [El Estado] toma a su cargo el interés político de la burguesía, realiza por su cuenta la función de hegemonía política que este no puede desempeñar. Pero para hacerlo, el Estado capitalista se reviste de una autonomía relativa respecto de la burguesía. […] Esa autonomía relativa le permite precisamente intervenir, no solo para realizaciones de compromiso con las clases dominadas, que, a la larga, resultan útiles para los intereses económicos de las clases y fracciones dominantes, sino también intervenir, según la coyuntura concreta, contra los intereses económicos a largo plazo de tal o cual fracción de la clase dominante: compromisos y sacrificios necesarios a veces para la realización de su interés político de clase” (Ibíd., p. 370-372)

Como puede apreciarse, es el Estado quien realiza la hegemonía de una clase dominante en el capitalismo. Podemos potenciar esta afirmación al acompañar a Poulantzas en su afirmación de la incapacidad de la burguesía, no solo de dominar por si misma a las clases dominadas, si no de dominar al conjunto de las clases dominantes, dependiendo la constitución misma de la burguesía como clase dominante de la unidad del bloque en el poder producida por el Estado capitalista.

“una incapacidad de la clase burguesa o de las fracciones de esa clase para erigirse en el nivel hegemónico por sus propios partidos en la escena política, incapacidad de transformar, por sus propios medios de organización, su interés específico en interés político, que polarizaría los intereses de otras clase y fracciones del bloque en el poder: no pueden, pues, constituir la unidad de las clases y fracciones del bloque.” (Ibíd., p. 389) “Todo sucede precisamente como si el estado detentase permanentemente el papel de organización del bloque en el poder […] en razón directa a la incapacidad de los partidos políticos de la clase burguesa y de sus fracciones para desempeñar un papel organizador autónomo.” (Ibíd., p. 392) “[…] ese Estado presenta una unidad propia conjugada con su autonomía relativa, no porque constituya el instrumento de una clase ya políticamente unificada, sino en cuanto constituye precisamente el factor de unidad del bloque en el poder” (Ibíd., p. 393)

Todo pareciera afirmar que Poulantzas sugiere una afinidad casi total entre Estado capitalista y dominación hegemónica de clase. Son las estructuras mismas de ese Estado en el modo de producción capitalista las que permiten y vuelven necesaria una dominación hegemónica de clase; dominación que la clase no puede realizar por sí misma y solo realiza a través del Estado. Esta afirmación tiene fuertes consecuencias sobre el concepto mismo de hegemonía diferenciándolo radicalmente de como aparecía en Gramsci.

En primer lugar, tenemos una permanencia de la hegemonía en las sociedades capitalistas; en todas ellas se dominaría hegemónicamente ya que es la función misma del Estado capitalista ese tipo de dominación. Es decir, que la hegemonía del conjunto del bloque en el poder sobre las clases dominantes sería una constante. Esta concepción conlleva el no poder distinguir entre formas de dominación hegemónica y no hegemónica en las sociedades capitalistas.

En segundo lugar, la concepción poulantziana de hegemonía implica que los cambios y los procesos políticos solo pueden entenderse por cambios dentro del bloque en el poder y no de la relación entre clases dominantes y clases dominadas. Mantenida como una constante esta variable (siempre hay dominación hegemónica), las diferencias entre una forma de estado y otra se explicaran por el cambio en la correlación de fuerzas entre los distintos integrantes del bloque en el poder. La periodización propuesta por Poulantzas para las distintas formas de estado y de régimen responde principalmente a este aspecto; se explican por los cambios en el ejercicio de la función hegemónica dentro del bloque en el poder por distintas clases o fracciones dominantes. De esta forma, el conflicto político principal que explica el cambio es entre las propias clases dominantes; la lucha de las clases dominadas, y de la clase trabajadora en particular, queda totalmente desdibujada del esquema.

A su vez, lo que nunca termina de explicarse es la relación entre clase económicamente dominante y clase políticamente dominante. Si ambas pueden no coincidir, como dice Poulantzas, resta explicar porque los cambios en la estructura económica son seguidos de cambios en el bloque en el poder, que llevan a una nueva forma de estado y permiten hablar de una nueva fase del capitalismo. En fin, si lo que hace el Estado es garantizar la hegemonía política de una fracción del bloque en el poder, nunca termina de explicarse porque esa fracción es la hegemónica en relación a lo económico; o viceversa, porque si no coinciden el Estado terminaría garantizando igualmente el interés de la fracción económicamente hegemónica.

Todo sucede como si la estructura del estado capitalista garantizara siempre la dominación hegemónica sobre las clases dominadas, como si fuera una constante histórica que garantiza la cohesión del todo social bajo condiciones particulares de separación de lo económico y lo político. Tenemos en fin, una cuasi equivalencia entre Estado capitalista y hegemonía como elementos centrales en la constitución misma del modo de producción capitalista, como los elementos mismos de constitución y garantía de ese orden. A nuestro entender, el concepto de hegemonía ocupa un lugar central en el intento de Poulantzas de dar cuenta del orden capitalista. Solo a partir de este puede explicarse como la clase dominante (burguesa) domina sin poseer directamente el aparato del estado. Por eso la hegemonía explica todo momento dentro del capitalismo, como factor de unidad y orden entre lo político y lo económico. Pero para realizar esta operación, Poulantzas debe abandonar la idea de la hegemonía como producto de la lucha de clases, como resultado del enfrentamiento entre las clases dominantes y las dominadas; para situarlo como un efecto estructural del estado capitalista. Efecto constante cuyos cambios refieren al propio bloque en el poder y su constitución; estos cambios explicados, en última instancia por el desarrollo de las fuerzas productivas y sus cambios consecuentes en la fracción hegemónica del capital.

Esta idea de la hegemonía como una constante del capitalismo y como su forma normal es enfatizada en libros posteriores de Poulantzas, en particular en Fascismo y Dictadura. En este libro se distinguen entre formas normales y formas excepcionales del Estado y la dominación capitalista. Las normales siguen asociadas a la democracia burguesa, ya que esta es la forma política que mejor expresa, mediante el sufragio universal, las estructuras mismas del estado capitalista con sus principios garantizadores del efecto de aislamiento de lo económico de igualdad y libertad formal. Si esta es la forma normal de ejercicio de la hegemonía, toda otra forma de dominación capitalista debe entenderse como excepcional.

Pero aun en estas excepcionalidades Poulantzas no suspende la existencia de la hegemonía, son, por el contrario, formas excepcionales por las cuales el estado garantiza la misma. Es por eso que Poulantzas explica al fascismo como la forma por la cual se alcanza la hegemonía de la fracción monopolista del capital industrial para Alemania e Italia. (Poulantzas: 1972) Fracciones económicamente hegemónicas, deben por lo tanto ser políticamente hegemónicas. De esta forma, un momento político conflictivo, en el cual la lucha obrera ocupa anteriormente un lugar central, no puede explicarse como falta de hegemonía o momento sin hegemonía, sino que se explica desde una forma particular de estado, excepcional, por el cual se alcanza la siempre presente hegemonía.

El concepto en la obra del último Poulantzas, la hegemonía y la teoría relacional

El posterior desarrollo de la obra de Poulantzas puede leerse como un continuo ajuste de cuentas con la rigidez casi absoluta del marco estructuralista. Ajuste de cuentas, que a nuestro entender, nunca termina de romper y de solucionar los problemas acarreados por el mismo. En este desarrollo podemos observar un decreciente uso del concepto de hegemonía. Como si en este radicara parte de la rigidez absoluta que no dejaba lugar a las prácticas mismas, el concepto de hegemonía deja de ocupar en los libros posteriores de Poulantzas el lugar central que ocupa en su principal obra. Este será utilizado de forma similar a como aparece anteriormente, o bien no se lo nombra demasiado. Cuando Poulantzas intente salir del marco estructuralista por sus problemas para pensar el conflicto y la transformación, no lo hará desde el concepto de hegemonía, sino desde los conceptos de clase y poder que son los que más se transformaran en su obra. El problema de la hegemonía no vuelve a ser discutido ampliamente, su uso sigue apareciendo pero reducido, principalmente, a la relación entre la clase hegemónicamente dominante y el resto del bloque en el poder.

Esto se observa claramente en la última obra de Poulantzas: Estado Poder y Socialismo. En este libro se intenta dar un  mayor énfasis en la primacía de las prácticas,  de la lucha de clases principalmente. Poulantzas no se cansa de afirmar la primacía de las practicas por sobre las estructuras, desmintiendo el énfasis anterior de las practicas (de las relaciones sociales en general) como atadas a las estructuras. Parecería que este sería un terreno propenso para volver a pensar la hegemonía desde estas mismas prácticas, desde la lucha de clases y su desarrollo histórico y no desde una constante estructural, sin embargo, no es lo que Poulantzas realiza.

En este libro no existe un tratamiento sistemático del concepto de hegemonía como había en Poder Político y Clases Sociales.  Existen, sin embargo, menciones al término, utilizaciones del mismo. En apariencia estos usos no parecen diferir de los sugeridos anteriormente:

“la relación de las masas con el poder y el Estado en lo designado particularmente como consenso, posee siempre un sustrato material. Entre otras razones porque el Estado, procurando siempre la hegemonía de clase, actúa en el campo de un equilibrio inestable de compromiso entre las clases dominantes y las clases dominadas. El estado asume así, permanentemente, una serie de medidas materiales positivas para las clases populares, incluso si estas medidas constituyen otras tantas concesiones impuestas por la lucha de las clases dominadas.” (Poulantzas: 1980, p. 31)

Como vemos, el énfasis está en el Estado produciendo la hegemonía de la clase dominante a partir de concesiones materiales a las clases dominadas. De manera similar, Poulantzas insistirá en el rol del Estado como organizador del bloque en el poder bajo la hegemonía de una de sus clases, la clase hegemónica. Tenemos entonces los dos mismos usos de la hegemonía, anudados a partir del Estado, que teníamos en su obra anterior. No obstante, así como la introducción plena del paradigma estructuralista había transformado el concepto de hegemonía tal como aparecía anteriormente, el abandono del mismo y la cercanía con posiciones posestructuralistas también ejercerán su influencia, aunque no desarrollada explícitamente, en el concepto de hegemonía.

En el libro hay una profunda reformulación de la teoría del Estado presentada en Poder Político y Clases Sociales en un dialogo con las nuevas corrientes de la filosofía francesa. Se trata del punto máximo de un paulatino alejamiento de su anterior estructuralismo por una teoría que encuentre su centro en las prácticas de lucha. Esto se realiza por tres operaciones principales vinculadas entre sí. En primer lugar, y retomando la idea de productividad del poder de Foucault, Poulantzas plantea al poder del Estado como constitutivo de las relaciones mismas de producción y determinante en la delimitación de las clases sociales. En segundo lugar, la no reducción del Estado a la dominación política implica una nueva búsqueda de la materialidad del estado no exclusiva en la dominación. Se trata de explicar la existencia misma del aparato del Estado a partir de elementos propios de las relaciones de producción y la división social del trabajo. Por último, y en tercer lugar, Poulantzas realiza una transformación radical a la forma misma en que se concibe la naturaleza del Estado. Este deja de ser el lugar de cohesión de una formación social, garantizando la reproducción de la misma, para ser la condensación material de una relación entre fuerzas entre las clases y fracciones de clase. Esto implica que el Estado en si es un producto de las luchas y la correlación de fuerza entre las clases, atravesando estas al conjunto del Estado en su constitución misma.

El nuevo enfoque relacional busca, como dijimos, reducir el peso de la determinación estructural volviendo a la misma un resultado de prácticas, de luchas contingentes entre las clases. Es por esta razón que el Estado  pasa a ser un punto central en esta lucha, tanto porque con su accionar influye y produce las relaciones sociales como relaciones de poder entre clases, como porque el mismo no es más que la condensación material de una relación de fuerzas. Por esta razón, la hegemonía no puede ya considerarse como un efecto derivado de las estructuras propias del estado capitalista, ya que este no es más que la condensación material de fuerzas en lucha y no puede por tanto tener una determinación estructural anterior a las mismas. Esto cambia totalmente la noción de hegemonía, ya que no puede ser entendida como la práctica misma de la clase dominante por las estructuras políticas, sino que debería entenderse como el resultado de esta condensación material de fuerzas, o como el producto del conjunto de micro políticas con las cuales el estado produce el orden social.

Esto ha sido destacado claramente por Jessop en su crítica a Poulantzas:

“In eliminating the Althusserain influences in his work Poulantzas gradually abandoned the commitment to a structurarlist interpretation of structural effects. He no longer treated the structural determination of hegemony or the class unity of the state as reflecting the functional imperatives of the self-reproduction of the social whole. Instead he substituted an account of structural effects that sees them as specific, form-determined effects of political institutions on the class struggle. […] Thus State Power and Socialism suggest that the long-term political interest of the bourgeoisie emerges as the resultant of a multiplicity of diversified micro-policies reflecting in turn the class struggles and contradictions inscribed in a specific manner – due to its structural selectivity – in the state itself.” (Jessop: 1985, p 133)

Lo que Jessop también destaca en este mismo texto es la imposibilidad de Poulantzas de explicar satisfactoriamente la relación entre este conjunto de micro-políticas, de resultados contingentes de la lucha de clases, de la condensación de fuerzas, con la garantía por parte del Estado de la dominación burguesa. Es decir, no hay ninguna explicación de cómo este Estado atravesado por micro políticas, como campo estratégico de un conjunto de relaciones de fuerzas, tiene como resultado final la dominación política en la sociedad capitalista.

Y es por esta razón por la que el concepto de hegemonía no puede ocupar un lugar central, ya que era el concepto mismo que explicaba la relación entre la estructura del Estado y la dominación política burguesa. Frente a las clases dominadas el Estado no se limita ya a producir la hegemonía de la clase dominante, ya que no es más que la condensación de la relación de fuerzas. Esta afirmación llevada a sus últimas implicancias lleva a, que frente a una correlación de fuerzas favorable a las clases dominadas, estas puedan revertir la dominación, no ser sujetas a la hegemonía de la clase dominante. A su vez, el conjunto de medidas adoptadas por el Estado en favor de las clases dominadas es producto de su propia lucha, y bien parecerían en el esquema político poulantziano no limitarse a concesiones para garantizar la dominación política, sino a imposiciones propias de una nueva relación de fuerzas[2]. Esto implica que el Estado ya no puede pensarse principalmente como el lugar de producción de la hegemonía de una clase, sino como un campo contradictorio de políticas reflejo de las luchas en la propia sociedad. El resultado de ese conjunto contradictorio como dominación política de la burguesía, no es explicado.

Tal como expone Jessop, Poulantzas parece utilizar dos significados distintos de la hegemonía: uno que enfatiza la determinación estructural del estado capitalista, y otra que la define como una posición de clase adoptada en la lucha de clases, como una posición ganada en y a través de la lucha política (Ibíd.). Ya hemos mostrado como en su versión estructuralista el peso de la determinación estructural era casi total no dejando realmente lugar (aunque se postule) para la práctica dominante de una clase. Ahora en su versión posestructuralista relacional, el abandono de la determinación estructural no deja aparecer la otra versión de la hegemonía sino que parece negar la hegemonía misma. Al no haber ninguna racionalidad general global en el conjunto de estrategias que surcan el campo relacional del Estado, no puede determinarse ninguna forma general de dominación política como lo sería la hegemonía. Solo tenemos un conjunto de políticas contradictorias reflejo de las luchas sociales, diversas y cuya correlación de fuerzas el estado materializa. Ahora bien, como hace este Estado para garantiza la hegemonía de una clase (imponiendo los sacrificios y concesiones necesarias pero también imponiendo su interés) como resultado de estas micro políticas permanece como un misterio.

Límites y Potencialidades en los usos de la hegemonía

Hemos intentando hacer un recorrido por los usos particulares que Nicos Poulantzas realiza del concepto de hegemonía. Transformado por los particulares marcos teóricos en los que se introduce, las formas en que este autor reformula y utiliza el concepto de hegemonía presenta importantes potencialidades para el análisis de la dinámica de la lucha de clases en las sociedades capitalistas, así como fuertes limites propios de los paradigmas teóricos en los que se la utiliza.

Consideramos que uno de los mayores logros de la concepción poulantziana es su definición de la hegemonía principalmente en términos de dominación política de clase. Frente a una larga tradición de lecturas gramscianas que tendía a pensar la hegemonía en términos culturalistas, Poulantzas vuelve a poner el foco de la hegemonía en la dominación política, en términos de dirección de clase como dominación. Las versiones culturalistas combatidas abiertamente por Poulantzas, proponían a la hegemonía como la conquista de posiciones ideológicas a partir de las “trincheras” de la sociedad civil. Las distintas clases se organizarían, principalmente a partir de los intelectuales, para disputar el “sentido común”, la “visión de mundo” dominante en un determinada social, dominio ideológico que constituye el cimiento de su poder sobre el conjunto social. La hegemonía entendida ideológicamente se vuelve el cimiento y el ordenador de un bloque histórico, como unidad de estructura y superestructuras[3]. Esta concepción deja de lado las condiciones materiales, tanto económicas como políticas, para la constitución de la hegemonía de un grupo social sobre otro. Poulantzas vuelve a poner el foco en las mismas, plateando a la hegemonía como una relación de dominación política posibilitada por las condiciones materiales del capitalismo como modo de producción. Dirección política porque no consiste en el mero convencimiento ideológico sino en la capacidad de dominar a otros grupos subalternos manteniendo el orden social del capital.

Al poner el énfasis en la dominación política Poulantzas destacaun elemento fundamental, a nuestro entender, para pensar la hegemonía: su relación con el Estado capitalista. Como elemento constitutivo de la dominación en las sociedades capitalistas, el Estado no puede ser eludido para pensar la hegemonía. Poulantzas destaca la necesidad de que la hegemonía se realice en y a través del Estado, discutiendo con aquellos que sitúan la dimensión hegemónica únicamente en las instituciones de la sociedad civil. Si el concepto de hegemonía busca dar cuenta de la dinámica de la dominación política en las sociedades capitalistas no puede no estarcentrando alrededor del Estado como organizador de esa dominación. Al partir de la separación de lo político y lo económico en las sociedades capitalistas, lo que se busca explicar es el nexo entre acumulación capitalista y persistencia de la dominación de la burguesía; dominación llevada adelante mayormente de forma consensual. Aquí la importancia del concepto de hegemonía y su relación con el Estado.

Pero a su vez, la introducción por Poulantzas de la dimensión del bloque en el poder, permite pensar una dimensión más sobre la hegemonía. En su idea del Estado como factor central en la constitución del bloque, lo que Poulantzas muestra es la mediación política necesaria para la constitución de la burguesía como clase políticamente dominante. La fragmentación de la propia burguesía impide a la misma constituirse como clase políticamente unificada si no es por la mediación del Estado, por esta razón, también, es que el Estado es un elemento fundamental para pensar la hegemonía burguesa.

Si bien creemos que el concepto de hegemonía debe reservarse para una forma históricamente determinada de relación de dominación política entre la burguesía y las clases subalternas; la extensión del concepto de hegemonía a la relación entre clases dominantes aporta un elemento importante al análisis. Dadas las características de la burguesía como clase dominante fragmentada, se vuelve necesario pensar que una hegemonía de la misma debe descansar sobre cierta unidad del conjunto de las sus fracciones. Pensamos que el concepto de bloque en el poder poulantziano se encuentra con el problema ya mencionado de la relación entre la clase dominante o el bloque y Estado. Esto lleva a una idea cuasi mecánica de atribución de posiciones de clase a partidos o aparatos estatales, a una cuasi equivalencia entre Estado y bloque en el poder en la dominación. Dado que la separación particular del Estado de lo económico nos impide esta homología, creemos que no podemos utilizar tanto el concepto de bloque en el poder, como el término de hegemonía para hablar de una relación política de dominación entre fracciones de la burguesía. Eso no impide destacar la importancia de cierta armonía, de un crecimiento del conjunto del capital como condición para una hegemonía exitosa del mismo sobre las clases dominadas. Sobre este punto, nos parecen interesantes los desarrollos de Piva (2009) sobre la relación entre acumulación y reproducción ampliada del capital como condición histórica de la hegemonía.

La delimitación del concepto de hegemonía a una forma de dominación política burguesa[4] implica a su vez, como hemos visto, que el mismo no pueda usarse para pensar la estrategia proletaria. Forma de dominación capitalista, sus condiciones de existencia dependen de la permanencia del sistema capitalista y benefician solo a la clase dominante en ellas. Por esa razón no podemos hablar de hegemonía proletaria. No pude haber equivalencia entre una forma de dominación y su forma de emancipación. La relación solo puede ser la de destrucción de la hegemonía burguesa por parte del proletariado. Si bien, como hemos mencionado, el último Poulantzas da lugar a la reintroducción de esta idea, lo cierto es que al poner el énfasis en la idea de dominación política para pensar la hegemoníanos habla de una relación diferencial entre el sujeto dominante y el dominado. La relación de hegemonía como propia de las relaciones capitalistas no puede entonces dar cuenta de relaciones de dominación en otras sociedades postcapitalistas, y si habla de la forma en que la burguesía domina, no puede plantear su ejercicio por otro sujeto que lleve al fin de esa dominación.

Por último, esta misma concepción nos lleva a otra importante delimitación del concepto presente en la obra de Poulantzas. Este remite a una dinámica propia del capitalismo y solo posible en el mismo. Al remarcar las “determinaciones estructurales” del concepto de hegemonía, Poulantzas explica la posibilidad misma de una dinámica hegemónica por las particularidades de la estructura social del capitalismo y su separación de lo económico y lo político. Esta definición contrasta con ciertos usos del concepto de hegemonía, que la plantean como la lógica misma de constitución de toda identidad o sociedad. La hegemonía designaría una lógica abstracta sin condiciones históricas que designa la forma de constitución de un todo social a partir del conflicto político privado de toda determinación. Esta influyente concepción transhistórica de la hegemonía, presente en la obra de Laclau y Mouffe (1985) desancla al concepto gramsicano de su inscripción en las relaciones sociales capitalistas, y por tanto, de su inscripción clasista. Los aportes de Poulantzas permiten volver a pensar la dinámica de la hegemonía con condiciones sociales e históricas de posibilidad, ancladas en una realidad social y no como lógicas abstractas.

Estas son, a nuestro parecer, las principales potencialidades que las delimitaciones realizadas por Poulantzas al concepto de hegemonía. No obstante, sus conceptualizaciones están atravesadas por importantes límites. Hemos marcado dos problemas centrales que, de formas distintas, aparecen en ambos momentos de la conceptualización poultanziana. En primer lugar, una tendencia a la eternización de la hegemonía en el capitalismo. Como si esta diera cuenta de la normalidad del desarrollo histórico en sociedades capitalistas, solo interrumpida por breves crisis de hegemonía con pronta resolución. De esta manera se vuelve imposible pensar a la hegemonía como el resultado de un proceso de luchas políticas con resultado contingente, donde la misma puede o no alcanzarse. Privada de desarrollo histórico la hegemonía aparece como un concepto tranquilizador, que nos permite afirmar y dar coherencia al orden de la dominación capitalista más que poder cuestionarlo. En segundo lugar, las manera en que se piensa la hegemonía, no resuelven el problema entre la relación de dominación política y explotación económica. Partiendo de la separación de ambas esferas en el capitalismo, Poulantzas intenta dar cuenta a partir de la hegemonía de alguna forma de su articulación que de coherencia a la relación de dominación y explotación. Pero, como hemos tratado de mostrar, no logra resolver la pregunta de porque la dominación del Estado es capitalista cuando este no es un instrumento de la burguesía para su dominación.

Consideramos que estos problemas surgen, principalmente, del marco teórico estructuralista del cual parte el primer Poulantzas, y que son trasladados a la teoría “relacional” del segundo. El paradigma estructuralista entra en tensión con un concepto, como el de hegemonía, desarrollado en el marco de una teoría dialéctica e historicista de la sociedad que tiende a pensarla desde la categoría de totalidad. Al rechazar abiertamente tal categoría, el estructuralismo cae en toda una serie de categorías para intentar dar cuenta de la relación entre instancias autónomas, no subsumidas en esa totalidad.

Sin entrar en una discusión detallada de la concepción filosófica de Gramsci, es claro que el pensamiento dialectico, y la influencia hegeliana, constituyen un elemento central en sus desarrollos teóricos. Existe en Gramsci un pensamiento de la totalidad social en el capitalismo. Esta totalidad no es referida a la región de lo económico, como en el economicismo criticado por el autor, sino al desarrollo histórico del conjunto de las luchas producto de una sociedad divida en clases. Estas luchas solo pueden ser comprendidas de forma historicista, como productoras mismas de la unidad de esa totalidad social y del conjunto de sus instancias. El concepto gramsciano de hegemonía se sitúa claramente en este marco teórico. De esta manera, da cuenta de una dinámica de la lucha de clases que articula históricamente lo económico, lo político y lo ideológico.

La recuperación estructuralista de Gramsci se plantea abiertamente el rechazo de su concepción del materialismo histórico, recuperando únicamente algunos conceptos prácticos que requieren de su traducción a una matriz teórica correcta. De esta forma, si bien en su crítica Poulantzas logra destacar los elementos más abiertamente idealistas y culturalista de Gramsci, su lectura estructuralista pierde de vista la totalidad dialéctica, históricamente desplegada. Por el contrario, la teoría estructuralista propone la existencia de toda una seria de instancias relativamente autónomas, cada una entendía como una estructura relacional, que entran a su vez en relaciones entre sí. Así, la noción de totalidad es remplazada por un conjunto de estructuras, instancias, relacionadas unas con otra. Tal teoría pierde de vista la unidad de esas instancias y trata de salvarla con conceptos como el de sobredeterminación o determinación en última instancia, pero preservando principalmente la autonomía de cada estructura. Del mismo modo tiende a eternizar las relaciones estructurales entre las instancias y los efectos de esas estructuras sobre las prácticas sociales planteando un escenario rígido con poca capacidad para interpretar el cambio social y el desarrollo histórico.

En este sentido compartimos la crítica realizada por Clarke (1991) a Poulantzas. En ella el autor destaca como la concepción estructuralista de su obra descansa sobre una noción no crítica de la producción y sus relaciones de producción. Entendidas como un conjunto de instancias autónomas, el estructuralismo tiende a ver la esfera de lo económico como relaciones técnicas de producción constituidas principalmente por las fuerzas productivas[5]. De esta manera, el estructuralismo plantea una estructura objetiva y técnica sobre la cual luego se monta la sociedad como un conjunto de prácticas de disputa por la distribución entre los distintos agentes de la producción del producto técnico de las fuerzas productivas.

Por el contrario, una concepción marxista y critica de las relaciones de producción de capitalistas piensa las mismas como relaciones al mismo tiempo de dominación y explotación entre clases sociales. La relación capital-trabajo lejos de ser una relación económica y técnica, es una relación social de dominación entre sujetos sociales, de lucha entre ellos, que supone el despliegue tanto de la explotación económica como de la dominación política.

Al rechazar una noción de totalidad que parta de esta relación social conflictiva entre clases sociales, el estructuralismo pierde de vista el momento de unidad entre lo económico y lo político en el capitalismo y plantea toda una serie de instancias autónomas a partir del desarrollo técnico de las fuerzas productivas. El abandono de esta posición estructuralista por posiciones relacionales en la obra posterior de Poulantzas no resuelve tal problema. Simplemente se plantea la primacía de las prácticas en este esquema estructuralista, sin resolver el problema de la articulación de la totalidad social.

En este marco teórico particular es lógico que el concepto de hegemonía encuentre fuertes límites. Su traducción estructuralista termina en un concepto que explica un efecto estructural particular, que a su vez explica la articulación de la totalidad social y da coherencia y orden a un conjunto de prácticas e instancias autónomas. Por eso se lo debe postular como una necesidad estructural y presente en todo momento en las sociedades capitalistas, perdiendo de vista su dimensión y su desarrollo histórico. Del mismo modo, se busca dar cuenta con él de la articulación entre lo político y lo económico; pero al pensarlas como instancias separadas que se articulan, y no como una unidad dialéctica contradictoria; el concepto cae siempre en la imposibilidad de explicar la relación entre dominación política, Estado y clase dominante. Esto lleva a un creciente “politicismo” que abandona toda determinación por el desarrollo de la relación de capital.

Es necesario repensar una teoría de la hegemonía que pueda dar cuenta de esta como una forma histórica de la lucha de clases en el capitalismo, pensándola desde un marco dialéctico e histórico. Esto quiere decir, poder dar cuenta de cómo en el desarrollo histórico de la relación de capital como relación antagónica de lucha de clases hay momentos en los cuales la burguesía puede ejercer su dominación de manera mayoritariamente consensual presentando su expansión como la expansión del conjunto de la sociedad. Esto, a su vez, permitiría explicar coyunturas políticas particulares. Pero para lograr esto, debemos poder enmarcar el concepto en una teoría crítica de la sociedad, en la cual el desarrollo dialéctico no se piense como un hegelianismo invertido con una finalidad histórica ya determinada.

Este trabajo se propuso solamente marcar los límites y potencialidades presentes en la manera en que Poulantzas ha desarrollado el concepto de hegemonía. Pero consideramos necesaria  una creciente investigación sobre este concepto. Esta requerirá repensar su formulación original en Gramsci, recuperar las potencialidades de sus distintos usos posteriores en diversos autores, e ir más allá incorporándolo en una teoría critica de la sociedad. 

Notas

[1] Uno de los blancos de Poulantzas en esta crítica es Perry Anderson, a quien acusa de una concepción de la hegemonía basada únicamente en el predominio ideológico. Esta crítica se remonta a un artículo anterior en el cual Poulantzas critica la postura de Anderson  y Narin sobre el debate de la transición y la clase hegemónica en la Inglaterra del siglo XVII (Poulantzas, 1982c).

[2] Si bien Poulantzas nunca llega a formular esta teoría acabadamente, su giro político eurocomunista parece dirigirse en ese sentido. No se trata ya de tomar el poder del estado, sino de ir transformándolo como resultado del conjunto de las luchas populares, que lo atraviesan. Se trata de generar luchas en y afuera del estado que impacten en la transformación del mismo en una correlación de fuerzas cada vez más favorable a las clases populares. Paradójicamente Poulantzas había discutido con los gramscianos que proponían una estrategia de la hegemonía del proletariado a partir de que este constituyera su fuerza en las instituciones de la propia sociedad; su posición parece ahora acercarse (y de hecho muchos de estos gramscianos adhirieron al eurocomunismo) con un mayor énfasis puesto por Poulantzas en la importancia de las instituciones estatales por sobre las de la sociedad civil.

[3] Una versión con una gran difusión de esta lectura de Gramsci puede encontrarse en el libro de Hugues Portelli Gramsci y el Bloque histórico (2001), también puede encontrarse en la relectura de Gramsci realizada por los llamados “estudios culturales británicos”, como se ve en la obra de Stuart Hall (1994)

[4] En Poulantzas existe una ambivalencia entre pensar la hegemonía como forma de dominación burguesa o como forma de dominación de otra clase social en el capitalismo. El concepto estructuralista de formación social le permite hablar de una combinación de diversos modos de producción puros lo que permite la persistencia de otras clases dominantes no burguesas en el capitalismo. No obstante, la propia dinámica de la hegemonía como forma de dominación capitalista parece solo dar cuenta de la dominación de la burguesía. No considerando validado el concepto de formación social, pensamos que el concepto de hegemonía si da cuenta de la dominación en el capitalismo lo hace en tanto esa dominación social tiene un carácter de clase burgués.

[5] Jessop (1982) rechaza esta afirmación de Clarke, y plantea que las relaciones de producción en Poulantzas son políticas y no técnicas. Sin embargo consideramos que Clarke esta en lo correcto, ya que Poulantzas plantea el desarrollo del capitalismo y su división de las instancias a partir del desarrollo técnico de la gran industria como momento de subsunción del trabajo al capital. De esta forma, la homología entre relaciones de apropiación de lo económico que tiene el capitalismo para Poulantzas es producto del desarrollo técnico que lleva a la aparición de la gran industria. Ese es el momento en el cual el capital puede lograr tal homología y que explica su posterior desarrollo y su particular separación de lo económico y lo político. Del mismo modo, la contradicción principal que explica al capitalismo a partir de ello, es la contradicción entre una producción crecientemente social y una apropiación privada, contradicción también técnica.

* Ponencia preparada para el XII Congreso Nacional de Ciencia Política, organizado por la Sociedad Argentina de Análisis Político y la Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, 12 al 15 de agosto de 2015.

Bibliografía

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