Marx, “El Capital” y el Mito Vampírico

marx rojo red opMiren que llevo años leyendo a y sobre Marx, hasta el punto que a veces pienso que ya no puede existir ningún trabajo que aborde alguna novedad en la temática marxiana, más allá de los temas conocidos (Hegel, dialéctica, materialismo…). Al final, siempre aparece algo.

Prepárense porque hoy vamos a tener una noche de terror. ¿Alguna vez habían asociado a Marx y las historias de vampiros? Pues Silvia Carnero lo ha hecho en el siguiente trabajo…Salud. Olivé

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MARX, “EL CAPITAL” Y EL MITO VAMPÍRICO

Silvia Carnero 

 

“[…] El obrero no es ningún agente libre y su vampiro no cesa
en su empeño, mientras quede,[…], una gota de sangre que chupar.

Marx, El Capital

 

Negar la influencia de Karl Marx en el siglo XIX es, sencillamente, imposible. Pero, ¿se podría negar, tan enfáticamente como en el caso anterior, que Marx fue totalmente inmune e impermeable a las ideas, hipótesis y representaciones vigentes y circulantes en su propio siglo? ¿Fue esto realmente así? ¿Ejerció Marx una notable influencia sobre las mentes del siglo XIX y, en cambio, su pensamiento salió indemne del poder de la cultura y de la visión del mundo de su propia época?. 

Es evidente que Marx se vio poderosamente afectado por el conjunto de representaciones e hipótesis que impregnaban su siglo, influjo que puede rastrearse claramente en sus obras, las páginas de “El Capital“ son un claro ejemplo de la visión del mundo y del universo simbólico propios del siglo XIX. 

Para demostrar la tesis planteada, me abocaré primero a definir el contexto cultural en el que se encuentra inmerso Marx. Luego, bucearé en su obra “El Capital“ con la intención de identificar en ésta las huellas del universo simbólico y la visión del mundo propio del siglo XIX.

Contexto

Todo grupo humano viviendo en sociedad es protagonista y, a la vez, hacedor de su propia cultura. 

En el devenir de su existencia, los hombres no sólo se influyen mutuamente en su hacer, sentir y pensar, sino que también y, al mismo tiempo, son modificados por sus propias creaciones. Estas últimas a nivel del pensamiento, dan origen al mundo simbólico, innegablemente presente en todas las sociedades. 

El simbolismo permeabiliza las capas sociales y “condiciona cerebros“, determinando la concepción del mundo que hombres y mujeres comparten por vivir en una misma sociedad y período histórico. En términos de Castoriadis, filósofo y psiquiatra, psique y sociedad son solidarias e inseparables. La psique humana se socializa en la medida que incorpora el magma de significaciones sociales y, por otro lado, la sociedad sobrevive gracias a esa incorporación. 

A partir de lo expuesto, afirmar que Marx fue hijo del siglo XIX implica más que su simple localización en el tiempo. Pero, ¿cuánto más?

Sin duda mucho más, pues significa la necesidad de adentrarnos en ese universo cultural, simbólico, para una vez allí, descubrir el conjunto de representaciones, y sus significados, los conceptos, las ideas, los fantasmas y terrores de la época y, en general todo aquello que pueda haberse inscrito en la subjetividad de Marx

Las hipótesis sobre la existencia de vampiros, por ejemplo, eran ideas de circulación corriente en el pensamiento del siglo XIX. Vampiros -en su acepción de fantasmas o de cuerpos reanimados de personas muertas- que vagan por las noches chupando la sangre de sus víctimas hasta causarles la muerte y, de esta forma, propagan el vampirismo (mito vampírico).

El mito vampírico, en realidad, no es una idea originada en este momento histórico, existen pruebas de que el mito vampírico ya era conocido por los antiguos griegos, sin embargo, lo que la hace singular en el siglo XIX es que ésta adquiere, en esa época, ciudadanía literaria de gran peso. 

Así es como las ideas sobre el vampirismo, circulan como sombríos fantasmas que revolotean la sociedad londinense. La publicación de la novela de Bram Stoker, Drácula (1897) y otras tantas que le precedieron (a modo de ejemplo El Vampiro de John Polidori, (1818) son el resultado de siglos de circulación del mito.

No olvide el lector, entonces, que Marx también se encontraba inmerso en esta atmósfera de fantasmas y terror, creada por las ideas circulantes sobre la existencia de vampiros, y reforzadas simbólicamente a través de la literatura de la época.

 

Ahora bien, dejemos un instante a Marx para plantearnos las siguientes preguntas, ¿por qué las ideas sobre el vampirismo sobreviven al tiempo? ¿Qué significado real encierran estas representaciones?

Sin lugar a dudas, el significado es la alusión constante al Mal, a sus modos de encarnar, al terror del hombre de todos los tiempos, a los poderes que considera extraordinarios que lo rebasan, y ante los cuales no puede más que temblar. Además, a lo reciente se agrega que la sordera de las fuerzas de esos poderes es tal, que para el hombre se convierte en más temible que las fuerzas mismas. El espanto engendra más espanto, y los seres humanos no pueden más que declarar su convicción de destruirlas, la victoria sobre los poderes maléficos está anunciada, entonces, desde su propia concepción.

Bajo mi punto de vista, todo esto vehiculiza el mito vampírico a través de su simbolismo, y ésta es la razón por la cual sobrevive al tiempo mismo. El Mal, como encarnación palpable podrá adoptar formas distintas, al igual que la lucha del hombre para combartirlo, pero algo es innegable, ambos temas se presentan como constantes en la historia de la humanidad. 

Por otro lado, Marx utiliza ricas metáforas vampíricas en El Capital precisamente porque Marx no fue impermeable a las hipótesis intuitivas de su época. 

El mito vampírico le sirvió, entonces, como un molde en el que volcar experiencias límites de su presente, y también, como un espejo en el que descubrir el reflejo viviente de sus miedos. Sabemos qué nombre adquieren las experiencias límites y los miedos en Marx, uno sólo: capitalismo. 

Así se expresa Marx en el capítulo ocho de El Capital (Tomo I, pp. 179):

“El capital es trabajo muerto que no sabe alimentarse, como los vampiros, más que chupando trabajo vivo, y que vive más cuanto más trabajo chupa.” 

He elegido esta cita ex profeso como prueba de los desarrollos teóricos que anteceden, y de esta forma podemos observar como Marx emplea el mito vampírico como medio para realizar la crítica al capitalismo y sus efectos. El capital, al igual que los vampiros, es un monstruo, una presencia sobrenatural cuyo carácter excesivo, poderoso, transgredió y sustituyó lo que anteriormente se consideraba el orden natural: la sociedad pre-capitalista. 

El capitalismo posee sus propias leyes, este “vampiro“ en la representación de Marx, tiene el erotismo de todo lo prohibido, debemos tener presente que la succión vampírica es una forma que suple la posesión sexual. En este sentido el capital cumple también con esta característica, según nos asegura Marx en la cita anterior, este posee un instinto ciego y desesperado de saciar su apetito a cualquier costo, por lo tanto, no cesa de succionar trabajo excedente de sus víctimas, los proletarios. 

Podemos observar como este componente sexual, erótico, para mayor precisión, tan característico de las historias de vampiros se traslada al vocabulario de Marx y en otro fragmento del capítulo y la obra ya citada, expresa (op. cit. pp. 219): 

“[…]1860, […], fueron los tiempos orgiásticos del capital.”

Esta situación de integración entre lo erótico y lo macabro, desde un posicionamiento psicoanalítico podría explicarse como la afinidad entre Eros-Thánatos, pulsión de vida- pulsión de muerte. Ambas se mezclan y el límite entre ellas parece borrarse, ya que de la muerte emerge vida (vampiro), esta vida sólo se conserva con más muerte (víctimas), a su vez ésta vuelve a iniciar el ciclo muerte-vida (víctimas convertidas en vampiros) que se repetirá incansablemente hasta la eternidad. Este mismo proceso se evidencia en la actitud del capitalista hacia los proletarios, el primero mantiene su vida a costa de la vida de los últimos.

Sigamos con nuestro análisis, el vampiro del mito, de las leyendas, revela sed y hambre eterna y su desprecio por todos aquellos seres humanos que lo saciarán en su existencia perpetua. El capitalista construye sus sueños sobre la vida de los proletarios y con relación a ellos manifiesta la misma depravada actitud que el vampiro:

“[…]estos patrones (industria del tejido de seda) se pasarán estrujando seda durante diez horas diarias de la sangre de unos miles de niños pequeños[…]” (op. cit. pp232).

En estas palabras de Marx no sólo se manifiesta la comparación con el mito, en la imagen de la sangre, sino que podemos advertir, también, otra intención, la de hacer alusión al vampirismo.

Y aquí haremos un alto, para señalar que en las metáforas, que tan cuidadosamente construye Marx en este capítulo, pueden leerse dos sentidos que se integran. En uno de ellos, debemos ceñir la interpretación que hace Marx del capitalismo en relación con el mito vampírico, éste se evidencia por sus símbolos típicos: figura maléfica, succión, sangre, víctimas, muerte, como ya lo hemos visto. En el otro, en cambio, la intención del autor es referirse al vampirismo con la misma acepción en que figura en los diccionarios.

¿A qué aludimos, entonces, con esta nueva variable? Al campo específico de las relaciones humanas, analizadas desde una clase que se presenta como explotadora, capitalista y otra que es explotada, la obrera.

El capitalista explota al proletario, apropiándose de su trabajo, de su vida, de su alma, aumentando su capital a través de la plusvalía. En este juego maléfico entre dominador y dominado el poder es, obviamente, del capitalista, quién posee y sojuzga a sus víctimas.

Todo lo obtiene el capitalista sin el menor esfuerzo físico ya que se enriquece a costa del esfuerzo ajeno, el de un niño o el de un adulto, al hambre insaciable del capital no le interesa Ia edad de sus víctimas.

Bajo mi óptica, es éste el significado que debemos atribuirle al segundo sentido que Marx vehiculiza a través de las metáforas.

Analicemos, ahora, un recurso indispensable en el mito vampírico y luego su relación en la teoría de Marx; me refiero a la oscuridad. La noche es el momento en que los vampiros actúan, de ahí su importancia tan trascendente en las leyendas sobre ellos. Sin embargo, para la mayoría de los seres humanos la noche, es sinónimo de oscuridad, de tinieblas, de muerte, de poderes maléficos, en suma, de peligro. Veamos, ahora, cómo esto se transfiere al pensamiento marxista.

Marx, hace una crítica severa al capitalista que haciendo gala de su afán desmedido de riqueza, cual vampiro utiliza también la noche para seguir explotando a sus obreros. Estos últimos, terminan sumergidos dentro de sus lugares de trabajo en una noche eterna, pues a causa de su cansancio y las condiciones físicas paupérrimas que presentan, se les borran los conceptos de día y noche. Así, todo se transforma en oscuridad permanente, trabajo excedente y, como consecuente de esto último, en la muerte para muchos de ellos. Marx en El Capital, denomina a las fábricas las “Casas del terror“ porque allí ocurren los sucesos que hasta hace un momento describíamos. Esto no debe ser tomado como un dato más, es importante en cuanto podemos considerarlo como otro influjo de las ideas vampíricas en la teoría marxista. Según creo, en la representación de Marx la “Casa del terror“ haría referencia a la morada donde habita el vampiro. Es indiscutible, que este pensador considera a este último como personificación del Mal, de lo demoníaco y a misma representación se hace del capitalista, una prueba de esto (op. cit. pp. 249):

“[…](el proletario) debe defenderse contra la “serpiente” de sus tormentos[…]”.

La serpiente, ha sido desde la historia bíblica, la forma asumida por el demonio para aparecerse ante los hombres, es símbolo, por tanto, del Mal, de lo diabólico. No es raro, por tanto, debido a la connotación que en sí misma encarna, que Marx la utilice como metáfora con la que aludir al capitalista.

Ahora bien, y como último análisis, si el vampiro/capitalista refieren al Mal, estos se advierten como tal en contraste con lo que se considera el Bien.

El Bien en la teoría marxista está representado por un colectivo, los proletarios. Quienes llevarán a cabo la revolución, y harán posible la sociedad comunista, desterrando para siempre al capitalismo o lo que es lo mismo al Mal.

Lector, ahora sí hemos llegamos al final de nuestra búsqueda, hasta aquí he pretendido mostrar la influencia que ejercieron las hipótesis vampíricas del siglo XIX en la subjetividad de Marx.

Creo haber cumplido el objetivo, pues las pruebas se encuentran en la obra misma de este pensador, como pudimos comprobarlo.

A modo de cierre, sirva una breve conclusión.

Conclusión

¿Por qué fue importante descubrir si el pensamiento de Marx había sido influenciado por la cultura y la visión del mundo propio del siglo XIX? ¿Es este aspecto de relevancia dentro de ese universo económico, de explotación, de capitalistas y proletarios, de impronta revolucionaria, que Marx representa?.

Sin duda, creo que fue muy importante, ya que miradas y abordajes diferentes a la teoría marxista ayudan a que no se pierda la riqueza del pensamiento de Marx.

Pensamiento, que podemos advertir como el resultado de una síntesis dialéctica entre el pensamiento racionalista, científico y materialista de la filosofía de las Luces y del idealismo alemán, junto con esta crítica romántica a la sociedad burguesa.

Y por lo general, de Marx sólo interesa una sola vertiente y se olvida, puntualmente, ese componente romántico.

Aspecto romántico que, además, sirve como una de las causas justificatorias de su adhesión a las hipótesis vampíricas de su época. Me refiero a “una“ de las causas porque, tal vez, sus razones sean mucho más profundas, inconscientes, si se quiere, y ni el mismo Marx, haya podido reparar en ellas. 

Hagamos un ejercicio mental, e interpretemos desde dos corrientes psicológicas diferentes, el porqué de la adhesión de Marx al mito vampírico: desde la teoría del psicólogo Carl Jung, por ejemplo, Marx podría haber adherido, por la presencia en todo ser humano, de lo que este psicólogo llamó “La Sombra“ es decir el Mal. Esta parte oscura en nosotros, se asemejaría a todo Io que de malévolo existe en el vampiro, recordemos que era la forma que asumía el Mal en el siglo XIX. En cambio, desde el psicoanálisis freudiano la explicación sería diferente: Marx adhirió al mito vampírico, quizás porque le sirvió de vehículo para canalizar su pulsión (fuerza o empuje que moviliza a actuar) hacia el capitalismo y materializar su crítica.

En realidad, nunca sabremos sus verdaderas razones y como dijimos anteriormente, tampoco él hubiese podido, en ese momento, dar cuenta de su adhesión, ya que como bien lo expresa Freud en El Porvenir de una ilusión, los hombres viven el presente con cierta ingenuidad sin poder valorar exactamente sus contenidos. 

Lo que sí es cierto, y con esto quisiera cerrar el presente ensayo, es que ningún hombre vive su propia época sin internalizar el “magma“ de ideas, representaciones y significados que en ella se generan; ni siquiera el mismo Marx pudo.

*Publicado originalmente en A parte rei. Revista de Filosofía

Bibliografía

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o Freud, S., El porvenir de una ilusión, en Obras completas vol. XXI, Amorrortu, Buenos Aires, 1992. 

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o Stoker, B., Drácula, Anaya, Madrid, 1992. 

o Villacañas, J.L., La quiebra de la razón ilustrada: Idealismo y Romanticismo, Cincel, Madrid, 1999.

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Una respuesta a Marx, “El Capital” y el Mito Vampírico

  1. licconsuegra dijo:

    Reblogueó esto en licconsuegray comentado:
    Ese Marx era todo un loquillo.

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