El concepto de política en los Cuadernos de la cárcel

SINISTRA procSergio-Premoli GramsciNos guste más o menos, goce de mejor o peor reputación, la política nos acompaña desde la Antigüedad. Lo malo es que junto a tan noble arte también nos ha llegado la politiquería. Gramsci paralelamente a su práctica, le dedicó tiempo y cuartillas a su desarrollo teórico legándonos conceptos como “gran política” versus “política del día” o “catarsis“.

Nos acercamos a ello de la mano del pensador marxista brasileño Carlos Nelson Coutinho, introductor de Gramsci en Brasil e interlocutor de György Lukács. Muy interesante…

A. Olivé

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EL CONCEPTO DE POLÍTICA EN LOS CUADERNOS DE LA CÁRCEL

Carlos Nelson Coutinho

 

Centralidad de la política

Entre los marxistas de su tiempo, Gramsci probablemente fue el único que utilizó de forma positiva el término ciencias políticas o ciencias de la política. Mientras que en los Cuadernos el término sociología siempre aparece con una connotación marcadamente negativa (es conocida la aversión gramsciana a la “sociología marxista” propuesta por Bujarin y su crítica al formalismo y al empirismo de la “sociología“ burguesa), la expresión ciencia política, por el contrario, tiene en sus apuntes una indiscutible acepción positiva. No es difícil notar que uno de los objetivos de los Cuadernos, quizá el más comprometido, es precisamente la elaboración de una “ciencia de la política” adecuada a la filosofía de la praxis, o sea al marxismo. Una de las tareas de los intérpretes de Gramsci es, por tanto, tratar de comprender los motivos y las consecuencias de dicho empleo positivo del término ciencia política, más aún cuando se sabe que Gramsci —como marxista— se coloca mas allá de la falsa división académica del trabajo intelectual que ya existía en su época, por el contrario adoptando en sus investigaciones el “punto de vista de la totalidad“, precisamente aquella apreciación metodológica que según el joven Lukács distingue radicalmente al marxismo de la llamada “ciencia burguesa”.1

Creo que esta valoración positiva del término ciencia política deriva sobre todo del bien conocido y declarado antieconomicismo de Gramsci que lo lleva a repudiar aquellas lecturas del marxismo propias no sólo de la época de la Segunda Internacional, sino también, y quizá sobre todo, las del llamado “marxismo soviético” que tan bien estuvo representado por Bujarin, uno de los principales adversarios polémicos de los Cuadernos.

El compromiso de Gramsci por afirmar el papel creativo de la praxis humana en la historia, su percepción de las “relaciones de fuerza” como momento constitutivo del ser social lo llevan a privilegiar el estudio del fenómeno político en sus diversas determinaciones. Por otro lado, la importancia atribuida por Lenin a la política fue una de las principales razones de la fascinación permanente de Gramsci por la obra teórica y práctica del gran revolucionario ruso, fascinación que inclusive lo orilló a minimizar los indiscutibles puntos de ruptura entre su reflexión y la del autor de El Estado y la Revolución. Y además, no hay que olvidar el hecho de que el análisis de la política siempre ha sido una de las contribuciones más fecundas del pensamiento italiano a la sociedad en un trayecto que va de (a través de muchas diferencias) Maquiavelo y Vico a Mosca y a Croce; y es bien sabido lo mucho que Gramsci estaba ligado, no obstante el irrefutable alcance universal de su pensamiento, al “terreno nacional” constituido por la cultura de su país.

De todos modos, cualesquiera hayan sido los motivos que llevaron a Gramsci a valorar positivamente la “ciencia política“, el hecho es que su obra —aunque enfrenta argumentos variados, hoy clasificables desde el punto de vista académico como filosóficos, antropológicos, sociológicos, estéticos, etc.— sustancialmente se concentra en una reflexión sobre la acción y sobre las instituciones políticas (hegemonía, voluntad colectiva, Estado, Sociedad civil, partidos, etc). En efecto, Gramsci examina todas las esferas del ser social empezando por su relación con la política. A lo largo de todos los Cuadernos son frecuentes las referencias al hecho de que “todo es política”, sea la filosofía, la historia, la cultura, o hasta la praxis en general. En este sentido me parece justa la afirmación del pensador católico brasileño A. R. Buzzi: “La política forma el núcleo central del pensamiento de Gramsci, es lo que le da sentido y articulación a todas sus investigaciones históricas y reflexiones filosóficas”. 2

Además, precisamente la reflexión sobre la “ciencia política” viene a desmentir en la forma más clara una de las más difundidas lecturas de la obra gramsciana, o sea aquella que hace de Gramsci un pensador fragmentario a cuyo trabajo teórico, según ésta, le falta (ya sea por una autónoma decisión metodológica, ya sea por la coerción de las condiciones objetivas bajo las cuales trabajaba) estructura sistemática. Uno de los más recientes y brillantes planteamientos de dicha tesis es la que hace Giorgio Baratta, cuando afirma que en Gramsci el método de investigación y el método de exposición (determinado por Marx en el prefacio al Capital —”todavía no aparecen separados el uno del otro”. 3 No creo que sea así. Me parece que los “Cuadernos especiales” son intentos (no siempre logrados, es cierto) de pasar del método de investigación, propio de los “Cuadernos misceláneos“ al de exposición a través de la creación de una demarcación que va dialécticamente, como en El Capital, de lo abstracto a lo concreto.

Los núcleos de exposición presentes en los Cuadernos (en este sentido marxista) son muchos.

Quisiera presentar un solo ejemplo, tomado precisamente de la reflexión gramsciana sobre política. Gramsci afirma que “el primer elemento de la ciencia y del arte de la política es que hay gobernantes y gobernados-gobernados“. 4 Éste “primer elemento” tiene en los Cuadernos la misma función metodológica que tiene la mercancía en la exposición dialéctica presente en El Capital de Marx: se trata de una figura abstracta (de una “célula“) que contiene potencialmente todas las determinaciones más concretas de la totalidad. El concepto más concreto de la teoría política de Gramsci, o sea el de Estado ampliado (sociedad política + sociedad civil + coerción + consenso + dictadura + hegemonía, etc), tiene todas sus determinaciones —entre otras: cómo se gobierna, por qué se obedece, etc.— ya contenidas en ese “primer elemento“ abstracto, o sea en la relación entre gobernantes y gobernados. Y así como Marx lo hizo con la forma-mercancía, Gramsci muestra la historicidad de este “primer elemento“: también la relación entre gobernantes-gobernados tiene una génesis (en la sociedad de clases) y por tanto una posibilidad de superación (en las “sociedades reguladas“, sin clases, o sea en el comunismo). Si se quiere insistir en el parangón con Marx, se puede decir que los Cuadernos contienen al mismo tiempo los Grundrisse (los “Cuadernos misceláneos“) y los primeros esbozos de El Capital (los “Cuadernos especiales”).

Me parece que se cumple con esta centralidad de la política en las reflexiones presentes en los Cuadernos; de hecho son muy pocos los analistas de Gramsci que la rechazan explícitamente, aunque las interpretaciones pueden ser muy diversas entre sí. Pero precisamente esa casi unanimidad puede motivar una posible objeción de parte de aquellos adversarios de Gramsci llamados “marxistas”; ¿acaso la elección de un “punto focal” político en oposición al unilateralismo economicista no habría dañado la formulación teórica general de Gramsci, haciéndole abandonar el “punto de vista de la totalidad” y así adaptar otra visión unilateral, justamente la que se podría denominar “politicista”? El rechazo de esta objeción requiere una elucidación, aunque sumaria, de la dimensión ontológica del concepto de política contenido en los Cuadernos de la cárcel.

Gramsci, crítico de la política

En los Cuadernos Gramsci emplea el concepto de política en dos principales acepciones, las cuales podrían llamarse “amplia” y “estrecha”. En su acepción amplia, política está identificada con libertad, con universalidad, o con mayor precisión, con todas las formas de praxis que superan la simple recepción pasiva o la manipulación de los datos inmediatos de la realidad (recepción y manipulación que marcan gran parte de la praxis técnico-económica y de la praxis cotidiana en general, dirigiéndose conscientemente, por el contrario, hacia la totalidad de las relaciones subjetivas y objetivas. Según dicha acepción (es justo decirlo, de acuerdo con Gramsci, ya que esto corresponde a la realidad ontológico-social), todas las esferas del ser social han sido atravesadas por la política, o sea que todas ellas contienen a la política como elemento real o potencial ineliminable. Se puede entender mejor este planteamiento si se observa que, en dicha acepción de tipo amplio, “política” para Gramsci es sinónimo de “catarsis” definida de la siguiente manera en los Cuadernos:

se puede emplear el término “catarsis” para indicar la transición del momento puramente económico (o egoísta-pasional) al momento ético-político, o sea la elaboración superior en la conciencia de los hombres de la estructura en superestructura. Eso también significa el paso de lo “objetivo a lo subjetivo” y de la “necesidad a la libertad“. La estructura da fuerza exterior que aplastar al hombre, lo asimila a sí, lo hace pasivo, se transforma en medio de libertad, en instrumento para crear una nueva forma ético-política en origen de nuevas iniciativas. La fijación del momento “catártico” se convierte de este modo, según me parece a mí, en el punto de partida para toda la filosofía de la praxis: el proceso catártico coincide con la cadena de síntesis que resultó del desarrollo dialéctico. 5

Aquí se indica con claridad el momento del pasaje del determinismo económico a la libertad política. Una manifestación emblemática de “catarsis” sería, por ejemplo, el proceso por medio del cual una clase supera sus intereses económico-corporativos inmediatos y se alza hacia una dimensión universal, ético-política, que viene a ocupar el lugar del origen de “nuevas iniciativas“. En otras palabras, se puede decir que sería “catártico” el momento en el cual la clase, gracias a la elaboración de una voluntad colectiva, deja de ser un simple fenómeno económico y se convierte en sujeto consciente de la historia. He aquí el equivalente gramsciano del pasaje de “clase en si” a “clase por si“ (Marx) o de aumento de la conciencia sindical a la conciencia político-universal (Lenin). Según Gramsci, si una clase social no logra realizar dicha “catarsis” no puede convertirse en clase nacional, o sea, no puede representar los intereses universales de un bloque histórico, y por consiguiente, no puede conquistar la hegemonía en la sociedad.

Pero la dialéctica de la conciencia de clase no es por nada la única acepción del concepto gramsciano de “catarsis”, o sea de “política” en un sentido amplio. De hecho, es ontológicamente justo decir que todas las formas de praxis, incluidas las que no tienen relación directa con la formación de la conciencia y de la acción de las clases sociales, implican ese potencial del “momento catártico“, o sea, el potencial del pasaje de la esfera de la manipulación inmediata —de la recepción pasiva de la realidad— a la dimensión de la totalidad, del cambio activo del mundo social. En otras palabras, de un pasaje de la conciencia “egoísta-pasional” (puramente particular) a la conciencia “ético-política” o universal (a la conciencia de nuestra participación en el género humano). 6 En los Cuadernos Gramsci presenta muchos ejemplos de este “momento catártico” en diversas esferas del ser social, desde el terreno de las ideologías (pasaje del sentido común heteróclito a buen sentido crítico y a un concepto del mundo orgánico, como en la “filosofía sistemática de los filósofos”) hasta el del arte y de la literatura (elaboración estética de una perspectiva “nacional-popular”, realmente universal-concreta, y ya no sólo abstractamente “cosmopolita”, etcétera).

Sin embargo, lo que aquí más interesa es subrayar que Gramsci observa la manifestación de este “momento catártico” incluso al interior de la misma praxis política ya entendida en su sentido “estrecho”. Gramsci efectivamente hace una importante distinción de categoría, por un lado, entre la “gran política” que “comprende las cuestiones asociadas con la fundación de nuevos Estados, con la lucha contra la destrucción, la defensa, la conservación de determinadas estructuras orgánicas económico-sociales“; y por el otro la “pequeña política (la política de cada día, la política parlamentaria, de corredor, de intriga), aquella que incluye “las cuestiones parciales y cotidianas que se dan al interior de una estructura ya establecida por la lucha de preeminencia entre las diversas fracciones de una misma clase politica”. 7 La “pequeña política” podría ser fácilmente identificada con la praxis manipulatoria, pasiva, que experimenta el determinismo en vez de enfrentado, mientras que la “gran política” —que como aquella propuesta por Maquiaveloquiere crear nuevas relaciones de fuerza y por ello no puede ocuparse del ‘debe ser‘, obviamente no entendido en el sentido moralista“— 8 es el momento de la afirmación de la teleología, de la libertad. En este sentido se puede decir que el supuesto “panpoliticismo” de Gramsci no es más que percepción dialéctica y materialista de una característica ontológica esencial del ser social: del hecho de que esta específica modalidad de seres el resultado de la articulación entre determinismos y libertad, causalidad y teleología o “deber ser“. 9

Como se dijo, más allá de esta acepción amplia, Gramsci presenta en los Cuadernos un concepto estrecho de política, la de la llamada ciencia política, uno que involucra el conjunto de las prácticas y objetivaciones directamente ligadas a las relaciones de poder entre gobernante y gobernados. Y bien, si en su acepción amplia, es decir, en la de “catarsis” la política es un momento ineliminable y constitutivo de la misma estructura ontológica del ser social, en la segunda la política es algo históricamente pasajero. O sea, Gramsci no es un “politólogo” y menos uno con desviaciones politicistas. sino un crítico de la política; en el mismo sentido en que Marx no es un “economista” y menos economicista, sino un crítico de la economía política.

Marx estudia las leyes del capital no sólo para encontrar su nexo inmanente en su estructura sincrónico-sistemática, sino también y sobre todo para demostrar que esta estructura no es algo natural, eterno, sino una formación social con génesis histórica propia, presupuestos no capitalistas que son momentos estructurales de la reproducción del mismo capital y que contienen en su interior contradicciones que tienden a su superación igualmente histórica. El empleo de la expresión “crítica de la economía política” tiene un sentido preciso: recoge de la ciencia económica clásica no pocos conceptos, los somete a una crítica ontológica y los pone en relación con la totalidad social y con el devenir histórico. 10 Estos conceptos de ciencia económica devienen parte de otro sistema teórico donde las leyes del capital pierden su carácter natural fetichista y se convierten en momento de un proceso histórico, resultado de la acción de los hombres y, por tanto, capaces de ser superados por esta misma acción.

Siguiendo a Marx, Gramsci asume la misma posición frente a la ciencia de la política. Si Marx reconoce los conceptos de mercancía y valor como los puntos de partida de su propia reflexión, también Gramsci sabe que en la esfera de la praxis y de las instituciones políticas —según Maquiavelo hasta Mosca— , el primer elemento es que existen de veras gobernantes y gobernados, dirigentes y dirigidos. Toda la ciencia y el arte políticos se basan sobre este hecho primordial, irreductible en ciertas condiciones generales. 11 Igualmente para Gramsci no es un hecho natural y eterno (Q 17 52).

Esta visión historicista lo lleva a dialectizar su primer elemento y en consecuencia formular estas preguntas de importancia metodológica crucial: “Se quiere que haya siempre…” 12 Gramsci adopta, sin duda, la segunda alternativa y deviene evidente que para él el primer elemento de la política, como para Marx la célula mercancía y su forma valor, no es un hecho natural y eterno sino un proceso histórico. 13

Pues bien, la historicidad de la política, concebida como “organismo en desarrollo” no se refiere únicamente a sus categorías estructurales-inmanentismo que es la misma esfera política (en su sentido estrecho, o sea como relación entre gobernantes y gobernados) la que tiene, según Gramsci, un carácter histórico. 14 Esta esfera tiene una génesis histórica, ya que la política únicamente existe cuando hay gobernantes y gobernados, dirigentes y dirigidos: y esta visión no resulta de la “naturaleza humana” sino de relaciones sociales históricas concretas (o sea, “en último análisis“, dice Gramsci, ésta se remonta “a una división de grupos sociales”, o sea a la división de la sociedad en clases). 15 Para Gramsci tal división no siempre fue ni será, ya que podrá desaparecer en la “sociedad regulada” (comunista), en la cual será superada la división de la sociedad en clases antagónicas. Efectivamente, en esa “sociedad reguladaGramsci supone que “el elemento Estado-coerción (se podría decir, también, la división entre gobernantes y gobernados) se puede imaginar como algo extinguible a medida que se afirman elementos cada vez más conspicuos de sociedad regulada (Estado-ético o sociedad civil)“. 16

Según Marx, en el comunismo la sociedad tendrá que absorber la esfera económica en el sentido de someter sus leyes espontáneas y anárquicas al control consciente y planificado de los productores asociados; para Gramsci, de manera análoga, el comunismo se caracteriza por el hecho de que la sociedad civil (o Estado-ético) deberá absorber al Estado-coerción (o Sociedad política), ya que las funciones de este último se resolverán en las relaciones conscientes y consensuales de la sociedad civil. En fin, si Marx no cree en el homo oecononicus de las teorías económicas “clásicas” o “vulgares”, dotado de una innata lógica “calculadora”, Gramsci igualmente rechaza la existencia “natural” de homo politicus, el cual según la “ciencia política” burguesa de Hobbes a Weber, estaría marcado por una innata “voluntad de poder” o de “prestigio”.

En resumidas cuentas, el presunto “politicismo” que tantos intérpretes atribuyen a Gramsci no tiene verificación en los textos de los Cuadernos. Entendida en su sentido amplio como “catarsis“, la política es una determinación ineliminable de la praxis humana, y por consiguiente, cuando Gramsci dice y confirma que “todo es política“ no ejerce violencia a lo real, sino que indica un aspecto esencial del ser social, o sea el momento de la articulación entre subjetividad y objetividad, entre libertad y causalidad, entre particularidad y universalidad. Y cuando la política se entiende en su sentido “estrecho”, o sea, como relación de poder entre gobernantes y gobernados, propio de la “ciencia política” incluso de su tiempo, Gramsci lo muestra como algo que será dialécticamente superado, aufheben (conservado, eliminado y elevado a un nivel superior) en la “sociedad regulada“, en el comunismo. Por eso podemos decir que Gramsci no es un “científico político“, un politólogo, sino, en el sentido estrechamente marxista de la expresión, un crítico no sólo de la política como relación entre gobernantes y gobernados, sino más bien de la “ciencia política” tal como fue construida en la modernidad.

Las relaciones entre política, economía y totalidad social

Si Gramsci somete la “ciencia política” a una crítica ontológica esto significa que no solamente la historia sino que, en consecuencia, la relaciona con la totalidad social. Esta adopción del “punto de vista de la totalidad” significa que no descuida la cuestión decisiva para el marxismo de las relaciones entre política y economía, o en otras palabras, entre superestructura y estructura. No me parece cierto, como creen muchos intérpretes, sobre todo aquellos que se quieren alejar del marxismo, que él plantee a la política sobre la economía, es decir, que invierta la prioridad ontológica de la estructura frente a la superestructura, así como fue establecida por Marx y Engels. 17

Sin embargo, para evitar malentendidos hay que definir con exactitud lo que Gramsci, siguiendo a Marx, entiende por “economía”. Él entendió bien la lección de Engels, quien en la reseña de un libro de Marx dijo: “La economía no trata de cosas sino de relaciones entre personas y, en última instancia, entre clases, si bien estas relaciones sean siempre ligadas a cosas y aparecen como cosas“. 18 Gramsci rechaza de este modo con énfasis la reducción de la economía a relaciones técnicas de producción hecha entre otros por Bujarin y Loria, que por eso precisamente son criticados duramente en los Cuadernos. La estructura económica no es la esfera de la pura producción de objetos materiales, de cosas, sino el modo con el cual los hombres establecen su “metabolismo” con la naturaleza y producen y reproducen no sólo estos objetos materiales sino sobre todo sus mismas relaciones sociales. 19

Se puede ver así que Gramsci identifica la estructura económica con el “conjunto de relaciones sociales”, o sea, con la totalidad. Pero al contrario de Hegel y otra vez siguiendo a Marx, la dialéctica de Gramsci no es idealista sino materialista: él sabe que la totalidad no se agota sólo en la acción reciproca de sus momentos, sino contiene siempre además lo que Marx en la Introducción a los Grundrisse llamó übergreifendes moment, o sea, “momento”. “La estructura y las superestructuras —dice Gramsciforman un bloque histórico, o sea el conjunto complejo y discorde, contradictorio, de las superestructuras; son el reflejo del conjunto de las relaciones sociales de producción”. 20 Se ve así que “el momento prevaleciente” en la totalidad histórica es precisamente “el conjunto de las relaciones sociales de producción” del cual “el conjunto de las superestructuras sería el reflejo”. (Gramsci sabe que éste no es un mero epifenómeno sino algo que tiene espesor ontológico-social; hay muchos pasajes de los Cuadernos donde él habla de la “solidez” de las ideologías). 21 

Esta prioridad ontológica de la estructura aparece no sólo en muchos análisis concretos de Gramsci sino también en un parágrafo que ofrece uno de los principales cánones metodológicos de la “ciencia política” gramsciana, aquel dedicado al análisis de las situaciones: “relaciones de fuerza“. De aquí empieza a fijar al momento objetivo de esta relación, el que se manifiesta en el ámbito de las condiciones económicas “estrechamente ligado a la estructura, objetivo, independiente de la voluntad de los hombres que puede ser medido con los sistemas de las ciencias exactas o físicas”. 22 Solamente después se puede analizar la relación específicamente política de las fuerzas sociales donde los factores subjetivos tienen un papel determinante; a este nivel en efecto lo que cuenta es el “grado de homogeneidad, autoconciencia y organización alcanzado por los varios grupos sociales… momento que puede ser a su vez “ubicado y analizado en varios grados que corresponden a los diversos momentos de la conciencia política colectiva que van de la fase económ¡co-corporativa a la estrictamente política“. 23 

En la conclusión de la nota sobre “catarsis” se puede ver cómo la acción política se desenvuelve para Gramsci en el ámbito de las determinaciones impuestas por la estructura: “El proceso catártico…”. 24 En otras palabras, el momento catártico, el de la libertad, de la teleologia, del deber ser, de la iniciativa del sujeto, en fin, de la política. No es creación absoluta, no obra en el vacío sino al interior de las determinaciones económico-objetivas que limitan sin cancelar los márgenes de actuación de la libertad. Como en los clásicos, también en Gramsci la economia determina a la política no por la imposición mecánica de resultados unívocos, fatales, sino delimitando el ámbito de las alternativas que se plantean de vez en vez a la acción del sujeto.

Esta prioridad ontológica de la estructura, por una parte, es confirmada frente a la politica en sentido amplio, o sea, por la catarsis que se presenta como una posición teleológica que sale de la causalidad para efectuar el “paso de lo objetivo a lo subjetivo y de la necesidad a la libertad”. 25 Y por otra, dicha prioridad se confirma por la política en sentido estrecho: no sólo en el análisis de las relaciones de fuerza —quizás el centro de la ciencia política gramsciana— empieza la consolidación de las condiciones económicas, sino hasta se puede decir que toda la esfera de la política cuyo primer elemento es la división entre gobernantes y gobernados, depende en última instancia de determinaciones estructurales, económicas. De hecho, la génesis de este primer elemento llega a la división de la sociedad en clases antagónicas, una división producida por la economía entendida como “el conjunto de relaciones sociales“, o sea como una esfera que comprende no sólo a las “fuerzas productivas“, sino también “las relaciones sociales de producción“, esto es, para usar la terminología de Habermas, no sólo el “trabajo” sino también “la interacción“. 26

Me parece que en este terreno se puede encontrar otra importante contribución de Gramsci a la antología del ser social, y más especialmente a la ciencia política del marxismo. Como se sabe, Marx insistió sobre el hecho de que el proceso de socialización de la producción en la generación de una disminución del tiempo de trabajo socialmente necesario comporta al mismo tiempo un “retraso de las barreras naturales“, o sea, una ampliación del ámbito de la libertad humana frente a las ineliminables determinaciones naturales. 27 Hasta se puede decir que la socialización de la producción reduciendo la jornada de trabajo y agrupando grandes conglomerados humanos está en la base de los procesos de socialización de la participación política, de la creación de un gran número de sujetos políticos colectivos; es decir, está en la base de lo que Gramsci llamó la “sociedad civil“. 28

Esto significa que si al proceso de socialización de la producción corresponde un “tendencial retraso de las barreras naturales“, una más grande autonomía de la praxis humana frente a la coerción de las leyes naturales, resulta a su vez de la socialización de la política lo que se podría llamar “atraso de las barreras económicas”, o sea, ampliación de la autonomía y de la influencia de la política sobre la totalidad de la vida social, Cuanto raras se amplía la socialización dela politica y con ello la sociedad civil, tanto más los procesos sociales serán determinados por la teleologia de la voluntad colectiva y tanto menos será coercitiva la causalidad automática de la economia. 29

Gramsci entendió muy bien este hecho histórico-ontológico que está hasta en la base de uno de los puntos mas altos de su ciencia política, o sea, la formación de una estrategia especial de transición al socialismo en las sociedades más complejas, occidentales. Ya en 1926, poco antes de su arresto, observaba: “En los países de capitalismo avanzado la clase dominante posee reservas políticas y organizativas que no poseía, por ejemplo, en Rusia. Esto significa que también las crisis económicas gravísimas no tienen repercusiones inmediatas en el. terreno politico”. 30 En los Cuadernos, cuando el concepto de sociedad civil apenas elaborado le permite dar una concreción más grande a la formulación del 1.926 polemiza contra el economicismo de Luxemburg observando que en los “Estados avanzados… la sociedad civil devino una estructura muy compleja y resistente a las irrupciones catastróficas del elemento económico inmediato (crisis, depresiones, etc); las superestructuras de la sociedad civil son como el sistema de las trincheras en la guerra moderna“. 31

Por tanto, al contrario de lo que supone el marxismo economicista, el modo en que se relacionan economía y política no está dado una vez por siempre: el modo de articulación entre las dos esferas, su papel de momento relevante que ejerce sobre la otra en el seno de la totalidad del ser social, depende de las características concretas de la formación social en cuestión, por lo que nos encontramos delante de una relación históricamente cambiante. Si los hombres de una sociedad primitiva son enteramente impotentes frente a las consecuencias de una catástrofe natural, lo mismo no sucede en una sociedad más evolucionada donde el desarrollo de las fuerzas productivas y de la técnica hace posible una lucha eficaz contra ello, o sea, produce un “retraimiento de las barreras naturales”. Lo mismo no es el papel de la economía en las formaciones donde la sociedad civil es primordial y gelatinosa. en Oriente, y aquellas donde “entre el Estado y la sociedad civil hay una relación justa“, es decir, en Occidente. 32 Mientras en las primeras los hombres son más atomizados y se orientan según una espontaneidad “egoísta-pasional”, lo que los hace más vulnerables a la acción de los hechos económicos, en las segundas la presencia de una sociedad civil desarrollada que es mediación consciente entre el mundo de la economía y las instituciones  del Estado en sentido estrecho, crea una serie de trincheras y fortalezas entre lo económico y lo político, o en otras palabras, promueve un “retraimiento de las barreras económicas“.

Esta justa relación ontológica entre economía y política establecida por Gramsci, no sólo le permite fundar de modo metodológicamente adecuado sus varios análisis concretos de la totalidad social, sino que representa también un desarrollo de los principios generales del materialismo histórico. Es verdad que los “fundadores de la filosofía de la praxis“, al contrario de tantos de sus epígonos, indicaron casi siempre las mediaciones entre economía y política rechazando las lecturas mecanicistas de la primacía de la economía; pero es igualmente verdad que ellos no desarrollaron de forma sistemática el modo con el cual estas mediaciones se determinan históricamente, o sea sufren cambios en función de rasgos concretos de la formación social correspondiente, en función del grado de socialización de la política y de autonomía y complejidad de la sociedad civil. 33

Nos encontramos frente a un nuevo e importante descubrimiento ontológico de Gramsci que es parte de tantas contribuciones suyas a la ciencia política de la filosofía de la praxis. Podemos además decir que en los Cuadernos está la más lúcida elaboración de una ontología marxista de la praxis política.

NOTAS

1. G. Lukács, Storia e conscienza di classe, Milán, 1973, p. 35.

2. A. R. Buzzi, La théorie politique d’Antonio Gramsci, Louvaina-Paris, 1967, p. 187.

3. G. Baratta, Le rose e i quaderni, Roma, 2000, p. 108. Sobre la diferencia entre método de investigación y método de exposición, cfr. Marx, El Capital, varias ediciones.

4. Q 15 (4).

5. Q 10 (6).

6. El concepto de catarsis con la misma acepción de particularidad a la universalidad, pero referida a las esferas de la ética y de la estética, ocupa un lugar decisivo en G. Lukács, Estética, Einaudi, 1970, vol. I, pp. 762-795.

7. Q 13 (6).

8. Q 13 (15).

9. G. Lukács, Per l’ontologia dell’essere sociale, Roma 2 vol., 1976-1981.

10. Sobre el concepto de crítica ontológica, cfr., ibid., vol. 2 pp. 283-319.

11.  Q 15 (4).

12. Q 13 (19).

13. Q 15 (4). Esta afirmación no deja dudas sobre el hecho de que Gramsci se alejaba de la “ciencia política” de su tiempo como de la de Mosca con la misma radicalidad con la que Marx se alejaba de la economiza política de Smith y Ricado. Me parece absolutamente injustificable por ello la posición de un estudioso que queriendo defender la hipótesis insostenible de que la ”la teoria política gramsciana sea en gran parte una critica constructiva a un desarrollo critico de la de Mosca” pretende justamente que “Mosca parece teorizar la eternidad e inmutabilidad de este hecho -la división entre gobernantes y gobernados mientras Gramsci parece presuponer lo opuesto”, pero concluye rápidamente
que “esta diversidad es quizás sólo aparente” (Maurice A. Finocchiaro. “Gramsci e G. Mosca“, en Gramsci e l’Italia. R. Giacomini. D. Losurdo y M. Martelli, Nápoles. 1994. pp. 114 y 120.

14. Como vimos, Gramsci no reduce la politica a su dimensión estrecha sino que la concibe como catarsis. Se podría decir que en esta dimensión “amplia” la politica es también momento privilegiado de la interacción intersubjetiva de consenso entre los hombres y, por tanto, parte ineliminable de la ontologia del ser social. Cfr C. N. Coutinho. “Volontá generale e demociazia in Rousseau, Hegel e Gramsci“, en Gramsci e il Novencento. G. Vacca, Roma. 1999. vol. 2, pp. 291-312.

15. Q 15 (4).

16. Q 6 (88).

17. Sobre “prioridad ontológica” cfr. Lukács, Per l’ontologia dell’essere sociale, op. cit, vol. I, pp. 261-320.

18. Engels, A contribuçao a critica da economia politica. Obras escolhidas, op. cit. vol. I, p. 361.

19. Q 11 (29).

20. Q 8 (182). Sobre el momento “prevaleciente”, cfr. Marx, Einleitung zur Kritik der politischen Ökonomie, Paris, Editions Sociales, 1974, p. 140; y G. Lukács, Per l’ontologia dell’essere sociale, op. cit., vol. I, p. 314 y ss.

21. Entre otros, Q 11 (29).

22. Q 13 (17). Gramsci alude evidentemente al Prefacio de La crítica de la economía política de Marx, donde este habla del “sacudimiento material de las condiciones económicas que puede ser constatado  con la precisión de las ciencias naturales”.

23. Q 13 (17).

24. Q 10-11 (6).

25. Esta relación ente objetividad y subjetividad se manifiesta con evidencia en uno de los principales conceptos de Gramsci, el de voluntad . Cfr, Q 11 (59).

 26. Entre los textos del filósofo alemán cfr. Jürgen Habermas, Travail et interaction, Paris 1973, , pp. 163-211. Aquí no se pueden ver las diferencias entre Gramsci y Habermas.

27. G. Lukács, Per l’ontologia…, op. cit., vol. I, p. 335

28. C. N. Coutinho, “La societá civile in Gramsci e il Brassile di oggi“, en Critica marxista, nums. 3-4, 2000, pp. 67-73.

29. Para Lukács, y ciertamente para Gramsci, también este desarrollo tiene su máxima expresión en el comunismo. G. Lukács, L’uomo e la democracia, Roma 1987, pp. 62-63.

30. A. Gramsci, Un esame della situazione italiana, en La costruzione del Partito Comunista 1923-1926. Einaudi, 1971, p.121.

31. Q 13 (24).

32. Q 7 (16).

33. Digo de forma sistemática porque creo que al menos Marx intuyó el problema. Cfr. Il Capitale, op. cit., p. 99.

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