Aproximación a la interpretación del carácter fetichista del dinero

Vamos despidiéndonos de abril y vemos asomar el día por antonomasia del movimiento obrero, el 1º de mayo. Un Primero de mayo que debería ser más reivindicativo , más combativo que nunca. Y sobran los motivos: ni empleo digno, ni condiciones de vida dignas mientras que otros como el BBVA un beneficio de 1.536 millones de euros entre enero y marzo de 2015, un 146,2% más que en igual periodo de 2014.dinero proc

Y a eso nos vamos a dedicar. El ensayo de Francisco Javier Ortega que difundimos hoy, apela a algunas reflexiones de Carlos Marx para presentar una particular perspectiva del dinero, en donde éste se relaciona con los marcos conceptuales de la crítica de la economía política (enajenación, fetichismo, trabajo, valor, producción, distribución, cambio y consumo, etc.). Igualmente, se presenta de manera crítica, desde algunos autores contemporáneos, la relación que tiene el dinero en la conformación de las sociedades humanas individualistas, que caracterizan culturalmente la época actual. ¿Vamos pues?…

Salud. A. Olivé
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APROXIMACIÓN A LA INTERPRETACIÓN DEL CARÁCTER FETICHISTA DEL DINERO

Francisco Javier Ortega

.¿Oro?, ¿oro cobrizo, brillante, precioso?… En profusión,
habrá de tornar blanco al negro; hermoso al feo; lo falso,
verdadero; noble al ruin; mozo al viejo, y al cobarde, valeroso.
[exclamdown]¡Oh, dioses! ¿Por qué, qué es esto? Porque él
apartará de vuestro lado sacerdotes y servidores; retirará
la almohada de debajo de la cabeza de los hombres más
robustos: este amarillo esclavo va a unir religiones y
escindirlas, enaltecer a los malditos, hacer que se adore a la
lepra blanquecina, sentar a los ladrones en los escaños del
senado y otorgarles títulos, genuflexiones y beneplácitos;
él es el que procura nuevas nupcias a la viuda achacosa…
Vamos, tú, cieno maldito, puta común del género humano..
(Shakespeare, .Timón de Atenas.)

 

1- PRESENTACIÓN

El enfoque estructuralista sirve de base metodológica para la interpretación de algunas reflexiones entorno al dinero, puesto que supone que la realidad es movimiento y cambio constante, se transforma en su devenir, es fuego incandescente, como lo había percibido y dicho Heráclito; en ocasiones se transformará de la noche a la mañana, en otras, en procesos de transición (en construcción, deconstrucción o destrucción), que pueden tener una larga duración. La realidad social así como cada uno de sus elementos – para el interés de este ensayo: el dinero- es cambiante y en su dinámica se somete a reglas y leyes, que conllevan a estados de posiciones periódicas en equilibrio relativo entre los elementos de la sociedad (por ejemplo el dinero en el capitalismo). Pero en ese estado de equilibrio relativo no hay ausencia de todo cambio, sino la duración relativa de sus formas y relaciones recíprocas entre sus elementos. En este sentido, el dinero es la síntesis de diferentes determinaciones, es resultado de unas circunstancias históricas en las formas que toman las relaciones sociales. Teniendo en cuenta estas consideraciones, se asume que el dinero es una categoría o un elemento de la estructura social, que supone a partir de él, otros elementos y categorías que definen su misma existencia; él no puede existir de otro modo más que bajo formas de relaciones, interrelaciones, conexiones, mediaciones, equiparaciones etc., que se generan en la dinámica social.

El dinero se manifiesta de distintas maneras, según la civilización que lo use con sus particulares contextos sociales; incluso han existido diferentes civilizaciones que nunca lo usaron, tal como sucedió en las sociedades indígenas de Sur América. Pero desde hace más de dos mil años ha sido usado en algunas sociedades que conforman el bloque continental de Europa y Asia. En épocas de comunidades primitivas se le daba un uso muy restringido de acuerdo con las más urgentes necesidades derivadas de la carencia de alimentos. En la moderna sociedad occidental, el dinero no se puede asumir como una simple e independiente categoría, desde la cual se puedan configurar marcos conceptuales que den cuenta de la estructura social, pues, él como categoría económica se determina contextualmente, es decir, es resultado de la forma como se piensa el mundo. Esto se asume como verdadero, en la medida en que la totalidad social 1 es producto del pensamiento estructural que asume a la sociedad como un todo, en donde el interés de analizar una categoría económica, lleva implícito la necesidad de relacionarla con otras categorías que definen la dinámica social.

Por tanto, hay que precisar que el dinero es un elemento o categoría económica social que se configura de acuerdo con las relaciones que en ésta se presentan, más específicamente, en relaciones concretas manifestadas en la producción, distribución, cambio y consumo, que a la vez, determinan toda la superestructura política, jurídica e ideológica. No se podría deducir ni inducir que si existe dinero, entonces, existen otras determinaciones categóricas de la sociedad, tal como el capital, la propiedad privada, contabilidad, etc., ya que es el conjunto integrado de todos los elementos el que lo dota de existencia propia.

El dinero existió históricamente antes que se consolidara el sistema económico capitalista, antes que existiera contabilidad por partida doble, o incluso antes que se conformaran los primeros bancos en civilizaciones antiguas, pero a pesar de ello, nunca llegó a constituirse como un elemento primordial de esas sociedades, ya que en aquellas el dinero no era objetivo general de acumulación. Nuestra sociedad le entrega al dinero un status especial dentro de las relaciones de su dinámica, una importancia tan relevante que desbordaría toda imaginación de pensadores del pasado. En principio él desempeñó papeles útiles en las relaciones entre comunidades, y posteriormente lo hace entre individuos; es de recordar que entre los miembros de una comunidad primitiva no se usaba la forma dinero, sin embargo, si se usaba entre conjuntos comunitarios, pero solo en los que se caracterizaban por tener vínculos comerciales, es decir no se usaba internamente entre individuos, solo en las relaciones externas de comunidades.

Aunque el dinero haya desarrollado algunas funciones en antaño, como las que ejecuta hoy, se debe precisar que no alcanzó, o mejor, no impregnó todas las esferas de la sociedad, tal como se verá más adelante, puesto que las relaciones entre los individuos de sociedades anteriores, se definían a partir de un mundo de espectros míticos religiosos simbólicos que sostenían la base cultural de los diferentes pueblos. La naturaleza humana a pesar que entendía su mundo desde fuerzas míticas, no involucró al dinero con esos matices de apariencia tal como lo hace hoy, pues, se usaba de una manera muy concreta, no con fin especulativo ni como objetivo de riqueza, y además no poseía poderes sobrenaturales tal como se los entrega la sociedad contemporánea.

Pero, ¿por qué el dinero y no otro elemento de la sociedad es el objeto de estudio de este ensayo? La propuesta es realizar algunas reflexiones que den muestra de las consideraciones teóricas que determinan y definen la categoría del dinero, particularmente desde perspectivas presentadas en Carlos Marx y algunos teóricos contemporáneos. Esto implica comentarios de algunas categorías económicas presentadas por la economía política, tales como: producción, consumo, distribución y cambio, política e ideología. En esta medida se pretende que a partir del análisis del dinero, se realice un aporte al entendimiento de las modernas sociedades desde diferentes perspectivas. Si el dinero es histórico y socialmente creado, se hace necesario entonces incursionar en la lectura de algunos teóricos contemporáneos que definen la sociedad postmoderna, con el fin de relacionarla con las perspectivas dinerarias, a lo cual, este ensayo apela grosso modo a algunas de las más importantes consideraciones que desde la teoría contemporánea se pueda dilucidar. No solo desde la economía política y la economía en general se puede analizar la categoría económica del dinero, pues, al contrario de lo que piensa Marx en su juicio: .el capital es la potencia económica de la sociedad burguesa que lo domina todo, 2 entendiendo que la sociedad y sus elementos primordiales se analizan desde la crítica a la economía política, esto no es suficiente para excluir los análisis realizados por otras disciplinas como la antropología, pues, al contrario de esa premisa marxista, la misma economía está obligada a seguir los avances epistemológicos presentados en otras disciplinas para aportar a su entendimiento.

2- EL DINERO EN EL CONTEXTO DE LA MODERNIDAD: CONSIDERACIONES DESDE LA PERSPECTIVA MARXISTA

La modernidad, tal como lo describe Marx y Engels (1971) y Berman (1991), trae consigo las más grandes transformaciones de la sociedad, entra con un tono apocalíptico, de drama y trauma histórico. Se manifiestan procesos sociales en permanente cambio y transformación, donde el sistema social feudal es conllevado a hecatombe. El pensamiento moderno dirige una luz hacia los rincones oscuros de la sociedad premoderna, propone un acontecer revolucionario que absorbe y destruye todas las formas románticas, idílicas, patriarcales, religiosas, de servidumbre, patronales, artesanas, en fin, todas las relaciones sociales mediante la cual se determinaba la Edad Media. Se impone un modelo secular de producción y consumo de estilo cosmopolita. “El ámbito de los deseos y las demandas humanas se amplía muy por encima de las capacidades de las industrias locales, que en consecuencia se hunden. La escala de las comunicaciones se hace mundial, y aparecen los medios de comunicación de masas tecnológicamente sofisticados. El capital se concentra cada vez más en unas pocas manos, los campesinos y artesanos independientes no pueden competir con la producción en serie capitalista, y se ven forzados a abandonar la tierra y cerrar sus talleres. La producción se centraliza y racionaliza más y más en fábricas sumamente automatizadas. (La situación no es diferente en las zonas rurales, donde las explotaciones se convierten en “fabricas de campo”, y los campesinos que no abandonan el campo se ven transformados en proletarios agrícolas.) Grandes cantidades de pobres desarraigados llegan a las ciudades, que experimentan un crecimiento casi mágico -y caótico- de la noche a la mañana” (Berman, 1991: 85).

Muchos son los determinantes históricos que conllevan a esas transformaciones sociales que cambian el paisaje feudal e influyen en la estructura de los principales elementos de la Edad Media, tal como la Iglesia, el Estado, la cultura, el sistema de servidumbre, las formas de cambio, producción y consumo. Algunas determinaciones históricas son entre otras: el descubrimiento de América; la gestación de la ciencia mecanicista en astronomía y física; el desarrollo de un sistema mercantilista entre diferentes naciones de Europa, Asia y América, que cambian las viejas formas de las relaciones económicas por otras que se presentan mediadas por el discurso de la razón; la ciencia positiva adoptada como una actitud burguesa; la política y los avances en la industria.

En épocas anteriores a la modernidad, el mercado entendido como la reunión de seres para la compra y la venta, en el que se presenta una relativa simetría de arreglo sociológico sin instituciones 3 , surge en un contexto en que se manifestaba un comercio exterior entre las comunidades, auspiciado por fenómenos sociales como la piratería 4, la carencia de alimentos, o el uso de metales como dinero, que facilitaba el intercambio de productos de distintas regiones, pero sin que ese sistema de mercado premoderno tendiera a crecer, tal como sucede hoy. El dinero en aquellas épocas no fue una representación abstracta de valor que tuviera un consenso general, pues, su valor provenía intrínsecamente a partir de la riqueza material o por su carácter de escasez, como el oro, el cual, se utilizaba para el intercambio general, ya sea para comprar mercancías, una esposa, pagar impuestos, multas, o cualquier necesidad concreta de carencia como los alimentos; Polanyi (1991) enuncia que la institución del mercado se crea de acuerdo con la organización económica de la sociedad, la economía se configura coherentemente en acorde con un sistema para suplir necesidades; aspecto contrario al de hoy, pues es la sociedad la que se organiza según las pautas impuestas por las necesidades del sistema económico.

El dinero como asevera Weatherford, no transformó a las sociedades en la magnitud en que él lo afirma: “No es casual que la invención de la moneda, …llevó a sus primeros usuarios a transformar sociedades agrarias en urbanas, estamentales en democráticas, agrícolas en mercantiles, estáticas en dinámicas” (Weatherford, citado en Hopenhayn, 2002: 33) explicaciones reduccionistas que toman un elemento de la sociedad como la causa de toda su transformación, pensamiento que se aleja de las consideraciones estructurales.

En las sociedades premodernas, al contrario de la moderna, los mercados se acomodan a las formas sociales, no se desarrollan solamente dentro de sus fronteras territoriales, sino, también en lugares de reunión a larga distancia, donde no da pie para que exista la presión de la competencia, el trueque es común y el dinero se usaba eventualmente cuando era estrictamente necesario. Según Polanyi (1991) la competencia se institucionaliza como tal en el momento en que el comercio surge entre individuos y para individuos, incluso de la misma comunidad, entre sus relaciones internas. El principio del comercio exterior se basa en las limitaciones de la producción interna, en la medida en que su principal producto de comercio se intercambia (su excedente) por los que no se producen, y eso no implica competencia en los términos en que la conocemos hoy, pero en el momento en que se institucionaliza el mercado interno, se consolida la competencia, en contraposición al externo y al mismo local. En este contexto las transacciones son mucho mayores, .la competencia tiende a aceptarse como un principio general del comercio, solo con el surgimiento del comercio interno o nacional. (Polanyi, 1991: 70). Pero surge la cuestión, ¿Dónde están los orígenes del mercado nacional? No está en las dinámicas de trueque (cambios de excedentes) que se manifestaban entre sociedades distantes; esos orígenes se presentan con el surgimiento de las sociedades y la civilización urbana occidental, en los principios de la vecindad, pues, ésta tiene una gran influencia en la institucionalización de la economía de mercado que se relaciona directamente con las presunciones políticas de la época moderna en cuanto refiere al Estado-nación, como ideales políticos afines a la clase social burguesa, pues de acuerdo con ella, se prescribe políticas de exclusión y defensa coherentes con los intereses económicos nacionales. El Estado burgués, impulsa deliberadamente el mercantilismo entre sus naciones, destruye el sistema feudal, el capital se determina como un instrumento de unificación, y en este sentido también se institucionaliza el monopolio y la competencia, pues, es mediante estas instituciones como se salvaguardan las privilegiadas condiciones de aquella clase social.

En este contexto surge en el escenario de la economía mundial el sistema capitalista mediado por la clase social burguesa, sistema hegemónico que permea todas las formas de relaciones en la sociedad occidental, se impone el modelo de una clase social que acrecienta su poder, por cuanto .las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época. (Marx y Engels, 1989: 40), ella se levanta como la más revolucionaria de entre todas las clases que hubieren existido, pues, “ha sido ella la que primero ha demostrado todo lo que puede realizar la actividad humana.ha creado maravillas muy distintas a las pirámides de Egipto, a los acueductos romanos y a las catedrales góticas, y ha realizado campañas muy distintas a los éxodos de los pueblos y a las cruzadas” (Marx, 1971: 36)). La burguesía es considerada como la clase social que empuja las mayores transformaciones de la sociedad, de ella nace el espíritu del capitalismo; en tiempos de las cruzadas, desde que Europa congrega la empresa más grande desde perspectivas religiosas que haya conocido la historia humana, se crea un contexto particular de comercio en donde las pequeñas republicas italianas aparecen bien ubicadas estratégicamente para la dinámica comercial entre Europa y Asia. Italia se ve favorecida por su ubicación geográfica que la defiende de diferentes maneras del poder de la nobleza feudal que se presentaba en Europa continental, es en estas tierras donde la burguesía comienza a dinamizarce en las prácticas mercantiles, que la llevará a conquistar el poder mundial mediante la implementación de un modelo económico que cambia las formas de explotación del hombre y el uso de la fuerza de trabajo.

Algo importante a tener en cuenta, en esos procesos de destrucción, reconstrucción, creación y deconstrucción, mediados por la clase dominante, es que el objeto de ella, en una sociedad capitalista, es la de crear, hacer o acumular dinero, capital, o amontonar plusvalor, todas sus empresas son solo medios para alcanzar estos fines. Todos los cambios permanentes en los reordenamientos sociales se direccionan a la acumulación del capital, por ende, la sociedad se encuentra sometida a la presión económica de generar dinero, y en esta medida, la competencia se manifiesta salvajemente. Desde los más pequeños capitalistas hasta los supergigantes, se ven sometidos a la dinámica competitiva, donde tienen que estar permanentemente innovando para mantenerse a flote, pues, como bien afirma Marx, la “burguesía no puede existir sin revolucionar“. 5  Es así como todas las ideas y las formas de las relaciones humanas, mediadas por el dinero, se determinan a partir de las manifestaciones revolucionarias de la Burguesía: los deseos, la sensibilidad del arte, los objetivos y proyectos humanos son adaptados a las permanentes conmociones del desarrollo de las necesidades superfluas de las mercancías. La forma burguesa impone un modelo de necesidades mediante su dominio positivista de la naturaleza, del goce determinado por experiencias excitantes, donde se resalta la suprema necesidad de conseguir dinero. Marx interpretando a Proudhon define su perspectiva en la siguiente cita: “Este es el tiempo en que las cosas mismas que hasta ahora habían sido comunicadas, pero jamás cambiadas; dadas, pero jamás vendidas; adquiridas, pero jamás compradas -virtud, amor, opinión, ciencia, conciencia, etc.- en que todo, en fin, pasó al comercio. Éste es el tiempo de la corrupción general, de la venalidad universal, o, para hablar en términos de economía política, el tiempo en que habiendo llegado toda cosa, moral o física, a convertirse en valor venal, se la lleva al mercado para ser apreciada en su más justo valor” (Marx, 1999: 54) 6.

Es en la época capitalista donde el dinero es un elemento de vital importancia en el acontecer social, puesto que como equivalente general, acoge una forma de valor abstracto. Él, como mercancía, se impone en un Estatus Quo privilegiado que conquista históricamente la forma de equivalente especial, obtiene el monopolio de ser mediador y equivalente general de las demás mercancías. Asimilado a mercancía, el dinero se consolida hegemónicamente en la dinámica de las relaciones sociales.

Marx muestra como la sociedad con su carácter y matiz primitiva, hechicera, mágica, metafísica, teológica, etc., convierte a las mercancías en objetos sobrenaturales fetichizados 7. Desde la perspectiva del sicoanálisis se muestra que los hombres se determinan por su subconsciente, donde prevalecen vestigios del hombre primitivo, a quienes su mundo está poblado por seres sobrenaturales, espíritus, animales que hacen las veces del tótem y objetos que determinan relaciones de la comunidad con su mundo externo y con las cosas en manifestaciones síquicas de tabú. Por ello, como factor que dinamiza las relaciones sociales se encuentra el carácter místico de la mercancía, en especial del dinero. Es un carácter místico que procede, a la vez, de las formas sociales.

En un acápite final del primer capítulo de El Capital (tomo I, 1977), Marx profundiza en la noción fetichista de la mercancía. Aquí se muestra que ante los hombres es proyectado el carácter social de su trabajo representado en las mercancías, como si éstas no fuesen realizadas por el trabajo humano, sino por ellas mismas, se presentan como “un don natural social de estos objetos y como si, por tanto, la relación social que media entre los productores y el trabajo colectivo de la sociedad fuese una relación social establecida entre los mismos objetos, al margen de sus productores” (Marx, 1977: 37). Don social que circunscribe la misma mercancía dentro del ámbito metafísico. Ella aparece como si no fuera desarrollada por la actividad y el desgaste físico humano, sino como un producto externo, extraño que no pertenece a la actividad humana, y en igual medida, desde la perspectiva de Marx, todo lo que es exterior es convertido en algo ajeno y hostil al hombre, incluso la naturaleza.

La mercancía es un producto de la actividad y el desgaste físico humano, se presenta y se enfrenta aparentemente ante el hombre como algo extraño, como un poder independiente a él, cuando realmente son los mismos hombres, quienes se encargan de darles ciertos poderes metafísicos y resabios teológicos 8, esto conlleva a que en las relaciones sociales, la objetivización (realización de la mercancía) se aparezca como no realizada por el sujeto que la elabora, esa realización no le pertenece a quien incurre en el desgaste físico, incluso, “el trabajo mismo se convierte en un objeto del que el trabajador sólo puede apoderarse con el mayor esfuerzo y las más extraordinarias interrupciones. La apropiación del objeto aparece en tal medida como extrañamiento, que cuantos más objetos produce el trabajador, tantos menos alcanzan a poseer y tanto más sujeto queda a la dominación de su producto…“. (Marx, 1993: 110).

El mundo que se torna extraño al hombre, hace que éste ponga su vida en la mercancía, en el dinero; así como en épocas premodernas el hombre se niega así mismo para poner su vida en un Dios, hoy el hombre se niega así mismo para poner su vida en el dinero y por tanto en la mercancía; esto se asimila al concepto de enajenación de Marx, porque cuando el hombre crea productos ajenos a su propiedad, torna al trabajo en un objeto extraño a la naturaleza humana, como si fuese algo independiente a ésta, el producto para el trabajador se presenta como algo ajeno a él, puesto que su actividad física se convierte en un objeto de apropiación por parte de otros hombres, y por tanto, se presenta aparentemente al trabajo como si existiere fuera del sujeto, independiente frente a él, donde la parte de su vida que le invierte a un producto se le enfrenta como cosa extraña y hostil. El hombre enajenado no es afirmado por su propia naturaleza ya que su trabajo, su actividad y su desgaste físico lo niegan, lo vuelven desgraciadamente ascético, le obstaculiza la proyección de un espíritu libre. Para él, su trabajo es un medio de crear y satisfacer necesidades, no solo para sí, sino también fuera de sí. La enajenación lo desprende de su naturaleza inmediata, hace perder su ser genérico -en términos de Marx-, pues mientras para los animales el producto de su trabajo les pertenece, para los hombres el producto de su trabajo no le pertenece, incluso se ve privado de sus realizaciones. El trabajo es tomado solamente como un medio de supervivencia, que torna a las relaciones de la sociedad en relaciones hostiles, “toda enajenación del hombre respecto de sí mismo y de la naturaleza aparece en la relación que él presupone entre él, la naturaleza y los otros hombres distintos de él. En el mundo práctico, real, el extrañamiento de sí solo puede manifestarse mediante la relación práctica, real, con los otros hombres. El medio mismo por el que el extrañamiento se opera es un medio práctico. En consecuencia mediante el trabajo enajenado no sólo produce el hombre su relación con el objeto y con el acto de la propia producción como poderes que le son extraños y hostiles, sino también la relación en la que los otros hombres se encuentran con su producto y la relación en la que él está con estos otros hombres. De la misma manera que hace de su propia producción su desrealización, su castigo; de su propio producto su propia perdida, un producto que no le pertenece, y así también crea el dominio de quien no produce sobre la producción y el producto. Al enajenarse de su propia actividad posesiona al extraño de la actividad que no le es propia“. (Marx, 1993: 119).

Por tanto, se advierte que la relación de trabajo enajenado y dinero, se vislumbra en la medida en que Marx muestra que esa relación hostil del sujeto con su entorno, ese campo moral que crea la sociedad, lleva al hombre a cambiar su propia vida por dinero, lo convierte y lo asimila a una mercancía, específicamente porque lo que vende es su fuerza de trabajo y que una vez comprada se consume como cualquier producto del capital 9.

Los productos del trabajo, son incorporados al contexto social por medio del intercambio, las mercancías funcionan como eslabones y goznes de la dinámica social, el cambio de propiedad entre ellas determinan el núcleo de la sociedad. Los productos son equiparados entre ellos por medio del dinero, de igual forma que se equipara el mismo trabajo considerado como fuente de valor; entendiendo que las mercancías no son mas que expresiones materiales del trabajo humano invertido en su producción. La dinámica social en el intercambio de mercancías se aparece (de acuerdo con Marx) ante nuestros sentidos como movimiento de cosas, bajo el cual nos controla. Esta apariencia esconde, como un efectivo velo ideológico, la determinación de la magnitud de valor de las mercancías, el cual es equiparable al tiempo socialmente necesario para la realización de ellas. Igualmente, la forma acabada de ellas, (la forma dinero), no revela el carácter social de los trabajos, en el sentido en que las relaciones sociales que se hacen entre los productores privados, lo que hacen es encubrir la aplicación de la teoría del valor sobre los productos, por cuanto éstos se transan en el mercado por sus precios.

Por otro lado, el dinero como un determinante de la dinámica social en el capitalismo, afirma ontológicamente al hombre en la sociedad, pues, se presenta ante él como el medio capaz para cubrir necesidades tanto de goce, superfluas y vitales. El dinero posee la propiedad y cualidad de satisfacer todas las necesidades, puede comprar todo ese mundo extraño y hostil, puede apropiarse de todo objeto de goce y vital; para Marx: “la universalidad de su cualidad es la omnipotencia; vale pues, como ser omnipotente…, el dinero es el alcahuete entre la necesidad y el objeto, entre la vida y los medios de vida del hombre. Pero lo que me sirve de mediador para mi vida, me sirve de mediador también para la existencia de los otros hombres para mí“. (Marx, 1993: 181). En la siguiente cita, Marx interpretando a Shakespeare 10 muestra, según él, la esencia del dinero: “Lo que mediante el dinero es para mí, lo que puedo pagar, es decir, lo que el dinero puede comprar, eso soy yo, el poseedor del dinero mismo. Mi fuerza es tan grande como lo sea la fuerza del dinero. Las cualidades del dinero son mis -de su poseedor- cualidades y fuerzas esenciales. Lo que soy yo y lo que puedo no están determinados en modo alguno por mi individualidad. Soy feo, pero puedo comprarme la mujer más bella. Luego no soy feo, pues el efecto de la fealdad, su fuerza ahuyentadora, es aniquilada por el dinero. Según mi individualidad soy tullido, pero el dinero me procura veinticuatro pies, luego no soy tullido; soy un hombre malo, sin honor, sin conciencia y sin ingenio, pero se honra al dinero, luego también a su poseedor. El dinero es el bien supremo, luego es bueno su poseedor; el dinero me evita, además, la molestia de ser deshonesto, luego se presume que soy honesto; soy estúpido, pero el dinero es el verdadero espíritu de todas las cosas, ¿cómo podría carecer de ingenio su poseedor? Él puede, por lo demás, compararse gentes ingeniosas, ¿y no es quien tiene poder sobre las personas inteligentes más talentoso que el talentoso? ¿Es que no poseo yo, que mediante el dinero puedo todo lo que el corazón humano ansía, todos los poderes humanos? ¿Acaso no transforma mi dinero todas mis carencias en su contrario?” (Marx, 1983: 83).

El dinero es el vinculo de todos los vínculos, que liga al individuo con toda la dinámica social, liga al hombre con todos los objetos, es el medio de unión, que se manifiesta en un proceso de circulación. En tanto que el dinero se presenta como cualidad suprema de vincular universalmente a la sociedad, confunde la naturaleza humana con sus cualidades, pues, una persona solamente será lo que represente su dinero, su existencia es afirmada solo por esa forma acabada de equivalente universal.

El hecho de que el dinero posea la cualidad de vincular a la sociedad, se manifiesta en un proceso de circulación, precisamente porque ahí es donde el dinero se presenta como el producto terminado y es aquí donde se distingue como tal, como capital. Cuando se compra para vender (D-M-D), el dinero funciona como capital, al contrario de si se vende para comprar (M-D-M), pues, aquí solo funciona como gasto, en la primera forma el dinero se convierte en mercancía y luego en dinero, simplificadamente (D-D.). Las diferencias fundamentales entre estas dos formas de circulación se pueden sintetizar en: el punto de arranque y final, pues, en M-D-M es la mercancía; mientras que en el proceso D-M-D es el dinero; en la primera forma el mediador es el dinero, en la segunda lo es la mercancía; en la primera el dinero se gasta, en la segunda se invierte, el dinero refluye a su punto de partida incrementado; en la primera solo satisface necesidades, en la segunda está en permanente renovación. La segunda es el verdadero arte de hacer dinero, en palabras de Aristóteles: la crematística comercial 11 . En la primera forma solo actúa como equivalente y no da pie para lucro alguno.

Quien posea dinero, posee la fortuna, dentro de la órbita de la circulación de adquirir la fuerza de trabajo del hombre al estilo de adquirir una mercancía, pero esta mercancía a la vez posee la cualidad de crear valor, pues, es su fuente, materializa trabajo, y como tal materializa valores de uso de cualquier clase. Pero, el valor de la fuerza de trabajo se reduce al valor de los medios de subsistencia de su poseedor. Para averiguar de donde se obtiene la ganancia de la plusvalía hay que saltar de la circulación al proceso de producción, al taller, donde se reproduce el capital. Puesto que es ahí donde el poseedor del dinero, como capital, paga una parte del valor de la fuerza de trabajo: si un hombre solo necesita para vivir seis horas diarias de trabajo, lo cual representa un valor, y ese valor es pagado por el poseedor del dinero cuando aquel hombre trabaje unas ocho o diez horas, de tal modo que, según Marx, esas horas de más no pagadas en la creación de valor es la plusvalía, de la que se apodera el poseedor del capital. ¡El poseedor del dinero es quien ríe, mientras que el vendedor de la fuerza de trabajo es quien entristece!

Hasta aquí se ha pretendido mostrar grosso modo algunas reflexiones en torno al dinero en la perspectiva filosófica-económica de Marx, quien muestra particulares concepciones acerca de él en la crítica a la economía política. El dinero se relaciona directamente con las consideraciones que explican la dinámica de la producción, distribución, cambio y consumo, al igual que con las definiciones conceptuales de capital, valor y precio e ideología, en el sentido en que esos conceptos vienen relacionados con el dinero. En ese sistema críticomarxista de la economía se deja entrever también como el dinero hace parte fundamental de la estructura social, él se asimila a una identidad simbólica cultural, en la medida en que el capitalismo adquiere un carácter universal determinado por el mercado mundial y como consecuencia se habla de la idea de cultura mundial, la cual se puede derivar de Marx porque según él, la sociedad burguesa moderna obliga a la gente a adaptarse a un mundo dinerario, frío, calculador, donde los sentimientos se congelan ya que los únicos nexos entre los hombres se derivan a partir del dinero, esa sociedad obliga a esculpir las personalidades de cada cual de acuerdo con las características que impone el modelo económico conllevando a la llamada cultura mundial.

3- ALGUNAS REFLEXIONES CONTEMPORÁNEAS DEL DINERO

El siglo XX posterior a Marx, en donde el mercado financiero adquiere una alta relevancia en la dinámica social, se asentará más el carácter de necesidad urgente del dinero en la vida de los hombres, su influencia es tan marcada que las directrices políticas de las sociedades se direccionan a partir del dinero. En el siglo XX se suscitan grandes cuestiones sobre el dinero para políticas de Estado, se presentan fenómenos como el de Alemania donde la oferta monetaria crece cerca de 10.000.000.000 (diez mil millones) de veces a principios de siglo (Galbraith, 1983), y en los años finales de la década de los 20.s el dinero prácticamente desaparece en la conocida depresión de Estados Unidos. Surgen escuelas que avalan políticas monetarias a implementar en las sociedades por los respectivos Estados, se genera prescripciones de control sobre la cantidad de dinero que circula para una determinada sociedad en aras de incentivar o desincentivar la demanda agregada. El dinero en esta perspectiva ideológica del capital, se asume como una herramienta para estabilizar la economía. No obstante, cuando se estudia la historia del dinero desde el enfoque económico, en los análisis sobre los grandes colapsos económicos y los episodios de inestabilidad monetaria de principios del siglo XX, se concluye que éstos han sido en buena parte generados por errores cometidos desde los estamentos gubernamentales cuando prescribieron políticas en torno al dinero 12. En este siglo, la teoría económica monetaria muestra que el Estado y su monopolio en la emisión de billetes, debe mediante el sistema de bancos centrales, mantener en equilibrio la oferta monetaria de acuerdo con su demanda. Igualmente, en el siglo XX el dinero pierde su carácter representativo en oro 13, prácticamente viene respaldado por los activos del sistema bancario, y éstos se respaldan en la promesa gubernamental de responder, basados en primera instancia por el poder de captar impuestos del público, o simplemente con la facultad de emitir dinero. Parece que todo esto es un juego de espejos, de apariencias, .el dinero es dinero porque el gobierno dice que es dinero. (Wonnacott y Wonnacott, 1996: 253); y por tanto, lo que soporta el valor del dinero hoy, es un equilibrio deliberadamente construido en la relación de la oferta y la demanda, es una convención de aceptabilidad general. Y si en la política de Estado el dinero adquiere una relevante importancia, igualmente la sociedad de carácter postmoderna le entrega una relevancia de tal forma que moldea los aspectos culturales.

Nuestra época actual, mediada por una sociedad efímera, trivial, vacía en ideales políticos, marcada por una fuerte tendencia individualista como forma concreta del ideal moderno de la autonomía del sujeto 14, y a la vez, caracterizada por un desencanto de los proyectos humanos colectivos, por la caída de utopías y de la noción comunitaria; en palabras de Hopenhayn, la sociedad contemporánea se caracteriza por .la adrenalina del dinero, el desasosiego y la libertad económica a ultranza. Del vaciamiento de las ideologías y la intencidadfugacidad de los objetos como fuente de goce o función de utilidad. (Hopenhayn, 2002: 129), elementos característicos que abonan el terreno para que el dinero adquiera una mayor importancia en la vida de cada cual.

La sociedad postmoderna, además, al cuestionar los ideales de la modernidad, conlleva a una destrucción de la ética protestante. Esas nociones protestantes que vinculan directamente el ámbito económico con el religioso, que marcan una unidad religiosa y económica, son fracturadas y discontinuadas. La ética protestante presume como pilares importantes de la sociedad el ahorro y el trabajo, pero en una era vacía y efímera -en palabras de Gilles Lipovetsky (1990)-, se cuestiona esa necesidad ascética del trabajo y el ahorro, el hombre postmoderno tiene una manifestación de su Yo narcisista, su Yo en el ahora, la fugaz necesidad de vivir intensamente el presente, lo que implica a considerar en el ahorro y el trabajo un sufrimiento del que no se está dispuesto a asumir. Por ello, el afán consumista de mercancías de goce, inocuas, triviales, innecesarias, pero que en cada momento entregan experiencias seductoras y excitantes en “un presente” que no cuestiona ni historia ni futuro. La sociedad individualista vacía, fugaz, pavorosamente indiferente hacia los proyectos colectivos, donde el egoísmo alcanza su más marcada expresión rompe con las consideraciones protestantes, pues, relega al ahorro como una categoría innecesaria e incita al consumo desenfrenado, viabilizado por técnicas monetaristas de crédito, desde donde “se recrea el presente mediante nuevos objetos, propiedades, servicios, lujos, caprichos, anhelos etc. Todos ello adquiridos con dinero aún no producido, ganado ni ahorrado” (Hopenhayn, 2002: 164), son formas de vida que facilita la estructuración de un sistema de crédito-financiero, coincidente con prescripciones monetarias para una sociedad del goce inmediato. Es un contexto que matiza el consumo frenético de mercancías. Marx enseñó que el capitalismo no es solo producción, pues es también consumo 15 .

En este contexto, el dinero como forma de valor abstracto, alcanza un poder mucho más desarrollado, puesto que incita a experimentar diversas formas de sentir, de deconstruirse constante y fugazmente asimismo, el hombre acrecienta el poder místico que le entrega al dinero, pues, es el que tiene la facilidad para realizar un sinnúmero de sensaciones que se adquieren cuando el dinero reduce cualidades en cantidades.

Además de determinar la forma abstracta de valor, es a la vez, una signatura de destino trágico, dialéctico y contradictorio, porque todo puede ser intercambiado en tiempos fugaces y paralelamente las cosas pierden sus cualidades de manera efímera, a decir de Hopenhayn: “Así nos seduce y nos frustra el dinero: cuanto más nos aproxima a los mundos que promete, más nos enrarece esos mismos mundos con la ingravidez que nos vincula a ellos. Nos acerca a lo lejano, pero una vez cerca, lo hace indiferenciado, canjeable e impersonal. La obsolescencia acelerada de los productos que podemos adquirir con dinero trasunta este destino trágico: no tarda en perder el aura una vez descubierta, tras su apariencia seductora, la mecánica de su conmensurabilidad. Así también con los proyectos, las mudanzas, los nuevos territorios físicos y espirituales que recorremos gracias a la proximidad que el dinero hace posible. Todo se vuelve, en efecto, rápidamente próximo, previsible o saturado. Y no son los objetos o servicios que cambian, sino el dispositivo de indiferenciación que el dinero ha colocado en nosotros, y que no tarda en teñir estos objetos o territorios adquiridos. Todo queda, al cabo, colonizado, porque todo es reabsorbido como caso de un concepto, concreción de una abstracción, estación provisoria de un itinerario que solo la registra como número de una serie. El mundo distante se vuelve próximo, pero lo próximo se nos desvanece en las manos como momento de una secuencia o punto de una serie” (Hopenhayn, 2002: 108).

Al incidir el dinero en los más íntimos deseos en una sociedad capitalista, él tiene en palabras de Hopenhayn la capacidad de modelar a los sujetos, determina las relaciones entre ellos, penetra de manera determinante en forma abstracta en la subjetividad, pues, es el más poderoso denominador común y principio de medida y comparación dentro del sistema social. El dinero en tanto que funciona como gozne de la sociedad, es el más representativo de los objetivos humanos, así no se manifiesta literalmente como tal dentro de las perspectivas empresariales, siempre está a la sombra de tales perspectivas y expectativas. Pero, a la vez, esa relación de sujeto-finalidad genera y frustra las perspectivas, excita e impacienta, ya sea porque es posible acumularlo y por ende alcanzar cuanto objeto se desee, o ya sea porque no es posible conseguirlo llevando a los individuos a las graves crisis emocionales y enfermedades psiquiátricas, pues, una consideración importante es que quien posee dinero y satisface sus necesidades, deseos, antojos, caprichos etc., en fin necesidades inocuas, que una vez satisfechas, la sensación que excita de poseerlas, se desvanece fugazmente, conlleva a la desesperación desenfrenada de anhelar otras formas nuevas de necesidades, “cuanto mas se colman (los deseos), mas vacíos se abren en la subjetividad y mas anhelos de recubrirlos nuevamente” (Hopenhayn, 2002: 15).

La forma individualizada de la sociedad, determinada en gran parte por el dinero, favorece de alguna forma, la legitimación de los modelos sociales prescritos por medidas eminentemente monetarias, tal como sucede con la ideología neoliberal, la cual, prescribe la cotidianidad social de acuerdo con una pavorosa racionalidad dineraria. Con el advenimiento de políticas neoliberales en el mundo, a finales de la década de los setenta, la sociedad adquiere una dinámica, que aparentemente no tiene relación clara, causal con la esfera real de la economía, las relaciones del mercado por medio de las instituciones muestra aparentemente como si existiese una economía “irreal“, donde el dinero se multiplica como por arte de magia, pero esto no es más que un velo ideológico que oscurece las relaciones de explotación y de generación de valor dentro de las empresas “reales“. La economía capitalista, o la llamada economía de mercado, prescribe una sociedad que se direcciona de acuerdo con los índices monetarios, de tasas de inflación, de interés, precios, tasas de cambio, índices de gestión, razones financieras, índices de divisas, superávit, déficit, en fin todo lo relacionado con los índices financieros, información de carácter eminentemente monetario sobre las cuales giran las más importantes decisiones políticas. La suerte de una nación, de un pueblo, de la humanidad depende del acontecer monetario.

Para terminar, hay algo de irracionalidad, peculiar al interés burgués, en la manera en que se ambiciona el dinero, esa necesidad ansiosa de poseerlo que contagia a toda la sociedad se manifiesta siempre en el acontecer cotidiano, los ojos se fijan en los índices que prescribe el sistema monetario y cualquier cosa que se haga se direcciona a esa ambición, la prueba está en ese anhelo humano (positivista) de certeza, precisión y predicción que se le exige a todo hecho, sin tiempo para constancias, ceremonias, conversaciones, rodeos ni cortesías, ¡la vida está a la caza de ganancias! La inteligencia se mide en la capacidad de adquirir dinero pues para eso el intelecto es moldeado, todo el mundo se ejercita diariamente en el arte de conseguirlo, aunque ese arte se convierte en privilegio de realización de una determinada clase social.

El análisis del dinero otorga un buen referente para el entendimiento desde diferentes perspectivas de la sociedad moderna, su estudio crítico debe ser incentivado en las comunidades académicas porque de él se pueden dilucidar consideraciones que ayuden a construir mejores sociedades.

*Publicado originalmente en la revista PORIK AN

NOTAS

1 Este concepto de “la totalidad social” pertenece a autores de la Escuela de Frankfurt, tales como Horkeimer y Adorno, quienes lo utilizan para referirse a la sociedad como la integración de todas sus partes, donde ella no es la suma de sus partes, sino mucho más. Además, esta escuela establece que cada uno de sus elementos, en un espacio temporal particular, puede determinar la estructura de la sociedad.

2 Ver Marx y Engels, Frederick (1973) en Contribución a la crítica de la economía política.

3 En el momento en que surge un arreglo centralizado del mercado, surgen los sistemas institucionales.

4 Tal como sucedió entre los griegos en épocas homéricas, o como sucedió, más adelante, con los Vikingos.

5 Véase,Karl Marx y Frederick Engels (1971)

6 En esta cita se debe tener en cuenta que lo que está haciendo Marx, aquí, es una crítica exhaustiva al texto de Proudhon: “la filosofía de la miseria”, y por ello cabe anotar que él usa el mismo bagaje conceptual del mencionado autor para desvirtuar sus consideraciones sobre la economía política..

7 Véase Karl Marx, (1977, pp 36-47): La Mercancía; El fetichismo de la mercancía y su secreto.

8 De acuerdo con Marx, existe el fetichismo de la mercancía solo cuando la producción domina al hombre. No habrá fetichismo cuando el hombre domine la producción y esto se alcanza en una sociedad socialista y comunista.

9 Desde la perspectiva contable y económica, es interesante observar, como Marx relaciona la compra de la mercancía fuerza de trabajo con los gastos de depreciación, en términos contables, pues según él: “El fabricante, al calcular su coste de producción, y con arreglo a él el precio de los productos, incluye en el cálculo el desgaste de los instrumentos de trabajo. Si una máquina le cuesta, por ejemplo, mil marcos y se desgasta totalmente en diez años, agregará cien marcos cada año al precio de las mercancías fabricadas, para, al cabo de los diez años, poder sustituir la máquina ya agotada, por otra nueva. Del mismo modo hay que incluir en el coste de producción de la fuerza de trabajo simple el coste de procreación que permite a la clase obrera estar en condiciones de multiplicarse y de reponer los obreros agotados por otros nuevos. El desgaste del obrero entra, por tanto, en los cálculos, ni más ni menos que el desgaste de las máquinas” (Marx, 1983: 84).

11 “Ahora bien: según hemos dicho, este arte (la crematística) es doble: una de cuyas especies es de naturaleza comercial, mientras que la otra pertenece al arte de la administración doméstica. Esta última especie es necesaria y goza de una gran estima, mientras que la otra especie, relacionada con el intercambio, está justamente desacreditada, porque no está de acuerdo con la naturaleza, sino que implica que los hombres tomen las cosas los unos de los otros. Al ser esto así, con toda razón es odiada la usura, porque su ganancia procede del dinero mismo y no de aquello en orden a lo cual se inventó la moneda. La moneda, en efecto, vino a existir para favorecer el intercambio, pero el interés incrementa el valor de la moneda misma .y éste es el origen actual de la palabra griega: el hijo se parece a su progenitor, y el dinero nacido del dinero es el interés.; en consecuencia, esta forma de adquirir riqueza es, entre todas las formas, la más contraria a la naturaleza”.- (tomado de “La política”, lib. I, cap; III, en Aristóteles, “Obras”, traducción de Francisco Samaranch, Madrid, 1964, p. 1424) lo que se encuentra entre paréntesis no pertenece al texto.

12 Ver Galbraith, John Kenneth (1983), “El dinero”

13 ¿Qué pasó con el oro? Él impedía que el Estado emitiera mayor dinero con relación a las existencias en oro. Igualmente se suscita el gran inconveniente de la fluctuación del valor del dinero cuando existen cambios en la cantidad del oro, tal como sucede en la gran depresión de principios de la decada de los treinta, donde las reservas de oro del FED en Estados Unidos, disminuyeron en un 10% lo que conlleva a una fuerte presión restrictiva (ver Galbraith, 1983).

14 Ver Gilles Lipovetsky, 1990.

15 Ver Marx y Engels (1973) en “contribución a la crítica de la economía política”

REFERENCIAS

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HOPENHAYN, Martín. 2002. EL MUNDO DEL DINERO. Grupo Editorial Norma. Bogotá.

LIPOVETSKI, Guilles. 1990. EL IMPERIO DE LO EFIMERO. La moda y su destino en las sociedades modernas. Editorial ANAGRAMA. Barcelona.

MARX, Karl. 1977. EL CAPITAL, Volumen 1. Ediciones Fondo de Cultura Económica. Decima tercera reimpreción. Bogotá.

___________. 1993. MANUSCRITOS ECONÓMICOS Y FILOSÓFICOS DE 1844. En página WEB de la biblioteca de autores socialistas.

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__________. 1989. LA IDEOLOGÍA ALEMANA. Ediciones PEPE. Medellín.

___________. 1973. CONTRIBUCIÓN A LA CRÍTICA DE LA ECONOMÍA POLÍTICA, EN OBRAS ESCOGIDAS. Editorial Progreso. Moscú. Tomo I.

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POLANYI, Karl. 1941. LA GRAN TRANSFORMACIÓN. Fondo de Cultura Económica. México.

WONNACOTT, Paul y WONNACOTT, Ronald. 1996. ECONOMÍA. Cuarta edición. Impreso en EDIGRAFOS S.A. Los Angeles.

 

 

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