Gramsci en Detroit

Si existe un ejemplo paradigmático del ocaso de un modelo de capitalismo, el fordismo, lo constituye la ciudad de Detroit. Su inmensa industria del automóvil -lucía el sobrenombre de “Motor City“- la había convertido en una metrópolis populosa y floreciente, cuarta ciudad de EEUU, cuna y laboratorio del nativo más célebre de Michigan, Henry Ford, unoag proc (Stubble Brush) de los padres de la industria moderna, si acaso no “el” padre. Hoy, con la reestructuración capitalista y la consiguiente deslocalización, Detroit ha perdido un 25% de su población, la ciudad se declaró en banca rota y parece una población fantasma.

Unos cuantos años antes de esto y ante la pretensión modernizadora de la élite italiana que fijaba su atención en los industrializados EEUU y planteaba como modelo la penetración del americanismo, Gramsci estudió y analizó la cuestión. De eso va el trabajo de Jorge Fuentes Morúa que difundimos hoy. Adelante…

Saludos fraternales. Olivé

_______________________________________________________________

GRAMSCI EN DETROIT

Jorge Fuentes Morúa

 

“…Hoy las comisiones internas limitan el poder del capitalista en la fábrica y desarrollan funciones de arbitraje y disciplina. Desarrolladas y enriquecidas deberán ser mañana los órganos del poder proletario que sustituya el capitalista en todas sus funciones útiles de dirección y administración… Desde ahora los obreros deberían proceder a la elección de vastas asambleas de delegados, seleccionados entre los compañeros mejores y más conscientes, bajo la consigna: “Todo el poder de la fábrica a los comités de fábrica”, coordinada con esta otra: “Todo el poder del estado a los consejos obreros y campesinos…”
A. Gramsci, Democracia Obrera.
 “De una manera general se puede decir que el americanismo y el fordismo derivan de la necesidad inmanente de llegar a la organización de una economía planificada y que los distintos problemas examinados deberían ser los eslabones de la cadena que señala precisamente el paso del viejo individualismo económico a la economía planificada. Estos problemas nacen de las diversas formas de resistencia que encuentra el proceso de desarrollo ensu desenvolvimiento, resistencias que provienen de lasdificultades insitas en la sacietas rerum y en la secretashominum. El hecho de que una tentativa progresista sea iniciada por una u otra fuerza social no deja de tener consecuencias fundamentales…”
A. Gramsci, Americanismo y fordismo.
“… Es digno de hacer notar cómo los industriales (especialmente Ford) se han interesado por las relaciones sexuales entre sus dependientes y, en general, por la instalación de sus familias; las apariencias de “puritanismo” que asumió este interés (como en el caso del prohibicionismo) no debe conducimos a error; la verdad es que no puede desarrollarse el nuevo tipo de hombre exigido por la racionalización de la producción y del trabajo, mientras el instinto sexual no haya sido regulado de acuerdo con esta racionalización, no haya sido él también racionalizado.”
A. Gramsci, Americanismo y fordismo.

 

La consigna: subordinar el cuerpo sin olvidar el alma

El capitalismo contemporáneo, atraviesa por una aguda crisis que pareciera estar decidida a ser insuperable. Por ello, los aparatos gubernamentales, nacionales y trasnacionales, mediante sus mejores representantes, empeñan afanosamente sus mejores esfuerzos en diseñar políticas capaces de enderezar el atrofiado sistema capitalista. La vasta producción teórica, científica e ideológica, de estos administradores de la crisis mundial capitalista, no se ha limitado al diseño de políticas económicas en sentido restringido, ya que han comprendido la necesidad de penetrar de manera explícita en todos los filamentos de la vida social, incluso en los más delicados e inadvertidos. Por ello, puede afirmarse que la reestructuración capitalista en curso, no restringe su iniciativa al “campo económico“, haciendo dejar sentir su impulso en todas las esferas de la vida social. Por lo demás, este hecho no es novedoso, en manera alguna, pues la actual reconversión capitalista, así como las otras que forman parte de su historia, también han implicado modificaciones sucesivas a la estructura de complejas relaciones sociales. Estos cambios han permitido las permanentes transformaciones y adaptaciones necesarias para la refuncionalización de la sociedad capitalista.  No obstante, conviene reconocer que nunca antes, como ahora, los aparatos de dominación habían logrado articular una política reestructuradora con un carácter explícitamente omnicomprensivo, ya que en otros periodos transformadores las modificaciones ocurridas en ámbitos de la vida social -distintos de la actividad económica definida en sentido estricto- habían derivado de ciertos automatismos sociales; en cambio, la capacidad reorganizadora del capitalismo contemporáneo, no se limita a los resultados originados en los mecanismos sociales, ya que en razón de las enormes resistencias que debe vencer para implantarse, la reestructuración contemporánea incluye proyectos explícitos para reconvertir la familia, la sexualidad, la educación, la moral, la ética, las costumbres y toda la amplia gama de prácticas sociales originadas en la vida cotidiana.

La enfermedad o la lucha entre lo nuevo y lo viejo.

El resquebrajamiento capitalista se ha pretendido solucionar -antes y ahora- mediante la ampliación del mercado, rebasando las fronteras previamente establecidas, tanto las interiores, así como las exteriores. También, para remediar sus heridas no se ha excluido la búsqueda de ungüentos válidos universalmente, recurriendo para su elaboración, tanto a la actividad especulativa de sus guardianes ideológicos, así como a experiencias históricas en las que el capitalismo ha resultado relativamente triunfante. La reflexión hegeliana 1 sobre el carácter promisorio de Estados Unidos de América, pareciera corroborarse una y otra vez, sobre todo después de cada caída capitalista. En efecto, las miradas de los patólogos del capitalismo siempre han buscado remediar los padecimientos del sistema, recurriendo a los modelos económicos puestos en práctica en Estados Unidos de América; para estos escolapios, la receta parece sencilla: conviene transformar al mundo entero, a imagen y semejanza de la tierra prometida.

Europa, durante la primera mitad de este siglo se vio sacudida por explosiones devastadoras: crisis económicas, guerras, insurrecciones y el ascenso de una revolución anticapitalista triunfante: La Revolución de Octubre. Todos estos procesos históricos, contribuyeron a la destrucción del antiguo régimen, pues no obstante las revoluciones burguesas, aún mantenía éste posiciones vigorosas, a pesar de haberse iniciado el siglo XX. La fragilidad del liberalismo europeo decimonónico se palpaba de muchas maneras, así las oleadas sucesivas de emigrantes europeos, tanto meridionales como septentrionales, ponían de relieve la situación económica siempre quebradiza, de ciertas sociedades: los países escandinavos, Alemania e Italia, para sólo señalar algunos. Buena parte de la emigración europea, tuvo como destino Estados Unidos de América, tierra en la que los europeos de entonces esperaban encontrar solución a su pobreza ancestral. Ellos convirtieron a Nueva York en parte principal de acceso para las oleadas sucesivas de quienes estaban seguros de encontrar en este país las oportunidades que Europa les había negado, pues no obstante las apariencias, en la mayor parte del viejo continente, la oligarquía nobiliaria y terrateniente impedía el paso a las fuerzas del capitalismo que, en las primeras décadas del siglo XX, todavía eran raquíticas y desmejoradas. Finalizada la I Guerra Mundial, en Italia como en otros países europeos, los arcaísmos y el atraso generalizado se tornaron agobiantes. Por ello, organizaciones de todo tipo -de obreros, de intelectuales, de artistas, industriales- buscaron construir alternativas para diseñar una sociedad de cara al futuro, capaz de dar por completo la espalda a un régimen esclerotizado por su corte de clérigos, militares, terratenientes y una nobleza empobrecida, en ocasiones, pero casi siempre debilitada y atemorizada por su incapacidad para enganchar a Italia a la moderna sociedad capitalista. La producción teórica y la actualidad política de Gramsci, ocurrió en esta encrucijada histórica, durante la cual, como él mismo señaló: “La crisis consiste, precisamente en el hecho de que lo viejo está muriendo y lo nuevo no puede nacer; en este interregno aparecen una gran variedad de síntomas de enfermedad“. 2

Entre Oriente y Occidente.

Con base en la investigación histórica contemporánea, puede comprenderse el significado que Gramsci dió a lo “viejo“, consistente en el conjunto de sobrevivencias del antiguo régimen nobiliario, terrateniente, despótico y militarista. Por otra parte, lo “nuevo” alude esencialmente a dos cuestiones:

 a) Las corrientes y tendencias revolucionarias derivadas de la historia de las luchas del incipiente proletariado industrial de Milán 3 pero sobre todo el turinés: anarquistas, socialistas y, posteriormente, los comunistas. Además de las luchas en la industria, el proletariado agrícola ensayó huelgas y movimientos de resistencia, mediante los cuales buscó continuar las viejas tradiciones anarquistas de lucha agraria que durante tantos años habían avivado el irresoluble conflicto rural meridional. Esta coyuntura fue influida radicalmente por el ascenso revolucionario experimentado en Europa a raíz del triunfo de la Revolución de Octubre. La extensa producción gramsciana anterior al encarcelamiento, comprendida entre los años de 1911-1926, se dedica al análisis de esta compleja coyuntura, sin duda es lamentable que aún no haya sido traducido cabalmente al castellano.

 b) Finalizada la I Guerra Mundial, se hizo evidente la quiebra del sistema de dominación europeo imperial, la crisis económica dejó sus huellas en todos los países europeos, suscitándose experiencias de reforma y recomposición del capitalismo que en Alemania e Italia vendrían a desembocar en las dictaduras del nacionalsocialismo y del fascismo. Sin embargo, en Italia sucedió lo que yo era observable en otros países europeos -en los años de entreguerras- en tanto algunos ojos miraban hacia el oriente revolucionario y leninista, otros dirigían su mirada hacia el occidente reformista y fordista. Gramsci, durante su permanencia carcelaria, examinó meticulosamente lo que en los Cuadernos de la Cárcel designa “Americanismo y fordismo“. Esta cuestión atrajo su atención, ya que para la recomposición capitalista de Italia, en opinión de notables intelectuales y dirigentes empresariales y políticos burgueses, era indispensable adoptar el producto más logrado de la pujante civilización norteamericana: el fordismo. En consecuencia, para importantes sectores de la élite burguesa, Italia podría solucionar sus problemas, tales como el atraso y la miseria perenne mediante la americanización de la vida en todos sus aspectos.

Autogestión versus fordismo.

Desde inicios del siglo XX, es observable con cierta nitidez, cómo en la estructura industrial aparecían perspectivas -tanto desde el enfoque de los obreros como desde el de los empresarios capitalistas- decididas a lograr formas de integración de los trabajadores al proceso de producción; sin embargo, pueden advertirse al interior de este proceso dos facetas dominantes: 

1) La tendencia autogestionaria, mediante la cual los obreros industriales pretendían incorporarse a la dirección del proceso de producción industrial. 

2) La tendencia empresarial capitalista en la que aparece integrado y subordinado el obrero industrial. Gramsci, enfrentó teórica y prácticamente a través de la acción política y del examen crítico, la situación del proletariado industrial que se veía sometido crecientemente a un proceso de dominación al que él reconoció como fordismo. 4

La experiencia de los Consejos de Fábrica: una tendencia autogestionaria.

Turín, 5 tuvo una década revolucionaria que comprendió los años que van de 1910 a 1920. Durante este lapso los obreros industriales desarrollaron una intensa actividad orientada hacia la apropiación de los órganos de dirección de la industria italiana más avanzada de la época: la industria automotriz. El centro del complejo industrial fabril italiano, se localizaba en Turín, creándose en esta ciudad una estructura de clases claramente polarizada, ya que la mayoría de los habitantes eran obreros; sin embargo, los puestos de dirección y la organización de la propiedad favorecían la constitución de un núcleo dirigente de carácter burgués. La industria capitalista más avanzada, a inicios de este siglo, exigió para su funcionamiento eficiente la conformación de comités de empresa. Estas instancias organizativas fueron constituidas a partir de la iniciativa de la misma dirección empresarial (en 1906), interesada en incrementar la calidad, la productividad y el rendimiento industrial. Los obreros fueron asimilando, paulatinamente, esta forma de organización dotándola de un carácter proletario -a pesar de las irregularidades y deficiencias que ésta contenía- designándolas comisiones internas. Conviene recordar que en Italia existió un poderoso movimiento anarquista, tanto en el campo como en la ciudad; por ello, puede comprenderse cómo la mirada de los obreros industriales descubrió en los comités de empresa la posibilidad de crear a partir de esta organización, instancias asociativas capaces de favorecer cierta intervención, tendencialmente autogestionaria. En efecto, las tradiciones del anarcosindicalismo influyeron, inicialmente de manera callada y luego de forma estridente, en el cambio, al principio lento y luego acelerado, que habría de permitir la transformación del comité de empresa en comisión interna y luego en consejo de fábrica. Esta modificación fue favorecida por la coyuntura internacional y la nacional de esos años: estallamiento de la I Guerra Mundial, intervención de Italia en esta guerra, agudizamiento de la crisis industrial y agraria, estallido de la Revolución de Octubre y el triunfo de los bolcheviques. Estos hechos, conformaron una situación política adversa a los intereses de la mayoría de los trabajadores, desatándose una inconformidad creciente que vino a desembocar en la insurrección de los asalariados del campo y la ciudad, sucedida en el Piamonte. En Turín, ciudad obrera, los trabajadores se apropiaron de todas las instancias de decisiones, tanto en las fábricas como fuera de ellas, convirtiendo a esta ciudad en el Petrogrado italiano. El proletariado industrial, extrajo de la rica tradición anarcosindicalista las enseñanzas más útiles para el ejercicio político, adecuado a la coyuntura que se vivía. Por ello, la fuerza de las comisiones internas y la de los sindicatos, se condensó en un nuevo aparato de gobierno: el consejo de fábrica. Mediante este aparato, los trabajadores turineses gobernaron a la ciudad roja, impulsando iniciativas para conformar organizaciones semejantes en las zonas donde se localizaba el proletariado agrícola, en franco proceso de insurrección. El apogeo de los consejos de fábrica, hizo evidente la quiebra, tanto de la hegemonía burguesa, asi como de los socialistas, la del Partido Socialista de Italia. En gracia a estas fracturas, el poder autónomo de los trabajadores logró apropiarse de la principal ciudad industrial italiana y de la más importante región donde la agricultura capitalista había logrado establecerse. Gramsci y otros notables miembros del Partido Socialista extrajeron las consecuencias políticas de estos hechos:

I. La hegemonía burguesa había sido rota creándose condiciones para el ascenso revolucionario. 

II. El Partido Socialista Italiano (PSI) había mostrado su incapacidad y su distanciamiento de la fuerza real de los trabajadores. 

III. El consejo de fábrica surgió como un aparato de dominación al servicio de una nueva hegemonía, la de los trabajadores. Esta circunstancia, significaba una perspectiva más amplia para el poder de los trabajadores, al rebasar el confinamiento fabril, superando los límites estrechos impuestos por las comisiones internas y los sindicatos.

IV Esta nueva coyuntura obligó a Gramsci y a otros disidentes del PSI a organizar una corriente política e ideológica decidida a colocarse a la altura de las circunstancias; por ello crearon la publicación periódica: L’0rdine Nuovo.

Tasca, Terracini, Togliatti y Gramsci, trabajaron afanosamente para conformar un órgano de dirección política e ideológica, capaz de extraer las enseñanzas de la ocupación de las fábricas. Para tal efecto constituyeron L’0rdine Nuovo, que al inicio se presentó como un órgano de difusión tradicional, pero que a raíz del ascenso de la lucha consejista, debió oscilar a la izquierda identificándose con los aspectos más relevantes del consejismo. 6 Este viraje puede comprenderse mediante el análisis de hechos e influencias como las siguientes: la capacidad organizativa y la decisión política demostrada por los trabajadores piamonteses; los planteamientos anarcosindicalistas; el conocimiento de otras experiencias que lograron articular marxismo y consejismo como sucedió en Estados Unidos de América, donde la Industrial Workers of the World (IWW) y De León 7 avanzaban en el terreno de la organización de los trabajadores; el desenvolvimiento de corrientes intelectuales interesadas en plantear desarrollos para una revitalización cultural a partir del saber popular; todos estos factores influidos poderosamente por la Revolución de Octubre y el llamado leninista decidido a conceder todo el poder a los soviets. Gramsci, al igual que Bordiga, reconoció en la experiencia soviética un hecho de relevancia mundial, ya que por medio de esta práctica se mostraba la fuerza emancipadora de los trabajadores y la lucha por la autonomía del trabajo. No obstante, esta confluencia de puntos de vista, existían cuestiones que distanciaban a estos revolucionarios: Gramsci apostó a las expresiones de la autoorganización del trabajo, en tanto Bordiga en ningún momento abandonó la idea del partido centralizado, a pesar de que el órgano de propaganda bordigiano se llamaba Il Soviet. 8 La desocupación de las fábricas terminó con el periplo consejista, imponiéndose gradualmente aspectos de las tesis de los bordigianos, lo que permitiría la confluencia de aquellos y de los gramscianos en la construcción del Partido Comunista Italiano. Ciertamente, en el mismo L’0rdine Nuovo, Gramsci reconocerla la necesidad de la reconstrucción del partido; sin embargo, esta instancia centralizadora, para la perspectiva gramsciana, quedó marcada por la experiencia consejista, Esta experiencia influyó en la interpretación gramsciana, no sólo de la revolución en Italia, sino en la de la misma Revolución de Octubre, pues ésta se distingue por la experiencia soviética que, como en el caso italiano, también provenía de las tradiciones anarcosindicalistas, primeras formas de lucha y resistencia frente al despotismo industrial. 9 Por ello Gramsci defenderá antes y durante su encarcelamiento la idea de la revolución democrática y la de un partido que gobierne mediante la intervención de los consejos, no sólo obreros, sino también campesinos, ya que mediante estas instituciones se resolvería la organización de la producción y la alianza de obreros y campesinos. Para estos últimos, no resultaría tarea extraña la organización de consejos agrarios, pues tanto la cultura ancestral, así como el largo trabajo de propaganda desarrollado por los anarquistas, favorecería la constitución de consejos rurales, instancia indispensable para la alianza entre el campo y la ciudad, entre Norte industrial y el Sur agrario, entre la Península y las islas: Cerdeña y Sicilia.

Americanismo y fordismo o la subyugación del obrera industrial.

Para las tradiciones políticas italianas, opuestas o distantes del paradigma revolucionario, socialista y comunista, la reconstrucción de la sociedad europea occidental, y en particular la italiana, podía contemplar otro tipo de alternativa social, diferente a la planteada por la izquierda. Por ello, para la burguesía italiana, la alternativa, el modelo histórico, habría de ser localizada en el occidente, en la sociedad capitalista más avanzada: Estados Unidos de América. Esta sociedad había logrado desarrollarse espectacularmente, prescindiendo del conjunto de rémoras sociales inseparables del antiguo régimen; Estados Unidos de América, surgía como la nación donde el capitalismo había instalado el conjunto de relaciones sociales que le permitían el desenvolvimiento impetuoso, que a Europa la historia le negaba. En Estados Unidos de América la industria transformaba al conjunto de la sociedad, convirtiéndose en un país altamente industrializado, donde la agricultura era desplazada en tanto actividad principal. La industria más adelantada, durante los años comprendidos entre la I y II Guerra Mundial, era la industria automotriz. Para los años 30, la corporación Ford aparecía plenamente consolidada, tanto en Estados Unidos de América, como en los países donde instalaba sus plantas; el éxito de esta importante firma automotriz se debía tanto a la calidad técnica de sus productos, así como a la reestructuración que había logrado imprimir al proceso de producción, a la gestión y a la administración industrial. Por estas razones, la experiencia Ford aparecía como un faro iluminador 10 en medio de la crisis capitalista. Gramsci, en Cuadernos de la Cárcel consignó su interés en lo que él consagró como “Americanismo y fordismo“; advirtió cómo la influencia cultural norteamericana permeaba gradualmente la sociedad europea, incluida Italia. El examen gramsciano mostró como la industrialización norteamericana consistía en un proceso cuya capacidad expansiva rebasaba con mucho los límites estrechos impuestos por los muros y alambrados de la fábrica. Distanciado del reduccionismo economicista, Gramsci pudo señalar como el pujante desarrollo de la tecnología industrial exigía una modificación en los aspectos siguientes:

I. Transformación del aparato productivo, en sentido estricto, maquinaria, herramientas, técnicas y tecnología.

II. Restructuración de las técnicas administrativas y gerenciales, con el propósito esencial de lograr mayor productividad mediante la integración del obrero industrial al proceso productivo, inclusión limitada y subordinada. 

III. Afán empresarial posesivo, ya que la gerencia industrial no conforme con apoderarse del tiempo correspondiente a la jornada laboral, diseñaba mecanismos de control, con el propósito de adueñarse de la subjetividad proletaria, regulando las actividades recreativas después de finalizada la jornada de trabajo. La empresa valiéndose de técnicas propias de la Sociología del trabajo, intentó regular el tiempo libre del obrero, preocupada por controlar sus actividades recreativas, por ejemplo, luchando contra el alcoholismo. Además, era necesario difundir costumbres nuevas, orientadas hacia el despliegue de una conciencia productivista y eficientista; para tales propósitos convenía vigilar la salud de los trabajadores, fomentar el ahorro del gasto de energía física, corporal, sobre todo fuera de la fábrica, después de finalizada la jornada laboral. Por ello las condiciones de trabajo, se ensanchaban hasta el lecho conyugal, cuidando las costumbres erótico-sexuales, favoreciendo la represión y la reglamentación de la sexualidad.

El modelo estadounidense fundaba su fuerza en la hegemonía proveniente de la restructuración industrial, en consecuencia era imprescindible hacer concordar todos los poros de la sociedad civil con las modificaciones ocurridas en la estructura productiva. La reconversión de la subjetividad colectiva señalaba los cambios urgentes que los trabajadores y el conjunto de la sociedad debían cumplir. Las mutaciones en la subjetividad colectiva nunca se han dado en el aire, pues para lograr efectividad cabal, deben construirse nuevas instituciones, capaces de difundir los nuevos hábitos, creencias y costumbres que exige el aparato industrial; desde esta perspectiva explicó Gramsci el surgimiento de ciertas asociaciones como la YMCA y el Rotary Club. Ciertamente, para el fordismo, el obrero debía ser incluído en el proceso de producción; sin embargo, dicha integración suponía la constitución de una subjetividad dócil, mansa, capaz de favorecer el funcionamiento del “simio amaestrado“, producto del taylorismo.” Gramsci esquematizó los nudos problemáticos contenidos en el americanismo y en el fordismo de la siguiente manera:

“Registro de algunos de los problemas más importantes o de un interés esencial, aunque en primera instancia no parezcan serlo: 

1) Sustitución de la capa plutocrática actual por un nuevo mecanismo de acumulación y distribución del capital financiero basado inmediatamente sobre la producción industrial. 

2) Cuestión sexual. 

3) ¿Puede el americanismo constituir una época histórica?, vale decir, ¿puede determinar un desarrollo gradual del tipo, ya examinado en otro lugar, de las revoluciones pasivas propias del siglo pasado, o representa solamente la acumulación molecular de elementos destinados a producir una explosión, es decir, una subversión de tipo francés? 

4) Cuestión de la racionalización de la composición demográfica europea. 

5) Este desarrollo debe tener su punto de partida en el seno mismo del mundo industrial y productivo o puede provenir del exterior, a través de la construcción cautelosa y sólida de un andamiaje jurídico formal que guíe desde afuera los desarrollos necesarios del aparato productivo. 

6) Problema de los “altos salarios” pagados por la industria fordizada y racionalizada. 

7) El fordismo como punto extremo del proceso de las reiteradas tentativas realizadas por la industria para superar la ley tendencial de la caída de la tasa de beneficio.

8) El psicoanálisis (su enorme difusión en la postguerra como expresión de la creciente coerción moral ejercida por el aparato estatal y social sobre cada uno de los individuos y de las crisis morbosas que tal coerción determina. 

9) El Rotary Club y la masonería.12

La investigación gramsciana sobre la experiencia estadounidense, estableció los lineamientos para examinar la relación existente entre estructura industrial y las características de la sociedad civil; también explicito las razones por las que para la burguesía italiana era, la experiencia norteamericana, una alternativa extraordinariamente llamativa; además explotó las razones históricas que daban cuenta del atraso europeo y la modernidad capitalista norteamericana; no olvidó fijar los nexos existentes entre las modificaciones en la estructura productiva y la capacidad difusiva de estos cambios hasta el punto de exigir una nueva subjetividad colectiva; todas estas cuestiones fueron contempladas desde la perspectiva de la revolución, así como del papel que en todo este proceso desempeñaba el proletariado industrial.

Turín, entre Leningrado y Detroit

Actualmente, en aras de una perspectiva ideológica, pretendidamente modernizadora, se insiste en desechar el pensamiento producido por los teóricos marxistas. En vez de las aportaciones críticas de éstos, se propone volver a ciertos clásicos del pensamiento burgués: Hobbes, Smith, Hegel, Hayek, Malthus. Este extraño ejercicio de mirar al futuro desde la retrospectiva, parece poco modemizador, en tanto que intenta dar soluciones a la crisis contemporánea mediante el uso de prácticas que, por lo que se ve, lejos de mejorar la situación, la empeoran. 13 Esta acción extraña ofrece una metodología poco usual, descuidando que el pensamiento burgués ha sido criticado tanto desde el terreno de la teoría, así como desde el de la práctica, por la frondosa experiencia del pensamiento y la acción marxista. De ahí, que en estas sesiones de trabajo empeñadas en reflexionar sobre la actualidad del pensamiento de Antonio Gramsci, vale la pena recordar que el método que él siguió para comprender y criticar la coyuntura histórica de su época, consistió en dirigir su aguda mirada hacia las experiencias revolucionarias más importantes que en ese momento el mundo experimentaba:

A) La Revolución de Octubre, experiencia revolucionaria activa compuesta por la práctica de los trabajadores en plena insurrección.

B) La experiencia de la “revolución pasiva” más importante que el capitalismo construía, el americanismo y el fordismo. Esta iniciativa, en oposición a la comunista, era dirigida por un nuevo tipo de burguesía enérgica y emprendedora, decidida a subordinar a los trabajadores mediante la persuasión, hasta en los aspectos más recónditos de su cuerpo y de su alma. 

Gramsci confrontó la herencia marxista con las experiencias sociales, económicas y políticas más avanzadas de la época, tanto las nacionales (Turín la ciudad industrial más importante de Italia en su época), así como las internacionales ya señaladas. En sus escritos se advierte la construcción de un enfoque analítico que elabora el pensamiento crítico asumiendo la confrontación con los datos históricos más frescos y recientes para demostrar que, a pesar de las apariencias, tan sólo conforman versiones remosadas de la tradicional forma de expoliación capitalista. En consecuencia, Gramsci mostró la riqueza contenida en la tensión que significa enfrentar las tradiciones revolucionarias críticas del capitalismo con la metamorfosis permanente que mantiene. este para que todo permanezca igual. Como se ve, Gramsci carecía de disposición hacia la necrofilia, pues se interesó por la situación del proletariado más moderno y pujante de la época, el norteamericano, buscando desentrañar cuál era su destino al interior de una gigantesca transformación como la que implicaba el perfeccionamiento, internacíonalización y generalización del fordismo. También mostró la riqueza que significaba pensar la realidad y conocerla desde la perspectiva analítica que ofrece la teoría de las clases sociales, pues mediante este dispositivo teórico escudriñó las experiencias revolucionarias acontecidas en Italia, la Rusia zarísta y en Estados Unidos de América. La coyuntura contemporánea actual, está marcada por “nuevos” ejercicios de reconversión y reestrucuturación que de una u otra forma profundizan, reelaboran, refuncionalizan y adaptan la experiencia prístina del fordismo. Para el cumplimiento de estos proyectos de restauración capitalista, es indispensable destruir las experiencias de construcción de poder obrero, por pequeñas que éstas sean. De nueva cuenta, la reflexión del revolucionario comunista ilumina sobre los alcances, limitaciones y debilidades que en su momento contuvo la experiencia consejista, intento vigoroso decidido a imponer una nueva hegemonía -como el fordismo- desde la fábrica, pues no debe olvidarse que una y otra experiencia, la consejista y la fordista, reconocieron la capacidad difusíva de las prácticas fabriles y, por supuesto, el contenido de clase que éstas significan. En razón de lo anteriormente expuesto, parece notablemente enriquecedor continuar confrontando la realidad contemporánea -preñada de reconversiones para que todo permanezca igual- desde la perspectiva critica y revolucionaria que ofrece la extensa obra de Antonio Gramsci.

Del fordismo al neoliberalismo o la nueva máscara del capataz.

A mediados de la década de los años setenta, fue remozado el corazón urbano de Detroit; Renaissance Center coronó los afanes de los urbanistas empeñados en restañar las heridas de la ciudad que vio nacer al Ford-T, desde entonces permanece como la capital mundial de la industria automotriz. El observador que apaciblemente contempla desde el comedor giratorio, ubicado en la que probablemente sea la torre más alta de la ciudad, relieve principal de Renaissance Center, puede apreciar la belleza del río con sus yates, las piernas colosales del puente (Ambassador Bridge) que une la ribera estadounidense con la canadiense y desde el mirador puede percibir las aristas principales de Windsor, ciudad canadiense fronteriza, en cuyo territorio también Ford Motor Company estableció sus plantas con el propósito esencial de enfrentar las consecuencias de las huelgas de los obreros automotrices de Detroit.

La belleza del panorama y las alturas que impiden recordar las características de la crisis del fordismo, que en el terreno de la vida urbana se percibe en el estado ruinoso que guarda el Grand Boulevard, cuya hermosura perdida hoy sólo se percibe como fantasma entre las ruinas de las residencias destruidas 14 a causa de la guerra económica orientada esencialmente en contra de los niveles de vida alcanzados por los sindicatos de la industria automotriz.

La crisis que en los últimos veinticinco años ha puesto en su lugar histórico al fordismo, que una vez terminado su ciclo, ha debido volverse claramente en contra de los niveles de consumo y de ingreso de sus trabajadores. Por ello, la bancarrota del fordismo ha empujado a las corporaciones automotrices a buscar nuevos lugares donde asentar su estructura opresiva y explotadora. Lugar privilegiado para la reconversión de la industria automotriz, es la franja fronteriza del norte de México -cada vez más dilatada- espacio donde el capital ha podido encontrar fuerza de trabajo barata, ausencia de movimientos ecologistas, sindicatos frágiles y una débil estructura de protección social. 15

Gramsci no equivocó el juicio al cuestionar el fordismo, presentando una alternativa ante la creciente hegemonía del americanismo; su reflexión lo llevó a pensar en la democracia de los consejos de fábrica, es decir, de los trabajadores. En los mismos años en que Gramsci redactó sus ideas a propósito del americanismo y del fordismo, un artista mexicano pintó (1932-1933) majestuosos murales en el Instituto de Arte de Detroit. No obstante el título eufemistico de estos murales: “Detroit Industry Frescoes”, es evidente que Rivera criticó a sus mecenas, los Ford, y no tuvo reparo en plantear la lucha de los trabajadores: puños crispados en lucha contra el rostro despótico de los capataces y de los mismos Edison y Ford. No conforme con este cuestionamiento, la esperanza de la humanidad aparece simbolizada por la histórica estrella roja de cinco puntas, síntesis emblemática de las aspiraciones, de la civilización y de los trabajadores automotrices, quienes aparecen en primer plano mostrando claramente los rasgos de un proletariado plurirracial: Negros, blancos, hispanos y asiáticos. El muralista mexicano, siguió los pasos de los grandes artistas que en la propia obra plástica cuestionaron a sus mecenas: Miguel Angel dotó de genitales generosos a los personajes bíblicos, no obstante la censura papal; por su parte Velázquez con sus “Meninas” ridículizó la vida cortesana. 16

El mexicano, como Gramsci en el momento del apogeo del fordismo, explicó plásticamente lo que el tiempo vendría a confirmar: el fordismo fue un instrumento pasajero de la política histórica del poder capitalista que entonces como ahora niega y cancela la democracia de los trabajadores. Por ello, nunca fueron consultados para decidir el desplazamiento masivo de importantes sectores de la industria automotriz a la franja fronteriza mexicana y ya instaladas en México las corporaciones tampoco se preocupan por los desajustes que ocurren fuera de la fábrica, urbanos, sociales, ambientales, etc., pues la mirada de capataces y magnates que plasmó vivamente Rivera, es la misma que hoy vigila la implantación del despotismo industrial fronterizo, enemigo declarado de las prácticas democráticas de los trabajadores. Las ideas de Gramsci a propósito de la recuperación de la sociedad civil, rescatada por y para los trabajadores y ciudadanos 17 es hoy plenamente vigente, pues el capitalismo ha conformado sus rasgos despóticos, no sólo en su forma imperialista, sino también en contra de los trabajadores de su país. Por ello, la otra cara de la destrucción urbana en Detroit es el caos originado a raíz del establecimiento de las plantas automotrices fronterizas, tablas de salvación de las corporaciones que han visto naufragar el ídilico fordismo y que ahora mediante programas de reconversión o productivismo, luchan contra el descenso de sus ganacias, poniendo en el centro sus objetivos políticos y sociales, así como la desarticulación de todas las formas de organización defensoras de los intereses del trabajo.

 NOTAS

1. Hegel describió las virtudes de Norteamérica (Estados Unidos de América), señalando la superioridad de esta porción de América frente al resto de los países americanos (Latinoamérica); por ello no dudó en asegurar un futuro promisorio para los norteamericanos (estadounidenses). Cfr. Hegel, G.W.F., Lecciones sobre la filosofía de la Historia Universal, Revista de Occidente, Madrid, 1974, pp. 169-177. 

2. Gramsci, Antonio, Selectiansfram the prísanr notebooks, comp. por Quintín Hoare y Geoffrey Nowell-Smith, Londres, 1972, p. 276, citado en Anderson P., “Modernidad y revolución“, en La Batalla, núm. 24, México, 1990. 

3. Gramsci examinó las caracteristicas de Milán en “ll Problema di Milano”, en Gramsci, La Construzione del Partito Comunista, 1923-1926, Einaudi, Torino, 1974, pp. 7-10. 

4. El estudio de Coriat replantea la actualidad de las reflexiones gramscianas a propósito del fordismo; cfr. Coriat, B., El taller y el cronómetro, Ed. S.XXI, México, 1989, cap.IV. 

5. Sobre la importancia y el significado histórico de Turín, cfr. Gramsci, A.,”Torino e l’Italia“. “La relazione Tasca e il Congresso camerale di Torino“, en L’Ordine Nuovo, 1919-1920, Einaudi, Torino, 1975, pp. 105-107 y pp, 127-131, respectivamente.

6. lbid. 

7. “Es evidente que el papel central de la revolución de Octubre y de Lenin, no excluye la presencia de otras influencias reconocidas y reivindicadas; influencias que, además, se extienden más allá del marco exclusivo de L’0rdine Nuovo para constituir el patrimonio común a los movimientos revolucionarios europeos e internacionales. Ante todo, una influencia filosófica; Croce, evidentemente, pero también el movimiento cultural francés (Barbusse, el grupo Clarté) orientado hacia la búsqueda de una literatura proletaria, de una nueva relación entre cultura y revolución. Influencias políticas, también; la de Sorel y la de De León, ese teórico marxista norteamericano que había intentado implantar el marxismo en los Estados Unidos, a fin de promover un ‘sindicalismo industrial’ de clase (el movimiento de asociaciones sindicales revolucionarias o IWW). Recordemos, de paso, que el propio Lenin en sus Conversaciones con Arthur Rarrsome, publicadas en L ‘Ordine Nuovo el 13 de septiembre de 1919, reconocía que, sorprendido por la coincidencia entre algunos aspectos del pensamiento de De León y el sistema soviético (designación de delegados obreros a partir de las fábricas y no de las circunscripciones territoriales), habia introducido algunas frases de De León en el programa del partido comunista ruso a manera de homenaje…”, Buci-Glucksmann, C., Gramsci y el Estado, S.XXI, México, 1978, p. 156. Algunos estudios reexaminan la influencia del sindicalismo revolucionario y libertario de la IWW, en el Partido Liberal Mexicano. Véase: Cockrofi, J .D., hecursores intelectuales dela Revolución mexicana, S.XXI, México, 1971; Hernández Padilla, S., El magnetismo: historia de una pasión libertario, 1900-1922, Ed. Era, México, 1984; W,Dirk Raat, Los revoltosos, Ed. F.C.E., México, 1988; Aguilar Mora, J., Una muerte sencilla, justa, eterna, Ed. Era México, 1990; Tones Pares, J ., La Revolución sin frontera, UNAM, México, 1990; Fuentes, J., “Historia y politica en la frontera”, en Cuadernos del Norte, núm. 13, Chihuahua, Chih., 1991; Dale, J./ Vargas, J., “Los magonistas en Chihuahuha”, en Cuadernos del norte, núm. 17, Chihuahua, Chih., 1991, Estas investigaciones ponen de relieve una experiencia histórica extraordinariamente significativa: la relación entre la izquierda revolucionaria norteamericana y la corriente más radical de la Revolución Mexicana. Esta cuestión tiene singular importancia, ya que tradicionalmente la relación politica e ideológica entre México y EUA se ha construido desde las perspectivas del pensamiento religioso (protestantismo); del pensamiento capitalista (YMCA, Rotary Club, etc); o el pensamiento conservador y reaccionario, tal y como sucede en la actualidad.  

8. Piotte, J .M., El pensamiento política de Gramsci, Redondo Editor, Barcelona, 1972, pp.250-2S5. 

9. La Revolución de 1905 condensó las experiencias derivadas de la lucha de los anarcosindicalistas, populistas y socialdemócrata, quienes habian asumido la defensa del trabajo desde que San Petersburgo se había convertido en una ciudad industria]. Véase Boffa, G., La revolución rusa, T.], Era México, 1976; Berman, M, Toda la sólida se desvanece en el aire, S.XXI, México, 1989, “San Petersburgo: modernismo del subdesarrollo“.

10. Gramsci escogió la opinión de un notable representante de la cultura italiana de la época, para mostrar los alcances y limitaciones de la influencia cultural norteamericana: “…Luigi Pirandello afirma: ‘El americanismo nos sumerge. Creo que un nuevo faro de civilización se ha encendido allí’. ‘El dinero que circula en el mundo es americano (?!) y detrás del dinero (l) corre el mundo de la vida y la cultura (esto es verdad sólo para la espuma de la sociedad y parece que Pirandello y muchos otros como él creen que el “mundo” entero está constituido por esa espuma)…” A. Gramsci, “Americanismo y fordismo“, en Obras de Antonia Gramsci, T.I., Juan Pablos Editores, México, 1975, p. 315. 

11. Sobre taylorismo véase Amerícanismo y fordismo, op. cit., pp.299-302 y El Taller del cronómetro, op. cit., cap. 2. 

12. Americanismo y Fordismo, op. cit., pp.281-282. 

13. Dumont ha escrito recientemente un trabajo en el que enfatiza las consecuencias desastrosas que la política neoliberal ha tenido en los paises subdesarrollados: Dumont, R., Un mundo intolerable. Gaesríonamiento del liberalismo, S.XXI, México, 199]; por su parte, Guillén ha explorado los efectos que ha tenido la politica económica neoliberal en México: Guillén R.H., El sexenio de crecimiento cero. México, 1982-1988, Ed. Era, México, 1990. 

14. Las reflexiones de Berman sobre la destrucción-reconstrucción de Nueva York pemiiten pensar en la historia de los últimos años de la ciudad-capital mundial, de la industria automotriz. En efecto, Renaissance Center constituye uno de los esfuerzos para reconstruir Detroit; sin embargo, enormes áreas de la ciudad, actualmente muestran en medio de la ruina, su antiguo esplendor… otro intento… imaginario, irónico y critico fue llevado ala pantalla por Beerhoven… “Robocop”. Cfr. Berman, M., Todo lo sólido se desvanece en el aire, S XXI, 2a. edición, México, 1989, cap. S, pp. 301-367. 

15. Para el estudio de la crisis del fordismo, asi como las alternativas que el capital diseña para resolver definitivamente la embestida contra los trabajadores, véase: Coriat, B. El talla y el robot, S. XXl, México, 1992, y Pensar al revés, S. XXI, México, 1992. Hirsch, J., Fordisnto y posfondismo. La crisis social actual y sus consecuencias y Holloway, J., La 03a Mayor: posfordismo y lucha de clases, en Bonefeld W. y Holloway J ., ¿Un Nuevo Estado? Debate sobre Ia reestructuración del Estado y el Capital, Ed. Cambio XXI, México, 1994. 

16. Conviene señalar que en el contexto de los años treinta, la estrella aparecía claramente como uno de los emblemas de la Revolución de Octubre; no obstante, los Ford respetaron la voluntad y el genio del artista. Rockefeller, por el contrario, no pudo soportar la figura de Lenin contenida en los murales de Diego en Nueva York; por ello cometió el acto de barbarie que significó ordenar la destrucción de los magníficos frescos de Rivera. Cfr. The Detroit Institute of Arts. The Detroit Industry Frase-ves, by Diego Rivera, Detroit, Mi., 1994. 

17. Cerroni, U., “Gramsci y la superación de la separación entre sociedad y Estado”, en A. V., Gramsci y el marxismo, Ed. Proteo, Buenos Aires, 1965. Cerroni U., Teoría política y socialismo, Ed. Era, México, 1976, “Gramsci y Ia teoría política del socialismo”, pp. 135-167.

Esta entrada fue publicada en Gramsci y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s