La geografía del Manifiesto

Recuerdo como si fuera ayer el primer curso de formación que recibí en las juventudes comunistas: el Manifiesto Comunista -como no-. Luego lo he vuelto a estudiar; en el instituto, en más seminarios del partido, para oposiciones…tanto que llegué a tomarhavey y marx ojeriza al “betseller” marxista por excelencia. Superado ese momento, lo he leído y releído, y siempre encuentro nuevos aspectos que en la anterior lectura no había destacado. Y no me canso jamás de volver a él.

Se pueden realizar diversas lecturas del Manifiesto; destacar este o aquel tema por encima de cualquier otro. En la difusión de hoy, trataremos de la geografía del Manifiesto gracias al trabajo del geógrafo norteamericano David Harvey, profesor de la Universidad John Hopkins, en Baltimore. Curioso…

Salud. A, Olivé

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LA GEOGRAFÍA DEL MANIFIESTO

David Harvey

Es hoy imperativo volver la mirada a las pasiones políticas que subyacen al Manifiesto. Este es un extraordinario documento lleno de puntos de vista, rico en significados y pletórico de posibilidades políticas. Por cierto no tenemos derecho a alterarlo, pero sí tenemos la obligación de interpretarlo a la luz de las condiciones contemporáneas. “La aplicación práctica de los principios” escribieron Marx y Engels en el Prefaciodependerán, como el mismo Manifiesto declara en todos los tiempos y lugares, de las históricas condiciones del tiempo en que existen”.

Sin su expansión geográfica, reorganización espacial y heterogéneo despliegue geográfico, el capitalismo habría cesado de funcionar hace mucho tiempo. La perpetua búsqueda de un “arreglo espacial” de las contradicciones internas del capitalismo unida a su desigual inserción en diferentes territorios y formaciones sociales dentro del mercado capitalista mundial han creado una geografía histórica global de la acumulación capitalista cuyas características necesitan ser bien comprendidas. El modo en que Marx y Engels conceptualizaron esta problemática en El Manifiesto Comunista amerita un examen.

Su abordaje es profundamente ambivalente. Por un lado, las cuestiones de urbanización, transformación geográfica y “globalización” han tenido un lugar prominente en su argumentación, pero por el otro, las ramificaciones potenciales de las reestructuraciones geográficas tendieron a ceder a una retórica que privilegia el tiempo y la historia sobre el espacio y la geografía.

El Manifiesto es, por supuesto, eurocéntrico. Pero la importancia del plano global no es ignorada. El desarrollo de la burguesía es íntimamente conectada con sus actividades geográficas y estratégicas:

“La industria moderna a establecido el mercado mundial, ya preparado por el descubrimiento de América. El mercado mundial ha dado origen a un prodigioso desarrollo del comercio, de la navegación y de los medios de transporte por tierra. Este desarrollo ha repercutido, a su vez, en el auge de la industria y, a medida que se iban extendiendo la industria, el comercio, la navegación y los ferrocarriles, se desarrolló la burguesía, multiplicando sus capitales y relegando a un segundo plano a todas las clases heredadas de la Edad Media.”

La burguesía arrasó los poderes feudales y convirtió al estado (con sus poderes organizativos, militares y fiscales) en un ejecutor de sus ambiciones. Una vez en el poder, ella continuó realizando su misión revolucionaria, en parte por la vía de transformaciones geográficas. Internamente, la rápida urbanización trajo a las ciudades el dominio sobre el campo (rescatando al mismo tiempo a este del “idiotismo” de la vida rural y reduciendo al campesinado a un papel subordinado). La urbanización concentró fuerzas productivas y de trabajo en el espacio, transformando poblaciones dispersas y sistemas de propiedad descentralizados en concentraciones masivas de poder político y económico. Y entonces:

“La necesidad de un mercado mundial en expansión constante expandió a la burguesía sobre toda la superficie del globo. Necesita anidar en todas partes, establecerse en todas partes, crear vínculos por doquier…..A través de la explotación del mercado mundial, la burguesía ha dado un carácter cosmopolita a la producción y el consumo de todos los países. Con gran pesar de los reaccionarios, ha quitado a la industria su base nacional. Las antiguas industrias han sido destruidas y continúan destruyéndose continuamente. Son suplantadas por nuevas industrias, cuya introducción se convierte en cuestión vital para todas las naciones civilizadas, por industrias que ya no emplean materias primas indígenas, sino materias primas venidas de las más lejanas regiones del mundo y cuyos productos no sólo se producen en el propio país, sino en todas partes del globo. En lugar de las antiguas necesidades, satisfechas con productos nacionales, surgen necesidades nuevas, que reclaman para su satisfacción productos de los países más apartados y de los climas más diversos. En lugar del antiguo aislamiento y la autarquía de las regiones y naciones, se establece un intercambio universal, una interdependencia universal de las naciones. Y esto se refiere tanto a la producción material como a la intelectual. Los productos intelectuales de las diversas naciones se convierten en patrimonio común. La estrechez y el exclusivismo nacionales resultan de día en día más imposibles; de las numerosas literaturas nacionales y locales se forma una literatura universal.”

Mas aun, la burguesía:

“compele a las naciones, so pena de extinción, a adoptar el modo burgués de producción; y las obliga a introducir todo lo que se llama civilización en sus fronteras; en una palabra, se vuelven ellas mismas burguesas. Y la burguesía crea un mundo a su propia imagen.”

El tema de la globalización y la “misión civilizadora” de la burguesía queda aquí enunciado (si bien con un toque de ironía). Pero si la misión geográfica de la burguesía es la reproducción de las clases y las relaciones de producción en una escala espacial en progresiva expansión, entonces las bases tanto de las contradicciones internas del capitalismo como la revolución socialista se expanden geográficamente también. La conquista de nuevos mercados da lugar a “crisis mas extensas y mas destructivas”, y simultáneamente “disminuyen los medios por los cuales las crisis pueden ser previstas”. La lucha de clases se vuelve global; los trabajadores de todos los países se deben unir en una lucha revolucionaria, anticapitalista y socialista.

Existe un número de cuestiones irresueltas en este relato que necesitan ser tomadas en cuenta si aspiramos a desarrollar una comprensión políticamente útil de como la geografía de la acumulación de capital ayuda a perpetuar el poder burgués y a suprimir las aspiraciones y derechos de los trabajadores.

La división del mundo en naciones “bárbaras” y “civilizadas” es anacrónica y altamente objetable, por más que pueda ser excusada como típica de su tiempo. El modelo centro-periferia de acumulación capitalista que la acompaña es en el mejor de los casos una gruesa simplificación y en el peor un enfoque erróneo. Hace aparecer al capital como originado en un solo lugar (Inglaterra o a lo sumo Europa) y a partir de allí difundido hacia afuera hasta abarcar el resto del mundo. Si bien hay muchos ejemplos en que esto ocurre, resulta inconsistente con lo que pasó en Japón después de la restauración Meiji o con lo que está ocurriendo actualmente en Corea del Sur o China, donde se realiza una acumulación primitiva interna y se insertan con sus propios productos y su fuerza de trabajo en los mercados globales. La geografía de la acumulación de capital merece un tratamiento mucho mas elaborado que el esquema difusionista ofrecido en el Manifiesto. El fracaso en delinear una teoría del desarrollo geográfico desigual (a menudo comprendido en una acumulación primitiva desigual) inhibe la comprensión de la dinámica de la formación de la clase obrera y de la lucha de clases en el espacio global.

El globo terráqueo nunca ha sido un campo llano en el que la acumulación de capital realizó ampliamente su destino. Por el contrario, es una superficie muy irregular, ecológica, política, social y culturalmente diferenciada. Los flujos de capital encuentran algunos terrenos más fáciles de ocupar que otros en diferentes fases de su desarrollo. Y la exposición al mercado capitalista mundial lleva a muchas formaciones sociales a insertarse agresivamente por sí mismas mientras otras no lo hacen, lo que produce importantes efectos. La acumulación primitiva u “original” puede ocurrir, y ha ocurrido en diferentes lugares y tiempos. Como y donde eso ocurre depende de las condiciones locales, si bien sus efectos son globales. Existe ahora una ampliamente arraigada creencia en Japón, de que el éxito comercial de ese país después de 1960 fue en parte debido a la actitud no competitiva y el prolongado estancamiento de China después de la revolución y que la inserción contemporánea del poder chino en el mercado mundial capitalista condenarán a Japón en su papel de productos y lo lleva a una economía rentista. Contingencias geográficas de este tipo tienen un papel importante en la historia mundial del capitalismo. Mas aun, la globalidad de la acumulación capitalista coloca el problema del poder disperso de la burguesía que se vuelve mucho mas difícil de manejar geopolíticamente precisamente a causa de sus múltiples locaciones. El propio Marx estuvo preocupado por esta posibilidad. En 1858 escribió:

“Para nosotros la cuestión difícil es esta: la revolución en el Continente es inminente y su carácter sólo puede ser socialista; pero ella no será necesariamente extendida a este pequeño rincón del mundo, desde el cual tendrá un mucho mas amplio campo de desarrollo para de la sociedad burguesa están todavía en ascenso.”

Esto proyecta un reflejo aleccionador sobre el número de revoluciones socialistas alrededor del mundo que han sido sucesivamente rodeadas y aplastadas por estrategias geopolíticas de un poder burgués en ascenso.

El Manifiesto ha señalado bastante correctamente la importancia de la reducción de las barreras espaciales gracias a las inversiones e innovaciones en el transporte y las comunicaciones. A ese respecto el Manifiesto es clarividente en extremo. “La aniquilación del espacio a través del tiempo” como Marx mas tarde expresa, enfatiza la relatividad de las relaciones espaciales y de las ventajas de localización que constituyen las ventajas comparativas en el comercio, a la luz de un escenario altamente dinámico. Más aun, el sendero espacial de los flujos de mercancías tiene que ser mapeado en relación a los flujos de capital, fuerza de trabajo, ventajas militares, transferencias de tecnología, flujos de información, y otros procesos por el estilo. Desde este enfoque, el Manifiesto no estaba equivocado, sino deficientemente elaborado y minusvalorado.

Una de las más grandes ausencias del Manifiesto es su falta de atención hacia la organización territorial. Si por ejemplo, el estado es un “brazo ejecutor de la burguesía” entonces debe ser definido territorialmente., organizado y administrado. La centuria decimonónica es un período destacado en materia de definiciones territoriales (buena parte de las fronteras mundiales fueron fijadas entre 1870 y 1925 por los poderes coloniales). Pero la formación y consolidación de los estados comprende mas aspectos que la definición territorial y ha constituido un proceso muy prolongado y a menudo inestable (particularmente, p. ej. en África). Sólo después de 1945 el proceso de descolonización impulsó la formación de estados en todo el mundo produciendo un resultado un poco más cercano al modelo muy simplificado concebido en el Manifiesto.

El estado es sólo una entre las muchas mediaciones institucionales que influyen sobre la dinámica de la lucha de clases a nivel mundial. El dinero y las finanzas deben recibir un lugar importante en este campo. Pero el Manifiesto mantiene silencio a ese respecto. Hay dos maneras de desarrollar esta cuestión. La moneda mundial puede ser vista como una representación universal de valor que relaciona a los territorios (a través de sus propias monedas nacionales) y a la que los capitalistas se conforman. Este es un punto de vista muy funcionalista (y constituye el punto de vista dominante en la ideología neoclásica contemporánea de la globalización). O bien la moneda puede ser visualizada como una representación de valor que mantiene una relación dialéctica entre trabajos concretos realizados en un tiempo y lugar en particular y la universalidad de valores (trabajo abstracto) realizados a modo de intercambio de mercancías que se vuelven un acto social normal en el mercado mundial. Bancos centrales y otras instituciones financieras median en esa relación. Ellas están en una relación con frecuencia inestable (y basada territorialmente) relación problemática entre condiciones locales y valores universales. Pero esas instituciones, por medio de su comando sobre los flujos y la concurrencia del capital, también afectan el trabajo concreto y las relaciones de clase y la configuración de un desarrollo geográfico heterogéneo.

El argumento de que la revolución burguesa da las bases para una mayor unidad de la clase obrera a través de la urbanización y la concentración industrial es importante. Así se afirma que la producción de la organización espacial no es neutral en términos de lucha de clases. Este es un principio fundamental no importa cuan crítico se deba ser respecto de los tres escenarios esbozados en el Manifiesto. Ellos son: a) Luchas individuales que comienza a colectivizar en torno a fábricas, comercios y localidades. b) La conjunción de muchas de esas luchas a través de la concentración de actividades y la formación de sindicatos que comienzan a comunicarse entre sí. c) La emergencia de la lucha de clases en el plano nacional. 

En gran parte del pasado siglo este relato capta el más común de los caminos de desarrollo de la lucha de clases. Y trayectorias similares pueden ser observadas en este siglo (p. ej. Corea del Sur). Pero una cosa es presentar esto como un útil modelo para la descripción y otra bastante distinta pensar que esos son estadios necesarios e inevitables a través de los cuáles la lucha de clases debe evolucionar en la ruta hacia la construcción del socialismo. Más aún, la burguesía puede también evolucionar en sus estrategias espaciales de dispersar, dividir y dominar, de disrupción geográfica, como forma de contrarrestar el crecimiento de las oposiciones de clase concentradas. En el presente ataque contra el poder de los sindicatos, la dispersión y fragmentación de los procesos de producción a través del espacio (lo que se produce en mayor medida en los así llamados países en vías de desarrollo, donde la organización de la clase obrera es más débil) proporcionan una poderosa arma a la burguesía. El activo estímulo de la competencia entre trabajadores a través del espacio ha sido una gran ventaja para los capitalistas, para no hablar del problema del localismo y el nacionalismo al interior de los movimientos de la clase obrera. En general, los movimientos de trabajadores han tenido mayor poder en lugares y territorios fijos que en el control del espacio. La clase capitalista ha utilizado su superior capacidad de maniobra en el plano espacial para derrotar revoluciones proletarias espacialmente localizadas. (cf. Marx 1858 citado más arriba). Si bien ninguno de estos aspectos es incompatible con el sustento básico de la argumentación del Manifiesto, esta es, por supuesto, bastante diferente respecto de la modalidad actual de la dinámica de la lucha de clases.

Si bien la unidad de la clase obrera en el plano global se define como la única respuesta apropiada respuesta a las estrategias globalizadoras de la acumulación del capital, la manera de concebir tal respuesta merece un examen crítico. En especial respecto al argumento que considera que la industria moderna y el trabajo asalariado ha despojado a los trabajadores “de todo vestigio de carácter nacional” y por lo tanto “los trabajadores no tienen patria”.

“Las diferencias nacionales y antagonismos entre los pueblos van desapareciendo día a día, a medida que se desenvuelve la burguesía, la libertad de comercio, el mercado mundial, la creciente uniformación de las modalidades de producción y de las condiciones de vida, marchan en la misma dirección.

“La supremacía del proletariado es la causa de que éstas desaparezcan más rápido. La acción unificada, al menos en los países mas avanzados, es una de las primeras condiciones para la emancipacíon del proletariado.

“en la misma medida que la explotación de una persona por otra será suprimida, lo mismo ocurrirá con la explotación de una nación por otra. A medida que los antagonismos de clase desaparezcan al interior de las naciones, la hostilidad entre naciones llegará también a su fin.”

Esta visión es noble pero tiene una fuerte carga de deseos que aparecen como realidades. A lo sumo el Manifiesto concede débilmente que la estrategia socialista “es diferente en diferentes países” y que los problemas pueden incrementarse cuando se trata de trasladar las ideas políticas de uno a otro contexto, los alemanes adaptaron las ideas socialistas francesas a sus propias circunstancias, creando un tipo alemán de socialismo que Marx criticó con fuerza. Hay allí una limitada sensibilidad hacia las heterogéneas condiciones materiales y circunstancias locales. La tarea de los comunistas, de cualquier modo, es producir la unidad de esas causas, para definir los elementos comunes en las diferencias y tratar de construir un movimiento en el cual los trabajadores de todo el mundo puedan unirse.

El Manifiesto insiste, bastante correctamente, que el único modo de resistir al capitalismo y construir el socialismo es a través de la acción de la clase obrera a nivel global, tal vez lograda mediante una gradual progresión desde los temas locales a los nacionales y de allí a los globales. Los comunistas deben encontrara caminos para atraer movimientos locales o particulares a algún tipo de comunidad de propósitos. Hay también una lectura demasiado mecanicista que supone la automática caducidad de las diferencias nacionales por medio del avance burgués, la deslocalización y desnacionalización de las poblaciones trabajadoras y aun de sus aspiraciones y movimientos políticos. Los comunistas deben entonces prepararse para el punto final de la revolución burguesa. Ellos deben educar a los trabajadores acerca de la verdadera naturaleza de su situación y organizar su potencial revolucionario. Tal lectura mecanicista es, a mi entender, incorrecta, a pesar de que es un modo de pensar que puede encontrar importante sustento en el Manifiesto.

La dificultad central en este punto radica en la presunción de que la industria capitalista y la mercantilización conducen a la homogeneización de la población obrera. En un sentido todo eso es cierto, pero falla al apreciar otra cara del proceso, por la cual el capitalismo, al mismo tiempo, diferencia, a veces vuelve a traer a la superficie antiguas distinciones culturales, relaciones de género, predilecciones étnicas y creencias religiosas. El capitalismo se construye en parte mediante las estrategias burguesas de división y control, y asimismo convierte la elección de mercado en un mecanismo de diferenciación de grupos. El resultado es la implantación de todas las modalidades de divisiones sociales, de clase, género, y otras, en el paisaje geográfico del capitalismo. Divisiones tales como las que existen entre ciudades y suburbios, entre regiones, y entre naciones no pueden ser entendidas solamente como residuos de algún orden social anterior. Ellas no desaparecen automáticamente. Son producidas por los poderes diferenciadores de la acumulación de capital y de las estructuras de mercado. Las lealtades espacialmente situadas proliferan, y en muchos aspectos se fortalecen en lugar de desintegrarse a través de los mecanismos de lucha de clases y de la acción tanto del capital como de los trabajadores por sí mismos. La lucha de clases es también susceptible de disolverse en una amplia serie de intereses comunitarios fragmentados geográficamente, fácilmente cooptada por los poderes de la burguesía o explotada por los mecanismos neoliberales de penetración del mercado.

Hay una potencialmente peligrosa subestimación en el Manifiesto de los poderes del capital para fragmentar, dividir y diferenciar, para absorber, transformar, e inclusive exacerbar las viejas divisiones culturales, para producir diferenciaciones espaciales y movilizarlas con sentido geopolítico. Existe también una subestimación del mismo tipo de como el trabajo se moviliza a través de formas territoriales de organización, construyendo lealtades locales en su camino. La dialéctica de comunidad y diferencia no ha sido trabajada de esta manera en el modelo provista en el Manifiesto, aun si su énfasis en la lógica y la búsqueda de la unidad es correcta.

Incluso, las condiciones que impulsan a los trabajadores a unirse en el escenario mundial a través de la lucha de clases no han disminuido. El Banco Mundial estima que la fuerza de trabajo mundial se ha duplicado entre 1966 y 1995. Y actualmente se halla en alrededor de 2.5 billones de hombres y mujeres, y mas de un billón de individuos vive con un dólar o menos por día. En muchos países “los trabajadores no tienen organización y trabajan en condiciones insalubres, peligrosas y degradantes. Mientras tanto 120 millones de personas están desempleadas en el mundo, y millones mas han perdido la esperanza de encontrar trabajo.” Esta condición existe al mismo tiempo que se produce un rápido crecimiento en los niveles de productividad (que se considera que se han doblado desde 1965 a la fecha a nivel mundial) y de un rápido crecimiento en el comercio mundial impulsado por una reducción de los costos del transporte y una ola de liberalización comercial. Como resultado, se dice en un informe de la OIT:

“el número de trabajadores empleado en industrias de bienes transables internacionalmente ha crecido significativamente…esto significa que el mercado laboral se ha vuelto mucho mas interrelacionado…Algunos observadores visualizan en estos procesos la emergencia de un mercado de trabajo global dentro del cual “el mundo ha devenido un bazar con naciones que rematan su fuerza de trabajo en competencia con otras, ofreciendo los precios más bajos con el propósito de atraer negocios”…La comprensión a fondo de tal intensificación de la competencia global generará presiones a la baja de los salarios y las condiciones de trabajo en todo el mundo.”

Movimientos masivos en la fuerza de trabajo global están ocurriendo (p. ej. China, Indonesia, Bangladesh). Ciudades como Jakarta, Bangkok y Bombay se han vuelto sedes de la formación de una clase trabajadora trasnacional -duramente dependiente sobre las mujeres- en condiciones de pobreza, violencia, polución y creciente represión.

Las desigualdades están hoy creciendo en espiral, fuera de control. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo informa que “entre 1960 y 1991 el porcentaje de participación del 20% mas rico de la población se elevó alrededor del 70% del ingreso global al 85%- mientras que el 20% mas pobre declinó del 2.3 al 1.4%.” En 1991 “más del 85% de la población mundial recibió solamente el 15% del ingreso mundial” y “la renta neta de las 358 personas más ricas del mundo es igual a la suma de los ingresos del 45% más pobre de la población mundial, es decir 2.3 billones de personas.” Esa polarización de la riqueza y del poder es tan obscena como sorprendente:

“Indonesia, en nombre del sistema de libre mercado, promueve las peores violaciones de los derechos humanos, y niega el derecho a la subsistencia de aquellos sobre cuyo trabajo descansan sus ventajas competitivas. Muchas trasnacionales han subcontratado aquí: Levi Strauss, Nike, Reebock. Muchas de las subcontratistas son propiedad de empresarios coreanos. Todos ellos tienden a aplicar bajos salarios y modalidades brutales de gerenciamiento empresario. Nike y Levis tienen un código de conducta para sus criterios de inversión, pero en realidad, bajo este sistema todos buscan los costos de producción más bajos…Algunos subcontratistas se van de Jakarta a ciudades más pequeñas, donde los trabajadores son aun menos capaces de asociarse para mejorar sus condiciones.”

En El Capital Marx vuelve a relatar la historia de Mary Anne Walkely, una sombrerera de veinte años de edad, que a menudo trabajaba 30 horas de manera ininterrumpida (revitalizándose con ocasionales dosis de jerez, oporto y café) hasta que, después de una tarea particularmente dura necesaria para preparar “magníficos vestidos para las mujeres nobles invitadas al baile de recepción del nuevo Príncipe de Gales”, murió a causa, de acuerdo al testimonio médico, “por largas horas de labor en un salón superpoblado, y en un dormitorio demasiado pequeño y mal ventilado”. Compárese ésto con el relato contemporáneo de las condiciones de la planta de Nike en Vietnam:

“”Mr. Nguyen” pensó que el trato de los trabajadores por los capataces en Vietnam (a menudo coreanos y taiwaneses) es una “constante fuente de humillaciones”, el abuso verbal y el acoso sexual ocurren con frecuencia, y que “los castigos corporales son utilizados a menudo”. El encontró que fuertes cantidades de horas extras forzadas son impuestas a los trabajadores vietnamitas “Esto ocurre habitualmente” escribió Mr. Nguyen en su informe, muchos trabajadores se desmayan por cansancio, sofocación y nutrición deficiente durante su trabajo. Muchos trabajadores han escupido sangre después de sus desmayos.”

Las condiciones materiales que eran condenadas como un ultraje moral en el Manifiesto no han desaparecido. Ellas están acumuladas en los calzados Nike, los productos Disney, la ropa GAP y los productos Liz Clairborne. El planteo del Manifiesto no ha cambiado radicalmente en sus aspectos básicos. El proletariado mundial es más numeroso que nunca. El imperativo de los trabajadores del mundo a unirse es más fuerte que nunca. Pero las barreras para que tal unidad se realice son por lejos más formidables que el de por sí complicado contexto europeo de 1848. La fuerza de trabajo está hoy mucho mas dispersa geográficamente, es culturalmente más heterogénea, diversificada en términos étnicos y religiosos, racialmente estratificada y lingüísticamente fragmentada. Las modalidades de resistencia al capitalismo y la definición de alternativas se han vuelto radicalmente diferenciada. Y mientras es verdad que los medios de comunicación y las oportunidades de viajar han mejorado en gran medida, hay hoy menos medios para un billón o mas de trabajadores que viven con menos de un dólar por día , que poseen historias culturales, literaturas y conocimientos bastante diferenciadas (comparada con los financieros internacionales grandes multinacionales que utilizan su trabajo todo el tiempo). Las diferencias (tanto geográficas como sociales) en los sueldos y la provisión de bienes sociales en la clase trabajadora global son mas grandes que lo que nunca antes fueron. La brecha política y económica entre los trabajadores en mejores condiciones, en Alemania y EEUU, y los trabajadores mas pobres en Indonesia y Malí, es mucho mayor que la existente entre la llamada aristocracia obrera europea y los trabajadores no calificados en el siglo pasado. Esto significa que un cierto segmento de la clase obrera (en su mayoría pero no exclusivamente situada en los países capitalistas avanzados y a menudo poseedores por lejos de medios de expresión política poderosos) tienen mucho que perder además de sus cadenas. Aunque las mujeres siempre fueron un componente importante de la fuerza de trabajo en las épocas tempranas del desarrollo capitalista, su participación ha devenido mucho más general al mismo tiempo que se han concentrado en ciertas categorías (las usualmente denominadas “no calificadas”) de un modo que tiene como efecto asignar un lugar importante a las cuestiones de género en la política de la clase obrera, las que demasiado a menudo eran barridas debajo de la alfombra en el pasado. Se agregan a todo lo anterior las problemáticas de la urbanización masiva, severos desajustes ecológicos, movimientos migratorios internacionales, y el terreno para la construcción de una alternativa socialista aparece mas diferenciado, heterogéneo y complejo.

Los movimientos socialistas tienen que tener en cuenta las extraordinarias transformaciones geográficas y desarrollar tácticas que permitan tratar con ellas. Esto no diluye la importancia de la exhortación final a la unidad contenida en el Manifiesto. Las condiciones que enfrentamos hoy hacen a ese llamado mas imperativo que nunca. Pero no podemos hacer nuestra historia y nuestra geografía en condiciones histórico-geográficas de nuestra propia elección. Una lectura geográfica del Manifiesto enfatiza la no-neutralidad de las estructuras espaciales y la importancia de la intrincada dinámica especial de la lucha de clases. Ello revela el modo en que la burguesía adquiere sus poderes, mayores que los de modos de producción precedente, a través de su dominio sobre el espacio, que se convierte en una fuerza productivas en sí misma. Y muestra como la burguesía ha afianzado y protegido su poder a través del mismo mecanismo. E incluso enseña que hasta que el movimiento de la clase trabajadora aprenda a confrontar con el poder burgués para dominar y producir espacio, siempre va a estar en una posición de debilidad más que de fuerza. De ese modo, hasta que el movimiento se encare con las condiciones geográficas y las diversidades de su propia existencia, no podrá definirse, articularse y luchar por una alternativa socialista realista a la dominación capitalista.

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