Octubre contra El Capital. El nombre y el verbo

Si un clavo saca otro clavo, una noticia tapa otra noticia. ¿Casualidad, leyes inexorables? Veamos un ejemplo: la causa abierta contra Iñaki Undargarin y la Infanta ha desaparecido de escena gracias al escándalo Pujol, escándalo que también desplaza al caso Gurtel. Y al final, como la justicia es lenta como un caracol, pues pocas responsabilidades veremos. Así es España.

Instantánea del Ejército Rojo de Trabajadores y Campesinos tomada en 1920.

Instantánea del Ejército Rojo de Trabajadores y Campesinos tomada en 1920.

Hoy vamos a revisar una relación difícil, la existente entre el marxismo y Rusia. Así lo indica el trabajo de Antonio Fernández Ortiz, publicado en el El Viejo Topo 313, febrero 2014 y que difundimos aquí. Pues bien reflexionado sobre ésto Antonio dice: “Convertido en la ideología oficial del sistema soviético, el marxismo siguió en la URSS una trayectoria accidentada tanto en su propio desarrollo filosófico como en la capacidad para interpretar y explicar la historia rusa y el propio presente soviético. Incluso ahora, después de la desaparición de la URSS, el marxismo y el materialismo histórico siguen jugando un papel fundamental en los estudios históricos y en el pensamiento filosófico.” Si quieres saber sobre esa trayectoria accidentada…
Saludos, Olivé

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OCTUBRE CONTRA EL CAPITAL. EL NOMBRE Y EL VERBO

Antonio Fernández Ortiz

 

 

MARX, LOS MARXISTAS Y RUSIA

El marxismo fue parte inseparable de la cultura rusa con anterioridad a la Revolución de Octubre desde que se publicó por primera vez el Tomo I de El Capital en ruso. La propia historia de su traducción y publicación es muy interesante y giró al rededor de la figura de Nicolai Frantsevich Danielson, economista, publicista, editor, traductor y populista revolucionario. Tras la salida del primer tomo de El Capital en 1867, Danielson fue de las primeras personas en leerlo, e inmediatamente comenzó a organizar su traducción al ruso y su publicación en Rusia. La primera persona que comenzó a traducir El Capital fue G. A. Lopatin, pero en el transcurso de un año apenas si consiguió iniciar el trabajo. En otoño de 1869 el trabajo le fue ofrecido a Mijail Bakunin, quien lo aceptó e incluso recibió dinero por adelantado en concepto de honorarios. Sin embargo, Bakunin renunció a continuar con la traducción en el verano de 1870. Lopatin hizo un nuevo intento de traducción después de entablar una relación personal con Marx y de acordar que el propio autor supervisaría la marcha de la traducción. Después de llevar traducido casi un tercio del libro, Lopatin abandonó el empeño y le propuso a Danielson continuar con la traducción, quien aceptó y llevó a cabo la traducción del texto restante con la excepción del primer capítulo, que había quedado a la espera con la intención de que Marx lo adaptara para una mejor comprensión de los lectores. Marx no pudo hacerse cargo de esa adaptación por exceso de trabajo y finalmente N. Liobavin tradujo el primer capítulo sin la adaptación prevista. Tras una redacción final de Danielson, el primer tomo de El Capital fue finalmente publicado en Rusia en 1872.

Marx, que ya había aprendido ruso, revisó personalmente la traducción sometiéndola a un continuo seguimiento y valorándola finalmente de forma muy positiva (llegó a calificarla de magnífica). Danielson resultó de una gran ayuda para Marx y Engels, ya que a través de él, tuvieron acceso a una gran cantidad de materiales bibliográficos sobre Rusia.

Desde finales del siglo XIX el marxismo se convirtió en el principal instrumento teórico de la intelligentsia rusa, dominando prácticamente la conciencia social en Rusia. Todo el pensamiento que pretendía ser moderno se expresó utilizando el lenguaje del marxismo. Casi todos los economistas rusos eran marxistas, aunque muchos de ellos odiaban o renegaban del marxismo. En su momento fueron marxistas importantes líderes del partido Kadete como P. B. Struve o A. S. Izgoev, economistas como M. I. Tugan-Baranovskii, filósofos religiosos co mo N. Berdiaev, S. N. Bulgakov o S. Frank.

Quizá el ejemplo más brillante fue Lenin. Sus trabajos se convirtieron en clásicos del pensamiento marxista y marcaron el camino para posteriores trabajos y para una interpretación de la historia rusa y soviética en clave del materialismo histórico. Los más importantes líderes de la Revolución de Octubre trataron de contribuir al desarrollo del pensamiento marxista y a la lectura de la historia y del presente ruso en clave marxista. Convertido en la ideología oficial del sistema soviético, el marxismo siguió en la URSS una trayectoria accidentada tanto en su propio desarrollo filosófico como en la capacidad para interpretar y explicar la historia rusa y el propio presente soviético. Incluso ahora, después de la desaparición de la URSS y de la renuncia al marxismo por parte de importantes sectores de la intelectualidad rusa, el marxismo y el materialismo histórico siguen jugando un papel fundamental en los estudios históricos y en el pensamiento filosófico.

Desde sus primeros escritos, Marx trató de descifrar y desmitificar el capitalismo. Uno de sus objetivos era encontrar las leyes objetivas que rigen el funcionamiento del capitalismo y que pueden propiciar el cambio social. El objeto de estudio de Marx fue el capitalismo en la forma y en el estado de evolución que a él le era contemporáneo, es decir, el capitalismo europeo. No había otro capitalismo. De esta manera, los estudios de Marx llevaban implícitos un fuerte componente de estudio de la historia europea y estaban imbuidos del eurocentrismo que impregnaba, e impregna, a la cultura europea.

El contenido principal del eurocentrismo consiste en que hay una única trayectoria histórica representada por los países europeos occidentales y que todos los países del mundo deben repetir dicha trayectoria. Esta idea fue elaborada por el pensamiento europeo, en especial a partir de la Revolución científica. Un exponente clásico de este pensamiento fue Hegel. Sus ideas sobre la civilización occidental son una clara manifestación del eurocentrismo de la filosofía europea. Para Hegel, la civilización universal es la cultura europea occidental y en concreto el mundo germánico. Todas aquellas sociedades que se encuentran fuera de la trayectoria histórico-geográfica que representan Grecia, Roma y el mundo germánico, se encuentran fuera de la civilización universal. La única opción para los que se encuentran “fuera” es tratar de incorporarse a ella repitiendo el camino trazado por los que están “dentro”.

Esta idea fue desarrollada por la cultura europea occidental con diferentes variantes. No obstante, el mito fundacional sigue siendo que la sociedad contemporánea europea occidental es fruto de un desarrollo ininterrumpido desde la antigüedad clásica, supuesta “cuna” de la civilización. En el marxismo eurocentrista esta idea se transformó en las “leyes objetivas universales” de la sucesión de estadios históricos. De esta manera, para este marxismo vulgarizado, todos los países del mundo, todas las sociedades deberán pasar por los estadios históricos descritos por Marx para la experiencia histórica de Europa occidental, para poder llegar finalmente al comunismo.

En realidad, lo que el eurocentrismo propone como continuidad son mitos elaborados por la cultura europea en el proceso de reelaboración de su propia historia ocurrido desde los inicios de la Modernidad. Uno de esos mitos es Grecia, a la que se presenta como parte de Occidente, cuando en realidad era parte inseparable de Oriente. Pero lo más interesante es que se ha querido monopolizar la herencia griega clásica y así Europa Occidental se presenta como su única heredera a través de Roma, obviándose, por ejemplo, que el mundo oriental cristiano ortodoxo, a través de Bizancio (la segunda Roma), es tan heredero del legado clásico como lo pueda ser Europa occidental. Marx fue consciente de las limitaciones “geográficas” y “culturales” de sus investigaciones y advirtió que de sus estudios no podía hacerse una ley universal del cambio social y de la evolución histórica. Por ejemplo, en 1877, escribió una carta a la revista Rusa Otechestvennie zapiski (Notas patrióticas) 1 en la que expresaba su protesta por los intentos de los marxistas rusos de convertir su teoría sobre las formaciones históricas en una teoría general del cambio histórico:

“El capítulo sobre la acumulación primaria del capital pretende solamente describir el proceso por el que en Europa occidental el sistema capitalista salió del núcleo del sistema económico feudal… Así pues, ¿qué es lo que puede deducir mi crítico de este ensayo histórico para ser aplicado a Rusia? Sólo lo siguiente. Si en Rusia hay una tendencia para llegar a convertirse en una nación capitalista según el modelo de las naciones de Europa occidental, y en los últimos años Rusia se está esforzando no poco en esta dirección, no lo conseguirá si no convierte a una parte significativa de sus campesinos en proletarios. Y después de esto, cuando se encuentre ya en el seno del sistema capitalista, se encontrará sujeta a sus leyes inexorables como el resto de los pueblos impíos. Y eso es todo. Pero esto es poco para mi crítico. Él necesita convertir mi ensayo histórico sobre la aparición del capitalismo en Europa occidental en la teoría histórico-filosófica de un único camino, por el que de manera fatídica están condenados a pasar todos los pueblos, independientemente de cuáles fuesen las condiciones históricas en las que se encontrasen, para llegar, a final de cuentas, a la formación económica que les permita, junto con un gran florecimiento de las fuerzas productivas y del trabajo social, un mayor y profundo desarrollo de la persona. Pero yo le pido a él disculpas. Esto sería al mismo tiempo demasiado halagüeño y demasiado vergonzoso para mi”. 2

Por cierto, y dicho sea de paso, en otro párrafo de este mismo artículo Marx dice lo siguiente:

“Para tener la posibilidad de hacer juicios sobre el desarrollo económico de la Rusia contemporánea con conocimiento de causa, he estudiado la lengua rusa y después, en el curso de largos años he estudiado ediciones oficiales y otras ediciones que tienen relación con este tema”.3

Los cambios que experimentó Marx al conocer la realidad del movimiento revolucionario ruso y las particularidades sociales e históricas de Rusia han sido sistemáticamente ignorados por el marxismo oficial socialdemócrata y comunista en todos sitios, sea Francia, Italia, Inglaterra Alemania o la URSS. Muchos de los escritos de Marx sobre este tema, la mayoría en forma epistolar, fueron literalmente escondidos y retirados de la circulación durante mucho tiempo, y sólo a principios de los años treinta del siglo XX empezaron a ser conocidos, aunque siempre han gozado de una difusión muchísimo menor que los estudios de Marx considerados como los “clásicos”.

Hay, evidentemente, honrosas excepciones. Así, por ejemplo, Teodor Shanin 4 o Hobsbawm han escrito sobre este tema. En palabras de Hobsbawm, “no hay falseamiento más grotesco de todos los que se han hecho de la doctrina de Marx que el consistente en atribuirle el pensamiento de que la única esperanza de realización de la revolución estaba en los países industrialmente avanzados del occidente”.5 El desarrollo del movimiento revolucionario en Rusia durante el siglo XIX, y el estudio del mismo por Marx, llevó a este último a “poner sus esperanzas en este país para una eventual revolución europea6. En el libro citado anteriormente, en nota a pie de página, Hobsbawm dice: “Engels se refiere a la esperanza que los dos tenían [Engels y Marx] en una revolución rusa en los últimos años de la década del 70 y, en 1894, prevé, específicamente, la posibilidad de que ‘la revolución rusa dé la señal para la revolución de los obreros en Occidente, de tal modo que se complementen’.”7

Hobsbawm también dice: “Sabemos que [Marx] fue un admirador de los valores sociales contenidos en la comunidad primitiva, a pesar de su carácter atrasado. En toda ocasión en que trató este tema, como en el volumen tercero de El Capital y con motivo de las polémicas relativas a Rusia a que nos hemos referido, subrayó cada vez más la viabilidad de la comuna primitiva, su poder de resistencia a la desintegración histórica, e incluso su capacidad para desarrollarse en una forma más elevada de economía sin destrucción previa, si bien esta opinión sólo fue expresada con ocasión de la discusión con los narodniki”.8

CONTRA EL CAPITAL

El marxismo resultante de la visión eurocentrista de la historia se convirtió en dominante dentro del pensamiento marxista y no estuvo en condiciones de entender las particularidades históricas de Rusia como sociedad que no estaba encuadrada en la misma trayectoria histórica que Europa occidental. El prisma eurocentrista impedía ver con nitidez las contradicciones particulares intrínsecas al proceso histórico ruso.

Contra toda previsión y en contra de las “leyes” objetivas de la historia, la primera revolución socialista tuvo lugar en una sociedad campesina, es más, en una sociedad que se encontraba fuera de la trayectoria histórica europea, fuera de “la civilización universal” de Hegel. La Rusia campesina, con su revolución socialista, fue la primera que puso en cuestión las “leyes objetivas” y la universalización del proceso histórico europeo. Mas tarde, China, Vietnam o Cuba, por poner sólo los ejemplos más evidentes, corroboraron que la excepción se estaba convirtiendo en norma, algo sobre lo que el marxismo ortodoxo apenas si ha comenzado a reflexionar, a pesar de todo lo que ha llovido en las últimas décadas. Como ya hemos visto, el propio Marx previó parte de los acontecimientos y habló del papel del campesinado y de la comuna campesina en la revolución de las sociedades no capitalistas (Rusia), que podría llevar a evitar el paso por el capitalismo como estadio histórico previo al socialismo. Es decir, la posibilidad de un salto histórico cualitativo que permitiría a ciertas sociedades precapitalistas, o no capitalistas, pasar directamente al socialismo.

En realidad la Revolución de Octubre fue la negación del capitalismo. Una revolución dirigida a negar la posibilidad del capitalismo. No a superarlo como fase histórica, sino a evitarlo. A evitar su materialización en Rusia (“huir del capitalismo”). Esta negación del capitalismo fue interpretada por muchos marxistas (por ejemplo, los socialdemócratas mencheviques) como una “herejía” con respecto al dogma del marxismo institucionalizado.

Otros marxistas contemporáneos a la Revolución de Octubre sí percibieron y entendieron las particularidades de la Revolución de Octubre. En su artículo La revolución contra El Capital, Gramsci dijo de ella:

“La revolución de los bolcheviques […] es una revolución contra El Capital de Carlos Marx. El Capital de Marx fue en Rusia el libro de los burgueses más que el de los proletarios. Era la demostración crítica de la necesidad ineluctable de que en Rusia se formase una burguesía, se iniciase una era capitalista, se instaurase una civilización de tipo occidental, antes de que el proletariado pudiera siquiera pensar en su insurrección, en sus reivindicaciones de clase, en su revolución. Los hechos han superado las ideologías. Los hechos han reventado los esquemas críticos según los cuales la historia de Rusia hubiera debido desarrollarse según los cánones del materialismo histórico. Los bolcheviques reniegan de Marx al afirmar, con el testimonio de la acción desarrollada, de las conquistas obtenidas, que los cánones del materialismo histórico no son tan férreos como se pudiera pensar y se ha pensado. No obstante, hay una ineluctabilidad incluso en estos acontecimientos y si los bolcheviques reniegan de algunas afirmaciones de El Capital, no reniegan el pensamiento inmanente, vivificador. No son marxistas, eso es todo. No han compilado en las obras del Maestro una doctrina exterior de afirmaciones dogmáticas e indiscutibles. Viven el pensamiento marxista […] Y este pensamiento sitúa siempre como máximo factor de la historia no los hechos económicos en bruto, sino el hombre, la sociedad de los hombres, de los hombres que se acercan unos a otros, que se entienden entre sí, que desarrollan a través de estos contactos (civilidad) una voluntad social, colectiva.9

Conviene hacer aquí una referencia a las reflexiones de Max Weber sobre la revolución rusa.10 Del análisis de la sociedad rusa Weber llegó a varias conclusiones muy interesantes. Una, que al contrario de lo que era habitual afirmar entre los marxistas de aquellos años (y también entre los de la actualidad), ya era demasiado tarde para que en Rusia pudiese tener lugar una revolución burguesa. Otra, la abundancia de lo que él denominaba “círculos viciosos”, de los que era imposible salir sin generar situaciones de conflicto. Los más importantes eran los generados alrededor de la comunidad campesina tradicional rusa y de lo que él denominó “comunismo campesino arcaico”.

La disolución de las comunidades campesinas tradicionales provocada por las presiones del gran capital y el desarrollo del capitalismo generaba el radicalismo de los campesinos, y la revolución. El mantenimiento de las comunidades campesinas, desde la lógica del desarrollo capitalista, impedía la modernización y el desarrollo del capitalismo en Rusia. A mayor desarrollo del capitalismo en Rusia, mayor “hambre de tierras” y mayor desarrollo e influencia entre las masas campesinas rusas de la ideología del “comunismo campesino arcaico”.

Otra de las conclusiones de Weber fue la constatación del proceso de síntesis de la ideología del “comunismo arcaico ruso” con las ideas del socialismo moderno, especialmente marxista. Estas ideas, más tarde, y esto ya no fue previsto por Weber, llegaron a fusionarse en el bolchevismo y pasaron a formar la base ideológico-político-cultural del sistema soviético a partir de lo que después vino en llamarse estalinismo.

Por otro lado, Weber habló de que la revolución en Rusia sería una revolución de nuevo tipo, no sólo por sus contenidos, sino por su propia tecnología. Una parte del movimiento revolucionario ruso no entendió esta nueva cualidad de la revolución rusa. Liberales, demócratas, socialistas-revolucionarios e incluso socialdemócratas mencheviques interpretaron la revolución rusa como democrático burguesa. Lenin y una parte de los bolcheviques entendieron, al igual que Weber años antes, que la revolución rusa de la que ellos eran parte activa era en realidad una revolución de nuevo tipo. La revolución en Rusia debería, entre otras cosas, alcanzar al capitalismo y, al mismo tiempo, alejarse de él. Paradójicamente, esa fue la esencia del sistema soviético: modernizarse, industrializarse y alejarse del modelo social y político del capitalismo.

Estas dificultades y contradicciones en la comprensión y explicación de la génesis de la Revolución de Octubre dieron lugar a un particular proceso de vulgarización del marxismo que se manifestó en la debilidad del mismo para entender y explicar la realidad soviética. Este proceso de vulgarización no fue sólo privativo del marxismo soviético sino que fue extensivo a todo el marxismo occidental, que fue incapaz de entender y explicar la realidad soviética y que dio lugar, entre otras cosas, a la condena de la URSS por parte de ese marxismo y a su definitivo alejamiento con respecto a la Unión Soviética. A pesar de los esfuerzos realizados, el discurso oficial del marxismo soviético se encontró en la imposibilidad de entender a la URSS. Al final, como constatación de esta dificultad, a Andropov, un hombre que había dedicado su vida a la construcción y consolidación del Estado soviético, no le quedó más remedio que reconocer que “no conocemos la sociedad en la que vivimos”.

LA “OTRA” REVOLUCIÓN MUNDIAL

El sistema soviético fue en realidad una prolongación de la historia rusa. Aquí nos encontramos con una de las principales características de la Unión Soviética. El proceso iniciado con la Revolución no fue, como pretendía la ideología del marxismo oficial soviético, y como interpretaron los marxistas occidentales, el del paso de un estadio histórico a otro superior, es decir, del capitalismo al comunismo. La Revolución de Octubre fue un proceso diferente que no tuvo nada que ver con las revoluciones burguesas de Europa occidental ni con el modelo de revolución proletaria previsto en el marxismo clásico.

El propio Lenin captó las particularidades del proceso histórico ruso y dio a sus reflexiones otro contenido, próximo al pensamiento ruso que consideraba a Rusia como una civilización. En sus reflexiones y propuestas políticas de construcción del Estado soviético incorporó una parte importante del debate que hasta el momento había tenido lugar en la cultura rusa. No en vano Plejanov, el BUND, los mencheviques, los socialdemócratas occidentales, etc., gritaban escandalizados que los planteamientos de Lenin, su estrategia, era contraria al marxismo, que sus ideas eran eslavofilismo y populismo enmascarados con el marxismo.

Rosenberg, quien en su Historia del bolchevismo niega el carácter socialista de la Unión Soviética y señala que Lenin, con la formulación de la idea de las cooperativas agrarias, inició el camino de vuelta a la tradición cultural rusa a través de las teorías de los narodniki (populistas), dice: “Lenin, en 1923, abría con las cooperativas agrarias un camino hacia el socialismo. Así podía ligarse a esas concepciones de Marx pero, a la vez, volvía a las teorías de los narodniki. Hay algo de trágico en el hecho: Lenin, luego de haber combatido sin cuartel al movimiento político populista durante treinta años, al final de su propia vida tuvo que acercarse a las concepciones que atacaba. Las necesidades del desarrollo social son más fuertes que la voluntad de las organizaciones de partido. […] [Lenin] se habría visto obligado a seguir un camino intermedio que, a través del capitalismo de Estado y de los consorcios rurales, condujera a un ‘socialismo’ nacional ruso, de tinte narodniki. Lenin cuando viejo, estaba preparado para ese camino, y Stalin lo siguió”.11

El camino al que, de forma esquemática, se refiere Rosenberg llevó, entre otras muchas cosas, al enfrentamiento con los componentes occidentalistas del bolchevismo y del sistema soviético, y fue la principal línea de fractura que marcó el debate, la división y el enfrentamiento en la URSS en los años veinte y treinta del siglo XX. Fue un enfrentamiento directo muy violento (una guerra civil encubierta) en la que se decidió no sólo el modelo de socialismo sino el contexto en el que ese socialismo debía construirse, es decir, en el contexto de la cultura rusa o en el contexto de la civilización occidental. Stalin, Bujarin o Trotskii fueron sólo las figuras más sobresalientes que personificaron aquel debate.

Por un lado, Trotskii, con sus ideas sobre la Revolución Mundial, viene a encuadrarse dentro de la corriente occidentalista del pensamiento ruso. Para él, la URSS no es nada si la revolución no se extiende a los países capitalistas de Europa occidental. Sólo ellos estarán en condiciones de consolidar la revolución y de permitir a Rusia/URSS incorporarse al mundo industrial, a la “civilización universal”. Siguiendo esta línea argumental, el sistema soviético, al tener sus orígenes en una sociedad campesina que no ha tenido su revolución burguesa, y en una revolución socialista “antes de tiempo”, no podrá mantenerse por sí solo. Necesitará del apoyo, del impulso, del mundo industrializado para poder superar su atraso y mantener la propia revolución. En realidad este planteamiento incorpora a su vez la idea de que la Revolución de Octubre y el propio sistema soviético eran procesos contrarios a las leyes objetivas de la historia, ya que, pese al empeño de los marxistas eurocentristas, la revolución no había tenido lugar en un país industrializado como consecuencia de la agudización de las contradicciones en el seno del capitalismo, sino que había tenido lugar en un país campesino, atrasado, prácticamente sin proletariado.

Por otra parte, Stalin vino a significar una nueva manifestación del pensamiento eslavófilo, aunque ya en las nuevas condiciones generadas por la revolución y la modernización de Rusia. Las posiciones de Stalin con respecto a la “construcción del socialismo en un solo país” entroncan directamente con las concepciones del particularismo de la cultura rusa y con la idea de Rusia como civilización, aunque estas ideas y concepciones, y en general todo el debate alrededor de este tema, estuvo expresado en un lenguaje marxista.

Stalin propuso que, en las circunstancias concretas en las que se encontraba la URSS en aquellos momentos, y en las circunstancias en las que se encontraba el mundo circundante, la variante posible más adecuada era la construcción del socialismo en la Unión Soviética. La URSS debía dedicarse a trabajar en aquella dirección si realmente quería mantener su Revolución. La “renuncia” a la revolución mundial, expresada en aquel debate, significaba que la URSS debería modernizarse e industrializarse con apenas ayuda del mundo exterior, principalmente con sus propias fuerzas y sobre la base de su propia trayectoria histórico-cultural. De alguna manera, se estaba reconociendo que la URSS, primero, reunía las condiciones para protagonizar por sí misma este proceso, segundo, que era en sí misma un camino específico de evolución histórica. Para la consecución de este objetivo se recurrió a la reorganización de las fuerzas nacionales en todos los “frentes”: económico, científico, cultural, espiritual, etc.

El bolchevismo no fue un movimiento homogéneo y uniforme. Todo lo contrario. En su seno se agrupaban corrientes y tendencias diferentes y antagónicas, aunque en un principio se expresaran en un aparente mismo discurso ideológico-político. El elemento popular, el “comunismo campesino arcaico” de Weber, resultó fundamental dentro del bolchevismo y, con él, las ideas de justicia social y de organización social que este componente popular había elaborado a lo largo de los tiempos y que habían ido madurando y expresándose en un lenguaje filosófico y político a lo largo del siglo XIX. Este elemento popular se manifestó inmediatamente y con una fuerza terrible. Así, por ejemplo, el Decreto sobre la Tierra promulgado por el Consejo de Diputados Obreros y Soldados de Petrogrado y acordado en la reunión del 26 de octubre de 1917 a las dos de la noche, fue elaborado teniendo como base la Petición (Nakaz) campesina publicada en el número 88 de “Noticias del Consejo de Diputados Campesinos de Toda Rusia” de 19 de agosto de 1917 (Izvestiia Vserossiiskogo Soveta Krestianskij Deputatov), elaborado a su vez sobre la base de 242 Peticiones campesinas enviadas directamente desde las aldeas y en las que se expresaba de forma inequívoca el sentir popular sobre la propiedad de la tierra.12

Este elemento popular campesino, con su penetración en el tejido político de la revolución, en el partido, en los sindicatos, en las empresas, en las asociaciones profesionales (escritores, pintores, arquitectos, etc.), en la administración del Estado, etc., fue conduciendo la revolución precisamente hacia ese vector de evolución implícito, como ya se ha dicho antes, en el propio bolchevismo. Este vector de evolución histórica resultó construido, desarrollado y apoyado por la inmensa mayoría de la población.

Con el paso del tiempo, los otros componentes del bolchevismo que resultaron minoritarios y finalmente derrotados en el enfrentamiento al no tener la suficiente capacidad de comprensión del proceso que se estaba desarrollando y en el que ellos mismos estaban implicados, hablaron de “deformación de la revolución”, de “revolución traicionada” o de “estalinismo”. Conceptos que fueron asumidos después de forma acrítica por la sovietología occidental y por la izquierda occidental. Unos de forma intencionada, otros porque no entendieron, y siguen sin entender, la dimensión del conflicto ni la naturaleza del sistema soviético y porque no tuvieron la capacidad de deslindar sus preferencias políticas e ideológicas del estudio objetivo de la sociedad soviética.

El socialismo movilizado de los años 30-50 no fue una deformación de la Revolución de Octubre, ni la obsesión paranoica de Stalin, ni su lucha particular contra sus “antiguos camaradas” para alzarse con el poder personal. El socialismo movilizado, al que llamaron estalinismo, es, entre otras muchas cosas, el resultado de la continuidad del componente eslavófilo del bolchevismo en el sentido de la “Idea Rusa”. Es importante tener aquí en cuenta que la filosofía rusa ha pretendido establecer y fijar desde el siglo XIX los aspectos fundamentales de la con ciencia nacional rusa. Esta con ciencia nacional rusa recibió en las reflexiones de diferentes filósofos el nombre convencional de “Ruskaia idea” (“Idea rusa”) y en ella trabajaron pensadores de todas las corrientes, desde eslavófilos a occidentalistas, pasando por los filósofos cosmistas rusos o los pensadores eurasiatistas. La conciencia nacional rusa, la “Idea rusa”, no se refiere a la construcción de una “nación” al estilo europeo occidental, sino a la construcción de un ente solidario y colectivista, el “Reino de Dios en la Tierra”, ente que, en la conciencia colectiva popular, en el siglo XX encontró su materialización en el Estado soviético.

***

Por otro lado, de forma dialéctica, la propia opción por lo que se llamó “construcción del socialismo en un solo país” forzó a la URSS a recuperar e identificarse con su propia historia, con su conciencia histórica colectiva y con su propio camino de evolución histórica. De esta manera, aspectos fundamentales de la historia rusa fueron recuperados e incorporados al proyecto soviético como elementos constituyentes y fundamentales del mismo.

Es importante dejar claro también lo relativo del concepto “construir el socialismo en un solo país”. En realidad era un eufemismo. Un discurso aparente que escondía detrás un debate más complejo. Por sus particulares características, Rusia y la URSS no pueden ser consideradas como “un solo país”, sino como un conglomerado de países (¿una civilización?) en delicado equilibrio, com puesto por más de 150 etnias y nacionalidades diferentes con sus correspondientes lenguas, culturas, religiones y formas de entender el mundo, que viven en un territorio que, en palabras del gran poeta Serguei Esenin es la “sexta parte de la tierra / con el corto nombre de Rus”.13

En el mismo sentido, el concepto de “revolución mundial” es otro eufemismo tras el que se oculta el concepto de “revolución en los países capitalistas desarrollados”, es decir, en Europa occidental y los EE.UU. Aquí la revolución mundial se convierte entonces en un atributo de la “civilización universal” que debe marcar el camino a los países que no están dentro de ella. El universalismo humanista del marxismo es transformado en un cosmopolitismo eurocentrista.

Curiosamente, nunca se consideraron como parte de la “revolución mundial” los procesos revolucionarios que tuvieron lugar en la propia Rusia, China, Cuba o Vietnam, ni el firme apoyo que otros procesos clave de la historia del siglo XX, como la descolonización de los países de África y Asia, la modernización de los países árabes o el apoyo a los procesos de transformación de Iberoamérica, tuvieron desde la Unión Soviética y que no pueden ser entendidos sin el apoyo y presencia de la URSS.

Quizá no se consideraron parte de la “revolución mundial” porque eran países, regiones, continentes enteros, que no estaban dentro del concepto de civilización que Occidente tiene asumido como axioma. También, quizá, porque estas revoluciones se realizaron violando las “leyes de evolución histórica” del marxismo eurocentrista, es decir, sobre la misma base conceptual que la Revolución de Octubre, como decía Max Weber, sobre el “comunismo campesino arcaico” para “huir del capitalismo”. Hablando con rigor, nos encontramos frente a otro tipo de “revolución mundial”, diferente a la que se refería Trotskii. La “revolución mundial” de los que no estaban dentro de la “civilización universal”.

Este proceso de particular “revolución mundial de los otros” fue iniciado en Rusia con la Revolución de Octubre, con el universalismo del marxismo no eurocentrista, con la incorporación al sistema soviético del componente popular campesino y de los valores universalistas de la conciencia nacional rusa expresados a través de la Idea Rusa, y se desarrolló posteriormente en estrecha colaboración con la URSS, como parte de un proyecto, probablemente no consciente, encaminado a crear una civilización comunista. La “supercivilización comunista” en palabras del filósofo Alexandr Zinoviev.14

Notas

1. Otechestvenie zapiski fue una revista de literatura y política publicada en San Petersburgo entre los años 1839 y 1884. En su primera época fue dirigida por Vissarion Belinskii y en ella colaboraron gran cantidad de autores (Herzen, Nekrasov, Saltikov-Schedrin, etc.) principalmente vinculados con la intelligentsia democrático-revolucionaria. Fue cerrada por orden gubernamental en 1884.

2. Marx escribió esta carta como respuesta a un artículo del conocido populista ruso de aquellos años N. K. Mijailovskii. La carta fue escrita por Marx en noviembre de 1877, pero no fue enviada a la revista y permaneció sin publicar hasta que años después, tras la muerte de su autor, fue encontrada por Engels entre sus papeles y enviada por éste, en marzo de 1884, una copia a Vera Zasulich, quien por aquel entonces se encontraba exiliada en Ginebra. Fue finalmente publicada en la revista Vestnik Narodnoi Voli número 5, en 1886, en Ginebra. Aquí se cita según el texto íntegro de la carta publicado en:

http://www.istmat.ru/index.php?menu=1&action=1&item=167

3. Op. cit. http://www.istmat.ru/index.php?menu=1&action=1&item=167

4. Teodor Shanin, El Marx tardío y la vía rusa. Marx y la periferia del capitalismo, Editorial Revolución, Madrid 1990.

5. Karl Marx y Eric Hobsbawm, Formaciones económicas precapitalistas, Crítica, Barcelona 1984, pág. 59.

6. Karl Marx y Eric Hobsbawm, op. cit., pág. 59.

7. Karl Marx y Eric Hobsbawm, op. cit., pág. 59.

8. Karl Marx y Eric Hobsbawm, op. cit., pág. 60.

9. Antonio Gramsci, “La revolución contra El Capital”. Avanti, edición de Milán de 24 de noviembre de 1917. La cita proviene de: http://marxists.org/espanol/gramsci/nov1917.htm

10. El interés de Max Weber por la revolución rusa se acentuó a partir del año 1904. Al igual que Marx, aprendió ruso, al parecer muy rápidamente, lo suficiente como para poder leer revistas y bibliografía. Sus dos trabajos principales en los que expresa sus reflexiones sobre la revolución en Rusia fueron publicados por primera vez en alemán en 1906. Por primera vez en ruso estos trabajos fueron publicados en la revista rusa Sintaksis, en París, en 1988 y 1989. Aquí se han utilizado las traducciones al ruso de los dos trabajos publicadas por A. Kustarev:

—K polozheniiu burzhuaznoi demokratii v Rossii. http://www.politstudies.ru/universum/dossier/04/mw-01.htm

—Perejod Rossii k psedokonstitutsionalizmu. http://www.politstudies.ru/universum/dossier/04/mw-02.htm

También se ha utilizado el muy interesante artículo de A. Kustariov publicado en la revista Voprosi filosofii en 1990.

A Kustariov, “Nachalo russkoi revoliutsii: Versiia Maksa Vebera. Voprosi filosofii. Nº 8. Moskva – 1990.

http://www.rus-crisis.ru/index.php option=com_content&view=article&id=882:882&catid=38:2009-06-29-18-50-12&Itemid=76

11. Arthur Rosenberg, Historia del bolchevismo, Siglo XXI, México,1977, p. 161.

12. Prigovor, en este contexto, es el acuerdo o resolución de la asamblea de una comunidad campesina rusa. Nakaz, en este mismo contexto, es el encargo a una comisión o a una persona de la ejecución de la resolución tomada por la asamblea de la comunidad, que puede ser una tarea, la solución de un conflicto o el traslado de una petición. Hasta después de 1905 en Rusia estaba prohibido el derecho de petición cuando este no se refería exclusivamente a asuntos personales. Tras los acontecimientos de 1905 el Gobierno ruso consideró adecuado regularizar el derecho de petición colectiva a través del cual un grupo cualquiera de ciudadanos podría trasladar al Zar, al Gobierno o a la Duma (parlamento) la petición que considerase oportuna. A partir de aquel momento comenzó en Rusia un movimiento peticionario campesino que tuvo sus orígenes en las asambleas campesinas. Miles de peticiones elaboradas en estas asambleas, redactadas en un lenguaje directo, llano y popular fueron enviadas a los diferentes órganos del poder con la esperanza de que sus peticiones fuesen atendidas. La principal petición se refería a la propiedad de la tierra, a su distribución y reparto y, sobre todo, a su nacionalización. De forma directa y clara, las asambleas campesinas pedían por toda Rusia que la propiedad privada de la tierra, allí donde existía, fuese abolida. Ni los gobiernos anteriores a 1917, ni el Gobierno provisional posterior a febrero de 1917, atendieron semejante petición. Curiosamente, el Partido Socialista-Revolucionario (ESER) que contaba con el apoyo mayoritario de los campesinos por haber defendido siempre la nacionalización de la tierra, fue incapaz de entender cuan perentoria se había vuelto para los campesinos rusos la nacionalización de la tierra. Enredados en las “razones del Estado” cuya gestión habían asumido, no supieron salir del principal “círculo vicioso” del que hablaba Weber. No hicieron caso a las peticiones, ni de las advertencias de los campesinos. Y los campesinos les retiraron de forma fulminante su apoyo y pasaron a apoyar a los bolcheviques, quienes, aplicando el lema castellano de “tanto monta cortar como desatar”, cortaron el nudo gordiano que representaba la cuestión de la propiedad de la tierra para los campesinos, aprobando y promulgando inmediatamente el Decreto Sobre la Tierra al día siguiente de tomar el poder. A modo de ejemplo puede consultarse la interesantísima colección de nakazi (peticiones) en:

—Prigovori i nakazi krestian tsentralnoi Rossii 1905-1907. Sbornik dokumentov. URSS. Moskva – 2000.

13. “Pero entonces / cuando por todo el planeta / pase la enemistad de las tribus / y desaparezcan la mentira y la tristeza, / yo voy a glorificar / con toda mi alma de poeta / a la sexta parte de la tierra / con el corto nombre de Rus”. Serguei Esenin, “Rus Sovetskaia”, 1924.

14. “Interviu c Alexandrom Zinovievim”. Kommunizm. Evrokommnizm. Sovetskii stroi. Moskava 2002.

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