Siglo XX. Retomando el materialismo histórico: Antonio Gramsci y el “marxismo inglés”

El materialismo histórico iniciado tempranamente en el Siglo XIX de la pluma de KarlGramsci portrait (Stubble Brush) Marx y Friedrich Engels, epónimos fundamentales de las corrientes de pensamiento procedentes en este articulo, ha dejado una premisa y una forma de historiar a partir de la crítica e incitando a llevar la teoría a la práctica. El mundo capitalista cuenta con ciencias de prestigio que han dado validez al modelo, en tanto que el materialismo histórico lo ve como una fase más en el proceso evolutivo de los modos de producción. Aquí se acercan dos postulados que siguieron dicha corriente en el Siglo XX, para reformular conceptos y elaborar otros nuevos en el campo historiográfico, combinando con práctica militante: Antonio Gramsci y el “marxismo inglés”.



Siglo XX. Retomando el materialismo histórico: Antonio Gramsci y el “marxismo inglés”

Samir Nasif

ANTONIO GRAMSCI Y LA CONFORMACIÓN CONCEPTUAL DEL BLOQUE HISTÓRICO

El siglo XX se presenta como escenario renovador del marxismo clásico, ya no visto de manera dogmática, sino que muchos conceptos son replanteados.

Un principal exponente de esta renovación es el italiano Antonio Gramsci (1891-1937), focalizando sus reflexiones en el rechazo al economicismo, como detalla Fontana, “al mecanismo vulgar que busca una explicación inmediata de todos los hechos políticos e ideológicos en causas económicas(1).

Gramsci nació y se crió en el sur italiano, campesino y pobre y en situaciones de expresa miseria, obligado a emigrar al norte desarrollado e industrial para llevar a cabo sus estudios en la Universidad de Turín. Allí se dedicará a la acción militante en el Partido Socialista, acompañando su producción teórica donde configura una reevaluación de la teoría marxista, en lo que hace a la caracterización del sistema social, como a la discusión estratégica para la revolución, en un contexto de entreguerras en el mundo occidental (2), enriqueciendo el cuerpo conceptual y nocional del materialismo histórico. Uno de los conceptos gramscianos aplicados en esta renovación es el concepto de Bloque Histórico.

Gramsci no centraliza la dominación de una clase sobre otra a través del proceso de producción económica, es decir, la estructura no es la base determinante como planteaba Marx, sino que se relaciona de manera compleja con la superestructura, y entran en contradicción, generando una suerte de unidad entre los distintos (3), o como plantea Fontana: “El conjunto complejo, contradictorio y discordante de las superestructuras es el reflejo del conjunto de las relaciones sociales de producción”(4) en un momento histórico determinado, generando una unidad económica, política, cultural y geográfica conseguida por el bloque de fuerzas en el poder(5).

Este vínculo entre base y superestructura, entre contenidos económicos-sociales y éticos-políticos, se reconocen en la construcción de los períodos históricos. La ideología política y moral se presenta como forma, en tanto que las fuerzas materiales no serían concebibles sin esa “forma”, y la ideología no sería tal sin las fuerzas materiales (6).

Gramsci señalará que el bloque histórico se configura a partir de la identificación racional y emotiva entre los dirigentes y dirigidos, destacando la importancia de la expansión ideológica a las masas, generando conformidad y voluntad. Por esta razón, el bloque histórico se presenta como unidad de la totalidad de la sociedad. Los intereses de expansión de la clase están dados estratégicamente por un grupo de intelectuales “orgánicos”, conformando así su posición de clase “dirigente” y no solo dominante, conduciendo a una suerte de jerarquía social entre Estado y Sociedad Civil. Gramsci explicará que mediante la lucha en el plano cultural del pueblo se puede llegar a un nuevo tipo de intelectual, reformador, cuestionador, organizador, etc. Dirá Gramsci en sus Cuadernos de Cárcel: “El elemento popular ‘siente’ pero no siempre comprende o sabe. El elemento intelectual ‘sabe’ pero no siempre comprende y siente […]”. Traducir la realidad a términos teóricos a partir de las necesidades de cada movimiento cultural, es decir, encontrando allí las pruebas de su teoría (del nuevo intelectual) aspirando a aumentar la conciencia colectiva.

La creación de un nuevo bloque histórico propone desarrollar una nueva “totalidad” social, sin rastros del bloque histórico precedente. En el momento en que un bloque histórico pierde su supremacía intelectual y moral y la dominación económica, se da inicios a una “crisis orgánica” relacionada dialécticamente con el bloque histórico, como categorías de sucesión histórica.

Para poder desarrollar un grado de perdurabilidad del bloque se tienen en cuenta patrones específicos de orden histórico: Un patrón de acumulación de riquezas (fracción de propietarios que comanda el bloque) y un patrón de dominación (la clase dirigente presenta modos de articulación y dominación sobre la sociedad civil) (7).

Como se planteó al principio, Gramsci desarrolló en su teoría conceptos que renovaron viejas propuestas del marxismo. El concepto de Bloque Histórico es amplio a la hora de definir cómo un grupo social determinado se impone sobre otros, a partir de la dominación económica, pero relacionada con la esfera de la superestructura, lo que le permite a la clase dominante llegar a ser clase “dirigente”, en un período histórico específico.

El bloque histórico forma una totalidad compleja, dentro del cual Gramsci distingue dos esferas esenciales: la sociedad política (agrupa el aparato del Estado) y la sociedad civil (8). Marx asoció la sociedad civil con las “condiciones materiales de vida“, en cambio, Gramsci la interpreta como el complejo de la superestructura ideológica, y por el conjunto de organismos vulgarmente llamados privados y que corresponden a la función de hegemonía que el grupo dominante ejerce en toda la sociedad (como lo explicita Gramsci en los Cuadernos). Las relaciones dadas en la sociedad civil dan lugar a la construcción de un consenso de aceptación, por tanto que la sociedad política funciona como aparato de coerción, desarrollando un dominio directo a través de las fuerzas armadas y el dominio jurídico-legal. La suma de funciones de la sociedad política y la sociedad civil son las que definirán el Estado (9).

El Estado es el complejo de actividades prácticas y teóricas con las cuales la clase dirigente no sólo justifica y mantiene su dominio, también logra obtener el consenso activo de los dirigidos, por lo que la hegemonía es dominio político y, principalmente, dirección cultural (10).

Cada grupo social crea rangos de intelectuales que le darán homogeneidad y conciencia al mismo. La clase dominante otorga a los llamados intelectuales “orgánicos” la actividad organizativa y administrativa de la sociedad (11), esa particularidad deriva en la dominación política.

Así como la coerción empleada por el Estado otorga legitimidad a la clase dirigente, la hegemonía social también genera consenso en el desarrollo de la fuerza social. La supremacía de un grupo social en el poder es proporcionada por la dirección. Esa dirección encuentra sus raíces en la base estructural (12), tomando en cuenta los intereses de los grupos sociales sobre los cuales se ejerce la hegemonía; de esta manera poder evitar lo que sería una contra-hegemonía formada por las clases subalternas, conquistando primero la esfera de la sociedad civil, para posteriormente apoderarse del aparato estatal.

El consenso dado por la hegemonía predominante es expresado a través de la opinión pública, como los medios de comunicación, Gramsci también destaca la familia, las instituciones culturales y educativas, la Iglesia, Organizaciones no Gubernamentales e incluso partidos políticos y sindicatos dentro de la esfera de la sociedad civil.

Gramsci expresa la importancia de conquistar y dirigir a las masas, antes de tomar el poder gubernamental; sin importar la posesión de las fuerzas materiales se puede llegar a ejercer una dirección eficaz (13), sobre todos los campos vitales, no sólo el económico.

Con el desarrollo de la hegemonía, la ideología se extiende a todas las actividades del grupo dirigente, extendiéndose sobre toda la estructura del bloque histórico, construyendo de esta manera un “conformismo social“.

Gramsci, al expresar “la unidad histórica de las clases dirigentes se da en el Estado“, da cuenta que las relaciones superestructurales dadas entre sociedad política y sociedad civil generan el predominio de una clase en el poder, conformando un bloque histórico. Esa supremacía en el poder se da a través de la dominación y la dirección hegemónica impulsada por el aparato estatal (sociedad política + sociedad civil).

La dirección del desarrollo histórico pertenece a las fuerzas privadas, a la sociedad civil, que también es Estado. El Estado constituye las clases dirigentes, alcanzando en él “unidad histórica“. Gramsci expresa que una época histórica y una sociedad son representadas por los intelectuales (14), el grupo social se origina en la esfera productiva pero alcanza su nivel de conciencia y organización en el plano estatal, y a través del Derecho, el Estado hace homogéneo al grupo dominante (15).

HISTORIADORES MARXISTAS BRITÁNICOS

La “herencia marxista” se mantuvo desde los inicios del materialismo histórico hasta nuestros días, adoptando formas diferentes y con la critica siempre presente.

En Gran Bretaña, un grupo de historiadores conformado en 1946, graduados en las Universidades de Oxford y Cambridge alrededor de los años ’30 del siglo XX (16), orientó sus estudios hacia la Historia Social, de la gente corriente.

Se trata de una contribución colectiva, con referencias de la Revista Francesa Annales, quienes han planteado una Historia de las clases bajas, pero sólo limitarse a ellas, sin tomar en cuenta las clases dominantes, y limitándose a una historia de las mentalidades de la clase, negando, muchos de ellos, el proceso histórico.

La tradición historiográfica inglesa, con sus principales exponentes como Christopher Hills (1910-2003), George Rudé (1910-1993), Rodney Hilton (1916-2002), John Saville (1916-2009), Eric J. Hobsbawn (1917-2012), Edward P. Thompson (1924-1993), entre otros, desarrolló una “historia desde abajo hacia arriba“, otorgando a la gente corriente el papel de constructores activos de la historia, mediante el proceso de lucha de clases (17). Desarrollan estudios sobre el contexto de las relaciones y las confrontaciones de las clases históricamente definidas, y suponen estas relaciones como políticas, de dominación y subordinación, y concebir la lucha de clases como un “todo” en el proceso histórico, como “motor” impulsor del mismo.

En 1952, este grupo de historiadores toma la iniciativa para fundar la revista Past & Present (Pasado y Presente), tratando temas políticos y sociales, incluyendo otras disciplinas sociales no marxistas.

Muchos integrantes del grupo de historiadores, además estaban comprometidos con la acción militante, primero en instituciones académicas y luego ya en el Partido Comunista de Gran Bretaña (PCGB), con el cuál rompen vínculo en 1956 por diferencias con el Partido Comunista de la Unión Soviética, y pasarían a integrar la “Nueva Izquierda“, como otro modo de entender la práctica política (18).

Hobsbawn dirá que “el interés de los historiadores marxistas está más en la relación entre base y superestructura que en las leyes económicas del desarrollo de la base” (19). La herencia marxista otorga una serie de conceptos que serán reformulados por estos historiadores.

El concepto de modo de producción (economía como base) será adaptado de distintas maneras: Maurice Dobb insistía en una concepción político-económica; y Thompson observó al modo de producción como dador de relaciones simultáneamente económicas, políticas y culturales. Se acercan a la propuesta de que el modo de producción es un fenómeno total en la sociedad, suponiendo que un sistema de producción siempre existe en la forma de determinaciones sociales específicas. Es decir, en “lenguaje marxista“, los atributos “básicos” del sistema productivo frente a los “superestructurales” (20).

No se detiene aquí la desnaturalización del materialismo histórico, la determinación de clase, dirá Thompson, no se define por el simple hecho de ocupar un lugar en las relaciones de producción, sino que la clase se crea a partir de sucesos históricos reales experimentados por los actores sociales que la componen, en un contexto especifico, y en un momento histórico determinado. Además, el historiador marxista inglés debe desarrollar hipótesis que permitan explicar y comprender formas concretas de organización social, pero la teoría debe construirse desde la misma práctica historiadora y no como pura especulación filosófica (21).

No se limitan sólo a la crítica, sino también a la demostración empírica, como dirá Josep Fontana “diálogo entre hipótesis sucesivas e investigaciones empíricas”, es decir, análisis empírico ajustado a la teoría.

Además de la crítica y reformulación de la historia social iniciada con Annales y al marxismo ortodoxo, los historiadores marxistas británicos consideran diferenciar su contribución del estructuralismo. No se considera a las clases como estructuras estáticas y estudiadas cuantitativamente como supone el funcionalismo estructural negando identidad a la clase. En el estructuralismo, la base económica es determinante en el proceso de cambio social, los historiadores marxistas británicos explican el cambio social por medio de la lucha de clases, personas que experimentan situaciones y relaciones antagónicas dentro el sistema productivo (22), y otorgando a la voluntad humana el papel de elemento dinámico del cambio.

Los historiadores marxistas británicos han aclarado de manera histórica lo que Gramsci propuso cuando escribió que la clase trabajadora desarrolla de forma embrionaria su propia concepción del mundo que se manifiesta en la acción, y lo que Marx quiso decir al afirmar en el Manifiesto Comunista que “las conclusiones teóricas de los comunistas en absoluto se basan en ideas descubiertas por tal o cual reformador universal. Ellos expresan relaciones reales que surgen de una lucha de clases existente, e un movimiento histórico especifico(23).

El estudio del pasado para este grupo es vital, ya que supone estudiar la historia de la lucha de clases. Christopher Hill escribe: “Todo conocimiento del pasado debería contribuir para humanizarnos”, en tanto que Thompson señalaría: “La conciencia histórica debería “ayudarnos a comprender las posibilidades de transformación“. El pasado, concluirá Kayé, nos brinda conclusiones que podemos extraer para el momento de actuar (24). Ese actuar, esa lucha contra la opresión y la explotación requiere como pilar el deseo de crear un orden social alternativo. Y la “estrategia” entonces de este grupo de historiadores es “educar históricamente” para lograr ese deseo; explicar el cambio social proyectando un futuro.

EL CONCEPTO DE CLASE EN EDWARD P. THOMPSON

“La clase la definen los hombres mientras viven su propia historia, y al fin y al cabo, ésta es su única definición”xxv, planteará Edward P. Thompson, un exponente clave dentro de los historiadores Marxistas británicos en el Siglo XX.

La conciencia crítica de Thompson y de este grupo de historiadores los conduce hacia una desnaturalización de los conceptos marxistas, reformulándolos de acuerdo a la realidad histórica presente.

Para entender la crítica y reformulación expuesta por Thompson, hay que entender sus antecesores: El materialismo histórico desarrollado por Marx, donde las clases se definen por el lugar que se ocupa en las relaciones sociales de producción (propietario de los medios de producción o desposeído; teniendo solo uso de su fuerza de trabajo), en un modo de producción especifico, dentro de una sociedad determinada. La totalidad de las relaciones de producción, comprenden la base económica, la “estructura” de una sociedad, la base real de la cual denotan las variaciones en el proceso social, por lo que no es la conciencia lo que determina el ser social, sino su existencia social la que determina su conciencia (26). El marxismo supone una “superestructura” (política, jurídica e ideológica), cuyos cambios devienen de variaciones en la base económica.

La contribución otorgada por Thompson sobre el concepto de clase proviene de la concepción anteriormente mencionada. El hecho de comprender la historia como la “historia de la lucha de clases”muestra ya a las clases bajas como activas en los procesos históricos. Los marxistas han estado más interesados en las posiciones de las clases abstractamente definidas, que en los procesos cualitativos y sus conflicto (27).

Para Thompson, no se trata de un lugar definido en el proceso productivo, sino que la conciencia de clase se obtiene a partir de la experiencia desarrollada en los sucesos históricos, en un contexto y momento histórico específico. Por lo que la clase no comprende una “estructura”, ni una “categoría”, sino más bien un fenómeno histórico (28).

Con esta interpretación de clase retomamos la cita del comienzo, el desenvolvimiento de las relaciones productivas (que Thompson no las niega como influyentes en la formación de la clase) se dan en un contexto real y éstas determinan la experiencia. Si bien la experiencia podría estar determinada, la conciencia de clase no lo está, es decir, surge del mismo modo, en distintos momentos o lugares, pero nunca de la misma forma. Se podría decir con otras palabras que la experiencia es quien le da “forma” a esa conciencia.

Se entiende a la clase como una formación social y cultural que surge de procesos, procesos cargados de valores y tradiciones que convierten a la clase no sólo en una formación económica, sino también apreciable por su desarrollo cultural.

Con el advenimiento de la “nueva era“, comenzando a fines del Siglo XVIII con la invención de la máquina a vapor, se implantará un modo de producción vigente hasta nuestros días, y con él nuevas relaciones de producción estableciendo dos clases antagónicas, pero estrechamente unidas: Los oprimidos, los desposeídos, que sólo ofrecen al mercado su fuerza de trabajo, es decir, el proletariado; y los propietarios de los medios de producción, los dominantes, el burgués capitalista. Tal es el motivo que la Revolución Industrial aparece, no sólo como transformación económica, sino también social, con ella surge el “Movimiento Obrero” (29).

Las condiciones de vida devastadoras del proletariado, y su régimen de trabajo casi esclavista, los llevará a dar cuenta y experimentar la explotación, motivo por el cual, ante la diversidad de puestos de trabajo, se destaca ese factor común, esa conciencia de identidad colectiva que los lleva a luchar por esas situaciones de trabajo, a partir de este proceso y como última instancia, es donde se descubren como clase.

La formación de la clase obrera no es sólo una consecuencia económica, ni tampoco nació espontáneamente a partir de las nuevas relaciones de producción impuestas. Más bien es una noción trascendente al sujeto que por su propia experiencia llega a conocer sus condiciones y lugar ocupado en la sociedad y la experiencia se transforma en un medio para que el ser social construya su conciencia.

En el año 1802, en Stockport (Inglaterra), se firmó un pacto entre patrones de fábrica en el cuál firmarían no dar trabajo a quien abandonó su trabajo por disconformidad o fue despedido (30). Esta opresión política y económica determinaba que el obrero se debía someter a esa explotación para satisfacer sus necesidades y las de su familia. Aunque la explotación se dé entre los mismos factores (patrón-obrero), adopta formas distintas en contextos y momentos diferentes.

Estos trastornos cualitativos terminaban por destruir al obrero antes de los cuarenta años.

Concluyendo, la clase, para Thompson, se elabora como fenómeno histórico, ocupando lugar en los hechos. Esa vivencia experimenta, a través de la lucha de clases, el modo de vivir las relaciones de producción. Por lo que la clase se “hace a sí misma” en el proceso histórico real.

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS 

1. FONTANA, Josep “Historia: Análisis del pasado y proyecto social” Capítulo 13: El marxismo en el Siglo XX. II: Desarrollo y renovación. Cita en página 233.

2. OLIVA, Ángel “El marxismo de Antonio Gramsci: diagnóstico, estrategia y conceptos para la sociedad occidental de entreguerras” en VIANO, Cristina (Ed.): MIRADAS SOBRE LA HISTORIA. FRAGMENTOS DE UN RECORRIDO, Prohistoria Ediciones, Rosario, 2012, Cita en páginas 39-42.

3. CAMPIONE, Daniel “Para Leer a Gramsci” Ed. Buenos Aires: Ediciones del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini, 2007, Cita en página 46.

4. FONTANA, Josep “El marxismo en el Siglo XX. II: Desarrollo y renovación” Cita en página 234.

5- OLIVA, Ángel “El marxismo de Antonio Gramsci: diagnóstico, estrategia y conceptos para la sociedad occidental de entreguerras” Cita en pág. 53.

6. CAMPIONE, Daniel “Para Leer a Gramsci” Cita en pág. 46.

7. OLIVA, Ángel “El marxismo de Antonio Gramsci: diagnóstico, estrategia y conceptos para la sociedad occidental de entreguerras” Cita en Pág. 54

8. PORTELLI, Hugues “Gramsci y el bloque histórico” Capítulo 1: La superestructura del bloque histórico. Editorial Siglo XXI, Buenos Aires, 1974, Cita en pág. 13.

9. CAMPIONE, Daniel “Para Leer a Gramsci”. Cita en pág. 100

10. PORTANTIERO, Juan Carlos “Los usos de Gramsci” Cap. 1: Estado y crisis en el debate de entreguerras. Editorial Grijalbo S.A, Buenos Aires, 1999. Cita en pág. 52

11.GRAMSCI, Antonio “Los intelectuales y la organización de la cultura” Cap. La formación de los intelectuales. Cita en pág. 11.

12. CAMPIONE, Daniel “Para Leer a Gramsci”. Cita en pág. 75.

13. Ídem. Cita en pág. 78

14. GRAMSCI, Antonio “La política y el Estado moderno” Cita en pág. 26.

15. CAMPIONE, Daniel “Para Leer a Gramsci”. Cita en pág. 61.

16. CERIO, Débora “La historia social radical: el marxismo británico”, en VIANO, Cristina (Ed.) MIRADAS SOBRE LA HISTORIA. FRAGMENTOS DE UN RECORRIDO, Prohistoria Ediciones, Rosario, 2012. Cita en pág. 74

17. KAYÉ, Harvey “Los historiadores Marxistas Británicos” Universidad de Zaragoza, 1989, Cita en pág. 207.

18. CERIO, Débora “La historia social radical: el marxismo británico” Cita en pág. 76.

19 FONTANA, Josep “El marxismo en el Siglo XX. II: Desarrollo y renovación” Cita en página 242.

20. KAYÉ, Harvey “Los historiadores Marxistas Británicos” Universidad de Zaragoza, 1989, Cita en pág. 214-215.

21. CERIO, Débora “La historia social radical: el marxismo británico” Cita en pág. 86.

22. KAYÉ, Harvey “Los historiadores Marxistas Británicos” Universidad de Zaragoza, 1989, Cita en pág. 214.

23. MARX, Karl “Manifiesto Comunista” Cita en pág. 80.

24 KAYÉ, Harvey “Los historiadores Marxistas Británicos” Universidad de Zaragoza, 1989, Cita en pág. 224.

25 THOMPSON, Edward P. “La formación de la clase obrera en Inglaterra” Cita en Prefacio, pág. XV

26 MARX, Karl “Contribución a la crítica de la economía política” en Prólogo.

27 KAYÉ, Harvey “Los historiadores Marxistas Británicos” Universidad de Zaragoza, 1989, Cita en pág. 212.

28 THOMPSON, Edward P. “La formación de la clase obrera en Inglaterra” Cita en Prefacio, pág. XV

29 THOMPSON, Edward P. “La formación de la clase obrera en Inglaterra” Cita en Capítulo 6: Explotación. Pág 22.

30 Ídem. Cita en pág. 29 (“Relato de un oficial Hilandero de Algodón”).

Publicado originalmente en Revista de Claseshistoria, Artículo Nº 403, 15 de noviembre de 2013

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