La cuestión agraria: El discurso marxista de Kautsky

Porque no somos creyentes ni nada por el estilo pero parece que estemos a las puertas de la batalla del Armagedón: tanques de la OTAN para reforzar la frontera con Rusia -como en plena “Guerra Fría “-, Rouco Varela soltando espumarajos y culebras por la boca -como en el franquismo-, Marx desde Cero dedicando una entrada a Kautsky, ¡al renegado Kautsky nada menos!.

renegado (Newsprint)Sosiego y serenidad. Hay que recordar que antes de llegar a ser Karlel renegado“, “el oportunista“, Kautsky puede ser considerado como el albacea y heredero de Marx y Engels. A la muerte de éste último, Kautsky pasa a ser “el pope” del marxismo, guardián de la ortodoxia mientras impulsaba el revisionismo reformista en el seno de la II Internacional.

Tal vez ser «el legislador teórico del marxismo internacional» (Trotsky dixit) tuviera que ver en la gran acogida que tuvo la publicación de su obra La cuestión agraria, considerada por Lenin «el acontecimiento más importante en la historia de la literatura económica desde la publicación del tercer volumen del Capital».

De las manos de dos fenómenos en estudios agrarios y del campesinado Hamza Alavi y Theodor Shanin, publicado en Agricultura y Sociedad, nº 47, abordamos la cuestión agraria del renegado Kautsky. ¿Vas a renegar?…

Un saludo. Olivé


La cuestión agraria: El discurso marxista de Kautsky

Hamza Alavi y Theodor Shanin 

Kautsky partió del supuesto de que así como la concentración de la producción, puesta en marcha por la acumulación de capital, eliminaba la producción de bienes de escaso valor añadido en la industria de fabricación, en la agricultura supondría, probablemente, la disolución del campesinado y la polarización de la sociedad rural en dos clases: el proletariado rural y el capitalismo agrario. En la medida en que los censos rurales realizados en Alemania no muestran realmente una concentración gradual de la tierra en manos de un número cada vez menor de propietarios, el incremento de las inversiones de capital puede propiciar la creación de empresas agrícolas de tipo capitalista y la desaparición del campesinado (al menos en potencia, ya que Kautsky no encontró pruebas suficientes para afirmar que debiera suceder así). Teóricamente, el campesinado actual se encuadra en una categoría residual de productores de bienes de escaso valor añadido, destinada a desaparecer rápidamente ante el avance del capitalismo. Sin embargo, a medida que desarrolla su análisis en La cuestión agraria, Kautsky establece, cada vez con mayor claridad, una serie de importantes diferencias estructurales entre las condiciones de la producción campesina y de la producción de bienes de escaso valor añadido en la industria de fabricación, de modo que no es posible asimilar al campesinado en la categoría de productores de este tipo de bienes (1).

Este reconocimiento se hace aún más claro en el capítulo VII de la obra, en el que el análisis de Kautsky casi se cierra sobre sí mismo. Tras empezar por suponer que el desarrollo del capitalismo tiende en general a disolver y eliminar el campesinado, en este capítulo Kautsky expone una idea opuesta, concretamente por qué dicha tendencia no se impone realmente; por qué el campesinado puede sobrevivir en el marco del capitalismo. Al principio se limita a describir el modo en que operan las supuestas leyes de evolución. Más tarde señala (en el apartado a) del capítulo VII) que, en Europa, «las pequeñas explotaciones agrícolas se mantienen firmes frente a las grandes explotaciones desde la década de 1850. De hecho, en términos de superficie global, las pequeñas explotaciones parecen estar ganando terreno en algunas zonas». A continuación considera, en el apartado c) de ese mismo capítulo, los factores que retardan los procesos de centralización y concentración en la agricultura donde, afirma, operan con mayor lentitud que en laindustria, y plantea las diferencias entre los procesos de disolución de la producción de bienes de escaso valor añadido y del campesinado por el capitalismo como meras diferencias en el ritmo relativo con que se produce cada uno de ellos. Al llegar al apartado f) del mencionado capítulo, sin embargo, señala el papel funcional de las pequeñas explotaciones agrarias en tanto que «lugar de producción» de mano de obra necesaria en las grandes explotaciones y en la industria. El incremento del número de grandes explotaciones agrícolas en relación con las pequeñas disminuye la disponibilidad de mano de obra rural, al tiempo que aumenta su demanda. Esta contradicción limita el alcance del desplazamiento global de las pequeñas explotaciones por las grandes. En consecuencia, llega a la conclusión de que «en sí misma, ésta ya es razón suficiente para poder asegurar que, a pesar de su superioridad técnica, las grandes explotaciones agrícolas nunca dominarán por completo en ningún país… Mientras se mantenga el modelo de producción capitalista, no hay más razones para esperar la desaparición de las empresas agrícolas de gran escala que las que existen en el caso de las pequeñas explotaciones». Es algo más que la producción directa lo que se haya en peligro, ya que las granjas familiares son asimismo «lugares de producción» ideales para el reclutamiento de soldados para el ejército, abundantes, y de actitud conservadora (capítulo VIII, apartado a). Kautsky afirma que existen tendencias económicas inherentes, así como presiones políticas reales, que propician la intervención estatal, con el beneplácito de los grandes terratenientes, para garantizar la persistencia de las pequeñas granjas familiares. Para comprender mejor lo que esto significa, comparemos esta afirmación con la declaración incondicional que figura en una obra de Lenin de 1899, segúnla cual «el antiguo campesinado no sólo se está diferenciando, se está disolviendo totalmente, está dejando de existir, está dejando siendo desplazado por nuevos tipos de habitantes rurales… Estos son la burguesía rural (pequeña burguesía principalmente) y el proletariado rural: una clase compuesta por productores de bienes y otra compuesta por asalariados agrícolas» (2). Lenin no sólo supuso la necesidad de un proceso de «desaparición del campesinado», sino que determinó que la Rusia rural de aquella época ya había sufrido este proceso, convirtiéndose en una sociedad capitalista. La idea que en 1899 Kautsky tenía del proceso de cambio en la sociedad rural como consecuencia del impacto del capital y del progreso es notablemente diferente. En cuanto a Lenin, modificó en parte la anterior evaluación de acuerdo con la experiencia de la revolución de 1905, que le llevó a rehacer su juicio acerca del papel político del campesinado. Es decir «… la economía señorial rusa contemporánea se basa más en la imposición de la servidumbre que en la economía capitalista. Quienes lo niegan no pueden explicar la amplitud y la profundidad del movimiento revolucionario campesino ruso» (3).

La segunda cuestión que plantea el análisis de Kautsky, y una de las contribuciones más destacables a la comprensión del mundo en que vivimos, se refiere a su conceptualización de la producción campesina como elemento integrante de la economía y de la sociedad capitalista, en lugar de suponer que una y otras son incompatibles. Comienza por reconocer que la producción campesina, entendida como producción basada fundamentalmente en el trabajo familiar en explotaciones familiares, no es exclusiva de ningún modelo histórico de producción determinado. Los campesinos eran la base de las sociedades arcaicas organizadas de forma comunitaria, en las que cada explotación familiar era una unidad primaria de organización de las actividades económicas, aun cuando algunas de estas actividades se organizaban sobre la base de unidades sociales más amplias. Los campesinos, libres o siervos, eran elementos de las sociedades feudales, cuyas clases dominantes arrancaban de ellos un tributo en trabajo, en especie o en dinero. Con el desarrollo del capitalismo, el campesinado se incorpora al modelo de producción capitalista y su estructura y su dinámica no pueden entenderse en otros términos. El análisis que Kautsky realiza sobre la interacción del campesinado con el capitalismo, industrial y urbano, puede ampliarse para explicar diversas circunstancias contemporáneas inexistentes en la época en que se escribió el libro.

Debemos reconocer la complejidad de una cuestión que implica la coexistencia de tendencias parciamente opuestas. Al mismo tiempo, debemos tener en cuenta el carácter específico de la producción campesina, basada en la explotación familiar, como forma de organización de actividades productivas y el contexto, más amplio, del sistema económico capitalista en el que se integra. Kautsky hace hincapié en dos aspectos de las peculiaridades de las explotaciones familiares campesinas en contraste con el marco del capitalismo. Una se refiere al carácter de la tierra como medio de producción no reproducible. Señala los problemas peculiares y las contradicciones que surgieron como consecuencia de la concentración de la tierra en el proceso de desarrollo capitalista, en contraposición con la capacidad de los campesinos para retenerla. El otro aspecto se refiere a que una parte importante de la producción campesina se dedica a proveer de medios de subsistencia a los propios campesinos y no se valora en los mercados, al igual que sucede con los factores de producción. Estas características diferencian la producción campesina de la producción de bienes de escaso valor añadido en la industria de fabricación, lo que ofrece un nuevo motivo que explica que la producción campesina pueda subsistir dentro de una economía de tipo capitalista.

El tercer elemento del análisis de Kautsky consiste en una explicación de la actividad campesina en términos de sobreexplotación de la mano de obra campesina, refiriéndose al coste, inferior al promedio, de la mano de obra empleada en la agricultura, hecho que refuerza su significado funcional para el capitalismo. En opinión de Kautsky, las «economías de escala» y la posibilidad de utilizar tecnologías más avanzadas hacen que la agricultura a gran escala resulte necesariamente más efectiva que la explotación familiar. Pero los campesinos sobreviven a pesar de todo, e incluso mejoran las ofertas de los capitalistas a la hora de adquirir tierras, mientras que los agricultores arrendatarios proporcionan mayores beneficios a los terratenientes de los que éstos obtendrían explotando directamente la tierra de acuerdo con el modelo capitalista. En opinión de Kautsky, esto se debe al hecho de que los campesinos están dispuestos a aceptar «bajos niveles de consumo» y a realizar un «trabajo excesivo», en perjuicio de los asalariados permanentes, atrapados por lo que Lenin denominaría más tarde como «saqueo del trabajo» por parte de los campesinos y que constituye uno de los elementos del concepto de «autoexplotación» de Chayanov (4). A lo que se refiere cuando habla de economía política «nacional» es a un flujo de plusvalía adicional extraído de los campesinos empobrecidos, incapaces de oponer una resistencia efectiva frente a las fuerzas que los dominan. Dicho de otro modo, el sector campesino de la economía política capitalista es fuente de «acumulación primitiva» continua, más que un sector abocado a una rápida desaparición.

La respuesta que Kautsky dio a aquellos que celebraban la naturaleza aparentemente eterna del campesinado y oponían este argumento a las predicciones analíticas del marxismo, consistió en insistir en la naturaleza histórica del campesinado. Combatió la opinión de E. David, quien sostenía que las grandes explotaciones no podrían triunfar sobre las pequeñas cuando se trata de aplicar un tipo de agricultura más intensiva (5). Pero Kautsky respondió a la opinión de que las pequeñas explotaciones deberían ser necesariamente más eficaces que las grandes con la afirmación, igualmente errónea, de que crecimiento es sinónimo de perfección. Consecuente con esta idea, Kautsky descartó con excesiva ligereza la posibilidad de que existieran explotaciones familiares oprimidas y, sin embargo, altamente productivas y relativamente prósperas en un mundo capitalista dominado por las empresas mecanizadas, ya que, para él, el progreso está indisolublemente unido a la dimensión de la explotación (6). Kautsky partió del mismo supuesto cuando se mostró en desacuerdo con quienes proclamaban que la supervivencia del campesinado era una virtud. Para él, la explotación agrícola familiar bajo el sistema capitalista constituía una trampa de pobreza, opinión que nada confirmaba en aquella época. Para Kautsky, la supervivencia de los campesinos se debía principalmente al tributo que pagaban como mano de obra en las explotaciones agrícolas de gran escala y en la industria capitalista, al embrutecedor nivel de empobrecimiento «precapitalista», al trabajo de los menores, al envejecimiento prematuro, etc., que la mayoría de los «campesinos medios» padecían en mayor medida que los trabajadores asalariados (7). En este esquema no queda lugar para que una explotación familiar pueda salir adelante utilizando las particularidades de una economía tal: una importante deficiencia.

El cuarto aspecto del análisis de Kautsky es su pronóstico relativo a la repercusión del capitalismo sobre la agricultura campesina durante un período que consideraba de «acercamiento» a la revolución socialista. Llegado el momento, el proletariado seria una clase de masas, perfectamente organizada y totalmente consciente de su papel, y dominaría la escena política en su tarea revolucionaria encaminada a abolir la sociedad de clases. Las formas de producción dominantes serían el capitalismo industrial y la agricultura de gran escala. Para entonces, los campesinos podrían haber desaparecido ya, aunque esta circunstancia no tenía por qué producirse con anterioridad a la revolución socialista. El fin definitivo del campesinado sería consecuencia del progreso técnico más que de las repercusiones del capitalismo como tal o, desde luego, del socialismo. En lo que se refiere al periodo intermedio, Kautsky preveía un tipo de política económica en la que la agricultura en general y la agricultura familiar en particular se vería desplazada gradualmente e «iría a remolque» del capitalismo avanzado desde el punto de vista tecnológico y, más tarde, de la industria socialista. Por este motivo, el campesinado quedaría descartado cuando se desplegara el gran escenario histórico del futuro. Los arroyos estancados de la economía, y el campesinado en particular, serían barridos en su momento por el vigoroso torrente del progreso. Para completar las perspectivas generales que resultan de este pronóstico, Kautsky admitía, explicaba analíticamente y a continuación descartaba desde el punto de vista económico y político, en lo que a la dinámica del cambio se refiere, la posibilidad de que el campesinado no desapareciera realmente. Esto nos lleva a la cuestión del programa agrario del SPD.

La quinta y última característica fundamental de la obra de Kautsky se refiere a sus conclusiones políticas: una estrategia de partido para el campesinado que esboza en la segunda parte de la obra. En cierto sentido, estas conclusiones contradicen el sofisticado análisis que desarrolla en la primera parte de La cuestión agraria. Más bien parecen resultado de una concepción excesivamente general del proceso histórico, según la cual el «progreso» está determinado forzosamente por el crecimiento de las «fuerzas de producción» y por una interpretación mecanicista del desarrollo capitalista, en virtud de la cual el capital industrial posee una supremacía innata y sólo el proletariado industrial debía desempeñar el papel revolucionario que le dictan las «fuerzas de la historia». Este orden y esta jerarquía son el núcleo central de una afirmación decisiva con la que Kautsky establece su posición, declarando que «el desarrollo social está por encima de los intereses del proletariado y de la Democracia Social». ¡El progreso antes de que el proletariado y/o su partido, sin contar con los demás participantes en la lucha por la consecución del socialismo!

Aunque en la época en que Kautsky comenzó a ocuparse de la política agraria del SPD ya había llegado a la conclusión de que, como clase, el campesinado no tenía por qué desaparecer ni incluso en las fases más avanzadas del capitalismo, estaba convencido, no obstante, de que para el movimiento socialista su significación era mínima o negativa, ya que el campesinado (e incluso la agricultura como tal) es una fuerza conservadora y no progresista. Se propuso establecer las bases de una estrategia política válida desde el punto de vista científico con las siguientes palabras: «Si alguna conclusión clara podemos extraer de lo expuesto en la primera parte, es que la industria se convertirá en la fuerza determinante de la sociedad en su conjunto y que la agricultura perderá su importancia relativa con respecto a la industria».

Inmediatamente conceptúa esta afirmación diciendo que el SPD no puede ignorar la cuestión agraria. Pero no puede evitar añadir, con verdadera perplejidad, que: «Es un fenómeno curioso que la importancia política de la agricultura sea inversamente proporcional a su importancia económica». El campesinado no desaparecería en virtud de un proceso fundamental de transformación social. Sin embargo, se estaba viendo marginado. Habría que buscar las principales fuerzas del futuro en la floreciente industria capitalista, en comparación con la cual el campesinado carece de importancia, resulta un anacronismo.

En lo que se refiere a la venidera lucha de clases entre el capitalismo y el proletariado, los campesinos podrían suponer un riesgo o incluso un peligro potencial, ya que sería fácil ponerles un uniforme y lanzarlos contra los revolucionarios, como ocurrió en 1848. Por suerte, «palpitan dos almas en el pecho del campesino», que no era necesariamente enemigo de clase del proletariado. Enfrentado a la lucha de las clases dominantes en el capitalismo, mostraría probablemente una actitud ambigua pequeñoburguesa. Los campesinos no eran ni completa ni necesariamente hostiles a los socialistas y algunos de ellos podrían unirse al SPD anticipándose a su futura proletarización.

Los socialistas llegaron a la conclusión política de que era mejor neutralizar al campesinado que movilizarlo. No se les podría asignar papel alguno en la venidera revolución socialista. Comparado con Lenin, Kautsky destaca en este aspecto con profundo contraste. Aunque existen algunos paralelismos entre los análisis que cada uno de ellos desarrollaron acerca de la repercusión que el avance del capitalismo tendría sobre el campesinado, sus respectivas ideas acerca del potencial revolucionario de éste difieren de forma radical. A raíz de la revolución campesina que se produjo en 1902 en Ucrania y sobre todo de la revolución de 1905-1907, tanto Kautsky como Lenin admitieron el impulso revolucionario de los campesinos rusos, rechazado anteriormente por los marxistas «ortodoxos». Ambos basaron su explicación de este fenómeno en la situación de fondo de la economía rusa: una clase precapitalista comprometida en una revolución re socialista. (Esta similitud entre los supuestos y las consiguientes estrategias adoptados por cada uno de ellos desaparecería totalmente al estallar la guerra civil rusa que para Lenin fue, al menos a partir de 1919, una revolución apoyada por los campesinos, de quienes dependía, mientras que para Kautsky fue una aberración explicable en parte por el carácter conservador del campesinado). Con anterioridad a este hecho, las similitudes señaladas ocultaban diferencias que podían percibirse en las diferentes formas en que cada uno subrayaba su voluntad revolucionaria y política. La revolución de 1905- 1907 hizo que la movilización política del campesinado a favor de los socialistas se convirtiera en la principal preocupación de Lenin (8).

En lo que se refiere al posicionamiento político del campesinado, conforme retrocedemos en el tiempo resultan aún más interesantes las notas que dejó Marx en los últimos diez años de su vida. Este «Marx tardío» desconocido para la mayor parte del público y bien oculto por largos años de «silencio editorial» tiene cosas muy interesantes que revelamos. Predijo, como parte integrante de la insurrección campesina contra el «Estado … la empresa … los terratenientes… (y) … dentro (de la comunidad campesina) … la usura» (adviértase el orden que establece), que los campesinos administrarían sus propios asuntos dentro y como parte de una sociedad socialista revolucionaria. La razón para ello era que, «al haber vivido durante tanto tiempo a expensas de la comunidad campesina, la sociedad rusa está obligada a proporcionarle los recursos iniciales precisos para este cambio», precisamente la inversión de la «acumulación primitiva» como condición previa para el desarrollo satisfactorio de la agricultura campesina en un régimen socialista (9).

Sin embargo, el cambio que se ha producido en nuestra comprensión de las formas económicas y la posición política del campesinado ha sido más una cuestión de experiencia que de lectura de textos analíticos, marxistas o no. Nuevos estudios analíticos, vinculados directamente con la crisis de los «países en desarrollo» durante las décadas de 1960 y 1970, el surgimiento de economías «informales» alentadas por pequeños productores en las sociedades industriales y la guerra del Vietnam, que ha transformado nuestra visión. Este cambio de apreciación ha puesto, asimismo, de manifiesto la importancia del análisis de Kautsky sobre las formas económicas continuas y mixtas, sobre las explotaciones agrícolas familiares y las explotaciones capitalistas de gran escala, y ha sentado las bases de un renovado interés por su legado teórico, con el que a veces está de acuerdo y a veces en desacuerdo en lo que se refiere a las sociedades y economías rurales.

NOTAS

(1) K. Kautsky, The Agraian Question. Zwan, 1988 (publicado originalmente en 1899). Lenin describió este libro, prácticamente olvidado, como «el acontecimiento más importante en la historia de la literatura económica desde la publicación del tercer volumen del Capitulo, 1. Lenin, Collected works, Moscú, 1977, Volumen IV, pág. 94.

(2) Lenin, op. cit., vol. III, pág. 174

(3) Ibid, vol. X, pág. 177 (hemos modificado la traducción de la primera frase sobre la base del original en ruso).

(4) Chayanov concedía al concepto de «autoexplotación» un contexto más ámplio y admitía la posibilidad de que las economías familiares presentaran algunas ventajas respecto a la producción capitalista. Véase A. Chayanov, Theory of Peasant Economy, Madison, 1986, Capítulo 2.

(5) E. David, Socialismus und Landwirtschaft, Berlín, 1902.

(6) A propósito de ello, véase una discusión en J. Hams, Rural Development, Londres, 1982 (en particular la colaboración de G. Djurfield y M. Taussing) y H. Friedmann, «World Market, State and Family Farm», en Comparative Studies in Society and History, 1978, vol. XX.

(7) Sobre la base de los hechos, no hay forma de explicar en este contexto analítico la eficacia que muestran y el bienestar de que disfrutan algunas explotaciones familiares «nativas» contemporáneas, ya sea en Punjab, Kenia y Venezuela o, a pesar del abismo que les separa, en los Países Bajos.

(8) Este tema se discute en T. Shanin, Revolution as a Moment of Truth, McMilan/Yale, U. P., 1986.

(9) Véase T. Shanin, Late Marx and the Russian Road. Montly Review, 1983 (en la segunda parte figuran una serie de textos de Marx).

 

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