La cuestión nacional en Lenin y Rosa Luxemburgo

La democracia tal como la hemos vivido hasta ahora -al menos en Europa- hace aguas. No sólo la crisis económica sino el deterioro a pasos agigantados de derechos hasta ahora “fundamentales”. Como botón de muestra, lo que viene ocurriendo en HamburgoRosayLenin (Alemania) desde el pasado 21 de diciembre con la declaración de “zona peligrosa” en tres distritos de la ciudad. Y lo peor de todo, las declaraciones del ministro del interior Michael Neumann, que ha afirmado que “es una zona de peligro y, por lo tanto, existen leyes para restringir, más allá de las libertades civiles”. Y en otras ciudades, tanto parejo (como las innumerables cámaras del centro de Londres que convierten el derecho a la intimidad en broma de mal gusto). Y conforme crezca la disidencia, el fenómeno irá a más.

Mientras se “solucionan ” esos errores del sistema os proponemos una nueva lectura sobre marxismo y la cuestión nacional. Si en anteriores entregas vimos lo que Marx y Engels por un lado, y Otto Bauer junto al austromarxismo por otro, decían sobre el tema; no podíamos dejar de lado a dos figuras imponentes del marxismo: Lenin y Rosa Luxemburgo. De autor desconocido -cosas que pasan-, compartimos un interesante trabajo sobre los asuntos nacionales y el debate en el seno de la II Internacional. Cuando quieran…

Salud y república. Olivé

________________________________________________________________

LA CUESTION NACIONAL EN LENIN Y ROSA LUXEMBURGO

A. CONDICIONES HISTORICAS

Lenin y Rosa Luxemburgo mantuvieron una polémica sobre el problema nacional durante más de 15 años, polémica que extiende sus ramales hacia otras propuestas de eminentes teóricos de la II Internacional como Otto Bauer, Karl Kautsky, Karl Renner, sin cuyo estudio no se podría entender el abigarrado pero riquísimo contexto de la discusión sobre lo nacional.

Tres eran las corrientes imperantes en la II Internacional:

1.-La línea centrista, de la “ortodoxia” oficial, mejor conocida como revisionista, comandada por la Socialdemocracia alemana (Kautsky) y en menor grado el “austromarxismo” (Otto Bauer, Karl Renner), línea que respecto de la cuestión nacional, al igual que en todos los aspectos de la política, se debatía en el dilema de reforma o revolución, nacionalismo e internacionalismo y con la cual polemizaron duramente Lenin y Rosa Luxemburgo.

2.-La línea de izquierda nacional representada por Lenin y los bolcheviques (exceptuando el ala izquierda: Bujarin, Radek que propugnaban las tesis luxemburguistas). Esta línea defendía la tesis del derecho de las naciones a la autodeterminación.

3.-La línea de izquierda internacionalista comandada por Rosa Luxemburgo, Pannekoek y Strasser que planteaba el rechazo a la reivindicación de la autodeterminación de las naciones en Europa Occidental y Oriental por considerarla una tarea histórica regresiva, impulsando en el caso de Rosa Luxemburgo la tesis de la autonomía nacional y la unidad internacionalista de la clase obrera.

No obstante la diferencia de las posiciones políticas, en contadas excepciones -como es el caso de Otto Bauer– no nos encontramos con enfoques teóricos que difieran sustancialmente. El caso de Lenin y Rosa Luxemburgo ha sido suficientemente observado por distintos autores, quienes señalan que las propuestas programáticas diferentes a las que arriban respecto de la cuestión nacional, no se originan tanto en concepciones y posiciones teóricas disímiles, cuanto en la peculiar realidad sobre la que reflexionan.

En efecto, Lenin reflexiona, teoriza y lanza un programa tomando en cuenta el carácter opresor de la nación rusa; Rosa Luxemburgo en cambio lo hace como miembro de una nación oprimida: Polonia. Desde esta perspectiva era lógico que Lenin “viera” en todo enemigo de la autocracia zarista, incluidos los grupos nacionalistas burgueses de los países oprimidos, posibles aliados futuros contra el absolutismo; mientras Rosa Luxemburgo veía en la autodeterminación nacional una tesis que consolidaría a la burguesía polaca y le haría más larga la lucha al proletariado de su país. En ese sentido ella quería dotar “al proletariado polaco -y al de los países oprimidos en general -de una conciencia de clase que le permita hegemonizar el proceso histórico para evitar no solo la división del proletariado… sino su subordinación y entrega a las influencias y programas pequeño burgueses y nacionalistas“.1

Veamos brevemente cuáles eran las condiciones históricas de Rusia y Polonia por aquellos años.

En Polonia fue la nobleza la portadora más radical de la idea nacional durante varios siglos. Luego de haber sido un sostén importante de la monarquía constitucional polaca en su edad de oro (siglos XV y XVI) vio cercenados sus derechos por la partición que sus tres poderosos vecinos: Austria, Prusia y Rusia, hicieron de su territorio por tres veces consecutivas entre 1772 y 1795 sin dejar un solo territorio polaco independiente.

A partir de 1830 hasta 1863 se produjeron intentos insurrecionales por parte de la nobleza. Pero en 1864 el zar emitió la ley de la abolición de la servidumbre que golpeó la base económica de reproducción de la nobleza v dio pábulo a un acelerado desarrollo del capitalismo: creció velozmente la gran industria a tal punto que la concentración de capitales en Polonia era mayor que en Rusia. A partir de ese momento será la burguesía la clase dominante económica y políticamente pero, al contrario de la nobleza, no asumirá las reivindicaciones nacionales pues su desarrollo fue amparado por el zarismo ruso.

Este desarrollo capitalista no se había producido en las otras zonas polacas anexadas. La diferencia en el desarrollo de las tres Polonias oprimidas que seguían el ritmo de las naciones opresoras, le llevó a Rosa Luxemburgo a concluir que las zonas polacas se habían “ligado orgánicamente” a los Estados anexionistas en forma de una durable dependencia económica.

La burguesía polaca favorecida por el zar, dependiente del mercado ruso -nervio vital del capitalismo polaco- era según Luxemburgo, una clase desnacionalizada, rusófila, a la que no le interesaba reconquistar la independencia nacional, sino más bien disolver la nacionalidad en la rusificación de Polonia. Esta clase encamaba un momento histórico cualitativamente distinto de aquel momento que encarnó la nobleza terrateniente nacionalista e independentista. La clase obrera, en ese sentido, mal podía apoyar una reivindicación que favoreciera a la burguesía, y, al contrario debía enfrentar una lucha contra ella en unidad con la clase obrera rusa y europea.

Lenin, por su parte, aunque en sus análisis arranca de consideraciones de orden interno y sobre todo de una tesis: la predominancia del capitalismo en Rusia, su razonamiento respecto del problema nacional es más continental que el de Rosa Luxemburgo. Efectivamente, Lenin compara la situación de Rusia con la del conjunto de países de Europa Occidental y encuentra que son realidades totalmente diferentes.

Mientras en Occidente los movimientos democráticos burgueses se iniciaron en el siglo XVIII culminando en el siglo XIX con la constitución de Estados Nacionales, razona Lenin, en el Oriente -Europa Oriental, Rusia, China- los movimientos democráticos burgueses, recién inician su fase de ascenso a principios del siglo XX, enfatizando que “precisamente y únicamente porque Rusia y sus países vecinos atraviesan ese período, debemos tener en nuestro programa un punto sobre la autodeterminación“. 2

Esa posición Lenin la manifiesta en 1914, precisamente en su opúsculo “El derecho de las naciones a la autodeterminación”. Sin embargo, no siempre consideró compatible el apoyo del proletariado a movimientos nacionales de carácter burgués; más aún, no siempre pensó que en el capitalismo se podrían zanjar los diferendos nacionales. Precisamente en 1903, en su primer aporte a la discusión de la cuestión nacional polaca y rusa titulado “El Problema Nacional en nuestro programa’: Lenin era un intransigente defensor de la tesis que sostenía que solo la revolución social podía asegurar la independencia nacional. Diez años después, en 1913, fracasada la primera revolución rusa (1905) y en un contexto de vida democrática restringida, Lenin escribe que la paz entre las nacionalidades sí es posible en el capitalismo.

En sus escritos posteriores está claro que concebía la lucha por la resolución nacional como una lucha en el contexto del capitalismo, es decir, como una tarea que no requería necesariamente la revolución social. Este es un punto que le diferencia del punto de vista luxemburguista del problema. En efecto “la idea de resolver los problemas nacionales dentro del marco capitalista queriendo asegurar a todas las naciones, grupos étnicos y razas, la posibilidad de su autodeterminación, era para Rosa Luxemburgo, una utopía desde el momento en que el sistema objetivo de las fuerzas políticas condenaba a esas reivindicaciones y a muchas otras a no ser factible en la práctica”. 3

B. EL CONCEPTO DE NACION

Un rasgo distintivo en el discurso de Lenin y Rosa Luxemburgo es que ambos parten, para su reflexión sobre la cuestión nacional, no de la constatación de la fractura de sus respectivas naciones, sino de la presencia de naciones ya constituidas sea con el rango de opresoras sea con el carácter de oprimidas. Desde esa perspectiva, lo que interesa no es mostrar los signos históricos de la ausencia de unificación nacional, al estilo de Gramsci, sino sustentar teórica e históricamente un programa que elimine la opresión nacional y consagre la igualdad de las naciones. Su reflexión está, pues, teñida de una urgencia política más que de una necesidad de elaboración teórico-conceptual.

Así, en ninguno de los dos encontramos definido el concepto de nación. Ambos trabajan su discurso en torno a un concepto más implícito que explícito de lo nacional. Por otra parte hay un tratamiento indistinto e indiferenciado de nación y nacionalidad.

No obstante, en ambos casos ese concepto implícito será diferente. Para Rosa Luxemburgo -como bien lo señala María José Aubet -la nación designa más bien un complejo de características y bienes espirituales y culturales como arte, literatura, lengua, religión. A esto yo añadiría el territorio como un bien cultural fundamental, base de existencia de una nación, en la concepción de Luxemburgo.

Para Lenin, en cambio la nación tiene un significado económico-político. La constitución nacional es la base de expansión, de un mercado interno y por ende un espacio idóneo para la liberación de la lucha de clases. Esto último en la medida en que la resolución de la cuestión nacional o como la llamaba Leninla paz de las naciones” implicaba necesariamente la ampliación de la democracia en profundidad.

Este enfoque diferente de lo nacional conducirá a ambos teóricos a contrariarse en aspectos sustanciales como la concepción de cultura y fundamentalmente en lo relativo al diseño de la alternativa política que proponen.

No obstante, a pesar de la diferencia de enfoque, Lenin y Rosa coinciden en un punto: la nación no es para ninguno de los dos una entidad totalizadora de una heterogeneidad de capas, grupos y clases sociales. El principio de mantener el análisis de clase por encima de toda consideración nacional es el elemento determinante de esta coincidencia. En efecto, para Rosa Luxemburgoen la sociedad de clases no hay nación en tanto que entidad socio-política homogénea, uniforme. Lo que sí hay en todas las naciones, sin embargo, son clases con intereses y “derechos antagónicos4 y para Lenin:En cada nación moderna…hay dos naciones. En cada cultura nacional hay dos culturas…“. 5 Podemos encontrar aquí las huellas de la concepción nacional de Marx en el Manifiesto Comunista.

En cuanto al origen de la nación, Lenin es claro al respecto. El surgimiento de movimientos nacionales tiene su base económica en la necesidad de la conquista del mercado interno por la burguesía. Es decir, la nación surge en un período histórico determinado: el período de ascenso del capitalismo y la liquidación del feudalismo. En ese sentido, Lenin no reconoce la existencia de naciones en una época precapitalista, sino que establece como requisito de la constitución nacional el desarrollo del capitalismo y como portadora de la idea nacional a la burguesía.

Rosa Luxemburgo, por el contrario, establece una diferencia entre nación, nacionalidad y nación moderna. Criticando a Kautsky quien plantea que la nación es una categoría histórica propia del período capitalista, Luxemburgo plantea que “la nacionalidad como tal no se puede considerar, por supuesto, como un fenómeno que sólo corresponde a la fase burguesa, puesto que las peculiaridades nacionales ya existían muchos siglos antes de esa fase. Sin embargo, cuando se trata de los movimientos nacionales como una manifestación de la vida política -las tendencias a crear el llamado estado nacional- es indudable su vínculo entre éstas y la época burguesa“. 6 Es decir, la nación como comunidad cultural existe antes del surgimiento del capitalimo, pero el surgimiento de la nación moderna -como entidad que se consolida a su vez con la constitución de Estados independientes -es un fenómeno moderno.

Rosa partía naturalmente de la historia polaca en la que la nobleza en un período precapitalista se había erigido en portadora de las ideas nacionales. ¿Cómo explicar este fenómeno de lucha por la independencia nacional en el siglo XVIII y XIX comandado por una clase precapitalista cuando el marxlsmo señalaba que la portadora de la idea nacional era la burguesía? Con el agravante de que en Polonia no sólo que la nobleza fue la clase porta· dora de lo nacional, sino que la burguesía fue una clase desnacionalizada por naturaleza. La distinción que hace Rosa Luxemburgo entre nación moderna y nación parte del proceso histórico polaco, permite explicarlo, y a la postre va a conducirla a plantear una reivindicación correspondiente con esta concepción.

C. LA RELACION CLASE-NACION

Sin lugar a dudas el punto de más coincidencia entre Lenin y Rosa Luxemburgo y que paradójicamente les llevará a proponer soluciones políticas diferentes es el de la relación clase-nación.

Desde 1903, Lenin ya apuntaba que el interés fundamental de la socialdemocracia, no era tanto estimular la autodeterminación de los pueblos y naciones sino ante todo la autodeterminación del proletariado de cada nacionalidad añadiendo más adelante que “al proclamarse este derecho SUPEDITAMOS a los intereses de la lucha proletaria nuestro apoyo a la reivindicación de la independencia nacional“. 7

Y Rosa Luxemburgo atacando la tesis de la autodeterminación apuntaba, en palabras casi idénticas, que el proletariado no debía hacer suya la consigna del derecho de las naciones a la autodeterminación sino el derecho de la clase obrera a la autodeterminación pues eso sí garantizaría la emancipación política, económica, cultural.

Como podemos apreciar, en ambos casos existe una supeditación explicita de la categoría nación a la categoría clase. La categoría clase está llamada a informar la actividad de un partido obrero, sus reivindicaciones, y su lucha.

La supeditación del factor nacional al clasista no implicaba sin embargo, que no pudiese producirse un desnivel en la supremacía de la clase sobre la nación.

Ber Borojov, un nacionalista judío ruso hizo a principios de siglo un planteamiento sistemático respecto a este último problema. En efecto, Borojov señala que cuando las condiciones de producción de una nación (territorio, cultura. lengua, etc.) son amenazadas por un Estado extranjero “los intereses de la nación se toman armónicos, la conciencia nacional se fortalece, agranda” y las contradicciones de clase se neutralizan. Por el contrario, cuando ninguna de las condiciones de producción es amenazada, se posibilita la agudización de las contradicciones de clase desnacionalizando al pueblo y atemperando la conciencia nacional. 8

Esta idea está presente en el pensamiento de Lenin cuando reflexiona acerca de la cuestión nacional. Así ya en 1903 decía: ” Es evidente que en la actualidad el antagonismo de clase ha relegado muy a segundo plano los problemas nacionales pero no debemos afirmar en forma categórica, sin exponemos a caer en el doctrinarismo, que no pueda presentarse temporariamente en el primer plano de la escena política, talo cual problema nacional“. 9 Vemos cómo Lenin determina históricamente la predominancia ya sea del factor clase ya del factor nacional.

En Rosa está presente también esta consideración la que se revela en su análisis del problema nacional turco. En ese caso Rosa considera como principal la reivindicación nacional asumiendo como correcta la tesis de la autodeterminación. El desnivel en el predominio de lo clasista, al igual que en Lenin, es justificado históricamente.

Pero a pesar de estas excepciones tanto para Lenin como para Rosa Luxemburgo el combate contra la opresión nacional no es un problema patriótico sino un problema de clase. Y desde esa perspectiva cada clase dará respuestas diferentes a la cuestión nacional. En esa línea ambos distinguieron la diferencia de actitud de la burguesía, el proletariado y otras capas como el campesinado, la pequeña-burguesía, los terratenientes frente al problema nacional. Los múltiples artículos de. Lenin sobre la actitud de liberales, kadetes. centurionegristas, eseristas y socialdemócratas respecto de lo nacional evidenciaron esa preocupación. Igualmente Rosa consideraba fundamental no sólo comprender el carácter de la estructura económica, sino el carácter del desarrollo de cada clase y capa, para de acuerdo a ello, considerar si es revolucionario o no apoyar la reivindicación nacional.

La convicción de que en una sociedad de clases existirán tantas posiciones sobre la cuestión nacional cuantas clases existan, les condujo a hacer una diferenciación entre el nacionalismo de la clase dominante y el de la clase obrera.

La idea del nacionalismo burgués como una ideología veladora de las contradicciones de clase, idea que también sistematiza Ber Borojov, está presente en ambos teóricos marxistas. Así Rosa Luxemburgo, distinguiendo entre el nacionalismo burgués y la concepción nacional proletaria señala que el nacionalismo encubridor del carácter clasista de la sociedad es el nacionalismo burgués. Mientras que todo aquello que será relevante para la creación, potenciación y desarrollo del movimiento obrero, de la vida espiritual y cultural de las manifestaciones nacionales, debía ser considerado como un elemento nacional, óptimo, en el sentido más patriótico del término.

Este enfoque de relación clase-nación se enmarca en una concepción del desarrollo social. En efecto, tanto en Lenin como en Rosa, se revela una concepción progresiva, evolucionista del desarrollo social. El capitalismo aparece como una máquina que destroza y arrolla todo tipo de vestigios feudales, destruye lo bárbaro y es portador de la civilización. Es, por tanto, un fenómeno históricamente progresista. Esta visión evolucionista heredada del siglo XIX -presente también en Marx y Engels como ya hemos visto que además caracterizó a los teóricos de la II Internacional, ya se había manifestado en Lenin en, obras como El Desarrollo del Capitalismo de Rusia.

En Rosa y Lenin el mayor desarrollo capitalista incide en una mayor liberación de la lucha de clases, en una más óptima organización del proletariado y por consiguiente en la preparación de mejores condiciones para la revolución social.

Concomitantemente, el perfeccionamiento político cultural del sistema democrático coadyuva también – desde la perspectiva leninista y luxemburguista -a los objetivos de la clase obrera. Así, se establece una relación causal burguesía-clase obrera, capitalismo-socialismo, que, como algunos autores han coincidido en señalar, esconde un punto de vista economicista. 10

Un ejemplo claro de esto lo tenemos en Lenin. En sus “Notas críticas sobre la cuestión nacional” señala que la cohesión de la clase burguesa lleva a la cohesión de la clase obrera estableciendo una relación causal entre la una y la otra. Similares planteamientos encontramos en Rosa Luxemburgo.

El enfoque economicista se destaca sobre todo en la Luxemburgo. Ella negaba la posibilidad de que existiese en Polonia ninguna clase interesada en la reconstrucción de Polonia y señalaba que tanto el proletariado como la burguesía se habían erigido sobre la tumba de la lucha nacional.

La independencia polaca era, según Rosa idea del período precapitalista y nunca fue reivindicación burguesa por la estrecha relación que existió entre ésta y el absolutismo ruso. Por ello mismo podía -según Rosa Luxemburgo– ser reivindicación proletaria porque ambas clases pertenecían al mismo mecanismo económico. Como Michael Löwy señala críticamente, para Rosa, como Polonia era dependiente de Rusia, mal podía reivindicar su independencia, clara concepción mecanicista.

En ese sentido la clase obrera polaca no podía según Rosa· reivindicar la idea nacional tradicionada por la burguesía por dos razones:

1. Fundamentalmente por una concepción evolucionista del desarrollo económico-social que veía en la rusificación de Polonia el resultado del proceso objetivo de desarrollo económico. En ese caso, la consigna de la independencia era para Rosa Luxemburgo una tesis retrógrada, regresiva, desde el punto de vista histórico.

2. Porque para Rosa la resolución de la cuestión nacional no era posible en el capitalismo sino cuando la revolución social garantice la igualdad de las naciones. Por otro lado en aquel momento histórico favorecer la independencia nacional implicaba -según Rosa- favorecer a una burguesía desnacionalizada retrasando el triunfo de la clase obrera.

Mientras Rosa razonaba en el contexto de una nación oprimida, Lenin y la socialdemocracia rusa lo hacía en su condición de pertenencia a una nación opresora. Impulsaron, en ese sentido, la tesis de la autodeterminación de todas las nacionalidades oprimidas -reivindicación sentida por las múltiples nacionalidades no-rusas que poblaban el Imperio Ruso, añadiendo que apoyarían incondicionalmente la reivindicación “nacionalista-burguesa de cualquier nación oprimida por su contenido democrático contra la opresión“. 11

No obstante, detrás de la nación oprimida Lenin apela al proletariado explotado. Así, a la vez que proclama el derecho a la autodeterminación, también llama a los obreros de todas las nacionalidades a unirse en la lucha contra el capitalismo considerando esta tarea como prioritaria.

Tanto Lenin como Rosa Luxemburgo se acusaban mutuamente de estar ayudando con sus planteamientos políticos a las clases dominantes de sus respectivos países. Reclamo justo desde la perspectiva nacional de cada uno de ellos, aunque no contradecía, en absoluto, los idénticos postulados teóricos de supeditación de la cuestión nacional al interés de clase, columna vertebral de su argumentación.

D. CULTURA NACIONAL E INTERNACIONALISMO

Respecto al problema de la cultura nacional hay divergencias entre Lenin y Rosa Luxemburgo, divergencias que sin embargo no cuajaron en una polémica entre ambos. Lenin fue quien más polemizó sobre este aspecto fundamentalmente con Otto Bauer y el austromarxismo y como siempre, el trasfondo no fue teórico sino político.

Otto Bauer en su extenso libro El problema de las nacionalidades y la, socialdemocracia sustentó teóricamente la tesis de la autonomía cultural nacional que fue lanzada en el programa de la Socialdemocracia austriaca. Dicha tesis, a la que también se la conocía con el nombre de “extraterritorialidad” planteaba que “cada una de las naciones que viven en Austria CUALQUIERA SEA EL TERRITORIO EN QUE RESIDEN SUS MIEMBROS constituirán un grupo autónomo el cual administrará de manera completamente independiente todos sus asuntos nacionales relativos al idioma y a la cultura“. 12

La tesis de la autonomía nacional cultural tenía como sustento teórico, la concepción de nación como comunidad cultural. En efecto, Otto Bauer conceptualizó a la nación como una comunidad de carácter nacida de una comunidad de destino.

 a. Comunidad, es decir, peculiaridad del individuo que es al mismo tiempo peculiaridad de todos los individuos coaligados en la misma comunidad;

b. Comunidad de carácter, que significa que sobre cada individuo de una sociedad actuó la misma fuerza. “Esta fuerza operante –decía Bauerlo histórico en nosotros, es lo nacional en nosotros, lo que nos suelda en la nación“. 13

c. y finalmente comunidad de destino, es decir, vivencia común del mismo destino que por Bauer es entendido como “las condiciones en que los hombres producen su sustento vital y reparten el fruto de su trabajo… ;sobre la base de determinado tipo de producción y reparto del sustento vital surge también determinada cultura espiritual“. 14

La nación como comunidad de carácter se diferencia de otras comunidades de carácter como la clase. Para Bauer la clase no tiene una comunidad de destino sino una homogeneidad de destino. Comunidad de destino implica compartir la misma vivencia. Así, para Bauer la clase obrera de todos los países tiene igual destino, pero viven el mismo destino la clase obrera y el proletariado de cada país. El ámbito de la nación es, para Bauer mucho más amplio que el de la clase. Más aún rebasa la problemática economicista invadiendo la esfera ideológica y cultural. Implica no el reconocimiento de la heterogeneidad de intereses de clases sino el reconocimiento de los vínculos que ligan y unifican a los individuos de una sociedad dada a PESAR DE LA EXISTENCIA DE LAS CLASES.

Esta concepción de nación como comunidad cultural, admitía la existencia de una cultura cuya portadora era en esencia la clase dominante pero que igualmente era asumida como propia por las clases dominadas en determinado período histórico.

Lenin entró a rebatir esta concepción teórica culturalista y su correlato político expresado en la reivindicación de la autonomía cultural nacional, asumiendo la posición extrema de negar la existencia de una cultura nacional. En 1913 en sus “Tesis sobre el problema nacional” criticando la tesis de la autonomía cultural nacional decía que es INADMISIBLE lanzar la tesis de la cultura nacional ya que “bajo el capitalismo toda la vida económica, política, espiritual se internacionaliza cada vez más. El socialismo la internacionalizará por completo. La cultura internacional que el proletariado de todos los países está creando ya ahora de modo sistemático, no incorporará la “cultura nacional”…. en su conjunto, sino que aceptará de cada cultura nacional exclusivamente aquellos de sus elementos que son democráticos y socialistas“. 15

En esa perspectiva para Lenin, la cultura – como la sociedad y la nación -está atravesada por el corte clasista. Hay cultura burguesa y cultura democrática y socialista. No puede haber cultura nacional pues en cada sociedad existen dos naciones, y por ende, dos culturas.

Lenin, sin embargo, no explicita, no define lo que entiende por cultura. Al igual que con el concepto de nación, el concepto de cultura es algo implícito. De su noción de cultura se puede inferir, no obstante, que, en general. la cultura no es sólo el conjunto de bienes espirituales, sino también de bienes materiales y sobre todo la posesión real que de estos tienen las clases sociales. Por ello para Lenin la “cultura nacional” es la cultura de los terratenientes, del clero, de la burguesía, porque ellos acceden plenamente a los bienes culturales universales. Pero por esa vía se puede afirmar que Lenin subsume el concepto de la cultura en el concepto de ideología. La ideología como reflejo de estructuras, como concepción del mundo de una clase, subsume el quehacer cultural.

Así, frente a los planteamientos culturalistas de los austromarxistas, Lenin opone su visión predominante de clase apelando concomitantemente al internacionalismo. Así señala que “la consigna de la democracia obrera no es “la cultura nacional” sino la cultura internacional de la democracia y del movimiento obrero mundial“. 16

La negación de la cultura nacional traía como correlato lógico la relevancia del internacionalismo como reivindicación cultural de la clase obrera. Esta predominancia del internacionalismo sobre el nacionalismo cultural es extremada en Lenin pues parte de la tesis de que la autonomía cultural nacional “lo que hace es consolidar el nacionalismo en cierta esfera equitativamente limitada, hacer constitucional el nacionalismo y asegurar la separación de todas las naciones entre sí… “. 17

En este debate sobre cultura-nacional -o cultura internacional, Rosa Luxemburgo, que responde a la realidad de una nación oprimida en donde los lazos culturales son los que posibilitan la supervivencia nacional, establece una relación dialéctica entre la cultura nacional por un lado y por otro la internacionalización de la cultura.

Al igual que Lenin, Rosa no da una definición de cultura. Sin embargo, implícitamente entiende a la cultura como el conjunto de bienes espirituales acumulados históricamente. La cultura es, para Rosa, algo dinámico, que surge y se transforma determinada por una racionalidad económica. Por ello sus reservas frente a los campesinos a quienes consideraba la expresión del atraso y la pasividad.

Por otro lado, la cultura nacional se crea sobre un fondo concreto: territorio, lengua, ambiente social y sobre la base de ciertas tradiciones, es decir, dentro de formas nacionales específicas. Por consiguiente individualiza, a través de esa misma cultura espiritual, a un territorio con una población determinados en un todo cultural nacional dentro del cual se crea cohesión más firme y una comunión de intereses espirituales”.18

Pero si la cultura burguesa adquiere una fisonomía nacional, al mismo tiempo se da una tendencia hacia la internacionalización cultural. No obstante, Luxemburgo, enfatiza que, a pesar de ese fenómeno, los rasgos nacionales de la cultura perduran. En ese sentido, la cultura es visualizada como una totalidad y no fragmentada en componentes ideológicos.

Por otro lado, Rosa ve una relación íntima entre la cultura del presente y la cultura del pasado. “La cultura moderna se basa en la tradición pasada y eso otorga a cada cultura nacional una utilidad y una continuidad en el tiempo“. Así dice: “A raíz de los lazos de unión que existen entre la cultura espiritual capitalista moderna y las formaciones que la precedieron, se origina una plena y monolítica continuidad de la cultura nacional que, a primera vista no revela vínculo alguno con el período de la economía capitalista y de la burguesía“. 19

Es decir, Rosa no plantea una división de la cultura en burguesa y proletaria. Ella -a diferencia de Lenin– reconoce la existencia de una cultura nacional pero a la vez distingue a la cultura nacional vertebrada históricamente por una ideología de clase. Por ello hablará no de cultura nacional en general sino de cultura nacional burguesa sin fragmentar por ello su dimensión totalizadora. De ahí que considere el desarrollo cultural impulsado por la burguesía como patrimonio cultural de la clase obrera y diga: “el proletariado consciente de todos los países es hoy el defensor más ardiente e idealista de los intereses científicos, artísticos y culturales, de la misma cultura burguesa que ahora lo deshereda como hijo bastardo“. 20

Un fenómeno crucial que afecta sobre todo a naciones débiles y oprimidas es el problema de la asimilación cultural problemática, que es abordada por ambos teóricos marxistas.

En este caso, tanto Lenin como Rosa Luxemburgo, asumen el proceso de extinción de una nación por absorción de una más fuerte como un fenómeno histórico natural. Lenin incluso señala que la “asimilación de las naciones en el capitalismo significa el mayor progreso histórico, la destrucción del fanático conservatismo nacional de las regiones apartadas“, 21 añadiendo que el proletariado “apoya todo lo que toma estrechos los vínculos entre las nacionalidades, todo lo que lleva a la fusión de las naciones“. 22 Podemos detectar fácilmente aquí, aquella concepción evolucionista que ve el desarrollo capitalista como un fenómeno históricamente progresivo y arrollador.

Cuando por su parte, Rosa Luxemburgo niega la reivindicación nacional al proletariado polaco parte de un punto de vista evolucionista que ve la rusificación de Polonia como fenómeno histórico natural. No obstante, al reivindicar la autonomía sobre la base de la unidad de los obreros polacos con los obreros rusos combina su concepción culturalista de nación con su Internacionalismo, calificado por muchos autores de intransigente. Es precisamente su comprensión del fenómeno cultural, no como un mero fenónmeno ideológico sino como elemento cohesionador de una nación, lo que le diferencia del enfoque leninista.

En ese sentido se puede concluir que mientras Rosa es internacionalista en política, Lenin, al defender la autodeterminación nacional postula una política nacional obrera con proyección internacionalista; en cambio en lo cultural Lenin es un internacionalista intransigente, mientras Rosa tiene una concepción nacional proletariada anclada también en el internacionalismo.

E. LAS TESIS DE LA AUTODETERMINACION Y LA AUTONOMIA NACIONALES

Llegamos por fin al examen de las tesis que Lenin y Rosa Luxemburgo sustentaron al respecto del problema nacional para sus respectivos países: la autodeterminación y la autonomía nacional.

La tesis de la autodeterminación de las naciones consta ya en el escrito leninista de 1903 “El problema nacional en nuestro programa“. En esta obra Lenin entendía por autodeterminación “el derecho de cada nación a determinar su propio destino“. Al parecer autodeterminación nacional no implicaba –para el Lenin de 1903- la constitución de un Estado independiente, sino el derecho de cada nacionalidad para decidir su pertenencia o no a un Estado. Así dice, “autodeterminación de todas las naciones a que FORMEN PARTE DEL ESTADO“, 23 sin añadir lo fundamental, esto es, la alternativa de cada nacionalidad a constituir Estados independientes.

En 1913, en pleno debate de la cuestión nacional en la II Internacional, el concepto de autodeterminación es más específico, Lenin señala que la autodeterminación de las naciones “sólo puede ser interpretada en el sentido de la autodeterminación política, es decir, el derecho a la separación y a la formación de un Estado de manera independiente“. 24

En 1914 en su principal obre “El derecho de las naciones a la autodeterminaciónLenin sigue la línea de sus “Tesis”. Define la autodeterminación como “la separación de un Estado nacional independiente“. 25

La nación como entidad socio-económica-cultural tiene -para Lenin, su origen histórico en la época de transición del feudalismo al capitalismo. En ese sentido la nación es sinónimo de nación moderna. No hay naciones antes del capitalismo, antes de la constitución del Estado moderno. La tesis de la autodeterminación corresponde a esta concepción del origen de la nación pues hace de la “voluntad de convivir en una colectividad política autónoma la connotación constitutiva de la nación“. 26

En ese sentido no se comprende a la nación como un producto histórico ”autónomo” sino como un atributo de la constitución del Estado nacional. Esta afirmación de Lenin es clara al respecto. Dice: “Desde el punto de vista de las relaciones nacionales, el Estado nacional es el que ofrece…. las mejores condiciones para el desarrollo del capitalismo. Lo cual no quiere decir, … que semejante Estado, que está basado en relaciones burguesas, pueda eliminar la explotación y opresión de las naciones. Sólo quiere decir que los marxistas no pueden perder de vista los poderosos factores económicos que originan la aspiración a crear Estados nacionales. Quiere’ decir que, la “autodeterminación de las naciones” el programa de los marxistas no puede tener, desde el punto de vista histórico económico, otra significación que la autodeterminación política, la independencia estatal, la formación de un Estado nacional“. 27 Es decir, la nación tiene su razón de ser, tiene su concreción, pervive y sólo se concreta en la constitución de un Estado, el Estado burgués.

Pero en 1916, en su obra “La revolución socialista y el derecho de las naciones a la autodeterminaciónLenin explicita una idea ausente en sus importantes escritos de 1913 y 1914 y que más bien empataría con su concepción de 1903.

En efecto, para el Lenin de 1916 “el derecho de las naciones a la autodeterminación implica -como en 1913 y 1914 –exclusivamente el derecho a la independencia en el sentido político, el derecho a la libre separación política respecto de la nación opresora“. Y aquí añade lo siguiente “Esta existencia no es equivalente a una exigencia de disgregación, fragmentación y formación de pequeños Estados. Significa sólo una expresión consecuente de lucha contra toda opresión nacional“. 28

¿Qué significa este nuevo añadido de que la libre separación política no implica una exigencia de formación de pequeños Estados? Esto implicaría que la autodeterminación más que derecho a la separación y formación de un nuevo Estado, sería libre decisión para formar parte del Estado, tesis idéntica a la que sustentó en 1903. ¿Por qué?

Lenin parte de un supuesto utilitarista que tiene base en su concepción economicista del problema nacional y de, la nación. Para Lenin difícilmente habrá una tendencia a la formación de pequeños Estados pues los Estados grandes tienen mayores “ventajas” que los pequeños, “ventajas” que naturalmente se relacionan al mayor desarrollo de las fuerzas productivas, de las relaciones de producción, a una mayor liberación de la lucha de clases, y por ende mejores condiciones de preparar la revolución socialista.

Este utilitarismo se conjuga con un voluntarismo en la concepción política. Ha sido enfatizado por estudiosos del pensamiento leninista que en Lenin lo que se destaca en su enorme voluntad de poder. Esta guía también su enfoque del problema nacional. En efecto, para Lenin el problema de fondo que se jugaba con la cuestión de las nacionalidades era el problema de la revolución. El planteo de la tesis de la autodeterminación lo que pretende es lograr la unidad de los obreros de todas las nacionalidades y no su desunión por aspectos nacionales.

Así, aunque reconocía en la burguesía de cada nación la portadora de la idea nacional, al reivindicar la organización y unidad de la clase obrera de todas las nacionalidades está creando las condiciones para la consecución no de las aspiraciones burguesas-separación y formación de Estado independiente-sino de las proletarias-unión de la clase obrera, de todas las nacionalidades en un solo gran Estado.

En ese sentido, la tesis de la’ autodeterminación tiene un doble sentido:

a. Por un lado, responde al carácter de la nación rusa como nación opresora. Al reconocer la autodeterminación lucha contra el zarismo, el absolutismo y el chovinismo gran ruso;

b. Por otro, sienta las bases políticas para que la reivindicación burguesa no se superponga a la de la clase obrera, respetando la pertenencia nacional de cada obrero y llamando a la organización y unidad del proletariado de todas las nacionalidades. 29

Otro problema que aborda Lenin en el contexto de la autodeterminación nacional es el de la centralización estatal y la autonomía regional enfatizando la necesidad de defender la centralización. Así dice: “Los marxistas o están en contra de la federación y la descentralización por el simple motivo de que el capitalismo exige para su desarrollo Estados más extensos y lo más centralizados que sean posibles“. 30 Pero desde la misma perspectiva leninista, la centralización no se opone a la autonomía regional, la que es entendida por Lenin, como una administración local, autónoma, plenamente democrática, y, más aún, es indispensable para el desarrollo del capitalismo pues -según el- “…la ingerencia burocrática en las cuestiones puramente locales… es uno de los mayores obstáculos para el desarrollo económico y político en general y un obstáculo para el centralismo en los asuntos serios, importantes y fundamentales en particular“. 31 La vigencia de autonomía en una región o localidad, es desde este punto de vista, un método para democratizar el Estado y concomitantemente la sociedad, en tanto medio de liberación de la lucha de clases.

Ahora bien, ¿cómo se determina la autonomía regional?

Para Lenin, la determinación de una región autónoma está dada en la medida en que exista un territorio con una población de composición nacional homogénea: cultural, lingüística, histórica. En su análisis constata cómo en la Rusia zarista la utilización del espacio territorial había roto con esos requerimientos, plasmándose “en divisiones territoriales favorables a la opresión gran rusa. No obstante, no son solo los factores nacionales los que Lenin considera para la determinación de la autonomía, sino fundamentalmente el factor económico social. Así por ejemplo dice: “Sería absurdo e imposible separar, en aras del factor “nacional” a las ciudades de las aldeas o comarcas que en lo económico gravitan alrededor de ellas. Por eso -añade -los marxistas no deben atenerse íntegra y exclusivamente al principio nacional territorial“. 32

Es decir, la autonomía será defendida siempre que no rompa con el principio de progreso histórico, es decir, el desarrollo económico. Veamos ahora qué plantea Rosa Luxemburgo. En refutación a la, tesis de la autodeterminación nacional, por considerarla una concesión a la burguesía polaca, Luxemburgo plantea la tesis de la autonomía nacional. No obstante, su concepción de autonomía no se diferencia en modo alguno del concepto leninista anteriormente expuesto. En efecto, en su ensayo “La nacionalidad y la autonomía” dice: “… la autonomía nacional moderna, en el sentido de un autogobierno de un determinado territorio, solo es posible ahí donde la nacionalidad respectiva tiene un desarrollo burgués propio, una vida urbana, una in telligentzia, una vida literaria y científica propias. El Krolestwo polaco responde a todas esas condiciones“. 33

En ese sentido, para Rosa la autonomía nacional es la autoadministración del territorio en base a criterios económicos, políticos y culturales. Implica, por otro lado, una gestión democrática y es indispensable tanto para defender la nacionalidad como para defender los intereses del proletariado.

Si bien Lenin y Rosa coinciden en la definición de autonomía, el matiz diferencial está en que la Luxemburgo la entiende como la autonomía de toda la nación mientras que Lenin la entiende sólo como la autoadministración de una región o localidad.

La reivindicación de la autonomía nacional en el caso de Rosa tiene una veta economicista que responde a esa concepción evolucionista a la que ya hemos hecho mención antes. En efecto, Rosa defiende la autonomía porque corresponde a una etapa históricamente progresiva que coadyuvará a la liberación de la clase obrera. Así dice: “…la autonomía nacional como consecuencia de la tendencia progresista del desarrollo capitalista y DESDE EL PUNTO DE VISTA DE LOS INTERESES CLASISTAS DEL PROLETARIADO, sigue las mismas pautas de desarrollo que el progreso político general del proletariado polaco: la abolición del absolutismo y la realización de la libertad política en todo el Estado“. 34

Pero, si por un lado exhibe esta veta economicista evolucionista, por otro, el planteamiento de la autonomía posee un trasfondo cultural profundo. Así, aunque constata que existe una similitud económica entre ciertos distritos rusos y Polonia señala que ” …. el factor decisivo que distingue a nuestro país del distrito central de Rusia reside en la existencia de una cultura nacional peculiar lo que genera toda una serie de objetivos independientes más allá de los puramente económicos y sociales“. 35

Desde esta perspectiva el proletariado tenía que defender la nacionalidad en tanto cultura espiritual específica, distinta, que-poseía un legítimo derecho de existencia autónoma. En ese sentido lo que diferencia el enfoque luxemburguista del leninista es la aprehensión y comprensión del fenómeno cultural como poder cohesionador del pueblo nación.

Podemos concluir entonces señalando que el pensamiento de Lenin y Rosa Luxemburgo respecto a la cuestión nacional tiene similitudes teóricas básicas tales como la supeditación de lo nacional a la clase, y la asimilación de lo nacional con lo burgués. Su punto de divergencia radica en su condición nacional diferente: el uno miembro de una nación opresora, la otra miembro de una nación oprimida, condición que determinó la diferencia tajante de enfoques sobre problemas básicos en lo relativo a la nación, tal como el problema de la cultura nacional, llevándoles de esa manera a esbozar y plantear tesis divergentes para la resolución de la cuestión nacional rusa y polaca.

NOTAS

1 María José Aubet, Rosa Luxemburgo y la Cuestión Nacional, p. 130.

2 Lenin, “El Derecho de las naciones a la autodeterminación”, T. XXI, p. 326.

3 Aubet, op. cit., p. 147.

4 Aubet, op. cit., p. 111.

5 Lenin, “Notas críticas sobre el problema nacional”. OC. T. XX, p. 357.

6 Rosa Luxemburgo, “El Estado Nacional y el Proletariado” en La cuestión nacional y la autonomía, p. 64.

7 Lenin, “El Problema nacional en nuestro programa” en OC, T. VI, p. 489. Véase pág. 482 (e.n.)

8 Ber Borojov. “Nacionalismo y lucha de clases”, p. 71.

9 Lenin. “El problema nacional…” en OC, T. VI, p. 487.

10 La problemática economicista “comprende dos concepciones claramente distintas aunque íntimamente relacionadas. La primera establece un vínculo causal entre estructura y superestructura y concibe a esta última como reflejo mecánico de la base económica…La segunda no se refiere al papel de las superestructuras sino a su naturaleza propia; .en tal sentido, a estas últimas se las concibe como determinadas por la posición de los sujetos de las relaciones de la producción, es decir, por las clases sociales. Chantal Mouffe, “Hegemonía e Ideología en Gramsci” en Arte, Sociedad e Ideología, Nº 5, p. 67.

11 Lenin, “El Derecho de las naciones a la autodeterminación”, en OC, T. XXI, p. 313-376.

12 Lenin, “Notas críticas” en op. cit., p. 345-379.

13 Otto Bauer. “El problema de las nacionalidades y la Socialdemocracia”. p. 132-133.

14 Bauer, op. cit. p. 43.

15 Lenin, “Tesis…”, en op. cit. p. 496.

16 Lenin, “Notas…”, p. 350.

17 Lenin, “Notas…”, op. cit., p. 363.

18 Rosa Luxemburgo. “Nacionalidad y autonomía” en La cuestión” nacional y la autonomía. p. 133.

19 Ibid.

20 Ibid. p. 136.

21 Lenin, “Notas…” op. cit.,p. 357.

22 Ibid., p. 363.

23 Lenin “El Problema…”, op. cit., p. 482.

24 Lenin, “Tesis…”, p. 490, (s.n.)

25 Lenin, “El Derecho de las naciones a la autodeterminación”,  en O.C., T. XXI, p. 317 (s.n.)

26 Bauer, op. cit., p. 175.

27 Lenin, “El Derecho…” op. cit., p. 320.

28 Lenin, “La revolución socialista y el derecho de las naciones a la autodeterminación”, en O.C., T. XXIII, p. 244.

29 Este rasgo utilitarista-voluntarista se puede observar también en el problema de la asimilación cultural y nacional que es visualizado por Lenin como un logro progresivo no solo porque destruye lo atrasado sino fundamentalmente porque atrae a los centros productivos a obreros de todas las nacionalidades. La desnacionalización es secundaria a la posibilidad de aglutinar y organizar a la clase obrera.

30 Lcnin. “Notas…”, op. cit., p. 373.

31 Lenin. Ibid. p. 375.

32 Lenin. “Notas…”, p. 378.

33 Rosa Luxemburgo, “La nacionalidad…”, p. 141.

34 Rosa Luxemburgo. lbid. p. 137.

35 Ibid. p. 135 (s.n.)

Esta entrada fue publicada en Temas marxistas y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a La cuestión nacional en Lenin y Rosa Luxemburgo

  1. AK300 dijo:

    Debieran hablar de Stalin ysu contribucióndecisiva en el plano de las nacionalidades.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s