La Introducción a la crítica de la Economía Política de 1857

¡La banca gana!. Sabemos que suena a tópico, pero nada más lejos de la realidad. La fuerza de los datos lo corroboran. ¿Saben lo que ganó el Santander los nueve primeros meses de 2013? Ganó un 77% más con respecto al mismo periodo del año anterior, hasta 3.310 millones de euros. ¿Y su competidor, el BBVA? un 86% más, hasta los 3.077 millones de euros. CaixaBank un 165% más, hasta los 458 millones. BFA-Bankia, obtuvo un beneficio Marx marionetadespués de impuestos de 648 millones (que digo yo debería dar al Estado, que por algo la rescató). Y así podríamos continuar. Después de eso preguntémonos lo que han subido nuestros salarios, los impuestos y demás cuestiones. ¿Qué, funciona o no eso de la lucha de clases?.

Pues bien, para ver eso no hace falta ser marxista ni haber leído a Marx. Pero si lees y estudias a Marx verás mucho más que eso, descubrirás cosas que ni te imaginas. Como por ejemplo la famosa Introducción de 1857. Para facilitarte la lectura ofrecemos la reflexión y estudio  de Gabriel Vargas Lozano, profesor-investigador del Departamento de Filosofía de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM-Unidad Iztapalapa), fundador de la revista Dialéctica de la BUAP, miembro del Comité Científico de Historich-Kritisches wörterbuch des marxismus con sede en Berlín, y muchas cosas más…

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LA INTRODUCCIÓN A LA CRÍTICA DE LA ECONOMÍA POLÍTICA DE 1857

Gabriel Vargas Lozano

Durante más de un siglo, el legado teórico de Marx y Engels ha sido objeto de innumerables análisis, críticas, revisiones, deformaciones y aún, pretendidos o reales enriquecimientos.

Sin desconocer la autonomía relativa de la teoría respecto de las condiciones históricas, podemos decir que casi todos estos movimientos han aparecido en razón directa a conflictos del orden político, o de otra manera, como resultado de los esfuerzos teóricos que intentan justificar una nueva práctica de los partidos políticos.

Los casos más típicos y contrapuestos de estos esfuerzos [1] teóricos son los de Lenin o Stalin pero también los de Bernstein, Adler o Lukács. Mientras Lenin interpreta y enriquece la dialéctica marxista al utilizarla como instrumento de transformación de la realidad; Stalin, tanto a través de su obra más difundida Sobre el materialismo dialéctico y el materialismo histórico, como a través de la política general del Estado soviético durante su mandato, convierte a la teoría marxista en una concepción monolítica, dogmática y empobrecida de la realidad, para decir lo menos. Por su parte, los revisionistas Bernstein y Adler, al buscar la complementación del materialismo histórico con una teoría de origen kantiano, ante la supuesta ausencia de una teoría del conocimiento en la obra de Marx, también lo hacen por razones políticas.

En el caso de Lukács, la exaltación necesaria de Hegel —como reacción explicable ante su recusación durante el stalinismo— tiene que pagar el precio, como lo reconoce en su prólogo a Historia y consciencia de clase [2] de no valorar adecuadamente a la práctica y de rechazar la concepción ontológica del materialismo.

Sin embargo, no sólo estas reacciones y contra-reacciones han estado condicionadas por la política. También lo ha estado otro fenómeno, no menos importante, como lo es la sospechosa cautela y lentitud con que se han descifrado y publicado los manuscritos que sirvieron a los fundadores del materialismo dialéctico, para la elaboración de sus tesis más importantes. Ante este hecho me pregunto si no se estuvo tratando de proteger a los estudiosos (pero sobre todo a los militantes) del marxismo de no caer en los supuestos peligros de la interpretación libre y creadora de 3a teoría original, ante un temor, tal vez fundado, a ver minados los cimientos de las llamadas interpretaciones. No lo sé. Pero en todo caso, ambas cuestiones parecen complementarias y producto de una política errónea cuyo efecto inmediato ha sido el sensible retraso en la comprensión cabal del legado teórico de Marx y Engels y lo que es más importante, en la valoración de sus consecuencias para las ciencias sociales.

Todo esto ha sido mencionado porque precisamente estas son las circunstancias que han rodeado a la publicación, conocimiento y correcta apreciación de los manuscritos de 1857-58 titulados Grudrisse der kritik der politischen okonomie (rohentwurf) y mejor conocidos como Grundrisse. [3]

¿Qué importancia tienen estos manuscritos? ¿Porque nos preocupa el hecho de que fueran tardíamente conocidos y valorados? Responderé brevemente a la cuestión señalando tres notas importantes de estos manuscritos:

1) en primer término, los Grundisse fueron, por decirlo así, el laboratorio en que Marx forjó los principales instrumentos, nociones y principios que utilizara en la redacción de la que sin duda es la principal de sus obras, El Capital. Por tal motivo, los Grundrisse, pero en especial la Introducción contienen un conjunto de explicaciones, aclaraciones o profundizaciones en torno a problemas metodológicos de primer orden.

2) En segundo lugar, en un pasaje dedicado al estudio de las formaciones económicas precapitalistas, conocido como los Formen, se hace una reconsideración, de múltiples consecuencias, del esquema típico de la evolución de las sociedades.

3) Y en tercer lugar, aparece de nuevo la categoría de enajenación que se suponía abandonada desde los manuscritos económicos-filosóficos de 44 y transmutada en El Capital, por una manifestación muy concreta de ella, el fetichismo de la mercancía.

En lo que sigue, nos ocuparemos de examinar detenidamente algunos de los elementos constituyentes de la dialéctica materialista, tal y como aparecen en la Introducción a la crítica de la Economía Política de 1857 para tratar de responder a la pregunta de si es ahí donde se encuentra, el discurso del método de Marx.

Por otro lado, es importante considerar que si bien nuestro examen del texto citado será hasta cierto punto autónomo respecto de otros textos de Marx y Engels, esto no nos ha conducido a olvidarnos del principio de que toda afirmación metodológica hecha en los manuscritos, es decir, en los textos que no se publicaron en vida de sus autores, debe ser puesta en relación de necesidad con los que sí lo tienen. En este sentido, estamos de acuerdo con las afirmaciones de Ilienkov [4] cuando considera que no debe exagerarse la importancia de los manuscritos para colocarlos por encima, o inclusive en oposición a la tesis de las obras acabadas.

Sobre este último punto creo que las afirmaciones hechas en los manuscritos deben servir para aclarar y en su caso precisar, las tesis expuestas en las obras terminadas. Sin embargo, esto no quiere decir que debamos minimizar su importancia o bien no tomar algunas de las afirmaciones para desarrollarlas creativamente. Tal cosa sucede con las categorías de esencia, enajenación o apropiación del mundo, entre otras.

El hecho es que, en la medida en que se van conociendo los manuscritos, las anotaciones fragmentarias u ocasionales y las cartas escritas por Marx y Engels, ya sea entre sí o con otros autores, y en donde nos aclaran algunos de sus conceptos fundamentales o nos dejan saber de algunas de sus preocupaciones o propósitos, se va integrando así, el cuerpo entero de la obra de Marx y Engels y va emergiendo, en verdad, un Marx desconocido, no previsto en los manuales o en las versiones dogmáticas y de insospechadas consecuencias para la teoría y la práctica.

La publicación de la Introducción así como las polémicas que ha suscitado entre los marxistas, se ubican dentro de un impresionante esfuerzo por aclarar en qué consiste el método dialéctico marxista, cuál es su novedad en el terreno de las ciencias sociales, o en términos de Jindrich Zelenyen qué consiste lo esencialmente nuevo que Marx aporta a la discusión del planteamiento abierto en la filosofía de la edad moderna por el Novum Organum de Bacon, el Discours de la Methode de Descartes, el Essay concerning human understanding de Locke, los Nouveaux Essay de Leibniz, la Kritik der veinen Vernunft de Kant y la Wissenschaft der logik de Hegel“. [5]

La discusión sobre los elementos metodológicos de la Introducción se ubica también dentro de la vasta tarea de explicitar en qué radica la cientificidad del método dialéctico materialista, en cuál teoría del conocimiento se funda, cuáles son los principios ontológicos de qué parte y cuáles son los alcances (¿o límites?) de la dialéctica materialista frente al desarrollo de algunas ramas de la ciencia.

Ante esta gama de problemas, pero sobre todo, ante esta inmensa tarea por cumplir, en donde casi todo está por hacer, muchas de las concepciones que en buena parte guiaron la educación marxista de los cincuenta y de los sesenta (y en donde desempeñan un papel importante los manuales de Politzer o Konstantinov) empiezan a formar parte de un terreno movedizo y pantanoso.

PREMISAS ONTOLÓGICAS

En la Introducción nos encontramos ya formuladas algunas de las premisas ontológicas que Marx había ya dejado establecidas en las Tesis sobre Feuerbach. En estas Tesis Marx decía en primer lugar que la realidad, las cosas, la materialidad, lo concreto real, tienen existencia previa respecto de la práctica de los hombres o de su captación cognoscitiva.

En la Introducción esta tesis adquiere una nueva formulación al comentar la posición adoptada por Hegel. Mientras que para Hegel la realidad es puesta por el concepto, para Marx, el concepto es puesto por la realidad por mediación del pensamiento humano. Hegel cae en la ilusión de concebir lo real “como resultado del pensamiento que, partiendo de sí mismo, se concentra en sí mismo, profundiza en sí mismo y se mueve por sí mismo” porque el pensamiento conceptuante es la única manera de saber algo en forma verdadera de la realidad.

Con esta distinción entre un concreto real y un concreto pensado, Marx nos ofrece la clave del principio idealista de especulación hegeliana y el pilar fundamental de su teoría del conocimiento. En efecto, para Marx el método “que consiste en elevarse de lo abstracto a lo concreto es (…) sólo la manera de apropiarse lo concreto, de reproducirlo como un concreto espiritual” [6] (Volveremos sobre esto último).

La segunda tesis ontológica que nos encontramos en la Introducción y que se relaciona con las Tesis sobre Feuerbach es la de la práctica.

En Marx, la actividad práctica objetiva tiene al menos dos funciones esenciales: por un lado, en medio de una unidad compleja de necesidades, acciones concretas, fines y movimiento material objetivo, los hombres logran construir una nueva realidad: la realidad social. Por otro, el elemento de la práctica nos proporciona el criterio de verdad de nuestro pensamiento. Así es formulado en las Tesis cuando dice que

“El problema de si al pensamiento humano se le puede atribuir una verdad objetiva, no es un problema teórico, sino un problema práctico- Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento. El litigio sobre la realidad o irrealidad de un pensamiento que se aísla de la práctica, es un problema puramente escolástico” [7]

PRODUCCIÓN Y TOTALIDAD SOCIAL

A partir de estas dos premisas ontológicas esenciales Marx va a construir la metodología que utilizará en sus descubrimientos.

Ahora bien, el método marxista es principalmente un método de las ciencias sociales. Si bien es cierto que, tanto en la obra de Marx como en la de Engels existen afirmaciones y estudios específicos sobre la naturaleza (afirmaciones y estudios que deben ser confrontados cuidadosamente con las investigaciones más recientes en el orden de las ciencias naturales) no hay duda que sus descubrimientos más importantes han sido realizados en el campo de las ciencias sociales.

En este sentido, Marx parte de una concepción dialéctica de la estructura social que descubre en cada nivel, esfera o estructura, un conjunto de relaciones complejas que se dan dentro de un todo organizado. Esta idea ha sido expresada en el Prologo a la Contribución a la Critica de la Economía Política de 1959 (prólogo que substituyera a la Introducción) cuando dice

“El resultado general a que llegué y que, una vez obtenido, me sirvió de guía para mis estudios, puede formularse brevemente de este modo: en la producción social de su existencia, los hombres entran en relaciones determinadas, necesarias, independientes de su voluntad; estas relaciones de producción corresponden a un determinado grado de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción constituyen la estructura económica de la sociedad, la base real, sobre la cual se eleva una superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social”.[8]

Tanto en esta exposición como en otras que la complementan, encontramos que Marx concibe a la sociedad como una gran estructura social constituida por un conjunto de relaciones que guardan entre sí relaciones de expresión, subordinación, determinación o dominación. En efecto, en toda estructura social, la base material formada por la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción determina en última instancia el movimiento y la dirección de las demás estructuras. Pero a su vez, los demás estructuras influyen entre sí y condicionan parcialmente el movimiento y el carácter de la base. Esta dialéctica social se reproduce en todos los niveles.

En la Introducción encontramos un claro ejemplo de esta dialéctica a propósito de las relaciones que guardan entre sí, la Producción, Distribución, Intercambio y Consumo en el proceso específico de la estructura económica capitalista. [9]

En este texto, se nos muestra cómo los cuatro procesos se interpretan, se condicionan mutuamente e intercambian papeles en el todo de sus relaciones. Sin embargo, a pesar de que por un momento podemos pensar que alguno de ellos (pongamos por caso el consumo) pudiera tener una mayor incidencia que los demás, Marx no pierde de vista su tesis de que es la producción la que trasciende “más allá de sí misma en la determinación opuesta de la producción, como más allá de sus momentos“.[10] Esto quiere decir, en otras palabras, que aunque en un momento determinado del movimiento, la producción es determinada por otro elemento (por ejemplo el caso de el consumo productivo) la producción siempre trasciende a todos los demás elementos.

Esto mismo sucede en la estructura social. En ciertos momentos de la historia, la política o la religión pueden ocupar el papel dominante y condicionar parcialmente el desarrollo y carácter de la estructura. Sin embargo, la producción siempre tiene prelación lógica y ontológica respecto de los demás elementos o relaciones.

Para Marx es esencial la idea de que la producción determina en última instancia la dinámica social, le imprime su carácter fundamental y le fija una orientación. Esto se recoge en la afirmación siguiente

“En todas las formas de sociedad, existe una determinada producción que asigna a todas las otras su correspondiente rango (e) influencia, una producción cuyas relaciones asignan a todas las otras el rango y la influencia. Es una iluminación general en la que se bañan todos los colores y [que] modifica las particularidades de éstos. Es como un éter particular que determina el peso específico de todas las formas de existencia que allí toman relieve”.[11]

Esto no significa, desde luego, que la influencia de la producción se dé por igual en todos los niveles, esferas o estructuras. No se trata de un collage levistraussiano o de una concepción caleidoscópica, sino de una concepción que parte de una estructura básica, un color básico, cuya influencia es asumida de diferente modo por las coloraciones que forman el arco iris de la estructura social (para continuar con la imagen estética utilizada por Marx).

LA AUTONOMÍA RELATIVA DE LA SUPERESTRUCTURA

Marx tuvo presente en su concepción este carácter propio de la supraestructura social conocido bajo el nombre de autonomía relativa. El hecho de que la supraestructura social no acepte la influencia de la base real de igual manera, significa que Marx no parte de un determinismo absoluto o de una formulación simple de la causalidad. Un ejemplo de ello lo encontramos también en la Introducción cuando Marx se refiere al arte griego y en cierta manera al arte en general.

En este fragmento se establece que todo arte lleva la marca de su tiempo, su determinación histórica, la huella del tipo de sociedad que le diera origen “El arte griego tiene como supuesto la mitología griega, es decir, la naturaleza y las formas sociales ya modeladas a través de la fantasía popular de una manera inconscientemente artística“.[12] A su vez, toda mitología nos remite a un suelo real, específico e inconfundible. Toda mitología vale sólo para su época. Aquiles no es posible con la pólvora. Y asimismo, toda creación artística y todo género literario nos remite a su situación histórica de origen. La Ilíada no es posible con la prensa. La poesía épica no es posible con Roberts & Co. Pero el problema —nos dice Marx—, la dificultad, no consiste en comprender que el arte griego y la epopeya estén ligados a ciertas formas de desarrollo social, la dificultad consiste en comprender que puedan aún proporcionarnos goces artísticos y valgan, en ciertos aspectos, como una norma y un modelo inalcanzables“.[13]

Al señalar lo anterior, Marx está atacando de frente uno de los problemas más arduos de las corrientes sociológicas respecto de la literatura y el arte. Por un lado, el arte está relativamente determinado por las sociedad pero por el otro, el arte trasciende la época en que fue originado para formar parte de los valores permanentes de los hombres. Este mismo fenómeno ocurre, aunque con distinta intensidad y significación en la ciencia, la filosofía y en otras formas de la conciencia social.

LAS DETERMINACIONES GENERALES ABSTRACTAS Y LAS DETERMINACIONES GENERALES DIALÉCTICAS

El lugar central de la producción para todas las épocas sociales y su distinto y desigual efecto en la superestructura, nos conduce a otra cuestión también anotada en el texto que comentamos: el problema del tránsito de las determinaciones particulares y por tanto sólo válidas para una etapa específica del desarrollo social, a las determinaciones generales validas para todas las épocas.

El problema es antiguo. Se remonta a la polémica entre nominalistas y realistas cuando se preguntaban por el valor cognoscitivo de las determinaciones generales. Los nominalistas, con Ocam a la cabeza, concluían que éstas, en la forma de los universales, sólo eran producto de la abstracción lógica y que por tanto no pertenecían a la realidad. Los realistas, por su parte, afirmaban la existencia de los universales y lo convertían en un principio de fe. En Marx, la polémica se da en contra de las determinaciones generales abstractas utilizadas por la Economía Política burguesa. Mientras ésta basa toda su argumentación en que las condiciones sociales del capitalismo son válidas eternamente y reflejan la armonía universal, para Marx, la determinación general debe ser considerada con cuidado: en primer lugar, hay que tener en cuenta que “cuando se habla de producción (se hace referencia) a un estadio determinado del desarrollo social, de la producción de individuos en sociedad“.[14] Sin embargo, la abstracción general resulta necesaria cuando se trata de “poner de relieve lo común (porque) lo fija y nos ahorra así una repetición“.[15] Hasta aquí no habría una distinción mayor de lo que tradicionalmente se ha considerado el proceso de abstracción. Sin embargo, para Marx, la generalidad sólo tiene valor cuando es “extraída por comparación (lo cual) es a su vez algo completamente articulado y que se despliega en distintas determinaciones. Algunas de éstas pertenecen a todas las épocas; otras son comunes sólo a algunas“.[16]

Así tenemos definida una diferencia entre la Economía burguesa y la dialéctica marxista. Mientras la Economía Política Inglesa hace uso de las abstracciones generales como un apoyo ideológico a su teoría al hipostasiar las relaciones sociales burguesas, Marx, por el contrario, utiliza las generalidades siempre sometidas a los procesos materiales específicos y determinadas por la historia tanto en sus alcances como en sus limitaciones. Se trata, entonces, como dice Lucien Séve en su introducción a los Textes sur la methode de la science economique, [17] ya no de generalidades abstractas sino, en rigor, de generalidades dialécticas. Se trata de un universal sometido constantemente a la determinación y una determinación sometida a lo universal. Esto se ilustra en forma más clara con el análisis de la dialéctica de las categorías en su relación con la realidad objetiva y con su historia.

DIALÉCTICA DE LAS CATEGORÍAS

En primer término, para Marx, las categorías no son simples determinaciones del pensamiento aislado sino refiguraciones, en la conciencia, de relaciones reales. Este es el punto de arranque de la lógica dialéctica que iniciara Hegel y continuara Marx.

La lógica formal se distingue, en su rasgo más general, con la lógica dialéctica en que, mientras la primera es sólo  un instrumento para conocer, un procedimiento que se independiza del contenido como sucede en la lógica simbólica; para la segunda se trata de un instrumento de conocimiento que asume las determinaciones del contenido. Dicho así esto parece simple pero implica un conjunto muy complejo de contradicciones entre las que han estado debatiéndose una buena parte de los estudiosos de ese campo. Lo que nos interesa destacar aquí es que para Marx las categorías no son sólo determinaciones mentales sino determinaciones descubiertas en la realidad. Pero vayamos más despacio.

Para Marx, las categorías son, en primer término, “formas de ser, determinaciones de existencia“.[18] La teoría debe descubrirlas cuando han aparecido en forma explícita en la realidad. ¿Se trata de un conceptualismo? No. No se trata de reducir la realidad a las categorías sino que las necesidades reales, dicten, por principio, las necesidades teóricas.

En segundo lugar, es necesario distinguir su dialéctica de aparición histórica, de la manera como expresan la realidad y de la forma en que se organizan para ser tejidas en el discurso teórico.

Empecemos por el primero y segundo problemas. Por un lado, “la categoría más simple puede expresar las relaciones dominantes de un todo no desarrollado o las relaciones subordinadas de un todo más desarrollado, relaciones que existían ya históricamente antes de que se desarrollaran en el sentido expresado por la categoría más concreta“.[19] Así tenemos que el dinero existió antes del capital, es decir, antes de que ocupara una posición central en la estructura económica como mediador universal de mercancías. Por tanto, el dinero no podía figurar como categoría central en la teoría social del momento. Sin embargo, no sólo encontramos categorías simples en una sociedad anterior que pueden desempeñar un papel importante en una sociedad futura sino también encontramos formas de sociedad y categorías desarrolladas en sociedades históricamente inmaduras. Por ejemplo, en las sociedades de tipo asiático existían formas  que correspondían a sociedades adelantadas tales como la cooperación o la división del trabajo a pesar de que el dinero ocupara un papel muy secundario. De esta manera, Marx concluye que “aunque la categoría más simple haya podido existir históricamente antes que la más concreta, en su pleno desarrollo extensivo e intensivo, ella puede pertenecer sólo a una forma social compleja, mientras que la categoría más concreta se hallaba plenamente desarrollada en una forma social menos desarrollada“.[20] Es necesario, por tanto, seguir con detenimiento la dialéctica de aparición histórica de las categorías así como su contenido concreto para no violentar su significación una vez que sean asumidas en el orden lógico de una teoría social.

LA CATEGORÍA DE TRABAJO

El caso más significativo de todas las categorías ejemplificadas en la Introducción es la de trabajo.

Desde una concepción superficial, podemos decir que el trabajo es una categoría simple que ha existido en todos los tiempos. Pero esto es sólo una verdad a medias del tipo de las generalidades abstractas. Habrá que observar el proceso histórico de su constitución como categoría compleja. Habrá que remitir toda consideración sobre ella a la sociedad concreta de la cual es extraída. La categoría de trabajo en general, por ejemplo, sólo es posible en una sociedad de tipo burgués en la que se ha llegado a una indiferenciación de los diversos géneros de trabajo. A propósito de esto, Marx escribe algo muy interesante: “las abstracciones más generales surgen únicamente allí donde existe el desarrollo concreto más rico, donde un elemento aparece como lo común a muchos, como común a todos los elementos“.[21] Esto nos lleva a pensar en la necesidad de una reformulación, desde esta nueva óptica, de los conceptos de humanismo o de historia universal.

Marx concluye este punto con la afirmación de que hasta la categoría más abstracta, que valiera para todas las épocas, es “en lo que hay de determinado en esta abstracción, el producto de condiciones históricas y posee plena validez para estas condiciones y dentro de sus límites“.[22] Un antecedente de esta proposición la encontramos en las Tesis sobre Feuerbach cuando dice que el autor de la Esencia del cristianismo no ve que, “el sentimiento religioso” está bien un producto social y que el individuo abstracto que él analiza, pertenece también, en realidad, a una determinada forma de sociedad, (séptima tesis). [23] El tratamiento dialéctico de las categorías nos conduce al examen de dos categorías esenciales en el pensamiento de Marx: lo concreto y lo abstracto.

EL CÍRCULO CONCRETO-ABSTRACTO-CONCRETO

Ya hemos dicho que Marx parte de la distinción entre objeto real y objeto de conocimiento, entre un concreto afirmado ontológicamente y un concreto pensado que es producto de la conceptualización científica. Así, captar la realidad adecuadamente implica construir teóricamente un concreto a partir de los materiales que nos proporciona la intuición y la representación del objeto real. Lo concreto entonces adquiere aquí una significación distinta a lo que generalmente considera la representación común. Para ésta, lo concreto es lo particular determinado mientras lo abstracto son las notas comunes de un conjunto de objetos determinados. Así distinguimos la manzana de esta manzana. Para Marx tanto como para Hegel, lo concreto y lo abstracto adquieren una significación distinta. Para Hegel, como dice Ernest Blochlo abstracto es, unas veces, la representación general vacía, otras veces lo que hay de formal en el concepto, simplemente su “contenido no desarrollado“. Lo concreto, por el contrario, -lo que se despliega en especiales y singulares determinaciones, lo general en cuanto mediado por lo individual“.[24]  Para Marx, lo abstracto no es simplemente la determinación común sino la determinación que expresa una realidad concreta; y lo concreto es “la síntesis de múltiples determinaciones, la unidad de lo diverso“. [25] Este concreto que no es lo individual o lo particular simple sino la unidad de las determinaciones es tanto la culminación del conocimiento como su punto de partida, aunque el verdadero punto de partida sea lo concreto real.

Ahora bien, Marx nos dice que el método científico por excelencia es el que consiste en elevarse de lo abstracto a lo concreto. En esto también coincide (guardadas todas las distancias) con Hegel. Para Hegel lo abstracto es lo en sí, lo que no está aún desarrollado y que debe devenir en para sí, es decir, en concreto. Para Marx, en cambio, como dice Ilienkov en su libro sobre La dialéctica de lo abstracto y lo concreto en El Capital de Marx [26] “el método de elevarse de lo abstracto a lo concreto es una forma específica de acción del pensamiento y de elaboración lógica de conceptos de la intuición y representación. No es un procedimiento artificial, una manera de exponer los conocimientos preparados, ni un medio para reunir en un sistema, las abstracciones existentes. Es la ley natural del desarrollo teórico“.[27] Para Ilienkov, el paso de lo abstracto a lo concreto y de lo concreto a lo abstracto, es la reproducción, en cierta manera, de los procedimientos lógicos de inducción y deducción. Mientras la vieja lógica entendía por inducción, el análisis de los hechos empíricos y el descubrimiento de nuevos hechos, y por deducción, el proceso de análisis de un concepto que establece determinaciones en su interior sin agregar nada nuevo, en esta concepción, la inducción y deducción son dos lados de un mismo proceso y en cierta manera reproducen el círculo concreto-abstracto-concreto. Sin embargo, no se limita a ello. En esta relación, “la deducción deja de ser un procedimiento de extracción formal de determinaciones contenidas a priori en un concepto y se convierte en un procedimiento de desarrollo real de los conocimientos sobre los hechos en un movimiento e interacción interna“.[28]

En conclusión, en la Introducción quedan definidos respecto de este problema: un concreto real (el movimiento independiente de la materialidad); un procedimiento de abstracción (en donde la determinación de las características esenciales no es sólo mental sino real); un modo de captación teórica de las características esenciales de lo real (de lo abstracto a lo concreto); y un examen detenido del movimiento histórico de las categorías.

COMPRENDER LO INFERIOR POR LO SUPERIOR

La dialéctica de las categorías desemboca en un principio metodológico primordial: “las categorías que expresan sus condiciones y la comprensión de su organización permiten al mismo tiempo comprender la organización y las relaciones de producción de todas las formas de sociedad pasadas, sobre cuyas ruinas y elementos ella fue edificada y cuyos vestigios, aun no superados, continúa arrastrando“.[29] Esta posición está estrechamente emparentada con la que tenía Hegel del proceso de despliegue del Espíritu Absoluto para Hegel, el Espíritu no puede saberse a sí mismo sino hasta después de haber culminado aquel proceso. La ciencia no aparece sino hasta su final (El Búho de Minerva eleva su vuelo en el crepúsculo). Para Marx, si bien no se trata de un proceso de autodeterminación espiritual sino de determinación real, empírico, la ciencia sólo aparece hasta después de que han aparecido en la realidad las categorías respectivas y aún más, después de que ha aparecido en la realidad, la sociedad más desarrollada. Marx piensa así que sólo desde la sociedad burguesa (o actualmente sólo desde la sociedad socialista) puede comprenderse el proceso de desarrollo histórico-social. El punto más alto del desarrollo histórico nos ofrece la clave del proceso de constitución desarrollo y muerte de las sociedades anteriores.

Es importante anotar que tanto para Marx como para Hegel, no se trata ni de una afirmación de tipo teleológico ni de una afirmación ideológica- No es teleológica en Hegel, ni mucho menos en Marx, porque no se trata de una determinación a futuro; una determinación de cuál será el rumbo o el sentido que tomará el movimiento histórico sino, esencialmente, de una mirada hacia atrás, a posteriori, de la res gestae, de lo que ya no puede cambiar de determinación. La ciencia, tanto para Marx como para Hegel es antiutópica. Por otro lado, no se trata de una afirmación ideológica en Marx porque no se pretende privilegiar a ninguna sociedad en el sentido de que sea la culminación del proceso histórico o la meta de todas las anteriores sociedades. Se trata de una concepción objetiva.

Esta tesis nos hace pensar en una comprensión orgánica y ascensional del movimiento histórico. En efecto, para Marxla anatomía del hombre es la clave para la anatomía del mono“.[30] La historia avanza de lo inferior a lo superior y lo primero sólo puede ser comprendido por lo segundo.

LO LÓGICO Y LO HISTÓRICO

Ahora bien, si se ha insistido que en la constitución de las categorías así como en su proceso de aprehensión teórica, la sociedad y la historia deben estar presentes ¿qué papel desempeñan estas categorías en la teoría científica? ¿cómo deben ser tejidas en el discurso teórico propiamente dicho? ¿qué es lo que tiene prioridad: el orden histórico de su aparición o el orden de sucesión lógico? Esto nos conduce al problema de las relaciones entre lo lógico y lo histórico.

Esta es una de las cuestiones metodológicas más complejas que se le han presentado al marxismo.

El primero que se ha avocado a darnos una explicación al respecto es Federico Engels. Para Engels, como lo expresa en su recesión a la Contribución a la crítica de la Economía Política publicada en Das Volk, una vez descubierto el método “la crítica de la Economía Política podía acometerse de dos modos: el histórico o el lógico“. El histórico presenta la ventaja de una mayor claridad “puesto que en ella se sigue el desarrolló real de las cosas, pero en la práctica lo único que se conseguiría, en el mejor de los casos, sería popularizarla“. Además, sería necesario seguir los saltos o zigzags de este proceso lo que traería el riesgo de romper la ilación lógica. Por lo tanto, el único método indicado era el lógico “pero éste, no es, en realidad más que el método histórico, despojado únicamente de su forma histórica y de las contingencias perturbadoras”. [31]

Estas frases de Engels han sido interpretadas de diferente modo: para Zeleny, Engels se refiere al método utilizado por la historia de la crítica de la Economía Política y no al método utilizado por Marx para la elaboración de El Capital. Para Luporini se trata, en verdad, de un empirismo ingenuo. Para otros autores las cosas son así, tal como dice Engels. Es curioso como Rosental, en su obra dedicada a los “Problemas de la dialéctica en El Capital de Carlos Marx” transcribe las afirmaciones de Engels a la letra para enseguida afirmar lo contrario. Por mi parte pienso que las afirmaciones de Engels son por lo menos ambiguas y que no se sabe si se está refiriendo a la historia de la crítica, una vez que ya ha sido esclarecido el método dialéctico o bien al método propiamente dicho. Si se está refiriendo a esto último, la posición de Engels es insostenible en tales términos. Lo lógico y lo histórico no son dos opciones, dos vías de las cuales una pueda ser seguida con exclusión de la otra. Lo lógico es la única opción que tenía Marx ante sí en el momento de emprender la tarea inmensa de elaborar su concepción científica. En efecto, Zeleny señala que “no habría sido posible descubrir las leyes del capitalismo mediante la exposición de la historia de las relaciones capitalistas de producción sin elaborar antes un análisis sistemático-genético-estructural que reprodujera en forma de una lógica, nueva y específica, el modo de producción capitalista“.[32] Sólo la forma lógica, predominantemente sincrónica le podía permitir a Marx descubrir las leyes internas de la sociedad burguesa.

En relación a esto leemos en la Introducción: 

“En consecuencia, sería impracticable y erróneo alinear las categorías económicas en el orden en que fueron históricamente determinantes. Su orden de sucesión está, en cambio, determinado por las relaciones que existen entre ellas en la moderna sociedad burguesa, y que es exactamente el inverso del que parece ser su orden natural o del que correspondería a su orden natural o del que correspondería a su orden de sucesión en el curso del desarrollo histórico. No se trata de la posición que las relaciones económicas asumen históricamente en la sucesión de las distintas formas de sociedades. Mucho menos de su orden de sucesión en la idea (Proudhon) (una representación nebulosa del movimiento histórico). Se trata de una articulación en el interior de la moderna sociedad burguesa”.[33]

Sin embargo, ¿esto significa que lo histórico queda eliminado?¿estamos ante una posición equivalente a la que nos plantea Saussure (al menos en una cierta interpretación) o las corrientes lingüísticas posteriores, en el sentido de que la lengua se constituye diacrónicamente y el lenguaje (la ciencia del) sincrónicamente?

Si y No.

Si, en tanto que no sigue fielmente el proceso de génesis histórica de lo concreto. Seguir éste método nos llevaría a no captar adecuadamente las contradicciones profundas de la sociedad por dos razones: 1) porque un objeto puede ser captado de una mejor forma si se le precisa claramente. 2) porque sólo pueden ser observadas las contradicciones en su momento de máximo desarrollo, es decir, en la sociedad madura.

No, en tanto que lo lógico guarda siempre unidad con lo histórico; ahora bien, ¿cómo se da esta unidad? Hay por lo menos tres respuestas:

—La de Grushin, comentada y criticada por Zeleny, y quien parte de una división entre el objeto devenido y la historia del objeto. Lo lógico y lo histórico se entrelazarían recíprocamente pero en diversas formas: mediatamente, en el primer caso e inmediatamente, en el segundo.

—Para Zeleny, lo lógico sólo puede construirse a partir de lo histórico y a su vez sirve a él. En el primer caso (lo histórico 1) sería sólo el material empírico de la investigación. En el segundo (lo histórico 2) estaría mediado por un conjunto dé nociones que develarían la estructura social y que posibilitarían la ciencia de la historia. Con esta afirmación Zeleny formula uno de los más brillantes aportes de Marx a la constitución de la ciencia de la historia.

—Para Luporini, El Capital es un modelo sincrónico en cuanto construcción formal que incluye intermitentemente, necesarios cortes históricos. Ejemplo de ello sería la construcción sincrónica del primer tomo y el corte sincrónico de la acumulación originaria.

Por mi parte considero que la posición más adecuada es la de Zeleny aunque también creo que la discusión está muy lejos de ser terminada y aquí sólo hemos hecho una exposición sintética de estos problemas.

Respecto de la afirmación de Luporini acusando a Engels de realista ingenuo tal vez podría sostenerse si no olvidara algo elemental: que el material examinado no es un trabajo para científicos sino una simple recesión en donde pretende dar una información destinada a un público no especializado y en donde Engels se permite algunas licencias que no podrían ser admisibles en otros trabajos.

LOS MODOS DE APROPIACIÓN DEL MUNDO

Finalmente, quiero referirme brevemente a una cuestión apenas indicada por Marx en la Introducción pero de extraordinaria importancia: la de los modos de apropiación del mundo.[34]

Marx considera que existen cuatro modos por medio de los cuales el hombre ha comprendido la realidad que le rodea y de esa forma se la ha apropiado:

1) en primer término, el modo teórico, que le permite aprehender verdaderamente los nexos internos y las leyes de la totalidad concreta.

2) en segundo, el modo artístico, que le permite captar los valores esenciales que los hombres, sus sentimientos, sus actitudes y sus conflictos permanentes.

3) en tercer lugar, el modo religioso, mediante el cual el hombre puede apropiarse imaginariamente ciertos problemas permanentes e irresolubles, más allá de las prácticas rituales y enajenantes. Estos problemas deberán ser tratados por la filosofía.

4) y en cuarto lugar, el modo de apropiación por el espíritu práctico, que nos remite necesariamente a todos los niveles en que se presenta la praxis: desde su manifestación en la vida cotidiana hasta su manifestación en la creación de nuevos objetos a partir de la realidad natural y social.

Todo lo anterior nos conduce a concluir:

1. La Introducción a la Critica de la Economía Política de 1857 es uno de los textos más ricos en nociones y principios metodológicos. Su estudio detenido y su puesta en relación con otras tesis de Marx, nos permite una profunda aclaración teórica de los elementos constituyentes de la dialéctica materialista.

2. El retraso de su publicación pero sobre todo de su reconocimiento ha ocasionado un sensible retraso en la constitución y fundamentación del corpus científico del materialismo dialéctico y de la concepción científica de la historia.

3. Tanto la Introducción como los Grundrisse en general, son manuscritos que deberían ser examinados con atención y sin temor a emprender una vasta reconsideración o refundamentación de algunas, tesis que más que pertenecer a Marx pertenecen al marxismo.

NOTAS

[1] J. Stalin, Sobre el materialismo dialéctico y el materialismo histórico, Obras completas, T. 12. Ediciones en lenguas extranjeras. Moscú, 1963.

[2] G. Lukács, Historia y conciencia de clase. Obras completas, T. III. Ed. Grijalbo. México, D. F., 1969. Lukács redactó un nueva prólogo que se agrega a la edición española firmado en Budapest, 1967.

[3] Los Grundrisse fueron publicados inicialmente en Moscú, de 1939 a 1941. Uno de los escasos testimonios de su lectura y aprovechamiento lo encontramos en Prolegómenos a una estética marxista de Lukács. Posteriormente aparecieron algunos extractos en la revista Neue Zeit publicada en 1903 y finalmente, en 1953 se editaron completos en su versión original en la ciudad de Berlín. El retraso de su traducción en otros idiomas se prolongó hasta 1960, en que fueron traducidos al italiano; 1967, en que fueron conocidos por el público de habla francesa y 1970-71, en que fueron conocidos por el de habla española. La edición que manejamos es la titulada Elementos fundamentales para la crítica de la Economía Política (borrador), en dos tomos. Siglo XXI Editores. Buenos Aires, 1971.

[4] E. Ilienkov, La dialéctica de lo abstracto y lo concreto en El Capital de Marx. Nos referimos a un capítulo editado en el libro colectivo titulado Problemas actuales de la dialéctica. Comunicación núm. 9. Alberto Corazón Editor. Madrid, p. 50. Ilienkov se lanza en contra de los que pretenden contraponer el joven Marx al Marx maduro para quedarse con el primero y sus concepciones del “humanismo real” propias de los manuscritos económico-filosóficos de 44.

[5] Jindrich Zeleny, La estructura lógica de El Capital. Col. Teoría y Realidad, núm. 5. Ediciones Grijalbo. Barcelona, 1974, p. 11.

[6] K. Marx, Elementos..., op. cit.„ p. 22.

[7] K. Marx, Tesis sobre Feuerbach, Incluidas en el libro Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, Cuadernos Pasado y Presente, núm. 59 Córdoba, Argentina, 1975, p, 71.

[8] K. Marx, Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política. F. C. P. México, 1970, p. 12.

[9] Marx utiliza el término estructura en el sentido actual de la ciencia, es decir, como “sistema de relaciones”.

[10] K. Marx, Elementos…, ed. cit, p. 20.

[11] Ibid., p. 28.

[12] Ibid., p. 32.

[13] Ibidem. Este fragmento ha dado origen a un conjunto de teorías acerca de la autonomía relativa del arte. Baste citar los nombres de Lukács o Della Volpe. El primero busca la respuesta en una autoconsciencia de la humanidad. El segundo en una explicación semiológica de la obra de arte.

[14] Ibid., p. 5

[15] Ibidem

[16] Ibidem

[17] L. Séve Introducción a Textes sur la methode de la science economique. Editions Sociales, 1974.

[18] K. Marx, Elementos…, ed. cit., p. 27. 41

[19] Ibid., p. 23.

[20] Ibid., p. 24.

[21] Ibid., p. 5.

[22] Ibidem.

[23] K. Marx, Tesis sobre Feuerbach, ed. oit., p. 72.

[24] E. Bloch, El pensamiento de Hegel. F. C. E. México, 1949, p. 26.

[25] K. Marx, Elementos..., ed. cit., p. 21.

[26] Ilienkov, op, cit. Otra respuesta a este problema nos la da Luporini en su artículo titulado “El círculo concreto abstracto-concreto” incluido en Problemas actuales de la dialéctica y en donde trata de fundar la tesis de que Marx, al referirse a este círculo, está explicando en realidad, el método de la Economía Política burguesa en lo que contiene de científico. Aunque sus afirmaciones merecen un estudio detenido y su ubicación dentro de su concepción del método científico, creemos que la posición más adecuada, por las razones que expondremos, es la de Dienkov.

[27] Ilienkov, op. cit., p. 67.

[28] Ibid., p. 63.

[29] K. Marx, Elementos. . . , p. 26.

[30] Ibidem.

[31] F. Engels3 La contribucion a la critica de la Economía Política de Karl Marx. Cuadernos Pasado y Presente, núm. 1, novena edición, 1974, p. 128 (el subrayado es mío).

[32] J. Zeleny, op. cit,, p. 109.

[33] K. Marx, Elementos…, pp. 28-29.

[34] Ibid., p. 22. “El todo, tal como aparece en la mente que piensa y que se apropia el mundo del único modo posible, modo que difiere de la apropiación de ese mundo en el arte, la religión, el espíritu práctico”.

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