Trabajadores y patrias: una lectura del Manifiesto Comunista

Un año más y una nueva edición de la “Fiesta del PCE” que acaba de finalizar. Un gran esfuerzo de todos los camaradas por hacer posible este encuentro de los militantes y simpatizantes de esta formación con la ciudadanía.

alemania vota 1También este fin de semana nos han dejado elecciones en la todopoderosa Alemania. Como era previsible ha ganado Merkel y la CDU. Pero también nos ha dejado otras notas: la primera, es la desaparición de los socios liberales del FPD del Bundestag -partido que ha estado presente desde 1949- que obligará a Merkel (si no obtiene la mayoría absoluta) a negociar una “gran coalición” con el SPD; la segunda y más importante para nosotros, La Izquierda –que nació del antiguo Partido Socialista Unificado de Alemania, de la desaparecida RDA– se alzó como la tercera fuerza política del país. Permaneceremos atentos a lo que ocurra.

Y mientras frau Merkel negocia lo que tenga que negociar, para amenizar la espera os proponemos una lectura de un autor clásico, Roman Rosdolsky, sobre otro clásico, el Manifiesto Comunista y las cuestiones nacionales, nacionalismo burgués y demás cuestiones relacionadas. La fecha aproximada de redacción de este texto es entre finales de 1947 y comienzos de 1948.

¿Te lo vas a perder?…

Salud. Olivé

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Trabajadores y patrias: una lectura del Manifiesto Comunista

Román Rosdolsky

El pasaje del que voy a ocuparme es aquél en el que los autores del Manifiesto analizan la relación del proletariado con la patria. Este es:

«Se acusa también a los comunistas de querer abolir la patria, la nacionalidad. Los obreros no tienen patria. No se les puede arrebatar lo que no poseen. Mas, por cuanto el proletariado debe en primer lugar conquistar el poder político, elevarse a la condición de clase nacional, constituirse en nación, todavía es nacional, aunque de ninguna manera en sentido burgués.

El aislamiento nacional y los antagonismos entre los pueblos desaparecen de día en día con el desarrollo de la burguesía, la libertad de comercio y el mercado mundial, con la uniformidad de la producción industrial y las condiciones de existencia que le corresponden.

El dominio del proletariado los hará desaparecer más de prisa todavía. La acción común, al menos de los países civilizados, es una de las primeras condiciones de su emancipación.

En la misma medida en que sea abolida la explotación de un individuo por otro, será abolida la explotación de una nación por otra.

Al mismo tiempo que el antagonismo de las clases en el interior de las naciones, desaparecerá la hostilidad de las naciones entre sí» [1].

Y unas páginas antes se dice:

«Por su forma, aunque no por su contenido, la lucha del proletariado contra la burguesía es primeramente una lucha nacional. Es natural que el proletariado de cada país deba acabar en primer lugar con su propia burguesía» [2]

Interpretaciones polémicas

Estas frases han sido citadas innumerables veces en la literatura socialista, casi siempre para fundar sobre ellas la actitud negativa del movimiento obrero frente al patriotismo y el chovinismo burgués. Pero también se ha buscado a veces debilitar el vigoroso lenguaje de estas frases y atribuirles un sentido nacionalista opuesto.

El teórico socialdemócrata alemán conocido por H. Cunow nos servirá aquí de ejemplo. En su libro La teoría de Marx de la historia, de la sociedad y del Estado, trata también, entre otros, de los pasajes antes mencionados. Según él, Marx y Engels querían, teniendo en cuenta sus desarrollos, decir simplemente: «Hoy en día (1848), el obrero no tiene patria, no tiene parte propia en la vida de la nación, está aún excluido de sus bienes materiales y espirituales. Pero la clase obrera adquirirá algún día el poder político y ocupará una posición dominante en el Estado y en la nación, y será entonces, cuando en cierta medida (!) se haya constituido ella misma en tanto que nación, que será también nacional y se sentirá nacional, por más que su nacionalismo sea de una naturaleza distinta que el de la burguesía»[3]

Esta interpretación de Cunow se funda en una pequeña palabra, realmente pequeñísima: «todavía», («Mas, por cuanto el proletariado debe…constituirse en nación, todavía es nacional...»), que, de hecho, implica todo un mundo y diferencia al internacionalismo proletario del nacionalismo burgués.

La interpretación de Cunow ha hecho escuela en el campo reformista; pero, tras la II Guerra Mundial, se ha abierto también un espacio en los círculos comunistas. Así, en la “introducción” a la edición del Manifiesto aparecida en 1946, de ediciones Stern-Verlag de Viena, leemos:

«Cuando Marx dice en el Manifiesto Comunista: Mas, por cuanto el proletariado debe en primer lugar conquistar el poder político, elevarse a la condición de clase nacional, constituirse en nación, todavía es nacional, nos encontramos precisamente hoy en día en la época en que la clase obrera se presenta nacionalmente como la columna vertebral de la nación en la lucha contra el fascismo y por la democracia. La clase obrera de Austria lucha en la actualidad junto a todo el pueblo trabajador para conquistar su patria austríaca mediante la creación de una Austria independiente, libre y democrática»[4]

Es evidente que esta interpretación es a todos los efectos la misma que la de Cunow, aunque exagerándola.

En total oposición a estas tentativas de interpretación nacionalistas, encontramos la explicación de las frases mencionadas del Manifiesto en el ensayo de Lenin, Karl Marx:

«Las naciones son el producto inevitable y la forma inevitable de la época burguesa de desarrollo de la sociedad. La clase obrera no podría reforzarse, entrar en la edad adulta sin constituirse en nación, sin ser nacional (aunque en absoluto en el sentido burgués de la palabra). Pero el desarrollo del capitalismo destruye cada vez más los límites nacionales, aniquila el aislamiento nacional y reemplaza los antagonismos nacionales por las contradicciones de clase. En los países imperialistas desarrollados, es, por consiguiente, absolutamente cierto que los obreros no tienen patria y que la acción común del proletariado, al menos en los países civilizados, es una de las primeras condiciones de su emancipación.»

Esta interpretación de Lenin, aún estando por su contenido totalmente dentro del espíritu del marxismo, no es tampoco satisfactoria. Nos referimos a lo siguiente: mientras que en el Manifiesto el proletariado es, incluso antes de la conquista del poder estatal, «todavía nacional», el “ser nacional” de la clase obrera en Lenin se aplica solamente a los comienzos del movimiento obrero, antes de que la clase obrera entre en su «edad adulta». Según Lenin, es sólo en el capitalismo desarrollado cuando los obreros “no tendrían patria“.

Quedémonos aquí en lo que se refiere a las interpretaciones que hasta hoy se han hecho de las frases mencionadas del Manifiesto. Quizás pueda no parecer sorprendente que se haya buscado basar el significado de esas frases en las interpretaciones de éstas. Sin embargo, mucho más sorprendente es el hecho de que se hayan convertido con el tiempo en una especie de artículo de fe, del que se desprenden consignas programáticas de envergadura sin que, en la mayoría de los casos, se haya prestado demasiada atención al verdadero sentido de estas frases. Ello es cierto especialmente en el caso de la frase según la cual los obreros no tendrían patria. Cuanto más fácil parecía repetirla con perseverancia, más difícil era explicar esta frase aparentemente simple y ponerla al unísono con la praxis de los partidos socialistas (y más tarde también de los partidos comunistas). Esta praxis parecía desmentir cada vez con más frecuencia a los autores del Manifiesto.

¿Cuál es, pues, el sentido real de las declaraciones del Manifiesto en cuestión? ¿Por qué la clase obrera no «tiene patria» y por qué, a pesar de ello, continuará siendo provisionalmente «todavía nacional» tras su conquista del poder? Para responder a estas preguntas, es necesario antes, en nuestra opinión, someter a examen la terminología del Manifiesto.

Nación y nacionalidad

Sabemos que los términos “nación” y “nacionalidad” no son empleados siempre y en todas partes en el mismo sentido. Mientras que, por ejemplo, en Inglaterra y en Francia se entiende normalmente por “nación” la población de un Estado y por “nacionalidad” se entiende, bien el sinónimo de pertenencia a un Estado, bien la designación de una comunidad étnico-lingüística (“pueblo“), en alemán los dos términos se aplican a comunidades étnico-lingüísticas. [5]

Especialmente en sus escritos de juventud, Marx y Engels siguieron casi siempre los usos habituales en las lenguas inglesa y francesa. Por el término “nación” se designa en ellas más a menudo la población de un Estado, es decir una comunidad que posee su propio Estado.[6] (Excepcionalmente, este término se aplica por parte de ellos a los pueblos “históricos“, como por ejemplo Polonia, cuyo Estado fue derribado). Por el contrario, la “nacionalidad” significa para ellos: a. La pertenencia a un Estado o a un pueblo-Estado (Staatsvolk) [7]  ; b. La comunidad étnico-lingüística, la pertenencia a dicha comunidad. Por eso ellos emplean casi exclusivamente este término cuando se trata de pueblos “sin historia“, como los eslavos de Austria (checos, croatas, ucranianos, etc.) o de “fragmentos de pueblo” (como los celtas, los bretones, los vascos). Precisamente, esta concepción de la “nacionalidad“, en oposición a la “nación” como designación de un pueblo-Estado “histórico“, es particularmente característica de la terminología de Marx y Engels. He aquí algunos ejemplos:

«Los celtas de los Highlands y de la Galia», escribía Engels en 1866 en la publicación The Commonwealth, «se diferencian sin ninguna duda de los ingleses por la nacionalidad, pero eso no ha llevado a nadie a designar como naciones a estos restos de pueblos desaparecidos hace mucho tiempo, ni siquiera a los habitantes célticos de la Bretaña francesa.»

Respecto a los eslavos de Austria, dice en su artículo “Alemania y el paneslavismo” (1855): «Los eslavos de Austria se dividen en dos categorías. Una parte de ellos está compuesta por fragmentos de nacionalidades cuya propia historia pertenece al pasado y cuyo desarrollo histórico actual está ligado al de naciones de razas y de lenguas diferentes… Por consiguiente, estas nacionalidades, si bien viven exclusivamente en territorio austríaco, no están de ninguna manera constituidas en naciones diferentes.»

Y otro pasaje más:

«Ni Bohemia ni Croacia serían lo bastante fuertes para existir como naciones independientes. Sus nacionalidades, minadas poco a poco por la acción de las causas históricas, gracias a las cuales han resultado fatalmente absorbidas por poblaciones más enérgicas, no podían esperar recobrar una cierta independencia más que mediante la alianza con otras naciones eslavas»[8]

Así pues, puede verificarse en la mencionada frase de The Commonwealth, base de la diferencia y la oposición entre “cuestión nacional”y “cuestión de nacionalidades “, y “principio nacional “y “principio de nacionalidades “, el gran peso que Engels atribuía a la delimitación terminológica de las nociones de “nación” y “nacionalidad”. El primer principio es el único que él afirma, mientras que, por el contrario, es resueltamente opuesto al segundo.

En el Manifiesto Comunista se encuentran también otros ejemplos del uso del vocabulario expuesto aquí por nosotros. Por ejemplo, cuando el Manifiesto habla de «industrias nacionales»[9], bajo cuyos pies el desarrollo del capitalismo siega la hierba, es claro que se trata de industrias limitadas al territorio de un Estado determinado.

Naturalmente, hay que comprender en el mismo sentido las «fábricas nacionales» mencionadas al final de la segunda parte. Igualmente, en la frase: «Las provincias independientes, ligadas entre sí casi únicamente por lazos federales, con intereses, leyes, gobiernos y tarifas aduaneras diferentes han sido consolidadas en una sola nación, bajo un solo Gobierno, una sola ley, un solo interés nacional de clase y una sola línea aduanera»[10], la palabra “nación” (así como la palabra “nacional”) se refiere al Estado, al pueblo-Estado y no a la nacionalidad en el sentido étnico-lingüístico. En fin, cuando Marx y Engels hablan en el Manifiesto de una lucha “nacional” del proletariado, significa algo muy distinto de lo que piensan los comentaristas reformistas y neo-reformistas del Manifiesto. Es ya posible comprobar esto en el siguiente pasaje, que describe el devenir de la lucha de clase proletaria:

«Al principio, la lucha es entablada por obreros aislados, después por los obreros de una misma fábrica, más tarde, por los obreros del mismos oficio de la localidad contra el burgués individual que los explota directamente…Y basta ese contacto para que las numerosas luchas locales, que en todas partes revisten el mismo carácter, se centralicen en una lucha nacional, en una lucha de clases»[11].

Una interpretación política

Aquí, la lucha “nacional” del proletariado (es decir, llevada a cabo a escala de todo el Estado) se identifica directamente con la lucha de clases porque sólo una centralización tal de las luchas de los obreros a escala de Estado permite oponer los obreros como clase a la clase burguesa e imprimir a sus luchas el sello de luchas políticas [12]. Volviendo al pasaje citado al comienzo de este artículo, al caracterizar la lucha del proletariado contra la burguesía como una lucha «en primer lugar nacional», Marx y Engels tienen en perspectiva, de forma manifiesta, una lucha llevada a cabo en primer lugar en el marco de un Estado. Esto resulta claramente de la motivación de la frase según la cual «el proletariado de cada país deba acabar, en primer lugar, con su propia burguesía». Pero, desde este punto de vista, la frase «elevarse a la condición de clase nacional», «constituirse en nación», adquiere igualmente un significado completamente definido [13]. De hecho, no dice más que el proletariado debe actuar, en primer lugar, dentro de las fronteras existentes del Estado, erigirse en clase dirigente en el interior de los Estados existentes. Por ello será «todavía nacional», provisionalmente, «aunque de ninguna manera en el sentido burgués», puesto que la burguesía consigue sus objetivos mediante las separaciones políticas entre los pueblos y mediante la explotación de las naciones extranjeras por parte de su propia nación. En oposición a esto, la clase obrera victoriosa actuará desde el principio buscando eliminar las separaciones nacionales y las oposiciones entre los pueblos y creará mediante su dominación las premisas para que desaparezcan, al mismo tiempo que «el antagonismo de las clases en el interior de la nación», «la hostilidad de las naciones entre sí». Desde este punto de vista, y sólo desde este punto de vista, puede tomarse en consideración, «la abolición» o de «la aniquilación» de la nacionalidad, en la medida en que debe comprenderse por tal, no la eliminación de la forma lingüístico-étnica existente (¡lo que sería absolutamente insensato!), sino de las separaciones políticas entre los pueblos [14]. En una sociedad en la que, según los términos del Manifiesto, «el poder público perderá su carácter político»[15], en la que el Estado en tanto que tal «desaparecerá», no puede en ningún caso haber lugar para Estados nacionales distintos.

Pensamos que el examen de la terminología del Manifiesto ha demostrado ser fructífero. Nos muestra que las frases que estaban en cuestión se referían, ante todo, a la “nación” y a la “nacionalidad” en el sentido político y, por ello, no podían ajustarse bien a las interpretaciones presentadas hasta ahora. Esto tiene que ver especialmente con la interpretación absolutamente arbitraria y sofisticada de Cunow, que quiere deducir precisamente del Manifiesto un “nacionalismo proletario” específico y reducir la naturaleza internacional del movimiento obrero a una aspiración hacia la cooperación internacional de los pueblos [16]. Pero tampoco se puede deducir del Manifíesto que haya un “nihilismo” del proletariado frente a la cuestión nacional, ni lanzar a los cuatro vientos su indiferencia hacia los movimientos nacionales: la “inexistencia de la patria” de la que habla se refiere al Estado nacional burgués, pero no al pueblo, a la nacionalidad en el sentido étnico. Los obreros “no tienen patria” porque deben considerar al Estado nacional burgués como una máquina de opresión dirigida contra ellos [17]; tampoco “tendrán patria” (en el sentido político) después de la toma del poder en la medida en que, según Marx, los Estados nacionales socialistas diferenciados no representarán más que una etapa transitoria en el camino a la sociedad del futuro, sin clases y sin Estado, y que la construcción de esta sociedad no es posible más que a escala internacional. La interpretación “indiferente” del Manifiesto, tal como usualmente se presentaba en los círculos marxistas “ortodoxos [18], tampoco está en absoluto justificada. Si, a pesar de ello, esta interpretación, grosso modo, ha aportado pocos prejuicios al movimiento socialista, e incluso lo ha hecho avanzar, se debe a que reflejaba -aunque fuera de una manera desfigurada- la tendencia cosmopolita [19] inherente al movimiento obrero revolucionario, su aspiración a sobrepasar la “limitación nacional” y las “separaciones nacionales y las oposiciones de los pueblos“. En este sentido, está incomparablemente más cerca del espíritu del Manifiesto y del marxismo que la interpretación nacionalista surgida de Bernstein, Cunow y otros.

[1] Marx, C. y Engels F.: Obras Escogidas (I), Moscú, Editorial Progreso, 1973, 127.

[2] op. cit., 121

[3] Cunow no fue verdaderamente el primero que interpretó el Manifiesto en este sentido. Al igual que otras muchas innovaciones reformistas, ésta se remonta al padre del reformismo, Eduard Bemstein. En su artículo “La socialdemocracia alemana y los problemas de Turquía” [Die Neue Zeit, 4,(1896-97), 111], podemos leer: «La frase según la cual el proletario no tiene patria se modifica a partir del momento y en la medida en que éste tiene, como ciudadano con todos sus derechos, el derecho de participar en el Gobierno y en la legislación de su país y de poder modificar las estructuras de éste según sus deseos.»

[4] Que la clase obrera de Austria, a quien la llamada patria austriaca fue impuesta por la victoria de los aliados, pueda en alguna medida luchar por la realización del socialismo, no cabe en el espíritu del autor de la “introducción”. 

[5] «La noción de nación», escribe Kautsky en La concepción materialista de la historia, «es igualmente difícil de delimitar. La dificultad no disminuye por el hecho de que se designe con la misma palabra a dos estructuras sociales y que una misma estructura sea nombrada con dos palabras diferentes. En Europa occidental, con su vieja cultura capitalista, la población de cada Estado se siente sólidamente ligada a él. En este caso se designa por nación la población de un Estado. En este sentido se habla, por ejemplo, de una nación belga. Cuanto más nos dirigimos al Este de Europa, más numerosas son las partes de la población de un Estado que no quieren pertenecerle y que constituyen en él comunidades nacionales. Se les llama tanto naciones como nacionalidades . Sería mucho  más apropiado aplicar a estas comunidades la última denominación.

[6] Un significado que correspondería más o menos a la definición de Fr. Naumann: en el sentido político «La nación caracteriza al conjunto de los ciudadanos de un Estado… es decir, de un Estado civilizado cuyo núcleo de población constituye una nación (en el sentido propio y original de la palabra) o… que aparece como capaz de crear una nación en sentido propio.» VolkundNation, (1888).

[7] En 1843, Marx escribe: «Mientras que en Inglaterra y en Francia el problema es: economía política o predominio de la sociedad sobre la riqueza, en Alemania es: economía nacional o predominio de la propiedad privada sobre la nacionalidad». Por “nacionalidad” no se entiende aquí, ciertamente, una estructura étnico-lingüística. Comparar con el Discurso sobre Polonia del 28 de febrero de 1848, de Marx: «Las tres potencias (es decir Prusia, Austria y Rusia) han ido con la historia. En 1846, al incorporar Cracovia a Austria, confiscaron los últimos pedazos de la nacionalidad polaca…». También aquí, como en muchos otros contextos en Marx y en Engels “nacionalidad” no significa otra cosa que ciudadanía.

[8] Engels, F: Revolución y contrarrevolución en Alemania. [El autor de este artículo se ha referido a estos temas en su libro El problema de los pueblos “sin historia”, Barcelona, Editorial Fontamara, 1981. Nota del traductor].

[9] Marx, C. y Engels, F, op. cit., 114.

[10] op.cit., 115.

[11] op.cit., 118-119.

[12] Así se dice en La Ideología Alemana: «La burguesía, por ser una clase y no un orden, se ve obligada a organizarse nacionalmente y no localmente, y a dar una forma general a sus intereses medios.»

[13] En la traducción inglesa de 1988 del Manifiesto, revisada por Engels, «clase nacional» es traducido por «leading class ofthe nation» (clase dirigente de la nación).

[14] En este sentido, Engels escribe en 1846: «Sólo los proletarios pueden suprimir la nacionalidad, sólo el proletariado, al levantarse, puede hacer fraternizar a las diferentes naciones.» Igualmente, en La Ideología Alemana, el proletariado es caracterizado como una clase que «es ya la expresión de la disolución de todas las clases, las nacionalidades, etc., en el seno de la sociedad actual», en la cual «la nacionalidad está ya aniquilada». 

[15] Marx, C. y Engels, F., op. cit., 129.

[16] Como ejemplo de colmo de la deformación del Manifiesto por Cunow, gustosamente se puede indicar el siguiente pasaje de su libro: «Interpretar la consigna proletarios del mundo, unios (para realizar la emancipación) como si Marx hubiera querido decir con ello que el obrero se sitúa fuera de la comunidad nacional, es tan arbitrario como lo sería deducir de un llamamiento del tipo: periodistas, médicos, filósofos, etc., unios en asociaciones internacionales para la realización de vuestras tareas”, que los afiliados de estas asociaciones profesionales no deberían sentirse ligados a su nacionalidad.» (op. cit.)En el punto 5 de la Crítica del Programa de Gotha, se dice: «La clase obrera trabaja por su liberación ante todo en el marco del Estado nacional actual, sabiendo bien que la necesaria consecuencia de su esfuerzo, que es común a los obreros de todos los países civilizados, será la fraternidad internacional de los pueblos.»

Sobre esto, Marx escribió: «Contrariamente al Manifiesto Comunista y a todo el socialismo anterior, Lassalle había concebido al movimiento obrero desde el punto de vista más estrechamente nacional. ¡Se sigue en este terreno, y ello después de la acción de la Internacional! Es absolutamente claro que, para poder luchar de forma general, la clase obrera debe organizarse en tanto que clase y que el interior del país es el escenario inmediato de su lucha. En eso es en lo que su lucha de clase es nacional, no en cuanto a su contenido, sino en cuanto a su forma , como se dice en el Manifiesto Comunista. Pero el marco del Estado nacional actual, es decir del Imperio alemán, está a su vez incluido económicamente en el marco del mercado mundial , políticamente en el marco del sistema de Estados . Hasta el último comerciante sabe que el comercio alemán es al mismo tiempo comercio exterior y la grandeza del Sr. Bismarck reside precisamente en un determinado tipo de política internacional. ¿Y a qué reduce su internacionalismo el partido obrero alemán? A la conciencia de que el resultado de su esfuerzo será la fraternidad internacional de los pueblos , frase copiada de la burguesa Liga de la Libertad y de la Paz, y a la que se ha hecho pasar por un equivalente de la fraternidad internacional de clases obreras contra las clases dominantes y sus gobiernos. ¡Ni una palabra de las funciones internacionales de la clase obrera alemana!»

[17] En uno de sus cuadernos de notas, Marx reprodujo este pasaje de Brissot de Warville: «Hay una observación que hacen en primer lugar quienes quieren establecer programas de educación para el pueblo, a saber que nada bueno puede ocurrir mientras las tres cuartas partes del pueblo esté desprovisto de propiedad, ya que sin propiedad no hay patria, y sin patria todo está contra él, y que, por su parte, él debe armarse contra todos… Como esta situación es el lujo de las tres cuartas partes de la sociedad burguesa, hay que deducir que estas tres cuartas partes no pueden tener ni religión, ni moral, ni devoción al gobierno…»

[18] Escribe Lenin, «Cuando se utiliza esta expresión (marxismo ortodoxo), no se debe olvidar que ha sido forjada por sus adversarios en la polémica y que los ortodoxos no rechazan… la crítica en tanto que tal, sino solamente la crítica de los eclécticos.»

[19] Sin embargo, desde Stalin el cosmopolitismo pasa por ser el peor de los vicios burgueses. No obstante, un tal Engels no se privó de hablar de «los intereses cosmopolitas comunes del proletariado» (en la carta a Sorge, de los días 12-17 de septiembre de 1874). La sociedad de Engels nos resulta mucho más querida que la de Stalin y sus sucesores.

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