Notas sobre las finanzas

Pues no, no habrá Juegos Olímpicos Madrid 2020. Ni a la tercera va la vencida. Y suerte. Suerte porque organizar un sarao de esa envergadura costará sus buenos dineros, ¿o no, es gratis?. Y si la situación económica es tan mala que hay que recortar servicios públicos básicos, ¿no sería más razonable invertir todos esos recursos para que no se resientan esos servicios básicos?. Hablan del impacto económico y de la posible creación de 150.000 puestos de trabajo. Pero esos empleos ¿para cuanto tiempo? y lo del impacto, pues bien mucho estudio y todo lo demás, pero el único impacto que entendemos es que si de las arcas públicas salen cien al final deben retornar cien. Por cierto, presentar la candidatura de la ciudad tres veces debe haber costado un pastón, ¿qué impacto ha generado eso?, ¿han retornado esos dineritos a las arcas públicas?. Además, puestos a invertir en deporte, hagámoslo en el deporte de base y no en el de élite.

Y tanto hablar de dinero nos hace continuar con el mismo tema. Ya hemos tratado en otras ocasiones el tema del dinero y sistema monetario en Marx, y a tenor de vuestros comentarios el tema no está muy claro. Para zanjar la cuestión, hoy vamos a compartir un pequeño material que bien puede ser un clásico, de manos de una especialista en el tema, Suzanne de Brunhoff (y nueva en el blog), socióloga y economista del CNRS de París. Sus estudios se dirigen al campo de la llamada “política monetaria” y al estudio de la función teórica de la moneda en las distintas escuelas del pensamiento económico; es decir, que sabe de lo que habla…

NOTAS SOBRE LAS FINANZAS

Suzanne de Brunhoff

Abordamos aquí dos puntos:

1º. ¿Qué nos aporta la referencia a Marx para un estudio sobre las finanzas contemporáneas? Y no sólo es el desfase histórico, es que, además, Marx sólo trata de la cuestión en manuscritos, comprendido el correspondiente al tomo III de El Capital publicado en 1895 por Engels. Yo quisiera retomar aquí esta cuestión examinando la relación de Marx con la escuela clásica, sobre todo Ricardo, y la aportación original de Marx sobre el lazo entre “capital real” productivo y el “capital dinero”.

2º. Algunas observaciones a propósito de las cuestiones contemporáneas sobre el análisis de las finanzas y su considerable desarrollo desde los años 80. Evocaremos las investigaciones de marxistas americanos (Paul M. Sweezy), y algunas indicaciones sobre la situación, aportadas sobre todo por «The Economist», ese semanario neoliberal que Marx leía en la biblioteca de Cambridge para informarse sobre el mundo de los negocios.

I. Las preguntas de Marx sobre «el sistema de crédito» del capitalismo

Marx emplea en varias ocasiones esta expresión de sistema de crédito para nombrar el modo de financiación del capitalismo de su tiempo. Es una estructura financiera particular, herencia de la «acumulación primitiva» del capital «mercantil» y del capital de «préstamo», que tiene un nueva situación en relación con el capital productivo, único creador de valor real. Marx utiliza elementos descubiertos por Ricardo, pero lo hace a su manera.

1. La herencia de los clásicos 

Ricardo, «el gran economista de la producción», desarrolló la teoría del valor trabajo heredada de Adam Smith. No hay más que tres “factores de producción” ‐ la tierra, el capital, el trabajo – en los que se basa la distribución de las ganancias ‐renta, beneficio, salario. La tasa de interés es un ingreso secundario, derivado del beneficio. En sus escritos monetarios, Ricardo participa en las discusiones sobre la política monetaria del Banco de Inglaterra alineándose del lado de la «currency school»: el valor de la moneda, aunque sea de oro, depende de su cantidad. La idea de un capital dinero no tiene sentido aquí.

Por otra parte, existe un grupo social de «money men», propietarios de fondos de inversión, que tienen necesidad de una moneda bien administrada, es decir, sin inflación. En el plano internacional, en régimen de patrón oro y de libre circulación de las mercancías y del oro, puede ocurrir que la tasa de cambio de la moneda nacional sea desfavorable para Inglaterra. Eso «no puede corregirse más que por la exportación de mercancías, por una transferencia de lingotes o por una reducción del papel en circulación» (ib. p. 231). Esta concepción del equilibrio de la balanza de pagos está en la raíz del concepto de «beneficios sobre los costos comparativos de producción», aún dominante en las ideas del liberalismo actual sobre el librecambio internacional de mercancías y de capitales.

Marx adopta la idea clásica de la tasa de interés derivada del beneficio. Ya se trate del crédito bancario o de las acciones, su producto se distribuye entre los acreedores a partir del beneficio de la producción de los capitalistas industriales. Al contrario que el crédito al Estado para financiar la deuda pública, que se paga con los impuestos, ingreso estatal obtenido de la economía real. Los economistas clásicos han discutido mucho a propósito del reparto de los impuestos sobre «los factores de producción» procurando buscar el que menos afecte a la «economía real». Esta cuestión no se trata aquí, tendrá que hacerse en el marco de las instituciones financieras, sobre todo los bancos.

2. Capital dinero y capital real según Marx 

La noción de capital dinero es propia de Marx, en relación con la de la plusvalía. Está ligada a su concepción de la moneda que excluye la teoría cuantitativa. Marx retoma a su manera la historia escrita por Adam Smith. Él describe en El Capital la acumulación de dinero en Europa y su carácter mundial, incluyendo «el pillaje» de recursos, en bienes, en oro y en hombres, de continentes no europeos. El auge del «capital comercial» y del «capital dinero», sostenido por las políticas públicas, ha sido una de las condiciones históricas del capitalismo.

Al principio del libro I de El Capital, Marx expone su concepción de la circulación de mercancías en relación con los valores de cambio y la moneda. En ruptura con todas las teorías cuantitativas, introduce la moneda como «equivalente general», con su valor y sus diferentes formas y funciones. Esto abre la vía a dos nociones originales respecto a los análisis de los clásicos. Por una parte, existe un capital dinero D, que será un elemento de la acumulación capitalista. Pero, por otra parte, la fórmula D‐D’ es absurda, porque el dinero en cuanto tal no crea valor en la circulación de los valores de cambio. De ahí la introducción de la mercancía «fuerza de trabajo» asalariada, única creadora de plusvalía y de beneficio.

Es el uso de esta particular mercancía obrera lo que compra «el hombre de los escudos»*, el capitalista industrial, por el valor de reproducción de las mercancías para el consumo del obrero. Los salarios reales indispensables, enumerados por A. Smith y Ricardo, aquí son mercancías a comprar contra un salario monetario que ratifica el valor de uso de la mercancía fuerza de trabajo. La explotación del asalariado no es un robo, es el mecanismo capitalista fundamental, conforme con el intercambio de equivalentes y ratificado por contrato entre dos individuos en el mercado de trabajo.

Cualesquiera que sean las vicisitudes del concepto expuesto por los ponentes precedentes en este seminario, el «capital dinero» es una forma esencial del capital en Marx. Significa que el capital‐dinero es ambivalente en relación con la producción capitalista: indispensable, pero incapaz de valorizarse por sí mismo.

Sin embargo, el sector del «capital ficticio» aumenta de manera acumulativa durante ciertos periodos, punto sobre el que trataremos más adelante, como si se nutriera de sí mismo, siendo así que no crea valor. La búsqueda de Marx de un estatuto de las finanzas capitalistas se manifiesta en las notas del libro III de El Capital editado por Engels (a reserva de la nueva edición alemana de las obras de Marx y de los errores de las diversas traducciones en francés, inglés, etc.). Sin embargo ya en el libro primero de El Capital introdujo el papel del «sistema de crédito» en «La ley general de la acumulación del capital» (K 1, cap. 23, vol.3, pp. 759ss). Este sistema, al principio modesto, según Marx, se convierte, en el capitalismo desarrollado, «en arma nueva y terrible en la lucha competitiva, transformándose finalmente en un inmenso mecanismo social para la centralización de los capitales» [ib. p. 779, nota b].

Es también el sistema de crédito el que ha permitido la construcción de ferrocarriles y otras grandes inversiones.

Este sistema de financiación está en ruptura con la antigua práctica de la usura en el nivel económico e institucional –véase la instauración en Inglaterra del techo legal de la tasa de interés. Y «recoge los recursos monetarios disponibles que son invertidos en acciones, préstamos bancarios, valores extranjeros…». Marx da indicaciones aquí y allá sobre el carácter internacional de este sistema de crédito. Está concentrado en los países ricos donde se forma un mercado monetario y financiero dominante. El de Londres ha llegado a ser, en comparación con otros países europeos, el más importante a nivel de finanzas internacionales debido al empuje del desarrollo industrial inglés. Inglaterra ha sido la iniciadora del régimen monetario internacional del patrón oro vinculándolo oficialmente con su moneda, así como del liberalismo monetario, lo que ha reforzado el papel predominante de la libra esterlina en las transacciones mundiales, en relación con el dominio de los mares  y el Imperio colonial. Pero en sus notas, Marx se muestra atento al auge industrial americano, capaz de dar un día a América el predominio.

Estos puntos de la historia monetaria y financiera son todos muy interesantes y sugestivos. Sin embargo la situación del capital financiero en relación con el «capital real» sigue siendo un problema abordado varias veces en el libro III de El Capital. El aumento del sector financiero y su papel con relación a la acumulación de capital productivo es una dinámica del «sistema de crédito». Incluso los ahorros de los trabajadores, amasados con tantas dificultades, se colocan en fondos específicos o en depósitos bancarios. Un ‘hilo dorado’ que acentúa la dependencia de los asalariados del capitalismo, dice Marx. Sin embargo el status de los bancos y otros elementos constitutivos de las finanzas sigue siendo de lo más difícil de precisar.

Los bancos y mercados financieros no crean valor, como ya lo indicaron los clásicos. Los títulos sobre una parte del producto real no son más que derechos de propiedad sobre una parte de los futuros productos del trabajo, según Marx. Es un desarrollo de la idea expuesta más arriba según la cual la tasa de interés es una deducción sobre el beneficio. Sin embargo, este reparto del beneficio de la producción plantea problemas particulares sobre todo en cuanto a la naturaleza de las relaciones entre los «money men» y los empresarios, así como entre sus respectivas áreas de desarrollo. Marx subraya varias veces que las variaciones de la tasa de interés dependen de la oferta y la demanda de dinero en un mercado específico, en el que, por otra parte, la institución Banco central, poder privado y poder del Estado, juega un papel importante. Este mercado  monetario difiere del de las acciones, aunque uno y otro se comuniquen.

Por otra parte, los agentes financieros, sobre todo los banqueros y otras instituciones financieras, a menudo son tratados por Marx de parásitos, especuladores, incluso de ladrones. Sin embargo ellos tienen también su función en la acumulación del capital productivo como lo vimos más arriba a propósito del «sistema de crédito». Su actividad crea la ilusión del capital «ficticio», es decir, de la valorización del dinero por su propia inversión, del desarrollo del sector financiero por sí mismo. Volvemos a encontrar aquí la idea del imposible «D‐D’» expuesto más arriba.

Marx vuelve de nuevo con detenimiento sobre este tema, particularmente en los capítulos del 29 al 33 del libro III de El Capital. ¿Cómo articular la existencia de dos especies de capitalistas, el empresario y el financiero, cuando sólo es el capital productivo el creador de plusvalía? ¿Cuál es el fundamento real del reparto entre ellos del beneficio de la producción? Me parece que el párrafo siguiente es de los más claros. Marx indica que «las acciones de las compañías de ferrocarriles, mineras, de navegación, etc., representan el capital real… Pero este capital no existe de dos maneras, una vez como valor de capital de los títulos de propiedad, de las acciones, y la otra como capital realmente invertido o a invertir en esas empresas… la acción no es otra cosa que un título de propiedad… sobre el plusvalor que se ha de realizar por intermedio de ese capital» (K 3 vol. 7 cap.29, p. 601). Sin embargo estos títulos tienen su propio precio en el mercado y su «valor de capitalización» en relación con la tasa de interés y él mismo es también variable y está sujeto a especulación. No hay más que un solo capital que produce beneficio, pero dos suertes de capitalistas que se complementan y se enfrentan eventualmente por el reparto de la plusvalía creada por el trabajo asalariado.

Pero no hay entre ellos regla alguna de reparto de esta plusvalía.

Habría que examinar también, a partir de las notas de Marx, la relación establecida entre crisis de crédito y ciclos del capital, pero eso no se aborda aquí.

II. Análisis contemporáneos de las finanzas 

1) Un punto a desarrollar en la versión final: la noción de capital nacida de la escuela clásica y de Marx no existe en las teorías económicas dominantes, sean las de J.M. Keynes o las neoclásicas, aunque éstas difieren mucho unas de otras. Desapareció junto con la noción de valor‐trabajo. En cuanto a la noción de moneda, tan importante para comprender el papel económico de los «money men», terminó siendo un subproducto de la economía «real», con los índices de estadísticas de los precios que indican estabilidad o inflación. La teoría cuantitativa de la moneda vino a ser dominante, así como el examen de la política de tasas de interés de los bancos centrales. La significación del papel internacional del patrón oro está poco analizada. Keynes, en su «Treatise on Money» de 1930, fue uno de los últimos en ocuparse de ello en el plano teórico con la preocupación política de preservar un rol internacional para las monedas europeas.

El pensamiento dominante hoy es ecléctico: moneda como medio de reglamento, activos de inversión individual de las familias, cantidad en circulación dependiente en última instancia del Banco central. Toda esta mezcolanza se encuentra en M. Friedman, uno de los inspiradores del fin del régimen de Bretton Woods, del cambio flotante de las monedas y de la liberalización de los mercados financieros.

Habría que analizar el aumento de las técnicas de gestión de cartera, en relación con los instrumentos matemáticos sofisticados para evaluar el rendimiento en relación con el riesgo de las inversiones. Al igual que el de las consultorías en gestión de activos, compatibilidad, derecho de los negocios; es un aspecto de la «externalización» del coste de los servicios financieros por las grandes empresas y bancos. Habría que ver también la función de las instituciones privadas de calificación crediticia de las grandes empresas americanas así como el papel de las instituciones públicas que se supone que velan por la veracidad de las cuentas de las empresas cotizadas en Bolsa.

El análisis heterodoxo de las finanzas se ha desplazado hacia dos temas principales. El primero es el de el «exceso del desarrollo del sector financiero» en los países capitalistas ricos desde los años 80 y la liberalización de los movimientos de capitales de los países occidentales. Los críticos de las políticas de las instituciones financieras internacionales, sobre todo las del FMI, y del papel depredador del enorme endeudamiento de los países del «Tercer Mundo». A finales del siglo XX hubo muchos proyectos de reformas, como el de la Tasa Tobin, sobre las transacciones bancarias.

Un segundo tema es el de la inestabilidad propia de las finanzas liberalizadas: sucesión de burbujas y de crisis. La idea es susceptible de varias interpretaciones. La teoría ortodoxa de la racionalidad de los mercados evoca pulsiones irracionales pero no puede explicarlas según su propia lógica. Las ideas heterodoxas relacionan el crecimiento excesivo de las finanzas con la economía real de producción: economías ricas convertidas en «rentistas» que explotan los recursos de bienes y de fuerza de trabajo de los países en vías de desarrollo.

Se trata, en estas críticas, de las finanzas privadas internacionales liberalizadas. Las finanzas del Estado son apenas discutidas. La crítica heterodoxa de los reglamentos europeos de estabilidad promovidas por el Tratado de Mastrique apuntaba sobre todo un sesgo a favor de las finanzas privadas. Pero no ha habido después en Europa mucha discusión sobre este punto, siendo así que las deudas de todos los grandes Estados capitalistas, entre ellos el Reino Unido, han aumentado. Otro punto poco tratado, en Francia por ejemplo, es la evolución de las instituciones financieras públicas, Caja de Depósitos, Cajas de Ahorro, y el proyecto de banca de Correos: evolución del sector financiero público hacia una privatización en concordia con las empresas públicas, pero que suscita menos análisis y contestación. Sin embargo, si se propone una alternativa política a la desregulación financiera, debería ocuparse también de esta forma de privatización.

2) Un intento de análisis marxista del desarrollo de las finanzas en relación con la economía real 

El desarrollo considerable de las finanzas desde principio de los 80 ha estado relacionado con la baja de la tasa de ganancia durante los años 70 (P.M. Sweezy (1994)). El proceso de acumulación ya no está centrado en el capital productivo. Y «la relación inversa entre capital real y capital financiero es la clave de la comprensión de las nuevas tendencias mundiales».

P.M. Sweezy está cerca de las teorías del estancamiento de M. Kalecki y J. Steindl. Piensa que el crecimiento americano de 1946 a 1960 no fue más que un episodio de la reconstrucción posterior a la segunda guerra mundial. Los años 70, de estancamiento y de inflación, o estanflación, dieron paso al «triunfo del capital financiero», que no ha sido desmentido posteriormente.

A pesar de mi desacuerdo con Sweezy, evoco aquí esta tesis por dos razones. La primera es la inquietud que se manifiesta en diferentes números de The Economist desde 2003 sobre la recuperación de las inversiones de las grandes empresas americanas. Por ejemplo, los beneficios fueron considerables en 2004 y primera mitad de 2005, pero fueron escasas las inversiones en innovaciones reales. Otro temor, el de una nueva «estanflación» a causa de los precios del petróleo y de las materias primas. Según esta revista, las empresas han logrado la compresión de sus costos, sobre todo el del trabajo, pero sus inversiones se aplazan demasiado.

La segunda inquietud, la emergencia de China, cuya tasa de acumulación real y de crecimiento sobrepasa de lejos a la de Occidente.

A mí me parece que no podemos descuidar la discusión sobre estas ideas. Principalmente la de la nueva situación de la clase asalariada en los países capitalistas desarrollados. Hubo muchas ilusiones a propósito del accionariado asalariado, el «capitalismo patrimonial» de mañana, de las cuales algunas se van disipando (la del «ownership society» preconizada por Bush para privatizar las pensiones de los asalariados es impopular en EEUU). Una puesta al día de las ideas de Marx sobre el capital financiero en relación con el capital real y el trabajo asalariado nos ayudaría.

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* En la ed. castellana de El Capital, libro 1º, cap. 4.3, p.203: ‘nuestro hombre poseedor de dinero’. [N. del T.]

Bibliografía breve: 

‐ K.J. Arrow (1982) Real and nominal magnitudes in economics, en D. Bell and I. Kristol (eds), «The crisis in economic theory », Basic Books, New York

‐ R. Hilferding (1910) Das Finanzcapital, traducción francesa, 1970, Éditions de Minuit

‐ Karl Marx (1894) Capital, libre 3, eds de Engels, traduction française, 1970, Éditions Sociales

‐ P.M. Sweezy (1994) The Triumph of Financial Capital, Monthly Review, junio

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