Paradojas del presente y lecciones de Marx

Estimados lectores, queridos amigos

no hace mucho tiempo ya nos hicimos eco de cierta moda que consistía en sortear un puesto de trabajo; cierto es que con anterioridad la moda era sortear viviendas a un precio aceptable (aún no había estallado la burbuja y la vivienda tenía precios desorbitados). Nos preguntábamos si lo siguiente sería sortear, por ejemplo, el derecho al voto.

TESTIGOS (Fauves)Pues bien, en esa línea, hoy leemos que la solución que se ofrece a la comunidad universitaria para afrontar este nuevo curso es ‘Apadrina a un estudiante’, total si se puede apadrinar a un niño, a un animal, ¿por qué no se va a poder apadrinar a un estudiante?. Tiene bemoles la cosa. ¿Qué será lo siguiente? ¿Esponsorizar a las personas y que se tatúen marcas comerciales en el cuerpo? ¿vender el tiempo que pasamos durmiendo?

Todo eso y más es responsabilidad de un sistema injusto, ineficaz que padecemos gustosamente, el CAPITALISMO. Ese es el presente, repleto de contradicciones y paradojas. Y de eso mismo va la entrada de hoy, de las paradojas del presente y de las lecciones de Marx. Además estrenamos autor, Luciano Vasapollo, docente en la Universidad “La Sapienza” de Roma. Director científico del CESTES (Centro de Estudios para las Transformaciones Económico-Sociales) y de la revista Proteo. También es miembro del consejo de redacción de Laberinto y de la coordinación nacional de la Rete dei Comunisti. El artículo apareció originalmente en el nº 11 de Laberinto.

¿Te apuntas a lo de las paradojas?…

Salud y república

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PARADOJAS DEL PRESENTE Y LECCIONES DE MARX

En la relación de clase para construir la superación del capitalismo

Luciano Vasapollo

 

MARX Y LA ACTUALIDAD DE LA EXPLOTACIÓN CAPITALISTA

Expongamos de entrada algunos conceptos claves del análisis de Marx [1].

La “economía política” clásica, que comienza con Smith y Ricardo, si de un lado situaba de modo revolucionario el trabajo en la base del progreso humano, por el otro identificaba el sistema capitalista, fundado sobre la propiedad privada de los medios de producción y el trabajo asalariado, como el único sistema económico racional y por consiguiente natural.

Sobre tales presupuestos teóricos e ideológicos se inserta el estudio y el desarrollo del pensamiento de Marx.

La primera y fundamental mistificación de la “economía política” es, según Marx, hacer pasar un cierto tipo de economía, una particular forma social de la reproducción humana, por “la economía” y “la sociedad”. La economía política no miraba el capitalismo como una realización histórica, que en cuanto tal ha tenido un inicio y tendrá seguramente un fin.

Para desvelar esta contradicción Marx, en sus “Manuscritos económico-filosóficos” usa los resultados de los despiadados análisis que la misma “economía política” aplica a la sociedad industrial moderna. Los teóricos de la “economía política” afirman que el valor de una mercancía viene dado por el trabajo socialmente necesario para producirla, pero del mismo modo demuestran que el salario percibido por el trabajador es solo una pequeñísima parte del producto del trabajo. Siendo el salario al mismo tiempo el precio de la venta de sí mismo que el trabajador está obligado a hacer, aceptando así, bajo la máscara de un libre contrato, una esclavitud similar, si no en la forma, a aquella antigua de la sociedad esclavista.

Marx demuestra su base rigurosamente científica partiendo de la consecuencia de su análisis de la teoría del valor que, a diferencia del de todas las otras mercancías, el valor de la fuerza-trabajo está compuesto de dos elementos incorporando en sí la plusvalía. Después de haber desarrollado la teoría de la plusvalía, Marx revela, por primera vez en la historia de la ciencia económica, el mecanismo de la explotación capitalista de manera rigurosamente científica, partiendo del análisis del capital como trabajo expropiado, no pagado, a la clase trabajadora.

Pero Marx fue un poco más allá, mostrando que la apropiación por los capitalistas del trabajo no pagado de los obreros era conforme a las leyes internas del capitalismo.

Esto es aún más verdadero hoy, cuando el llamado modelo postfordista, propio del área central de los países de capitalismo avanzado, convive con un típico modelo todavía fordista en la periferia y desde luego con modelos esclavistas en los países de la extrema periferia (donde por extrema periferia se entienden también algunas áreas marginales del centro). Ello es así porque hoy conviven las diversas caras de un mismo modo de producción capitalista basado siempre en la extorsión de la plusvalía y el plustrabajo, y una clase trabajadora sometida a la explotación capitalista, subordinada al poder capitalista. En este sentido se debe hablar todavía hoy de proletariado, de clase, de movimiento obrero.

El concepto clásico de trabajo ha sido puesto en crisis por la economía del capital información que representa la base del capitalismo postfordista. En efecto, la creación de valor no se basa ya exclusivamente en la explotación del obrero de la fábrica fordista, sino de cada actividad en la fábrica social generalizada, siempre a través de algún modo de apropiación de plusvalía, de plustrabajo. La economía de la información controla y desarrolla el poder de la acumulación flexible sometiendo la subjetividad social al poder de la tecnología de la información y la comunicación que ahora dominan, además del tiempo de trabajo directo, también el tiempo del vivir social en su integridad. Con mayor razón, entonces, en la actual fase de la competencia global se refuerza con todo su potencial de transformación la contradicción capital-trabajo.

Si todo esto es verdadero, entonces la sociedad capitalista no es en absoluto un mundo de relaciones armónicas, sino en realidad el lugar de una guerra general, económica, social, comercial, financiera, lo que hoy es más evidente en el ámbito de la desenfrenada competición global entre polos imperialistas.

Si bien los teóricos de la economía política clásica reconocen algunas veces estos conflictos, todavía no comprenden, según Marx, que el elemento conflictivo es la sustancia misma del sistema capitalista; que todos los grandes contrastes que enfrentan a los grupos sociales que componen la sociedad civil encuentran su motivación central, real, en el conflicto fundamental entre capital y trabajo asalariado.

En efecto, también en la fase actual el modelo de acumulación flexible necesita de la reestructuración y del relanzamiento capitalista, centrado todavía en la explotación del trabajo asalariado, con formas diversificadas a nivel internacional que explican la competencia global como conflicto abierto entre polos geoeconómicos. De ahí que en la articulación de tales dinámicas económico-sociales, en la posibilidad de superar la sociedad de la explotación, se hacen dominantes las contradicciones de clases. Esto se expresa a través de algunas características que ha asumido la dinámica del desarrollo en el ámbito de una relación capital-trabajo siempre enfocada al control social interno en cada país capitalista y al enfrentamiento externo por la determinación del dominio a través de la ampliación de las áreas de influencia geoeconómica de los tres grandes bloques USA, UE y Japón-componente asiática.

Está en pie, por lo tanto, un intenso proceso de territorialización internacional de la economía, explicable no sólo por fenómenos de reestructuración y reconversión que afectan a la industria sino porque está cambiando el mismo modo de presentarse el modelo de desarrollo capitalista. Se afirma una diversa lógica económico-productiva, la de una nueva acumulación generalizada más diversificada en los modelos de producción y en la organización del trabajo respecto a los anteriores procesos productivos, aunque conviva con los modelos de tipo industrial y con el trabajo dependiente asalariado como eje fundamental, con lógicas siempre más desenfrenadas de explotación, con extracciones siempre más sólidas de plusvalía absoluta y relativa.

Es precisamente esta y sólo esta, según la dialéctica hegeliana, la “contradicción” que impulsa el proceso hacia su superación.

Puesto que el capital aumenta y se acumula sólo a condición de crear nuevo trabajo asalariado, es en la subjetividad político-social del movimiento de los trabajadores ocupados y desocupados donde emana y crece la conflictividad entre capital y trabajo, ámbito en el que se conquista el conocimiento para superar el capitalismo.

EL ANÁLISIS DE MARX SOBRE LA CENTRALIDAD DEL CONFLICTO CAPITAL TRABAJO

Llegado a este punto parecería que existe claridad y una amplia convergencia y homogeneidad de opiniones entre los marxistas, pues queda fuera de toda duda que se trata de elementos y conceptos asumidos por cualquiera que haya afrontado el estudio de estos. Pero ¡no es así! Reina la confusión bajo el universo del análisis del postfordismo…., y la situación no es ciertamente excelente si se piensa, por ejemplo, que precisamente entre los marxistas se desarrollan siempre más las dudas sobre la necesidad, y no sólo sobre la posibilidad, de leer como madura la condición en la cual el capital tiene fuerte dificultad de mediar el desarrollo y el de lograrlo, y por lo tanto, llegar a la conclusión de que es irrenunciable para el movimiento de los trabajadores moverse en la línea de la posibilidad de transformar las relaciones de propiedad, a partir de la transformación de las relaciones sociales, para construir otras relaciones que tengan como referencia la expulsión del capitalismo.

Desde que se publica el tomo III de El Capital se han evidenciado una serie de contradicciones y de críticas que han surgido directamente del problema de qué es el valor y cómo se mide, de la puesta en discusión de la validez científica del análisis de Marx de la explotación, llegando a la critica así llamada de la “circularidad”. En efecto, tales argumentaciones son también aquellas que he escuchado en la Jornada Internacional de Estudio del Laboratorio para la Critica Social, de 21 de mayo de 2002, en la Universidad de Roma “La Sapienza”, con ocasión de la presentación del libro “Un viejo falso problema. La transformación de los valores en precios en El Capital de Marx” (coordinado por quien escribe, y con ensayos de Carchedi, Freeman, Kliman, Giussani y Ramos, Ed. Mediaprint, 2002).

Es propio en la teoría del valor, sobre el supuesto problema de la transformación del valor en precios, llegar al actual análisis de la forma del trabajo asalariado y de su consistencia cuantitativa y cualitativa y después a la aproximación científica a la teoría de la explotación, planteándose el debate teórico en la posibilidad de la transformación político-económico-social y la superación del capitalismo.

POSTFORDISMO Y MODELOS DE FLEXIBILIZACIÓN DEL TRABAJO Y DEL VIVIR SOCIAL

Para comprender la actual fase de la competencia global es determinante, como siempre, conectarla con el análisis de la organización del ciclo productivo, con las características del tejido productivo y social, el papel del Estado, las relaciones entre las áreas internacionales y sus estructuras económicas, los intereses totales de dominio y expansión que determinan el conflicto interimperialista. Todas esas problemáticas están fuertemente relacionadas, con frecuencia más dependientes de la época pasada de la era fordista que de la así llamada postfordista.

La teoría económica de Marx, como la del resto de la doctrina marxista en su conjunto, está caracterizada por una clara naturaleza social, por una tendencia a la acción, a la práctica, por una estrecha relación entre teoría y práctica. Conocer el mundo ha significado siempre para los marxistas transformarlo. Las leyes económicas objetivas de la sociedad capitalista se manifiestan en el curso de la lucha de clases por la expulsión del capitalismo.

Correspondió a Engels y Marx encontrar una teoría económica y política que rompiera los viejos esquemas; una teoría capaz de adaptarse y de ser dialéctica en cada momento con la realidad de clase. Y esto nos traslada a la actualidad de Marx en el análisis del presente conflicto capital-trabajo, a partir de la composición de clases actual. Detengámonos sobre algunos pasajes de fuerte actualidad.

Recorriendo muy esquemáticamente las últimas fases político-económicas resulta que ya a partir del inicio de los años 70 comienza a venir a menos aquel matrimonio entre sistema productivo fordista y modelos keynesianos a través de los cuales el Estado realizaba un sistema total de mediación, regulación, cooptación y compresión del conflicto social. El intenso proceso de industrialización fordista se mueve así hacia nuevos mercados, especialmente del Sureste asiático y de la Europa Centro-Oriental, aumentando la competencia internacional y poniendo en cuestión la supremacía estadounidense.

En los últimos veinticinco años el modelo consolidado de democracia capitalista, creado en los USA con el fordismo, en todos sus diferentes modos de presentarse, se ha disuelto cancelando aquel concepto de sociedad civil y de civilización que había inaugurado el ingreso en la modernidad capitalista, causando el desmoronamiento de toda la estructura productiva preexistente y destruyendo las mismas formas de convivencia civil determinadas por el modelo de regulación y mediación social de tipo keynesiano. Formas de convivencia civil, social y sobre todo económicas que eran de alguna manera internas a la lógica constitutiva del modo de producción capitalista, con relaciones de clases en esencia igualmente condicionantes de la existencia de los trabajadores de la misma forma que en cualquier decenio anterior a la fase actual, que equivocadamente o con razón llaman era postfordista.

El derrumbe del modelo fordista ha llevado al nacimiento de los nuevos modelos de acumulación flexible. El principio que guía este modelo está basado en el hecho de que, dependiendo la demanda de la producción de modelos de conflictividad global y desenfrenada concurrencia aunque a menudo imperfecta, la competencia se basa cada vez más en la calidad del producto, la calidad del trabajo, y en un modelo siempre más caracterizado por recursos inmateriales del capital intangible. Una estructuración del capital que se acopla al trabajo manual subpagado, deslocalizado y frecuentemente no reglamentado, con servicios externos y escasas garantías que le permiten su uso, y no tanto en las relaciones entre cantidad producida y precio (elementos típicos del fordismo).

En la crisis del sistema, debida al proceso de transformación del trabajo en la sociedad postfordista, cada vez más el desarrollo del trabajo tiene un preponderante contenido inmaterial. En realidad este tipo de trabajo se caracteriza extensivamente mediante la forma de cooptación social que va fuera de la fábrica y de la esfera del trabajo productivo, e intensamente a través de la comunicación y la información, recursos del capital abstracto o intangible. El trabajo inmaterial es entendido como un trabajo que produce el “contenido informativo y cultural de la mercancía”, que modifica el trabajo del obrero en la industria y en el sector terciario, donde las tareas están subordinadas a la capacidad de tratamiento de la información, de la comunicación horizontal y vertical. Pero, ¡siempre se trata de trabajo asalariado!

Se está definiendo un nuevo ciclo productivo ligado a la producción inmaterial que muestra cómo la empresa y la economía post-industrial y postfordista se basan en el tratamiento del capital información. Lo cual provoca una profunda modificación de la empresa ahora ya estructurada en su estrategia de venta y en la relación con el consumidor, que lleva a considerar el producto primero bajo el aspecto de la venta, y después bajo el de la producción. Tal estrategia se basa en la producción y consumo de capital información, utilizando la comunicación dirigida y el marketing social para recoger y hacer circular información con el fin de generar un vasto condicionamiento social.

No se trata, entonces, de un simple proceso de desindustrialización, de una de las tantas crisis del capitalismo, sino de su radical transformación que afecta a toda la sociedad, que crea nuevas necesidades, con una concepción de la calidad del desarrollo, de la calidad de la vida que induce a diferentes comportamientos socioeconómicos de la colectividad impuestos por la flexibilidad de la empresa diseminada en el tejido social, frente a aquellos de la sociedad industrial basados sobre la centralidad de la fábrica y con una intervención del Estado en Economía que, lejos de determinar otras formas de relaciones respecto al capitalismo, ha defendido sustancialmente el capitalismo facilitándole la salida de la crisis.

En particular, de los resultados de diversos análisis que hemos realizado en PROTEO [2], junto a las Representaciones Sindicales de Base, surge un sector terciario que cada vez más se interrelaciona e integra con las otras actividades productivas, especialmente con las industriales. Se determina, por consiguiente, un nuevo modelo local de desarrollo que hemos definido en otros escritos como tejido a multinivel de irradiación terciaria, que se asocia al modelo de flexibilización del vivir social impuesto por un tipo de empresa difundida socialmente en el sistema territorial. Es decir, se trata de un terciario que se une a manifestaciones del ciclo productivo y a un modelo de flexibilidad general que ha venido asumiendo un rol cada vez más protagonista del modelo de desarrollo económico, no explicable solamente por simples procesos de desindustrialización o de reestructuración y reconversión industrial, sino por las exigencias de reestructuración y diversificación total del modelo de capitalismo.

De este análisis emerge que nos encontramos en una fase de transición aún en vías de definición, pero que de alguna manera presenta connotaciones bien claras. Se da un aumento de la producción de servicios frente a la de los bienes materiales, pero esto sucede sobre todo con procesos de externalización de los servicios y de fases del proceso productivo de bajo valor agregado basadas en la sobreexplotación del trabajo. Un trabajo intenso extraído mediante procesos de localización internacionales que buscan formas de trabajo con poco contenido de derechos y con bajísimos salarios; a esto se une una consistente presencia de trabajos intelectuales y técnico-profesionales fuertemente precarizados, tanto como los manuales y repetitivos.

Pero todo aún más referido a los procesos de valorización del capital en su relación de clase, por consiguiente contrapuesta al trabajo vivo, que reproduce trabajo asalariado a fin de multiplicarse.

No se trata, por tanto, de ignorar los cambios que se han producido en los procesos productivos y en la configuración de la subjetividad del trabajo, del no trabajo, del trabajo negado, sino de explicitar que la crisis del capitalismo de sobreproducción, de acumulación, de expansividad, tiene como última posibilidad de salida la potencialidad crítica del trabajo asalariado, de un fuerte movimiento sindical que se mueva en y por los procesos de recomposición de clase, esto es, de todo el segmento social que de diversas maneras está sometido a la explotación capitalista, en el puesto de trabajo y en toda la vida social. En este sentido un papel de punta de lanza y de ruptura se está desarrollando actualmente y desde hace años en el sindicalismo de base, en particular en la representación sindical de base, que hace de la independencia, de la autonomía y de la solidaridad de clase el punto de apoyo de la iniciativa político–sindical.

DEL ESTADO SOCIAL DE MEDIACIÓN Y COOPTACIÓN DEL CONFLICTO AL PROFIT STATE DE LA CULTURA DE EMPRESA

Se está produciendo actualmente un intenso proceso de territorialización de la economía explicable no solamente por los fenómenos de reestructuración y reconversión que afectan a la industria, sino que está cambiando el mismo modelo de desarrollo capitalista. Se consolida una lógica económico-productiva distinta, siempre más diversificada respecto a los procesos productivos precedentes, en particular aquellos de tipo industrial. Una transformación de la sociedad que crea nuevas necesidades, nuevas actividades, la mayor parte de las cuales son de carácter terciario y precario, que generan y fuerzan al mismo tiempo nuevos mecanismos de crecimiento, de organización de la sociedad y de acumulación del capital. Esto sucede también a través de la asunción específicamente productiva de los recursos del capital intangible invertidos en la información y comunicación, con la desregularización para un ataque frontal a los derechos y al derecho del trabajo, con la ruptura en el territorio y precarización de todo el ciclo de la vida social de la clase trabajadora, de toda la fuerza trabajo. Y esto también a partir de la puesta en discusión del rol del Estado intervencionista, controlador y regulador del conflicto social a través de las políticas keynesianas.

Un papel del Estado en lo económico y social que en la era fordista ha tenido la tarea de redistribuir las rentas, gracias a la fuerza expresada por el movimiento obrero que impuso una mayor cuota de reparto al factor trabajo, esto es, una más alta cantidad de salario social total (por consiguiente más salario directo, indirecto, y diferido). Todo siempre en el marco del capitalismo y de las mismas relaciones de producción capitalistas, configurando así el desarrollo de relaciones sociales, intermediadas por el Estado pero centradas en el uso del compromiso fordista-keynesiano, respetando la determinante del Estado social, y ejerciendo a través de los elementos de ese compromiso un control de cada forma de antagonismo, de compresión y de cooptación del conflicto social, justo para evitar la consolidación de relaciones que pudieran prefigurar nuevas formaciones sociales [3].

Aún más, la intervención del Estado en economía no ha podido jamás prefigurar otras relaciones que no se ampararan en el capitalismo, ni mucho menos unas formas de relaciones que se situaran fuera y más allá de él, ya que el Estado social no es otra cosa que una forma, un modo de presentar las relaciones y las formas del ser del capitalismo en un momento en el que las relaciones de fuerza entre capital y trabajo eran con respecto a hoy mayoritariamente favorables al movimiento obrero.

Esto es todavía más cierto hoy, en una fase en la que la intervención del Estado en la economía, el mismo Estado social, no son compatibles con los paradigmas del desarrollo neoliberal.

El empresario tiene como objetivo principal maximizar el beneficio, y en la producción fordista esto se producía sobre todo a través de un crecimiento del Estado social que permitiera también a la población con menos recursos consumir y comprar (el salario representaba por consiguiente un costo pero también una renta). Por lo tanto, siempre en el ámbito de sostenimiento de la demanda y del consumo centrado en la venta de los productos del trabajo como mercancía, y en el momento en el que esto ha significado gozar de servicios sociales aparentemente gratuitos (escuela, salud, etc.), se ha podido disponer de ellos como derechos sólo en la medida de reapropiación de salario indirecto, por consiguiente como parte de la plusvalía usurpada en una fase en la cual las relaciones de fuerza han permitido una redistribución más favorable al factor trabajo. En la nueva situación, en una fase más favorable al capital disminuye el margen de negociación y de presión del movimiento obrero y entonces el salario resulta sólo un costo a reducir lo más posible.

“Por esta razón el Estado social, sea como redistribuidor de rentas a modo de fiscalidad, sea como creador de rentas, representa para el capitalista postfordista un factor de distorsión a eliminar. Por una parte es visto como la causa del costo excesivo del trabajo (carga social y cobro fiscal) y por otra como causa del costo excesivo del dinero (aumento de las tasas de interés para atraer ahorro hacia la deuda pública)……El sistema de producción Just in time necesita la atomización del mercado, los gustos y la disposición a la compra por parte de cada consumidor son decisivos, se exploran, se conocen y, apenas se manifiestan, se satisfacen rápidamente”.

Se provocan así incrementos notables de desocupación evidentes e invisibles, precarización del trabajo, negación de las garantías sociales y de las reglas elementales del derecho del trabajo, en un territorio que se convierte en fábrica social, en cuanto lugar de experimentación y afirmación de la compatibilidad de empresa.

Es en tal contexto de transformación global y de reestructuración total capitalista en el que también el Estado social se transforma en Estado-Empresa, en Profit State, que asume como eje central la lógica de mercado, la salvaguardia y el incremento de la ganancia, transforma los derechos sociales en dádivas de beneficencia, efectúa la comunicación social que hace asumir la ganancia, la flexibilidad, la productividad como nuevas formas de “divinidad social”, como filosofía inspiradora del único modelo de desarrollo posible. Todo esto está centrado en la precarización de las relaciones de trabajo, la negación de las garantías, la gran movilidad y flexibilidad del trabajo, la imposiciòn, a través de la política económica y cultural del Profit State, y por la adaptación activa de los nuevos sujetos del trabajo y del no trabajo, del trabajo negado, a los horizontes organizativos y económico-culturales impuestos por la actual fase del desarrollo capitalista.

POSTFORDISMO, CENTRALIDAD DEL TRABAJO ASALARIADO, RECOMPOSICIÓN DE LA CLASE Y NUEVO MOVIMIENTO OBRERO

A través de un procedimiento objetivo y científico, se puede analizar en el mismo ámbito de estudio el análisis económico internacional y nacional para verificar la modalidad de asentamiento del sistema económico espacialmente concentrado, especializado en un cierto sector o en cierta modalidad productiva, relacionándola con una población caracterizada social y territorialmente de modo coherente.

La amenaza siempre presente y en aumento del desempleo, en concreto la actual convivencia del desempleo coyuntural con el estructural, la financiarización de la economía, el paradigma de la acumulación flexible de la así llamada era postfordista esto ejerce una influencia sustancial en el empeoramiento general de la situación mundial de la clase trabajadora. La “incertidumbre de la existencia”, de la que habló Engels, continúa acentuándose. Estos hechos objetivos son una confirmación de la validez de la teoría marxista del empobrecimiento absoluto y relativo. Así mismo el desarrollo del capitalismo contemporáneo ratifica plenamente otra tesis fundamental de Marx: la intensificación del proceso de proletarización en el seno de la sociedad capitalista; el incremento en formas diversas y articuladas del trabajo subordinado, del trabajo asalariado en cualquiera de sus modalidades que afecta a todo el segmento social sujeto a la explotación capitalista; y en este sentido proletariado y movimiento obrero que se hace clase, y por consiguiente subjetividad político-social, en el momento en que asume conciencia de su propio papel antagónico y de sujeto de la transformación.

La actual problemática económico-social del trabajo no está, pues, solamente relacionada con el desempleo, hoy más que nunca de carácter estructural, también es preciso considerar una serie de problemas de carácter cuantitativo y cualitativo de las nuevas formas del trabajo, del trabajo negado y del no trabajo, formas de cualquier manera siempre internas todas al mismo modo de producción capitalista. El problema del trabajo existe ahora también para aquellos que poseen uno, dado que se trabaja siempre más y en condiciones siempre más precarias, no tuteladas, con salario social absoluto, y también relativo al particular trabajador siempre menor, y con más altos niveles de movilidad y temporalidad.

Hoy, la mayoría aplastante de la población de los países capitalistas está compuesta de trabajadores asalariados; el trabajo asalariado constituye la base del capitalismo en una escala mucho más grande que en los tiempos de Marx.

Los cambios más recientes en la estructura misma de la clase obrera indican la extrema importancia de la categoría “trabajador colectivo” introducida y analizada en El Capital. Tal categoría comprende los trabajadores físicos e intelectuales que participan directamente en la fabricación de un producto y son en cualquier caso, respecto al capital, trabajadores asalariados, trabajadores subordinados, el segmento social subordinado a los dictámenes de los dirigentes del modo de producción capitalista centrados en la explotación y, por consiguiente, en la valorización del capital desde el comienzo de su relación antagónica con el trabajo vivo.

Las tendencias actuales, con el aumento del número de trabajadores asalariados comprometidos al margen de la producción material propiamente dicha, el aumento del número de empleados flexibles, precarios, temporales, y atípicos en general; el incremento de la tasa del trabajo intelectual, o del falso trabajador autónomo, en la composición del “obrero colectivo”, están bien lejos de certificar la “desproletarización” de la clase obrera, o de la clase trabajadora en general.

Así pues, a pesar del cambio de la era fordista a la llamada postfordista, del “obrero masa” al “obrero social”, de la centralidad de fábrica a la fábrica social generalizada, de los “monos azules” (Marazzi C. “El lugar de los calcetines”, pág. 106-107) a los cuellos blancos, del trabajo manual a los trabajadores del conocimiento y de la inteligencia, también en los países de capitalismo avanzado perdura y aumenta el trabajo asalariado con formas siempre más sofisticadas y más incisivas de explotación.

Se llega a una fase en la que velozmente están apareciendo en la escena económico-social nuevas subjetividades, nueva pobreza y, por consiguiente, nuevas figuras a añadir en un proyecto de recomposición y organización del conflicto capital-trabajo, comenzando con una ofensiva de parte de todos los trabajadores en una nueva fase de lucha de masas, de un nuevo sujeto que no es otro que el actual modo de ser y de presentarse del movimiento obrero.

Se trata de forzar el horizonte a partir de la superación de los límites sociales entre clase obrera propiamente dicha, los intelectuales, las nuevas formas de trabajo, del trabajo negado, del no trabajo, y unir estos grupos sociales en su lucha por la emancipación social; reencontrándose en los hechos, en el conflicto capital-trabajo, superando en la lucha los esquemas del “fin del trabajo” decretados por algunos estudiosos también de origen marxista.

Pero, ¡qué fin del trabajo! Hoy más que nunca tiene significación el análisis científico de Marx sobre el trabajo asalariado, sobre la “proletarización” y empobrecimiento absoluto y relativo de estratos cada vez mayores de la sociedad de capitalismo avanzado, por no hablar de los niveles de esclavitud, de feudalismo y de miseria absoluta en el tercer y cuarto mundo.

Nuevos sujetos de clase, por consiguiente, capaces de desarrollar contradicciones económico-sociales y procesos de socialización como sujeto unitario en un nuevo movimiento obrero. Valores y comportamientos orientados y derivados de la presencia de un modelo de desarrollo que, a causa de la reestructuración de la empresa y del capital, incide profundamente en el territorio y crea su contradicción en la nueva fase del enfrentamiento capital-trabajo que, lejos de estar disminuyendo, se presenta con toda su carga explosiva poniendo en funcionamiento dinámicas de recomposición de clase.

Tales procesos necesitan de una diferente y más articulada lectura socio-política; tienen necesidad de nuevas lógicas interpretativas, de nuevos instrumentos ignorados en el análisis de la era fordista, para relanzar una nueva fase del conflicto de clases con el conocimiento correcto que nos aporta, también en esta fase del desarrollo capitalista, el análisis de Marx. Y manteniendo en este sentido válidas las categorías marxistas, a partir de la centralidad de un nuevo movimiento obrero, es decir, de la subjetividad político-social de todo el segmento social sometido a la explotación capitalista y, por tanto, como sujeto unitario interno en la relación de clases; estando, así, fuera de las divagaciones de quien habla del fin del trabajo asalariado o de la superación de la centralidad del movimiento obrero y de la ruptura de la relación de clase.

VIEJOS FALSOS PROBLEMAS NO OSCURECEN LA CLARIDAD Y ACTUALIDAD DE MARX

Fue el propio Marx quien reveló la tendencia objetiva de la producción capitalista hacia una explotación máxima de la clase trabajadora, y la centralidad del conflicto de clase. Todo esto se ha verificado y se verifica en el curso de toda la historia del capitalismo y todavía más en la actual fase en la que conviven formas de producción fordistas con aquellas llamadas postfordistas, y con verdaderas y propias modalidades esclavistas, no sólo en la periferia, sino también en los países centrales y líderes del capitalismo.

Si bien lo que caracteriza al modo capitalista de producción es la explotación de una parte de la población por la otra, lo esencial es la forma que tal explotación adquiere, esto es, la producción de… “plusvalía, por la cual el capitalista no paga ningún equivalente. Es sobre esta forma de intercambio entre capital y trabajo sobre la que la producción capitalista o el sistema del trabajo asalariado está fundado, y que debe conducir a reproducir continuamente al obrero como obrero y al capitalista como capitalista.”

Y he aquí uno de los más grandes resultados de los análisis económicos de Marx, llamado “paradoja de la ganancia”: la ganancia no se origina en el cambio, ella proviene del hecho que las mercancías se venden justo por su valor. (Sobre esto y muchas otras consideraciones presentes en particular en este párrafo véase el prefacio de “Un viejo falso problema”, op.cit.). Por otra parte, en el Libro III de El Capital Marx evidencia de manera explícita que en el costo del producto están todos los elementos constitutivos de su valor, pagados por el capitalista o por los cuales ha puesto en la producción un equivalente; y por consiguiente, estos costos del producto deben ser reintegrados para permitir al capital conservarse, recuperar su entidad original.

De todo lo arriba escrito se habrá intuido seguramente que la ganancia no es otra cosa que la misma plusvalía. Por el contrario, la ganancia es más propiamente la forma fenomenológica de la plusvalía, es decir el resultado del capital anticipado en su conjunto.

Pero es en el capitulo 9 del III Libro de El Capital en el que tradicionalmente se busca la explicación de Marx a la “Formación de una tasa general de ganancia (tasa de ganancia media) y transformación de los valores de las mercancías en precios de producción” partiendo del hecho de que los precios de producción no son otros que los precios realizados haciendo la media de las distintas tasas de ganancia de los diversos ámbitos productivos, y agregando tal media a los precios de costo sostenidos por los mismos ámbitos productivos se tiene la definición “clásica” de precio de producción.

Y es justamente este el nudo fundamental, y si queremos también el desafío y enfrentamiento teórico que ha estado presente durante decenios, y que se ha repropuesto por el Laboratorio para la Critica Social en la presentación de la Jornada del 21 de mayo pasado a la que se ha hecho referencia anteriormente; un nudo que es fundamental en el análisis actual del modo de producción capitalista, la centralidad de la categoría de la explotación y en la relación capital-trabajo.

A la impostación fundamental del análisis de Marx de la transformación del valor en precios han respondido en el libro “Un viejo falso problema” y en la Jornada arriba citada algunos estudiosos que desde hace años se ocupan de este problema (como G. Carchedi, A. Freeman, A. Ramos y A. Kliman), desmontando completamente las críticas y respondiendo simplemente que se trata de un problema inexistente, en cuanto que la transformación de los valores en precios ha sido resuelta ya por Marx en el III Libro de El Capital. Desde esta perspectiva es de gran ayuda la comparación con el manuscrito original de Marx, publicado por primera vez en el año 1992, en la MEGA 2.

Los autores de “Un viejo falso problema han respondido una vez más a los llamados “críticos” con paciencia, seriedad, y rigor científico, escogiendo también un lenguaje de mayor acercamiento divulgativo para reafirmar desde su punto de vista la corrección formal y sustancial de toda la estructura del análisis de Marx. Los precios de producción, por consiguiente, se basan en el hecho de que existe una tasa tendencial general de ganancia, que a su vez se basa sobre el hecho que las tasas de ganancia de cada singular ámbito productivo han sido ya transformadas en otras tantas tasas medias de ganancia.

Se puede así reconstruir una formulación coherente de la teoría marxista del valor que no venga afectada por el supuesto “traumático pasaje” (como lo ven los críticos de Marx) del “capital en general” a los capitales “particulares”. La plusvalía puede también asumir la forma modificada de ganancia, o la tasa de ganancia tomar la forma modificada de la tasa de plusvalía, pero esta evolución, explica Marx en los Grundrisse, se realiza “sólo en el análisis de numerosos capitales (reales) y no tiene todavía su puesto aquí”, esto es, en el momento en el cual se pone en existencia una tasa media de ganancia y la transformación del valor en precios determinada por el régimen de concurrencia, que no es tomada en consideración en el análisis del “capital general “. Por otra parte, nos explica Marx, que para hacer un análisis científico del desarrollo real del capital, para analizar las relaciones capital-trabajo y el papel de la plusvalía como eje real del modo de producción capitalista, no se puede y no se debe partir de los “numerosos capitales reales”, sino del “capital”, esto es, aquel de toda la sociedad, como bien explican los Grundrisse:

“contrario, las relaciones entre numerosos capitales quedará clara sólo cuando hayamos puesto en evidencia aquello que tienen todos en común, o sea, que son capital”.

En este desarrollo de momentos sucesivos, pero estructurados, parece que se pueda encontrar una explicación adecuada de la “presunta” contradicción entre el volumen I y el III de El Capital.

Marx ha demostrado claramente que la ganancia tiene origen en la plusvalía y que el sistema de los precios está explicado como expresión fenomenológica de la ley del valor. Y entonces si las mercancías no son cambiadas por su valor es porque se opera un cambio de productos de capitales que son títulos para distribuir entre los capitalistas el acopio de plusvalía.

Si se procede a una coherente reconstrucción filológica de los textos marxistas, cosa ahora posible gracias a los textos de MEGA 2, se puede sostener que muchas de las interpretaciones tradicionales de la “transformación” de los valores en precios están ligadas a una incomprensión de algunos puntos teóricos fundamentales (cuando no, en ciertos casos, a lecturas tendentes a poner en cuestión la validez de la teoría marxista para construir una alternativa posible de superación del capitalismo).

En conclusión, si los distintos críticos, incluso aquellos presentes en la Jornada de Estudio del Laboratorio para la Crítica Social, hubieran “desinflado” su demostración y empleado un formalismo diferente en el que los precios de los input y los output no sean determinados simultáneamente, es decir, si hubieran tenido en cuenta la variable tiempo, entonces no sólo los resultados de la transformación de los valores en precios serían demostrados de modo formalmente riguroso y científico sino que habrían entendido bien que el problema de la transformación es un “problema inexistente”; y de esto deriva la coherencia lógica, la cientificidad, la ausencia de límites y contradicciones y la gran actualidad del análisis de Marx.

Los trabajos de la “aproximación temporal” han sido por primera vez introducidos sistemáticamente en el debate italiano y se llena así una laguna que ayuda a los marxistas. No hay más “excusas” para continuar ignorando las contribuciones de la “aproximación temporal” y quien lo haga no podrá sino apelar a la propia ignorancia pero debiendo, en muchos casos, admitir su propia interpretación interesada con el fin de demoler las razones de los marxistas.

Y partiendo de esta aproximación, de la coherencia lógica, completa y científica de Marx es posible sostener cuanto se ha escrito en los párrafos precedentes.

El análisis que efectuamos como CESTES sobre la actual crisis del capitalismo, crisis también de sobreproducción, de acumulación, de expansión y de demanda, y a causa también de la tendencia a la contracción total del salario social de la clase trabajadora, sirve también para evidenciar, como se ha escrito con anterioridad, que el referido ciclo postfordista de la fábrica social generalizada desarrolla además de desempleo estructural, también las mil formas de trabajo atípico y flexible, en cualquier caso catalogable entre el trabajo asalariado, dependiente, que pone en funcionamiento aquel segmento social sometido a las leyes de la autoridad capitalista, en cuanto sujeto que padece la explotación en el modo de producción capitalista. Pero todo esto sirve para concretar siempre en la relación de clase la sujetividad y la subjetividad antagónica capaz de construir en perspectiva la posibilidad de superación del capitalismo a partir del papel del nuevo sujeto proletario.

Y a este propósito no resisten, por lógica y en los hechos, las exposiciones académicas de quienes quieren sostener la negación del sujeto proletario en la era del postfordismo y del capitalismo maduro, porque esto sirve sólo para negar la centralidad del conflicto capital-trabajo y la centralidad del movimiento obrero, y esto para poner en cuestión toda la estructura teórica de Marx al describir el proceso de acumulación. Y si se mira bien, aquí no se trata de recalcar acríticamente los análisis y conjeturas del socialismo real del siglo XX. No, en juego hay bien otra cosa. Se trata de reafirmar como válido, todavía hoy, el movimiento obrero como clase de asalariados, de los sometidos al poder capitalista en las diversas formas que hoy el trabajo asalariado puede asumir, y consolidar el proceso de recomposición de clase a través del reconocimiento de la subjetividad proletaria, del proletariado como sujeto político revolucionario, como población sometida a la explotación capitalista.

EN EL MARCO DE LA RELACIÓN DE CLASE SE CONSTRUYE LA POSIBILIDAD DE SUPERACIÓN DEL CAPITALISMO 

Por todo lo sostenido hasta ahora es deber de los estudiosos escrupulosos, honestos y coherentes afirmar con fuerza la validez científica y la actualidad del pensamiento de Marx, y si son marxistas, también de su acción práctica concreta.

Las transformaciones estructurales que están caracterizando el sistema socioeconómico son, sobre todo, transformaciones que nacen de la continua interacción del nuevo sector terciario postfordista con el resto del sistema productivo, en todo el territorio, porque se trata de transformaciones originadas por la exigencia de redefinición productiva y social del capital. Para poder ser leídas son por lo tanto necesarios análisis fuertemente separados de la distribución localizada de la actividad, de confrontarlos con una lectura territorial, pero delicadamente social y políticoeconómica. Las nuevas figuras del mercado de trabajo que van a exprimir su subjetividad político–social en la relación de clase del nuevo movimiento obrero se conjugan con los nuevos fenómenos empresariales siempre con más frecuencia, y se configuran en formas ocultas, en cualquier caso, de trabajo asalariado, trabajo subordinado, precarizado, no garantizado, de trabajo autónomo de última generación que enmascara la cruda realidad de la expulsión del ciclo productivo.

Y entonces el territorio, el centro hacia el cual hacer converger una parte relevante de los intereses de la colectividad, de la clase, de la nueva sujetualidad que trabajan en una empresa propagada socialmente en el sistema territorial. Una modalidad del desarrollo capitalista en el cual se generan nuevos sujetos que se deben de recomponer de nuevo en unidad como cuerpo organizado, como una totalidad de partes interactuantes, como nuevos sujetos de clase que tienen una caracterización social porque provienen de una cierta caracterización productiva de la reconversión neoliberal, del modo de producir y de proponer socialmente la centralidad de la empresa, de la ganancia, del mercado; en un mundo caracterizado sólo por el valor universal del Mercado y la ganancia al que el individuo no sólo debe aspirar sino que debe hacerse objeto activo de tal construcción social.

Tal proyecto es posible derrotarlo sólo a partir de una nueva fase del conflicto capital-trabajo, construyendo la conciencia y el conocimiento de un proceso contrario para la transformación social; una nueva fase del conflicto en el cual la clase de los subordinados al poder capitalista como sujetos del trabajo y del trabajo negado, como sujetos explotados en cada fase del vivir social, asumen conciencia de su propio papel. Esto es, una subjetividad toda interna a la relación de clase que, funcionando de vehículo de comunicación social, debe hacer entender, hacer tomar conciencia a los diversos ámbitos sociales de participación de las fuerzas productivas, esto es, de su socialización con el fin de construir procesos de transformación reales que se muevan en el horizonte de la superación del capitalismo.

Se deduce que la liberación de todos los sujetos sometidos al poder y a la explotación capitalista, a través de la construcción de un fuerte y nuevo movimiento obrero en el marco de grandes movimientos sociales antagonistas de masas, es posible solamente mediante la superación del modo de producción capitalista. Esta deducción tenía y tiene aún hoy una importancia muy grande ya que pone decididamente en discusión cualquier ilusión acerca de la superación de la contradicción capital-trabajo en el interior o dentro del modo de producción capitalista.

Vale siempre recordar que el empresario, en cuanto institución económica capitalista, opera dentro de instituciones económico-sociales, desarrollando una actividad internacional dirigida a la puesta en práctica de procesos de decisión propios, con el fin de realizar determinados objetivos prefijados de eficiencia administrativa y adaptarlos al complejo de las condiciones sociales y ambientales, en cualquier caso dirigidos u orientados a la compatibilidad del mercado y la ganancia. En esta clave de lectura la función de clase de los empresarios puede subsistir más allá de la presencia o no de la estructura de empresa entendida en el sentido clásico.

La precarización del trabajo, la flexibilidad del salario, la ocupación interina, el teletrabajo, el trabajo intermitente, la multifuncionalidad del trabajo, la fábrica propagada e integrada…, representan la verdadera participación de los trabajadores en el incremento de la productividad. A través de una flexibilidad administrativa generalizada en lo social se alcanza la determinación de las nuevas modalidades de acumulación flexible del capital derivadas de mayores cantidades de trabajo social total erogado con modalidades tecnológicas y retributivas diferentes, a través también del papel decisivo asumido por el Profit State.

Las diferentes nuevas formas de colaboración con connotaciones cooperativas y de concertación solamente han conducido a la reducción de los derechos sindicales adquiridos con largos periodos de luchas de los trabajadores, agravando por otro lado las desventajas sociales del desarrollo, construyendo un bloque social con un verdadero y propio modelo asociativo centrado en relaciones industriales exclusivamente destinadas a la mejora de resultados de la empresa, y a la ruptura de la solidaridad y unidad de clase de los trabajadores.

Pero detrás de los incentivos, los extras, los premios de producción, la adquisición de acciones por los trabajadores, el trabajo autónomo de última generación, el tan elogiado desarrollo de la empresarialidad local, la explosión del “pueblo de los empresarios”, el no profit, la cooperación social, las llamadas al keynesianismo transformador capaz de relaciones que vayan más allá respecto al capitalismo…, no hay otro que el actual modo de ser de las relaciones del sistema productivo en el modo de producción capitalista, que crea falsos mitos a fin de esconder las propias contradicciones. El reconocimiento de los trabajadores de la posibilidad de participación en el “juego” de redefinición de los mecanismos de control, de gobierno de la economía (a este propósito piénsese en las grandes ventajas adquiridas del capitalismo por la existencia real del keynesianismo y al trabajo del Estado social ), viene también realizado a través de momentos de cooperación y coparticipación ficticia de la propiedad, implicando a los trabajadores en la elección de la administración económica, a través de falsos procesos de democratización del sistema de gestión y del sistema económico en su conjunto. Se ponen en práctica así interpretaciones de la democracia económica basada en modelos consociativos y coercitivos de las relaciones sociales y económicas centradas en la eficiencia de empresa; modelos y relaciones que no ponen jamás en discusión las problemáticas de redistribución de los poderes y de los procesos decisorios, y sin embargo refuerzan con la formación colectiva del capital los procesos de acumulación.

Esto no significa, más bien al contrario, no querer aceptar el plano reivindicativo y las conquistas graduales, sino practicar un fuerte reformismo estructural manteniendo siempre al mismo tiempo el fin estratégico de la transformación económico-social, siendo bien conscientes, por ejemplo, que los modelos de coparticipación propuestos en el marco del desarrollo capitalista sirven exclusivamente para sostener el capital y permitir su valorización y multiplicación. Fundamental es para esto la renovación de la iniciativa del nuevo movimiento obrero que debe comprender todas las luchas de masas de los sujetos antagonistas, del movimiento de los trabajadores, de los nuevos movimientos de los sujetos del trabajo negado, de los movimientos antiglobalización y contra el neoliberalismo, y de los otros movimientos sociales del antagonismo, comenzando con aquellos contra la guerra, con un fuerte y determinado movimiento sindical que a partir del empuje y del papel avanzado del sindicalismo de base sepa ampliar el área no concertativa para interconectar las necesidades viejas y nuevas y reivindicar espacios siempre más amplios de ciudadanía social. La iniciativa entonces, para una nueva fase del conflicto social, se renueva a partir de un relanzamiento de la lucha de masas en el terreno de la defensa de los derechos y del derecho al trabajo; de la lucha por los incrementos salariales, por una mejor calidad del trabajo y de la vida, por una reducción del horario de trabajo e igualdad de salario, contra la flexibilidad y la precarización del trabajo, del salario y del vivir social, por la Renta Social Mínima a todos los desocupados, a los precarios y a los jubilados con lo mínimo, sobre la defensa de los espacios de democracia, sobre el retorno a un papel del estado intervencionista en economía y ocupador, sobre la ampliación de los gastos sociales y por el reforzamiento, aún más que en los decenios pasados, de un Estado social con una mayor redistribución de la renta en favor de todos los trabajadores, ocupados y desocupados, por los derechos sociales y de una nueva ciudadanía. Pero necesita ser bien consciente que la renovación de tal iniciativa de luchas sociales y de trabajo debe mirar a un nuevo protagonismo político de masas que es linfa vital para reforzar todos los nuevos movimientos antagonistas, en una nueva etapa de luchas que debe situar como central el conjunto del nuevo movimiento obrero en el conflicto capital-trabajo, retornando a una relación de fuerza favorable a los sujetos del trabajo y del trabajo negado.

Es así como, mientras se reivindican mayores derechos, mayor salario directo, indirecto y diferido, mayor democracia, se construye al mismo tiempo aquella subjetividad político-social que es capaz de conquistar conocimiento en el terreno de la expulsión del capitalismo, y por la construcción, esta vez sí, de una nueva formación social que desarrolle formas de relación encaminadas al socialismo.

Para hacer todo esto es necesario desarrollar análisis que retomen completamente los tres puntos de apoyo base de la obra de Marx: el análisis de la economía en términos de valor como expresión socialmente determinado del trabajo humano; el análisis de la dinámica de la sociedad y de la posibilidad de la transformación en términos de clases sociales económicamente determinadas y, por consiguiente, de conflicto capital-trabajo; y la dialéctica como método de indagación del análisis.


NOTAS

[1] Me disculpo de inmediato con los “que conocen el tema” y con aquellos lectores que por profesión desean mostrarse “sofisticados”, puesto que necesariamente toda exposición se resiente de la síntesis y por consiguiente de cualquier modo de aproximación; lo importante de este artículo es hacer entender de manera simple la actualidad, la coherencia lógica del análisis de Marx y su fuerte capacidad de ser todavía hoy un pensamiento-guía para la superación del capitalismo.

[2] Revista editada por CESTES (Centro de Estudios para las Transformaciones Económico-Sociales).

[3] El capital, en realidad, en esto ha resultado verdaderamente vencedor.

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