La moneda en Marx

Amigas y amigos lo que está ocurriendo en Egipto es terrible y la actitud de la llamadacredit card (Rorschach) “Comunidad Internacional” como poco, vergonzosa. Mucho nos tememos que la situación derive, al igual que ocurrió en Argelia, en un conflicto civil. Lo que empezó como “la revuelta de la primavera árabe” no trascendió más allá de revuelta, no se convirtió en revolución y amenaza con finalizar con el ejército como actor principal, papel que no le corresponde.

Y no nos dejará de sorprender la puerilidad de “esa izquierda guapa”, acomodada en el sistema, equidistante de todo y de todos, acostumbrada a hacer política a golpe de twit. Esa izquierda que lejos de analizar los porqués, se asombra de lo que ocurre hoy en Egipto, de la estafa de las preferentes o de la desproporción que ha tomado la corrupción, olvidando que la economía capitalista como el Golem, tiene vida e intereses propios que no suelen coincidir con los de las personas, olvidando que cuando el capital viaja lo hacen también la guerra, la explotación y la miseria. Olvidando que antes ya existieron Enros, la crisis de las punto com, el “tequilazo”…¡Que sus trending topics y hashtags los perdonen!

Nosotros continuamos intentando explicarnos las cosas, estudiando para comprender y debatir. Hoy retomamos a nuestro barbas preferido, don Carlos Marx, con un tema que ya tratamos en su día –el dinero, la moneda-y que contrastaremos con un nuevo trabajo de la mano del profesor de economía en la UNAM, José de Jesús Rodríguez Vargas. Especialista en ciclos económicos, ondas largas, Teorías y Políticas Económicas, Economía Mundial y Marxismo, seguro que tendrá bastante que aportarnos. ¿Te apuntas?…

Salud y república.

A. Olivé
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LA MONEDA EN MARX

José de Jesús Rodríguez Vargas

“Seguramente es la primera vez que nadie escribe acerca del dinero con tanta falta
de él. La mayoría de los escritores que escribieron sobre este tema estaban en una
magnífica armonía con el objeto de sus investigaciones”
Marx a Engels [1]

INTRODUCCIÓN

La historia del dinero se ha dividido entre los que están de acuerdo con la Teoría Cuantitativa –la determinación de los precios de las mercancías por la cantidad de dinero- y los que no la comparten. El dinero históricamente está asociado a las mercancías, él es una mercancía, pero peculiar, es un equivalente general y una medida de los valores en el que las demás mercancías se relacionan, se comparan, y se realizan. Para Marx el dinero es como cualquier otra mercancía y lo analiza no como una cosa sino como una relación social entre productores, consumidores y poseedores. Desde el siglo XVII, se ha discutido la elevación de precios, se le asoció al ingreso masivo de oro y de plata provenientes de las minas de la América conquistada en el siglo XVI. Los llamados cuantitativistas relacionaban de manera directa la cantidad de oro con los precios de las mercancías.

Autores como Locke, Hume, Cantillon, Steuart, entre otros precursores de la economía política, manifestaron posiciones sobre el circulante y su efecto en los precios (Roll, 1994: 104-119).

Marx también analizó el dinero -como parte de las mercancías- e hizo una historia del “medio de circulación” y de sus teóricos principales; criticó la posición cuantitativista del dinero metálico con base a la teoría del valor trabajo, en donde la productividad, es decir el tiempo de trabajo, determina el valor de la mercancía-dinero. Y, a la vez, distinguió la circulación del papel moneda de manera distinta, con leyes diferentes, al dinero metálico; las posiciones diferentes de Marx, dependiendo del dinero metálico o papel moneda, han sido motivo de discusión sobre su verdadera y consecuente posición: ¿fue Marx un monetarista-cuantitativista?

Para contrastar, enseguida un pequeño comentario sobre teorías modernas sobre el dinero. Para algunos teóricos de la economía clásica y neoclásica, la cantidad de dinero determina el aumento de precios de las mercancías, el dinero es importante para la producción, el ingreso y los precios. Keynes, formuló nuevas medidas de política económica que ubicaron a la teoría monetaria y al dinero en un segundo plano; fue tan grande la influencia del keynesianismo que desplazó al monetarismo tradicional. El monetarismo con su énfasis en la cantidad de dinero y la inflación no tuvo cabida más que de manera subordinada en la política económica y en pequeños círculos académicos.

Fue en esas discusiones y trabajos académicos que la teoría monetarista se renovó y se fortaleció con los resultados empíricos de sus seguidores. Después de un periodo de desgracia de la teoría cuantitativa del dinero, la de David Hume y la de Irving Fisher, empezó de nuevo a acreditarse al explicar fenómenos reales, la inflación de la década de los setenta. Milton Friedman abanderó, con una nueva formulación de la teoría, el embate de los monetaristas contra la teoría dominante. Trabajos teóricos y empíricos dieron sustento al nuevo monetarismo de tipo friedmano.

MARX: ¿MONETARISTA?

La concepción marxiana del dinero, de manera sintetizada, se encuentra en la primera sección del primer tomo de El Capital –génesis y funciones del dinero- y de manera desarrollada en la Contribución a la Crítica de la Economía Política de 1859. En el capítulo II, de éste último, señala que “la dificultad principal en el análisis del dinero queda superada en cuanto se ha comprendido su origen a partir de la propia mercancía” (Marx, 1859: 49).

LA TEORÍA DEL VALOR TRABAJO

Antes de entrar en el análisis de Marx sobre el dinero un pequeño paréntesis.

En una síntesis del análisis de la mercancía y para que quede clara la base teórica de la que Marx parte para explicar “las formas del dinero”, apunto que la teoría marxiana del trabajo define el valor de las mercancías por el tiempo de trabajo socialmente necesario incorporado; el trabajo abstracto determina el valor de cambio y el trabajo concreto el valor de uso, ambos son factores o componentes de la mercancía. El primero es la relación cuantitativa, la proporción en que se intercambian valores de uso de una clase por valores de uso de otra clase; el segundo, el valor de uso, es el contenido de la riqueza y en el capitalismo es el portador material del valor de cambio.

El valor de cambio y el valor de uso de la mercancía dependen de la cantidad tiempo de trabajo “en términos generales: cuanto mayor sea la fuerza productiva del trabajo, tanto menor será el tiempo de trabajo requerido para la producción de un artículo, tanto menor la masa de trabajo cristalizada en él, menor su valor”, y a la inversa ”cuanto menor sea la fuerza productiva del trabajo, tanto mayor será el tiempo de trabajo necesario para la producción de un artículo tanto mayor su valor” (Marx, 1867: 50). En el mismo tiempo de trabajo se produce el mismo valor y la misma cantidad de mercancías o de valor de uso, pero al aumentar la capacidad productiva se incrementa el cúmulo de mercancías, de valores de uso, que individualmente tienen menos tiempo de trabajo y por tanto menos valor, se abaratan. El valor es el mismo porque no varió el tiempo de trabajo, pero ahora el valor total se distribuye en una mayor cantidad de mercancías y cada una tiene un menor valor.

El valor de cambio o, simplemente, valor no es lo mismo que el precio de la mercancía; Marx en el primer tomo de El Capital utiliza el supuesto de igualdad por cuestiones explicativas en un alto nivel de abstracción, y, porque, parte del supuesto que las mercancías se intercambian por su valor, pero posteriormente, en el tercer tomo, cuando analiza al capitalismo en la superficie, en la concurrencia y competencia de los diversos capitales, hace la diferenciación exacta. No sólo existe la categoría valor de una mercancía (c+v+pv), también, precio de costo (c+v), precio de producción (c+v+g´), precio de venta (c+v+g´), precio de mercado (c+v+g´), valor de mercado (c+v+pv) de mercancías de una esfera de producción (Marx, 1894: caps. I, IX, X), (g´ es la tasa general o media de ganancia).

Para los objetivos de nuestro trabajo basta señalar que las distintas categorías de precios y valores obedecen a diferentes niveles de abstracción -producción y circulación- y del desarrollo del sistema de producción mercantil, desde la circulación simple hasta la producción generalizada de mercancías. Marx en el primer tomo de El Capital iguala el valor y el precio de una mercancía; en el tercer tomo, el valor de mercado de las mercancías es igual al precio de producción -aquí el plusvalor se ha transformado en ganancia y la tasa de plusvalor en tasa de ganancia- si la oferta coincide con la demanda; dicho de otra manera, el precio de venta -o el precio de mercado- coinciden con el valor de mercado. Si no hay equilibrio entre la oferta y la demanda, entonces el precio de mercado, puede diferir en relación con el valor del mercado; por tanto, “el valor es el punto de gravitación en torno al cual giran los precios hacia el cual se nivelan sus constantes alzas y bajas”, Marx lo explica así: “si en consecuencia la oferta y la demanda regulan el precio de mercado, o mejor dicho las desviaciones de los precios de mercado con respecto al valor de mercado, por otra parte el valor de mercado regula la relación entre oferta y demanda o el centro en torno al cual las fluctuaciones de la oferta y la demanda hacen oscilar los precios de mercado” (Marx, 1894: 221, 229). Aquí está claramente expuesta la relación dialéctica entre valor, oferta y demanda, entre la producción como determinante y la circulación como determinada; sin embargo, la oferta y la demanda también influyen (regulan) el precio de la mercancía que gira alrededor del valor determinado en la producción.

LA TEORÍA MONETARIA MARXIANA

Hasta aquí la necesaria digresión; ahora entro al meollo del asunto con base a la obra fundamental de 1859, La contribución a la crítica de la Economía Política.

En la ContribuciónMarx precisa: “La diferencia entre valor de cambio y precio sólo aparece, por una parte, como un distingo nominal, tal como dice Adam Smith que el trabajo es el precio real de las mercancías, mientras que el dinero es su precio nominal. En lugar de evaluar un quarter de trigo en 30 días de trabajo, se lo evalúa ahora en una onza de oro, si una onza de oro es el producto de 30 jornadas de trabajo” (p. 54). En otra parte define al precio como la “expresión dineraria o monetaria del valor” o “denominación dineraria del trabajo objetivado de la mercancía”, y ve en la circulación simple “la posibilidad de una incongruencia cuantitativa, de una divergencia, entre el precio y la magnitud del valor” (Marx, 1867: 124-125). En general debe coincidir el valor con el precio, en particular se presentan divergencias.

Define tres formas de dinero, correspondientes a tres etapas históricas: primera, dinero metálico puro, segunda, moneda metálica subsidiaria, tercera, papel moneda de curso obligatorio.

Primera forma: Dinero metálico. Marx parte del supuesto de la circulación simple de la mercancía, y el dinero como oro, de tal manera que se maneja indistintamente los términos dinero u oro. Con respecto al cambio de valor del oro, tiene vigencia la ley de los valores de cambio de la mercancía en general, como se explicó anteriormente, de tal manera que los supuestos son:

a) “Si el valor de cambio de las mercancías permanece inalterado, un aumento general de sus precios en oro sólo es posible si disminuye el valor de cambio del oro”.

b) “Si el valor de cambio del oro permanece inalterado, un aumento general de los precios en oro sólo es posible si aumentan los valores de cambio de todas las mercancías”.

La disminución del valor del oro se da por el aumento de la productividad -en el mismo tiempo de trabajo se produce más cantidad de oro-, y, por tanto, de acuerdo al supuesto uno, aumenta el precio de las mercancías; se incrementa la proporción de oro en relación a ellas. En el supuesto dos, el aumento del valor de cambio de todas las mercancías se da en el caso de que disminuya la productividad y entonces se producen menos mercancías a mayor valor y precio. También hay más oro proporcionalmente que las mercancías. En los dos casos es la productividad del trabajo el factor determinante.

Marx ve en el oro una mercancía especial que tiene su propio valor “intrínseco”, “inmanente”, tiene valor porque tiene trabajo: “es el tiempo de trabajo la medida entre el oro y la mercancía” (Ibid p. 53). Bajo la premisa anterior “la cantidad de oro requerida para la circulación está determinada, en primera instancia, por la suma global de los precios de las mercancías que han de ser realizados” (Ibid p. 90). De esta afirmación se desprende que “la cantidad de oro requerida para la circulación de mercancías puede disminuir, a pesar del aumento de los precios, si la masa de las mercancías hechas circular disminuye en mayor proporción que el aumento de la suma global de los precios, y que, a la inversa, la masa de los medios de circulación puede aumentar cuando disminuye la masa de las mercancías en circulación, pero si la suma de sus precios aumenta en mayor proporción” (Ibid p. 91).

¿De qué depende la cantidad de dinero en la sociedad? De los precios de las mercancías totales. Ahora vamos a introducir otra variable, la velocidad del dinero. Si la velocidad es estable o constante, diez mercancías que valen diez requieren diez unidades de dinero; si la velocidad no es constante con uno de dinero es suficiente para adquirir el total de mercancías si una moneda circula o compra 10 veces. Si aumentan los precios totales de las mercancías, pero en menor proporción que la velocidad del dinero, entonces, disminuirá la masa de dinero; o viceversa, si disminuye la velocidad de la circulación en mayor proporción de lo que disminuye el precio de la masa de mercancías, aumenta la masa de dinero (Ibid p. 92).

Marx asienta claramente que considerando “supuesta (constante) [2]  la velocidad de la circulación, la masa de los medios de circulación está, pues, determinada por los precios de las mercancías. Por lo tanto, los precios no son altos o bajos porque circule más o menos dinero, sino que circula más o menos dinero porque los precios son altos o bajos. Ésta es una de las leyes económicas más importante cuya demostración en detalle mediante la historia de los precios de las mercancías acaso sea el único mérito de la economía inglesa posricardiana” (Ibid p. 93). Hasta aquí queda explícito que para Marx la cantidad de oro-dinero es dependiente de los precios.

En la parte C del capítulo II, analiza las teorías sobre el medio de circulación, divide a los economistas en dos bandos antagónicos: por un lado David Hume, Montesquieu y David Ricardo y por otro James Steuart y Thomas Tooke. A los primeros como representantes de un punto de vista monetario que “establece el principio de que los precios de las mercancías dependen de la cantidad de dinero circulante, y no, a la inversa, la cantidad del dinero circulante de los precios de las mercancías” (Ibid p. 151)[3]; a Steuart y a Tooke los ubica como teóricos de la segunda parte del enunciado: la cantidad de dinero circulante depende de los precios.

De acuerdo a Marx, la teoría de la circulación de Hume se resume en los principios siguientes:

a) Los precios de las mercancías en un país están determinados por la cantidad de dinero (real o simbólico) que se encuentra en él,

b) El dinero circulante en un país representa a todas las mercancías que se encuentran en él,

c) Si aumentan las mercancías, disminuirá su precio o aumentará el valor del dinero. Si aumenta el dinero, a la inversa, aumentarán los precios de las mercancías y disminuirá el valor del dinero (Ibid p. 153).

Claramente Hume expresa la posición “cuantitativista” del dinero: la variación de los precios de las mercancías depende de la cantidad del dinero. Después Marx analiza a James Steuart. Éste critica a Hume y Montesquieu, y hace la pregunta clave en el debate: “¿La cantidad del dinero circulante está determinada por los precios de las mercancías, o éstos están determinados por aquélla?” Marx ve méritos en la investigación de Steuart, porque “descubre las determinaciones formales esenciales del dinero y leyes generales de la circulación del dinero, porque no sitúa mecánicamente las mercancías de un lado y el dinero del otro, sino que efectivamente desarrolla las diversas funciones a partir de los diferentes factores del propio intercambio de las mercancías” (Ibid p. 157).

Steuart ve al dinero como medio de pago y medio de compra y ambos como demanda de dinero en efectivo; para este economista, la situación del comercio, de la manufactura, del modo de vida y de los gastos tradicionales de los habitantes, son los factores que “regulan y determinan” la cantidad de la demanda de dinero en efectivo, es decir la masa de las compras, y para hacer estos pagos se necesita una cierta proporción de dinero, que puede aumentar o disminuir pese a que la cantidad de la venta permanece constante. El “precio de mercado de la mercancía resulta determinado por la intrincada operación de demanda y competencia totalmente independientes de la masa de oro y plata existente en un país”; ¿qué sucede, entonces, con el oro y la plata que no se requieren como moneda? “se acumulan como tesoro, o se elabora como material de artículos suntuarios”, contesta Steuart. Si “la masa de oro y plata quedase por debajo del nivel requerido para la circulación, se la sustituirá por dinero simbólico o mediante otros recursos. Si un curso cambiario favorable trajese al país un excedente de dinero, cortando al mismo tiempo la demanda de su remesa al exterior, es frecuente que vaya a dar a las arcas, dentro de las cuales se torna tan inútil como si yaciese en las minas” (Ibid p. 158). Hace una clara distinción entre el dinero como medio de pago (crédito) y de compra, que sería el necesario de acuerdo a las mercancías, y el dinero como tesoro, si no se requiriere. Como se puede observar, la posición y los conceptos de Steuart son compartidos por Marx, por eso aquí son citados en extenso.

Posteriormente Marx analiza a Ricardo y a James Mill también como seguidores de la posición de Hume. En el caso de la teoría del dinero de Ricardo, que estudió las leyes de la circulación del dinero metálico, Marx la define de tautológica y de expresar el fenómeno y no de explicarlo: “¿De dónde surge la baja periódica general de los precios de las mercancías? Del alza periódica del valor relativo del dinero. ¿Y de dónde surge, a la inversa, el alza general y periódica de los precios de las mercancías? De una baja periódica en el valor relativo del dinero. Podría decirse, con igual exactitud, que el alza y la baja periódicos de los precios provienen de su alza y baja periódicos… Una vez admitida la transformación de la tautología en una relación de causalidad, todo lo demás resulta con facilidad. El alza de los precios de las mercancías surge de la baja del valor del dinero, pero la baja del valor del dinero, tal como sabemos por Ricardo, se debe a una circulación sobreabundante, es decir al hecho de que la masa del dinero circulante se eleva por encima del nivel determinado por su propio valor inmanente y por los valores inmanentes de las mercancías. Igualmente, y a la inversa, se explica la baja general de los precios de las mercancías a partir del alza del valor del dinero por encima de su valor inmanente como consecuencia de una circulación insuficiente. Por consiguiente, los precios aumentan y disminuyen periódicamente porque periódicamente circula demasiado o demasiado poco dinero” (Ibid p. 177).

Marx califica de falsa la premisa de Ricardo de que el oro es sólo moneda, “por lo cual todo el oro importado incrementaría el dinero circulante, haciendo aumentar los precios en consecuencia, mientras que todo el oro que se exporte reduciría la moneda, provocando, por lo tanto, la baja de los precios, es una premisa teórica que en este caso se convierte en el experimento práctico de hacer circular tanta moneda como oro existente haya en cada caso […] la teoría de Ricardo aísla el dinero en su forma fluida como medio de circulación, concluye por atribuirle al aumento y a la disminución de los metales preciosos una influencia absoluta sobre la economía burguesa, tal como jamás la había soñado la superstición del sistema monetario” (Ibid pp. 178-179) [4]

Con base en la investigación de los precios de las mercancías, desde 1793 hasta 1856, de Thomas Tooke, Marx señala que “la vinculación directa entre los precios y la cantidad de los medios de circulación, tal como la postula la teoría, es una simple quimera, que la expansión y contracción de los medios de circulación, manteniéndose constante el valor de los metales preciosos, es siempre efecto y nunca causa de las fluctuaciones de precios, que la circulación dineraria en general es sólo un movimiento secundario, y que, en el proceso real de la producción, el dinero adquiere aún muy otras determinaciones formales que la del medio de circulación” (Ibid p. 180). Para Marx la demostración de Tooke de que no hay una vinculación entre los precios y la cantidad del dinero como lo postula la teoría cuantitativa de Hume y la ricardiana hace que “la concepción de Steuart acerca del dinero finalmente recobre sus derechos”, gracias a Thomas Tooke.

Marx es un crítico de Hume y Ricardo con respecto al dinero metálico y su determinación de los precios y se acerca, hasta retomar como suyas las posiciones de James Steuart, fundamentadas con la investigación de Tooke. Marx es anticuantitativista, no monetarista, no ricardiano en este punto. Esta es una primera conclusión importante y es una posición más conocida.

Segunda forma: Moneda metálica subsidiaria. La moneda de oro en circulación se desgasta “dejando adherido un átomo por aquí y otro por allá, va perdiendo cada vez más de su contenido intrínseco. Mientras se la gasta, se la desgasta” y, entonces, la “existencia aparente del oro dentro de su función entra en conflicto con su existencia real” (Ibid p. 97); el oro adquiere una “existencia simbólica”, de plata o cobre, separada de su existencia de oro, en aquellos sectores de la circulación en los cuales se desgasta con mayor celeridad, es decir en los sectores en los que las compras y las ventas en las proporciones más reducidas se renuevan permanentemente. Ahora, en un desarrollo posterior de la producción, diferentes mercancías pueden servir como dinero junto al oro en la circulación y representan sus fracciones (Ibid pp. 99, 100).

La misma ley que vimos para el oro, en relación con los precios de las mercancías, se aplica para la moneda subsidiaria. Marx lo señala de la siguiente manera: “si se emitiesen fichas de plata y cobre en cantidades mayores que las que requieren las necesidades de sus esferas de circulación, los precios de las mercancías no aumentarían a causa de ello, sino que se produciría una acumulación de estas fichas entre los vendedores minoristas, quienes finalmente se verían obligados a venderlas como metal” (Ibid p. 101). Esta es una de las leyes descubiertas por Steuart, y Marx la acepta como correcta, para el caso del dinero-oro, y la retoma para el caso de los “medios de circulación subsidiarios”, como le llama a las “fichas de plata y cobre”. Ernest Mandel le llama a la segunda forma de dinero que Marx analiza, “signos monetarios, es decir, papel moneda convertible (o pequeñas monedas de plata)” y sostiene que en éstos rige la misma ley que en el dinero-oro, con la “salvedad”, de que no se emita en cantidades excesivas. “Si esta condición se respeta, continúa Mandel, tal dinero es tan bueno como el oro; pero si se emiten mayor cantidad de las que requieren las necesidades de la circulación, entonces, la moneda se devalúa y aumenta el precio de las mercancías” (Mandel, 1972: 401, 402).

La salvedad de Mandel no coincide con la cita de Marx mencionada anteriormente. Si, como afirma Mandel, se aplica la misma ley entonces el exceso de circulante de la moneda subsidiaria debería ser acumulada o convertida en “artículos suntuarios” y no presionaría al alza de los precios. Da un ejemplo de dinero reciente, el dólar convertible en oro, que a la larga se vuelve inconvertible por “emisiones inflacionarias de papel moneda convertible”, entonces, se está refiriendo a un símbolo del metal -y no al metal como Marx, que no habla de papel moneda convertible- que sólo emitido en la misma proporción que las necesidades de la circulación mantiene su valor; si se excede, se devalúa y aumentan los precios. Sólo en este sentido Mandel tiene razón, pero no en el primero. La moneda subsidiaria, que ha sustituido al oro en algunas esferas de circulación, se desgasta en proporción a la velocidad y constancia de su circulación, hasta “convertirse en meros simulacros de cuerpos” y habría que sustituirlos por otro “dinero simbólico”, que puede ser hierro o el plomo y entonces “sería un proceso sin fin” (Marx, 1859: 101).

El proceso que hemos analizado hasta aquí es en síntesis el siguiente: el valor de cambio de las mercancías se cristaliza o se realiza en dinero-oro, que se convierte en su propio símbolo, primeramente en forma de moneda, luego en moneda subsidiaria (fichas de plata y cobre). En esta parte no hay duda de que Marx determina la cantidad de dinero por los precios de las mercancías y no los precios por la cantidad de dinero.

Tercera forma: Papel moneda de curso obligatorio. En los países con circulación desarrollada de mercancías, la necesidad de la circulación de dinero obliga a la desmetalización de la moneda y se adoptan otros símbolos o signos, como el papel, que sin tener valor implícito representa al valor del oro. Ahora veamos cómo funciona el papel moneda. Para Marx el papel moneda de “curso obligatorio” es la forma perfeccionada del “signo de valor” que surge de la circulación metálica o de la circulación simple de mercancías y no por convención ni por intervención estatal; es decir, el papel moneda surge determinado por un desarrollo económico y finalmente el Estado legisla al papel moneda como medio de circulación de curso forzoso. Enseguida, una importante y controvertible definición de Marx: “el papel moneda simbólico no difiere en absoluto de la moneda metálica subsidiaria, sólo que actúa en una esfera más amplia de la circulación” (Ibid p. 104). Aquí parecería que incluye las mismas leyes para las dos monedas, puesto que “no difieren en absoluto”, sin embargo hay expresiones más adelante que muestran leyes distintas; o las mismas leyes pero con diferencias, de acuerdo a la “más amplia circulación”.

Véase la relación entre el papel moneda, el dinero-oro, los precios y el Estado: “La cantidad de los billetes de papel está determinada por la cantidad de dinero en oro que los mismos representan en la circulación, y puesto que sólo son signos de valor, en la medida en que lo representan, su valor está simplemente determinado por su cantidad. Por lo tanto, mientras que la cantidad del oro circulante depende de los precios de las mercancías, el valor de los billetes de papel circulante depende exclusivamente, por el contrario, de su propia cantidad. Enseguida Marx afirma: “La intervención del Estado que emite el papel moneda con curso obligatorio parece abolir la ley económica”, porque “parece que transforma por arte de magia al papel en oro”; aunque el papel moneda separado de su existencia funcional o sacado de la circulación es simplemente un papel sin valor. “Sin embargo, este poder del Estado es mera apariencia. Podrá lanzar a la circulación la cantidad de billetes de papel que quiera con la denominación monetaria que desee, pero con este acto mecánico cesa su control. Una vez que la circulación se adueña de él, el signo de valor o papel moneda sucumbe a sus leyes inmanentes (Ibid p. 108) [5]. Ésta última aseveración es esencial, porque el papel moneda no sigue las leyes de la circulación del oro o de las monedas subsidiarias, sino leyes propias y fuera del control estatal; otro punto ha destacar es que el papel moneda no tiene valor por sí mismo sino depende de la cantidad.

Marx ofrece un ejemplo numérico que lo resumimos para una mayor comprensión: si la suma de oro requerido para la circulación de las mercancías fuese de 14 millones de libras esterlinas, y el Estado lanzase a la circulación 210 millones de billetes, cada uno de ellos con la denominación de una libra esterlina, estos 210 millones se transmutarían en representantes de oro por un monto de 14 millones de libras esterlinas. Sería lo mismo que si el Estado hubiese convertido a los billetes de libra esterlina en representantes de un metal 15 veces menos valioso, o de una parte de peso de oro 15 veces menores que antes. Puesto que ahora el nombre de libra esterlina indica una cantidad de oro 15 veces menor, todos los precios de las mercancías se elevarían 15 veces, y de hecho, entonces, 210 millones de billetes de libra esterlina serían tan necesarios como antes lo eran 14 millones. En este ejercicio numérico el exceso de billetes determina el precio de las mercancías (aumentando) y el precio mismo del billete (disminuyendo), mientras que el valor del oro sigue constante: “En la misma medida en que se hubiese incrementado la suma global de los signos de valor, se hubiese reducido la cantidad de oro que representa cada uno de ellos. El alza de los precios sólo sería la reacción del proceso de la circulación, el cual equipara por la fuerza los signos de valor a la cantidad de oro en cuyo lugar pretenden circular” (Ibid pp. 108, 109)[6]

La siguiente comparación de comportamientos entre las dos formas del dinero es muy reveladora de la posición de Marx: “En la circulación de los signos de valor, todas las leyes de la circulación real de dinero aparecen invertidas y puestas cabeza abajo. Mientras que el oro circula porque tiene valor el papel tiene valor porque circula. Mientras que, con un valor de cambio determinado de las mercancías, la cantidad del oro circulante depende de su propio valor, el valor del papel depende de su cantidad circulante. Mientras que la cantidad del oro circulante aumenta o disminuye con el aumento o la disminución de los precios de las mercancías, éstos parecen aumentar o disminuir con el cambio en la cantidad del papel circulante. Mientras que la circulación de mercancías sólo puede absorber determinada cantidad de moneda de oro, por lo cual la contracción y expansión alternadas del dinero circulante se presenta como una ley necesaria, el papel parece entrar en la circulación en cualquier extensión que se desee” (Ibid p. 110) [7]. Queda más claro que ya no son las mismas leyes las que rigen al oro y al papel moneda, por tanto funcionan de manera distinta.

Las tres formas de dinero corresponden a tres etapas históricas del desarrollo comercial: la circulación simple, en donde el oro es el equivalente general o dinero; después, Marx analiza otra forma, la moneda metálica subsidiaria, que coexiste con el dinero-oro y que corresponde a un mayor desarrollo del comercio y del modo de producción; finalmente, Marx analiza la tercera forma de dinero, el papel moneda de curso obligatorio, que Ricardo la consideraba “la forma más perfeccionada del dinero” y corresponde a una sociedad superior con relación a las anteriores formas.

Marx y otros autores analizan en sus distintas formas del dinero las relaciones que tienen con los precios de las mercancías, desde los cuantitativistas y anticuantitativistas del siglo XVI hasta el siglo XIX. Marx, critica y rechaza la teoría cuantitativista cuando analiza las dos primeras formas de dinero, las formas metálicas; en este caso, hace suya la posición de Steuart de que es el precio el que determina el circulante y no el circulante al precio. Pero en la tercera forma, la del papel moneda, se percibe una cercanía o una aceptación de la posición cuantitativista. El papel moneda ya no obedece a las mismas leyes que se aplican en el patrón metálico, las leyes se violan desde fuera con la intervención del estado y la emisión de billetes de papel, las leyes aparecen invertidas y puestas de cabeza, el papel parece que tiene valor, el poder del Estado es sólo apariencia, el papel moneda sucumbe a sus leyes inmanentes y, finalmente, Marx afirma que el precio de las mercancías “parecen aumentar o disminuir con el cambio en la cantidad de papel circulante”.

CONTROVERSIA: OTROS AUTORES

De lo anterior se deduce que Marx asume una posición cuantitativista del dinero cuando analiza el papel moneda en una sociedad moderna en que circula exclusivamente. Hay economistas, como Suzanne de Brunhoff, que al analizar la teoría monetaria de Marx, critican a otros autores que han llegado a la conclusión de que Marx es cuantitativista cuando analiza el papel moneda y anticuantitativista en relación con el sistema metálico. La autora francesa insiste en que Marx rechaza “sin miramientos la teoría cuantitativa” en todas las formas del dinero y que “admitirla así fuese en un solo aspecto conduciría al cuestionamiento de la lógica de su teoría monetaria”.

En otra parte reconoce De Brunhoff que “el análisis del papel moneda no está del todo claro en El Capital” y, enseguida, parece que la autora duda: “sólo que este último aspecto (se refiere a una cita de Marx), que no está suficientemente precisado ni esclarecido en El Capital, podría acreditar la idea de que la teoría monetaria de Marx es principalmente “metalista” y que, en consecuencia, la crítica marxista de la teoría cuantitativa no se aplica al papel que desempeña el papel moneda”, para finalmente descalificar las presuntas inclinaciones ricardiana de Marx: “muestra hasta qué punto Marx permanece en este aspecto influido por Ricardo. Pero la insuficiencia de las explicaciones dadas por Marx acerca de este punto no debe hacer perder de vista la lógica de su concepción general del dinero, íntegramente opuesta a la de la teoría cuantitativa”. Concluye las dudas con una rotunda afirmación dogmática en letra cursiva (De Brunhof, 1973: 28-32).

Además, es preciso comentar que en El Capital efectivamente no está del todo claro el análisis del papel moneda, aunque lo toca de pasada –sintetizándolo- en el capítulo III.(2.c), después de criticar al monetarismo clásico (2.b). En esa parte (p. 156) se entiende la otra posición, si es que el lector tiene el antecedente de la Contribución… pero no está el análisis en extenso, porque no pretendió hacerlo, debido a que parte del supuesto de que el oro es el dinero como claramente lo establece en la primeras líneas del capítulo III del primer tomo [8]; más adelante, en la sección quinta del tercer tomo, menciona al billete de banco, entendido como papel moneda, pero en un contexto diferente, no con respecto a los precios de las mercancías sino en el marco del sistema crediticio y del capital ficticio.

Ernest Mandel afirma en el capítulo XIII de El Capitalismo Tardío que en Marx hay “cierta similitud” con la teoría cuantitativa cuando se aplica al papel moneda [9]. El editor, en las notas, del libro Contribución…también da su opinión y señala: “respecto del papel moneda, Marx se aproxima a los “cuantitativistas”, aunque se opone a ellos en lo que se refiere a la relación precio-moneda” (Marx, 1859: 354 nota 71), se entiende que el editor se refiere en este caso al precio-oro.

Mandel, en un trabajo posterior, confirma explícitamente que en Marxexiste una analogía (aunque limitada) entre su teoría y las formas tradicionales de la cantidad de dinero”; “si bien esta teoría del dinero (de Marx) basada en la mercancía implica un rechazo directo de la teoría cuantitativa, en tanto el dinero se base directamente en los metales preciosos, apunta en dirección opuesta en la medida en que nos enfrentamos con el papel moneda que en realidad funciona como representativo y como símbolo de los metales preciosos. En este caso, independientemente de que haya o no una conversión legal de papel a oro, la emisión de papel moneda, en la cantidad en que, a un valor dado del oro y a una velocidad dada de circulación de los billetes, le permite realizar los precios de las mercancías en circulación, no afectará estos precios. Pero si esta cantidad de papel moneda en circulación se duplica en su valor nominal, y todo lo demás permanece constante, los precios expresados en ese cambio también se duplicarán, no en contradicción con ella, sino como una aplicación de la teoría del valor-trabajo” (Mandel, 1976: 74, 75).

La posición monetarista o antimonetarista de Marx en los tiempos actuales pudiera ser un debate candente, pero en realidad no lo es porque ni siquiera se plantea como tema (por supuesto, es excepción esta mesa en la FES Aragón); no se discute, como sí se hizo en la década de los setenta, cuando el monetarismo friedmano empezó a resaltar. Cuando esta corriente dominó la política económica en la década de los ochenta, parece que se prefirió por parte de los críticos antimonetaristas mejor abandonar el campo y silenciar la teoría marxiana del dinero.

En las filas del marxismo es difícil que se acepte que Marx efectivamente fue monetarista con respecto al papel moneda ya que no puede ser un precursor histórico del conservador Milton Friedman y de los banqueros centrales del mundo capitalista desarrollado y también de países no desarrollados. Me opongo a ver en los santones del marxismo como teóricos políticamente correctos que no pudieron ni por descuido acercarse a posiciones de corrientes hoy consideradas derechistas. Es exactamente lo mismo con respecto a la posición librecambista de Marx y Engels; son trabajos sepultados por el dogmatismo y, por tanto, poco conocidos. En el caso de la posición monetarista que está en la Contribución… no hay necesidad de ocultarla, porque, es quizás de las partes más complicadas de la teoría económica de Marx y difícil de detectarla. En el análisis de Suzanne de Brunhoff no hay ignorancia ni ocultamiento, veo más la intención de tergiversar la posición cuantitativista de Marx; me inclino, con base a la Contribución…, a la tesis de que Marx sí planteo -aunque a veces se obscurece su posición con un repetido y dubitativo “parece”- que la cantidad de billetes determina los precios de las mercancías, por tanto, en términos modernos, la oferta monetaria determina la inflación.

COMENTARIOS CONCLUYENTES

En resumen, entiendo la posición de Marx de la siguiente manera: el valor de las mercancías  depende de la productividad del trabajo, si ésta disminuye aumenta el valor. En épocas del patrón metálico, el medio circulante se ajusta al valor de las mercancías –coincide la cantidad (y el valor) de oro con el valor (precio) de la mercancía. La elevación de precios en etapas previas a la intervención del Estado, se debía a la baja productividad que aumentaba los valores-precios de las mercancías, que, a su vez, determinaba un aumento de la cantidad de oro (o de plata); o, por un aumento de la productividad en la producción de oro y, por consecuencia, la disminución de los costos y del valor, que provocaba el aumento del precio de las mercancías [10]. Pero, en un sistema de papel moneda -donde también la productividad sigue determinando el valor-, el circulante, expresado como demanda, fija o regula el precio de mercado.

Siguiendo la enseñanza de Marx, son dos niveles de abstracción –producción y circulación- y dos realidades –con diferentes patrones de medida-, de tal manera, que en la realidad, se puede presentar un aumento del valor, por baja productividad, y, a la vez, una demanda inflacionaria, por exceso de circulante. Justamente la caída de la productividad impele al capitalista y al Estado al incremento del circulante, vía mayor crédito bancario privado y emisión monetaria por el banco central, para compensar la disminución de la tasa de ganancia en última instancia. O, incluso, pueden aumentar los precios, aunque la productividad aumente, con el sólo incremento del circulante. Esto sucedió, por primera vez en la historia, en la pos-segunda guerra mundial y se agudizó en la década de los setenta y ochenta del siglo XX. Fue novedosa la inflación monetaria.

La explicación de la inflación moderna es con base a dos teorías: los keynesianos (y estructuralistas) por el lado de la oferta (y a largo plazo), y los monetaristas por el lado de la demanda (y a corto plazo). Ironías de la vida real, porque sabemos que los keynesianos son partidarios del corto plazo y del lado de la demanda en todos los aspectos del análisis, excepto en la inflación, y los neoclásicos-liberales son ofertistas y de largo plazo.

Sin duda, siguiendo a Marx, la productividad debe explicar el comportamiento de los indicadores económicos y sociales; desde el punto de vista teórico el precio de producción es determinado por la productividad de la fuerza de trabajo: si la productividad es menor, el valor-precio aumenta y viceversa; pero el precio de mercado se determina en la circulación por la oferta y la demanda, de tal manera que una excesiva demanda puede elevar el precio por encima del precio de producción. La demanda se incrementó en los tiempos modernos –siglo XX- por la emisión de medios de compra (de circulación) y por el crédito bancario (medios de pago), esto aumenta la oferta monetaria (papel-moneda).

El resultado de los dos niveles -la producción y la circulación- explican la estanflación; el primero en última instancia, la circulación en primera instancia. De tal manera, que si la productividad es alta y disminuye el precio de producción, sólo podría aumentar el precio de mercado si se expande excesivamente la demanda más allá de la capacidad productiva; esta es una explicación marxiana y keynesiana. Un segundo escenario: disminuye la productividad, -es decir aumentan los costos-, disminuye la oferta productiva y se incrementa el precio de producción, entonces, ante una debilidad de la demanda y con el objetivo de mantener la producción y evitar la disminución de la tasa de ganancia, el Estado estimula la demanda-consumo por medio de creación primaria de dinero y por gasto excesivo-déficit-deuda pública, a la vez que las empresas y los bancos recurren cada vez más al crédito para la realización de las mercancías. En un primer momento, estimula la producción, el empleo y la inflación; a largo plazo, retrocede la producción y aumenta la tasa de desempleo y la inflación. Esta es una explicación marxiana y monetarista. Por supuesto, dichas explicaciones no les van a gustar ni a unos ni a otros. Este último escenario es lo que realmente sucedió en la década de los setenta.

La unilateralidad es la visión con un solo ojo. Marx exponía los fenómenos en distintos niveles de abstracción y conjuntaba las distintas explicaciones cuando analizaba el capitalismo real, el capitalismo superficial de múltiples capitales (el del tercer tomo), y, además, relacionaba dialécticamente las causas y los efectos, es decir, la determinación mutua. Marx veía con los dos ojos.

La tesis monetarista de Marx es para mí un hallazgo, después de haberme educado en la posición generalizada anticuantitativista, y pude comprobar que Marx prefería encontrar la verdad a satisfacer a los futuros marxistas dogmáticos [11].

REFERENCIAS

De Brunhoff, Suzzane. (1973). La concepción monetaria de Marx. Ediciones del Siglo, Buenos Aires.

Mandel, Ernest. (1967, 1973). La formación del pensamiento económico de Marx de 1843 a la redacción de El capital: estudio genético. Siglo XXI editores, México.

Mandel, Ernest. (1972, 1979). El Capitalismo tardío. Ediciones Era, México.

Mandel, Ernest. (1974). El dólar y la crisis del imperialismo, Ediciones Era, México.

Mandel, Ernest. (1976,1985). El Capital. Cien años de controversias en torno a la obra de Karl Marx. Siglo XXI editores, México.

Marx, Karl. (1859, 1980). Contribución a la Crítica de la Economía Política. Siglo XXI editores, México.

Marx, Karl. (1867,1975). El Capital, tomo I, vol. 1, Siglo XXI editores, México.

Marx, Karl. (1894,1976). El Capital, tomo III, vol. 6, Siglo XXI editores, México.

Mehring, Franz (1967). Carlos Marx. Historia de su vida. Ediciones Grijalbo, Barcelona

Rojas González, Raúl. (1987). “¿Era Marx un monetarista?”, Investigación Económica, nº. 179, enero-marzo, Facultad de Economía.

Roll, Eric. (1994). Historia de las Doctrinas Económicas. FCE, México.


NOTAS

[1] Citado en Mehring (1967), p. 267

[2] Agrego el paréntesis.

[3] Hume “el representante más conspicuo de esta teoría en el siglo XVII” dice Marx.

[4] Cursivas originales.

[5] Negritas propias.

[6] Negritas propias.

[7] Negritas propias.

[8] “Con el objeto de simplificar, en esta obra parto siempre del supuesto de que el oro es la mercancía dineraria”, p. 115.

[9] Mandel. (1972, 1979). p. 424. También en (1974). (1968) “La crisis del sistema monetario internacional”: “Pero la teoría cuantitativa de la moneda, rechazada por Marx en lo que concierne a la moneda metálica, es en parte aplicable en lo que concierne al papel moneda”, p. 178. Un texto anterior, Mandel (1967,1973), pp. 97-99.

[10] También se elevaban los precios –a corto plazo- por los nuevos, y de fácil explotación, yacimientos de oro, o por la adulteración-devaluación de las monedas metálicas; por guerras, hambrunas, epidemias, desastres naturales.

[11] Un ensayo, que por medios distintos, llega a la misma conclusión es la de Rojas González (1987): “En síntesis: para ser monetarista no basta aceptar la ecuación cuantitativa, y para ser marxista no basta rechazarla. Si a teóricos como Mandel se les asocia con los monetaristas por el hecho de operar con la ecuación cuantitativa para el caso del papel moneda, pueden, sin embargo, estar tranquilos. Se hallan bien acompañados. Nada menos que por Marx”, p. 84.

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