Introducción a los Cuadernos de la Cárcel (II)

Antonio Gramsci

Antonio Gramsci

Amigas y amigos, una noticia nos llama poderosamente la atención. Algo se está moviendo en Portugal. En 24 horas, dos ministros han dimitido. El primero fue el poderoso ministro de economía y recortador supremo Victor Gaspar. El segundo, Paulo Portas ministro de exteriores y lider del Centro Democrático Social-Partido Popular que garantizaba la mayoría del centro-derecha. Hartos de no ver resultados con las políticas de austeridad, con una recesión galopante y un desempleo monumental, nuestros vecinos portugueses irán a unas elecciones anticipadas. La receta que les tiene preparada la troika es un nuevo paquete de recortes por 4.700 millones que ahondará sus penas y alegrará a sus acreedores.

Pero todo tiene su límite.

Mientras comprobamos cuál es el límite de los europeos del sur, retomamos la lectura de Gramsci. Un material básico, publicado por la Fundación Primero de Mayo, introducctorio a los Cuadernos de la Cárcel de Gramsci y que completamos con esta segunda entrega.

Si te perdiste la primera entrega la puedes seguir aquí, y si te quedaste con ganas ahí va la segunda parte…

Introducción a los Cuadernos de la Cárcel (II)

Antonio Gramsci: Una Lectura Filosófica 

IGNACIO JARDÓN

CAPÍTULO TERCERO. CUADERNOS 8 AL 17 (1931-1933)

En este segundo bloque de Cuadernos exceptuando una parte del 8 y parte del 9, el 14, el 15 y el 17, que son misceláneos, los otros, y parte del 8 y el 9, son notas que empieza a poner en orden y a clasificarlas temáticamente. Es el comienzo de los llamados Cuadernos especiales. Los inicia en 1932. Los temas que trata este bloque los podíamos resumir de esta manera: trata sobre Apuntes de filosofía III en el Cuaderno 8; sobre el Risorgimento en el Cuaderno 9; sobre Croce en el Cuaderno 10; sobre Bujarin, en el Cuaderno 11; sobre los intelectuales, en el Cuaderno 12; sobre Maquiavelo y el moderno Príncipe, en el Cuaderno 13 y sobre Argumentos de cultura, en el Cuaderno 16. Para la lectura que estamos haciendo de los Cuadernos, en principio, nos interesarían todos o casi todos, pero los más relevantes serían el 8, el 10, el 11 y el 12.

En agosto de 1931 se producen dos acontecimientos que repercutirán en el desarrollo y formación de los Cuaderno. El primero es la enfermedad, tiene su primera crisis seria, y el segundo, es que ese mismo año empieza a funcionar el nuevo reglamento carcelario que deja en manos del juez y del director de la cárcel la autorización para leer tal o cual libro, revista o periódico. Por eso, inmediatamente manda anular las suscripciones a las revistas extranjeras y advierte, a su cuñada, Tatiana, que sólo le envíe libros en italiano.

El Cuaderno 10 se presenta, no sólo, como un intento de situar y explicar el marxismo en la historia de la filosofía, sino, también, como una crítica de la deformación del marxismo que se estaba haciendo en el campo de la filosofía burguesa preferentemente por Croce y Gentile. El segundo Cuaderno mencionado se presenta como un ensayo monográfico contra el libro Teoría del materialismo histórico escrito por Bujarin. Es una crítica, dentro del campo marxista, a una visión deformada del materialismo histórico. No iba en la línea de plantear el marxismo como teoría de la hegemonía.

Estos dos Cuadernos filosóficos son muy importantes para Gramsci. Sus títulos no corresponden con el contenido. Así el Cuaderno 10 se titula La Filosofía de B. Croce que no coincide con lo desarrollado en él. Y el Cuaderno 11 parece carecer de título al denominarse de forma genérica Introducción al estudio de la Filosofía. Sin embargo, podemos pensar que los títulos están conscientemente seleccionados para eludir la censura carcelaria.

En abril de 1932 habría empezado el Cuaderno 10 con la intención de tener un material sobre la filosofía de Croce, que sirviese para un ensayo posterior. No se trataba, sólo, de hacer un Cuaderno donde se recogiese y organizase las notas esparcidas en los Cuaderno 4,7 y 8, los llamados Cuadernos misceláneos, sino, también, de darles una nueva estructura y formalidad. Sería una nueva serie de Apuntes de Filosofía que tuvieran un único tema: la confrontación con la filosofía de Croce. Lo que pretendía era empezar a tener unas herramientas para derrotar su hegemonía cultural y su historicismo especulativo. Y se trataba, también, de liberarse de las deformaciones del marxismo contenidas en la filosofía de Croce. Se podría decir que los Cuadernos 10 y 11 son un esbozo, marcan las líneas fuerza, de una concepción del mundo que pretende eliminar todo vestigio de materialismo vulgar mecanicista que paraliza la acción creadora del hombre, así, como barrer, también, todo residuo de pensamiento especulativo y escapista. Lo que pretende con la exposición crítica de estos Cuadernos es hacer de la filosofía de la praxis el fundamento de la reforma intelectual y moral que había propiciado Labriola.

El ajuste de cuentas con Croce

Gramsci se propone llevar a cabo un ajuste de cuentas con la filosofía de Croce. Croce era el leader de la tendencia revisionista (28). Es un intento de liquidar cultural y políticamente al napolitano, cuya principal aportación fue ser un unificador y catalizador de una cierta cultura italiana. Hecho, que Gramsci valora como algo muy positivo. En un país atrasado como Italia, Croce lo que pretendía era hacer laica la sociedad y la cultura y, en este sentido, era una referencia obligada. La gran cualidad de Croce es

hacer pasar sin pedantería su concepción del mundo en toda una serie de breves escritos donde la filosofía se presenta sin mediación y es asimilada como buen sentido y sentido común (29).

Es un pensador moderno que pretende liberarse de toda trascendencia, de todo rasgo de teología, pues, para él, la vida y la realidad son Historia y nada más que Historia (30).

El historicismo de Croce

El historicismo de Croce comienza identificando la historia con el arte, pues la finalidad del objeto de arte es ser contemplado y la historia se relaciona con su objeto de la misma manera: contemplándolo. Su preocupación es desmarcar la historia de la ciencia (del positivismo). Y termina postulando la identidad de historia y filosofía. Toda historia es historia contemporánea, todo es presente (presentismo). Es un historicismo absoluto especulativo. Croce se sitúa dentro del idealismo historicista. Su historicismo es la motivación permanente de su actividad intelectual y filosófica. Su historicismo se coloca por encima de toda miseria y de toda contingencia humana, en una contemplación desinteresada de todo el devenir de la historia. Pues su historicismo trata del concepto de la historia y no de la historia (31). Gramsci lo ve, no sólo, como un historicismo especulativo, sino, también, como un historicismo que encierra una política moderada el historicismo de Croce no sería sino una forma de una política moderada…es sólo el reflejo de una tendencia práctico-política (32), una ideología en el sentido más peyorativo del término.

Cuando Gramsci, denomina al marxismo como historicismo absoluto, lo llama así, poniendo el acento en la siguiente perspectiva. Subraya el papel práctico-político de la teoría marxista en la historia, subraya el carácter histórico del hombre. El hombre es autor de su propia historia. Lo que distingue al hombre de los animales es su actuación, su forma de actuar. El hombre al actuar genera o crea unas relaciones, entre las que destacan las relaciones de producción, en lugar de paneles o telas de arañas. Y conseguir incorporar la historia al dominio de lo científico significa ensanchar el territorio en el que la predicción, y por tanto la expectativa de transformación, resulta posible. El marxismo representaría, en este sentido, un historicismo antropológico. El hombre ha creado todo por medio del trabajo, de la praxis. El hombre es el resultado y protagonista de la historia. Y así, Gramsci piensa que el marxismo es un historicismo crítico (descubre y denuncia de una manera clara la historicidad del sistema económico burgués) y concreto (pues supone la transformación de los intereses históricos desde el nivel individual a lo colectivo, a lo político).

Si en Croce hay una identidad entre filosofía e historia y la unidad de estos dos elementos está mediada por lo especulativo, en Gramsci la unidad se da entre filosofía, historia y política, siendo la política (la praxis) la mediadora de esta unidad. Gramsci asumirá aspectos del planteamiento crociano de la historia ético-política. El propio Gramsci los enumera en la nota 13 del Cuaderno 10. Los aspectos más relevantes serían los siguientes: el concepto de hegemonía; la revalorización del frente filosófico; y la función de los intelectuales en la vida estatal (33).

Croce reduce la historia a las figuras, al momento cultural y moral de los vencedores. En Croce la historia ético-política es una idealización de la dirección política, de la actividad del Estado y de la sociedad civil. Separa el momento cultural y moral de la estructura de las relaciones de producción, no quiere ver la negatividad de la historia. Por eso en Croce la historia es abstracta, especulativa. Es el problema de la calidad y credibilidad de su historicismo.

El marxismo no excluye la historia ético política, más aun, reivindica el momento de la hegemonía, del frente cultural, como necesario junto con los momentos económicos y políticos. El momento ético-político no puede separarse de su estructura económica. El marxismo, no excluye la hegemonía, el momento cultural y moral de la historia, pero critica la reducción de la historia a la sola historia de las figuras. Gramsci se pregunta si se le puede plantear a la filosofía de Croce el problema de volver a poner al hombre sobre sus pies, de hacerlo caminar con los pies y no con la cabeza.

La interpretación de la hegemonía

Es en el Cuaderno 1, nota 44 donde aparece por primera vez el concepto de hegemonía y Gramsci lo entiende de esta manera:

una clase es dominante de dos maneras, esto es, es dirigente y dominante. Es dirigente de las clases aliadas, es dominante de las clases adversarias. Por ello una clase ya antes de subir al poder puede ser dirigente [hegemónica] (34).

Para Croce el elemento ético” se refiere a las figuras tanto, a las que existen en la actividad de la sociedad civil, como, a las del ámbito político, a las de la actividad estatal-gubernamental.

¿Qué importancia tenía para Croce la historia ético-política?, Croce llamó la atención de lo que supone la cultura y los intelectuales en el desarrollo de la historia, del Estado y de la sociedad civil. Son los intelectuales, como Croce, los que, en el desarrollo histórico, presentan las ideas para construir el terreno en el que se ejerce la hegemonía de la burguesía. En última instancia es la narración de la forma histórica de un determinado sistema de vida que pertenece a un grupo social determinado: la burguesía. La actividad de Croce aparece como la maquinación más poderosa que el grupo dominante posee hoy para “adaptar” las nuevas fuerzas a sus intereses vitales (35).

Lo que interesa a Croce es que los intelectuales, las figuras, no se rebajen al nivel del hombre de la calle. La filosofía no puede contaminarse ni prostituirse. Los intelectuales deben ser gobernantes y no gobernados. Este planteamiento aristocrático de la inteligencia nos recuerda a Platón y a Ortega y Gasset, entre otros. Por eso, continua Gramsci,

sostener la ‘calidad’ contra la ‘cantidad’ significa solamente esto:mantener intactas determinadas condiciones de la vida social en las que algunos (los más) son pura cantidad, y otros [los menos] calidad (36).

Gramsci no olvida que lo que Croce se propone es la educación de la clase dirigente, quiere obtener una reforma desde arriba. A pesar de todo esto, Gramsci valora positivamente la posición filosófica de Croce, pues ha revalorizado el frente filosófico y ha tenido una influencia cultural importante a nivel italiano y europeo. Sus libros han tenido una gran y rápida difusión.

¿Qué supone la hegemonía en el sujeto, en el hombre de la calle? El hombre medio, el no-filósofo no tiene una clara conciencia teórica de su forma de actuar. Por eso lo que supone la hegemonía para el hombre de la calle es

la comprensión crítica de sí mismo (que) se produce pues a través de una lucha de ‘hegemonías’ políticas, (…), para llegar a una elaboración superior de la propia concepción de lo real. La conciencia de ser parte de una determinada fuerza hegemónica es la primera fase para una ulterior y progresiva autoconciencia en la que la teoría y la práctica finalmente se unifican (…). He ahí por qué debe hacerse resaltar cómo desarrollo político el concepto de hegemonía [que] representa un gran progreso filosófico además de político-práctico, porque necesariamente implica y supone una unidad intelectual y una ética correspondiente a una concepción de lo real que ha superado el sentido común y se ha convertido aunque dentro de los límites todavía restringidos, en crítica (37).

Así pues, decir al hombre de la calle, al hombre medio que no necesitan la hegemonía sino un puro partido es traicionarlos. La clase en la medida que renuncia a la idea de hegemonía, no es una clase, sino un gremio. Renunciar a la idea de hegemonía es la forma más rápida de llegar a la acomodación.

La hegemonía busca el control del orden social. Ese control–dominación se ejerce, también, por medio de las instituciones de la sociedad civil (la educación, las iglesias, los medios de comunicación, etcétera) que producen una ideología, una orientación moral en la sociedad. Estos grupos dominantes plantean y orientan consensos para mantener la desigualdad social que es asumida por las clases subalternas. La hegemonía crea, así, un sentido común del hombre de la calle, aparentemente nuevo, sobre el que se asienta la sociedad clasista. Gramsci comprendió esto y, de ahí, la importancia que tenía, para él, la hegemonía tanto en su aspecto puramente político, de lucha política, como su nivel moral, como rearme moral de la sociedad. De ahí, su crítica y su rechazo al sentido común popular.

Por eso, un aspecto esencial de la hegemonía reside en el monopolio de los intelectuales, es decir, en la atracción-adhesión que sus propios planteamientos teóricos-prácticos suscitan entre los otros intelectuales. Los intelectuales de la clase históricamente progresista ejercen una atracción que acaba por someter, como subordinados, a los intelectuales de los demás grupos sociales. Esta atracción termina por crear un “bloque ideológico o intelectual” que liga a las capas de los intelectuales con los representantes de la clase dirigente (38).

En el texto Alcuni temi della questione meridionale, de 1926, intenta construir teóricamente, para la sociedad italiana, el mandato de la Internacional de 1924, del frente único. Es un ensayo que marca la transición entre el periodismo y las reflexiones de los Cuadernos. Por primera vez estudia el papel de los intelectuales dentro del sistema capitalista. Los intelectuales del Mezzogiorno ejercían la función de intermediarios entre los campesinos y la administración. Gramsci ve que ninguna clase dominante puede estar segura de conservar y reproducir a sus intelectuales, por eso había que intentar la ruptura del bloque intelectual-agrario. La alianza entre campesinos y un nuevo intelectual no triunfará si antes no se resuelve el problema de la hegemonía, que no se reduce al plano de la organización política sino que requiere toda una acción de conquistas culturales y morales, de valores. Gramsci plantea, por esto, la creación de un nuevo intelectual: el intelectual orgánico. El intelectual tiene que dejar de ser un narcisista inconsciente, un individualista. Tiene que tener una relación orgánica, tiene que aceptar una dirección política y actuar colectivamente.

La cuestión Meridional, es decir, la problemática social y política del sur, nos la presenta, Gramsci, como la construcción y manifestación de un gran bloque agrario que estaría formado  fundamentalmente por tres estratos: los campesinos, los intelectuales de la pequeña y mediana burguesía y por los terratenientes con sus grandes intelectuales, cuyos exponentes más representativos serían Giustino Fortunato y B. Croce, que con la editorial Laterza y su revista La Crítica propagan su concepción del mundo. Con esto, han conseguido que el planteamiento de los problemas del sur no rebase ciertos límites, no se hicieran revolucionarios. Croce ha conseguido una concepción del mundo que es superior al catolicismo y a cualquier religión mitológica. En este sentido ha cumplido una función importante. Ha separado a los intelectuales del sur de los campesinos, permitiéndoles participar en y de la cultura nacional y europea, eso sí, a través de esa cultura los ha vuelto a insertar en la burguesía, y por lo tanto, en el bloque agrario.

En este texto, Gramsci, también, hace la distinción entre hegemonía y dictadura del proletariado. Esta última es dirección a la vez que dominación de la sociedad, es decir, control de la sociedad civil y política por una clase. Pero en la hegemonía sería necesario ensanchar la base social de la clase, con un sistema de alianzas, en la que estarían otros grupos o clases de las que habría obtenido el consentimiento y el consenso. Gramsci piensa que los procesos de transformación profunda no pueden depender exclusivamente de una mayoría parlamentaria, necesitan un consenso político y social más amplio que impida la respuesta salvaje de la reacción, si esta hegemonía no se consigue, entonces la clase subalterna quedaría bajo el dominio burgués y daría al Estado la posibilidad de resistir y debilitar a dicha clase (Gramsci está pensando en la situación italiana, en el fascismo). Es decir, la hegemonía necesita de la construcción de lo que G. Sorel llamaba un bloque histórico, que no es homogéneo y que está atravesado por profundas contradicciones de clase. La hegemonía sería esa capacidad de aglutinar a través de la ideología y de la construcción de una voluntad colectiva la unidad de un bloque social.

Dos concepciones de la filosofía

La posición de Croce frente al marxismo va desde enjuiciarlo, primeramente, como un serio y fecundo intento de comprender el drama de la historia, a reducirlo, negativamente, a un sistema metafísico, con su dios oculto, que representaría posiciones filosóficas precartesianas y prekantianas.

Admite, sin embargo, que el marxismo ha aportado a su pensamiento una serie de perspectivas nuevas: la autonomía que hay que reconocer a la economía; la categoría de lo útil y, sobre todo, las sugerencias historiográficas. Por lo demás, piensa que el marxismo no vale nada teóricamente, que su valor es pragmático y no científico. Su único valor, su utilidad, quedaría constreñida a un mero canon de interpretación histórica. Y es en este aspecto, como mero canon de interpretación de la historia, que el marxismo sería un instrumento útil, aceptable.

La filosofía de Croce, que asume la tradición hegeliana, es una nueva concepción no trascendente del mundo, pero sólo para y de intelectuales. Por eso no es una reforma intelectual y moral de ámbito nacional. No sirve para una verdadera y profunda transformación del modo de sentir y de hacer del hombre medio, del hombre de la calle. Gramsci opina:

Una de las mayores debilidades de la filosofía inmanente…consiste…en no haber sabido crear una unidad ideológica (…) entre las personas sencillas y los intelectuales (…) se ha mostrado (…) contrario a los movimientos culturales de acercamiento al pueblo (39).

Lo que pretende, por el contrario, Gramsci es elaborar una filosofía, que por estar conectada con la vida práctica e inmersa en ella se transforme en un renovado sentido común, en un sentido común crítico que no se olvide nunca de permanecer en contacto con las personas sencillas. La filosofía, en Gramsci, está ligada al deseo de emancipación y desarrollo cultural de las clases subalternas como fundamento racional para hacerlas sujetos y romper la sumisión y separación entre gobernantes y gobernados.

Esta filosofía no es otra que la filosofía de la praxis, que no pretende mantener a las personas sencillas en su forma primitiva del sentido común, sino proponerles una concepción superior de la vida. La filosofía de la praxis exige este contacto entre los intelectuales y los no-filósofos, los hombres de la calle.

Precisamente para construir un bloque intelectual y moral que haga políticamente posible un progreso intelectual de las masas y no sólo de un reducido grupo de intelectuales (40).

Gramsci, pretende hacer de la filosofía de la praxis el exponente hegemónico de la alta cultura, pretende revalorizar un tipo distinto de frente filosófico.

La filosofía, al igual que la hegemonía, debe tener dos aspectos, por un lado, una función pedagógica, y por otro lado, una dimensión crítica y teórica de la propia concepción del mundo. Por eso pretende que todo hombre sea un filósofo y un político. Lo quiera o no, el individuo, el ser humano no se relaciona con los otros hombres sino orgánicamente, es decir, en cuanto forma parte de organismos, instituciones y es a través de estas sociedades que el individuo forma parte del género humano y se hace humano. Y porque es en esta actividad para transformar y dirigir conscientemente a los otros hombres (como se) realiza su ‘humanidad’, su naturaleza humana (41). Esta actividad siempre se hace orgánicamente, en instituciones. Toda filosofía es una política. La filosofía no es otra cosa que las tentativas y las iniciativas ideológicas de una determinada clase de personas para cambiar, corregir, perfeccionar las concepciones del mundo existentes en cada época (…) para cambiar (…) las normas de conducta, o sea, para cambiar la actividad práctica en su conjunto (42). Insistirá, así, continuamente en la idea (para destruir el prejuicio), de que la filosofía no es algo sumamente difícil, una actividad propia de especialistas o de filósofos profesionales. Su intención es ampliar socialmente los límites a los que se ha pretendido reducir tradicionalmente la filosofía. La transformación social requiere de la hegemonía. Pasar a la reflexión crítico-teórica, para abandonar el conformismo que mantiene la sumisión de los hombres de la calle amarrados al viejo desorden.

Algunos aspectos ‘económicos’ en los cuadernos 8 al 17.

No cabe esperar, en Gramsci, una reflexión de contenido económico tal y como aparece en Marx. Sin embargo, esto no significa que no se interese por la realidad de la ciencia económica. Una de sus primeras preocupaciones, cuando ingresa en prisión, es ponerse en contacto con su amigo Piero Sraffa, profesor de economía en Cambridge, para pedirle dos cosas: una que sea su mecenas abriéndole una cuenta corriente en una librería de Milán, y la segunda que le asesore sobre libros de economía. Gramsci, no es un profesional de la economía, pero tampoco tiene ni ignorancia total ni se olvida de ella. Es en este Cuaderno 10 donde aparece una serie de notas y de críticas en torno a la economía teórica italiana. Son una serie de notas, de trazos, que las podríamos resumir en unos pocos conceptos.

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Frente a la consideración de la escuela clásica (la liberal del siglo XVIII y XIX) de que la economía es la ciencia de la riqueza, nuestro autor sitúa su origen en el trabajo, en la industria humana. Gramsci pone el acento, sin embargo, en la profundización realizada por la economía crítica (la corriente marxista), que ha fijado el punto de partida de la ciencia económica en la investigación teórica del concepto de trabajo que no podrá ser sumergido en el concepto más genérico de industria y de actividad, sino que por el contrario deberá ser fijado en aquella actividad humana que en toda forma social es igualmente necesario (43). Frente a la escuela clásica, Gramsci resalta la dimensión social e histórica del trabajo que es lo que dice que profundiza la escuela crítica.

El debate en torno al concepto homo oeconomicus. Este concepto había sido formulado por John Stuart Mill en su ensayo de 1836 Essays on economy and society sobre la definición de la economía política. Gramsci critica el hecho de que tal discusión se apoye en argumentos de tipo moral, o se centre en considerar la validez científica de dicho concepto, cuando tal forma de encauzar el debate sirve únicamente para encubrir y desviar el foco principal de atención, que no es otro que el cambio habido en la estructura económica que necesariamente exige un cambio en el modo de hablar y operar en la economía. Este concepto, por tanto, debe ser sustituido por la descripción del mercado determinado propuesto por la economía crítica. Mercado determinado para la economía crítica (…) será el conjunto de las actividades económicas concretas de una forma social determinada, asumida en sus leyes (44).

Para impulsar esta sustitución es imprescindible la figura del Estado como instrumento capaz de adecuar la sociedad civil a la estructura económica. Pero es preciso que el Estado quiera hacerlo, que quienes guíen al Estado sean los representantes del cambio producido en la estructura económica. Es el papel compensador del Estado en la actividad económica.

Con la teoría del homo oeconomicus que defendía el libre juego de las fuerzas económicas y con la intervención del Estado que concedía el monopolio legal de la propiedad a esa determinada clase social que se organizaba dentro del propio Estado y que tenía, en el Parlamento, su trade-unión y teniendo, además, en cuenta que a los asalariados se les imponían muchas dificultades para unirse y para hacer valer su fuerza colectiva…no era extraño, que en estas condiciones, la teoría del valor-trabajo de David Ricardo se admitiera en su época sin provocar escándalo de ningún tipo. La clarificación política y económica de esta teoría del valor-trabajo se alcanza sólo con la economía crítica, que revela la fetichización de la mercancía y la constatación del valor de cambio como hecho determinante de esta economía. En este contexto era muy importante, para Gramsci, distinguir entre producto y mercancía. El producto se obtiene, se busca para satisfacer una necesidad y es útil en la medida en que la satisfaga (es el valor de uso de las cosas). La mercancía se produce para el cambio y sólo es útil si logra venderse con beneficio (es el valor de cambio en el sistema económico). La preocupación fundamental del capitalismo y de la ciencia económica clásica es la mercancía. Este objetivo fundamental se manifiesta a través de los comportamientos que tienen lugar en la realidad económica, tales como los métodos de producción y de trabajo propiciados por el fordismo y el taylorismo para contrarrestar la tendencia descendente de la tasa de ganancia (45) o como la tendencia de fenómenos de carácter financiero- especulativo que se convierten en una necesidad técnica más importante que la desarrollada por los trabajadores y empresarios (46).

Finalmente, frente a una exclusiva y excesiva interpretación del Cuaderno 10 en clave filosófica en el que Croce era presentado como un revisionista del marxismo, y la propia filosofía de la praxis como deudora de la filosofía clásica alemana, Gramsci quiere resaltar y recuperar las otras fuentes del marxismo, sobre todo la herencia recibida por David Ricardo y la economía clásica inglesa. Es por esto por lo que junto a Hegel encontramos en este Cuaderno distintas reflexiones, notas, en torno a Ricardo.

La crítica al marxismo contenido en el ‘manual’ de Bujarin

Bujarin, en 1917, participa al lado de Lenin en la Revolución de Octubre. Aunque con anterioridad ya había trabajado y colaborado con Lenin y Trotsky. Después de la Revolución desarrolla una intensa actividad teórica y política ocupando altos cargos en el P.C.U.S., en la Internacional, en la Academia de las Ciencias y en el Instituto Marx-Engels de Moscú. Fue uno de los teóricos más reconocidos y con más incidencia en el mundo obrero. En 1929 Stalin le fuerza a autocriticarse, le detiene en 1937 y en 1938 le ejecuta. Su obra tiene un especial interés por representar el esfuerzo, de un hombre de partido, por pensar y dirigir política e ideológicamente el proceso revolucionario. En él, la unidad teórico-práctica era una cruda realidad. En 1919 publica El ABC del comunismo, en colaboración con Preobrazensky, que pasó a ser el libro de texto de los comunistas rusos hasta su caída en desgracia en 1929. En su Teoría del materialismo histórico el famoso manual que criticarán Gramsci y Lukács, expresa su posición filosófica y su concepción del marxismo que dará origen a un debate en el seno del partido. El libro no fue recibido con entusiasmo. La principal resistencia la encontró en el entorno alemán (el eje Berlín-Viena), que era, en ese momento, el gran centro del marxismo. O sea, hasta que comenzó a cuajar el marxismo ruso, podría decirse que el marxismo era un producto alemán, además buena parte de los teóricos no alemanes (Lukács, Rosa Luxemburg, etcétera) se formaron intelectualmente en la cultura alemana o bien, pasaron grandes etapas de exilio en dicho país. El ensayo o manual era excesivamente ruso. K. Kautsky consideraba el texto como expresión burda del grosero materialismo económico típico de los marxistas rusos.

El marxismo ruso vendría caracterizado por un desplazamiento hacia problemáticas y tratamientos filosóficos como los siguientes: el materialismo filosófico como clave de la filosofía marxista; por una concepción del marxismo como sistema global y cerrado; por una subordinación de la teoría filosófica a la política; por la afirmación de la unidad entre posiciones filosóficas y políticas (filosofía del partido), etcétera.

El marxismo occidental sería menos doctrinal, menos filosófico y más político; establecería cierta autonomía entre la filosofía y la política; sería reticente ante el materialismo filosófico; se opondría al cientifismo y en lugar de ver el marxismo como un sistema cerrado y acabado lo vería, más, como un método o como una crítica social e histórica.

Podríamos resumirlo así: el nuevo trabajo de Bujarin viene a satisfacer la necesidad, experimentada durante largo tiempo, de tener un catecismo del materialismo histórico. Nada similar se había intentado dentro del marxismo si exceptuamos el Anti-Dühring de Engels y el pequeño volumen de Plejanov. La tentativa de Bujarin debía ser bienvenida, aun cuando sus métodos y resultados puedan ser criticados. Sus fuentes, casi sin excepción, son secundarias e ignoraba las investigaciones más recientes sobre el marxismo. Y en su esfuerzo por escribir un manual popular, corría el riesgo de simplificar los problemas, por ejemplo, se desvía de la tradición del materialismo histórico situándose sospechosamente cerca de lo que Marx llamaba materialismo burgués. A demás, atribuye a la tecnología una posición demasiado determinante:

La concepción del ‘instrumento técnico’ está completamente equivocada en el ‘Ensayo popular’ (…) [sustituye] las expresiones ‘fuerzas materiales de producción’ y ‘conjunto de las relaciones sociales’ por la de ‘instrumento técnico’ (…). En el ‘Ensayo’ no se entiende exactamente que es la estructura, la superestructura, el instrumento técnico: todos los conceptos generales son allí nebulosos y vagos. El instrumento técnico es concebido de un modo tan genérico que significa cualquier herramienta y utensilio (47).

Políticamente, la crítica al manual de Bujarin, habría que encuadrarla dentro de las polémicas mantenidas en la III Internacional en los años veinte. Que se reproducen, también, en Italia, con las acusaciones de mecanicista dirigidas a los planteamientos de Bordiga y, en la URSS, a los de Trotsky. La elaboración de la filosofía de la praxis que Gramsci nos ha presentado en el Cuaderno 10 depende en gran medida de las discusiones suscitadas por la Teoría del Materialismo Histórico, libro que probablemente leyó, en su edición francesa de 1927, como lo sabemos por las cartas escritas a su cuñada Tatiana. En los Cuadernos se refiere indistintamente a esta obra con las expresiones: ensayo popular o el manual.

La crítica de Gramsci se mueve en la misma línea en que se manifestaban los comunistas alemanes, es decir, en dos direcciones: la primera, en una crítica filosófica, y la segunda, en una crítica política.

La crítica política arranca precisamente con la discusión sobre el sentido común. Para Bujarin el marxismo se desarrolla en continuidad con el sentido común, viene a ser una sistematización del mismo. Las masas, espontáneamente, con sus concepciones dispersas, se consideran ya próximas al marxismo. El libro pretendía, en el ámbito de la teoría, disponer de un conjunto de ideas, de fórmulas, relativamente ordenadas, fáciles, adaptadas para la discusión y la propaganda; un instrumento simplificado capaz de penetrar rápidamente en las amplias masas, de movilizarlas, iluminarlas y conseguir que de ellas salieran cuadros. Pero con esto, no abordaba ni se resolvía una serie de problemas, como por ejemplo: la formación de los cuadros políticos e intelectuales superiores; la educación política y cultural de las masas; la relación de los dirigentes con las masas, etc.

Para Gramsci, el marxismo tenía que mantener una relación permanentemente crítica con el sentido común. Es decir, partiendo de la concepción del mundo acríticamente asumida por las diversas capas sociales, había que elevar el tono y el nivel intelectual de las masas, darles la capacidad para participar activa y conscientemente en el desarrollo político. Ayudarles a elaborar críticamente su pensamiento. Era necesario elevar a los más simples al nivel de los más cultos. Se trataba de la reforma intelectual y moral de los estratos sociales culturalmente atrasados. No había que considerar a los simples como personas toscas y poco preparadas a los que se les convence autoritariamente o por conductos emocionales. Bujarin no ofrecía un modelo de construcción cultural hegemónica.

El planteamiento de Bujarin permitía tener una concepción filosófica dividida entre la filosofía de los filósofos y la filosofía espontánea o del sentido común. De ahí, su no comprensión de la importancia y del significado de la dialéctica. Era incapaz de ver la función de la dialéctica. En el ensayo brilla por su ausencia. Está viciado de dogmatismo y de metafísica. La universalidad de los principios del marxismo no sirve por su carácter abstracto, genérico, de dichos principios, sino por su eficacia emancipatoria en la historia, por el hecho de que pueda ser traducida en un lenguaje concreto para una situación concreta, por su praxis.

El manual parte de la distinción rígida entre lo general y lo particular. Pretender ser una investigación de lo general, primero en la realidad natural y humana, y en segundo lugar, en la vida de la sociedad moderna. Primero se consideran los principios universales: regularidad, causalidad; libertad; necesidad; azar; transformación. Luego lo particular, la sociedad: las situaciones de igualdad y desigualdad entre los diversos elementos de la sociedad; equilibrio y desequilibrio entre la sociedad y la naturaleza.

El manual está infectado por la sociología. Para Gramsci, la sociología era una ciencia positivista, una aplicación positivista de los métodos de las ciencias naturales a la sociedad y tenía una aceptación negativa en Italia a principios del siglo XX. Según Gramsci, la sociología era

un intento de conocer experimentalmente las leyes de la evolución de la sociedad humana, de forma que pueda preverse el futuro con la misma certeza con la que se prevé que de una bellota brotará una encina (…) un intento de describir y clasificar sistemáticamente hechos históricos y políticos, según criterios construidos de acuerdo con el modelo de las ciencias naturales (48).

Es importante resaltar, que la sociología no tenía esta perspectiva negativa en la Unión Soviética, por eso, para Bujarin,

la sociología aspira a contestar preguntas de orden general: ¿Qué es la sociedad? (…) ¿Cómo debe ser explicada la evolución? (…). La sociología es la más abstracta de las ciencias sociales (…). La teoría del Materialismo Histórico tiene su lugar definido no en la Economía política ni tampoco en la historia, sino en la teoría general de la sociedad y de las leyes de su evolución, es decir, en la sociología (49).

La sociología que nace con el positivismo, estudiaría la sociedad como si estudiara la naturaleza. Concebiría la sociedad como un organismo dotado de leyes inmutables, donde no habría posibilidad para la revolución. Es, en este contexto, donde aparece el determinismo mecanicista que inspira una fe fatalista sobre la inevitable caída de la burguesía. El materialismo histórico se convertiría así en una sociología de tipo positivista. Esto significaría inducir a las masas a la pasividad y, por tanto, no favorecería la lucha por la hegemonía de la clase obrera.

En esta polémica, Gramsci se da cuenta, de que el positivismo es la filosofía de la burguesía del norte industrial. Para el capitalismo industrial era necesario partir del hecho, de lo inmutable y, así, eludir la confrontación con el idealismo y con el marxismo. Y, así, la burguesía ya no puede ser más idealista, utópica y se queda en la inmediatez del hecho, se queda con el positivismo.

La crítica de Gramsci al ensayo es una crítica a toda la corriente positivista del marxismo. Rechaza esta contaminación, que era común en muchos socialistas, especialmente italianos y alemanes, a primeros de siglo. Marx era irreductible a un manual. Para Gramsci, no existe una realidad fija en sí o para sí. La realidad, es decir, la materia o la naturaleza humana son realidades socialmente mediadas. Existen y las conocemos sólo en relación su histórica con los hombres que la transforman.

Ya en el Cuaderno 7, nota 47 nos recordaba que la forma en que planteaba Bujarin

el problema de la ‘realidad objetiva del mundo’ es superficial y ajeno al materialismo histórico (…). El autor comete este error, también, en su ponencia en el Congreso de Historia de la Ciencia y la Tecnología celebrado en Londres en 1931 (50).

Lo que Gramsci no está dispuesto a aceptar es una concepción unívoca de la ciencia. Es el concepto de ciencia, tal como aparece en el ensayo, el que hay que destruir enteramente. Está tomado íntegramente de las ciencias naturales, como si éstas fueran la única ciencia o la ciencia por antonomasia, tal como establecía el positivismo. Gramsci había dedicado mucho tiempo a combatir la tendencia mecanicista de Bujarin y su cientifismo porque veía en esta forma de pensamiento una señal muy grave, se corría el riesgo de empobrecimiento y esquematización de las ideas originadas por Marx. El fatalismo, el materialismo vulgar y el mecanicismo, anulan la función del sujeto, la iniciativa práctica y son indicadores del abandono de la lucha por la hegemonía.

Es verdad que Gramsci no podría conocer, estando en la cárcel, las nuevas corrientes filosóficas de la época, pero es probable que tampoco se hubiese interesado por ellas, dada la tradición idealista italiana que obstaculizaba la comprensión de cualquier filosofar inspirado en la práctica científica. Manuel Sacristán, nos insistía en que Gramsci, limitada su visión por el idealismo culturalista de su ambiente intelectual, no había podido apreciar la importancia de aquellas actas [las del Congreso de la Ciencia en Londres de 1931] que iban a contribuir decisivamente al nacimiento de la filosofía marxista de la ciencia en Gran Bretaña de entreguerras (51).

CAPÍTULO CUARTO. CUADERNOS 18 AL 29 (1933-1935)

Este último bloque está compuesto por 12 Cuadernos. La inmensa mayoría de ellos están sin terminar o constan de muy pocas notas como el Cuaderno 18 que tiene tres; el 20 que tiene cuatro; el 24 que tiene nueve; el 25 que tiene ocho; el 27 que tiene dos o el 29 que tiene nueve; todos ellos muy lejos de las sesenta y una notas del Cuaderno 10 o las setenta notas del Cuaderno 11. Los temas que tratan son: el moderno príncipe (Maquiavelo); el Risorgimento; la Iglesia; la literatura popular; el americanismo y fordismo; la crítica literaria; el periodismo; la historiografía de las clases subalternas; el folklore; sobre el profesor Loria; y sobre la gramática. Se trata, por lo tanto, de Cuadernos que contienen temas monográficamente tratados, son Cuadernos especiales. Lo que le interesa es la educación de la sociedad civil; es decir, de los ciudadanos, del hombre de la calle.

Ya no es posible, piensa, la revolución frontal, violenta, el hundimiento del Estado, la toma del palacio de invierno, lo que él llama la guerra de movimiento en los países capitalistas desarrollados, ahora se deberá explorar la guerra de posiciones, la estrategia de la hegemonía. Se da cuenta de que el fascismo se puede interpretar como un representante y un exponente de la guerra de posiciones, de la lucha por la hegemonía por parte de la derecha más sanguinaria y criminal. También le preocupa la actuación de las instituciones religiosas y de la religión, es decir, su función en la sociedad civil, y sobre todo, sus prácticas. Toda esta problemática le ha preocupado y ocupado a lo largo y ancho de toda su vida como dirigente político y como intelectual marxista.

En esta tercera parte, también, tendríamos que subrayar su oposición, ante todo lo que supone ser un intelectual como el profesor Loria (Cfr. Cuaderno 28). Como ya hemos visto, en la controversia entre filosofía de la praxis y positivismo (el cientifismo), su oposición al positivismo es tajante. Loria no es un caso patológico individual (…) es representante de un cierto estrato intelectual de un determinado período histórico; en general de aquel estrato de intelectuales positivistas (…) y que estaban más o menos convencidos de poder superar la filosofía de la praxis (…) el hitlerismo ha mostrado que Alemania cobijaba, bajo aparente dominio de un grupo intelectual serio, un lorianismo monstruoso (…) y se ha difundido como concepción y método científico de una nueva oficialidad (52).

De este último grupo de Cuadernos, quiero resaltar tres temas: el sentido común; la religión; y el americanismo y fordismo. Lo que más nos llama la atención es como Gramsci sigue dando vueltas a problemas de la educación política, entendida en un sentido muy amplio, en la sociedad civil. Lo que le interesa es la educación de la sociedad civil, es decir, de los ciudadanos, del hombre de la calle. Gramsci reflexiona, de nuevo, sobre la filosofía de los no-filósofos, sobre el pensamiento del hombre de la calle, sobre su sentido común. Se trataría de educar y elaborar una concepción del mundo que partiese de ese sentido común, y que a través de la crítica (la filosofía de la praxis) lo depure, lo unifique y lo eleve hasta transformarlo en sentido común más crítico, que sea un buen sentido. Estas preocupaciones ya las había planteado, anteriormente, con los temas de la filosofía de los no-filósofos; la relación entre gobernantes y gobernados, es decir, la función pedagógica de la política; la importancia de la hegemonía para que los individuos no sean masa sino que sean sujetos y sujetos activos. Además, de estas preocupaciones e intereses, se planteaba, ahora, un aspecto nuevo: poner en relación la cultura con las grandes masas, el acceso de las grandes masas a la cultura. Entendida, ésta, a dos niveles: la cultura como patrimonio que hemos heredado, es decir, lo que sabemos de nosotros, de los demás, de nuestra historia, nuestra memoria, lo que conforma la conciencia humana creada a lo largo de un proceso histórico. Y la cultura entendida como conciencia de lo que nos pasa, un saber acerca de lo que nos ocurre y de lo que nos debería ocurrir, un saber que implica ya un proyecto para transformar la situación que estamos viviendo. Un pensar diferente, por eso, el historicismo (…) debe crear un gusto estilístico nuevo (…) un lenguaje nuevo como medio de lucha intelectual (53).

El sentido común

Es en torno a los años treinta cuando comienza una nueva fase en el debate sobre el significado del sentido común (lo que hoy día llamaríamos el pensamiento políticamente correcto) y sobre las relaciones de éste y la filosofía. En definitiva, la discusión se centraba en los orígenes, la forma y los límites de la ideología subalterna. Este debate fue abierto, en Italia, por Croce, con el artículo Filosofía como vida moral y vida moral como filosofía, publicado en su revista, La Crítica de 1928.

Gramsci ve en el sentido común convencional o conformismo impuesto una concepción del mundo y de la sociedad ambivalente, mistificadora, conservadora, pasiva y basada en la acientificidad. Este sentido común tendría una actitud moderada, contemporizadora, analizando en cada acción lo que se puede o no hacer. Crearía una conciencia social responsable, sumisa, porque pretendería buscar y tener una relación afable con el sistema de producción capitalista, y daría lugar, también, a un individuo ecuánime, indiferente, que huiría de toda acción que pudiera transformar las relaciones sociales y la sociedad misma. Este sentido común convencional es una concepción del mundo, se difunde, en una época histórica, por las clases dominantes entre las masas populares. La clase dominante permeabiliza y articula, también, a los grupos intermedios, como las clases medias y la clase obrera. La ideología dominante se transmite al sentido común del hombre medio de la calle. El sentido común puede ser definido como la conciencia verbal del hombre medio de la calle, no tiene raíces que le aten al pasado. El sentido común se transforma continuamente. Traduce de forma difusa, asistemática e ingenua la verdad de la clase dominante sobre el presente. Se puede entender, también, como la relación existente entre la ideología dominante y la aceptación de las condiciones materiales de la existencia o como la relación de aceptación entre la conciencia de los hombres y la sumisión al conjunto de las relaciones sociales. La filosofía de la praxis no puede, de ningún modo, alinearse con posiciones como las de este sentido común.

De este debate de los años treinta, Gramsci recogerá la necesidad de crear un nuevo sentido común, es decir, se trataría de tener y de dar unos instrumentos práctico-políticos que permitan la reflexión y la acción para un nuevo tipo de hombre. Se debe luchar por una nueva crítica (la filosofía de la praxis) que devenga un nuevo modo de sentir y de ver la realidad, es decir, que conlleve una nueva vida moral, otros valores. Pues el sentido común convencional es, en el fondo, una concepción de la vida y de la moral muy difundida y muy sumisa. Todo sentido común tiene su concepción de la vida y del hombre. Para el hombre de la calle lo práctico se contrapone, absolutamente, con la teoría. Ésta es innecesaria. En vez de teorías se prefiere tener:

el punto de vista del ‘sentido común’ que dócilmente se pliega al dictado o exigencias de una práctica viciada (…) de prejuicios, verdades anquilosadas y (…) supersticiones de una concepción irracional (…) del mundo (…). El ‘sentido común’ es el sentido de la práctica. Como no hay inadecuación entre ‘sentido común’ y la práctica, para la conciencia ordinaria, el criterio que ésta proporciona en su lectura directa es inaceptable. Por todo esto el punto de vista del sentido común es el pragmatismo, es decir, una práctica sin teoría que la fundamente y avale. Por eso, fiel al punto de vista del sentido común, del hombre de la calle, el pragmatismo reduce lo práctico a lo utilitario, con lo cual acaba por disolver lo teórico en lo útil (54).

El sentido común sólo puede ser recuperado bajo una operación crítica y en esta medida deja de ser tal sentido común. La difusión de una concepción del mundo y de la vida representa un pilar determinante para ejercer la dominación. Crear una nueva cultura, una nueva filosofía, no significa hacer descubrimientos originales, sino lograr que una masa de hombres pueda pensar coherentemente.

Por eso también le interesa el folklore. Se ha estudiado el folklore principalmente como un elemento pintoresco, sin embargo, habría que estudiarlo como una concepción del mundo y de la vida en contraposición con las concepciones del mundo y de la vida oficiales. Hay que comprender el folklore como un reflejo de las condiciones de vida (cultural) del pueblo. No debe concebirse el folklore como una extravagancia o algo pintoresco sino como algo que es muy serio y que hay que tomarlo muy en serio. Hay una relación muy estrecha entre folklore y sentido común.

La religión

En los Cuadernos se considera que de las tres ideologías operantes en la sociedad italiana: el idealismo crociano, el materialismo vulgar y el catolicismo, es la representada por la religión la que más está arraigada y difundida entre las masas populares, sobre todo en las masas campesinas (Cfr. Cuaderno 20: Acción Católica/Católicos integrales/ jesuitas/ modernistas). Al considerar la religión como una ideología lo que le interesa es resaltar, sobre todo, dos aspectos: la forma propia de esta realidad y su capacidad de convertirse en norma de conducta de las masas. Por eso le interesa la función que juegan las prácticas de la ideología religiosa, el rol social que éstas juegan, los comportamientos que originan, su relación con las diversas clases sociales y la estructura social que genera. Y es en esta dimensión socio-política, de control ideológico, como instrumento de dirección política, en donde se sitúan las preocupaciones de Gramsci sobre la religión.

Las críticas de Gramsci a la religión, de una forma resumida, serían las siguientes:

• La religión es una ideología (en el sentido peyorativo), y denuncia la utilización que hace la   burguesía del hecho religioso para fortalecer sus intereses de clase. La religión, entonces, sólo   sirve para frenar las justas reivindicaciones, para impedir revueltas sociales, para encarnar en  la figura del Papa un narcótico social más que una figura moral.

• También plantea una crítica cultural, que Gramsci realiza, sobre los efectos que ha tenido para   la sociedad italiana el control clerical-jesuítico de la educación. El contenido cultural religioso   constituye un freno a la libertad de pensamiento y de discusión. Las enseñanzas de la religión   son irracionales, generan resignación y acatamiento del orden social. Es necesario superar la   mentalidad religiosa y buscar la verdad con medios humanos como la razón y la inteligencia.   Gramsci hace un llamamiento a los padres proletarios para que se opongan a la educación religiosa de sus hijos.

• La religión está llena de imágenes-objetos a los que se les atribuyen toda clase de poderes sobrenaturales que condicionan la voluntad de los seres humanos a la voluntad divina, con lo que  incapacitan al ser humano para percibir la historia como un producto de los hombres.

• La religión incapacita al ser humano para entender y hallar las causas del mal. Pues al situar la   religión el mal de la sociedad en el interior del individuo (en la conciencia), impide que se capten los mecanismos de la estructura social que causa la explotación del hombre por el hombre.

• Crítica estas dos ideas religiosas: a) la metafísica creacionista. Esta concepción, en la que el   hombre es producto de un poder extraño a la historia, provoca resignación y crea un dualismo en la conciencia. b) y la creencia de que existe una naturaleza humana abstracta, fija e inmutable. Estas dos ideas provocan las mayores resistencias para que el pensamiento historicista sea entendido por la mentalidad popular.

Gramsci propugna un anticlericalismo serio, que defienda al Estado de las injerencias eclesiásticas; impida el enriquecimiento de la Iglesia y muestre que el ateísmo integral es una opción de vida mejor, pues la madurez humana, piensa, encuentra en el ateísmo integral su realización, no estaría escindida, ya que de este modo el hombre se reconciliaría consigo mismo y se liberaría de la esclavitud de la transcendencia.

Para todo esto, Gramsci propone una doble estrategia: por un lado, mediante la crítica a la religión propugna una nueva cultura y una nueva ética laica, y por otro lado, propone desarrollar una política hacia los campesinos y hacia el hombre de la calle para desbloquearlos y así, promover un progreso intelectual que permita a éstos pensar y actuar por su cuenta con medios únicamente humanos como la razón y la inteligencia, es decir, como individuos racionales y libres.

Americanismo y fordismo

El Cuaderno 22, titulado Americanismo y fordismo (hace referencia, con estos términos, al sistema y a la concepción de la vida en los EEUU) que se podría leer e interpretar como una evolución de la formación social capitalista, y en este sentido, Gramsci, se apartaría de la interpretación tradicional del derrumbe del sistema capitalista que hacían, con diversas matizaciones, tanto la II como la III Internacional. Otra lectura que se puede hacer es que, en este Cuaderno, hay un conjunto de reflexiones, sobre la vida en el sistema capitalista, en las que se pretende buscar una vía europea equidistante de Oriente y de la pujante transformación que viene del otro lado del Atlántico. Se debe encontrar el modo de vida ‘original’ y no de marca americana para reinventar la libertad (55).

El occidente de Gramsci está dominado por una larga crisis del Estado liberal, con sus manifestaciones extremas: la Gran Guerra; la depresión del 29; el fascismo y el nazismo; y, en el otro lado, todo el fenómeno sindical; así como por la racionalización en la producción del sistema capitalista americano. De tal forma que, el proceso de modernización de este Estado liberal se podría sintetizar en la tecnología doméstica de la vida americana (la americanización) y en la difusión del método fordista en las empresas.

El interés de Gramsci por los Estados Unidos de América es político, leninista. Estados Unidos estaba provocando un cambio en la correlación de fuerzas con respecto a otros Estados europeos. Empezaba a surgir como el Estado hegemónico. Por eso, le interesa el fordismo (método de producción e incentivos) y su formulación teórica, el taylorismo (organizar científicamente la empresa), no tanto como meras teorías de transformación técnico-organizativas, sino como componentes de dominación y explotación social que tienden a impregnar por entero el sistema de relaciones sociales y de producción. Pues la hegemonía empieza por la fábrica.

El programa de investigación instrumental se inicia con Taylor (1911), en Estados Unidos, y con Fayol (1916), en Francia. El programa se basa en considerar al hombre desde una perspectiva economicista dentro de la empresa. Este hombre es un mero instrumento útil, capaz de realizar tareas eficaces para contribuir al desarrollo adecuado de la organización productiva. Dicho programa tiene sus orígenes en la revolución industrial y, sobre todo, en la gran expansión que experimenta la empresa a comienzos del siglo XX. Esta empresa necesita un conjunto de técnicas y de normas para dirigirla pues cada vez es más grande y compleja como unidad de producción. Los principios técnico-organizativos que este programa aplica a las empresas serían los siguientes:

• Principio de jerarquía.

• Principio de unidad de mando.

• Principio de delegación.

• Principio de extensión de la subordinación.

• Y principio de la especialización organizativa.

Todos estos principios, salvo el último, son propios de una concepción de la estructura productiva basada en una organización autoritaria, cuyos valores resaltan la eficacia y el beneficio frente al factor humano.

Las dos notas de que consta el Cuaderno 22, contienen el análisis de la civilización americana. Este sueño americano intenta crear un nuevo tipo de hombre, un nuevo tipo de relaciones sociales determinadas directamente por un modo de producción racionalizada. “En América la racionalización ha determinado la necesidad de elaborar un nuevo tipo humano, conforme al nuevo tipo de trabajo y de proceso productivo: esa elaboración (…) está sólo en fase inicial y por eso [aparentemente] idílica (56).

Las diferencias que separan a la civilización americana de la europea serían las siguientes: la introducción del taylorismo en los métodos de trabajo para contrarrestar la tendencia descendente de la tasa de ganancia; la implantación de una política de altos salarios en la industria Ford; el tratamiento de la cuestión sexual y del alcohol bajo una estrategia dirigida a situar el puritanismo como soporte ideológico de la producción. Si a esto le añadimos la creencia que en esta sociedad no existen capas parasitarias, la formación social para el desarrollo capitalista aparece bajo unas condiciones idílicas, de ensoñación. (…) ha sido relativamente fácil racionalizar la producción y el trabajo, combinando la fuerza [destrucción del sindicalismo obrero de base territorial] con la persuasión [altos salarios, beneficios sociales diversos, propaganda ideológica y política habilísima] y obteniendo el ajustar toda la vida del país sobre la producción. La hegemonía nace de la fábrica y no tiene necesidad para ejercitarse más que de una cantidad mínima de intermediarios profesionales de la política y de la ideología (57).

El americanismo representa, pues, un modelo frente a la civilización europea. (Ortega nos recuerda, en La rebelión de las masas, que América está hecha con el reboso de Europa). Más aun, el americanismo se convierte en un instrumento capaz de canalizar el fenómeno de la revolución pasiva. Con el término de revolución pasiva o revolución sin revolución, Gramsci propone una nueva interpretación de este modo de producción que es el capitalismo; conlleva una actitud transformista, de apariencias, no hay una nueva clase que asuma el poder. ¿Podría el fascismo, para la realidad italiana, ser una revolución pasiva?. El problema está en que en la revolución pasiva hay una absorción progresiva de dirección de los distintos estratos de las clases sociales, mientras que en el fascismo se decapita políticamente a estas clases con la fuerza y la represión. Sin embargo, el fascismo podría ser entendido, no sólo como un resultado o producto político-ideológico de la crisis del Estado liberal, sino, también, como el campo en donde se aplican esos factores de racionalización económica que a través del esquema corporativo permite al Estado un nuevo juego de relaciones con la sociedad civil (58).

A MODO DE CONCLUSIÓN

Después de escribir el ensayo sobre el “Mezzogiorno”, en 1926, Gramsci fue detenido. Gramsci se proponía construir un marxismo abierto, más cálido defendiendo al individuo-hombre como sujeto. Y esto, exigía la creación de condiciones materiales y sociales que posibilitaran y realizaran los imperativos liberadores heredados por los hombres a lo largo de la historia. Lo que en los Cuadernos llama sociedad regulada, de amplias resonancias kantianas, es el movimiento que lucha por la liberación económica y cultural de los hombres, que suprime la explotación y que actúa en beneficio de la totalidad de la vida social.

Gramsci fue esencialmente un pensador político que se expresaba en un lenguaje muy particular. Este lenguaje tenía una finalidad: reconstruir la racionalidad de la historia contemporánea a través de un discurso abierto sobre el Estado capitalista. Era un intento de recomponer el marxismo como una cultura alternativa, no aceptaba la racionalidad del mundo que se mide y que se basa exclusivamente en la efectividad económica o histórica. Lo interesante de su pensamiento está en la afirmación de que sólo puede revolucionarse de verdad algo si se cambia profundamente el universo de las ideas y las instituciones en las que esas ideas se materializan y se concretan para los hombres.

A pesar de su aislamiento carcelario, Gramsci siempre intentó elaborar una estrategia revolucionaria original conectada con la realidad nacional. Esto es lo que explica su interés por el risorgimento, por la cuestión meridional; por la filosofía de Croce; por los intelectuales; por el príncipe moderno; por el movimiento obrero; por la cultura, por el problema católico”; por la lengua y la literatura, etcétera. No se comprendería todo este proyecto teórico y político sin enmarcarlo en las condiciones nacionales para poder así convertir al proletariado, hoy día diríamos a los ciudadanos, en la clase hegemónica.

NOTAS

28 Q. p. 1082

29 L. C. p. 419.

30 CROCE, B.: La storia como pensiero e azione, Bari, Laterza, 1945, pág. 52.

31 CROCE, B.: El carácter de la filosofía moderna, Ed Iman, Buenos Aires, 1959, p. 27.

32 Q. p. 1325

33 Q. cfr. pp. 1235-1236

34 Q. p. 41

35 L. C. p. 432.

36 Q. p. 1341.

37 Q. pp. 1385-1386.

38 Q. cfr. p. 2012.

39 Q. p. 1381

40 Q. p. 1385.

41 Q. p. 1338.

42 Q. p. 1255.

43 Q. p. 1264.

44 Q. p. 1276-1277.

45 Q. cfr. pp. 1312-1313.

46 Q. cfr. pp. 1347 a1349

47 Q. pp. 1434 y 1441

48 Q. pág. 1432.

49 BUJARIN, N. I.: Teoría del materialismo histórico, Siglo XXI, Madrid, 1974, pp. 113-114

50 Q. p. 894.

51 GRAMSCI, A.: Introducción al futuro de la filosofía, Grijalbo, Barcelona, 1985, págs. 26-27

52 Q. p. 2325.

53 Q. p. 2301.

54 SÁNCHEZ VÁZQUEZ, A.: La filosofía de la praxis, Grijalbo, México,1972, pp. 174-175

55 Q. cfr. pp. 2178-2180

56 Q. p. 2146

57 Q. pp. 2145-2146

58 BUCI-GLCKSMANN, CH.: Gramsci y el Estado, Siglo XXI, México, 1978, p. 388

BIBLIOGRAFÍA:

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——— : Lettere del Carcere, Torino, Einaudi, 1975 (utilizada la traducción francesa, Lettres de

prisión, Gallimard, 1971).

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——— : Introducción al futuro de la filosofía, Grijalbo, Barcelona,1985

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SOBRERO, A.M. Política e storia in Gramsci, vol II, Riuniti, Roma, 1977

TOGLIATTI, P.: Antonio Gramsci, Riuniti, Roma, 1977.

ÍNDICE ONOMÁSTICO:

Capítulo primero:

CROCE, B. (1866-1952) filósofo, historiador y político italiano. Fundó la revista La Crítica. Fue senador (1910) y ministro de educación (1920-1921). Jefe del partido liberal (1943-47). Se negó a colaborar con el fascismo. Su filosofía, con influencias de Hegel y de Vico, se decanta por un idealismo historicista. Para Gramsci es el representante de la burguesía y del idealismo italiano.

FORD, H. (1863-1947), en 1903, realizó en su empresa la Ford Motor Company una serie de cambios. Impulsó una nueva metodología de trabajo basado en la producción en serie, en cadena y la estandarización de las piezas, así como un sistema de ventas a crédito. Creador del fordismo. Gramsci dedica el Cuaderno 22 a criticar este método de trabajo y estilo de vida.

GERRATANA, V. (1919-2000) especialista en Gramsci, realiza por encargo del PCI, una edición crítica de los Cuadernos amparada por el Instituto Gramsci (1975). La exposición que realiza de los Cuadernos, no es temática, sino cronológica. La edición italiana consta de 4 Tomos: Q. 1-5; Q. 6-11; Q. 12-29 y un cuarto tomo que contiene todo el aparato crítico.

Capítulo segundo:

BUJARIN, N. (1888-1938), economista y político bolchevique. Colaboró con Lenin y Stalin. Redactor jefe del periódico Pravda. Se opuso a Stalin y fue ejecutado en 1938.

LABRIOLA, A. (1843-1904) filósofo italiano. Profesor de la Universidad de Roma desde 1874. Conocedor de la filosofía de Hegel, Herbart y Marx. Mantuvo correspondencia con Engels y trató de divulgar el materialismo histórico. Es contrario a las posiciones positivistas de Loria.

LORIA, G. (1862-1954) profesor de matemáticas de la Universidad de Génova de 1886 a 1935.

TOGLIATTI, P. (1893-1964) político italiano. Participó en la fundación de la revista L’Ordine Nuevo (1919) y del PCI en 1921 junto con Gramsci. Tras la detención de Gramsci por el fascismo, se le nombró secretario general del PCI. Al final de la II Guerra Mundial formó parte del gobierno italiano (1944-1947). Tras el XX Congreso del PCUS elaboró la vía italiana al socialismo.

Capítulo tercero:

BORDIGA, A. (1889-1970), político italiano. En 1921 fue uno de los fundadores del PCI. Fue expulsado en el 29 por sus posiciones anarcosindicalistas. En 1952 organizó el Partido Comunista Internacional.

FORTUNATO, G. (1848-1932), político y publicista conservador. Interesado por el problema del Sur de Italia, por el Mezzogiorno.

GENTILE, G. (1875-1944) Filósofo italiano. Profesor en las Universidades de Palermo, Pisa y Roma. Su filosofía conocida por el “actualismo”, es idealista. Ministro de Instrucción Pública (1922-25), inició en el 23 la reforma educativa que lleva su nombre, base del sistema escolar durante el periodo fascista.

KAUTSKY, K. (1854-1938), teórico marxista alemán. Fundó, en Stuttgart la revista Die Neue Zeit, órgano oficial del partido socialdemócrata alemán. Pacifista, rechazó la violencia y se opuso la Revolución Rusa.

LUKACS, G. (1885-1971), filósofo marxista húngaro. Estudió en Berlín y en Heildelberg, donde conoció a Max Weber. En el 18 ingresa en el partido comunista húngaro. Tomó parte en el levantamiento húngaro de 1952. Fue Ministro de Cultura. Historia y conciencia de clase, El joven Hegel, La teoría de la novela, Estética y El asalto a la razón serían sus principales obras.

LUXEMBURG, R. (1870-1919), teórica marxista alemana, de origen polaco. Participó en la Revolución rusa de 1905. Se opuso a la I Guerra Mundial. Formó parte del grupo Spartakus (movimiento político alemán de ideología marxista que debe su nombre a una publicación aparecida en la I Gran Guerra, con el título Cartas de Espartaco). Represento a la izquierda en la II Internacional.

PLEJANOV, G.V. (1856-1918), primer teórico marxista ruso. Conoció a Lenin, en 1895, en Ginebra. Fundó con Lenin las revistas Ikra y Zaria en 1900.

PREOBRAZENSKY, E. (1886-1937), economista y político soviético. Miembro del Comité Central. En 1919, escribió con Bujarin, El ABC del comunismo. Su obra nueva economía (1926) influyó en la planificación económica soviética. Stalin lo condenó a muerte.

PROUDHON, P-J. (1909-1865), pensador francés. En 1840 publicó ¿Qué es la propiedad? y contesta la propiedad es un robo. En 1846 publica Sistema de contradicciones económicas o Filosofía de la Miseria. Bajo Napoleón III se le condenó a tres años de prisión. Se mueve, en los últimos años de su vida, entre el anarquismo y el federalismo democrático.

RICARDO, D. (1772-1823), economista británico. Es considerado el principal representante de la escuela clásica. Agente de bolsa y miembro del Parlamento. En su obra The Principles of Political Economy and taxation, plantea que el principal problema de la economía política es determinar las leyes que regulan la distribución. Para este fin desarrolló una teoría del valor y una teoría de la distribución.

SOREL, G. (1847-1922) Escritor francés. Su profesión de Ingeniero le relacionó con los problemas obreros. Consideró el socialismo revolucionario como el único medio adecuado para la lucha de clases. Conocedor de Proudhon, Marx y Nietzsche. Su concepción de la violencia y su interpretación del mito ejercieron cierta influencia en las teorías pre-fascistas

TAYLOR, F.W. (1856-1915) Ingeniero estadounidense. Ideó un método de organización racional del trabajo (taylorismo). Fijo las reglas que permiten aumentar el rendimiento de las máquinas herramientas.

Capítulo cuarto:

FAYOL, H. (1841-1925), ingeniero francés. Elaboró una doctrina administrativa de la empresa en su obra Administración general e industria (1916). Preconiza una estructura jerárquica de la empresa. Las operaciones de la empresa se dividen en: en técnicas; comerciales; financieras; de seguridad; contables y administrativas, esta última, es la más importante pues debe prever, organizar, dirigir, coordinar y controlar a las demás.

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