Introducción a los Cuadernos de la Cárcel

Amigas y amigos, hoy han encarcelado a Luis Bárcenas, (ex-tesorero del PP y conocido por los gurtelianos como Luis”el cabrón”). ¿Alguien piensa que este tipo va a tirar de la manta?, ¿alguien piensa que el propio sistema se va autofagozitar destruyendo al partido en el gobierno y uno de los componentes -junto a PSOE- de la dupla de turnismo?, y lo más grave, ¿alguien piensa que les afectará el día de las votaciones?

violenza padronaleNo pierdan mucho tiempo con eso. Tenemos cosas más importantes e interesantes para darle a la cocorota. ¿Qué tal Gramsci? Hoy tenemos la primera parte de una introducción a los Cuadernos de la Cárcel que de una manera esquemática nos va a acercar a la variedad de cuadernos que escribió Gramsci. Gracias a un autor que ya conocemos por aquí, Ignacio Jardón estudia Filosofía y Letras en la Universidad Complutense. Participa en diversos Seminarios en el Instituto Fe y Secularidad. En el curso 1978-1979 contribuye a montar el sindicato de enseñanza de CCOO en Ciudad Real. Se traslada a Madrid y colabora en la revista de la Sociedad Española de Profesores de Filosofía: Paideia. Se doctora en la Universidad Autónoma de Madrid con la tesis El Concepto de Filosofía en Gramsci. Ha sido catedrático de Filosofía en el IES Gran Capitán de Madrid y Profesor Asociado del ICE de la Universidad Autónoma de Madrid. Ha sido colaborador de la Fundación de Investigaciones Marxistas en su revista Papeles de la FIM.

No os perdáis la segunda parte. La primera, a continuación…Saludos, Olivé

Introducción a los Cuadernos de la Cárcel

Antonio Gramsci: Una Lectura Filosófica 

IGNACIO JARDÓN

 PRESENTACIÓN

En el verano de 2011 volví a leer las Cartas de Antonio Gramsci, de la editorial Veintisieteletras, prologadas por Francisco Fernández Buey y, en otoño, vi en las librerías un librito sobre/de Gramsci cuya palabra ”indiferente” en grandes letras resumía la pequeña recopilación de artículos que contenía. Indiferentes es uno de los siete artículos que publica en la revista La Ciudad Futura. Este ensayo está escrito contra la pasividad y la indiferencia, señalando muy claramente el rechazo que le produce quien no se compromete, pues vivere vuol dire essere partigiani.

Después vino el invierno. Y continuó la fe en las virtudes del mercado libre, la desconfianza en la política y en lo público, el rechazo al gasto social, la negación a recaudar impuestos que graven la renta y la riqueza de las clases acomodadas. Llegaron las elecciones y la reducción de la ciudadanía a súbditos y a clientes de las empresas, a un economicismo financiero que lo devora todo. Se impuso la austeridad en la cultura, en el pensamiento, en la educación, en la sanidad, etcétera. El deterioro de la democracia, la pérdida de los derechos humanos de los ciudadanos. El triunfo del homo financierus.

Se ha presentado el déficit fiscal y el problema de la deuda como producto del despilfarro del Estado de bienestar y no como efectos de la recesión económica. Se ganó la batalla de las ideas, se tiene la hegemonía, se domina la política y una gran parte de la sociedad ha admitido esta visión. Es verdad, que hay resistencia ciudadana en la calle: el 15-M; la marea verde; las batas blanca”; la judicatura y, sobre todo, hay que destacar las tres huelgas generales, dos de ellas en el año 2012, convocadas por los sindicatos.

Las políticas de la derecha hacen recaer sobre el trabajo la salida de la crisis. Todo recae sobre las espaldas de los ciudadanos que tengan un trabajo, una nómina. La salida de la crisis no la van a pagar por igual todos los ciudadanos. La clase subalterna es la que va a pagar el pato. Por eso la desigualdad se hace cada vez más insoportable. ¿Qué narración está justificando esta forma de soportar la crisis? ¿Hay otra posible narración? ¿Qué otras herramientas intelectuales y políticas podríamos tener? En esta situación ¿convendría volver a poner en circulación el pensamiento de Gramsci contenido en los Cuadernos de la Cárcel?

El pensamiento de Gramsci todavía hoy supone un importante estímulo intelectual. Aporta una perspectiva original para orientar la acción social hacia el objetivo de una mayor libertad y justicia, destacando la necesidad de la participación colectiva de los ciudadanos. Gramsci es el gran  descubridor, y sobre todo, el mejor analista en el campo de la izquierda intelectual y política del relevante e imprescindible papel de la sociedad civil para llevar a cabo las transformaciones en el Estado. Percibe que la ruptura revolucionaria con el pasado no siempre es posible, y advierte que la reforma intelectual y moral de la sociedad es el camino real que hay que recorrer, si se quiere alcanzar un proyecto socialista. Esta movilización del potencial social aparece como previa y necesaria para impulsar la emancipación de los sectores subordinados. De esta manera la filosofía de la praxis, de Gramsci, combate una concepción de la política que la reduzca a la acción de los gobernantes y a la sustitución de estos por otros diferentes. Si la política es entendida sólo como este relevo, el resultado es siempre la creciente separación entre gobernantes y gobernados. Al final, ello conduce al descrédito y debilitamiento de la democracia.

Conviene advertir que el concepto de “sociedad civil” que maneja Gramsci tiene poco que ver con el que hoy han puesto de actualidad pensadores conservadores. Estos reclaman la retirada del Estado, menos Estado, con el propósito de que sea la sociedad la que solucione todo, sus conflictos, sus contenciosos y defina sus propios fines, como si la sociedad fuera un todo homogéneo. Esto es falso, pues la sociedad civil es un espacio desigual, de grupos sociales contrapuestos, espacio caracterizado por la asimetría y la subordinación de unos grupos sociales a otros. Dejadas a la suerte del libre  juego el resultado de estas oposiciones sociales no puede ser otro que el triunfo de los más fuertes, conforme a lo que se ha denominado darwinismo social. Hegel llamaba a esto la primacía de lo particular sobre los intereses universales.

Por el contrario, el concepto de sociedad civil que tiene Gramsci pretende fortalecer y favorecer el vigor asociativo de los sectores populares, consolidando alianzas con otros grupos sociales (de ahí su preocupación por los intelectuales, por la educación, por la hegemonía, por el sentido común,  por desarrollar el marxismo como política…). Esto les permitiría construir su propia cultura y valores, con el fin de obtener por la fuerza de la mayoría el acceso al Estado. En Gramsci, el Estado es clave para lograr las profundas transformaciones que engendran una sociedad diferente. Sabe que ello nunca es posible sin un importante esfuerzo teórico y moral, sin un consenso y una hegemonía.

Pues son los hombres de la calle, los hombres de carne y hueso, los actores de su propio destino. De lo que se trata es de volver a poner en circulación otro tipo de narración que no sea la de los grupos dominantes. Ahora bien, ¿tienen actualidad los textos gramscianos?, ¿sirven para describir los mecanismos de poder de nuestra sociedad?, ¿El mundo de la Gran depresión es equiparable al mundo de la Crisis Global?, ¿los textos de Gramsci conservan todo su sentido, sus expectativas para alcanzar la movilización de la gente?, ¿se han desvanecido sus teorías, cual mercancías de uso, de consumo? o ¿son valor de transformación social?, ¿pueden unos textos de los años treinta ser útiles para entender lo que está pasando ahora?, ¿pueden ser leídos hoy?, ¿son dadores de explicación y sentido para la sociedad de la globalización?. ¿El mundo en el que estamos, la actualidad, se parece, continua pareciéndose al mundo pasado?

Tenemos que tener en cuenta, en primer lugar, que el marxismo italiano de las primeras décadas del siglo XX, en su aspecto filosófico, se las tenía que ver con dos corrientes que le hacían la competencia: el positivismo o el historicismo. Quizás porque historicismo y positivismo eran las dos formas más importantes de reconstruir y pensar los problemas filosóficos de la época (Gramsci criticará, tanto, el historicismo crociano, como, el positivismo imperante en la sociedad de su tiempo). Y, en segundo lugar, el marxismo, en la Europa occidental, era un producto de la derrota de la revolución (alemana, húngara, etcétera) y de la escisión en el campo socialista (ruptura entre socialdemocracia y comunistas).

No había unidad teórica en el marxismo. Por eso el marxismo (italiano) hace esfuerzos por legitimarse, se quiere construir como autónomo y crítico, liberarse de la hegemonía rusa y afirmarse como europeo, como occidental y como nacional. Y todo ello, bajo el control fascista que pone sus límites a la difusión y al debate. Gran parte de la reflexión de Gramsci tenía una fundamental prioridad: la de hacer del materialismo histórico un uso político. De ahí, la necesidad urgente de replantearse y recuperar el marxismo como teoría de la hegemonía.

Prisión de Turi

Prisión de Turi

Gramsci (1891-1937) fue periodista, político y filósofo italiano. Estudió lingüística, en Turín. Fundó el partido comunista italiano (PCI), en el 21, del que fue secretario general en 1924. En 1926, siendo diputado, fue detenido y condenado a 20 años por la dictadura fascista de Mussolini; no sólo fue un testigo y actor excepcional de su época, sino, también, hoy nos puede servir como un gran referente para afrontar las tareas que se plantean a nuestro tiempo.

Plantearé la presentación de los Cuadernos siguiendo este esquema:

En el Capítulo primero, plantearé el inicio de los Cuadernos, su génesis, su fragmentariedad, su provisionalidad. En este capítulo aparecen nombres y personajes italianos poco conocidos para el lector español, y un término crucial del Cuaderno 22: el fordismo (cfr. Índice onomástico).

En el Capítulo segundo, plantearé los Cuadernos 1 al 7 (1929-1931), la recuperación de Labriola, la filosofía de la praxis, la recuperación de Marx como teórico de la hegemonía. En este bloque de Cuadernos aparecen una serie de nombres y personajes rusos e italianos con los que Gramsci se confronta y discute (cfr. Índice onomástico).

En el Capítulo tercero, plantearé los Cuadernos 8 al 17 (1931-1933), la crítica al historicismo de Croce y la crítica a un marxismo ruso: el de Bujarin. En este bloque de Cuadernos siguen apareciendo nombres y los personajes italianos, rusos, alemanes, franceses, ingleses, húngaros y hasta estadounidenses, con los que Gramsci discute sus posiciones teóricas y prácticas (cfr. Índice onomástico).

En el Capítulo cuarto, plantearé los Cuadernos 18 al 29 (1933-1935), la crítica al sentido común, su postura frente a la religión, su crítica a las técnicas de producción en la empresa: el americanismo y el fordismo. Y en este bloque de Cuadernos aparece un personaje francés que junto con Henry Ford, revolucionó el sistema administrativo-productivo del sistema capitalista (cfr. Índice onomástico).

CAPÍTULO PRIMERO. LOS CUADERNOS DE LA CARCEL

El 8 de noviembre de 1926 Gramsci, que era parlamentario por el partido comunista italiano (PCI), es arrestado por la policía fascista e ingresa en la prisión romana de Regina Coeli (en 1922 se produce la marcha sobre Roma y Mussolini -el fascismo- toma el poder; la democracia se va a pique y empiezan las persecuciones contra los individuos y las instituciones). El 7 de diciembre llega a Ustica, su lugar de destierro. Desde el principio va a sentirse muy preocupado por la posibilidad de que sus circunstancias externas (la cárcel) le lleven a embrutecerse intelectualmente. Para resolver esto se le ocurre, junto con otros presos, organizar una escuela. Él asume la responsabilidad de la parte de letras: de la historia y de la literatura. El 14 de enero de 1927 recibe un mandato de arresto librado por el tribunal militar de Milán. El 20 de enero abandona Ustica y llega a Milán el 7 de febrero de 1927.

En esta época, lee mucho, tiene libros, revistas, periódicos, está abonado a la biblioteca, pero estudiar, hacer un trabajo teórico estructurado y pensado le resulta mucho más difícil. En este sentido hay que deshacer el mal entendido de que los Cuadernos sean algo como una obra maestra, una obra para la eternidad, für ewig. Más bien hay que verlos como un material provisional, no definitivo, donde encontramos valiosas intuiciones.

El 19 de marzo de 1927 plantea un plan de trabajo (para no empobrecerse cultural e intelectualmente, para tener una ocupación y un orden) con una serie de temas: la formación del espíritu político en Italia; la lingüística comparada; el teatro de Pirandello y escribir un ensayo sobre las novelas-folletines y el gusto popular en la literatura.

Pero no consigue autorización para adquirir un material adecuado para escribir. No puede tomar notas ni puede trabajar metódicamente. No puede empezar a redactar los temas de su plan. Empieza a resignarse y cree que la elaboración de su plan tendrá que postergarse para cuando le asignen una prisión definitiva, para después del proceso. El proceso contra Gramsci se había fijado para el 28 de mayo. Llega a Roma el 12 del mismo mes y el 4 de junio conoce la condena: 20 años, 4 meses y 5 días.

Le mandan a la cárcel de Turi, donde llega el 19 de junio. En Turi puede escribir y escribir en su celda. Gramsci empieza a elaborar los Cuadernos en la cárcel de Turi (cerca de Bari, en Apulia), entre 1929 y 1933 y (aunque los Cuadernos que van del 18 al 29 están muchos sin concluir) los termina en una clínica de Roma entorno a 1935 o quizás algo más tarde. La elaboración es lenta. Son notas, apuntes que tienen un carácter provisional y tienen una gran cautela intelectual. No pretende realizar un trabajo para siempre, como hemos dicho. Esta lentitud y provisionalidad se tiene que entender por varias razones: una, que está en la cárcel, privado de libertad y depende del reglamento carcelario y de los permisos que le pueda otorgar el director; dos, el trabajo intelectual, estudiar, escribir se le presenta, inicialmente, como un sistema de autodefensa, moral (no embrutecerse) y psíquico (tener ocupado el tiempo). En este sentido, los Cuadernos no solamente son válidos por su contenido, aunque sean materialmente fragmentarios e incompletos, sino también como la expresión de resistencia de un hombre coherente con sus ideas.

La redacción del Cuaderno 1º empieza el 8 de febrero de 1929 con el rótulo de Notas y Apuntes, le sigue otro denominado Temas principales. Estos temas son 16, que van desde la Teoría de la historia hasta la Neo-gramática y la Neo-lingüística, pasando por la Formación de los grupos intelectuales italianos, Orígenes y evolución de la Acción Católica en Italia, la cuestión meridional, Americanismo y fordismo, entre otros. Sin embargo, el plan definitivo está en el Cuaderno 8 (1931).

Nada más empezar, en la nota Ensayos principales: Introducción general aparecen dos temas nuevos: Maquiavelo y Croce. Y en la página siguiente, en la nota Reagrupación de materias aparece otro de los temas que nos interesan: Introducción al estudio de la filosofía y notas críticas a un ensayo popular de sociología (el libro de Bujarin). Gramsci ha reagrupado los distintos planes de trabajo que ha ido pensando.

Gracias al trabajo y a la metodología empleada por Valentino Gerratana podemos abordar el estudio de los Cuadernos, no agrupados temáticamente, sino en tres periodos expuestos cronológicamente.

El primer periodo consta de 10 Cuadernos, tres de los cuales solamente tienen ejercicios de traducción (1929-1931). El segundo periodo, también, consta de 10 Cuadernos, más uno de traducciones (1931-1933) y el tercer periodo comienza en diciembre de 1933 y acaba en agosto de 1935; en este último periodo Gramsci ha empezado 12 cuaderno más, que quedaron incompletos. Sabemos que no tenemos que tomar el orden cronológico de una manera muy rígida, no sería exacto, dado que algunos Cuadernos fueron redactados en un período relativamente largo de tiempo y en simultaneidad con otros. En los Cuadernos hay que hacer distinciones. No todos son iguales ni tienen la misma importancia.

Hay Cuadernos misceláneos, por ejemplo el 3 o el 5 y hay Cuadernos especiales, que tratan un tema específico, por ejemplo el 10 o el 22. Los primeros no tienen unidad temática, los segundos son monográficos. Los misceláneos pueden ser vistos como una redacción preliminar de muchas de las partes de los segundos, son como una acumulación de materiales que se entrecruzan.

Los Cuadernos tienen tres tipos de notas, designadas, en la edición crítica del Instituto Gramsci,  con las letras A (de primera y única redacción); con la B (de segunda redacción) y la C (de redacción definitiva).

Veamos, un poco más detenidamente, la descripción de los Quaderni:

  • Primer bloque: (consta de 10 Cuadernos, tres de los cuales sólo tienen ejercicios de traducciones, de 1929 a 1931).
    • Cuaderno 1 (1929-1930). Está compuesto por 158 notas, la inmensa mayoría son notas de primera redacción (A). No tiene un tema central. Los temas que toca son muy variados. Es de miscelánea. Aparecen por primera vez el tema de la hegemonía; el tema de los intelectuales y tres notas sobre Hegel y Marx.
    • Cuaderno 2 (1929-1933). Está incompleto, también es de miscelánea (Miscelánea I), consta de 150 notas.
    • Cuaderno 3 (1930). Está completo, es misceláneo y consta de 166 notas. Representa un avance teórico respecto del concepto de hegemonía. (El uso de la fuerza no resolverá la crisis y confía en la racionalidad del materialismo histórico y en su capacidad de convencer y conectar con las masas). De ahí la necesidad de volver a la lectura de Labriola, a la filosofía de la praxis, como teoría de la hegemonía de las clases subalternas.
    • Cuaderno 4 (1930-1932). Titulado Apuntes de Filosofía/ Miscelánea/ El canto décimo del Infierno. En él aparecen, en sentido estricto, cuestiones sobre filosofía, como indica el Título. Es el primero que tiene una cierta estructura. Consta de tres partes: Apuntes de filosofía. Materialismo e idealismo (notas 1 a 48; 56 y 61). En la nota 75 se plantea la posibilidad que tiene el materialismo histórico de ser la reforma moral e intelectual de la sociedad. Canto décimo del infierno (notas 78 a 87) y las restantes notas hasta la 95 son Misceláneas. Son notas de tipo A que serán reincorporadas y relaboradas en posteriores Cuadernos.
    • Cuaderno 5 (1930-1932). Está completo, es de miscelánea y formado casi en su totalidad por notas de tipo B. Está formado por 161 notas. Entre los temas que aparecen, destacan los relativos a la cultura y a la Iglesia. También nos habla de Maquiavelo, que es, después de Croce, el autor más citado de los Cuadernos.
    • Cuaderno 6 (1930-1932). Es de miscelánea. Se puede decir que en este Cuaderno el concepto de Estado y el problema de la hegemonía ocupan una posición central. Es un Cuaderno completo y tiene 211 notas.
    • Cuaderno 7 (1930-1931). Está completo y consta de dos partes: Apuntes de Filosofía II (las 48 notas primeras) y Miscelánea (notas 49 a la 108).
  • Segundo bloque: (consta de 10 Cuadernos, más uno de traducciones, de 1931 a 1933)
    • Cuaderno 8 (1931-1932). Está completo y consta de dos partes: Una primera Miscelánea, hasta la nota 165 y una segunda parte titulada Apuntes de Filosofía III, que abarca desde la nota 166 hasta la nota 245. En las dos primeras páginas del Cuaderno está desarrollado el plan definitivo que no pudo llevar a cabo en su totalidad. Aparecen los temas de los intelectuales, el de Maquiavelo y el del periodismo.
    • Cuaderno 9 (1932). Está completo. Consta de 88 notas de miscelánea y 54 notas sobre el Risorgimento italiano. Una de las últimas notas de este Cuaderno hace referencia a los intelectuales españoles.
    • Cuaderno 10 (1932-1935). Está dedicado íntegramente a la filosofía de Benedetto Croce y es el primero elaborado sistemáticamente. Estamos ante el primer Cuaderno especial-monográfico. Consta de dos partes. En la primera parte, recoge una serie de aspectos como para realizar un posible ensayo sobre Croce: el valor instrumental (para la burguesía) del pensamiento de Croce; la pretensión, de este autor, de liquidar el materialismo histórico; la función de Croce de ser un verdadero reformador religioso-laico (al lograr mantener la separación entre los intelectuales y el catolicismo) y la concepción historiográfica de Croce, que reduce la historia a la historia ético-política, a figuras, al prescindir del bloque histórico. La segunda parte, está centrada en la crítica a la filosofía de este mismo autor desde posiciones de la filosofía de la praxis.
    • Cuaderno 11 (1932-1933). Es un Cuaderno completo. Tiene 70 notas y se abre con la advertencia de la provisionalidad de lo escrito. Trata de cuestiones filosóficas y lleva el título Introducción al estudio de la filosofía. Tiene dos partes, una, de apuntes de carácter histórico-crítico, en donde se plantea que todos los hombres son naturalmente filósofos. Es la filosofía implícita en todo hombre. Esto supone que la filosofía se entiende como un aprender a orientarse en el mundo y este aprendizaje implica elevar la filosofía espontánea, de todo hombre, a un plano re flexivo-crítico y abandonar, así, el conformismo. Y la otra parte, de introducción al estudio de la filosofía y de la historia de la cultura. En la segunda parte, figuran las observaciones y las notas críticas que hace al libro de Bujarin (Ensayo popular de sociología) sobre el materialismo histórico. Es el asunto principal de este Cuaderno 11.
    • Cuaderno 12 (1932). Incompleto. Dedicado a los intelectuales. Tiene 3 notas del tipo C, que tratan de la función de los intelectuales; del principio educativo en la escuela y del nuevo tipo de intelectual. Considera que las funciones de los intelectuales son organizativas y conectivas, es decir, ayudan a ejercer la hegemonía a la clase dominante y a provocar consenso. Se titula Apuntes y notas para un grupo de ensayos sobre la historia de los intelectuales.
    • Cuaderno 13 (1932-1934). Titulado Notas breves sobre la política de Maquiavelo. Es importante por la interpretación que hace del Príncipe. Encierra, en gran parte, su pensamiento político y su teoría del Estado. El moderno Príncipe no puede ser ya una persona, un individuo, sino una colectividad, es el partido político; cuyas dos tareas más importantes son la formación de una voluntad colectiva nacional-popular y la reforma intelectual y moral. Tiene 40 notas.
    • Cuaderno 14 (1932-1935). Titulado Miscelánea I, consta de 80 notas. Está completo.
    • Cuaderno 15 (1933). Titulado Miscelánea II, consta de 76 notas. Tiene seis notas sobre la Introducción al estudio de la filosofía, la 22, 29, 31, 33, 61 y 65.
    • Cuaderno 16 (1933-1934). Titulado: Argumentos de cultura 1º, es monográfico y consta de 30 notas. De especial interés es la nota 9 Algunos problemas para el estudio del desarrollo de la filosofía de la praxis, que versa sobre la filosofía de la praxis y la cultura.
    • Cuaderno 17 (1933-1935). Es un Cuaderno de miscelánea. Está incompleto y consta de 53 notas. Destacan los temas como la introducción al estudio de la filosofía; los argumentos de cultura; la literatura popular; la lógica formal y mentalidad científica. Por último, el tema de Maquiavelo vuelve a aparecer con bastante asiduidad en este Cuaderno.
  • Tercer bloque (consta de 12 Cuadernos más, de diciembre de1933 a agosto de 1935)
    • Cuaderno 18 (1934). Titulado: Nicolás Maquiavelo II, está incompleto y consta de 3 notas.
    • Cuaderno 19 (1934-1935). Es un Cuaderno especial, está incompleto y tiene 58 notas. Se titula el Risorgimento italiano y es de gran valor en cuanto estudio histórico-político.
    • Cuaderno 20 (1934-1935). Cuaderno especial e incompleto. Tiene 4 notas. Se titula Acción Católica/Católicos integristas/ jesuitas/ modernistas.
    • Cuaderno 21 (1934-1935). Dedicado a Problemas de la cultura nacional italiana. 1º Literatura popular. Es especial y tiene 15 notas. Incompleto.
    • Cuaderno 22 (1934). Sobre Americanismo y fordismo. Compuesto de 16 notas, está incompleto. Dos de ellas, la 3 y la 10, que versan sobre la sexualidad y la organización del trabajo ya las vimos en el Cuaderno 1, aquí ya están redactadas definitivamente. Son notas de tipo C. Es un Cuaderno especial.
    • Cuaderno 23 (1934) La Crítica literaria es el tema del Cuaderno, que es especial, está incompleto y tiene 59 notas.
    • Cuaderno 24 (1934). Sobre el Periodismo, es especial, está incompleto y consta de 9 notas. En él define su concepción del periodismo.
    • Cuaderno 25 (1934). Tiene 8 notas, es especial y está incompleto. Se titula Al margen de la historia. Historia de los grupos sociales subalterno”. Reflexiona sobre las utopías y sobre las llamadas novelas filosóficas.
    • Cuaderno 26 (1935). Dedicado a Argumentos de cultura 2º. Es especial y está incompleto. Tiene 11 notas. Lo único destacable es la nota 5 sobre la ironía y el sarcasmo.
    • Cuaderno 27 (1935). Reducido a 2 notas, se titula Observaciones sobre el ‘folklore’. El folklore se ha estudiado principalmente como algo pintoresco. Habría que estudiarlo como una concepción del mundo y de la vida que se contrapone a las concepciones oficiales del mundo. Hay que comprender el folklore como un reflejo de las condiciones de vida (cultural) de un pueblo. Es algo muy serio y hay que tomarlo en serio.
    • Cuaderno 28 (1935). Consta de 18 notas. Está centrado en el Lorianismo (Loria era uno de los máximos representantes del positivismo italiano). Lo que le preocupa no es tanto la existencia de un intelectual como Loria, sino que éste se hubiese encontrado espontáneamente con una gran audiencia. Está formado por notas de tipo C.
    • Cuaderno 29 (1935). Los Cuadernos de la Cárcel se terminan con Notas para una introducción al estudio de la gramática. Lo integran 9 notas de redacción única, es decir, de tipo B. En este último Cuaderno vuelve a aparecer la antigua pasión de Gramsci por la lingüística.

La lectura de los Cuadernos tiene que tener, también, en cuenta la doble censura que encierran, por una parte, se escriben en de las cárceles fascistas, en unas condiciones muy duras y, también, por otra parte, tenemos que considerar el propio autocontrol de Gramsci, para que su trabajo no le sea requisado. Pongamos algunos ejemplos: la expresión filosofía de la praxis es una denominación que sustituiría al término marxismo o materialismo histórico; el término clase que está en el Cuaderno 1, nota 44 (La dirección política de clase antes y después de la llegada al gobierno) desaparece en el Cuaderno 9 nota 24 (El problema de la dirección política en la formación y desarrollo de la nación y del Estado moderno en Italia). No nombra el libro de Marx por su título, El Capital, sino por su subtítulo Critica de la economía Política. En el Cuaderno 11, en las notas 46 y 62 se inventa un pseudónimo para nombrar a Lenin, lo llama Vilici. Cuando habla de un escrito (de septiembre de 1927) realizado por Giuseppe Bessarione, está nombrando y censurando el nombre de Iosif Visarionovich, es decir, Stalin. Esta censura se hace más patente a partir de la aparición del nuevo reglamento penitenciario de 1931, pues dejaba en manos del director de la cárcel y del poder judicial la autorización o no de la lectura de tal o cual libro, revista o periódico.

El material del que se servirá para la redacción de los Cuadernos no es solamente el encontrado en los libros, revistas o periódicos que lee en la cárcel, sino también el rescatado de su memoria, de sus lecturas, de sus trabajos y de sus experiencias como hombre y como militante. Con este material, tan diverso y frágil, quiere hacer un trabajo minucioso y llevado con el máximo escrúpulo de exactitud, de honestidad científica y de lealtad intelectual (1).

Los Cuadernos de la Cárcel fueron recogidos por sus amigos y compañeros del PCI (Partido Comunista Italiano) y empezaron a publicarse temáticamente, en italiano, a partir de 1948, unos pocos años después de la II Guerra Mundial.

En 1948, se publica El materialismo histórico y la filosofía de B. Croce en la editorial Einaudi, en Turín.

En 1949, se publican Los intelectuales y la organización de la Cultura y Notas sobre Maquiavelo, sobre la política y sobre el Estado moderno, en la editorial Einaudi.

En 1950, se publica Literatura y vida nacional, en la editorial Einaudi, de Turín.

Y 1951, el material titulado Pasado y presente, en la misma editorial y en la misma ciudad.

Años más tarde el PCI encarga a V. Gerratana una revisión y edición de todos los papeles de la cárcel de Gramsci. Gerratana plantea una visión de los Cuadernos desde un punto de vista cronológico. En 1975 aparece, en cuatro volúmenes, la que es denominada Edición Crítica del ‘InstitutoGramsci’, editada por Einaudi, de Turín. Los Cuadernos aparecen por primera vez, no por temas, sino cronológicamente presentados, según fueron escritos por Gramsci (cfr. pp. 7-10).

En castellano, temáticamente aparecen en la editorial Lautaro de Buenos Aires que publica:

• En 1950, las Cartas de la Cárcel.

• En 1958, El materialismo histórico y la filosofía de B. Croce.

• En 1960, Literatura y vida nacional y Los intelectuales y la organización de la cultura.

• Y en 1962, las Notas sobre Maquiavelo, sobre la política y sobre el Estado moderno.

En México, en 1967, en la editorial Grijalbo, aparece La formación de los intelectuales, traducido por A. González Vega. En 1981 la editorial Era empieza a publicar la edición crítica del Instituto Gramsci en 6 Tomos: el tomo 1 (1981), contiene los Cuadernos 1 y 2; el tomo 2 (1981), tiene los Cuadernos 3, 4 y 5; el tomo 3 (1984), contiene los Cuadernos 6,7 y 8; el tomo 4 (1986), tiene los Cuadernos 9,10,11 y 12; el tomo 5 (1999), contiene los Cuadernos 13,14,15,16,17,18 y 19; el tomo 6, tendría los Cuadernos del 20 al 29.

En España, se publican, en los años 1967 y 1970, dos libros traducidos por J. Solé-Tura: Cultura y literatura e Introducción a la filosofía de la praxis. Pero la gran aportación en los años 70 fue la Antología de M. Sacristán sobre Gramsci, en la editorial Siglo XXI. En la Antología se plantea la lectura, siguiendo el método cronológico de Gerratana, de algunas cartas, de materiales anteriores a su detención por el régimen fascista de Mussolini y de algunas notas de los distintos Cuadernos. En 1975, F. Fernández Buey, publica Amadeo Bordiga y Antonio Gramsci: Debate sobre los consejos de fábrica, en Anagrama. En 1976, publica el libro Actualidad del pensamiento político de Gramsci, un compendio de artículos de distintos autores, en Grijalbo. En 1978, en la editorial Materiales, de Barcelona, publica Ensayos sobre Gramsci. En 2001, Leyendo a Gramsci, en la editorial El Viejo Topo y en l 2010, publica, como dije al comienzo de la presentación, Las cartas de la Cárcel, en la editorial Veintisiete Letras, de Madrid.

CAPÍTULO SEGUNDO. CUADERNOS 1 AL 7 (1929-1931)

Este primer bloque de Cuadernos, como sabemos, consta en su inmensa mayoría de Cuadernos misceláneos, que contienen una gran variedad de temas que van desde los intelectuales; la hegemonía; la cultura; la Iglesia; Maquiavelo al tema del Estado. Sin embargo, en este grupo de Cuadernos hay dos que nos interesan de una forma especial por lo que suponen en el planteamiento de su marxismo, son el Cuaderno 4 y el Cuaderno 7. Estos Cuadernos tienen una cierta estructura y, sobre todo, contienen una serie de notas dedicadas a la reflexión filosófica, tituladas Apuntes de filosofía: materialismo e idealismo. Lo que pretende Gramsci con estas notas es empezar a plantear un marxismo, como teoría de la hegemonía, que entronca con una tradición de izquierdas italiana y que se puede presentar ante la sociedad (italiana) como una alternativa teórica, como una reforma intelectual y moral (2), frente a las corrientes idealistas de la burguesía, influidas por posiciones culturales e intelectuales de Croce (el llamado Papa laico) y, también, frente a un marxismo, foráneo, ruso representado por el ensayo de Bujarin.

En este bloque de Cuadernos, Gramsci pretende trabajar en tres direcciones:

1. Recuperar la filosofía del profesor Labriola, conocedor y divulgador del pensamiento de Hegel y de Marx, en el que ve que ya están implícitos muchos aspectos de su marxismo y de su filosofía de la praxis. Enraizando, así, su pensamiento con una corriente de la tradición italiana.

2. Rechazar la interpretación del marxismo y de la historia (que hace el que fuera ministro de Educación y jefe del partido Liberal, Croce), por reduccionista e idealista.

3. Rebatir la interpretación del marxismo que se hace en el ensayo o manual popular escrito por Bujarin por determinista y mecanicista.

Se inicia, así, en esta parte de los Cuadernos un proceso de crítica y de creación filosófica que culminará, con más profundidad, en los Cuadernos 10 (sobre Croce) y 11 (sobre Bujarín) del segundo bloque (Cuadernos 8 al 17).

La tradición italiana: Antonio Labriola

La aparición de Labriola como crítico y, también, como político del socialismo italiano tuvo lugar a partir de 1917, cuando se empieza a publicar, en el Stato Operario, su correspondencia con Engels. Y se verá todavía más reforzada cuando Lenin, desde su prisión en Siberia, mande traducirlo, pues entiende que Labriola era evidentemente un instrumento apto para la propaganda socialista (3). Así pues, podemos presentar al profesor Labriola con una proyección en el mundo cultural italiano, pretendiendo tener una dimensión nacional y, también, podemos resaltar, de él, una cierta proyección internacional.

En la cárcel, Gramsci, comprendió rápidamente y con gran lucidez que lo fundamental no era, tanto, instaurar el pensamiento de Labriola, como buscar desde la tradición que representaba Labriola una vía que fuese profunda y originalmente italiana. Labriola era, en todo caso, una referencia obligada. Habría que darlo a conocer. Era el creador de la filosofía de la praxis. Y, de ahí, la pretensión de poner en circulación las posiciones filosóficas de Labriola que son poco conocidas fuera de un círculo limitado (4). Esta pretensión de “poner en circulación” el pensamiento de Labriola tenía la intención de buscar una renovación política del materialismo histórico, del marxismo. Es decir, habría que desarrollar el marxismo de tal forma, como teoría y como ciencia política, que la clase obrera, en este momento, pudiese asumirlo y tener, así, una preparación con la que fuese capaz de conquistar y de dirigir el Estado. Ese es el objetivo de Gramsci, al poner en circulación el pensamiento de Labriola, recuperar y renovar el marxismo para que diese respuestas a la situación social y política italiana. Es consciente, que un rasgo importante de esta renovación, es el que tenga esa pretensión de dimensión nacional. El marxismo se podría convertir en un elemento dinamizador de la sociedad y sería, con la clase subalterna, una alternativa a la burguesía. La mediación de Labriola le servirá de gran estímulo para empezar a leer a Marx de otra forma.

Labriola tenía una preparación filosófica importante y era muy respetado como teórico del marxismo, incluso por gente que no tenía su misma ideología. Por ejemplo, por Croce, que sentía una profunda admiración por el que había sido su profesor.

Sólo Labriola, el único entre los socialistas italianos, que tenía el genio y la preparación científica de filósofo, comenzó en calidad de escritor, su obra de teórico del marxismo (5).

O,

(…) lo leí y releí, la mente se me llenó de visiones y de nuevos conceptos para mí…influenciado por la lectura de las páginas de Labriola (6).

La situación social italiana, al comienzo del siglo XX, es la que le va a hacer ver, a Labriola, que su filosofía tiene que ir por otros derroteros. Cada vez tiene que estar más orientada al mundo humano, a los problemas sociales, morales e históricos, no del espíritu, sino de los individuos reales, de una sociedad bien definida, (…) en un país atormentado por contrastes profundos, (…) una profunda revuelta moral contra una clase dirigente en crisis (…) [y le] llevan a Labriola primero al radicalismo y al socialismo después (7). Le van a llevar a la filosofía de la praxis. Para Labriola el desarrollo del marxismo no consistía, como para la mayoría de los líderes socialistas, en hacer propaganda del socialismo para hacerlo simpático entre la burguesía. Las relaciones que mantenía Labriola con el marxismo oficial de los partidos socialistas eran muy críticas y tensas.

Veamos algunas ideas del pensamiento de Labriola. En primer lugar, Labriola ve en el materialismo histórico un intento de rehacer la unidad entre el pensamiento y la acción (entre la teoría y la praxis) que habían estado separados durante siglos. Esto constituía, para él, una nueva forma de pensar.

Había que empezar en la filosofía no por los conceptos, sino por los grupos sociales, por las fuerzas productivas. Gramsci nos insiste en esta línea: (…) [En] la historia moderna el ‘individuo’  históricopolítico no es el individuo ‘biológico’ sino el grupo social (8).

En segundo lugar, al igual que Marx, Labriola presupone que el sistema capitalista está regido internamente por leyes tendenciales, no por leyes entendidas como en las ciencias naturales o en las ciencias físicas; es decir, en forma determinista (conocida la causa necesariamente se conoce el efecto), sino por leyes entendidas en sentido historicista; es decir, por leyes-fuerzas que corresponden a unos intereses y que se imponen en una realidad social y que están orgánicamente estructuradas.

Por otro lado, Labriola verá en el marxismo una línea de pensamiento que rompe con toda filosofía concebida como sistema, es decir, no entiende el marxismo como un dogma, como un pensamiento cerrado y acabado. Por fin, verá el socialismo como una visión global de la sociedad. Esta visión global tendría que ser crítica y dialéctica. El socialismo tiene que ser dialéctico para comprender y actuar sobre los cambios históricos de la sociedad. Tiene que entenderla como una realidad dinámica, no estática, para así definir, analizar y resolver las contradicciones de los distintos intereses que se presentan en la confrontación de las clases sociales. Tiene que ser crítico, es decir, tiene que ser cierto, objetivo y que valga para comprender la globalidad de la sociedad, y así se legitimará. Y como toda estructura social obedece a ciertas relaciones de poder, se puede afirmar que existe en la sociedad un discurso dominante, el del poder, que pretende ocultar sus intereses. La función de la crítica será entonces analizar ese discurso (ideológico) que oculta y ver de qué modo domina.

Gramsci, no sólo quiere renovar el marxismo sino, también, combatir la hegemonía cultural y filosófica del idealismo italiano, es decir, de la burguesía. Por eso asume de Labriola el  planteamiento de su filosofía de la praxis y el marxismo como reforma intelectual y moral. Es decir como teoría de la hegemonía de la clase subalterna.

La filosofía de la praxis.

La noción de filosofía de la praxis aparece por primera vez en el Cuaderno 4, nota 28 y se ampliando en los Cuadernos 4, nota 37; 5, nota 127 y en el 7, nota 35. Esta noción es tomada en un sentido bastante cercano al utilizado por Labriola.

¿Qué es la filosofía de la praxis? Hemos dicho que, para Gramsci, es una forma de ocultar la terminología marxista, de esquivar la censura carcelaria. Pero tenemos que profundizar más en su contenido. La filosofía de la praxis, a mi entender, encierra los siguientes aspectos: a) para, Gramsci, la filosofía de la praxis pone el acento en otra acción, es decir, en otra política (recuérdese que Gentile y el fascismo también insistían en la acción); luego la filosofía de la praxis es un pensamiento para la acción política, para construir una cosmovisión social, una narración, en la que el hombre de la calle entienda y transforme sus relaciones sociales; b) La filosofía de la praxis es, también, una visión del hombre, una antropología: el hombre como sujeto de la historia; y c) la filosofía de la praxis es la visión del hombre desde una perspectiva histórica, es, sobre todo, historia, es un historicismo. Entonces la filosofía de la praxis se revela fundamentalmente como un saber sobre la política, sobre el hombre (una antropología) y sobre la historia (un historicismo).

La filosofía de la praxis es la coronación de este movimiento de reforma intelectual y moral (…) es una filosofía que también es una política y una política que también es una filosofía (…) no sólo pretendía explicar y justificar todo el pasado sino explicarse y justificarse históricamente (…) o sea que era (un) historicismo (9).

Por eso insiste en que en la noción materialismo histórico se ha dado hasta ahora más importancia al primer término de la noción, al materialismo, cuando debería darse mayor importancia al segundo, a la historia (10). El marxismo quiere ser una concepción historicista (…) Quiere ser una metodología crítico-práctica del saber y del hacer humano, en este sentido es una filosofía de la praxis (11). Conviene recordar que Gramsci considera que la filosofía de la praxis no es tanto un análisis de la estructura o base del sistema de producción, del momento económico, como de un análisis de la superestructura, del momento de la hegemonía, de la política. Gramsci es, sobre todo, un pensador de la superestructura, es decir, de los aspectos políticos, ideológicos, filosóficos y morales que conlleva un modo de producción en un momento histórico determinado.

Los griegos llamaban praxis a un quehacer o negocio, es decir, a la acción de llevar a cabo algo. Más tarde el término designaba la acción moral, la actividad práctica en oposición y diferenciándose de la actividad teórica. Para el marxismo la praxis constituye el fundamento de toda posible teorización. La praxis siempre se da en un contexto social. Gramsci redefine el término como la actividad del hombre en cuanto sujeto histórico y social que se enfrenta con unas determinadas condiciones materiales de subsistencia dentro de un proceso de producción y de unas estructuras sociales. Con la praxis lo que pretende es transformar ese proceso de producción, esas estructuras sociales para que las condiciones materiales de subsistencia sean más justas, cambien.

Una determinada lectura de Marx

Poner en circulación las posiciones filosóficas de Labriola le abría las puertas a un determinado retorno a Marx. Es, en el Cuaderno 4, donde, por primera vez, Gramsci empieza a plantearse su retorno a Marx. Sabemos que entre 1929 y 1931 traduce del alemán algunos textos de Marx que van a ser determinantes para su visión del marxismo. Son los siguientes: Tesis sobre Feuerbach; Crítica de la economía Política. Prefacio; El Manifiesto Comunista; Trabajo, Salario y Capital; Sobre la Cuestión Judía; La sagrada Familia (12). En marzo de 1929 le pide a su cuñada, Tania, las Obras filosóficas de Marx de la editorial Costes, Paris: Tomo 1º: Contribución a la crítica de la Filosofía del derecho de Hegel. Tomo 2º: Crítica de la crítica crítica contra Bruno Bauer y compinches (13). Esta selección de libros explica, en parte, por donde va a ir su recuperación del marxismo.

Gramsci intentará buscar la filosofía de Marx directamente en sus escritos y tiene una cierta desconfianza en la sistematización del marxismo hecha por Engels: no hay que identificar a Engels con Marx, no hay que pensar que todo esto que Engels atribuye a Marx sea auténtico en sentido absoluto (14).

Para Gramsci el marxismo se presenta como una teoría que se halla todavía en discusión, en desarrollo. El marxismo puede llegar a ser una conciencia general del mundo, pero todavía no lo es; puede producir una cultura de masas, pero todavía no la ha producido; puede reivindicar una dirección hegemónica, pero todavía no la ha conquistado. Para realizar esto el marxismo tiene dos misiones: combatir las ideologías modernas en su forma más refinada y despejar la mente de las masas populares cuya cultura es medieval, (), crear un vasto movimiento cultural (…) unificando moralmente a la sociedad (15).

(…) es la consumación de todo este movimiento de reforma intelectual y moral (16).

Lo importante era, ahora, cimentar con el marxismo una política. Que el marxismo fuese la teoría de la hegemonía. Se trataba de unir la tradición italiana de Labriola con la de Lenin. Unir a Labriola con Lenin. Lenin era, a los ojos de Gramsci, el teórico de la hegemonía de la clase obrera. El retorno a Marx es, en términos leninistas, el retorno a la amplia problemática de la hegemonía.

Es verdad que en Marx la economía es una nueva herramienta lógico-operativa para analizar realista y racionalmente (de una forma científica) los problemas sociales. Estas nuevas herramientas teóricas, también, le van a servir para analizar las relaciones humanas y descubrir uno de los problemas humanos más importantes: el de la explotación y la alienación del hombre por el hombre.

Sin embargo, en Gramsci, a pesar de ser consciente de la importancia de la economía clásica inglesa en la formación del materialismo histórico, la economía no ha influido ni ha servido para la elaboración de su filosofía de la praxis. La insuficiente investigación sobre la economía es lo que le va a permitir, a Gramsci, continuar considerando al materialismo histórico como una concepción del mundo, o mejor, como una reforma intelectual y moral.

En Italia otras fuerzas políticas y sociales, también utilizaban este lenguaje de renovación moral e intelectual La filosofía debe convertirse ella misma en reforma de las costumbres en la vida social y moral, en restauración o revolución de la vida política (17). Es verdad, que Croce pretendía con esta reforma, en la línea platónica, revalorizar el punto de vista de los filósofos. La posición de Gramsci es bien distinta, no es elitista. Se fija en los no-filósofos. Ese no-filósofo era el mismo hombre que Maquiavelo intentaba educar cuando escribía: para el que no sabe, para la clase revolucionaria de su tiempo, el ‘popolo’ y la ‘nazione’ italiana (18). Así pues, la recuperación del marxismo desemboca, no sólo, en una filosofía de la praxis (renovación de la teoría), sino, también, en una recuperación de una política, de la hegemonía (renovación de la práctica).

De los textos traducidos, entre 1929 y 1931 hay dos o tres que nos parecen los más relevantes por los conceptos que aportan y que Gramsci incorporará a su filosofía de la praxis. Se trata de las Tesis de Feuerbach, la Crítica de la economía Política. El prefacio y la Crítica de la crítica crítica contra Bruno Babuer y compinches.

La ideología.

Su origen está relacionado con la filosofía inglesa del siglo XVII-XVIII. Con el estudio de las ideas y el origen del conocimiento (el conocimiento se descomponía en ideas y estas se podían descomponer en diversos elementos que no eran otra cosa que las impresiones y las sensaciones) y, también, con el materialismo francés del siglo XVIII. De una forma muy amplia podríamos decir que la ideología es un conjunto de ideas sobre la realidad que orientan una determinada acción práctica o un conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona o colectividad de un movimiento religioso o político. Para el marxismo, la ideología es la expresión de los intereses económicos (no dichos) de un grupo social concreto en un momento histórico determinado. La ideología orienta la acción, de este grupo social, en el seno de la sociedad.

La visión de Gramsci sobre la ideología, está estrechamente relacionada con la lectura que hace de la Contribución a la crítica de la economía política de Marx. El punto de partida está en la tesis, de Marx, que afirma explícitamente que el hombre toma conciencia de sus obligaciones [con respecto a los demás] en el terreno ideológico, [en el terreno] de la superestructura, lo cual no es pequeña afirmación de ‘realidad’: su teoría quiere también ella precisamente ‘hacer tomar conciencia’ de las propias obligaciones, de las propias fuerzas, (…) a un determinado grupo social (19).

Las ideologías son expresiones o manifestaciones, en un momento determinado de la historia, de la hegemonía de un grupo social determinado que quiere que el modo de producción vaya en una cierta dirección. Son expresiones de la estructura económica y se modifican al cambiar esta. Por eso tienen caducidad.

Para Gramsci las ideologías no son una ilusión, como en Croce; ni un mero sistema de ideas, según la concepción de la Ilustración que Bujarin asume; ni meras apariencias que carecen de toda eficacia.

Gramsci ve que las ideologías tienen una relación privilegiada con la práctica, las ve como  instrumentos de dirección política, de utilidad de clase, muy reales y útiles. Así, en el Cuaderno 4, nota 15, en la nota titulada Croce e Marx, nos dice:

las ideologías son construcciones prácticas, son instrumentos de dirección política (…) son una realidad objetiva y operante. De manera que las ideologías deben considerarse como realidades operantes dotadas de eficacia propia (20).

Las ideologías son el terreno donde los hombres toman y adquieren conciencia de su posición en la sociedad y luchan.

Gramsci, distingue dos tipos de ideologías: las llamadas ideologías orgánicas que las distingue de las arbitrarias. Las orgánica” tienen validez en la medida que cohesionan o estructuran a lo colectivo, son producto de un bloque social. Las arbitrarias sólo son expresión de las manifestaciones individualistas, de polémicas coyunturales. Así pues, las ideologías se dan siempre materializadas en una práctica social.

Dicho de otra forma, toda acción expresa o contiene una visión del mundo. Y estas concepciones del mundo nunca son hechos individuales, sino la expresión de un bloque social, son las que Gramsci llama ideologías orgánicas. Son ellas las que organizan las masas humanas (…) formando el terreno en el que los hombres se mueven, adquieren conciencia de su posición y luchan (21). De ahí que todas las formas de conciencia sean necesariamente colectivas, políticas. Es la ideología la que crea a los individuos y los mueve a actuar.

Lo que resulta enteramente nuevo en Gramsci es la comprensión de la naturaleza material de la ideología y el hecho de que ésta constituye una práctica en el interior de ciertas estructuras, cuyo papel es imprescindible en todas las sociedades. Intuye que esta práctica consiste en la producción de sujetos, de la conciencia de los individuos. Esta forma de entender la ideología, como elemento práctico-político, es también, un elemento, muy importante, para comprenderla dentro del marco de la hegemonía, de la lucha por la hegemonía cultural y social. El objetivo de la lucha ideológica es reordenar el sistema hegemónico con los elementos que puedan servir para expresar la nueva situación.

Para Gramsci la hegemonía, que es el principal quehacer de la ideología, consiste en el ejercicio de liderazgo, político, intelectual y moral, apoyado en una visión solidaria y unitaria del mundo. No consiste en una imposición, un rodillo sobre los grupos aliados, sobre el bloque histórico ni sobre el adversario político. La hegemonía se impone por convencimiento, es necesariamente pedagógica (22).

Consiste en suministrar, el sistema de valores, los principios coordinadores para la acción en torno a los cuales se deben aglutinar los elementos ideológicos procedentes de los otros grupos para así formar ese conjunto articulado y complejo que es la ideología orgánica. Y la crítica a las ideologías se convierte en una prioridad política para mantener la hegemonía.

El conocimiento como praxis humana: las ‘Tesis sobre Feuerbach’.

En este texto son dos los temas que más llaman la atención a Gramsci. En primer lugar, descubre una forma nueva de afrontar el hecho del conocimiento. Descubre que el conocimiento no sólo tiene una función teórica, como la que aportaba el idealismo alemán (una relación contemplativa entre el sujeto y el objeto) sino que descubre que en el conocimiento, también, hay una dimensión práctica.

El conocimiento provoca efectos prácticos. Marx transforma la relación cognitiva, no sólo hay que tener en cuenta lo que pasa en el sujeto (como hacía la filosofía idealista) sino, también, las transformaciones, lo producido en el objeto. Todas las prácticas sociales, toda praxis, implica una forma de apropiación cognitiva. Las Tesis son un cambio completamente nuevo, que renueva de arriba abajo la forma de concebir la filosofía (23). Y Gramsci, siguiendo a Lenin y a Labriola, plantea, también, que es necesaria la unión del conocimiento con la praxis.

Por otro lado Gramsci le interesa mucho la idea, que está en las Tesis, de que el educador tiene que ser educado. En esta frase Marx, tiene presente y critica, la visión de transformación social que los ilustrados y los materialistas del siglo XVIII sostenían y que Feuerbach y los socialistas utópicos, en el siglo XIX, no hacían más que repetir y continuar. De acuerdo con esta concepción ilustrada, el hombre es un producto de las circunstancias que pueden ser cambiadas por la influencia decisiva de la educación. La transformación de la humanidad vendría dada por la educación.

Marx, ante esta concepción, plantea las siguientes objeciones: los hombres no son sólo producto de las circunstancias, como decían los ilustrados. Es verdad que las circunstancias modifican al hombre, pero el hombre con su praxis puede modificar las circunstancias. Las circunstancias pueden ser conocidas, aceptadas o rechazadas y pueden ser productos del hombre o transformarse por la acción del hombre. Ortega nos decía, en La rebelión de las masas, que es falso que en la vida decidan las circunstancias. Al contrario, las circunstancias son el dilema ante el cual tenemos que decidirnos. Pero el que decide es nuestro carácter.

Los educadores también deben ser educados. Se rechaza la concepción estática de la sociedad, dividida en clases, como si fuese lo natura” y no producto de un proceso histórico en la que unos pretender ser siempre los educadores, y quedan al margen del proceso de educación, de cambio. Esto conlleva la idea de una praxis cuya dinámica consiste en que se tiene que transformar, la posición de poder, tanto del sujeto (del educador, la clase dominante) como la del objeto (la clase subalterna, la educada) para romper la desigualdad, el dualismo de clases. Los educadores tendrán que ser educados.

Gramsci, ante esto, nos propone una interrogación y nos proporciona, a la vez, una respuesta: ¿qué quiere decir Marx en las Tesis sobre Feuerbach cuando habla de ‘educación del educador’, sino que la superestructura reacciona dialécticamente sobre la estructura y la modifica? (24).

Marx reprocha a Feuerbach y a los materialistas franceses que tratan a la naturaleza como un dato fijo y al conocimiento como un espejo que refleja con precisión las imágenes. Feuerbach  desconoce que, al comienzo de la edad moderna, la naturaleza idílica se va reduciendo cada vez más como consecuencia de las actividades humanas, lo que supone un desplazamiento del centro de gravedad hacia el lado del hombre. Ya no existe la naturaleza, sólo existe la transformación hecha por los hombres. La posibilidad de conocer el mundo tiene pleno sentido, únicamente, en la medida en que ese mundo es un producto humano. Lo nuevo y lo original es esta caracterización antropológica del conocimiento y de la naturaleza. Lo que anuncia la totalidad de las Once Tesis: al hombre socializado, aliado con la naturaleza (…), es la reconstrucción del mundo, en patria (25). Es decir, la patria de los hombres no es la tierra, es la humanidad, los otros hombres. Las Tesis sobre Feuerbach son uno de los textos fundamentales en las reflexiones de los Cuadernos, en la construcción de su filosofía de la praxis.

El comienzo de la crítica de un marxismo ruso

Más que el comienzo de la crítica del marxismo ruso tendríamos que matizar y decir que es el comienzo a la crítica de un libro ruso. Al libro de Bujarin Teoría del materialismo histórico. Al ser, su autor, muy significativo dentro de la revolución soviética podríamos extender esta crítica, al marxismo soviético. Sabemos por la carta del 25 de marzo de 1929 que, Gramsci, le pide a su cuñada la edición francesa del libro de Bujarin, Teoría del materialismo histórico, aparecido en las librerías francesas en 1927. Gramsci, en los Cuadernos, se va a referir a este libro con los términos ensayo popular o manual. Sabemos que las notas, sobre Bujarin, se extienden entre este primer bloque de Cuadernos (1 al 7), Cuadernos 4 (1930-1932) y Cuaderno 7 (1930-1931), y el segundo bloque de Cuadernos (8 al 17) en las notas de los Cuadernos 8 (1931-1932) y el Cuaderno especial 11 (1932-1933) dedicado por entero a Bujarin.

En este primer bloque de Cuadernos (4 y 7), la crítica que le hace al manual de Bujarin se manifiesta en dos aspectos: a) todo su libro está viciado por la metafísica, el dogmatismo y la escolástica; y b) al ensayo le falta un tratamiento adecuado, un estudio adecuado de la dialéctica (Cuaderno 7, nota 29, nos dice: Si el materialismo histórico no puede ser pensado nada más que subordinado a otra filosofía, a aquella del materialismo filosófico, no se puede concebir la dialéctica marxista. Gramsci conocía las críticas de Lenin sobre el libro de Bujarin. No le era desconocida la insistencia con la que Lenin acusaba a Bujarin de no conocer el razonamiento dialéctico y continuar razonando con la lógica abstracta (26), nos recuerda Togliatti. Concretamente la opinión de Lenin era esta:

Quisiera decir algunas palabras (…) sobre Bujarin (…). Bujarin no es sólo el más valioso y el más importante teórico del partido (…). Sin embargo, sus concepciones teóricas sólo pueden considerarse totalmente marxistas con las mayores reservas, porque en él se vislumbra la escolástica y nunca ha estudiado la dialéctica (27).

Este tipo de libros no servía para potenciar la hegemonía cultural, no daba herramientas para construir la hegemonía política de la clase subalterna. Gramsci, habría leído en la cárcel, también, el libro de Rosa Luxemburg Estancamiento y progreso del marxismo con el que estaba de acuerdo. El libro planteaba que la hegemonía política debía estar precedida de y por la hegemonía cultural. La clase subalterna no será hegemónica sino consigue ser protagonista de esta nueva cultura. Y esto es lo importante para Gramsci, sin una nueva cultura no podría haber un nuevo mundo. Y la exigencia de la hegemonía tenía que situar al marxismo en un nuevo terreno, no servía el materialismo filosófico de Bujarin.

NOTAS:

1 GRAMSCI, A.: Quaderni del Carcere, Torino, Einaudi 1975, pp. 419 y 1840-1841 (Q).

2 Q. cfr. pp. 421-425; 435 y 881-882.

3 SOBRERO, A.M. Política e storia in Gramsci, vol II, Ed. Riuniti, Roma, 1977, p. 629.

4 Q. p. 309.

5 CROCE, B. : Materialismo storico ed economía marxista, Bari, Laterza, 1961, p. 280

6 Ibidem, pp. 280 y 282.

7 LABRIOLA, A.: Concepción materialista de la historia, La Habana, 1970, p. 39.

8 Q. pp. 689-690

9 Q. pp. 1860 y 1864.

10 Q. cfr. p. 433

11 CARACCIOLO, A. y SCARIA, G. (Ed): La citta futura, Feltrinelli, Milano, 1976, p. 87

12 Q. cfr. pp. 2384 a 2391

13 GRAMSCI, A.: Lettere del Carcere, Torino, Einaudi, 1975 (Cito la traducción francesa: Lettres de prisión, Ed Gallimard, 1971, p. 188) (L.C.).

14 Q. p. 420.

15 Q. p. 422-423.

16 Q. p. 424.

17 CROCE,B.: Ética e política, Bari, Laterza, 1945, pp. 195-196.

18 Q. p. 431.

19 Q. p. 437.

20 Q. p. 436

21 Q. pp. 868-869

22 Q. cfr. p. 1331

23 Q. p. 433

24 Q. p. 854.

25 BLOCH, E.: El principio esperanza, Aguilar, Madrid, 1977, Tomo I, p. 283

26 TOGLIATTI, P.: Antonio Gramsci, Ed. Riuniti, Roma, 1977, p. 142.

27 FERNÁNDEZ BUEY, F. (Ed): Actualidad del pensamiento político de Gramsci, Grijalbo, Barcelona, 1977, p. 89

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4 respuestas a Introducción a los Cuadernos de la Cárcel

  1. Jaime Castellanos Portillo dijo:

    Felicitaciones muy apasionante la lectura de esta introducción a los Cuadernos de la Cárcel publicados por Antonio Olivé y una bella exposición de Ignacio Jardón, es un trabajo espectacular; he disfrutado del contenido de este sitio. Muy científico y bien redactado. Es un excelente trabajo.

  2. Alex dijo:

    muy interesante y trabajado, mis felicitaciones

  3. Pingback: Introducción a los Cuadernos de la Cárcel (II) | Marx desde Cero

  4. Raul Abedul dijo:

    buen trabajo, no habia encontrado nunca una tabla de contenido de los cuadernos. ayuda a su lectura, puedes ir directamente al tema que te interesa. continuar

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