De la huelga revolucionaria a los flash mob. Rosa Luxemburgo y el Movimiento Global

Estimadas lectoras, queridos amigos, la realidad es tozuda. Por más que nos empeñemos en esconderla, disfrazarla o sustituirla por otra que convenga más, finalmente rebrota y te da en los morros. Y eso es lo que le ocurre al PP y la aplicación de las políticas de austeridad impuestas. Por más que nieguen la realidad, ésta demuestra que esas políticas lejos de solucionar problemas los aumentan. ¿Qué no? Pues ahí van datos: la desviación presupuestaria registrada por el Estado hasta el pasado abril ascendió a 25.007 millones -o lo que es lo mismo, un 2,38% del PIB-; la recaudación por IVA retrocede un 9,9% y por Renta y Sociedades un 4,1%; los ingresos por cotizaciones caen un 3,34% y los gastos en pensiones suben un 4,8%. De datos de desempleo ni hablamos. ¿Estos son los que nos van a sacar del atolladero?.

Si observamos la Historia podemos concluir que para salir de apuros, lo mejor es ponerse manos a la obra y luchar por ello. Sí, luchar e implicarse; los derechos, las conquistas sociales vienen así y no por generación espontánea o graciosa concesión “de los de arriba”. Y para la lucha cada cual utiliza lo que tiene más a mano. En la época de Rosa Luxemburgo, la huelga revolucionaria, el partido de masas, el panfleto… hoy también los mass media, internet, las redes sociales…

tuerka-21 (Rough Sketch)Y del empeño de combatir al enemigo con sus propias armas y en su terreno surgió un proyecto de comunicación muy interesante, La Tuerka, cuya cara visible es el presentador del programa, Pablo Iglesias Turrión y el tertuliano Iñigo Errejón Galván, ambos doctores en Ciencia Política y que nos introducen en la cuestión de las protestas populares hasta nuestros días.

Vale la pena dedicar unos minutos a su lectura. Si te animas…

Saludos. Olivé

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De la huelga revolucionaria a los flash mob. Rosa Luxemburgo y el Movimiento Global[1]

Pablo Iglesias Turrión & Iñigo Errejón Galván

 

Los hombres no hacen la historia
de manera arbitraria, pero la hacen ellos mismos

Rosa Luxemburgo

 

Sólo mediante la experimentación aplicada
en el seno de la ola de movilizaciones en curso podrá
validarse un nuevo aparato categorial
(tesis sobre la irreificabilidad del movimiento y
XI tesis sobre Feuerbach de Karl Marx)

Raimundo Viejo[2]

Somos los nietos de los obreros que nunca pudisteis matar,
somos los nietos de los que perdieron la Guerra Civil

Evaristo, LPR

 

1. Introducción: Reivindicando el pensamiento de Rosa Luxemburgo 

Rosa Luxemburgo nació unos pocos días antes de la proclamación de la Comuna de París y murió asesinada un año después de la toma del poder por parte de los Bolcheviques en Rusia. De este modo, su vida quedó enmarcada entre “asaltos al cielo” por parte del proletariado; hermoso guiño de la Historia a una enérgica y brillante revolucionaria.

Pero pese a los motivos emocionales que podrían esgrimirse para reivindicar a Rosa, es su valor para repensar las prácticas emancipadoras lo que le hace centro de nuestra reflexión. Hablamos de una autora maltratada, ocultada, denigrada, distorsionada.

Rosa, la eterna crítica, la más firme defensora de la Democracia socialista, tanto frente al jacobinismo liberticida como frente a la subordinación de la política socialdemócrata a la Democracia burguesa, debe ser rescatada en un momento en el que los ideólogos sistémicos llaman a plegar las ilusiones. Rosa representa un instrumento valiosísimo para no parar de pensar, de criticar, de proponer, de entender la multitud de procesos de movilización y protesta que en los últimos años han podido desterrar las falacias del fin de la historia y del fin de los movimientos de contestación (Della Porta/Mosca, 2003:7).

Para nosotros, esto no representa solamente una cuestión de reconocimiento teórico sino también un punto de partida metodológico. A pesar de que la institucionalización académica de los estudios sobre movimientos sociales se produjo a partir de los años 60[3], nos parece esencial reconocer que la genealogía de la teoría sobre los movimientos descansa en los estudios sobre los movimientos obreros en el siglo XIX.

De hecho, como ha señalado Ludger Mess (1998:299), el origen de la categoría “movimientos sociales” proviene de un texto del siglo XIX, la “Historia del movimiento social en Francia” de Lorenz Von Stein. En este trabajo, el autor optó por utilizar la ambigua categoría “movimiento social”, para referirse a los movimientos obreros socialistas y anarquistas, tratando de burlar así la férrea censura prusiana que hubiera impedido la publicación de un volumen con términos como socialista o anarquista en su portada.

Que los estudios sobre movimientos sociales provienen de aquellos sobre el movimiento obrero, lo ha reconocido el propio Sidney Tarrow, que ha llegado a construir un cuadro de correspondencias entre algunas tradiciones de pensamiento marxista y diferentes propuestas teóricas par el estudio de los movimientos sociales[4].

Este intento de comparativa nos parece, sin embargo, infructuoso en la medida en que el contexto histórico de la acción colectiva es demasiado relevante y complejo, mucho más en el caso de los paradigmas teóricos, como para tan arriesgado ejercicio de paralelismos. En nuestra opinión, es mucho más interesante y provechosa la opción de entender los paradigmas en su totalidad que la de tratar de establecer equivalencias o de esbozar un intento síntesis más o menos ecléctica de los mismos.

Leer a los clásicos de nuevo (o, en palabras de Borges, releerlos, que importa más que leer) puede ser extremadamente útil para analizar los discursos contemporáneos de los movimientos sociales. Autores como Thompson, Gramsci, Sorel, Luxemburgo, etc. son herramientas clave para ello.

De esta manera, nuestro propósito es explicar, en primer lugar, algunos conceptos del pensamiento de Rosa Luxemburgo, para después emplearlos en un novedoso intento de análisis de algunos discursos y prácticas del Movimiento global, desde la “batalla de Seattle” contra la OMC en 1999, pasando por las manifestaciones de Praga contra el FMI y el Banco Mundial en el 2000, hasta las manifestaciones contra la Guerra en el 2003 y la revuelta madrileña del 13 de marzo de 2004. La hipótesis de fondo es que los procesos de movilización conflictiva de este movimiento preconfiguran formas de democracia autónomas respecto a los sistemas políticos hegemónicos y antagónicas respecto al sistema económico dominante.

2. Reforma o Revolución: ontología del movimiento dentro del conflicto

El siglo XX se abre en Alemania con un movimiento socialdemócrata ejemplar por su poder para todo el proletariado mundial. Es en este contexto donde Rosa Luxemburgo desarrolla su actividad política.

El famoso problema de la relación entre los aspectos político y económico de la lucha socialdemócrata será una de las primeras preocupaciones teóricas del movimiento, y en ese escenario, se escenificará gran parte del debate sobre las cuestiones organizativas y tácticas del movimiento obrero.

Rosa afirma, en este sentido, que lo político y lo económico son dos fenómenos separados sólo en las cúpulas de las organizaciones obreras, pero esta separación organizativa no implica una división real. Los procesos huelguísticos realizan en la práctica (como las luchas revolucionarias rusas en 1905) la unificación de lo que sólo por las condiciones en las que se ha venido expresando el antagonismo de clase ha estado separado. Es en la lucha cotidiana también donde las masas, con el Partido socialdemócrata a la cabeza, saben aplicar el esquema reforma-revolución: la pelea cotidiana por las mejoras parciales del nivel de vida enmarcadas en una estrategia de largo plazo con la conquista del poder como meta, para ejecutar políticamente las transformaciones económicas ya maduras en la sociedad, esto es, para realizar el progreso.

Olvidar esto es caer en los precipicios del reformismo o el sectarismo, (Luxemburgo, 1977: 499); en el abismo de la mistificación de las formas democráticas burguesas pasando por encima de las relaciones existentes entre las clases sociales. La organización del movimiento se alejaría así del conflicto pasando a ser fuerza inoperante de transformación social; o abalanzándose en una caída hacia un “conspirativismo” que no establece distancias entre metas finales y objetivos a corto plazo, que naufraga en especulaciones en torno al “estallido” porque carece de programa político. De esta forma, se aleja de las masas y dura lo que tarda la represión.

Quedando la mera voluntad rebelde como único argumento de a quien, por haber perdido la conexión con la realidad social, sólo le resta predicar lo malo que es este mundo, lo bueno que sería el “libre” y el valor de los conspiradores que nos transportarán de un ágil golpe de mano del uno al otro.

De nuevo innova Rosa cuando recoge otra enseñanza de los combates que el proletariado libraba: las Huelgas, como las Revoluciones (léase las oleadas de movilización popular en nuestro tiempo), no se convocan. No se deciden en las cúpulas de las organizaciones de masas ni en los comités centrales de los partidos de vanguardia. Responden a momentos históricos que determinan sus propias prácticas de lucha y organización. Se improvisa, revisa y renueva, se enriquece el arsenal de prácticas populares (la Autonomía por la cual el movimiento global ha inventado prácticas nuevas y las ha renovado en la pelea).

En este sentido, puede ser interesante recordar a George Sorel y trazar una perspectiva que nos permita considerar las dinámicas de conflicto del Movimiento Global y su construcción de sentido antisistémico. Si la huelga mostraba la anticipación simbólica de la revolución –el “más allá” del reformismo de Rosa en su confrontación con Bernstein– los repertorios de acción colectiva conflictivos del Movimiento Global, son capaces de construir un imaginario antisistémico en términos similares.

Cuando Luca Casarini, el portavoz de los Disobbedienti italianos, dice que el “otro mundo es posible no debe ser proclamado sino practicado, -y que- en esa práctica, el conflicto es inevitable” (Casarini, 2002:72), está reconociendo que las hipótesis de emancipación sólo pueden ser descubiertas por la acción, mediante la práctica. George Sorel escribió algo parecido: la huelga general no nació de profundas reflexiones filosóficas, sino de la acción (Sorel, 2004:3).

Es a través de la acción como se fraguan la conciencias, como los sujetos se hacen múltiples y construyen sus formas organizativas de combate: Si Bakunin ya había señalado que anarquista es quien pelea por la anarquía, Rosa toma el testigo para traducir en teoría política lo que diría la poesía de Antonio Machado: Caminante no hay camino, se hace camino al andar.

Algo no muy distinto es lo que postulan en nuestros días los disobbedienti italianos cuando señalan que el otro mundo se hace posible desobedeciendo ahora. Construcción permanente en el movimiento es una valiosa idea que Rosa apunta y que preside el presente trabajo.

Los llamamientos insurreccionales son para Rosa prédicas exteriores a los procesos de organización y toma de conciencia de las masas, así como al grado de desarrollo de las relaciones de producción y dominio. La propaganda no tiene función utópica: no se trata de convencer de la deseabilidad de los proyectos de mundo nuevo, sino de dotar de sentido histórico cada conflicto parcial y de explicar el carácter inevitable de mayores confrontaciones entre la clase dominante y el proletariado. Asimismo, la unidad de clase no puede salir de la unidad de partidos y/o sindicatos, sino de la unidad de acción desde abajo, desde donde nace el combate que constituye a la clase.

El papel, entonces, de las vanguardias, que no son más que los núcleos de obreros más conscientes e intelectuales próximos a ellos, es no tanto predecir los estallidos, como entenderlos en relación a las condiciones de desarrollo capitalista, ser un acicate radicalizador que participe como la facción más adelantada en cada lucha. La vanguardia debe descubrir las contradicciones fundamentales del sistema capitalista y proponer consignas tácticas que apunten directamente a ellas. Consignas tácticas con una estrategia revolucionaria como mapa, tan decididas como las condiciones lo permitan -y descubrir esto es una de las más difíciles tareas de la vanguardia-; ir siempre al máximo posible, forzar la tensión sin romperla; saber calcular tiempos y su relación con los deseos, los ánimos y las necesidades de las masas: Un paso por delante de las masas, pero sólo uno (Lenin).

Ahora bien, no se trata de aportar la comprensión histórica y la conciencia desde fuera, por un grupo de profesionales de la revolución, porque, como se ha apuntado arriba, para Rosa es la lucha de clases la mejor escuela de los trabajadores, mediante la cual aprenden su posición en el mundo y sus tareas. Las masas aprenden a ejercer el poder sólo ejerciéndolo. Sólo la autogestión aporta conciencia. Para Rosa la lucha es el único camino, no sólo porque la lucha de clases no es negable por abstracciones teóricas y porque nadie le va a regalar nada al proletariado que este no arranque peleando sino, sobretodo, porque cualquier atajo tanto electoralista –Bernstein, socialdemocracia- como “conspirativista” –Blanqui-, al haberse saltado el ejercicio del poder democrático desde abajo, desde las masas, aúpa sobre ellas direcciones no contrapesadas por el poder proletario. Es imposible la dictadura del proletariado si éste no la ejerce directamente, si no la ha aprendido en mil pugnas cotidianas que ya esbozan la forma de poder consejista. Como rezaba la principal consigna de la I Internacional: La emancipación de los obreros será obra de sí mismos o no será.

Rosa Luxemburgo

Rosa Luxemburgo

Tenemos, por tanto, la Autonomía, aunque todavía no formulada explícitamente por una Rosa que es ya, sin embargo, explícitamente “horizontalista” y apuesta por el poder directo del proletariado. No obstante, no cabe duda alguna de que Rosa confía en una dirección política que oriente la acción de los consejos. En contra de las mistificaciones que conciben la autonomía como la ausencia de dirección, para Rosa Autonomía es un estado organizativo y una afirmación de la autoconstitución permanente como clase, que no excluye, sin embargo, la acción indispensable de una vanguardia pensante que analice la situación y lance las consignas adecuadas al momento histórico. Apreciamos en este punto una cierta debilidad teórica de una Rosa que no explica el proceso por el cual las consignas más acertadas y audaces van a ser adoptadas por las masas. La mitificación de una suerte de espontánea e innata inclinación hacia la revolución parece ser la solución a una falta de teorización de la relación entre vanguardia y masas. Este mecanicismo no se superará hasta Gramsci.

Es aprender equivocándose y sacando de ello partido gracias a la (auto)crítica revolucionaria que extraiga conclusiones afiladas de cada error, como se conforma una política de clase para la conquista consciente del poder, desde abajo. El despierto intelecto de Rosa extrae las consecuencias políticas que siguen a este análisis: el Socialismo no es sólo las transformaciones socialistas sino la dirección de estas por quien sólo puede hacerlo: las masas. Por eso para el Socialismo son indispensables la autonomía, la libertad política y el poder de los soviets (y no del partido). El mejor antídoto contra los peligros del oportunismo, la burocratización y la corrupción, en una palabra, contra la dictadura en sentido burgués, es la libertad de crítica y disenso, el libre desarrollo del debate entre las masas. La libertad es el mejor acicate de la vitalidad de las masas, y así, la mejor arma de la dictadura del proletariado.

La política revolucionaria ha de moverse en la contradicción dialéctica de que el ejército proletario se recluta en la lucha misma y es en ella en la que se hace consciente de los objetivos de la misma (Luxemburgo, 1977: 531)

La afirmación de que no hay programas a priori implica la Autonomía, que se traduce en la negación de la separación entre los momentos de esclarecimiento, organización y lucha. Con ésta separación muere también la separación burguesa entre quienes deciden y quienes ejecutan. Aparece entonces la autodisciplina socialista, la adquirida gracias a grandes dosis de democracia ejercida directamente por las masas. La disciplina que, según glorifica Lenin, le enseña al proletario la fábrica, proviene en realidad de toda una sociedad donde la mercancía es la medida y principio de todas las relaciones sociales. Por eso la política emancipadora no puede limitarse a la conquista de los aparatos de dominación burgueses, sino que debe transformarlos en sentido democrático para que el crítico protagonismo de la multitud asegure que las transformaciones sociales no titubean -lo que en Rosa implica morir (Luxemburgo, 1977: 561)- y no se quedan en dictaduras en sentido burgués con las masas como  sujeto objetivado -pueblo- que recibe órdenes[5].

Con Rosa aprendemos el significado de la espontaneidad rechazando con igual vigor las mistificaciones anarquistas y las descalificaciones leninistas. El desarrollo de las relaciones de producción y dominación pone las condiciones para movimientos espontáneos que, una vez en camino, saben crear formas organizativas y de combate mil veces más avanzadas que las de la dirección del más revolucionario de los partidos. La lógica histórica objetiva va por delante de la concepción subjetiva de sus portadores, y esto relega a toda vanguardia a un papel necesariamente “conservador”. Son las masas las que, en tanto que expresión de la agudización de la lucha de clases, pueden ir más allá de lo que a nadie le habría cabido esperar[6]. Por eso sólo a ellas corresponde dirigir el proceso de toma del poder y socialización de este. La vanguardia será entonces un órgano teóricamente más avanzado que trate de enmarcar el estallido presente en la historia de la lucha de clases, y prevenir de los imperativos futuros del combate por una sociedad sin explotadores ni explotados.

Ahora bien, como hemos señalado antes, Luxemburgo no explica por qué las masas han de ser necesariamente portadoras de la misma razón histórica objetiva que a la misma vanguardia supera. Vemos una ligera metafísica de las masas, sacralizadas en cuanto a sus capacidades revolucionarias casi instintivas. El por qué la comprensión subjetiva de la historia no va a ser errónea en las masas, el por qué van a ser instrumentos de ejecución directa de la imperatividad de la revolución en sentido socialista, es lo que Rosa no explica, dejando un peligroso flanco al descubierto de las críticas de espontaneísmo pueril que el marxismo-leninismo y en general el pensamiento afín al “socialismo real” le dirigirán.

No se llega a la acción revolucionaria una vez conseguida la mayoría, sino que ésta se adquiere en la acción revolucionaria y sólo por ésta. Postergar la revolución por carecer de mayoría es no dejarla nacer. Bajo la alienación que impera en la vida dominada por el salario y el universo cultural que determina la dominación ideológica derivada de la dominación material de la burguesía, no hay alineamiento masivo posible en las filas de la revolución. Eso no es más que la asunción de principios democráticoburgueses en el bando de la revolución. “La mayoría popular se conquista mediante el derrocamiento revolucionario del Estado capitalista y su reemplazo por las instituciones de autodeterminación de los trabajadores” (Feijoo, 2004).

En esta misma línea, la clave para entender la trayectoria trazada por el Movimiento global no pasa por atender a su capacidad de resultarle más o menos simpático a las opiniones políticas dominantes o a las modas académicas, sino a sus virtudes a la hora de construir resistencias conectadas con el mayor número de luchas (laborales, barriales, estudiantiles, de género, por los derechos civiles o el espacio, contra la Guerra sistémica [7]). Es precisamente en los núcleos de cada uno de estos conflictos donde se forman los activistas mas preparados de ese movimiento de movimientos que levanta una alternativa multiforme y ciertamente algo ambigua al desorden global que impera en el planeta; alternativa que se expresa en su forma histórica necesaria, esto es, en tanto que negación de lo existente como movimiento real.

Rosa ayuda a entender la dimensión “callejera” y “destructiva” del Movimiento global. La superación dialéctica de la misma podría estar en la construcción de experiencias autogestionarias frente a la lógica del beneficio capitalista. Pero ni acumulación de mayorías ni de bonitos falansterios pueden sustituir la imperiosa necesidad del combate. Para Rosa, la lucha de clases educa y clarifica a las masas, desterrando falsas concepciones y miedos y anticipando, de esta forma, la sociedad socialista en la que el poder haya sido puesto al servicio de la realización de la voluntad colectiva.

Rosa nos permite liberarnos de la asfixiante tenaza que la izquierda hereda del pensamiento liberal-positivista porque rompe con la falsa oposición dictadura/democracia. En su crítica de la Revolución Rusa saca a la luz las raíces ideológicas comunes de Lenin, los mencheviques y Kautsky.

La dictadura del proletariado no es la mera conquista del aparato de dominación burgués. No basta con “darle la vuelta” al Estado para usarlo como herramienta de ejecución de las transformaciones necesarias para la transición al Socialismo, pues para éste, el protagonismo de las masas es tan necesario como el aire para los seres vivos. El sofocamiento de la vida política abierta significa necesariamente el sofocamiento de la vitalidad de los consejos, esto es, de la fuerza motriz de la revolución. Las libertades políticas, que en la sociedad burguesa son la cáscara que recubre el núcleo de la explotación, su verdadero hecho distintivo, son para la Sociedad socialista la garantía contra la dictadura de una minoría de profesionales, la garantía contra una dictadura en sentido burgués. Frente a la concepción leninista de que los revolucionarios deben actuar como jacobinos por el Socialismo (Lenin), la demolición del dominio de clase se presenta como la plena realización de la Democracia obrera.

3. Excursus: Rosa y los Bolcheviques [8]

La Revolución Rusa es el grandioso laboratorio donde Rosa pone a prueba sus herramientas de análisis y sus propuestas en torno a la Democracia socialista. Es en el debate con Lenin y Trotsky donde se fraguan las más interesantes concepciones organizativas de Rosa, pero también sus debilidades.

Aunque admite la teoría que Trotsky formulará con posterioridad en “La revolución permanente” de que el proletariado debe realizar en un mismo proceso revolucionario las tareas democrático-burguesas y las socialistas, en aquellos lugares donde la revolución burguesa haya sido incompleta, Rosa parece mostrar una cierta debilidad teórica en su crítica a la política que con respecto a la representación política llevaron a cabo los bolcheviques. Critica a éstos por haber abolido el sufragio universal y la Asamblea Constituyente -que si bien es cierto que en su composición específica iba a ser un doble poder contrarrevolucionario, no debería haber sido disuelta en cuanto que forma democrática (Feijoo, 2004)-, adelantando en un anacronismo jurídico el poder absoluto de los soviets para el que no había, según ella, condiciones económicas maduras, dado que las masas populares no eran, en condiciones de atraso y de crisis como las que padecía la Rusia de la Revolución, masas proletarias. En este contexto la dictadura de los soviets no sería la democracia popular sino la dictadura jacobina del reducido núcleo de proletarios más avanzados.

Pero, al mismo tiempo, Luxemburgo acusa a los bolcheviques de haber titubeado en la ejecución de las tareas de transformación socialista en los campos de la política agraria y de las nacionalidades. Rosa critica las concesiones a un campesinado al que con la consigna de “la tierra para quien la trabaja” se ha ganado a corto plazo para la revolución al precio de convertirlo en una clase de pequeños propietarios que explotan propiedades técnicamente muy atrasadas; un campesinado potencialmente hostil a las necesarias colectivizaciones que acaben con la separación entre el campo y la ciudad, generando un peligro futuro para la revolución, que puede verse sometida al desabastecimiento del proletariado revolucionario urbano por parte del campesinado conservador. En palabras de la propia Rosa: “la reforma agraria leninista creó una  nueva y poderosa capa de enemigos populares del socialismo en el campo, enemigos cuya resistencia será más peligrosa y firme que la de todos los grandes terratenientes nobles” (Luxemburgo, 1978 [1922]).

En el tema de las nacionalidades Rosa ve igualmente una delación imperdonable en la política socialista, pues los bolcheviques, al aceptar el derecho de autodeterminación de las nacionalidades existentes en el Imperio Zarista ruso renunciaban a una mayor área revolucionaria y entregaban a las burguesías nacionales una peligrosa arma para silenciar la única autodeterminación real, la de clase. Reconoce nuestra autora que  éstas fueron medidas prácticamente obligadas por la dificilísima situación del gobierno revolucionario, pero ataca la pretensión de los bolcheviques de “hacer de la necesidad virtud recomendándolas para la política proletaria mundial” (Luxemburgo, 1977: 592). Lo importante aquí es constatar la paradoja en una Rosa para la que la dictadura de los soviets es una medida socialista para la que no se dan las condiciones materiales necesarias, coincidiendo aquí sorprendentemente con un Kautsky del que sólo se distancia gracias a su reconocimiento de la mencionada teoría trotskista. Consideramos esto una cierta pirueta teórica motivada por una pasión revolucionaria que le hizo creer en la capacidad de la audacia bolchevique para superar las tareas que la burguesía no iba a hacer; pero que al mismo tiempo exigía la más enérgica y directa ejecución de las tareas socialistas en el campo y en las diversas nacionalidades. En un caso los bolcheviques son culpables de adelantar medidas socialistas para las que no hay bases socioeconómicas sólidas, mientras que en otro son culpables de hacer concesiones que dificultan la política socialista. Las condiciones cuya inexistencia hace anacrónica la consigna de “todo el poder para los soviets”, parecen estar presentes para la colectivización total del campo y la firmeza frente a las exigencias nacionalistas, a juzgar por las exigencias en un sentido directamente socialista que Rosa le hace a los bolcheviques respecto a estos dos temas.

Es una obligación afirmar, llegados a éste punto, que el espíritu subversivo de esta valiente mujer le hizo evolucionar hasta apoyar el Gobierno de las Consejos Obreros durante el levantamiento en Alemania en 1919. La afirmación de la Democracia socialista y la pasión revolucionaria parecen ser en Rosa más fuertes que los diferentes análisis acerca de las estructuras sociales y económicas sobre las que la revolución debía darse.

La concepción leninista de la conciencia de clase afirma que la clase obrera no puede tender sino a una conciencia tradeunionista de sus intereses inmediatos, por lo que se hace necesaria una vanguardia de proletarios esclarecidos e intelectuales que aporten desde el exterior la conciencia revolucionaria educando y orientando a las masas en las tareas coherentes con el proyecto socialista. A esta teoría se opone Rosa Luxemburgo criticando la concepción mecanicista por la que el leninismo une vanguardia y clase. Para Rosa el Partido solo se coloca a la cabeza de las masas si es suficientemente audaz como para comprender y explicar el momento y el significado de la pelea corriente lanzando consignas tácticas que sean sumidas y reconocidas por las masas si tienen libertad para la crítica y el disenso. De nuevo es la capacidad política de las masas la que salva la revolución de la separación entre el Partido y la clase, esto es, de la corrupción, la burocracia y la dictadura de una camarilla, o de la simple ineficacia.

La libertad asegurada para todos en la Democracia socialista es el elemento que asegura que el proletariado es educado por la vanguardia pero no dominado por ella.

Aquí Rosa vuelve a mostrar a Lenin y a la socialdemocracia reformista alemana como dos caras de la misma moneda: la concepción burguesa de la democracia y el poder. Su genialidad radica entonces en su utilidad para entender las desviaciones liberticidas del “Socialismo real” no desde la crítica proveniente del liberalismo, sino precisamente desde la crítica a ambos: Denunciar las pesadillas burocrático-estalinistas como construcciones que beben de la política burguesa oponiendo así en una falsa dicotomía dominio a emancipación de las masas; cuando es precisamente que éstas tienen necesariamente que superar la instrumentalización de las formas democráticas para la dominación, poniendo la democracia al servicio de prácticas emancipadoras, de la libertad realizada de modo permanente y cotidiano. Aporta así Rosa instrumentos para definir conceptos como clase, poder o democracia, a partir de los cuales desafiar la concepción de la política como dominación y la democracia como mero proceso formal de selección de élites. Podemos ahora caminar la senda de la democracia como arma emancipadora, de libertad realizada en un proceso cotidiano y permanente. El fin, en Rosa, no justifica los medios. La represión debe limitarse a la vieja clase de los explotadores. La democracia, la socialización del poder, es inseparable así del triunfo revolucionario, y esto por criterios de eficacia mucho antes que por mistificaciones ético-morales.

Llegamos así a la atrevida tesis que constituye el núcleo de nuestro trabajo. Creemos haber deducido teóricamente y haber demostrado cómo Rosa Luxemburgo es una anticipación de la corriente consejista del marxismo, una mujer que, sujeta como es natural a las limitaciones de su tiempo, abre la puerta y comienza a andar el camino de transición que lleva de la ultraizquierda al autonomismo.

Rosa antecede a Anton Pannekoek (1981) en su apuesta por la democracia proletaria asamblearia y el consejismo, en su afirmación del poder ejercido desde abajo, desde los lugares de trabajo. Este es el primer paso en el reconocimiento de la clase trabajadora como sujeto autónomo. Rosa es indirectamente autónoma en el sentido que luego dibujarán los operaistas italianos.

Los últimos años de la vida de nuestra autora serán testigos de numerosas experiencias consejistas: las huelgas italianas inmediatamente posteriores a la Primera Guerra Mundial seguidas por la reacción fascista, las insurrecciones consejistas en Austria, la revolución soviética en Rusia e incluso, posterioremente, el anarcosindicalismo español en la revolución social que correrá paralela a la Guerra Civil (1936-1939) que podría ser considerado otra expresión de democracia fabril. De hecho, será el apoyo de Luxemburgo en 1919 al alzamiento proletario y consejista en Alemania lo que le llevará la muerte a manos de una soldadesca, traicionada por quienes desde tanto tiempo atrás venía calificando de oportunistas y obstáculo para la constitución del proletariado como clase en el combate. Este posicionamiento supone la última alineación política de Rosa, y si bien, a nuestro entender, muestra todavía una concepción excesivamente mecanicista de la clase y su constitución, vemos ya los primeros pasos de la autonomía obrera.

Importante es, llegados a este punto, ponerla en relación con el gran intelectual marxista Antonio Gramsci, que revolucionase el pensamiento emancipador con su evolución desde su etapa consejista hasta su elaboración del crucial concepto de hegemonía (perfectamente analizado por Perry Anderson en “Consideraciones sobre el Marxismo Occidental”), que supone la superación de las teorías mecanicistas sobre la relación entre vanguardia y clase -y por eso indirectamente autónomo-.

Para Rosa la clase se constituía de una vez por todas cuando llegaba al esclarecimiento por la acción combinada de la propia experiencia y de la labor educativa del partido. Ahora bien, el reconocimiento de que para pasar de –en términos Luckasianos- clase en sí a clase para sí supone una revolucionaria brecha por la que posteriormente se colará la autonomía proletaria, que es aquella teoría que entiende la clase como una permanente tensión autoconstitutiva que no acaba hasta su total desaparición, es decir, hasta la superación del otro término de la antítesis: el Estado y el Capital. La clase obrera es entonces movimiento, lucha, construcción colectiva; debe negar lo existente en la práctica para ser, para eliminarse a sí misma con toda la sociedad de clases.

No obstante, se hace necesario comprender las limitaciones a las que Rosa se ve sometida por el momento histórico y las condiciones en las que escribe para entender si de verdad se queda a las puertas de la autonomía esperando que Gramsci saque la llave del bolsillo y Antonio Negri cruce el umbral -o si Rosa llega exactamente hasta donde quería llegar-.

Dos argumentos esgrimiremos a favor de esta opción.

Negri y Guattari (1999) explican a la perfección el primero en su estudio de la relación entre composición de clase y tendencia organizativa. Si para el obrero profesional el sindicato era su expresión organizativa y constitutiva natural, para el obrero masa -inmerso en el proceso productivo industrial y fordista, en grandes fábricas con gran concentración de proletarios- el consejo será su vehículo de lucha y conquista del proceso productivo. Al obrero social, postfordista, que trabaja en plantillas más pequeñas y menos sometido a las cadenas de trabajo que a las dinámicas que buscan implicar todas sus capacidades comunicativas y vitales en la producción de plusvalía, le corresponde la autonomía, pues no precisa mediación alguna en virtud de sus capacidades comunicativas y creativas, en virtud de contener aquello que es más valioso para el Capital y que se conforma como el principal medio de producción: las ideas, los saberes y en último término su capacidad de lenguaje.

Llegamos entonces al segundo argumento: No es hasta 1932 cuando se publican en la URSS los borradores conocidos como Gründrisse (Borrador) de Karl Marx, por lo que le fue imposible a Rosa acceder al concepto de General Intellect que en ellos se apuntan, crucial para comprender las transformaciones de clase que fundamentan las tendencias autónomas en el marxismo. El abanico de cualidades técnicas que sitúan a los proletarios en posición de rechazar las mediaciones y sabotear el mando capitalista afirmando sus mejores potencias cooperativas y autovalorizadoras, es, en fin, el sustrato material de la autonomía.

Todo esto son transformaciones y elaboraciones posteriores a Rosa, que como buena materialista fundamentó todos sus análisis y propuestas en el análisis de las  condiciones históricas en las que se desenvolvía el antagonismo Capital-Trabajo en el momento en que escribía. No le correspondía hacer futurismo ni lanzar consignas basadas en sus deseos, sino comprender las transformaciones de su época y adaptar a ellas el pensamiento socialista. Esto fue lo que hizo con respecto a las desviaciones oportunistas en la Socialdemocracia respecto a la guerra imperialista y respecto a los problemas organizativos en el combate y en la concreción de la Democracia socialista.

La aportación que más nos ha interesado aquí, la que creemos se configura como extremadamente útil para rastrear la pista de las tendencias autónomas en el Movimiento Global y sus expresiones teóricas en el pensamiento crítico, es su contundente comprensión dinámica de la clase. Afirmar que ésta se constituye en la lucha, en cada derrota más que en cada acierto, en las experiencias de gobierno y gestión, en el fragor del combate, es tanto como afirmar que la clase no es un objeto sobre el que proyectar la comprensión histórica, sino un sujeto autónomo, pensante, en construcción permanente; con capacidades sobradas, por tanto, de ejercicio del poder por sí mismo – el poder de emancipación, democracia, libertad y comunismo-.

Las mutaciones que la autonomía sufrirá llevándola del obrerismo italiano al postobrerismo y a los nuevos movimientos antagonistas, como reflejo de los cambios en las sociedades postfordistas, van más allá de nuestros propósitos para el presente trabajo. Sin embargo, hay que recordar que son estos los lazos que unen a Luxemburgo con la inherente autonomía que caracterizará las experiencias del nuevo proletariado juvenil, de los centros sociales ocupados, de las feministas, ecologistas, antimilitaristas etc. de los años Ochenta y primeros Noventa; todas ellas compartiendo el asamblearismo y la independencia de las instituciones, como elementos definitorios.

4. De Seattle a Madrid: Un movimiento que crece en la batalla

El origen del Movimiento Global ha sido –y es- objeto de intensas discusiones tanto dentro del mismo como en la Academia. Algunos autores sitúan su nacimiento en las protestas contra el FMI y el BM en 1988 en Berlín [9], otros en las luchas obreras y estudiantiles contra los planes de ajuste estructural del FMI en Corea del Sur (Mezzadra/Raimondi, 2002:22) etc. Hay quien apuesta por diferentes experiencias tales como las luchas de los parados en Francia, en el MST brasileño o en el movimiento ecologista radical en Alemania (Aguiton, 2001:12) para construir un árbol genealógico del movimiento. Cabe decir, en fin, que un elenco completo de las diferentes propuestas formuladas, resultaría extremadamente tedioso en este trabajo.

En nuestra opinión, todas esas experiencias y otras muchas, son claves para establecer la genealogía del Movimiento Global. Sin embargo, creemos que es posible seguir su rastro atendiendo a los principales grupos que prepararon los llamamientos a la acción global en Seattle y Praga, puntos de inicio indiscutibles del Movimiento Global en EEUU y Europa, como evento mediático que comenzó a extenderse y a hacerse visible en numerosos momentos y lugares.

La pista de estas protestas nos lleva más abajo cronológica y geográficamente. Tras la rebelión en México del EZLN desde el 1 de Enero de 1994 y la solidaridad mostrada por la sociedad civil mexicana ese mismo año, las manifestaciones de apoyo al Ejército Zapatista recorrieron el planeta. Una extensa red de grupos de solidaridad con el EZLN se constituyeron alrededor del mundo. En mayo de 1996, el portavoz y jefe militar del EZ, el Subcomandante Marcos, envió una carta al Encuentro Zapatista Europeo en Berlín para convocar el “Primer Encuentro Intergaláctico por la Humanidad y contra el Neoliberalismo” en La Realidad –Chiapas- en el verano de 1996. Un año después se celebraría en diferentes ciudades españolas el “Segundo Encuentro Intergaláctico”. En este segundo encuentro se establecerían las bases para la fundación de PGA (People Global Action). Esta red de grupos fue la principal animadora de los episodios de conflicto de Seattle y Praga donde el mundo entero asistió al despliegue todo un nuevo conjunto de repertorios de acción colectiva que definirían un nuevo movimiento; lo que en otro lugar hemos llamado “Modelo de Berlín” (Iglesias Turrión, 2005) [10].

¿Qué relación guarda entonces el Movimiento Global con el pensamiento de Rosa Luxemburgo?

Como explicaremos, en el conjunto de repertorios de acción colectiva  del Movimiento Global hay una multiplicidad de elementos tendentes a describir ese “otro mundo posible” más como una construcción dinámica, a través del enfrentamiento, que como una hipótesis programática. Estamos en la organización como proceso que ya teorizara Rosa (Luxemburgo 1904).

¿Cual es la relación entre el Zapatismo y el pensamiento de Rosa Luxemburgo? Como escribió José Guadalupe, “tal vez la izquierda tenga que reclamar la visión de Rosa sobre Marx por la cual el comunismo es la construcción consciente de relaciones sociales de producción, y comprender este problema como la condición posible –como dicen los zapatistas- para una sociedad donde todo sea permitido” (Guadalupe, 2001:6). Es absolutamente necesaria la comprensión de la dimensión del compromiso marxista en el pensamiento de Luxemburgo. Ésta es, en nuestra opinión, una de las claves para trascender las terribles experiencias del “Socialismo Real” así como para entender las nuevas posibilidades de rebelión contra el Capitalismo.

Hablando en concreto acerca del bautizo mediático del movimiento, Seattle, ¿Cuál fue la principal lección de aquellos días de movilizaciones contra la OMC?

En primer lugar: Control del espacio urbano. La capacidad para condicionar el desarrollo espacial de la ciudad, puede influir en los derroteros que haya de tomar el conflicto y sus formas de comunicación política. No hay que olvidar que la clave del éxito de los bloqueos en la capital del Estado de Washington que obligaron a la suspensión anticipada de la cumbre de la OMC, estuvo en la habilidad de los activistas para impedir o dificultar la entrada a la sede de las reuniones a más del 90 por ciento de los delegados. Un nuevo abanico de técnicas se puso en acción, no solo para frenar el desplazamiento de los delegados y bloquear las reuniones, sino también en las formas de resistencia frente a la policía y en las acciones comunicativas contra los establecimientos de algunas corporaciones multinacionales.

Es claro entonces que el comienzo de una nueva serie de protestas globales[11] contra el Capitalismo neoliberal nació en el conflicto. Es más, estas protestas nacieron del éxito cosechado por un Nuevo repertorio de acción colectiva que, como hemos indicado, llamamos “modelo de Berlín”[12].

Nos vamos a permitir recordar las 5 tesis con las que caracterizábamos es conjunto de repertorios:

1ª-El repertorio que llamamos modelo de Berlín ha sido experimentado y desarrollado por los movimientos globales en un momento histórico del Capitalismo en el que el Estado- Nación deja de ser el espacio privilegiado de producción y escenificación de conflictos.

2ª-En el mundo actual, las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones permiten relativizar la percepción de las escalas geográficas en las que se desarrolla materialmente la acción colectiva contenciosa, multiplicando su dimensión.

3ª-El modelo de Berlín se expresa en dinámicas conflictuales (contention[13]) que cuestionan de forma material el control de las autoridades sobre determinados espacios y de manera simbólica la producción y aplicación del Derecho, mediante formas de desobediencia política como práctica constituyente[14].

4ª-El modelo de Berlín no tiene un partida de nacimiento determinada, pero los acontecimientos de Seattle en 1999 implican un momento de explosión inesperado de este repertorio, a partir del cual comienza a extenderse ininterrumpidamente.

5ª-Las expresiones de desarrollo y evolución del modelo de Berlín en Europa lo convierten en el repertorio hegemónico del movimiento de movimientos en el Continente, desde los bloques del S26 de 2000 en Praga, pasando por Génova (2001) y las movilizaciones anti-guerra (2003), hasta la revuelta madrileña del 13 de marzo de 2004 (Iglesias, 2005: 16).

Después de Seattle, una nueva Nueva izquierda (Ross, 2004) que trascendía los problemas domésticos que venían ocupando las labores cotidianas de la vieja izquierda (Arrighi/Hopkins/Wallerstein, 1999: 38) empezó a caminar. De nuevo, el concepto luxemburguista de objetivo final (la transformación social) en su polémica con Bernstein, se presenta como central en el espíritu de las batallas del movimiento Global. Mientras la vieja izquierda había perdido, tanto en sus programas como en su dimensión programática, el carácter antagonista merced a un supuesto pragmatismo incuestionado tras la caída del muro de Berlín y el prestigio de las tesis fukuyamistas del fin de la historia, el nuevo movimiento volvía a situar al Capitalismo en el centro del conflicto político en la lucha por formas reales de democracia.

Es precisamente éste espíritu anticapitalista el que caracteriza las manifestaciones contra el FMI y el BM en Praga. Es importante recordar que allí apenas hubo partidos políticos o grandes sindicatos. Éstos solo habrían de llegar al movimiento más tarde, al abrigo de los “Foros Sociales[15]”.

También por ello es posible hablar la Autonomía del movimiento. Autonomía como posibilidad de acción política más allá de las instituciones políticas formales.

Como escribe Viejo Viñas, lo más preciado de la aportación del pensamiento de Rosa Luxemburgo, no es su capacidad de construir un discurso contra la política entendida como ejercicio de élites (Mosca, Michels etc.); no es tampoco su potencial para ir más allá de la teoría leninista de la vanguardia. Su más valiosa contribución es la de ofrecer herramientas para una reinterpretación libertaria del marxismo: el sector de la Autonomía” (1999:3).

La importancia de este sector autónomo en la construcción de las acciones colectivas inscritas en los repertorios de conflicto del Movimiento Global es hoy en día innegable.

Para comprender este sector y elaborar una teoría adecuada del mismo como uno de los componentes más vitalizadores e innovadores del Movimiento Global habríamos de referirnos –cosa que no es posible en este trabajo- a las experiencias de los tres bloques de Praga (los tute bianche [16] en el bloque amarillo, el bloque azul de la guerrilla urbana y el bloque rosa pacifista), al movimiento de los Disobbedienti en Italia, los Centros Sociales Ocupados en el Estado Español, a las tácticas de sabotaje contra la Guerra en el Reino Unido, Bélgica, Grecia, etc[17].

Para este trabajo de reinterpretación de un marxismo autónomo como referente teórico del Movimiento Global, Rosa es indispensable como “tatarabuela” de la autonomía, como sustento intelectual de la construcción del sujeto antagonista por, para y a través del conflicto.

En otro lugar señalamos que las experiencias de movilización de Madrid en Marzo de 2003 y la revuelta del 13 de Marzo del 2004 tras los atentados del 11 de Marzo, representan puntos claves para entender el desarrollo de los repertorios de acción colectiva del Movimiento Global en las movilizaciones anti-guerra. Vamos a concluir este trabajo refiriendo algunos elementos, digamos luxemburguianos, de estas experiencias.

La manifestación que, inscrita en un día global de protesta contra la invasión de Irak, tuvo lugar en Madrid el 15 de Febrero del 2003 fue inmensa –superando, según algunas estimaciones, el millón de participantes-. Sin embargo, para nuestros objetivos interpretativos, las acciones en el mes siguiente nos despiertan un interés mucho mayor. El día después de que comenzasen los bombardeos aliados sobre Irak, los estudiantes tomaron las calles de la ciudad sin autorización. Manifestaciones ilegales que partían de los Campus de la Universidad Autónoma y la Universidad Complutense, interrumpieron la circulación marchando por las principales arterias de la ciudad (Moncloa, Princesa, Plaza de España, La Castellana, Puerta del Sol y finalmente la Carrera de San Jerónimo) sin poder llegar finalmente al Congreso de los diputados por la acción de las unidades antidisturbios de la Policía.

Aquella noche, miles de personas consiguieron alcanzar, gracias a elementos defensivos y estrategias de desobediencia civil, el objetivo que ya los estudiantes habían amagado por la mañana. La multitud llegó a las puertas del Parlamento, algo absolutamente insólito en España, tipificado específicamente como delito en el Código penal y de una significación simbólica del todo audaz: se ponía en cuestión el máximo órgano de representación de la soberanía popular, el fundamento en última instancia del conjunto del sistema político.

Durante aquellos días, los cargos públicos del Partido Popular (gobernante entonces), fueron insultados y acosados en todos los actos en los que participaban. Como denunciaron sus máximos dirigentes nacionales, las sedes de este partido fueron objeto de una oleada de ataques, ocupaciones y manifestaciones que se extendieron por todo el país.

Esta dinámica espontánea iba más allá de la experiencia ordinaria de los partidos políticos, ajenos y temerosos a tal estallido de capacidades autónomas de creación de sentido, símbolos, organización y protesta, a la propia posibilidad, en última instancia, de la acción política sin ellos.

El Gobierno de José María Aznar reaccionó con un autoritarismo que evidenciaba un gran nerviosismo ante un movimiento difícil de controlar. Buena parte de las estrategias y técnicas de acción desplegadas por el movimiento eran muy similares a las que el Movimiento global había desarrollado en Europa[18] tras la experiencia de Seattle. Las cinco tesis que proponíamos antes son fácilmente aplicables en este caso.

Los procesos de movilización colectiva, desde abajo, fueron capaces de plantear una lucha no sólo contra la política exterior del Gobierno Español, sino también contra el sistema que produce las guerras. En el contexto de este conflicto el movimiento pudo descubrir las llaves para abrir nuevas puertas.

La revuelta contra el Gobierno del PP dos días después de las bombas contra Madrid y un día antes de las Elecciones Generales, fueron la reaparición del Madrid contra la Guerra: los mismos símbolos, las mismas pautas de movilización basadas en la toma de las calles, en la disputa del control del territorio al Poder y el desencadenante de la acción mediante una técnica organizativa poco conocida hasta entonces en España: el flash mob[19]. Es ciertamente probable que esta movilización frente a la sede central del PP durante la jornada de reflexión –la violación de la legalidad es de nuevo más que patente: manifestaciones durante la jornada de reflexión electoral, hostigamiento a las sedes de un partido…- tuviese influencia en la debacle electoral del PP, pero la dimensión de ello, entendemos que es mucho menos importante que lo que realmente queremos investigar. Pensar el 13M solo como gesto que habría ayudado a desalojar al PP del Gobierno no es sino una inmediata, miope e institucionalista conclusión que no comprende las enormes potencias sociales autoconstitutivas desplegadas.

Esas manifestaciones fueron la viva expresión de una tensión real entre el antagonismo y el sistema político. Incluso Zapatero, el Partido Socialista y sus medios de comunicación afines, llamaron a la gente a volver a casa en un contexto donde el golpe de estado[20] o una represión atroz, no eran posibilidades descartables. Sin embargo, la multitud ocupó las principales calles de Madrid desde las 6pm del 13 de marzo hasta las 6am del día siguiente, el de las elecciones. Fue este un claro ejercicio de desobediencia masiva frente a la cual las autoridades no se decidieron a usar su fuerza represiva.

La lección de Madrid el 13 de Marzo del 2004 ratificó lo que Rosa de Luxemburgo ya enunció casi un siglo antes: la resistencia democrática, las capacidades transformadoras, siempre vienen de fuera del sistema.

El movimiento global que creció peleando y siendo retransmitido por los media en 1999 en Seattle, y que tuvo un punto de inflexión en el 2001 en Génova con el asesinato del joven Carlo Guliani por parte de los carabinieri italianos, tiene en la autonomía de sus diferentes y diversos componentes y en la acción política no integrada en las estructuras sistémicas, sus signos distintivos. Pero es, sin duda, su permanente construcción dinámica y colectiva en las consecutivas batallas contra los procesos de mando capitalista y sus instituciones, lo que le caracteriza dándole un sentido constituyente. Es aquí donde hay que rendirle tributo a la tatarabuela de la autonomía.

El otro mundo deviene posible solo cuando muestra aquí y ahora la posibilidad de desafiar al viejo. En este sentido, hay que recordar a Rosa Luxemburgo hablando de una clase que se construye a sí misma luchando, y a Antonio Negri apuntando que el proletariado existe en tanto que niega su contraposición dialéctica: la explotación capitalista.

 

Referencias citadas

-Adell, R. (2004): “Sociología de la protesta: recuento de multitudes y significados de la movilización”. Ponencia presentada al VIII Congreso Español de Sociología, Alicante.

-Arrighi, G., Hopkins, T. K., Wallerstein, I. (1989): Antisystemic Movements. London: Verso. [(1999): Movimientos antisistémicos. Akal. Cuestiones de antagonismo, Madrid].

-Aguiton, C. (2001): Il mondo ci appartiene. I nuovi movimenti sociali. Feltrinelli, Milán.

-Casarini, L. (2002): “Disobbedienza-Violenza”. En Casarini e altri: Un altro mondo in costruzione. Le idee del Movimento globale . Baldini&Castoldi, Milán, pp. 69-76.

-Della Porta, D. and Tarrow, S. (eds.) (2004): Transnational Global Activism, Rowman and Littlefield.

-Della Porta, D. and Mosca, L. (2003): “Globalizzazione e movimenti sociali: una introduzione”. In Della Porta (Ed.): Globalizzazione e movimenti sociali. Manifestolibri, Roma págs. 7-20.

-Francescutti, P., Baer, A., García de Madariaga, J.M., y López, P. (2005): “La noche de los móviles. Medios, redes de confianza y movilización juvenil”. En Sampedro Blanco, V. (ed.): 13-M. Multitudes on-line. Catarata, Madrid, Págs. 63-83.

-Feijoo, C. (2004): “Rosa Luxemburgo y la democracia socialista”. Revista Lucha de Clases, número 2.

-Gerhards, J. y Rucht, D. (1992): “Organizing and Framing in Two Protest Campaigns in West Germany”. The American Journal of Sociology, vol. 98, number 3, pp. 555-595.

-Guadalupe Gandarilla, J. (2001): “Rosa Luxemburgo: Teoría y práctica de la acción revolucionaria”. En http://www.profesionalespcm.org/_php/MuestraArticulo2.php?id=313 (Consulta: 12/01/2005).

 

NOTAS


[1] Una primera versión de este texto fue presentada en inglés en la Conferencia Internacional “Alternative Futures and Popular Protest”, celebrada en la Manchester Metropolitan University entre el 30 de Marzo y el 1 de abril de 2005, habiendo aparecido publicada en el volumen de selección de ponencias de la misma.

[2] (Viejo Viñas, 2005:84).

[3] Sobre el origen de la institucionalización académica de los estudios sobre movimientos sociales, consúltese: Pérez Ledesma 1994.

[4] Para Tarrow el Manifiesto Comunista de Engels y Marx correspondería con la teoría de comportamiento colectivo (Smelser); la teoría de la organización leninista con la teoría de la movilización de recursos (véase, por ejemplo, McCarthy 1977) y, finalmente, la hegemonía gramsciana se ligaría al frame analysis (véase por ejemplo Snow/Rochford/Worden/Benford, 1986).

[5] Una de las más polémicas aportaciones recientes de la escuela neomarxista del postoperaismo, ha sido la categoría spinoziana de multitud, opuesta a la hobbesiana de pueblo, para explicar una serie de comportamientos sociales contemporáneos (Virno 2003: 22) y su potencialidad antagonista. Aun cuando no hay un consenso absoluto entre los diferentes autores de esta escuela, podremos decir que la multitud representa la figura productiva hegemónica en el modo de producción postfordista actual, irreductible a la unidad pueblo que fundamenta la soberanía del Estado y su monopolio de la decisión política. Multitud es conjunto de singularidades que producen riqueza en el postfordismo, no solo mediante su fuerza de trabajo mesurable en tiempo, sino también mediante el conjunto de caracteres propios de su condición humana –en particular la facultad de lenguaje- (Virno, 2003:19). Sobre la categoría multitud, recomendamos consultar: Negri 2002 (64), Negri 2003, Negri y Hardt 2002 (359 y ss.), Virno 2003a (26) y Virno 2003b –en especial el prefacio “Pueblo vs. Multitud: Hobbes y Spinoza” (Virno, 2003b; 21-27)-.

[6] Trasladando este argumento a la actualidad, conviene no olvidar que buena parte de los principales acontecimientos de enfrentamiento con el Neoliberalismo -Seattle99, Praga00, Genova01- y las expresiones más radicalizadas del movimiento contra la guerra –sirvan de ejemplo la primavera contra la guerra en Madrid en 2003 y la revuelta del 13M en 2004- en los últimos tiempos, se han caracterizado por la ausencia de instrumentos de decisión política institucionalizados y por formas de protesta autoorganizadas, múltiples y autónomas.

[7] Uno de los principales caracteres del Movimiento global es precisamente atravesar las dimensiones (Activo-Reactivo y paradigmas de autoridad, distribución y estilo de vida) establecidas por Kriesi paraclasificar diferentes tipos de movimientos sociales. En este sentido, véase Pérez Ledesma (1994: 103-104).

[8] Aún cuando en este epígrafe nos alejamos de la cuestión central de la ponencia, creemos que no se podía obviar la relación de Luxemburgo con Lenin y la Revolución rusa. Si en aquel momento histórico se impusieron los modos leninistas de hacer política, el desarrollo presente de los movimientos globales de contestación al Capitalismo representa una ocasión inmejorable, a nuestro juicio, para actualizar viejas controversias sobre táctica y estrategia. Hemos de decir asimismo que, aunque sobre algunas de las cuestiones sugeridas en el presente excursus los autores no compartimos la misma opinión, hemos decidido no suprimir ningún tema abierto a la polémica, intuyendo que podrían plantear fructíferas posibilidades de debate en el VII Congreso.

[9] Para una narración de estos acontecimientos, véase Gerhards y Rucht (1992:561).

[10] Hay que decir que la PGA ha seguido activa hasta la fecha. Algunas de las acciones de bloqueo contra la reciente reunión del G8 en Escocia, comenzaron a prepararse tras una reunión de la AGP en Belgrado el verano de 2004.

[11] Véanse en este sentido Della Porta y Tarrow (2004) y Herreros (2004).

[12] En la referencia citada, explicamos que las manifestaciones berlinesas de 1988 contra el FMI y el BM, como experiencia asincrónica, pueden servir de modelo para referirlas que iban a ser las estrategias de acción colectiva del Movimiento Global en el futuro (2005: 15-16).

[13] Véase Tilly (1986:3-4)

[14] Para el concepto de poder constituyente y anticipación antagonista del Derecho véase: Negri (2002) y

Negri y Guatari (1999). Para la relación entre Movimiento Global y desobediencia civil véase: Iglesias Turrión (2002)

[15] Se equivoca estrepitosamente Bernard Cassen, al querer situar el origen del movimiento en los foros [Citado en Harman (2004:45)]. Nada de lo acontecido en Niza (2000), Génova (2001), Florencia (2002) o Paris (2003), hubiera sido posible sin la dimensión mediática de los enfrentamientos en Seattle y Praga.

[16] Sobre este grupo, véase Iglesias Turrión (2004)

[17] Sobre el papel de grupos autónomos de diferentes lugares de Europa en el ultimo Foro Social Europeo celebrado en Londres en Octubre de 2004, véase López Martín e Iglesias Turrión (2004).

[18] A su manera, algunos periódicos reconocían este hecho hablando de una “infiltración” de activistasantiglobalización entre los manifestantes contra la guerra.

[19] Flash mob/smart mob: Convocatoria de acción política (concentraciones, manifestaciones, voto, etc.) mediante mensajes de teléfonos móviles (sms). Habituales desde los inicios del milenio, destaca su uso en Filipinas al inicio de 2001 en las movilizaciones contra Joseph Estrada (Francescutti, Baer, García de Madariaga y López, 2005:81) y en algunas convocatorias ludico-contraculturales en EEUU y Gran Bretaña (Adell, 2004:27). Aún cuando esta técnica puede ser usada con fines propagandísticos por parte de líderes políticos consolidados -como ha sido el caso de Berlusconi en Italia llamando a la participación en las elecciones europeas de 2004, de Putin en Rusia, de Chávez en Venezuela o de los sms papales del Vaticano (López Martín, 2004:11)- las claves que la diferencian de los repertorios anteriores de convocatoria, son la descentralización de su control y la necesidad de cooperación de unidades inteligentes conectadas en red, esto es, la articulación de una técnica de swarming –enjambre-. Si la acción política tradicional se fundamentaba en el control de los flujos de información por parte del actor/decisor/emisor político (también posible mediante teléfonos móviles como en el caso de las campañas publicitarias mediante sms), el flash/smart mob implica la fragmentación absoluta del/de los emisor/es. Si la acción política tradicional se fundamentaba en una dirección/centro depositaria de la inteligencia política necesaria para actuar, el flash/smart mob requiere la presencia de multitud de inteligencias que, en cuanto tales, pueden cooperar, dando lugar a una multiplicidad de actores políticos “inteligentes”.

[20] Almodóvar dixit…

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