Marx y la acumulación primitiva

Junto a los recortes, la pérdida de salarios y de derechos, de desmantelar servicios públicos básicos y otros desmanes por el estilo, la crisis nos ha realizado una valiosísima aportación: el neolenguaje o como darle la vuelta a todo para que la gente ni se entere: que se rescata a la banca, pues lo llamamos «línea de crédito» o «recapitalización»; que queremos recortar a los jubilados y que nos sigan votando, pues llamamos «desindexación» a desvincular las pensiones del IPC; al empleo precario lo denominaremos «minijob» que es más molón y al aumento del paro «ralentización en la destrucción del empleo»…y así, una tras otra.

acumulant (Pollock)¿Saben lo que es eso? Pues sencillamente la contradicción capital – trabajo en vivo y en directo, lucha de clases o dicho en román paladín: tu empobrecimiento es directamente proporcional al enriquecimiento de otro (que suele tener el concurso de los poderosos y el poder para aplicártelo si o si). Y otra cuestión (por si no han caído en la cuenta), la cosa no fue siempre así; el capitalismo no es un estado natural de las cosas, no brotan matojos de capitalistas en el campo ni se recolectan obreros de los árboles frutales.

De ese origen vamos a tratar hoy. Entre los muchos conceptos que “parió” don Carlos, seguro que no nos es extraño el de acumulación originariaacumulación previa o acumulación primitiva (la ursprüngliche Akkumulation en su alemán natal) o lo que es lo mismo, “el aniquilamiento de la propiedad privada que se funda en el trabajo propio, esto es, la expropiación del trabajador” –Marx dixit-. Concepto clave, aparece en los capítulos XXIV y XXV del primer volumen de El Capital y en Marx desde Cero expusimos el excelente ejemplo de  Mr. Peel en las colonias del río Swan. Y para empaparnos a base de bien de este concepto os distribuimos el trabajo de Massimo De Angelis sobre el tema que vamos a tratar. Profesor en la University of East London, economista crítico y sin dudarlo, uno de los nuestros.

¡Vamos con la acumulación!

Antonio Olivé

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Marx y la acumulación primitiva.

El carácter continuo de los “cercamientos” capitalistas*

Massimo De Angelis

 

En los últimos veinte años, la ortodoxia neoliberal devino predominante en todos los niveles de gobierno y delineó las recomendaciones de política propuestas por los think tanks más importantes del mundo.

Los países han sido testigos de continuos y masivos ataques a todas aquellas funciones del Estado que fueron diseñadas para compensar las deficiencias e injusticias del mercado. Los recortes en el gasto social han adquirido, por supuesto, muchas formas y diversas configuraciones. En cada caso, depende del contexto histórico y socioeconómico en el que fueron implementados, y según se trate de los países “ricos” del Norte, los países “pobres” del Sur o los países del Este en proceso de “transición”.

De cualquier manera, tras una rápida lectura de la enorme literatura sobre este tema, uno se queda con la fuerte sensación de que existe un trasfondo común entre, digamos, los ajustes realizados sobre los beneficios de desempleo en Gran Bretaña, ante la necesidad de equilibrar el presupuesto; la ola de privatizaciones que tuvo lugar en Polonia debido a la necesidad de desmantelar el Estado socialista; y los recortes en los subsidios alimentarios efectuados en Tanzania por la necesidad de pagar los intereses de la deuda externa. Este artículo propone que una reinterpretación de la teoría de la acumulación primitiva postulada por Marx, puede brindarnos importantes hallazgos acerca del común carácter social de lo que a prima facie se nos presenta como un conjunto de políticas desvinculadas entre sí y engendradas por diferentes circunstancias.

Según una de las principales interpretaciones tradicionales, el concepto de acumulación primitiva de Marx remite al proceso histórico que dio nacimiento a las precondiciones del modo de producción capitalista. Estas precondiciones refieren fundamentalmente a la creación de un sector de la población sin otros medios de vida que su propia fuerza de trabajo para vender en el naciente mercado laboral, y a los fines de la acumulación de capital, en las nacientes industrias. En esta concepción, el adjetivo “primitiva” se corresponde con una clara dimensión temporal (el pasado), que se convierte en la condición para un futuro capitalista. Alternativamente, el mismo concepto de acumulación primitiva ha sido interpretado como un fenómeno continuo dentro del modo de producción capitalista, especialmente en el marco de los análisis marxistas que describen la subordinación del Sur respecto del Norte en la economía mundial.

En este artículo, alego que la teoría de Marx sobre la acumulación primitiva podría ser interpretada como conteniendo, al mismo tiempo, un argumento histórico y otro de continuidad, pero en formas que se apartan de las interpretaciones tradicionales. En la segunda sección, repaso brevemente los dos abordajes clásicos de la acumulación primitiva en el marco de la tradición marxista. En la tercera sección, analizo la definición dada por Marx de la acumulación primitiva y la sitúo en su análisis más amplio del modo de producción capitalista. Esto me llevará a poner de relieve dos importantes implicaciones teóricas que conlleva la idea de acumulación primitiva planteada por Marx, esto es, el hecho de que aquella describe la separación forzada entre las personas y sus medios sociales de producción, y que dicha separación puede tomar muchas formas. En la cuarta sección, me extiendo brevemente en este último punto, y examino algunas de las formas de la acumulación primitiva presentadas por Marx. Finalmente, en la quinta sección, retorno al significado social de la acumulación primitiva tal como fue identificado en la tercera sección. Partiendo del aparato teórico de Marx –principalmente, de su análisis de la relación entre sujeto y objeto, de su teoría de la alienación, y de su distinción entre acumulación [propiamente dicha][2] y acumulación primitiva-, argumento que la acumulación primitiva se encuentra necesariamente presente en los sistemas capitalistas “maduros” y, dada la naturaleza conflictiva de las relaciones capitalistas, asume un carácter “continuo”. En la conclusión, expongo brevemente las implicaciones políticas de este análisis.

Para focalizar en la discusión teórica de Marx, me abstraeré de los debates alrededor del rol y significado de las “acumulaciones primitivas socialistas”. Además, por la misma razón, no me detendré en el análisis de los diferentes matices de sentido implícitos en la nominación de la categoría estudiada, toda vez que en la literatura es referida como acumulación “originaria”, “primitiva” o “primaria”. Mi preferencia por la utilización del término “acumulación primitiva” en este artículo es sólo una elección práctica, en tanto creo que esta ha sido la fórmula más usada de la categoría (seguida por “originaria” y luego “primaria”). Cuestionar esta costumbre establecida debería ser objeto de otro artículo.

Una breve revisión de las interpretaciones tradicionales

El concepto de acumulación primitiva es una de esas ideas que ha entrado en el vocabulario común de los académicos marxistas, sin haber generado demasiada  controversia o debate teórico[3]. Dentro de la literatura es posible identificar dos marcos interpretativos centrales que abordan el problema de la acumulación primitiva. El primero puede ser representado por el temprano estudio de Lenin, El desarrollo del capitalismo en Rusia (1899). En términos generales, este enfoque concibe a la acumulación primitiva como la premisa histórica del modo de producción capitalista y, por lo tanto, hace hincapié en el proceso de separación entre las personas y los medios de producción durante el período de transición entre modos de producción. En su polémica con los populistas (quienes creían que la ausencia de un mercado desarrollado evitaría el desarrollo capitalista en Rusia), Lenin argumentaba que la desaparición de los campesinos y su expropiación junto con la de sus comunidades, era la condición para la creación de un mercado capitalista en Rusia. Lenin concebía este proceso como inevitable y, en última instancia, positivo –aunque, en general, se encargó de subrayar las contradicciones implicadas. Sin embargo, estas contradicciones no incluyen una mención de la resistencia campesina contra la expropiación, ni reflexiones acerca de cómo ésta podría haber contribuido a la creación de resultados que contradijeran los requerimientos del desarrollo del capitalismo ruso. Así como Lenin no previó una resistencia campesina, tampoco previó la sanción de una “legislación sanguinaria” (Marx, 2005: 918-928) en Rusia para enfrentarla.

La acumulación de capital (1913) de Rosa Luxemburgo representa una segunda y diferente interpretación. Aunque la autora acepta formalmente que la acumulación primitiva es un fenómeno histórico único y situado que dio lugar a la emergencia del capitalismo (para una crítica, véase Rosdolsky, 1977: 279), su marco teórico apunta hacia una dirección distinta.

Luxemburgo señala que los esquemas de la reproducción ampliada elaborados por Marx constituyen una representación matemática de las condiciones para la acumulación, que sólo tendrían validez en el caso hipotético de que existieran dos clases sociales. No obstante, la autora alega que la producción capitalista debe contar necesariamente con terceras partes (campesinos, pequeños productores independientes, etc.) que puedan convertirse en compradores de mercancías. En consecuencia, la imposición de relaciones de intercambio entre la producción capitalista y no capitalista deviene necesaria para la realización de plusvalía. No obstante, estas relaciones de intercambio se topan con relaciones sociales de producción no capitalistas. Para superar la resistencia al avance del capital que surge de dicho choque, el capital debe recurrir a la violencia militar y política.

Aquí Luxemburgo introduce una tesis crucial que, independientemente de la validez de su razonamiento e interpretación respecto de los esquemas de Marx, resulta fundamental: el prerrequisito extraeconómico para la producción capitalista –lo que denominaríamos como acumulación primitiva- es un elemento inherente y continuo de las sociedades modernas, y su campo de acción se extiende al mundo entero. A partir de allí, la autora combina su análisis teórico de la acumulación con una conjetura política: una vez que el mundo entero se torne capitalista, el sistema habrá alcanzado su final histórico. Aquí, la lucha de clases entra en escena como un deus ex machina antes de que el colapso sea provocado por condiciones objetivas. Como en el caso de Lenin, tampoco para Rosa Luxemburgo la resistencia y la lucha son elementos constitutivos de la acumulación primitiva, sino un posible -aunque importante- subproducto.

Las dos interpretaciones clásicas de Lenin y Luxemburgo han dejado su huella en subsiguientes abordajes. Es quizás útil calificar la interpretación de Lenin como de “acumulación primitiva histórica”, a fin de indicar una etapa histórica y temporalmente definida, para la que se describe el patrón de separación entre las personas y sus medios de producción. El enfoque de Luxemburgo puede ser definido, en cambio, como de “acumulación primitiva inherente y continua”, para indicar el hecho de que este característico proceso de separación extra-económica entre productores y medios de producción es permanente y constitutivo del sistema capitalista. Interpretaciones sucesivas y más modernas parecen compartir las características básicas de estas dos perspectivas. Por ejemplo, en sus estudios clásicos sobre el desarrollo del capitalismo, Maurice Dobb utiliza la categoría de acumulación primitiva para indicar una época bien definida de acumulación de derechos de propiedad, mejor conocida como mercantilismo:

Si, no obstante, es preciso atribuir un significado a la noción de “acumulación originaria” (en el sentido marxista del término) anterior en el tiempo al florecimiento de la producción capitalista, hay que interpretarla, en primer lugar, como una acumulación de derechos –de títulos sobre patrimonios existentes, acumulados ante todo por razones especulativas- y, en segundo lugar, como acumulación en manos de una clase que, por su especial posición dentro de la sociedad, es capaz de transformar, en definitiva, estos títulos acumulados de patrimonio en medios efectivos de producción. En otras palabras, cuando se habla de acumulación en un sentido histórico, nos estamos refiriendo a la propiedad de patrimonios y a una transferencia de propiedad, y no a la cantidad de instrumentos tangibles de producción en existencia (Dobb, 1971: 216).

Según Dobb, por lo tanto, la acumulación primitiva es acumulación “en un sentido histórico”. Vale la pena notar que también Paul Sweezy, el principal oponente de Dobb en el famoso debate sobre la transición del feudalismo al capitalismo -publicado en Science and Society 1950-1953-, reconoce el “excelente tratamiento de los problemas esenciales del período de la acumulación originaria” (Sweezy, 1950: 157) que realiza Dobb. El ahora ya clásico debate sobre la “transición” (recopilado en Hilton, 1978), así como sus posteriores desarrollos y derivas –por ejemplo, en torno al debate de Brenner en las páginas de la revista Pasado y Presente de los años ’70 (recopilado por Astor y Philperin, 1985) y, más tarde, en los intercambios en Science and Society (Gottlieb, 1984; Leibman, 1984; Sweezy, 1986; McLennon, 1986)- se caracteriza por la aceptación generalizada de la definición histórica de la acumulación primitiva.

Diferente de la aproximación que realiza Dobb al problema de la acumulación primitiva -entendida principalmente como un proceso histórico finalizado-, es la de Samir Amin, que se encuentra más cercana a la noción de acumulación primitiva definida como proceso inherente y continuo y que, según este autor, tiene lugar a través de lo que define como la transferencia de valor dentro de la economía mundial:

Ahora bien, esas relaciones entre las formaciones del mundo desarrollado (el centro) y las del mundo ‘subdesarrollado’ (la periferia) se saldan mediante flujos de transferencia de valor que constituyen la esencia del problema de la acumulación en escala mundial. Cada vez que el modo de producción capitalista entra en relación con modos de producción precapitalistas a los que somete, se producen transferencias de valor de los últimos hacia el primero, de acuerdo con los mecanismos de la acumulación primitiva. Estos mecanismos no se ubican, entonces, sólo en la prehistoria del capitalismo; son también contemporáneos. Son estas formas renovadas pero persistentes de la acumulación primitiva en beneficio del centro, las que constituyen el objeto de la teoría de la acumulación en escala mundial (Amin, 1975: 11-12).

Otra interpretación dentro de este marco general podría también incluir la noción de sistema-mundo acuñada por Wallerstein (1979). El carácter continuo de la acumulación primitiva en este armazón conceptual acentúa los mecanismos objetivos de la acumulación y circulación de capital.

Una revisión cuidadosa de la definición de acumulación primitiva planteada por Marx nos permite sopesar de manera crítica tanto los argumentos históricos como los de continuidad, y reformularlos políticamente. La clave en el abordaje de Marx es el concepto de separación entre productores y medios de producción (en lo que sigue, me referiré a esto simplemente como separación). Esta definición, implícita en las lógicas contrastantes de la acumulación ilimitada de capital vis á vis las luchas sociales por libertad y dignidad, no sólo nos ayuda a describir la naturaleza recurrente de la “acumulación primitiva”, sino también a señalar la cuestión política central de cualquier alternativa al capitalismo: el acceso directo a los medios de existencia.

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El concepto de acumulación primitiva en Marx 

La definición de acumulación primitiva 

En el Capítulo XXIV, ubicado en la Sección Séptima del Tomo I de El Capital, Marx discute “la llamada acumulación originaria”. Para cualquier período de tiempo dado, el proceso de acumulación [propiamente dicho] presupone, por supuesto, que cierta cantidad de capital pre-acumulado haya sido lanzada al proceso de producción. En ese sentido, la producción capitalista como un todo, presupone cierta acumulación “originaria” o “primitiva”. Aunque nunca utiliza el término, Adam Smith fue el primero en referirse a esta noción, afirmando que “la acumulación de stock” es una precondición para la división del trabajo (Smith, 1776: 277) y, en consecuencia, para el acrecentamiento del poder productivo del trabajo. El abordaje que realiza Marx sobre la acumulación primitiva aparece, desde el inicio, ligado a un significado teórico distinto que le asigna a la categoría de capital. La noción de acumulación primitiva está basada en el concepto de capital en tanto relación de clase, más que en tanto “stock”: “La relación del capital presupone la escisión entre los trabajadores y la propiedad sobre las condiciones de realización del trabajo” (Marx, 2005: 893. Destacados nuestros).

Teniendo en cuenta el sentido dado al concepto de capital como relación de clase, se sigue, que

El proceso que crea a la relación del capital, pues, no puede ser otro que el proceso de escisión entre el obrero y la propiedad de sus condiciones de trabajo, proceso que, por una parte, transforma en capital los medios de producción y de subsistencia sociales, y por otra convierte a los productores directos en asalariados (Marx, 2005: 893. Destacados nuestros).

De este modo,

“la llamada acumulación originaria no es, por consiguiente, más que el proceso histórico de escisión entre productor y medios de producción” (Marx, 2005: 893).

También podemos encontrar indicios del énfasis puesto por Marx en las relaciones de clase a lo largo de la estructura argumentativa que organiza el capítulo XXIV de El Capital. Marx dedica dos acápites de este capítulo a la conformación de la clase trabajadora (acápites 2 y 3) y tres acápites a la conformación de la burguesía (acápites 4, 5 y 6).

Hay tres puntos centrales que, considero, son claves para comprender el abordaje de Marx en torno de la acumulación primitiva. El primero es que la separación de los productores y medios de producción es una característica común tanto de la acumulación [propiamente dicha] como de la acumulación primitiva. El segundo es que la separación es una categoría central (sino la categoría central) de la crítica de Marx a la economía política. El tercero es que la diferencia entre acumulación [propiamente dicha] y acumulación primitiva no es de carácter sustantivo, sino que la diferencia entre ambas radica en las condiciones y formas mediante las cuales esta separación es implementada en cada caso.

En lo que sigue, analizaré estos tres aspectos de forma sucesiva.

La separación y el secreto de la acumulación (primitiva)

La idea de separación se aplica tanto a la acumulación [propiamente dicha] como a la acumulación primitiva. Marx es extremadamente preciso en esto. En el Tomo III de El Capital acentúa que la acumulación [propiamente dicha] no es otra cosa que la acumulación primitiva –definida en el Tomo I en términos de separación– reproducida en una escala constantemente ampliada (Marx, 2005). En Teorías sobre la Plusvalía, Marx es aún más preciso, cuando escribe que la acumulación [propiamente dicha]

“reproduce la separación y la existencia autónoma de la riqueza material en contra del trabajo en una escala constantemente ampliada” (Marx, 1971: 315. Destacados nuestros)

y, por lo tanto,

“simplemente presenta como un proceso continuo lo que en la acumulación originaria aparece como un proceso histórico distintivo” (Marx, 1971: 271; 311-2).

Nuevamente, en los Grundrisse plantea:

“Una vez presupuesta esta disociación, el proceso de producción sólo puede producirla de manera nueva, reproducirla y volverla a producir en una escala cada vez mayor” (Marx, 2009: 423. Destacados nuestros). 

El significado y centralidad de la “separación” en la teoría de Marx 

Es conocido que el método de investigación de Marx parte de las leyes de la economía burguesa como una clave para la comprensión del pasado, más que de la historia real de las relaciones de producción (Marx, 2009: 422). De modo que, si comprendemos lo que Marx quiso decir con separación en el contexto de la acumulación capitalista [propiamente dicha], podremos discernir el significado que le otorga a la separación “originaria” o primitiva.

En el contexto de la acumulación [propiamente dicha], la separación entre productores y medios de producción implica esencialmente que “las condiciones objetivas del trabajo vivo se presentan como valores disociados, autónomos, frente a la capacidad viva de trabajo como existencia subjetiva; la cual, por ende, se presenta ante ellos únicamente como valor de un tipo diferente” (Marx, 2009: 423). La separación de productores y medios de producción en el plano social conlleva el enfrentamiento del trabajo vivo y las condiciones de producción como valores independientes que se oponen mutuamente:

Las condiciones objetivas de la capacidad viva de trabajo están presupuestas como existencia autónoma frente a ella, como la objetividad de un sujeto diferenciado de la capacidad viva de trabajo y contrapuesto autónomamente a ella; la reproducción y valorización, esto es, la ampliación de estas condiciones objetivas, es al mismo tiempo, pues, la reproducción y producción nueva de esas condiciones como sujeto de la riqueza, extraño, indiferente ante la capacidad de trabajo y contrapuesto a ella de manera autónoma. Lo que se reproduce y se produce de manera nueva no es sólo la existencia de estas condiciones objetivas del trabajo vivo, sino su existencia como valores autónomos, esto es, pertenecientes a un sujeto extraño, contrapuestos a esa capacidad viva de trabajo (Marx, 2009: 423).

Por lo tanto, esta separación es una condición fundamental para la teoría marxista de la reificación, de la transformación del sujeto en objeto. En otras palabras, debido a esta separación “las condiciones objetivas del trabajo adquieren una existencia subjetiva frente a la capacidad viva de trabajo” (Marx, 2009: 423). Esto significa que los medios de producción están sujetos por un impulso hacia la auto-valorización y auto-expansión, y esto, desde la perspectiva del capital, es todo lo que cuenta. Por otro lado, el trabajo vivo, el “ser subjetivo” par excellence, es convertido en una cosa entre cosas, quedando “reducida a un valor de determinado valor de uso al lado de las condiciones autónomas de su valorización como valores de otro valor de uso” (Marx, 2009: 423). La especificidad de este sujeto reificado –la fuerza de trabajo vivo- es que,

El material que ella elabora es material ajeno; también el instrumento es instrumento ajeno; su trabajo aparece meramente como un accesorio de ellos en cuanto sustancia, y por ende se objetiva en algo que no le pertenece. Y aún el propio trabajo vivo se presenta como ajeno frente a la capacidad viva de trabajo -cuyo trabajo y cuya manifestación vital específica es él-, el producto del trabajo mismo (Marx, 2009: 423-424).

La idea de separación, por lo tanto, se hace eco de forma estricta del análisis de Marx sobre el trabajo alienado, que está enajenado del objeto de la producción, de los medios de producción, del producto, y de los otros productores (Marx, 1844). La oposición que hemos venido analizando se encuentra implícita en esta definición; se trata, por supuesto, de una oposición conflictiva que expresa una “relación específica de producción, una relación social específica en la que los dueños de las condiciones de producción tratan a la fuerza de trabajo vivo como una cosa” (Marx, 1863-66: 989)[4]. Estos mismos dueños son sólo respetables en cuanto “personificación del capital”, en la cual el capital es entendido como teniendo “una sola fuerza motora, la de valorizarse a sí mismo, crear plusvalor, para hacer que su parte constante, los medios de producción, absorban la mayor cantidad posible de plusvalía del trabajo” (Marx, 1867: 342). El concepto de separación nos permite clarificar la referencia de Marx a la acumulación primitiva como acumulación de relaciones sociales:

“El proceso capitalista de producción, considerado en su interdependencia o como proceso de reproducción, pues, no solo produce mercancías, no solo produce plusvalor, sino que produce y reproduce la relación capitalista misma: por un lado el capitalista, por la otra el asalariado” (Marx, 1867: 712).

La distinción entre acumulación y acumulación primitiva

Habiendo definido el carácter común de la acumulación [propiamente dicha] y la acumulación primitiva, Marx apunta también a señalar sus características distintivas. En oposición a la acumulación [propiamente dicha], aquello que “puede ser llamado acumulación primitiva […] es el presupuesto histórico, en lugar del resultado histórico, de la producción capitalista” (Marx, 2005: 775). Si bien comparten el mismo principio –la separación– los dos conceptos señalan hacia dos condiciones de existencia diferentes. El último, implica la producción ex novo de dicha separación, mientras que el primero implica la reproducción – a una escala ampliada- de esa misma separación:

Esta escisión entre las condiciones de trabajo, por una parte, y los productores, por la otra, es lo que constituye el concepto del capital: se inaugura con la acumulación originaria, aparece luego como proceso constante en la acumulación y concentración del capital y se manifiesta aquí finalmente como centralización de capitales ya existentes (Marx, 2005: 316).

Entonces, la diferencia clave para Marx no reside tanto en la ubicación temporal de esta separación –aunque un elemento secuencial está naturalmente siempre presente- sino en las condiciones y circunstancias en las que esta separación es impuesta. En los Grundrisse, por ejemplo, Marx subraya la distinción entre las condiciones de surgimiento del capital (deviniendo), y las condiciones de existencia del capital (siendo). Las primeras, “desaparecen en cuanto el capital real emerge”, mientras que las últimas no aparecen como “condiciones de su génesis, sino como resultado de su existencia” (Marx, 2009: 421).

Aquí, Marx está enfatizando un punto simple pero crucial: “el capital, una vez desarrollado históricamente, crea él mismo sus condiciones de existencia (no como condiciones de su surgimiento, sino como resultados de su existencia)” (Marx, 2009: 420) y, por lo tanto, ésto conlleva la reproducción (en escala ampliada) de la separación entre medios de producción y productores. No obstante, la producción ex novo de la separación implica la existencia de fuerzas sociales que se posicionan por fuera de la esfera impersonal y “pura” de las leyes económicas. La separación ex novo entre los medios de producción y los productores se corresponde con la creación ex novo de la oposición entre ambos, y con la fundación ex novo del específico carácter alienado adquirido por el trabajo en el capitalismo.

Este es el elemento de novedad, de “originalidad”, que Marx parece señalar cuando enfatiza que, mientras la acumulación [propiamente dicha] depende fundamentalmente de “la coerción sorda de las relaciones económicas [que] pone su sello a la dominación del capitalista sobre el obrero”; la acumulación primitiva lo hace de la separación impuesta principalmente a través de la “fuerza directa extra-económica” (Marx, 2005: 899-900), por ejemplo del Estado (Marx, 1867: 900), de sectores particulares de las clases sociales (Marx, 1867: 879), etc. Podemos decir, por tanto, que la acumulación primitiva es para Marx un proceso social instigado por algún actor social (el Estado, alguna clase social particular, etc.) y dirigido a la población que tiene alguna forma de acceso directo a los medios de producción. Este proceso social frecuentemente toma la forma de una estrategia que apunta a separarlos.

La discusión arriba planteada nos permite iluminar dos amplias piedras angulares teóricas en pos de reformular la teoría de Marx sobre la acumulación primitiva. En primer lugar, la comentada separación no sólo indica la ruptura entre modos de producción en una época histórica de “transición”. Esto implica que la acumulación primitiva no puede ser confinada a un pasado distante. Aquí estoy proponiendo que en la interpretación de Marx, nada indica que esta separación no pueda ocurrir en cualquier período, incluso dentro del modo de producción capitalista “maduro”, cuando las condiciones para una separación ex novo se presentan. Discutiré esta cuestión con mayor detalle en la sección 5, al evaluar los elementos que nos aporta la teoría de Marx sobre la acumulación primitiva para pensar la continuidad de dicho proceso al interior del modo de producción capitalista. En segundo término, insistir en el rol que tiene la separación en la definición de acumulación primitiva, así como en la distinción entre ésta y la acumulación [propiamente dicha] –que se basa en las condiciones de implementación de esta separación-, abre una vía para investigar las diferentes formas posibles que puede adoptar la acumulación primitiva. Esto, por supuesto, puede llevar a la formulación de una taxonomía de la acumulación primitiva, ejercicio que no será desarrollado aquí. En la sección 4, en cambio, discutiré algunas de las varias formas de la acumulación primitiva descriptas por Marx.

Diferentes formas de acumulación primitiva en Marx

Es bien sabido que el análisis de Marx en torno al proceso de cercamiento de tierras en Inglaterra era una mera ilustración de la acumulación primitiva, una ilustración específica de Inglaterra[5]. Más aún, la discusión de Marx sobre la acumulación primitiva en Inglaterra nos lleva incluso hacia tierras distantes, en la medida en que dichas áreas están conectadas y subordinadas al proceso de acumulación en Inglaterra[6]. Un ejemplo típico es el comercio de esclavos. Entre 1690 y 1721 fueron creados nuevos puertos (como Liverpool), mientras los antiguos cobraban nueva vida como resultado del florecimiento del comercio de esclavos (como Bristol). El número de esclavos transportados saltó de 27.500 en el siglo XVII a un número que se estima entre los 40.000 y 100.000 en el siglo XVIII (Linebaugh, 1991: 46). Marx no tiene ningún reparo en señalar que “Liverpool se engrandeció gracias al comercio de esclavos” y éste, en efecto, “era su método de acumulación originaria” (Marx, 2005: 924). No obstante, este método de acumulación primitiva no supone un modelo marxista clásico de transición del feudalismo al capitalismo que pueda ser aplicado a África. Esta modelo, que fue común en la ortodoxia marxista hasta no hace tanto tiempo, al enfatizar el rol jugado por el cercamiento de tierras en la “transición” del modo de producción feudal al capitalista en Inglaterra, contribuyó a la transformación del concepto de acumulación primitiva en un piedra angular del monumental edificio generalmente conocido como “teoría de las etapas”.[7] En cambio, el ejemplo del comercio de esclavos demuestra que la acumulación primitiva puede ocurrir a través de la interacción entre Norte y Sur, la división internacional del trabajo, la destrucción de las comunidades de África y el esclavismo. Marx estaba, por supuesto, muy consciente de todas estas formas. Por lo tanto, en este caso, el “proceso histórico de separación de los productores de sus medios de producción” revela características y dimensiones bastante diferentes a la representación estereotipada de los cercamientos de tierras que retratan el pasaje del “feudalismo” al “capitalismo” en Europa.

Aquí, la definición de acumulación primitiva es consistente con la concepción de la economía capitalista como una economía mundial, en el sentido braudeliano (Braudel, 1982), según el cual la acumulación [propiamente dicha] en un lugar puede corresponderse con la acumulación primitiva en otro lugar, esto es, que la producción ex novo de la separación en un lugar puede ser la condición para la reproducción de esa misma separación en otro lugar interconectado. Si consideramos estas interrelaciones, podemos apreciar enteramente la agudeza de las reflexiones provistas por la interpretación de la acumulación primitiva que aquí denominamos como “continua e inherente”.

Marx también se refiere a otras formas de acumulación primitiva. Se trata de aquellas impulsadas a través de la manipulación del dinero por el Estado. Marx considera la deuda pública, el sistema de crédito internacional y los impuestos, como medios fundamentales de una extendida acumulación primitiva. La deuda pública

[…] se convierte en una de las palancas más efectivas de la acumulación originaria. Como con un toque de varita mágica, infunde virtud generadora al dinero improductivo y lo transforma en capital, sin que por ello él mismo tenga que exponerse a las molestias y riesgos inseparables de la inversión industrial e incluso de la usuraria (Marx, 2005: 943).

En forma complementaria a la deuda pública opera el moderno sistema fiscal,

[…] cuyo puntal está constituido por los impuestos sobre los medios de subsistencia más imprescindibles (y, en consecuencia, por el encarecimiento de los mismos), lleva en sí, por tanto, el germen de su progresión automática. La sobrecarga de impuestos no es, pues, un incidente, sino antes bien un principio. De ahí que en Holanda, donde este sistema se aplicó por vez primera, el gran patriota de Witt lo celebrara en sus máximas como el mejor sistema para hacer del asalariado un individuo sumiso, frugal, industrioso y… abrumado de trabajo (Marx, 2005: 944).

De la misma forma, el sistema internacional de crédito que acrecienta la deuda nacional,

“a menudo encubría una de las fuentes de la acumulación originaria en un país determinado […] No pocos capitales que ingresan actualmente a Estados Unidos sin partida de nacimiento, son sangre de niños recién ayer capitalizada en Inglaterra” (Marx, 2005: 944).

Todos estos ejemplos apuntan al hecho de que, para Marx, la acumulación primitiva no sólo asume la forma directa del cercamiento de tierras tal como ocurrió en el proceso inglés de la acumulación primitiva, sino que también tiene lugar a través de otros medios. Una sucinta revisión de la literatura actual sobre la vinculación entre la deuda del Tercer Mundo y la generalización de la pobreza, revela que los rasgos del capitalismo de los siglos XVIII-XIX bien pueden presentar una llamativa semejanza con los del capitalismo del siglo XXI, siempre que los diferentes contextos históricos sean, por supuesto, tenidos en cuenta.

El carácter continuo de la Acumulación Primitiva 

Introducción 

En un importante estudio reciente, Michael Perelman (2000, c. 2)[8] sostiene la idea de que el carácter continuo de la acumulación primitiva ya está presente en Marx, y avala su hipótesis mediante tres referencias[9], para las que provee diversas evidencias textuales[10]. Asimismo, Perelman señala que Marx quiso des-enfatizar el concepto de acumulación primitiva por razones políticas y estratégicas, más que por razones teóricas.

Un énfasis excesivo en la acumulación primitiva hubiera distraído al lector de la “silenciosa compulsión del mercado” (Perelman, 2000: 31). El argumento es que Marx quería acentuar el rol de las fuerzas del mercado, allí donde ya habían reemplazado a la acumulación primitiva, en tanto dispositivo disciplinario para reforzar la separación entre el trabajo y los medios de producción. Aunque esta interpretación pueda explicar la relativa menor extensión dada por Marx a la discusión de la acumulación primitiva, no responde la pregunta acerca de la medida en que su marco teórico es compatible con la idea del carácter continuo de dicho proceso.

Continuidad, conflicto de clase y comunismo 

La interpretación del análisis de Marx en torno de la acumulación primitiva presentada hasta aquí, ha revelado dos puntos básicos interconectados: primero, que la acumulación primitiva es la producción ex novo de la separación entre productores y medios de producción y, por lo tanto, en ciertas condiciones, representa una estrategia del capital.

Segundo, que este proceso social -o estrategia- puede adquirir diferentes formas. La historicidad contenida en el concepto es revelada, no tanto por el hecho de que la acumulación primitiva ocurra antes de la emergencia del modo de producción capitalista –aunque este es también el caso-, sino porque es la base, la presuposición, la precondición básica y necesaria para que la acumulación de capital [propiamente dicha] pueda ocurrir. Debe ser señalado que esta última definición –que es del propio Marx-, resulta ser más amplia que la adoptada por la “interpretación histórica clásica” y, por lo tanto, aquella incluye esta última. Esto es así porque si la acumulación primitiva es definida en términos de las precondiciones que satisface para la acumulación de capital [propiamente dicha], su dimensión temporal incluye –en principio- tanto el período del establecimiento del modo de producción capitalista, como la producción, preservación y expansión de este modo de producción, toda vez que los productores se convierten ellos mismos en un obstáculo para la reproducción de la separación de los medios de producción de la que son objeto, separación en los términos en que ha sido descripta previamente.

Otra forma de explicarlo, sería a través del concepto de “doble movimiento” de Karl Polanyi (1944). De un lado está el movimiento histórico del mercado, un movimiento que no tiene un límite inherente y, por lo tanto, amenaza la existencia misma de la sociedad. De otro lado, está la propensión natural de la sociedad a defenderse a sí misma y, en ese sentido, a crear instituciones para su protección. En términos de Polanyi, el elemento continuo de la acumulación primitiva en Marx podría ser identificado en aquellos procesos sociales –o conjunto de estrategias- dirigidas a desmantelar estas instituciones que protegen a la sociedad del mercado. El elemento de continuidad, crucial en la reformulación de la teoría de Marx sobre la acumulación primitiva emerge, en consecuencia, una vez que reconocemos el otro movimiento de la sociedad.

Hemos derivado el carácter estratégico de la acumulación primitiva de su definición, según la cual se trata “[d]el proceso histórico de escisión entre el productor y sus medios de producción”; mientras que en la definición de la acumulación [propiamente dicha] esta escisión ocurre a una escala ampliada. En Marx, esta última escisión es, claramente, el resultado de la fuerza motora de lo que podemos denominar como un sujeto histórico fundamental –aunque despersonalizado- que es el capital, definido repetidamente por Marx en términos de su ilimitada necesidad de auto-expansión mediante la acumulación permanente[11]. Esta incesante dinámica de expansión está condenada a chocar contra límites tales como aquellos planteados por áreas geográficas no afectadas por la producción capitalista -o que se encuentran en los márgenes de aquella. Ejemplos de expansión en este sentido incluyen el ya citado comercio de esclavos mencionado por Marx, así como la discusión planteada por Luxemburgo que puede, cuanto menos, ser atendida por el desarrollo destacado que realiza de estas reflexiones ya contenidas en el texto de Marx[12].

No obstante, Marx usualmente se refiere también al capital como reactivo vis á vis aquellas fuerzas sociales que establecen un límite a la acumulación [propiamente dicha].

Especialmente, la dinámica del capital es definida por su reacción contra los efectos de las diversas luchas comprometidas con lo que Marx creía era el sujeto histórico de la transformación social par excellence – la clase trabajadora[13].

El choque de estas dos fuerzas históricas revela la naturaleza antagónica de “la presente forma de relaciones de producción” que “da señales de su advenimiento –prefigurando el futuro” (Marx, 1858: 461). Hemos visto que Marx define la naturaleza antagónica constitutiva de las relaciones de producción capitalistas en términos de separación entre productores y medios de producción. Por consiguiente, la definición de acumulación primitiva –del origen de esa separación- está enlazada al corazón de la visión [de futuro] que tiene Marx de la sociedad humana, pero en tanto refleja una imagen invertida: que los productores tienen acceso directo a los medios de producción (de más está decir que esto último refiere a una condición de producción colectiva, y no meramente a una estrategia individual de mercado para la supervivencia alternativa de la fuerza de trabajo). Para Marx, el acceso directo a los medios de producción puede ciertamente adquirir muchas formas, algunas de las cuales pueden también coexistir históricamente con formas de explotación (para algunos ejemplos, véase Marx, 1867: 170-1). Sin embargo, todas muestran diversos grados de lo que es, sin ninguna duda, tan central en el pensamiento de Marx: la autonomía y autodeterminación de los productores para la organización y administración del trabajo social. La acumulación primitiva definida en términos de separación (que se analiza en la última sección del Tomo I de El Capital) opera como una imagen que refleja en negativo el salto de Marx hacia una hipotética sociedad postcapitalista (sugerida en la primera sección del mismo volumen), en la que imagina, “una asociación de hombres libres que trabajen con medios de producción colectivos y empleen, conscientemente, sus muchas fuerzas de trabajo individuales como una fuerza de trabajo social” (Marx, 2005: 96. Destacados nuestros).

Más arriba habíamos indicado que el carácter alienado del trabajo resulta de la reproducción de esta separación entre productores y medios de producción en el marco del proceso de acumulación [propiamente dicho]. El carácter alienado del trabajo es, por supuesto, una de las fuentes principales del inherente y continuo conflicto de clase dentro de la teoría del capitalismo en Marx. Asimismo, su superación es para Marx el horizonte fundamental sobre el cual puede concebirse una sociedad post-capitalista. Dentro del marco teórico y crítico de Marx, por lo tanto, la escisión implícita en la definición de acumulación primitiva puede ser entendida no solo como el origen del capital vis á vis las relaciones sociales pre-capitalistas, sino también como una reafirmación de las prioridades del capital vis á vis aquellas fuerzas sociales que se organizan en contra de esta separación. De modo que los espacios precapitalistas de autonomía (las tierras comunales de la Inglaterra de los yeomen; los bienes comunes de África que fueron blanco de los mercaderes de esclavos) no son los únicos objetos de las estrategias de acumulación primitiva. Por el contrario, también se ha convertido en su objeto cualquier balance de poder entre clases que constituya una “rigidez” para la expansión del proceso de acumulación capitalista [propiamente dicho], o bien vaya en la dirección contraria. Dado que, para Marx, las luchas de la clase trabajadora constituyen un elemento continuo de la relación de producción capitalista, el capital debe involucrarse en estrategias de acumulación primitiva para recrear las “bases” de la acumulación [propiamente dicha].

Este elemento de continuidad de la acumulación primitiva no es sólo consistente con el análisis empírico utilizado por Marx para describir el proceso de acumulación primitiva, sino que también parece estar contenido en su marco teórico. Esto es así porque la acumulación [propiamente dicha] es igual a la acumulación primitiva “en un nivel superior”, y “una vez dada la existencia del capital, el modo de producción capitalista se desarrolla a sí mismo de tal forma que mantiene y reproduce esta separación en una escala constantemente ampliada hasta que la transformación histórica tiene lugar” (Marx, 1971: 271. Destacados nuestros). Así que la “transformación histórica” es puesta como un límite a la acumulación [propiamente dicha], y la acumulación primitiva es planteada como un desafío –desde la perspectiva capitalista- para la “transformación histórica”. En determinando punto los conflictos de clase crean cuellos de botella en el proceso de acumulación [propiamente dicha] en una dirección que reduce la distancia entre productores y medios de producción, y cualquier estrategia utilizada para recuperar o revertir este movimiento de asociación merece entrar en la categoría –consistente con la teoría y definición de Marx- de acumulación primitiva.

El texto de Marx es suficientemente claro en esto. Tal como fue citado previamente – y lo reproduzco aquí por comodidad- la acumulación [propiamente dicha] depende de “la coerción sorda de las relaciones económicas [que] pone su sello a la dominación del capitalista sobre el obrero”. En este caso,

[…] sigue usándose, siempre, la violencia directa, extraeconómica, pero sólo excepcionalmente. Para el curso usual de las cosas es posible confiar el obrero a las “leyes naturales de la producción”, esto es, a la dependencia en que el mismo se encuentra con respecto al capital, dependencia surgida de las condiciones de producción mismas y garantizada y perpetuada por éstas (Marx, 1867: 899-900). De otra manera sucedían las cosas durante la génesis histórica de la producción capitalista. La burguesía naciente necesita y usa del poder del Estado para “regular” el salario, esto es, para comprimirlo dentro de los límites gratos a la producción de plusvalor, para prolongar la jornada laboral y para mantener al trabajador mismo en el grado normal de dependencia. Es este un factor esencial de la llamada acumulación originaria (Marx, 2005: 922).

La diferencia clave entre “el curso usual de las cosas” y la “acumulación primitiva”, por lo tanto, parece ser la existencia de “una clase trabajadora que, por educación, tradición y hábito reconoce las exigencias de ese modo de producción como leyes naturales, evidentes por sí mismas” (ibíd.). De modo que, en tanto que la clase trabajadora acepte los requerimientos del capital como una ley natural, la acumulación [propiamente dicha] no necesita de la acumulación primitiva. No obstante, las luchas de la clase trabajadora representan precisamente una ruptura en esa aceptación, una no conformidad con las leyes de la oferta y la demanda, un rechazo a la subordinación al “curso usual de las cosas”. Cuando esto ocurre, dos fenómenos interrelaciones tienen lugar en la opinión de Marx.

Primero, el uso ideológico de la economía política para legitimar “el curso usual de las cosas” o “las leyes naturales de la producción capitalista”:

No bien los obreros descifran, por tanto, el misterio de cómo en la misma medida en que trabajan más producen más riqueza ajena, […] no bien, por tanto, procuran organizar, mediante trades’ unions, etc., una cooperación planificada entre los ocupados y los desocupados para anular o paliar las consecuencias ruinosas que esa ley natural de la producción capitalista trae aparejadas para su clase, el capital y su sicofante, el economista, claman airados contra es violación de la ley “eterna”, y por así decirlo “sagrada”, de la oferta y la demanda (Marx, 2005: 797).

En la medida que identificamos la ideología como una forma de poder social (Bobbio, 1990), luego el uso ideológico de la economía política en dicha coyuntura es en sí mismo un medio extra-económico de reimponer el “curso usual de las cosas”.

Segundo, Marx enfatiza, por supuesto, otros “medios extra-económicos” más materiales:

Toda solidaridad entre los ocupados y los desocupados perturba, en efecto, el “libre” juego de esa ley”. Por otra parte, no bien en las colonias, por ejemplo, se dan circunstancias adversas que impiden la creación del ejército industrial de reserva, menoscabando así la dependencia absoluta de la clase obrera respecto de la clase capitalista, el capital, junto a su Sancho Panza, esgrimidor de lugares comunes, se declara en rebeldía contra la “sagrada” ley de la oferta y la demanda y procura encauzarla con la ayuda de medios coercitivos (Marx, 2005: 797).

De esto se sigue, en consecuencia, que la acumulación primitiva no sólo es el “fundamento histórico de la acumulación específicamente capitalista en vez de [su] resultado histórico” (Marx, 2005: 776), sino que también adquiere un carácter continuo –en consonancia con la continuidad inherente del conflicto social- dentro de la producción capitalista. En las próximas dos secciones, proveo dos cortas ilustraciones de estos elementos de continuidad inferidos de los textos de Marx.

Ilustración I: la continuidad de la acumulación primitiva y de los cercamientos

El primer ejemplo no supone la existencia de un modo de producción capitalista “maduro”, pero resulta muy útil para ejemplificar la relevancia conceptual que tiene la lucha de clases para la definición de la acumulación primitiva en Marx. Tomo este ejemplo de un evento que tuvo lugar durante el período “clásico” de los cercamientos ingleses. El domingo 1 de abril de 1649 un pequeño grupo de hombres pobres se reunieron en St. George´s Hill, justo en las afueras de Londres y en los márgenes de la Gran Bosque de Windsor, terreno de caza del rey y la realeza. Comenzaron a cavar la tierra en un acto de “suposición simbólica de su propiedad sobre las tierras comunes” (Hill, 1972: 110). En el período de diez días, su número creció de cuatro a cinco mil. Un año después, “la colonia había sido dispersada por la fuerza, las cabañas y muebles quemados, los Cavadores[14] echados fuera del área” (Hill, 1972: 113). Este episodio de la historia inglesa podría añadirse con suma coherencia al acápite 3 del Capítulo XXIV de Marx, titulado “Legislación sanguinaria contra los expropiados”. Aun cuando la mayor parte del acápite se ocupa de la legislación de los Tudor destinada a criminalizar y reprimir el comportamiento popular (vagancia, mendicidad, robo) inducido por la expropiación de la tierra, este episodio va un paso más adelante, esclareciendo que la acumulación primitiva adquiere sentido vis-à-vis patrones de resistencia y lucha. Este episodio supone la acción activa y organizada de una masa de pobres urbanos y desposeídos de su tierra volcados a la directa reapropiación de la tierra para su transformación en una tierra comunal. Parafraseando a Marx, fue una acción dirigida a “asociar a los productores con su medios de producción”. Queda claro, por lo tanto, que la fuerza utilizada por las autoridades para dispersas a los Cavadores, puede ser entendida, en forma consistente con la teoría de Marx, como un acto de “acumulación primitiva”, en tanto reintroduce la separación entre productores y medios de producción. Aunque Marx no incluyó este episodio en su análisis de la acumulación primitiva, en el acápite 3 del Capítulo XXIV, sí ofrece un puñado de casos en los que las luchas se contraponen a la legislación estatal que, o bien representa un “repliegue” del capital vis-à-vis estas luchas[15], o un intento de contenerlas[16].

Ilustración II: la continuidad de la acumulación primitiva y la “barrera social” contra el capital

Otro ejemplo involucra la producción capitalista “madura” y nos lleva hasta la descripción de Marx de la relación entre el plusvalor absoluto y relativo para el caso de los límites de la jornada laboral. Al final del Capítulo VIII del Tomo I de El capital sobre la jornada laboral, Marx señala como las acciones de la clase trabajadora son responsables de erigir una “barrera social” a la extensión de aquella:

Para “protegerse” contra la serpiente de sus tormentos, los obreros tienen que confederar sus cabezas e imponer como clase una ley estatal, una barrera social infranqueable que les impida a ellos mismos venderse junto a su descendencia, por medio de un contrato libre con el capital, para la muerte y la esclavitud. En lugar del pomposo catálogo de los “derechos humanos inalienables” hace ahora su aparición la modesta Magna Carta de una jornada laboral restringida por la ley, una carta magna que “pone en claro finalmente cuándo termina el tiempo que el obrero vende, y cuándo comienza el tiempo que le pertenece a sí mismo” (Marx, 2005: 364-365).

Esta “barrera social todo-poderosa”, producto de las luchas de los trabajadores, que define la extensión de la jornada laboral, establece un límite a la extracción de plusvalor absoluto. La definición de barrera social evoca la idea de un límite social más allá del cual el capital no puede continuar imponiendo la muerte sobre [el] trabajo vivo. En este sentido, dicha barrera social es una forma de “bien común social” porque establece un límite a la ampliación de la escala de separación entre productores y medios de producción.

Es “confederando sus cabezas como una clase”, y reforzando un límite a la jornada laboral como los productores hacen valer sus necesidades humanas vis-à-vis el alienado sistema de producción[17], acortando la brecha que los separa de los medios de producción.

En este punto, el capital introduce maquinaria[18], que es el “arma más poderosa para reprimir las periódicas revueltas obreras, las huelgas, etc., dirigidas contra la autocracia del capital” (Marx, 2005: 530)[19]. La introducción de la maquinaria en esta coyuntura representa un acto de acumulación [propiamente dicha], de recreación de la separación a una escala ampliada, más allá de los límites establecidos por la “barrera social”. Racionalizando la jornada laboral, reestructurando el proceso de trabajo y despidiendo trabajadores, la introducción de la maquinaria apunta a eludir aquella “barrera social” que fue erigida y, por lo tanto, a recrear la separación entre los medios de producción y los productores a mayor escala. Haciendo esto, intensifica el trabajo al punto que “la jornada laboral de 10 horas, más concentrada, contiene mayor cantidad de trabajo, esto es, más fuerza de trabajo gastada, que la más porosa jornada de laboral de 12 horas” (Marx, 1867: 500). No es necesario decir que cualquier intento de revocar la ley que sanciona [los límites a] la extensión de la jornada laboral hubiera sido, en cambio, un acto de producción ex novo de esa separación, un acto de acumulación primitiva.

Conclusión 

El marco interpretativo aquí provisto acentúa la continuidad de la acumulación primitiva y su persistencia fundamental en las economías del capitalismo maduro. El fundamento de esta continuidad radica en lo que Marx denominó “la naturaleza antagónica de la relación de capital”.

El resultado es, creo, un panorama de la teoría de Marx sobre la acumulación primitiva que nos ofrece profundas reflexiones acerca del núcleo central de la propia acumulación capitalista –la escisión entre los productores y los medios de producción- y sobre los límites planteados a esa misma acumulación capitalista por las luchas sociales. Reformular la teoría de Marx sobre la acumulación primitiva de esta forma, contribuye al rescate de su teoría sobre el modo de producción capitalista de la irrelevancia política en el mejor de los casos, y de la instrumentalidad funcional a la opresión capitalista en el peor de los escenarios. En efecto, considerar a la “acumulación primitiva” como una fase histórica antes que una estrategia recurrente del capital vis-á-vis el carácter continuo de las luchas, abrió el camino para que incluso los “revolucionarios” le den la bienvenida y la promuevan como una etapa necesaria hacia el “socialismo”.

El énfasis puesto aquí en la similitud conceptual básica que existe entre aquellos procesos que ocurrieron en el período considerado por los historiadores como el amanecer de la era capitalista, y el período posterior caracterizado por la vigencia de un sistema capitalista maduro, no pretende minimizar las obvias y notables diferencias entre ambos. Las modernas formas de acumulación primitiva ocurren en contextos bastante diferentes de aquellos en los que tuvieron lugar el movimiento de cercamientos ingleses o el comercio de esclavos. Aun así, enfatizar sus características comunes nos permite interpretar lo nuevo sin olvidarnos de las duras lecciones de lo viejo.

Los derechos y subsidios socio-económicos son, en la mayor parte de los casos, el resultado de batallas pasadas. Las instituciones estatales han procurado desarrollar y adaptar muchos de estos derechos y programas a las prioridades del sistema capitalista. Lo derechos y subvenciones garantizados por el Estado benefactor de la segunda posguerra, por ejemplo, pueden entenderse como institucionalización de los bienes comunes sociales en diversas formas particulares. Junto con las políticas de crecimiento, la implementación de las políticas de pleno empleo y la institucionalización de los convenios de productividad, el Estado benefactor fue instituido para integrar [aunque de manera subordinada] las expectativas de la gente luego de las dos guerras, la revolución Soviética, y el crecimiento internacional del movimientos sindical. Por lo tanto, el actual proyecto neoliberal, que de diversas maneras se propone avanzar sobre los bienes comunes sociales creados en el período de posguerra, se establece a sí mismo como una moderna forma de cercamiento, que algunos denominan como “nuevos cercamientos”[20].

Así, la comprensión del carácter continuo de los cercamientos ilumina dos cuestiones cruciales. Primero, el hecho de que existe un sustrato común entre las diferentes formas fenoménicas que adoptan las políticas neoliberales y que, por lo tanto, las poblaciones del Norte, Este y Sur están enfrentando estrategias de separación de sus medios de existencia, posiblemente diferentes en apariencia, pero sustancialmente similares en sus lógicas profundas. Segundo, esto nos permite identificar la cuestión esencial que cualquier debate sobre las alternativas en el marco del creciente movimiento global anti-capitalista debe plantearse: el problema del acceso directo a los medios de existencia, producción y comunicación; el problema de los bienes comunes.

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[*] Este artículo es una versión ligeramente modificada de mi artículo “La teoría de la acumulación primitiva en Marx: una reinterpretación sugestiva”, en http://homepages.uel.ac.uk/M.DeAgnelis/PIMACCA.htm

[2] N. de T.: Toda vez que, a lo largo del artículo, el autor se refiera a la acumulación [propiamente dicha], se deberá entender que alude a la reproducción ampliada, en contraposición a la acumulación primitiva u originaria.

[3] Este no es el caso cuando el concepto se aplica a la descripción histórica de la llamada transición del feudalismo al capitalismo. Tal como describiré brevemente más adelante, esto ha generado mucho debate.

[4] Para un análisis más detallado en torno de la conexión entre reificación y fetichismo de la mercancía en Marx, véase De Angelis (1996).

[5] En una carta de noviembre de 1877, dirigida al comité editorial del periódico [ruso] Otechestvenniye Zapitski [El memorial de la patria], Marx clarificaba que “El capítulo sobre la acumulación primitiva no pretende más que trazar el camino por el cual surgió el orden económico capitalista, en Europa occidental, del seno del régimen económico feudal”. Por ello describe el movimiento histórico que, al divorciar a los productores de sus medios de producción, los convierte en asalariados (en proletarios, en el sentido moderno de la palabra), al tiempo que convierte en capitalistas a quienes poseen los medios de producción” (Marx, 1977: 449-451).

[6] El estrecho confinamiento geográfico usualmente implícito en el tradicional abordaje histórico de la

acumulación primitiva ha estado, por supuesto, en la base de ciertas críticas. Por ejemplo, en su famoso estudio sobre el subdesarrollo en África, Walter Rodney (1972: 101) escribe: “el abismo ideológico es responsable por el hecho de que la mayoría de los académicos burgueses escriben sobre fenómenos tales como la revolución industrial en Inglaterra sin mencionar siquiera una vez el comercio europeo de esclavos como un factor de la acumulación primitiva de capital […] Pero incluso marxistas (tan prominentes como Maurice Dobb y F.J. Hobsbawn) por muchos años concentraron su análisis de la evolución del capitalismo desde el feudalismo dentro de Europa, sólo haciendo referencias marginales a la masiva explotación de africanos, asiáticos e indígenas americanos”.

[7] De acuerdo con la interpretación de la “teoría de las etapas”, Marx divide la historia mundial en etapas, cada una de las cuales tiene su propia estructura económica y social. La transición desde una etapa “inferior” a una “superior” debe seguir un recorrido lógico, y no es posible saltear etapas de desarrollo. Esta interpretación, que fue dominante hasta hace no tanto tiempo, constituye el marco básico del materialismo histórico clásico. Está conectada a la interpretación histórica de la acumulación primitiva, según la cual, mediante un tajante corte temporal, este proceso crea las condiciones para la transición a la fase capitalista de la historia mundial. Desafortunadamente, Marx escribió en contra de tornar la experiencia inglesa en un modelo histórico universal sobre el desarrollo social y económico. Por ejemplo, en la edición francesa de El Capital, la última editada por el propio Marx, limita claramente su análisis de la acumulación primitiva a Europa occidental (Smith, 1995: 54). En un claro alegato contra una teoría de etapas universal, la famosa respuesta de Marx a Vera Zasúlich habla por sí misma: “La ‘fatalidad histórica’ de este movimiento [la separación radical entre productor y medios de producción] está, pues, expresamente restringida a los países de Europa occidental” (Marx, 1980: 60).

[8] Véase el artículo de Perelman traducido al español en este mismo número de Theomai, o su versión original en inglés en la edición N°2 de The Commoner: http://www.commoner.org.uk/index.php?p=5

[9] Éstas son las siguientes: primera, el material del Capítulo XXIV no parece ser cualitativamente diferente del que se encuentra en el capítulo anterior titulado “La ley general de acumulación capitalista”. Segunda, “cuando el estudio de Marx sobre la acumulación primitiva finalmente alcanza la cuestión de Edward Gibbon Wakefield [Capítulo XXV, Tomo I de El Capital], Marx no restringe su apreciación del padre de la moderna teoría de la colonización, limitando su relevancia al contexto de una Inglaterra temprana. Por el contrario, insiste en que Wakefield ofrece reflexiones significativas sobre la Inglaterra de la época en que el propio Marx vive y trabaja” (Perelman 1997, C. 2: 4). Tercero, “leída en esta clave, la carta de Marx a Mikhailovsky es también consistente con la idea de que la importancia de la acumulación originaria no radica en lo que ésta enseña acerca de las sociedades pasadas, sino en lo que enseña sobre las sociedades más avanzadas […] el propio Marx, refiriéndose a las instituciones de México, insistió en que ‘la naturaleza del capital permanece igual tanto en sus formas desarrolladas como subdesarrolladas’ (Marx 1867: 400n)” (Perelman 1997, C. 2: 4).

[10] Por ejemplo, respecto de la discusión acerca de la caída de la tasa de ganancia, Marx hace referencia a “la expropiación del residuo final de productores directos, a quienes aún les queda algo para ser expropiado” (Marx 1894: 348) [como posible respuesta del capital]. Esto, por supuesto, presupone que el proceso de expropiación –de separación ex novo entre productores y medios de producción-, no está completo dentro de las sociedades del capitalismo maduro, donde la tasa de ganancia está sujeta a la tendencia decreciente.

[11] Por ejemplo, Marx sostiene que “la circulación del dinero como capital es un fin en sí mismo, dado que la valorización del valor tiene lugar sólo dentro de este movimiento constantemente renovado. El movimiento del capital es, por lo tanto, ilimitado” (Marx, 1967: 253). Para una discusión sobre el carácter ilimitado de la acumulación, véase De Angelis (1995).

[12] Hay al respecto, muchos otros ejemplos reseñados por académicos radicales. Perelman (1997) cita la economía del hogar como un objetivo de la acumulación primitiva, así como la expropiación de otros bienes comunes tales como la transformación de las fiestas tradicionales en días laborables. Federici (1992), Fortunati (1981) y Mies (1986) entre otros, refieren a la expropiación del cuerpo de las mujeres, esto es, de los poderes sexuales y reproductivos de las mujeres para su constitución como fuerza de trabajo que cumpla con los requisitos necesarios para la valorización del capital. Federici (1988) analiza el proceso de la caza de brujas en los siglos XVI y XVII, en tanto allana el camino para el avance de políticas estatales tendientes a controlar las tasas demográficas y la reproducción de la fuerza de trabajo.

[13] Aquí se considera el abordaje más amplio de Marx, en el que la lucha de clases juega un rol central (Cleaver, 1979; Caffentzis, 1995; De Angelis, 1995).

[14] N. de T.: Los Cavadores fueron una facción cristiana fundada en 1649 por Gerrard Winstanley, basada en el comunalismo religioso.

[15] “Las crueles leyes anticoalicionistas fueron derogadas en 1825, ante la amenazadora actitud del proletariado” (Marx, 2005: 926).

[16] “Desde los inicios de la tormenta revolucionaria, la burguesía francesa se atrevió a despojar nuevamente a los obreros del recién conquistado derecho de asociación” (Marx, 2005: 927).

[17] Esta separación, como hemos visto, se realiza en el medida en que el trabajo muerto domina al trabajo vivo, de modo que “el trabajo se presenta sólo como un instrumento que posibilita una específica cantidad de valor, esto es, una específica masa de trabajo objetivado a través de su acción en tanto trabajo vivo. El capital utiliza al trabajador, el trabajador no utiliza al capital, y sólo los objetos que utilizan al trabajador y, por consiguiente, poseen autonomía, una conciencia y una voluntad propias en el capitalismo, son capital” (Marx, 1863-1866: 1008). Debido a la separación entre medios de producción y productores directos, “el movimiento y la actividad del instrumento de trabajo afirma su autonomía vis-à-vis el trabajador. El instrumento de trabajo deviene una forma industrial de movimiento perpetuo. Permanecería produciendo indefinidamente, si no se chocara contra ciertos límites naturales que toman la forma de los cuerpos débiles y las férreas voluntades de sus asistentes humanos” (Marx, 2005: 526).

[18] “Tan pronto como el gradual recrudecimiento de los amotinamientos de la clase trabajadora […] hace

imposible, de una vez por todas, el incremento de la producción de plusvalor mediante la prolongación de la jornada laboral, el capital se lanza a sí mismo con todo su poderío, y con plena conciencia de la situación, a la producción de plusvalor relativo, mediante la aceleración del desarrollo del sistema de maquinarias” (Marx, 1867: 533-4).

[19] Marx sostiene que la maquinaria “no sólo opera como competidor poderoso, irresistible, siempre dispuesto a convertir al asalariado en obrero ‘superfluo’. El capital proclama y maneja, abierta y tendencialmente, a la maquinaria como potencia hostil al obrero […] Se podría escribir una historia entera de los inventos que surgieron, desde 1830, como medios bélicos del capital contra los amotinamientos obreros (Marx, 2005: 530).

[20] Véase, por ejemplo, Federici (1992) y Midnight Notes (1990), ambas publicadas en la revista The Commoner, N°2. Véase también Caffentzis (1995).

 

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