La teoría de las ondas largas en la explicación de las crisis económicas

Saludos amigas y lectores. ¿Por dónde quieren que comencemos hoy? ¿Por la enfermedad de la corrupción española que sigue supurando podredumbre y miserias de este sistema político llamado democracia de mercado?¿O por la negativa chipriota de escaldar a la ciudadanía por decisión de Bruselas -de momento-?¿O prefieren que lo dediquemos a Fukushima “mon amour”?

Como ven hay de todo y variadito, pero reclamándanos marxistas permitirán que nos centremos en la economía, que para eso la sufrimos todos y más cuando vienen mal dadas como es el caso.

ondas largasQue la economía, como los astros, se mueve en ciclos no lo niegan ni los que condenaron a Galileo y que las crisis son al capitalismo lo que la heroína a un toxicómano. Pues bien, unos cuantos marxistas y otros nada marxistas han coincidido en algo, ¡eureka! y ese algo es la explicación de los movimientos económicos en diferentes ondas de mayor o menor duración y con diferentes consecuencias. Que tipos tan diferentes como Trostky, Schumpeter, Mandel o Kondrátiev -por citar a unos cuantos- hayan coincidido en ésto por algo será. Y también inquietante porque si recordamos como se superó la tercera onda larga (fascismo y Guerra Mundial) no queremos ni imaginar las futuras salidas para la actual onda. El trabajo que compartimos a efectos pedagógicos es obra de Arturo Guillén R.

Que les sea de utilidad! Olivé.

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La teoría de las ondas largas en la explicación de las crisis económicas

 Arturo Guillén R.

 Introducción

Una de las interpretaciones más extendidas respecto a la crisis, es la teoría de las “ondas” o “ciclos largos”. En cuanto a la explicación de la dinámica a largo plazo de la acumulación capitalista, la teoría de las ondas largas tiene una vieja historia. Desde su fundación, coexisten en ella tanto autores marxistas como no marxistas.

Dentro de la corriente marxista los antecedentes más importantes son Parvus (1901) y Kautsky –autores de la Segunda Internacional- Van Gelderen (1913) y Trotsky. Dentro de los no marxistas destacan principalmente Kondrátiev –de hecho el autor que puso de moda el tema en la Unión Soviética- y de Schumpeter[1].

En la actualidad un buen número de autores tiende a explicar la crisis actual del capitalismo desde la perspectiva de las “ondas largas”. Entre los más conocidos en nuestro medio se encuentran Ernest Mandel, Paul Boccara, I. Wallerstein, Samir Amin, André Gunder Frank y, en alguna medida, el autor soviético S. Menshikov[2]. Autores latinoamericanos como Theotonio Dos Santos, José Valenzuela y Armando Córdova, entre otros, aceptan como válida esta teorización y la utilizan en el análisis de la crisis. Existen entre los diversos autores diferencias y matices en el tratamiento, así como perspectivas teóricas y políticas distintas. Sin embargo, coinciden en su apreciación de considerar a la crisis actual como la fase depresiva de una onda larga cuya fase expansiva comenzaría en la segunda posguerra.

Más que intentar una exposición detallada de las posiciones de los distintos autores, lo que rebasa el objetivo de este trabajo, me centraré en la interpretación de Ernest Mandel, a partir de la cual se intenta un balance inicial sobre los principales aportes y limitaciones de la teoría de las “ondas largas”.

El belga Ernest Mandel es uno de los marxistas contemporáneos más prolíficos, y reconocidos. Es autor de una vastísima obra sobre temas económicos, sociales y políticos. Fue uno de los primeros pensadores que estudió la crisis actual del capitalismo, a través de diversos materiales teóricos y de coyuntura desde finales de los años sesenta[3]. Ha publicado dos libros en los que sustenta su teoría de los ciclos largos que constituye la base teórica de su explicación de la crisis: El capitalismo tardío (1972) y Las ondas largas del desarrollo capitalista. La interpretación marxista (1980).

Las ondas largas y sus mecanismos

Para el análisis de las “ondas largas”, Mandel parte del análisis de Marx sobre la relación que existe entre la duración de los ciclos económicos cortos y la renovación del capital fijo. Esta renovación se efectúa en un periodo que oscila entre 5 y 10 años y se realiza sobre una base tecnológica nueva.

Tomando en consideración la historia del capitalismo, plantea que aparte de los cambios cíclicos en la estructura del capital, existen periodos que abarcan plazos más largos, en los cuales se realizan verdaderas revoluciones tecnológicas en las que “no sólo hay una expansión, sino una renovación fundamental de la tecnología productiva o del capital fijo, que implica necesariamente un cambio cualitativo de la productividad del trabajo”[4].

Las revoluciones tecnológicas se caracterizan por revolucionar las técnicas de producción vigentes y por modificar radicalmente la producción de maquinaria y la base energética utilizada por el sistema maquinizado. Estas olas de revolución tecnológica afectan no solamente a algunas ramas aisladas de la producción, sino que su impacto se deja sentir en toda la economía, produciendo cambios revolucionarios en los medios de comunicación y los sistemas de transporte. Mandel distingue tres grandes revoluciones tecnológicas en la historia del modo de producción capitalista.

  1. La revolución industrial de finales del siglo XVIII que acompañó el surgimiento del capitalismo  industrial y que se caracterizó por la introducción de la máquina de vapor y la sustitución de la manufactura por la gran industria maquinizada.
  2. La segunda revolución tecnológica de la última década del siglo XIX que acompañó el ascenso del imperialismo y del capital monopolista, caracterizada por el surgimiento de los motores eléctricos y de combustión interna; y
  3. La tercera revolución tecnológica efectuada después de la Segunda Guerra Mundial, que señaló el ascenso del capitalismo a una nueva fase de su desarrollo que el autor define como capitalismo tardío, y que estaría caracterizada por la “producción maquinizada de los aparatos movidos por la energía nuclear y organizados electrónicamente”[5].

Al permitir cambios fundamentales en la productividad del trabajo y al expandir y modernizar los sistemas productivos, las revoluciones tecnológicas abren nuevas vías a la acumulación de capital. De allí que, coincidiendo con Kondrátiev, Schumpeter y otros autores, Mandel considera que las revoluciones tecnológicas crean las condiciones para un periodo largo de expansión, como los conocidos por el capitalismo en el umbral del siglo XX y después de la Segunda Guerra Mundial.

Aparte, pues, de los ciclos cortos estudiados por Marx (los llamados ciclos Juglar o ciclos de los negocios en la literatura académica tradicional), Mandel soporta la tesis de que existen ondas largas, cuyas fases de expansión y contradicción tienen una duración aproximada de 25 a 30 años.

Así el capitalismo habría conocido cuatro “ondas largas” a lo largo de su historia:

  1. El periodo que va desde fines del siglo XVIII hasta 1847.
  2. El periodo que va de 1847 hasta principios de la última década del siglo XIX.
  3. El periodo que va de finales del siglo XIX hasta la Segunda Guerra Mundial.
  4. El periodo que comienza en la posguerra y que perdura hasta la actualidad.

Para comprobar la existencia de las “ondas largas”, Mandel utiliza básicamente dos indicadores: la producción industrial y el crecimiento del mercado mundial. Desecha otros indicadores como los precios porque, según él, el factor fundamental que determina las “ondas largas” son los movimientos de la tasa media de ganancia. De allí que los factores claves que expresan el movimiento de ésta son el crecimiento del sector productivo de la economía y la expansión de los mercados. En su opinión, las revoluciones tecnológicas no serían la causa de las ondas largas, sino un efecto de ascensos sustanciales en la tasa media de ganancia. De esta manera, rechaza que una explicación tecnologista de los ciclos largos. En su último trabajo sobre el tema señala que:

La idea de que las revoluciones tecnológicas –de las que distingo tres desde la revolución industrial- son la causa de ascensos a largo plazo de la tasa media de crecimiento industrial no se corresponde en absoluto con mis análisis (…).

En realidad cualquier teoría marxista de las ondas largas en el desarrollo capitalista sólo puede ser una teoría de la acumulación de capital  o, si se desea expresar esa misma idea con otras palabras, una teoría de la tasa de ganancia. Desde un punto de vista marxista resulta una tautología decir que un marcado ascenso a largo plazo de la tasa media de crecimiento de la producción industrial sólo puede ser la expresión de subidas marcadas en la tasa de acumulación de capital y en la tasa media de ganancia, al menos dentro del marco del modo capitalista de producción.[6]

Según este autor, la tasa de ganancia registra movimientos de largo plazo que determinan la fuerza de la acumulación de capital y establecen el tránsito en las economías capitalistas de periodos largos de expansión a periodos largos depresivos en los que predomina la tendencia al estancamiento.

El análisis económico marxista –afirma Mandel– generalmente ha situado los movimientos de la tasa media de ganancia en dos marcos temporales diferentes: el ciclo industrial y el del ciclo vital del sistema capitalista… Nosotros propugnamos que debe intercalarse un tercer marco temporal, con el fin de ser coherentes tanto con el análisis teórico general como con los datos empíricos disponibles. Este tercer marco temporal es precisamente el de las llamadas ondas largas de veinte a veinticinco años de duración.[7]

La onda larga expansiva sobreviene cuando se da un aumento brusco de la tasa media de ganancia, como resultado de la acción de cuatro factores principales:

  1. Una caída sustancial de la composición orgánica del capital, debido a la penetración del capital de los países desarrollados en países menos desarrollados.
  2. Un incremento rápido de la tasa general de plusvalía, lo que podría implicar una derrota radical de la clase obrera.
  3. Una caída brusca de los precios de los elementos constitutivos del capital constante.
  4. Una reducción repentina en el tiempo de rotación de capital, como resultado de una revolución de los medios de transporte y comunicación u otros factores.[8]

Al final de una onda larga expansiva se produce una caída acusada de la tasa general de ganancias, motivada por un aumento de la composición orgánica del capital y por crecientes obstáculos para elevar la tasa de plusvalía. En ese momento se inicia un proceso de experimentación de nuevas técnicas de producción que se generaliza durante la fase depresiva.

En esta fase se produce también la creación de una “reserva histórica de fondos de capital” ya que, al contraerse la inversión, una parte importante del capital se congela bajo la forma de capital-dinero. De allí que una vez que se crean las condiciones para el alza de la tasa de ganancia y para el inicio de una nueva fase larga expansiva, las innovaciones tecnológicas fundamentales se generalizan y se cuenta con los fondos de capital que hacen posible su financiamiento.

Es interesante hacer notar que para Mandel la entrada a una fase depresiva responde a factores endógeno, mientras que la salida de ésta es exógena y no responde a la lógica de las leyes de la acumulación de capital. En este aspecto establece un deslinde con otras explicaciones del ciclo largo como la de Kondrátiev, para quien el tránsito de una fase a otra se produce regularmente. Para Mandel, por el contrario, es indispensable introducir en el análisis factores exógenos vinculados a la lucha de clases en escala nacional e internacional.

Retomando las tesis usadas por Trotsky para refutar la teoría de Kondrátiev,[9] Mandel considera que fenómenos como las guerras, las revoluciones sociales y la debilidad orgánica o ideológica de la clase obrera han jugado un papel de primera importancia en las salidas de otras grandes crisis del capitalismo, como fue el caso de la gran depresión de los años treinta u otras grandes crisis anteriores.

Pero a diferencia de Trotsky que negaba la posibilidad de establecer la periodicidad o regularidad de las “ondas largas” en forma parecida a los ciclos cortos, Mandel sostiene que si bien no es posible establecer ningún automatismo, es posible aceptar la regularidad de las ondas largas sobre la base de los movimientos a largo plazo de la valorización del capital.

Una vez que queda establecido que las curvas ascendentes y descendentes de una onda larga están determinadas por el entrecruzamiento de diversos factores y que se ha enfatizado que estas “ondas largas” no poseen la misma periodicidad intrínseca de los ciclos clásicos de modo de producción capitalista entonces, no hay por qué negar su estrecha conexión con el mecanismo central, que es por su naturaleza misma, una expresión sintética de todos los cambios a los que el capital está sujeto permanentemente: las fluctuaciones en la tasa de ganancia.[10]

En las ondas largas del desarrollo capitalista precisa su concepción llegando a concluir que mientras el inicio de las fases depresivas responde a factores “endógenos”, el inicio de las fases expansivas está ligado fundamentalmente a factores “exógenos”.

Por todas las razones señaladas, nos aferramos a nuestro concepto de un ritmo básico asimétrico para las ondas largas del desarrollo capitalista, en el cual la tendencia descendente (el paso de una onda larga expansiva a una depresiva) es endógena, mientras que la ascendente no lo es; ésta última depende más bien de aquellos cambios radicales que se producen en el medio histórico y geográfico del modo de producción capitalista, cambios capaces de inducir un ascenso fuerte y sostenido de la tasa de ganancia.[11]

El movimiento de largo plazo de la acumulación capitalista no elimina, de acuerdo con nuestro autor, la existencia de los ciclos cortos de 7 a 10 años estudiados por Marx y los teóricos del ciclo económico. Por el contrario, se podría sostener que existe una articulación entre las ondas largas y los ciclos cortos.

En una fase de expansión, los periodos de auge cíclico serán más largos y más intensivos, y las crisis cíclicas de sobreproducción serán más cortas y superficiales. Inversamente, en las fases de la onda larga en las que la tendencia al estancamiento prevalece, los periodos de auge serán menos febriles y más breves, mientras que los periodos de crisis cíclicas de sobreproducción serán, por contraste, más largos y profundos[12].

El ciclo largo de la posguerra y la crisis actual

Como señalé antes, para Mandel la crisis actual del capitalismo se identifica con la fase depresiva de la onda larga que comenzaría en la segunda posguerra y que permitió al sistema capitalista un amplio de expansión de más de 20 años.

El auge de la posguerra fue posible por la conjunción de una serie de factores que provocaron una elevación brusca de la tasa de ganancia, entre los que destacan: una derrota radical de la clase obrera, con su consiguiente efecto en la elevación de la tasa de plusvalía; y el comienzo de la tercera revolución tecnológica, la que si bien incrementó la composición orgánica media del capital, permitió el aumento considerable de la productividad social del trabajo, el abaratamiento de los elementos del capital constante y la elevación de la rotación del capital.

La derrota de la clase obrera que condujo al ascenso del fascismo, posibilitó un incremento sustancial de la tasa de plusvalía mediante la disminución de los salarios reales y el incremento de la intensidad del trabajo. La tercera revolución tecnológica, como ya se dijo, contribuyó también a elevar el grado de explotación de los trabajadores y a incrementar la tasa de ganancia mediante el abaratamiento de las materias primas y el capital fijo, así como por la reducción del tiempo de rotación del capital motivado por la revolución de los medios de comunicación y transporte.

Esta tercera revolución tecnológica que acompañaría el surgimiento del “capitalismo tardío”, fase contemporánea del capitalismo, estaría caracterizada, según Mandel, por la industrialización de todos los sectores económicos incluyendo el comercio y los servicios. La mecanización integral de todas las ramas económicas produciría una tendencia a la igualación de las ganancias de productividad. Se produce así un crecimiento más armonioso entre los sectores I y II de la economía. Otro rasgo característico de esta tercera revolución sería la acentuación de los incentivos a la innovación tecnológica, ya que al desaparecer otras fuentes de sobrebeneficios debido a la igualación sectorial de los incrementos de la productividad del trabajo, las rentas tecnológicas, bajo condiciones de dominación del capital monopolista, se convertirían en la fuente principal de obtención de ganancias extraordinarias de carácter duradero.

Otro rasgo esencial de la tercera revolución tecnológica sería la introducción de procesos automatizados y semiautomatizados, lo que provocaría una tendencia acelerada al desplazamiento del trabajo vivo. Este desplazamiento se traduce no solamente en un mayor desempleo, sino que pone trabas a la valorización del capital, ya que el trabajo vivo cuenta más como elemento de transferencia de valores pasados que como creador de valores nuevos.

Para Mandel como para otros autores, el auge de la posguerra sería ininteligible sin considerar el papel jugado por la expansión del crédito, la utilización de procedimientos inflacionistas y la creciente intervención estatal en la economía. El crédito se independizó del ciclo industrial y amortiguó las caídas cíclicas y la tendencia a la crisis.

Sin la explosión permanente de la deuda de los últimos treinta años (explosión de la deuda pública durante la guerra, explosión de la deuda privada en mayor grado que la de la pública en Estados Unidos, Alemania Occidental y Japón desde la guerra) nunca se habría dado una nueva onda larga expansiva.. . (A partir de la depresión de los años treinta, el capitalismo). . . ha necesitado los estímulos artificiales de la inflación permanente, la creciente intervención estatal, el rearme permanente, etc. a fin de embarcarse en una nueva expansión a largo plazo.[13]

Apoyándose en un estudio de Duprez señala que la tasa de crecimiento exponencial del crédito privado en los 10 principales países capitalistas durante el periodo 1945-1948-1971 fue de 11.6%, contra solamente 1.4% para las reservas de oro y 3.7 % para las reservas de divisas. La deuda y el capital ficticio crecieron aún más al estallar la crisis estructural a finales de los sesenta. La deuda global de Estados Unidos pasó de medio billón de dólares en 1946 a un billón en 1960, para alcanzar cuatro billones en 1978.

La expansión de la posguerra no podía continuar en forma ilimitada ni resolvió las contradicciones internas del modo de producción capitalista.

“La utilización de un ciclo crediticio interconectado para mitigar el ciclo industrial, sólo podría ser efectivo por un periodo limitado bajo las condiciones favorables de la expansión acelerada provocada por la tercera revolución tecnológica y a costa de una devaluación permanente del dinero y la disolución creciente del sistema monetario internacional”.[14]

La onda larga de expansión de la posguerra llegó a su fin por la presencia combinada de un conjunto de factores que agravaron las contradicciones y que se expresaron un una caída de la tasa media de ganancia[15]. A juicio del autor, los factores principales fueron los siguientes:

  1. Un continuo incremento de la composición orgánica del capital ligado al avance de procesos automatizados y semiautomatizados.
  2. El agotamiento de las ramas económicas que se dinamizaron con la tercera revolución tecnológica.
  3. El cada vez más difícil incremento de la rotación de capital, debido a que avances sustanciales en los sistemas de comunicación y transporte se hacen menos frecuentes.
  4. El ascenso relativo del precio de las materias primas después de un periodo amplio de caída en 1952-1971.
  5. El crecimiento’más lento de la capacidad adquisitiva de los consumidores en relación con la capacidad productiva, lo que se expresa en una baja capacidad de utilización de la planta instalada.
  6. Las dificultades crecientes para contrarrestar la baja en la tasa media de ganancia mediante la elevación de la tasa de plusvalor.
  7. Al agravarse la inflación, ésta dejó de funcionar como mecanismo anticídico eficaz y se convirtió en una traba del proceso de acumulación de capital.

Aunque Mandel no utiliza la categoría crisis general del capitalismo usada por otras corrientes marxistas y por el pensamiento soviético para caracterizar la época que se abre con la Primera Guerra Mundial y la revolución soviética de 1917, su caracterización de la crisis actual parece acercarse mucho a esta línea de análisis.

En su caracterización más amplia, la crisis es definida como “crisis de las relaciones de producción capitalista”.

La crisis de las relaciones de producción capitalistas -afirma en El capitalismo tardío- debe verse como una crisis social general, es decir, la decadencia histórica de todo sistema social y modo de producción operante a lo largo de toda la época del capitalismo tardío. Esto ni es idéntico a las crisis clásicas de sobreproducción ni tampoco las excluye.[16]

La crisis expresaría pues, el agotamiento histórico del modo de producción capitalista; crearía las condiciones para posibles situaciones prerrevolucionarias y revolucionarias que abrirían el camino a una salida no capitalista de la crisis en algunos países. El dilema socialismo o barbarie, según Mandel, se vuelve a poner en el orden del día.

Si bien no descarta la posibilidad de una salida capitalista de la crisis, la considera lejana e improbable pues exigiría una derrota radical de la clase obrera. Una nueva ola expansiva “… exigiría una subida espectacular de la tasa de acumulación y por ello, de la tasa media de ganancia y una no menos considerable expansión del mercado de mercancías capitalistas en la acepción más amplia de la palabra”. Esto reclamaría, entre otras cosas, un desempleo masivo crónico, desvalorización masiva de capital incluyendo a grandes empresas multinacionales, nuevas formas radicales de abatimiento del valor del capital constante, aplicación masiva de innovaciones tecnológicas y aceleración revolucionaria de la tasa de circulación de capital.

La imagen esperada por el autor sobre el comportamiento futuro de la economía mundial es la agravación de la crisis estructural, más que una salida de la misma.

El rasgo distintivo de todo el decenio próximo (se refiere a los años ochenta) es por lo tanto el de un periodo de crecimiento lento, léase de estancamiento, interrumpido por recesiones graves y reactivaciones vacilantes. Se sucederían las crisis económicas, sociales, políticas y militares. Sobre todo una de esas crisis flotaría permanentemente el oscuro nubarrón del riesgo de un pánico bancario y de un hundimiento del sistema crediticio internacional (. . .).

Sólo una derrota aplastante del proletariado en algunos países industriales clave… podría alterar cualitativamente esta situación (. . .).[17]

Importancia y limitaciones de la teoría de las “ondas largas”

El trabajo teórico de Mandel, como se dijo antes, reviste importancia. Sus trabajos son ampliamente conocidos en el mundo capitalista. Para el inglés Bob Rowthorn, El capitalismo tardío es “uno de los dos más importantes trabajos de economía política marxista aparecidos en inglés en la década pasada, siendo el otro Trabajo y capital monopolista de Harry Braverman”.[18] En dicha obra, Mandel ofrece una representación amplia sobre el funcionamiento del capitalismo contemporáneo a partir de la segunda posguerra, periodo en el cual se dan cambios de gran trascendencia en la configuración del modo de producción capitalista.

En cuanto a su caracterización de la crisis actual es importante enfatizar como aspecto destacado el definirla como una crisis de largo plazo distinta a las crisis clásicas de sobreproducción que han acompañado el desarrollo del capitalismo desde su surgimiento. En cuanto a su identificación de la crisis como una fase depresiva de una “onda larga” lo novedoso es su intento por vincular éstas con movimientos a largo plazo de la tasa media de ganancia, como lo intenta también Paul Boccara.[19]

Mandel trata de dar sustentación teórica a una explicación que en sus antecedentes (Kondrátiev, Schumpeter, etc.) careció de una explicación teórica sólida (más allá del surgimiento por oleadas de empresarios innovadores en Schumpeter o el cambio tecnológico visto como deux et machina en Kondrátiev). Para éste último, más que la búsqueda de una teoría, prevaleció sobre todo el interés por validar empíricamente la existencia de periodos largos en la reproducción del capital. Por ello, Rowthorn califica el esfuerzo de Mandel de vincular las ondas largas con la ley de la tendencia descendente de la tasa de ganancia como un retorno al “marxismo clásico”.[20]

Otro de sus méritos es la importancia que atribuye a la pérdida de hegemonía de Estados Unidos en el sistema capitalista internacional, cuyas raíces se encuentran en los años sesenta y que se manifiesta, entre otras cosas, en la pérdida creciente de competitividad de los productos estadounidenses en el mercado mundial. El autor de este artículo considera que las “grandes crisis” son periodos en los cuales el liderazgo mundial de las potencias capitalistas hegemónicas se ve cuestionado. La depresión de los años treinta señaló el fin del liderazgo británico y el ascenso de Estados Unidos, mientras que la crisis actual expresaría el fin de la hegemonía de Estados Unidos. Aunque la discusión de si la hegemonía estadounidense ha concluido es una cuestión sujeta a debate e implica considerar otros factores, en particular el predominio militar de Estados Unidos en el mundo, es indudable que las “grandes crisis” cuestionan la supremacía de los sistemas productivos dominantes. Este es el caso en la actualidad de Estados Unidos, el cual si bien conserva liderazgo en el sector militar y en algunas ramas de punta, su base productiva se ha erosionado en favor de Japón y Alemania Federal.[21]

Diversas críticas se han hecho al autor de El capitalismo tardío. Rowthorn, por ejemplo, señala que éste último libro “es de no fácil lectura; su material de estudio es extremadamente complejo; su acercamiento a los problemas es muchas veces ecléctico y sus argumentos son frecuentemente confusos o innecesariamente oscuros”.[22]

El eclecticismo es un rasgo característico de toda la obra de Mandel. Está presente de manera muy clara en su análisis de la acumulación del capital y de las crisis capitalistas. Desde el Tratado de Economía Marxista, el autor hacía una valiosa crítica a los enfoques “monocausalistas” sobre las crisis, que en el marxismo dan un peso excesivo en el análisis a una determinada contradicción de la acumulación, sea la baja tendencial de la tasa de ganancia, el subconsumo o el crecimiento desproporcional de los sectores y ramas económicas. En esa obra, Mandel insistía en la necesidad de entender la crisis como un fenómeno complejo, que obedece a factores diversos, por lo cual no puede establecerse a priori una jerarquía entre las distintas contradicciones inherentes a la reproducción del capital.

En su análisis de la crisis actual conserva esta posición metodológica. Si bien la atribuye, en primera instancia, a la caída sustancial de la tasa media de ganancia, al presentar los factores que originaron la crisis, la ganancia se convierte, como vimos arriba, en un elemento más junto al rezago de la capacidad de consumo y otros factores.

Mandel resuelve el debate de más de 100 años del marxismo sobre las causas de la crisis, con el eclecticismo. Convierte a todas las contradicciones en variables autónomas. “…Hasta cierto punto, comenta, todas las variables básicas que determinan el desarrollo del modo de producción pueden desempeñar en forma parcial y periódica el papel de variables autónomas”.[23] En otro trabajo he calificado la posición de Mandel, como el método de romper el nudo en vez de desatarlo.[24]

Dijimos arriba que el aporte principal de Mandel es vincular el ciclo u onda larga con los movimientos de la tasa de ganancia. El intento es loable porque si de algo ha carecido siempre la teoría del ciclo largo es de sustentación científica. Dicha teoría ha aportado importantes elementos empíricos para comprender la dinámica a largo plazo de la acumulación capitalista, pero ha sido incapaz de comprobar la regularidad del ciclo largo y las leyes que determinan el tránsito de las grandes fases expansivas a las grandes fases depresivas, y a la inversa.

Varios años antes de la nueva popularidad que adquirió esta teoría con el estallamiento de la crisis actual, el economista polaco Oscar Lange hacía el siguiente balance de la teoría del ciclo largo.

Aunque no hay razón para tomar con ninguna reserva seria los hechos históricos antes mencionados (las fases alternantes de la producción capitalista desde el año 1825), estos no son pruebas suficientes de la existencia de ciclos de larga duración. Para probar esta teoría sería necesario mostrar que existe una relación casual entre las dos fases consecutivas del ciclo, y nadie ha conseguido demostrar esto.[25]

El propio Kondrátiev era consciente del carácter inicial y empírico de su trabajo.

Al afirmar la existencia de ciclos largos -señalaba- y negar que éstos sean de origen accidental, creemos, al mismo tiempo, que nacen de causas radicantes en la esencia de la economía capitalista, lo que nos induce, lógicamente, a inquirir la naturaleza de estas causas. Reconocemos plenamente la dificultad, así como la gran importancia, de esta cuestión, sin embargo este ensayo no se propone iniciar la construcción de una teoría propiamente dicha de los ciclos largos.[26]

Fueron los seguidores de Kondrátiev, quienes sin aportar elementos teóricos nuevos, convirtieron sin más el estudio estadístico de aquél en la “teoría” de los ciclos largos.

Mandel realiza un análisis más fructífero que el de sus predecesores. Coloca en el centro del análisis el comportamiento de la tasa de ganancia e introduce en la discusión elementos básicos acerca del desenvolvimiento del capitalismo de la posguerra. Difícilmente podría aceptarse, sin embargo, que su explicación le da cientificidad a la explicación de los ciclos largos. Si bien coincido con su idea de que la crisis actual tiene su origen en problemas de valorización del capital, es difícil aceptar que la tasa de ganancia tenga un movimiento pendular como lo sugiere Mandel.

El movimiento de largo plazo de la tasa de ganancia no es pendular sino dialéctico y está sujeto a una dinámica irregular e incierta. La reproducción ampliada del capital se da en el marco de la operación combinada de tendencias y contratendencias, en el seno de la lucha de clases y del proceso de restructuración del capital. Tanto la lucha por el valor agregado entre las dos clases principales del sistema, como el reparto de la plusvalía implícito en la perecuación de la tasa de ganancia, son procesos que no pueden acomodarse a la regularidad pendular de 25 años de auge y 25 años de depresión. Suponer, por otro lado, la regularidad y recurrencia del ciclo largo equivale implícitamente a aceptar la posibilidad de reforma sin Imite del modo de producción capitalista, cuestión que pese al derrumbamiento del socialismo, sigue sujeta a debate.

Mandel cae en una contradicción irresoluble. Por un lado, plantea que las fases depresivas se originan por factores endógenos mientras que, por el otro, considera que las fases de expansión requieren de factores exógenos de carácter político y social. Por ello prefiere llamarles “ondas” largas en vez de “ciclos”, aunque insiste en que “hemos intentado de todas maneras mostrar que la lógica interna de la vida larga está determinada por oscilaciones a largo plazo de la tasa de ganancia”.[27]

Sin embargo, el problema de fondo en este punto es que si la salida de la crisis está en función de factores exógenos, la lógica de la onda larga deja de estar determinada por la tasa de ganancia. O demostramos que la tasa de ganancia o cualquier otro factor determina la regularidad de la onda larga o la onda larga no existe realmente.

De allí que coincida con la conclusión de R. Day en el sentido de que a pesar de todos los esfuerzos de Mandel, su explicación no es más que una explicación tipo Kondrátiev actualizada con elementos del marxismo.

Prevalece la tendencia al eclecticismo de Mandel, al tratar de combinar elementos de Kondrátiev con algunas ideas de Trotsky sobre la importancia de los factores extraeconómicos.”[28]

La dificultad estriba en que Kondrátiev y Trotsky son irreconciliables, pues mientras el primero insistía en la existencia de regularidad en el ciclo, el segundo consideraba imposible encontrar tal regularidad. Como dice Day:

(Mandel) . . .habla de distintas etapas y de irregularidades en el desarrollo del capitalismo, de la forma en que sugiere la noción de Trotsky de una línea de tendencia discontinua. Aunque, a la vez, por su referencia a las ondas, viene a indicar que está de acuerdo con la idea de Kondrátiev de un equilibrio que evoluciona a largo plazo sin brusquedades. En resumen, está de acuerdo con Kondrátiev y con Trotsky, algo que lógicamente es imposible. O el capitalismo se desarrolla según una pauta evolutiva continua, en cuyo caso pueda hablarse de ciclos, o esa teoría oculta el desarrollo irregular del capitalismo, tal como Trotsky sostenía.[29]


[1] Para una presentación y discusión de las posiciones de los fundadores de la teoría de las ondas largas véase Ernest Mandel. El capitalismo tardío, México 1972, Ediciones Era. Sobre el debate alrededor del trabajo de Kondrátiev, véase G. Garvy. “La teoría de los ciclos largos de Kondrátiev” en Los ciclos económicos largos ¿una explicación de la crisis?, España, 1979, Akal editor.

[2] El tema ha interesado a autores tradicionales del tipo de W. W. Rostow quien publicó el libro Why the Poor Get Richer and the Rich Slow Down. Essays in the Marshallian Long Period, Austin, 1980, University of Texas Press.

[3] Los principales artículos de la década de los setenta fueron publicados en México en dos libros: El dólar y la crisis del imperialismo, México, 1974, Ediciones Era, SP23 y La crisis, 1974-1980, México, 1977, Ediciones Era, SP75.

[4] Mandel, Ernest. El capitalismo… op. cit., p. 109

[5] Ibid., p. 115

[6] Mandel, Ernest. Las ondas largas del desarrollo capitalista. La interpretación marxista, Madrid, 1986, Siglo XXI de España ed. p. 8.

[7] Ibid., p. 10

[8] El capitalismo…, op. cit., p. 112

[9] Véase L. Trotsky. “La curva del desarrollo capitalista” en Los ciclos económicos largos…, op. cit., pp. 86-94.

[10] El capitalismo…, op. cit., p. 112.

[11] Las ondas largas…, op. cit, p. 49.

[12] El capitalismo…, op. cit., p. 119.

[13] Las ondas largas…, op. cit, p. 67.

[14] El capitalismo…, op. cit., p. 459

[15] Véase Las ondas largas, op. cit. , pp. 56-84

[16] El capitalismo…, op. cit. , p. 350

[17] La crisis 1974-1980, op. cit., p. 226

[18] Rowthorn, B., “Late capitalism”, New Left Review, nº 98, Londres, julio-agosto 1973, p. 59

[19] Véase Paul Boccara. Études sur le capitalisme monopoliste d’Etat, sa Crise et son Issue, París 1973, Ediciones Sociales

[20] Rowthorn, B.,  op. cit.

[21] Una posición distinta a la de Mandel es la planteada por H. Magdoff, La Era del Imperialismo, Editorial Nuestro Tiempo

[22] Consúltese B. Rowthorn, op. cit.

[23] Mandel, E., op. cit. , p. 40

[24] Véase del autor, Imperialismo y la ley del valor, México, Editorial Nuestro Tiempo

[25] Lange, Oscar. Theory of reproduction and Accumulation, Varsovia, 1969, pp. 76-77

[26] Kondrátiev, N. D., op. cit., pp. 66-67 (cursiva mía).

[27] El capitalismo…, op. cit. , p. 138

[28] Véase George Garvy. “La teoría de los ciclos largos de Kondrátiev”. Los ciclos largos, op. cit.

[29] Day, R. “La teoría de los grandes ciclos: Kondrátiev, Trostky y Mandel” en Los ciclos largos, op. cit., p. 222

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