El stress bancario, los reguladores y la madre que los parió

Al hilo del título de esta entrada, podemos decir que hay muchas anomalías en el capitalismo. Es un sistema que no resuelve los problemas que se plantean en las sociedades actuales (el problema de la escasez, de la justicia…) y que crea otros nuevos (las externalidades, la crisis ecológica…); un sistema que aún no ha salido de una crisis y ya está entrando en otra; un sistema que cuando no es por una burbuja tecnológica lo es por una burbuja del ladrillo, amenaza con llevarse por delante cualquier atisbo de conquista social. Es un sistema que estimula la corrupción (claro, como el principal y único objetivo es maximizar beneficios, no mires a quién dejas en la cuneta), el clientelismo; que se fundamenta en premisas falsas, que favorece la economía “de salón” -con sus tahúres  ventajistas y demás personajillos-; un sistema, en fin, dónde la justificación de lo injustificable es plato cotidiano.

Veamos un ejemplo práctico y pedagógico. Las famosas pruebas de resistencia -los stress test– realizadas a la banca europea (y española, faltaría más). Una prueba de resistencia evalúa hasta qué punto las entidades son capaces de afrontar un escenario macroeconómico extraordinariamente adverso en un período de tiempo determinado, el objetivo de este ejercicio es evaluar la resistencia global del sector bancario europeo y la capacidad  de los bancos de absorber posibles shocks relacionados con sus riesgos de crédito y de mercado, incluidos los riesgos de deuda soberana. Las llevan a cabo el Comité de supervisores bancarios europeos desde 2009. Pues bien, estos señores -ejem…- realizaron estas pruebas en 2010 y los resultados para España fueron: todos los bancos españoles superaban las pruebas y en el caso de las cajas de ahorro cinco no las superaban (pero entre ellas ¡no estaban ni la CAM ni Bankia!); las necesidades de recapitalización serían de 1.835 millones (sin contar los fondos públicos ya librados para reestructurar el sector a lo largo de la crisis, bien por parte del FROB o del Fondo de Garantía de Depósitos, que asciende a 18.263 millones de euros). Todos muy contentos y felices, tenemos unos bancos que son la releche de fuertes.

En 2011, el pleno despelote de la deuda soberana y con los países periféricos recortando hasta el aire, la muchachada supervisora decide realizar nuevamente los test. Los resultados de la banca española vuelven a ser -según el rigor de esta gente- muy buenos, tan solo 5 de 25 entidades analizadas palmarían (aquí ya aparece la CAM, Catalunya Caixa y Unnim a los que el Estado iba a inyectar 2.800, 1.718 y 568 millones respectivamente). Aún así, entre las autoridades españolas todo era alborozo y goce («excelente» resultado, lo calificó la vicepresidenta económica, Elena Salgado).

A pesar de toda la parafernalia de los test y en vista de que la situación empeora a la velocidad de la luz, a finales de octubre de 2011, los lideres de la UE negocian una recapitalización de la banca europea. De repente, los bancos y cajas españoles que tan bien parados habían resultado de los test de 2010 y 2011, necesitarán 26.161 millones de euros (sólo las cinco mayores entidades -Santander, BBVA, Bankia, La Caixa y Popular), pero los españoles podemos dormir tranquilos: Zapatero anuncia que la banca no necesitará más dinero público.

Después vino lo que vino (intervenciones, nacionalizaciones, recortes, recortes, recortes y el sainete de la solicitud de rescate que no termina de culminar) y decidieron en 2012 realizar ¡otro nuevo test!, que encargaron a una consultora externa (¿será por la nula credibilidad de los reguladores de la UE y del gobierno español?), que determina que la banca española tiene un déficit de capital de 53.745 millones de euros.

Por último, nos enteramos que nuestros acreedores son los bancos alemanes y franceses (suman una exposición a la economía española de 197.560 millones de euros), es decir, absorben casi el 40% de la deuda total de España a los bancos internacionales. También nos enteramos que la ayuda pública a los bancos asciende a 146.000 millones (2.330 -2008-, 56.740 -2009- y 87.000 -2010-).

¿Por qué este rollo de cifras?, ¿adónde queremos llegar?. En primer lugar, constatar la inutilidad e ineficacia de tanto regulador, consultor y tanta metodología para establecer escenarios y predicciones. No tienen ni pajolera idea y lo mismo pronostican 3 que 33 (¿porqué nos vamos a creer el último test?, dentro de cuatro días ¿no habrá un nuevo test que indiquen necesidades más desorbitadas para los voraces bancos?). En segundo lugar, recalcar como ha ido aflorando poco a poco los pufos bancarios y como se ha ido trasvasando dinero público para cubrir esas deudas privadas (por que acordémonos una vez más, los bancos tienen propietarios y como en cualquier otro negocio puedes ganar o perder). En tercer lugar, esto no ha parado: conforme se deterioren los activos acumulados (los pisos, terrenos…), esto es que bajen de precio, las necesidades de capital por la banca van a continuar al alza. En cuarto lugar, que la presión de Alemania con el silencio cómplice de Francia, busca únicamente el garantizarse el cobro de ese 40% que sus banqueros (negocio privado) tienen con los de aquí (negocio privado también).

Conclusión: si los gobernantes españoles elegidos democráticamente (otra cosa diferente es la legitimidad) no hubieran asumido las deudas de unos negocios privados (bancos), disparando el déficit y deuda pública no hubiera sido necesario meter tanta tijera y demoler el raquítico estado del bienestar patrio. A estas alturas todos aquellos que no se hayan enterado o no quieran enterarse de lo que estamos viviendo es un monumental robo y continúen ladrando que si los funcionarios, que si el estado de las autonomías, que si los parados… son como mínimo cómplices. Al resto nos queda mucho por hacer.

Antonio Olivé

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