A vueltas con el Cuaderno 22 de Gramsci

De nuevo con ustedes, a pesar de la prima de riesgo, del ataque de los mercados y del socavón financiero que ha supuesto la fallida de Bankia (y pensamos que no será el último caso, y si no tiempo al tiempo). Y también, en cierta medida alucinados. Alucinados de que no hayan más protestas, de que la ciudadanía se muestre resignada a todo lo que está sufriendo y lo que ha de venir. Alucinados de observar como el capitalismo al hecho de ser hegemónico, ha sumado el consenso de las masas y su adhesión acrítica.

De esas y otras cosas parecidas trató Gramsci. Eran otros tiempos, eran otras circunstancias pero parece ser que las cosas no eran tan diferentes o Antonio Gramsci tuvo la clarividencia y un sentido anticipatorio digno de un visionario. Fieles al propósito que nos marcamos de intentar facilitar la comprensión de numerosos conceptos gramscianos y su contextualización; y entroncando con la última entrada dedicada a los conceptos de “Americanismo y fordismo” vamos a ampliar el estudio del Cuaderno 22 (dedicado a esta cuestión) con la reflexión de Ignacio Jardón, buen conocedor de la obra gramsciana.

IGNACIO JARDON

La preocupación por la producción de la vida de la clase subalterna, su forma de “civilización”, es decir, su manera de vivir, de trabajar en la fábrica, de organizarse, de luchar no sólo como productor sino también como ciudadano, es una muy importante y significativa en la obra de Antonio Gramsci.

El Cuaderno 22 (1934) analiza y critica la forma de vida americana, su sistema de organizar el trabajo. Este  “americanismo”, esta racionalización de la producción socio-económica es un modelo distinto y se enfrenta al modelo de civilización europeo.

El Cuaderno 22 titulado “Americanismo y fordismo” es, a mi juicio, la visión gramsciana del nuevo capitalismo, así como la previsión de la evolución de la formación social capitalista. En este sentido, Gramsci, se aparta de la interpretación tradicional del derrumbe del sistema capitalista que hacían, con diversas matizaciones, tanto la II como la III Internacional.

No se trata, en este Cuaderno de una nueva teoría general del desarrollo capitalista, ni, tampoco, de una síntesis conceptual completamente bien definida. Quizá lo que pretenda, Gramsci, es plantear un conjunto de reflexiones para una vía europea equidistante de Oriente y de la pujante transformación que viene del otro lado del Atlántico.

Occidente para Gramsci está dominado por la larga crisis del Estado liberal, claramente expresada en la Gran Guerra y, también, en la manifestación del llamado “el fenómeno sindical”. El proceso de modernización de este Estado liberal se resume en la importación de la “americanización” y en la aparición y difusión del “fordismo”.

A Gramsci lo que le interesa del “fordismo” y de su formulación teórica el “taylorismo”es resaltar los factores permanentes que tienden a impregnar la totalidad del sistema de relaciones sociales y productivas. Ni el “taylorismo”, ni el “fordismo” son interpretados, ni vistos como una mera transformación puramente técnico-organizativa de la producción. Quizá la primera razón del interés de Gramsci por los Estados Unidos es de tipo leninista. USA provoca un cambio en la correlación de fuerzas, pues empieza a surgir como el Estado hegemónico frente a los países europeos que pasarían a ser Estados subalternos.

El programa de investigación instrumental se inicia en USA (Taylor-1911) y en Francia (Fayol-1916) principalmente.

El programa se basa en considerar al hombre desde una perspectiva mecanicista al servicio de la empresa. Este hombre es un mero instrumento útil, una herramienta, capaz de realizar tareas eficaces y eficientes para contribuir al desarrollo adecuado de la organización productiva.

Dicho programa tiene sus orígenes en la Revolución Industrial y, sobre todo, en la gran expansión que experimenta la empresa a comienzos del siglo XX. Pues las empresas cada vez necesitan un conjunto mayor de técnicas y de normas para ser dirigidas al ser más grandes y complejas unidades de producción.

Los principios técnico-organizativos que este programa aplica a las empresas serían los siguientes:

  • el principio de la jerarquía;
  • el principio de la unidad de mando;
  • el principio de delegación; 
  • el principio de extensión de la subordinación y
  • el principio de la especialización organizativa. 

Salvo el último, los restantes principios son propios de una concepción de la estructura productiva basada en una organización autoritaria. El sistema de valores reflejado en estos principios, no cabe duda, están vinculados a un contexto histórico de producción muy determinado, el capitalismo mercantilista, en el que prima una actitud de eficacia y de beneficio frente al factor humano(1).

 

Gramsci considera muy importantes las relaciones que existe entre el mundo productivo y el mundo histórico-institucional y considera crucial las transformaciones que vienen del mundo productivo e impregnan y operan en la dimensión histórico-institucional. En este sentido, Gramsci, más que un teórico de las superestructuras, que sin duda lo ha sido, es un pensador que hace una interpretación antieconomicista del proceso estructural. Es el tema entre la estructura y la superestructura, entre la relación existente entre la producción y la libertad humana individual y  colectiva, entre la producción y la autonomía de las ideas. La noción gramsciana de racionalización insiste, sobre todo, en la interrelación dialéctica, no simple, entre el proceso estructural y el ambiente social e institucional.

En el sistema americano la primacía se otorga al mercado, que se organiza y tiende a estructurarse como sociedad civil. El mercado es el regulador supremo, no sólo económico sino, también, político y social. Es dentro de estas condiciones y en un sistema liberal-democrático donde precisamente aparece y se desarrolla el “fordismo”(2)

Las notas escritas y agrupadas en el Cuaderno 22 contienen unas reflexiones y un análisis de la civilización americana. Son unas interpretaciones y una crítica, de una situación histórica dada, en la que se intenta crear un nuevo tipo de hombre, es decir, un nuevo tipo de relaciones sociales determinadas directamente por un modo de producción racionalizada. “En América la racionalización ha determinado la necesidad de elaborar un nuevo tipo humano, conforme al nuevo tipo de trabajo y de proceso productivo: esa elaboración…está sólo en su fase inicial y por eso (aparentemente) idílica”(3)

Bajo la idea de la racionalización capitalista (y USA es la tierra de la racionalidad tecnocrática), Gramsci nos anuncia desde la primera nota del Cuaderno 22, un conjunto de puntos que separan profundamente a la civilización americana de la europea.

Estos aspectos diferenciadores son:

– la introducción del taylorismo en los métodos de trabajo para contrarrestar la tendencia descendiente de la tasas de beneficios;

– la implantación de una política de altos salarios en la industria Ford; 

-y el tratamiento de la “cuestión sexual” y del “alcohol” bajo una estrategia dirigida a situar al puritanismo como soporte ideológico de la producción. 

“La verdad – señala Gramsci – es que no puede desarrollarse el nuevo tipo de hombre pedido por la racionalización de la producción y del trabajo, a no ser que el instinto sexual esté regulado, esté también racionalizado” (4). Si a esto le añadimos la creencia en la ausencia de “capas parasitarias”, la formación social para el desarrollo capitalista aparece bajo unas condiciones optimas.

Los aspectos mencionados son los que Gramsci enumera y analiza con el objeto de desenmascarar los mecanismo que configuran ese nuevo tipo de hombre y esa nueva sociedad civil.

Irónicamente y no sin cierta amargura, Gramsci nos dice: “ Ya que existían estas condiciones preliminares, ya racionalizadas por el desarrollo histórico, ha sido relativamente fácil racionalizar la producción y el trabajo, combinando hábilmente la fuerza (destrucción del sindicalismo obrero de base territorial) con la persuasión (altos salarios, beneficios sociales diversos, propaganda ideológica y política habilísima) y obteniendo el ajustar toda la vida del país sobre la producción. La hegemonía nace de la fábrica y no tiene necesidad para ejercitarse más que de una cantidad mínima de intermediarios profesionales de la política y de la ideología” (5).

El americanismo representa, pues, un “modelo” frente a la civilización europea.

Más aún, piensa Gramsci, el americanismo se convierte en un instrumento capaz de capitalizar el fenómeno de la “revolución pasiva”. Es decir, si ha desarrollado los mecanismos que permiten un reagrupamiento social estable sobre la base de una expansión del aparato productivo. No es casual que se considere, al inicio del Cuaderno, el hecho de si el americanismo “puede determinar un desarrollo gradual del tipo… de las “revoluciones pasivas” propias del siglo pasado”(6).

Gramsci tiene palabras muy duras contra lo que dicho “modelo” representa: “el americanismo… que se proclama acción y modifica sólo el vocabulario, no la cosa; el gesto externo, no el hombre interior”(7), para el que la democracia puede llegar a ser sólo un instrumento de su hegemonía. Y llega a identificar esta postura ideológica con la fórmula filosófica del fascista Gentile, (con su filosofía del acto-acción) la cual el propio americanismo suele reivindicarla.  

Con el término de “revolución pasiva” o “revolución sin revolución”(8), (puesto que no es una nueva clase la que asume el poder) que conlleva casi siempre una actitud “transformista” (de apariencias), se propone, Gramsci, una nueva interpretación de este modo de producción que es el capitalismo. El cual se replantea, ahora, la reconstrucción y la concentración de nuevas formas de su hegemonía.

“¿No sería el fascismo, nos dice Gramsci, precisamente la forma de la “revolución pasiva” propia del siglo XX, como el liberalismo lo fue del siglo XIX? (9). ¿No sería el neoliberalismo del siglo XXI, con su tecnología, esta nueva “revolución pasiva” que deja o mantiene el poder siempre en las mismas manos? ¿Y al rechazar no sólo la alternancia sino la  alternativa se nos muestra como autoritario y no democrático? ¿salvaje y neocolonialista?.

El fascismo puede de esta forma ser interpretado, no sólo como la fórmula político-ideológica que cobra espesor teórico con la crisis del Estado liberal, sino también como campo de pruebas de una posible aplicación de esos factores de racionalización económica que a través del esquema corporativo permite al Estado un juego de relaciones con la sociedad civil(10).

Gramsci en los cruciales años de la “recesión” ajusta su aparato conceptual a las nuevas circunstancias y a las nuevas dimensiones que va adquiriendo el capital monopolista y a las nuevas formas de capitalismo de Estado. El fascismo aparece en este sentido como un foco sobre el cual nuestro autor va avanzando y reconstruyendo un conjunto de hipótesis que buscan, no sólo interpretar la realidad italiana, sino también los mecanismos de reacomodo del capitalismo occidental, que estarían determinados por el desarrollo y la expansión de la sociedad norteamericana como modelo económico y político que penetra, aún desigualmente, en las distintas esferas de la sociedad europea. Y Gramsci se pregunta si América “con el peso implacable de su producción económica obligará o está obligando a Europa a una revolución (pasiva) de sus bases económico-sociales demasiado atrasadas”(11). El tiempo le daría la razón.

En el fondo, podríamos pensar, que lo que está haciendo Gramsci en el Cuaderno 22 es analizar y apuntar el desarrollo cultural del concepto de trabajo alienado que Marx nos presenta en los “Manuscritos de París” de 1844. Es una visión nueva, enriquecedora, con sus luces y sus sobras. Algunas realidades por las que él lucho y sufrió (hasta la cárcel y la muerte) han sido derrotadas y otras contra las que él trabajó (con sus ideas como escritor y con su acción como dirigente político) parecen que han triunfado. Parece que vivimos en la etapa de un capitalismo virtual demoledor. La explotación ya no se consigue sólo con las plusvalías sino que, ahora, las clases subalternas han pasado de ser  salariados-explotados a ser colegas- capitalistas.

Son “ricos” populares. ¿Qué consecuencias sacamos de todo esto? ¿Quién las tiene que sacar? La verdad es que por ahora “sólo nos queda la palabra” y “el optimismo de la voluntad”.

NOTAS

1) Cfr. Bueno, E. y otros: Economía de la Empresa. Análisis de las decisiones empresariales. Ed. Pirámide, Madrid 1982. Pags 73- 102.

2) Cfr. Telo, M.: “Gramsci, il nuovo capitalismo e il problema Della modernizzazione”. Crítica Marxista, n° 6, 1987. Pags 73- 102.

3) Cuaderni del Carcere, Torino, Einardi 1975, Pag. 2.146.

4) Q. Pag. 2.150.

5) Q. Pags. 2.145 y 2.146.

6) Q. Pag. 2.140.

7) Q. Pag. 2.152.

8) Cfr. Battini, M.: “A llune osservazione er “Americanismo e Fordismo”. En Política e Storia in Gramsci. Vol. II. Ed. Rioniti, Roma 1977. Pags. 315-325.

9) Q. Pags. 1088 y 1.089

10) Cfr. Buci-Gluscksmann, Ch.: Gramsci y el Estado, Ed. Siglo XXI, Madrid 1978. Pag 388.

11) Q. Pags. 2.178 y 2.179.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Gramsci y etiquetada , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s