La influencia del método ‘lógico-histórico’ de Engels (III)

Amigas y amigos no puedo dejar la ocasión de hacer referencia a las elecciones autonómicas que hace escasos minutos han finalizado (sus escrutinios). Mañana leeremos el análisis de (hoy ya hay unos cuantos tertulianos en los medios de desinformación masivos elucubrando) las causas, las razones y los porqués de lo acontecido. Marx desde cero no va analizar (no somos analistas) pero si constatar. Constatar tanto en el caso de Andalucia (un territorio con grandes diferencias estructurales, con una elevada tasa de desempleo, con latifundios…etc., proclive a la izquierda tradicionalmente) como PP$OE (autores de la reforma de las pensiones y del mercado de trabajo, amén de regar de dinero público a la banca privada) siguen obteniendo un 80,17% de los votos emitidos. Constatar también que un 37,78% de abstención. El caso de Asturias es parecido (si, la misma Asturias revolucionaria de 1934, la de los obreros y mineros) aunque la derecha se ha excindido en dos partes, PP$OE obtiene el 78,41% de los votos emitidos y 44,08% de abstención.

Al hilo de los porcentajes y cifras, ¿qué decir?. Pues visto lo visto en los últimos tiempos (el ataque a los derechos conquistados por parte de los representantes del capital, PP y PSOE, tanto monta monta tanto; la corrupción que afecta gravemente a estos dos partidos; sus mentiras e incoherencias en el decir y el hacer) la ciudadanía, el pueblo se equivoca (por desconocimiento, por manipulación,por…¡váyase vd. a saber). La hegemonía capitalista ha logrado reunir el consenso de la sociedad. ¿Qué le queda a la izquierda?. Pues mucho camino por recorrer, mucho trabajo por realizar, mucha pedagogía que impartir. Y seguir luchando. No hay más recetas ni más atajos.

Mientras tanto, seguiremos leyendo, seguiremos formándonos, seguiremos preparándonos para esa lucha que durará y que daremos cotidianamente. En concreto, seguimos con la tercera entrega del intensísimo trabajo de Mario L. Robles Báez.

Salud y república.

Antonio Olivé

 

LA INFLUENCIA DEL MÉTODO ‘LÓGICO-HISTÓRICO’ DE ENGELS EN LAS INTERPRETACIONES SOBRE EL OBJETO DE LA SECCIÓN PRIMERA DEL TOMO I DE EL CAPITAL DE MARX: CRÍTICA Y PROPUESTA (III parte)

Mario L. Robles Báez

 

2. Las interpretaciones de Benetti y Cartelier y Reuten y Williams sobre el punto de partida de El Capital

De acuerdo con la presentación del concepto de capital de Marx en El Capital, es preciso comenzar con el análisis de la mercancía que se presenta no como la forma más simple del producto en las sociedades mercantiles precapitalistas, sino como la forma social inmediata más simple, la forma elemental, de aparecer de la riqueza en la sociedad capitalista:

La riqueza de las sociedades en las que domina el modo de producción capitalista se presenta como un ‘enorme cúmulo de mercancías’, y la mercancía individual como la forma elemental de esa riqueza. Nuestra investigación, por consiguiente, se inicia con el análisis de la mercancía (C.I.1.: 43).

Sin embargo, este punto de partida ha sido objetado por algunos autores con diferentes perspectivas metodológicas. Enfocaremos nuestro análisis aquí a dos de estas perspectivas que, aunque coincidiendo, por un lado, en que la interpretación de Engels sobre el objeto de la primera sección del tomo I corresponde a la concepción de Marx (de aquí que la rechacen) y, por otro lado, en que la interconexión fundamental de sociedad capitalista es monetaria, son opuestas: una plantea, desde la perspectiva de lógica formal, que el punto de partida del análisis del capitalismo no es la mercancía, sino el dinero, mientras que la otra sostiene, desde la perspectiva de la dialéctica hegeliana, que es la forma-valor. La primera es la que sustentan Carlo Benetti y Jean Cartelier; la segunda Geert Reuten y Michael Williams.

A Benetti y Cartelier (B&C) les parece que es ilusorio poner a la mercancía como punto de partida de la exposición de El Capital, cuando el objeto general de Marx es el modo de producción capitalista. Esta consideración es deducida a partir de lo que ellos denominan como su primera hipótesis (H1), según la cual “[l]a sociedad está dada y el vínculo entre sus elementos es la separación, cuya expresión es la unidad de cuenta común” (B&C, 1980: 12; traducción nuestra). Como ésta es concebida como una hipótesis común para las teorías de las sociedades mercantil y capitalista en las que la expresión de la separación es el dinero, éste es el que, según ellos, debe aparecer como el primer objeto social en estas teorías, y no la mercancía. Esto implica que B&C supongan a las sociedades mercantil y capitalista como especies de un mismo género: la sociedad monetaria. Esta hipótesis común es complementada por dos hipótesis adicionales que corresponden a las modalidades de la separación que describen con precisión a estas dos sociedades como formas sociales alternativas y excluyentes: por un lado, H2, la modalidad de separación igualitaria, “es decir, donde el modo de separación consiste en una relación entre elementos separados” (B&C, op. cit.: 135; Benetti, 1985: 138), que corresponde a la sociedad mercantil. Según B&C, Marx construye la teoría de la sociedad mercantil -que, al igual que la interpretación de Engels, consideran que Marx presenta en la primera sección del tomo I de El Capital-, en base a las hipótesis H1 y H2. Y, por otro lado, H’2, la modalidad de separación no igualitaria, “es decir, donde el modo de separación consiste en una relación entre elementos separados y no separados, por lo tanto declarados” (Ibíd.), que corresponde a la sociedad capitalista. Como, según B&C, Marx desarrolla la teoría del capital añadiendo H’2 a las dos hipótesis precedentes, en lugar de sustituir H2 por H’2, su “concepción del capitalismo como sociedad mercantil de un tipo particular no es correcta” (B&C, op. cit.: 136; Benetti, op. cit.: 139; cursivas nuestras). Pero entonces ¿porque Marx comenzó la presentación por la mercancía y no por el dinero? La respuesta a esta pregunta, ellos la encuentran, al referirse a la forma simple del valor, en “la evidencia de que”, para Marx, “la moneda es mercancía” (B&C, op. cit.: 143; Benetti, op. cit.: 44).

Este planteamiento crítico de B&C al punto de partida de la presentación de Marx requiere varias observaciones. Primera, el objeto de la primera sección del tomo I no es, como ellos pretenden adjudicarle, la teoría de la ‘sociedad mercantil’ -un estadio que, para Marx, no ha existido en la historia-, sino la teoría de la ‘producción mercantil simple’ en cuanto la apariencia inmediata del modo de producción capitalista (como se mostrará en la siguiente sección). Segunda, el objetivo de la teoría de Marx, en este caso, no es trazar la conexión lógica entre genero y especie, de universal a particular, esto es, Marx no concibe al capitalismo como una especie (o, particularización) del genero sociedad mercantil a la manera de la interpretación engelsiana en la que la interconexión histórica (o, lógica, para otros) es la mercancía; ni como una especie (o, particularización) del genero sociedad monetaria a la manera de la interpretación de B&C en la que la interconexión lógica es el dinero. El rechazo de Marx a esta visión se puede basar en el hecho de la división entre genero y especie permanece siempre externa al objeto que es investigado.[i] En efecto, para Marx, el ‘punto de partida’ de la reconstrucción de la lógica interna del modo de producción capitalista no es externo, sino que es exclusivo a este objeto, la mercancía en cuanto la forma más simple de aparecer de la riqueza capitalista. Tercera, lo que hace que Marx empiece por la mercancía y no por el dinero no es la presuposición de que el dinero sea mercancía, como ellos sustentan Marx lo hace, sino la presuposición de que, al nivel de la apariencia inmediata, es decir, de la circulación mercantil simple en cuanto la apariencia inmediata del capitalismo, el dinero aparece como un objeto más complejo que la mercancía. En efecto, como dice Fausto, “en el plano de la experiencia inmediata, el dinero -el dinero metálico- se presenta como un objeto que tiene algo semejante a la mercancía, pero al mismo tiempo como diferente de ella, pues precisamente ella se presenta como moneda y no como mercancía … mismo si ella no se confunde con una mercancía, una moneda de oro se revela con un ‘fondo’ de mercancía. Esa apariencia de ser no simplemente una mercancía, sino algo más que una mercancía, es suficiente para que el dinero sea excluido como punto de partida” (Fausto, 1983: 145; traducción nuestra). Finalmente, creemos que la interpretación que B&C asignan al objeto de la primera sección del tomo I de El Capital tiene su origen en una lectura con base en la lógica formal que no sólo no les permite comprender la relación dialéctica entre los diferentes niveles de abstracción por medio de los cuales Marx construye su teoría del capital en El Capital, sino que coincide en mucho con la interpretación engelsiana.[ii]

Por otro lado, la pretensión teórica de Reuten y Williams (R&W) es hacer “una reconstrucción teórica basada en la forma-valor de la teoría del valor trabajo-abstracto” (R&W, 1989: 41; traducción nuestra), que supere las teorías del valor marxista y ricardiana basadas en el trabajo incorporado; reconstrucción que hacen, al contrario de B&C, en términos de la dialéctica hegeliana. En relación al punto de partida, R&W señalan, en primer lugar, dos interpretaciones opuestas del punto de partida de la presentación de Marx que, según ellos, lo hacen no sólo ambiguo sino además que no sea claro donde se debe localizar. La primera se refiere a su interpretación en la que, de acuerdo con el pasaje con que empieza el capítulo 1 del tomo I de El Capital, Marx “parece comenzar con percepciones”.[iii] La segunda se refiere a la interpretación tradicional engelsiana de que Marx comienza con “el intercambio mercantil (la producción mercantil simple), y no con la producción capitalista” (op. cit.: 64; traducción nuestra).[iv] Al contrario de estas interpretaciones y, por lo tanto, de Marx, R&W sostienen que el punto de partida debe localizarse en, lo que ellos denominan, la oposición sociación-disociación.[v]Para R&W, el punto de partida debe derivarse de la noción de auto-producción en cuanto una universalidad transhistórica, que puesta en su momento (positivo) de ‘ser’ es la auto-producción humana: “[l]a liga de los universales transhistóricos, ser/no-ser, al punto de partida de nuestra presentación es la auto-producción humana” (op. cit.: 55). Esta noción de auto-producción humana es concebida como una actividad social, que ellos denominan, sociación. La particularización de la sociación en el capitalismo se presenta, según ellos, en que ésta se desdobla en distintas actividades de producción y consumo llevadas a cabo por unidades privadas independientes, de tal manera que el trabajo es puesto como trabajo de actividades disociadas que producen diferentes objetos útiles. De esta manera, la sociación es negada como disociación, que es su forma histórica particular de transición en la sociedad capitalista, y a través de la cual la auto-producción es puesta en su momento (negativo) de no-ser. El ser (la sociación) y el no-ser (la disociación) de la auto-producción humana son puestos así en oposición en la sociedad burguesa. Es así que pongan a la disociación como “el punto de partida conceptual de [su] presentación de la época burguesa” (op. cit.: 57).[vi] Pero como el carácter de disociación de las actividades de trabajo de la sociedad capitalista requiere, o transciende, como necesidad el momento de asociación para su auto-producción, esto sólo se puede lograr, según ellos, por medio de la relación de intercambio[vii]entre los diversos (particulares) insumos (incluida la fuerza de trabajo) y productos útiles que el proceso de producción capitalista (disociado) requiere. Como la relación de intercambio es considerada como una forma-valor determinada,[viii] el valor aparece como, dicen R&W, “una dimensión social y un universal social” (ibíd), cuya existencia sólo es concretizada en el dinero, y que como tal determina el carácter de interconexión de la sociedad burguesa: [ix]“[l]a forma-valor es el modo burgués de asociación, que es lógicamente anterior a la universalización de las relaciones de intercambio que la fundamentan más concretamente” (Williams, 1992: 439; traducción nuestra). En este contexto, su concepción “no pone inmediatamente”, como lo hace Marx, “a la mercancía como una forma de valor” (R&W, 1989: 59), sino que la considera como una entidad mediada de forma doble, objeto útil y dinero, que resulta de la acción de la relación de intercambio y de la forma-valor, cuya única existencia es concretizada en el dinero.[x] En este sentido, Williams dice que “[l]os aparentes errores de Marx en lógica formal surgen de un falla dialéctica: partir la teorización del capitalismo con la mercancía en lugar de con la forma-valor” (Williams, 1992: 440).[xi]

Podemos señalar las siguientes observaciones críticas al planteamiento de R&W. Primera, el derivar al capitalismo a partir de la auto-producción humana como una noción universal transhistórica implica que su concepción tenga como fondo una filosofía humanista (o antropologista) –entendiéndola como la filosofía que no sólo pone al hombre, al individuo (self), como sujeto, sino además tiene en vista fines humanos y sólo acepta medios humanos. Como, para R&W, el hombre y sus fines -es decir, la auto-producción humana en palabras de ellos-, están puestos desde el origen, la disociación que es, según ellos, la negación de la sociación en el capitalismo (o en otras palabras, la disociación entre producción y consumo), no implica la negación de la posición del hombre, ni de los fines humanos. Sin entrar a una discusión al respecto, podemos decir que, al contrario de la filosofía de R&W, la filosofía de Marx no es humanista ni anti-humanista, sino una en la que se niega la posición del hombre, esto es, el hombre en cuanto sujeto esta negado a lo largo de lo que Marx denomina la prehistoria de la sociedad humana.[xii] 

Esta negación no significa que el hombre este suprimido allí, sino que el hombre existe sólo a través de, o aparece reflejado en, sus predicados (como capitalista, obrero, siervo, señor feudal, etc.).[xiii]De esta manera, la fundamentación primera no puede ser, para Marx, el ‘ser’, como lo hacen R&W, porque, en cuanto sujeto fundante, el ‘ser’ esta negado a lo largo de su prehistoria, incluido el capitalismo. El discurso de El Capital no requiere así de esta fudamentación primera que provea, como lo hacen para su discurso, de “la liga de la filosofía al punto de partida de [su] presentación económica política” (op. cit.: 38). Al contrario, el discurso de El capital tiene como objeto central el capital en cuanto sujeto de la sociedad burguesa, cuyos momentos -o predicados- son la mercancía y el dinero; y entre estos últimos, Marx escoge a la mercancía como punto de partida de su presentación por ser la categoría más simple en que aparece inmediatamente la riqueza de la sociedad burguesa. Segunda, lo que sostiene su crítica a la mercancía como punto de partida de la presentación de Marx son dos argumentos: consideran que el punto de partida de la presentación de Marx, por un lado, es ambiguo porque comienza con la mercancía en cuanto una percepción que corresponde no a la producción capitalista sino a la intercambio mercantil precapitalista; y, por otro lado, no puede corresponder a una percepción, sino que debe ser una determinación abstracta derivada dialécticamente del ‘ser’ y que corresponda a la sociedad burguesa: la disociación. Dado que estos no son argumentos que correspondan a la lógica de la presentación de Marx, no se le puede calificar de ambiguo ni erróneo. En efecto, para Marx, el ‘punto de partida’ no es el origen de un ordenamiento histórico de las categorías a la manera engelsiana, ni se origina de una simple percepción como ellos sostienen Marx lo hace, sino el resultado de lo que Marx denomina el proceso de apropiación del objeto –el modo de producción capitalista, en este caso-, al final del cual se llega a sus elementos más simples; elementos con que procede sistemáticamente a la reconstrucción de la lógica interna de este modo de producción. En todo caso, la concepción del ‘punto de partida’ de la presentación de R&W correspondería a una alternativa diferente de la de Marx. Finalmente, partir la teorización del capitalismo con la forma-valor, como lo hacen R&W, es partir de una abstracción, como de hecho lo hace la economía política especulativa (el idealismo absoluto),[xiv] pero no Marx. La respuesta de Marx a la interpretación de A. Wagner nos sirve para contestarle a R&W: “De prime abord”, dice Marx, “yo no arranco de ‘conceptos’, y por tanto tampoco del ‘concepto de valor’… De donde arranco es de la forma social más simple en que toma cuerpo el producto de trabajo en la sociedad actual, que es la ‘mercancía’” (NMAW: 48). Desde luego que la mercancía con que empieza Marx, no es una cosa material concreta, sino una categoría, o como dice Smith, una construcción pensada,[xv]al igual que el valor. Sin embargo, Marx distingue entre formas concretas y formas abstractas en el pensamiento, al interior de una teoría: la mercancía con que empieza Marx es una forma inmediata, concreta, material, de aparecer de la forma abstracta de valor, de la forma-valor. O, como dice Dussel, Marx no empieza con el valor en cuanto ‘ser’ del capital, sino con la mercancía en cuanto “‘ente (Dasein)’” que es “abstraída de la totalidad concreta del capital, y aunque es un ‘ente’ del capital, se le separa, abstrae, se la considera como un todo; y así ‘la mercancía singular (…)’ es el ‘ente elemental (…)’ de la ‘riqueza burguesa’ como totalidad” (Dussel: 1988: 28). En este sentido, Marx no empieza con ningún tipo de abstracciones como lo hacen R&W, es decir, no empieza ni con el ‘ser’ universal transhistórico, ni con la forma abstracta de valor en cuanto ‘ser’ del capital.

3. Una propuesta de acuerdo con el método dialéctico de Marx: La producción mercantil simple en cuanto la apariencia de la producción capitalista

Para presentar lo que podríamos considerar como la respuesta de Marx a la última pregunta formulada al final de la primera sección anterior y presentar a través de su desarrollo nuestra interpretación de que el objeto de la primera sección de tomo de El Capital no corresponde a la perspectiva histórica de la génesis del capitalismo, sino a una ‘génesis’ en términos lógicos, permítanos empezar postulando provisionalmente que el objeto de esta sección primera es la teoría de la circulación mercantil simple, es decir, la circulación mercantil simple, M-D-M, en cuanto forma de aparecer de la riqueza mercantil y sus fundamentos; fundamentos que nos remiten a la ‘ley del valor’. Este postulado es considerado provisional porque surge de la lectura tradicional de esta sección que es compartida, hasta cierto punto, por la mayoría de los economistas políticos marxistas considerados engelsianos o no. Esta lectura puede ser brevemente expuesta de la siguiente manera.

En primer lugar, Marx considera que la circulación mercantil presupone una sociedad en la que sus productos son el resultado de los trabajos propios de productores privados y autónomos llevados a cabo independientemente unos de otros. Esto implica que la relación social de los productores y de sus trabajos sólo puede ser establecida indirectamente por mediación del intercambio de sus productos en el mercado. Intercambio que presupone la apropiación del trabajo de otros por medio del trabajo propio. De esta manera, en cuanto que son producidos con el objetivo de su intercambio en el mercado, los productos del trabajo adquieren la forma de mercancías. Es precisamente por el análisis de los fundamentos de la mercancía en cuanto la forma concreta más elemental en que aparece la riqueza capitalista por donde empieza Marx la sección primera del tomo I de El Capital.[xvi] Como resultado de esta forma de la producción, los productos, en cuanto mercancías, adquieren una doble determinación: ser valor de uso y valor de cambio.

A partir de esto, Marx presenta su teoría del valor en dos movimientos, que corresponden a la dialéctica de la relación entre esencia y apariencia. El primer movimiento corresponde al pasaje del valor de cambio al valor, de la apariencia a su fundamento. Los valores de cambio de las mercancías aparecen, en primera instancia, como una simple relación cuantitativa entre ellas en su carácter de valores de uso distintos. Como estos valores de cambio parecen ser algo accidental y puramente relativo, ellos deben ser la expresión de algo común que se encuentra incorporado en las mercancías. Es por medio del proceso en que los valores de uso de las mercancías y los trabajo útiles distintos que las producen son abstraídos que el trabajo humano indiferenciado, es decir, el trabajo-en-general que Marx denomina trabajo abstracto, emerge como la sustancia común que se encuentra incorporada en las mercancías. Esta sustancia común es lo que permite a las mercancías identificarse como iguales, a pesar de sus diferencias en cuanto valores de uso; y la cantidad de ella contenida en cada una de ellas es lo que les permite intercambiarse entre sí en cierta proporción. En cuanto cristalizaciones de esa sustancia, las mercancías son determinadas como valores. Los valores de las mercancías resultan ser así el fundamento de sus valores de cambio. De aquí que las determinaciones de la mercancía sean realmente valor de uso y valor. A esta dualidad de forma de las mercancías corresponden así dos aspectos de naturaleza distinta del trabajo que las produce, el trabajo-en-general en cuanto trabajo abstracto y el trabajo útil en cuanto trabajo concreto, respectivamente. Según Marx, el trabajo abstracto tiene determinaciones que corresponden a la cualidad y a la cantidad: los trabajos simple, homogéneo y social son definidos como las determinaciones que corresponden a la calidad; y el tiempo de trabajo socialmente necesario como su determinación cuantitativa. La magnitud inmanente del valor de las mercancías es así determinada por la objetivación del tiempo de trabajo socialmente necesario, es decir, la cantidad promedio de tiempo de trabajo abstracto requerido para su producción.

El segundo movimiento corresponde al pasaje del valor a la forma de valor o el valor de cambio, de la esencia a su forma de aparecer. Como, para Marx, el valor constituye una esencia que no puede aparecer como tal, sino que permanece como una abstracción, éste debe aparecer en una cosa que sea distinta de sí mismo. Esa cosa es la mercancía-dinero. No sólo es el valor de cambio la forma necesaria de aparecer el valor, el dinero es la forma final necesaria del valor de cambio. El dinero constituye así la forma social de existencia inmediata del valor de las mercancías y, por tanto, la forma social de existencia inmediata de la abstracción del trabajo. De esta manera, el dinero es considerado como la forma fenoménica que el valor adquiere en el intercambio y, de ese modo, la forma precio que allí asumen las mercancías.[xvii] Esto implica que el valor de las mercancías sólo puede adquirir una medida externa definitiva en el dinero y que, por tanto, la cantidad de trabajo contenido en las mercancías sólo es resuelta como el quántum de trabajo abstracto socialmente medido a través de sus relaciones de intercambio en el mercado.[xviii] El dinero, como la forma y medida del valor de las mercancías, aparece así como el mediador del proceso de circulación de las mercancías.

Desde la perspectiva puramente fenoménica, la circulación mercantil simple aparece como un agregado de intercambios que se expresan ellos mismos como un proceso de circulación (o intercambio) simple de mercancías, es decir, mercancías que son compradas y vendidas a valores equivalentes por mediación de su forma dineraria, que Marx simboliza como M-D-M. Mercancías que, sin embargo, no son puestas por este proceso sino que están presupuestas a él, es decir, mercancías en manos de sus poseedores cuya producción está presupuesta y que son intercambiadas para realizarse en su consumo. El objetivo final de este proceso parece ser así el consumo, o la satisfacción de necesidades y, por tanto, el valor de uso de las mercancías; objetivo que se encuentra, entonces, localizado fuera de este proceso. Proceso en el que el dinero es simplemente el mediador que permite la realización de este objetivo con la realización del valor de las mercancías.

Con base en lo anterior se puede decir que la unidad que constituye la circulación mercantil simple y su fundamento se presenta como un sistema social de producción para el  intercambio, cuyo objetivo es la apropiación de los valores de uso de las mercancías por mediación de la forma monetaria de sus valores. Pero, ¿esto no contradice la idea de que el objeto de la sección primera del tomo I corresponde al capitalismo? Esto es, la producción capitalista se presentaría aquí como un sistema que responde a las leyes generales de la circulación mercantil simple, cuyo objetivo aparece no como la valorización del valor, sino como la satisfacción de necesidades, y la apropiación de las mercancías o de los trabajos ajenos aparece como el resultado, directo o indirecto, de la apropiación del trabajo propio. Creemos que la respuesta que daría Marx a esta pregunta sería que efectivamente la contradice; pero una contradicción que sólo puede ser entendida en términos su propia dialéctica. Por esto no debemos rechazar la contradicción, sino instalarnos en ella para dar una explicación del significado dialéctico que Marx le da al objeto de esta sección primera.

En primer lugar se debe señalar que Marx sostiene que la circulación mercantil simple no corresponde a la forma de aparecer de la riqueza mercantil en general sino a la forma en que aparece inmediatamente la riqueza capitalista, considerándola, por lo tanto, como la apariencia inmediata de la producción capitalista. Esto lo dice claramente Marx en los siguientes pasajes:

La circulación que se presenta como lo inmediatamente existente en la superficie de la sociedad burguesa, sólo existe en la medida en que se la mantiene. Considerada en sí misma, es la intermediación entre extremos presupuestos. No pone a esos extremos. Por ende no sólo debe medírsele en cada uno de sus momentos, sino como totalidad de la intermediación, como proceso total. Su ser inmediato es, pues, apariencia pura. Es el fenómeno de un proceso que ocurre por detrás de ella (G.I: 194; subrayado nuestro).

 La circulación simple, es, más que nada, una esfera abstracta del proceso de producción burgués en su conjunto, una esfera que en virtud de sus propias determinaciones se acredita como momento, mera forma de manifestación de un proceso más profundo situado detrás de ella, que deriva de ella y a la vez la produce: el capital industrial (VPC: 251; subrayado nuestro).


[i] El rechazo de Marx a esta perspectiva esta seguramente basado en Hegel. “A falta del principio del ser determinado por sí mismo, las leyes para esta operación de dividir pueden consistir sólo en reglas formales, vacías, que no llevan a nada” (Hegel: 1968: 707 y sig.).

[ii] Para dar un ejemplo más de esto: al referirse a la perspectiva del pasaje de la mercancía al capital que ellos asignan a Marx (y a Smith), ellos repiten, en otras palabras, lo dicho por Meek a este respecto -referido en la sección primera de este artículo-: “El enfoque Smith-Marx. El punto de partida es aquí la teoría de la mercancía, y se pasa a la noción de capital añadiendo una mercancía adicional; el trabajo asalariado en Smith y la fuerza de trabajo en Marx” (B&C, op. cit.: 133).

[iii] “Él [Marx] parece comenzar con percepciones (La riqueza de las sociedades en que domina …)” (op. cit.: 57; traducción nuestra). 

[iv] “La presentación de Marx es, una de dos, insuficientemente sistemática (…), sobre todo en que no separa suficientemente el descubrimiento (la mercancía como aparece, es decir, percepción) del punto de partida abstracto (…). O es ambas estructural-genética y también historical-genética, desde que Marx empieza con el intercambio mercantil (la producción mercantil simple), no con la producción capitalista (…)” (op. cit.: 64).

[v]“Desde el punto de vista de nuestra presentación, la diferencia tendría así que ser localizada en la oposición sociación-disociación” (op. cit.: 64; traducción nuestra).

[vi] Nosotros traducimos punto de partida conceptual como el momento que ellos denominan como “el momento más fundamental del objeto-totalidad, que determina (como el argumento de la presentación mostrará) la interconexión de todos los momentos necesarios de la totalidad” (op. cit.: 20). En este sentido, creemos que este momento es puesto como un postulado del cual se deriva la necesidad de la forma-valor que determina el carácter de la interconexión en el capitalismo. 

[vii]“La relación de intercambio establece que la actividad disociada de un trabajo particular -produciendo objetos útiles particulares- llegue a ser asociada. La relación de intercambio provee así la primera condición de existencia de la disociación. (Esta condición es abstracta, ni la forma ni la dimensión de la relación de intercambio ha sido determinada)” (op. cit.: 59; traducción nuestra).

[viii] “Pero ocultamente, la fragmentación universal de la producción, y su separación del consumo en la época burguesa, necesita la forma-valor” (Williams, 1992: 439; traducción nuestra). 

[ix]Dado este contexto, el valor aparece como la forma universal, unitaria o denominador común a que los trabajos particulares y los objetos útiles producidos por ellos son reducidos; reducción que sólo se puede realizar por medio de su relación de intercambio (la asociación capitalista): “El valor es lo sui generis de este denominador común; el valor es así constituido como universal, como opuesto a la particularidad de los insumos y productos físicos. Como tal, el valor como una forma es la dimensión necesaria del trabajo y los objetos útiles producidos por éste en el modo de producción burgués” (op. cit.: 60; traducción nuestra).

[x] “La acción de la relación de cambio y la forma-valor realmente constituye el objeto útil como una entidad de forma doble, y este desdoblamiento [doubling] constituye el objeto útil como mercancía” (op. cit.: 63). 

[xi] Y, por lo mismo, “el dinero puede y debe ser derivado de la forma-valor (…), no como una epifenomeno ‘superficial’, sino como un fundamentación necesaria de la forma-valor abstracta” (Ibíd: 439).

 [xii] Y, por lo mismo, “el dinero puede y debe ser derivado de la forma-valor (…), no como una epifenomeno ‘superficial’, sino como un fundamentación necesaria de la forma-valor abstracta” (Ibíd: 439).

[xiii] “Con esta formación social [la sociedad burguesa] concluye, por consiguiente, la prehistoria de la sociedad humana” (CCEP: 6; cursivas nuestras). “Dos palabras para evitar posibles equívocos. No pinto de color de rosa, por cierto, las figuras del capitalista y el terrateniente. Pero aquí se trata de personas en la medida que son la personificación de categorías económicas, portadores de determinadas relaciones e intereses de clase. Mi punto de vista, con arreglo al cual concibo como proceso de historia natural el desarrollo de la formación económico-social, menos que ningún otro podría responsabilizar al individuo por relaciones de las cuales él sigue siendo socialmente una creatura por más que subjetivamente pueda elevarse sobre las mismas” (Prólogo a la primera edición de El Capital, C.I.I.: 8). Para una discusión más amplia a este respecto, véase Robles, 1993 y 1996a.

[xiv] Esta interpretación se encuentra también en Ollman quien reemplaza la mercancía, con la abstracción valor como el sujeto que se presenta al principio de El Capital (véase, Ollman: 1990) y en Dussel que sostiene, contrariamente a lo que sostiene en otros de sus textos, que Marx pone al “valor como el ‘comienzo’ absoluto del discurso crítico” (Dussel, 1997: 9; traducción nuestra). 

[xv] “Esta [la mercancía] es una categoría, una construcción pensada [a thought construct], y no una cosa material concreta. En este sentido es en principio tal ‘ideal’ como los pensamientos construidos que se encuentran en Hegel” (Smith: 1990: 23).

[xvi] “La riqueza de las sociedades en las que domina el modo de producción capitalista se presenta como un ‘enorme cúmulo de mercancías’, y la mercancía individual como la forma elemental de esa riqueza. Nuestra investigación, por consiguiente, se inicia con el análisis de la mercancía” (C.I.1.: 43).

[xvii] Para un análisis dialéctico de la génesis de la forma-dinero de Marx , véase A. Mariña y M. Robles, 1998.

[xviii] Véase sobre este tema, Robles 1996.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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