Valor, precio de producción y trabajo productivo (IV)

Queridas/os lectoras/es, si has seguido con regularidad las diferentes entregas de talleres, cursos y materiales que Marx desde Cero ha venido realizando desde su aparición, no tendrás demasiados problemas para analizar lo que está ocurriendo. Aquella crisis que se inició en el imperio usamericano con las “hipotecas basura”, que saltó a Europa mutando en crisis de la deuda pública -y privada, añadimos- no deja de ser episodios de una historia mayor: la lucha de clases. El capital necesita continuar expandiéndose, necesita elevar la tasa de explotación y para ello necesita desarbolar la mínima resistencia que plantean los sindicatos. No se trata pues de si los del PP son más malos, más feos, más cabrones (que lo son) que los del PSOE. Se trata ni más ni menos de las necesidades del capital, y para ello, utiliza las herramientas que tiene a mano: unas veces en forma de PP y otras en forma de PSOE. Eso si, con legitimidad democrática renovada cada cuatro años.

Afortunadamente algo se mueve. La ciudadanía comienza a hartarse y está movilizándose en las calles. Hoy mismo hemos podido observar una movilización espectacular en todo el estado español. Nada permanece, nada está escrito. Los retrocesos, los recortes de hoy no son irreversibles pero para enderezar esto hace falta luchar. Y en ello estamos. Para continuar entendiendo más sobre la cosa esta, el capitalismo, continuamos con la cuarta entrega del trabajo de Isaak Illich Rubin en el que aborda, entre otros temas, las polémicas surgidas en las posibles contradicciones entre el tomo I y III de El Capital. Apasionante, no se lo pierdan.

 

Valor, precio de producción y trabajo productivo (IV)

Isaak Illich Rubin

 

De esto se desprende que los cambios en los costos de producción y en las tasas medias de ganancias son causados por cambios en la productividad del trabajo. Y puesto que el precio de producción consiste en los gastos de producción más la ganancia media, las variaciones en los precios de producción son, en último análisis, causados por cambios en la productividad del trabajo y en el valor-trabajo de algunos artículos. Si el cambio en el precio de producción es causado por un cambio en los costos de producción, esto significa que la productividad del trabajo, en la esfera considerada de la producción, y el valor-trabajo de ésta, han cambiado. “Rige, pues, la ley de que al cambiar el precio de producción de una mercancía como consecuencia de un cambio operado en la cuota general de ganancia, aunque pueda permanecer inalterable su propio valor, tiene necesariamente que producirse un cambio de valor en lo tocante a las otras mercancías (Ibíd.), es decir, cambios en la productividad del trabajo en otras esferas. En todos los casos, el precio de producción cambia en relación con cambios en la productividad del trabajo y cambios correspondientes en el valor-trabajo. El esquema de las relaciones causales entre el precio de producción, por un lado, y la productividad del trabajo y el valor-trabajo, por el otro, es el siguiente: productividad del trabajo-valor abstracto-valor-costos de producción más ganancia media-precio de producción.

El valor-trabajo y el precio de producción

Ahora podemos considerar, finalmente, la cadena de eslabones lógicos que completan la teoría del precio de producción de Marx. Esa cadena consiste en los siguientes eslabones básicos: productividad del trabajo-trabajo abstracto-valor-precio de producción-distribución del capital-distribución del trabajo. Si comparamos este esquema de seis elementos con el esquema de cuatro elementos de la producción mercantil simple, productividad del trabajo-trabajo abstracto-valor-distribución del trabajo, vemos que los eslabones del esquema de la producción mercantil simple se han convertido en eslabones del esquema de la economía capitalista. Por consiguiente, la teoría del valor-trabajo es un fundamento necesario de la teoría del precio de producción, y ésta es un desarrollo necesario de la teoría del valor-trabajo. La publicación del tercer volumen de El capital dio origen a una enorme literatura sobre las llamadas “contradicciones” entre el tomo I y el tomo III de El capital. Los críticos sostenían que en el tomo III Marx había repudiado en esencia su teoría del valor-trabajo, y algunos hasta afirmaban que, cuando había escrito el primer volumen, nunca había soñado en las dificultades y contradicciones en que lo sumiría la teoría del valor-trabajo cuando tuviera que explicar la tasa de ganancia. El prólogo de Karl Kautsky al tercer volumen de El capital testimonia que, cuando fue publicado el primer volumen, la teoría del precio de producción explicada en el tomo III ya había sido elaborada por Marx en todos sus detalles. Ya en el tomo I Marx frecuentemente señala que en la sociedad capitalista los precios medios comerciales se apartan de los valores-trabajo. El contenido del tercer tomo de Theorien über den Mehrwert también nos informa de otra circunstancia importante. Toda la economía política posterior a Ricardo gira alrededor del problema de la relación entre el precio de producción y el valor-trabajo. La respuesta a este problema era una tarea histórica para el pensamiento económico. En opinión de Marx, el mérito particular de su teoría del valor consistía en brindar una solución a este problema.

Los críticos que ven contradicciones entre los tomos I y III de El capital adoptan como punto de partida una concepción estrecha de la teoría del valor, pues la consideran exclusivamente como una fórmula de las proporciones cuantitativas del intercambio de mercancías. Desde tal punto de vista, la teoría del valor-trabajo y la teoría del precio de producción no representan dos etapas o dos grados lógicos de abstracción de los mismos fenómenos económicos, sino más bien dos teorías o afirmaciones diferentes que se contradicen entre sí. La primera teoría sostiene que las mercancías se intercambian en proporción al gasto de trabajo necesario para su producción. La segunda teoría afirma que las mercancías no se intercambian de manera proporcional a estos gastos de trabajo. ¡Extraño método de abstracción¡ dicen los críticos; primero sostiene una cosas, y luego otra que contradice a la primera. Pero estos críticos no toman en cuenta que la fórmula cuantitativa para el intercambio de mercancías sólo es la conclusión de una teoría muy compleja que trata de la forma social de los fenómenos relacionados con el valor, el reflejo de un determinado tipo de relaciones sociales de producción entre personas, así como el contenido de estos fenómenos, su papel como reguladores de la distribución del trabajo social.

La anarquía de la producción social: la ausencia de relaciones sociales directas entre los productores; la influencia mutua de sus actividades laborales a través de las cosas que son producto del trabajo; la conexión entre el movimiento de las relaciones de producción entre las personas y el movimiento de las cosas en el proceso de la producción material; la “cosificación” de las relaciones de producción; la transformación de sus propiedades en propiedades de las “cosas”: todos estos fenómenos del fetichismo se hallan igualmente presentes en toda economía mercantil, tanto simple como capitalista. Caracterizan al valor-trabajo y al precio de producción por igual. Pero toda economía mercantil se basa en la división del trabajo, esto es, representa un sistema de distribución del trabajo. ¿Cómo se lleva a cabo esta división del trabajo entre diversas esferas de la producción? Ésta dirigida por el mecanismo de los precios comerciales, que provoca los flujos y reflujos del trabajo. Las fluctuaciones de los precios comerciales manifiestan cierta regularidad, pues oscilan alrededor de cierto nivel medio, alrededor de un precio “estabilizador”, como lo llama adecuadamente Oppenheimer. Este precio “estabilizador”, a su vez, cambia en relación con el aumento de la productividad del trabajo y sirve como regulador de la distribución del trabajo. El aumento de la productividad del trabajo influye sobre la distribución del trabajo social a través del mecanismo del precio comercial, cuyo movimiento está sujeto a la ley del valor. Este es el mecanismo abstracto más simple que distribuye el trabajo en la economía mercantil. Este mecanismo existe en toda economía mercantil, incluyendo la economía capitalista. En ésta no hay otro mecanismo que distribuya el trabajo que la fluctuación de los precios comerciales. Pero puesto que la economía capitalista es un sistema complejo de relaciones sociales de producción en el que las personas no se relacionan entre sí sólo como propietarias de mercancías sino también como capitalistas y trabajadores asalariados, el mecanismo que distribuye el trabajo funciona de una manera más compleja. Puesto que los productores simples de mercancías gastan su propio trabajo en la producción, el aumento de la productividad del trabajo, expresado en el valor-trabajo de los productos, provoca los flujos y reflujos del trabajo, es decir, influye sobre la distribución del trabajo social. En otras palabras, la economía mercantil simple se caracteriza por una relación causal directa entre la productividad del trabajo expresada en el valor-trabajo de los productos y la distribución del trabajo. En la sociedad capitalista, esta relación causal no puede ser directa, ya que la distribución del trabajo se realiza mediante la distribución del capital. El aumento de la productividad del trabajo, expresado en el valor-trabajo de los productos, no puede influir sobre la distribución del trabajo de otro modo que mediante su influencia sobre la distribución del capital. Tal influencia sólo es posible, a su vez, si los cambios en la productividad del trabajo y el valor-trabajo provocan cambios en los costos de producción o en la tasa media de ganancia, es decir, si influyen sobre el precio de producción. Así, el esquema: productividad del trabajo-trabajo abstracto-valor-distribución del trabajo, representa, por así decir, un modelo teórico de las relaciones causales directas entre el aumento de la productividad del trabajo, expresado en el valor-trabajo, y la distribución del trabajo social. El esquema: productividad del trabajo-trabajo abstracto-valor- precio de producción-distribución del capital-distribución del trabajo, representa un modelo teórico de la misma cadena causal, en donde la productividad del trabajo no afecta de manera directa a la distribución del mismo, sino a través de un “eslabón intermedio” (expresión que Marx usa a menudo en este contexto): mediante el precio de producción y la distribución del capital. En ambos esquemas, los términos primero y último son los mismos. El mecanismo de las relaciones causales entre ellos también es el mismo. Pero, en el primer esquema, suponemos que la conexión causal es más inmediata y directa. En el segundo esquema, introducimos elementos que complican la situación, es decir, eslabones intermedios. Éste es el camino usual del análisis abstracto, camino al cual Marx recurrió en todas sus construcciones. El primer esquema representa un modelo más abstracto, más simplificado, de los fenómenos pero es indispensable para la comprensión de las formas más complejas de los fenómenos que se producen en la sociedad capitalista. Si limitáramos el alcance del análisis a los eslabones intermedios que son visibles en la superficie de los fenómenos en la economía capitalista, o sea el precio de producción y la distribución del capital, nuestro análisis sería incompleto en ambas direcciones, al comienzo y al final. Tomaríamos el precio de producción (vale decir, los gastos de producción más la ganancia media) como punto de partida. Pero si se explica el precio de producción en términos de los costos de producción, simplemente referimos el valor del producto al valor de sus componentes, esto es, no salimos de un círculo vicioso. La ganancia media queda sin explicar, al igual que su volumen y sus cambios. Así, el precio de producción sólo puede ser explicado por cambios en la productividad del trabajo o en el valor-trabajo de los productos. Por una parte, nos equivocamos si consideramos la distribución del capital como punto final de nuestro análisis; debemos pasar a la distribución del trabajo social. De este modo, la teoría del precio de producción debe basarse inevitablemente en la teoría del valor-trabajo. Por otra parte, la teoría del valor-trabajo debe ser desarrollada y completada en la teoría del precio de producción. Marx rechazó todo intento de construir la teoría de la economía capitalista partiendo directamente de la teoría del valor-trabajo, evitando los eslabones intermedios, la ganancia media y el precio de producción. Caracterizó tales intentos como “tentativas por forzar y adecuar directamente relaciones concretas a la relación elemental del valor” (Theorien über den Mehrwert, III, p. 154), “tentativas que presentan como existente aquello que no existe” (Ibíd., p. 97).

Por ende, la teoría del valor-trabajo y la teoría del precio de producción no son teorías de dos tipos diferentes de economía, sino de la misma economía capitalista considerada en dos niveles diferentes de abstracción científica. La teoría del valor-trabajo es una teoría de la economía mercantil simple, no en el sentido que explica el tipo de economía que precedió a la economía capitalista, sino en el sentido que sólo describe un aspecto de la economía capitalista, a saber, las relaciones de producción entre productores de mercancías características de toda economía mercantil.

Fundamentos históricos de la teoría del valor-trabajo

Después de la publicación del tercer volumen de El capital, los adversarios de la teoría del valor de Marx, y en cierta medida también sus defensores, crearon la impresión de que las conclusiones del tercer volumen demostraban la inaplicabilidad de la ley del valor-trabajo a la economía capitalista. Esta es la razón por la cual ciertos marxistas se inclinaron a construir un llamado fundamento “histórico” para la teoría del valor de Marx. Sostenían que, si bien la ley del valor-trabajo, en la forma en que Marx la desarrolló en el tomo I de El capital no era aplicable a la economía capitalista, era sin embargo totalmente válida para el período histórico que precedió al surgimiento del capitalismo y en el cual dominaban las pequeñas artesanías y la economía campesina.

En el tercer volumen de El capital es posible encontrar ciertos pasajes que pueden ser interpretados de este modo. Allí Marx dice que “es absolutamente correcto considerar los valores de las mercancías, no sólo teóricamente sino históricamente, como el prius de los precios de producción” (C., III, p. 182). Estos comentarios breves de Marx fueron interpretados en detalle por Engels en el artículo publicado en Neue Zeit. Aquí Engels brindó una base para la idea de que la ley del valor de Marx estuvo en vigencia durante un período histórico que duró de cinco a siete mil años, en el siglo XV, cuando surgió el capitalismo. El artículo de Engels encontró ardientes defensores pero también ardientes opositores, algunos de ellos marxistas. Los opositores señalaron que el intercambio no abarcó toda la economía social antes de la aparición del capitalismo, que abarcó primero los excedentes que quedaban después de la satisfacción de las necesidades de la unidad económica autosuficiente y natural, que el mecanismo de la igualación general de diferentes gastos individuales de trabajo en unidades económicas separadas en el mercado no existía y que, por consiguiente, no era correcto hablar de trabajo abstracto y socialmente necesario, que constituye la base de la teoría del valor. Aquí no nos ocuparemos de la controversia histórica acerca de si las mercancías se intercambiaban en proporción al trabajo gastado en su producción antes de la aparición del capitalismo.

Por razones metodológicas, nos oponemos a relacionar esta cuestión con la de la significación teórica de la ley del valor-trabajo, para la explicación de la economía capitalista. Ante todo, volvamos a la obra de Marx. Algunos pasajes del tomo III de El capital pueden ser usados por los defensores de una explicación histórica del valor-trabajo. Sin embargo, ahora que disponemos de otras obras de Marx, sabemos con certeza que éste se opuso enérgicamente a la idea de que la ley del valor estuvo en vigencia en el período precedente al desarrollo del capitalismo. Marx objetó la concepción del economista inglés Torrens, defensor de una tesis que puede encontrarse hasta en la obra de Adam Smith. Torrens sostenía que el pleno desarrollo de una economía mercantil y, por consiguiente, el pleno desarrollo de las leyes propias de esta economía, sólo es posible en el capitalismo y no antes. “Esto significa que la ley del valor-trabajo existe en la producción que no es mercantil (o sólo en parte lo es), pero no existe en la producción que no se basa en la existencia de productos en forma de mercancías. Esa ley misma, y la mercancía como forma general de los productos, son abstraídas de la producción capitalista, y ahora presuntamente la primera no puede aplicarse a ella” (Theorien über den Mehrwert, III, p.80). “Ahora resulta que la ley del valor, abstraída de la producción capitalista, contradice los fenómenos de ésta” (Ibíd., p. 78). Estas notas irónicas de Marx muestran claramente su relación con la concepción de la teoría del valor como una ley que funciona en la economía precapitalista pero no en la economía capitalista. Pero ¿cómo podemos reconciliar estas afirmaciones con algunas observaciones del tomo III de El capital? La aparente divergencia entre ellas desaparece si volvemos a la Introducción a la crítica de la economía política, que nos ofrece una valiosa explicación del método abstracto del análisis de Marx. Éste subraya que el método de pasar de conceptos abstractos a conceptos concretos es sólo un método por el cual el pensamiento comprende lo concreto, y no la manera en que el fenómeno concreto realmente sucedió. Esto significa que la transición del valor-trabajo, o de la economía mercantil, al precio de producción, o a la economía capitalista, es un método para comprender lo concreto, es decir, la economía capitalista. Se trata de una abstracción teórica, y no de un cuadro de la transición histórica de la economía mercantil simple a la economía capitalista. Esto confirma la idea que formulamos antes, de que los cuadros del capítulo IX del tercer volumen de El capital, que ilustran la formación de tasas medias de ganancia a partir de tasas diferentes de ganancia, pintan un esquema teórico de los fenómenos y no del desarrollo histórico de ellos. “La categoría económica más simple como, por ejemplo, el valor de cambio… no puede existir jamás de otro modo que bajo la forma de relación unilateral abstracta de un todo concreto y viviente ya dado” (Ibíd.), o sea, la economía capitalista.

Después de haber explicado el carácter teórico de las categorías abstractas, Marx se pregunta: “¿Pero estas categorías simples, no tienen una existencia histórica o natural, anterior a las categorías concretas?” (Ibíd.). Marx responde que tales casos son posibles. Una categoría simple (por ejemplo, el valor) puede existir históricamente antes de la categoría concreta (por ejemplo, el precio de producción). Pero en este caso, la categoría simple tiene aún un carácter rudimentario, embrionario, que refleja relaciones de lo “concreto no desarrollado”. Así, “aunque la categoría más simple haya podido existir históricamente antes que la más concreta, en su pleno desarrollo intensivo y extensivo puede pertenecer sólo a una forma social compleja” (Ibíd., p. 24). Aplicando esta conclusión al problema que nos interesa podemos decir: el valor-trabajo (o la mercancía) es “anterior” históricamente al precio de producción (o capital). Existió en una forma rudimentaria antes del capitalismo, y sólo el desarrollo de la economía mercantil preparó la base para el surgimiento de la economía capitalista. Pero el valor-trabajo, en su forma desarrollada, sólo existe en el capitalismo. La teoría del valor- trabajo, que desarrolla un sistema lógico completo de las categorías del valor, trabajo abstracto, trabajo socialmente necesario, etc., expresa la “relación unilateral abstracta de un todo concreto y vivo ya dado”, vale decir, expresa la abstracción de la economía capitalista.

El problema histórico de si las mercancías se intercambiaron en proporción a los gastos de trabajo antes de la aparición del capitalismo, debe ser distinguido del concerniente a la significación teórica que posee la teoría del valor-trabajo. Si se respondiera afirmativamente al primer problema y si el análisis de la economía capitalista no requiriera la teoría del valor-trabajo, podríamos considerar dicha teoría como una introducción histórica a la economía política, pero en modo alguno como un fundamento teórico básico sobre el cual se construye la economía política de Marx; y a la inversa, si se respondiera negativamente al problema histórico pero se demostrara el carácter indispensable de la teoría del valor-trabajo para la comprensión teórica de los complejos fenómenos de la economía capitalista, esta teoría seguiría siendo el punto de partida de la teoría económica, como lo es ahora. En resumen, cualquiera que fuera el modo como se resolviera el problema histórico acerca de la influencia de la ley del valor-trabajo en el período anterior al capitalismo, tal solución no eximiría en modo alguno a los marxistas de su responsabilidad de aceptar el desafío de sus adversarios en el problema referente a la significación teórica de la ley del valor-trabajo para la comprensión de la economía capitalista. Confundir el encuadre teórico con el encuadre histórico de la teoría del valor no sólo es inútil, como hemos mostrado, sino también perjudicial. Tal tratamiento coloca en primer plano las proporciones del intercambio e ignora la forma social y la función social del valor como regulador de la distribución del trabajo, función que el valor desempeña en gran medida sólo en una economía mercantil desarrollada, es decir, una economía capitalista. Si el analista descubre que tribus primitivas, que viven en condiciones de una economía natural y raramente apelan al cambio, se guían por los gastos de trabajo cuando establecen proporciones para el intercambio, se siente inclinado a hallar aquí la categoría del valor. Se transforma el valor en una categoría suprahistórica, en gasto de trabajo independientes de la forma social de la organización del trabajo. El encuadre “histórico” del problema conduce, pues, a ignorar el carácter histórico de la categoría del valor. Otros teóricos, suponiendo que “la aparición del valor de cambio debe buscarse en una economía natural que se convierte en economía monetaria”, finalmente determinan el valor, no en términos del trabajo que el productor gasta en su producción, sino por el valor que el productor tendría que gastar en ausencia del intercambio y de la necesidad de hacer el producto con su propio trabajo.

La teoría del valor-trabajo y la teoría del precio de producción difieren una de otra no como teorías diferentes que tiene vigencia en diferentes períodos históricos, sino como difiere una teoría abstracta de un hecho concreto, como dos grados de abstracción de la misma teoría sobre la economía capitalista. La teoría del valor-trabajo sólo presupone relaciones de producción entre productores de mercancías. La teoría del precio de producción supone, además, relaciones de producción entre capitalistas y obreros, por un lado, y entre diversos grupos de capitalistas industriales, por el otro.

 

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