Valor, precio de producción y trabajo productivo (III)

Mientras nos mantenemos expectantes al desarrollo de la tragedia griega, que cada día está más cerca del precipio; mientras vemos como el sábado 11 de febrero de 2012, cerca de 300.000 personas se manifestaron contra la reforma laboral impuesta por el gobierno en Portugal; mientras observamos como crece la protesta en España, no podemos más que constatar la necesidad de un nuevo internacionalismo que de respuestas a escala mundial.

Los recortes, las penurias, los ataques a los paupérrimos estados del bienestar del sur de Europa no se van a detener. No somos competitivos, pecado mortal en estos tiempos de dogmatismo económico, y dado que no se puede devaluar la moneda lo único que nos queda es rebajarnos los sueldos un 25%. Esas son las recetas de la Europa solidaria del Norte.

Pero no todo son malas noticias. La tercera entrega del trabajo de Rubin ya está disponible y con ella, un paso más de conocimiento, de comprensión del estigma capitalista.

A. Olivé

Valor, precio de producción y trabajo productivo (III)

Isaak Illich Rubin

Si en la sociedad capitalista no hay una dependencia directa entre la ganancia del capitalista y la cantidad de trabajo vivo y, por ende de trabajo excedente activado por el capital, ¿significa esto que debemos abandonar totalmente la búsqueda de las leyes de la formación de las tasas medias de ganancia y de las causas que influyen en su nivel?¿Por qué la tasa media de ganancia de un país es de 10 %, y no del 5 % o del 25 %? No pedimos a la economía política una fórmula exacta para el cálculo de la tasa media de ganancia en cada caso. Pero le pedimos, no que tome determinada tasa de ganancia como punto de partida del análisis (un punto de partida que no necesita ser explicado), sino que trate de determinar las causas básicas de la cadena de los fenómenos responsables de los aumentos o disminuciones en la tasa media de ganancia es decir, los cambios que determinan el nivel de la ganancia. Esta fue la tarea que realizó Marx en sus conocidos cuadros del capítulo 9 del tomo III de El capital. Puesto que los cuadros segundo y tercero de Marx toman en cuenta el consumo parcial de capital fijo, tomaremos esto como base de su primer cuadro, con el fin de no complicar los cálculos.

Completaremos este cuadro de una manera coherente.

Marx toma cinco ramas diferentes de la producción, con capitales de diferente composición orgánica invertidos en ella. La tasa de la plusvalía es en todas partes igual al 100 %.

 

El capital total de la sociedad es de 500, de los cuales 390 son c, y 110 son v. Este capital se distribuye entre 5 ramas, con 100 de capital cada una. La composición del capital muestra cuánto trabajo vivo y, por ende, trabajo excedente, hay en cada rama. El valor-trabajo total del producto es 610, y la plusvalía total es de 110. Si las mercancías de cada rama se vendieran por su valor-trabajo o, lo que es lo mismo, si las ganancias en cada rama correspondieran a las cantidades de trabajo vivo y, por ende, de trabajo excedente aplicado en cada rama, las tasas de ganancia de las ramas particulares de la producción serían: 20 %, 30 %, 40 %, 25 %, y 5 %. Las ramas de menor composición orgánica del capital rendirían mayores ganancias, y las de mayor composición orgánica una ganancia menor. Pero, como sabemos, tales tasas diferentes de ganancias no son posibles en la sociedad capitalista, ya que esto provocaría una transferencia de capitales de las esferas con bajas tasas a aquellas con tasas elevadas, hasta establecerse la misma tasa de ganancia en todas ellas. En caso dado, la tasa de ganancia es de 22 por ciento. Las mercancías producidas por iguales capitales de 100 se venden a iguales precios de producción de 122, aunque hayan sido producidas por cantidades desiguales de trabajo. Todo capital de 100 recibe un beneficio del 22 %, aunque capitales iguales activan cantidades desiguales de trabajo excedente en las diferentes esferas. “Cada capital invertido, cualquiera que sea su composición orgánica, deduce por cada 100, en cada año o en cada período de tiempo que se tome como base, la ganancia que dentro de este período corresponde a 100 como parte alícuota del capital total. Para lo que atañe al reparto de la ganancia, los distintos capitalistas se consideran como simples accionistas de una sociedad anónima en que los dividendos se distribuyen porcentualmente y en que, por tanto, los diversos capitalistas, sólo se distinguen entre sí por la magnitud del capital invertido por cada uno de ellos en la empresa colectiva, por su participación proporcional en la empresa conjunta, por el número de sus acciones” (C., III, pp. 164- 165).

Pero ¿en qué nivel se establece la tasa media de ganancia? ¿por qué esta tasa es precisamente del 22 %? Supongamos que todas las ramas de la producción están ordenadas en una sucesión decreciente, según la cantidad de trabajo vivo activada por cada 100 unidades de capital. La parte variable de los capitales (tomada en cuotas porcentuales) disminuye de arriba hacia abajo (o la composición orgánica del capital disminuye de arriba hacia abajo). Paralelamente a esto, y en la misma relación, la tasa de ganancia disminuye de arriba hacia abajo. La tasa de ganancia que corresponde a cada capital depende (en este ejemplo) de la cantidad de trabajo vivo que el capital activa o de la magnitud de su capital variable. Pero, como sabemos, tal diferencia en las tasas de ganancia es imposible. La competencia entre los capitales establecería una tasa media de ganancia para todas las ramas de la producción; esta tasa media estaría situada en algún punto cercano a la mitad de las tasas descendente de ganancia. Esta tasa media de ganancia corresponde a un capital que activa una cantidad media de trabajo vivo o una magnitud media de capital variable. En otras palabras, la “cuota media de ganancia no es sino la ganancia porcentualmente calculada que se obtiene en aquella esfera de composición social media en que por tanto la ganancia coincide con la plusvalía” (C., III, p. 178). En el caso dado, el capital social total de 500 consiste en 390 c + 110 v, la composición media de cada 100 es 78 c + 22 v; si la tasa de plusvalía es del 100 %, cada 100 de este capital de composición media obtiene una tasa de plusvalía del 22 %. La magnitud de esa plusvalía determina el monto de la tasa media de ganancia. Dicha tasa, por consiguiente, está determinada por la relación de la masa total de plusvalía ( p) producida en la sociedad con el capital social total ( k), o g´ = p/k.

Marx llega a la misma conclusión de un modo diferente. Apela al método de la comparación, que usa a menudo para explicar las propiedades características de la economía capitalista. En el problema considerado, -la cuestión de la tasa media de ganancia- compara la economía capitalista desarrollada con 1) una economía mercantil simple, y 2) una economía capitalista embrionaria e hipotética, que difiere del capitalismo desarrollado en la ausencia de competencia entre capitales de esferas diferentes de la producción, o sea, que cada capital es fijo dentro de una rama determinada de la producción.

Así, podemos suponer ante todo una sociedad de productores de mercancías simples que poseen medios de producción por un valor de 390 unidades de trabajo; el trabajo vivo de sus miembros asciende a 220. Las fuerzas productivas de la sociedad que constituyen 610 unidades de trabajo vivo y trabajo acumulado se distribuyen entre cinco ramas de la producción. La combinación de trabajo vivo y trabajo acumulado es diferente en cada rama, según las condiciones técnicas de cada una de ellas.

Supongamos que las combinaciones son las siguientes (el primer número representa trabajo acumulado y el segundo trabajo vivo): I 80 + 40, II 70 + 60, III 60 + 80, IV 85 + 30, V 95 + 10. Supongamos que la productividad del trabajo ha alcanzado tal nivel de desarrollo que el pequeño productor reproduce el valor de sus medios de subsistencia con la mitad de su trabajo. Entonces, el valor total de la producción, 610, se divide en un fondo de reproducción de los medios de producción, 390, un fondo para la subsistencia de los productores 110, y una plusvalía, 110. La plusvalía permanece en manos de estos mismos pequeños productores. Pueden gastarla para ampliar el consumo o para ampliar la producción (o, en parte, para lo primero y en parte para lo segundo). Esta plusvalía de 110 se distribuirá proporcionalmente entre las diferentes ramas de la producción y los productores individuales en función del trabajo gastado. La distribución entre las ramas individuales será: 20, 30, 40, 15, 5. En realidad, estas masas de plusvalía sólo son proporcionales a las masas de trabajo vivo, no al trabajo acumulado asignado a cada rama. Si se calculan las masas de plusvalía sobre la cantidad total de trabajo en cada rama (vivo y acumulado), darán tasas de ganancia desiguales. Pero en una economía mercantil simple, los productores no tienen conciencia de la categoría de ganancia. No contemplan los medios de producción como un capital que debe rendir una determinada tasa de ganancia, sino como condiciones para la activación del trabajo que brinda a cada productor de mercancías la posibilidad de colocar su trabajo en términos iguales a los de otros productores de mercancías, es decir, en términos o en condiciones en que cantidades iguales de trabajo vivo rinden valores iguales.

Supongamos ahora que domina en la economía los capitalistas, y no los pequeños productores de mercancías. Las otras condiciones no cambian. El valor del producto total el valor de los fondos individuales en los que se dividen tampoco cambian. La diferencia consiste en que el fondo para la ampliación del consumo y la producción (o plusvalía) de 110 no permanece en manos de los productores directos, sino en manos de los capitalistas. El mismo valor social total se distribuye de un modo diferente entre las clases sociales. Puesto que el valor del producto de las ramas particulares de la producción no ha cambiado, la plusvalía se distribuye en las mismas proporciones que antes entre ramas particulares y capitalistas particulares. Los capitalistas de cada una de las cinco ramas obtienen 20, 30, 40, 15 y 5. Pero ellos calculan estas masas de plusvalía sobre el capital total invertido, que es de 100 en cada rama. Como resultado de ello, las tasas de ganancia son diferentes. Sólo pueden ser diferentes debido a la ausencia de competencia entre las ramas particulares de la producción.

Por último, pasemos del capitalismo hipotético al capitalismo real, donde hay competencia de capitales entre las diferentes esferas de la producción. Aquí las diferentes tasas de ganancia son imposibles, porque esto provocaría un movimiento de capitales de una rama a otra hasta que todas tuvieran la misma tasa de ganancia. En otras palabras, la distribución de la masa anterior de plusvalía entre esferas diferentes y capitalistas particulares será ahora diferente, será proporcional a los capitales invertidos en las diversas ramas. La distribución de la plusvalía se modifica, pero el valor total del fondo para el consumo ampliado y la reproducción ampliada permanece igual. La anterior masa de plusvalía se distribuye ahora entre capitalistas particulares según la magnitud de sus capitales. Así se obtiene la tasa media de ganancia. Ella está determinada por la relación de la plusvalía total con el capital social total.

La comparación entre una economía mercantil simple, una economía capitalista hipotética y una economía capitalista desarrollada no fue elaborada por Marx en la forma en que la hemos presentado nosotros. Marx habla de la producción mercantil simple en el capítulo X del primer volumen de El capital. Toma una economía capitalista hipotética como base de su análisis en el capítulo VIII y en los cuadros del capítulo IX, donde supone la ausencia de competencia entre esferas particulares y diferentes tasas de ganancia. La comparación entre los tres tipos diferentes de economía que hemos realizado da origen a ciertas dudas. Una economía mercantil simple presupone el predominio del trabajo vivo sobre el trabajo acumulado, y una relación aproximadamente homogénea entre el trabajo vivo y el trabajo acumulado en las diversas ramas de la producción. Pero en nuestros esquemas se supone que esta relación es diferente en cada esfera. Tal objeción no es muy importante, porque las relaciones diferentes entre trabajo vivo y el trabajo acumulado (aunque no sean características de la economía mercantil simple) no contradicen lógicamente este tipo de economía y pueden ser usadas en un esquema teórico. Dudas más serias surgen del esquema de la economía capitalista embrionaria o hipotética. Si la ausencia de competencia entre los capitalistas de las diferentes esferas de esa economía explica por qué las mercancías no se venden según sus precios de producción, tal ausencia de competencia también hace imposible explicar la venta de los artículos según su valor-trabajo. En una economía mercantil simple, la venta de los artículos según su valor-trabajo sólo puede mantenerse a condición de que se pueda transferir trabajo de una rama a otra, es decir, si hay competencia entre las distintas ramas de la producción. Marx señaló en un pasaje que la venta de los artículos según su valor-trabajo supone como condición necesaria que ningún monopolio natural o artificial haga posible que las partes contratantes vendan por encima del valor o las obligue a vender por debajo del valor (C., III, p. 183). Pero si no hay competencia entre los capitales, si cada capital es fijo en cada rama, entonces de esto resulta el estado de monopolio. Las ventas a precios superiores a los valores-trabajo no provocan una transferencia de capital desde otras esferas. Las ventas a precios inferiores los valores-trabajo no originan un flujo de capitales desde la rama considerada a otras. No hay regularidad en el establecimiento de proporciones de intercambio entre las mercancías en términos de su valor-trabajo correspondiente. ¿Sobre qué base el esquema de la economía capitalista embrionaria supone que la venta de mercancías se realiza según su valor-trabajo, si está ausente la competencia entre capitalistas en diferentes esferas?.

Es posible responder a esta cuestión sólo si el esquema se explica en la forma en que lo hemos explicado antes. El Diagrama Nº 2 no es el cuadro de una sociedad capitalista embrionaria que haya existido en la historia, sino un esquema teórico e hipotético derivado del Diagrama Nº 1 (la economía mercantil simple) mediante un procedimiento metodológico que consiste en cambiar solamente una condición del esquema, manteniendo iguales todas las otras. En comparación con el esquema Nº 1, en el esquema Nº 2 sólo se ha modificado una condición. Se supone que la economía no se basa en pequeños productores de mercancías, sino en capitalistas. Se supone que las otras condiciones son las mismas que antes: la masa de trabajo vivo y trabajo acumulado en cada rama, el valor del producto total y la masa de la plusvalía y, por ende, el precio de los productos; el precio de venta de las mercancías según su valor-trabajo se mantiene al mismo nivel que antes. La venta de mercancías es una condición teórica que se transfiere del esquema 1 al esquema 2, y sólo es posible si existe otra condición teórica adicional, es decir, si no hay competencia entre los capitalistas de las diferentes ramas. Por lo tanto, puesto que modificamos esta única condición para pasar del esquema 1 al esquema 2 (el capitalismo desarrollado), o sea, puesto que introducimos el supuesto de la competencia de los capitales, la venta de los artículos según su valor-trabajo da lugar a la venta de los artículos según los precios de producción, a través de los cuales los capitalistas realizan una tasa de ganancia. Pero al trasponer esta condición del esquema 2 al esquema 3 por el mismo procedimiento metodológico modificando una condición, dejamos inmutables las otras condiciones, en particular, la anterior masa de la plusvalía. De este modo, llegamos a la conclusión de que la formación de una tasa general media de ganancia refleja una redistribución de la anterior masa de plusvalía entre los capitalistas. Repetimos que esta “redistribución” de la plusvalía no debe ser entendida, en nuestra opinión, como un proceso histórico que efectivamente se haya realizado y que haya estado precedida por una economía capitalista embrionaria con distintas tasas de ganancia en diferentes ramas. Es un esquema teórico de la distribución de la ganancia en una economía capitalista. Este esquema deriva del primero (la producción mercantil simple) mediante un doble cambio en las condiciones. Al pasar del esquema 1 al esquema 2, supusimos que la clase social que obtiene el excedente cambió. Al pasar del esquema 2 al 3 supusimos que en el contexto de la misma clase capitalista se produjo una redistribución del capital entre las diferentes esferas. En esencia, ambas transiciones representan dos eslabones lógicos de un razonamiento. Han sido distinguidas en pro de la claridad, pero no existen separadamente. En nuestra opinión, la transformación del eslabón lógico intermedio, el esquema 2, en un cuadro de una economía que haya existido en la historia como transición de la producción mercantil simple a la producción capitalista desarrollada, es errónea.

Así, la tasa media de ganancia está cuantitativamente determinada por la relación entre la masa total de plusvalía y el capital social total. Suponemos que en el sistema de Marx la magnitud de la tasa media de ganancia es derivada de la masa total de la plusvalía, y no de las diferentes tasas de ganancia, como podría deducirse de una primera lectura de la obra de Marx. La derivación de la tasa media de ganancia de las diferentes tasas de ganancia despierta objeciones basadas en el hecho de que la existencia de tasas diferentes en ramas diferentes no está probada lógica o históricamente. La existencia de tasas de ganancia diferentes, se originó según esta concepción, en la venta de productos de diferentes ramas según su valor-trabajo, pero, como vimos antes, las distintas tasas de ganancia en diferentes ramas de producción sólo desempeñaron el papel de un esquema teórico en la obra de Marx, un esquema que explica la formación y la magnitud de una tasa media de ganancia apelando a la comparación. Marx mismo señaló que, “la cuota general de ganancia se halla determinada, pues por dos factores:

1) por la composición orgánica de los capitales en las distintas esferas de producción, es decir, por las distintas cuotas de ganancia de las distintas esferas; 

2) por la distribución del capital total de la sociedad entre estas distintas esferas, es decir, por la magnitud relativa del capital invertido en cada esfera especial de la producción y, consiguientemente, a base de una cuota especial de ganancia, es decir, por la parte relativa de la masa del capital total de la sociedad que absorbe cada esfera especial de la producción” (C., III, pp. 168-169).

Es obvio que Marx usó diferentes tasas de ganancia en esferas particulares sólo como expresiones numéricas, como indicadores de la composición orgánica del capital, esto es, masas de trabajo vivo y por consiguiente de trabajo excedente activadas por cada 100 unidades de capital en una esfera determinada. Este factor es combinado con otros; la cantidad de trabajo excedente que corresponde a cada 100 unidades de capital en cada esfera es multiplicada por la magnitud (el número de centenas) del capital invertido en la esfera considerada. Obtenemos como resultado la masa de trabajo excedente y de plusvalía, ante todo en las esferas particulares, y luego en la economía social en su totalidad. Así, la tasa media de ganancia no está determinada, en último análisis, por las diferentes tasas de ganancia en las diferentes tasas de ganancia en las diferentes esferas, sino por la masa total de plusvalía y por la relación de esta masa con respecto al capital social total, es decir, por magnitudes que no son teóricamente sospechosas desde el punto de vista de la teoría del valor-trabajo. Al mismo tiempo, esas magnitudes reflejan fenómenos reales de la economía social, o sea, las masas de trabajo social vivo y el capital social. El carácter específico de la teoría de Marx sobre el precio de producción consiste precisamente en el hecho de que toda la cuestión de las relaciones entre la plusvalía y la ganancia se transfiere de los capitales individuales al capital social total. Esta es la razón por la cual, en nuestra exposición de la teoría de Marx, diferentes tasas de ganancia en diferentes esferas no sirven como eslabones intermedios necesarios para una teoría de la tasa media de ganancia; esto puede resumirse de la siguiente manera. En la economía capitalista, la distribución del capital no es proporcional a la distribución de trabajo vivo. Una cantidad diferente de trabajo vivo, y por ende de trabajo excedente, corresponde a cada 100 unidades de capital en las diferentes ramas. (Las diferentes tasas de ganancia representan expresiones numéricas de esta relación entre el trabajo excedente y el capital en cada rama.) Esta composición orgánica del capital en diferentes ramas y la magnitud del capital en cada rama determinan la masa total de trabajo excedente y la plusvalía en las ramas particulares y en toda la economía. Debido a la competencia entre capitales, capitales iguales en diferentes esferas obtienen ganancias iguales, y por consiguiente, la ganancia que los capitales particulares obtienen no es proporcional a la cantidad de trabajo vivo activado por esos capitales. En consecuencia, la ganancia no es proporcional a la plusvalía, sino que está determinada por la tasa media de ganancia, es decir, por la relación entre la plusvalía total y el capital social total.

Si una lectura del capítulo VIII del tomo III de El capital da la impresión de que las diferencias en las tasas de ganancias que surgen a causa de la venta de las mercancías según su valor-trabajo desempeñan el papel de un eslabón indispensable en las construcciones de Marx, ello se explica por las siguientes propiedades de su exposición. Cuando Marx se aproxima a los lugares decisivos de su sistema, cuando debe pasar de las definiciones generales a explicaciones más particulares, de los conceptos generales a sus modificaciones, de una “determinación de la forma” a otra, apela al siguiente método de exposición. Mediante un enorme poder de pensamiento, extrae todas las conclusiones lógicas de la primera definición que elabora, para desarrollar luego intrépidamente todas las consecuencias que se desprenden de ese concepto hasta sus extremos lógicos. Muestra al lector todas las contradicciones de esas consecuencias, es decir, su divergencia de la realidad. Cuando la atención del lector ha sido llevada a este límite, cuando el lector comienza a pensar que la definición inicial debe ser totalmente rechazada, porque es contradictoria, Marx acude en su ayuda y sugiere una solución para el problema, solución que no consiste en desechar la primera definición, sino más bien en “modificarla”, “desarrollarla” y completarla. Así se eliminan las contradicciones. Marx hace esto en el capítulo IV del tomo I de El capital, cuando examina la transición del valor de las mercancías al valor de la fuerza de trabajo. Extrae una conclusión acerca de la imposibilidad de la formación de plusvalía sobre la base de un intercambio de las mercancías según su valor-trabajo, esto es, llega a una conclusión que está manifiestamente en conflicto con la realidad. En el análisis posterior, esta conclusión es rechazada por la teoría del valor de la fuerza de trabajo. Así es como está construido el capítulo VIII del tomo III de El capital. Sobre la base de la venta de los artículos según sus valores-trabajo, Marx concluye que existen tasas diferentes de ganancia en esferas diferentes. Desarrollando esta conclusión hasta sacar todas sus consecuencias, establece al final del capítulo VIII que esa conclusión entra en conflicto con la realidad y que tal contradicción debe ser resuelta. En el tomo I de El capital, Marx nunca había sostenido que era imposible la existencia de la plusvalía; aquí no dice que son posibles diferentes tasas de ganancia. La imposibilidad de la plusvalía en el capítulo IV del tomo I, y la posibilidad de tasas diferentes de ganancia en el capítulo VIII del tomo III, no sirven a Marx como eslabones lógicamente necesarios para sus construcciones sino como prueba de lo opuesto. El hecho de que estas conclusiones conduzcan a un absurdo lógico muestra que el análisis aún no ha terminado y debe ser llevado más adelante. Marx no establece la existencia de diferentes tasas de ganancia, sino por el contrario la insuficiencia de toda teoría que se base en tal premisa.

Hemos llegado a la conclusión de que la tasa media de ganancia está determinada por la relación entre la plusvalía total y el capital social total. De esto se sigue que los cambios en la tasa media de ganancia pueden provenir de cambios en la tasa de la plusvalía, y también de las variaciones en las relaciones de la plusvalía con el capital social total. En el primer caso, el cambio sólo puede ocurrir porque el valor de la fuerza de trabajo disminuya o porque aumente, causas ambas igualmente imposibles a menos que se modifique la productividad del trabajo que produce medios de subsistencia, es decir, a menos que cambie el valor de las mercancías que se destinan al consumo obrero (C., III p. 207). Tomemos ahora el segundo caso, cuando los cambios parten del capital, o sea, de un aumento o un decrecimiento de su parte constante. La relación modificada entre el capital constante y el trabajo refleja un cambio en la productividad del trabajo. “Por tanto, la cambiar la productividad del trabajo tiene que operarse necesariamente un cambio en cuanto al valor de ciertas mercancías” (Ibíd.). Los cambios en la tasa media de ganancia, resulten de la tasa de plusvalía o del capital, son en ambos casos provocados, en último análisis, por cambios en la productividad del trabajo y, en consecuencia, por cambios en el valor de ciertos artículos.

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Una respuesta a Valor, precio de producción y trabajo productivo (III)

  1. amparo peiró cordero dijo:

    lo he leído todo pero no entiendo algunas palabras, por ejemplo subsuncion ,epistémico lo siento mucho por mi pero tengo el estomago echo un nudo pues quiero comprender algunas cosas , pero no me veo capacitada seguiré estudiando el tema y mas adelante volveré os agradezco mucho el trabajo que hacéis .

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