Valor, precio de producción y trabajo productivo (II)

Continuamos con la segunda entrega del trabajo de Rubin.

Valor, precio de producción y trabajo productivo (II)

Isaak Illich Rubin

2. Distribución del capital y distribución del trabajo

Para simplificar nuestros cálculos supondremos que el capital total invertido se gasta durante el año, es decir, que los gastos de producción son iguales al capital invertido. Si se producen dos mercancías mediante los capitales K y K1, entonces el precio de producción de la primera es igual a K + g´K, y el de la segunda, K1 + g´K1. Los precios de producción de las dos mercancías se relacionan entre sí del siguiente modo:

K + g´K / K1 + g´K1 = K (1 + g´) / K1 (1 + g´) = K / K1

Los precios de producción de las mercancías son proporcionales a los capitales con los que se producen las mercancías. Éstas tienen el mismo precio de producción si son producidas con los mismos capitales. La igualación en el mercado de dos mercancías que se producen en ramas diferentes de la producción supone la igualdad de los dos capitales.

La igualación en el mercado de mercancías producidas con capitales iguales indica una igualación de las mercancías producidas con cantidades desiguales de trabajo. Capitales iguales con diferentes composiciones orgánicas aplican diferentes cantidades de trabajo. Supongamos que un capital de 100 consiste en 70 c y 30 v. Otro capital de 100 consiste en 90 c y 10 v. Si la tasa de plusvalía es de 100%, el trabajo vivo de los obreros es dos veces mayor que el trabajo pagado expresado por el capital variable (es decir, el salario). Así, 70 unidades de trabajo acumulado y 60 unidades de trabajo vivo se gastan en la producción de la primera mercancía, un total de 130; 90 unidades de trabajo acumulado y 20 unidades de trabajo vivo se gastan en la producción de la segunda, un total de 110. Puesto que ambas mercancías fueron producidas por capitales iguales, ellas son igualadas en el mercado independientemente del hecho de que fueron producidas mediante cantidades desiguales de trabajo. La igualdad de los capitales supone la desigualdad del trabajo.

La divergencia entre la magnitud de los capitales y la cantidad de trabajo también obedece a diferencias en el período de rotación de la parte variable del capital. Suponemos que la composición orgánica de ambos capitales es igual: o sea, de 80 c + 20 v. Pero la parte del primer capital circula una vez al año, y la del segundo tres veces, es decir, cada tercio de un año el capitalista paga a sus obreros 20 v. La suma de los salarios pagados a los obreros durante un año es igual a 60. Es obvio que los gastos de trabajo para la primera mercancía son de 80 + 40 = 120, y para la segunda mercancía 80 + 120 = 200. Pero puesto que los capitales invertidos, a pesar de las diferencias en el período de rotación, son de 100 en ambos casos, las mercancías son igualadas entre sí aunque sean producidas por cantidades desiguales de trabajo. Es necesario mencionar que “la diferencia en cuanto al período de rotación sólo tiene importancia de por sí en cuanto afecta a la masa de ganancia que el mismo capital puede apropiarse y realizar en un tiempo determinado” (C., III, p. 159), vale decir, si estamos considerando la diferencia en el período de rotación del capital variable. Los fenómenos mencionados, a saber, las diferencias en la composición orgánica del capital en el período de rotación pueden en último análisis reducirse al hecho de que la magnitud del capital en sí misma no puede servir de indicadora de la cantidad de trabajo vivo que activa, puesto que esta depende:

1) de la magnitud del capital variable, y

2) del número de rotaciones.

Por consiguiente, llegamos a una conclusión que a primera vista contradice la teoría del valor-trabajo. Partiendo de la ley clásica del equilibrio de la economía capitalista, o sea de tasas iguales de ganancia para todas las ramas de la producción, de la venta de las mercancías a los precios de producción que contienen tasas de ganancia iguales, llegamos a los siguientes resultados. Capitales iguales activan desiguales cantidades de trabajo. Precios de producción iguales corresponden a valores-trabajo desiguales. En la teoría del valor-trabajo los elementos básicos de nuestro razonamiento eran el valor-trabajo de las mercancías como función de la productividad del trabajo, y la distribución del trabajo entre diferentes esferas de la producción en un estado de equilibrio. Pero el precio de producción no coincide con el valor-trabajo, ni la distribución del capital coincide con la distribución del trabajo. ¿Significa esto que los elementos básicos de la teoría del valor-trabajo son totalmente superfluos para analizar la economía capitalista, que debemos desechar este innecesario lastre teórico y concentrar nuestra atención exclusivamente en el precio de producción y en la distribución del capital? Trataremos de demostrar que el análisis de los precios de producción y la distribución del capital presupone, a su vez, el valor-trabajo, que estos eslabones centrales de la teoría de la economía capitalista no excluyen los eslabones de la teoría del valor-trabajo que consideramos antes. Por el contrario, en nuestro análisis posterior mostraremos que el precio de producción y la distribución de capitales conducen al valor-trabajo y a la distribución del trabajo y están incluidos, paralelamente a ellos en una teoría general del equilibrio de la economía capitalista. Debemos construir un puente que vaya de la distribución de capitales a la distribución del trabajo, y del precio de producción al valor-trabajo. Abordemos ante todo la primera mitad de esta tarea.

Hemos visto que la distribución de capitales no coincide con la distribución del trabajo, que la igualdad de los capitales supone una desigualdad en el trabajo. Si un capital de 100, gastado en determinada rama de la producción es igualado, a través del cambio de las mercancías en el mercado, con un capital de 100 gastado en cualquier otra rama de la producción, si existen diferencias en la composición orgánica de esos capitales, esto significará que la cantidad dada de trabajo gastado en la primera rama será igualado con otra cantidad de trabajo gastado en la segunda rama, pero que no es igual a la primera cantidad. Ahora bien, aún debemos determinar precisamente qué cantidades de trabajo gastadas en diferentes esferas de la producción son iguales entre sí. Aunque la magnitud de los capitales no coincide cuantitativamente con las cantidades de trabajo que activan, esto no significa que no haya una estrecha conexión entre esos capitales y el trabajo. Esta conexión puede observarse si conocemos la composición orgánica de los capitales. Si el primer capital consiste en 80 c + 20 v, y el segundo en 70 c + 30 v, y si la tasa plusvalía es del 100%, entonces el primer capital activa 40 unidades de trabajo vivo y la segunda 60. A la tasa dada de plusvalía “una cierta cantidad de capital variable expresa una cierta cantidad de fuerza de trabajo puesta en movimiento y, por tanto, una determinada cantidad de trabajo que se materializa” (C., III, p. 157). El capital variable sirve, pues (como ocurre siempre, cuando se parte de un salario dado), de índice de la masa de trabajo puesto en acción por un determinado capital-dinero” (Ibíd.). Así, sabemos que, en la primera esfera de la producción, la cantidad total de trabajo gastado es de 120 (80 acumulado y 40 vivo), y en la segunda, de 130 (70 acumulado y 60 vivo). Partiendo de una distribución de capitales de determinadas esferas de la producción (100 en cada una), hemos llegado, a través de la composición orgánica del capital, a la distribución del trabajo social entre esas esferas (120 en la primera y 130 en la segunda). Sabemos que la cantidad de trabajo de 120 gastada en la primera rama es igualada con una masa de trabajo de 130 gastada en la segunda esfera. La economía capitalista establece el equilibrio entre cantidades desiguales de trabajo cuando están activadas por capitales iguales. Mediante las leyes del equilibrio de los capitales, hemos llegado al equilibrio en la distribución del trabajo. En realidad, en las condiciones de la producción mercantil simple, se establece el equilibrio entre cantidades iguales de trabajo, y en las condiciones de una economía capitalista entre cantidades desiguales. Pero la tarea del análisis científico consiste en formular claramente las leyes del equilibrio y la distribución del trabajo cualquiera que sea la forma que adopte esa fórmula. Si consideramos un esquema simple de distribución del trabajo, que está determinado por el valor-trabajo (el cual a su vez depende de la productividad del trabajo), entonces obtenemos la fórmula de las cantidades iguales de trabajo. Si suponemos que la distribución del trabajo está determinada por la distribución del capital, que adquiere significado como eslabón intermedio de la cadena, entonces la fórmula de la distribución del trabajo depende de la fórmula de la distribución de capitales: masas desiguales de trabajo que son activadas por capitales iguales se igualan entre sí. El objeto de nuestro análisis sigue siendo, como antes, el equilibrio y la distribución del trabajo social. En la economía capitalista, esta distribución se realiza mediante la distribución de capitales. Esta es la razón de que la fórmula para el equilibrio del trabajo sea más compleja que en el caso de la economía mercantil simple; se la deriva de la fórmula para el equilibrio de capitales.

Como hemos visto, la igualación de las cosas en el mercado se halla estrechamente conectada con la igualación del trabajo también en una sociedad capitalista. Si se igualan en el mercado productos de dos ramas, y son producidos con cantidades iguales de capital y con el gasto de masas desiguales de trabajo, esto significa que en el proceso de distribución del trabajo social entre las diferentes ramas, masas desiguales de trabajo activadas por capitales iguales son igualadas entre sí. Marx no se limitó a señalar la desigualdad del valor-trabajo de dos mercancías con iguales precios de producción: nos brindó una fórmula teórica para la desviación del precio de producción con respecto al valor-trabajo. Tampoco se limitó a afirmar que en la economía capitalistas masas desiguales de trabajo gastadas en esferas diferentes son igualadas entre sí: también nos brindó una fórmula teórica para la desviación de la distribución del trabajo con respecto a la distribución de capitales, esto es, estableció una relación entre ambos procesos mediante el concepto de composición orgánica del capital.

Para ejemplificar lo que hemos esbozado podemos citar la primera mitad del cuadro que introduce Marx en el tomo III, de El capital (hemos cambiado algunos de los encabezamientos). “Tomemos cinco esferas de producción distintas, asignando una composición orgánica distinta a cada uno de los capitales invertidos en ellas” (C., III, p. 161). La suma total del capital social es igual a 500, y la tasa de la plusvalía es del 100%.

 

 

Hemos llegado a la tercera columna “distribución del trabajo”. Esta columna muestra la cantidad de trabajo gastada en cada esfera de la producción. Marx llamó a esta columna “valor del producto”, porque el valor-trabajo del producto total de cada esfera de la producción está determinado por la cantidad de trabajo gastado en cada esfera. Los críticos de la teoría de Marx sostienen que ese título “valor del producto”, es ficticio, artificialmente constituido y totalmente superfluo. No toman en cuenta que esta columna no sólo muestra el valor-trabajo de las diferentes ramas de la producción, sino también la distribución del trabajo socia entre las diferentes ramas de la producción, es decir, un fenómeno que existe objetivamente y tiene una significación fundamental para la teoría económica. El rechazo de esa columna equivale al rechazo de la teoría económica, que analiza la actividad laboral de la sociedad. El cuadro muestra claramente que Marx trazó un puente entre la distribución del capital, mediante su composición orgánica, y la distribución del trabajo social. Así, la cadena causal de conexiones se hace más profunda y adquiere la forma siguiente: precio de producción-distribución de capitales-distribución del trabajo social. Ahora debemos pasar al análisis del primer eslabón de esta cadena, el precio de producción y discernir si ese eslabón no presupone otro, más elemental.

3. El precio de producción

Antes llegamos al siguiente esquema de relaciones causales: precio de  producción-distribución del trabajo. El punto de partida de este esquema es el precio de producción.

¿Debemos conformarnos en nuestro análisis con partir del precio de producción o debemos llevar nuestro análisis más adelante?¿Qué es el precio de producción? Los costos de producción más la ganancia media. ¿En qué consisten los costos de producción? Consisten en el valor del capital constante y el capital variable gastado en la producción. Demos un paso más y preguntemos: ¿A qué es igual el valor del capital constante y del capital variable? Dicho valor es obviamente igual al de las mercancías que son sus componentes (o sea, máquinas, materias primas, bienes de subsistencia, etc.) De este modo, toda nuestra argumentación se desarrolla en un círculo vicioso: se explica el valor de las mercancías por el precio de producción, esto es, los costos de producción, o valor del capital, y éste, a su vez, es reducido al valor de las mercancías. “Determinar el valor de las mercancías por el valor de los capitales es lo mismo que determinar el valor de las mercancías por el valor de las mercancías” (Theorien über den Mehrwert, III, p. 82).

Para evitar que el precio de producción se convierta en un círculo vicioso debemos hallar aquellas condiciones que originan cambios en los precios de producción y en las tasas medias de ganancia. Comenzaremos con los costos de producción. Si la tasa media de ganancia no cambia, entonces los precios de producción de las mercancías cambian cuando cambian los costos de producción. Los costos de producción de determinadas mercancías cambian en los casos siguientes: 1) cuando la cantidad relativa de medios de producción y el trabajo necesario para la producción cambia, o sea, cuando cambia la productividad del trabajo en la esfera considerada de la producción, dados precios constantes; 2) cuando los precios de los medios de producción cambian; esto presupone cambios en la productividad del trabajo en las ramas que producen esos medios de producción (si permanecen constantes las cantidades relativas de bienes de producción y fuerza de trabajo). En ambos casos los costos de producción varían en relación con los cambios en la productividad del trabajo y, por consiguiente, en relación con los cambios en el valor-trabajo. “Permaneciendo inalterable la cuota general de la ganancia, el precio de producción de una mercancía sólo puede variar porque varíe su propio valor; porque se necesita una cantidad mayor o menor de trabajo para reproducir esta mercancía, bien porque cambie la productividad del trabajo que produce la mercancía en su forma definida, bien porque sufra alteración la del trabajo productor de aquellas que contribuyen a su producción. El precio de producción de los hilados de algodón, por ejemplo, puede descender, bien porque el algodón en bruto se produzca más barato, bien porque el trabajo del hilado sea ahora más productivo por la introducción de maquinaria más perfecta” (C., III pp. 207-208; ver también p. 108). Es necesario señalar que los precios de producción expresados en forma cuantitativa no coinciden exactamente con el valor-trabajo de las mercancías que los constituyen. “Como el precio de producción puede diferir del valor de la mercancía, puede ocurrir que el precio de costo de una mercancía en que vaya incluido el precio de producción de otra mercancía sea superior o inferior a la parte de su valor total formada por el valor de los medios de producción empleados para producirla” (C., III, p. 170). Podemos ver que esta circunstancia, a la cual Tugán-Baranovski asignó tanta importancia en su crítica de la teoría de Marx, era bien conocida por éste. Marx hasta previno “que cuando en una esfera especial de la producción el precio de costo de una mercancía se equipara al valor de los medios de producción empleados para producirla, cabe siempre la posibilidad de error” (C., p. 170). Pero esta desviación en modo alguno entra en conflicto con el hecho de que los cambios en el valor de trabajo causados por los cambios en la productividad del trabajo provocan cambios en los costos de producción y, por ende, en los precios de producción. Esto es precisamente lo se debía probar. El hecho de que las expresiones cuantitativas de diferentes series de fenómenos diverjan no elimina la existencia de una relación causal entre ellas, ni autoriza a negar que los cambios en una de las series de fenómenos dependan de cambios en la otra. Nuestra tarea sólo estará completada si podemos establecer las leyes de esa dependencia.

La segunda parte del precio de producción, además de los costos de producción, es la ganancia media, esto es, la tasa media de ganancia multiplicada por el capital. Debemos ahora examinar con mayor detalle la formación de la ganancia media, su magnitud y sus cambios.

La teoría de la ganancia analiza las relaciones mutuas y las leyes de cambio de los ingresos de los capitalistas industriales individuales y los grupos de capitalistas. Pero las relaciones de producción entre capitalistas entre los capitalistas individuales y sus grupos no pueden ser entendidas sin el análisis preliminar de la relación de producción básica entre la clase de los capitalistas y la clase de los trabajadores asalariados. Así, la teoría de la ganancia que analiza las relaciones mutuas entre los ingresos de los capitalistas individuales y sus grupos, fue construida por Marx sobre la base de la teoría de la plusvalía, en la cual analizó las relaciones entre el ingreso de la clase capitalista y la clase de los trabajadores asalariados.

Sabemos por la teoría de la plusvalía que en la sociedad capitalista el valor de un producto se forma con los tres componentes siguientes. Una parte (c) compensa el valor del capital constante consumido en la producción: se trata de un valor reproducido, y no de un valor creado. Cuando se sustrae este valor de todo el valor del producto (M-c), obtenemos el valor producido por el trabajo vivo, “creado” por él. Este valor es un resultado del proceso dado de la producción. A su vez se compone de dos partes: una de ellas (v) reembolsa a los trabajadores el valor de los bienes de subsistencia, esto es, paga sus salarios; es capital variable. El resto p = M – c – v = M – (e + v) = M – k, es la plusvalía, que pertenece al capitalista y que gasta en consumo personal y en la expansión de la producción (esto es, acumulación). De este modo todo el valor recibido se divide en un fondo para la reproducción del capital constante (c), el fondo de subsistencia del trabajo o reproducción de la fuerza del trabajo (v), y el fondo para la subsistencia del capitalista y la reproducción ampliada (p).

La plusvalía aparece porque el trabajo gastado por los obreros en el proceso de producción es mayor que el trabajo necesario para la producción de su fondo de subsistencia. Esto significa que la plusvalía aumenta en la medida en que el trabajo gastado en la producción aumenta y disminuye el trabajo necesario para la producción del fondo de subsistencia del obrero. La plusvalía está determinada por la diferencia entre el trabajo total y el trabajo y el trabajo pagado, es decir, por el trabajo excedente o trabajo no pagado. Este es el que “crea” la plusvalía. Pero, según explicamos antes, es erróneo presentar el problema como si el trabajo excedente, como si la actividad material, el valor excedente “creado”, fuera propiedad de las cosas. El trabajo excedente “se expresa”, “se manifiesta”, “está representado” (sich darstellt) en la plusvalía. Los cambios en la magnitud de la plusvalía dependen de los cambios en la cantidad de trabajo excedente.

La magnitud del trabajo excedente depende: 1) de su relación con el trabajo necesario, pagado, es decir de la tasa de trabajo excedente o la tasa de plusvalía, p/v; 2) (si tomamos dicha tasa como establecida) del número de obreros, es decir, de la cantidad de trabajo vivo que es activada por el capital. Establecida la tasa de plusvalía, la suma total del valor excedente depende de la cantidad total del trabajo vivo y, por consiguiente, del trabajo excedente. Tomemos ahora dos capitales, de 100 cada uno, que dan una ganancia igual debido a la tendencia a la igualación de la tasa de ganancia. Si los capitales se gastan exclusivamente en pagar fuerza de trabajo (v), entonces activan masas iguales de trabajo excedente. Aquí las ganancias iguales corresponden a capitales iguales, y también a cantidades iguales de trabajo excedente, de modo que la ganancia coincide con la plusvalía. Obtenemos el mismo resultado si ambos capitales se distribuyen en proporciones iguales en capital constante y capital variable. La igualdad de los capitales variables supone la igualdad de trabajo vivo que este capital activa. Pero si un capital de 100 en una rama de la producción es igual a 70 c + 30 v, y otro capital de 100 en otras ramas es igual a 90 c + 10 v, entonces las masas de trabajo vivo que ellos activan no son iguales, ni lo serán, por consiguiente, las masas de trabajo excedente. Sin embargo estos capitales, por ser iguales, rinden ganancias iguales, por ejemplo de 20, debido a la competencia de capitales entre diferentes ramas de la producción. Es obvio que las ganancias que estos capitales rinden no corresponden a las masas de trabajo vivo que esos capitales activan ni, por ende, a las masas de trabajo excedente. Las ganancias no son proporcionales a las masas de trabajo. En otras palabras los capitalistas obtienen cuotas de ganancia que difieren de las que obtendrían si las ganancias fueran proporcionales al trabajo excedente o plusvalía.

Sólo en este contexto podemos comprender la afirmación de Marx según la cual los capitalistas “no incluyen la plusvalía ni, por tanto, la ganancia producida en su propia esfera al producirse estas mercancías” (C,. III, p. 164). Algunos críticos de Marx lo entendieron en el sentido de que el primero de los capitales mencionados parece “dar” al segundo capital 10 unidades de trabajo activado por el primer capital; parte del trabajo excedente y de la plusvalía se “desbordan”, como un líquido, de una rama de la producción a otra, o sea de ramas con una baja composición orgánica del capital a aquellas que se distinguen por su elevada composición orgánica: “las plusvalías extraídas de los obreros en ramas particulares de la producción deben fluir de una esfera a la otra hasta que la tasa de ganancia sea igual y todos los capitales obtengan una tasa media de ganancia… Sin embargo tal afirmación es imposible, puesto que la plusvalía no representa un precio original en dinero, sino solamente tiempo de trabajo cristalizado. En esta forma no puede fluir de una esfera a otra. Y, lo que es más importante aún, no es plusvalía lo que fluye, sino que los capitales mismos fluyen de una esfera de producción a otra hasta que las tasas de ganancias son igualadas”. Es totalmente obvio, y no necesitamos probarlo aquí que, según Marx, el proceso de igualación de las tasas de ganancia se realiza mediante la transferencia de capitales, y no de plusvalías, de una rama a la otra (C., III, pp. 1988, 164, 184, 242 y en otras partes). Puesto que los precios de producción establecidos en diferentes ramas de la producción contienen tasas de ganancias iguales, la transferencia de capitales conduce al hecho de que los beneficios recibidos por los capitales no son proporcionales a la cantidad de trabajo vivo ni al trabajo excedente activado por esos capitales. Pero si bien la relación entre las cuotas de ganancia de dos capitales invertidos en diferentes ramas de la producción no corresponden a la relación entre los trabajo vivos activados por esos capitales, de ello no se sigue que una parte del trabajo excedente o de la plusvalía “se transfiera”, “se desborde”, de una rama de la producción a otra. Tal concepción, basada en una interpretación literal de algunas afirmaciones de Marx, a veces se infiltra en la obra de algunos marxistas; surge de una visión del valor como un objeto material que tiene las características de un líquido. Pero si el valor no es una substancia que fluya de un hombre a otro sino una relación social entre personas, fijada, “expresada”, “representada” en las cosas, la concepción del desborde del valor de una rama de producción a otra no resulta de la teoría del valor de Marx, sino que básicamente la contradice como fenómeno social.

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