La introducción de 1857

Amigas y amigos, si a estas alturas nos has seguido regularmente y has completado las lecturas propuestas en el Taller, ¡enhorabuena!, junto a los conocimientos adquiridos tendrás calcinados los ojos. El conocimiento es así.

Fieles a nuestro propósito, retomamos la lectura de la ponencia presentada por Manuel Ballestero sobre el archiconocido texto -y tal vez, menos leído- la Introducción de 1857, en el curso “Materialismo Histórico y Teoría Crítica (título propio de la Universidad Complutense de Madrid, allá por el 2.002), editado por la revista electrónica “Nómadas, Revista crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas).  Su autor, Manuel Ballestero, filósofo, comunista, emigrante en Francia (profesor de las universidades de Nanterre, Vinncennes, La Sorbona, París X…), estudioso conocedor de la obra de Marx y del marxismo (especialista en Lukács y Nicolas Tertulian); ha sido para muchas de nosotras (que hemos tenido la oportunidad de escucharle en las esuelas de formación del PCE, conferencias organizadas por la FIM…etc.) una fuente de conocimiento. El pero viene ahora: como filósofo, su lenguaje es complicadillo. Juzguen ustedes.

La Introducción de 1857

Manuel Ballestero, Université Paris X

El capital sin trabajo asalariado, sin valor,
sin dinero, sin precio, no es nada.
K. Marx

La verdadera forma en que la verdad existe
es el sistema científico de la verdad
G. W. F. Hegel

Los fragmentos de pensamiento que he seleccionado para el epígrafe, desde ahora pueden orientar hacia el hogar conceptual de esta charla; en este sentido y como tales, cobraran su significación y delimitación al final, siendo resumen o condensado de lo que diga. Sin juegos de palabras esos epígrafes son al mismo tiempo principio y conclusión, orientación y resumen; tal pretendo que sea la trabazón interna dialéctica de lo que voy a tratar.

Pretendo exponer una reflexión en el cauce de la reflexión teórica de Marx en la Introducción de 1857; reflexionar más que volver a exponer lo que habréis leído y que el desarrolla con profundidad y espíritu crítico y antidogmático. Se trata, eso creo, de reflexionar paginas no muy frecuentadas o puestas de relieve a veces a una luz turbia, para captar sus relieves, meandros y contraposiciones dialécticas, sus radicales e inesperadas y fundamentales inversiones de los conceptos. Trato de pensar en su profundidad lo de Marx; se ha hecho con frecuencia, como corresponde a un texto teórico fundador cuyo sentido es tan profundo y abrupto que, por eso mismo, a veces se ha condensado en enfoques o simplificados o desviados.

El Instituto Marx-Engels-Lenin de Moscú publicó en 1921 la Ideología alemana, la Dialéctica de la Naturaleza de Engels y los Manuscritos económico-filosóficos de 1844. Lo recuerdo porque el simple enunciado de esos títulos testimonia de la apertura teórica de aquellos años de la Revolución; los Manuscritos fueron más tarde estigmatizados como presos de cierto antropologismo no marxista; en los primeros años de la Revolución de Octubre fueron valorados de manera fecunda y acertada. A partir de 1928 el Intituto abordo la publicación conjunta (MEGA, disponible en la biblioteca de la FIM), de toda la obra de Marx y Engels, y en 1939-1941 bajo la dirección de Riazanov y Adoradsky, se dieron a conocer los Cuadernos de 1857-58, preparatorios a la redacción de El Capital y que llevan el título de Grundisse der Kritik der Politischen OEconomie, Vorarbeiten o trabajos previos (MEGA, 33, I). He creído conveniente resumir muy brevemente las noticias bibliográficas consignadas en la introducción a ese volumen.

Entrando ya en materia, hago mío un pensamiento de Góngora:

Abran las puertas exterioridades
Al discurso, el discurso a las verdades.

Nuestro poeta tuvo la voluntad de desvelar por el discurso lo que se esquiva, revelarlo en su verdad ; no solo arrancándolo de manos de la Inquisición y de la rutina o del incienso institucional (exterioridades) sino penetrándolas reflexivamente y desvelándolas en su verdad por el pensamiento. Tal fue la función veritativa que el gran poeta le confirió a su empresa literaria: « presentar la verdad de las cosas », radicalmente en contra de lo que la caterva antisemita y por ende ya chauvina y reaccionara de nuestro país (España defendida) le achacara : príncipe de tinieblas y simple destructor de tradiciones.

Cabe en este contexto reflexionar un célebre y muy hondo pasaje de Hegel en la Lógica : « Conocer es reconocer » o volver a conocer, por la reflexión, lo conocido o tenido por tal.

Eso mismo es lo que suena por boca de Marx en mi epígrafe ; el Capital, sin trabajo asalariado, etc., no es nada, lo que viene a decir : el Capital en tanto que categoría económica entrega su sentido en una conexión de esencia con el trabajo asalariado, con el valor, etc. ; es decir ese concepto se revela en una constelación teórica, no en una aprensión «ingenua», peor «populista»  o abstracta, como acumulación material de cosas, de exterioridades mundanas, visibles no entendidas, denunciadas incluso sociológica no socialmente.

Marx, en este texto, exige de los militantes comunistas la comprensión teórica del objeto de su denuncias contra el que combate ; comprensión que exige entenderlo en su naturaleza profunda de explotación del trabajo y de acumulación del valor, no haciendo como algunos, que lo sitúan en sus manifestaciones anecdóticas o adyacentes, dejándolo intacto en diatribas abstractas, desligadas y, en su fondo, evasivas ; el Capital tiene una encarnación necesaria en el dinero pero no se reduce a éste ; se enraíza en la explotación del trabajo asalariado, y no habita necesaria ni esencialmente en el boato o en una ostentación provinciana ; el Capital, en determinados momentos históricos se ha ceñido los lomos practicando la severa austeridad del ahorro, y hay momentos en que puede vestir el atuendo de capital productivo de valores de uso, que por simple « modernización » del tinglado capitalista puede elevar, a rachas pasajeras y transitoriamente, el llamado « nivel de vida », asentándose con la bata blanca del experto en « eficacias » económicas y en el crecimiento de los índices. ¿No fue, ése, el uniforme o la sotana que el Capital adoptó en nuestro país en los años sesentas, con las intervenciones de tecnócratas del Opus Dei y «aperturistas civilizados» ?

En todo eso, se trata de problemas teóricos de enorme relevancia y consecuencias políticas; por eso, al hilo de esta reflexión llamo la atención sobre la decisiva diferencia, en el análisis histórico-social marxista, entre la «esencia» y el «fenómeno» que puede, en casos, desviar la atención de lo que importa. La vida de la sociedad está hecha de manera que fascina, preservando, ocultando los secretos de lo dominante; no debemos olvidar lo que Hegel llamaba la «apariencia objetiva» (objektives Schein) y que Marx concretizó en el «fetichismo».

Al llegar aquí debo referirme a la segunda parte del epígrafe: « La verdadera forma en que la verdad existe es el sistema científico de la verdad » (Fenomenología, Reklam, 1999, 12)

El contenido de la verdad del Capital, por otro lado, tampoco se encierra en fenómenos casuales o dispersos; por eso no puede desvelarse ante un proceder politicista o pragmático ; requiere la enunciación radical, « en la raíz », completa y sistemática de su naturaleza. Y esto nos obliga a la preparación seriamente teórica de nuestros análisis, no por pedanterías teoricistas o intelectualizantes. Marx habló « de elevar la política a la altura de los principios », no de buscar los principios en las inmediatas exigencias de la política.

Tal radicalidad no significa ni gesticulaciones ni desmelenamientos; exige sí, elaboración colectiva del proceso teórico ; lejos de nosotros cualquier voluntad elitista.

Esa penetración teórica que dirija conscientemente el proceso práctico no es más que la concepción expuesta por Lenin en ¿Que hacer? ; ni elitismo dentro, ni elitismo fuera de la organización marxista revolucionaria, en la sociedad ; la organización marxista revolucionaria es un destacamento de la clase y del pueblo, es el « agitador universal », para emplear las palabras de un filósofo italiano, quemado en el Campo dei Fiori.

La función teórica del partido marxista se inscribe por la naturaleza interna en el proceso histórico y social de las luchas, en el seno de los movimientos espontáneos para intentar orientarlos cuando se producen, o prepararlos y suscitarlos frente a la hegemonización también histórica del capital financiero, que se enmascara con muy diversos atuendos : hasta los populistas y demagógicos del sindicalismo vertical, o los de un democratismo paternalista, productivamente eficaz, siempre explotador ; pienso en los « milagros » capitalistas en los años de la reconstrucción, después de la guerra.

Resumiendo todos estos extremos y ahondando en algunos de ellos, quiero citar precisamente la última obra publicada de G. Lukacs, Dialectique et spontanéité, (éditions de la Passion, Paris, 2001); que el culto de la espontaneidad « no es más que la visión no dialéctica, contemplativa e idealista, aplicada a la lucha de clases del proletariado » (60).

Todas estas puntualizaciones acerca del relieve de la lucha teórica cobran un decisivo relieve tras las derrotas que hemos cosechado los comunistas, TODOS los comunistas, también nosotros, los de España. Hemos de aplicar estos análisis para examinar un tema, o no rozado o solo enfocado con esquemas teóricos realmente burgueses : el proceso histórico del desmantelamiento del colectivismo en el Este ; algunos han llevado su propio desmantelamiento ideológico a buscar, como explicación claudicante, la inexistencia de « democracia representativa » – no de una democracia socialista y revolucionaria – o la presencia de « fermentos degenerativos » en el Estado de los Soviets y en el partido comunista mismo ; por ese camino, los más obcecados buscan las raices en el salto necesario por encima de la Constituyente ; éstos últimos, de hecho y de derecho, en su papel de reformistas acusan a la revolución.

En esta dificil y amarga situación, no para azucararla, sino yendo al meollo y mirándola de frente, citaré un pasaje de un escrito de Lenin; no sé si se trata de un principio extraido de su propia experiencia, o de un profundísimo proverbio ruso : « Hombre derrotado vale por dos ». La idea va mucho más lejos que el nuestro: « Hombre prevenido… », simplemente precavido y prudente ; el ruso tiene que ver con la consideración hegeliana y dialéctica de lo negativo fundante, y nos exhorta a levantar el pensamiento y la voluntad en el campo de ruinas que nos rodea.

Esas exhortaciones, que nos obligan a un esfuerzo de comprensión en profundidad de la totalidad histórica, son todavía más necesarias cuando tenemos en cuenta las variadas solicitaciones de cierto pragmatismo oportunista que nos rodean ; contra ello, es necesario esgrimir el pasaje citado de Lukács sobre el elogio del espontaneismo, de la simplificación y de lo inmediato.

Hace unas semanas, en una reunión política celebrada en la Sorbona, Fausto Bertinotti, secretario de Refundación comunista de Italia, proponía volver a Marx, añadiendo « no para repetirlo ritual y eclesiásticamente », sino para entenderlo en su esencia de «pensador de la libertad»; por mi parte retocaría el diagnóstico : «pensador de la lucha de clases en y hacia la liberación».

Creo haber apurado el comentario y la explicación de los epígrafes para esta charla. Ahora me adentro en el tema: la Introducción de 1857.

Reseño algunas de las ideas que figuran en el prólogo de los editores: que en los cuadernos publicados bajo el título Grundisse (plan, sinopsis) no se contienen solamente « resúmenes de notas sino una elaboración teórica acerca del sistema y de la naturaleza del dinero y del crédito », e indican que tales cuadernos contienen elaboraciones teóricas para la gran obra, Das Kapital. « Atención especial dedicó Marx al problema de la aproximación (Herangehen) lógica e histórica del problema de la investigación ». Indicó la necesidad de la consideración logicamente consecuente de las categorías económicas, « a la luz de su papel en la estructura económica dada » (13) y señalan que « las abstracciones científicas están indisolublemente ligadas (untrennbar verbunden) con la realidad concreta (mit den konkreten Wircklichkeit); por ello, el análisis lógico no puede ser una construcción arbitrariamente pensada (ein wirkürliches rein gedankliche Konstruktion sein) » (ibid.).

Los editores hacen saber que Marx renunció a la publicación de esta Introducción de 1857, porque « para él, toda anticipación podía perturbar los resultados que habían de mostrarse (jede Vorwegnahme erts zu bewegender Resultate störend) ». Marx vió justo.

En esta observación, Marx se pone críticamente ante sus propias anticipaciones metódicas, prefiriendo esperar a la elaboración científica, paso a paso, de los resultados. Tal precaución, alejada de cualquier voluntad simplificadora y docente o de afirmación dogmática, en cuanto a las normas de la investigación, no significa que sólo Marx espere el acopio de datos empíricos, sino que sus conexiones lógicas han de surgir en la elaboración científica de la articulación del contenido ; en esa precaución se expresa la concepción segun la cual la exposición metodológica debe atender al tratamiento científico y categorial de las cuestiones de hecho, sin precipitar las generalizaciones metodológicas.

No quiero generalizar un tema que de por sí requeriría varias semanas o meses de seminario, de debates colectivos; me atrevo aducir un texto, para reflexionar conjuntamente: un pasaje de la Lógica de Hegel (Suhrkamp, 1969, I, 40), donde se indica con toda precisión que « el método es la consciencia de la forma que reviste el movimiento interno del contenido ».

Para evitar confusiones, traeré también a la reflexión lo que el mismo Lukacs indica en Ontologie-Marx (Luchterhand, 1972) acerca de la ambigüedad (Zweideutigkeit) del idealismo objetivo, con el fín de evitar las identificaciones que pueden darse, y que se han dado, entre Ontología, Lógica y teoría del conocimiento ; como se ve, no se trata de esclarecer la relación Marx-Hegel, tema de enorme amplitud, pero tampoco de despacharla con consideraciones superficiales y poco espicificadas acerca del idealismo en general. Sí queremos, en cambio, para una más atenta y detenida reflexión, aducir las precauciones que Hegel expone en el prefacio a la Fenomenología, donde también rechaza las consideraciones de la finalidad (Zweck) y otras adyacentes : « porque la filosofía se mueve esencialmente en el elemento de la generalidad, que encierra en sí lo particular (die das Besondre in sich schliesst), parece como si en los fines o en los resultados últimos estuviese expresada la Cosa en su esencia completa, y que frente a eso fuese inesencial la ejecución (Ausführung) de la misma »; Ausführung, pues, de lo general en lo particular, cuyo movimiento, explica Labarrière (Introduction a la Phénoménologie, Aubier, 1979) « forma parte de la realidad ». De ahí las precauciones de Marx frente a anticipaciones que pueden perturbar los « resultados » a que debe conducir el estudio muy preciso de ese movimiento ; precaución que, en el ámbito de un proceso idealista, Hegel también ha rozado, y que explica por qué Marx dice de su trabajo (el de Hegel) que es la primera « configuración del movimiento conjunto », y por la que, en el Prefacio a la segunda edición alemana de El Capital, se declara « discípulo » (Schüler) de ese gran pensador.

Desde la diferencia irreductible que establece el análisis histórico-material, también es posible – como Marx , Engels y Lenin lo hicieron – aprehender el « núcleo racional » que se acarrea en la especulación del idealismo acerca del proceso (fenomenológico), por diferencias y contradicciones internas ; del mismo modo que en la ideación rousseauniana de la elevación por la voluntad general (que no agota su significado sólo en la ley) al bien comun, y en un vuelco – Umkehrung – social y materialista de aquél en tanto que propiedad (Umstülpung) colectiva, los perfiles borrosos pero no borrados, al contrario, de la sociedad comunista.

En términos generales hay que decir que el idealismo alemán de Kant, Fichte y Hegel, abstracta y utópicamente enfoca formas de un futuro posible; el austero Kant valoró la República de Platón en su gran Crítica; Engels así, no de otro modo, sino en una ceñida consideración histórica y social, valoró también las manifestaciones incipientes del socialismo utópico.

Dicho esto, lo esencial estriba en que Marx, precisamente por la inscripción materialista e histórica de su método, era hostil a las anticipaciones abstractas, y añadir que el fenómeno de la dogmatización burocrática puede acecharnos en la especulación idealista, como ha reseñado justamente Lukacs (ibid).

Por eso en adelante, para todos nosotros se trata de valorar crítica y científicamente, no adoptando maneras propias de terrorismo intelectual confuso y altamente ambigüo, el « contenido racional » que se esconde en la gran especulación idealista, para evitar lo que se ha abierto paso, por su expulsion acrítica, fuera del campo de la « ciencia », precisamente lo que dicen quisieron evitar : el aflujo de un materialismo ahistórico y apráctico, el de Feuerbach (cf. 1a Tésis) o uno extrañamente teológico y metafísico, sive Natura (Cf. Oswald (Engels), Schelling über Hegel, y Philos. Der Offenbarung, MEGA I, 1975)

Antes de dejar de lado ese pasaje de la Fenomenología, donde el filósofo insiste en la necesaria consideración de lo particular, expone su segundo principio, o corolario del anterior : « pues la COSA no está agotada en su finalidad (in ihrem Zweche erschöpft), ni el resultado es el todo real, sino junto con su devenir ».

A pesar de todas las dificultades que he puntualizado y, provisionalmente intentado sortear, llamé vuestra atención hacia la lectura de esa anticipación cuya publicación Marx rechazó, como perturbadora de lo que había de mostrarse en el trabajo de investigación histórica y de elaboración teórica del contenido. No intentaré silenciar que mi interés por los Grundrisse y por facilitar el conocimiento de vosotros mis compañeros, se fundó en que en ese texto la reflexión de lo económico se liga y entrecruza con una reflexión histórica, que saca a la primera de las elaboraciones abstractas o formales que se acostumbran en ciertas instancias académicas y burguesas. En efecto, dicen los editores: « En el curso de su investigación da un análisis profundo de la EMERGENCIA y de la NATURALEZA del dinero, en tanto que resultado interno necesario del desarrollo de la forma mercancía del producto » (26); resalto como teóricamente esenciales esa conexión de la investigación genética de una naturaleza en el curso del desarrollo de la mercancía ; es decir se trata propiamente de una investigación histórico-dialéctica. Por eso Marx escribe: « Cuando se habla de producción se habla de una determinada fase del desarrollo social », lo que, como apunta (23) « no significa que sigamos el desarrollo de las fases históricas ». Esto nos coloca ante una historicidad o un desarrollo interno de las categorías, no ante un despliegue « narrativo » contra el que algunos se levantaron, al confundir historicismo y dialéctica. La génesis categorial no se articula según la exigencias de la razón pura (contra Proudhon en Miseria de la filosofía) ni en una procesión que coincida con una historicidad positiva sino conforme a una génesis de índole lógico-concreta, historia escindida según articulaciones de complejos sociales ; tampoco detenida ni congelada en « estructuras » propiamente ahistóricas ; y en estos pasajes añade : «Las leyes generales que valen para la producción deben ser determinadas… para que más allá de la unidad no se olviden las diferencias esenciales. El instrumento de producción no es capital más que por la diferencia histórica que hace del capital un instrumento de producción », diferencia dada por el complejo de relaciones sociales que lo transmutan en capital. Todo lo inmediato en esta óptica se mediatiza por las relaciones internas del complejo social en que aparece… « La economía política no es tecnología » (23).

Estas puntualizaciones lógico-concretas del concepto abstracto nos enfrentan con la generalidad concreta de un todo, lo que le cierra el paso a toda reducción inmediata: « La producción, finalmente, no sólo se diferencia sino que es siempre la de un cuerpo social, la de un sujeto social »; y significativamente añade: « La relación que la presentación científica tiene con el movimiento real » no es de este punto ( !)

Todas estas restricciones invalidan el entendimiento evenemencial para la diferenciación de los modos de producción, y Marx parece elevarse a una «reflektierende Geschichte », (historia socialmente reflexionada) más que responder a la solicitud de Claude Lévi Strauss, por las razones que adujo Sartre, y que se resumen en que las « estructuras » del antropólogo no están movidas por la presencia de la práctica histórica de los hombres.

La lucha de Marx en la forja de su concepto recuerda la que Engels (Mega, I, 1975) y Bloch (Sujet-Objet, Éclaircissements sur Hegel) dicen que Hegel libró en la penetración crítica del concepto formal, representativo, hacia el contenido; en esto estriba la ambigüedad de ese idealismo objetivo de que habla Lukacs y que Lenin, con gran perspicacia, consignó sin ambages en sus Cuadernos filosóficos.

La determinación de los conceptos no puede entenderse dada en el banco de un análisis histórico-positivo, exige la reflexión de los complejos sociales dentro del movimiento histórico. Como acabo de indicar, Marx dejó desgraciadamente sin tratar la relación entre tal lógica y el « movimiento real »; no obstante dejó trazas de su posición en el elogio al trabajo de Engels, « genial » fué su expresión, Umrise zu einer Kritik der nationalOekonomie (MEW, Dietz-Verlag, I). En ausencia de la Lógica de Marx, nunca realizada, no podemos refugiarnos ni en un Diamat, burocráticamente elaborado, ni en las críticas que desde cierto estructuralismo o, peor, desde un « racionalismo antidialéctico » se han instrumentado. Nos queda una puerta de salida: la reflexión de la Introducción y de la obra de Marx.

Antes de pasar de lleno al comentario de ese texto, que se me permita aducir un elemento más filológico que teórico ; debe o puede consultarse el volumen MEGA dedicado al Apparat I, correspondiente a estos cuadernos preparatorios : en su página 101, se reproduce la anotación de Marx acerca del concepto de Identidad, en la que se refiere explícita y claramente a Hegel, Logik, escribiendo despues : « abstrakte Identität bis Negation der Negation » ; puede verse en ello la prueba fehaciente de que la especulación hegeliana no ha sido ni expulsada del campo de la consideración teórica, ni « evacuada », dicho así por coquetear con cierta jerga ; es contenido que se retiene en el proceso crítico.

En el primer párrafo de nuestro texto (21) leemos: « La producción material », y evitando cualquier tipo de abstracción no mediada y « objetivista » añade :  « Sociedad, individuos que producen, es decir, producción socialmente determinada de individuos, es el punto de arranque ». Téngase bien en cuenta esa « Sociedad » en tanto que actividad de individuos que producen socialmente.

Esta determinación activa del entramado social excluye cualquier modulación malamente objetivista y fetichizada o de tipo teológico « sustancial » y abstracto y, esa « actividad » o praxis constituyente la entiende en la forma de los individuos sociales; el complejo social, activo y mediatizado en los individuos reales invalida cualquier concepción de lo social cosificado y por encima de aquéllos o autónoma a su respecto (de ahí la exigencia de lo democrático).

En esta incursión decidida contra cualquier abstracción « socio-cuartelaria », Marx retiene también una fundamental precaución crítica frente a la correlativa abstracción del individuo ; es ahora cuando resuenan las palabras y conceptos críticos frente al elogio unilateral y beato de la otra unilateralidad, tan burguesa como la de la sociedad fetichizada : « el (individuo) singular y aislado (einzel und vereinzelte) pertenece a las imaginaciones sin fantasía (phantasielosen Einbildungen) del siglo XVIII ».

Es evidente que Marx avanza en un balanceo crítico que, dialécticamente suprime los dos lados de la unilateralidad, tanto el colectivismo abstracto, despótico como la fantasía política « robinsoniana ». Ese individuo « indiferente » conexionado sólo por el « contrato » (Cf, El Capital, I, 3), no pasa de ser realidad histórica « estética » (reténgase bien este contenido !) que surgió en el XVIII. Y Marx desciende hasta la profundidad histórico-social de esa figura, porque « en esta sociedad de libre concurrencia, el singular (der einzelne) aparece (erscheint) suelto de sus conexiones naturales » (lonely crowd) ; genialmente Marx anticipa, como en muchas otras ocasiones ; añado, también como Hegel (« conciencia desgraciada », erupción sádica o de Nietzsche).

Esa singularidad suelta, indeterminada, no mediada, es sólo « apariencia » (erscheint), y cristalización de un proceso histórico, el de la libre concurrencia y « anuncio » de la sociedad burguesa, por otro también producto de las fuerzas productivas desarrolladas desde el XVI, en la historia.

Vale la pena deternerse en el análisis de esta reflexión teórica ; se suprimen, se niegan las abstracciones : la de la Sociedad que se entiende en la consideración de los individuos activos que realmente la constituyen ; la de los individuos aislados que son « producto histórico », no inmediatamente « natural », y también reconstrucción determinada en otra fase social ; y Marx penetra más al fondo en la demistificación de la figura del Individuo, ya que si se le considera como « natural », conforme a su representación en tanto que naturaleza humana, no se le capta en su existencia histórica. La crítica de la « naturaleza humana » atañe a ésta en cuanto abstraida de su posición histórica, puesta « naturalmente ». El « antihumanismo teórico » es un concepto inadecuado y confuso que tergiversa el pensamiento de Marx; su negativa concierne más bien, como en otros lugares se expresa Marx, al naturalismo feuerbachiano « poco histórico cuando natural, poco natural cuando histórico ».

A partir de este análisis, que se articula en una crítica de todas las abstracciones (colectivista represiva o individualista desligada), Marx accede a una formulación que he de pensarse en todo su dialéctico contenido: « el hombre es al pie de la letra un zoon politikon, no sólo un animal social, sino uno que sólo socialmente se individualiza (nur in der Gessellschaft sich vereinzeln werden kann) ».

La fórmula sintetiza positivamente las dos negaciones en un concepto negativamente obtenido (individualizado por su estatuto social), individuo, pues, socialmente, históricamente devenido, en un proceso histórico no natural, sino de la especie.

Refiriéndome solamente al vuelco que acabo de reseñar (dos negaciones imbricadas de las que resulta la afirmación de una identidad dialéctica, ni abstracta ni inmediata), traeré a vuestra consideración un pasaje de Hegel: « La infinitud es solamente la negación de lo finito ; pero éste no es más que una existencia (Dasein) determinada en tanto que no ser », y concluye « en los dos casos lo que está presente es la negación de la negación » (Logik, Suhrkamp, I, 160). A este entendimiento de la negatividad de todo lo presente en tanto que condensación de su propio proceso, se refiere Marx, en el Postfacio a la segunda edición de El Capital: « En su forma mistificadora, la dialéctica estuvo en boga en Alemania, porque parecía glorificar lo existente; en su forma racional es escándalo y abominación para la burguesía y sus ideológos, porque en su intelección positiva de lo existente (Dasein), incluye al propio tiempo la inteligencia de su negación ».

El análisis lógico de la determinación de lo existente por su propia negación interna y su proceso hacia lo otro y en la negación de cualquier más allá (Jenseits) es una de las adquisiciones racional-dialécticas que en forma plena y rigurosa debemos a los filósofos, antecesores de Marx. Es en el ámbito de esa determinación negativa de lo humano histórico y social, desde donde puede explicarse el vuelco abierta y rigurosamente individualizador queMarx desvela en la reflexión de las dialécticas que acompañan y subyacen al fenómeno estético (44): que « determinadas épocas de floración (artística) no están en relación con su base material », para concluir (45) que « eso exige, por parte del artista una fantasía autónoma respecto a la mitología ».

No se trata solamente de la desconexión de las esferas generales, social o mitológica, sinó del papel que Marx le concede al artista en su producción autónoma, respecto a las condiciones generales del desarrollo histórico-social. Cuando afirma esa funcción de la fantasía del individuo, es evidente una cesura en el complejo social e histórico, entre la base y la superestructura artistica. Marx invalida cualquier pretensión de dirección administrativa o burocrática de esa actividad.

En la estructura teórica de la Introducción, Marx reflexiona en un vuelco crítico, dialéctico, que reafirma de manera esencial la autonomía del momento individual dentro de su determinación histórica y social. Como escribió el maestro Ernst Bloch : « Encerrar totalmente en el contexto social sólo es posible cuando el modo de concepción interindividual coincide con su objeto, en la economía, el derecho o el Estado ; allí donde las cosas son de otra índole, y no es posible identificarlas con el Estado, tampoco hay que darles a los valores del arte, de la religión, de la ciencia, el caracter de floraciones de la vida pública, y allí hay que decir que tienden a otra cosa, que se articulan para el sobrepasamiento (Überwindung), como si socialmente vivieran para un espectador a priori… y exigieran de sus materiales y obras la característica de la soledad y del descentramiento histórico » (Geist der Utopie, 1979, 39).

La heterodoxia blochiana se ajusta claramente a la reflexión de Marx, no constituyendo una anomalía sinó un elemento de la reflexión teórica marxista: ese espectador a priori representa una « subjetividad transcendental » en su inmanencia histórica (G. Lukacs, Dialectique… Préface de N. Tertulian, 7).

Pero no queremos dejar aquí el problema, sinó seguir reflexionando su peculiaridad aparente; y para entenderla acudiremos de nuevo a una dialéctica enclavada en la relación de la infinitud y de lo finito : « Pero el proceso infinito dice todavía más, dentro de él se da la conexión de las diferencias, no obstante como gradación (Übergang) » (Logik, I, 162). Hegel también, en la ceñida rapsodia de las negaciones otea un paso como gradación, no simple continuidad. Son diferencias que fueron laminadas en la teorización burocrática de Jdanov.

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Es ahora cuando hemos de pensar a fondo la iniciativa innovadora, revolucionaria que teóricamente Marx aporta con su trabajo científico: el análisis de los «cuerpos sociales» a que antes me referí, y donde se encastra esa reflexión que no se ha hecho nunca : la de la relación entre la representación científica y el movimiento real.

En el olvido de las diferencias de los modos de producción, al margen de las leyes generales que puedan serles comunes, « estriba toda la sabiduría de los economistas modernos », de Adam Smith a Böhn Bawerk y los análisis del cálculo racional.

Ya he dicho que Marx dejó trazas de aquella relación (lógica-historia) en su referencia elogiosa al trabajo de Engels. Pero las hay más explícitas. El primer manuscrito de 1844 comienza por la consideración del complejo social que se funda en la Trennung, en la separación por la forma social de la propiedad, del trabajo respecto a sus condiciones objetivas : por la propiedad privada de los medios de producción y cuando el proceso social ha hecho del instrumento de producción Capital, con ese rasgo, y por el periodo de la acumulación primitiva : « la expropiación de los productores directos », se instaura un cuerpo social, el capitalismo, de explotación del trabajo y de dominación social. Todo análisis habrá de realizarse en un marco que tenga teóricamente en cuenta los rasgos generales del complejo social burgués. Por ello vuelven a resonar las palabras de Marx : que « la economía política no es tecnología ».

Por eso mi epígrafe que «  el Capital, sin trabajo asalariado, sin valor, sin precios, sin crísis no es nada ». Los « cuerpos sociales » exigen una reflexión económica determinada para no quedarse en el terreno de la abstracción, y donde florecen todas las ideologías apologéticas.

Es en este contexto donde Marx pone en guardia frente a la generalidad abstracta (25) « Hay determinaciónes comunes a todos los modos de producción, pero los tales no son sino momentos abstractos, con los que no se ha comprendido ningún modo real de producción … » en todos , la producción es apropiación de los bienes de la naturaleza… dentro y a través de una determinada forma social » ; se instalan ya aquí los jalones para la crítica teórica de la noción abstracta y burguesa de los cálculos contables del poder dominante y de la noción de « renta » (indiferente aplicación al beneficio capitalista o al salario).

Dicho esto, hemos de detenernos en en ese concepto de « complejo social », de modo de producción, en la consideración de sus nexos internos. Marx, esquivando de antemano caracterizaciones estrictamente funcionalistas, indica: « La grosería y la falta de conceptos estriban en referir de manera casual (zufällig) unas a otras esas conexiones orgánicas. » (Das organische Zusammengehören zufällig auf einander zu beziehen).

Este es el punto que lógicamente se determina, por análisis de esos todos sociales en el continuo histórico.

« Producción, distribución, intercambio, consumo constituyen un silogismo (Schluss) regulado » (20).

« La producción mediatiza el consumo porque crea su material, pero el consumo mediatiza tambien la producción porque crea el sujeto para sus productos ». « Un ferrocarril por el que nadie viaja y no es utilizado, es solamente un producto in potentia ». Esta reflexión de los nexos internos del complejo social recuerda la que la Logica presenta respecto a las relaciones del finito y del infinito, y no constituye ninguna « coquetería » sinó un procedimiento dialéctico necesario a la elucidación de la naturaleza del contenido de las categorías : « El consumo produce la producción,… en el consumo el producto deviene producto real… por consiguiente el producto a diferencia del simple objeto natural,… es producto en su consumo… y la producción no es actividad cosificada (versachlichte), sinó en tanto que objeto para un sujeto activo. »

En ese aparente y que algunos pretenden coqueteo dialéctico, Marx escruta la significación propia de cada categoría, y además señala que esas conexiones se mediatizan en el tiempo, (históricamente, pues) y rechaza la unidad inmediata de los momentos en el complejo social (Say). Además, invalida cualquier productivismo no orientado mediatamente a la satisfacción de las necesidades de los productores, producción de valor de cambio, en vistas a la acumulación. En esta página que comentamos, Marx al poner el consumo como causa final de la producción, invierte la relación causa-efecto « y el consumo crea los medios de una nueva producción y de una nueva necesidad y por consiguiente crea el producto de la producción en forma subjetiva ».

El texto de Marx recorre y tienta el interior de la totalidad orgánica desentrañando en esas relaciones necesariamente dialécticas entre producción y consumo, la naturaleza de cada una de ellas, la cual pasa por su determinación en la contraria: « Pues el producto es la producción pero no solo en tanto que actividad cosificada » (28, 29), sinó en tanto que « objeto para el sujeto activo ».

Llega así a una formulación general y teórica: « Pues es claro que la producción le ofrece exteriormente el objeto al consumo, y también que el consumo pone idealmente el objeto de la producción, en tanto que… necesidad, como impulso y como finalidad ».

Quiero citar in extenso un pasaje que habréis leído, para llamar la atención sobre un contenido decisivo: « Por un lado (einmal), el objeto no es objeto en forma absoluta (überhaupt), sino uno determinado que debe ser consumido en un modo mediatizado por la producción » (29). Estamos ante una determinación histórica y social de la objetividad, que este materialismo piensa de manera muy diferente a la que pueda pensarse desde el pragmatismo anglosajón, estudiado por G. Nowack (Pragmatism versus materialismus) de algún curso en nuestro pais ; y lo que acabo de decir de una objetividad no « absoluta » sino mediada por el proceso interno nos retrotrae una vez más a la reflexión dialéctica del contenido en el proceso de su desvelación fenomenólogica e idealista que Marx criticará en los Manuscritos, donde no obstante señaló también el gran descubrimiento de Hegel : el hombre alienándose y saliendo de la alienación en el trabajo… En el marco del materialismo histórico nada es simple, ni tampoco burda y positivista contraposicón Ideología/Ciencia; el esquema comtiano lo ignora todo acerca de las relaciones, necesariamente engarzadas en el ámbito de secuencias histórico-sociales. Espero se publique pronto el estudio que Jacques D’Hondt le ha dedicado a ese Hegel tan rápida y unánimente denostado, como Lukacs.

Las « rupturistas » escansiones del continuum histórico se han cocido en el análisis descriptivo y « observante » (Fenomenología, V, La razón) de totalidades que han parecido alejadas tanto de los procesos práctico-activos, como del flujo de la historia, simple cristalización de aquéllos ; ese esquema se ha aplicado tanto en el análisis de los complejos sociales, como en el de sus relaciones en el flujo ; por ello arrastrados por la reflexión lingüistica, algunos han hablado del « misterio » de la diacronía ; otros han llegado más lejos y animados de fuego polémico rompieron el nexo que, entre la revolución burguesa y la socialista, tiende la comun y la radicalizada y diferenciada reivindicación democrática y de poder popular.

En el amplio pasaje que cité hace un momento están incluidos y criticados de antemano conceptos que, vulgares e inmediatistas, parecen de nuevo cuño y que algunos consideran categorías teóricas de alcance significativo, no siendo sociales ni dialécticamente determinadas ; me estoy refiriendo a la noción de « consumerismo », así en bruto muy frecuentada por el pensamiento de las clases medias y de cualquier elitista que se precie, lo cual no le niega al fenómeno que se designa relevancia sociológica o política, pero que se utiliza desgajándolo de la consideración del modo de producción, dentro del que tendría que examinarse a la luz del concepto marxista de « incremento del salario real » posible incluso cuando se da un descenso del salario relativo y aunque crezca por ello la explotacion (K.Marx, Trabajo asalariado y Capital), y como momento inducido para la realización de la plus valía en el proceso general de explotación..

En aquél pasaje, Marx se abre teóricamente a otra manera de consumo no inducido desde el modo de producción capitalista, y por tanto tan alienado y alienante como su cosificado productivismo de valor de cambio. Lo mismo digo de cierto uso de la categoría « cultura », degradada por su determinación en esta sociedad. Todas estas consideraciones desarrolladas más tarde en la crítica que elaboró la escuela de Francfort, no hemos de detenernos allí, sinó incluyéndolas en la trama rigurosa y radical de la reflexión marxista.

(29) « La producción crea por tanto a los consumidores ». De ahí el valor históricamente revolucionario que pueden adquirir las más antiguas « virtudes », la austeridad por ejemplo.

Marx es muy preciso (29): « Cuando el consumo sale de su configuración natural y grosera… aparece, mediatizado por el objeto »,  por el objeto alienante que le ofrece el modo de producción alienado. En este sentido son teóricamente innecesarias las precauciones ante un « consumismo abierto al infinito », y que no se denuncien directamente ligadas e inscritas contra el modo de producción capitalista.

La reflexión ecologista, hoy absolutamente necesaria ha de integrarse en una reflexión crítica, anticapitalista. En lo que acabo de citar, la teorización revolucionaria la contiene y el desarrollo de las necesidades de qué habla Marx no tiene porqué perderse en el mal infinito del « despilfarro ». Pensamos, claro, en una sociedad racional por plenamente socializada, y en sus posibles individuos no enajenados (cf. los trabajos de Vicente Romano sobre la conciencia « dominada »).

En esta página, de modo condensado se tocan, no solo se rozan sino que se sientan los enfoques teóricos para abordar cuestiones que no han de perderse en derivas sociologistas o evasivas, y que están aquí contenidas, « la necesidad… está determinada por la percepción creada… el objeto artístico crea un público sensible al arte y capaz del goce de la belleza ».

Entiendo que este desarrollo puede resultar farragoso, pero es necesario entrar en el interior de la elaboración y de la compacidad de una unidad orgánica y dialéctica, no olvidar esto último, para poder establecer el contenido y la amplitud de la reflexión de Marx.

Todo el análisis de la relación interna de los momentos que constituyen la totalidad orgánica, producción y consumo a que me he referido, Marx lo resume en (30, 31) como sigue : « La producción no es solo inmediatamente consumo ni solo medio para el consumo, o el consumo sólo finalidad para la producción, es decir que cada una de ellas le ofrece a la otra su objeto… sino que cada de ellas se produce en su relación con la otra, a sí misma en tanto que la otra » (schafft, indem sie sich vollzieht, die andere, sich als die andere).

No se trata de coqueteos sino de determinaciones de la naturaleza (das Wesen) de cada uno de los momentos en el otro. Esta conexión orgánica, teóricamente decisiva, la encontramos en la dialéctica hegeliana de « las dos fuerzas » (Fenomenología, IV, o p. 10): « Su naturaleza fluida las hace momentos de la unidad orgánica en la que no solo no se contraponen sino que cada una es tan necesaria como la otra y esa idéntica necesidad constituye la vida del todo ».

Pero Marx penetra más a fondo y especifica las diferencias y la unidad orgánica y diferenciada ; en ello va más allá de la identidad de los « hegelianos » y escribe : « Considerar la sociedad como un sujeto único es entenderla falsa y especulativamente (30).

Aparece la diferencia que el análisis de Marx introduce en la concepción orgánica de la especulación hegeliana; contacto íntimo, prolongación y crítica se avecinan y se incluyen. La especulación es el banco en que necesariamente se ejerce la crítica; no es un cuerpo extraño que se expulsa, sino que críticamente se exige y se retiene: crítica interna. Esto lo recordó Korsch, Marxismo y filosofía, también a meditar.

Fundado en esa crítica de la unidad orgánica especulativa, en la que ha hablado, como en El Capital, de que la conexión de los momentos se realiza según modalidades que se dan « en el tiempo » (diferenciación del acto de compra y del de venta contra la identidad especulativa y apologética de Say), Marx aborda un punto en el que, con una prognosis semejante a las que pueden estudiarse en la Fenomenología, se eleva a una reflexión que le cierra el paso tanto a las generalizaciones abstractas, no mediatizadas en el análisis de lo particular, propia de la teorización burocrática, como a los resbalones teórico-oportunistas y liquidacionistas del futuro.

(44) « Dialéctica de los conceptos fuerzas productivas y relaciones de producción, que no suprime, dice, ni los límites que han de determinarse, ni su real diferencia «.

Esta observación incide en las conexiones de la unidad e introduce las diferencias en que se da esa misma conexión.

Hasta el último momento retiene la necesaria particularización de la generalidad abstracta sin desplomarse teóricamente en un atomismo empiricista y solo analítico que se centre en el analísis exclusivo de lo singular, perdida de vista la generalidad fundante, como en lo que concernía al individualismo burgués.

Como ya he dicho, en estos enfoques dialécticos de Marx nada es simple: hay una verdadera Aufhebung, que retiene el contenido sometido a crítica. Por eso al llegar aquí no puedo sino exhortarnos a la lectura de Marx, de Engels y de Lenin y a recorrer el camino que de la filosofía clásica lleva hasta su crítica, donde se retiene su «nucleo racional», críticamente por cierto, pero reconocido al menos.

Tal fué la aventura intelectual y política de un hombre como Lukacs, uno de cuyos últimos trabajos, Democratización y socialismo, publicó la FIM, aunque sólo en parte, dejándose en los cajones el análisis histórico y teórico previo en que aparecen los límites de la democracia burguesa.

[Paris, enero del 2002]

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