El impacto del Manifiesto en la dinámica del movimiento obrero de la periferia: EL CASO DE URUGUAY

Virginia García Montecoral

Cuando en 1848 aparece el Manifiesto, coincidente con el inicio de las oleadas revolucionarias europeas, en el Río de la Plata se desarrollaba la última etapa de una de las “guerras civiles” de estas sociedades latifundistas, pastoriles y caudillescas que cuajaron la Historia de América Latina después de su ciclo independentista: la Guerra Grande, en la que intervinieron directamente Francia e Inglaterra compitiendo entre sí por estos mercados en su período de colonialismo pre-imperialista.

Podemos entonces hablar del impacto del Manifiesto en estas formaciones sociales periféricas sin caer en un exceso forzado?

El impacto del Manifiesto en “las orillas del mundo” no es un shock inmediato, no tiene la velocidad del fantasma que recorría Europa, sino que tiene otro proceso vinculado a su desarrollo histórico: la del espectro que tiene la ideología y la lucha popular en la larga duración. En este sentido, incidirán los principios del Manifiesto, que definen “… la identidad política propia de los revolucionarios que hacían suya una estrategia centrada en la acción práctica de la clase trabajadora y en su proceso de organización en cuanto tal…”1. Tal identidad y acción, pasaba por el autoreconocimiento como clase más allá· de fronteras, el internacionalismo proletario como primer principio de la lucha y objetivos del proletariado, sin el cual fracasaría.

Podemos decir que, mientras la clase obrera europea hace el tránsito de clase en sí a clase para sí en un proceso de autorreconocimiento como tal -posterior a su conformación-, en el Tercer Mundo la clase obrera se forma teniendo ya un modelo de identificación, adelantado a su cuerpo social, y en cierta forma, determinándolo. El internacionalismo proletario es entonces, no un punto de llegada sino un punto de partida.

En relación al resto del Tercer Mundo, el movimiento obrero y los sindicatos latinoamericanos tienen una importancia sociopolítica mayor que en el resto, combinando desde sus inicios las luchas reivindicativas con el accionar político. Han sido, y son actores fundamentales en todos los procesos sociales de significación en el corto y largo plazo.

Exponemos el caso de Uruguay, porque allí estas características asumen rasgos muy destacados.

El impacto que tratamos, entonces, es el del movimiento obrero desarrollado sobre el movimiento obrero en formación, en la medida que se va creando la propia clase obrera de las formaciones de la periferia.

Y la huella viva que ese impacto deja en las organizaciones obreras y populares de esas sociedades. Esto es, el diálogo permanente entre el pasado y el presente, que la Historia debe ser para entendernos.

La constitución del proletariado americano va de la mano con los procesos llamados “de modernización” del último tercio del S.XIX, que significaron el ajuste global de las condiciones internas de las formaciones sociales americanas a las necesidades del centro capitalista en su fase imperialista.

Estos procesos significaron el aumento del desarrollo hacia afuera impuesto por la dependencia, materializable en lo macro en la modificación de la estructura productiva y la consolidación de la propiedad privada a través del cercamiento de las tierras, la implantación de nuevas técnicas de producción, la introducción del trabajo asalariado en el campo, la centralización -y real creación- del Estado y sus aparatos.

En este nuevo orden capitalista mundial, Uruguay ser· una periferia de segundo orden (periferia de periferia), siguiendo su legado colonial. Esto hará una implantación del capitalismo más débil que en otras partes de América, lo que permitir· espacios de maniobra mayores para los sectores contrahegemónicos, en los diversos campos de su accionar.

Paralelamente, las inversiones extranjeras se intensifican en los sectores tradicionales de la economía y en los nuevos que trae el proceso en cuestión: servicios, transportes, frigoríficos, venta de armas, etc. Asimismo, con carácter semiartesanal, surgen las primeras fábricas, volcadas al mercado interno para suplir las importaciones que Europa ya no tiene interés en proveer.

Para la burguesía rural tradicional, esto significó el desplazamiento de unos grupos (los criollos tradicionales) por otros (los modernos, los empresarios). Y la aparición en su seno de una burguesía industrial asociada.

Para las grandes masas esta “puesta al día” significó el desplazamiento y pauperización de una enorme cantidad de campesinos y trabajadores rurales de distintos tipo (“gauchos” en Uruguay y Argentina) que, en el mejor de los casos, quedaban viviendo en las periferias urbanas. La mayoría de las veces, iban hacia la nada. Su ingreso en las nacientes industrias fue muy limitado, ya que el patrono prefería al inmigrante europeo con experiencia en el trabajo fabril.

En efecto, a medida que avanzaba el siglo, el proceso de inmigración que nutrió desde la conquista española el continente, se hizo cada vez más intensivo. América fue, como en el pasado, para la burguesía central, no sólo un área de explotación, sino también un lugar donde enviar sus elementos disolventes, formados en este momento y en primer lugar por activistas políticos y sindicales.

El Río de la Plata constituyó una verdadera “colonia de población” que recibió los mayores contingentes de inmigrantes de la Época, y a destacados cuadros que contribuyeron a la formación de la clase obrera y fueron a su vez puntales en los comienzos del movimiento obrero vernáculo.

Dentro de este contexto, la clase obrera se origina en el Río de la Plata en general y en Uruguay en particular por los expulsados de la tierra, la transformación del trabajador urbano y, sobre todo, el aluvión inmigratorio decimonónico, que sufren también, en esta Revolución importada de segundo orden, las formas de explotación del trabajo asalariado.

Esta clase obrera se forma teniendo como modelo ideológico y organizativo de referencia el del movimiento obrero europeo. La dinámica entre la asimilación y el desarrollo propio es lo que tiene toda su génesis.

Decíamos que la naciente industria tiene un carácter semiartesanal. El promedio de obreros por empresa era de 10 en Uruguay y de 7 en Argentina para los censos oficiales de 1913 y 1914respectivamente, absoluta minoría dentro de los trabajadores. Por tanto, estos hombres se encuentran aún muy vinculados al oficio de origen, y las características del trabajo artesanal tiene aún su ideología y práctica.

Eso explica que entre las diferentes corrientes de pensamiento proletario, el anarquismo resultó una ideología que prendió entre estos trabajadores en esta primera etapa: “…una ideología que legitimase su aspiración de terminar con la explotación y al mismo tiempo organizar un tipo de sociedad que no suprimiese el trabajo calificado artesanal… ‘asociación de libres productores’…”2

Andando el tiempo en la medida que aumenta el nivel de organización y heterogeneidad de procedencia del movimiento obrero, el mismo pierde fuerza.

Lo que sí podemos constatar del análisis de las publicaciones obreras, es que desde el principio, se perfilaron dos claras corrientes sobre el enfoque de la lucha: una gradualista, moderada, y otra radical, que polemizan entre sÌ en su prensa y accionar.3 Esto se presenta como línea de larga duración en el sindicalismo y el movimiento popular uruguayo.

Sin embargo, esto se da dentro de una característica ideológica de esta sociedad es la diversidad y la aceptación, al menos en las palabras, de esa diversidad.

El movimiento obrero contribuye con su prédica, a imponer esta túnica al conjunto social, que pasará a ser dominante en el siglo XX con la estabilización de un tipo de dominación burguesa centrado en el consenso, “la sociedad amortiguadora”4, en parte para enfrentar a la violencia de las clases dominantes en su forma semi-salvaje propia del dominio colonial y su herencia inmediata. Las corrientes de pensamiento progresista la denuncian cotidianamente. Es uno de los ejes de las obras y ensayos del dramaturgo Florencio Sánchez (de ideología semi-anarquista), verdadero cronista de los sectores populares de la Época y figura fundadora de la dramaturgia nacional.

La tolerancia interna de la diversidad ideológica ser· entonces una marca de nacimiento.

Las primeras formas de sindicalismo tendrán carácter asociacionista: asociaciones por rama de oficio y de socorro mutuo, llamadas “sociedades de resistencia”. Estas asociaciones tenían su prensa, su organización, ejercían actividades de fomento social, y se vinculaban con centros de estudio y protopartidos que constituyeron posteriormente organizaciones de izquierda.

Por supuesto que se necesitó un campo fértil para que esto ocurriese.

Uruguay presenta particularidades como formación social que se reflejan en el desarrollo y dinámica del movimiento obrero y que son:

– La debilidad del lazo colonial con España que generó una sociedad más llana y menos estamentada que en el resto de América:

– La debilidad consecuente del poder religioso y eclesiástico que generó una sociedad profundamente laica. El proceso de separación Iglesia-Estado comienza en l86l y se completa totalmente en 1917. Como ejemplo, existe divorcio desde 1907, que incluye como causal la sola voluntad de la mujer.

– La impronta del batllismo de principios del S.XX, un bonapartismo liberal reformista, “stuarmilliano”, de filosofía humanista que otorgó una serie de prebendas y derechos a los sectores populares que tiene la mentalidad del uruguayo medio hasta el presente:

– La herencia cultural de la ciudad-puerto (Montevideo, su capital, asiento de la mitad de la población), abierta al mundo, particularmente el europeo, asilo de los perseguidos de toda laya, desde la Colonia.

En el marco antedicho, y con el decidido aporte de los militantes inmigrantes, la conciencia que los proletarios, independiente de su lugar de origen o residencia conformaban una clase con intereses comunes; que “los obreros no tienen patria” fue una constante en la prédica y la acción del movimiento obrero desde sus inicios.

Tuvo la peculiaridad de atravesar las diferentes corrientes de pensamiento, aún las más moderadas de impostación patriótica, y formó parte del discurso de cualquier organización que quisiese tener predicamento en el mismo.

La variadísima y profusa prensa obrera editada por los obreros uruguayos desde l878 da cuenta de ello. Creemos interesante para ilustrar nuestros dichos, transcribir dos textos de periódicos representantes de corrientes divergentes: “Considerando que la emancipación de los obreros no es un problema solamente local o nacional, sino que, al contrario, es un problema humano universal, que interesa a todas las naciones… a la obra regeneradora deben pues converger los brazos y la inteligencia de todos los obreros esparcidos en el mundo para tomar en serias consideraciones su situación…”5.

“Cualquiera que sea el país en que habitemos y la distancia que nos separe a unos de otros, procuremos darnos la mano y establecer Íntimo consorcio y formar resistente cadena donde se estrelle o detenga al menos las desmedidas pretensiones de los que sólo ven en el proletariado un instrumento de producción”6

Gran parte de la prensa obrera incluía reseña de la situación y acción sindical a lo ancho del globo. Los triunfos obtenidos por los trabajadores organizados en cualquier parte se presentaban como propios.

También se dieron a conocer, en forma permanente, desde estas publicaciones y en las tribunas semiclandestinas, las transcripciones o citas de los revolucionarios europeos. Marx, Saint-Simon, Engels, Lasalle, Bebel, Kropotkin, Liebknecht entre otros, venían en auxilio de los argumentos obreros.

Las publicaciones uruguayas mantenían un variado y nutrido intercambio con otras internacionales. Hasta 1905 existe documentación de haberse hecho con 3l publicaciones de Argentina, Brasil, España, Bélgica, Francia e Italia.7 Es probable que este intercambio haya sido aún más fluido, puesto que la conservación de los documentos sindicales se debe al esfuerzo de las propias organizaciones, en una Época que la prensa burguesa sacaba las noticias sobre el movimiento obrero en la crónica policial. Aún hoy, el estado de los periódicos obreros que se encuentran en la Biblioteca Nacional -principal archivo de periódicos del país-, es deplorable.

Montevideo tuvo su sección de la Asociación Internacional de Trabajadores desde principios de l87l y la ciudad de Las Piedras desde l884. De fuerte influencia bakuninista, desarrolló un estilo sui géneris, ya que su llamado era hacia todos los trabajadores, incluyendo los que “profesan cualquier religión” o se encontraban en algún partido. El Estatuto de la AIT, redactado por Marx, sirvió repetidamente, como texto de referencia entre el conjunto de los trabajadores organizados.

La vocación internacionalista constituyó asimismo la solidaridad concreta con los gremios en lucha en otros lugares, con el refugio dado a los perseguidos y sus familias (que llegaban a raudales desde Argentina), con el accionar de los dirigentes fuera del país cuando las circunstancias lo requerían.

Los trabajadores uruguayos conmemoramos el 1º. de mayo desde l890. El primer gran desafío popular a la última dictadura fue la convocatoria y realización en l983 del acto por el 1º. de mayo, prohibido desde l974. La asistencia masiva frenó la represión militar.

Aquí se hizo luto por los mártires de Chicago (“Nuestros muertos” según el editorial del periódico La Voz de la Cooperativa de l6/ll/l889), se manifestó por la matanza de San Petersburgo, se discutió violentamente en torno a la Revolución de Octubre.

“Internacionalista” fue un descalificaste de los obreros organizados utilizado por la burguesía de fin del siglo en el sentido de vendepatrias, buen indicio que se les tocaba donde más les dolía.

Con otro objetivo, el batllismo -que mencionásemos- por su naturaleza bonapartista, favoreció desde el poder el refugio y la asimilación de los militantes perseguidos del movimiento obrero.

Quedó esto en la génesis del movimiento obrero, bajo influencia del alud inmigratorio? ¿Qué ocurre en este fin de siglo con el primer principio de la unidad de los trabajadores?

Desde el movimiento obrero, el internacionalismo ha trascendido al campo popular.

Como consecuencia también de la relativa debilidad de las clases polares en esta formación social, la clase obrera tiene una interpenetración mayor con el resto de los sectores populares de lo que ocurre en otros lados, un “turnover” muy alto; esto tiene consecuencias sobre toda la formación ideológica de la sociedad y en especial de los sectores populares.

La identidad obrera no está· recortada como tal, sino a su vez teñida de la mentalidad pequeñoburguesa propia de esa “sociedad amortiguadora” y en cierta forma diluida en ella, pero al mismo tiempo los valores propios de la clase obrera permean el conjunto del campo popular. Esto explica una de las características del Uruguay que llama la atención en el resto del mundo que es el alto Éxito que tienen las organizaciones obreras y populares en usar la herramienta del plebiscito.8

Es obvio que en un país pequeño y consciente de su debilidad relativa, el internacionalismo es uno de los valores proletarios que mejor puede ser recibido.

Las diferentes organizaciones obreras han promovido y participado apoyando las diversas causas populares, de contenido político y social desde la República durante la Revolución Española hasta el apoyo a la Revolución Sandinista.

Uruguay tiene, desde l965, una única Central de trabajadores, el PIT-CNT, independiente de toda organización política, religiosa o filosófica que establece en sus estatutos: “…procurar· la fraternidad entre los trabajadores en escala internacional y la amistad entre los pueblos del mundo y su lucha por la emancipación… Desarrollar· relaciones fraternales con sus similares en todo el mundo, promoviendo la unidad del movimiento sindical a escala continental y mundial, bajo los principios del internacionalismo proletario… se constituye como organización internacional autónoma no afiliándose a ninguna de las organizaciones internacionales existentes”9.

Esto no es una cuestión declarativa. En la vida cotidiana de los sindicatos y las organizaciones populares, los obreros no tienen patria.

En agosto de l994, un joven jardinero murió y un estudiante quedó lisiado cerebral10 a manos de la policía, por defender el derecho a la vida y al asilo político de tres vascos en huelga de hambre, acusados de pertenecer a la ETA, que el gobierno uruguayo accedió a extraditar a España. La bandera de esta defensa no estaba en a qué organización podían pertenecer -de hecho, la aplastante mayoría de los miles de manifestantes tenían una firme posición contraria al terrorismo- sino que el asilo es un derecho fundamental y patrimonio histórico de este pueblo. La conciencia, en suma, que se perdía mucho11.

Los sindicatos de trabajadores del mar consideran amparados bajo sus fueros a todo trabajador que tenga problemas en el puerto o las aguas uruguayas. Se hacen cargo, permanentemente de diversas situaciones. Cuando la desintegración de la Unión Soviética, les cupo hacerlo con un grupo importante de marineros que quedaron literalmente a la deriva en el puerto de Montevideo.

Podría decirse que estas son situaciones generales extremas, que no tocan en lo inmediato el bolsillo de nadie.

En el año l997 el Sindicato de la Construcción denunció penalmente las condiciones de explotación extrema (esclavitud) a que eran sometidos trabajadores brasileños al norte del país que eran introducidos clandestinamente por la frontera a trabajar en el área forestal. Es claro que competían con la mano de obra nacional. Los sindicatos en la oportunidad no pidieron que se les devolviese a su lugar de origen, sino que se les diese las garantías que tiene todo trabajador de acuerdo al Derecho positivo nacional.

El mismo reclamo se realiza permanentemente para con los trabajadores que se ingresan a la construcción desde Brasil a los cuales se les paga menos.

Y no se está· dando lo que sobra.

Que quede claro que Uruguay dejó de ser hace mucho la “Suiza de América” -autoproaganda del batllismo significando que esta tierra era una isla de bonanza en el (des) concierto americano-. Según cifras oficiales, la desocupación es del 12% y más de la mitad de la población se encuentra viviendo debajo de la línea de pobreza. Encontrar un trabajo es difícil, y el desempleo llega a capas cada vez más amplias de la población (existe inclusive un creciente “desempleo ilustrado” de profesionales y técnicos universitarios que, además, siempre fueron mucho más pobres que sus correspondientes en otras sociedades incluso periféricas).

El capitalismo salvaje ha llegado a estas orillas y está· “reformando”, esto es, destruyendo, todo el aparato del Estado de Bienestar que se formó durante el período batllista, y los derechos de los trabajadores conquistados con sangre.

Es claro que la solidaridad internacional, como valor de clase permea desde el movimiento obrero la sociedad uruguaya. Para quienes nos criamos en este pequeño rincón del mundo, es una vivencia internalizada como legado histórico. Y en su construcción fue clave el impacto del internacionalismo proletario.

No queremos cometer la ingenuidad de pensar que ello se ha incorporado y que, una vez asentado, es inmutable a las condiciones que está· creando el capitalismo hoy día. Contra eso alertamos.

Sin embargo, en este momento de ruptura de los lazos de solidaridad social al interior y exterior de las formaciones sociales, cuando las burguesías fomentan un chauvinismo agresivo, debemos, como arma de lucha y deber revolucionario, reivindicar la Historia desde el movimiento popular.

En estos 150 años, el entramado que han tejido los trabajadores a través de su solidaridad internacional en el centro y la periferia del sistema mundial, es el mejor ejemplo del impacto del Manifiesto. Debe ser el punto de arranque para cualquier alternativa en pro de la mayoría inmensa de la Humanidad.

Porque “alternativa” no debe ser un eufemismo para dejar de decir que la meta es la abolición del capitalismo.

Han cambiado muchas cosas, pero no la estructural: la explotación de una minoría sobre la inmensa mayoría que la lleva a niveles cada vez mayores de miseria, la condición contraria a la esencia humana del capitalismo. Es más, se han profundizado a niveles salvajes.

Por eso, es imprescindible reivindicar en el discurso y la acción la unión del proletariado planetario que propusiesen hace siglo y medio Marx y Engels.

Esto no ha cambiado. Quienes han cambiado, en todo caso, son un grupo de intelectuales “arrepentidos” de su condición revolucionaria anterior que necesitan justificar, por enrevesados caminos, que la única alternativa es el capitalismo maquillado.

Montevideo, abril de l998.

_________________________

NOTA: Por diferentes razones, para realizar este trabajo conté con la colaboración de Fernando Moyano, Raúl Gil, Carlos Sánchez y Pedro Balbi. A ellos mi agradecimiento.

1. Luis S·enz, El Manifiesto Comunista (l848-l998): Una disutopía radical, http://www.geocities.com/Athens/Acropolis/l664/mc.htm, enero l998.

2. Julio Godio, Socialistas, campesinos y ciudadanos; en Trabajadores y sindicatos en América Latina- Reflexiones sobre su Historia, C. Zubillaga, comp.,FLACSO-CLAEH, Montevideo, l989.

3. Alvaro Berro, Virginia García Montecoral: La polémica ideológica a través de la prensa obrera (Las grandes huelgas del año l905). Facultad de Humanidades y Ciencias, Universidad de la República, l989.

4. Carlos Real de Azúa, Uruguay, ¿una sociedad amortiguadora?, Ediciones de la Banda Oriental, Montevideo, 1984.

5. La lucha obrera, Periódico Vocero de la Asociación Internacional de Obreros de Montevideo, 8/9/l884.

6. El Tipógrafo, Periódico de la Sociedad tipográfica Montevideana, l6/9/l886.

7. En Carlos Zubillaga, Historia del movimiento sindical uruguayo, T.II, Prensa obrera y obrerista, l878-l905., Ediciones de la Banda Oriental, Montevideo, l986.

8. El referéndum contra la Ley de Impunidad (l988)(amnistía para los culpables de delitos de lesa Humanidad cometidos durante la dictadura) se perdió por escaso margen. Referéndum contra la Privatización de las Empresas Públicas (l992) -iniciativa de los sindicatos-, se ganó por el 77% de los votos. Referéndum contra intentos de privatización de la Seguridad Social (l994) -iniciativa de las organizaciones de jubilados y sindicatos- se ganó por más del 80%. Desde l984, todas las reformas propuestas por esta vía e iniciativa en relación a los derechos de los jubilados, se han ganado por altísimos márgenes. En el mismo año se perdió el referéndum presentado por los sindicatos de otorgar el 27% del presupuesto nacional a la Educación. En l980, la dictadura militar había sometido a plebiscito una constitución, propagandeada sin oposición libre en forma profusa. Los sindicatos y organizaciones populares llamaron clandestinamente a oponérsele. La dictadura perdió por el 60% de los votos.

9. Estatutos de la Convención Nacional de Trabajadores, Art. 2o) inc. f, h y Art. 4o).

10. Se trató de Fernando Morroni, de 27 años y Carlos Alejandro Font de 19.

11. Este hecho provocó manifestaciones cotidianas de miles de personas en las cercanías del Hospital en que se encontraban internados. A las mismas adhirieron organizaciones sociales de todo tipo: desde la Central de Trabajadores hasta la Iglesia. El 24 de agosto, en forma inesperada, la policía atacó salvajemente a una multitud pacífica, donde se encontraban inclusive niños -como es habitual en todas las manifestaciones en este país- en un hecho que no se veía desde los tiempos de la dictadura. Hubo además más de 50 heridos de bala. Los tres vascos fueron extraditados. Dos de los tres acusados fueron hallados inocentes en España.

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