Juan Ramón Capella

Los grandes centros de decisión mundiales, ya sea el G7, el FMI, el Banco Mundial, se rigen por la unilateral lógica de este poder estratégico. Una lex mercatoria universal se impone sobre los estados, incluidos los más poderosos, con implicaciones de todo tipo: desde las geoestratégicas y militares hasta las culturales.

La crisis de representación política es el reflejo de esta situación en el interior de los estados. Éstos no son libres para determinar ni su política económica ni componentes esenciales de ésta, como las políticas salarial, fiscal, industrial, etc. Carecen de soberanía para ello. Tampoco son soberanos en el plano militar, de la tecnología, de las comunicaciones. El poder estratégico actúa indirectamente y deja márgenes de indefinición, pero es imperativo. Ahora bien: el estado sigue presentándose hacia dentro como soberano legítimo. La soberanía es legitimada por la ciudadanía. El sistema político aparece como representación de la voluntad popular. Y existe aún, ciertamente, voluntad popular. Pero esa voluntad es irrepresentable si entra en colisión con la lógica del poder estratégico supraestatal en las condiciones actuales. Por eso está cada vez menos representada, y de ahí el descrédito de la política.

Se ha entrado en un período de crisis de los sistemas políticos de legitimación democrática. La actual es una fase de deriva: de ir a la deriva.

Juan Ramón Capella, La Hydra

Grandes esperanzas (1996)

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