A 150 años del Manifiesto: La cuestión del partido de cara al nuevo milenio

  Introducción

 En los últimos tiempos, no han sido pocas las voces que, desde posiciones diversas, se han levantado reclamando la superación de los partidos como forma de acción política de la sociedad y sustento de los órganos estatales de representación. En realidad, desde sus más remotos orígenes, las formaciones partidistas fueron vistas con recelo, como expresión de una diversidad y una confrontación no deseadas, pero realmente existentes. No fue hasta que, casi dos siglos de por medio, la democracia se entendió como pleno reconocimiento de la lucha política entre segmentos de la sociedad, cuando los partidos pasaron a ser considerados factores indispensables del propio desarrollo democrático. Sin embargo, en el seno de estos regímenes competitivos, también han surgido posturas que ven en los partidos un elemento distorsionador o limitante de la libertad política y de la democracia.

 En particular, desde hace ya muchos años los partidos que surgieron y se desarrollaron a partir de las ideas expuestas en el Manifiesto se han topado con una situación crítica. Muchos de estos partidos han sufrido importantes transformaciones cuando no han desaparecido, de forma que las tradicionales alineaciones que los definieron durante casi todo este siglo, lo mismo que los preceptos sobre los cuales diseñaron sus formas de organización interna, carecen hoy de sustento. Debiéramos, por tanto, reconocer que un largo ciclo de la organización política, si contamos a partir del surgimiento de los primeros partidos obreros, se ha cerrado.

 No es aquí el lugar para analizar esa larga y compleja trayectoria, llena de vicisitudes marcadas por las particularidades de los procesos de cada país y por las diferentes circunstancias históricas en las que actuaron esos partidos. Pero es indispensable señalar que su propia crisis nos ubica ante un momento propicio para reexaminarlo todo. Ciertamente, la lucha política de hoy y, específicamente, la lucha encaminada a la supresión del capitalismo en las condiciones actuales, exige la mayor inventiva posible para lograr una profunda readecuación de los instrumentos organizativos tradicionales. Lo cual ha de pasar, necesariamente, por la revisión de la conceptualización que ha hecho el marxismo de los partidos.

 Suele olvidarse que Marx y Engels fueron hijos de su época, individuos que actuaron bajo determinadas circunstancias y de acuerdo al impulso histórico de la sociedad de la que eran parte. Su trascendente elaboración teórica, lo mismo que su aporte político concreto a la lucha y a las organizaciones revolucionarias de su momento, están signados por el movimiento social desde el cual ellos realizan su análisis y su actividad. Por lo mismo, su concepto de partido obrero no es separable del movimiento y la lucha de la clase obrera, pese a lo cual tampoco es reducible uno en la otra. El partido es, por tanto, una categoría histórica que no existe por sí misma en una suerte de definición o generalización abstracta, sino que es consecuencia de la lucha concreta en la que aquél toma parte y se desenvuelve. De la misma manera en que las clases no existen sino en su relación viva y, por tanto, estrictamente histórica, los partidos deben su existencia a la acción de las fuerzas sociales que encarnan y las funciones concretas que en ellas realizan.

 Desde esta perspectiva, resulta asombroso cuan actual aparece lo propuesto por el Manifiesto del Partido Comunista.

 I. ¿A qué partido se refiere el Manifiesto ?

 La mayoría de las interpretaciones, incluso francamente contrapuestas, sobre la concepción de Marx y Engels acerca del partido obrero parten de lo expuesto en el Manifiesto del Partido Comunista y, con frecuencia, se reducen casi exclusivamente a ello. Es cierto que en pocos textos de nuestros autores encontramos tan claramente expresado lo que ellos entendían entonces por partidos obreros y las relaciones que consideraban que los comunistas, también como partido, debían mantener con aquéllos. Pero si, como pensamos, no existe en Marx y Engels una concepción del partido revolucionario para todo tiempo y lugar, ¿en qué reside la vigencia de lo planteado en su obra, específicamente en el Manifiesto, sobre este tema ? Para respondernos es necesario entender de qué partido se nos habla.

 Pocas revoluciones han sido tan previstas como las que ocurrieron en Europa a partir del año de 1848. En la víspera, el avance del capitalismo, con su inmensa cauda de nuevos trabajadores libres, barriadas miserables, campesinos arruinados, nuevas comunicaciones, impetuoso comercio mundial, emigración laboral, depresiones económicas, miles de periódicos, novedosos conocimientos científicos y ampliación del mundo conocido, generaban las condiciones para un nuevo y gran ataque contra las monarquías. Pero ahora, hacía su ingreso en la historia la clase más reciente : el proletariado.

 Los obreros socialistas de Europa, con su incipiente y rudimentario arsenal, tenían puestos los ojos en la abolición del capitalismo, en la revolución social emancipadora. Los viejos grupos conspiradores, veteranos de otras luchas, entre ellas la revolución de 1830, velaban sus armas atentos al momento más propicio de asaltar el poder e imponer la anhelada justicia. Reducidos a pequeños grupos, a la manera burguesa y pequeñoburguesa de la época, con sus clubes y periódicos, apelaban al estado de ánimo que se iba creando irremediablemente entre grandes masas de ciudadanos sin derechos. Eran los partidos proletarios de entonces.

 En la decisión de Marx y Engels de incorporarse en 1847 a la Liga de los Justicieros, condicionada al cambio de una serie de preceptos y características de esta organización, existía la idea de realizar una actividad política que les permitiera a ellos influir en aquel movimiento y dar a conocer su nueva concepción. No era la Liga, por cierto, la primera organización en la que participaban, ni tampoco en la que veían reunido a todo el movimiento comunista, al que tiempo atrás y con gran optimismo notaban crecer en diversos lugares.

 No es casual que Marx y Engels hayan titulado este documento con el nombre de Manifiesto del Partido Comunista. Como bien puede extraerse de éste, hay una reiterada preocupación por atraer hacia el nuevo programa a las demás organizaciones que reivindicaban la lucha obrera y el comunismo. Años después, en la edición alemana del Manifiesto, Engels comenta al respecto : “…cuando este Manifiesto vio la luz, no pudimos bautizarlo de Manifiesto socialista. (…) En 1847, el socialismo designaba un movimiento burgués, el comunismo un movimiento obrero (…) Y como para nosotros era ya entonces firme la convicción de que ‘la emancipación de los trabajadores sólo podía ser obra de la propia clase obrera’, no podíamos dudar en la elección del título. Más tarde tampoco se nos pasó nunca por las mientes modificarlo.” (1)

 Tal como se expresa en el Manifiesto, Marx y Engels distinguían entre los diversos sistemas utópicos, ubicando aquellos que efectivamente proyectaban sus ideales de emancipación desde la clase obrera en movimiento y que se designaban, diferenciándose de los socialistas, con el nombre de comunistas (2). Siempre insistieron en que éstos representaban la “infancia del movimiento proletario”, es decir, que expresaban las aspiraciones de un movimiento que, si bien comprendía la lucha que se presentaba en la sociedad entre las clases y pugnaba por una solución, aún no dejaba de buscarla en su propia cabeza.

 El Manifiesto pretende ser el programa de un partido nuevo, no mandado a hacer por nadie, sino que nace de la capacidad del proletariado de emprender “una acción histórica independiente, un movimiento político propio y peculiar” (3), lo cual, precisamente, no alcanzaban a ver los comunistas utópicos. No se refiere, por tanto – como han sostenido versiones “oficiales” del marxismo (4) -, tan sólo a la Liga de los Comunistas, a la cual veían como una de las agrupaciones que podían expresar ese nuevo partido.

 Poco después de redactado el Manifiesto se produciría la revolución europea del cuarenta y ocho, en la cual la organización de la Liga resultó ampliamente rebasada por el movimiento de los obreros, y sólo en el caso de Alemania logró existencia real relativamente importante. Entonces, Marx ubica en Francia a Blanqui y sus compañeros como “los verdaderos jefes del partido proletario”, en contraposición a los socialistas doctrinarios : “…el proletariado va agrupándose más y más &endash escribe &endash en torno al socialismo revolucionario, en torno al comunismo, que la propia burguesía ha bautizado con el nombre de Blanqui. Este socialismo es la declaración de la revolución permanente, de la dictadura de clase del proletariado como punto de transición para la supresión de las diferencias de clase en general, para la supresión de todas las relaciones de producción en que éstas descansan, para la supresión de todas las relaciones sociales que corresponden a esas relaciones de producción, para la subversión de todas las ideas que brotan de esas relaciones sociales.” (5)

 Se trata, por tanto, en el Manifiesto, de una concepción amplia de partido, que trasciende – aunque pretende unirlas alrededor de un nuevo programa y una nueva visión – a las diversas organizaciones específicas en las que en determinados momentos y circunstancias se expresa esa tendencia histórica de lucha obrera por su emancipación y, por consecuencia, por la superación del capitalismo. No es, pues, que para Marx y Engels existiera o fuera a existir un único partido, con formas predeterminadas de organización, que pensaran denominar Partido Comunista. Si bien se comprometen sin reservas y dedican enormes esfuerzos militantes en todas las organizaciones políticas de las que fueron parte destacada, desarrollando en ellas profundas polémicas que abrieron paso a su concepción, no existe nada más ajeno a ellos que la idea de perpetuación de alguna forma, diferenciada del movimiento, de organizarse para la lucha contra el capital. No es atribuible, en consecuencia, a los autores del Manifiesto ninguno de los modelos que surgirían, en una historia posterior, entre los partidos marxistas.

 La clase y el partido

 Existe la idea (la cual, por cierto, generó en décadas anteriores varios significativos debates) de que para Marx y Engels el partido es la clase obrera misma, que uno y otra configuran conceptos intercambiables (6). Para ello, se nos remite, precisamente, a la frase del Manifiesto “la organización del proletariado en clase y, por tanto en partido político”, así como a expresiones similares expuestas en algunos otros momentos, en particular, a partir de la Conferencia de Londres de 1871.

 En el Manifiesto, Marx y Engels hacen un breve esbozo histórico de las luchas de los obreros contra la burguesía, de las distintas formas que aquéllas fueron adquiriendo, para concluir que, con la unión cada vez mayor que de ello se había derivado entre los trabajadores, se producen luchas que adquieren carácter nacional, es decir, que trascienden el nivel de una fábrica o de una localidad. A partir de este momento, la lucha es propiamente política, pues los trabajadores se enfrentan ya no con uno u otro de los dueños de las empresas, sino con el poder del Estado, como poder que defiende los interés colectivos de la clase capitalista ; es éste propiamente el terreno de la lucha de clases, tal es el sentido de lo expuesto en este escrito y que concluye escuetamente : “Mas toda lucha de clases es una lucha política” (7).

 Por eso, en múltiples ocasiones Marx señala que la clase del proletariado es propiamente aquella que ha superado su esencia exclusivamente social y se convierte en un conglomerado nacional, es decir, político. Conviene recordar que cuando se refiere a otras clases, o sectores de ellas, Marx no se limita exclusivamente a su referente económico y da importancia, en el caso de una clase que es o busca ser dominante, a las transformaciones políticas, jurídicas y culturales que logra en su proceso de ascenso (8). De igual forma, sostiene que no conforman una clase quienes no logran su integración nacional y los medios para expresar, por sí mismos, sus intereses, por lo que no pueden más que ser representados, aunque tengan idénticas condiciones de vida y trabajo (9).

 Cuando Marx, en su polémica con Proudhon, quien, precisamente, rechazaba la acción política de los obreros, señaló la diferencia entre “clase en sí” y “clase para sí” (10), buscaba la manera de sintetizar un proceso en el cual media la acción política y la conciencia extraída de la experiencia. No es que Marx considere separadas en la realidad la clase que se constituye en forma objetiva en el proceso de producción de mercancías y la clase que ha de llevar a cabo la transformación revolucionaria para superar ese régimen. Para él se trata, sin duda, de los mismos individuos, de ahí su reiterada frase “la emancipación de los trabajadores ha de ser obra de los propios obreros.” Es ésta una de las preocupaciones principales de Marx y Engels frente a los “reformadores sociales”, que depositan en los representantes de las clases “cultas”, la capacidad de conducir la lucha emancipadora.

 Pero eso no lo lleva a confundir el proceso social que tiene su fundamento en la producción material, con el movimiento que de ahí se desprende, superando las enormes limitaciones que impone el “despotismo fabril”, para adentrarse en la acción que supera, por un lado, la competencia entre obreros y, por el otro, la lucha de éstos con el patrón en lo individual. No se identifica, por tanto – contra toda visión “determinista”-, la formación objetiva de la clase de los obreros, en la cual éstos son sólo “clase con respecto al capital” (11), con su propio movimiento, necesariamente político, base del partido proletario (12).

 En El Capital se analiza el proceso de desarrollo capitalista de la sociedad, como proceso “histórico-natural”, del que se deriva la conformación, junto a la burguesía moderna, de la clase obrera. En lo que se refiere a las clases, Marx señala desde el Prólogo a la primera edición :

 “Pero adviértase que aquí sólo nos referimos a las personas en cuanto personificación de categorías económicas, como representantes de determinados intereses y relaciones de clase. Quien como yo concibe el desarrollo de la formación económica de la sociedad (13) como un proceso histórico-natural, no puede hacer al individuo responsable de la existencia de relaciones de que él es socialmente criatura, aunque subjetivamente se considere muy por encima de ellas.” (14)

 Para Marx, a partir del momento en que el obrero como individuo dispone sólo de su fuerza de trabajo para ser vendida al capitalista como mercancía, es cuando “la producción de mercancías se generaliza y se convierte en forma típica de producción ; es a partir de entonces cuando todos los artículos se producen desde el primer momento para el mercado y cuando toda la riqueza producida transcurre por los cauces de la circulación. Sólo ahí donde tiene por base el trabajo asalariado se impone la producción de mercancías a toda la sociedad y sólo allí desarrolla sus potencias ocultas.” (15)

 El curso histórico de las transformaciones operadas en las formas de trabajo, dieron como resultado la conformación de peculiares características en el obrero. En gran medida, el obrero se moldea por las formas de su quehacer productivo, determinadas, a su vez, por el capital. De una parte, al obrero, disociado del proceso material, se le presenta éste como algo que les es ajeno ; es “mutilado”, pues depende de otros obreros y, más aún, de la máquina, para la ejecución de su trabajo ; la miseria le corrompe, no sólo física, sino también espiritualmente (16). Pero, por la otra, todos los mecanismos que están encaminados al desarrollo del régimen de producción, conforman a la clase obrera como la única que conlleva su ser colectivo, su ser eminentemente social (17), producto de su propia situación, del carácter que adquiere el trabajo que desempeña.

 En realidad, toda la obra de Marx parte de la conclusión de que en este sistema los procesos definitorios son eminentemente sociales, es decir, colectivos y generalizados (18). Por ello, insiste en que la conformación del proletariado como clase (como clase social) parte de transformaciones operadas a nivel de la sociedad y, específicamente, del proceso de socialización del trabajo.

 A Marx le preocupa no sólo describir las características y la situación objetiva que definen al obrero en el capitalismo, sino, al igual que en los otros procesos que estudia, encontrar las contradicciones que permiten la superación de lo existente. Los utopistas no vieron “en la miseria más que la miseria”, pero de lo que se trata, para él, es de encontrar en esas mismas condiciones el aspecto revolucionario que conllevan (19). Las bases sobre las cuales surge y se desarrolla la conciencia en la clase obrera están dadas por su existencia objetiva : la explotación, la opresión del capital, la organización del trabajo, la generalización del trabajo colectivo, etcétera. Sin embargo, ello no garantiza por sí mismo que se tenga una visión exacta del significado y consecuencias de esa existencia. De hecho, en el curso de la lucha obrera han surgido innumerables interpretaciones teóricas, concepciones y prácticas que tienen la misma base material, pero que no se les puede considerar igualmente válidas.

 “Las aspiraciones y las tendencias generales -escribió Marx – de la clase obrera emanan de las condiciones reales en que se encuentra. Por esto, dichas aspiraciones y tendencias se hallan presentes en toda la clase, si bien el movimiento se refleja en sus cabezas en las formas más diversas, de una manera más o menos fantástica, o en un modo que corresponde más o menos a las condiciones reales.” (20)

 Y esto es así porque el mismo proceso material oculta los verdaderos mecanismos de producción de la riqueza, de la explotación, presentando lo que en realidad son procesos sociales, es decir, generalizados, como relación de compra-venta entre individuos aislados ; a la plusvalía como ganancia del dueño del capital, o como renta del dueño de la tierra, o como interés del dueño del capital-dinerario ; al capital como generador de nuevo valor ; a la ciencia y la técnica como fuerzas productivas por sí solas, etcétera (21). En este sentido, toda la obra principal de Marx está encaminada a descubrir los procesos tal cual transcurren realmente, quitando el velo que los oculta, lo que le fue posible no sólo como señalaba René Zavaleta por su genialidad intelectual, sino por la ubicación desde la que conoce, el “horizonte de visibilidad” que adopta, o sea, el de la clase obrera, el de la producción de plusvalía, que ya no el de la ganancia, el de la burguesía, a la cual le es imposible, llegado un límite, conocer “contra sí misma” (22).

 Pero las diversas visiones que se generan en la clase obrera no sólo tienen para Marx un origen en la enajenación del trabajador, en la transfiguración de las relaciones materiales, sino también en la influencia que sobre ella ejercen otras clases o sectores de clase, otras ideas, otros programas y realizaciones políticos y sociales. La historia de los agrupamientos en los que Marx y Engels participaron, les permitió conocer la gran cantidad de elementos que interfieren en la configuración de una conciencia revolucionaria entre los obreros. Bástenos recordar la polémica con los sindicalistas británicos, por un lado, y con los anarquistas, por el otro, para reconocer cuán lejos estuvo, de la conducta política de los autores del Manifiesto, una reducción a los aspectos económicos.

 Años después, Engels señalaría en polémica con el determinismo económico, que la abstracción de elementos circunstanciales (incluso económicos), con el fin de encontrar las regularidades que definen un periodo histórico determinado, había que entenderla como requerimiento del método histórico de Marx. Por ello, explica, el método se limita “con harta frecuencia, a reducir los conflictos políticos a las luchas de intereses de las clases sociales y fracciones de clases existentes, determinadas por el desarrollo económico, y a poner de manifiesto que los partidos políticos son la expresión política más o menos adecuada de estas mismas clases y fracciones de clases.” (23)

 ¿Partido-vanguardia ?

 Muchas de las opiniones que se sostienen -pretendidamente a partir del Manifiesto – en el sentido de que Marx identifica a la clase con el partido, buscan con ello combatir la concepción vanguardista que se produjo a partir del postulado kautskiano de que la teoría y el programa de una organización revolucionaria constituyen “factores externos a la clase obrera”. (24)

 En el Manifiesto, Marx y Engels señalan que, si bien “los comunistas no forman un partido aparte, opuesto a los otros partidos obreros”, tienen una serie de peculiaridades entre las que resalta el que “teóricamente, tienen sobre el resto del proletariado la ventaja de su clara visión de las condiciones, de la marcha y de los resultados generales del movimiento proletario.” (25) A raíz de este planteamiento, efectivamente se desarrolló la concepción de que el partido socialdemócrata, primero, y el comunista, después, en la acepción que adquirió en el siglo XX, era portador externo del “socialismo científico” (forma con la que se denominó al marxismo) en la clase obrera, la cual, se agregó, era incapaz por sí sola de arribar al conocimiento científico. A partir de ello, el partido de los marxistas fue definido como el terreno de la fusión entre la teoría revolucionaria y el movimiento obrero, como la “vanguardia del proletariado”.

 Contrariamente a la versión de que Marx y Engels manejan en forma difusa o ambigua el término partido obrero, es claro que, como demuestra Lowy, tanto en la Ideología como en el Manifiesto, aquel se refiere a organizaciones precisas entonces ya constituidas : “los cartistas de Inglaterra y los partidarios de la reforma agraria en América del Norte” (26) (National Reformer Association). En ambos casos, Marx y Engels consideraron correcto que quienes mantenían una postura comunista no se desprendieran de esas organizaciones, que en realidad eran auténticos movimientos políticos de los obreros. De esta manera, las referencias a la relación de los comunistas con los partidos obreros está directamente inspirada en la relación que establecieron los Fraternal Democrats (en cuya constitución, como sabemos, participaron Marx y Engels), con el cartismo, negándose a constituir “un partido en el partido” (27).

 Además, no hay que olvidar que los aspectos que se señalan como característicos de los comunistas tienen la finalidad de superar las concepciones sectarias que definían a los grupos comunistas de la época, de los cuales Marx y Engels critican, precisamente, su desvinculación con el movimiento real y, derivada de ello, su vocación redentora y conspirativa.

 Una respuesta mundial

 Por otra parte, es importante detenerse en el carácter internacional del partido obrero que impulsó el Manifiesto.

 A partir de la formación de la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT), ocurrida quince años después de la revolución europea del 48, fue ampliamente recogida la idea, expuesta en el Manifiesto, de que las formas para alcanzar la meta de la emancipación de los trabajadores son nacionales, mientras que su contenido es, lo mismo que el capital, de carácter internacional (28). Como se sabe, los partidos socialistas y comunistas no solamente recogieron la divisa de la Liga : “Proletarios de todos los países, uníos”, sino que de asumieron que la organización de los comunistas fuese de carácter internacional.

 Marx defendió persistentemente la idea de que la naturaleza cada vez más internacional del capital, ya desde mediados del siglo XIX, requería una respuesta que desbordara las fronteras nacionales, sin eludir la existencia de Estados específicos y rasgos nacionales inconfundibles en la lucha política de cada país. Por ello, mientras la comunicación y coordinación internacionales eran un requerimiento de las luchas de los obreros, el marco nacional al que se ciñe la forma específica del esfuerzo por lograr la emancipación de los trabajadores, obligaba a basarse en la iniciativa política y programática de las organizaciones locales de los obreros. Es decir, el carácter internacional de la organización obrera no eliminaba o suplantaba la dimensión nacional, por el contrario, era su complemento.

 “Frente a la fuerza del capital -escribió Marx años después a los miembros de la AIT -, la fuerza individual del hombre desaparece y el trabajador, en las manufacturas, no es ya más que un engranaje de la maquinaria. Para recobrar su individualidad, los trabajadores deben agruparse y formar cooperativas en defensa de su vida y de su salario. Hasta ahora, estas asociaciones tenían más bien carácter local ; solamente el capital, gracias a los nuevos inventos industriales, ve crecer diariamente su fuerza, lo que hace que gran número de cooperativas nacionales hayan caído en la impotencia. Estudiando las luchas de la clase obrera inglesa, se advierte cómo los dueños de las fábricas, para hacer frente a sus obreros, recurren a los obreros extranjeros y a las mercancías por ellos elaboradas, allí donde los salarios son más bajos. Frente a esta situación debe la clase obrera, si quiere proseguir su lucha con perspectivas de éxito, transformar sus asociaciones nacionales en agrupaciones internacionales.” (29)

El carácter internacional de las agrupaciones obreras, como fueron los Demócratas Fraternos, la Liga de los Comunistas y, finalmente, la AIT, fue entendido por Marx y Engels como una ventaja en determinados momentos -se puede decir que iniciales- de la lucha obrera, pero con el desarrollo de ésta cuidaron que fuera complemento de la organización nacional dada la complejidad y expansión de la lucha política en los marcos de cada nación.

 Así, en los años posteriores a la Comuna de París y habiéndose disuelto la AIT, Marx y Engels realizan una intensa actividad con los dirigentes de muchos de los partidos obreros que entonces comenzaban a surgir. La permanente preocupación de los autores del Manifiesto, en el sentido de descubrir las peculiaridades de cada país, de forma que no se trasladaran mecánicamente experiencias válidas para determinados lugares a otros en los que la situación exigía soluciones originales, se expresó de la misma forma en la cuestión del partido. Así, por ejemplo, mientras que para naciones como Francia y Alemania consideraron de vital importancia establecer con clara precisión los objetivos obreros revolucionarios, para lo cual impulsaron la diferenciación orgánica de sus seguidores respecto a otras posiciones de los trabajadores (lasallistas, anarquistas o reformistas), para lugares como Inglaterra y Estados Unidos lo que les importó fue la constitución de una amplia agrupación, independiente y unitaria, de los trabajadores, y no la postura teórica o la definición programática de ésta. Asimismo, en el caso de Rusia, país del que esperaban una pronta revolución, llegaron a considerar válida, incluso, la organización conspirativa que tanto combatieron en otros lugares y momentos.

 El Manifiesto y los partidos de hoy

 El largo proceso que habría de transcurrir entre 1847, año en que fue escrito el Manifiesto, y la última década del siglo XIX, cuando se consolidan los partidos obreros de masas en los que fue predominando el marxismo, no dio como resultado lo que Marx y Engels imaginaron o quisieron, sino lo que determinaron los diferentes requerimientos y posibilidades del movimiento político en cada momento. De tal forma, no puede ser atribuible a Marx ni a Engels planteamientos que se desarrollarían, en particular en la década de los treinta del siglo XX (30) , pero tampoco, como hemos visto, la identificación entre clase social y partido o viceversa.

 Con frecuencia se olvidan las referencias que en el último apartado del Manifiesto se hacen a la acción diversa de los comunistas en países como Suiza, Francia y Polonia, tanto como Inglaterra, Estados Unidos o Francia. Considerando las distintas circunstancias políticas, actuando con diferentes fuerzas, el planteamiento general se resume en la idea de que “los comunistas luchan por alcanzar los objetivos e intereses inmediatos de la clase obrera ; pero, al mismo tiempo defienden también, dentro del movimiento actual, el porvenir de ese movimiento.” (31) O bien, en palabras de Engels, de lo que se trata es de “representar el movimiento del futuro en el movimiento del presente”.

 A ciento cincuenta años de escrito el Manifiesto, la propuesta abierta, unitaria, solidaria, internacionalista que éste contiene, vuelve a expresar lo más avanzado en cuanto al concepto de partido se refiere. Comienza hoy a ser superada la historia de más de un siglo de los partidos obreros &endash historia en no pocos casos heroica pero también trágica &endash que los llevó a incursionar en diversas experiencias políticas que perdieron de vista la distinción, siempre presente en la obra y la acción de los autores del Manifiesto, entre la estructura orgánica específica, dependiente de las condiciones políticas de cada momento, y el partido como encarnación histórica de las ideas y la actividad transformadora tendientes a superar el capitalismo (a los que, en cierto momento, Marx distinguió como “partido en sentido efímero” y el “partido en sentido histórico”).

 No sólo se está, ahora, ante el reto de aprender del pasado y comprender las nuevas condiciones y los diferentes actores que pueden conjuntar sus esfuerzos, en una actitud plural que permita convivir y actuar con la diversidad de los “otros” empeñados igualmente en superar el “orden de cosas actual”. Seguramente, no serán los partidos de diversa índole los únicos actores de esa empresa, pues nuestras sociedades son cada vez más complejas y tienen, por fortuna, constante capacidad de inventiva para renovar, crear, sumar, los instrumentos organizativos necesarios para hacerse oír y cambiar el presente.

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 Notes

1. F. Engels. “Prólogo a la edición alemana de 1890 del Manifiesto”, en Biografía del Manifiesto, Cía. General de Ediciones, México, 1061, p.63.

2. “En 1847, el concepto de ‘socialista’ abarcaba dos categorías de personas. Unas eran las que abrazaban diversos sistemas utópicos, y entre ellas se destacaban los owenistas en Inglaterra, en Francia los foureristas, que poco a poco habían ido quedando reducidos a dos sectas agonizantes. En la otra formaban los charlatanes sociales de toda laya, los que aspiraban a remediar las injusticias de la sociedad con sus potingues mágicos y con toda serie de remedios, sin tocar en lo más mínimo, claro está, al capital ni a la ganancia. Gentes unas y otras ajenas al movimiento obrero, que iban a buscar apoyo para sus teorías a las clases ‘cultas’. El sector obrero que, convencido de la insuficiencia y superficialidad de las meras conmociones políticas, reclamaba una radical transformación de la sociedad, apellidábase comunista. Era un comunismo toscamente delineado, instintivo, vago, pero lo bastante pujante para engendrar dos sistemas utópicos: el del ‘ícaro’ Cabet en Francia, el de Weitling en Alemania.” Ibid.

3. K. Marx, F. Engels, “Manifiesto del Partido Comunista”, op.cit., p.104.

4. Nos referimos especialmente a las que se contienen en historias del movimiento obrero y manuales de marxismo elaborados por la Academia de Ciencias de la URSS. Cf., entre otros, Varios, Movimiento obrero comunista y de liberación nacional. 1760-1939, Ed. Pueblo y Educación, La Habana, 1986, p.32.

5. K. Marx, “Las luchas de clases en Francia”, en Obras Escogidas en 2 tomos, t.1, Ed. en Lenguas Extranjeras, Moscú, p.225.

6. Cf., entre otros, a Fernando Claudín, Marx, Engels y la revolución de 1848, op.cit.; Rossana Rosanda, “De Marx a Marx: clase y partido”, en Teoría marxista del partido político, 3, Ed. Pasado y Presente, México 1973; Carlos Pereyra, “La idea del partido en Marx” y Arnoldo Martínez Verdugo, “Clase y partido en Marx”, en El partido obrero en Marx, Ed. CEMOS-ECP, México, 1985.

7. K. Marx y F. Engels, “Manifiesto…”, op.cit., p.31.

8. “Las revoluciones de 1648 y de 1789 no fueron revoluciones inglesas y francesas; fueron revoluciones de tipo europeo. No representaban el triunfo de una determinada clase de la sociedad sobre el viejo régimen político; eran la proclamación de un régimen político para la nueva sociedad europea. En ellas había triunfado la burguesía; pero la victoria de la burguesía significaba el triunfo de un nuevo régimen social, el triunfo de la propiedad burguesa sobre la propiedad feudal, de la nación sobre el provincialismo, de la concurrencia sobre los gremios, de la partición sobre el mayorazgo, del sometimiento de la tierra al propietario sobre el sometimiento del propietario a la tierra, de la ilustración sobre la superstición, de la familia sobre el linaje, de la industria sobre la pereza heroica, del derecho burgués sobre los privilegios medievales.” K. Marx “La burguesía y la contrarrevolución”, en Obras escogidas, op.cit. p.58.

9. “Por cuanto existe –leemos en El dieciocho Brumario– entre los campesinos parcelarios una articulación puramente local y la identidad de sus intereses no engendra entre ellos ninguna comunidad, ninguna unión nacional y ninguna organización política, no forman una clase. Son, por tanto, incapaces de hacer valer su interés de clase en su propio nombre, ya sea por medio de un parlamento o por medio de una Convención. No pueden representarse, tienen que ser representados.” Op.cit., p.341.

10. K. Marx, Miseria de la Filosofía, op.cit. p.169.

11. Ibid.

12. En un trabajo que tuvimos oportunidad de debatir, Carlos Pereyra escribe críticamente: “La ambigüedad del vocablo partido en los textos de Marx no proviene sólo, como se dice más arriba, de que era una novedad terminológica a mediados del siglo pasado y de que el fenómeno mismo de organización política en instituciones estructuradas apenas comenzaba a manifestarse, sino de la tendencia observable en sus escritos a identificar agentes (fuerzas) sociales con agentes (fuerzas) políticos. Por ello los términos clase y partido son intercambiables en numerosos pasajes de su obra.” Carlos Pereyra, “La idea de partido en Marx”, en op.cit., p.39.

13. Sin duda es más correcto, como lo han señalado varios autores, la traducción de formación económico-social, que integra en un solo concepto el aspecto económico y el social, de forma que, si bien se separan con fines analíticos las relaciones materiales, éstas no son comprendidas al margen del conjunto social. Cf. entre otros, C Luporini, El concepto de “formación económico-social”, Ed. Pasado y Presente, México, 1978; V. Gerratana, Investigaciones sobre la historia del marxismo II, Ed. Grijalbo, España, 1975.

14. K. Marx, El Capital, T.I, De. FCE, México, 1974, p.xv.

15. Ibid., p.495.

16. “…todos los métodos –leemos en El Capital–encaminados a intensificar la fuerza productiva social del trabajo se realizan a expensas del obrero individual; todos los medios enderezados al desarrollo de la producción se truecan en medios de explotación y esclavizamiento del productor, mutilan al obrero convirtiéndolo en un hombre fragmentario, lo rebajan a la categoría de apéndice de la máquina, destruyen con la tortura de su trabajo el contenido de éste, le enajenan las potencias espirituales del proceso del trabajo en la medida en que a éste se incorpora la ciencia como potencia independiente; corrompen las condiciones bajo las cuales trabaja; le someten, durante la ejecución de su trabajo, al despotismo más odioso y más mezquino; convierten todas las horas de su vida en horas de trabajo; lanzan a sus mujeres y sus hijos bajo la rueda trituradora del capital.” Ibid, ps. 546-547.

17. “Es evidente que esta interdependencia directa de los trabajos –escribe Marx en relación a los efectos que produce la manufactura– y, por tanto, de los obreros que las ejecutan, obliga a éstos a no invertir en su función más que el tiempo estrictamente necesario para realizarlos, con lo que establecen una continuidad, una uniformidad una regularidad, una reglamentación, y sobre todo una intensidad de trabajo completamente distintas a las de los oficios independientes e incluso a las de la cooperación simple.” Ibid, p.280. Y agrega en relación a la implantación de la gran industria: “En la cooperación simple, e incluso en la cooperación especificada por la división del trabajo, el desplazamiento del obrero aislado por el obrero colectivo se presenta siempre como algo más o menos casual. La maquinaria, con algunas excepciones…, sólo funciona en manos del trabajo directamente socializado o colectivo.” Ibid, ps. 315-316.

18. Al grado de que, en el tomo III de El Capital, al analizar el sistema crediticio y la aparición de las sociedades anónimas, de lo que sólo vio el inicio, Marx plantea: “El capital, que descansa de por sí sobre un régimen social de producción y presupone una concentración social de medios de producción y fuerzas de trabajo, adquiere así directamente la forma de capital de la sociedad (capital de individuos directamente asociados) por oposición al capital privado, y sus empresas aparecen como empresas sociales por oposición a las empresas privadas. Es la supresión del capital como propiedad privada dentro de los límites del mismo régimen capitalista de producción.” Ibid, t.3, p.415.

19. Cf. K. Marx, Miseria de la Filosofía, op.cit., p.121.

20. K.Marx, “Carta a Paul y Laura Lafargue”, citada en L.Basso, Socialismo y Revolución, Ed. Siglo XXI, México, 1975, p.257.

21. Lo que denomina “fetichismo de la mercancía” es para Marx la “apariencia material” de lo que en realidad son “condiciones sociales del trabajo”. Al explicar la determinación del valor de las mercancías, escribe: “Estas (las magnitudes de valor) cambian constantemente, sin que en ello intervengan la voluntad, el conocimiento previo ni los actos de las personas entre quienes se realiza el cambio. Su propio movimiento social cobra a sus ojos la forma de un movimiento de cosas bajo cuyo control están, en vez de ser ellos quienes las controlen.” K.Marx, El Capital, op.cit., p.40.

22. R. Zavaleta Mercado, “Clase y conocimiento”, en Historia y Sociedad, No.5, México.

23. F. Engels, “Introducción a ‘Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850′”, escrito en 1895, op.cit., p.113. (Subrayados nuestros). En sentido similar se había expresado Engels en 1890 en carta a J. Bloch, explicando la tan debatida “determinación en última instancia”. “La situación económica –escribió– es la base, pero las diversas partes de la superestructura –las formas políticas de la lucha de clases y consecuencias, las constituciones establecidas por la clase victoriosa después de ganar la batalla, etc.– las formas jurídicas –y en consecuencia inclusive los reflejos de todas esas luchas reales en los cerebros de los combatientes: teorías políticas, jurídicas, ideas religiosas y su desarrollo ulterior hasta convertirse en sistemas de dogmas– también ejercen su influencia sobre el curso de las luchas históricas y en muchos casos preponderan en la determinación de su forma.” En Correspondencia, tomo 3, ECP, México, 1972, p.166.

24. Cfe K.Kautsky, citado por V.I. Lenin, ¿Qué hacer?, Moscú, Ed. Progreso, 1971, p.39.

25. K.Marx y F.Engels, “Manifiesto…”, op.cit., p.35.

26. Op. cit., p.53. Especial interés reviste la postura de Marx ante el movimiento que expresó la National Reformer, en su polémica con el emigrado alemán Herman Kriege, quien tuvo importante influencia en ese movimiento, Marx escribió, explicando su ruptura con éste: “Si Kriege hubiera concebido el movimiento de emancipación como una primera forma del nuevo movimiento proletario, necesaria bajo determinadas condiciones específicas, como un movimiento que, por las condiciones de vida de la clase de que arrancaba, estaba destinado a desarrollarse hasta convertirse en un movimiento comunista; si hubiera demostrado cómo las tendencias comunistas en Norteamérica tenían que empezar forzosamente asumiendo esa forma agraria, aparentemente contraria a todo comunismo, no hubiéramos tenido nada que oponerle.” Citado en la notas de Riazanov, en Biografía del Manifiesto, op.cit., p.286.

27. Lowy cita un discurso de J.Harney y otro de Jones, dirigentes cartistas que dirigieron a los Fraternal Democrats, de éste último leemos: “En el momento de la creación de la Unión reinaba una ligera desconfianza respecto de los Fraternal Democrats; se suponía que era una tentativa de sustituir el movimiento cartista por otro, para crear un partido en el partido. En la actualidad, se sabe que todo miembro de la Unión debe ser ante todo cartista y que ser cartista es una condición para ser admitido en la Unión.” M. Lowy, La teoría de la revolución en el joven Marx, Siglo XXI Editores, México, 1979, p.204.

28. “Por su forma, aunque no por su contenido, la lucha del proletariado contra la burguesía es primeramente una lucha nacional. Es natural que el proletariado de cada país debe acabar en primer lugar con su propia burguesía.” “Manifiesto…”, op.cit., p.33

29. K.Marx, “Llamamiento del Consejo General de la AIT a las Secciones, Sociedades filiales y a todos los trabajadores”, en La Internacional, FCE, México, 1988., p.521.

30. Para Stalin, en forma similar a lo que planteara la Segunda Internacional, a una clase (el proletariado) corresponde un partido (el partido-de-la-clase-obrera), su “vanguardia”, por ello “allí donde no existen varias clases, no puede haber varios partidos…”, citado en M. Johnston, Teoría marxista del partido político, op.cit., p.113.

31. K. Marx y F. Engels, “El Manifiesto…”, op.cit., p.54.

 Dra. Elvira Concheiro

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11 respuestas a A 150 años del Manifiesto: La cuestión del partido de cara al nuevo milenio

  1. Antonio Olivé dijo:

    Un apunte. Para todas estas cuestiones Guillermo, es mejor que las escribas en el foro. Los espacios que hay en los artículos es para tratar sobre los mismos.

    Gracias.

  2. Antonio Olivé dijo:

    Buenas tardes Guillermo.

    Gracias por tu participación en este blog. Especialmente, por tu corrección, con independencia de que no estés a favor de lo que aquí tratamos.

    Yo, naturalmente discrepo, es más nos encontramos en las antípodas ideológicas. Con respeto, te apunto algunas cuestiones:

    -Tema URSS, Lenin, Stalin. Lo hemos repetido por activa y pasiva, y Rafa ya te ha contestado. Pero te diré que una cosa es ser lector, estudioso o seguidor de Marx y otra muy diferente, es llevar a cabo lo que tu interpretas que has entendido en un contexto socio-histórico. Por si te sirve de algo, Gramsci (también marxista, que se le va a hacer) tiene un pequeño trabajo sobre la revolución bolchevique que se titula “La Revolución contra El Capital”…¿bastante claro, no?. Desde luego, para que un ser humano esté lo deseperado como para asumir el riesgo de ser asesinado allí en el Muro, o aquí, los subsaharianos que mueren en las pateras (sí, otros balseros), no debe ser motivo de burla o cachondeo. Como tampoco nos debe llevar a risas las muertes producidas por el capitalismo. Aquí y ahora.

    -La crisis, España y Grecia. Y te quedas corto, amigo Guillermo. Lo peor, es que la crisis alcanza a más países (Islandia, paradigma del compromiso fordista petó mucho antes que los atrasados países mediterráneos). Irlanda, esta semana pasada ha aumentado su deficit un 32% del PIB por rescatar a varios bancos. Portugal no anda para tirar cohetes, Rumanía y Bulgaría idem. Es decir, el capitalismo no sirve para solucionar el problema del desempleo, ni para realizar un reparto equilibrado ni para dar solución a la crisis ecológica. Total un desastre. Y vamos para 200 años.

  3. lola la piconera dijo:

    Sr. Guillermo, siguiendo su razonamiento (el de que las gentes son culpables…), ¿porqué culpar a Marx?, según su razonamiento no falló el comunismo/marxismo, fallaron las gentes que intentaron llevarlo a cabo, por consiguiente, a gente diferente, resultado diferente.

    Es curioso, el progreso del que usted habla (el de Japón o Alemania), resulta que no es generalizable para el resto de la Humanidad (no hay suficientes materias primas para universalizar el “american way of life”, aún habiéndolas, no convendría universalizar por que la Tierra presenta límites ecológicos). ¿Entonces que hacemos?, ¿disfrutan unos pocos países y el resto se resigna?. Es más, ese modelo existe en pocos países, la realidad es que la mayoría de los países viven en la miseria. Quizás gracias a esos 200 años de capitalismo.

    Por último, usted se pregunta si no sería más viable cambiar el capitalismo. Eso me gusta más. Diga, por favor, qué y cómo cambiaría lo que haya que cambiar.

    Muchas gracias.

  4. amparo dijo:

    GUILLERMO:
    yo tampoco estoy muy preparada,para contestarte a tus comentarios ,pero voy ha intentarlo.
    no crees que en 200 años podriamos tener un mundo mejor,si no huvieran sido tan abariciosos y el valor del trabajo lo huvieran repartido equitatibamente, pero como lo estan haciendo tan pero tan mal que estan dejando a los trabajadores y consumistas en la calle, y no es solo eso que cuando les parece cierran la empresa ciendo que estan en quiebra y se las lleban a otros paises donde lo trabajadores cobran una miseria y claro la plusbaliaque se quedan es de cojones claro asi cadavez son mas fuertes y los pueblos mas pobres .GUILLERMO te has dado cuenta de las personas que mueren de hambre en el mundo pues gracias al capitalismo abaricioso y canalla que exite, pues pienso yo que si no exitiera conforme se an portado estos 200 años el capitalismo y fuera todo estatal tendriamos un mundo mas justo.
    ademas fijate como se ban uniendo cada vez mas por el miedo a perderlo todo, se unen los bancos,tambien el mercado comun y el libre comercio ,claro poque el capital es maslisto que los pueblos porque la union hace la fuerza ,claro esta que ellos no te dejan otra occion porque si acudes a la huelga te quedas en la calle sin poder comer .
    tu te crees que este govierno de porritos que votamos cada 4 años se merece que le agamos caso conforme estamos con tanto paro y darle tantisimos millones a los bancos envez de ese dinero hacer puestos de trabajo para los parados de su pais y que diga voy hacer esto y lo otro ,y ba y le llaman de la comunidad europea y le dicen tu que estas diciendo en españa que bas arreglar tu pueblo para queno padesca y tenga trabajo . de que bas guapito de cara ,tu aras lo que nosotros digamos ,ala ahora te bas a tu pais españolito dices lo que nosotros mandamos.
    asi que te parece que podemos acoplar el capitalismo al tiempo que corre o no .YO CRO QUE NO , ABAJO EL CAPITAL POR ABARICIOSO UN SALUDO

    • No creas que no me he dado cuenta que no has repuesto a mi pregunta: ¿que te hace pensar que el marcismo es la solución luego de la catastrofe de la Urss y China?

      Yo vivo en venezuela, y pienso que todo eso del socialismo contra capitalismo, pobres contra ricos es pura basura para atraer las masas a un lider. es muy facil culpar a lso que tienen por los que no poseen nada. Es algo entendible, pero no es excusa para decir que ellos son avariciosos, cochinos o demás.

      Cada persona hará lo qeu más le conviene, eso es indiscutible, para eso esta el gobierno, para evitar los abusos. El problema no es el capitalismo, el problema son los gobierno que no hacen nada para mantener la igualdad de oportunidades. Un gobierno que funcione debe ser capaz de crear una sociedad donde cualquier persona puede progresar por sus propios medios y talentos. El estado es un arbitro, no parte del juego.

      • Rafa dijo:

        Guillermo, no estoy de acuerdo contigo en absoluto. Si reclamas una respuesta a tu pregunta, primero infórmate. En este blog o donde quieras. Las “catástrofes” de las que hablas en la URSS y en China nada tiene que ver con el marxismo. Increíble, ¿verdad? Piensa por ti mismo e infórmate fuera de los medios de manipulación de masas que nos han engañado a todos con esa mentira falaz.

        Claro que afirmamos que los ricos y poderosos son AVARICIOSOS Y COCHINOS: Hay sobradas pruebas de ello. En la misma Venezuela se produjo un golpe de estado contra el gobierno democráticamente elegido ante la nacionalización del petróleo que no convenía a las grandes multinacionales europeas y americanas, claramente implicadas en el mismo atentado. Provocar la destrucción de la democracia es de ser cochinos, avariciosos y asesinos, además. Ejemplos de avaricia y ruindad de las grandes empresas capitalistas tienes a manta. Sólo te pondré uno más: La destrucción del Medio Ambiente en La Patagonia a base de minas de uranio, cobre, extracción indiscriminada y contaminación de los acuíferos que reducen a la población patagónica a poco más que sedientos seres humanos forzados a emigrar de su propia tierra.

        El gobierno, los gobiernos de las “democracias” occidentales, no están para evitar abusos: Están para defender el poder de los ricos capitalistas que nos machacan a diario. Ejemplo: La Reforma Laboral a la que nos han sometido a los trabajadores en España, que nos hace pagar la crisis económica que los capitalistas han provocado con su avaricia desmesurada, traducida a tal cantidad de títulos y derivados ficticios que igualaban EL PIB MUNDIAL, 55 BILLONES DE DÓLARES. La cifra no es nuestra, sino del Premio nobel de Economía de 1987, Robert Solow. Insisto, infórmate fuera de los medios de manipulación de masas o te engañarán como a un niño al que le hablan del Ratoncito Pérez.

        Y el problema SÍ ES EL CAPITALISMO. El capitalismo que, en su versión neoliberal inaugurada por Reagan y Thatcher, ha llevado al mundo entero (tú incluido) a la crisis económica más grande que se ha dado jamás: ¿de quién es, si no, la culpa de esta enorme debacle económica? ¿Quiénes han sido los cochinos avariciosos que nos han llevado a esta catastrófica situación? ¡Pues las grandes multinacionales especulativas como AIG, Merrill Lynch o Lehman Brothers, que han hinchado el crédito superando cualquier límite razonable, en pos de su avaricia y su ruindad! Y luego, entre todos hemos tenido que pagar el saco roto de su, insisto, cochina avaricia.

        No te contradigas afirmando a un tiempo que el gobierno está para evitar abusos que, según tu propia argumentación, no existen porque “es muy fácil culpar a los que tienen por los que no poseen nada”. Asignas al estado el papel de árbitro en un juego que, a tu decir, no existe porque los poderosos no tienen la culpa de la miseria de los desposeídos. Si ellos no tienen la culpa, y los pobres lo somos por voluntad divina o destino insondable, entonces ¿qué hay que regular, qué hay que arbitrar?

      • ¿Y que de malo hay en ser codicioso, en querer más?

        Yo estoy lo suficiente informado sobre lo que hablas y los “medios de manipulación”. Cada vez que escucho al presidente Chavez hablar de eso me molesta, porque siempre es el Imperio y el capitalismo salvaje y todo eso, no, fue una facción del ejercito y el presidente de FEDECAMARAS. Si fue un golpe de estado, y lo repudió.

        Hasta donde sé, y dime si me equivoco Lenin y Stalin, crearon su revolución bolchevique inspirandose en el modelo marxista. Cabe destacar que durante el gobierno de Stalin ocurrieron monstruosas atrocidades, tambien culpa de la Segunda Guerra Mundial. Y con la Revolucion CUltural ni hablemos. Supongo que la gente abandonaba todo al intentar cruzar la cortina de hierro porque se divertian mucho allí.

        Esta no es la peor crisis economica, esa fue la GRAN DEPRESION, lastima por Grecia y España pero las crisis son necesarias. Recuerdo que en uno de esos medios de manipulacion vi una nota enl auqe se han aprovado una nueva norma mundial para los bancos, con tal de hacerlos mas solidos ha la hora de crearse. Si creo que son soluciones estupidas las que hacen, pero al parecer funcionan. No sé nada sobre ese tipo de cosas, por lo que lo dejo hasta allí, para no meter más la pata.

        Yo apoyo un gobierno de corte como el de Lula en Brasil o de Bachelet. Gobiernos de corte de izquierda y que han alcanzado grandes logros para aplacar la probeza. De nada sirve hablar de que el capitalismo es lo peor de lo peor y no hacer nada para sacar a la gente de la miseria.

  5. Soy una persona que podria inscribirse como politicamente no preparada todavía…

    pero tengo un par de cuestiones para que me aclaren:

    ¿Qué le hace pensar que el comunismo/marxismo o como quiera llamar a la corriente de Marx puede tener un exito ahora con las malas experiencias de la URSS y China?

    ¿Por qué se debe reemplazar el Capitalismo si ha sido hasta la fecha, desde hace mas de 200 años, el unico modelo de progreso real de los paises?

    ¿No seria mas viable cambiar el Capitalismo para las necesidades de ahora en vez de intentar revivir las desastrozas revoluciones que acabaron con la Guerra Fria?

    • Rafa dijo:

      Guillermo, ¿a ti te parece “progreso” la situación lamentable de un continente completo como es el África? Si ése es el progreso que en 200 años nos ha traído el Capitalismo, quédatelo tú todo.

      • No, yo hablo como el progreso de Japon o Alemania. Luego de ser destruidos hasta la minima expresion, con todo y bombas nucleares.

        Es culpa de los africanos estar como estan, desde que dejaron de ser colonias se han ocupado en matarse por algo así como treinta años. El ejemplo perfecto es Cierra Leona o Somalia.

        La gente es culpable de sus propias desgracias, ya sea por permitirlas o por causarlas.

      • amparo dijo:

        RAFA : GUILLERMO ,esta muy confundido ,cuando dice que los goviernos son los arbitros de las naciones pues sabes que le digo que muchos arvitros estan comprados para que gane un determinado equipo y los goviernos apesar de tenerlos ,que votar cada 4 años son unos porritos y encima estan comprados ,y sino fijate zapatero ,decia que suviria las pensiones y negociaria los despidos ,y que paso pues lo llaman cuando la union europea se entero de lo que decia que hiva hacer en españa y vino cambiadisimo y ha tenido que hacer lo que le han dicho .

        asi que fijate sino tiene el capitalismo la culpa. no pagamos impuestos pues de los impuestos de todos que sea todo estatal veras como no muere tanta gente de hambrunas y cando algien de los que lleban las cuentas se quede algo ,a la calle y que devuelba lo que ha robado

        EL PUEBLO UNIDO JAMAS SERA BENCIDO

        hay que salir mas amenudo a exijir nuestros derechos, que para eso son nuestros, pues lo dice nuestra constitucion un abrazo compañero

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