2.17. Qué hacer (Lenin)

FRAGMENTO Nº 1

Así pues, hemos podido persuadirnos de que el error fundamental de la “nueva tendencia” en el seno de la socialdemocracia rusa consiste en rendir culto a la espontaneidad, en no comprender que la espontaneidad de las masas exige de nosotros, socialdemócratas, una elevada conciencia. Cuanto más poderoso es el auge espontáneo de las masas, cuanto más amplio se hace el movimiento, tanto mayor, incomparablemente mayor, es la rapidez con que aumenta la necesidad de una elevada conciencia, tanto en el trabajo teórico de la socialdemocracia, como en el político y de organización.

 

FRAGMENTO Nº 2

Sin teoría revolucionaria no puede haber tampoco movimiento revolucionario. Nunca se insistirá lo bastante sobre esta idea en un tiempo en que a la prédica en boga del oportunismo va unido un apasionamiento por las formas más estrechas de la actividad práctica. Y, para la socialdemocracia rusa, la importancia de la teoría es mayor aún, debido a tres circunstancias que se olvidan con frecuencia, a saber: primariamente, el hecho de que nuestro Partido sólo ha empezado a formarse, sólo ha empezado a elaborar su fisonomía, y dista mucho de haber ajustado sus cuentas con las otras tendencias del pensamiento revolucionario, que amenazan con desviar el movimiento del camino justo. Por el contrario, precisamente estos últimos tiempos se han distinguido (como hace ya mucho predijo Axelrod29 a los “economistas”) por una reanimación de las tendencias revolucionarias no socialdemócratas. En estas condiciones, un error, “sin importancia” a primera vista, puede causar los más desastrosos efectos, y sólo gente miope puede encontrar inoportunas o superfluas las discusiones fraccionales y la delimitación rigurosa de los matices. De la consolidación de tal o cual “matiz” puede depender el porvenir de la socialdemocracia rusa por años y años.

En segundo lugar, el movimiento socialdemócrata es, por su propia naturaleza, internacional. Esto no sólo significa que debemos combatir el chovinismo nacional. Esto significa, también que el movimiento incipiente en un país joven únicamente puede desarrollarse con éxito a condición de que aplique la experiencia de otros países. Para, ello, no basta conocer simplemente esta experiencia o copiar simplemente las últimas resoluciones adoptadas; para ello es necesario saber asumir una actitud crítica frente a esta experiencia y comprobarla por sí mismo. Todo aquel que se imagine el gigantesco crecimiento y ramificación del movimiento obrero contemporáneo comprenderá la reserva de fuerzas teóricas y de experiencia política (así como revolucionaria) que es necesaria para cumplir esta tarea.

En tercer lugar, tareas nacionales como las que tiene planteadas la socialdemocracia rusa no las ha tenido planteadas aún ningún otro partido socialista del mundo. Más adelante tendremos que hablar de los deberes políticos y de organización que nos impone esta tarea de liberar a todo el pueblo del yugo de la autocracia; por el momento, no queremos más que indicar que sólo un partido dirigido por una teoría de vanguardia puede cumplir la misión de combatiente de vanguardia. Y para hacerse una idea siquiera sea un poco concreta de lo que esto significa, que el lector recuerde a los precursores de la socialdemocracia rusa, como Herzen, Berlinsky, Chernichevsky y a la brillante pléyade de revolucionarios de la década del 70; que piense en la importancia universal que la literatura rusa va adquiriendo ahora; que…, ¡pero basta también con lo indicado!

Citaremos las observaciones hechas por Engels en 1874 sobre la importancia que la teoría tiene en el movimiento socialdemócrata. Engels reconoce, no dos formas de la gran lucha de la socialdemocracia (la política y la económica) —como se estila entre nosotros—, sino tres, colocando a su lado también la lucha teórica. Sus recomendaciones al movimiento obrero alemán, ya robustecido práctica y políticamente, son tan instructivas desde el punto de vista de los problemas y de las discusiones actuales, que confiamos en que el lector no lamentará que insertemos un extenso extracto del prólogo escrito para el folleto Der deutsche Bauernkrieg*, obra que desde hace ya mucho tiempo es una rareza bibliográfica:

Los obreros alemanes tienen dos ventajas esenciales sobre los obreros del resto de Europa. La primera es la de que pertenecen al pueblo más teórico de Europa y que han conservado en sí ese sentido teórico, casi completamente perdido por las clases llamadas “cultas” de Alemania. Sin la filosofía alemana, que le ha precedido, sobre todo sin la filosofía de Hegel, jamás se habría creado el socialismo científico alemán, el único socialismo científico que ha existido. De haber carecido los obreros de sentido teórico, este socialismo científico nunca habría sido, en la medida que lo es hoy, carne de su carne y sangre de su sangre. Y lo inmenso de esta ventaja lo demuestra, por una parte, la indiferencia por toda teoría, que es una de las causas principales de que el movimiento obrero inglés avance tan lentamente, a pesar de la excelente organización de algunos oficios y, por otra, lo demuestran el desconcierto y la confusión sembrados por el proudhonismo, en su forma primitiva, entre los franceses y los belgas, y, en la forma caricaturesca que le ha dado Bakunin, entre los españoles y los italianos.

La segunda ventaja consiste en que los alemanes han sido casi los últimos en incorporarse al movimiento obrero. Así como el socialismo teórico alemán jamás olvidará que descansa sobre los hombros de Saint-Simón, Fourier y Owen —tres pensadores que, a pesar del carácter fantástico y de todo el utopismo de sus doctrinas, pertenecen a las mentes más grandes de todos los tiempos, habiéndose anticipado genialmente a una infinidad de verdades cuya exactitud estamos demostrando ahora de un modo científico—, así también el movimiento obrero práctico alemán nunca debe olvidar que se ha desarrollado sobre los hombros del movimiento inglés y francés, que ha tenido la posibilidad de sacar simplemente partido de su experiencia costosa, de evitar en el presente los errores que entonces no había sido posible evitar en la mayoría de los casos. ¿Dónde estaríamos ahora, sin el precedente de las tradeuniones inglesas y de la lucha política de los obreros franceses, sin ese impulso colosal que ha dado particularmente la Comuna de París?

Hay que hacer justicia a los obreros alemanes por haber aprovechado con rara inteligencia las ventajas de su situación. Por primera vez desde que existe el movimiento obrero, la lucha se desarrolla en forma metódica en sus tres direcciones concertadas y relacionadas entre sí: teórica, política y económico-práctica (resistencia a los capitalistas). En este ataque concéntrico, por decirlo así, reside precisamente la fuerza y la invencibilidad del movimiento alemán.

Esta situación ventajosa, por una parte, y, por otra, las peculiaridades insulares del movimiento inglés y la represión violenta del francés hacen que los obreros alemanes se encuentren ahora a la cabeza de la lucha proletaria. No es posible pronosticar cuánto tiempo les permitirán los acontecimientos ocupar este puesto de honor. Pero, mientras lo sigan ocupando, es de esperar que cumplirán como es debido las obligaciones que les impone. Para esto, tendrán que redoblar sus esfuerzos en todos los de la lucha y de la agitación. Sobre todo los jefes deberán instruirse cada vez más en todas las cuestiones teóricas, desembarazarse cada vez más de la influencia de la fraseología tradicional, propia de la vieja concepción del mundo, y tener siempre presente que el socialismo, desde que se ha hecho ciencia, exige que se le trate como tal, es decir, que se le estudie. La conciencia así lograda y cada vez más lúcida debe ser difundida entre las masas obreras con celo cada vez mayor, y se debe cimentar cada vez más fuertemente la organización del Partido, así como la de los sindicatos…

…Si los obreros alemanes siguen avanzando de este modo, no es que marcharán al frente del movimiento —y no conviene tampoco al movimiento que los obreros de una nación cualquiera marchen al frente del mismo—, sino que ocuparán un puesto de honor en la línea de combate; y estarán bien pertrechados para ello, si, de pronto, duras pruebas o grandes acontecimientos reclaman de ellos mayor valor, mayor de­cisión y energía.30

Estas palabras de Engels resultaron proféticas. Algunos años más tarde, al dictarse la Ley de excepción contra los socialistas, los obreros alemanes se vieron de improviso sometidos a duras pruebas. Y, en efecto, los obreros alemanes les hicieron frente bien pertrechados y supieron salir victoriosos de esas pruebas.

Al proletariado ruso le están reservadas pruebas inconmensurablemente más duras aún; tendrá que luchar contra un monstruo, en comparación con el cual la ley de excepción en un país constitucional parece un verdadero pigmeo. La historia plantea hoy ante nosotros una tarea inmediata, que es la más revolucionaria de todas las tareas inmediatas del proletariado de cualquier otro país. La realización de esta tarea, la demolición del más poderoso baluarte, no ya de la reacción europea, sino también (podemos decirlo hoy) de la reacción asiática, convertiría al proletariado ruso en la vanguardia del proletariado revolucionario internacional. Y tenemos el derecho de esperar que obtendremos este título de honor, que ya nuestros predecesores, los revolucionarios de la década del 70, han merecido, siempre que sepamos inspirar a nuestro movimiento, mil veces más vasto y profundo, la misma decisión abnegada y la misma energía.

 

NOTAS

* Dritter Abdruck, Leipzig,  1875. Verlag der Genossenschaftsbuchdruckerie (Las guerras campesinas en Alemania)

 29 En el opúsculo K voprosu o sovremennyj zadachaj i taktike russkij sotsial-demokratov (Sobre las tareas y tácticas actuales de los socialdemócratas), Ginebra, 1898, Axelrod escribe (pp. 27-28) que si la socialdemocracia concentra su atención exclusivamente en la lucha económica, es posible que los elementos más revolucionarios del proletariado, al no encontrar bajo la bandera de la socialdemocracia un desahogo para sus aspiraciones políticas, pasen a la actividad terrorista, como ya sucedió a fines de los años setenta, o a una forma de movimiento revolucionario democrático-burgués.

 30 F. Engels. Las guerras campesinas en Alemania. Ed. Grijalbo, México, 1971, pp.  27-30.

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Una respuesta a 2.17. Qué hacer (Lenin)

  1. Cova dijo:

    FRAGMENTO 1: Bien, creo que hoy en día no tenemos que preocuparnos de la espontaneidad de las masas sino de todo lo contrario, de la apatía, amuermamiento, aplatanamiento, desidia y pasotismo que nos invade… Salvo en lo que a futbol y a Belén Esteban se refiere, claro.

    FRAGMENTO 2: “Sin teoría revolucionaria no puede haber tampoco movimiento revolucionario”.
    “Sólo gente miope puede encontrar inoportunas o superfluas las discusiones fraccionales y la delimitación rigurosa de los matices”

    Creo que hoy en día, teoría nos sobra. No solo en libros, sino en debates, discusiones, tirones de orejas, de pelo, rasgados de vestiduras, etc. que al final lamentablemente, no parece que nos hayan llevado más que a dividirnos entre nosotros. Socialistas, comunistas, socialdemócratas, anarquistas… divididos en irreconciliables familias, clientelas, amiguismos, etc. Por no hablar que, de ideología de izquierdas, a algunos solo les queda el nombre.

    De práctica tampoco andamos mal: Revolución Rusa, Revolución China, Revolución cubana, la breve 2ª República española, Socialdemocracia de paises nórdicos, Alemania, Tercera vía de Tony Blair. ¡¡Ojo!! Estoy numerando. No estoy diciendo que sean ejemplos a seguir, por lo menos no al 100%. Pero si someterlos a una rigurosa y honesta crítica (Siempre. Actitud crítica siempre, pero sin perderse y sin perder el norte: Fijar objetivos claros) para quedarnos con lo que merezca la pena de todos ellos, o de algunos, o de ninguno. En todo caso, aprender de los ejemplos como se deben hacer las cosas o como NO se deben hacer… No creo que haya que ajustar cuentas sino encontrar un camino común. De hecho, creo que el propio Lennin lo dice así: “el movimiento socialdemócrata es, por su propia naturaleza, internacional. Esto no sólo significa que debemos combatir el chovinismo nacional etc. etc” Trabajadores del mundo, es necesario estar unidos, pero ahora mismo, hay que resolver la proximidad: resolver los problemas más cotidianos, demostrar que se pueden resolver si nos unimos. Una vez unidos aquí, podremos unirnos al resto del mundo. (¡Ja! me parece que me he metido en un bucle)

    “Una reanimación de las tendencias revolucionarias no socialdemócratas”. Yo añadiría una preocupante reanimación. Con la “fachatez” de que siendo los más reaccionarios, retrógrados y carcamales, encima se permiten el lujo de ir de “modernos”

    “En la forma caricaturesca que le ha dado Bakunin, entre los españoles y los italianos”

    Con todos los respetos lo de caricaturesca… no me gusta. Precisamente los ejemplos italiano y español son de lo mejor en cuanto a anarquismo se refiere. Vaaaaale. No me he leido a Bakunin. Lo he dejado para después de Marx. Pero la historia está ahí. Sí he leido algo de Kropotkin y me parece de lo más interesante.

    Y por hoy ya vale, que me he quedado fundida

    Salud

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