Un aspecto del Manifiesto Comunista en la propuesta del EZLN

Un aspecto del Manifiesto Comunista en la propuesta del EZLN

Octavio Rodríguez Araujo*

1. El planteamiento

Un planteamiento de Marx y de Engels en el Manifiesto del Partido Comunista, en 1848, sugería una lucha distinta de las que antes (y después) se llevaron a cabo, en las que los movimientos eran “realizados por minorías o en provecho de minorías”, y añadían: “El movimiento proletario es el movimiento independiente de la inmensa mayoría en provecho de la inmensa mayoría”. El planteamiento del marxismo clásico fue, sobre este punto, referido a la toma del poder por la mayoría y no por sus supuestos representantes e intérpretes. Fue años después cuando se distorsionó este concepto con la formación de partidos organizados y jerárquicos con dirigentes profesionales que, invariablemente, han hablado a nombre de las mayorías para llevar a cabo políticas en beneficio de las minorías.

Como quiera que sea, ya que no es éste el espacio para discutir el pensamiento de Marx y de Engels sobre los partidos (sino sobre un aspecto de El Manifiesto… que aparentemente fue olvidado), la cultura política dominante desde la Segunda Internacional, tanto en su ala izquierda como en su ala reformista, fue y sigue siendo en torno a la toma del poder por una vanguardia, por una élite y una suerte de “ley de hierro de las oligarquías” que se da en todos los ámbitos más allá del estudiado por Michels en los partidos socialdemócratas. Sería algo así como la inevitabilidad de la teoría de la representación política (incluso popular) de las sociedades modernas; inevitabilidad porque no se concibe otra forma de vinculación entre la sociedad civil y la esfera del Estado que es política.

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En México, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, en su IV Declaración de la Selva Lacandona (1 de enero de 1996), lanzó una convocatoria para que de la sociedad civil surgiera una organización y habría de proponer que se llamara Frente Zapatista de Liberación Nacional como una nueva fuerza política de la sociedad civil, formada de abajo hacia arriba con base en el EZLN, que no aspire al poder, en la que no participen personas con cargos públicos o de elección popular o que aspiren a éstos, que no participen organizaciones políticas (como por ejemplo los partidos) sino individuos independientes de fuerzas políticas organizadas aunque pertenezcan a fuerzas sociales organizadas como sería el caso de sindicatos de obreros y asociaciones campesinas .

La propuesta de la IV Declaración provocó una gran polémica tanto en México como en el extranjero. Las razones de esta polémica, incluso entre los simpatizantes del zapatismo, obedecieron a la novedad del planteamiento central: no aspirar al poder. ¿Cómo se preguntaron muchos es que se intenta formar una fuerza política contra el poder instituido y lo que éste significa sin aspirar a tomar el poder? Esta pregunta la he escuchado en Europa todavía en 1997, de gente ligada a los movimientos sociales y partidarios de oposición, pues por lo visto no se cree que se pueda cambiar el estado de cosas si no es desde el poder. De aquí pienso–, la gran originalidad del planteamiento zapatista sobre esta nueva fuerza política. Otra cosa es su viabilidad, como veremos más adelante.

Para el EZLN, y particularmente para los indios de Chiapas, no es una novedad lo que ha ocurrido cuando se ha tomado el poder incluso a raíz de movimientos revolucionarios: la distorsión por parte de los dirigentes que han formado gobierno de los orígenes y las demandas del movimiento que los llevara al poder. Así ocurrió con la revolución francesa de 1789, con la revolución mexicana de 1910, con la revolución rusa de 1917, etcétera. Y ni qué decir de los momentos en que, por ejemplo, los partidos socialdemócratas, fuera de Escandinavia, han tenido el poder en las últimas dos décadas.

Los indios conocen desde hace por lo menos 500 años lo que significa el poder y los nexos de éste con quienes los han explotado y despojado en ese largo tiempo. No es casual que en el seno de sus comunidades y pueblos, en general, hayan incorporado aunque no siempre le llamen así el principio de revocabilidad del mandato a quienes no se ajustan a las necesidades y demandas de los mandantes.

Es así como la propuesta del EZLN sobre el FZLN rompe con la cultura política tradicional forjada desde, por lo menos, los años setenta del siglo pasado con la formación de los primeros grandes partidos de masas en Europa, por lo que resulta muy difícil de aceptar que se quieran cambiar las cosas sin tomar el poder.

Pero la no-aspiración al poder de los zapatistas encuentra su complemento en la ya célebre expresión del “mandar obedeciendo”. Esta consigna política supone que quien quiera que gobierne, debe mandar obedeciendo; y para que esto sea posible la sociedad debe ser suficientemente participativa y asumirse como mandante en cualquier régimen de representación, de tal forma que exija a quienes detenten el poder (a los representantes y mandatarios) que lo ejerzan en beneficio de los más y no, como ocurre, de las minorías. De aquí la idea del Frente Zapatista como una forma (no la única) de organización de la sociedad en la que ésta se asuma como tal y no como un conjunto de individuos con sus intereses concretos y egoístas–, que le exija al poder no sólo compromisos con las mayorías sino acciones coherentes con el tipo de voto mayoritario que recibió. De aquí que la idea del FZLN sea su creación de abajo a arriba en comités de diálogo por barrio, centro de trabajo, actividades afines o comunidades, en los que se discutan desde los problemas concretos de quienes los formen hasta los problemas referidos al futuro de la humanidad en los tiempos del neoliberalismo y la mundialización de la economía.

El “mandar obedeciendo” tiene que ver no sólo con el poder instituido en un país, sino que está pensado para todas las formas de organización, tanto políticas como sociales. Es, en síntesis, una concepción de democracia en todos los ámbitos de organización social, y política. Donde no se ejerza una relación de mando (incluso de coordinación) basada en el “mandar obedeciendo” se corre el riesgo, siempre, de caer en el mejor de los casos en una democracia de élites y de profesionales de la política que, en general, aspirarán a compartir cuotas de poder con quien lo detenta y, por lo mismo, se convertirán en cómplices de ese poder y lo que éste implica por cuanto a las políticas a seguir. Esta situación se da en todas las formas de organización reconocidas de algún modo por el poder existente, igual se trate de sindicatos que de partidos políticos; es decir, en las organizaciones legales que reconoce el Estado, aunque sean de oposición.

El planteamiento zapatista, entonces, es un llamado a la sociedad a organizarse con independencia de cualquier forma de poder y, por lo mismo, con capacidad para exigir que dicho poder se ejerza en función de los intereses que dice representar. Si la sociedad logra este estadio de organización, teóricamente no importa quién gobierne, quién ejerza el poder, pues la evidencia histórica demuestra que mientras no se mande obedeciendo puede detentar el poder un partido surgido de las mayorías y actuar en contra de éstas. Y si la sociedad está organizada y es consciente de sus necesidades y de cómo satisfacerlas como sociedad, lo lógico será que gobierne un partido afín como resultado del voto, lo cual no sería sino la primera condición de la democracia. Pero aun así, conviene insistir, si la sociedad no vigila y supervisa a quienes tienen y ejercen el poder, la ley de hierro de las oligarquías se impondrá de nuevo y los intereses de quienes ejercen el poder podrán ser modificados por los intereses de quienes tienen el poder económico, que no es un poder desdeñable.

2. Las dificultades

No son fáciles de detectar las dificultades principales que encuentra en la práctica la formación del Frente Zapatista de Liberación Nacional, aun después de la espectacular marcha de 1,111 zapatistas a la ciudad de México para asistir a la inauguración del Frente, por lo que habría que aventurar tres hipótesis de interpretación que me parecen sobresalientes .

Una de éstas tendría que ver con una cultura política que no sólo es dominante sino que ha estado presente en México por varias décadas, si no por siglos. Me refiero a la ausencia de la que sería una cultura democrática. Ésta no existe por una razón sencilla: en México nunca ha habido democracia como se entiende, por lo menos en teoría, en –digamos– la Gran Bretaña o Estados Unidos. En México, contra una dictadura se hizo una revolución (1910). De ésta, independientemente del cómo, surgió un régimen autoritario-populista (no siempre populista) con un grado tal de intervencionismo estatal que hasta el surgimiento y el desarrollo de la burguesía se debieron a éste. Fue, además y por largo tiempo, un régimen corporativizado dependiente de un partido, que si bien no resolvía muchos problemas sociales ofrecía ciertos paliativos a sectores que manifestaban su inconformidad. Este régimen tenía un cierta dosis de paternalismo, como todos los populismos autoritarios, y amplios sectores de la población, sobre todo entre los más pobres y desprotegidos, aceptaron su situación y su relación con el poder como algo dado e inmutable. En otros términos, la sociedad en México, con excepciones muy notables que por lo general fueron reprimidas con lujo de violencia, no ha sabido ejercer los derechos propios de una democracia incluso formal. El régimen político ha cambiado substancialmente desde principios de los años 80, pero la sociedad todavía no se asume como tal ni ha tenido la oportunidad de hacer oír su voz con suficiente fuerza, entre otras razones por lo que se explica a continuación.

Otra hipótesis que explicaría las dificultades a las que se enfrenta la formación del FZLN la ubicaríamos en la individualización de la sociedad; individualización que se ha acentuado por las consecuencias de la ya larga crisis económica en el empleo, en los niveles de calidad de vida, en las formas de organización laboral, etcétera. La expresión “sálvese quien pueda” propia de los naufragios, se ha impuesto en las sociedades de la crisis, disminuyendo considerablemente las probabilidades de cohesión social, de sentido de gremio o de grupo o clase social, y de solidaridad. El neoliberalismo ha encontrado en estos efectos de la crisis un campo fértil para imponerse con su lógica de competitividad, alto rendimiento, eficiencia en la producción (de lo que sea) e inestabilidad, y con esto ha acentuado la individualización producto de los factores subjetivos de la crisis. Esta individualización, entonces, no puede ser sino un elemento en contra de formas organizativas que contemplan no sólo la democracia horizontal (que nadie domine sobre los demás) en el ámbito de la sociedad sino también de las formas organizativas de amplia participación para contrarrestar y en su caso modificar substancialmente las políticas del poder. Por lo que la formación del FZLN se topa con una realidad: gente que no encuentra afinidades con quienes también son víctimas del mismo verdugo y gente que, además, tiene que cuidar lo poco que tiene (incluso el medio de subsistencia) para no perecer. Con esto quiero significar que los problemas para la formación del FZLN no son sólo de índole subjetiva (conciencia de sí y cultura política), sino también objetivos en un mundo que es cada vez más un “sálvese quien pueda” masivo, pues el neoliberalismo y la mundialización económica tienden a excluir a todo aquel que no produzca y no consuma lo que el gran capital mundial requiere, produce y vende, es decir a todo el que no le es útil igual se trate de empresarios que de trabajadores o, más aún, de desempleados. Si a lo anterior se agrega que el FZLN no ofrece nada material a sus miembros, como podrían ser puestos de elección popular, la individualización de la sociedad opera también en sentido contrario, en este aspecto, al FZLN como forma de organización novedosa que no aspira al poder.

Una tercera hipótesis, más delicada de explicar que las anteriores, tiene que ver con las posiciones entre las izquierdas de México (y de otras partes del mundo). El planteamiento del EZLN contra el neoliberalismo y por la humanidad sugiere que en la coyuntura actual el enemigo principal de la humanidad, y no sólo de los indios de Chiapas o de los trabajadores en general de México, es el neoliberalismo. Nótese que el planteamiento no es contra el capitalismo sino contra la actual fase del “desarrollo” de éste, por lo que debe interpretarse como un planteamiento estratégico dentro de una coyuntura de largo plazo –el neoliberalismo– que, de no ser detenido y reencauzado, terminará con dos tercios de la humanidad condenados a la muerte por hambre y pandemias.

Este planteamiento estratégico sugiere la unión de pueblos enteros en todos los países del mundo (más en los países subdesarrollados, desde luego) que son víctimas de las políticas neoliberales y de la supuesta mundialización de la economía –que no es tal, como ha sido demostrado por especialistas. Es decir, la unión no de una clase social o de las clases sociales más explotadas (obreros y trabajadores del campo o campesinos sin tierras), sino de amplias capas de la población que son, objetivamente, víctimas del neoliberalismo, como es el caso –en México y otros países– de decenas de miles de empresarios medianos, pequeños y micros. De aquí que la propuesta del EZLN no sea excluyente (en términos mayoritarios), sino plural y abierta, incluyente en una palabra.

Contra esta propuesta se han manifestado sectores y organizaciones de izquierda cuyos dirigentes piensan que la pluralidad y las alianzas de clase son posiciones reformistas y liberales que no conducen a la emancipación del proletariado ni al fin de la explotación del hombre por el hombre. Aunque pudieran tener parte de razón, sobre todo en el sentido de que la lucha contra el neoliberalismo no es en sí misma una lucha contra el capital ni por el fin de la explotación del hombre por el hombre basada en la propiedad privada de los medios de producción, su posición en la coyuntura actual resulta sectaria y tiende a dividir (lo ha hecho ya) a la sociedad amplia que estaría dispuesta a asociarse para combatir –y en su caso transformar– el modelo neoliberal y lo que éste implica por sus consecuencias especialmente en los países del tercer y del cuarto mundos. Estas corrientes sectarias, que originalmente apoyaban el movimiento zapatista de Chiapas, han impedido el progreso de las propuestas de unidad en la pluralidad propia de la sociedad civil y, por lo mismo, se han convertido también en un obstáculo para la formación del FZLN que, como ha sido dicho, es concebido como un frente amplio de individuos (no de organizaciones) independientemente de que pertenezcan o no a organizaciones sociales (no políticas).

Una cuarta dificultad, que no hipótesis, y más fácil de entender que las anteriores, es la implícita en el tipo de organización que ha llamado a la formación del FZLN: un ejército clandestino que, por lo mismo, no está al acceso de quienes quieran ver a o hablar con sus dirigentes. Los problemas de comunicación (rapidez, solución de dudas, debate, información) son mucho más complejos que si se estuviera tratando con la dirección de un partido que propusiera un frente semejante. Pero también se entiende que la formación de un frente con base en una organización armada y clandestina (y por lo tanto ilegal) supone un compromiso mayor para un ciudadano común que el que se daría con una organización legal y reconocida por el Estado, y este es un obstáculo que no puede ser pasado por alto para ponderar las posibilidades del FZLN.

3. La perspectiva

En la lógica del Manifiesto… en el sentido de que la mayoría en movimiento (lo cual supone un cierto grado de organización) busque satisfacciones para la mayoría y que estas satisfacciones no sean escamoteadas por dirigentes o autodenominadas vanguardias de las mayorías, la idea del FZLN es correcta, como planteamiento. Otro asunto es su viabilidad.

Hay problemas concretos que dificultan la viabilidad del FZLN: La miseria, la marginación, el analfabetismo funcional y la desesperanza de decenas de millones de mexicanos, más la desinformación por parte de los principales medios de comunicación (especialmente de los medios electrónicos), son elementos que impiden a la mayoría del pueblo mexicano pasar de lo inmediato a lo mediato e integrar ambos como partes de un mismo fenómeno que, además, es mundial. En otros términos, son tales las carencias de las mayorías que su lucha se circunscribe, quiérase o no, a lograr lo necesario para sobrevivir, por lo que el neoliberalismo y las tendencias de la lógica del capital se ven, cuando se ven, como algo muy alejado de lo concreto e inmediato.

A la vez, el problema de los indios de México es también visto como algo relativamente ajeno en las grandes concentraciones urbanas formadas mayoritariamente por mestizos. En la medida en que el diálogo de San Andrés entre el gobierno y el EZLN se ha estancado por más de un año en torno de la cultura y los derechos indígenas, el interés de la sociedad no indígena ha decaído. Si a este elemento se agrega el desgaste físico y económico de quienes al principio del movimiento, cuando todo era novedad, participaban en los cinturones de paz en San Andrés y en campamentos de paz en comunidades zapatistas, la situación del EZLN provoca menos optimismo y, por lo mismo, las posibilidades del FZLN son menores hoy, proporcionalmente hablando, que cuando fue conocida la IV Declaración de la Selva Lacandona, aunque por otro lado la organización de los indios mexicanos (que son alrededor de nueve millones) ha logrado mayores grados de consolidación de los que tenía antes del levantamiento zapatista.

He escrito en más de una ocasión que la sociedad civil a la que ha recurrido reiteradamente el EZLN no le ha respondido en la medida de lo que se hubiera deseado. En este espacio he tratado de explicar algunas de las razones posibles por las cuales la sociedad no ha respondido a los llamados del EZLN y a la lucha que éste ha dado tanto para los indígenas como para los no indígenas en y fuera de México. Y no quisiera dar la impresión de que la sociedad no se merece la existencia del EZLN ni la heroica lucha que inició a partir de 1994. No, lo que he querido señalar es que este proceso, que para mí es revolucionario en varios sentidos, no es –como ninguna revolución– un asunto de fácil desarrollo.

El EZLN, independientemente de lo que haga en el futuro, ya ha obtenido un triunfo nada desdeñable: ha sembrado la semilla de la subversión social en contra de la injusticia, la antidemocracia, las libertades limitadas y, no poca cosa, de que la sociedad puede, como pudo parar la guerra en enero de 1994, movilizarse para alcanzar el futuro que le corresponde. El EZLN, asimismo, ha logrado sensibilizar a millones de personas en el mundo con un nuevo lenguaje, con nuevos conceptos, con nuevos actores sociales que antes no estaban en los manuales revolucionarios: los más explotados y marginados de México, que no son muy diferentes de los más explotados y marginados de otros países que el neoliberalismo deliberadamente ha convertido en prescindibles.

Los grandes movimientos sociales, en la historia, han demostrado que son irreversibles aunque por momentos parezca que se detuvieron en el tiempo o que fracasaron. Las banderas de esos movimientos son retomadas, tarde o temprano, por otros que a su vez, como el EZLN ahora, reivindican la dignidad de los sometidos y se lanzan a luchar por la humanidad y contra quienes la quisieran ver como insumo para acrecentar sus riquezas o, peor, como estamos viendo ahora, como una variable del darwinismo social y económico que domina en el mundo del capital.

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Notes

* Profesor-investigador de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, México. Las apreciaciones del autor no necesariamente tendrían coincidencia con las que podría tener el Ejército Zapatista de Liberación Nacional sobre el tema.

1. Los autores del Manifiesto se referían a los partidos burgueses o de la nobleza, en el primer caso, y a los movimientos que, siendo de masas, terminaron siendo en favor de minorías, en el segundo caso. La historia de los partidos del siglo XX que han tomado el poder, incluso por vía revolucionaria, confirmaría el aserto de Marx y Engels.

2. En el tiempo en que el Manifiesto fue redactado sus autores consideraban que “de todas las clases que hoy se enfrentan con la burguesía sólo el proletariado es una clase verdaderamente revolucionaria”. Marx, Carlos y Federico Engels, Manifiesto del Partido Comunista, en Obras escogidas en dos tomos, Moscú, Ediciones en Lenguas Extranjeras, 1955, Tomo I, pp. 32 y 33. (Las cursivas mías).

3. En este punto tendría que darse un debate que en los hechos se ha evitado: el de las relaciones de poder que se establecen en muchas organizaciones sociales (no partidarias) dada la inexistencia o la expresión mínima de democracia interna en tales organizaciones y/o por el hecho de que los dirigentes de éstas tratan en esferas de poder o con cúpulas de partidos, incluso en términos de negociaciones que no siempre son consultadas con las bases de estas organizaciones. Este punto, que debiera ser discutido, es uno de los problemas no resueltos y no es, en efecto, secundario.

4. Este planteamiento, el de la sociedad a la que se dirige el EZLN, tiene también problemas de interpretación y de viabilidad por cuanto a su organización, pues hablar de sociedad, sin las diferencias de intereses existentes, es hablar de una abstracción. Y la sociedad en abstracto sólo se organiza en torno de planteamientos muy generales como podrían ser la paz, la defensa de la naturaleza, etcétera. Este tema lo he discutido en mi artículo, “La nueva izquierda posmarxista (una crítica)”, Convergencia Socialista, México, año 1, núm. 2, septiembre-octubre de 1997, p. 36-38.

5. En debates que he tenido sobre el tema en varios países (en Argentina, Uruguay, Reino Unido, Francia y España), estas tres hipótesis han sido las que mayor discusión e interés han provocado entre dirigentes y cuadros de partidos, sindicatos y movimientos de izquierda.

6. Véase por ejemplo a Hirst, Paul y Grahame Thompson, Globalization in Question, Cambridge, UK, Polity Press, 1996 y Husson, Michel, Misère du capital (Une critique du néolibéralisme), París, Syros, 1996.

7. Véase nota 3 supra.

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