En torno a la dialéctica: Antología de textos de Manuel Sacristán Luzón

Publicado en “Realitat nº 53-54”

Salvador López Arnal

Pere de la Fuente Cullell

Setiembre 1996

Los más dialécticos, los multimillonarios

 nunca se bañan dos veces en el mismo traje de baño.

Las relaciones entre la lógica formal y la dialéctica han sido -digámoslo en términos suaves para evitar arrojar leña a este fuego aún encendido- algo amargas. Los lógicos formales han mal oído permanentemente las reflexiones de “los dialécticos”. Han pensado, en general, que se trataba de afirmaciones fruto de la simple ignorancia. Y ya se sabe, desde Spinoza, que la ignorancia nunca es un argumento. De esa forma no sólo se ha rechazado todo lo dicho en torno a la lógica y a sus principios por parte de “los anti-dialécticos” sino que se ha menospreciado, en la mayoría de las ocasiones, todo tipo de reflexión “dialéctica”, sobre éste u otra cuestión cualquiera, por alejada que estuviera temáticamente de aquel debate. Los lógicos borrosos, con su lógica difusa, tal vez hayan alterado en parte, en pequeña parte, la situación.

El comportamiento de “los dialécticos” no ha sido mucho mejor. Más bien, lo contrario. Han tendido a ver en la lógica aquello que no es ni pretende ser ni ha deseado ser. Se ha considerado que algunos principios lógicos de la tradición, como el principio de identidad o el de no contradicción, presuponían una ontología antidinamicista, antidialéctica, que negaba todo tipo de cambio, de “alteración cualitativa”. Por consiguiente, se pensaba, todo cambio social-político. De ahi a considerar que la lógica no era sino un instrumento de la reacción en el seno del movimiento transformador tan sólo había un paso, un disparatado paso, que muy frecuentemente ha sido trazado por “los dialécticos”. Aún más, se ha pretendido construir una lógica dialéctica, alternativa a la “burguesa y fijista lógica formal”, cuando no un método dialéctico que, siguiendo el carácter contradictoriamente real del Ser en su devenir, diera de sí las verdades materiales (“reales”) que la lógica formal clásica era incapaz de hallar.

La discusión ha sido, ante todo, un debate de sordos. Y de ciegos. Hay excepciones, sin embargo. En nuestro país, hemos contado con una de esos milagrosos casos que confirman esta nefasta regla. Manuel Sacristán Luzón fue un filósofo que estudió lógica formal durante los curso 1954-56 en la Universidad de Müsnter (cuando en nuestro país, en la mayoría de los casos, la lógica quedaba reducida a la silogística aristotélica, versión tomista), al mismo tiempo que se adentraba en la filosofía marxista e iniciaba su militancia en el PSUC-PCE.

No hay en los escritos de Sacristán tesis alguna que identifique a la dialéctica con una lógica alternativa o un nuevo método cientifico, sin menospreciar por ello todas las reflexiones provenientes de este campo. No hay tampoco desconsideración del papel de la lógica como instrumento para el tratamiento – o disolución- de ciertos problemas filosóficos, o como ciencia formal que analiza la corrección o incorrección de nuestros argumentos. Todo lo contrario. Hay contribuciones de enorme e indudable interés para el desarrollo de esta disciplina en nuestro país. Así, por ejemplo, su Introducción a la lógIca y al análisis formal, 1964 o su Lógica elemental, texto de 1965, editado por vez primera en 1996, por no hablar de su faceta de traductor-introductor de textos decisivos en este campo o su reconocido papel, cuando pudo ejercerlo, de profesor de la disciplina.

Nuestra pequeña antología pretende dar muesta de la original reflexión de este pensador en un campo tan confuso -y confundido- como éste que estamos considerando. Hemos añadido dos textos de Mario Bunge y Karl Popper que intentan recoger las principales críticas (y reconocimientos) de estos autores a la dialéctica. Los hemos acompañado con sendos textos de Marx y Engels y con dos pequeñas muestras de desaciertos marxistas en torno a la lógica formal. Obsérvese, para finalizar, que la polémica no está completamente finalizada. El libro de Woods y Grant, del que se ha seleccionado algunos breves fragmentos, está datado en 1991.

La mayoría de los textos seleccionados pertenecen a las obras de Sacristán editadas en Icaria. Cuando hacemos referencia a textos que son transcripciones de conferencias o de sus clases de metodología, el lector/a debería no olvidar su carácter oral y el hecho de que no hayan podido ser revisados por el autor.

Las referencias las hemos situado al final de la selección. Hemos acompañado algunos de los textos seleccionados con notas aclaratorias (o que pretenden serlo).

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1. La dialéctica en Heráclito y en Platón

“…en los dos casos, tanto en Heráclito como en Platón, la idea de dialéctica o de interpretación dialéctica de la realidad, tiene curiosamente o notablemente una punta ética, moral. En el caso de Heráclito incluso porque el lenguaje es casi un lenguaje de sermón. Se habla de despertar al dormido, por ejemplo, como podría decir un apóstol. En el caso de Platón porque en los dos textos clásicos en los que ha presentado el concepto de dialéctico, el libro VII de la República… y el Banquete…, el pensamiento dialéctico se presenta no sólo como el método justo para el trato con las esencias de las cosas sino también como resultado de un esfuerzo moral… Esta mezcla de elemento intelectual y elemento moral es otro de los rasgos del nacimiento del concepto de dialéctica…”

Nota:

Sacristan consideradaba necesario, para quien quisiera adentrarse en este campo, el estudio de la obra de Aristóteles y de Kant, amén de las del propio Platón y Heráclito. En la modernidad, Hegel y Marx son los clásicos indiscutibles.

2. Que no es la dialéctica.

“La tesis negativa dice que la dialéctica no es lógica. Hay que rechazar la confusión hegeliana entre empiria y lógica. La dialéctica hegeliana es mala lógica (porque exige que la lógica dé de sí contenidos reales) y mala empiria (porque fuerza a la empiria a someterse a un esquema lógico desde dentro, por así decirlo). Reúne lo peor de ambos mundos, el formal y el empírico… La dialéctica no es lógica, y cuando se presenta como lógica, cuando alguien intenta demostrar algo a base, por ejemplo, de la “ley de la negación de la negación” da entre vergüenza y risa, empezando por Engels. Su ejemplo del grano de cebada, según el cual la espiga de ese cereal se explica como “negación de la negación” de la semilla, es el prototipo del mal pensar hegeliano y oscurantista, pues uno empieza conocer cuando se olvida de pseudo-explicaciones así y de pseudo-métodos de esa naturaleza y penetra en el grano de cebada con la química”

Nota:

De aquí no debería inferirse el menosprecio por este tipo de metáforas. Estas frases filosóficas pueden sugerir preguntas e invesfigaciones. Sacristan solía poner como ejemplo la afirmación aristotélica según la cual “el alma es en cierto modo todas las cosas”, que pretende dar cuenta de como la mente humana conoce la realidad. Otras nociones como materia y forma, o acto y potencia, “fijan y subliman experiencia común cotidiana”.

En todo caso, la famosa ley de la negación de la negación no era de su especial consideración.

Sobre estas cuestiones puede verse el texto B del apartado siguiente.

3. La dialéctica en Engels.

A.

“Y las variables del cálculo son simples signos que reservan, en una fórmula, un lugar para valores de una determinada clase, y no, como las ve Engels hegelianamente, “contradictorias” cantidades que pueden hacerse infinitamente pequeñas” y luego “agrandarse”, lo cual es una noción no díalécticamente contradictoria, sino llanamente absurda. Lo que puede variar es el objeto real medido por las cantidades que pueden ocupar en las fórmulas el lugar de una variable, pero no las cantidades mismas que expresan el resultado de cada medición. Estas no cambian, sino que, simplemente, son otras en cada caso. Cuando una persona engorda de 50 a 60 kilos, lo que cambia no es el número 50, sino la persona. El número 50, Construcción conceptual de la ciencia, es siempre el mismo”

B.

“…también Engels ha aducido a propósito de los hidrocarburos la ley hegeliana de la mutación de la cantidad en cualidad. Esta frase, como muchas otras verbalizaciones de la historia de la metafísica (“idea”, “materia y forma”, “potencia y acto”, “entelequia”. “negación de la negación” etc) es un magnífico receptáculo de la sabiduría de la vida, y hasta puede serlo de poesía. Pero cuando se pretende someter esas frases a un uso científico positivo se las convierte en trivialidades campanudas con las que no se explica nada. Engels, que tampoco híló muy fino en eso, no lo ha hecho nunca, de todos modos, tan bastamente como Marx en la nota 205 del capítulo IX del libro l del Capital

Nota:

La nota 205a, añadido a la 3ª edición de El capital, a la que se refiere Sacristán, versa sobre las “series homólogas” de compuestos hidrocarbonados. Marx sostiene que en compuestos como las parafinas, los alcoholes normales y los ácidos grasos normales (y “muchos otras”) el simple añadido cuantitativo de CH2 a “la fórmula molecular forma cada vez” un compuesto quimico cualitatIvamente distinto. Sería un ejemplo de la ley de la transformación de la cantidad en cualidad. Es a estas frases a las que se refiere Sacristán como “trivialidades campanudas con las que no se explica nada”.

4. La oposición a la epistemoIogía clásica.

“Sin duda Marx, al recoger el principio del método dialéctico, abandona la tesis temáticamente idealista de que el ser que así se desarrolla es de la naturaleza de la Idea. Se trata aquí de la conocida tesis según la cual el método dialéctico de Marx consiste en el método de Hegel, pero con inversión de la ontología de éste. La ingenua metáfora mecánica, sugerida por el propio Marx, no da razón de muchas cosas, pero si que basta para seguir con la que nos ocupa aquí. Al substituir la ontología idealista de Hegel por otra que él considera materialista, Marx se ve obligado a tener en cuenta la concreción material o sensible en su método. Por eso al heredar la idea hegeliana del ascenso de lo abstracto a lo concreto la varía del siguiente modo: hay un concreto material y un concreto intelectual, de pensamiento o conocimiento. El conocimiento arranca de lo concreto material y obtiene primero un producto abstracto. Luego el pensamiento va componiendo los sencillos abstractos iniciales hasta conseguir, ascendIendo, concretos de pensamiento. La Entwicklung hegeliana se configura así como una composición o síntesis con arranque empírico, y así queda de manifiesto el elemento más interesante y sensato de la metodología hegeliana o dialéctica: la valoración del conocimiento sintético de lo concreto, contrapuesta al lema clásico non est scientia de particularibus. Esta oposición a la epistemología clásica, oposición que es consciente hasta el punto de teorizarse (sin duda de un modo desenfrenado y abusivo), es precisamente lo que coloca a Hegel entre la media docena de clásicos epónimos de corrientes en la filosofía greco-europea del conocimiento”

Nota:

El lema clásico “no existe ciencia de los particulares” tiene su origen en Aristóteles. El conocimiento positivo no tiene como objeto de investigación tal o cual ácido singular concreto, tal o cual péndulo particular, sino que intenta establecer las leyes del comportam¡ento de los ácidos, como universal (así. la de que todo ácido combinado con un base origina una sal y agua), o la ley que explica el movimiento de un péndulo, no particular, no concreto, que además es idealizado pensándolo como un cuerpo que tiene toda su masa concentrada en un punto. Puede verse sobre este punto el texto B del apartado 5.

5. Las totalidades concretas.

A.

“Con eso parece quedar claro cuál es el nivel o el universo del discurso en el cual tiene realmente sentido hablar de pensamiento o análisis dialéctico: es al nivel de la comprensión de las concreciones o totalidades, no al del análisis reductivo de la ciencia positiva. Concreciones o totalidades son, en este sentido dialéctico, ante todo los individuos vivientes, y las particulares formaciones históricas, las “situaciones concretas” de que habla Lenin, es decir, los presentes históricos localmente determinados, etc. Y también, en un sentido más vacío, el universo como totalidad, que no puede pensarse, como es obvio en términos de análisis científico-positivo, sino dialécticamente, sobre la base de los resultados de dichos análisis”

B.

“(…) Si realmente uno, por ejemplo, ante la idea de péndulo, lo que se propone realmente es conocer íntima, intuitivamente, estéticamente un determinado viejo péndulo que hay en casa de su abuela sin duda no se va a satisfacer con las leyes del péndulo de la física. Entre otras cosas porque las leyes del péndulo no sirven para todo péndulo, y además, en concreto no representan a ningún péndulo: o hay ningún péndulo que tenga todas la masa concentrada en un punto. Entonces, si de verdad es un interés estético de determinado péndulo, claro que lo esencial para él, no es la ley del péndulo, aunque también tiene su importancia cómo funciona un péndulo. Para toda la escuela histórica por un lado y para Marx en paralelo con ella, ocurre que el objeto de conocimiento se parece mucho al péndulo de la casa de la abuela, por así decirlo.Su verdadero interés es el conocimiento individualizado de ciertos momentos históricos. En el caso de Marx, con la diferencia de que él tiene asumido (el Marx maduro) que incluso para conocer el péndulo de la abuela necesita la teoría física del péndulo. Dicho de otro modo, que también para su investigación necesita la economía clásica y las matemáticas…

Nota

Sacristán recordaba en su presentación de la traducción castellana del Anti-Dühring de Engels que la dialéctica era el intento de comprensión de las realidades concretas con las que trata el hombre que “no son las ecuaciones diferenciales de la mecánica clásica, ni la ecuación de Dirac, sino otros hombres otros todos concretos y estructurados compuestos por hombres, estados concretos de la naturaleza, la resistencia y el apoyo concretos de ésta -la vida”.

6. Método y dialéctica.

A.

“En este sentido estricto inventado por la cultura burguesa, y por la filosofía de la ciencia burguesa, método es un conjunto de operaciones, muy simples, normadas en el sentido de que como son muy simples todos los podemos practicar del mismo modo sin necesidad de ser genios, ni poetas, ni filósofos. Nos basta con saber la ciencia basica de la burguesía, contabilidad… La actitud que consiste en despreciarlo, en decir “¡Fuera!, eso no es método”, me parece equivocada, es perder historia. Sería como rechazar las técnicas de fundición del acero porque las han inventado los burgueses… yo creo que es digno de conservación ese uso de la palabra “método” como sucesión normada de operaciones simples, tales que toda persona competente, si parte de tos mismos datos, puede llegar,con su ayuda, a los mismos resultados.

No me parece abandonable pero me parece que si uno tuviera que vivir sobre la base de esos métodos, lo mejor era pegarse un tiro rápidamente, porque esos métodos no sirven más que para contar, medir y pesar.

(…) Entonces, efectivamente, hay un sueño… de ir a por más. Por supuesto. Claro que es un sueño, es un objetivo (…) No existe un método dialéctico. Existe un pensar dialéctico por objetivos dialécticos ¿Estos cuáles son?. Los objetivos de totalización, de conseguir visión total, visión del todo”

B.

“Aquí tropezamos otra vez con palabras. Cuando uno usa en este final del siglo XX palabras como “método”, “demostración”, “definición, etc., está aludiendo a instrumentos que se han depurado mucho, que se han formalizado o exactificado considerablemente. Cuando un filósofo del siglo XIX (como Marx) dice “método” está pensando “manera general de pensar”, estilo intelectual. Cuando nosotros decimos “método” estamos pensando, por ejemplo, en el método de los mínimos cuadrados o, en un terreno material, en el método de las cámaras de plomo para la obtención de ácido sulfúrico (…): en suma, en artefactos tan exactificados que sus operaciones se pueden describir como una sucesión formada de pasos tales que cualquier profesional competente los puede repetir en el mismo orden y con el mismo resultado. Esto no es método para un filósofo del siglo XIX, que apenas conoce, con ese grado de formalización, más que las Operaciones matemáticas que domina, y está, por el contrario, acostumbrado a usar la palabra “método” a propósito de la marcha general del pensamiento de Aristóteles, Kant o Hegel”

Nota.

De todo ello, infiere Sacristán, que al toparse con la consideración de la dialéctica como método en la obra de Marx no hay que pensar en lo que hoy entendemos por método (“una serie de operaciones, de manipulaciones atómicas, por así decirlo, simplicísimas, que toda persona competente puede realizar del mismo modo, obteniendo el mismo resultado si parte de los mismos datos” Conferencia sobre dialéctica, 1973), paradigma del cual sería, por ejemplo, el método de igualación para la resolución de las ecuaciones de primer grado con dos incógnitas, sino el concepto usado en tiempos de Marx. Es decir, entender método como marcha general del pensamiento o estilo intelectual. No hay reglas precisas en esa consideración decimonónica del concepto. No es una crítica ajustada menospreciar “las leyes dialécticas”, como la de transformación de la cantidad en cualidad, o la de la negación de la negación, o la afirmación de que “todo se mueve”, de no ser exactas, rigurosas o metódicamente aceptables. No se trata de esto. No son “leyes” en esa acepción del término.

7. Vindicación de la dialéctica.

A.

En vez de decir, “abandonemos la dialéctica”, acordémonos de que dialéctica ha querido decir muchas cosas en la tradición. Ha querido decir la escolástica de la negación de la negación; el cierre categorial desde el mal Hegel hasta Gustavo Bueno, pasando por Althusser; pero dialéctica ha querido decir también, para Platón por ejemplo, el razonamiento inseguro. Eso ha querido decir dialéctica en Platón y en el mismo Aristóteles: el razonamiento incierto, el trabajo con lo difícil, el trabajo con lo impreciso, con lo que no se puede precisar, con aquello que si se precisa daría lugar a un caso de falacia de falsa exactitud… Dialéctica ha querido decir también globalízación, conocimiento de totalidades, atención a las totalidades… Ocurriría por tanto con la palabra “dialéctica” lo mismo que con las expresiones “materialismo histórico” o “materialismo dialéctico”

(…) Por lo tanto, yo no sería partidario de decir: “se acabó la dialéctica”. Lo que hay que hacer es repensaría”.

“Mi tesis positiva es que “dialéctica” significa algo, contra lo que tantas veces han afirmado los analíticos, por ejemplo, Popper o Bunge. “Dialéctico” es un cierto trabajo intelectual que, por una parte, está presente en la ciencia, pero, por otra, rebasa con mucho, en el doble sentido de que actúa también en el conocimiento ordinario precientífico y en otro tipo de conocimiento, posterior al científico metodológicamente. Ese tipo de trabajo intelectual existe como programa (más bien oscuro) en la filosofía del conocimiento europea desde el historicismo alemán, tiene en Hegel una realización especulativa y busca en Marx una realización empíricamente plausible.

(…) A mí me parece que ahí está la clave de lo que (lo haya pensado Marx o no) es el programa dialéctico: buscar un tipo de conocimiento que, utilizando el producto científico “normal”,lo integre como “artísticamente” en una totalidad concreta que evoque el concreto real (histórico) que se está estudiando”

Nota

Sobre las posiciones de Bunge y Popper pueden verse los textos seleccionados en nuestro último apartado.

La utilización del saber positivo es, según Sacristán, lo que distingue a las concepciones dialécticas occidentales de las orientales. Un pensamiento dialéctico occidental, decía Sacnstán aunque se realice en Oriente, en Pekín, por ejemplo, en vez de partir tan sólo de la experiencia vivida, como en el caso del pensamiento dialéctico de Lao-Tsé o las escuelas heterodoxas hindúes, puede partir tanto de esa experiencia como de la experiencia elaborada por la ciencia positiva. Ésta sería la singularidad de la dialéctica marxista. Sobre este punto verse el texto 8 de nuestra selección.

8. El ideal del conocimiento en Marx.

“Hay otra causa, y más interesante, que es el proyecto intelectual de Marx, su ideal de conocimiento, por así decirlo, la idea que se hace de su obra. El conocimiento que busca Marx ha de ser muy abarcante, contener lo que en nuestra academia llamamos economía, sociología, política e historia (la historia es para Marx el conocimiento más digno de ese nombre). Pero, además, el ideal de conocimiento marxiano incluye una proyección no solamente, sino globalmente social, hacia la práctica. Un producto intelectual con esos dos rasgos no puede ser teoría científica positiva en sentido estricto, sino ha de parecerse bastante al conocimiento común, o Incluso al artístico, e integrarse en un discurso ético, más precisamente político. Es principalmente saber político. Permítaseme repetir -porque cuando uno habla de Marx siempre corre el riesgo de levantar ronchas- que eso no excluye la presencia central de contenidos estrictamente científico-positivos en la obra de Marx. Ellos son imprescindibles en su concepción y la diferencian de las otras épocas de la tradición revolucionaria”

9. Dialéctica y práctica.

“Pero la dialéctica no es redundante para las intenciones del trabajo intelectual de Marx no sólo por la aspiración entre organicista y artística que le viene de la tradición de Spinoza, Leibniz y Hegel. Hay una razón más y es que la dialéctica establece con la realidad, con la práctica, una relación diferente de la que suele tener con ella la teoría científica.

(…)Pero además (SLA: además de la relación tecnológica que mantiene la ciencia con la realidad) existe otra relación, como es también sabido: una relación política directa, la cual es precisamente servida por la elaboración dialéctica, por la reconstrucción de la realidad como un todo sistemático individualizado, una reconstrucción que intenta hacer asible el complejo objeto de la actuación política.

La redundancia científica del llamado método dialéctico (que no es ningún método científico en sentido “normal”) da su sentido específico al trabajo intelectual de Marx y explica algunas dificultades de lectura…”, 1978. (la negrita es nuestra).

10. ¿Un programa inabarcable?

“(…) Lukács una vegada féu l’experiment mental de preguntar-se si restaria res del marxisme un cop totes les seves tesis particulars haguessin estat falsejades o buidades per l’evolució social. Cregué que sí, que restaria alguna cosa: l’estil de pensament molt englobant i dinàmic, històric, que ell anomenà “mètode dialèctic”. Admetent que aquesta idea de Lukács és molt convincent, caldria afegir-hi o precisar-hi una cosa: el programa dialèctic de Marx -que engloba economia, sociologia i política i es totalitza en la història- inclou un nucli de teoria en sentit estricte que, sense ser tot El Capital, es troba en aquesta obra. El mateix programa era ja llavors inabastable per a un home sol… i també dóna el seu estil d’època a una empresa intel.lectual que avui consideraríem pròpia d’un col·lectiu i no d’un investigador sol”

Nota:

Sacristán se refiere en este paso al artículo de G. Lukács, “¿Qué es el marxismo ortodoxo”?, contenido en Historía y consciencía de clase.

11. Una caracterización.

“Dialéctica es una cierta manera de ser del producto intelectual consistente en su globalídad -como en el caso de la escuela histórica-, en el hecho de que es autoexplicativo, autocontenido -no tiene explicaciones exógenas-, tiene un elemento de historicidad, de singularización del objeto (“el capitalismo”, como en el caso de Sombart, o “El capital”, que en el fondo es lo mismo, quieren decir lo mismo). En definitiva, rasgos que emparentan al producto dialéctico -en alguna medida- con el producto artístico, en el sentido de que es un producto “retraartístíco”, por así decirlo, que Intenta reflejar una entidad indIvidualizada, contenida en sí misma, y en su proceso, en su historicidad, en su dinamicidad… en el caso de Marx hay esta gran diferencia respecto de la escuela histórica, a saber, que ese trabajo se intenta conseguir con los métodos habituales de la ciencia, con eso que él llama método de investigación y, por tanto, la cosa se distingue bastante del caso de la escuela histórica” (los subrayados son nuestros).

Nota:

La escuela histórica es una orientación de tipo anticlásico, de reacción contra el deductivismo de los clásicos ingleses (Adam Smith, David Ricardo) en economía. Su idea fundamental es la idea de totalidad, criticando el método de la economía clásica que sería un tipo de conocimiento fragmentario construido sobre la base de la abstracción de una conducta económica pura. La escuela histórica sostiene que tal tipo de conducta no existe. La conducta nunca es económicamente pura. Tiene otras motivaciones (culturales, sociológicas,…), además de estar influidas por el marco institucional (Estado, Ieyes,etc).

El inicio de la escuela histórica puede datarse con la obra de Rossi, Lecciones acerca de la economía estatal según el método hIstórico. Schumpeter divide a esta escuela de pensamiento en tres períodos: la antigua, la media y la moderna. El período más brillante y más célebre de la escueta es el protagonizado por Schmoller. Este fundó una asociacIón llamada “Asociación de Política Social” que ha sido punto de origen de la ideología de la socialdemocracia europea.

12. A modo de resumen.

“… puedo intentar modestamente discutir un poco la idea de dialéctica marxiana, de una forma que coincide del todo con las dos principales interpretaciones de la dialéctica marxista que hoy se encuentran en metodología. Hay quien considera que la dialéctica hegeliano-marxista es un método de conocimiento superior, más completo que los métodos corrientes de la ciencia. Y en el otro extremo, hay quien considera que es pura palabrería, sin ningún interés científico.

Yo opino que la idea de que exista un metodo dialéctico distinto de los métodos corrientes de la ciencia es falsa si por método se entiende una sucesión de operaciones regulada y repetible. Si por método se entiende puramente estilo intelectual, entonces es válido.

En mi opinión la idea de método dialéctico o de la dialéctica es una de las últimas grandes metáforas metafísicas. Después de la filosofía abunda bastante en la teoría del conocimiento, sobre todo, pero también en la mitología, en ideas que han recogido en realidad metafóricamente experiencia precientífica, de la vida cotidiana, contribuyendo así, sin ninguna duda, a estructurar la experiencia vital de la gente. No es que sean ideas inútiles, pero en mi opinión no son ideas cientificas, no son ideas exactas. Daré algunos ejemplos.

En la filosofia de Aristóteles el par de conceptos potencia y acto para explicar el cambio es un ejemplo…

Pues bien, en mi opinión, las ideas fundamentales de la dialéctica son eso:

metáforas filosóficas precientíficas… como método y como categorías lógicas, la dialéctica está en el mismo plano que las grandes metáforas de la tradición filosófica.

La dialéctica es una palabra muy cargada de pasiones ideológicas y con la que es difícil aclararse. Resumiré lo que se puede decir a la vista, por un lado de la obra en conjunto de Marx y, por otra parte, de la noticia que él tenía de lo que había hecho. La pretensión de que la dialéctica sea una lógica es falsa; en mi opinión, no hay ningún conjunto de reglas dialécticas de funcionamiento exacto. Dialéctica es más bien una cualidad de ciertos productos intelectuales, no un método, en el sentido riguroso de la palabra “método”.

Dialéctico es un adjetivo sólo aplicable a un tipo de producto intelectual caracterizable por varios rasgos. Principalmente, su globalidad y su totalidad, el carácter muy interno, endógeno de la explicación (un objeto está explicado dialécticamente cuando lo está con elementos y factores que son internos a él, que no son exógenos) y eso implica, en mayor o menor medida, un punto de vista histórico, porque la integración de un objeto social es siempre histórica. No existen objetos sociales atemporales. En este sentido se puede decir que una teoría, o unas concepciones, serán más o menos dialécticas en la medida en que es más o menos englobante, más o menos autoexplicable, y más o menos histórica. Pero, en cambio, no se puede decir que exista una lógica llamada dialéctica, cuyas reglas no aparecen por ningún lado de una manera respetable, porque cuando aparecen resultan ser, en el fondo, metaforas referentes más bien a la experiencia cotidiana…”

13. Otros textos.

13.1. Un fragmento del Anti-Dühring,

«Ya notamos que las matemáticas superiores cuentan entre sus bases fundamentales la contradicción según la cual recto y curvo deben ser idénticos en ciertas circustancias (1). También realizan esta otra contradicción: dos líneas que se cortan a nuestra vista, a cinco o seis centímetros de su Intersección se convierten en paralelas…

Pero aún estas mismas (las inferiores) están plegadas de contradicciones.

Por ejemplo: es una contradicicón que raíz de a tenga que ser una potencia de a Es una contradicción que una magnitud negativa, multiplicada por sí misma, da un cuadrado positivo…” F. Engels, Antl-Duhnng, capítulo XlI (Los subrayados son nuestros).

(1) Se refiere aqui Engels a otro pasaje del Anti-Dühring en el que afirma que “el cálculo diferencial, a pesar de toda las protestas de la sana razón” toma lo recto y lo curvo como idénticos, obteniendo de este modo resultados que “no alcanzan la sana razón, que se resiste contra la identidad de lo recto y lo curvo”.

Es obvio, por otra parte, que no hay contradicción alguna en que la raíz de un número real sea una potencia de este número, o que el producto de un número negativo por otro negativo sea un número positivo. El uso del término “contradicción” por Engels, en este caso, es muy laxo, poco preciso.

13.2. Una carta de Marx.

“… A propósito de Hofmann, tienes toda la razón. Ya verás, además, como al final de mi capítulo III, donde se esboza la metamorfosis del maestro artesano en capitalista, a consecuencia de cambios simplemente cuantitativos, menciono en el texto el descubrimiento de Hegel sobre la ley de la brusca conmutación del cambio únicamente cuantitativo en cambio cualitativo como ley verificada inmediatamente en historia y en las ciencias de la naturaleza” (Carta de Marx a Engels, 22 de junio de 1867). La negrita es nuestra

Nota:

Recuérdese lo dicho sobre la nota 205 del capítulo XIII del libro 1 de El Capital

13.3. La opinión de Mario Bunge

“Los resultados de nuestro examen de la dialéctica pueden resumirse así:

(i) Los principios de la dialéctica tales como se formulan en la literatura existente hasta la fecha, son ambiguos e imprecisos…

ii) Cuando se los formula con algún cuidado, tres o cuatro de los cinco principios de la dialéctica pierden su universalidad: arrancan con el prefijo “Algún” antes que con “Todo”. Y cuando se los formula de esta manera más débil, algunos de ellos quedan tan debilitados que se acercan a perogrulladas (…)

iii) Aun cuando se los formula con claridad y con un alcance limitado, los principios de la dialéctica no constituyen una base suficiente para una teoría general del cambio… En particular, (SLA: una teoría moderna del cambio) no tendría que contener términos arcaicos tales como “luchas de contrarios” excepto cuando se tratase de un auténtico conflicto entre opuestos auténticos.

iv) La dialéctica no abarca a la lógica formal: esta última se ocupa de constructos, no del mundo real…

v) Los dos principios corectos de la dialéctica -que toda cosa concreta es cambiable y que a lo largo de todo proceso emergen nuevas propiedades-son compartidos por todas las ontologías procesuales… Dicha ontología es dinamicista pero no dialéctica; o, si se prefiere, conserva lo que aún vive y desecha lo muerto de la dialéctica” (Mario Bunge, Materialismo y ciencia, Ediciones Ariel, Barcelona, 1981)

13.4. La posición de Karl Popper.

“Debe admitirse que tal interpretación dialéctica de la historia del pensamiento a veces puede ser muy satisfactoria y puede agregar algunos detalles valiosos a unainterpretación concebida en términos de ensayo y error.

Tomemos como ejemplo el desarrollo de la física. Podemos encontrar en él mucho casos que se adaptan al esquema dialéctico como la teoría corpuscular de la luz, la cual, después de haber sido reemplazada por la teoría ondulatoria está “conservada” en la nueva teoría que las reemplaza a ambas.

(…) Todo esto puede decirse en favor del punto de vista dialéctico. Pero debemos cuidarnos de no admitir demasiado.

Debemos desconfiar, por ejemplo, de una cantidad de metáforas usadas por los dialécticos y, desgraciadamente, tomadas a menudo con demasiada seriedad. Un ejemplo de ellas es la afirmación dialéctica de que la tesis “produce” su antítesis. En realidad, es sólo nuestra actitud la que produce la antítesis… Análogamente, no debemos pensar que es la “lucha” entre una tesis y su antítesis la que “produce” una síntesis. Son las mentes las que luchan y estas mentes deben producir nuevas ideas…

Pero los malentendidos y confusiones más importantes surgen debido a la manera vaga en que los dialécticos hablan de las contradicciones.

Observan, correctamente, que las contradicciones son de la mayor importancia en la historia del pensamiento, precisamente tan importantes como su crítica. Pues la crítica consiste invariablemente en señalar alguna contradicción….

Así, después de observar correctamente que las contradicciones -especialmete la contradicción entre una tesis y una antítesis, por supuesto, que “produce” un progreso en la forma de una síntesis- son sumamente fértiles, y en realidad, las fuerzas impulsoras de todo progreso del pensamiento, los dialécticos concluyen -erróneamente, como veremos- que no es necesario evitar esas fértiles contradicciones. Y hasta afirman que no es posible evitar las contradicciones, ya que surgen en todas partes.

Una afirmación semejante equivale a un ataque al llamado “principio de contradicción” de la lógica tradicional… Al observar la fecundidad de las contradicciones, los dialécticos sostienen la necesidad de abandonar este principio de la lógica tradicional. Sostienen, así, que la dialéctica conduce, así, a una nueva lógica: una lógica dialéctica…

Se trata de pretensiones sumamente serias, pero carecen de todo fundamento”. (“¿Qué es la dialéctica?”, 1940 en Conjeturas y Refutaciones, 1961, págs. 378-379, de la edición castellana de Paidos).

13.5. Textos de la tradición marxista

13.5.1. Lógica y contradicción en George Novack.

“La lógica formal en sí misma no tolera una verdadera contradicción. La suprime, la anula, la proscribe (o eso cree). Pero decretando la expulsión de la contradicción de su mundo de ideas no erradica todavía la existencia de la contradicción el mundo real. En su esfuerzo por líbrarse de la contradicción, los formalistas precipitan las contradicciones sobre la realidad objetiva. En el mundo representado por la lógica formal todo se mantiene en oposición absoluta a cualquier otra cosa: A es A; B es B; C es C. Lógicamente, no tienen nada en común. ¡La contradicción reina!

La contradicción, eliminada de la lógica formal, adquiere supremacía en el mundo real. iLa contradicción está muerta, viva la contradicción! Los formalistas eliminan la contradición de su sistema sólo al precio de darle el cetro fuera de él.

La verdadera contradicción debe incluir en sí identidad y diferencia. Esto no puede hacerlo el formalismo. En todas las leyes de la lógica formal no hay más que identidad en distintas formas. No hay una pizca de diferencia en ella ni entre ellas.

(…) Las leyes de la lógca formal que proscriben la contradicción se encuentran en franca contradicción con esta teoría y realidad de la evolución universal. La ley de identidad abstracta afirma que nada cambia; la dialéctica asegura que todo está cambiando constantemente ¿Cuál de esas proposiciones opuestas es falsa y cuál es cierta? ¿A cuál nos adherimos y cuál descartaremos? Esa es la pregunta que los materialistas dialécticos hacen a los formalistas empedernidos. Esa es la pregunta que el mismo pensamiento científico formuló a la lógica formal no solamente en el siglo pasado sino mucho tiempo antes. Esa es la pregunta que la lógica formal no se anima a oir ni considerar porque expone el vacío de sus pretensiones y señala el fin de su reinado de dos mil años sobre el pensamiento humano”

(George Novack, Introducción a la lógica dialéctica 1969, págs. 48-50) (las negritas son nuestras)

13.5.2. Lógica y rigor mortis.

A. “Según la lógica formal, el todo es igual a la suma de las partes. Sin embargo, si lo examinamos más atentamente veremos que esto no es cierto. En el caso de los organismos vivos claramente no lo es. Un conejo troceado en un laboratorio y reducido a sus partes constituyentes, ideja de ser un conejo!” (p.57)

Nota:

Según la lógica formal el todo ni es mayor ni es menor ni es igual que las partes. La afirmación “el todo es mayorque las partes” es una de las nociones comunes de los Elementos de Euclides. No tiene nada que ver con la lógica formal. Aún más, después de la teoría de los números transfinitos de Cantor, un conjunto (por ejemplo, el de los números enteros positivos pares), que sea parte de otro (por ejemplo el de los naturales), puede ser igual (tener el mismo cardinal) que el conjunto que lo contiene. En este sentido, el todo no sería mayor que todas sus partes.

B. “Las leyes de la lógica formal han sufrido una derrota aplastante en el campo de la física moderna, en el que han demostrado ser totalmente incapaces de tratar los procesos dialécticos que se dan en el nivel subatómico. Partículas que se desintegran tan rápidamente que es difícil decir si existen o no plantean un problema irresoluble para un sistema que intenta prohibir toda contradicción de la naturaleza y del pensamiento…” (págs. 69-70)

C. “Es necesario adquirir una comprensión concreta del objeto como un sistema integral, y no como fragmentos aislados; con todas sus interconexiones necesarias, y no fuera de su contexto, como una mariposa clavada en el panel de un coleccionista; en su vida y movimiento, y no como algo estático y sin vida. Este enfoque está en contradicción abierta con las llamadas “leyes” de la lógica formal, la expresón más absoluta de pensamiento dogmático que nunca se haya concebido, una especie de rigor mortis mental. Pero la naturaleza vive y respira, y resiste tozudamente el acoso del pensamiento. “A no es igual a A”. Las partículas subatómicas son y no son. Los procesos lineales terminan en caos. El todo es mayor que la suma de sus partes. La cantidad se transforma en cualidad. La propia evolución no es un proceso gradual, sino que está interrumpido por saltos y catástrofes repentinos. ¡Qué le vamos a hacer!. Los hechos son los hechos” (págs. 82-83) (Alan Woods y Ted Grant, Razón y Revolución. Filosofía marxista y ciencia moderna, Fundacion Federico Engels, Madrid, 1995. Edición inglesa de 1991)

Referencias.

1. “Sobre la dialéctica”. Conferencia dictada en la Universidad Autónoma de Barcelona, Facultad de Derecho, 1973.
2. Pacifismo, ecología y política alternativa (PEYPA),Icaria, Barcelona, 1987, p. 113
3.
A. Sobre Marx y marxismo. Panfletos y materiales I (P y M I),Icaria, Barcelona, 1983, p. 41
B. “El trabajo científico de Marx y su noción de ciencia”, en P y M I,p. 349
4. P y M I, págs. 326-327.
5.
A. P y M I, p. 38
B. Apuntes del curso de Metodología de las Ciencias Sociales, Facultad de Económicas, Universidad Central de Barcelona, 1983-84. Transcripción de Joan Benach
6.
A. Conferencia sobre dialéctica, UAB, 1973.
B. PEYPA, p. 114.
 
A. “Una conversación con Manuel Sacristán”, 1979, en Acerca de Manuel Sacristán,Ediciones Destino, Barcelona, 1996, págs. 118-119
B. “Entrevista con Manuel Sacristán”, Dialéctica, 1983, en o.c., págs. 212 y 213-214, recogida en Acerca de Manuel Sacristán,o.c.
8.
“¿Oué Marx se leerá en el siglo XXI?”, 1983 en PEYPA, págs. 124-125.
9. P y M I,p. 337.
10. Pròleg a la traducció catalana de El Capital, 1983, p. 9
11. Apuntes de metodología de la ciencia, curso 1983-84. Transcripción de Joan Benach.
12. Apuntes del curso de doctorado de Metodología de las ciencias sociales, 1983-84.
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